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Archivo de la etiqueta: artículos económicos

Una inflación que viene para quedarse

Artículo públicado en la revista Noticias Obreras, en su número 1644 de Noviembre de 2021, páginas 12 y 13

Estamos oyendo estas semanas que la inflación está volviendo a ser una realidad en España. De hecho, los datos de septiembre (que fueron publicados a principios de Octubre) nos dan una cifra de inflación interanual de un 4%. Se trata de una tasa de inflación que no se recordaba en nuestro país desde 2008, año que fue una excepción entre otros en los que la inflación fue siempre más baja. Además, estamos en una tendencia creciente, que no parece que vaya a finalizar pronto. Hay razones fundadas (vamos a analizarlas aquí) que hacen sospechar que esta inflación puede mantenerse en el tiempo.

Cuando analizamos las cifras con más detalle, nos damos cuenta de que esta subida de precios no afecta a todos los grupos de productos de igual manera. De hecho, la mayoría de grupos de bienes y servicios están en unos crecimientos muy inferiores al general. Esto se ve, sobre todo, en lo que se denomina la inflación subyacente, que es la subida de precios que se da en todos los bienes y servicios considerados exceptuando los alimentos no elaborados y los productos energéticos. La inflación subyacente es muy pequeña, siendo la cifra interanual de tan solo un 1%. Es decir, la diferencia entre el índice general y el de la subyacente es de tres puntos, la más alta entre estas dos maneras de medir la inflación desde 1986.

La importancia que tiene el diferencial de estas dos cifras está en que la inflación subyacente suele reflejar los cambios de precios derivados de las modificaciones en la demanda. Es decir, que una inflación subyacente alta suele tener que ver con un incremento de la demanda de los bienes y servicios que presiona al alza de sus precios. Momentos de mucho movimiento económico llevan a una inflación subyacente alta. Sin embargo, los bienes y servicios que se excluyen (alimentos y productos energéticos) son aquellos que suelen tener una demanda muy estable (porque son necesarios) de manera que cuando sus precios suben mucho es por causa de problemas de suministro, no de un incremento de su demanda.

Y esto es precisamente lo que está sucediendo en estos momentos. Las subidas de los precios se están dando de una manera exagerada en los productos energéticos y los combustibles. La cifra de inflación interanual de productos energéticos ha sido de un 28,8% y la de carburantes y combustibles de un 21,2%. El único otro grupo que tiene una inflación superior a la del índice general (4%) es el de los bienes industriales sin los productos energéticos que ha tenido una tasa de crecimiento de los precios de un 5,4%.

Las sospechas de que esta inflación puede ser duradera tienen que ver con que los productos cuyo precio se han elevado más son imprescindibles para producir otros bienes: todos los productores de servicios y de bienes (sean de la clase que sean) utilizan fuentes energéticas y carburantes y combustibles para producir. Por eso, es probable que esta subida de precios se traslade más pronto que tarde a otras clases de productos, en especial los industriales (que son los que utilizan un gran porcentaje de energía). Si a esto sumamos el incremento mundial de los precios de los insumos industriales que ha tenido (según el Fondo Monetario Internacional) una tasa de crecimiento interanual 35,63% la inflación parece que está aquí para quedarse y que en breve veremos una subida generalizada de precios en bienes y servicios cuyos precios se han mantenido estables hasta el momento.

Aunque no estamos hablando de unas subidas de precios muy importantes (un 4% no es un porcentaje preocupante y la economía puede funcionar perfectamente con una inflación de este calibre) conviene repasar quienes se ven perjudicados y beneficiados por la inflación. En primer lugar, que los precios suban hace que nuestra capacidad adquisitiva se deteriore, de manera que con el mismo salario podemos adquirir una cuantía menor de bienes y servicios. Ello supone que si nuestros ingresos se mantiene fijos, somos los primeros que salimos perdiendo a causa de la inflación.

