RSS

Archivo de la etiqueta: artículos económicos

Hazlo tú mismo

Una pequeña reflexión sobre la tendencia de las empresas a que hagamos nosotros mismos el trabajo que antes nos proporcionaban ellas.

 

Etiquetas:

Cómo cambiar el paradigma económico

Aquí os presento un resumen de lo que va a ser mi próximo libro (que espero salga a principios de 2020). Está extraído de una conferencia que di este verano en un curso de la HOAC.

Se ha publicado en la revista Noticias Obreras en su nº 1620 de Septiembre de 2019 como tema del mes entre la página 19 y la 26

 
Deja un comentario

Publicado por en septiembre 19, 2019 en Economía humana

 

Etiquetas:

Aquel viaje tan maravilloso

Un breve relato que habla sobre el ahorro y el endeudamiento.

 

Etiquetas:

¿Es el cristianismo una “buena noticia” para la economía?

Artículo publicado como pliego de Vida Nueva en su número 3128, del 4-10 de Mayo de 2019, páginas 23-30

 
 

Etiquetas:

Promover el trabajo decente: una cuestión ética

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras nº1615 Marzo 2019, pág: 12-13

Con frecuencia se piensa que la promoción del trabajo decente depende únicamente de la ética personal. Según esta concepción son los directivos y sus opciones éticas quienes determinan que el planteamiento ante el trabajo sea uno u otro. Los valores, las virtudes y la concienciación de quienes dirigen las empresas, de quienes emplean a trabajadores, de quienes crean empleo remunerado, aparecen como el determinante último de la potenciación del trabajo decente.

Cuando la concepción es esta, la labor a realizar es formar de una manera ética a nuestros directivos. Así surgen los cursos de ética empresarial que intentan cultivar en los futuros o actuales directivos esa conciencia ética que les lleve a ver en las personas y su trabajo algo más que un coste de producción que hay que asumir y minimizar para lograr unos beneficios mayores. La deontología del directivo se convierte así en la clave. Una buena formación en este campo puede llevarnos a un conjunto de directivos que trasladen sus opciones éticas a la empresa y consigan que en sus compañías el trabajo remunerado existente cumpla al menos los mínimos necesarios para que sea considerado decente.

No hay que menospreciar este enfoque de la ética en la empresa como promotora del trabajo decente. Conocemos casos de directivos que realizan un fuerte esfuerzo para lograr unas condiciones adecuadas para su plantilla y que, enfrentándose a otras personas de la misma empresa, han logrado grandes avances que han permitido la creación o la consolidación de empleos remunerados en unas condiciones muy adecuadas. La formación deontológica y la ética de personal de los directivos es importante y no puede ser descuidada.

Sin embargo, ceñirnos a esta responsabilidad personal a la hora de promover el trabajo decente en las organizaciones empresariales supone olvidarse de que muchas personas con un buena ética personal, que tienen unos elevados valores que les llevan a respaldar obras admirables y a llevar una vida personal impecable desde el punto de vista familiar y particular, tienen un comportamiento diferente en la empresa colaborando en ella en la creación y el mantenimiento de trabajo que no podríamos calificar como “decente”. Esta paradoja no se explica solamente por un comportamiento dual que les lleve a ser de una manera en unos ambientes y de otra en otros, sino a unas estructuras que facilitan esta clase de comportamiento totalmente disociado del que se tiene como persona en ambientes que no sean los laborales.

La estructura de las empresas, la estructura de los mercados en los que estas se mueven, los objetivos económicos de la sociedad y de las compañías, todo ello tiene una influencia directa en el comportamiento de directivos y personas que trabajan en una empresa y que son determinantes para la creación y potenciación del trabajo decente. Porque estas estructuras son las que crean las condiciones que hacen que el directivo concienciado pueda tener fácil poner en práctica aquellas medidas éticas favorables al trabajo decente o tenga que ser un valiente lleno de coraje moral para poder ir en contra de la corriente principal que le lleva en la dirección contraria y que puede arrastrarlo irremediablemente.

