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Archivo de la etiqueta: Efectos de la crisis

Solo quedan dos Cajas de Ahorro en España

Una de las consecuencias de la crisis ha sido que han desaparecido del panorama económico español una de sus instituciones más longevas que existían, las cajas de ahorro (muchas de las cuales contaban con más de 100 años de existencia). Mientras que antes de la crisis había en España 45 cajas de ahorro, en estos momentos solo quedan dos (que eran además, de las más pequeñas que existían).

El pasado miércoles vino a la Universidad CEU Cardenal Herrera el representante de la principal de estas dos cajas, la Caixa Ontinyent y nos explicó por qué ella ha sobrevivido a esta crisis.

conferencia de caixa ontinyent

Se trata de una experiencia interesante que demuestra dos cuestiones importantes:

Que el tamaño no es lo más importante

Que no es necesario ser maximizador de beneficios para realizar una buena gestión económica

Podéis encontrar información sobre esta conferencia en: https://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-foro-ceu-empresa-analiza-la-situacion-de-caixa-ontinyent-la-unica-caja-valenciana-que-sobrevivio-a-la-crisis-economica/

Además, tenéis aquí un video en el que podéis aprender más sobre esta caja:

 

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Conferencias en Castellón y Lliria 2 y 3 de Febrero

La semana próxima voy a impartir dos conferencias en Castellón y Lliria.

En Castellón será el martes 2 de Febrero a las 19 horas, en el Centro de Formación de Cáritas Diocesana de la calle Figueroles, nº 6 en Castellon y lleva por título: “¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana”   

castellón

En Lliria será el miércoles 3 de Febrero a las 19 horas en el edificio multiusos (aula 204) dentro del Aula de ciudadanía, de la Escuela de personas adultas. El título de la conferencia es: “Propuestas para una economía más humana”

panoramica-valencia-lliria

Os espero

 

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Renta Básica versus Renta Mínima

Os presento el artículo titulado Renta Básica versus Renta Mínima que podéis encontrar en las páginas 138-150 del informe Análisis y perspectivas Comunitat Valenciana 2015 que podéis descargar en: http://www.foessa.es/publicaciones_compra.aspx?Id=5154&Idioma=1&Diocesis=42

En este artículo podéis entender de una manera sencilla la diferencia entre lo que es una renta básica y una renta mínima.

Si queréis un resumen del artículo, podéis encontrarlo en: https://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-director-del-departamento-de-economia-y-empresa-de-la-ceu-uch-enrique-lluch-analiza-la-viabilidad-de-la-renta-basica-para-luchar-contra-la-pobreza-extrema/ o en el siguiente artículo del viernes 20 de Noviembre del periódico Levante en su página 9

 

rentas básicas en levante 20 nov 15

 
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Publicado por en noviembre 23, 2015 en Estado Social

 

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Análisis y Perspectivas de 2015: ¿Recuperación? Enfoque agregado versus enfoque de la privación

Aquí tenéis el Informe que elaboramos anualmente el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión de la Comunidad Valenciana.

El informe Análisis y Perspectivas 2015 se titula “¿Recuperación? Enfoque agregado versus enfoque de la privación”

El informe tiene una parte de análisis de las principales cifras sobre pobreza, exclusión, empleo y estado social de la Comunidad Valenciana durante el último año.

Portada informe

Si queréis consultar el informe lo podéis hacer ya en http://www.foessa.es/publicaciones_compra.aspx?Id=5154&Idioma=1&Diocesis=42

Además del Análisis de los principales datos, cuenta con cinco artículos de profundidad que son los siguientes:

Mercado laboral, empleo, cualificación laboral ¿hacia dónde
dirigir los esfuerzos de formación para la inserción laboral?
Juana Aznar Márquez y Juan Pablo Juárez Mulero

La exclusión de la salud
Joan J. Paredes i Carbonell y Frances Botella i Quijal

Las nuevas leyes de Servicios Sociales: propuesta para una
nueva Ley de Servicios Sociales en la Comunitat Valenciana
Lucía Martínez‐Martínez y Frances Xavier Uceda‐Maza

Renta básica versus renta mínima
Enrique Lluch Frechina

Análisis de la pobreza, desigualdad y opulencia en la
Comunitat Valenciana
Eduardo Esteve Pérez

 
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Publicado por en octubre 1, 2015 en pobreza

 

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Una misma crisis, consecuencias diferentes

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1570, Abril 2015, Pág: 12-13

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El pasado otoño presentábamos en Madrid el último informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo en España. Tuve el honor de ser uno de los profesores que participó en su confección y voy a exponer en este breve artículo algunas de las ideas que expusimos en el mismo y que nos muestran cómo la evolución de la pobreza y la equidad en España a raíz de la crisis siguió un camino divergente con respecto a lo que ha sucedido en el resto de la Unión Europea.

En primer lugar, la crisis hizo que las desigualdades se incrementaran más en España de lo que lo hicieron en la Unión Europea. Si comparamos a partir del año 2008, la desigualdad en España (en términos del índice de Gini) con la de la media de los 15 países de la Unión Europea más ricos, la diferencia de partida era de tan solo un punto. Sin embargo, mientras que entre 2008 y 2012 la desigualdad en estos países se mantuvo en el mismo nivel, en España se incrementó en tres puntos lo que hizo que la diferencia inicial se incrementase hasta los cuatro puntos.

Lo mismo ha sucedido con las cifras de pobreza. Si medimos cómo se han comportado diferentes indicadores de pobreza para la UE15 y para España, vemos como tanto la población en riesgo de pobreza monetaria, como la que está en riesgo de pobreza o exclusión social ha crecido más que la media de la UE15 y que nuestra diferencia con respecto a esta media se ha incrementado en estos años de crisis. Esto nos hace ver que el comportamiento de nuestro país ante la crisis ha sido diferente al de la mayoría de los de la Unión Europea en este aspecto.

Vistos los datos y sabiendo que la crisis ha sido una experiencia generalizada y que no solo nos ha afectado a nosotros sino a toda la Unión Europea, cabe preguntarse por qué sus consecuencias sobre los más desfavorecidos han sido mayores en España que en el resto de la Unión Europea.

El primer motivo ha sido el diferente efecto que ha tenido la crisis sobre el mercado de trabajo en nuestro país y en el resto de la Unión Europea. El gran incremento del desempleo ha hecho que los efectos sobre la pobreza y la desigualdad fueran mucho más profundos en España que en el resto de la UE15. Además, la reducción de salarios en determinados sectores y el incremento de trabajadores a tiempo parcial no deseados, también ha empeorado estos comportamiento negativo.

En segundo lugar tenemos una protección pública para estas situaciones menor que el de la mayoría de los países de nuestro entorno y en unos bajos subsidios de desempleo con una duración menor que la de otros países. Por otro lado, el porcentaje de gasto público en políticas sociales es también inferior en nuestro país al que se da en muchos de los países de la UE15, lo que también reduce la capacidad de este medio para paliar la desigualdad y la pobreza.

En tercer lugar tenemos una fiscalidad que ha cambiado durante la crisis, lo que ha reducido su capacidad redistributiva. De hecho, esta es inferior a la que se da en otros países de la UE15 y se sustenta únicamente por el IRPF al haberse suprimido los impuestos que pesaban sobre la riqueza y que tenían un fuerte efecto redistributivo. Además, la capacidad recaudatoria en nuestro país es baja. Tenemos unos ingresos públicos medidos en porcentaje del PIB que son de los más bajos de la UE15, lo que también limita las posibilidades que tenemos de incrementar la inversión social.

Por último, la duración de esta crisis está llevando a que dos de los medios por los que se consiguió evitar una pobreza excesiva de los más desfavorecidas, comiencen a fallar en estos momentos. Me refiero, por un lado, a la prestación por desempleo. Muchos ven cómo la duración de su situación ha hecho que pierdan ya el derecho a esta ayuda y que se estén quedando sin los ingresos que esta suponía. El otro es el recurso a los ahorros familiares y a las pensiones y ahorros de los mayores. Se trata también de unos fondos que se agotan y que se reducen, lo que conlleva que muchas familias que dependen de estas fuentes de rentas hayan empeorado su situación cuando han visto como estos recursos se han ido acabando.

Las medidas que el informe FOESSA ha sugerido para mejorar estos problemas y para evitar que la crisis, ahora y en el futuro, siga afectando mucho más a aquellos que menos tienen, van en varias direcciones. No voy a centrarme aquí en todas ellas sino en aquellas que tienen una relación más directa con aquello que acabo de comentar.

Por un lado, creemos que se necesita una mejora importante de la recaudación fiscal. Esto incluye tres elementos básicos. El primero es la lucha contra el fraude y la elusión fiscal. Nuestro sistema financiero es poco eficiente, a pesar de tener unos tipos fiscales elevados, recaudamos menos que otros países con unos tipos similares a los nuestros. El segundo es la mejora de la progresividad de nuestro sistema financiero. Tenemos una baja progresividad y querríamos incrementarla. Cambios en la fiscalidad que deberían acompañarse de otros a nivel europeo, conseguirían mejorar este aspecto de la misma. Por último se precisa un ejercicio de pedagogía fiscal que ayude a comprender que deberíamos incrementar la recaudación del sector público para poder sostener nuestro Estado de Bienestar y mantener un nivel óptimo de políticas sociales.

Por otro lado, se apuesta por una garantía de mínimos para todas las personas que permita que siempre puedan gozar de unos ingresos que les impida caer en la extrema pobreza y unas políticas de ayudas a la familia que sean mayores y eficaces, ya que en este campo estamos por muy debajo de los niveles de otras naciones de la Unión Europea.

 

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A qué le damos valor en la economía actual

Os presento un artículo en el que muestro cuáles son las cosas valiosas en la economía actual y como estas son no solo las que nos llevaron a la crisis, sino que siguen siendo las que están marcando las sendas por las que intentamos salir de ella.

euro

Creo que puede ser muy ilustrativo para aprender algo más sobre la economía actual.

Lo podéis encontrar en: http://hdl.handle.net/10637/7179

Su referencia es:

“A qué le damos valor en la recesión actual” (2012) en Los valores culturales ¿factores de desarrollo humano? Documentación Social, Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, Enero-Marzo 2012, nº 164, Pág: 103-121. Cáritas Española Editores

 

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¿Pobreza infantil o pobreza familiar?

En el boletín de primavera de la Asociación Resurgir ha salido un artículo mío en la página 4 titulado ¿Pobreza infantil o pobreza familiar?

asociación resurgir

Aquí tenéis el enlace a la revista completa

http://issuu.com/chiquilorenzo/docs/resurgir-abril2015/1

y aquí el texto del artículo:

Los estudios que hablan sobre la pobreza en España nos alertan sobre cómo el porcentaje de pobres entre la población infantil es de los más altos de la Unión Europea. Se trata de unas cifras preocupantes que llevan a que más de una cuarta parte de nuestros infantes tengan unas rentas inferiores al umbral de la pobreza. Los estudios demuestran que los episodios recurrentes de pobreza en la infancia repercuten en las posibilidades que tienen estos niños de permanecer en este estado cuando son mayores.

Sin embargo, a pesar de lo que acabo de nombrar no debemos hablar de pobreza infantil porque esto supone confundir términos y aplicar soluciones erróneas. Afirmo esto porque la pobreza no es infantil, sino de las familias en las que estos niños viven. La cifra de niños pobres es superior a la de los adultos por una cuestión matemática fácil de entender. Los niños que viven por debajo del umbral de la pobreza lo hacen, sobre todo, en familias numerosas y monoparentales. Esto supone que en el primer caso, siempre va a haber más niños que adultos y en el segundo, solamente con que hayan dos niños ya superan el número de adultos. Por ello, las familias pobres con mayor número de adultos que de niños son minoritarias, lo que hace que haya mayor porcentaje de niños pobres que de adultos.

Cuando se aborda este tema debemos hablar de pobreza familiar y no de pobreza infantil, porque las soluciones no deben pasar solamente por los niños sino por toda la familia. No son los niños quienes son pobres, sino sus padres y por tanto, su familia. Es en ella, donde debemos focalizar las medidas que intenten solucionar este problema. Porque si hacemos un comedor solamente para los niños ¿Qué sucede entonces con sus padres? Los infantes volverán a casa y seguirán en la misma situación de pobreza familiar. Van a ver que sus padres no pueden hacer nada y las ayudas vienen de fuera ¿Queremos reforzar las familias o romperlas y disgregar a sus miembros?

Además, las medidas de ayuda solamente al infante provienen, si no de la ignorancia con respecto a la pobreza familiar, con frecuencia de la desconfianza hacia el pobre. Seguimos culpando a los pobres de su situación y por ello desconfiamos de los padres. Parece que decimos que si son pobres es por su culpa y por ello pensamos que no utilizarán las ayudas para sus hijos sino para otros fines. Nos sentimos más tranquilos dando directamente a los niños para tener la seguridad de que llega donde nosotros queremos y no se lo quedan por el camino unos padres que parece que no van a ser responsables, porque si lo fuesen no estarían en esta situación de necesitar ayuda.

Si bien existen situaciones como las descritas con anterioridad, son una minoría. En la mayoría de los casos, los padres viven angustiados por no poder ofrecer una vida mejor a sus hijos. Por ello, debemos animar a cambiar la concepción, a hablar de pobreza familiar y no de pobreza infantil, a buscar medidas que ayuden a la totalidad de la familia y que gestionen los padres, y no a medidas en las que haya que separar a los padres de sus hijos y en las que sean estos los únicos beneficiados.

 
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Publicado por en abril 27, 2015 en pobreza

 

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Proverbios y crisis financiera

Seguimos instalados en una de las crisis financieras más importantes de los últimos dos siglos.

Muchos pensamos en los posibles caminos para salir de ella y construir una economía diferente. ¿Puede la sabiduría bíblica ayudarnos a comprender qué es lo que pasa y hacia donde tenemos que encaminar nuestros pasos?

El siguiente artículo que se titula “Proverbios y crisis financiera” y que escribí en 2009 para la revista Moralia Puede daros una idea de lo que este libro bíblico nos puede aportar para entender nuestra realidad actual y lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

Puedes leerlo o descargarlo en http://hdl.handle.net/10637/7129CIMG8329

 

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Infancia en peligro

Artículo publicado en la revista Punto.CEU nº 30 de Enero de 2015, en su página 59

infancia en peligro

Todos los informes que estamos conociendo acerca de la situación de la pobreza infantil en nuestro país coinciden: más de uno de cada cuatro niños está viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Estos niños se concentran en familias numerosas y en familias monoparentales y es una realidad que ya se daba (aunque con menor intensidad) antes de la crisis.

Como demuestran todos los estudios, episodios recurrentes de pobreza en la infancia hacen que quienes los sufren tengan menos instrumentos para afrontar los desafíos a los que se enfrentarán cuando sean adultos y más posibilidades de permanecer en la pobreza. Esto es debido esencialmente a la desesperanza y fatalidad de unos progenitores que, a pesar de buscar empleo digno, no lo consiguen y a los problemas de socialización que tienen estos niños derivados de que todas las actividades extraescolares o asociativas precisan de desembolso económico.

Las políticas de ayuda alimentaria y de emergencia para la infancia no están bien enfocadas ya que separan al niño necesitado del resto de los niños (y en ocasiones de los padres cuando solamente reciben ellos la ayuda y no toda la familia) y pueden producir guetos de niños pobres lo que ahonda en el problema expuesto, más que solucionarlo.

Por ello creo que las ayudas deberían darse a la familia (y no solo a los niños), deberían facilitar el pago de las cuotas de las actividades culturales, deportivas o extraescolares (o realizarlas de una manera gratuita) y buscar la promoción de la unidad familiar. Esto debe ser un compromiso de la sociedad en su conjunto, por lo que debe traducirse en una acción pública y coordinada y que nos permita alejarnos del furgón de cola de la Unión Europea en cuanto a ayudas a la familia y a la infancia y mejorar, de una manera real, la situación de tantos niños que están creciendo en unas condiciones de pobreza que están condicionando su futuro, y el nuestro.

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Conferencia presentación capítulo del informe FOESSA “España en el entorno internacional”

Aquí tenéis el vídeo de la presentación que se realizó en el Salón de Actos de la antigua Universidad en Valencia el pasado noviembre en el que presenté el capítulo “España en el entorno internacional” del VII Informe FOESSA, en el que participé como autor. En un breve espacio de tiempo podéis conocer un resumen del capítulo.

http://mediauni.uv.es/4487va

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Exclusión y desarrollo social en la Comunitat Valenciana. VII Informe FOESSA

La próxima semana se presenta el VII Informe FOESSA durante tres días en Valencia (18, 19 y 20 de Noviembre) por la tarde. El martes participo yo a las 19:30 hablando sobre el capítulo 8 del Informe: “España en el entorno internacional”.

Estáis todos invitados a este seminario que se realizará en el “Centre cultural La Nau de la Universitat de València” que está en la Calle Universitat 2, frente a la Iglesia del Patriarca.

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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VII Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España

La semana pasada se presentó en Madrid el VII Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España del que soy uno de los autores.

VII informe FOESSAOs proporciono una guía para que podáis conocer sus principales contenidos y todo el trabajo que hemos realizado durante estos últimos años.

Por un lado tenéis la página general del mismo: http://www.foessa2014.es/informe/ En ella encontraréis toda la información.

Pero si queréis dar una mirada a sus principales conclusiones, tenéis un resumen de unas pocas páginas que os da las principales líneas de este informe: http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/24102014184629_5505.pdf

Si os gusta más lo audovisual, tenéis dos posibilidades. O los vídeos resumen de cada uno de los capítulos: http://www.foessa2014.es/informe/videos.php

O diez gráficas interactivas para poder comprender mejor las principales ideas del informe: http://www.foessa2014.es/informe/datos.php

Por último, para aquellos que queráis profundizar más os podéis descargar el informe completo en: http://www.foessa2014.es/informe/detalle_inicio_descripcion.php?id_inicio=4#

O bien si necesitáis profundizar en alguno de los asuntos que en él se contemplan, tenéis un gran número de documentos de trabajo que os pueden servir para profundizar en cualquiera de los temas que tenéis en el informe: http://www.foessa2014.es/informe/documentos_trabajo.php

Y si todavía os queda alguna duda, pues ya sabéis preguntadme.

 

 
 

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Los cambios en la política monetaria

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1565, Noviembre 2014, pág: 13-14

Los cambios en la política monetaria_Página_1Los cambios en la política monetaria_Página_2

En los primeros jueves de septiembre y octubre, Mario Draghi comunicó nuevas medidas de política monetaria para los últimos meses de 2014 que se prolongarán durante dos años. Estas medidas intentan luchar contra un peligro que se cierne sobre la eurozona: la bajada generalizada de precios o deflación. Para ello se han articulado dos sistemas de compra masiva de activos financieros privados que pretenden inyectar dinero en la economía que se destine, finalmente, a la inversión privada, de modo que se reactive la demanda, se genere crecimiento económico y se evite que los precios bajen.

Para un no lego en la materia puede parecer paradójico que después de escuchar durante años y años que hay que luchar contra la inflación, esto es, contra la subida generalizada de precios, ahora que no suben y que probablemente bajen, se vea esto como un problema. Ante ello y, antes de entrar en otros aspectos del fenómeno, hay que comentar que está constatado que una inflación moderada (menor de dos dígitos) no crea grandes problemas económicos. Sin embargo, una deflación puede ahondar en la parálisis económica que la genera y traer consecuencias negativas sobre el crecimiento económico.

El motivo principal es que una bajada generalizada de precios provoca que se pospongan todas las compras no necesarias ya que las personas piensan que si van a bajar los precios, mejor esperar a comprar algo a que estén más bajos. Esto hace que la demanda disminuya, que se compre menos y que, por tanto, no solo haya menos crecimiento, sino que los oferentes se vean obligados a bajar más los precios para poder vender. Se crea así una espiral deflacionista difícil de parar (lo que también sucede al contrario cuando las cifras de inflación son superiores a dos cifras).

El Banco Central Europeo (BCE) se ha fijado en sus estatutos un límite máximo de inflación de un 2%. Se trata de un límite restrictivo que no tienen otros Bancos Centrales y que pretende defender la fortaleza del euro beneficiando a aquellos que tienen sus ahorros en esta moneda y que invierten en ella (ya que una inflación tan baja les permite que sus ahorros no pierdan capacidad adquisitiva). Sin embargo, esta política tan restrictiva en momentos de recesión como los actuales ha provocado algunos problemas económicos que ahora estamos pagando, ya que el miedo a la inflación elevada ha provocado que no se hayan realizado políticas como las que ahora se proponen con antelación.

A pesar del ejemplo de EE.UU. donde se llevan aplicando esta clase de políticas desde hace tiempo sin que se dispare la inflación (en contra de las previsiones de los contrarios a las mismas) el BCE no ha querido extender el dinero en circulación para tener controlada la inflación por debajo de un 2%. Esto ha provocado, entre otras cosas, que la falta de demanda comprometa la recuperación (llevamos siete años de crisis y no parece que vayamos a salir en breve de la situación) y que aquellos que tengan deudas no vean el valor de las mismas reducido (lo que habría sucedido si la inflación hubiese sido más alta).