Otro de los grandes perjudicados por la subida de precios son las personas que tienen ahorros. El hecho de conservar la riqueza en forma de dinero con unos tipos de interés que son cercanos a cero en estos momentos, hace que la inflación perjudique a las personas que tienen ahorros, porque ven como la capacidad adquisitiva de los mismos se deteriora poco a poco. La inflación hace que cuando recuperamos lo que tenemos ahorrado podemos comprar con ello menos de lo que podíamos cuando decidimos guardarlo para un futuro.

Al contrario, quienes deben dinero se ven beneficiados por la inflación. En la medida que compraron algo en un momento pero lo pagan con posterioridad, la inflación les permite que la capacidad adquisitiva de lo que devuelven sea menor de lo que consiguieron comprar cuando se endeudaron. Los deudores se ven, pues, beneficiados por una inflación que les permite obtener beneficios. La subida generalizada de precios también puede repercutir en un incremento de los tipos de interés. Esto tendría consecuencias negativas para quienes quieran endeudarse en un futuro y sobre quienes están endeudados a largo plazo con unos tipos de interés variables. Para ambos el coste del endeudamiento se incrementa.

En todo caso, si la inflación se puede mantener en el entorno del 4% los problemas que genera no son excesivamente grandes. La preocupación sería que estas subidas de precios derivaran en una espiral inflacionista que nos llevase a unos tipos de inflación de dos dígitos o a una política monetaria tan contractiva que produjese una recesión económica en la Unión Europea. Considero que la solvencia técnica del Banco Central Europeo alejará cualquiera de estos dos peligros, aunque sospecho que podemos estar más cerca del segundo que del primero, porque la tendencia del BCE es siempre proteger el interés de los ahorradores, por lo que hay más posibilidades de una política contractiva para evitar la inflación que otra que dejase que esta se desbordase.

 

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Las empresas pueden mejorar su entorno

Las empresas pueden ser elementos de mejora del entorno empresarial en el que se encuentran.

Pueden construir el bien común en colaboración con las administraciones pública y ser cuidadosas con la creación construyendo un mundo más sostenible y más justo equitativamente.

 

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La empresa: un grupo humano

Las empresas no son máquinas de hacer dinero, sino conjuntos de personas que se unen para conseguir objetivos comunes.

Por ello, las personas son esenciales para la empresas y una de las funciones sociales que estas tienen es colaborar en el desarrollo de todos sus trabajadores y de las otras personas que están relacionadas de una manera u otra con la empresa.

La función social de la empresa tiene este segundo componente que colabora en la construcción de una sociedad, estar al servicio de las personas para ser también cauce de su desarrollo personal.

 

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Problemas de las macrogranjas

Las macrogranjas, a pesar de que en ocasiones tienen una contaminación menor por kilo producido, esta se concentra en grandes cantidades en la zona en la que se sitúan en lugar de repartirse de una manera más sostenible en un espacio mayor

Las macrogranjas no generan una gran cantidad de empleo y en global mucho menos que si la producción se basa en varias granjas de tamaño más pequeñas

Las macrogranjas precisan de mucho gasto público para poder ser rentables

 

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Las macrogranjas y el paradigma economicista

Desde una visión economicista, la concentración de grandes cantidades de animales en una sola explotación parece reunir todas las ventajas que podríamos esperar de cualquier explotación económica: Unos costes menores por tonelada producida, unos precios más económicos, incremento de las exportaciones, aumento de la producción y menor contaminación por animal producido.

Además, puede crear algo de empleo en zonas despobladas y traer infraestructuras de comunicación y energéticas a zonas apartadas.

 

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Nuestro mapa de sentidos

Todos tenemos nuestro mapa de sentidos. Esas creencias que nos mueven y nos dan las referencias para lo que pensamos que está bien o está mal.

El economicismo tiene su propio mapa de sentidos que se asume de un modo que parece que es algo incuestionable.

Las creencias que genera son tan profundas que todo se mueve a partir de ellas e impregnan la cultura, la idea que tenemos de lo bueno y lo malo y el componente económico de todo lo que hacemos.

