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Archivo de la categoría: Crisis económica

Hacia un nuevo paradigma económico

Este sábado se celebra en Cervera (Lérida) una jornada catalano-balear de Justicia y Paz que lleva como lema “Comprometidos con una cultura ecológica integral”. Va a ser una jornada de todo el día en la que voy a tener una intervención titulada “Hacia un nuevo paradigma económico” (cap a un nou paradigma econòmic).

Si estáis por allí estoy seguro de que van a ser unas jornadas muy sugerentes para quienes asistamos a ellas.

Aquí tenéis el programa.

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Donald Trump y la economía

Artículo publicado en la revista Cresol, Any 18, núm. 137, Març-abril 2017, pág: 30-31

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A nadie deja indiferente el nuevo presidente de los EE.UU. Mientras que algunos ven en él una especie de advenedizo del que solamente cabe esperar males que van a destrozar el sistema económico vigente, otros tienen grandes esperanzas depositadas en él. En este artículo quiero analizar algunas de las medidas económicas que ha propuesto, sabiendo que estamos hablando no de políticas realizadas, sino de una declaración de intenciones sobre lo que quiere hacer que no se ha concretado todavía y de la que por tanto es difícil prever sus consecuencias.

Quizá las medidas más llamativas a nivel internacional han sido sus propuestas de poner trabas al comercio internacional y cambiar totalmente una política estadounidense que, hasta el momento, respaldaba sin aparentes fisuras el mensaje de la Organización Mundial de Comercio y del Fondo Monetario Internacional a favor de una liberalización mayor del comercio. Trump ha dejado a un lado acuerdos comerciales como el TIPP (con Europa y todavía en teórica negociación) o el TPP (con Asía y otros países americanos ya firmado), quiere renegociar el acuerdo de libre comercio de EE.UU., Canadá y México (NAFTA), ha acusado a China de manipular el valor de su moneda (el yuan) y ha amenazado con elevar aranceles a las importaciones para garantizar la producción nacional (especialmente las chinas y mexicanas). Al mismo tiempo, va a imponer trabas y aranceles a las empresas norteamericanas que operen fuera del país, para obligarlas a que vuelvan a producir en EE.UU.

Todas estas medidas se encuadran en una realidad percibida no solo en EE.UU. sino también en otros países ricos: que la globalización y la liberación del comercio no está beneficiando a los trabajadores de estas naciones. La deslocalización de la producción de muchos bienes hacia otros países con salarios más bajos para aprovechar sus ventajas competitivas, acaba beneficiando a unos pocos, pero perjudicando a la mayoría de las personas sencillas que trabajan en estos sectores. Cabe preguntarse si estas medidas proteccionistas van a lograr el objetivo deseado de una manera eficaz. Por un lado porque pueden darse represalias en otros países que reduzcan las exportaciones estadounidenses de modo que se deje de importar, pero también de exportar a otros países y esto acabar siendo más negativo que positivo. Por otro lado, no solo se necesita crear empleo, sino empleo de calidad, por lo que un entorno de trabajadores con pocos derechos, puede llevar a que ese empleo creado en EE.UU. sea precario y de mala calidad.

Con respecto a las cuentas nacionales, las medidas que ha sugerido son, por un lado, un incremento de gastos en presupuesto militar y de infraestructuras al mismo tiempo que quiere reducir gastos en otras partidas, especialmente las sociales. Al mismo tiempo, quiere reducir impuestos, en especial en los tramos superiores de las rentas así como a las empresas. Del mismo modo, propone una amnistía fiscal para repatriar dinero estadounidense que está en estos momentos en paraísos fiscales. Aunque cree que el crecimiento económico que esto va a generar puede compensar la bajada de impuestos y permitir reducir la deuda pública y el déficit del Estado, históricamente esto no ha sucedido en EE.UU. y la reducción de impuestos ha resultado siempre en una bajada de la recaudación lo que ha provocado una elevación del déficit público.

Hay otras propuestas que no tengo espacio para abordar aquí, pero que Donald Trump espera que logren crear al menos 25 millones de empleos en EE.UU. En conjunto, su estrategia se basa en un mensaje sencillo: que sea atractivo para las empresas y los inversores ganar dinero sin salir de EE.UU, porque si esto es así, si se puede ganar dinero sin salir de EE.UU., las empresas e inversores invertirán en el país y eso permitirá crear nuevos puestos de trabajo. Las medidas que conducen a proteger el mercado local y a bajar los impuestos a las ganancias y a las rentas altas, tienen esta pretensión. Seguramente, muchos de los electores que se han decantado por Donald han entendido este mensaje sencillo y creen sinceramente que Trump es la persona adecuada para llevarlo adelante.

Si a esto unimos ese sentimiento generalizado de que son ideas que van en contra de la corriente principal de la economía, sustentada por aquellos que más se benefician de la misma y que está condenando a muchos a la pobreza al tiempo que incrementa las desigualdades, Trump ha sabido aglutinar este sentimiento postulándose como la persona que va en contra de las élites que defienden el actual sistema y estas han corroborado esta impresión, avisando en repetidas ocasiones sobre la ineficacia de las medidas económicas de Donald y poniéndose en su contra (el “stablishment” que apoyaba a Clinton y que profesa una animadversión compartida con Trump) .

Sinceramente, creo que las medidas que propone Trump no son las adecuadas para luchar contra una manera de organizar la economía que trae una serie de problemas de desigualdad, medioambientales y de insatisfacción generalizada, que provocan la aparición y popularidad de personas como Donald. Pero pienso que la alternativa de dejar todo como está y seguir potenciando una globalización que produce mucho crecimiento económico, pero mal repartido y a costa de muchas personas y del medio ambiente, no es la opción viable y puede traer más políticos que prometan soluciones sencillas a problemas complejos. Necesitamos políticos sensatos y con vocación hacia el bien común que incorporen en sus discursos las ideas económicas emergentes que estamos trabajando muchos economistas, para no oscilar entre el mantenimiento de lo que hay y soluciones radicales que pretenden romper con todo, sino que aporten cordura y sensatez para cambiar un sistema que da muestras de debilidad y de final de ciclo.

 
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Publicado por en marzo 14, 2017 en Crisis económica

 

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Presentación del libro “La sociedad del escándalo” de Bernardo Pérez Andreo

El próximo miércoles 21 de diciembre a las 19:30 en el salón Bona Gent, en Cirilo Amorós 56 de Valencia, se presentará el libro “la sociedad del escándalo” de mi amigo Bernardo Pérez Andreo.

Estás todos invitados a la presentación de este magnífico libro.

 

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Publicado por en diciembre 19, 2016 en Crisis económica

 

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¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana

Os presento una conferencia que impartí a principios de 2016 en Castellón

 

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La economía evoluciona pero aquí nada cambia

Os invito a la conferencia que impartiré en Sevilla el próximo 2 de Abril. En ella daré una sesión doble matinal con el título “La economía evoluciona pero aquí nada cambia. Del enfoque agregado al enfoque de la privación”. Durante la primera parte hablaré de cómo a pesar de que la economía cambia, para algunos todo sigue igual. En la segunda, explicaré como cambiar esta realidad modificando el enfoque que le damos a la economía.

Espero que todos los sevillanos y aquellos que estéis por ahí vengáis a oírme. La conferencia tendrá lugar en la Parroqia de San Pío X (C/Madre de Misericordia s/n), en horario de 10:00 a 14:00.

La inscripción es gratuita pero tenéis que hacer una inscripción a la dirección de correo electrónico asociacionpsur@gmail.com

XII JORNADAS ALBOREAR Sevilla [Modo de compatibilidad]

 

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Una misma crisis, consecuencias diferentes

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1570, Abril 2015, Pág: 12-13

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El pasado otoño presentábamos en Madrid el último informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo en España. Tuve el honor de ser uno de los profesores que participó en su confección y voy a exponer en este breve artículo algunas de las ideas que expusimos en el mismo y que nos muestran cómo la evolución de la pobreza y la equidad en España a raíz de la crisis siguió un camino divergente con respecto a lo que ha sucedido en el resto de la Unión Europea.

En primer lugar, la crisis hizo que las desigualdades se incrementaran más en España de lo que lo hicieron en la Unión Europea. Si comparamos a partir del año 2008, la desigualdad en España (en términos del índice de Gini) con la de la media de los 15 países de la Unión Europea más ricos, la diferencia de partida era de tan solo un punto. Sin embargo, mientras que entre 2008 y 2012 la desigualdad en estos países se mantuvo en el mismo nivel, en España se incrementó en tres puntos lo que hizo que la diferencia inicial se incrementase hasta los cuatro puntos.

Lo mismo ha sucedido con las cifras de pobreza. Si medimos cómo se han comportado diferentes indicadores de pobreza para la UE15 y para España, vemos como tanto la población en riesgo de pobreza monetaria, como la que está en riesgo de pobreza o exclusión social ha crecido más que la media de la UE15 y que nuestra diferencia con respecto a esta media se ha incrementado en estos años de crisis. Esto nos hace ver que el comportamiento de nuestro país ante la crisis ha sido diferente al de la mayoría de los de la Unión Europea en este aspecto.

Vistos los datos y sabiendo que la crisis ha sido una experiencia generalizada y que no solo nos ha afectado a nosotros sino a toda la Unión Europea, cabe preguntarse por qué sus consecuencias sobre los más desfavorecidos han sido mayores en España que en el resto de la Unión Europea.

El primer motivo ha sido el diferente efecto que ha tenido la crisis sobre el mercado de trabajo en nuestro país y en el resto de la Unión Europea. El gran incremento del desempleo ha hecho que los efectos sobre la pobreza y la desigualdad fueran mucho más profundos en España que en el resto de la UE15. Además, la reducción de salarios en determinados sectores y el incremento de trabajadores a tiempo parcial no deseados, también ha empeorado estos comportamiento negativo.

En segundo lugar tenemos una protección pública para estas situaciones menor que el de la mayoría de los países de nuestro entorno y en unos bajos subsidios de desempleo con una duración menor que la de otros países. Por otro lado, el porcentaje de gasto público en políticas sociales es también inferior en nuestro país al que se da en muchos de los países de la UE15, lo que también reduce la capacidad de este medio para paliar la desigualdad y la pobreza.

En tercer lugar tenemos una fiscalidad que ha cambiado durante la crisis, lo que ha reducido su capacidad redistributiva. De hecho, esta es inferior a la que se da en otros países de la UE15 y se sustenta únicamente por el IRPF al haberse suprimido los impuestos que pesaban sobre la riqueza y que tenían un fuerte efecto redistributivo. Además, la capacidad recaudatoria en nuestro país es baja. Tenemos unos ingresos públicos medidos en porcentaje del PIB que son de los más bajos de la UE15, lo que también limita las posibilidades que tenemos de incrementar la inversión social.

Por último, la duración de esta crisis está llevando a que dos de los medios por los que se consiguió evitar una pobreza excesiva de los más desfavorecidas, comiencen a fallar en estos momentos. Me refiero, por un lado, a la prestación por desempleo. Muchos ven cómo la duración de su situación ha hecho que pierdan ya el derecho a esta ayuda y que se estén quedando sin los ingresos que esta suponía. El otro es el recurso a los ahorros familiares y a las pensiones y ahorros de los mayores. Se trata también de unos fondos que se agotan y que se reducen, lo que conlleva que muchas familias que dependen de estas fuentes de rentas hayan empeorado su situación cuando han visto como estos recursos se han ido acabando.

Las medidas que el informe FOESSA ha sugerido para mejorar estos problemas y para evitar que la crisis, ahora y en el futuro, siga afectando mucho más a aquellos que menos tienen, van en varias direcciones. No voy a centrarme aquí en todas ellas sino en aquellas que tienen una relación más directa con aquello que acabo de comentar.

Por un lado, creemos que se necesita una mejora importante de la recaudación fiscal. Esto incluye tres elementos básicos. El primero es la lucha contra el fraude y la elusión fiscal. Nuestro sistema financiero es poco eficiente, a pesar de tener unos tipos fiscales elevados, recaudamos menos que otros países con unos tipos similares a los nuestros. El segundo es la mejora de la progresividad de nuestro sistema financiero. Tenemos una baja progresividad y querríamos incrementarla. Cambios en la fiscalidad que deberían acompañarse de otros a nivel europeo, conseguirían mejorar este aspecto de la misma. Por último se precisa un ejercicio de pedagogía fiscal que ayude a comprender que deberíamos incrementar la recaudación del sector público para poder sostener nuestro Estado de Bienestar y mantener un nivel óptimo de políticas sociales.

Por otro lado, se apuesta por una garantía de mínimos para todas las personas que permita que siempre puedan gozar de unos ingresos que les impida caer en la extrema pobreza y unas políticas de ayudas a la familia que sean mayores y eficaces, ya que en este campo estamos por muy debajo de los niveles de otras naciones de la Unión Europea.

 

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A qué le damos valor en la economía actual

Os presento un artículo en el que muestro cuáles son las cosas valiosas en la economía actual y como estas son no solo las que nos llevaron a la crisis, sino que siguen siendo las que están marcando las sendas por las que intentamos salir de ella.

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Creo que puede ser muy ilustrativo para aprender algo más sobre la economía actual.

Lo podéis encontrar en: http://hdl.handle.net/10637/7179

Su referencia es:

“A qué le damos valor en la recesión actual” (2012) en Los valores culturales ¿factores de desarrollo humano? Documentación Social, Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, Enero-Marzo 2012, nº 164, Pág: 103-121. Cáritas Española Editores

 

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Proverbios y crisis financiera

Seguimos instalados en una de las crisis financieras más importantes de los últimos dos siglos.

Muchos pensamos en los posibles caminos para salir de ella y construir una economía diferente. ¿Puede la sabiduría bíblica ayudarnos a comprender qué es lo que pasa y hacia donde tenemos que encaminar nuestros pasos?

El siguiente artículo que se titula “Proverbios y crisis financiera” y que escribí en 2009 para la revista Moralia Puede daros una idea de lo que este libro bíblico nos puede aportar para entender nuestra realidad actual y lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

Puedes leerlo o descargarlo en http://hdl.handle.net/10637/7129CIMG8329

 

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Infancia en peligro

Artículo publicado en la revista Punto.CEU nº 30 de Enero de 2015, en su página 59

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Todos los informes que estamos conociendo acerca de la situación de la pobreza infantil en nuestro país coinciden: más de uno de cada cuatro niños está viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Estos niños se concentran en familias numerosas y en familias monoparentales y es una realidad que ya se daba (aunque con menor intensidad) antes de la crisis.

Como demuestran todos los estudios, episodios recurrentes de pobreza en la infancia hacen que quienes los sufren tengan menos instrumentos para afrontar los desafíos a los que se enfrentarán cuando sean adultos y más posibilidades de permanecer en la pobreza. Esto es debido esencialmente a la desesperanza y fatalidad de unos progenitores que, a pesar de buscar empleo digno, no lo consiguen y a los problemas de socialización que tienen estos niños derivados de que todas las actividades extraescolares o asociativas precisan de desembolso económico.

Las políticas de ayuda alimentaria y de emergencia para la infancia no están bien enfocadas ya que separan al niño necesitado del resto de los niños (y en ocasiones de los padres cuando solamente reciben ellos la ayuda y no toda la familia) y pueden producir guetos de niños pobres lo que ahonda en el problema expuesto, más que solucionarlo.

Por ello creo que las ayudas deberían darse a la familia (y no solo a los niños), deberían facilitar el pago de las cuotas de las actividades culturales, deportivas o extraescolares (o realizarlas de una manera gratuita) y buscar la promoción de la unidad familiar. Esto debe ser un compromiso de la sociedad en su conjunto, por lo que debe traducirse en una acción pública y coordinada y que nos permita alejarnos del furgón de cola de la Unión Europea en cuanto a ayudas a la familia y a la infancia y mejorar, de una manera real, la situación de tantos niños que están creciendo en unas condiciones de pobreza que están condicionando su futuro, y el nuestro.

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Conferencia presentación capítulo del informe FOESSA “España en el entorno internacional”

Aquí tenéis el vídeo de la presentación que se realizó en el Salón de Actos de la antigua Universidad en Valencia el pasado noviembre en el que presenté el capítulo “España en el entorno internacional” del VII Informe FOESSA, en el que participé como autor. En un breve espacio de tiempo podéis conocer un resumen del capítulo.

http://mediauni.uv.es/4487va

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Exclusión y desarrollo social en la Comunitat Valenciana. VII Informe FOESSA

La próxima semana se presenta el VII Informe FOESSA durante tres días en Valencia (18, 19 y 20 de Noviembre) por la tarde. El martes participo yo a las 19:30 hablando sobre el capítulo 8 del Informe: “España en el entorno internacional”.

Estáis todos invitados a este seminario que se realizará en el “Centre cultural La Nau de la Universitat de València” que está en la Calle Universitat 2, frente a la Iglesia del Patriarca.

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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Las multas por mal aparcamiento y la pobreza

Otra greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias: http://ebuenasnoticias.com/2014/10/21/las-multas-por-mal-aparcamiento-y-la-pobreza/

Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias

 
 

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Los salarios bajan, la demanda se debilita

Artículo publicado en la Revista Noticias Obreras, nº 1563, Septiembre 2014, páginas 13 y 14

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El pasado Junio, nuestro ministro de economía Luis de Guindos le quitó importancia al hecho de que los salarios estuvieran bajando (y perdiendo su capacidad adquisitiva) de cara a la recuperación de la demanda en nuestro país y por tanto, de la recuperación económica. Su argumentación ha sido repetida con frecuencia y se basa en dos puntos clave: que una rebaja de salarios es buena porque mejora la competitividad de nuestros productos en el exterior y que la recuperación económica no tiene por qué provenir de un incremento de la demanda interna, sino del impulso de la oferta, es decir, de la mejora de la confianza de las empresas que les lleve a invertir y a generar más empleo.

Pues bien, voy a analizar estos dos argumentos para aportar un poco de luz en el debate y poner las cosas en su sitio. En primer lugar, hay que decir que el argumento de que una bajada de salarios incrementa la competitividad, puede ser cierto si esta bajada de salarios se traduce en una reducción de los precios del producto y el resto de variables se mantienen constante. Dicho de otra manera, la competitividad se incrementará si conseguimos vender más barato el mismo producto.

Siendo esto cierto, también lo es que la bajada de salarios no es la única manera de lograr incrementar la competitividad. También se puede conseguir reduciendo el margen de beneficios empresariales. Claro que esta opción suele ser tabú… En la medida que la prioridad son, precisamente, las ganancias de los accionistas de una empresa, rebajar éstas para reducir los precios suele ser algo que, sencillamente, escandaliza y no se contempla. Pero existen otros sistemas para reducir los precios de los bienes, como son todos aquellos que derivan de incrementar la productividad. Si los mismos trabajadores consiguen producir más en el mismo tiempo, el coste de producción también se reduce y con ello se logra un margen para la reducción de precios. El camino del incremento de la productividad parece, desde el punto de vista de la mejora de la sociedad, una senda más aconsejable por las repercusiones económicas que tiene a largo plazo que la simple bajada de salarios.

Además de estas propuestas, el incremento de competitividad por la reducción de salarios viene forzado, con frecuencia, por un entorno internacional en el que existen países en los que los salarios son exageradamente bajos. Nosotros exigimos a estos países que produzcan los bienes que nos venden cumpliendo una serie de requisitos técnicos. Si los productos no cumplen estos requisitos, no se pueden vender en nuestro país. Sin embargo, no les exigimos ninguna clase de condición social en la producción, las exigencias sociales se consideran trabas al comercio internacional mientras que las exigencias técnicas no lo son porque protegen a los compradores de bienes defectuosos o que no cumplan bien su cometido.

Vuelve a darse aquí una cuestión de prioridades. La nuestra son los ciudadanos de nuestro país, por eso exigimos requisitos técnicos para que no se electrocuten utilizando un secador del pelo (por ejemplo) pero nos dan igual las condiciones sociales de quienes producen ese secador porque lo que queremos es que nos lo vendan lo más barato posible (para así poder comprar más cosas con el mismo salario). Los trabajadores de los otros países no nos importan, lo que queremos es máxima calidad a mínimo precio.