Podríamos pensar que más vale tarde que nunca. Aplicar unas políticas expansivas que permitan sacar más dinero a circulación para poder generar algo de demanda que impulse el crecimiento y que incremente la inflación, es en este sentido bienvenido. Pero, parece que llegamos un poco tarde y que sus efectos no serán los deseados por tres motivos. En primer lugar los bonos que se adquieren son privados (es decir, se financia a empresas privadas) y falta que estas vean como conveniente trasladar estos fondos a financiación de empresas o de la economía, ya que se corre el peligro de que se utilicen simplemente para refinanciar lo que ya se debe y que esta financiación barata no salga del sector financiero. En segundo lugar, al encontrarnos en un panorama deflacionista, no se puede esperar que estas medidas provoquen una inflación que permita a los deudores reducir sus deudas vía la pérdida del poder adquisitivo de la moneda. El tercer motivo es que la cuantía de las compras parece insuficiente para provocar los efectos deseados. El hecho de que en el mismo BCE haya partidarios y detractores de estas políticas ha llevado a Mario Draghi a aplicarlas en una cuantía intermedia que intenta contentar a todos pero que puede resultar insuficiente.

Por otro lado, podemos plantearnos si esta financiación no tendría mejores resultados si se orientase hacia el sector público. Es decir, si en lugar de prestar a los intermediarios financieros para que estos puedan realizar su función de generar beneficios con mayor facilidad, se financiase al sector público directamente, permitiendo que este pudiese reducir sus pagos de intereses y su déficit y deuda pública. Desde el punto de vista del bien común, parece que esta medida podría ser más beneficiosa para la sociedad en su conjunto que la simple financiación privada.

Por todos estos motivos, no cabe esperar unas consecuencias espectaculares de las medidas de política monetaria, en especial para aquellos que tienen más problemas económicos y para los sectores más empobrecidos por la crisis. Las medidas pueden evitar la deflación (lo que ya es un logro por sí mismo y que además es el objetivo que tienen) pero opino que no tendrán muchas más consecuencias positivas. Llegan tarde (lo que no tendría por qué ser un problema), son insuficientes y además, están mal encaminadas apoyando solamente al sector privado y olvidando a un sector público al que la crisis financiera ha maltratado enormemente.

Necesitamos una política monetaria más imaginativa, más agresiva, más audaz que sea capaz de salirse de los cauces más ortodoxos y que ayude realmente a escapar de la recesión en el que estamos y no para ahondar en ella. Como decía un protagonista de una novela de Emilio Salgari “a grandes males, grandes remedios”. Los grandes males no pueden solucionarse ni haciendo lo de siempre ni con remedios tímidos. Hay que saber afrontar las situaciones graves con políticas que estén a su nivel.

 
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Publicado por en octubre 28, 2014 en ahorro y finanzas

 

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Los salarios bajan, la demanda se debilita

Artículo publicado en la Revista Noticias Obreras, nº 1563, Septiembre 2014, páginas 13 y 14

Septiembre 2014 Los salarios bajan 1Septiembre 2014 Los salarios bajan 2

El pasado Junio, nuestro ministro de economía Luis de Guindos le quitó importancia al hecho de que los salarios estuvieran bajando (y perdiendo su capacidad adquisitiva) de cara a la recuperación de la demanda en nuestro país y por tanto, de la recuperación económica. Su argumentación ha sido repetida con frecuencia y se basa en dos puntos clave: que una rebaja de salarios es buena porque mejora la competitividad de nuestros productos en el exterior y que la recuperación económica no tiene por qué provenir de un incremento de la demanda interna, sino del impulso de la oferta, es decir, de la mejora de la confianza de las empresas que les lleve a invertir y a generar más empleo.

Pues bien, voy a analizar estos dos argumentos para aportar un poco de luz en el debate y poner las cosas en su sitio. En primer lugar, hay que decir que el argumento de que una bajada de salarios incrementa la competitividad, puede ser cierto si esta bajada de salarios se traduce en una reducción de los precios del producto y el resto de variables se mantienen constante. Dicho de otra manera, la competitividad se incrementará si conseguimos vender más barato el mismo producto.

Siendo esto cierto, también lo es que la bajada de salarios no es la única manera de lograr incrementar la competitividad. También se puede conseguir reduciendo el margen de beneficios empresariales. Claro que esta opción suele ser tabú… En la medida que la prioridad son, precisamente, las ganancias de los accionistas de una empresa, rebajar éstas para reducir los precios suele ser algo que, sencillamente, escandaliza y no se contempla. Pero existen otros sistemas para reducir los precios de los bienes, como son todos aquellos que derivan de incrementar la productividad. Si los mismos trabajadores consiguen producir más en el mismo tiempo, el coste de producción también se reduce y con ello se logra un margen para la reducción de precios. El camino del incremento de la productividad parece, desde el punto de vista de la mejora de la sociedad, una senda más aconsejable por las repercusiones económicas que tiene a largo plazo que la simple bajada de salarios.

Además de estas propuestas, el incremento de competitividad por la reducción de salarios viene forzado, con frecuencia, por un entorno internacional en el que existen países en los que los salarios son exageradamente bajos. Nosotros exigimos a estos países que produzcan los bienes que nos venden cumpliendo una serie de requisitos técnicos. Si los productos no cumplen estos requisitos, no se pueden vender en nuestro país. Sin embargo, no les exigimos ninguna clase de condición social en la producción, las exigencias sociales se consideran trabas al comercio internacional mientras que las exigencias técnicas no lo son porque protegen a los compradores de bienes defectuosos o que no cumplan bien su cometido.

Vuelve a darse aquí una cuestión de prioridades. La nuestra son los ciudadanos de nuestro país, por eso exigimos requisitos técnicos para que no se electrocuten utilizando un secador del pelo (por ejemplo) pero nos dan igual las condiciones sociales de quienes producen ese secador porque lo que queremos es que nos lo vendan lo más barato posible (para así poder comprar más cosas con el mismo salario). Los trabajadores de los otros países no nos importan, lo que queremos es máxima calidad a mínimo precio.

Es evidente que esta cuestión se resolvería exigiendo unos mínimos sociales y salariales para las empresas productoras de igual modo que se exigen mínimos técnicos para producir un determinado bien. Esto se podría hacer tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Si se pusiese en práctica esta manera de afrontar el mercado, la bajada de salarios no sería necesaria para una mejora de la competitividad y las políticas de producto deberían centrarse en otros aspectos.

Por último, también podríamos mejorar nuestra competitividad generando inflación y logrando que nuestra moneda se depreciase. Si bien este sistema no es sostenible a largo plazo y si no se controla cuidadosamente puede generar problemas económicos grave, aplicado de una manera razonable y temporal puede traer buenos resultados. Nuestra pertenencia al euro y una política monetaria basada en baja inflación y en el mantenimiento del valor de la moneda para no perjudicar al sector financiero que trabaja con ella, hacen que esta clase de políticas no se contemplen en la actualidad.

Por otro lado tenemos la argumentación sobre quien va a ser quien genere empleo y recuperación económica. La idea de que produciendo más y mejor, va a llevar a que haya personas que compren esta producción y que, por lo tanto, hay que insistir en la oferta y no en la demanda, ha sido demostrada como falsa por los hechos y por los teóricos. Es necesaria una demanda que compre lo que se produce. La recuperación no puede venir solamente por el incremento de la producción si esta no la compra alguien. Para ello necesitamos, o bien que haya otros países que compran esos bienes que producimos y que por tanto permitan esa mejora económica, o bien que la mejora de la confianza se traduzca no solo en mayor producción sino también en un nivel más elevado de compras por parte de los nacionales, o bien que el incremento de la producción se traduzca en un aumento de los salarios y de las rentas de las personas para que estas puedan también comprar lo que se produce.

Parece evidente que, si los salarios no aumentan y las rentas de la clase media se reducen, los dos últimos supuestos no se darán con demasiada facilidad, lo que nos puede llevar a que tengamos que confiar solamente en la demanda exterior para afianzar nuestra recuperación. La demanda debe ser tenida en cuenta en cualquier circunstancia económica al mismo nivel que la oferta ya que la economía consiste precisamente en esto, el intercambio precisa de productor y comprador, de oferta y demanda. Si una de las dos falla, no se realiza el intercambio… Pensar que una economía nacional puede funcionar de una manera boyante con una demanda débil y con una mayoría de personas con bajos salarios, no parece que sea realista…

 

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Mesa Redonda sobre Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana

El miércoles 1 de Octubre de 2014 se llevó a cabo una mesa redonda titulada “Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana” en el aula magna de la Nau. Participamos en ella Francisco Goerlich, catedrático del departamento de Análisis Económico de la Universitat de València, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Vicent Andrés, responsable del programa de Análisis Social de Cáritas-Valencia, Fernando Contreras, presidente de la Coordinadora Valenciana de ONGDs y director de Oxfam-Intermon (Valencia) y yo mismo, Enrique Lluch, profesor de Economía y Empresa de la Universidad CEU y director del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valencia.

Si quieres verla ha sido gravada y puedes seguirla en su totalidad en:

(La mayoría está en castellano aunque hay algunas cortas intervenciones en valenciano)

http://nauxxi.uv.es/?p=4330

stop a la pobreza
 

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Crisis y Derechos Sociales Análisis y Perspectivas Comunitat Valenciana 2014

Desde el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunitat Valenciana de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas de la Comunidad Valenciana y la Fundación FOESSA hemos publicado el primer estudio de lo que pretende ser una serie anual que trate los datos coyunturales sobre pobreza, desigualdades y privación en la Comunitat Valenciana. (puedes consultarlo aquí)

Portada del informeEn el informe hay una primera parte de análisis de la realidad coyuntural de la Comunitat Valenciana en cuanto a la renta per cápita, el mercado de trabajo y la pobreza, desigualdades y privación. Una segunda que adelanta los resultados del informe FOESSA que se presenta a finales de Octubre de 2014 y por último, hay cinco artículos de encargo que profundizan sobre diversos temas de actualidad como son los presupuestos de la Generalitat en materia social durante los últimos años, el tema de los deshaucios y las soluciones que se han ido aplicando, la ayuda alimenticia como asistencia pura y dura en contraposición a un enfoque de derechos, la prevención y la intervención social en los niños más desfavorecidos y la economía social como alternativa al modelo económico actual.

Si queréis un resumen más detallado del informe podéis encontrarlo aquí: http://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-23-por-ciento-de-los-valencianos-vive-en-hogares-con-una-renta-inferior-al-umbral-de-la-pobreza-segun-el-estudio-de-la-ceu-uch-caritas-y-foessa/

 

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Tertulia en el programa El Faro de TV Mediterráneo

El martes 30 de Septiembre de 2014 participé en una tertulia de un programa que se denomina “El Faro” de TV Mediterráneo (cadena de televisión de ámbito autonómico de la Comunidad Valenciana) hablando de un informe sobre pobreza en la Comunidad Valenciana que acabamos de publicar. Mi participación se circunscribe a la primera media hora de programa.

Os recomiendo que lo veáis (los que no sois valencianos no os asustéis porque comience en valenciano, solamente se hace en esta lengua la presentación, el resto es en español). Sobre todo porque en él se ve claramente las reacciones que se dan en la sociedad cuando se habla de este tema (no en todos los tertulianos claro está).

En un primer momento todos están de acuerdo con la gravedad del problema.

Después comienzan a buscarse peros para quitarle hierro, que si las familias compensan, que si las maneras de medirlo no son demasiado exactas, que si ya ese están haciendo muchas cosas para remediarlo, etc.

Al final se busca algo para desviar la atención y dejar a un lado este tema que parece no interesa, en este caso fueron las multas por mal aparcamiento del ayuntamiento de Valencia.

No dejéis de verlo, es muy educativo.

El enlace es el siguiente: http://webtv.tvmediterraneo.es/video/?videoId=e-547

programa el Faro

 

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Cómo avanzar hacia una economía social de mercado

Artículo publicado en la revista Razón y Fe, Nº1389-90, Julio-Agosto 2013, pág: 59-69.

Este artículo ofrece un puñado de propuestas de cara a la consecución en España de lo que se conoce como economía social de mercado. Aporta una serie de recomendaciones gracias a las cuales pueda regenerarse y hacerse más justo, más humano, más social y más  igualitario el capitalismo que nos gobierna.

dibujo de portada

 

Si queréis leerlo completo podéis descargarlo en el siguiente enlace:

http://www.razonyfe.org/images/stories/julioagosto2014/E_%20Lluch_RyF_1389-1390_julio-agosto_2014.pdf

 

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¿Hemos superado la crisis?

Artículo publicado en el boletín nº 26 de primavera de 2014 de la  “Asociación Resurgir” de Huelva en su página 7

hemos superado la crisis, huelvaCrónica del encuentro de profesionales cristianos en Huelva

crónica de encuentro de Huelva

¿Hemos superado la crisis? Esta es una pregunta recurrente ante la que parece que no hay una única respuesta. Ante los mensajes optimistas del gobierno, que siempre (sea cual sea el color del que manda) va a intentar mostrar la cara más amable de su gestión, existe una población que mira a su alrededor y no ve grandes signos que justifiquen el optimismo desbordado que emana de unos políticos inmersos en una campaña electoral. La oposición, por su parte, se debate entre decir que no es oro todo lo que reluce (y pagar caro su pesimismo ante una población ávida de buenas noticias) y sumarse al carro de la recuperación para explicar que ellos podrán gestionarla bien. Ante esta realidad, quiero ofrecer un análisis sosegado y prudente sobre lo que está pasando en la economía para intentar responder a la pregunta que encabeza este artículo.

En primer lugar hay que señalar que en toda crisis (ya sea esta personal, económica, social o política) hay un momento en el que se toca fondo, en el que ya no se puede ir a peor. En la actual situación parece que hemos llegado a ese punto, que estamos en el punto inferior de la crisis. Si en lugar de estar en lo más hondo, siguiese incrementándose el paro, continuase reduciéndose el Producto Interior Bruto y creciendo la pobreza y las desigualdades durante mucho tiempo, nuestro panorama sería realmente muy desalentador. Pero todos los indicadores nos hacen pensar que esto ya no va a pasar, que realmente estamos en un punto en el que no vamos a ir a peor, y esto parece una buena noticia.

Realmente, después de siete años de un desempleo creciente y con unos niveles de crecimiento económico ridículos, parecía que era la hora de llegar a este punto. Si observamos al anterior gran crisis que tuvimos en nuestro país (la de los años setenta) esta fue la cantidad de años que necesitó la economía para comenzar a crear empleo mientras que los años de muy bajo crecimiento o decrecimiento fueron solo cuatro. Sería pues deseable que, si se confirma lo que todos los indicios parecen mostrarnos, estemos en la base del comienzo del despegue hacia una etapa de mejora económica.

Sin embargo, los datos macroeconómicos siguen sin ser demasiado buenos. Estamos en un panorama de bajadas de precios que no ayuda a la recuperación (si los precios bajan se aplazan las compras no necesarias, se compra menos y la economía no avanza), la deuda pública es más alta que nunca, el déficit estatal sigue siendo algo, el crecimiento económico se recupera pero sigue siendo muy bajo y se sigue destruyendo empleo a pesar de las cifras de paro registrado del mes de abril (que reflejan el crecimiento de la semana santa como las de diciembre reflejaron el de las vacaciones navideñas).

Sin embargo, estas malas cifras no han sido óbice para que hayamos recuperado la confianza de los prestamistas/inversores internacionales. Esto, además, es un motivo de alegría para algunos y una prueba del éxito de las políticas gubernamentales. Y digo esto, porque desde el principio, el principal objetivo de todas las políticas económicas del gobierno español (comandado por la Unión Europea) ha sido este, que los prestamistas/inversores internacionales no perdiesen y volviesen a invertir en nuestro país. Es evidente que esto se ha logrado. Por un lado, muchas de las deudas que se tenían con ellos, ahora se tienen con el Estado. Este pagó a los prestamistas/inversores con el dinero público y ahora es él a quien se le debe el dinero. Por otro, los precios han bajado tanto en España que los prestamistas/inversores extranjeros vuelven a ver atractivo comprar o financiar en España a precios de ganga para vender en un futuro no muy lejano logrando (eso esperan al menos) pingües beneficios.

Además, los prestamistas/inversores internacionales han disipado sus dudas iniciales. Cuando comenzó la crisis tenían una gran desconfianza en nuestro país y en el resto de la Unión Europea, pensaban que se podían tomar decisiones para solventar al crisis que fuesen en contra de sus intereses y que les hiciesen perder dinero. Ahora ya saben que esto no ha sido así, que de los posibles caminos que se podían tomar para superar la mala situación, se tomó aquel que menos problemas les suponía y con el que iban a minimizar las pérdidas. No solo eso, sino que han conseguido garantizar que esto va a seguir siendo así durante los próximos años lo que les permite volver a financiar con seguridad y garantías.

Los cambios que ha propiciado esta crisis y sobre los que se ha asentado la incipiente recuperación, han ido encaminados a que los inversores-prestamistas sigan teniendo un entorno favorable para materializar en beneficios sus negocios financieros con el mínimo riesgo. Cabe preguntarse, con toda legitimidad, si este era el camino más adecuado, si la refundación del capitalismo de la que habló Nicolás Sarkozy cuando comenzó esta crisis es esto: un mundo más fácil para aquellos que se dedican a las finanzas.

Y también cabe preguntarse por aquellos que están asumiendo los costes de esta situación desastrosa. Sabiendo que los niveles de empleo previos a la crisis de los años setenta tardaron veinte años en volverse a alcanzar ¿Podemos esperar un ritmo rápido de recuperación en nuestro país? Y si avanzamos pero muy poco a poco ¿Qué va a pasar con todos aquellos que siguen en una situación crítica? ¿No siguen ellos estando en crisis y hundiéndose a pesar de la situación general?

 

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Desafío total: la desigualdad

Artículo de Eduardo Esteve, publicado en el periódico Las Provincias el pasado domingo 1 de Junio, en su página 45

desafío a la desigualdad de Eduardo Esteve

 

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«La tasa de pobreza llama la atención, pero es más grave la desigualdad»

Entrevista a Jesús Pérez Mayo Profesor de Económicas e investigador del Informe FOESSA, realizada por el Periódico Extremadura el día 6 de Abril de 2014

entrevista jesús 1-1entrevista jesús 2

El profesor Pérez Mayo

alerta del aumento de las

desigualdades y lamenta

que el ministro de

Hacienda haya puesto

en duda los datos sobre

pobreza de Cáritas

BADAJOZ. Jesús Pérez Mayo es profesor

en la Facultad de Económicas

de la UEx en Badajoz, pero su concepción

de la economía no coincide con

las corrientes mayoritarias. Desde

que terminó la carrera ha centrado

sus esfuerzo en el análisis de la pobreza

y las desigualdades, un empeño

que terminó convirtiéndolo en

uno de los investigadores que colaboran

con Cáritas cuando se publican

informes sobre pobreza y cohesión

social como el que se ha hecho

público estos días. «En la situación

en la que estamos, lo que no podemos

hacer es dejar desamparada a la

gente», advierte.

El informe de Cáritas indica que

12 millones de españoles están afectados

por procesos de exclusión social.

¿Tan mal están las cosas?

Lo que la gente ve es que Cáritas, el

Banco de Alimentos o Cruz Roja dan

comida, pero lo que nunca sale son

las necesidades de la gente. Y no es

que en España la gente pase hambre,

pero a lo mejor hay gente que tiene

un trabajo de 700 euros y va a Cáritas

a pedir comida porque paga 600

euros de hipoteca. Esa es una realidad

que se está viviendo también en

Extremadura, donde una parte de las

familias está dentro de ese 34% de

pobreza del que se habla en nuestra

región. A lo mejor son la familia que

vive en el tercero o en el quinto y que

son como nosotros, no son esa gente

que vive en un vagón de ferrocarril

abandonado, pasando hambre,

sino familias donde trabajaban el padre

y la madre pero se han quedado

en paro y con los 486 euros no llegan

a fin de mes.

El ministro de Hacienda, Cristóbal

Montoro, decía estos días que

esas cifras no son reales.

Hace unos años no había datos oficiales

sobre pobreza y Cáritas tenía

que generar esos datos. Ahora sí los

hay. De hecho, los datos publicados

por Cáritas Española sobre Precariedad

y Cohesión Social de este año, al

igual que el informe de Cáritas Europa,

usan como fuente Eurostat (la

Oficina Estadística de la Unión Europea)

y el Instituto Nacional de Estadística,

que depende del Ministerio

de Economía. Otra cosa es que los

datos no nos gusten. A mí tampoco

me gusta que Extremadura tenga un

34% de pobreza, ojalá tuviéramos las

tasas de País Vasco y Navarra, que son

las que mejor están. Una sociedad

madura y responsable tiene que usar

los indicadores, y lo mismo que usamos

la tasa de paro o el crecimiento

del PIB para ver si una economía funciona

o no, tendremos que ver los indicadores

de pobreza y desigualdad

para saber si una sociedad funciona

o no. Yo creo que una tasa de pobreza

del 34% nos dice que algo estamos

haciendo mal.

El informe FOESSA de Cáritas revela

que España es el segundo país

con mayor tasa de pobreza infantil,

solo por detrás de Rumanía. Montoro

tampoco se lo cree.