 
 

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Por qué las empresas desarrollan políticas de RSE (Responsabilidad Social Empresarial)

En ocasiones las empresas llevan políticas de Responsabilidad Social Corporativa que más que opciones éticas parecen opciones estéticas o cosméticas.

Esto es porque su prioridad sigue siendo la maximización de los beneficios y su función social está siempre subordinada a esta.

 

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CaixaBank y Bankia

La absorción de Bankia por parte de CaixaBank hace que nuestro sector bancario sea el más concentrado de toda la Unión Europea. Las cinco principales entidades bancarias españolas concentran más del 70% de negocio bancario y las tres más grandes controlan más del 60%.

Es pertinente preguntarse si en una economía que denominamos de mercado es conveniente aceptar estas operaciones que conllevan que cada vez el mercado sea más reducido.

 

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¿Cuantos impuestos pagan las multinacionales españolas?

Todos los años la Agencia Tributaria publica un breve informe con la cuantía que pagan por el impuesto de sociedades las empresas multinacionales españolas

La media que pagan es un 16,7% de sus beneficios a pesar de que el tipo de este impuesto en España es un 25%

La mitad de ellas pagan un tipo medio que está por debajo del 15%

 

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¿Quiénes pierden en la globalización?

Quienes se sienten perdedores en la globalización suelen escoger opciones populistas que prometen la mejora a través de fórmulas que no tienen en cuenta la complejidad de la sociedad.

Muchas veces, se culpabiliza a quienes están en esta situación diciéndoles que la responsabilidad de que estén en desventaja es solamente suya.

La estructura productiva que hemos montado deja a muchas personas atrás y esto no es responsabilidad de quienes no pueden acceder a tener unos salarios dignos o quedan relegados a un segundo o tercer lugar en la sociedad.

 
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Publicado por en abril 22, 2021 en Actualidad económica

 

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¿Nos sentimos productores o consumidores?

Las personas no somos tan solo consumidoras sino también productoras. Para poder comprar debemos tener ingresos y ello lo conseguimos haciendo algo que vendemos a los demás.

¿De donde viene nuestro reconocimiento social? ¿De lo que compramos y de nuestra capacidad de consumo o de lo que aportamos a nuestra sociedad?

Para construir un nuevo paradigma económico precisamos recuperar la valoración de las personas según lo que aportamos a la sociedad y no según lo que compramos y nuestro nivel de vida.

Porque, además, el sistema económico actual no garantiza que haya una equivalencia entre la importancia de lo que aportamos a nuestra sociedad y el nivel económico que ostentamos.

 

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La economía de la rosquilla

Artículo publicado en el número 1636 de Febrero de 2021 de la revista Noticias Obreras (Pág: 12-13)

La ciudad de Ámsterdam ha comunicado que va a relanzar su economía ante el coronavirus adoptando el modelo de economía de la “Rosquilla” (Doughnut Economics en inglés). La Economía Rosquilla es una propuesta de la economista británica Kate Raworth que está en la línea de repensar el paradigma economicista que prima en la actualidad y muy relacionada con lo que hace la economía circular, la economía civil, la economía del bien común y tantos otros. De hecho, ha sido una de las ponentes principales en el evento de Economía de Francisco que se celebró on line el pasado mes de Noviembre.

Por eso podemos englobar sus ideas dentro del grupo de personas que estamos repensando la economía de una manera crítica ante un economicismo enfocado solo al crecimiento económico que deja a muchos detrás, esquilma los recursos de la tierra y no nos lleva a una vida plena. Un conjunto de economistas que no nos quedamos en la crítica a lo que hay, sino que realizamos propuestas para intentar reorientar la economía en una dirección diferente. El siglo XXI tiene que ser un momento en el que apostemos por otras maneras de actuar económicamente que sean más equitativas, más sostenibles y más ajustadas con aquello que hace felices a las personas.