De hecho, esta es una de las causas principales por las que buenas personas, que tienen un comportamiento correcto en otros campos ajenos al empresarial, tomen decisiones que no realizarían en otros campos de su vida y tengan que escindir su yo en dos maneras de comportarse, la que utilizan en su actividad profesional y la que les sirve para cualquier otro aspecto de su vida. La organización social y empresarial que te premia o castiga según los comportamientos que llevas adelante, es un aspecto clave a tener en cuenta a la hora de promover del trabajo decente.

Varios son los elementos que configuran en marco en el que desarrollamos nuestra actuación. El primero sería la legislación y la lucha ya centenaria por los derechos de los trabajadores es una muestra de la importancia que tiene este campo. Sin embargo, es claramente insuficiente, en especial en un mundo en el que se potencia a nivel internacional la libre circulación de mercancías, la libre contratación de servicios y la libertad de movimientos de capital, pero no se permite la libre circulación de personas. Todo ello hace que se puedan encontrar lugares en los que el trabajo decente no es una realidad y en los que los propietarios de las empresas pueden ganar mucho dinero gracias a unos costes de producción muy reducidos. Unos mercados internacionales liberalizados solamente en parte y con unas condiciones de juego diferentes en unos y otros países, presionan a directivos y empresas en contra del trabajo decente.

La búsqueda de precios bajos también influye en este comportamiento. El hecho de que la mayoría de las personas utilicen como único criterio de compra la relación calidad precio, hace que haya una presión por la bajada de estos últimos que acaba repercutiendo con frecuencia en las condiciones del trabajo. Esto sucede porque la concepción economicista de la empresa pone en primer lugar el margen de beneficios para los propietarios de la misma, lo que hace que los ajustes de precios no suelan recaer sobre las ganancias de los socios de la empresa, sino sobre los costes de producción y a menudo directamente sobre los salarios o las condiciones laborales.

La ética no es solamente una cuestión personal, sino que tiene que ser reforzada por una organización empresarial y de la sociedad que respalde de una manera efectiva aquellas decisiones que pueden llevar a generalizar el trabajo decente en todos los lugares de trabajo. Por ello, nuestras opciones éticas deben mirar más allá de la formación deontológica, más allá de la legislación, para apostar por reorganizar la sociedad, la economía y las empresas de modo que el trabajo decente y quienes lo apoyan se vean reforzados por esta manera de organizarnos.

 
Deja un comentario

Publicado por en marzo 27, 2019 en trabajo

 

Etiquetas:

Economía y ecología

Artículo publicado en la revista “Asociación Resurgir”, nº 35, Diciembre 2018, pág 12-14

El objetivo principal de la economía en este momento es el crecimiento económico. Este se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB) de modo que el norte que dirige la actuación de nuestras sociedades es que este último se incremente sin freno. Cabe recordar que el PIB es lo que producimos en un país en un año, de modo que tener como norte que este se incremente cada vez más, es buscar que año tras año tengamos “más entre todos” y esto conlleva en si mismo un problema ecológico. Porque para producir bienes y servicios, precisamos de tres elementos esenciales. El primero es el trabajo. Sin actividad humana puesta al servicio del producir no se puede hacer nada. El segundo es lo que los economistas denominamos capital, que puede describirse de una manera más sencilla como herramientas, maquinaria, instrumentos e infraestructuras. Es decir, todas aquellas cosas que fabricamos para que nos faciliten la producción de otras. En tercer lugar precisamos de recursos naturales: minerales, madera, animales, etc. Es decir, todos los bienes que nos proporciona la naturaleza sin los cuales no podemos producir absolutamente nada.

Incrementar la producción sin fin puede hacerse de dos maneras. La primera es mejorando la productividad, es decir, logrando con los mismos recursos que la producción aumente. El segundo, es incrementando el número de factores de producción que teneos. Esto es, utilizando más trabajo, más herramientas o máquinas o instrumentos, e incrementando el uso de los recursos naturales. El trabajo depende de las personas con las que contamos para la producción, el capital de lo que ahorramos y dedicamos no a producir bienes para el consumo, sino para fabricar aquellas cosas que no sirven para producir otro. El problema ecológico nos llega, entre otras cosas, por la utilización creciente de los recursos naturales. Si estos pudiesen utilizarse sin desgastarlos como sucede con la energía solar, el viento o las mareas, no tendríamos ningún problema ecológico ya que su utilización no los gota ni los desgasta. Siempre los tenemos ahí a nuestra disposición los transformemos o no en energía (que suele ser su uso más habitual). Sin embargo, estos recursos son la excepción. La mayoría de ellos se desgastan o agotan con el uso. Una vez utilizados no pueden ser usados en otra ocasión.