Yo en mi casa tampoco veo pobreza

infantil, pero que yo no la vea en

mi casa, donde trabajamos mi mujer

y yo, no quiere decir que no exista en

Badajoz, que no exista en Extremadura

y que no exista en España. Seestá notando en sitios como la universidad,

donde los alumnos, por el

efecto de las tasas y por el efecto de

las becas, se están matriculando de

menos créditos que antes, y donde

algunos que antes estudiaban fuera

de Extremadura ahora se quedan aquí.

¿Quiere decir que son pobres? No,

pero sí que están pasando dificultades,

y eso no podemos negarlo.

Decir que el 34% de los extremeños

están bajo es umbral de la pobreza

es muy duro.

En España ese porcentaje estaba en

el 21,6% durante el último año, mientras

que en Extremadura la tasa de

pobreza oficial, la recogida por el INE,

es del 34,15%. Ese dato no habla de

las personas que viven en una situación

de exclusión social, no habla de

personas que están teniendo que ir

a un comedor social a comer, ahí se

incluye a muchas familias y personas

que pasan dificultades económicas

en el día a día. En la pobreza hay

escalas y en ese 34% habrá personas

que tengan que ir a un comedor social,

otras para las que el problema es

que no pueden pagar la luz y otras

que a lo mejor no tienen problemas

para pagar nada, pero si se les estropea

la lavadora tienen que pedir un

crédito. No quiere decir que estén pasando

hambre, porque incluso puede

que tengan trabajo, pero sí que están

pasando dificultades.

¿Una persona con trabajo puede

vivir bajo el umbral de pobreza?

La gente ahora pelea por un salario

de 600 euros. Yo recuerdo la época

en la que ser mileurista era malo. No

creo que el salario medio de los trabajos

que se están creando sea superiores

a mil euros.

Datos alarmantes

De todos los datos del informe,

¿cuál alarma más?

La cifra de pobreza es la que más llama

la atención porque es un porcentaje

que permite escribir un titular,

pero el problema más grave es la desigualdad.

Que la desigualdad se mantenga

y en algunos casos aumente va

a hacer que la pobreza no disminuya.

La OCDE dice que está aumentando

y en otro estudio del Consejo

Económico y Social se ve que en el

período de crisis los más afectados

han sido los que peor estaban al inicio,

mientras que los que mejor estaban

en 2008 incluso han mejorado.

Yo entiendo que alguien diga que una

persona que ha trabajado mucho merece

recibir el rendimiento de lo que

ha hecho. Pero uno se pregunta si en

el caso de Goirigolzarri, consejero delegado

de Bankia, realmente lo que

trabaja produce como resultado lo

que gana. Yo ahí dudo, y no pienso

que sea un mal profesional. Tal vez

fuera necesario establecer unos máximos

y unos mínimos. Alguien que

sea más productivo debe ganar más

que el que no lo es, pero no puede ser

que uno gane 10.000 y el que trabaje

un poquito menos gane 100, porque

a lo mejor el que gane 100 tiene

la tentación de pincharle las ruedas

del coche al que gane 10.000.

Ante la pobreza hay dos maneras

de situarse: ayudar a quien lo está

pasando mal o poner toda la carne

en el asador para crear empleo y lograr

así que la gente se gane la vida

trabajando. ¿Qué funciona mejor?

Montoro dijo algo que en parte es

cierto, que para salir de la pobreza era

necesario el crecimiento económico

y el empleo. Eso es necesario, pero

no suficiente. El problema que tuvo

España durante la expansión económica

es que la economía creció mucho

pero no hubo redistribución. Aunque

no hubiera habido crisis, la pobreza

hubiera aumentado porque la

desigualdad aumentó.

¿Cómo se podría haber logrado una

mayor igualdad social?

Con una política fiscal mejor. Pero

las administraciones públicas no se

preocuparon porque la expansión inmobiliaria

trajo grandes ingresos a

las administraciones públicas. Es más,

dijeron que bajaban los impuestos

porque se estaba ingresando mucho.

En España no se acostumbra a hacer

evaluación de las consecuencias antes

de hacer una reforma fiscal. Pienso

en el famoso cheque bebé, de repente

el señor Rodríguez Zapatero

dijo que se iba a aprobar y cuando le

preguntaron al ministro Solbes las

condiciones de la medida no las sabía

nadie. ¡Parecía que se le había ocurrido

al presidente sobre la marcha!

¿Aquella medida fue positiva?

En el caso del cheque bebé se pudo

plantear que la ayuda fuese regresiva.

Se debió pensar si se le iba a dar a

todo el mundo o sólo a quien la necesitara.

Y también cómo se iba a saber

si alguien la necesitaba.

Ahora se habla en Extremadura de

Renta Básica en Extremadura. ¿Le

gusta la medida?

Prometer una cosa es sencillo, pero

llevarla a la práctica es complicado.

No sé si la renta básica es un ejemplo

de hacer políticas sin medir ni evaluar

previamente los efectos, pero

me pongo en el lugar de las personas

que han solicitado la renta básica y

que aún están esperando que les digan

si se la conceden o no, o que sin

estar en una situación boyante ni normal

han visto que se la denegaban.

Yo creo que la denegación genera bastante

frustración en esas personas.

¿Dónde está el problema?

No sé si el problema es que cuando

se propuso la Renta Básica no se tenía

claro cuál iba a ser la demanda y

las peticiones han desbordado las previsiones

o el problema ha sido que

no se explicó bien la medida y hubo

una demanda excesiva porque personas

que no cumplían los requisitos

pidieron esa renta sin saber que

no cumplían con las exigencias. Lo

que sí está claro es que tanto Extremadura

como España necesitan una

red de seguridad coordinada, no es

normal que en cada comunidad autónoma

cambien la cuantía y los requisitos

de estas rentas de inserción.

Renta básica y empleo

¿Se corre el riesgo de que los perceptores

de la Renta Básica pierdan

el interés por trabajar si reciben una

renta por no hacer nada?

Va a haber gente a la que si le dan

una renta sin trabajar va a preferir no

trabajar, pero esos son los menos. Esa

es la caricatura, lo mismo que desde

algunas comunidades autónomas se

dice que los extremeños y los andaluces

usamos el PER para tomarnos

cañas mientras ellos se parten el lomo.

Ya le gustaría a Extremadura que no

hubiera PER y que no hubiera fondos

europeos. Yo desearía que en Extremadura

el porcentaje de pobreza

no fuera un 34%, desearía que Extremadura

tuviera que dar dinero para

que otras comunidades autónomas

crecieran, porque eso significaría que

estamos bien. Pues eso que ocurre

con Extremadura es lo que sucede

con la inmensa mayoría de la gente

que recibe una prestación. En la situación

en la que estamos no podemos

dejar desamparada a la gente.

Su tesis coincide con lo que propuso

Cáritas hace unos días.

Cuando Francisco Lorenzo, el director

del servicio de estudios de Cáritas,

decía que se podría acabar con la

pobreza con el dinero que el Gobierno

se va a gastar en el rescate de las

autopistas no estaba pidiendo que no

se rescaten las autopistas y que se dedique

ese dinero a un fondo que reduzca

la pobreza extrema, sino que

puso un ejemplo para que la sociedad

entienda lo que supondría llevar

a cabo esa medida. Si se compara una

cifra con lo que el Estado se ha gastado

en el rescate de la banca, ya puedes

ver si es mucho o poco. Y cuando

hablo del Estado tenemos que entender

que no es un extraterrestre

que viene a la tierra, sino que somos

nosotros. De alguna manera, la sociedad

deberá decir qué le parece el

camino que llevamos y las políticas

que se toman.

¿Es posible una sociedad más justa

o se trata de una causa perdida?

Depende de lo que nosotros queramos.

Personalmente yo no voy a dejar

de luchar. Cuando empecé con la

tesis doctoral siempre decía en tono

de broma que conocía a todos los investigadores

sobre pobreza en España,

que entonces éramos seis. Pero

la crisis ha dado la razón a los pesados

que decíamos que detrás de la

fachada del todo va bien, si la cosa

se torcía un poco, habría mucha gente

que podría empezar a pasarlo mal.

Es lo que ha ocurrido.

«El umbral se sitúa en 7.182

euros para una persona sola»

:: E. F. V.

BADAJOZ

¿Quién está detrás del Informe

FOESSA?

La Fundación FOESSA (Fomento

de Estudios Sociales y Sociología

Aplicada) se constituyó en 1965 con

el impulso de Cáritas Española y ha

publicado varios informes desde entonces.

A mí me pidieron que participara

en el VI Informe y desde entonces

colaboro en esos estudios.

¿Qué es el Informe FOESSA?

Un informe que se realiza con una

periodicidad de tres o cuatro años

donde se analiza cómo ha evolucionado

la sociedad española. No

sólo es de condiciones de vida, también

habla de exclusión social, de

inmigración, de políticas públicas.

Y como todos los trabajos de Cáritas,

no se limita a contar, sino que

también quiere proponer.

¿Cuál es el sistema de cálculo de

la tasa de pobreza?

La pobreza, tal y como se mide en

la Unión Europea y en España, es

un concepto relativo. No se usa la

misma línea de pobreza en España

que en Portugal. Para calcularlo se

divide a la población de un país en

dos mitades ordenando sus rentas,

y se coge como referencia la renta

de la persona que está justo en el

medio. Pues bien, se considera que

las personas que no alcanzan el 60%

de ese valor central están por debajo

del umbral de la pobreza. Y ese

dato se aplica a todo el país, es el

mismo en Extremadura que en Cataluña,

por eso en Extremadura sale

una tasa alta de pobreza, porque la

renta extremeña es inferior.

¿A partir de qué renta se considera

que alguien está por debajo

del umbral de la pobreza?

En 2012 se ha fijado ese valor

en 7.182 euros, muy por debajo

de los 7.700 euros que se consideraban

en 2009. Esa cifra se corresponde

con una persona que

vive sola, porque el valor varía

en función de las circunstancias

personales. A los 7.182 euros se

les aplica una especie de índice

corrector (el índice de necesidad),

porque una familia con tres hijos

no gasta en los niños el triple

que una que tenga un solo hijo.

Por tanto, para calcular en una

familia de cinco miembros el umbral

de pobreza no se multiplican

los 7.182 euros por cinco, sino

que ese valor es inferior.

 
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Publicado por en mayo 13, 2014 en pobreza, Privación

 

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Conference in the Society for International Development. Final Summary

Summary Report Frechina_final_Página_1Summary Report Frechina_final_Página_2On 14 April 2014, SID NL welcomed Enrique Lluch Frechina, Professor of Economics and Economic Ethics at the University CEU Cardenal Herrera, to give a lecture about the diverse solutions citizens put into practise in times of crisis. He mainly addressed the current economic situation in Spain. The discussion was moderated by Sandra Rottenberg, Board Member of SID NL and Director of “De Globaliseringslezing”.

Introduction

Before beginning his lecture, Enrique Lluch Frechina was asked by Sandra Rottenberg about a comment he made earlier about statistics. According to Frechina, the criteria of national statistics are often changed by the government, so that poverty and inequality are masked. In 1988 the government finished with a research on poverty and inequality on mandatory demand of the European Union, yet Spain changed all the criteria in this survey. While working with this data Frechina experienced a lot of problems since it was so inconsistent. Therefore, Frechina accumulates his own statistics with the FOESSA foundation, to map social injustices and exclusion. According to the data he collected, the national available income per capita has decreased with almost 15 per cent. Youth unemployment has risen to around 55 per cent of the population. There are approximately 1.8 million families in Spain whereby no family member is employed. To give an indication of the future prospects, the last crisis in the 1970’s took Spain 20 years to recuperate from.
Individual Solutions
The number of people receiving government support has more than doubled in the period between 2007 and 2011. Depending on the autonomous community, families receive between 300 and 658 Euros of (public) support. Gas and water as well as public transport prices have gone up, while people have lower or even entirely lost their incomes. Families are often the main ‘institution’ to provide for the unemployed. Many people, often with ages above 30 are moving back in with their parents.
Older people who had good salaries their entire life are now receiving pensions that are proportionally bigger than most incomes. This distribution of wealth seems not only inefficient, since these retired people already have enough money, it is often perceived as unfair. The employed of this generation have to work more to make these pensions available in times of crisis. Many are not even building up pensions for themselves. The solutions that are put into practice by Spanish people are unsurprising; people acquire several temporal jobs, or keep their old job under worse conditions and lower wages. Furthermore, informal labour is on the rise and people stop buying luxury goods.
The migration to other countries, even overseas to Latin America is often mentioned as an individual solution to the crisis. However, there are no clear statistics since the government does not differentiate between natives or naturalised Spaniards. This is why, according to the statistics, Ecuador is the fourth biggest migration-destiny, (Ecuador can hardly be labelled a vibrant economy as it is one of the poorest countries in Latin-America). The (native) Spaniards who do migrate are often qualified and education, albeit they do not leave the country in large numbers as was the case in the 60s and 70s.
Contrary to our expectations, alternative economic strategies such as responsible local consumption, cultivation of own food, becoming self-sufficient, creating barter structures, time banks or social money, assembling in consumption groups, switching to bike transportation or buying goods on second hand markets are not yet very popular among Spanish people. Yet, a change in mentality is underway.

To conclude

Frechina is very critical about the strategies Spanish people pose as solutions, though there are some positive changes. A minority is finally recognising the problems of the poorest groups in society. Government policies that do not address the growing inequality are starting to receive more criticism. Moreover, a minority is using ethical banks and are starting to buy in a more conscious and responsible way. According to Frechina most importantly, Spanish people realise that living with less is not a big problem if you can meet your basic needs. To have more goods does not automatically imply that one has a greater welfare; therefore relational goods are gaining importance as a way to measure welfare. Needs and desires should be distinguished, goods that represent status should be reconsidered. Businesses should take more social responsibility and should care less about profits for shareholders.

Discussion

Sandra Rottenberg mentioned the Spanish immigrants from the 1960s and 1970s that came to the Netherlands and who were actually worse off than the Spaniards that stayed in their home country. Furthermore, because Spain is a rural society, people are more rooted in the village they live in. According to Rottenberg this is why the Spanish are not so willing to emigrate.
When asked about the general atmosphere, Frechina answered that in Spain most people do not show frustration. However, people have decided to stop reading newspapers, stop watching the news and they have lost interest in politics altogether. The bad news in the media leaves a negative impression of politics which results in despondency. The government appears to be positive because the economy is growing once more and the investors are returning. Yet, Spanish people are still left without jobs.
Does it appeal to Spanish people that they are part of the European Union? Spain receives the most European students, yet Frechina thinks this is because of the beach and the “fiestas”. But the actual European feeling is only vivid amongst educated people. The support people used to have for Europe has vanished. Frechina also informed that although education is free, since last year students do have to pay if they remain longer in school than necessary, which is disadvantageous to the poorest.
A question from the audience was if alternative economy approaches such as the “Vivir bien” ideology of indigenous populations in Ecuador and Bolivia serve as an inspiration to Spaniards. To a minor extent they do, yet the focus is very different. The “Vivir bien” economy comes from Marxist, indigenous and ecological currents. It is very mixed, they are especially thinking about the rights of the natural resources. A similarity between the “Vivir bien” and the Spanish approach is the rejection of the thought that “having more is our only goal”. Acknowledging economic growth as the main goal promotes selfish behaviour of the human being. This is contrary to the way we educate our children, since being selfish is usually taught to be a negative characteristic.
So why have Spanish people chosen individual strategies over social and political movements that might have a bigger chance of addressing the root of the problem? Of course there is the 15-May Movement –the Spanish equivalent of the Occupy Movement-, but it had little or no impact. There was no desire to form a political party. People are worried about personal problems and find it hard to see their problems generalised in legislation.

On a last note, Frechina once again stressed the need for people to be aware that “having more” is not a sustainable path to the future since it brings out the selfish part of humanity.

 

 

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Qué podemos aprender de una economía como la española

Vídeo que resume la conferencia que impartí en Amsterdam el pasado 14 de abril invitado por la Society of International Development y que se titulaba learning from a stagnating economy

 

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Pobreza y privación en España: el impacto de la Gran Recesión en las CCAA

Desde el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valenciana hemos publicado a través de Cáritas Española un estudio en el que se analiza la evolución de la pobreza y la privación en cada una de las Comunidades Autónomas de España (exceptuando la Comunidad Valenciana de la que ya hicimos un estudio más detallado hace dos años)

Páginas desdeInforme completo de todas las provinciasSi queréis acudir a él podéis hacerlo en el siguiente enlace: http://www.foessa.es/publicaciones_compra.aspx?Id=4568&Idioma=1&Diocesis=42

 

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No a una economía de la exclusión

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 2, Febrero 2014, pág: 12 y 13

no a una economía de la exclusión_Página_1no a una economía de la exclusión_Página_2

La Evangelii Gaudium de Francisco

El pasado 24 de Noviembre, Francisco, nuestro Obispo de Roma, publicaba una Exhortación Apostólica titulada Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En ella (como no podía ser de otro modo ya que los asuntos sociales son parte integrante de la evangelización) se tocaron temas económicos. Durante los próximos artículos de esta serie voy a repasar algunos de ellos. No va a ser un análisis exhaustivo de los contenidos del documento, sino tan solo un breve comentario de aquellos que por su contenido económico, entran dentro de la temática que suelo tratar en estos artículos. Creo que esto nos puede ayudar mejorar nuestras actitudes y poner nuestro granito de arena en el anuncio de esa buena noticia en la que creemos los cristianos.

Nos falta compasión

Los números 53 y 54 de la exhortación se titulan como este artículo: “No a una economía de la exclusión”. Francisco toca, a mi modo de ver, dos temas clave en la sociedad actual y en su manera de organizar los temas económicos. El primero es la falta de compasión de muchas personas y de la sociedad. Hemos olvidado esta gran virtud que es una de las principales fuentes de la caridad y el amor. Ser compasivo es tener capacidad de sufrir con el otro, lo que los psicólogos denominan empatía. Es decir, ser capaz de ponerte en la situación del otro, de pensar como él piensa, de sufrir como él sufre, de alegrarte como y cuando él se alegra… Una organización económica en la que lo principal es tener más, en la que lo que se potencia es que miremos a nuestro ombligo y nos olvidemos de los demás, embota nuestra capacidad para ser compasivos.

Por ello, cuando vemos a las personas que lo pasan mal, cuando nos encontramos ante los fenómenos del hambre y de la pobreza, permanecemos indiferentes, conseguimos que no nos afecte… Francisco lo denomina la “globalización de la indiferencia”. Lo vemos todo como si estuviésemos al otro lado de la pantalla, no nos sentimos hermanos de nuestro prójimo sino que pensamos que son “ellos” los que están mal, no “nosotros”. Parece que olvidamos que todos somos hijos del mismo Dios, que todos somos hermanos, que todos somos: nosotros…

Una economía que produce “deshechos”

Por ello, ante una economía que deja detrás a muchas personas, que no se interesa por los que menos tienen y los descarta convirtiéndolos en “Sobrantes”, en “deshechos” (como los denomina Francisco), no nos escandalizamos. Lo que nos preocupa es poder adquirir aquellas novedades que nos trae el mercado, saber que vamos a tener lo que deseamos y mantener el estatus en el que nos encontramos. Por ello apoyamos un sistema económico que, aunque no llega a todos por igual, nos mantiene en nuestra posición. Estamos convencidos la manera de organizarnos beneficia a todos y es un buen modo de luchar contra la pobreza porque genera crecimiento económico y, si hay más, podremos repartir más…

Y esta es la segunda idea clave que creo que quiere transmitirnos Francisco en estos dos apartados. No podemos seguir creyendo ciegamente en un sistema económico que no es compasivo, que genera unas basuras que no solo son contaminantes, sino que son humanas. Los “sobrantes” son personas que no cuentan, que no se benefician del común, que quedan a un lado. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico va a solucionar esto, en que cuando nos recuperemos de la crisis estas personas que ya no cuentan van a pasar a ser importantes, van a dejar de ser “deshechos”. El crecimiento por si mismo no va a acabar con esto…

Incluir la compasión en nuestro comportamiento económico

Por ello, el mensaje que a mi juicio nos envía Francisco es claro. Nos anima a ser más compasivos. La alegría del evangelio no se puede vivir sin compasión, sin ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Conseguirlo nos permite comprender a nuestro prójimo, asumir sus anhelos y convivir y compartir con él sus esperanzas e ilusiones. También supone conocerlo mejor, sufrir con el otro y estar con él cuando lo necesita. Pero para ello, precisamos de una organización económica que también sea compasiva, que vea el sufrimiento de quien peor está y se desviva por él, que no genere “sobrantes” ni deje a un lado a aquellos que no tienen suficiente.

Hay que buscar una sociedad inclusiva en la que todos puedan participar, en la que nadie quede descartado por tener poco. Una sociedad que sea sensible a esas realidades que quedan fuera. Por ello, Francisco nos anima a los cristianos a decir NO a esta economía de la exclusión, a esta economía egoísta que genera tanto sufrimiento en aquellos que se ven descartados de su riqueza y SÍ a una economía construida en clave compasiva, en clave de de amor, una economía que se centre en las necesidades de quienes peor están…

 
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Publicado por en febrero 17, 2014 en ética económica

 

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¿Y ahora qué? Apuntes económicos sobre sanidad pública.

