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Economía y ecología

Artículo publicado en la revista “Asociación Resurgir”, nº 35, Diciembre 2018, pág 12-14

El objetivo principal de la economía en este momento es el crecimiento económico. Este se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB) de modo que el norte que dirige la actuación de nuestras sociedades es que este último se incremente sin freno. Cabe recordar que el PIB es lo que producimos en un país en un año, de modo que tener como norte que este se incremente cada vez más, es buscar que año tras año tengamos “más entre todos” y esto conlleva en si mismo un problema ecológico. Porque para producir bienes y servicios, precisamos de tres elementos esenciales. El primero es el trabajo. Sin actividad humana puesta al servicio del producir no se puede hacer nada. El segundo es lo que los economistas denominamos capital, que puede describirse de una manera más sencilla como herramientas, maquinaria, instrumentos e infraestructuras. Es decir, todas aquellas cosas que fabricamos para que nos faciliten la producción de otras. En tercer lugar precisamos de recursos naturales: minerales, madera, animales, etc. Es decir, todos los bienes que nos proporciona la naturaleza sin los cuales no podemos producir absolutamente nada.

Incrementar la producción sin fin puede hacerse de dos maneras. La primera es mejorando la productividad, es decir, logrando con los mismos recursos que la producción aumente. El segundo, es incrementando el número de factores de producción que teneos. Esto es, utilizando más trabajo, más herramientas o máquinas o instrumentos, e incrementando el uso de los recursos naturales. El trabajo depende de las personas con las que contamos para la producción, el capital de lo que ahorramos y dedicamos no a producir bienes para el consumo, sino para fabricar aquellas cosas que no sirven para producir otro. El problema ecológico nos llega, entre otras cosas, por la utilización creciente de los recursos naturales. Si estos pudiesen utilizarse sin desgastarlos como sucede con la energía solar, el viento o las mareas, no tendríamos ningún problema ecológico ya que su utilización no los gota ni los desgasta. Siempre los tenemos ahí a nuestra disposición los transformemos o no en energía (que suele ser su uso más habitual). Sin embargo, estos recursos son la excepción. La mayoría de ellos se desgastan o agotan con el uso. Una vez utilizados no pueden ser usados en otra ocasión.

A pesar de ello, algunos de estos recursos pueden renovarse y podemos mantener la cantidad de recursos a pesar de utilizarlos. Me estoy refiriendo, sobre todo, a aquellos que derivan de seres vivos. Nosotros podemos cortar árboles para utilizar su madera, pero si plantamos otros al mismo tiempo, no tenemos por qué acabar con la madera ni con los bosques. Lo mismo sucede con cualquier recurso natural proveniente de una planta o de un animal. Todos se reproducen y si los matamos a menor ritmo que su reproducción, puede hasta incrementarse la cantidad del recurso a pesar de que lo utilizamos. Sin embargo, existen otros recursos naturales en los que ya no sucede lo mismo. Cuando utilizamos gasolina en nuestros automóviles, ese petróleo ya no puede volver a ser utilizado, se ha acabado, no lo recuperamos. Existen recursos que se agotan con su uso y ya no hay posibilidad alguna de que se reproduzcan o se vuelvan a utilizar.

Podríamos pensar (y algunos así lo afirman) que existen progresos que pueden hacer que coexista un crecimiento económico sin que se agoten los recursos existentes. Se basan para decirlo en la existencia de tres elementos que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra porque logramos el crecimiento sin utilizar más recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Es por ello que no podemos crecer ilimitadamente. La cantidad de recursos que existen en una sociedad limitan nuestra capacidad de producir más. No podemos incrementar la producción de una manera indefinida porque corremos el riesgo de agotar los recursos del planeta. Lo oímos constantemente: especies animales y vegetales que se extinguen, minas que cierran porque ya no queda mineral, desaparición de masa forestal a nivel global… Es difícil compatibilizar el crecimiento ilimitado con la limitación de recursos existente. Cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) solo puede lograrse cambiando el objetivo hacia el que dirigimos nuestra economía. Buscar un objetivo económico que no sea por si mismo insostenible.