A pesar de ello, algunos de estos recursos pueden renovarse y podemos mantener la cantidad de recursos a pesar de utilizarlos. Me estoy refiriendo, sobre todo, a aquellos que derivan de seres vivos. Nosotros podemos cortar árboles para utilizar su madera, pero si plantamos otros al mismo tiempo, no tenemos por qué acabar con la madera ni con los bosques. Lo mismo sucede con cualquier recurso natural proveniente de una planta o de un animal. Todos se reproducen y si los matamos a menor ritmo que su reproducción, puede hasta incrementarse la cantidad del recurso a pesar de que lo utilizamos. Sin embargo, existen otros recursos naturales en los que ya no sucede lo mismo. Cuando utilizamos gasolina en nuestros automóviles, ese petróleo ya no puede volver a ser utilizado, se ha acabado, no lo recuperamos. Existen recursos que se agotan con su uso y ya no hay posibilidad alguna de que se reproduzcan o se vuelvan a utilizar.

Podríamos pensar (y algunos así lo afirman) que existen progresos que pueden hacer que coexista un crecimiento económico sin que se agoten los recursos existentes. Se basan para decirlo en la existencia de tres elementos que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra porque logramos el crecimiento sin utilizar más recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Es por ello que no podemos crecer ilimitadamente. La cantidad de recursos que existen en una sociedad limitan nuestra capacidad de producir más. No podemos incrementar la producción de una manera indefinida porque corremos el riesgo de agotar los recursos del planeta. Lo oímos constantemente: especies animales y vegetales que se extinguen, minas que cierran porque ya no queda mineral, desaparición de masa forestal a nivel global… Es difícil compatibilizar el crecimiento ilimitado con la limitación de recursos existente. Cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) solo puede lograrse cambiando el objetivo hacia el que dirigimos nuestra economía. Buscar un objetivo económico que no sea por si mismo insostenible.

Este objetivo no debe centrarse en el tener, sino que esto hay que ponerlo al servicio de la persona. Porque para ser más persona y más libre no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. Por ello es necesario cambiar el objetivo económico para pasar desde ese “tener más entre todos” que buscamos en estos momentos, a un modelo económico que busque como su principal objetivo que “todos tengan al menos lo suficiente”. Cuando este es el norte económico al que dirigirse el desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no haya pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Y este es un objetivo compatible con la conservación del medio ambiente en si mismo. En la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que la cantidad de recursos utilizados se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el problema ecológico que supone la búsqueda infinita de crecimiento se evita y se deja a un lado. La economía deja de ser un problema para el cuidado de la creación y la explotación infinita de nuestros recursos deja de ser lo normal. Necesitamos modificar el horizonte de nuestra actuación económica para poder cuidar de nuestra creación y lograr que la economía sea compatible con el cuidado medioambiental. Mientras que el fin último de nuestra organización económica sea el crecimiento económico, difícilmente podremos lograr este sin deteriorar cada vez más la casa común en la que todos vivimos.

1http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 
Deja un comentario

Publicado por en febrero 20, 2019 en Medio ambiente

 

Etiquetas:

L’utopie global

Je présente ici un article que j’ai publié en français il y a plusieurs années, mais qui reste d’actualité.

Vous pouvez le trouver dans le lien suivant: http://hdl.handle.net/10637/9439

dsc09086

L,utopie globale” (2005) en Philosophies des mondialisations, Jordi Riba et Patrice Vermeren (ed.), pág: 129-165, L’Harmattan, Paris,

 
Deja un comentario

Publicado por en enero 14, 2019 en Economía humana

 

Etiquetas: