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El consumo y la crisis

28 Sep

Artículo publicado en la revista ICONO, septiembre 2013, año 114, nº 8, pág: 14-15

El consumo y la crisis 1El consumo y la crisis 2

Bangladesh y nuestras camisetas

Hace unos meses cayó un edificio en Bangladesh repleto de trabajadores textiles. Las malas condiciones del mismo y la gran cantidad de máquinas y personas que se encontraban allí, provocaron una desgracia que se podría haber evitado. Sin embargo, no me interesa ahora las condiciones de la empresa ni lo que dejó de hacer la sociedad de Bangladesh para evitar esta tragedia, sino que en este lugar se cosía ropa que luego compramos nosotros, demandada por empresas europeas y estadounidenses. Ello nos lleva a que ninguno de nosotros podamos garantizar que ninguna de las prendas que utilizamos habitualmente estén fabricadas en lugares similares a este. No tenemos ni idea de en qué condiciones se fabrican nuestras prendas de vestir y, quien habla del textil, también puede hacerlo de otros bienes como los electrodomésticos, los muebles, las herramientas, etc.

Hay que mirar la relación calidad precio

El motivo principal por el que sucede esto es que cuando compramos solamente miramos la relación calidad precio buscando siempre adquirir lo más barato que encontremos. Esta es una estrategia imprescindible para aquel que no tiene lo suficiente para vivir (si compra demasiado caro no puede comer todo lo que necesita o vestirse con una cierta decencia), pero esta estrategia de pobres ha pasado a ser una estrategia común en todas las familias, tengan el nivel económico que tengan. Buscamos lo más barato, porque solamente pensamos en nosotros. Queremos adquirir bienes lo más económicos posibles para poder tener más cosas con el mismo dinero.

Pero claro, si nosotros compramos algo y pagamos un precio por ello, ese dinero tiene que acabar en manos de alguien. Si pensamos en nuestras camisetas por las que pagamos precios ridículos, con ellos hay que pagar a los que las hacen, a quienes las transportan desde Asia a nuestros lugares de residencia, a quienes las venden en nuestros países y a quienes hacen la publicidad… Poco dinero para repartir entre muchos.

Echar balones fuera

Esta búsqueda de lo más barato ha hecho que muchas de nuestras empresas productivas hayan cerrado o ahora produzcan en países asiáticos. Los productos fabricados en estas naciones son más económicos y se venden mejor… Este fenómeno ha colaborado en el gran desempleo que tenemos en nuestro país y en que se haya desmantelado gran parte de la industria que existía hasta hace unos años, lo que dificulta la salida de la crisis. Ante esta situación muchos son los que piensan que la culpa la tienen estas naciones asiáticas y se ponen en contra de ellas en una reacción infantil que busca echar balones fuera y endosar la culpa de nuestros males a cualquiera que no seamos nosotros. Es una manera de no tener que pensar en qué parte de responsabilidad tenemos.

Pero si le preguntásemos a los trabajadores supervivientes del derrumbamiento de la fábrica de Bangladesh y de otras similares, seguramente nos replicarían que trabajan para empresas europeas y estadounidenses. Es decir, que ellos son el último eslabón de una cadena que comienza con nosotros, los consumidores, buscando el precio más bajo; continúa por nuestras empresas, que se van allí a buscar unos menores precios; y acaba en ellos, que producen lo que nosotros les decimos al precio que les exigimos. Al final, son nuestras empresas las que les fuerzan a trabajar en estas condiciones, ya que es la única manera de que se mantengan los costes bajos. Si no lo hacen, se busca otro país en el que se produzca más barato y a seguir con los precios más baratos…

Cambiar nuestros criterios de consumo

Benedicto XVI ya dijo en su Encícilica Caritas in Veritate que “comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Cuando compramos, le estamos diciendo a las empresas cómo queremos que se comporten. Si les pedimos solamente lo más barato, les estamos diciendo que rebusquen por todo el mundo dónde pueden producir de una manera más económica, que nos da igual como lo hagan, pero que nos traigan un precio muy reducido… Si queremos colaborar en que no hayan más casos como el de Bangladesh, debemos pedir a las empresas que nos muestren sus métodos de producción, que sean capaces de garantizarnos que ni ellas ni sus subcontratistas están produciendo en condiciones infrahumanas… El comercio justo ya lo hace, pero no es suficiente con esto. Debemos lograr que todo sea comercio justo, que lo que es excepcional pase a ser lo habitual.

Pero no solo esto, si queremos colaborar con nuestras compras a mejorar las condiciones económicas de nuestros ciudadanos, creo que es necesario que compremos más bienes producidos en nuestro entorno. Ello no solo nos permitirá controlar mejor si las empresas están produciendo en condiciones dignas y pagando unos salarios adecuados, sino también promover el empleo y la producción local colaborando así en la salida de la crisis. Todo ello supone, claro está, olvidarnos de esa consigna tan utilizada por todos nosotros “hay que comprar siempre lo más barato”…

 

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