Este objetivo no debe centrarse en el tener, sino que esto hay que ponerlo al servicio de la persona. Porque para ser más persona y más libre no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. Por ello es necesario cambiar el objetivo económico para pasar desde ese “tener más entre todos” que buscamos en estos momentos, a un modelo económico que busque como su principal objetivo que “todos tengan al menos lo suficiente”. Cuando este es el norte económico al que dirigirse el desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no haya pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Y este es un objetivo compatible con la conservación del medio ambiente en si mismo. En la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que la cantidad de recursos utilizados se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el problema ecológico que supone la búsqueda infinita de crecimiento se evita y se deja a un lado. La economía deja de ser un problema para el cuidado de la creación y la explotación infinita de nuestros recursos deja de ser lo normal. Necesitamos modificar el horizonte de nuestra actuación económica para poder cuidar de nuestra creación y lograr que la economía sea compatible con el cuidado medioambiental. Mientras que el fin último de nuestra organización económica sea el crecimiento económico, difícilmente podremos lograr este sin deteriorar cada vez más la casa común en la que todos vivimos.

1http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

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Publicado por en febrero 20, 2019 en Medio ambiente

 

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L’utopie global

Je présente ici un article que j’ai publié en français il y a plusieurs années, mais qui reste d’actualité.

Vous pouvez le trouver dans le lien suivant: http://hdl.handle.net/10637/9439

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L,utopie globale” (2005) en Philosophies des mondialisations, Jordi Riba et Patrice Vermeren (ed.), pág: 129-165, L’Harmattan, Paris,

 
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Publicado por en enero 14, 2019 en Economía humana

 

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Cada vez más endeudados

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, de Septiembre de 2018, nº 1609 Pág: 12 y 13

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Una de las estrategias que han servido para salir de la crisis en la que estamos ha sido el endeudamiento. Endeudarse puede producir crecimiento económico y este parece que ha sido el camino elegido por las principales autoridades económicas mundiales para lograr la recuperación de la senda de crecimiento mundial. Las bajadas de tipos de interés propiciadas por los bancos centrales no hacen más que confirma resta afirmación.

Si alguien se pregunta cómo es posible que el endeudamiento produzca crecimiento, el mecanismo para lograrlo se puede entender con un ejemplo sencillo. Supongamos que alguien quiere montar una actividad económica en su barrio como una casa de comidas para llevar, que permita a sus vecinos no tener que cocinar y al inversor ganarse la vida con un trabajo honrado. Consideremos que esta persona no tiene el suficiente ahorro para poder alquilar el local, adecuarlo, comprar la maquinaria adecuada y asumir todos los gastos que supone la puesta en marcha de la actividad, por lo que recurre a un banco que le presta el dinero para hacerlo. Ya tenemos el endeudamiento y la posibilidad real de montar su casa de comidas preparadas y asumir todos los gastos que esta puesta en marcha genera.

Si, siguiendo con nuestro ejemplo, esta persona acierta y hace unas buenas comidas que comienzan a ser apreciadas por sus vecinos que, poco a poco, dejan de cocinar algunos días para comprar los magníficos menús que prepara nuestra emprendedora, el endeudamiento ha creado una nueva actividad, tal vez algún puesto de trabajo, y ha generado un crecimiento económico en el barrio ya que dinero que antes, probablemente, se iba a comprar fuera de él o al ahorro, pasa a ser gastado en producción del lugar. Si a esto añadimos que el dinero que entra en circulación se mueve donde antes no lo había, vemos como esa nueva inversión proveniente de un endeudamiento no solo produce crecimiento gracias a esta actividad, sino gracias a lo que compran sus dueño y sus trabajadores que no hubiesen ganado si no hubiesen montado esta casa de comidas.

En este caso el cuento acaba bien, porque la actividad ha sido un éxito y esto le permite a la persona endeudada devolver el préstamos recibido y al mismo tiempo pagar los intereses que le ha cargado el banco. Cuando lo hace ya no genera crecimiento, pero seguro que habrá otro que lo haga con el dinero que devuelve. Este proceso entra dentro del funcionamiento normal de cualquier economía desarrollada y es necesario que existan estas posibilidades de crédito para permitir que las personas puedan adquirir bienes caros (como una casa o un automóvil) o para que puedan tener actividades en las que ganarse la vida.

Sin embargo, lo que estamos observando ahora es que el endeudamiento a nivel mundial está creciendo de una manera constante. En estos momentos tenemos una deuda acumulada a nivel mundial que supone un 318% del tamaño de la producción anual mundial (es decir, por cada euro que se produce en todo el mundo, se deben 3,18). Para tener una referencia, hace 15 años (antes de la crisis) este porcentaje era de un 248% y hay que recordar que durante la crisis el endeudamiento decreció. Cuando todos se endeudan al mismo tiempo el efecto de promoción del crecimiento a corto plazo es considerable pero puede convertirse en un parón a medio o a largo plazo. Si todos pedimos prestado para construir carreteras, comprar bienes, montar negocios, enviar a nuestros hijos a estudiar, etc. En el momento en el que esto está sucediendo, el crecimiento económico es elevado ya que se producen muchos bienes y servicios que no se harían si no hubiese existido este endeudamiento. Ahora bien, si igual que todos se endeudan al mismo tiempo para poder provocar este crecimiento, todos devuelven sus deudas coordinadamente, cuando esto está sucediendo ya no se da tanto crecimiento económico, porque los agentes económicos tienen que utilizar fondos para devolver en lugar de para adquirir otros bienes y servicios.

Además, si la parada del crecimiento es acusada, puede darse que algunos tengan problemas para devolver esos préstamos, ya que, como en el caso del ejemplo con el que abríamos el artículo, para poder devolver y pagar los intereses, necesitamos que nuestra inversión funcione bien y genere ingresos suficientes. No hay más que recordar como muchas de las empresas que quebraron en la anterior crisis eran compañías que funcionaban bien, que tenían más ingresos que gastos, pero que debido a un elevado endeudamiento adquirido durante los años de bonanza, tenían unos beneficios insuficientes para hacer frente a los pagos de sus respectivas deudas y finalmente tuvieron que cerrar por no poder pagarlas.

Lo que estamos viendo es que la necesidad de crecimiento nos lleva a un círculo vicioso que genera ciclos económicos. Por un lado, para crecer necesitamos endeudarnos constantemente y que este endeudamiento sea cada vez mayor. Solo la movilización de nuevos recursos permite ese crecimiento que ansiamos. Por otro, para que ese endeudamiento sea sostenible precisamos que exista crecimiento económico, porque sin él no podemos devolver lo que hemos pedido prestado. Entramos así en una doble adición. Por un lado tenemos una economía adicta al endeudamiento porque sin este no podemos crecer, y por otro tenemos una adición al crecimiento porque sin este entraríamos en otra crisis financiera por la imposibilidad de devolver los créditos pedidos.

La salida de nuestra anterior crisis está realizándose a través de los mecanismos que la provocaron, es decir, entrando en una espiral de endeudamiento y crecimiento, que se retroalimenta ya que ambos se necesitan para poder mantener esta dinámica. Si el endeudamiento tiene como finalidad principal actividades realmente productivas, podremos tener unos años en los que el crecimiento se mantenga. Pero si este endeudamiento se destina, no a actividades de producción, sino a actividades financieras que produzcan inflación en el precio de algunos activos financieros (tal y como sucedió en las crisis precedentes), no debemos albergar dudas de que volveremos a tener otra crisis más pronto o más tarde, o una recaída de la que tenemos tan reciente.

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Pensiones para una vida digna

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, en noviembre de 2018, en el número 1611, pág: 12 y 13

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Las pensiones son uno de los temas económicos que nunca dejan de estar en el candelero. A finales del siglo pasado eran un tema clave en muchos estudios económicos por las sospechas fundadas de que el sistema que se daba en esos momentos podía colapsar durante la primera mitad del siglo XXI. En estos momentos, los pensionistas se manifiestan en las calles pidiendo unas pensiones dignas para todos. El debate sobre las pensiones sigue ahí y tiene varios frentes que, aunque relacionados entre si, pueden analizarse de manera separada para poder tener una perspectiva más amplia sobre la cuestión. A mi modo de ver las cuestiones clave que hay que tener en cuenta a la hora de analizar el sistema son: las pensiones mínimas, las cotizaciones a la seguridad social, la sostenibilidad del sistema y si deseamos o no un sistema contributivo como el nuestro.