Artículo publicado en el periódico Las Provincias, domingo 2 de Febrero de 2014, página 34

y ahora que sanidad publica

Las últimas noticias nos dicen que la comunidad de Madrid ha desistido en su plan privatizador de algunos hospitales públicos madrileños. La dimisión del consejero de sanidad y el nombramiento de otro nuevo, son una prueba palpable de esta decisión y de la voluntad de tomar un rumbo diferente para solucionar algunos aparentes problemas de la sanidad pública madrileña. Además, el hecho de ser la primera Comunidad Autónoma que había tomado este camino, hacía que otras estuviesen esperando para ver sus resultados por lo que esta situación tiene unas repercusiones de alcance nacional.

Supongo que la situación de los responsables políticos de la comunidad de Madrid deberá ser, al menos, de perplejidad. Cuando has tomado un camino firme a pesar de una fuerte oposición popular y aquello que has defendido durante tiempo se desmonta y tienes que retirar tu posición, debes encontrarte desorientado, sin rumbo, sin saber exactamente cuál qué hacer entonces. Si esto es así, escribo este artículo para dar unas ideas sobre qué hacer, qué rumbo tomar, qué sendas transitar. Unas ideas abiertas al debate público pero que pueden ayudar al nuevo responsable de esta Comunidad y a los de otras que estaban expectantes con lo que pasaba en Madrid, para orientar su acción pública en el campo de la sanidad.

La primera idea que me gustaría recordar es por qué es importante un sistema de salud en una sociedad, o dicho de otra manera, que esperamos del sistema sanitario la práctica totalidad de los ciudadanos. Pues bien, aunque parezca obvio, consideramos buenos a nuestros hospitales, a nuestros centros de salud, a nuestro sistema sanitario si atienden bien a sus pacientes, si consiguen curar satisfactoriamente las enfermedades, si son capaces de preverlas… Por lo tanto, el principal objetivo de un sistema sanitario es dar servicio a los ciudadanos. Un sistema será bueno, si cumple bien este objetivo, si ayuda realmente a las personas enfermas. Si se quiere mejorar la sanidad hay perseguir este objetivo primordial y la bondad o no del modelo deberá ser medido por estos parámetros. Cuando olvidamos esto, estamos haciendo un flaco servicio a la ciudadanía y a la función esencial que tiene todo sistema sanitario. Sé que lo que digo debería ser obvio, pero en ocasiones no lo parece…

En segundo lugar, hay que tener en cuenta los límites económicos. Para lograr el objetivo principal se necesitan unos recursos y estos no son infinitos. No podemos pensar que existe un pozo sin fondo del que podemos sacar recursos sin fin. Esto lleva a que la prioridad sanitaria debe combinarse con un uso racional de los recursos. Evitar el despilfarro, aplicar aquellas estrategias que pueden lograr la excelencia sanitaria con un gasto menor, evitar aquellos gastos que no repercuten en una mejora sanitaria, son objetivos secundarios que hay que aplicar para garantizar que los primeros pueden seguir dándose. De este modo, el ahorro puede convertirse en una manera de lograr mejorar las condiciones sanitarias y el servicio en salud que se ofrece. En la medida que se gasta menos para lograr lo mismo, se liberan recursos que pueden centrarse en lo importante, la atención sanitaria de las personas…

Algunos afirman que esto último lo hacen mejor las empresas privadas. Suponiendo que esto fuese así (que no siempre tiene porque serlo) lo que debe hacer el gobierno de turno es aplicar esas medidas o esas maneras de gestionar la salud en sus propios centros públicos. Si la centralización de compras, la reducción del número de menús, el control del material se han demostrado eficaces para lograr ahorros sin que estos repercutan en un peor servicio sanitario ¿Por qué no aplicarlos a la gestión pública? En este sentido, existen estudios rigurosos que aportan evidencias empíricas de medidas eficaces que han logrado ahorros en la gestión sin necesidad de perjudicar a los pacientes, sino todo lo contrario, ya que el dinero liberado se puede utilizar para aquellas acciones que tienen unas consecuencias directas sobre ellos.

Además de estas medidas, hay que tener en cuenta que el mayor activo de la sanidad pública son sus trabajadores, médicos, enfermeros, auxiliares y cualquier otro personal que trabaje con ellos codo con codo. El gobierno que dirige la sanidad pública debe ser capaz de liderar este conjunto de personas para que logren los objetivos sanitarios de una manera eficaz y poniendo todo su ser en ello. El personal sanitario es un personal muy vocacional y entregado a su trabajo porque saben que de ellos dependen la salud y la vida de las personas y porque les toca afrontar día a día, realidades críticas y difíciles como son las que se derivan de la enfermedad propia o de los seres queridos… Por ello, facilitar la motivación de este personal (ya de por si motivado por su propia vocación) y potenciar todo lo bueno que hacen y saben hacer es una labor de liderazgo y dirección que deben potenciar los responsables de la sanidad pública.

Por último, para lograr el objetivo prioritario de la sanidad, hay que potenciar la participación de todos en las estrategias y en las acciones a llevar a cabo. Los equipos directivos deben trabajar conjuntamente con su personal y con los afectados para elaborar sus estrategias y actuaciones. Si se quieren adoptar estrategias que logren mejorar el servicio sanitario e intentar que esto se haga utilizando menos recursos para poder llegar a más (o al menos a lo mismo) quienes están trabajando en el día a día sanitario tienen también algo que decir y que aportar. Deben, por ello, articularse sistemas de consulta, de diálogo, de participación. Es necesario que todos se sientan importantes e involucrados en esa preciosa labor de sanar a los enfermos tan necesaria para una sociedad. En este sentido, creo que también es importante la existencia y utilización real de los comités éticos, ya que muchas de las cuestiones a abordar tienen un componente ético importante. Dar la debida relevancia a estos comités ayuda a la hora de tomar decisiones que tienen unas implicaciones humanas vitales…

 

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Empresas sociales para lograr un objetivo público

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1555, enero 2014, pág: 13-14

empresas sociales para objetivo publico 1empresas sociales para objetivo publico 2

El pasado mes analicé la polémica que existe entre la consecución de objetivos públicos a través de empresas privadas o de empresas públicas. No lo hice de una manera exhaustiva sino que me centré en tres puntos: a) La comparación entre un tipo de gestión y el otro y el fracaso de los gestores públicos que privatizan. b) El debate sobre si la prioridad del sector público debe ser lograr reducir sus costes o dar unos servicios adecuados y de calidad. c) La idea de si lo mejor para una sociedad es que el dinero esté en los bolsillos de quien lo gana, por lo que siempre es mejor rebajar los impuestos, o si, por el contrario, la utilización pública de nuestros fondos es una opción válida.

Evidentemente, el análisis quedo falto de un remate, en especial para reflexionar sobre si el ofrecimiento de servicios públicos a través de empresas privadas es una política positiva para la sociedad o no. En este debate, algunos consideran que la empresa privada es un mal a extirpar, que esta clase de organización tiene una manera de comportarse que trae problemas a la sociedad en su conjunto y por ello, el sector público no debería dejar en sus manos la gestión de ninguno de los bienes o servicios públicos que gestiona.

Esta idea se basa en la existencia de empresas que solamente resultan positivas para aquellos que han invertido su dinero en ellas, mientras que sus trabajadores son considerados únicamente como un coste de producción que debe ser minimizado a toda costa. Para ellas la calidad del servicio debe de ser la mínima para poder seguir vendiendo el producto y generando beneficios, pero no hay una preocupación finalista por el producto y su calidad, sino que estos son solamente un medio para lograr otro fin.

Sin embargo no todas las empresas son así, la empresa privada no tiene por qué ser siempre algo que vaya en contra del bien común o de la mejora de la sociedad. Las empresas como organizaciones cumplen tres funciones esenciales en la sociedad que son las de producir bienes y servicios útiles, permitir que las personas unamos nuestros esfuerzos para aportar este grano de arena a la mejora de nuestro entorno y ser un medio para que nos ganemos la vida de una manera digna y podamos desarrollarnos como seres humanos creciendo en madurez y sabiduría.

Aquí está el punto clave en el que se encuentra la frontera entre la clase de gestión que preferimos a la hora de producir y ofrecer un servicio o bien público. Si una gestión solo está concentrada en la consecución de un determinado rendimiento para sus accionistas y no tiene una preocupación esencial por la calidad del servicio o por las condiciones laborales de su plantilla, no es deseable independientemente de que sea privada o pública. Si una gestión reinvierte su beneficios para la mejora social, tiene una gran preocupación por la calidad y por el bienestar de sus trabajadores, cumple criterios éticos y mejora la sociedad en la que trabaja, entonces parece evidente que desde una visión del bien común y de mejora de los servicios para los ciudadanos, podemos optar por ella independientemente de que sea pública o privada.

Si nosotros tuviésemos garantías de que las empresas privadas cumplen estos últimos requisitos pensaríamos que no está mal que estas empresas ofrezcan bienes y servicios públicos, porque lo pueden hacer tan bien como el sector público o más. Es por ello que cuando una organización como Cáritas o una fundación sin ánimo de lucro y con elevada vocación social es pagada por la administración para gestionar un servicio o la producción de un bien público, la población lo considera positivo en general. La vocación por el bien común de la asociación es vista como una garantía de que se van a cumplir los objetivos públicos de la acción.

Ahora bien, esta percepción puede ser tramposa. Si el pliego de condiciones que pone la administración para ofrecer el servicio está centrado en la reducción de costes, o en el cumplimiento de criterios exclusivamente economicistas, puede ser que la empresa o asociación que lo ofrece se vea obligada a renunciar a su filosofía de actuación para lograr cumplir las condiciones que se le exigen. De este modo, a pesar de encontrarnos ante asociaciones que, desde un punto de vista teórico, buscan precisamente la consecución de objetivos sociales, en la práctica se ven imposibilitados de hacerlo en condiciones debido a las exigencias de un sector público que solo busca ahorrar costes.

Por ello creo que la clave está, ya no tanto en si se trata de una organización pública o privada, sino en las condiciones de contratación del sector público. Si sus criterios se basan en que los contratistas cumplan unas condiciones éticas irrenunciables y se controla bien que realmente lo hagan así como la calidad del servicio que se ofrece, la diferencia entre público y privado deja de ser clara e importante, ya que en ambos casos, el proceso de producción y ofrecimiento del bien o servicio público cumple con los necesarios requisitos sociales. Si esto no es así, ciertamente, la producción a través de empresas privadas puede actuar en detrimento de la calidad del servicio público y del entorno social (como también lo haría la gestión pública si se realiza con criterios mercantilistas).

Esto puede servir de guía también para las asociaciones y empresas que realizan esta clase de servicios. Las empresas y asociaciones con alta responsabilidad social deben exigir a las administraciones que los pliegos de condiciones para la contratación y el control posterior de las mismas exijan estos criterios éticos a los contratistas, que estos sean un requisito imprescindible para cualquier contratación. Si no es así, si para lograr la financiación pública la asociación deben renunciar a sus criterios propios o tienen que empeorar el servicios porque se ven obligadas a entrar en una dinámica en la que solamente vale la racionalidad mercantil, creo sinceramente que deben plantearse muy seriamente si siguen realizando esa labor para la administración.

 

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Objetivos públicos-Gestión privada: ¿Lo más barato?

Artículo Publicado en Noticias Obreras nº 1554, Diciembre 2013, páginas: 12-13Objetivos públicos, gestión privada 1Objetivos públicos, gestión privada 2

En estos últimos años estamos asistiendo a la continuidad de una tendencia que ya había comenzado mucho antes de la crisis. Se trata de la sustitución de lo público por lo privado. Campos de actuación en los que lo público tiene una responsabilidad fijada o bien por nuestra constitución o bien por alguna de nuestras leyes, pasan a ser gestionadas de una manera privada. Esta es una cuestión muy debatida y controvertida. No pretendo dar aquí una respuesta cerrada a esta polémica, sino entre este y el siguiente artículo, aportar algunas claves de reflexión que puedan iluminar este tema.

En un primer lugar cabría pensar que este traspaso a lo privado supone reconocer un fracaso rotundo de los gestores de lo público que administran el servicio a privatizar. Cuando escucho a algún político decir que quiere privatizar un servicio porque así va a ser gestionado mejor y de una manera más económica, pienso inmediatamente en por qué no aplica esos criterios de gestión él a su empresa o servicio público en lugar de dejar que lo hagan otros. Si es porque no puede o no sabe ¿Acaso no es esto reconocer su inoperancia? Desde mi punto de vista habría que cambiar a este responsable por otro que supiese hacerlo, porque si una empresa privada puede aplicar otros criterios mejores para la gestión ¿Por qué no va a hacerlo la pública? Claro que si estos se basan en pagar bajos salarios, o en realizar contratos en malas condiciones, la afirmación inicial de que la empresa privada lo hace mejor, se cae por su propio peso…

De hecho, si estamos hablando de una empresa privada con ánimo de lucro, sus accionistas querrán sacar un determinado rendimiento, lo que hará que la administración tenga que pagar más de lo que le cuesta a la empresa producir el bien (la diferencia son los beneficios a los inversores) ¿No sería mejor contratar a estos gestores y que ese ahorro sirviese para más servicios en lugar de para remunerar a los accionistas de esta empresa?

El análisis anterior está soslayando una de las suposiciones que hay detrás de este posicionamiento y que es clave para dimensionar el debate. Nos referimos a lo que piensan quienes defienden la privatización. Es decir, que lo importante es que un servicio se ofrezca lo más barato posible y le salga al sector público lo más económico que pueda, ya que donde mejor está el dinero es en el bolsillo del contribuyente y no en las arcas públicas. Esto supone que cualquier ahorro que se pueda conseguir, va a ser bueno para la ciudadanía en general.

Vamos a revisar esta idea. Lo primero que deberíamos preguntarnos es si el interés público está en dar un servicio adecuado y de calidad para cumplir la función asignada a este o si, por el contrario, lo único que queremos es que sea barato. Si lo que pretendemos es lo primero, lograrlo puede ser incompatible con que sea muy barato. Es más, lo más económico sale, con mucha frecuencia, caro a la larga. Por ello, lo primero que nos debemos plantear es cual es el objetivo público ¿Un buen servicio o un servicio barato? Evidentemente, una vez alcanzada la calidad necesaria, la excelencia que el bien o servicio requiere, es bueno hacer esfuerzos para que esto se consiga con el menor coste posible y sin derroches o dispendios innecesarios. Pero este es un objetivo secundario, no el primario.

Si se piensa así, solamente deberían permitirse aquellos sistemas de ahorro que no deteriorasen el objetivo principal de ofrecer un servicio adecuado y de calidad. En este sentido, no es lo mismo ahorrar aplicando modelos de gestión que incrementen la productividad de los trabajadores y de la organización, motivando a los trabajadores para que realicen mejor y más a gusto sus labores, que conseguirlo a través de pagar peor a los empleados o utilizar bienes y servicios de peor calidad.

Esto nos lleva directamente a analizar la segunda cuestión, es decir, si el dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes que en las arcas públicas o no. Quienes defienden lo primero argumentan que quien gana el dinero debe tener la libertad de gastarlo en aquello que desee y que ese es el mejor destino que se le puede dar a sus ingresos. Aunque esta idea puede ser correcta en esencia, sabemos que no todos los usos del dinero son buenos para la vida en sociedad o para la mejora de los demás. Los comportamientos avariciosos, de búsqueda de la acumulación, en los que se sacraliza el afán de tener más, no tienen por qué ser positivos para el conjunto. De hecho, la mayoría de las veces, si no se limitan, destrozan el mercado y las condiciones de vida de aquellos que están en peores condiciones.

Además, para poder ganar dinero, necesitamos una sociedad que funcione correctamente, que tenga una organización adecuada de la que nos beneficiemos todos, que los más desfavorecidos puedan tener unos niveles de vida dignos para que puedan colaborar en la mejora común… Todo ello no se consigue a través de las acciones individuales y aisladas de cada uno, sino a través de las acciones comunes y de la cooperación entre los miembros de una sociedad. Por ello, no es verdad que el dinero siempre esté mejor en las manos de quien lo gana o en manos individuales, con frecuencia los fondos que se ponen en común, que buscan conseguir estos objetivos societarios, tienen un uso tan positivo o más, que aquellos que utilizamos solo para nosotros.

De este modo, no podemos centrar la actuación pública en ahorrar para que tengamos más dinero en nuestros bolsillos, sino que hay que centrarse en que los servicios que ofrecemos entre todos y que aquello que gestionamos de una manera pública, tenga los mejores resultados posibles, consiga sus objetivos. Ello, de la manera más barata posible, claro está, pero este debe ser un objetivo secundario una vez alcanzado lo primero. Es evidente que esto tiene una relación muy directa en el debate entre lo privado (teóricamente más barato) y lo público (teóricamente más caro) que acabaré de perfilar en el próximo artículo.

 

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Nuevos modelos de economía

Dos periódicos turolenses se hicieron eco de mi conferencia el pasado jueves 26 de Septiembre. Aquí tenéis la crónica de ambos, aunque uno de ellos me definió como “catedrático” cosa que no soy…

Diario de Teruel del 27 de Septiembre de 2013 en su página 13

diario de teruel sobre conferencia

ECO DE TERUEL. Periódico digital de Teruel

Brillante charla del catedratico Enrique Lluch, dentro del Aniversario de Caritas en Teruel

Domingo, 29 septiembre , 2013 | Por | Categoria: Actualidad Local

En la imagen , un momento de la charla del viernes

En la imagen , un momento de la charla del viernes

El pasado viernes el catedrático D. Enrique Lluch Frechina, director de la Cátedra de Solidaridad de la Diversidad Cardenal Herrera CEU de Valencia dio una charla sobre os nuevos modelos económicos, dentro de los actos de celebración del aniversario de caritas diocesana en Teruel. La charla fue brillante y seguida atentamente por los asistentes.
Se habló de los nuevos modelos económicos como por ejemplo la economía de comunión, la economía del bien común, etc
Sobre todo se hizo hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad en empresas, intermediarios financieros, estados y en las economías domésticas.
Finalmente el profesor Lluch hablo de cuestiones económicas concretas , de los objetivos que deberían tener estos nuevos modelos económicos
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Un acercamiento a nuevos modelos económicos
Enrique Lluch ofrece una conferencia sobre propuestas alternativas
P. Fuertes
Teruel
Otros modelos económicos son posibles en la sociedad actual y así lo dio a conocer Enrique Lluch, doctor en  Ciencias Económicas y director de la Cátedra de Solidaridad de la Universidad Cardenal Herrera de Valencia,  en una conferencia que ofreció en el salón de actos de la CAI en Teruel con motivo del 50 aniversario de  presencia de Cáritas en la Diócesis turolense. Lluch presentó los motivos por los que existen modelos de
economía alternativos, qué pueden hacer los ciudadanos para cambiar e intentar organizarse mejor y qué propuestas existen en la actualidad.
Entre estas alternativas se encuentran la economía de comunión, la economía del bien común, la del decrecimiento, la economía altruista, la eco-economía, la democracia económica y la economía del buen vivir.
Lluch planteó que enfrentar el mercado contra la planificación es un “falso dilema” porque hay que aceptar el mercado como un instrumento válido pero plantearse que hay que cambiar sus objetivos. Así, los nuevos modelos económicos propugnan cambiar las metas del mercado, según puso de manifiesto este experto. Para
ello, “hay que orientar el mercado hacia otra dirección”.
Para hacerlo hay que plantearse diferentes objetivos, siguiendo la línea de estas nuevas teorías que recoge Lluch, como modificar las prioridades delmercado. Este economista propuso que ante la prioridad del beneficio,
hay que sobreponer la prioridad de la persona y el bien común; ante la de la economía financiera la de la economía real y ante la de los triunfadores la de los últimos. También planteó que hay que cambiar las reglas del juego para que beneficien a aquellos que colaboren más con el bien común y penalice comportamientos perjudiciales.
Para ello, se precisa “un cambio de mentalidad y estructuras”, destacó Lluch que pasa por cambiar
la mentalidad economista, que ha generalizado el comportamientos egoísta y lo ha justificado a ámbitos no económicos; las economías domésticas que tienen que afrontar su día a día con claves diferentes, y las  empresas, que deben insistir en su importante labor social. El cambio dementalidad tiene que llegar también a los intermediarios financieros, “que deben estar al servicio de la economía real y no al contrario”, explicó Lluch.

Para allanar el camino hacia estructuras económicas diferentes propuso un cambio de legislación de los mercados, que facilite la competencia y luche de forma efectiva contra los oligopolios y que facilite la  transparencia para la labor social de las empresas y de los intermediarios financieros.
También, sería necesario una política de contratación pública que utilice parámetros distintos al precio y que potencia a las empresas que colaboran en la construcción social. En cuanto al sector público, debería defender a los más desfavorecidos y defender el estado social y potenciar el bien común con una estructura impositiva que sea equitativa y redistributiva.
La estructura financiera también tiene que ser modificada, según Lluch, para favorecer un cambio en la política monetaria, una reducción del tamaño de las entidades financieras, la supresión de los paraísos fiscales y la regulación de los instrumentos financieros.  Todos estos cambios, concluyó este autor de varios libros sobre economía alternativa, se deben ejecutar a nivel internacional para que sea efectivos.