Hecha esta pequeña introducción, creo que es una buena noticia que una ciudad como Ámsterdam, capital de un país pequeño pero rico, decida cambiar el modelo de gestión de su economía. Necesitaríamos que hubiese más gobiernos, ya fuesen de ciudades, de regiones o de países, que comenzasen a dar pasos en esta dirección. Porque el pensamiento necesita de gestores valientes que se aventuren en el riesgo que supone cambiar, ser pioneros e intentar plantearse las cosas de una manera diferente a la que se da en la actualidad.

Aunque desconozco los detalles concretos de cómo el consistorio ha llegado a esta decisión, sí que me gustaría aportar algunas cuestiones que creo que son imprescindibles para que unas medidas así lleguen a buen puerto y no se queden en buenas intenciones que son olvidadas o dejadas a un lado en el momento en el que entra otro partido en el consistorio o en el gobierno.

Al tratarse de un cambio de paradigma y no de unas medidas que se toman para llegar al mismo objetivo que se planteaba con anterioridad, se precisa del máximo acuerdo posible. No puede ser una política partidista, en la que se propone cambiar el paradigma como algo que dice mi partido en contra de quienes están en otras posiciones políticas. Un cambio de paradigma es algo en lo que deben de participar la mayoría de las personas y organizaciones que componen una sociedad. Debe sacarse de la contienda partidista para ser, lo que podríamos denominar, una “política de Estado”.

La contienda política ya vendrá después, cuando en el nuevo marco de actuación debatamos sobre cuáles son las medidas más adecuadas para lograr el objetivo común, pero no previamente. Lo verdaderamente necesario en estos momentos es construir un consenso sobre el paradigma, porque si no lo hacemos, es prácticamente imposible lograr un cambio si no es por la fuerza.

Alguien puede pensar que esto es difícil y no se equivoca, es complicado pero no imposible. Hay personas en todos los partidos políticos y de todas las tendencias que son receptivas al cambio de paradigma. Hablo y doy cursos a gente de muchas tendencias distintas y con frecuencia enfrentadas entre sí y siempre les propongo el cambio de paradigma económico como alternativa para poner fin al economicismo reinante y poner la gestión económica al servicio de las personas y del planeta. Lo que encuentro siempre son personas receptivas a este cambio y que creen que ello mejoraría la sociedad en la que nos encontramos. Da igual que sean de un lado o de otro, hay una conciencia en la necesidad de un cambio que cada día es mayor en todos los ámbitos de la sociedad.

Para aglutinar a personas de distintos espectros ideológicos en pos de un nuevo paradigma necesitamos también potenciar algo de lo que ha hablado Francisco en su última encíclica Fratelli tutti: el diálogo. Porque solamente desde ahí podemos superar la lucha fratricida en pos del poder, del voto y del triunfo que se da en una sociedad excesivamente competitiva y demasiado meritocrática. Conversar con el que piensa diferente a mí me permite poder encontrar puntos en común donde pienso que solamente existen elementos que nos alejan y nos enfrentan.

El segundo punto imprescindible para poder enfrentar este camino es la humildad. No vamos a ser capaces de encontrar el camino perfecto, este no existe. Solo podemos reorientar la economía e intentar dar pasos para que la organización social y económica se dirija en una dirección distinta a la actual y que sea más humana y más respetuosa con la creación. No podemos pretender que tenemos toda la verdad o todas las claves para solucionar todo lo que está mal. Tan solo tenemos propuestas que creemos que pueden tener unos resultados mejores que las que se están aplicando en estos momentos.

Por eso necesitamos contrastar con los otros, probar nuevas políticas, realizar intentos sabiendo que nos podemos equivocar porque aventurarse en un terreno desconocido es tener muchas posibilidades de errar, de tomar sendas que no nos llevan donde queremos, de tener que volver atrás para reencontrar el camino adecuado. Ser valiente para emprender sendas inexploradas hasta ese momento supone ser consciente de nuestra pequeñez para, desde el respeto a los demás, avanzar en una dirección que creemos que es mejor.

Por todo ello debemos dejar a un lado la lucha partidista y enfrentarnos a los problemas reales de la población y de nuestra sociedad buscando esos caminos que nos permitan cambiar una organización social totalmente economicista que pone a todos al servicio de objetivos de crecimiento y rentabilidad financiera. Cada entidad de la sociedad puede ponerse en marcha a su nivel. No es necesario que lo hagan los gobiernos o las instituciones comunitarias antes, puede asumirse como ha hecho Ámsterdam a nivel municipal, o a escala de empresa o simplemente a nivel de una asociación o movimiento.

Cambiar el paradigma económico no es una cuestión de un partido político u otro, sino que es una llamada que tenemos todos para, a partir de sentirnos hermanos, emprender ese camino de diálogo fraterno que nos lleve a reconsiderar todas las ideas económicas que se han visto como únicas e inamovibles desde el siglo pasado. Recomiendo encarecidamente leer y releer la nueva Encíclica de Francisco para comprender bien nuestra llamada al diálogo fraterno y a repensar el paradigma economicista que prima en nuestra sociedad.

 

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Los fondos europeos y la España despoblada

Os presento un artículo que salió en el suplemento Alfa y Omega el pasado 25 de Febrero sobre el Fondo Europeo de Recuperación y la España despoblada

El Fondo Europeo de recuperación y la España despoblada

Casi todos hemos escuchado que España va a recibir de la Unión Europea algo más de 150.000€ durante los próximos seis años en lo que se ha denominado Fondo Europeo de Recuperación. De esta cantidad, algo más de 81.000 millones serán subvenciones y unos 70.000 préstamos. Los objetivos que se pretenden alcanzar con este fondo son potenciar una economía ecológica, avanzar en el proceso de digitalización y modernizar la nación.

Bien aprovechada, esta gran cantidad de millones puede ser una oportunidad difícilmente repetible, pero también puede convertirse en una ocasión perdida. Si se reparte sin un criterio de convergencia o un plan bien concebido, podemos limitarnos a financiar proyectos dispersos que solamente estén unidos por las condiciones que se les piden y que no lleven a ningún sitio más que a un beneficio para aquellos que los ejecutan y algún efecto positivo sobre el crecimiento económico. Limitarnos a financiar proyectos eficientes y que busquen tan solo crecimiento económico a corto plazo puede llevarnos a que, dentro de seis años, veamos este fondo como una ocasión desperdiciada que no hay modificado la estructura económica de España.

A mi juicio, estos fondos podrían ser la gran oportunidad para transformar nuestro país re-equilibrando la balanza que ahora está en contra de la España despoblada1 o vacía. Utilizar todo este dinero a favor del desarrollo de esa España interior que ha perdido parte de su peso y que sigue siendo la hermana olvidada del país, podría ser una verdadera modernización de nuestra nación y un cambio de repercusiones positivas para todos en el largo plazo. Estas zonas necesitan políticas de apoyo que les sirvan para desarrollarse, recuperar su peso en la nación y atraer a personas que ahora causan presión demográfica en los lugares más poblados del país.

Para lograrlo sería bueno recuperar la teoría de François Perroux de los polos de desarrollo que tan buenos resultados ha traído en muchos lugares de Europa, reforzar la digitalización de estas zonas, mejorar sus infraestructuras y servicios, potenciar una economía ecológica que refuerce el comercio de proximidad y devuelva a nuestro país la producción de muchos bienes que ahora se están realizando allende de nuestras fronteras. La pandemia nos ha mostrado los problemas que surgen cuando un número reducido de empresas grandes y fuera de nuestro país dominan determinados mercados.