Es evidente que esta cuestión se resolvería exigiendo unos mínimos sociales y salariales para las empresas productoras de igual modo que se exigen mínimos técnicos para producir un determinado bien. Esto se podría hacer tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Si se pusiese en práctica esta manera de afrontar el mercado, la bajada de salarios no sería necesaria para una mejora de la competitividad y las políticas de producto deberían centrarse en otros aspectos.

Por último, también podríamos mejorar nuestra competitividad generando inflación y logrando que nuestra moneda se depreciase. Si bien este sistema no es sostenible a largo plazo y si no se controla cuidadosamente puede generar problemas económicos grave, aplicado de una manera razonable y temporal puede traer buenos resultados. Nuestra pertenencia al euro y una política monetaria basada en baja inflación y en el mantenimiento del valor de la moneda para no perjudicar al sector financiero que trabaja con ella, hacen que esta clase de políticas no se contemplen en la actualidad.

Por otro lado tenemos la argumentación sobre quien va a ser quien genere empleo y recuperación económica. La idea de que produciendo más y mejor, va a llevar a que haya personas que compren esta producción y que, por lo tanto, hay que insistir en la oferta y no en la demanda, ha sido demostrada como falsa por los hechos y por los teóricos. Es necesaria una demanda que compre lo que se produce. La recuperación no puede venir solamente por el incremento de la producción si esta no la compra alguien. Para ello necesitamos, o bien que haya otros países que compran esos bienes que producimos y que por tanto permitan esa mejora económica, o bien que la mejora de la confianza se traduzca no solo en mayor producción sino también en un nivel más elevado de compras por parte de los nacionales, o bien que el incremento de la producción se traduzca en un aumento de los salarios y de las rentas de las personas para que estas puedan también comprar lo que se produce.

Parece evidente que, si los salarios no aumentan y las rentas de la clase media se reducen, los dos últimos supuestos no se darán con demasiada facilidad, lo que nos puede llevar a que tengamos que confiar solamente en la demanda exterior para afianzar nuestra recuperación. La demanda debe ser tenida en cuenta en cualquier circunstancia económica al mismo nivel que la oferta ya que la economía consiste precisamente en esto, el intercambio precisa de productor y comprador, de oferta y demanda. Si una de las dos falla, no se realiza el intercambio… Pensar que una economía nacional puede funcionar de una manera boyante con una demanda débil y con una mayoría de personas con bajos salarios, no parece que sea realista…

 

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Mesa Redonda sobre Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana

El miércoles 1 de Octubre de 2014 se llevó a cabo una mesa redonda titulada “Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana” en el aula magna de la Nau. Participamos en ella Francisco Goerlich, catedrático del departamento de Análisis Económico de la Universitat de València, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Vicent Andrés, responsable del programa de Análisis Social de Cáritas-Valencia, Fernando Contreras, presidente de la Coordinadora Valenciana de ONGDs y director de Oxfam-Intermon (Valencia) y yo mismo, Enrique Lluch, profesor de Economía y Empresa de la Universidad CEU y director del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valencia.

Si quieres verla ha sido gravada y puedes seguirla en su totalidad en:

(La mayoría está en castellano aunque hay algunas cortas intervenciones en valenciano)

http://nauxxi.uv.es/?p=4330

stop a la pobreza
 

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Crisis y Derechos Sociales Análisis y Perspectivas Comunitat Valenciana 2014

Desde el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunitat Valenciana de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas de la Comunidad Valenciana y la Fundación FOESSA hemos publicado el primer estudio de lo que pretende ser una serie anual que trate los datos coyunturales sobre pobreza, desigualdades y privación en la Comunitat Valenciana. (puedes consultarlo aquí)

Portada del informeEn el informe hay una primera parte de análisis de la realidad coyuntural de la Comunitat Valenciana en cuanto a la renta per cápita, el mercado de trabajo y la pobreza, desigualdades y privación. Una segunda que adelanta los resultados del informe FOESSA que se presenta a finales de Octubre de 2014 y por último, hay cinco artículos de encargo que profundizan sobre diversos temas de actualidad como son los presupuestos de la Generalitat en materia social durante los últimos años, el tema de los deshaucios y las soluciones que se han ido aplicando, la ayuda alimenticia como asistencia pura y dura en contraposición a un enfoque de derechos, la prevención y la intervención social en los niños más desfavorecidos y la economía social como alternativa al modelo económico actual.

Si queréis un resumen más detallado del informe podéis encontrarlo aquí: http://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-23-por-ciento-de-los-valencianos-vive-en-hogares-con-una-renta-inferior-al-umbral-de-la-pobreza-segun-el-estudio-de-la-ceu-uch-caritas-y-foessa/

 

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Tertulia en el programa El Faro de TV Mediterráneo

El martes 30 de Septiembre de 2014 participé en una tertulia de un programa que se denomina “El Faro” de TV Mediterráneo (cadena de televisión de ámbito autonómico de la Comunidad Valenciana) hablando de un informe sobre pobreza en la Comunidad Valenciana que acabamos de publicar. Mi participación se circunscribe a la primera media hora de programa.

Os recomiendo que lo veáis (los que no sois valencianos no os asustéis porque comience en valenciano, solamente se hace en esta lengua la presentación, el resto es en español). Sobre todo porque en él se ve claramente las reacciones que se dan en la sociedad cuando se habla de este tema (no en todos los tertulianos claro está).

En un primer momento todos están de acuerdo con la gravedad del problema.

Después comienzan a buscarse peros para quitarle hierro, que si las familias compensan, que si las maneras de medirlo no son demasiado exactas, que si ya ese están haciendo muchas cosas para remediarlo, etc.

Al final se busca algo para desviar la atención y dejar a un lado este tema que parece no interesa, en este caso fueron las multas por mal aparcamiento del ayuntamiento de Valencia.

No dejéis de verlo, es muy educativo.

El enlace es el siguiente: http://webtv.tvmediterraneo.es/video/?videoId=e-547

programa el Faro

 

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Cómo avanzar hacia una economía social de mercado

Artículo publicado en la revista Razón y Fe, Nº1389-90, Julio-Agosto 2013, pág: 59-69.

Este artículo ofrece un puñado de propuestas de cara a la consecución en España de lo que se conoce como economía social de mercado. Aporta una serie de recomendaciones gracias a las cuales pueda regenerarse y hacerse más justo, más humano, más social y más  igualitario el capitalismo que nos gobierna.

dibujo de portada

 

Si queréis leerlo completo podéis descargarlo en el siguiente enlace:

http://www.razonyfe.org/images/stories/julioagosto2014/E_%20Lluch_RyF_1389-1390_julio-agosto_2014.pdf

 

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¿Hemos superado la crisis?

Artículo publicado en el boletín nº 26 de primavera de 2014 de la  “Asociación Resurgir” de Huelva en su página 7

hemos superado la crisis, huelvaCrónica del encuentro de profesionales cristianos en Huelva

crónica de encuentro de Huelva

¿Hemos superado la crisis? Esta es una pregunta recurrente ante la que parece que no hay una única respuesta. Ante los mensajes optimistas del gobierno, que siempre (sea cual sea el color del que manda) va a intentar mostrar la cara más amable de su gestión, existe una población que mira a su alrededor y no ve grandes signos que justifiquen el optimismo desbordado que emana de unos políticos inmersos en una campaña electoral. La oposición, por su parte, se debate entre decir que no es oro todo lo que reluce (y pagar caro su pesimismo ante una población ávida de buenas noticias) y sumarse al carro de la recuperación para explicar que ellos podrán gestionarla bien. Ante esta realidad, quiero ofrecer un análisis sosegado y prudente sobre lo que está pasando en la economía para intentar responder a la pregunta que encabeza este artículo.

En primer lugar hay que señalar que en toda crisis (ya sea esta personal, económica, social o política) hay un momento en el que se toca fondo, en el que ya no se puede ir a peor. En la actual situación parece que hemos llegado a ese punto, que estamos en el punto inferior de la crisis. Si en lugar de estar en lo más hondo, siguiese incrementándose el paro, continuase reduciéndose el Producto Interior Bruto y creciendo la pobreza y las desigualdades durante mucho tiempo, nuestro panorama sería realmente muy desalentador. Pero todos los indicadores nos hacen pensar que esto ya no va a pasar, que realmente estamos en un punto en el que no vamos a ir a peor, y esto parece una buena noticia.

Realmente, después de siete años de un desempleo creciente y con unos niveles de crecimiento económico ridículos, parecía que era la hora de llegar a este punto. Si observamos al anterior gran crisis que tuvimos en nuestro país (la de los años setenta) esta fue la cantidad de años que necesitó la economía para comenzar a crear empleo mientras que los años de muy bajo crecimiento o decrecimiento fueron solo cuatro. Sería pues deseable que, si se confirma lo que todos los indicios parecen mostrarnos, estemos en la base del comienzo del despegue hacia una etapa de mejora económica.

Sin embargo, los datos macroeconómicos siguen sin ser demasiado buenos. Estamos en un panorama de bajadas de precios que no ayuda a la recuperación (si los precios bajan se aplazan las compras no necesarias, se compra menos y la economía no avanza), la deuda pública es más alta que nunca, el déficit estatal sigue siendo algo, el crecimiento económico se recupera pero sigue siendo muy bajo y se sigue destruyendo empleo a pesar de las cifras de paro registrado del mes de abril (que reflejan el crecimiento de la semana santa como las de diciembre reflejaron el de las vacaciones navideñas).

Sin embargo, estas malas cifras no han sido óbice para que hayamos recuperado la confianza de los prestamistas/inversores internacionales. Esto, además, es un motivo de alegría para algunos y una prueba del éxito de las políticas gubernamentales. Y digo esto, porque desde el principio, el principal objetivo de todas las políticas económicas del gobierno español (comandado por la Unión Europea) ha sido este, que los prestamistas/inversores internacionales no perdiesen y volviesen a invertir en nuestro país. Es evidente que esto se ha logrado. Por un lado, muchas de las deudas que se tenían con ellos, ahora se tienen con el Estado. Este pagó a los prestamistas/inversores con el dinero público y ahora es él a quien se le debe el dinero. Por otro, los precios han bajado tanto en España que los prestamistas/inversores extranjeros vuelven a ver atractivo comprar o financiar en España a precios de ganga para vender en un futuro no muy lejano logrando (eso esperan al menos) pingües beneficios.

Además, los prestamistas/inversores internacionales han disipado sus dudas iniciales. Cuando comenzó la crisis tenían una gran desconfianza en nuestro país y en el resto de la Unión Europea, pensaban que se podían tomar decisiones para solventar al crisis que fuesen en contra de sus intereses y que les hiciesen perder dinero. Ahora ya saben que esto no ha sido así, que de los posibles caminos que se podían tomar para superar la mala situación, se tomó aquel que menos problemas les suponía y con el que iban a minimizar las pérdidas. No solo eso, sino que han conseguido garantizar que esto va a seguir siendo así durante los próximos años lo que les permite volver a financiar con seguridad y garantías.

Los cambios que ha propiciado esta crisis y sobre los que se ha asentado la incipiente recuperación, han ido encaminados a que los inversores-prestamistas sigan teniendo un entorno favorable para materializar en beneficios sus negocios financieros con el mínimo riesgo. Cabe preguntarse, con toda legitimidad, si este era el camino más adecuado, si la refundación del capitalismo de la que habló Nicolás Sarkozy cuando comenzó esta crisis es esto: un mundo más fácil para aquellos que se dedican a las finanzas.

Y también cabe preguntarse por aquellos que están asumiendo los costes de esta situación desastrosa. Sabiendo que los niveles de empleo previos a la crisis de los años setenta tardaron veinte años en volverse a alcanzar ¿Podemos esperar un ritmo rápido de recuperación en nuestro país? Y si avanzamos pero muy poco a poco ¿Qué va a pasar con todos aquellos que siguen en una situación crítica? ¿No siguen ellos estando en crisis y hundiéndose a pesar de la situación general?

 

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Conference in the Society for International Development. Final Summary

Summary Report Frechina_final_Página_1Summary Report Frechina_final_Página_2On 14 April 2014, SID NL welcomed Enrique Lluch Frechina, Professor of Economics and Economic Ethics at the University CEU Cardenal Herrera, to give a lecture about the diverse solutions citizens put into practise in times of crisis. He mainly addressed the current economic situation in Spain. The discussion was moderated by Sandra Rottenberg, Board Member of SID NL and Director of “De Globaliseringslezing”.

Introduction

Before beginning his lecture, Enrique Lluch Frechina was asked by Sandra Rottenberg about a comment he made earlier about statistics. According to Frechina, the criteria of national statistics are often changed by the government, so that poverty and inequality are masked. In 1988 the government finished with a research on poverty and inequality on mandatory demand of the European Union, yet Spain changed all the criteria in this survey. While working with this data Frechina experienced a lot of problems since it was so inconsistent. Therefore, Frechina accumulates his own statistics with the FOESSA foundation, to map social injustices and exclusion. According to the data he collected, the national available income per capita has decreased with almost 15 per cent. Youth unemployment has risen to around 55 per cent of the population. There are approximately 1.8 million families in Spain whereby no family member is employed. To give an indication of the future prospects, the last crisis in the 1970’s took Spain 20 years to recuperate from.
Individual Solutions
The number of people receiving government support has more than doubled in the period between 2007 and 2011. Depending on the autonomous community, families receive between 300 and 658 Euros of (public) support. Gas and water as well as public transport prices have gone up, while people have lower or even entirely lost their incomes. Families are often the main ‘institution’ to provide for the unemployed. Many people, often with ages above 30 are moving back in with their parents.
Older people who had good salaries their entire life are now receiving pensions that are proportionally bigger than most incomes. This distribution of wealth seems not only inefficient, since these retired people already have enough money, it is often perceived as unfair. The employed of this generation have to work more to make these pensions available in times of crisis. Many are not even building up pensions for themselves. The solutions that are put into practice by Spanish people are unsurprising; people acquire several temporal jobs, or keep their old job under worse conditions and lower wages. Furthermore, informal labour is on the rise and people stop buying luxury goods.
The migration to other countries, even overseas to Latin America is often mentioned as an individual solution to the crisis. However, there are no clear statistics since the government does not differentiate between natives or naturalised Spaniards. This is why, according to the statistics, Ecuador is the fourth biggest migration-destiny, (Ecuador can hardly be labelled a vibrant economy as it is one of the poorest countries in Latin-America). The (native) Spaniards who do migrate are often qualified and education, albeit they do not leave the country in large numbers as was the case in the 60s and 70s.
Contrary to our expectations, alternative economic strategies such as responsible local consumption, cultivation of own food, becoming self-sufficient, creating barter structures, time banks or social money, assembling in consumption groups, switching to bike transportation or buying goods on second hand markets are not yet very popular among Spanish people. Yet, a change in mentality is underway.

To conclude

Frechina is very critical about the strategies Spanish people pose as solutions, though there are some positive changes. A minority is finally recognising the problems of the poorest groups in society. Government policies that do not address the growing inequality are starting to receive more criticism. Moreover, a minority is using ethical banks and are starting to buy in a more conscious and responsible way. According to Frechina most importantly, Spanish people realise that living with less is not a big problem if you can meet your basic needs. To have more goods does not automatically imply that one has a greater welfare; therefore relational goods are gaining importance as a way to measure welfare. Needs and desires should be distinguished, goods that represent status should be reconsidered. Businesses should take more social responsibility and should care less about profits for shareholders.

Discussion

Sandra Rottenberg mentioned the Spanish immigrants from the 1960s and 1970s that came to the Netherlands and who were actually worse off than the Spaniards that stayed in their home country. Furthermore, because Spain is a rural society, people are more rooted in the village they live in. According to Rottenberg this is why the Spanish are not so willing to emigrate.
When asked about the general atmosphere, Frechina answered that in Spain most people do not show frustration. However, people have decided to stop reading newspapers, stop watching the news and they have lost interest in politics altogether. The bad news in the media leaves a negative impression of politics which results in despondency. The government appears to be positive because the economy is growing once more and the investors are returning. Yet, Spanish people are still left without jobs.
Does it appeal to Spanish people that they are part of the European Union? Spain receives the most European students, yet Frechina thinks this is because of the beach and the “fiestas”. But the actual European feeling is only vivid amongst educated people. The support people used to have for Europe has vanished. Frechina also informed that although education is free, since last year students do have to pay if they remain longer in school than necessary, which is disadvantageous to the poorest.
A question from the audience was if alternative economy approaches such as the “Vivir bien” ideology of indigenous populations in Ecuador and Bolivia serve as an inspiration to Spaniards. To a minor extent they do, yet the focus is very different. The “Vivir bien” economy comes from Marxist, indigenous and ecological currents. It is very mixed, they are especially thinking about the rights of the natural resources. A similarity between the “Vivir bien” and the Spanish approach is the rejection of the thought that “having more is our only goal”. Acknowledging economic growth as the main goal promotes selfish behaviour of the human being. This is contrary to the way we educate our children, since being selfish is usually taught to be a negative characteristic.
So why have Spanish people chosen individual strategies over social and political movements that might have a bigger chance of addressing the root of the problem? Of course there is the 15-May Movement –the Spanish equivalent of the Occupy Movement-, but it had little or no impact. There was no desire to form a political party. People are worried about personal problems and find it hard to see their problems generalised in legislation.

On a last note, Frechina once again stressed the need for people to be aware that “having more” is not a sustainable path to the future since it brings out the selfish part of humanity.

 

 

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Qué podemos aprender de una economía como la española

Vídeo que resume la conferencia que impartí en Amsterdam el pasado 14 de abril invitado por la Society of International Development y que se titulaba learning from a stagnating economy

 

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¿Y ahora qué? Apuntes económicos sobre sanidad pública.

Artículo publicado en el periódico Las Provincias, domingo 2 de Febrero de 2014, página 34

y ahora que sanidad publica

Las últimas noticias nos dicen que la comunidad de Madrid ha desistido en su plan privatizador de algunos hospitales públicos madrileños. La dimisión del consejero de sanidad y el nombramiento de otro nuevo, son una prueba palpable de esta decisión y de la voluntad de tomar un rumbo diferente para solucionar algunos aparentes problemas de la sanidad pública madrileña. Además, el hecho de ser la primera Comunidad Autónoma que había tomado este camino, hacía que otras estuviesen esperando para ver sus resultados por lo que esta situación tiene unas repercusiones de alcance nacional.

Supongo que la situación de los responsables políticos de la comunidad de Madrid deberá ser, al menos, de perplejidad. Cuando has tomado un camino firme a pesar de una fuerte oposición popular y aquello que has defendido durante tiempo se desmonta y tienes que retirar tu posición, debes encontrarte desorientado, sin rumbo, sin saber exactamente cuál qué hacer entonces. Si esto es así, escribo este artículo para dar unas ideas sobre qué hacer, qué rumbo tomar, qué sendas transitar. Unas ideas abiertas al debate público pero que pueden ayudar al nuevo responsable de esta Comunidad y a los de otras que estaban expectantes con lo que pasaba en Madrid, para orientar su acción pública en el campo de la sanidad.