 

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El consumo y la crisis

Artículo publicado en la revista ICONO, septiembre 2013, año 114, nº 8, pág: 14-15

El consumo y la crisis 1El consumo y la crisis 2

Bangladesh y nuestras camisetas

Hace unos meses cayó un edificio en Bangladesh repleto de trabajadores textiles. Las malas condiciones del mismo y la gran cantidad de máquinas y personas que se encontraban allí, provocaron una desgracia que se podría haber evitado. Sin embargo, no me interesa ahora las condiciones de la empresa ni lo que dejó de hacer la sociedad de Bangladesh para evitar esta tragedia, sino que en este lugar se cosía ropa que luego compramos nosotros, demandada por empresas europeas y estadounidenses. Ello nos lleva a que ninguno de nosotros podamos garantizar que ninguna de las prendas que utilizamos habitualmente estén fabricadas en lugares similares a este. No tenemos ni idea de en qué condiciones se fabrican nuestras prendas de vestir y, quien habla del textil, también puede hacerlo de otros bienes como los electrodomésticos, los muebles, las herramientas, etc.

Hay que mirar la relación calidad precio

El motivo principal por el que sucede esto es que cuando compramos solamente miramos la relación calidad precio buscando siempre adquirir lo más barato que encontremos. Esta es una estrategia imprescindible para aquel que no tiene lo suficiente para vivir (si compra demasiado caro no puede comer todo lo que necesita o vestirse con una cierta decencia), pero esta estrategia de pobres ha pasado a ser una estrategia común en todas las familias, tengan el nivel económico que tengan. Buscamos lo más barato, porque solamente pensamos en nosotros. Queremos adquirir bienes lo más económicos posibles para poder tener más cosas con el mismo dinero.

Pero claro, si nosotros compramos algo y pagamos un precio por ello, ese dinero tiene que acabar en manos de alguien. Si pensamos en nuestras camisetas por las que pagamos precios ridículos, con ellos hay que pagar a los que las hacen, a quienes las transportan desde Asia a nuestros lugares de residencia, a quienes las venden en nuestros países y a quienes hacen la publicidad… Poco dinero para repartir entre muchos.

Echar balones fuera

Esta búsqueda de lo más barato ha hecho que muchas de nuestras empresas productivas hayan cerrado o ahora produzcan en países asiáticos. Los productos fabricados en estas naciones son más económicos y se venden mejor… Este fenómeno ha colaborado en el gran desempleo que tenemos en nuestro país y en que se haya desmantelado gran parte de la industria que existía hasta hace unos años, lo que dificulta la salida de la crisis. Ante esta situación muchos son los que piensan que la culpa la tienen estas naciones asiáticas y se ponen en contra de ellas en una reacción infantil que busca echar balones fuera y endosar la culpa de nuestros males a cualquiera que no seamos nosotros. Es una manera de no tener que pensar en qué parte de responsabilidad tenemos.

Pero si le preguntásemos a los trabajadores supervivientes del derrumbamiento de la fábrica de Bangladesh y de otras similares, seguramente nos replicarían que trabajan para empresas europeas y estadounidenses. Es decir, que ellos son el último eslabón de una cadena que comienza con nosotros, los consumidores, buscando el precio más bajo; continúa por nuestras empresas, que se van allí a buscar unos menores precios; y acaba en ellos, que producen lo que nosotros les decimos al precio que les exigimos. Al final, son nuestras empresas las que les fuerzan a trabajar en estas condiciones, ya que es la única manera de que se mantengan los costes bajos. Si no lo hacen, se busca otro país en el que se produzca más barato y a seguir con los precios más baratos…

Cambiar nuestros criterios de consumo

Benedicto XVI ya dijo en su Encícilica Caritas in Veritate que “comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Cuando compramos, le estamos diciendo a las empresas cómo queremos que se comporten. Si les pedimos solamente lo más barato, les estamos diciendo que rebusquen por todo el mundo dónde pueden producir de una manera más económica, que nos da igual como lo hagan, pero que nos traigan un precio muy reducido… Si queremos colaborar en que no hayan más casos como el de Bangladesh, debemos pedir a las empresas que nos muestren sus métodos de producción, que sean capaces de garantizarnos que ni ellas ni sus subcontratistas están produciendo en condiciones infrahumanas… El comercio justo ya lo hace, pero no es suficiente con esto. Debemos lograr que todo sea comercio justo, que lo que es excepcional pase a ser lo habitual.

Pero no solo esto, si queremos colaborar con nuestras compras a mejorar las condiciones económicas de nuestros ciudadanos, creo que es necesario que compremos más bienes producidos en nuestro entorno. Ello no solo nos permitirá controlar mejor si las empresas están produciendo en condiciones dignas y pagando unos salarios adecuados, sino también promover el empleo y la producción local colaborando así en la salida de la crisis. Todo ello supone, claro está, olvidarnos de esa consigna tan utilizada por todos nosotros “hay que comprar siempre lo más barato”…

 

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PARA ENTENDER QUÉ PASÓ CON LAS PREFERENTES

Artículo publicado en la revista Icono Junio 2013, páginas 10 y 11

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Una historia local

Recuerdo que hace un tiempo mi padre me vino a consultar sobre un producto que le habían ofrecido en su oficina bancaria. Le habían propuesto que sacase dinero de sus depósitos para ponerlo en un producto denominado “preferentes” en el que le iban a dar un rendimiento mucho mayor sin demasiado riesgo. Quería saber qué de verdad había en esto. Le expliqué de una manera sencilla que las preferentes eran una especie de acciones de la caja de ahorros (esto no es muy riguroso pero es fácil de entender) y que podía perder todo su dinero o pasar a ganar poco, ya que los rendimientos que daban dependían de la marcha del banco.

Mi padre no quería riesgos sino seguridad para su dinero así que volvió al banco, le dijo a la directora que declinaba su ofrecimiento y que, desde su punto de vista, estaba engañando a la gente ya que las preferentes no eran productos seguros. Evidentemente, no todas las personas de mi población tienen un economista en la familia, ni todas consultan estas cosas con alguien que sepa un poco sobre ellas, por lo que algunas pasaron sus pequeños ahorros de siempre a las preferentes y, cuando se dieron cuenta de que habían perdido su dinero se sintieron estafadas y descargaron su ira contra la directora de la oficina (hubo hasta amenazas verbales y momentos muy tensos).

 

¿Por qué sucedió esto?

El análisis de esta estafa a pequeños ahorradores que compraron un producto que no entendían pensando que era seguro nos lleva a tres causas que confluyeron en ella:

  1. Las cajas de ahorro querían expandirse y prestar más para ganar más y no tenían financiación para hacerlo. Este era un buen sistema para conseguirlo

  2. Los directores de las sucursales bancarias trabajan por objetivos, de modo que la alta dirección les puso un objetivo de colocación de preferentes entre sus clientes y ellos se vieron obligados a cumplirlo para no perder su trabajo o su puesto. Además, muchos de ellos no entendían bien qué era ese instrumento financiero, solo leían la información de venta que les venía preparada e intentaban alcanzar las cifras de venta que les venían dadas.

  3. El ahorrador se veía atraído por la alta rentabilidad que le ofrecían con las preferentes. Pensaba que esto le iba a llevar a ganar más y además estaba engañado con respecto a la seguridad que tenían. Por ello prefería sacar su dinero de los depósitos atraído por estos rendimientos superiores.

 

¿En qué nos equivocamos?

No voy a entrar en los puntos uno y dos, ya que estos hablan de la responsabilidad que tuvieron las cajas de ahorro a la hora de comercializar estos productos. De ello se ha hablado mucho y no es este el foro para insistir en este aspecto sino en el nuestro, en el de los clientes de una entidad bancaria. Se nos ha metido en el fondo de nuestro ser que el objetivo del dinero que tenemos en el banco es el de lograr el máximo rendimiento posible. Por ello miramos los intereses que nos dan y si estos son bajos y tenemos algún amigo o familiar que nos dice que gana más, nos sentimos mal, nos parece que estamos haciendo el tonto con nuestro dinero y no le estamos sacando el rendimiento que podríamos. Esto hace que, cuando nos ofrecen un producto financiero con el que podemos ganar más, nos ceguemos y pensemos que por fin ya vamos a ganar lo que nos merecemos.

 

Exigir transparencia y ética

Sin embargo no es esto lo que nos va a llevar a darle el verdadero sentido a la actividad bancaria y financiera. Benedicto XVI nos ha llamado a construir una estructura ética de los mercados financieros y los clientes podemos participar en esta labor. Para ello, debemos exigir transparencia a los bancos para que nos informen hacia donde dirigen el dinero que les dejamos. Así, podríamos elegir el banco o el producto, no por el rendimiento que este nos da, sino por a quien se le va a prestar nuestros ahorros.

Esto también supone que dejemos en un segundo plano el criterio del rendimiento. Si sabemos que con nuestro dinero el banco está financiando causas justas o proyectos positivos para la sociedad, podemos estar dispuestos a recibir menos rendimiento porque esto supone que, a su vez, se le está cobrando menos a quien se le presta. Así, ganaremos nosotros, aunque no tanto; ganará el que pide prestado, porque le saldrá más barata la financiación; y saldrá ganando la sociedad porque se potenciarán proyectos positivos para ella. Esta exigencia de transparencia y ética con la amenaza de llevar el dinero a otro banco, será nuestra colaboración a una regeneración ética de los mercados financieros y nos inmunizará ante posibles estafas futuras amparadas en unos rendimientos superiores.

 

 

 

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Compra un libro para una causa solidaria

En esta ocasión, aprovechando la feria del libro de Madrid, os ofrezco la oportunidad de haceros con dos interesantes libros a unos precios realmente bajos (5 y 3 euros según queráis la versión impresa o la online) y en los que la totalidad de la recaudación va destinada al Programa de Atención a la Mujer CASABIERTA (Uruguay)

El libro que he escrito junto a Rafael Junquera de Estefani se titula “Reflexiones: Aportaciones a la Crisis económica y Moral” y el otro es “Orar con los Salmos” de Alfonso Sánchez CSsR.

Puedes solicitar tu ejemplar en el email: fundraising@funderetica.org

y la transferencia con el donativo la puedes hacer a la cuenta del Banco Popular Español:
LAICOS REDENTORISTAS 0075-0562-41-0600309804 Ref.Libro Solidario

encuentro solidario libros

 

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La moral social de Francisco

La revista Moralia publicó en 2009 un artículo sobre la moral social del entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio escrito por Aldo Marcelo Cáceres. Funderética lo ha reproducido para que podamos tener acceso a su texto completo. Creo que es muy interesante para aquellos que quieran saber cómo piensa el actual obispo de Roma. El hecho de que se trate de un análisis reciente, pero no influido por su nombramiento de este año, le da un valor que no tienen otros documentos que se han escrito posteriormente.

Si queréis saber algo más de su pensamiento, os aconsejo que lo leais, no tiene desperdicio:

http://funderetica.org/magna-suspendisse-eleifend-at-nulla/

 

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Repensar el sector público

Atículo publicado en el número 1546 de Abril de 2013 de la revista Noticias Obreras en sus páginas 12 y 13

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A pesar de que algunos piensan que las funciones y el funcionamiento del Estado era el que debía ser hasta que comenzó la crisis, creo sinceramente que esto no es el camino a seguir. Ello no significa que defienda la idea contraria, que hay que replantear totalmente un Estado que todo lo hacía mal, sino que hay que hacer una reflexión seria y reposada sobre lo que se ha hecho bien y mal e intentar que la importante función del Estado en la economía siga pudiéndose desarrollar de una manera sostenible.

Para ello pienso que lo primero sería cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. El incremento del PIB como único indicador de la bondad en la gestión económica, refleja una idea de desarrollo como equivalente a tener más que está en el origen de gran parte de la deshumanización de nuestro sistema económico. Para poder producir más, necesitamos demandantes que compren todo lo que se produce, y para que esto crezca sin parar, hay que potenciar que se tiren las cosas antes de que acabe su vida útil y que las personas no se conformen nunca con lo que tienen. Esto conlleva problemas medioambientales y personales en la medida que estimula la inmadurez y la insatisfacción en las personas reduciendo sus posibilidades de realización personal.

Por ello el objetivo económico debe cambiarse y enfocarse hacia lo que se podría denominar desarrollo humano o desarrollo al servicio de las personas. Para ello es necesario crear indicadores que no solamente tengan en cuenta la cantidad de producción, sino otros aspectos relacionados con el económico como: Las desigualdades y una especial mirada a la evolución de los más desfavorecidos, la libertad para actuar en conciencia, los avances en la salud de las personas, la sostenibilidad del progreso y sus implicaciones ecológicas, la inseguridad existente ya no solo desde el aspecto de la posible delincuencia sino también social y de futuro (ciclos económicos y cambios bruscos en las condiciones sociales), y los avances en cuanto a la educación para incrementar las capacidades de las personas.

En segundo lugar, creo que el Estado debe poner el mercado al servicio de las personas. Esto parece difícil de realizar o un grupo de palabras sin contenido real. Algunos creen que su concreción va en contra del propio mercado, pero esto no tiene por qué ser así. Para lograrlo, debemos poner límites a la actuación en el mercado que tengan como objetivo que este instrumento se utilice para promocionar a las personas (y especialmente a los más desfavorecidos) y no al contrario. Para promover la libertad de mercado y que este esté persiga un verdadero desarrollo que vaya más allá del crecimiento económico, debemos poner reglas de juego que favorezcan estos objetivos y no otros. Reglas no limitan la libertad, sino que la permiten dentro de un marco de actuación. Si olvidamos esto, caemos en la tentación de eliminar los límites en los que se tiene que mover el mercado y llegar a una situación de anarquía en la que solamente ganen aquellos que son más fuertes, o puede suceder que se impongan unas normas que solamente estén al servicio de quienes tienen más posibilidades de ganar en el juego del mercado.

Una de las actuaciones que podrían enfocar el mercado en esta dirección sería cambiar las condiciones de contratación que el Estado pide a sus proveedores. Para ello debería tener en cuenta, en primer lugar, las condiciones sociales de las empresas con las que contrata. Solamente cuando cumplan unos requisitos determinados, habría que pasar al segundo criterio que sería el precio. Estos requisitos requeridos para la contratación pública, podrían convertirse luego en requisitos legales preferentes para la exención de impuestos, concesión de créditos preferentes, etc. potenciando que la competencia del mercado se basase, no tanto en los precios como en cumplir unos determinados requisitos sociales.

En tercer lugar, el Estado Social debería ser uno de los objetivos prioritarios de las administraciones públicas. Esto quiere decir que la función de mejora de los resultados del mercado que realiza el Estado, debería tenerse como una prioridad absoluta. De hecho, sin Estado Social, la economía de mercado está destinada a desaparecer. Ahora bien, para lograrlo no hay que dejar las cosas tal y como están. Al contrario, hay que cambiar, hay que mejorar, hay que modificar aquello que se puede mejorar, pero siempre con el objetivo de que el Estado Social siga cumpliendo correctamente sus funciones de complemento del mercado protegiendo, sobre todo, a los más desfavorecidos por este.

Un de los puntos clave es que este Estado no funcione con un déficit permanente. Esto no es sostenible a largo plazo, hace que se redistribuya el dinero hacia los más adinerados (los ingresos de hoy son intereses del mañana que se pagan los que tenían bastante para prestarme), pero además pone al Estado al servicio de sus prestamistas (si no haces lo que te digo no te presto y suben tus intereses con lo que te sale más caro pedir prestado). Si el Estado no solo no tiene déficit sino que puede ahorrar, es él quien presta y puede exigir a los prestatarios que realicen con su dinero actuaciones que estén al servicio del bien común.

Otro es abandonar un Estado excesivamente asistencialista. El Estado Social no puede ni debe solucionarlo todo. Con mucha frecuencia, los ciudadanos o sus asociaciones pueden hacerlo mucho mejor que el Estado, por lo que este debe apoyar las iniciativas privadas que vayan en este sentido e intentar potenciarlas. Si una cosa se puede hacer bien a través de iniciativas privadas y se cumplen así objetivos públicos ¿Por qué tenemos que recortar la participación ciudadana? Las personas deben sentirse apoyadas por un sector público que priorice el bien común y la responsabilidad que tenemos todos para alcanzarlo.

Esto quiere decir que con frecuencia hay que replantearse si el sistema que estamos llevando para lograr los objetivos públicos es el mejor, no para dejar de cumplir con estos fines, sino para hacerlo de una manera más efectiva haciendo las cosas de una manera diferente. Hay que tener una mentalidad abierta para buscar aquellos sistemas que consigan un mejor Estado Social en el que no se recorte la responsabilidad y la participación ciudadana.

 

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Ayuda alimentaria y alimentación de calidad

Artículo publicado en suplemento El Mercantil Valenciano EMV del periódico Levante EMV el domingo 24 de Marzo de 2013 en su página 16

Ayuda Alimentaria y de Calidad

La virulencia y la duración de la crisis que estamos viviendo, está llevando a que la ayuda alimentaria esté tomando una importancia vital en nuestro país y en otras naciones europeas que están pasando por situaciones similares a la nuestra. Una cantidad cada vez mayor de personas ven sus ingresos tan mermados que comienzan a necesitar ayuda para lograr una alimentación básica que les permita sobrevivir. Esto hace que ONGs que hasta ahora dedicaban gran parte de sus esfuerzos a la promoción de las personas más desfavorecidas (a enseñar a pescar siguiendo el famoso proverbio confuciano) ahora hayan pasado a utilizar sus recursos para ofrecer ayuda alimentaria (dar el pez en lugar de la caña)

Esta circunstancia plantea varios interrogantes o dilemas que voy a intentar describir en este breve artículo. El primero tiene que ver con la naturaleza de la necesidad. Muchas de las personas que necesitan fondos para comer tienen ingresos mensuales aunque sean bajos. El problema no es la falta absoluta de ingresos, sino que tienen unos gastos que deben asumir antes que el alimentario: la hipoteca, la luz, el seguro del coche, el agua y el gas, el teléfono, etc. Es decir, no es que no tengan ningún ingreso, es que para poder vivir con algo de dignidad en el entorno en el que se encuentran, hay una serie de gastos fijos de los que no pueden prescindir (porque se quedarían sin casa, sin luz, sin comunicación, sin posibilidades de encontrar trabajo…). Por ello, la primera cuestión que se nos plantea es ¿Hay que ofrecer ayuda alimentaria o lo que habría que hacer es dispensar de otros gastos mientras la situación de pobreza se mantuviese? ¿Cabría articular otros sistemas que garantizasen un mínimo suficiente para poder cubrir todos los gastos necesarios para una vida digna?

En segundo lugar hay que analizar la manera en la que se distribuye la ayuda. Si cualquiera de nosotros se encontrase en la situación de necesitar recibir ayuda alimentaria, no querríamos que nuestros amigos y compañeros percibiesen esta situación, por lo que nos disgustarían aquellos sistemas de reparto en los que todo el mundo viese que nosotros nos vemos obligados a recibir esta clase de ayuda. La publicidad que tendría que hacer de mi situación menesterosa, podría impulsarme a rechazar una ayuda que necesito para poder mantener la dignidad en el entorno en el que habitualmente me muevo.

Distribuir la ayuda de una manera digna para el necesitado puede hacerse de muchas maneras, pero hay una experiencia en Italia que me parece particularmente interesante. Una cadena de supermercados que tiene tarjeta de fidelización, ha realizado convenios con ONGs de manera que un porcentaje de la compra con esta tarjeta va a ayuda alimentaria. Sus receptores la reciben en forma de recargas en la tarjeta de la cadena, de manera que van a comprar al supermercado y se llevan los productos necesarios sin que nadie pueda distinguir entre quienes ayudan comprando con esta tarjeta y quienes están recibiendo la ayuda.

En tercer lugar está el tema de la calidad de los alimentos. El sistema de distribución de la ayuda alimentaria exige, con frecuencia, que se trate de alimentos no perecederos. De hecho, es habitual que cadenas de alimentación o empresas productoras donen alimentos cercanos a la fecha de caducidad que acaban en manos de los receptores de esta ayuda. Ello lleva a que, por un lado, las condiciones de los productos puedan no ser los adecuados (la fecha de caducidad está por algo) y, por otro, a que la dieta que siguen aquellos que comen de esta clase de ayuda no sea equilibrada al quedar excluidos de ellos determinados alimentos (especialmente los frescos). Articular sistemas para que la ayuda alimentaria cumpla unos parámetros nutricionales correctos o para que se puedan incluir productos frescos y otros necesarios para llevar una dieta equilibrada parece conveniente.

Esto se podría hacer siguiendo las indicaciones de especialistas en nutrición y articulando sistemas que permitiesen mejorar el acceso a los productos frescos por parte de la población más desfavorecida. En algunos países esto se hace a través de descuentos en estos productos que se dan en los momentos en que menos personas entran en el supermercado. Los niveles de precios son variables y todo el mundo sabe que puede encontrar esta clase de alimentos más baratos a determinadas horas del día.