Pero antes de comenzar creo que es conveniente recordar las circunstancias económicas que rodean un sistema cuestionado. Porque la práctica totalidad de los analistas están de acuerdo en que el sistema de pensiones tiene problemas. Es un sistema de reparto en el que los pagos de las pensiones actuales se realizan a partir de las cotizaciones que realizan los trabajadores en este momento. Eso significa que quienes trabajamos ahora estamos financiando a los pensionistas de ahora. El sistema funciona bien mientras haya varios trabajadores para financiar a cada pensionista. Sin embargo, el número de personas que cotizan por pensionista estuvo en 2017 en 2,3 y los ingresos no se recuperan. Dos son los factores que afectan de una manera directa a esta circunstancia. Por un lado la mayor longevidad de las personas mayores que incrementa el número de pensionistas junto con que los nuevos reciben pensiones más altas. Ambas dinámicas repercuten en un incremento de los gastos del sistema. Por otro lado los nuevos cotizantes tienen salarios más bajos lo que conlleva una reducción de los ingresos. Todos sabemos que un sistema en el que bajan los ingresos y suben los gastos está condenado a colapsar más pronto o más tarde si no se le pone remedio lo antes posible.

Por ello hay un grupo de economistas que opinan que la prioridad que hay que abordar es, precisamente, la sostenibilidad del sistema. Para ello no hay secretos, o hay que bajar los gastos o hay que incrementar los ingresos, o las dos cosas a la vez. Como las políticas de incremento de la contribución al sistema de pensiones no parecen gozar de popularidad en estos últimos años, aquellos que defienden que la sostenibilidad es lo más importante, suelen apostar por políticas de contención de las pensiones, lo que repercute en todos los pensionistas pero en especial en aquellos que cobran pensiones más bajas que son insuficientes para llevar una vida digna. De hecho, esta es la segunda cuestión clave que hay que tener en cuenta a la hora del debate de las pensiones. Porque si el importe medio de la pensión contributiva era en 2016 de 903,6€ al mes es porque existen muchas que tienen una cuantía inferior. Y si hablamos de la pensión media no contributiva, esta se situaba en 637,9€ mensuales. Esto significa que muchas pensiones no permiten llevar una vida digna a quienes la reciben. Para algunos la prioridad del sistema debería estar en lograr que todos los pensionistas obtuviesen un nivel de ingresos digno, lo que significa incrementar la cuantía de las pensiones más bajas.

La siguiente cuestión que se plantea tiene que ver con los ingresos. Los pagos a la seguridad social tienen una relación directa con los ingresos que se perciben hasta un límite máximo. A partir de este, la cotización se congela de modo que por mucho que se incrementen las rentas, la cotización queda estancada al nivel máximo. La consecuencia directa que tiene esto es que una subida de salario bruto de 300 euros mensuales puede salir más cara si se le hace a alguien con bajo salario que si el beneficiado tiene un salario alto, ya que al primero le sube la cotización a la seguridad social mientras que al segundo no. Desde este punto de vista, parecería más justo que la subida salarial supusiese el mismo coste para cualquier nivel de ingresos, lo que supondría que no existiese un límite máximo y que a iguales subidas salariales, el incremento del pago a la seguridad social fuese el mismo.

Esto liga con el cuarto problema planteado que tiene que ver con la relación entre las cantidades cotizadas y la pensión recibida (a más cotización, más pensión y viceversa). Nuestro sistema de la Seguridad Social intenta garantizar que las personas que reciben pensión mantengan su nivel adquisitivo de modo que existen grandes diferencias entre las pensiones recibidas por quienes gozaron durante su vida laboral de unos buenos salarios y quienes no obtuvieron estos. Algunos se plantean si el sistema de seguridad social no debería cambiar de objetivo virando hacia lograr que todas las personas que se jubilan tengan al menos unas rentas suficientes para vivir con dignidad. Es decir, cambiar a un sistema menos o nada contributivo, donde cada un aportase según sus posibilidades pero luego recibiese una cantidad suficiente para una vida digna y no una cuantía ajustada a su anterior nivel de ingresos.