Lograr una España menos desequilibrada geográficamente en la que las provincias que han expulsado población durante los últimos cien años comenzasen a atraerla y fuesen motores de crecimiento, sería una verdadera modernización y un cambio estructural importante para nuestro país. Aprovechar estas zonas despobladas para desarrollar una economía basada en criterios ecológicos y que potencie la producción nacional permitiría también reducir la presión ecológica que supone la gran densidad de población sobre algunas zonas. También mejoraría la vida de muchas otras que, o bien podrían encontrar nuevas oportunidades en la España ahora vacía, o verían cómo sus costes de alquiler o de vida en las zonas más pobladas podrían reducirse gracias a este reparto más equilibrado de la población. Previsiblemente, serían aquellas que tienen unas rentas menores quienes más se beneficiarían, lo que es un resultado social deseable.

A pesar de estas ventajas y de que es un plan necesario, posible y beneficioso para todos, mucho me temo que no se va a realizar. En primer lugar porque es difícil realizar una política nacional con unas comunidades autónomas que reclaman su parte del pastel y que quieren llevar sus propias políticas. En segundo lugar porque nos faltan políticos con miras a largo plazo que pretendan mejorar al país en su conjunto, que quieran afrontar una situación como la que tenemos de desequilibrios regionales y que pretendan transformarla.

Por ello me temo que no va a haber un verdadero plan coherente y coordinado a nivel nacional, sino que tendremos un conjunto de actuaciones dispersas geográfica y funcionalmente que satisfarán los intereses de algunas empresas y de algunos gobiernos autonómicos, pero que no lograrán un verdadero cambio a escala nacional. Una pena…

1Como la denomina el último informe de FUNCAS “La despoblación de la España Interior” (https://www.funcas.es/wp-content/uploads/2021/02/La-despoblacion-de-la-Espa%C3%B1a-interior.pdf)

 

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Preferencias y felicidad

El conocimiento detallado y exigente de nuestras preferencias nos puede generar un sufrimiento exagerado y una insatisfacción continuada.

Porque nunca podemos logar que todo se ajuste a lo que nosotros queremos, que todo sea como desearíamos, porque nos hacemos exigentes con el otro y con lo otro.

 

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Trump, tramp, tramposos

Los jugadores competitivos solamente quieren ganar, hacen lo imposible por conseguirlo y como les pasa a los niños, cuando pierden no solo se cabrean, sino que piensan que es porque los demás hacen trampas.

Todo esto es consecuencia de un culto a la competitividad que poco tiene que ver con un mercado sano. Porque el mercado y las elecciones se basan en unas normas. Todos sabemos que cambiar las normas a mitad de juego solamente puede llevar al beneficio de quien las cambia.

 

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Las puertas giratorias

Las famosas puertas giratorias no solamente suceden en España. Aquí tenéis un ejemplo de esta práctica realizado por el anterior presidente de la Organización Mundial de Comercio.

 

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La cara oculta de los incentivos

Una de las ideas más generalizadas entre mis alumnos es la necesidad de incentivos para potenciar que los trabajadores hagan lo que la empresa pretende.

El incentivo piensa siempre en un mundo en el que cada persona, institución o colectivo persigue únicamente, sus propios fines.

El incentivo potencia empresas confrontadas, atomizadas, de personas que solo buscan sus propios objetivos.

 

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¿Qué queremos? ¿Instituciones y personas competentes o competitivas?

Este verano, en una agradable sobremesa en casa de unos amigos en Panticosa, surgió el tema de si queremos empresas, personas, instituciones y naciones competentes o competitivas. Porque aunque parezca lo mismo, son cosas muy distintas que tienen unas implicaciones muy diferentes.

Ser competitivo es ser capaz de competir, de querer obtener lo mismo que otra persona, empresa, profesional o país, intentar igualarla en su perfección o en sus propiedades.

Ser competente es tener “pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado” (RAE)

En nuestras manos está saber qué preferimos

 

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Necesidades y exigencias

 

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¿Qué sucede con la sociedad insegura?

 

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Revista Resistencia

Os presento una iniciativa conjunta de los departamentos de Filosofía y de Religión del IES de Betxí.

Se trata de una revista que es el resultado del trabajo de todo un año de los estudiantes de esta población castellonense.

Los artículos son muy interesantes y creo que es bueno potenciar iniciativas educativas de esta clase.

Os animo a que la leáis en el siguiente enlace https://joom.ag/s0RC

 

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Nivel de vida y pandemia

 

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Cambiemos el paradigma económico

 

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A favor de la economía local

 

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Los costes ecológicos y públicos del sistema de producción actual

 

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Producir de otra manera

La plaga nos enseña que tal vez tengamos que cambiar nuestra manera de organizar la producción mundial

 

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Qué le pedimos a nuestros cargos públicos

Otra de las enseñanzas que sacamos de esta pandemia tiene que ver con los requisitos que les deberíamos pedir a nuestros cargos públicos.

Aquí tenéis unas sugerencias que creo nos ayudarían a construir un futuro mejor.

 

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Confinamiento y economía

Algunas consecuencias económicas de nuestro confinamiento

 

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¿Quién cuidará a nuestros mayores?

Ahora somos muchos para pagar las pensiones de nuestros mayores y para cuidarlos, pero la estructura de la población española nos dice que esto va a cambiar en pocos años ¿Estamos preparando la nueva situación ante la que nos encontraremos? En este breve artículo hablo de esta cuestión

 

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Para quién son los bienes de la tierra

En época de escasez de materiales para la cura de todos los infectados ¿Qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre para quién son los bienes que producimos?

 

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Los mejores de 2019

Durante este año he mantenido una serie de entradas para este blog que versaban sobre cinco temas:

1.- Biblia y economía

2.- Economía y Doctrina Social de la Iglesia

3.- Temas actuales de economía

4.- Breves relatos sobre temas económicos

5.- El espíritu del economicismo y la transcendencia

Aquí os pongo el enlace directo a todos ellos para quienes os interese leerlos o tenerlos recopilados por temas:

1.- Biblia y economía

El pan nuestro de cada día

Guardar y cultivar nuestro Jardín

Bienestar y esclavitud frente a libertad y confianza

Amar a dos amos

¿Qué nos da seguridad?

2.- Economía y Doctrina Social de la Iglesia

El bien común

El crecimiento económico y la DSI

Qué es la solidaridad

Ser solidario es algo más

3.- Temas actuales de economía

Comprar sin relacionarse con el otro

Hágaselo usted mismo

Economía ¿Competimos o cooperamos?

El Black Friday y el cambio climático

El cambio climático es una cuestión económica

4.- Breves relatos sobre temas económicos

Aquel viaje tan maravilloso

En el templo (centro) comercial

Vamos de compras

Compro, luego soy

5.- El espíritu del economicismo y la transcendencia

El espíritu del economicismo

El economicismo, una nueva religión

 
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Publicado por en enero 6, 2020 en Blog Vida Nueva

 

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Ser solidario es algo más

Ahora que se acerca la navidad, os presento un pequeño artículo que versa sobre las implicaciones personales que tiene la solidaridad

 

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El Black Friday y el cambio climático

Esta semana de «Viernes negro» las ventas por internet se multiplican y los nubarrones del cambio climático son alimentados por ellas.

En este breve artículo os ofrezco un breve análisis medioambiental de las ventas a distancia

 

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La participación de los salarios en la renta nacional

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1622, Noviembre 2019, pág: 12-13

El valor de la producción de un país se reparte entre las personas que ganan su dinero a través de sus salarios, aquellos que lo hacen a través del rendimiento de sus inversiones financieras (ya sean estas por la propiedad de empresas, de activos financieros o de activos inmobiliarios) y la parte que va directamente al Estado a través de los impuestos sobre beneficios esencialmente. Conocer como evoluciona este reparto nos da información sobre quienes están ganando y quienes están perdiendo en un periodo de cambios económicos.