Por último, creo que hay que añadir el dilema que presenta un sistema económico que produce más de lo que se consume. Esta sobre-producción se tira, con mucha frecuencia. Los productos no vendidos y caducados, acaban en la basura ya que no se pueden reutilizar. Cuando en lugar de esto se donan a ONGs encargadas de reparto de comida, las estructuras de redistribución paralelas organizadas por estas consumen muchos recursos para duplicar algo que ya hacen correctamente los supermercados y las tiendas, es decir, llevar los alimentos desde los productores a todos los rincones del país (aunque en este caso, los destinatarios sean solamente los que peor están). Por último, hay que recordar el problema casi endémico de la gran diferencia entre los precios de venta al público de los alimentos y el que reciben sus productores. La distribución, la puesta en el estante del supermercado y el sobre-coste que supone el producto no vendido, se lleva la práctica totalidad del precio del bien. Ello lleva a que exista una horquilla que permitiría rebajar los precios si los sistemas de distribución fuesen más directos del productor al comprador. Apostar por sistemas que pudiesen distribuir directamente del productor al consumidor podría, no solo mejorar la remuneración de agricultores y ganaderos, sino al mismo tiempo facilitar el acceso a estos productos para la población de menor capacidad adquisitiva. La cercanía del productor al consumidor y la bajada de precios podría también evitar la gran cantidad de alimentos que acaban deteriorándose por no haber sido vendidos a tiempo.

 

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La permanencia en el Euro y su coste social

Artículo aparecido en Desigualdades y Derechos Sociales, Análisis y Perspectivas 2013, pág: 56-65, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-556-6

Podéis encontrar el texto completo de la publicación en: http://hdl.handle.net/10637/9440

euro

Cuando uno lee artículos y libros que hablaban sobre la moneda única en los años previos y contemporáneos a su implantación en la Unión Europea1 puede sorprenderse al ver previstos los actuales problemas de la eurozona con una exactitud asombrosa. La descripción que aparece en ellos sobre por qué podía considerarse que Europa no es una “zona monetaria óptima” y cómo esto podría provocar disfunciones como las que estamos observando en la actualidad, nos muestran que lo que está pasando estaba dentro de las posibilidades que se barajaban previamente.

Esta constatación hace que exista una corriente de opinión que se plantee seriamente si es conveniente mantenerse en el Euro o abandonarlo y seguir una senda nacional como la que se llevaba con anterioridad. Ante esta la corriente principal del pensamiento (representada por nuestros gobernantes en toda Europa) pone al euro como la prioridad de nuestra política económica común y no se plantea en ningún caso abandonarlo.

Este artículo pretende partir de las ventajas que han llevado a la implantación del Euro. Una descripción detallada de las mismas nos permitirá saber qué es lo que ha motivado el entusiasmo de multitud de estadistas ante este proceso de integración económica2. En segundo lugar se verán los problemas que genera la manera en la que hemos articulado esta moneda única, refiriéndonos tanto a la organización económica derivada de la Unión Monetaria Europea (UME) como al papel que juega en la misma el Banco Central Europeo (BCE). Por último, ante estas dos realidades contrapuestas (ventajas y desventajas) y la situación de crisis social que estamos viviendo con un claro incremento de la pobreza, la privación y las desigualdades en nuestros países, se introducen las opciones que tenemos para afrontar esta difícil situación

Ventajas del euro

A la hora de describir las ventajas que tiene el euro para la Unión Europea, creo que el Banco Central Europeo (2008:13) las sintetiza de una manera muy clara:

  • La rebaja de costes de cambio de divisas y de aseguramiento de riesgos ligados a estas

  • La eliminación de barreras a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, así como el fomento de la competencia dentro de la UE

  • La transformación de los mercados financieros y de los resultados macroeconómicos del conjunto de la Unión Europea

  • El incremento de las transacciones y de la inversión entre países de la Unión Europea

  • La importancia de la moneda a nivel internacional en la medida que se incrementan los flujos financieros en euros

Todo ello se consigue a través de una política de mantenimiento de los precios y de lucha contra la inflación que es el principal objetivo de la política monetaria del BCE: “la estabilidad de precios es la contribución más importante que la política monetaria puede ofrecer para conseguir un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo” (BCE, 2004: 10)3

Resulta evidente que la estabilidad de precios se ha conseguido en la Eurozona durante los años de implantación del Euro. Su tasa de inflación solo superó el 3% en 2008 (Eurostat, 2011:84) y ello, además, se ha conseguido con unos tipos de interés oficiales bajos4 que favorecieron, a su vez, el alto nivel de endeudamiento que se dio durante los años previos a la crisis. Sin embargo, no es tan evidente que esta política de estabilidad de precios esté consiguiendo un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo, y si no, a la realidad que observamos día a día me remito para justificar esta afirmación.

Si se analizan con más profundidad las ventajas que se han defendido para justificar la moneda única, podemos observar como la práctica totalidad de ellas se centran en el sector financiero y en la mejora del entorno empresarial. Sin embargo, la moneda única no se pone al servicio de ningún objetivo social. La moneda única no pretende mejorar las condiciones de vida de los que peor están, ni asegurar un nivel de vida digno para toda la población de la Unión Europea, sino mejorar el funcionamiento del sistema financiero de modo que se traduzca en incremento de la inversión en estos mercados y asegurar una mayor competencia entre las empresas europeas.

Problemas de la moneda única

Desde el momento en el que se plantea la posibilidad de crear una moneda única para la Unión Europea, se abre un amplio debate sobre las consecuencias que esto podría tener sobre las economías de los países que se sumasen a la misma. Desde el principio se ve que no todo son ventajas en este proceso. Sus principales inconvenientes se agrupan en tres dimensiones: la pérdida de la autonomía para realizar determinadas políticas, la estructura del Banco Central Europeo y la falta de condiciones para que la Eurozona se considere una “Zona monetaria óptima”

Pérdida de autonomía

Los dos principales costes en los que incurre un país cuando entra en una moneda única son que pierde la posibilidad de actuar sobre su tipo de cambio y de tener una política monetaria autónoma. Esto supone que el país renuncia a la posibilidad de realizar devaluaciones competitivas de su moneda que le permitan abaratar sus exportaciones e incrementar sus ventas en el exterior para compensar, así, la falta de demanda interna y el incremento del desempleo. Aunque a largo plazo, esta política puede no tener grandes consecuencias, a corto sí que puede evitar una reducción elevada de la producción que lleve a unos niveles de desempleo elevados (De Grauwe, 2003: 35-37)

En cuanto a la política monetaria, renunciar a ella impide que el Estado en cuestión pueda realizar una política expansiva para estimular la demanda y lograr mejorar el crecimiento y el empleo o una contractiva cuando el crecimiento provoca problemas de sobrecalentamiento de la economía. Del mismo modo, impide el señoreaje, es decir, la financiación del sector público a través de emisiones de dinero, que puede bajar, en un determinado momento, el nivel de deuda y el montante de intereses que tiene que pagar el Estado.

Esta pérdida de instrumentos de política económica por parte de un Estado puede llevarle, en el caso de que tenga una situación de contracción de la economía sufrida solamente por él y no por el resto de los países que tienen la misma moneda, a que sufra una contracción económica exagerada con unos altos niveles de desempleo que no pueda ser compensada a través de estas políticas. Ante esta realidad el Estado puede realizar una política fiscal expansiva incrementando su déficit, confiando en que el mercado financiero único le permita encontrar fácilmente financiación barata. Sin embargo, si los mercados no confían en el país (por la circunstancia que sea), la prima de riesgo que tiene que pagar puede incrementarse mucho5 y llegarse a cerrar los mercados financieros (como le sucedió a Grecia) dando al traste con sus intentos de recuperación económica.

El Banco Central Europeo

El mandato que tiene el Banco Central Europeo es el de lograr la estabilidad de precios, teniendo en cuenta el crecimiento económico y el desempleo siempre que estos no vayan en contra de su principal objetivo (BCE, 2004: 9-10). Ahora bien, cuando se decidió qué modelo de Banco Central se seguía para organizar el BCE, se optó por el modelo alemán de un BCE que priorizase la estabilidad de precios y que además fuese independiente de la política, frente a otro modelo (el de la Reserva Federal Estadounidense, por ejemplo) en el que el grado de independencia del poder político es menor y tiene como objetivos añadidos la estabilización del ciclo económico, el mantenimiento del empleo y la estabilidad financiera (que era el mayoritario en los países de la UE). Por ello, ante problemas económicos graves, la actuación del Banco Central Europeo se centra en mantener baja la inflación, sacrificando cualquier medida que no ayude a este fin.

El hecho de que los gestores del BCE sean independientes, no dependan del poder político y no tengan unos órganos de control y fiscalización fuertes dificulta mucho quitarlos de su posición en el caso de que no lo hagan bien o cambiar el modo de funcionamiento de la institución. Ello nos lleva a una institución difícil de reformar y que está marcando la manera de realizar política económica en la eurozona. De hecho, como afirmaba De Grauwe (2003: 163) “Es difícil ver cómo los políticos europeos pueden continuar apoyando una institución a la que han delegado un gran poder y sobre la que tienen muy poco control. Los conflictos entre el BCE y los gobiernos europeos se incrementarán cuando se perciba que el BCE hace poco o nada para evitar recesiones y un incremento del desempleo”6

¿Una zona monetaria óptima?

Los desequilibrios que se dan en uno de los países de la Unión Europea y que no se dan en otro, podrían compensarse a pesar de la pérdida de las políticas anteriormente nombradas, si existiesen dos condiciones que convertirían a la eurozona en lo que se denomina una “zona monetaria óptima”:

1.- Flexibilidad de salarios y movilidad laboral

2.- Transferencias fiscales en el área que compensaran los desequilibrios.

Ante unos desequilibrios económicos entre unas regiones y otras de la eurozona, la movilidad laboral permitiría que aquellos trabajadores que no encontrasen empleo en una de las naciones del área euro, se fuesen a otros países que sí tuviesen posibilidades de emplearlo, lo que reduciría el porcentaje de desempleados en el Estado con problemas. Además, la flexibilidad salarial permitiría que sus salarios se redujesen, gracias a lo cual recuperaría competitividad perdida y podría generar de nuevo empleo (a costa, evidentemente, de unos salarios inferiores).

La Eurozona no cumple este requisito. A pesar del incremento de emigrantes (especialmente jóvenes y formados) que está abandonando nuestro país, la cuantía total de esta emigración no es significativa. Además, si tenemos en cuenta que la Unión Europea en su conjunto tiene más inmigrantes de fuera de la propia UE que de dentro (Eurostat 2011: 150), no podemos más que confirmar que la movilidad internacional dentro de las fronteras de la UE no es la norma ni lo más habitual entre sus ciudadanos.

Del mismo modo, los salarios no son tan flexibles como para recuperar en un corto plazo la competitividad perdida. A pesar de los intentos para lograr una mayor flexibilidad en nuestro país, los niveles salariales no se bajan con tanta facilidad como sería necesario según esta teoría. A esto hay que añadir que, si bien es verdad que se recupera competitividad para poder vender más barato al extranjero, también lo es que unos menores salarios reducen la capacidad adquisitiva de los trabajadores nacionales y esto lleva a estrechar la demanda interna acrecentando su recesión.

Por otro lado, se encuentran las transferencias fiscales dentro de una zona monetaria. Tal y como muestran Sala i Martín y Jeffrey (1998) la política fiscal única de Estados Unidos y su capacidad para transferir dinero de unos estados a otros, es la que logra que los problemas económicos de uno de ellos no sean tan elevados como podrían serlo de no existir estas transferencias. Sin embargo, en la Unión Europea no existe un sistema fiscal único ni un mecanismo de transferencias o de pago de impuestos a la administración central de la UE tan desarrollado como en EE.UU7. Estos autores defienden que es más útil un sistema progresivo de impuestos (que rebaja las aportaciones al gobierno central cuando un Estado tiene graves problemas) que las transferencias que este pueda recibir del gobierno central.

Por otro lado, compensar este trasvase de rentas a través de un sistema financiero integrado que lleve a que las regiones que están en buen momento financien a las que lo están pasando peor, no tiene por qué funcionar siempre. Mientras que en momentos buenos estas financiación pueden ser suficientes, en otros, la prima de riesgo se eleva en exceso ahogando a los Estados con problemas (Eichengreen, 1998).

Hacia dónde podemos avanzar

De todo lo hasta aquí analizado, podemos deducir que las consecuencias perniciosas que está teniendo esta crisis sobre los sectores más desfavorecidos de la población española (y de muchas otras zonas de la eurozona), se ven incrementados por la estructura que configura la moneda única y la eurozona. Por un lado, esta no ha podido evitar la llegada de la crisis. A pesar de haberse logrado la estabilidad de precios en estos años, esta ha tenido un claro origen financiero que el Sistema Europeo de Bancos Centrales ha facilitado (incrementando la cantidad de dinero de la economía, no controlando el riesgo de los mercados financieros y no poniendo coto a las exageradas subidas de precios de los activos financieros e inmobiliarios).

Por otro lado, la capacidad de reacción de la estructura sobre la que se asienta la moneda única es limitada y produce un desempleo elevado en los países que más problemas tienen8 junto con desequilibrios financieros (intervenciones, prima de riesgo) y una falta de crecimiento preocupante.

Reafirmar lo que ya tenemos

Ante esta situación caben varios tipos de estrategias. La primera es la que se está aplicando en líneas generales en estos momentos. Su fundamento es que la estructura de la moneda única es correcta, que nos ha dado muchos beneficios y va a seguir dándolos en el futuro9, que “La Eurozona no puede decepcionar a los mercados”10 y que, por lo tanto, queremos seguir priorizando el euro como el más importante horizonte de la política Europea.

Esta postura lleva a mantener todo tal y como está y a buscar medidas que intenten que el sistema financiero europeo no se venga abajo del todo. Para ello se inyectan fondos a las entidades financieras y a los Estados con problemas (siempre teniendo mucho cuidado de que estos préstamos no produzcan inflación) y se imponen gravosos programas de ajuste que lleven a que estas entidades e instituciones limiten sus déficits y garanticen su futura viabilidad financiera.

Es evidente que estas políticas tienen un elevado coste social ya que este es el sacrificio necesario para lograr los objetivos deseados. Las reducciones de gasto y los incrementos de ingresos recaen sobre los trabajadores y sobre aquellos que no ganan su dinero en los mercados financieros.

Tender hacia una zona monetaria óptima

Otra posible salida (que es compatible en parte con la anterior) sería la de intentar acercarse a lo que se denomina una zona monetaria óptima. Para ello caben dos caminos: actuar sobre los mercados laborales a través de una flexibilización de los salarios y de un incremento de la movilidad de trabajadores entre países o centralizar la política económica en un gobierno europeo que tuviese una fuerte capacidad de redistribución gracias a un elevado presupuesto.

En cuanto a los mercados laborales, puede ser relativamente sencillo flexibilizar salarios para lograr que estos tengan capacidad de descender. Sin embargo, mejorar la movilidad de los trabajadores no es tan sencillo. Como demuestra la experiencia estadounidense (Eichengreen, 1998) la movilidad laboral no depende solamente de cuestiones legislativas. Un único mercado laboral puede tener barreras que impidan la movilidad, por lo que las medidas estatales tienen difícil hacer alcanzar avances significativos en este campo.

Con respecto a construir un gobierno con una capacidad presupuestaria suficiente para llevar adelante redistribuciones de renta eficaces a nivel europeo, parece bastante alejado del horizonte de la UE en estos momentos y difícil de conseguir a corto plazo.

Cambiar las prioridades y la estructura de la moneda única

Otro de los caminos sería cambiar las prioridades de la Unión Europea para orientarlas hacia los ciudadanos (y en especial a los más desfavorecidos) en lugar de hacia el mantenimiento de los mercados financieros. Ello se traduciría en un cambio del modelo de Banco Central Europeo, para que este priorizase entre sus objetivos la lucha contra el desempleo y la consecución de un mayor crecimiento, aceptando niveles superiores de inflación (sin provocar claro está, episodios de hiperinflación) e incorporando entre sus objetivos la lucha contra la inflación inmobiliaria o financiera.

Habría que acabar con los apoyos al sector financiero y utilizar estos para garantizar los depósitos de los ciudadanos de aquellas entidades que cayesen por sus problemas. Esto supondría, por lo tanto, un ajuste brutal del sistema financiero en el que aquellos que mayores inversiones tienen en él, perderían una gran parte de su dinero y solo quedarían aquellas entidades que han realizado políticas más conservadoras y menos arriesgadas. Al mismo tiempo habría que cambiar la regulación de los mercados financieros para garantizar que no se volviesen a dar los altos niveles de endeudamiento y de riesgo que se asumieron antes de la crisis.

Deberíamos aceptar la posibilidad de quiebra, de renuncia a una parte o a la totalidad de la devolución de la deuda por parte de los acreedores o de financiación directa por parte del BCE, a cambio de unos planes de ajuste que impidiesen futuros déficits elevados. La diferencia esencial con los planes observados en la primera estrategia es que el principal ahorro se daría por la eliminación del pago de intereses lo que permitiría reducir el déficit sin afectar a la demanda agregada y sin altos costes sociales. Del mismo modo, los prestamistas deberían dejar de ser los acreedores preferentes del sector público, esto sería una medida que también impediría al sector público endeudarse excesivamente ya que las instituciones financieras se lo pensarían dos veces antes de financiarlo con excesiva alegría.

Todo ello debería complementarse con una profunda unión fiscal y financiera (que fuese más allá de la unión bancaria aprobada hace poco). Comentar todas las implicaciones legales que debería tener este cambio de prioridades excede la amplitud de este artículo, pero sí que podemos afirmar que precisaría de un elevado grado de consenso a nivel de la eurozona para poder ser realizado.

Salir del euro

La última estrategia es la ruptura con el euro. Esta busca conseguir la independencia para plantear de una manera nacional, aquellos objetivos que no se consiguen de una manera conjunta. Esta posibilidad, una vez pasado el desastre financiero que podría suponer en un primer momento (Definida por Eichengreen, 2010:22 como “la madre de todas las crisis financieras”) permitiría al país tener su propia política monetaria, económica y de tipo de cambio que le llevase a lograr aquellos objetivos que la nación se plantease. Sin embargo, si esto rompiese al mismo tiempo la Unión Europea, se acabaría con todas las ventajas no económicas de la misma que han sido reconocidas por el premio nobel de la paz que acabamos de recibir y que han garantizado más de medio siglo de paz en los países incorporados a la misma.

Conclusión

La moneda única en Europa tiene unos objetivos claros que vienen bien definidos en los tratados de la UE y en los reglamentos y directivas pertinentes. Los principales gobiernos de la Eurozona también parecen compartirlos. Para lograrlos se dejan a un lado otras metas y por ello las políticas practicadas tienen estos costes sociales tan elevados. Se está dispuesto a asumirlos en la medida que no están dentro de las prioridades actuales.

Solamente si se cambian los objetivos prioritarios de la moneda única, se podrán establecer reformas que busquen mejorar la situación social en la UE. Ello supondría, claro está, sacrificios que recaerían sobre otros sectores, en especial el financiero, y sobre los países más ricos de la UE.

En este pequeño artículo he pretendido explicar los mecanismos que rigen en nuestra moneda única y porqué los ajustes planteados tienen estos elevados costes sociales. También he intentado esbozar algunas estrategias posibles ante la situación actual. Pienso que la política a practicar depende de las prioridades que nos marcamos y de qué estamos dispuestos a sacrificar. En estos momentos, se está dispuesto a asumir costes sociales para que la situación de los financiadores no empeore demasiado. Dejo a la opinión del lector la decisión sobre qué priorizaría él y qué clase de estrategia seguiría para mejorar la difícil situación en la que nos encontramos.

Bibliografía

Banco Central Europeo (2004) La política monetaria del BCE, Frankfurt, BCE

(2008) Boletín Mensual, 10º Aniversario del BCE, Frankfurt, BCE

Blanchard, Olivier Jean; Muet, Pierre Alain (1998) “La competitividadpor medio de la desinflación: valoración de la estrategia macroeconómica francesa” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 105-154, Madrid, Ediciones Pirámide

Calvo Hornero, Antonia (1999) “Los efectos económicos de la UEM: el efecto anticipación y el efecto sistémico” en Peinado Gracia, Mª Luisa (coord) Los mercados financieros españoles y la UEM, pág:47-69, 1ª Edición, Madrid, Editorial Cívitas.

Cinco Días (2001) El Euro en CincoDías, Madrid, CincoDías 2001

Dastoli, Virgilio (2002): “El euro en el proyecto federal europeo” en El Euro como expresión de modelo federal y social europeo, pág: 47-53, Bilbao, Consejo Vasco del Movimiento Europeo

De Grauwe, Paul (2003): Economics of Monetary Union, Fifth Edition, Oxford University Press

De Grauwe P. and Vanhaverbeke, W. (1990): “Exchane Rate Espeirneces o Small EMS Countries. The Cases of Belgium, Denmark and the Netherlands” in V, Argy and P. De Grauwe (eds) Choosing an Exchange Rate Regime, Washington, DC: International Monetary Fund.

EC Comission (1990): “One Market One Money”European Economy, 44

Eichengreen, Barry (1998) “¿Es Europa un área monetaria óptima?” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 21-52, Madrid, Ediciones Pirámide

(2010) “The Breakup of the Euro Area” en Europe and the Euro, Alberto Alesina and Francesco Giavazzi, editors, Pág:11-51, National Bureau of Economic Research- The University of Chicago Press, http://www.nber.org/chapters/c11654.pdf

Eijffinger, S. y de Haan, J, (2000) European Money and Fiscal Policy, Oxford, Oxford University Press

El País (2001) El país del Euro, Madrid, Diario el País S.L.