Haciendo una síntesis de estas cuatro preocupaciones, podríamos encontrar una dirección en la que poder atender de una manera más o menos coherente a estos cuatro desafíos del sistema de pensiones. Lo primero sería cambiar el objetivo del sistema para que este buscase garantizar que todos los pensionistas tuviesen un nivel de ingresos que les permitiese una vida digna. Para ello sería necesario subir las pensiones mínimas hasta este nivel y tal vez reducir algo las pensiones máximas (para hacerlo sin comprometer la sostenibilidad del sistema). Esto último, además, reduciría el elemento contributivo del sistema, para lo que también sería necesario retirar el límite máximo de las cotizaciones, de modo que cualquier subida salarial supusiese un incremento de cotizaciones a la seguridad social. Esto último debería hacerse sin que la pensión máxima se incrementase, es decir, sin que diese derechos al contribuyente para recibir más allá de la pensión máxima que se hubiese fijado de manera general. La combinación de estas medidas permitiría incrementar la justicia distributiva del sistema, mejorar a quienes peor están y reducir el elemento contributivo del sistema sin comprometer la sostenibilidad del mismo.

 
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Publicado por en noviembre 12, 2018 en Estado Social

 

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El parche fiscal de las tecnológicas

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras nº 1307 de Junio de 2018, pág: 12-13

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Creo que todos hemos oído hablar de la propuesta de nuestro ministro de economía y hacienda de gravar a algunas empresas tecnológicas para ajustar el déficit añadido que se puede generar por el incremento de las pensiones que se ha previsto en el nuevo presupuesto para este año (hay que recordar que en el momento que escribo este artículo, mayo de 2018, todavía no se ha aprobado el presupuesto de 2018). La solución puede parecer una idea genial que intenta conciliar intereses aparentemente encontrados y probablemente aquellos que la han pensado crean que han encontrado la cuadratura del círculo con ella. Por un lado permite subir las pensiones y acallar la voz de muchos pensionistas que han visto como sus ya de por si reducidas pensiones han ido perdiendo poder adquisitivo durante los últimos años debido a que están congeladas al mismo tiempo que los precios no han dejado de subir. En segundo lugar permite cumplir los objetivos de déficit que nos vienen marcados por la Unión Europea. Esos mismos que impedían hasta hace cuatro días incrementar el valor de las pensiones, permiten ahora que este aumente gracias a que se logra una fuente adicional de ingresos. Por último, se intenta paliar un escándalo económico como es la ventaja comparativa que tienen las empresas tecnológicas sobre las normales debido a su facilidad para eludir el pago de impuestos y no tener que abonar estos a los Estados de la UE en los que realizan su negocio.

Sin embargo, esta aparente idea genial que parece conciliar lo imposible de compatibilizar, no es más que un parche fiscal que pretende salir del paso sin abordar a fondo y con valentía tres aspectos de la realidad económica que precisan ser repensados y que están más relacionados entre si de lo que pueda parecer a primera vista. El primero de los tres es el de las pensiones. En nuestro sistema de pensiones conviven pensionistas que tienen unos ingresos superiores a los salarios de muchos de los jóvenes que están trabajando en estos momentos (y que financian con su aportación las pensiones de sus mayores) con otros que tienen unas pensiones tan reducidas que no les da para tener una vida digna. Estas desigualdades en las pensiones tienen, además, el problema de que la cantidad de pensionistas y el volumen de las pensiones se ha incrementado estos últimos años, lo que unido a que la recaudación se ha reducido hace que la financiación de las pensiones corra peligro. Esta bajada de ingresos por cotizaciones a la seguridad social no solo se da por la bajada del salario medio, sino también porque a partir de un determinado salario ya no se cotiza más a la seguridad social. Esto supone que las subidas de salarios a quienes los tienen más altos no suponen incrementos de ingresos a la seguridad social mientras que subir la remuneración a los asalariados que menos reciben sí que lo hace.