La primera idea que me gustaría recordar es por qué es importante un sistema de salud en una sociedad, o dicho de otra manera, que esperamos del sistema sanitario la práctica totalidad de los ciudadanos. Pues bien, aunque parezca obvio, consideramos buenos a nuestros hospitales, a nuestros centros de salud, a nuestro sistema sanitario si atienden bien a sus pacientes, si consiguen curar satisfactoriamente las enfermedades, si son capaces de preverlas… Por lo tanto, el principal objetivo de un sistema sanitario es dar servicio a los ciudadanos. Un sistema será bueno, si cumple bien este objetivo, si ayuda realmente a las personas enfermas. Si se quiere mejorar la sanidad hay perseguir este objetivo primordial y la bondad o no del modelo deberá ser medido por estos parámetros. Cuando olvidamos esto, estamos haciendo un flaco servicio a la ciudadanía y a la función esencial que tiene todo sistema sanitario. Sé que lo que digo debería ser obvio, pero en ocasiones no lo parece…

En segundo lugar, hay que tener en cuenta los límites económicos. Para lograr el objetivo principal se necesitan unos recursos y estos no son infinitos. No podemos pensar que existe un pozo sin fondo del que podemos sacar recursos sin fin. Esto lleva a que la prioridad sanitaria debe combinarse con un uso racional de los recursos. Evitar el despilfarro, aplicar aquellas estrategias que pueden lograr la excelencia sanitaria con un gasto menor, evitar aquellos gastos que no repercuten en una mejora sanitaria, son objetivos secundarios que hay que aplicar para garantizar que los primeros pueden seguir dándose. De este modo, el ahorro puede convertirse en una manera de lograr mejorar las condiciones sanitarias y el servicio en salud que se ofrece. En la medida que se gasta menos para lograr lo mismo, se liberan recursos que pueden centrarse en lo importante, la atención sanitaria de las personas…

Algunos afirman que esto último lo hacen mejor las empresas privadas. Suponiendo que esto fuese así (que no siempre tiene porque serlo) lo que debe hacer el gobierno de turno es aplicar esas medidas o esas maneras de gestionar la salud en sus propios centros públicos. Si la centralización de compras, la reducción del número de menús, el control del material se han demostrado eficaces para lograr ahorros sin que estos repercutan en un peor servicio sanitario ¿Por qué no aplicarlos a la gestión pública? En este sentido, existen estudios rigurosos que aportan evidencias empíricas de medidas eficaces que han logrado ahorros en la gestión sin necesidad de perjudicar a los pacientes, sino todo lo contrario, ya que el dinero liberado se puede utilizar para aquellas acciones que tienen unas consecuencias directas sobre ellos.

Además de estas medidas, hay que tener en cuenta que el mayor activo de la sanidad pública son sus trabajadores, médicos, enfermeros, auxiliares y cualquier otro personal que trabaje con ellos codo con codo. El gobierno que dirige la sanidad pública debe ser capaz de liderar este conjunto de personas para que logren los objetivos sanitarios de una manera eficaz y poniendo todo su ser en ello. El personal sanitario es un personal muy vocacional y entregado a su trabajo porque saben que de ellos dependen la salud y la vida de las personas y porque les toca afrontar día a día, realidades críticas y difíciles como son las que se derivan de la enfermedad propia o de los seres queridos… Por ello, facilitar la motivación de este personal (ya de por si motivado por su propia vocación) y potenciar todo lo bueno que hacen y saben hacer es una labor de liderazgo y dirección que deben potenciar los responsables de la sanidad pública.

Por último, para lograr el objetivo prioritario de la sanidad, hay que potenciar la participación de todos en las estrategias y en las acciones a llevar a cabo. Los equipos directivos deben trabajar conjuntamente con su personal y con los afectados para elaborar sus estrategias y actuaciones. Si se quieren adoptar estrategias que logren mejorar el servicio sanitario e intentar que esto se haga utilizando menos recursos para poder llegar a más (o al menos a lo mismo) quienes están trabajando en el día a día sanitario tienen también algo que decir y que aportar. Deben, por ello, articularse sistemas de consulta, de diálogo, de participación. Es necesario que todos se sientan importantes e involucrados en esa preciosa labor de sanar a los enfermos tan necesaria para una sociedad. En este sentido, creo que también es importante la existencia y utilización real de los comités éticos, ya que muchas de las cuestiones a abordar tienen un componente ético importante. Dar la debida relevancia a estos comités ayuda a la hora de tomar decisiones que tienen unas implicaciones humanas vitales…

 

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Objetivos públicos-Gestión privada: ¿Lo más barato?

Artículo Publicado en Noticias Obreras nº 1554, Diciembre 2013, páginas: 12-13Objetivos públicos, gestión privada 1Objetivos públicos, gestión privada 2

En estos últimos años estamos asistiendo a la continuidad de una tendencia que ya había comenzado mucho antes de la crisis. Se trata de la sustitución de lo público por lo privado. Campos de actuación en los que lo público tiene una responsabilidad fijada o bien por nuestra constitución o bien por alguna de nuestras leyes, pasan a ser gestionadas de una manera privada. Esta es una cuestión muy debatida y controvertida. No pretendo dar aquí una respuesta cerrada a esta polémica, sino entre este y el siguiente artículo, aportar algunas claves de reflexión que puedan iluminar este tema.

En un primer lugar cabría pensar que este traspaso a lo privado supone reconocer un fracaso rotundo de los gestores de lo público que administran el servicio a privatizar. Cuando escucho a algún político decir que quiere privatizar un servicio porque así va a ser gestionado mejor y de una manera más económica, pienso inmediatamente en por qué no aplica esos criterios de gestión él a su empresa o servicio público en lugar de dejar que lo hagan otros. Si es porque no puede o no sabe ¿Acaso no es esto reconocer su inoperancia? Desde mi punto de vista habría que cambiar a este responsable por otro que supiese hacerlo, porque si una empresa privada puede aplicar otros criterios mejores para la gestión ¿Por qué no va a hacerlo la pública? Claro que si estos se basan en pagar bajos salarios, o en realizar contratos en malas condiciones, la afirmación inicial de que la empresa privada lo hace mejor, se cae por su propio peso…

De hecho, si estamos hablando de una empresa privada con ánimo de lucro, sus accionistas querrán sacar un determinado rendimiento, lo que hará que la administración tenga que pagar más de lo que le cuesta a la empresa producir el bien (la diferencia son los beneficios a los inversores) ¿No sería mejor contratar a estos gestores y que ese ahorro sirviese para más servicios en lugar de para remunerar a los accionistas de esta empresa?

El análisis anterior está soslayando una de las suposiciones que hay detrás de este posicionamiento y que es clave para dimensionar el debate. Nos referimos a lo que piensan quienes defienden la privatización. Es decir, que lo importante es que un servicio se ofrezca lo más barato posible y le salga al sector público lo más económico que pueda, ya que donde mejor está el dinero es en el bolsillo del contribuyente y no en las arcas públicas. Esto supone que cualquier ahorro que se pueda conseguir, va a ser bueno para la ciudadanía en general.

Vamos a revisar esta idea. Lo primero que deberíamos preguntarnos es si el interés público está en dar un servicio adecuado y de calidad para cumplir la función asignada a este o si, por el contrario, lo único que queremos es que sea barato. Si lo que pretendemos es lo primero, lograrlo puede ser incompatible con que sea muy barato. Es más, lo más económico sale, con mucha frecuencia, caro a la larga. Por ello, lo primero que nos debemos plantear es cual es el objetivo público ¿Un buen servicio o un servicio barato? Evidentemente, una vez alcanzada la calidad necesaria, la excelencia que el bien o servicio requiere, es bueno hacer esfuerzos para que esto se consiga con el menor coste posible y sin derroches o dispendios innecesarios. Pero este es un objetivo secundario, no el primario.

Si se piensa así, solamente deberían permitirse aquellos sistemas de ahorro que no deteriorasen el objetivo principal de ofrecer un servicio adecuado y de calidad. En este sentido, no es lo mismo ahorrar aplicando modelos de gestión que incrementen la productividad de los trabajadores y de la organización, motivando a los trabajadores para que realicen mejor y más a gusto sus labores, que conseguirlo a través de pagar peor a los empleados o utilizar bienes y servicios de peor calidad.

Esto nos lleva directamente a analizar la segunda cuestión, es decir, si el dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes que en las arcas públicas o no. Quienes defienden lo primero argumentan que quien gana el dinero debe tener la libertad de gastarlo en aquello que desee y que ese es el mejor destino que se le puede dar a sus ingresos. Aunque esta idea puede ser correcta en esencia, sabemos que no todos los usos del dinero son buenos para la vida en sociedad o para la mejora de los demás. Los comportamientos avariciosos, de búsqueda de la acumulación, en los que se sacraliza el afán de tener más, no tienen por qué ser positivos para el conjunto. De hecho, la mayoría de las veces, si no se limitan, destrozan el mercado y las condiciones de vida de aquellos que están en peores condiciones.

Además, para poder ganar dinero, necesitamos una sociedad que funcione correctamente, que tenga una organización adecuada de la que nos beneficiemos todos, que los más desfavorecidos puedan tener unos niveles de vida dignos para que puedan colaborar en la mejora común… Todo ello no se consigue a través de las acciones individuales y aisladas de cada uno, sino a través de las acciones comunes y de la cooperación entre los miembros de una sociedad. Por ello, no es verdad que el dinero siempre esté mejor en las manos de quien lo gana o en manos individuales, con frecuencia los fondos que se ponen en común, que buscan conseguir estos objetivos societarios, tienen un uso tan positivo o más, que aquellos que utilizamos solo para nosotros.

De este modo, no podemos centrar la actuación pública en ahorrar para que tengamos más dinero en nuestros bolsillos, sino que hay que centrarse en que los servicios que ofrecemos entre todos y que aquello que gestionamos de una manera pública, tenga los mejores resultados posibles, consiga sus objetivos. Ello, de la manera más barata posible, claro está, pero este debe ser un objetivo secundario una vez alcanzado lo primero. Es evidente que esto tiene una relación muy directa en el debate entre lo privado (teóricamente más barato) y lo público (teóricamente más caro) que acabaré de perfilar en el próximo artículo.

 

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Lampedusa, una vergüenza

Artículo publicado en Cresol, nº 117, noviembre 2013, pág: 20 y 21

2013 noviembre Lampedusa, una verguenza 12013 noviembre Lampedusa, una verguenza 2

Si quieres acceder al texto completo, puedes hacerlo en http://www.revistacresol.com/–lampedusa,-por-e.-lluch.html

 

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Nuevos modelos de economía

Dos periódicos turolenses se hicieron eco de mi conferencia el pasado jueves 26 de Septiembre. Aquí tenéis la crónica de ambos, aunque uno de ellos me definió como “catedrático” cosa que no soy…

Diario de Teruel del 27 de Septiembre de 2013 en su página 13

diario de teruel sobre conferencia

ECO DE TERUEL. Periódico digital de Teruel

Brillante charla del catedratico Enrique Lluch, dentro del Aniversario de Caritas en Teruel

Domingo, 29 septiembre , 2013 | Por | Categoria: Actualidad Local

En la imagen , un momento de la charla del viernes

En la imagen , un momento de la charla del viernes

El pasado viernes el catedrático D. Enrique Lluch Frechina, director de la Cátedra de Solidaridad de la Diversidad Cardenal Herrera CEU de Valencia dio una charla sobre os nuevos modelos económicos, dentro de los actos de celebración del aniversario de caritas diocesana en Teruel. La charla fue brillante y seguida atentamente por los asistentes.
Se habló de los nuevos modelos económicos como por ejemplo la economía de comunión, la economía del bien común, etc
Sobre todo se hizo hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad en empresas, intermediarios financieros, estados y en las economías domésticas.
Finalmente el profesor Lluch hablo de cuestiones económicas concretas , de los objetivos que deberían tener estos nuevos modelos económicos
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Un acercamiento a nuevos modelos económicos
Enrique Lluch ofrece una conferencia sobre propuestas alternativas
P. Fuertes
Teruel
Otros modelos económicos son posibles en la sociedad actual y así lo dio a conocer Enrique Lluch, doctor en  Ciencias Económicas y director de la Cátedra de Solidaridad de la Universidad Cardenal Herrera de Valencia,  en una conferencia que ofreció en el salón de actos de la CAI en Teruel con motivo del 50 aniversario de  presencia de Cáritas en la Diócesis turolense. Lluch presentó los motivos por los que existen modelos de
economía alternativos, qué pueden hacer los ciudadanos para cambiar e intentar organizarse mejor y qué propuestas existen en la actualidad.
Entre estas alternativas se encuentran la economía de comunión, la economía del bien común, la del decrecimiento, la economía altruista, la eco-economía, la democracia económica y la economía del buen vivir.
Lluch planteó que enfrentar el mercado contra la planificación es un “falso dilema” porque hay que aceptar el mercado como un instrumento válido pero plantearse que hay que cambiar sus objetivos. Así, los nuevos modelos económicos propugnan cambiar las metas del mercado, según puso de manifiesto este experto. Para
ello, “hay que orientar el mercado hacia otra dirección”.
Para hacerlo hay que plantearse diferentes objetivos, siguiendo la línea de estas nuevas teorías que recoge Lluch, como modificar las prioridades delmercado. Este economista propuso que ante la prioridad del beneficio,
hay que sobreponer la prioridad de la persona y el bien común; ante la de la economía financiera la de la economía real y ante la de los triunfadores la de los últimos. También planteó que hay que cambiar las reglas del juego para que beneficien a aquellos que colaboren más con el bien común y penalice comportamientos perjudiciales.
Para ello, se precisa “un cambio de mentalidad y estructuras”, destacó Lluch que pasa por cambiar
la mentalidad economista, que ha generalizado el comportamientos egoísta y lo ha justificado a ámbitos no económicos; las economías domésticas que tienen que afrontar su día a día con claves diferentes, y las  empresas, que deben insistir en su importante labor social. El cambio dementalidad tiene que llegar también a los intermediarios financieros, “que deben estar al servicio de la economía real y no al contrario”, explicó Lluch.

Para allanar el camino hacia estructuras económicas diferentes propuso un cambio de legislación de los mercados, que facilite la competencia y luche de forma efectiva contra los oligopolios y que facilite la  transparencia para la labor social de las empresas y de los intermediarios financieros.
También, sería necesario una política de contratación pública que utilice parámetros distintos al precio y que potencia a las empresas que colaboran en la construcción social. En cuanto al sector público, debería defender a los más desfavorecidos y defender el estado social y potenciar el bien común con una estructura impositiva que sea equitativa y redistributiva.
La estructura financiera también tiene que ser modificada, según Lluch, para favorecer un cambio en la política monetaria, una reducción del tamaño de las entidades financieras, la supresión de los paraísos fiscales y la regulación de los instrumentos financieros.  Todos estos cambios, concluyó este autor de varios libros sobre economía alternativa, se deben ejecutar a nivel internacional para que sea efectivos.

 

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El consumo y la crisis

Artículo publicado en la revista ICONO, septiembre 2013, año 114, nº 8, pág: 14-15

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Bangladesh y nuestras camisetas

Hace unos meses cayó un edificio en Bangladesh repleto de trabajadores textiles. Las malas condiciones del mismo y la gran cantidad de máquinas y personas que se encontraban allí, provocaron una desgracia que se podría haber evitado. Sin embargo, no me interesa ahora las condiciones de la empresa ni lo que dejó de hacer la sociedad de Bangladesh para evitar esta tragedia, sino que en este lugar se cosía ropa que luego compramos nosotros, demandada por empresas europeas y estadounidenses. Ello nos lleva a que ninguno de nosotros podamos garantizar que ninguna de las prendas que utilizamos habitualmente estén fabricadas en lugares similares a este. No tenemos ni idea de en qué condiciones se fabrican nuestras prendas de vestir y, quien habla del textil, también puede hacerlo de otros bienes como los electrodomésticos, los muebles, las herramientas, etc.

Hay que mirar la relación calidad precio

El motivo principal por el que sucede esto es que cuando compramos solamente miramos la relación calidad precio buscando siempre adquirir lo más barato que encontremos. Esta es una estrategia imprescindible para aquel que no tiene lo suficiente para vivir (si compra demasiado caro no puede comer todo lo que necesita o vestirse con una cierta decencia), pero esta estrategia de pobres ha pasado a ser una estrategia común en todas las familias, tengan el nivel económico que tengan. Buscamos lo más barato, porque solamente pensamos en nosotros. Queremos adquirir bienes lo más económicos posibles para poder tener más cosas con el mismo dinero.

Pero claro, si nosotros compramos algo y pagamos un precio por ello, ese dinero tiene que acabar en manos de alguien. Si pensamos en nuestras camisetas por las que pagamos precios ridículos, con ellos hay que pagar a los que las hacen, a quienes las transportan desde Asia a nuestros lugares de residencia, a quienes las venden en nuestros países y a quienes hacen la publicidad… Poco dinero para repartir entre muchos.

Echar balones fuera

Esta búsqueda de lo más barato ha hecho que muchas de nuestras empresas productivas hayan cerrado o ahora produzcan en países asiáticos. Los productos fabricados en estas naciones son más económicos y se venden mejor… Este fenómeno ha colaborado en el gran desempleo que tenemos en nuestro país y en que se haya desmantelado gran parte de la industria que existía hasta hace unos años, lo que dificulta la salida de la crisis. Ante esta situación muchos son los que piensan que la culpa la tienen estas naciones asiáticas y se ponen en contra de ellas en una reacción infantil que busca echar balones fuera y endosar la culpa de nuestros males a cualquiera que no seamos nosotros. Es una manera de no tener que pensar en qué parte de responsabilidad tenemos.

Pero si le preguntásemos a los trabajadores supervivientes del derrumbamiento de la fábrica de Bangladesh y de otras similares, seguramente nos replicarían que trabajan para empresas europeas y estadounidenses. Es decir, que ellos son el último eslabón de una cadena que comienza con nosotros, los consumidores, buscando el precio más bajo; continúa por nuestras empresas, que se van allí a buscar unos menores precios; y acaba en ellos, que producen lo que nosotros les decimos al precio que les exigimos. Al final, son nuestras empresas las que les fuerzan a trabajar en estas condiciones, ya que es la única manera de que se mantengan los costes bajos. Si no lo hacen, se busca otro país en el que se produzca más barato y a seguir con los precios más baratos…

Cambiar nuestros criterios de consumo

Benedicto XVI ya dijo en su Encícilica Caritas in Veritate que “comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Cuando compramos, le estamos diciendo a las empresas cómo queremos que se comporten. Si les pedimos solamente lo más barato, les estamos diciendo que rebusquen por todo el mundo dónde pueden producir de una manera más económica, que nos da igual como lo hagan, pero que nos traigan un precio muy reducido… Si queremos colaborar en que no hayan más casos como el de Bangladesh, debemos pedir a las empresas que nos muestren sus métodos de producción, que sean capaces de garantizarnos que ni ellas ni sus subcontratistas están produciendo en condiciones infrahumanas… El comercio justo ya lo hace, pero no es suficiente con esto. Debemos lograr que todo sea comercio justo, que lo que es excepcional pase a ser lo habitual.

Pero no solo esto, si queremos colaborar con nuestras compras a mejorar las condiciones económicas de nuestros ciudadanos, creo que es necesario que compremos más bienes producidos en nuestro entorno. Ello no solo nos permitirá controlar mejor si las empresas están produciendo en condiciones dignas y pagando unos salarios adecuados, sino también promover el empleo y la producción local colaborando así en la salida de la crisis. Todo ello supone, claro está, olvidarnos de esa consigna tan utilizada por todos nosotros “hay que comprar siempre lo más barato”…

 

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Conferencia “Nuevos modelos de economía”

El próximo Jueves 26 de Septiembre, con motivo del 50 aniversario de Cáritas Diocesana de Teruel y de Albarracín, impartiré una conferencia en el salón de actos de la CAI en Teruel (C/ Joaquín Arnau, 3) que se titulará: “Nuevos modelos de economía” En la que describiré por qué hay propuestas que quieren modificar la manera en la que organizamos nuestra economía y cuáles son las principales propuestas que hay en este momento.

La charla será a las 20:00h y espero que quienes seáis de esta bonita ciudad y provincia, podáis acercaros a escucharla.

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El principio contributivo y la renta básica

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1551 Septiembre 2013, pág: 12-13

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El Estado del Bienestar en la práctica totalidad de los países en los que este se ha desarrollado sigue lo que se denomina el principio contributivo. Esto quiere decir que para lograr gran parte de las prestaciones que este te ofrece, debes haber contribuido antes al mantenimiento del mismo. De este modo, tienes derecho a la pensión de jubilación si has estado cotizando durante un determinado periodo de tiempo, vas a obtener la prestación del desempleo si también has pagado tu seguridad social a lo largo de un plazo prefijado. De hecho, no solo tienes derecho a una determinada cantidad cuando has contribuido previamente, sino que además, la cuantía que vas a percibir depende del dinero que has aportado a la Seguridad Social. Si has ganado un sueldo elevado y tu contribución ha sido alta, recibirás una pensión o un subsidio de desempleo superior a aquella que recibirías si tu salario y tu contribución hubiesen sido bajas.