Eurostat (2011) Europe in figures. Eurostat Yearbook 2011, Luxembourg, Publications Office of the European Union.

Institute For New Economic Thinking (2012) Breaking the Deadlock: A Path Out of the Crisis, http://ineteconomics.org/sites/inet.civicactions.net/files/ICEC_Statement_23-7-12.pdf

Mundell, R (1961): “A theory of Optimal Currency Areas”, American Economic Review, 51

Sachs J. and Wyplosz, C. (1986): “The Economic consequences of President Mitterand”, Economic Policy, 2

Sala i Martín, Xavier; Sachs, Jeffrey (1998) “Federalismo fiscal y áreas monetarias óptimas: enseñanzas para Europa de la experiencia de EE.UU” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 155-189, Madrid, Ediciones Pirámide

1En la bibliografía se puede encontrar la referencia a alguna de estas publicaciones

2Para hacerse una idea de esta confianza, se puede acudir a dos publicaciones que se realizaron en el año 2001, financiadas por el ministerio de economía y por algunas importantes empresas privadas, que nos dan una idea de este entusiasmo por la moneda única de autoridades y responsables económicos de nuestro país (El país, 2001 y Cinco días, 2001)

3El Banco de España ofrece una relación de las ventajas de la estabilidad de precios que puede encontrase en el siguiente enlace: http://www.bde.es/bde/es/areas/polimone/politica/Los_beneficios_d/Los_beneficios__33560642abac821.html

4Que alcanzaron un máximo de 4,75% en 2000 pero que desde entonces han tendido a la baja y se hayan en cifras mínimas en este momento http://www.ecb.int/stats/monetary/rates/html/index.en.html

5Tal y como preveía Antonia Calvo en 1999 (Calvo, 1999:65) y como hemos experimentado en nuestro país durante los últimos años

6Traducción propia

7Hay que tener en cuenta que el presupuesto de la UE ronda el 1% del PIB de la Unión, mientras que el presupuesto de EEUU multiplica por treinta, aproximadamente, este porcentaje.

8Para ver las cifras del desempleo acudir a: http://ec.europa.eu/eurostat/product?code=une_rt_a&mode=view

9Ver las declaraciones al respecto emitidas por Mariano Rajoy en dos momentos distintos del año 2012: El presidente se contiene: El gran ganador es el Euro” ABC, Sábado 30 de Junio de 2012, pág: 20 y Gobierno de España, La Moncloa, El presidente lanza un “mensaje contundente” en defensa del euro, lo más importante que han hecho los europeos juntos en muchos años”http://www.lamoncloa.gob.es/Presidente/Actividades/ActividadesNacionales/2012/160512declaracionrajoy.htm

10Declaraciones de Ángela Merkel aparecidas en la noticia de la agencia EFE recogida por la sección de noticias económicas de Univision: http://dinero.univision.com/economia-y-negocios/noticias-economicas/article/2012-09-17/merkel-improbable-autoridad-bancaria-lista-enero

 

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¿Tener más es progresar?

Artículo aparecido en la Revista ICONO de Marzo de 2013, en sus páginas 12 y 13

tener más es progresar 1tener más es progresar 2

Progresar es avanzar hacia algún lugar

Los humanos tenemos una tendencia innata a querer progresar, a mejorar, a desarrollarnos, a estar mejor. La evolución forma parte de nuestra manera de ser y también de la manera de ser en cristiano. Sabemos que nunca alcanzamos la perfección, ni a nivel personal ni a nivel comunitario. Por eso siempre queda algo por hacer, siempre podemos avanzar algo más, siempre podemos mantenernos en camino. Aquellas personas que se estancan, aquellas sociedades que no se mueven, quienes viven en el pasado y no aceptan las mejoras, son mirados con recelo por el conjunto ¿Cómo estar en contra de las mejoras? ¿Cómo se puede entender que alguien no quiera avanzar?

Esta tendencia tan arraigada en nuestro ser, sin embargo, tiene sus peligros. Estos se encuentran, no en querer avanzar (que de por si es positivo) sino en la dirección que tomamos para hacerlo o, dicho de otra manera, en el objetivo que nos planteamos y que determina nuestra idea de progreso. Aquí está el elemento crucial de esta cuestión ¿Hacia donde nos dirigimos? ¿Cómo medimos el desarrollo o el progreso de las sociedades?

Progreso si tengo más

En estos momentos la idea más arraigada del progreso tiene que ver con tener más bienes y gozar de más servicios. Si preguntamos en cualquier población cómo se ha constatado allí el progreso en los últimos años, sus ciudadanos seguramente contestarán: “tenemos un polideportivo (que antes no teníamos), las carreteras son mejores, el centro de salud es nuevo, tenemos más iluminación en las calles…”

Del mismo modo, si preguntamos sobre como se nota el progreso en sus vidas familiares o individuales, seguramente una gran parte de los encuestados contestarían que ahora tienen coche que antes no tenían, que su casa es más grande, que tienen un ordenador o un teléfono móvil… En esencia, que antes se vivía peor porque teníamos menos cosas pero que ahora se ha progresado gracias a que disfrutamos de muchas más posesiones.

La idea de que tener más es progresar ha arraigado profundamente en nuestra manera de entender las cosas. Cualquiera que ofrezca un progreso que no venga acompañado de nuevas cosas o servicios, de la posibilidad de tener más cosas, parece que nos engaña, que está pensando en otras cosas.

Tener más necesidades

A esta idea de progreso viene ligada la de que se progresa en la medida que se tienen más necesidades. Ya en el siglo XVII, algunos autores ingleses tenían la idea de que cuanto más evolucionaba la civilización se incrementaban las necesidades de las personas refinadas. Por ello, cuando alguien viene de un país más pobre, con frecuencia se le puede escuchar: “Se nota que no están tan evolucionados como nosotros, yo no podría vivir en esas condiciones…” o cuando vemos a una persona mayor que se niega a incorporar en su casa un avance tecnológico (una encimera nueva, una nueva nevera, un sistema de calefacción más moderno…) pensamos que se ha quedado en el pasado, que no ha evolucionado, que se nota que es mayor y no progresa…

De este modo, los que más hemos progresado somos aquellos que necesitamos más cosas para vivir, que ya no nos conformamos con poco, que somos exigentes y pedimos más y más… La conversión de apetencias en necesidades viene paralela al proceso de pensar que tener más es progresar ¿Cómo vamos a ser el único pueblo que no tiene polideportivo? ¿Cómo vamos a vivir sin ordenador o sin ipad? Todo pasa a ser una necesidad.

El verdadero progreso

Esta idea de progreso tiene dos consecuencias que quiero remarcar aquí. La primera es que es profundamente insatisfactoria. El hecho de que todo pase a ser necesidad y de que para progresar tenga que tener cada vez más, nos lleva a una insatisfacción vital continuada: nunca estoy a gusto con lo que tengo, siempre necesito algo más y debo utilizar mis energías para conseguirlo.

En segundo lugar es una idea de progreso que está en el límite opuesto de lo que es la sabiduría cristiana (y también la de otras corrientes religiosas o filosóficas). En estas, la sabiduría y el progreso se logra, precisamente, cuando se alcanza la meta contraria, es decir, la de necesitar cada vez menos cosas. El progreso personal, pero también el comunitario, se alcanza cuando somos capaces de vivir con menos, de no estar preocupados por el qué comer o el qué beber, sino por las cosas importantes de la vida que tienen que ver con las personas y no con los objetos o las posesiones. Por ello debemos aprender a cambiar nuestra concepción de progreso y a ver que este se da, no cuando se tienen más cosas, sino cuando somos mejores personas y nos encontramos ante una sociedad más justa y más fraterna.

 

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Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano

Ha salido mi última publicación titulada “Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano” dentro de los Cuadernos de Teología Fundamental del Instituto Teológico de Murcia (http://www.itmfranciscano.org/).

Cuadernos de teología Fundamental

Se trata de un texto divulgativo en el que doy pistas sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de la esperanza. En él se analizan las prioridades del actual sistema económico y se muestra porqué, con frecuencia, la economía y su dinámica se convierten en un camino hacia la desesperanza.

El texto no se queda en el análisis sino que realiza propuestas prácticas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia que pueden convertir la economía en una creadora de esperanza. Ideas que quieren ayudar a salir de esta crisis ayudando a las personas y, en especial, a los más desfavorecidos.

El cuaderno es una invitación a pensar, a analizar de una manera crítica la realidad ante la que nos encontramos y a debatir sobre propuestas concretas que puedan ser útiles para nuestra sociedad.

Si queréis el cuaderno podéis pedirlo directamente al Instituto Teológico de Murcia (es grautito) en  “Instituto Teológico de Murcia OFM”. Plaza B.A. Hibernón, 1. E-30001 Murcia  o al correo-e:  itmsecrt@um.es también puedo enviároslo yo, me dais vuestra dirección postal a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) y os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 

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Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?

La revista de Estudios e Investigación del Instituto Teológico de Murcia O.F.M. de la Universidad de Murcia, ha publicado en su numero 54 de Julio-Diciembre de 2012 (Volumen XXVIII) Pág: 315-344 mi artículo “Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?”

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  En este artículo pretendo dar una explicación razonada sobre la persistencia de los ciclos económicos a lo largo del tiempo. Esto implica hablar sobre las crisis recurrentes que estos ciclos implican y ante las que algunos piensan que no se puede hacer nada (aunque esta impresión no es correcta). La pretensión de este análisis es ver cómo las enseñanzas sociales de la Iglesia nos pueden aportar pistas que nos permitan orientar la economía en otra dirección que, si bien no evite del todo los ciclos, al menos los aminore y suavice sus consecuencias más negativas.

Para ello comienzo haciendo un repaso a las diferentes teorías sobre los ciclos económicos centrándose en aquella que a nuestro entender explica mejor las diferentes crisis que hemos vivido en los últimos dos siglos. Después analizo los fenómenos comunes que se repiten en todas las crisis identificando sus características más habituales. Ello me permite aventurar e interpretar en una clave más amplia los fenómenos que se están viviendo en esta primera gran crisis del siglo XXI. Ver cuáles son las consecuencias de la crisis y cuáles deberían ser las políticas a aplicar en estos casos para intentar superar con éxito el delicado momento económico que estamos viviendo. Por último, analizo toda esta situación desde las enseñanzas sociales de la Iglesia que pretende servir de guía para todos aquellos que quieran conocer las referencias que nos da esta a la hora de afrontar esta clase de problemas.

Si alguno queréis que os envíe el artículo en una separata (es decir, editado) pedídmelo a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) dándome vuestra dirección postal os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 
 

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¿A quién queremos rescatar?

Artículo publicado en el periódico las Provincias el 18 de Noviembre de 2012 en su página 41 titulado ¿A quién queremos rescatar?

Parece que estos últimos días se ha tranquilizado la cuestión de si vamos o no a ser rescatados por la Unión Europea. Creo por ello que es buen momento para reflexionar sobre el concepto de rescate y su aplicación a los actuales problemas de España. Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” A esta definición, que es elocuente por si misma, podríamos añadir que la palabra rescate nos hace pensar que aquellos que lo realizan están dispuestos a perder algo a cambio de conseguir su objetivo de salvar o ayudar al rescatado. De hecho, los más rescates más admirados son aquellos en los que quien los intenta está poniendo en peligro su propia vida para ayudar a otro. Por ello el rescate suele identificarse con una buena obra por parte de quien lo realiza (o lo intenta) que piensa más en el rescatado que en lo que pueda perder por realizar esta acción. El interés y el bienestar de quien tiene problemas está, pues, por encima del interés del rescatador. Esto hace que, aquel que está en una mala situación manifiesta, no solamente no rechace un rescate, sino que con frecuencia ansía que alguien venga en su auxilio para poder ser liberado de ese peligro, daño, trabajo, molestia u opresión al que se ve sometido.

Parece evidente que en el caso de los rescates de la Unión Europa, su recepción no alegra a casi nadie y no solo porque esto supone reconocer que estamos muy mal, sino porque muy pocos se sienten totalmente salvados por estos rescates (si así fuese, creo no nos asustaríamos por ellos). Cabe preguntarse por qué sucede esto si parece que la mejora de nuestro país pasa necesariamente por ellos.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que es el que nos presenta una tregua en estos momentos. El rescate financiero se ha articulado para unos bancos que estaban en una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. y que en estos momentos tienen problemas para recuperar ese dinero al mismo tiempo que tienen que seguir haciendo frente a sus obligaciones. El rescate consiste en prestarles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios.

El rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a estas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Para financiar al país, la entidad que lo hace exige a España unas condiciones que pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Sin el cumplimento de estas condiciones el rescatador se niega a realizar el rescate.

Si analizamos esto con detalle nos daremos cuenta de que los verdaderos beneficiados en esta clase de ayuda no son el país receptor, sino sus acreedores, ya que gracias a la intervención de la Unión Europea logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. De hecho, los únicos que parecen alegrarse con el rescate son, precisamente, los financiadores que, inmediatamente después a cualquier noticia de que este es posible, rebajan su presión sobre los deudores. Estos últimos solamente salen beneficiados en la medida que las condiciones del nuevo préstamo son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia, esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado (En nuestro país, el rescate al sector financiero español va a elevar la deuda pública española considerablemente a lo largo de este año de manera que se calcula que en 2013 alcanzará un 90% del PIB)

Parece que el rescatador, más que pensar en el bien de España o de cualquier otro deudor, está pensando en el bien de los acreedores de España y que, tanto el rescate como las condiciones que este conlleva, no se hacen para que el rescatado mejore, sino para garantizar que sus acreedores van a recibir el dinero que se les debe tanto ahora como más adelante. ¿Es esto lo que entendemos por un rescate? ¿Es una ayuda real aquella que se me da no para que yo mejore, sino para que mi problema no afecte demasiado a los demás? Por lo tanto, cabe preguntarse si el rescate-país es un rescate a España o un rescate a los financiadores que han prestado a España.

Por todo ello creo sinceramente que un rescate debería implicar una apuesta por la mejora de la situación económica y política del país rescatado. Esto supone, por parte de la nación deudora, un “propósito de enmienda” y una “penitencia”. Es decir, una intención real de que la situación no se vuelva a dar junto con una serie de medidas que encaminen a la nación hacia esta dirección: apostar por una política mucho más transparente, una economía basada en no gastar más de lo que se tiene (salvo momentos excepcionales), una estructura fiscal que apoye la creación de empleo, unos ingresos suficientes para todas las personas, etc. Pero estas medidas no pueden ser hechas con el único objetivo de poder así devolver las deudas. No se puede hipotecar a los ciudadanos de un país durante varios años por fallos ya cometidos y menos si esto repercute en un grave empeoramiento de sus condiciones de vida.

Un verdadero rescate pasa, por tanto, por mecanismos de condonación y de rebajas sustanciales de lo debido (no por incrementos del porcentaje de deuda). Pasa por procesos de ajuste que no tengan como objetivo garantizar los pagos, sino sentar las bases para que esta situación no se vuelve a dar, construyendo un futuro sobre unas nuevas bases no hipotecadas. Y pasa porque aquel que lo realice está dispuesto a sacrificar algo para mejorar al que está en peor situación. Solamente así podremos hablar de verdadero rescate. Otras maneras de ejecutar el mal llamado rescate y el mal llamado rescatador, dejan de ser algo deseado y bonito para convertirse en una pesadilla de la que no se quiere oír hablar. Necesitamos crear ilusión y ganas de mejora, necesitamos que las reformas se vean como la construcción de un camino hacia futuro mejor, no como las penas que tengo que pagar para que mis acreedores cobren lo que les debo. Si no se generan estas dinámicas, si no reformamos un sistema que no ha funcionado bien, no para mantenernos como estábamos, sino para dirigirnos hacia otros horizontes, el rescate no es tal, será otra cosa, pero no un rescate y nosotros seguiremos hundidos a pesar del mismo (y si no vean qué ha sucedido con los países ya rescatados).

 
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Publicado por en noviembre 19, 2012 en ahorro y finanzas, Crisis económica

 

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¿Es útil el rescate?

¿Es útil el rescate? esta es la pregunta más importante que nos hacemos cuando escuchamos hablar de los rescates. La experiencia con otros países rescatados parece hablarnos de la inutilidad de un rescate, pero conviene matizar esta primera impresión.

Para saber si es útil caben dos preguntas que nos guiarán ¿Qué clases de rescate existen? Y ¿A quién benefician y perjudican cada una de ellas?

Dos clases principales de rescate

Los rescates más habituales son de dos clases principales. La primera es la que se denominaría perdón o condonación de la deuda. Por ella, son los propios deudores los que rescatan al endeudado perdonando la totalidad o parte de la deuda. De esta manera, no se le presta más dinero al prestatario, sino que se le exime de pagar la totalidad o una parte de lo que debe.

Hay que diferenciar esto de una simple quiebra o situación de impago. En esta última es el deudor quien decide no pagar sus deudas, mientras que en el perdón, es el acreedor quien toma la decisión y libera a quien le debe dinero de sus obligaciones.

La segunda clase es la ya descrita en la entrada “¿Qué es un rescate?” por la cual el deudor recibe dinero de una tercera entidad para que pueda hacer frente al pago de sus deudas y de los intereses que estas generan. Esta aportación suele tener también forma de préstamo aunque con unas condiciones más favorables a las anteriores.

Las condiciones para que se de el rescate

En ambos casos, aquellos que toman la decisión de perdonar o de volver a prestar a unos tipos de interés inferiores, exigen unas condiciones a quien ha sido rescatado. En el primer caso trata de aceptar un propósito de enmienda y pedir una penitencia: te perdono porque has demostrado que no quieres que se vuelva a repetir esta situación y porque estás poniendo medidas para que así sea. Se trata, por tanto, de condiciones que buscan que el deudor no se vuelva a encontrar en la misma situación en el futuro.

Sin embargo, las condiciones que se imponen en el segundo caso pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Es decir, el mensaje para los rescatados es: te presto dinero para que atiendas a tus obligaciones pero a condición de que pongas las medidas pertinentes (que son las que yo te digo) que garanticen que me podrás devolver en un futuro lo que te estoy prestando ahora.

Los beneficiados y perjudicados por las dos clases de rescates

En el primer caso, el claramente beneficiado es el rescatado ya que se queda sin la obligación a la que tenía que hacer frente y puede volver a comenzar sin cargas añadidas. Sin embargo los acreedores quedan doblemente perjudicados ya que, por un lado no cobran el dinero que les era debido y, por otro, pierden la posibilidad de cobrarlo en un futuro. En cuanto a las condiciones, en la medida que están destinadas a no volver a encontrarse en esta mala situación y esto se puede hacer sin cargas añadidas (ya que ha sido eximido de la obligación) no deberían ser perjudiciales para el rescatado (aunque pudiesen ser duras), sino todo lo contrario.

En el segundo caso no sucede esto. Los primeros beneficiados son los acreedores ya que gracias a la intervención de un tercero logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. El deudor sale beneficiado en la medida que las condiciones del nuevo préstamos son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado. Por ejemplo, si antes debía 100 y se tenía que pagar 6 de intereses, ahora se debe 106 (que es lo que le han prestado para atender a estas deudas) y tiene que pagar intereses sobre esta cantidad. En cuanto a las condiciones, estas son impuestas por el nuevo acreedor que solamente quiere con ellas garantizarse el pago futuro de su rescate, lo que no garantiza necesariamente que sean positivas para el rescatado.

¿Es útil el rescate?

Parece evidente que un rescate será útil si mejora la situación real del rescatado, esto es, del deudor. Cuando se rescata a alguien a través de una liberación de sus obligaciones, parece evidente que esto es así. La condonación o perdón de la deuda tiene este primer efecto positivo. Si además, esto viene acompañado de una batería de medidas elaboradas por el deudor y destinadas a mejorar su desempeño económico de modo que no se vuelva a dar la situación que ha dado lugar al rescate, no cabe más que pensar que el rescate ha sido útil.

Ahora bien, cuando el rescate deja más endeudado al rescatado (aunque sea a unos tipos de interés inferiores y a un plazo mayor y por tanto tenga que pagar menos anualmente) y las medidas que se toman solamente pretenden garantizar que siga devolviendo lo que debe y pagando los intereses, no tiene por qué ser tan positivo. El hecho de que la prioridad en este caso no sea el rescatado, sino que el resto de implicados no pierdan, puede llevar a que las medidas no tengan resultado positivo para quien, en un principio, debería ser el mayor beneficiado. La utilidad del rescate en este caso, queda en entredicho.

 

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Presentación del libro “Más allá del decrecimiento” en Madrid

El pasado 26 de Octubre presenté el libro “Más Allá del Decrecimiento” en Madrid.

Fue una tarde muy agradable en la que nos juntamos viejos y nuevos amigos y mucha otra gente que se acercó a la sede de Funderética para acompañarnos en este momento tan agradable.

Si queréis ver una crónica de lo que allí sucedió, podéis hacerlo en http://www.redentoristas.org/archivos_noticias/20121026_Presentacionlibros.html#arriba

Os agradezco a todos los que vinisteis que nos acompañarais en este día.