La envergadura del desafío del sistema de pensiones no puede ser abordado con frivolidades como un impuesto a las tecnológicas, necesita un replanteamiento global en el que, a mi juicio, dos de las cuestiones más importantes a tener en cuenta son, por un lado preguntarse acerca de si no habría que reducir las diferencias entre las pensiones más altas y más bajas aumentando las más reducidas y bajando las más altas para que al final la media fuese la misma pero no hubiese pensionistas pobres. Por otro lado habría que repensar si es justo que haya límites superiores al pago de las cotizaciones a la seguridad social, de modo que incrementos de los salarios altos supusiese también un incremento de las cotizaciones a pagar. Todo ello resultaría en una relación más difuminada entre pagos realizados y pensión recibida, pero solucionaría de una manera más adecuada los profundos problemas financieros que tiene el sistema.

El segundo problema involucrado en esta medida es el del déficit público. El estado español se gasta constantemente más de lo que ingresa. Tenemos un problema estructural que no se soluciona solamente con una nueva fuente de ingresos. Aunque tenemos una estructura fiscal similar a la de otras naciones de la UE, nuestra recaudación está varios puntos por debajo de la media. Esto hace que aunque nuestro gasto público también está por debajo de la media europea (aunque en menor medida que los ingresos) tengamos siempre unos déficits más elevados que la media. Habría que hacer tomarse en serio las causas que provocan que a pesar de tener una estructura fiscal similar, nuestra Hacienda Pública recaude tan poco y estemos tan lejos de lo que recaudan otras haciendas similares a las nuestras. Tanto las causas de esta realidad como las posibles soluciones han sido sugeridas por hacendistas que se dedican a trabajar estos asuntos ¿Por qué no se hace un programa a medio plazo para lograr corregir la baja recaudación que tenemos y así poder trabajar con superávit y no tener que hurtar fondos a las políticas públicas para pagar año tras año los intereses de la deuda a aquellos que tienen lo suficiente como para prestar al Estado?

Por último nos encontramos ante unas empresas tecnológicas que no solo aprovechan sus conocimientos tecnológicos para competir con otras empresas tradicionales y poder tener más y más beneficios año tras año, sino que consiguen eludir el pago de impuestos en los países en los que generan sus beneficios, para hacerlo en aquellos lugares en los que tienen unas condiciones más ventajosas que les permiten pagar menos impuestos. La existencia de paraísos fiscales (algunos de los cuales están dentro de la misma Unión Europea aunque esta no quiera reconocerlos como tales) y la libre circulación de capitales hacen que sea sencillo eludir el pago de impuestos y que empresas con unos altísimos beneficios paguen por este motivo una cantidad ridícula de impuestos. Este tema se tiene que abordar de una forma global y coordinada con, al menos, los otros países de la Unión Europea.

Como se puede observar, las cuestiones que se debaten aquí son de envergadura y precisan de soluciones a medio y a largo plazo que van más allá de lo propuesto por el ministro. Sabemos que es más fácil poner un parche fiscal que intente conciliar todos los intereses encontrados, pero creemos que lo que hay que hacer es abordar estos temas con valentía y buscar soluciones a largo plazo, no parches para salir del paso.

 

 

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¿El ser humano es insaciable? A debate la idea de progreso

Aquí tenéis el texto completo del debate con Miguel Sebastián Gascón que se publicó en Alfa y Omega  el pasado 7 de Junio.

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También lo podéis encontrar en las páginas 20-22 de este periódico al que podéis acceder libremente en: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1076_07-VI-2018.pdf

 
 

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Personas, incentivos y compromiso

Artículo publicado en Economía 3, en el número de Abril de 2018, en su página 2018.

Podéis encontrar su versión on line en: https://economia3.com/2018/05/19/142810-personas-incentivos-y-compromiso/

Personas, incentivos y compromiso

 
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Publicado por en junio 5, 2018 en ética empresarial

 

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