Este sistema es generalmente aceptado por la mayoría de la población y de los partidos políticos a pesar de que, como voy a describir en las líneas posteriores, se le pueden hacer objeciones desde el punto de vista de la justicia, desde una visión redistributiva y desde la idea cristiana de la economía de la gratuidad y la opción preferencial por los pobres. Ante un sistema que naufraga desde el punto de vista económico (como nos recuerdan todos los meses desde los medios de comunicación y desde el Estado) y ético (como voy a intentar demostrar), pueden existir alternativas que mejoren sus resultados en ambos campos, pero esto precisa un cambio de mentalidad en la sociedad.

En primer lugar nos podemos preguntar si establecer un sistema así puede considerarse como justo. Se puede pensar que, en la medida que cada uno recibe según lo que ha aportado, se trata de un sistema justo desde el punto de vista conmutativo o contributivo. Sin embargo esto no siempre sucede así. Alguien puede estar haciendo grandes contribuciones durante un periodo de tiempo y finalmente recibir una pensión reducida porque los últimos años ha cotizado poco. O alguien puede cotizar bastante pero durante un número de años suficiente, por lo que, aunque la cotización haya sido la máxima, luego no recibe pensión alguna… En estos casos, la justicia conmutativa no se da.

En este sentido podríamos plantearnos también si una cotización superior corresponde realmente a un mayor esfuerzo y por tanto a una mayor recompensa ¿El salario y nuestra situación de empleo o desempleo depende solo de nosotros o hay situaciones externas que también determinan nuestra cotización y el número de años en que lo hacemos?

En segundo lugar, desde el punto de vista redistributivo, el sistema actual no parece que lo sea en demasía… Aquellos que contribuyen más, reciben más y viceversa. Es más, en una situación como la actual, trabajadores precarios que no tienen la certeza de una pensión futura, están financiando altas pensiones de las personas mayores que trabajaron largos años y generaron derecho a percibirlas. Del mismo modo, el hecho de que las cotizaciones dejen de aumentar cuando se llega a una determinada renta, hace que el sistema se comporte como regresivo siendo las rentas más altas las que menor porcentaje pagan en concepto de contribuciones a la Seguridad Social. Parece, pues, que el principio de justicia redistributiva ni es cumplido ni potenciado por este sistema.

La Doctrina Social de la Iglesia considera que el Estado debe perseguir como fin prioritario el Bien Común. Este busca la promoción y el perfeccionamiento de todas y cada una de las personas que hay en una sociedad. Por ello, piensa que debemos tener una opción preferencial por los más pobres y los más desfavorecidos ya que estos son quienes tienen más difícil alcanzarlo. Sin embargo, el sistema contributivo no parece promover a los que peor están. Más bien al contrario, premia a aquellos que han tenido la suerte, habilidad o esfuerzo para ganar más. Esto va en contra de lo que esperaríamos de una gestión pública que realmente busca el bien común o de lo que Benedicto XVI denomina la economía del don, es decir, dar sin pedir condiciones previas.

De hecho, una de las grandes ventajas de un sistema económico de mercado es que en él, aquel que realiza una gestión económica más eficiente se ve recompensado con más beneficios e ingresos (al menos en teoría). Por lo tanto, si el mercado ya cumple bien esta misión ¿Por qué tiene el Estado que reforzarla? ¿Es la función del Estado recompensar a aquel que ha ganado mucho a lo largo de su vida si el mercado ya puede hacerlo razonablemente bien? Hay que resaltar que, desde las enseñanzas sociales de la Iglesia, el Estado debería compensar o ayudar a aquellos que no tienen las condiciones adecuadas para lograr estos beneficios, para así garantizar la igualdad en dignidad de todas las personas y lograr el bien común.

Aquí es donde entra el concepto de renta básica. Esta supone un pago igual para todos los miembros de una sociedad que se paga, no por haber contribuido o por haber hecho las cosas bien previamente, sino por el simple hecho de ser personas. Se trata, por lo tanto, de una renta no condicionada a requisitos previos que es recibida por todos en igual cuantía con independencia de su condición económica, social, cultural, etc. No es este el lugar para dar más explicaciones acerca de ella, ni de sus ventajas e inconvenientes, pero me gustaría comentar que un sistema así superaría los problemas éticos nombrados con anterioridad (falta de justicia, poca redistribución y el no priorizar a los más desfavorecidos).

El escollo más importante que creo que tiene en estos momentos la renta básica, es más ético y de convicción que económico. Existe un fuerte convencimiento de que el Estado debe seguir una dinámica similar a la del mercado. Plantear un sistema de bienestar con bases no contributivas, en el que las personas reciban lo mismo sin condiciones previas y dejar que sea el mercado el que regule las recompensas a aquellos que tengan más, tiene un fuerte rechazo entre amplias capas de la población. Se necesita un gran esfuerzo educativo para cambiar la inercia del sector público en este sentido y plantear una verdadera modificación de nuestro Estado de Bienestar para que este deje a un lado sus aspectos contributivos y pase a basarse en principios no contributivos.

 

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Hacia dónde dirigir el sistema financiero

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1550, Agosto de 2013, pág: 12-13

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Para casi todos aquellos que hayan observado con cierto detenimiento la venida de esta crisis y su evolución, parece evidente que debemos modificar la estructura de nuestro sistema financiero global. Este va a ser el tema del presente artículo, sugerir una serie de medidas que creo que serían positivas para lograr este objetivo. Voy a dejar a un lado el asunto del Banco Central Europeo, del euro y de su política monetaria. Parece bastante evidente que su organización y estructura no colaboran en exceso en la superación de la crisis, pero no voy a tratarlo en este artículo sino que voy a centrarme en otros aspectos del sistema financiero.

En primer lugar, pienso que uno de los grandes problemas con los que nos encontramos es el carácter sistémico de muchas de las entidades financieras. El gran tamaño que han adquirido durante los últimos años debido a fusiones, absorciones y políticas diversas de reducción de número de entidades e incremento programado de su tamaño, ha hecho que sea muy problemático dejar caer una entidad financiera. Si se hace, hay peligro de que caigan las otras el lo que podríamos describir como un efecto dominó. Esto provocaría que el Estado no tuviese suficientes fondos para garantizar los depósitos de las entidades quebradas lo que llevaría al colapso total del sistema. Por ello, el Estado se ve en la obligación de rescatar la entidad con problemas.

La solución a este problema pasa, desde mi punto de vista, por limitar el tamaño de las entidades financieras. Debemos buscar un sistema financiero que tenga una competencia real y que no trabaje como un oligopolio (pocas empresas con gran poder de mercado). De este modo, si alguna entidad financiera lo hace mal, se puede dejar que esta caiga garantizando sus fondos a los depositantes y no serían necesarias intervenciones estatales. Además, aumentaría la competencia y los grandes préstamos podrían seguir dándose a través de la costumbre de cooperación entre varios bancos para repartir riesgos (comportamiento habitual en los bancos)

Otro de los problemas observados durante la gestación de la crisis ha sido el número de intermediarios que había entre el prestamista último y quien recibía la financiación. Me contaba una amiga que trabaja en banca privada cómo antes de la crisis le había garantizado a una señora mayor que su dinero estaba en un producto seguro. Para ello había adquirido renta fija de una prestigiosa entidad bancaria suiza. Esta había utilizado esos fondos para prestar a otra entidad inglesa (también prestigiosa) que a su vez había adquirido otro producto financiero en Estados Unidos con el que se había financiado a una entidad que había utilizado este dinero para realizar un préstamo hipotecario de alto riesgo. Si contamos, desde la señora mayor (prestamista última) hasta quien recibe el préstamo hipotecario hay cinco intermediarios (incluyendo mi amiga y el producto financiero estructurado) Cuando la crisis financiera estalló, esta señora se quedó sin su dinero prestado de una manera (teóricamente) segura y mi amiga no sabía como explicárselo… En una opción inteligente, la empresa en la que trabaja mi amiga decidió no volver a realizar operaciones en la que hubiesen más de dos intermediarios entre el prestamista y el receptor del préstamo. Creo que esta política debería generalizarse y resultar en una norma de obligado cumplimiento que mejoraría la gestión financiera y la transparencia (de la que voy a hablar a continuación)

Otro de los problemas que tenemos en nuestro sistema financiero es que desconocemos, con frecuencia, hacia donde dirige la entidad los fondos que le dejamos. Como lo único que parece preocuparnos es el rendimiento que esta nos ofrece, nos despreocupamos del destino final de nuestros fondos. Ello puede provocar situaciones como que estemos financiando de una manera indirecta a entidades cuya actuación vaya totalmente en contra de nuestras convicciones o de aquello por lo que estamos luchando. Por ello, debemos lograr mejorar la cultura financiera y concienciar a los clientes para que exijan a sus entidades transparencia, de manera que no les dejen el dinero si estas no son capaces de explicarles cuál es el destino final del mismo o cuáles son los criterios de financiación que aplican a sus operaciones… Lograr un sistema financiero en el que se priorice el conocimiento del destino de lo prestado en lugar del rendimiento es una de las labores de cultura financiera más importantes a realizar.

Los productos derivados son otra de las cuestiones que creo habría que abordar. Se trata de productos financieros en los que no se presta a nadie, sino que se pretende asegurar un riesgo. Por ejemplo, compro dólares para dentro de tres meses fijando el precio y la cantidad comprada hoy. Cuando llega la fecha, si el precio de mercado es inferior al de compra, el vendedor ha ganado ya que puede comprar los dólares en el mercado y vendérmelos a mi más caros. Por el contrario, si el precio de mercado es inferior, soy yo el que gano pudiendo comprar los dólares y venderlos el mismo día más caros ganando una plusvalía. Con frecuencia ya no se hace ni esto. En el primer caso yo le pago al vendedor la diferencia para que tenga ya las ganancias y viceversa.

Estos productos resultan en una manera fácil de ganar dinero (si aciertas claro) y además de utilizarse para proteger un riesgo, también se hace para adquirirlo. De hecho, la negociación de esta clase de productos se ha incrementado mucho en las últimas décadas. Mi opinión es que no deberíamos prohibirlas pero sí asimilarlas a las apuestas, que fuesen las casas de apuestas quienes las gestionasen y que pagasen, consecuentemente, el impuesto sobre el juego. Esta medida incrementaría la recaudación del sector público pero, sobre todo, reduciría la utilización incorrecta de este tipo de productos.

Por último, no me resisto a añadir dos medidas de una manera telegráfica. Por un lado deberíamos acabar con los paraísos fiscales, es decir, con aquellos lugares en los que el dinero no tiene que pagar impuestos o estos son tan reducidos que impulsan a las grandes fortunas y empresas a asentarse en ellos. También creo que ante el problema de la falta de financiación a proyectos empresariales reales deberíamos subir los impuestos a la adquisición de activos financieros. Creo que la pregunta clave es ¿Por qué si compramos pan pagamos IVA pero si compramos una acción no? La adquisición de productos financieros debería ser gravada al igual que sucede con los productos de consumo. Con ello el crédito a la economía real recuperaría atractivo y se reduciría la gran cantidad de inversiones meramente financieras que se dan en la actualidad.

 

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¿Por qué es importante el sector financiero para una economía?

Artículo publicado en el Noticias Obreras, Nº 1.549, Julio 2013, Pág: 12 y 13

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Dar crédito, esta expresión tiene un doble sentido en nuestro idioma. Por un lado está el literal, es decir, dejar a alguien un dinero para que lo utilice a cambio del pago del pago de un interés, que viene a ser el alquiler por poder utilizarlo durante un tiempo. Pero también tiene un sentido figurado que significa que confiamos en una persona o en un mensaje. Damos crédito a algo o a alguien cuando creemos que es de fiar, cuando consideramos que hay algo que nos asegura su veracidad, cuando sabemos que podemos depositar en ello nuestra confianza. Este dar crédito es lo que hay detrás de un sistema financiero sano. Para que funcione de una manera correcta necesitamos que una sociedad en la que exista confianza y fiabilidad. Sin ellas, un sistema financiero no funcionan.

Pero ¿por qué es importante que el sector financiero funcione bien para una economía? Muchas son las causas que podríamos aducir aquí, pero me voy a centrar en las más importantes. La primera es que el sector financiero incluye al Banco Central que es quien emite la moneda de un país. Es importante tener una moneda estable que nos sirva para realizar los intercambios. Cuando se pierde confianza en el sistema financiero, la moneda deja de ser apreciada y se puede producir un alza de precios tal, que las personas dejen de confiar en ella y se vuelva a utilizar el trueque para intercambiar los productos. Aunque el trueque es positivo en algunas situaciones particulares, no es factible en una economía compleja, se necesita alguna forma de dinero que facilite los intercambios. De hecho, hasta los mismos esquemas de trueque existentes en la actualidad, tienen alguna forma de dinero (aunque sea en vales por hora de trabajo) que realiza esta función.

La siguiente importante función del sistema financiero es que nos permite ahorrar. El ahorro es importante porque gracias a él podemos, por un lado, reservar dinero para realizar compras grandes en el futuro (una casa, un automóvil, un viaje), por otro guardar para tener unos fondos que nos permitan afrontar gastos imprevistos o una futura bajada de ingresos (desempleo, jubilación) y por último invertir en un negocio o en educación para tener más ingresos en el futuro. El sistema financiero nos facilita ahorrar con seguridad, sabiendo que no vamos a perder nuestro dinero. El entramado financiero, los bancos, el sistema en su conjunto y el respaldo público nos permiten tener una mayor seguridad de que nuestros ahorros no se van a perder.

Otra función importante es la de facilitar las actividades económicas. El hecho de profesionalizar la intermediación financiera, permite que aquellos que quieren montar un negocio o una actividad económica para ganarse la vida, puedan lograr el dinero que necesitan pidiéndolo prestado y pagando unos intereses aceptables. Lo mismo sucede con aquellas familias que quieran comprar una vivienda o cualquier otro bien caro y todavía no tengan los suficientes ahorros para hacerlo. La posibilidad de poder pedir prestado este dinero con unas condiciones que no sean abusivas y que les permitan afrontar los pagos posteriores que tienen que realizar, es deseable en nuestra sociedad y nos permite disfrutar de bienes cuando los necesitamos aunque no tengamos suficiente dinero para hacerlo.

Se pueden resumir estas ventajas en que la existencia de intermediarios financieros, que reciben el dinero de los ahorradores y lo canalizan hacia los prestatarios, hace que se reduzcan los riesgos y se incrementen las posibilidades. Un ejemplo nos permitirá entender esto. Si yo quiero comprar una casa y con mis ahorros no tengo suficiente para hacerlo, en el caso de que no existiesen los intermediarios financieros (como un banco) me sería difícil encontrar a alguien dispuesto a pagarme la cantidad que yo necesito en el plazo temporal que yo deseo. Los bancos y los intermediarios financieros facilitan esto. Ya no es necesario encontrar a esa persona, el banco recibe fondos de varios ahorradores en diferentes combinaciones y con ellos puede prestarme en las condiciones que son mejores para mi. Por lo tanto, todos ganamos, los ahorradores, los que piden préstamos y el mismo intermediario financiero que recibe unos ingresos por el servicio prestado.

Por todo ello un sistema financiero que funcione correctamente y unos intermediarios financieros que realicen bien su función, son imprescindibles para el correcto desarrollo de una economía compleja. La capacidad de invertir, de poner en marcha nuevos proyectos, de ahorrar para el futuro… necesitan de este buen funcionamiento del sector financiero. Cuando este no existe, aparece la figura del usurero que aprovecha su riqueza para prestar a los necesitados a unas condiciones leoninas que les imposibilitan la devolución de lo logrado y el pago de los intereses debidos.

El problema se da, cuando estas funciones no se cumplen bien, cuando el sector financiero no garantiza estas ventajas a la sociedad. Esto puede darse cuando no se controla bien la emisión de la moneda y la depreciación de su valor lleva a una inflación galopante que dinamita todo el sistema financiero. Pero también se da cuando el sistema financiero y sus instituciones olvidan su función que tienen de estar al servicio de las personas y de la economía y, en lugar de reducir riesgos y ayudar a cumplir los objetivos de personas e instituciones, los riesgos se incrementan, se realizan actuaciones movidos únicamente por el afán de lucro de quienes son propietarios del dinero y pasan de estar al servicio del resto de la sociedad, a que ésta tenga que amoldar sus actuaciones a lo que desean quienes prestan en los mercados financieros.

La crisis financiera ha tenido mucho de esto ya que las prácticas que se llevaron a cabo en los años de bonanza nos abocaron a una falta de confianza generalizada, y las soluciones que se están arbitrando no parece que estén llevando a que el sistema financiero cumpla bien su función benéfica para la sociedad en su conjunto. Por ello parece que es momento de realizar una reforma del sistema en su conjunto que permita que este cumpla bien su cometido final. En el próximo número daré una serie de indicaciones que sugieren hacia dónde podría ir este cambio del sistema financiero y cuáles podrían ser sus principales medidas.

 

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¿Para qué ahorramos?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 7, Julio-Agosto 2013 pág: 14-15

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No voy a ganar mucho

El pasado domingo estábamos de convivencia de mi grupo de la parroquia. Salimos a una casa de encuentros cercana a Valencia que se encuentra rodeada de pinos, campos de almendros y pequeñas vaguadas que, gracias a las copiosas lluvias invernales de este año, aparecían cubiertas por un manto verde salpicado de amapolas… Como sucede en estos lugares, durante la paella del mediodía hablamos de lo humano y lo divino, y salió el tema del que hablé en el último número de Icono, las preferentes y el dinero perdido por los ahorradores debido a estas y otros instrumentos arriesgados en los que muchos pusieron sus ahorros. Varios de mis amigos me comentaron cómo algunos de sus familiares habían perdido dinero por culpa de esto, y en ello estábamos cuando uno de ellos me pidió consejo ya que a un familiar le acababa el plazo de un depósito en breve y quería saber qué hacer con ese dinero.

Le dije que si no quería riesgos, lo mejor era meterlo en un depósito a plazo. Me respondió que el problema era que ahí no se ganaba mucho dinero, que los tipos de interés estaban muy bajos. Le hablé sobre algunas alternativas y los riesgos que estas tenían y ahí quedó nuestra conversación. No se que harán finalmente con esos importantes ahorros. Ahora bien, esto me sirvió para reflexionar y para tomar la decisión de incidir en un tema que ya abordé en el pasado artículo con el objetivo de profundizar en algunos aspectos de los que no hablé en la ocasión anterior.

¿Para qué ahorramos?

La pregunta clave que creo que debemos preguntarnos a la hora de afrontar estos temas es la que da título al artículo: ¿Para qué ahorramos? Porque si ahorramos para ganar dinero, está claro que tendremos que arriesgar. Si hemos dejado de comprar cosas en el presente para acumular dinero que nos permita ganar más en el futuro, es evidente que lo que debemos hacer es invertirlo en aquello que más rendimiento nos va a dar, asumiendo que esto tiene un riesgo, que igual que podemos ganar, pero que también podemos perder…

Ahora bien, el ahorro de las familias, tradicionalmente no tiene este objetivo. Cuando ahorramos lo solemos hacer por tres motivos principales:

  1. Ahorramos porque queremos comprar cosas en el futuro. Sacrificamos la capacidad para comprar cosas ahora, y la reservamos para algún momento futuro en el que creemos que lo vamos a necesitar más o en el que adquiriremos un bien caro como puede ser una casa, un coche, un viaje al extranjero…

  2. También lo hacemos porque queremos prevenir imprevistos. Gastos que vienen de repente y que no podíamos imaginar, pero que necesitan un aporte extra de dinero o, simplemente, una previsión de que nuestros ingresos van a reducirse y queremos tener un colchón que nos permita mantener nuestro nivel de vida durante un periodo de tiempo.