 
 

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A propósito de la tasa de transacciones financieras

Artículo publicado en Las Provincias el Martes 16 de Octubre de 2012 en la página 26

España y otros diez países de la Unión europea han decidido poner una tasa de transacciones financieras a las compras de bonos, acciones y productos derivados en la Comunidad Europea. Creo que aunque no hayan sido todos los países de la Unión Europea ni los grandes centros de finanzas mundiales los que hayan tomado esta medida, que a pesar de las pegas que tiene y a la espera de la concreción de la misma, podemos estar de enhorabuena por esta decisión. Varios son los motivos que podemos argumentar para justificar esta alegría. El primero podría clasificarlo como ético. Mientras que cada vez que compramos una barra de pan para comer tenemos que pagar un porcentaje de su precio en concepto de impuestos, no sucede lo mismo cuando adquirimos una acción o un bono del tesoro o cualquier instrumento financiero. Parece cuanto menos peculiar, que tengamos que pagar impuestos si adquirimos algo que necesitamos para vivir, pero que no tengamos que hacerlo si compramos un producto financiero para intentar ganar dinero con él. ¿Por qué por las cosas que son necesarias se paga impuestos y las que son para beneficiarse de ellas y por tanto innecesarias, no? Si además consideramos que comprar pan lo tienen que hacer todos, hasta los que tienen muy pocos recursos económicos (o son pobres si queremos decirlo de otra manera más sencilla) y quienes adquieren activos financieros suelen haber cubierto sobradamente sus necesidades básicas y lo hacen con sus ahorros o sus excedentes de dinero, la cosa parece todavía más injusta.. Aunque existen razones prácticas para negarse a este impuesto, desde el punto de vista ético los argumentos en contra de esta tasa son, cuanto menos, endebles.

El segundo motivo es recaudatorio. Durante el año 2011, según los datos de la bolsa (Bolsa de Madrid (2012) Estadísticas, Mayo de 2012, http://www.bolsasymercados.es/esp/publicacion/revistaOnLine/index.htm) el volumen de contratación total en España fue de trece billones doscientos sesenta y uno mil trescientos veinte millones de euros. Ello quiere decir que de mantenerse esta contratación y el tipo que se ha anunciado, un 0,1% (siempre que se aplicase a todas las compras, cosa que no está clara en estos momentos) se lograría una recaudación de más de 13.000 millones de euros. Tal y como está la situación económica, no está mal del todo… Si la contratación se redujese a causa de este impuesto un 30% (el precedente de Francia parece que apunta en esta dirección) la recaudación seguiría incrementándose en unos 9.000 millones de euros. Podría suceder que a causa de este impuesto los beneficios financieros se redujesen y bajase, como consecuencia de esto, la recaudación de impuestos por esta vía, pero está por ver si esto realmente sucede (podría no suceder) y cuál sería la reducción de recaudación (previsiblemente menor que el aumento por este impuesto).

El tercer motivo ya fue apuntado por el premio nobel James Tobin cuando hizo una propuesta de una tasa de este estilo (que era para las transacciones en divisas y no para los activos financieros). Este impuesto no perjudicaría a la actividad económica real, sino tan solo a la velocidad y cantidad de transacciones financieras. En la medida que esta rapidez y la enorme fluidez han generado una gran volatilidad estos últimos años claramente negativa para la marcha, no solo de los mercados financieros, sino de la economía en general, no podemos más que concluir en que incorporar esa arena (como la definía el mismo Tobin –Eichengreen, Barry; Tobin, James; Wyplosz, Charles (1995): “ Two Cases for Sand in the Wheels of International Finance” http://www.jstor.org/stable/2235326-), en el engranaje de los mercados, puede hacer que estos sean más lentos y cumplan mejor sus funciones apoyando el desarrollo de la economía y no causando inestabilidad innecesaria.

Dicho esto creo que precisaríamos de varias mejoras para que se cumpliesen los objetivos de este impuesto de una manera más plena. La primera es que opino que el porcentaje de la tasa es demasiado reducido. Un 0,1% es una tasa realmente baja (comparando con la compra del pan por la que pagamos un 4% y no nos sirve para ganar dinero sino tan solo para vivir). Creo que deberíamos ir, al menos, a la tasa que propuso Tobin en su momento de un 0,5%. Esto podría suponer que la recaudación fuese, no tan solo de 9.000 millones, sino que alcanzase al menos 20.000 millones anuales (considerando una bajada de negocio de al menos un 60%) siempre y cuando, claro está, se gravasen todas las compra-ventas de estos activos las hiciese quien las hiciese.

El segundo elemento que quiero añadir es que, con la libertad de capitales que tenemos instaurado en nuestros países, podría suceder que quienes adquieren estos productos financieros se fuesen a hacerlo a otros países que no aplican esta tasa con lo que evitarían el pago del impuesto. Creo que ante esta posibilidad caben dos clases de medidas. La primera el impulso para que se generalice este impuesto (lo mismo que sucede con el Impuesto sobre la Renta o el IVA o impuesto sobre las compras). Es decir, intentar que esta idea se acepte por parte de todos los países de la UE y también en las otras plazas financieras mundiales, esto además, igualaría las condiciones de competencia entre las distintas plazas financieras. Si esto no fuese posible, tal vez deberíamos volver a poner trabas a la libre circulación de capitales para evitar que el dinero se fuese a aquellas naciones que no quieren implantar esta clase de tasas y que tienen, pues, ventajas artificiales para competir en los mercados financieros.

 
 

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Qué es un rescate

Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” Y esta es la oferta que parece que recibimos cuando se habla de rescatar a España o a nuestros bancos, parece que esto va a permitir que los peligros que nos acechan desaparezcan. Ahora bien, cabe preguntarse por dos cuestiones principales a la hora de hablar de rescate, por un lado cuál es el peligro del que van a liberarnos y la segunda cuáles son los sistemas que van a utilizar para hacerlo. En esta primera parte de esta serie vamos a ver qué es un rescate, para en una segunda entrada que pondré en breve analizar, las distintas clases de rescate y ver quiénes salen beneficiados con cada una de ellas.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que sería el que hipotéticamente se podría recibir en el momento que se escriben estas lineas (otoño 2012). Voy a analizar someramente qué supone un rescate en cada uno de los dos casos.

 

Los bancos necesitan ser rescatados de una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. Ese dinero no lo pueden recuperar en estos momentos debido al parón del sector inmobiliario, la reducción de precios de estos activos y la insolvencia de muchas empresas y personas que recibieron este dinero y ahora no lo pueden devolver. Al mismo tiempo, estas entidades financieras tienen que hacer frente a pagos y no tienen bastante dinero para hacerlo (devoluciones de depósitos, intereses a aquellos que les prestaron dinero a ellos, etc.) Estas empresas tienen, además, problemas para pedir prestado los fondos que necesitan para pagar lo que deben debido a que otras entidades financieras conocen su situación y no quieren arriesgarse a no recuperar su dinero. El peligro del que se pretende liberar a la entidad es, por tanto, la quiebra, esto es, la imposibilidad total de hacer frente a todas las obligaciones que tiene la entidad financiera.

Un rescate para estos bancos supone darles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios que tienen. De alguna manera les da tiempo para poder hacer frente a sus obligaciones de devolución y pago actuales, hasta que vengan tiempos mejores y ya puedan pagar sus deudas. Del mismo modo, al contar con estos fondos, son más seguros de cara a otros posibles financiadores y pueden lograr que otras entidades financieras decidan prestarles más dinero.

Un rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a esas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Además, al garantizar dinero para el país, puede inspirar confianza y hacer que los prestamistas puedan volver a prestar a esa nación. Se pretende evitar también la quiebra del país, el que no pueda pagar sus deudas…

Dejo para una segunda entrada que titularé “¿Es útil el rescate?” los matices sobre de qué manera se articulan estos rescates, sobre quiénes salen beneficiados y quiénes perjudicados y sobre su utilidad en el medio y largo plazo.

 

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“De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis” VII Informe del Observatorio de la Realidad Social de Cáritas

Cáritas Española ha publicado el informe titulado “De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis” En él se constatan los efectos que está teniendo la crisis en los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Reproduzco aquí la nota de prensa que ha realizado Cáritas con el resumen, pero os recomiendo que os lo descarguéis para conocer con más precisión quienes son los verdaderos afectados por esta crisis:

http://www.caritas.es/AdjuntoNoticiaDownload.aspx?Id=687

Cáritas. 20 septiembre de 2012.- Los Servicios de Acogida y Atención Primaria de Cáritas en toda España están constatando la consolidación en nuestro país de una sociedad más pobre, más desigual y más injusta. Así lo revelan los datos recogidos en el VII Informe del Observatorio de la Realidad Social (ORS), que ha sido presentado esta mañana en Madrid por el secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, y el coordinador del Equipo de Estudios, Francisco Lorenzo.

Bajo el título “De la coyuntura a la estructura. Los efectos permanentes de la crisis”, el Informe analiza a lo largo de cinco capítulos la acción desarrollada por la red de Acogida y Atención Primaria de la Confederación Cáritas Española. Este servicio de ayuda cercana y urgente a las personas más vulnerables por parte de Cáritas se desarrolla especialmente a través de las parroquias, donde es la propia comunidad la que ofrece una respuesta ágil, directa y fraterna a quienes padecen los peores efectos de la crisis.

En esta séptima entrega del ORS se señala que desde que se inició la crisis se ha multiplicado por 2,7 el número de personas atendidas en los Servicios de Acogida y Atención Primaria de Cáritas, que ha pasado de 370.251 personas en 2007 a 1.015.276 en 2011.

Las causas principales de este incremento siguen siendo, principalmente, un proceso sostenido de destrucción de empleo, que reduce de manera drástica las posibilidades de ingresos económicos en numerosos hogares; y la consolidación de la reducción y el agotamiento de las ayudas de protección social.

Las necesidades básicas más demandadas

Entre las necesidades básicas más demandadas entre 2007 y 2011, el mayor aumento se ha producido en el número de ayudas económicas para alimentación, seguidas de ropa/calzado y vivienda Por detrás aparecen otras necesidades, como gastos sanitarios y asuntos legales.

En 2011, se registraron unas 400.000 respuestas de ayuda económica para alimentación, más de 50.000 para vivienda y 60.000 para ropa y calzado.

Los fondos invertidos

El gasto en ayudas económicas a las personas y familias destinados por las Cáritas Diocesanas a través de sus Servicios de Acogida y Asistencia se han duplicado entre 2007 y 2010, hasta alcanzar cerca de 33 millones de euros en ese último año.

En 2011 se alcanzan más de 10 millones de euros en ayudas para alimentación y 7 millones de euros para vivienda, seguidos de 1,5 millones en educación/formación y 1 millón en gastos relacionados con la salud.

En total, entre 2007 y 2010, los recursos invertidos por la Confederación Cáritas en todo el país en el apartado de Acogida y Atención Primaria superan los 112 millones de euros.

El perfil de las personas atendidas

Las mujeres siguen siendo el rostro más visible de las demandas de ayuda de emergencia atendidas por Cáritas. Destacan, asimismo, el elevado número de desempleados que han pasado de ser “recientes” –al inicio de la crisis– a ser de larga duración. Numerosas parejas jóvenes (de 20 a 40 años de edad) con hijos se han visto también muy afectadas, así como mujeres solas con familiares a cargo. Las  parejas con hijos suponen el 40% y las familias monoparentales un 18%.

En Cáritas, 5 de cada 10 personas acogidas en 2011 son inmigrantes. Un tercio de ellos están en situación de irregularidad, en muchos casos sobrevenida a consecuencia de la crisis. Se estima que Cáritas atiende cada año a 130.000 personas en situación de irregularidad.

En cuanto a los perfiles sociales que más aumentan en quienes han acudido por primera vez a los Servicios de Acogida en 2011, el Informe señala que son personas de nacionalidad española y extracomunitarias en irregularidad sobrevenida; en riesgo de perder su vivienda; parejas con hijos y, en menor medida, personas solas y familias monoparentales; jóvenes adultos con una edad de 30 a 44 años; y personas sin ingresos o con Rentas Básicas o Mínimas.

Constataciones

El VII Informe del ORS constata situaciones y hechos que hablan de un cambio social que, más allá de la coyuntura de la crisis, están suponiendo la consolidación de una nueva estructura social. En este sentido, se subrayan tres hechos:

       La sociedad española presenta un modelo de integración precaria que, desde los años 80, se ha venido deteriorando progresivamente y que deja patente la insuficiencia y la reducción de la capacidad protectora del sistema público.

       La exclusión social, la pobreza y la vulnerabilidad son fenómenos estructurales que hoy, a consecuencia de la crisis, se hacen especialmente visibles; pero el proceso de deterioro progresivo de los derechos y de la protección social, especialmente para los más desfavorecidos, no es algo nuevo.

       La evolución de las solicitudes de ayuda a Cáritas no es un asunto pasajero ni coyuntural, sino que expresa la consolidación de una estructura social en la que un número elevado de personas y familias han quedado sin esperanza en su proyecto vital.

Como se afirma en el Informe, “si cuando hubo crecimiento económico (período 1994-2007), no se redujo la pobreza –ni se consolidó la protección social, ni aumentó la proporción de inversión en gasto social del P.I.B.–, es difícil creer que salir de la crisis desde la óptica del crecimiento económico tenga consecuencias relevantes en la reducción de la desigualdad y la pobreza”.

Para sus autores, “la acumulación de desventajas en más de una cuarta parte de la población española conlleva un riesgo de dualización y de falta de cohesión social, que se viene constatando antes del inicio de la crisis”.

Escucha, calidad y calidez

El Informe destaca un aspecto de la acción de Acogida desarrollada por Cáritas que guarda estrecha relación con un modelo de trabajo basado en la identidad evangélica de su visión y la dimensión eclesial de su misión. Se trata de las  respuestas orientadas hacia la escucha a las personas que acuden a los centros y servicios de Cáritas en las parroquias, que abordan unas necesidades no mediatizadas por lo económico y que hablan más de la calidad y calidez de la acción de Cáritas que de la cuantificación.

Las acciones que atienden este tipo de necesidades tienen un gran valor porque son muy significativas y transformadoras en la trayectoria vital de las personas, de las relaciones y de la sociedad.

 

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Entrevista en Cresol sobre la crisis económica

Entrevista publicada en la revista Cresol, any 13, Nº 109, Juliol i agost del 2012, pág: 30-32, en la que se habla sobre temas relacionados con la Crisis económica y la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta vez voy a publicarlo, tanto con las imágenes del original, como con el texto.

  • Enrique, el pasado 1 de Junio presentabas en Almàssera tu nuevo libro “Más allá del decrecimiento”. Brevemente, ¿cuál es la aportación eje?

La clave de este libro es ayudar a cambiarse las gafas con las que analizamos y observamos la realidad económica ante la que nos encontramos. Pretende mostrar como las ideas preconcebidas que parecen indiscutibles en la economía actual y en el funcionamiento del Estado, las empresas y las entidades financieras, no lo son, sino que podrían plantearse desde otros puntos de vista. La Doctrina Social de la Iglesia nos aporta una mirada crítica y a la vez constructiva a la realidad económica actual. El libro pretende profundizar en esta perspectiva y aportar, a la vez, sugerencias que concreten en nuestra realidad actual las propuestas que realiza la DSI en el campo económico.

  • No lo he leído todavía, pero vemos ya en el título que abordas la problemática de la crisis económica. En esta sección, publicamos un artículo de un sacerdote con el título: “Crisis económica: beneficio para unos pocos y miseria para la mayoría” (H. Pasqual). ¿Es así la cosa?

La crisis económica es un problema para todos. Cuando la economía no funciona, pocos quedan indemnes. Dicho esto, es verdad que gran parte de la responsabilidad de esta crisis la tiene un sistema que prioriza los intereses de los más adinerados en contra de los que tienen menos posibilidades. Puesto que las acciones que se están realizando en contra de la crisis no cuestionan las bases del sistema económico que la han provocado, nos encontramos con que las prioridades de nuestros gobiernos están siendo la de garantizar la devolución de las deudas, mantener la inflación y garantizar que el sistema financiero siga funcionando como hasta ahora. Si esta es la prioridad, es evidente que aquellos que trabajen en estos sectores están teniendo medidas que están evitando que sus problemas sean excesivamente altos. Los temas que no se están priorizando como el desempleo, la pobreza, el estado de bienestar… Están siendo más perjudicados por la crisis que aquellos a los que se les presta una especial atención

  • Para que los agentes pastorales estudien, difundan y apliquen la Doctrina Social de la Iglesia a las cuestiones sociales que son de notoria actualidad, como lo es en el momento presente la crisis económica y sus consecuencias sociales, ¿qué sugieres ofrecer, en estos momentos en las diócesis, en plan formativo?

Jesús, yo sugeriría que utilizasen mis dos libros que han nacido, en parte, con esta intención, pero claro, no se si esto queda bien en este contexto o si se puede contestar así como así. Son textos claros, que puede contestar cualquier no economista y que ayudan a comprender la realidad económica, la opción de la DSI y qué alternativa propone esta. El trabajo en grupo y la reflexión de estos textos puede permitir un conocimiento más bueno de la DSI con una aplicación práctica e inmediata al cambio de hábitos y de miradas a la realidad económica.

  • Recientemente se inauguró en Santander la XLI edición de la Semana Social de España, organizada por la Conferencia Episcopal Española, que este año se ha convocado bajo el título “Europa, ¿Un proyecto esperanzador?”. ¿Cuál es tu valoración de las Semanas Sociales?

Desgraciadamente no he tenido la suerte de asistir a estas semanas sociales ni de conocer mucho de ellas, así que no puedo dar una opinión fundamentada sobre las mismas ni de su repercusión o utilidad.

– ¿Ayudarán a paliar las consecuencias de la crisis económica? Me remito a la anterior contestación

– Crisis i solidaridad (Bausset). ¿Difícil eso de superar “los intereses particulares” para salir de la crisis, tal y como afirma el papa Benedicto XVI?

Estamos en una sociedad en la que desde hace mucho tiempo se ha legitimado la búsqueda del interés individual. Pensar solamente en uno mismo no solo está bien visto sino que además aparece como la única opción razonable. Algunos argumentan, además, que es la única manera de alcanzar el bien común. Que si dejamos de pensar en nosotros mismos y pensamos en como mejorar el conjunto, las consecuencias sobre la sociedad son catastróficas. Parece evidente, por lo menos a los ojos de algunos, que esta argumentación es falaz y que la búsqueda generalizada del interés propio solamente lleva a sociedades poco solidarias en las que se avanza hacia la dirección que marca quienes más fuerza tienen para defender sus propios intereses sacrificando, con frecuencia, los de los demás. Por todo ello y por la fuerza que tiene la corriente principal se hace difícil superar estos intereses particulares. Sin embargo, ello no debe asustarnos ni dejar de impulsarnos a hacerlo y a proclamar otros caminos diferentes para salri del lugar en el que estamos.

  • ¿Sería útil lo que están pidiendo algunos obispos: destinar el salario de un día del mes a los parados Clasificar esta medida como útil depende del alcance que esperemos de ella. Si lo que pretendemos es ayudar a las personas que lo están pasando mal y que experimenten en amor de Dios gracias a una acción caritativa que les llega en unos momentos críticos de su existencia, es evidente que esta medida unida a una buena redistribución y a una cercanía y convivencia de los cristianos con aquellos que están sufriendo las consecuencias de la crisis, no solo es útil sino un instrumento potente de evangelización, de anuncio de la buena nueva que es el amor de Dios.

Ahora bien, si lo que pretendemos con esta medida es acabar con la crisis y sentar las bases para salir de ella, creo sinceramente que se trata de una medida inútil que no aporta nada para la salida de la situación en la que nos encontramos. La salida de la crisis necesita de medidas estructurales que modifiquen la manera en la que estamos organizando nuestra economía y evidentemente, esta medida no va en este sentido.

Es evidente que el crédito fácil a la vivienda y el consiguiente incremento exagerado de los precios que se dio durante los años de bonanza, han influido de una manera clara en la gestación y el alcance de esta crisis. Los problemas los tienen ahora aquellos que se ven impedidos al derecho a la vivienda que proclama nuestra constitución. Los desahucios no solo perjudican a los desahuciados, sino que tampoco solucionan con frecuencia el problema de los bancos, ya que estos no pueden vender sus inmuebles debido al poco movimiento existente en el mercado de la vivienda. Por ello, si una parte de los préstamos destinados a los bancos se le diesen a los hipotecados con problemas, este dinero acabaría ayudando a los bancos y las personas no se quedarían sin vivienda. Si además, se cambiase la ley permitiendo la dación en pago, se sentarían las bases para evitar una burbuja inmobiliaria de estas dimensiones en un futuro.

– ¿Qué otras propuestas concretas nos sugieres?  

Creo que los cristianos tenemos unas muy ricas y ancestrales enseñanzas sociales que, bien aplicadas, podrían generar una gran cantidad de ideas a la hora de cómo solventar los problemas que se han generado a partir de esta crisis y como estructurar nuestra economía a partir de otros fundamentos. Necesitamos una economía al servicio de las personas y no de los beneficios o del crecimiento económico (porque alcanzar estos no repercute necesariamente en favor de todos). Precisamos que se priorice a los más pobres y no a aquellos que consiguen ganar más dinero en menos tiempo. Esto supone cambiar la estructura económico y dirigirla en otra dirección, cosa que es difícil describir en un espacio tan limitado.

 
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Publicado por en julio 18, 2012 en Crisis económica

 

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