  3. Por último, también ahorramos porque queremos utilizar estos fondos para montar un negocio en el futuro, o para pagar los estudios a nuestros hijos…

Lo más importante del ahorro

En el caso de que cualquiera de estos sea el motivo de nuestro ahorro, lo importante para nosotros no es ganar dinero con esos ahorros, sino conservarlos para que cuando los necesitemos, podamos contar con ellos. Por eso, no debemos dejarnos engañar por los cantos de sirena que nos intentan alejar de nuestro objetivo, son tentadores y nos cuesta renunciar a ellos, ya que ¿Por qué no aprovechar para ganar más dinero? Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro objetivo principal no es este, sino conservar los ahorros.

El ahorro y la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia habla en varias de sus encíclicas del ahorro. De hecho, piensa que la capacidad de ahorrar moderadamente para construir un pequeño patrimonio que permita a las familias tener un colchón económico adecuado para prever futuras dificultades, es bueno y aconsejable. Quiere que ese ahorro tenga este noble objetivo y, al mismo tiempo, piensa que ese dinero ahorrado puede ser utilizado para prestar a aquellos que generan movimiento económico y empleo.

Sin embargo, la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia condena, de una manera inequívoca, el desmesurado afán de riquezas y lucro, la avaricia de incrementar nuestro patrimonio sin fin y aumentar nuestros bienes sin otro horizonte que la simple acumulación. Estas actitudes son condenadas como un grave pecado que nos aleja de dios “no podéis servir a Dios y al dinero”. Ante estas actitudes, potencia el ahorro moderado destinado a objetivos loables. Lo importante de nuestro ahorro no debe ser, por tanto, el rendimiento que nos de, sino que sirva para los objetivos tradicionales del mismo y que además se preste a aquellos que realicen actividades positivas para la sociedad en su conjunto.

 

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PARA ENTENDER QUÉ PASÓ CON LAS PREFERENTES

Artículo publicado en la revista Icono Junio 2013, páginas 10 y 11

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Una historia local

Recuerdo que hace un tiempo mi padre me vino a consultar sobre un producto que le habían ofrecido en su oficina bancaria. Le habían propuesto que sacase dinero de sus depósitos para ponerlo en un producto denominado “preferentes” en el que le iban a dar un rendimiento mucho mayor sin demasiado riesgo. Quería saber qué de verdad había en esto. Le expliqué de una manera sencilla que las preferentes eran una especie de acciones de la caja de ahorros (esto no es muy riguroso pero es fácil de entender) y que podía perder todo su dinero o pasar a ganar poco, ya que los rendimientos que daban dependían de la marcha del banco.

Mi padre no quería riesgos sino seguridad para su dinero así que volvió al banco, le dijo a la directora que declinaba su ofrecimiento y que, desde su punto de vista, estaba engañando a la gente ya que las preferentes no eran productos seguros. Evidentemente, no todas las personas de mi población tienen un economista en la familia, ni todas consultan estas cosas con alguien que sepa un poco sobre ellas, por lo que algunas pasaron sus pequeños ahorros de siempre a las preferentes y, cuando se dieron cuenta de que habían perdido su dinero se sintieron estafadas y descargaron su ira contra la directora de la oficina (hubo hasta amenazas verbales y momentos muy tensos).

 

¿Por qué sucedió esto?

El análisis de esta estafa a pequeños ahorradores que compraron un producto que no entendían pensando que era seguro nos lleva a tres causas que confluyeron en ella:

  1. Las cajas de ahorro querían expandirse y prestar más para ganar más y no tenían financiación para hacerlo. Este era un buen sistema para conseguirlo

  2. Los directores de las sucursales bancarias trabajan por objetivos, de modo que la alta dirección les puso un objetivo de colocación de preferentes entre sus clientes y ellos se vieron obligados a cumplirlo para no perder su trabajo o su puesto. Además, muchos de ellos no entendían bien qué era ese instrumento financiero, solo leían la información de venta que les venía preparada e intentaban alcanzar las cifras de venta que les venían dadas.

  3. El ahorrador se veía atraído por la alta rentabilidad que le ofrecían con las preferentes. Pensaba que esto le iba a llevar a ganar más y además estaba engañado con respecto a la seguridad que tenían. Por ello prefería sacar su dinero de los depósitos atraído por estos rendimientos superiores.

 

¿En qué nos equivocamos?

No voy a entrar en los puntos uno y dos, ya que estos hablan de la responsabilidad que tuvieron las cajas de ahorro a la hora de comercializar estos productos. De ello se ha hablado mucho y no es este el foro para insistir en este aspecto sino en el nuestro, en el de los clientes de una entidad bancaria. Se nos ha metido en el fondo de nuestro ser que el objetivo del dinero que tenemos en el banco es el de lograr el máximo rendimiento posible. Por ello miramos los intereses que nos dan y si estos son bajos y tenemos algún amigo o familiar que nos dice que gana más, nos sentimos mal, nos parece que estamos haciendo el tonto con nuestro dinero y no le estamos sacando el rendimiento que podríamos. Esto hace que, cuando nos ofrecen un producto financiero con el que podemos ganar más, nos ceguemos y pensemos que por fin ya vamos a ganar lo que nos merecemos.

 

Exigir transparencia y ética

Sin embargo no es esto lo que nos va a llevar a darle el verdadero sentido a la actividad bancaria y financiera. Benedicto XVI nos ha llamado a construir una estructura ética de los mercados financieros y los clientes podemos participar en esta labor. Para ello, debemos exigir transparencia a los bancos para que nos informen hacia donde dirigen el dinero que les dejamos. Así, podríamos elegir el banco o el producto, no por el rendimiento que este nos da, sino por a quien se le va a prestar nuestros ahorros.

Esto también supone que dejemos en un segundo plano el criterio del rendimiento. Si sabemos que con nuestro dinero el banco está financiando causas justas o proyectos positivos para la sociedad, podemos estar dispuestos a recibir menos rendimiento porque esto supone que, a su vez, se le está cobrando menos a quien se le presta. Así, ganaremos nosotros, aunque no tanto; ganará el que pide prestado, porque le saldrá más barata la financiación; y saldrá ganando la sociedad porque se potenciarán proyectos positivos para ella. Esta exigencia de transparencia y ética con la amenaza de llevar el dinero a otro banco, será nuestra colaboración a una regeneración ética de los mercados financieros y nos inmunizará ante posibles estafas futuras amparadas en unos rendimientos superiores.

 

 

 

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Compra un libro para una causa solidaria

En esta ocasión, aprovechando la feria del libro de Madrid, os ofrezco la oportunidad de haceros con dos interesantes libros a unos precios realmente bajos (5 y 3 euros según queráis la versión impresa o la online) y en los que la totalidad de la recaudación va destinada al Programa de Atención a la Mujer CASABIERTA (Uruguay)

El libro que he escrito junto a Rafael Junquera de Estefani se titula “Reflexiones: Aportaciones a la Crisis económica y Moral” y el otro es “Orar con los Salmos” de Alfonso Sánchez CSsR.

Puedes solicitar tu ejemplar en el email: fundraising@funderetica.org

y la transferencia con el donativo la puedes hacer a la cuenta del Banco Popular Español:
LAICOS REDENTORISTAS 0075-0562-41-0600309804 Ref.Libro Solidario

encuentro solidario libros

 

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Repensar el sector público

Atículo publicado en el número 1546 de Abril de 2013 de la revista Noticias Obreras en sus páginas 12 y 13

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A pesar de que algunos piensan que las funciones y el funcionamiento del Estado era el que debía ser hasta que comenzó la crisis, creo sinceramente que esto no es el camino a seguir. Ello no significa que defienda la idea contraria, que hay que replantear totalmente un Estado que todo lo hacía mal, sino que hay que hacer una reflexión seria y reposada sobre lo que se ha hecho bien y mal e intentar que la importante función del Estado en la economía siga pudiéndose desarrollar de una manera sostenible.

Para ello pienso que lo primero sería cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. El incremento del PIB como único indicador de la bondad en la gestión económica, refleja una idea de desarrollo como equivalente a tener más que está en el origen de gran parte de la deshumanización de nuestro sistema económico. Para poder producir más, necesitamos demandantes que compren todo lo que se produce, y para que esto crezca sin parar, hay que potenciar que se tiren las cosas antes de que acabe su vida útil y que las personas no se conformen nunca con lo que tienen. Esto conlleva problemas medioambientales y personales en la medida que estimula la inmadurez y la insatisfacción en las personas reduciendo sus posibilidades de realización personal.

Por ello el objetivo económico debe cambiarse y enfocarse hacia lo que se podría denominar desarrollo humano o desarrollo al servicio de las personas. Para ello es necesario crear indicadores que no solamente tengan en cuenta la cantidad de producción, sino otros aspectos relacionados con el económico como: Las desigualdades y una especial mirada a la evolución de los más desfavorecidos, la libertad para actuar en conciencia, los avances en la salud de las personas, la sostenibilidad del progreso y sus implicaciones ecológicas, la inseguridad existente ya no solo desde el aspecto de la posible delincuencia sino también social y de futuro (ciclos económicos y cambios bruscos en las condiciones sociales), y los avances en cuanto a la educación para incrementar las capacidades de las personas.

En segundo lugar, creo que el Estado debe poner el mercado al servicio de las personas. Esto parece difícil de realizar o un grupo de palabras sin contenido real. Algunos creen que su concreción va en contra del propio mercado, pero esto no tiene por qué ser así. Para lograrlo, debemos poner límites a la actuación en el mercado que tengan como objetivo que este instrumento se utilice para promocionar a las personas (y especialmente a los más desfavorecidos) y no al contrario. Para promover la libertad de mercado y que este esté persiga un verdadero desarrollo que vaya más allá del crecimiento económico, debemos poner reglas de juego que favorezcan estos objetivos y no otros. Reglas no limitan la libertad, sino que la permiten dentro de un marco de actuación. Si olvidamos esto, caemos en la tentación de eliminar los límites en los que se tiene que mover el mercado y llegar a una situación de anarquía en la que solamente ganen aquellos que son más fuertes, o puede suceder que se impongan unas normas que solamente estén al servicio de quienes tienen más posibilidades de ganar en el juego del mercado.

Una de las actuaciones que podrían enfocar el mercado en esta dirección sería cambiar las condiciones de contratación que el Estado pide a sus proveedores. Para ello debería tener en cuenta, en primer lugar, las condiciones sociales de las empresas con las que contrata. Solamente cuando cumplan unos requisitos determinados, habría que pasar al segundo criterio que sería el precio. Estos requisitos requeridos para la contratación pública, podrían convertirse luego en requisitos legales preferentes para la exención de impuestos, concesión de créditos preferentes, etc. potenciando que la competencia del mercado se basase, no tanto en los precios como en cumplir unos determinados requisitos sociales.

En tercer lugar, el Estado Social debería ser uno de los objetivos prioritarios de las administraciones públicas. Esto quiere decir que la función de mejora de los resultados del mercado que realiza el Estado, debería tenerse como una prioridad absoluta. De hecho, sin Estado Social, la economía de mercado está destinada a desaparecer. Ahora bien, para lograrlo no hay que dejar las cosas tal y como están. Al contrario, hay que cambiar, hay que mejorar, hay que modificar aquello que se puede mejorar, pero siempre con el objetivo de que el Estado Social siga cumpliendo correctamente sus funciones de complemento del mercado protegiendo, sobre todo, a los más desfavorecidos por este.

Un de los puntos clave es que este Estado no funcione con un déficit permanente. Esto no es sostenible a largo plazo, hace que se redistribuya el dinero hacia los más adinerados (los ingresos de hoy son intereses del mañana que se pagan los que tenían bastante para prestarme), pero además pone al Estado al servicio de sus prestamistas (si no haces lo que te digo no te presto y suben tus intereses con lo que te sale más caro pedir prestado). Si el Estado no solo no tiene déficit sino que puede ahorrar, es él quien presta y puede exigir a los prestatarios que realicen con su dinero actuaciones que estén al servicio del bien común.

Otro es abandonar un Estado excesivamente asistencialista. El Estado Social no puede ni debe solucionarlo todo. Con mucha frecuencia, los ciudadanos o sus asociaciones pueden hacerlo mucho mejor que el Estado, por lo que este debe apoyar las iniciativas privadas que vayan en este sentido e intentar potenciarlas. Si una cosa se puede hacer bien a través de iniciativas privadas y se cumplen así objetivos públicos ¿Por qué tenemos que recortar la participación ciudadana? Las personas deben sentirse apoyadas por un sector público que priorice el bien común y la responsabilidad que tenemos todos para alcanzarlo.

Esto quiere decir que con frecuencia hay que replantearse si el sistema que estamos llevando para lograr los objetivos públicos es el mejor, no para dejar de cumplir con estos fines, sino para hacerlo de una manera más efectiva haciendo las cosas de una manera diferente. Hay que tener una mentalidad abierta para buscar aquellos sistemas que consigan un mejor Estado Social en el que no se recorte la responsabilidad y la participación ciudadana.

 

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Economía para la Esperanza

Artículo aparecido en la revista “Crónica de la Solidaridad” de Cáritas Diocesana de Valencia, nº 41 de Enero-Febrero de 2013, Pág: 8 y 9

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Aquí tenéis el enlace a la revista completa: http://www.caritasvalencia.org/publicaciones_compra.aspx?Id=4525&Diocesis=41&Idioma=1

Nos encontramos en un momento histórico en el que la concepción que tenemos de cómo plantear y orientar nuestros asuntos económicos, no tiene nada que ver con los valores evangélicos y, evidentemente, con la caridad. La economía parece llevar una dinámica totalmente independiente del resto de nuestra vida y regirse por unos parámetros y valores basados en el egoísmo, la competitividad y el bienestar material en contra de lo que puede parecer propiamente cristiano (y más adecuado para resolver otra clase de cuestiones) como es el amor, la cooperación o el bienestar espiritual.

Es por ello que las instituciones se convierten a menudo en verdaderas estructuras de pecado: “El negocio es el negocio” “No estamos aquí para hacer el bien sino para ganar dinero” son excusas oídas y repetidas en muchas ocasiones para justificar actuaciones poco o nada caritativas que van en contra de la justicia y de los valores evangélicos.

Ante esta realidad hay que recordar que la economía estudia comportamientos humanos y tal y como nos recuerda Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate debemos impregnar de fraternidad la economía, no solo porque esto es posible, sino porque es la única manera de que esta funcione al servicio de las personas. Por ello, una labor importante de la Iglesia en estos momentos de crisis es ese compromiso social con los más desfavorecidos que encarna tan bien Cáritas y que es imprescindible para poder transmitir la esperanza cristiana a una sociedad que necesita de propuestas que nos ayuden a salir de esta difícil situación.

Para lograr impregnar de fraternidad y esperanza esta situación económica ante la que nos encontramos, dos son los campos en los que creo que hay que actuar. Por un lado tenemos que atender a los afectados por la crisis y a los más desfavorecidos por ella. Debemos ser buena nueva para aquellos que no encuentran ningún motivo para la esperanza ¿Quién les va a ofrecer esa buena noticia si no somos nosotros?. Las parroquias no pueden quedarse a un lado y seguir actuando como si las circunstancias no hubiesen cambiado y estuviésemos todavía en los años de bonanza. Debemos saber afrontar esta realidad que, visto lo visto, no parece que vaya a acabarse o solucionarse en breve.

En segundo lugar, los cristianos debemos liderar una respuesta de esperanza a la situación de la crisis. Es necesario que nos pongamos por delante de una acción liberadora que transforme nuestro sistema socio-económico en una dirección diferente, no solo para evitar que una crisis como esta vuelva a suceder, sino también para construir una manera de gestionar la economía que potencie valores positivos al servicio de las personas y de los más necesitados.

Para lograr el primero de estos objetivos necesitamos que la pastoral social pase a ser una opción de parroquia y no una opción solo de Cáritas. No podemos dejarla a una parte de la comunidad que se especializa en ella, sino que tiene que abarcar a todos los grupos y a todas las personas comprometidas de una manera u otra en la parroquia. La especialización acalla conciencias pero no podemos quedarnos ahí. Esto no quiere decir despreciar la labor de Cáritas, sino todo lo contrario, mantenerla, afianzarla y realzarla para que sus fines y sus actuaciones abarquen la totalidad de la pastoral de la parroquia.

En segundo lugar, debemos lograr que esta acción social tenga como norte de actuación no el “hacer cosas por” sino el “estar con”. No se trata de hacer cosas por las personas más afectadas por la crisis, sino de estar con ellas, de quererlas, de compartir estos malos momentos desde la igualdad aunque no se haga nada en concreto por ellas. Esto es muy importante para no caer en un activismo alejado del amor, en un hacer que solamente se contabilice por los resultados a corto plazo y que tiene el peligro de acabar quemando a los que lo practican y no transformar la vida de los receptores.

Para liderar una respuesta de esperanza ante la crisis precisamos educar a los cristianos en una economía con otros valores. Promover el debate, la investigación y la enseñanza sobre cómo se puede concretar en el día a día una opción y una organización económica que se base en otros parámetros diferentes a los que rigen en la actualidad. Para ello deberíamos promover la formación social y política en nuestras parroquias, que los diferentes grupos tratasen temas de Doctrina Social de la Iglesia, tuviesen debates sobre cómo reorientar la situación en la que nos encontramos e introdujesen estos temas en sus programas de reuniones y actividades.

Esto supone trabajar el tema de nuestras necesidades, hablar sobre el consumo y la compra, abordar nuestra postura ante el ahorro y el endeudamiento, reflexionar sobre el trabajo y el sentido que este tiene, revisar nuestra concepción de progreso y tomar una postura crítica ante el crecimiento económico como objetivo final de nuestra sociedad. Darnos cuenta de cuáles son las prioridades económicas cristianas para proponerlas como alternativas a las que se están defendiendo en nuestra sociedad. Apostar por un Estado Social que proteja tanto el mercado (para que este no se venga abajo) como los riesgos de los que peor están. Apoyar a las empresas que priorizan a sus trabajadores y que potencian el servicio a la sociedad sobre otros objetivos.

Todo ello debería plantearse como un servicio a nuestra sociedad y qué mayor servicio que poner todas nuestras fuerzas en mostrar que la realidad socio-económica puede ser planteada desde otros parámetros y enfocada hacia otras direcciones. Esta labor es complementaria a la anterior y servirá para lograr que todas las actuaciones que hemos nombrado tengan más fuerza y predicamento. Esto supone educar en el bien común y en que el objetivo del quehacer económico no es el de tener más, sino el de ser mejor. Supone mostrar que la economía también puede ser un instrumento de esperanza si se plantea desde la fraternidad cristiana y la preocupación por los más desfavorecidos.

 

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Ayuda alimentaria y alimentación de calidad

Artículo publicado en suplemento El Mercantil Valenciano EMV del periódico Levante EMV el domingo 24 de Marzo de 2013 en su página 16

Ayuda Alimentaria y de Calidad

La virulencia y la duración de la crisis que estamos viviendo, está llevando a que la ayuda alimentaria esté tomando una importancia vital en nuestro país y en otras naciones europeas que están pasando por situaciones similares a la nuestra. Una cantidad cada vez mayor de personas ven sus ingresos tan mermados que comienzan a necesitar ayuda para lograr una alimentación básica que les permita sobrevivir. Esto hace que ONGs que hasta ahora dedicaban gran parte de sus esfuerzos a la promoción de las personas más desfavorecidas (a enseñar a pescar siguiendo el famoso proverbio confuciano) ahora hayan pasado a utilizar sus recursos para ofrecer ayuda alimentaria (dar el pez en lugar de la caña)

Esta circunstancia plantea varios interrogantes o dilemas que voy a intentar describir en este breve artículo. El primero tiene que ver con la naturaleza de la necesidad. Muchas de las personas que necesitan fondos para comer tienen ingresos mensuales aunque sean bajos. El problema no es la falta absoluta de ingresos, sino que tienen unos gastos que deben asumir antes que el alimentario: la hipoteca, la luz, el seguro del coche, el agua y el gas, el teléfono, etc. Es decir, no es que no tengan ningún ingreso, es que para poder vivir con algo de dignidad en el entorno en el que se encuentran, hay una serie de gastos fijos de los que no pueden prescindir (porque se quedarían sin casa, sin luz, sin comunicación, sin posibilidades de encontrar trabajo…). Por ello, la primera cuestión que se nos plantea es ¿Hay que ofrecer ayuda alimentaria o lo que habría que hacer es dispensar de otros gastos mientras la situación de pobreza se mantuviese? ¿Cabría articular otros sistemas que garantizasen un mínimo suficiente para poder cubrir todos los gastos necesarios para una vida digna?

En segundo lugar hay que analizar la manera en la que se distribuye la ayuda. Si cualquiera de nosotros se encontrase en la situación de necesitar recibir ayuda alimentaria, no querríamos que nuestros amigos y compañeros percibiesen esta situación, por lo que nos disgustarían aquellos sistemas de reparto en los que todo el mundo viese que nosotros nos vemos obligados a recibir esta clase de ayuda. La publicidad que tendría que hacer de mi situación menesterosa, podría impulsarme a rechazar una ayuda que necesito para poder mantener la dignidad en el entorno en el que habitualmente me muevo.

Distribuir la ayuda de una manera digna para el necesitado puede hacerse de muchas maneras, pero hay una experiencia en Italia que me parece particularmente interesante. Una cadena de supermercados que tiene tarjeta de fidelización, ha realizado convenios con ONGs de manera que un porcentaje de la compra con esta tarjeta va a ayuda alimentaria. Sus receptores la reciben en forma de recargas en la tarjeta de la cadena, de manera que van a comprar al supermercado y se llevan los productos necesarios sin que nadie pueda distinguir entre quienes ayudan comprando con esta tarjeta y quienes están recibiendo la ayuda.

En tercer lugar está el tema de la calidad de los alimentos. El sistema de distribución de la ayuda alimentaria exige, con frecuencia, que se trate de alimentos no perecederos. De hecho, es habitual que cadenas de alimentación o empresas productoras donen alimentos cercanos a la fecha de caducidad que acaban en manos de los receptores de esta ayuda. Ello lleva a que, por un lado, las condiciones de los productos puedan no ser los adecuados (la fecha de caducidad está por algo) y, por otro, a que la dieta que siguen aquellos que comen de esta clase de ayuda no sea equilibrada al quedar excluidos de ellos determinados alimentos (especialmente los frescos). Articular sistemas para que la ayuda alimentaria cumpla unos parámetros nutricionales correctos o para que se puedan incluir productos frescos y otros necesarios para llevar una dieta equilibrada parece conveniente.

Esto se podría hacer siguiendo las indicaciones de especialistas en nutrición y articulando sistemas que permitiesen mejorar el acceso a los productos frescos por parte de la población más desfavorecida. En algunos países esto se hace a través de descuentos en estos productos que se dan en los momentos en que menos personas entran en el supermercado. Los niveles de precios son variables y todo el mundo sabe que puede encontrar esta clase de alimentos más baratos a determinadas horas del día.

Por último, creo que hay que añadir el dilema que presenta un sistema económico que produce más de lo que se consume. Esta sobre-producción se tira, con mucha frecuencia. Los productos no vendidos y caducados, acaban en la basura ya que no se pueden reutilizar. Cuando en lugar de esto se donan a ONGs encargadas de reparto de comida, las estructuras de redistribución paralelas organizadas por estas consumen muchos recursos para duplicar algo que ya hacen correctamente los supermercados y las tiendas, es decir, llevar los alimentos desde los productores a todos los rincones del país (aunque en este caso, los destinatarios sean solamente los que peor están). Por último, hay que recordar el problema casi endémico de la gran diferencia entre los precios de venta al público de los alimentos y el que reciben sus productores. La distribución, la puesta en el estante del supermercado y el sobre-coste que supone el producto no vendido, se lleva la práctica totalidad del precio del bien. Ello lleva a que exista una horquilla que permitiría rebajar los precios si los sistemas de distribución fuesen más directos del productor al comprador. Apostar por sistemas que pudiesen distribuir directamente del productor al consumidor podría, no solo mejorar la remuneración de agricultores y ganaderos, sino al mismo tiempo facilitar el acceso a estos productos para la población de menor capacidad adquisitiva. La cercanía del productor al consumidor y la bajada de precios podría también evitar la gran cantidad de alimentos que acaban deteriorándose por no haber sido vendidos a tiempo.

 

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La permanencia en el Euro y su coste social

Artículo aparecido en Desigualdades y Derechos Sociales, Análisis y Perspectivas 2013, pág: 56-65, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-556-6

Podéis encontrar el texto completo de la publicación en: http://hdl.handle.net/10637/9440

euro

Cuando uno lee artículos y libros que hablaban sobre la moneda única en los años previos y contemporáneos a su implantación en la Unión Europea1 puede sorprenderse al ver previstos los actuales problemas de la eurozona con una exactitud asombrosa. La descripción que aparece en ellos sobre por qué podía considerarse que Europa no es una “zona monetaria óptima” y cómo esto podría provocar disfunciones como las que estamos observando en la actualidad, nos muestran que lo que está pasando estaba dentro de las posibilidades que se barajaban previamente.

Esta constatación hace que exista una corriente de opinión que se plantee seriamente si es conveniente mantenerse en el Euro o abandonarlo y seguir una senda nacional como la que se llevaba con anterioridad. Ante esta la corriente principal del pensamiento (representada por nuestros gobernantes en toda Europa) pone al euro como la prioridad de nuestra política económica común y no se plantea en ningún caso abandonarlo.

Este artículo pretende partir de las ventajas que han llevado a la implantación del Euro. Una descripción detallada de las mismas nos permitirá saber qué es lo que ha motivado el entusiasmo de multitud de estadistas ante este proceso de integración económica2. En segundo lugar se verán los problemas que genera la manera en la que hemos articulado esta moneda única, refiriéndonos tanto a la organización económica derivada de la Unión Monetaria Europea (UME) como al papel que juega en la misma el Banco Central Europeo (BCE). Por último, ante estas dos realidades contrapuestas (ventajas y desventajas) y la situación de crisis social que estamos viviendo con un claro incremento de la pobreza, la privación y las desigualdades en nuestros países, se introducen las opciones que tenemos para afrontar esta difícil situación

Ventajas del euro

A la hora de describir las ventajas que tiene el euro para la Unión Europea, creo que el Banco Central Europeo (2008:13) las sintetiza de una manera muy clara:

  • La rebaja de costes de cambio de divisas y de aseguramiento de riesgos ligados a estas

  • La eliminación de barreras a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, así como el fomento de la competencia dentro de la UE

  • La transformación de los mercados financieros y de los resultados macroeconómicos del conjunto de la Unión Europea

  • El incremento de las transacciones y de la inversión entre países de la Unión Europea

  • La importancia de la moneda a nivel internacional en la medida que se incrementan los flujos financieros en euros

Todo ello se consigue a través de una política de mantenimiento de los precios y de lucha contra la inflación que es el principal objetivo de la política monetaria del BCE: “la estabilidad de precios es la contribución más importante que la política monetaria puede ofrecer para conseguir un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo” (BCE, 2004: 10)3

Resulta evidente que la estabilidad de precios se ha conseguido en la Eurozona durante los años de implantación del Euro. Su tasa de inflación solo superó el 3% en 2008 (Eurostat, 2011:84) y ello, además, se ha conseguido con unos tipos de interés oficiales bajos4 que favorecieron, a su vez, el alto nivel de endeudamiento que se dio durante los años previos a la crisis. Sin embargo, no es tan evidente que esta política de estabilidad de precios esté consiguiendo un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo, y si no, a la realidad que observamos día a día me remito para justificar esta afirmación.

Si se analizan con más profundidad las ventajas que se han defendido para justificar la moneda única, podemos observar como la práctica totalidad de ellas se centran en el sector financiero y en la mejora del entorno empresarial. Sin embargo, la moneda única no se pone al servicio de ningún objetivo social. La moneda única no pretende mejorar las condiciones de vida de los que peor están, ni asegurar un nivel de vida digno para toda la población de la Unión Europea, sino mejorar el funcionamiento del sistema financiero de modo que se traduzca en incremento de la inversión en estos mercados y asegurar una mayor competencia entre las empresas europeas.

Problemas de la moneda única

Desde el momento en el que se plantea la posibilidad de crear una moneda única para la Unión Europea, se abre un amplio debate sobre las consecuencias que esto podría tener sobre las economías de los países que se sumasen a la misma. Desde el principio se ve que no todo son ventajas en este proceso. Sus principales inconvenientes se agrupan en tres dimensiones: la pérdida de la autonomía para realizar determinadas políticas, la estructura del Banco Central Europeo y la falta de condiciones para que la Eurozona se considere una “Zona monetaria óptima”

Pérdida de autonomía

Los dos principales costes en los que incurre un país cuando entra en una moneda única son que pierde la posibilidad de actuar sobre su tipo de cambio y de tener una política monetaria autónoma. Esto supone que el país renuncia a la posibilidad de realizar devaluaciones competitivas de su moneda que le permitan abaratar sus exportaciones e incrementar sus ventas en el exterior para compensar, así, la falta de demanda interna y el incremento del desempleo. Aunque a largo plazo, esta política puede no tener grandes consecuencias, a corto sí que puede evitar una reducción elevada de la producción que lleve a unos niveles de desempleo elevados (De Grauwe, 2003: 35-37)

En cuanto a la política monetaria, renunciar a ella impide que el Estado en cuestión pueda realizar una política expansiva para estimular la demanda y lograr mejorar el crecimiento y el empleo o una contractiva cuando el crecimiento provoca problemas de sobrecalentamiento de la economía. Del mismo modo, impide el señoreaje, es decir, la financiación del sector público a través de emisiones de dinero, que puede bajar, en un determinado momento, el nivel de deuda y el montante de intereses que tiene que pagar el Estado.

Esta pérdida de instrumentos de política económica por parte de un Estado puede llevarle, en el caso de que tenga una situación de contracción de la economía sufrida solamente por él y no por el resto de los países que tienen la misma moneda, a que sufra una contracción económica exagerada con unos altos niveles de desempleo que no pueda ser compensada a través de estas políticas. Ante esta realidad el Estado puede realizar una política fiscal expansiva incrementando su déficit, confiando en que el mercado financiero único le permita encontrar fácilmente financiación barata. Sin embargo, si los mercados no confían en el país (por la circunstancia que sea), la prima de riesgo que tiene que pagar puede incrementarse mucho5 y llegarse a cerrar los mercados financieros (como le sucedió a Grecia) dando al traste con sus intentos de recuperación económica.

El Banco Central Europeo

El mandato que tiene el Banco Central Europeo es el de lograr la estabilidad de precios, teniendo en cuenta el crecimiento económico y el desempleo siempre que estos no vayan en contra de su principal objetivo (BCE, 2004: 9-10). Ahora bien, cuando se decidió qué modelo de Banco Central se seguía para organizar el BCE, se optó por el modelo alemán de un BCE que priorizase la estabilidad de precios y que además fuese independiente de la política, frente a otro modelo (el de la Reserva Federal Estadounidense, por ejemplo) en el que el grado de independencia del poder político es menor y tiene como objetivos añadidos la estabilización del ciclo económico, el mantenimiento del empleo y la estabilidad financiera (que era el mayoritario en los países de la UE). Por ello, ante problemas económicos graves, la actuación del Banco Central Europeo se centra en mantener baja la inflación, sacrificando cualquier medida que no ayude a este fin.

El hecho de que los gestores del BCE sean independientes, no dependan del poder político y no tengan unos órganos de control y fiscalización fuertes dificulta mucho quitarlos de su posición en el caso de que no lo hagan bien o cambiar el modo de funcionamiento de la institución. Ello nos lleva a una institución difícil de reformar y que está marcando la manera de realizar política económica en la eurozona. De hecho, como afirmaba De Grauwe (2003: 163) “Es difícil ver cómo los políticos europeos pueden continuar apoyando una institución a la que han delegado un gran poder y sobre la que tienen muy poco control. Los conflictos entre el BCE y los gobiernos europeos se incrementarán cuando se perciba que el BCE hace poco o nada para evitar recesiones y un incremento del desempleo”6

¿Una zona monetaria óptima?

Los desequilibrios que se dan en uno de los países de la Unión Europea y que no se dan en otro, podrían compensarse a pesar de la pérdida de las políticas anteriormente nombradas, si existiesen dos condiciones que convertirían a la eurozona en lo que se denomina una “zona monetaria óptima”:

1.- Flexibilidad de salarios y movilidad laboral

2.- Transferencias fiscales en el área que compensaran los desequilibrios.

Ante unos desequilibrios económicos entre unas regiones y otras de la eurozona, la movilidad laboral permitiría que aquellos trabajadores que no encontrasen empleo en una de las naciones del área euro, se fuesen a otros países que sí tuviesen posibilidades de emplearlo, lo que reduciría el porcentaje de desempleados en el Estado con problemas. Además, la flexibilidad salarial permitiría que sus salarios se redujesen, gracias a lo cual recuperaría competitividad perdida y podría generar de nuevo empleo (a costa, evidentemente, de unos salarios inferiores).

La Eurozona no cumple este requisito. A pesar del incremento de emigrantes (especialmente jóvenes y formados) que está abandonando nuestro país, la cuantía total de esta emigración no es significativa. Además, si tenemos en cuenta que la Unión Europea en su conjunto tiene más inmigrantes de fuera de la propia UE que de dentro (Eurostat 2011: 150), no podemos más que confirmar que la movilidad internacional dentro de las fronteras de la UE no es la norma ni lo más habitual entre sus ciudadanos.

Del mismo modo, los salarios no son tan flexibles como para recuperar en un corto plazo la competitividad perdida. A pesar de los intentos para lograr una mayor flexibilidad en nuestro país, los niveles salariales no se bajan con tanta facilidad como sería necesario según esta teoría. A esto hay que añadir que, si bien es verdad que se recupera competitividad para poder vender más barato al extranjero, también lo es que unos menores salarios reducen la capacidad adquisitiva de los trabajadores nacionales y esto lleva a estrechar la demanda interna acrecentando su recesión.

Por otro lado, se encuentran las transferencias fiscales dentro de una zona monetaria. Tal y como muestran Sala i Martín y Jeffrey (1998) la política fiscal única de Estados Unidos y su capacidad para transferir dinero de unos estados a otros, es la que logra que los problemas económicos de uno de ellos no sean tan elevados como podrían serlo de no existir estas transferencias. Sin embargo, en la Unión Europea no existe un sistema fiscal único ni un mecanismo de transferencias o de pago de impuestos a la administración central de la UE tan desarrollado como en EE.UU7. Estos autores defienden que es más útil un sistema progresivo de impuestos (que rebaja las aportaciones al gobierno central cuando un Estado tiene graves problemas) que las transferencias que este pueda recibir del gobierno central.

Por otro lado, compensar este trasvase de rentas a través de un sistema financiero integrado que lleve a que las regiones que están en buen momento financien a las que lo están pasando peor, no tiene por qué funcionar siempre. Mientras que en momentos buenos estas financiación pueden ser suficientes, en otros, la prima de riesgo se eleva en exceso ahogando a los Estados con problemas (Eichengreen, 1998).

Hacia dónde podemos avanzar

De todo lo hasta aquí analizado, podemos deducir que las consecuencias perniciosas que está teniendo esta crisis sobre los sectores más desfavorecidos de la población española (y de muchas otras zonas de la eurozona), se ven incrementados por la estructura que configura la moneda única y la eurozona. Por un lado, esta no ha podido evitar la llegada de la crisis. A pesar de haberse logrado la estabilidad de precios en estos años, esta ha tenido un claro origen financiero que el Sistema Europeo de Bancos Centrales ha facilitado (incrementando la cantidad de dinero de la economía, no controlando el riesgo de los mercados financieros y no poniendo coto a las exageradas subidas de precios de los activos financieros e inmobiliarios).

Por otro lado, la capacidad de reacción de la estructura sobre la que se asienta la moneda única es limitada y produce un desempleo elevado en los países que más problemas tienen8 junto con desequilibrios financieros (intervenciones, prima de riesgo) y una falta de crecimiento preocupante.

Reafirmar lo que ya tenemos

Ante esta situación caben varios tipos de estrategias. La primera es la que se está aplicando en líneas generales en estos momentos. Su fundamento es que la estructura de la moneda única es correcta, que nos ha dado muchos beneficios y va a seguir dándolos en el futuro9, que “La Eurozona no puede decepcionar a los mercados”10 y que, por lo tanto, queremos seguir priorizando el euro como el más importante horizonte de la política Europea.

Esta postura lleva a mantener todo tal y como está y a buscar medidas que intenten que el sistema financiero europeo no se venga abajo del todo. Para ello se inyectan fondos a las entidades financieras y a los Estados con problemas (siempre teniendo mucho cuidado de que estos préstamos no produzcan inflación) y se imponen gravosos programas de ajuste que lleven a que estas entidades e instituciones limiten sus déficits y garanticen su futura viabilidad financiera.

Es evidente que estas políticas tienen un elevado coste social ya que este es el sacrificio necesario para lograr los objetivos deseados. Las reducciones de gasto y los incrementos de ingresos recaen sobre los trabajadores y sobre aquellos que no ganan su dinero en los mercados financieros.

Tender hacia una zona monetaria óptima

Otra posible salida (que es compatible en parte con la anterior) sería la de intentar acercarse a lo que se denomina una zona monetaria óptima. Para ello caben dos caminos: actuar sobre los mercados laborales a través de una flexibilización de los salarios y de un incremento de la movilidad de trabajadores entre países o centralizar la política económica en un gobierno europeo que tuviese una fuerte capacidad de redistribución gracias a un elevado presupuesto.

En cuanto a los mercados laborales, puede ser relativamente sencillo flexibilizar salarios para lograr que estos tengan capacidad de descender. Sin embargo, mejorar la movilidad de los trabajadores no es tan sencillo. Como demuestra la experiencia estadounidense (Eichengreen, 1998) la movilidad laboral no depende solamente de cuestiones legislativas. Un único mercado laboral puede tener barreras que impidan la movilidad, por lo que las medidas estatales tienen difícil hacer alcanzar avances significativos en este campo.

Con respecto a construir un gobierno con una capacidad presupuestaria suficiente para llevar adelante redistribuciones de renta eficaces a nivel europeo, parece bastante alejado del horizonte de la UE en estos momentos y difícil de conseguir a corto plazo.

Cambiar las prioridades y la estructura de la moneda única

Otro de los caminos sería cambiar las prioridades de la Unión Europea para orientarlas hacia los ciudadanos (y en especial a los más desfavorecidos) en lugar de hacia el mantenimiento de los mercados financieros. Ello se traduciría en un cambio del modelo de Banco Central Europeo, para que este priorizase entre sus objetivos la lucha contra el desempleo y la consecución de un mayor crecimiento, aceptando niveles superiores de inflación (sin provocar claro está, episodios de hiperinflación) e incorporando entre sus objetivos la lucha contra la inflación inmobiliaria o financiera.

Habría que acabar con los apoyos al sector financiero y utilizar estos para garantizar los depósitos de los ciudadanos de aquellas entidades que cayesen por sus problemas. Esto supondría, por lo tanto, un ajuste brutal del sistema financiero en el que aquellos que mayores inversiones tienen en él, perderían una gran parte de su dinero y solo quedarían aquellas entidades que han realizado políticas más conservadoras y menos arriesgadas. Al mismo tiempo habría que cambiar la regulación de los mercados financieros para garantizar que no se volviesen a dar los altos niveles de endeudamiento y de riesgo que se asumieron antes de la crisis.

Deberíamos aceptar la posibilidad de quiebra, de renuncia a una parte o a la totalidad de la devolución de la deuda por parte de los acreedores o de financiación directa por parte del BCE, a cambio de unos planes de ajuste que impidiesen futuros déficits elevados. La diferencia esencial con los planes observados en la primera estrategia es que el principal ahorro se daría por la eliminación del pago de intereses lo que permitiría reducir el déficit sin afectar a la demanda agregada y sin altos costes sociales. Del mismo modo, los prestamistas deberían dejar de ser los acreedores preferentes del sector público, esto sería una medida que también impediría al sector público endeudarse excesivamente ya que las instituciones financieras se lo pensarían dos veces antes de financiarlo con excesiva alegría.

Todo ello debería complementarse con una profunda unión fiscal y financiera (que fuese más allá de la unión bancaria aprobada hace poco). Comentar todas las implicaciones legales que debería tener este cambio de prioridades excede la amplitud de este artículo, pero sí que podemos afirmar que precisaría de un elevado grado de consenso a nivel de la eurozona para poder ser realizado.

Salir del euro

La última estrategia es la ruptura con el euro. Esta busca conseguir la independencia para plantear de una manera nacional, aquellos objetivos que no se consiguen de una manera conjunta. Esta posibilidad, una vez pasado el desastre financiero que podría suponer en un primer momento (Definida por Eichengreen, 2010:22 como “la madre de todas las crisis financieras”) permitiría al país tener su propia política monetaria, económica y de tipo de cambio que le llevase a lograr aquellos objetivos que la nación se plantease. Sin embargo, si esto rompiese al mismo tiempo la Unión Europea, se acabaría con todas las ventajas no económicas de la misma que han sido reconocidas por el premio nobel de la paz que acabamos de recibir y que han garantizado más de medio siglo de paz en los países incorporados a la misma.

Conclusión

La moneda única en Europa tiene unos objetivos claros que vienen bien definidos en los tratados de la UE y en los reglamentos y directivas pertinentes. Los principales gobiernos de la Eurozona también parecen compartirlos. Para lograrlos se dejan a un lado otras metas y por ello las políticas practicadas tienen estos costes sociales tan elevados. Se está dispuesto a asumirlos en la medida que no están dentro de las prioridades actuales.

Solamente si se cambian los objetivos prioritarios de la moneda única, se podrán establecer reformas que busquen mejorar la situación social en la UE. Ello supondría, claro está, sacrificios que recaerían sobre otros sectores, en especial el financiero, y sobre los países más ricos de la UE.

En este pequeño artículo he pretendido explicar los mecanismos que rigen en nuestra moneda única y porqué los ajustes planteados tienen estos elevados costes sociales. También he intentado esbozar algunas estrategias posibles ante la situación actual. Pienso que la política a practicar depende de las prioridades que nos marcamos y de qué estamos dispuestos a sacrificar. En estos momentos, se está dispuesto a asumir costes sociales para que la situación de los financiadores no empeore demasiado. Dejo a la opinión del lector la decisión sobre qué priorizaría él y qué clase de estrategia seguiría para mejorar la difícil situación en la que nos encontramos.

Bibliografía

Banco Central Europeo (2004) La política monetaria del BCE, Frankfurt, BCE

(2008) Boletín Mensual, 10º Aniversario del BCE, Frankfurt, BCE

Blanchard, Olivier Jean; Muet, Pierre Alain (1998) “La competitividadpor medio de la desinflación: valoración de la estrategia macroeconómica francesa” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 105-154, Madrid, Ediciones Pirámide

Calvo Hornero, Antonia (1999) “Los efectos económicos de la UEM: el efecto anticipación y el efecto sistémico” en Peinado Gracia, Mª Luisa (coord) Los mercados financieros españoles y la UEM, pág:47-69, 1ª Edición, Madrid, Editorial Cívitas.

Cinco Días (2001) El Euro en CincoDías, Madrid, CincoDías 2001

Dastoli, Virgilio (2002): “El euro en el proyecto federal europeo” en El Euro como expresión de modelo federal y social europeo, pág: 47-53, Bilbao, Consejo Vasco del Movimiento Europeo

De Grauwe, Paul (2003): Economics of Monetary Union, Fifth Edition, Oxford University Press

De Grauwe P. and Vanhaverbeke, W. (1990): “Exchane Rate Espeirneces o Small EMS Countries. The Cases of Belgium, Denmark and the Netherlands” in V, Argy and P. De Grauwe (eds) Choosing an Exchange Rate Regime, Washington, DC: International Monetary Fund.

EC Comission (1990): “One Market One Money”European Economy, 44

Eichengreen, Barry (1998) “¿Es Europa un área monetaria óptima?” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 21-52, Madrid, Ediciones Pirámide

(2010) “The Breakup of the Euro Area” en Europe and the Euro, Alberto Alesina and Francesco Giavazzi, editors, Pág:11-51, National Bureau of Economic Research- The University of Chicago Press, http://www.nber.org/chapters/c11654.pdf

Eijffinger, S. y de Haan, J, (2000) European Money and Fiscal Policy, Oxford, Oxford University Press

El País (2001) El país del Euro, Madrid, Diario el País S.L.

Eurostat (2011) Europe in figures. Eurostat Yearbook 2011, Luxembourg, Publications Office of the European Union.

Institute For New Economic Thinking (2012) Breaking the Deadlock: A Path Out of the Crisis, http://ineteconomics.org/sites/inet.civicactions.net/files/ICEC_Statement_23-7-12.pdf

Mundell, R (1961): “A theory of Optimal Currency Areas”, American Economic Review, 51

Sachs J. and Wyplosz, C. (1986): “The Economic consequences of President Mitterand”, Economic Policy, 2

Sala i Martín, Xavier; Sachs, Jeffrey (1998) “Federalismo fiscal y áreas monetarias óptimas: enseñanzas para Europa de la experiencia de EE.UU” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 155-189, Madrid, Ediciones Pirámide

1En la bibliografía se puede encontrar la referencia a alguna de estas publicaciones

2Para hacerse una idea de esta confianza, se puede acudir a dos publicaciones que se realizaron en el año 2001, financiadas por el ministerio de economía y por algunas importantes empresas privadas, que nos dan una idea de este entusiasmo por la moneda única de autoridades y responsables económicos de nuestro país (El país, 2001 y Cinco días, 2001)

3El Banco de España ofrece una relación de las ventajas de la estabilidad de precios que puede encontrase en el siguiente enlace: http://www.bde.es/bde/es/areas/polimone/politica/Los_beneficios_d/Los_beneficios__33560642abac821.html

4Que alcanzaron un máximo de 4,75% en 2000 pero que desde entonces han tendido a la baja y se hayan en cifras mínimas en este momento http://www.ecb.int/stats/monetary/rates/html/index.en.html

5Tal y como preveía Antonia Calvo en 1999 (Calvo, 1999:65) y como hemos experimentado en nuestro país durante los últimos años

6Traducción propia

7Hay que tener en cuenta que el presupuesto de la UE ronda el 1% del PIB de la Unión, mientras que el presupuesto de EEUU multiplica por treinta, aproximadamente, este porcentaje.

8Para ver las cifras del desempleo acudir a: http://ec.europa.eu/eurostat/product?code=une_rt_a&mode=view

9Ver las declaraciones al respecto emitidas por Mariano Rajoy en dos momentos distintos del año 2012: El presidente se contiene: El gran ganador es el Euro” ABC, Sábado 30 de Junio de 2012, pág: 20 y Gobierno de España, La Moncloa, El presidente lanza un “mensaje contundente” en defensa del euro, lo más importante que han hecho los europeos juntos en muchos años”http://www.lamoncloa.gob.es/Presidente/Actividades/ActividadesNacionales/2012/160512declaracionrajoy.htm

10Declaraciones de Ángela Merkel aparecidas en la noticia de la agencia EFE recogida por la sección de noticias económicas de Univision: http://dinero.univision.com/economia-y-negocios/noticias-economicas/article/2012-09-17/merkel-improbable-autoridad-bancaria-lista-enero

 

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¿Tener más es progresar?

Artículo aparecido en la Revista ICONO de Marzo de 2013, en sus páginas 12 y 13

tener más es progresar 1tener más es progresar 2

Progresar es avanzar hacia algún lugar

Los humanos tenemos una tendencia innata a querer progresar, a mejorar, a desarrollarnos, a estar mejor. La evolución forma parte de nuestra manera de ser y también de la manera de ser en cristiano. Sabemos que nunca alcanzamos la perfección, ni a nivel personal ni a nivel comunitario. Por eso siempre queda algo por hacer, siempre podemos avanzar algo más, siempre podemos mantenernos en camino. Aquellas personas que se estancan, aquellas sociedades que no se mueven, quienes viven en el pasado y no aceptan las mejoras, son mirados con recelo por el conjunto ¿Cómo estar en contra de las mejoras? ¿Cómo se puede entender que alguien no quiera avanzar?

Esta tendencia tan arraigada en nuestro ser, sin embargo, tiene sus peligros. Estos se encuentran, no en querer avanzar (que de por si es positivo) sino en la dirección que tomamos para hacerlo o, dicho de otra manera, en el objetivo que nos planteamos y que determina nuestra idea de progreso. Aquí está el elemento crucial de esta cuestión ¿Hacia donde nos dirigimos? ¿Cómo medimos el desarrollo o el progreso de las sociedades?

Progreso si tengo más

En estos momentos la idea más arraigada del progreso tiene que ver con tener más bienes y gozar de más servicios. Si preguntamos en cualquier población cómo se ha constatado allí el progreso en los últimos años, sus ciudadanos seguramente contestarán: “tenemos un polideportivo (que antes no teníamos), las carreteras son mejores, el centro de salud es nuevo, tenemos más iluminación en las calles…”

Del mismo modo, si preguntamos sobre como se nota el progreso en sus vidas familiares o individuales, seguramente una gran parte de los encuestados contestarían que ahora tienen coche que antes no tenían, que su casa es más grande, que tienen un ordenador o un teléfono móvil… En esencia, que antes se vivía peor porque teníamos menos cosas pero que ahora se ha progresado gracias a que disfrutamos de muchas más posesiones.

La idea de que tener más es progresar ha arraigado profundamente en nuestra manera de entender las cosas. Cualquiera que ofrezca un progreso que no venga acompañado de nuevas cosas o servicios, de la posibilidad de tener más cosas, parece que nos engaña, que está pensando en otras cosas.

Tener más necesidades

A esta idea de progreso viene ligada la de que se progresa en la medida que se tienen más necesidades. Ya en el siglo XVII, algunos autores ingleses tenían la idea de que cuanto más evolucionaba la civilización se incrementaban las necesidades de las personas refinadas. Por ello, cuando alguien viene de un país más pobre, con frecuencia se le puede escuchar: “Se nota que no están tan evolucionados como nosotros, yo no podría vivir en esas condiciones…” o cuando vemos a una persona mayor que se niega a incorporar en su casa un avance tecnológico (una encimera nueva, una nueva nevera, un sistema de calefacción más moderno…) pensamos que se ha quedado en el pasado, que no ha evolucionado, que se nota que es mayor y no progresa…

De este modo, los que más hemos progresado somos aquellos que necesitamos más cosas para vivir, que ya no nos conformamos con poco, que somos exigentes y pedimos más y más… La conversión de apetencias en necesidades viene paralela al proceso de pensar que tener más es progresar ¿Cómo vamos a ser el único pueblo que no tiene polideportivo? ¿Cómo vamos a vivir sin ordenador o sin ipad? Todo pasa a ser una necesidad.

El verdadero progreso

Esta idea de progreso tiene dos consecuencias que quiero remarcar aquí. La primera es que es profundamente insatisfactoria. El hecho de que todo pase a ser necesidad y de que para progresar tenga que tener cada vez más, nos lleva a una insatisfacción vital continuada: nunca estoy a gusto con lo que tengo, siempre necesito algo más y debo utilizar mis energías para conseguirlo.

En segundo lugar es una idea de progreso que está en el límite opuesto de lo que es la sabiduría cristiana (y también la de otras corrientes religiosas o filosóficas). En estas, la sabiduría y el progreso se logra, precisamente, cuando se alcanza la meta contraria, es decir, la de necesitar cada vez menos cosas. El progreso personal, pero también el comunitario, se alcanza cuando somos capaces de vivir con menos, de no estar preocupados por el qué comer o el qué beber, sino por las cosas importantes de la vida que tienen que ver con las personas y no con los objetos o las posesiones. Por ello debemos aprender a cambiar nuestra concepción de progreso y a ver que este se da, no cuando se tienen más cosas, sino cuando somos mejores personas y nos encontramos ante una sociedad más justa y más fraterna.

 

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Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano

Ha salido mi última publicación titulada “Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano” dentro de los Cuadernos de Teología Fundamental del Instituto Teológico de Murcia (http://www.itmfranciscano.org/).

Cuadernos de teología Fundamental

Se trata de un texto divulgativo en el que doy pistas sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de la esperanza. En él se analizan las prioridades del actual sistema económico y se muestra porqué, con frecuencia, la economía y su dinámica se convierten en un camino hacia la desesperanza.

El texto no se queda en el análisis sino que realiza propuestas prácticas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia que pueden convertir la economía en una creadora de esperanza. Ideas que quieren ayudar a salir de esta crisis ayudando a las personas y, en especial, a los más desfavorecidos.

El cuaderno es una invitación a pensar, a analizar de una manera crítica la realidad ante la que nos encontramos y a debatir sobre propuestas concretas que puedan ser útiles para nuestra sociedad.

Si queréis el cuaderno podéis pedirlo directamente al Instituto Teológico de Murcia (es grautito) en  “Instituto Teológico de Murcia OFM”. Plaza B.A. Hibernón, 1. E-30001 Murcia  o al correo-e:  itmsecrt@um.es también puedo enviároslo yo, me dais vuestra dirección postal a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) y os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 

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Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?

La revista de Estudios e Investigación del Instituto Teológico de Murcia O.F.M. de la Universidad de Murcia, ha publicado en su numero 54 de Julio-Diciembre de 2012 (Volumen XXVIII) Pág: 315-344 mi artículo “Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?”

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  En este artículo pretendo dar una explicación razonada sobre la persistencia de los ciclos económicos a lo largo del tiempo. Esto implica hablar sobre las crisis recurrentes que estos ciclos implican y ante las que algunos piensan que no se puede hacer nada (aunque esta impresión no es correcta). La pretensión de este análisis es ver cómo las enseñanzas sociales de la Iglesia nos pueden aportar pistas que nos permitan orientar la economía en otra dirección que, si bien no evite del todo los ciclos, al menos los aminore y suavice sus consecuencias más negativas.

Para ello comienzo haciendo un repaso a las diferentes teorías sobre los ciclos económicos centrándose en aquella que a nuestro entender explica mejor las diferentes crisis que hemos vivido en los últimos dos siglos. Después analizo los fenómenos comunes que se repiten en todas las crisis identificando sus características más habituales. Ello me permite aventurar e interpretar en una clave más amplia los fenómenos que se están viviendo en esta primera gran crisis del siglo XXI. Ver cuáles son las consecuencias de la crisis y cuáles deberían ser las políticas a aplicar en estos casos para intentar superar con éxito el delicado momento económico que estamos viviendo. Por último, analizo toda esta situación desde las enseñanzas sociales de la Iglesia que pretende servir de guía para todos aquellos que quieran conocer las referencias que nos da esta a la hora de afrontar esta clase de problemas.

Si alguno queréis que os envíe el artículo en una separata (es decir, editado) pedídmelo a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) dándome vuestra dirección postal os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 
 

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Entrevista en egunon Bizkaia

El programa Egunon bizkaia de radio popular me hizo una entrevista el pasado lunes día 3 de diciembre.

Estuvimos unos minutos hablando sobre economía y sobre cómo podemos afrontar la situación que tenemos desde unas claves más humanas y más éticas.

Si os interesa, podéis escucharla en el siguiente enlace:

https://www.box.com/s/0gda2408d5foiw1qapkx

 

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Crónica del encuentro en Vitoria del sábado 24 de Noviembre

El pasado sábado 24 de Noviembre estuve en el encuentro de Formación Topaki de las Cáritas diocesanas de Vitoria, San Sebastián y Bilbao, que tuvo lugar en el Monasterio de Estíbaliz.

A pesar del molesto viento que sopló durante toda la mañana, tuve una acogida muy cálida por parte de las más de 300 personas allí congregadas y el formato de entrevista-conferencia al que me enfrenté por vez primera, resultó un éxito.

Si queréis saber más sobre la entrevista, tenéis una bonita crónica en http://www.caritasvitoria.org/detallecont.php?idmodelo=2&idtipocontenido=71&id=2831&_pagi_pg_ant

 

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¿A quién queremos rescatar?

Artículo publicado en el periódico las Provincias el 18 de Noviembre de 2012 en su página 41 titulado ¿A quién queremos rescatar?

Parece que estos últimos días se ha tranquilizado la cuestión de si vamos o no a ser rescatados por la Unión Europea. Creo por ello que es buen momento para reflexionar sobre el concepto de rescate y su aplicación a los actuales problemas de España. Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” A esta definición, que es elocuente por si misma, podríamos añadir que la palabra rescate nos hace pensar que aquellos que lo realizan están dispuestos a perder algo a cambio de conseguir su objetivo de salvar o ayudar al rescatado. De hecho, los más rescates más admirados son aquellos en los que quien los intenta está poniendo en peligro su propia vida para ayudar a otro. Por ello el rescate suele identificarse con una buena obra por parte de quien lo realiza (o lo intenta) que piensa más en el rescatado que en lo que pueda perder por realizar esta acción. El interés y el bienestar de quien tiene problemas está, pues, por encima del interés del rescatador. Esto hace que, aquel que está en una mala situación manifiesta, no solamente no rechace un rescate, sino que con frecuencia ansía que alguien venga en su auxilio para poder ser liberado de ese peligro, daño, trabajo, molestia u opresión al que se ve sometido.

Parece evidente que en el caso de los rescates de la Unión Europa, su recepción no alegra a casi nadie y no solo porque esto supone reconocer que estamos muy mal, sino porque muy pocos se sienten totalmente salvados por estos rescates (si así fuese, creo no nos asustaríamos por ellos). Cabe preguntarse por qué sucede esto si parece que la mejora de nuestro país pasa necesariamente por ellos.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que es el que nos presenta una tregua en estos momentos. El rescate financiero se ha articulado para unos bancos que estaban en una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. y que en estos momentos tienen problemas para recuperar ese dinero al mismo tiempo que tienen que seguir haciendo frente a sus obligaciones. El rescate consiste en prestarles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios.

El rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a estas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Para financiar al país, la entidad que lo hace exige a España unas condiciones que pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Sin el cumplimento de estas condiciones el rescatador se niega a realizar el rescate.

Si analizamos esto con detalle nos daremos cuenta de que los verdaderos beneficiados en esta clase de ayuda no son el país receptor, sino sus acreedores, ya que gracias a la intervención de la Unión Europea logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. De hecho, los únicos que parecen alegrarse con el rescate son, precisamente, los financiadores que, inmediatamente después a cualquier noticia de que este es posible, rebajan su presión sobre los deudores. Estos últimos solamente salen beneficiados en la medida que las condiciones del nuevo préstamo son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia, esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado (En nuestro país, el rescate al sector financiero español va a elevar la deuda pública española considerablemente a lo largo de este año de manera que se calcula que en 2013 alcanzará un 90% del PIB)

Parece que el rescatador, más que pensar en el bien de España o de cualquier otro deudor, está pensando en el bien de los acreedores de España y que, tanto el rescate como las condiciones que este conlleva, no se hacen para que el rescatado mejore, sino para garantizar que sus acreedores van a recibir el dinero que se les debe tanto ahora como más adelante. ¿Es esto lo que entendemos por un rescate? ¿Es una ayuda real aquella que se me da no para que yo mejore, sino para que mi problema no afecte demasiado a los demás? Por lo tanto, cabe preguntarse si el rescate-país es un rescate a España o un rescate a los financiadores que han prestado a España.

Por todo ello creo sinceramente que un rescate debería implicar una apuesta por la mejora de la situación económica y política del país rescatado. Esto supone, por parte de la nación deudora, un “propósito de enmienda” y una “penitencia”. Es decir, una intención real de que la situación no se vuelva a dar junto con una serie de medidas que encaminen a la nación hacia esta dirección: apostar por una política mucho más transparente, una economía basada en no gastar más de lo que se tiene (salvo momentos excepcionales), una estructura fiscal que apoye la creación de empleo, unos ingresos suficientes para todas las personas, etc. Pero estas medidas no pueden ser hechas con el único objetivo de poder así devolver las deudas. No se puede hipotecar a los ciudadanos de un país durante varios años por fallos ya cometidos y menos si esto repercute en un grave empeoramiento de sus condiciones de vida.

Un verdadero rescate pasa, por tanto, por mecanismos de condonación y de rebajas sustanciales de lo debido (no por incrementos del porcentaje de deuda). Pasa por procesos de ajuste que no tengan como objetivo garantizar los pagos, sino sentar las bases para que esta situación no se vuelve a dar, construyendo un futuro sobre unas nuevas bases no hipotecadas. Y pasa porque aquel que lo realice está dispuesto a sacrificar algo para mejorar al que está en peor situación. Solamente así podremos hablar de verdadero rescate. Otras maneras de ejecutar el mal llamado rescate y el mal llamado rescatador, dejan de ser algo deseado y bonito para convertirse en una pesadilla de la que no se quiere oír hablar. Necesitamos crear ilusión y ganas de mejora, necesitamos que las reformas se vean como la construcción de un camino hacia futuro mejor, no como las penas que tengo que pagar para que mis acreedores cobren lo que les debo. Si no se generan estas dinámicas, si no reformamos un sistema que no ha funcionado bien, no para mantenernos como estábamos, sino para dirigirnos hacia otros horizontes, el rescate no es tal, será otra cosa, pero no un rescate y nosotros seguiremos hundidos a pesar del mismo (y si no vean qué ha sucedido con los países ya rescatados).

 
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Publicado por en noviembre 19, 2012 en ahorro y finanzas, Crisis económica

 

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¿Es útil el rescate?

¿Es útil el rescate? esta es la pregunta más importante que nos hacemos cuando escuchamos hablar de los rescates. La experiencia con otros países rescatados parece hablarnos de la inutilidad de un rescate, pero conviene matizar esta primera impresión.

Para saber si es útil caben dos preguntas que nos guiarán ¿Qué clases de rescate existen? Y ¿A quién benefician y perjudican cada una de ellas?

Dos clases principales de rescate

Los rescates más habituales son de dos clases principales. La primera es la que se denominaría perdón o condonación de la deuda. Por ella, son los propios deudores los que rescatan al endeudado perdonando la totalidad o parte de la deuda. De esta manera, no se le presta más dinero al prestatario, sino que se le exime de pagar la totalidad o una parte de lo que debe.

Hay que diferenciar esto de una simple quiebra o situación de impago. En esta última es el deudor quien decide no pagar sus deudas, mientras que en el perdón, es el acreedor quien toma la decisión y libera a quien le debe dinero de sus obligaciones.

La segunda clase es la ya descrita en la entrada “¿Qué es un rescate?” por la cual el deudor recibe dinero de una tercera entidad para que pueda hacer frente al pago de sus deudas y de los intereses que estas generan. Esta aportación suele tener también forma de préstamo aunque con unas condiciones más favorables a las anteriores.

Las condiciones para que se de el rescate

En ambos casos, aquellos que toman la decisión de perdonar o de volver a prestar a unos tipos de interés inferiores, exigen unas condiciones a quien ha sido rescatado. En el primer caso trata de aceptar un propósito de enmienda y pedir una penitencia: te perdono porque has demostrado que no quieres que se vuelva a repetir esta situación y porque estás poniendo medidas para que así sea. Se trata, por tanto, de condiciones que buscan que el deudor no se vuelva a encontrar en la misma situación en el futuro.

Sin embargo, las condiciones que se imponen en el segundo caso pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Es decir, el mensaje para los rescatados es: te presto dinero para que atiendas a tus obligaciones pero a condición de que pongas las medidas pertinentes (que son las que yo te digo) que garanticen que me podrás devolver en un futuro lo que te estoy prestando ahora.

Los beneficiados y perjudicados por las dos clases de rescates

En el primer caso, el claramente beneficiado es el rescatado ya que se queda sin la obligación a la que tenía que hacer frente y puede volver a comenzar sin cargas añadidas. Sin embargo los acreedores quedan doblemente perjudicados ya que, por un lado no cobran el dinero que les era debido y, por otro, pierden la posibilidad de cobrarlo en un futuro. En cuanto a las condiciones, en la medida que están destinadas a no volver a encontrarse en esta mala situación y esto se puede hacer sin cargas añadidas (ya que ha sido eximido de la obligación) no deberían ser perjudiciales para el rescatado (aunque pudiesen ser duras), sino todo lo contrario.

En el segundo caso no sucede esto. Los primeros beneficiados son los acreedores ya que gracias a la intervención de un tercero logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. El deudor sale beneficiado en la medida que las condiciones del nuevo préstamos son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado. Por ejemplo, si antes debía 100 y se tenía que pagar 6 de intereses, ahora se debe 106 (que es lo que le han prestado para atender a estas deudas) y tiene que pagar intereses sobre esta cantidad. En cuanto a las condiciones, estas son impuestas por el nuevo acreedor que solamente quiere con ellas garantizarse el pago futuro de su rescate, lo que no garantiza necesariamente que sean positivas para el rescatado.

¿Es útil el rescate?

Parece evidente que un rescate será útil si mejora la situación real del rescatado, esto es, del deudor. Cuando se rescata a alguien a través de una liberación de sus obligaciones, parece evidente que esto es así. La condonación o perdón de la deuda tiene este primer efecto positivo. Si además, esto viene acompañado de una batería de medidas elaboradas por el deudor y destinadas a mejorar su desempeño económico de modo que no se vuelva a dar la situación que ha dado lugar al rescate, no cabe más que pensar que el rescate ha sido útil.

Ahora bien, cuando el rescate deja más endeudado al rescatado (aunque sea a unos tipos de interés inferiores y a un plazo mayor y por tanto tenga que pagar menos anualmente) y las medidas que se toman solamente pretenden garantizar que siga devolviendo lo que debe y pagando los intereses, no tiene por qué ser tan positivo. El hecho de que la prioridad en este caso no sea el rescatado, sino que el resto de implicados no pierdan, puede llevar a que las medidas no tengan resultado positivo para quien, en un principio, debería ser el mayor beneficiado. La utilidad del rescate en este caso, queda en entredicho.

 

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A propósito de la tasa de transacciones financieras

Artículo publicado en Las Provincias el Martes 16 de Octubre de 2012 en la página 26

España y otros diez países de la Unión europea han decidido poner una tasa de transacciones financieras a las compras de bonos, acciones y productos derivados en la Comunidad Europea. Creo que aunque no hayan sido todos los países de la Unión Europea ni los grandes centros de finanzas mundiales los que hayan tomado esta medida, que a pesar de las pegas que tiene y a la espera de la concreción de la misma, podemos estar de enhorabuena por esta decisión. Varios son los motivos que podemos argumentar para justificar esta alegría. El primero podría clasificarlo como ético. Mientras que cada vez que compramos una barra de pan para comer tenemos que pagar un porcentaje de su precio en concepto de impuestos, no sucede lo mismo cuando adquirimos una acción o un bono del tesoro o cualquier instrumento financiero. Parece cuanto menos peculiar, que tengamos que pagar impuestos si adquirimos algo que necesitamos para vivir, pero que no tengamos que hacerlo si compramos un producto financiero para intentar ganar dinero con él. ¿Por qué por las cosas que son necesarias se paga impuestos y las que son para beneficiarse de ellas y por tanto innecesarias, no? Si además consideramos que comprar pan lo tienen que hacer todos, hasta los que tienen muy pocos recursos económicos (o son pobres si queremos decirlo de otra manera más sencilla) y quienes adquieren activos financieros suelen haber cubierto sobradamente sus necesidades básicas y lo hacen con sus ahorros o sus excedentes de dinero, la cosa parece todavía más injusta.. Aunque existen razones prácticas para negarse a este impuesto, desde el punto de vista ético los argumentos en contra de esta tasa son, cuanto menos, endebles.

El segundo motivo es recaudatorio. Durante el año 2011, según los datos de la bolsa (Bolsa de Madrid (2012) Estadísticas, Mayo de 2012, http://www.bolsasymercados.es/esp/publicacion/revistaOnLine/index.htm) el volumen de contratación total en España fue de trece billones doscientos sesenta y uno mil trescientos veinte millones de euros. Ello quiere decir que de mantenerse esta contratación y el tipo que se ha anunciado, un 0,1% (siempre que se aplicase a todas las compras, cosa que no está clara en estos momentos) se lograría una recaudación de más de 13.000 millones de euros. Tal y como está la situación económica, no está mal del todo… Si la contratación se redujese a causa de este impuesto un 30% (el precedente de Francia parece que apunta en esta dirección) la recaudación seguiría incrementándose en unos 9.000 millones de euros. Podría suceder que a causa de este impuesto los beneficios financieros se redujesen y bajase, como consecuencia de esto, la recaudación de impuestos por esta vía, pero está por ver si esto realmente sucede (podría no suceder) y cuál sería la reducción de recaudación (previsiblemente menor que el aumento por este impuesto).

El tercer motivo ya fue apuntado por el premio nobel James Tobin cuando hizo una propuesta de una tasa de este estilo (que era para las transacciones en divisas y no para los activos financieros). Este impuesto no perjudicaría a la actividad económica real, sino tan solo a la velocidad y cantidad de transacciones financieras. En la medida que esta rapidez y la enorme fluidez han generado una gran volatilidad estos últimos años claramente negativa para la marcha, no solo de los mercados financieros, sino de la economía en general, no podemos más que concluir en que incorporar esa arena (como la definía el mismo Tobin –Eichengreen, Barry; Tobin, James; Wyplosz, Charles (1995): “ Two Cases for Sand in the Wheels of International Finance” http://www.jstor.org/stable/2235326-), en el engranaje de los mercados, puede hacer que estos sean más lentos y cumplan mejor sus funciones apoyando el desarrollo de la economía y no causando inestabilidad innecesaria.

Dicho esto creo que precisaríamos de varias mejoras para que se cumpliesen los objetivos de este impuesto de una manera más plena. La primera es que opino que el porcentaje de la tasa es demasiado reducido. Un 0,1% es una tasa realmente baja (comparando con la compra del pan por la que pagamos un 4% y no nos sirve para ganar dinero sino tan solo para vivir). Creo que deberíamos ir, al menos, a la tasa que propuso Tobin en su momento de un 0,5%. Esto podría suponer que la recaudación fuese, no tan solo de 9.000 millones, sino que alcanzase al menos 20.000 millones anuales (considerando una bajada de negocio de al menos un 60%) siempre y cuando, claro está, se gravasen todas las compra-ventas de estos activos las hiciese quien las hiciese.

El segundo elemento que quiero añadir es que, con la libertad de capitales que tenemos instaurado en nuestros países, podría suceder que quienes adquieren estos productos financieros se fuesen a hacerlo a otros países que no aplican esta tasa con lo que evitarían el pago del impuesto. Creo que ante esta posibilidad caben dos clases de medidas. La primera el impulso para que se generalice este impuesto (lo mismo que sucede con el Impuesto sobre la Renta o el IVA o impuesto sobre las compras). Es decir, intentar que esta idea se acepte por parte de todos los países de la UE y también en las otras plazas financieras mundiales, esto además, igualaría las condiciones de competencia entre las distintas plazas financieras. Si esto no fuese posible, tal vez deberíamos volver a poner trabas a la libre circulación de capitales para evitar que el dinero se fuese a aquellas naciones que no quieren implantar esta clase de tasas y que tienen, pues, ventajas artificiales para competir en los mercados financieros.

 
 

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Qué es un rescate

Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” Y esta es la oferta que parece que recibimos cuando se habla de rescatar a España o a nuestros bancos, parece que esto va a permitir que los peligros que nos acechan desaparezcan. Ahora bien, cabe preguntarse por dos cuestiones principales a la hora de hablar de rescate, por un lado cuál es el peligro del que van a liberarnos y la segunda cuáles son los sistemas que van a utilizar para hacerlo. En esta primera parte de esta serie vamos a ver qué es un rescate, para en una segunda entrada que pondré en breve analizar, las distintas clases de rescate y ver quiénes salen beneficiados con cada una de ellas.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que sería el que hipotéticamente se podría recibir en el momento que se escriben estas lineas (otoño 2012). Voy a analizar someramente qué supone un rescate en cada uno de los dos casos.

 

Los bancos necesitan ser rescatados de una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. Ese dinero no lo pueden recuperar en estos momentos debido al parón del sector inmobiliario, la reducción de precios de estos activos y la insolvencia de muchas empresas y personas que recibieron este dinero y ahora no lo pueden devolver. Al mismo tiempo, estas entidades financieras tienen que hacer frente a pagos y no tienen bastante dinero para hacerlo (devoluciones de depósitos, intereses a aquellos que les prestaron dinero a ellos, etc.) Estas empresas tienen, además, problemas para pedir prestado los fondos que necesitan para pagar lo que deben debido a que otras entidades financieras conocen su situación y no quieren arriesgarse a no recuperar su dinero. El peligro del que se pretende liberar a la entidad es, por tanto, la quiebra, esto es, la imposibilidad total de hacer frente a todas las obligaciones que tiene la entidad financiera.

Un rescate para estos bancos supone darles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios que tienen. De alguna manera les da tiempo para poder hacer frente a sus obligaciones de devolución y pago actuales, hasta que vengan tiempos mejores y ya puedan pagar sus deudas. Del mismo modo, al contar con estos fondos, son más seguros de cara a otros posibles financiadores y pueden lograr que otras entidades financieras decidan prestarles más dinero.

Un rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a esas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Además, al garantizar dinero para el país, puede inspirar confianza y hacer que los prestamistas puedan volver a prestar a esa nación. Se pretende evitar también la quiebra del país, el que no pueda pagar sus deudas…

Dejo para una segunda entrada que titularé “¿Es útil el rescate?” los matices sobre de qué manera se articulan estos rescates, sobre quiénes salen beneficiados y quiénes perjudicados y sobre su utilidad en el medio y largo plazo.

 

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“De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis” VII Informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas

Cáritas Española ha publicado el informe titulado “De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis” En él se constatan los efectos que está teniendo la crisis en los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Reproduzco aquí la nota de prensa que ha realizado Cáritas con el resumen, pero os recomiendo que os lo descarguéis para conocer con más precisión quienes son los verdaderos afectados por esta crisis:

http://www.caritas.es/AdjuntoNoticiaDownload.aspx?Id=687

Cáritas. 20 septiembre de 2012.- Los Servicios de Acogida y Atención Primaria de Cáritas en toda España están constatando la consolidación en nuestro país de una sociedad más pobre, más desigual y más injusta. Así lo revelan los datos recogidos en el VII Informe del Observatorio de la Realidad Social (ORS), que ha sido presentado esta mañana en Madrid por el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, y el coordinador del Equipo de Estudios, Francisco Lorenzo.

Bajo el título “De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis”, el Informe analiza a lo largo de cinco capítulos la acción desarrollada por la red de Acogida y Atención Primaria de la Confederación Cáritas Española. Este servicio de ayuda cercana y urgente a las personas más vulnerables por parte de Cáritas se desarrolla especialmente a través de las parroquias, donde es la propia comunidad la que ofrece una respuesta ágil, directa y fraterna a quienes padecen los peores efectos de la crisis.

En esta séptima entrega del ORS se señala que desde que se inició la crisis se ha multiplicado por 2,7 el número de personas atendidas en los Servicios de Acogida y Atención Primaria de Cáritas, que ha pasado de 370.251 personas en 2007 a 1.015.276 en 2011.

Las causas principales de este incremento siguen siendo, principalmente, un proceso sostenido de destrucción de empleo, que reduce de manera drástica las posibilidades de ingresos económicos en numerosos hogares; y la consolidación de la reducción y el agotamiento de las ayudas de protección social.

Las necesidades básicas más demandadas

Entre las necesidades básicas más demandadas entre 2007 y 2011, el mayor aumento se ha producido en el número de ayudas económicas para alimentación, seguidas de ropa/calzado y vivienda Por detrás aparecen otras necesidades, como gastos sanitarios y asuntos legales.

En 2011, se registraron unas 400.000 respuestas de ayuda económica para alimentación, más de 50.000 para vivienda y 60.000 para ropa y calzado.

Los fondos invertidos

El gasto en ayudas económicas a las personas y familias destinados por las Cáritas Diocesanas a través de sus Servicios de Acogida y Asistencia se han duplicado entre 2007 y 2010, hasta alcanzar cerca de 33 millones de euros en ese último año.

En 2011 se alcanzan más de 10 millones de euros en ayudas para alimentación y 7 millones de euros para vivienda, seguidos de 1,5 millones en educación/formación y 1 millón en gastos relacionados con la salud.

En total, entre 2007 y 2010, los recursos invertidos por la Confederación Cáritas en todo el país en el apartado de Acogida y Atención Primaria superan los 112 millones de euros.

El perfil de las personas atendidas

Las mujeres siguen siendo el rostro más visible de las demandas de ayuda de emergencia atendidas por Cáritas. Destacan, asimismo, el elevado número de desempleados que han pasado de ser “recientes” –al inicio de la crisis– a ser de larga duración. Numerosas parejas jóvenes (de 20 a 40 años de edad) con hijos se han visto también muy afectadas, así como mujeres solas con familiares a cargo. Las  parejas con hijos suponen el 40% y las familias monoparentales un 18%.

En Cáritas, 5 de cada 10 personas acogidas en 2011 son inmigrantes. Un tercio de ellos están en situación de irregularidad, en muchos casos sobrevenida a consecuencia de la crisis. Se estima que Cáritas atiende cada año a 130.000 personas en situación de irregularidad.

En cuanto a los perfiles sociales que más aumentan en quienes han acudido por primera vez a los Servicios de Acogida en 2011, el Informe señala que son personas de nacionalidad española y extracomunitarias en irregularidad sobrevenida; en riesgo de perder su vivienda; parejas con hijos y, en menor medida, personas solas y familias monoparentales; jóvenes adultos con una edad de 30 a 44 años; y personas sin ingresos o con Rentas Básicas o Mínimas.

Constataciones

El VII Informe del ORS constata situaciones y hechos que hablan de un cambio social que, más allá de la coyuntura de la crisis, están suponiendo la consolidación de una nueva estructura social. En este sentido, se subrayan tres hechos:

       La sociedad española presenta un modelo de integración precaria que, desde los años 80, se ha venido deteriorando progresivamente y que deja patente la insuficiencia y la reducción de la capacidad protectora del sistema público.

       La exclusión social, la pobreza y la vulnerabilidad son fenómenos estructurales que hoy, a consecuencia de la crisis, se hacen especialmente visibles; pero el proceso de deterioro progresivo de los derechos y de la protección social, especialmente para los más desfavorecidos, no es algo nuevo.

       La evolución de las solicitudes de ayuda a Cáritas no es un asunto pasajero ni coyuntural, sino que expresa la consolidación de una estructura social en la que un número elevado de personas y familias han quedado sin esperanza en su proyecto vital.

Como se afirma en el Informe, “si cuando hubo crecimiento económico (período 1994-2007), no se redujo la pobreza –ni se consolidó la protección social, ni aumentó la proporción de inversión en gasto social del P.I.B.–, es difícil creer que salir de la crisis desde la óptica del crecimiento económico tenga consecuencias relevantes en la reducción de la desigualdad y la pobreza”.

Para sus autores, “la acumulación de desventajas en más de una cuarta parte de la población española conlleva un riesgo de dualización y de falta de cohesión social, que se viene constatando antes del inicio de la crisis”.

Escucha, calidad y calidez

El Informe destaca un aspecto de la acción de Acogida desarrollada por Cáritas que guarda estrecha relación con un modelo de trabajo basado en la identidad evangélica de su visión y la dimensión eclesial de su misión. Se trata de las  respuestas orientadas hacia la escucha a las personas que acuden a los centros y servicios de Cáritas en las parroquias, que abordan unas necesidades no mediatizadas por lo económico y que hablan más de la calidad y calidez de la acción de Cáritas que de la cuantificación.

Las acciones que atienden este tipo de necesidades tienen un gran valor porque son muy significativas y transformadoras en la trayectoria vital de las personas, de las relaciones y de la sociedad.

 

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