Nos interesa conocer que ha pasado con este reparto desde que comenzó la crisis en nuestro país. Cuando observamos los datos que nos ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE) observamos que antes de la crisis la participación de los salarios en el total de las rentas generadas en nuestro país era aproximadamente la mitad. Esto es, lo que ganaban las personas en nuestro país a causa de su trabajo era la mitad de lo que ganaban la totalidad de los españoles en un año. Esta cifra comenzó a bajar en 2011 y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Ahora, en 2019, los datos que tenemos nos ofrecen un porcentaje sobre el total de las rentas de alrededor de un 45%. Es decir, el peso de las rentas de los asalariados en el total nacional se ha reducido en cinco puntos desde 2010.

Que esté reduciéndose la participación de los salarios mientras se incrementa la de los impuestos y de los beneficios empresariales nos muestra una tendencia que no sabemos si va a frenarse en algún momento. La raíz de este fenómeno que va en detrimento de las rentas salariales de un país, está en la idea de crecimiento que tenemos en esta economía. Para lograr un mayor crecimiento económico, queremos que las empresas se desarrollen. En un mundo en el que estas priorizan el rendimiento para sus propietarios, lo que prima en la gestión empresarial es considerar los salarios como un coste de producción e intentar reducirlos para que los beneficios sean superiores.

Así, se establece una visión en la que la reducción de los costes laborales aparece como un fin en sí mismo que hay que lograr para incrementar la competitividad empresarial, que no solamente se cifra en unos precios más bajos, sino también en unos márgenes atractivos para la inversión internacional. Además, algunos economistas y financieros afirman sin ambages que para que una empresa funcione correctamente se precisa que los costes salariales no alcancen determinado porcentaje.

Cabría preguntarse si esta circunstancia es positiva para la economía en su conjunto, ya que parece evidente que para aquellos que trabajan no es un panorama deseable. Porque si combinamos que el empleo se ha recuperado en estos últimos años, significando esto que hay muchas más personas trabajando que las que se daban a principios de la década, con que el porcentaje de sus salarios sobre el total se ha reducido, podemos sacar la conclusión de que los salarios necesariamente se han estancado o han disminuido (como sabemos que ha sucedido sobre todo en los trabajos que tienen unos niveles salariales inferiores).

Desde el punto de vista macroeconómico, que los beneficios se incrementen significa que aumenta la cuantía de dinero dispuesto para prestar, y que la capacidad de ahorro de aquellos que reciben rentas del trabajo se reduce. Esto significa que los excedentes empresariales deben prestarse a alguien para poderles sacar el rendimiento debido. El estado, los activos financieros, otras empresas, los prestatarios de otros países y las personas que tienen menos rentas y deben endeudarse para poder vivir, son los destinatarios preferidos.

Se puede dar, entonces, un fenómeno que ya observamos antes de la crisis (con unos niveles de rentas salariales superiores) y que fue uno de los motivos que trajo lo que se vino a denominar la gran depresión. Me refiero a que para mantener el consumo necesario para que siga habiendo crecimiento económico, quienes tienen rentas menguantes deben pedir prestado a quienes acumulan dinero al que quieren sacar rendimiento económico. Aunque las condiciones exigidas a los prestatarios son mucho más restrictivas que las que se daban antes de la crisis, la necesidad de préstamos se va incrementando y los fondos liberados son altos con un coste realmente bajo (los tipos de interés ya no pueden bajar mucho más).

Parece que sería mucho más lógico que los asalariados ganasen en porcentaje total de ingresos para que mantuviesen un elevado consumo sustentado en sus propios fondos y no en el endeudamiento. Ello provocaría que el crecimiento fuese más sostenido y sostenible, sin riesgos de futuras crisis financieras. Para ello la concepción económica de la empresa y de la economía en su conjunto debería modificarse. Algunos piensan que esto es muy difícil pero no es imposible. De hecho, la economía (como todo fenómeno social) es siempre cambiante, las ideas y la situación económicas actuales difieren de las que se daban hace diez años. Podemos estar seguro que todo será diferente dentro de diez años ¿Por qué no intentar que las cosas vayan en la dirección de mejorar la participación de los asalariados en la tarta de la renta total?

Porque en contra de lo que afirmó hace unos años Chistine Lagarde cuando era presidenta del Fondo Monetario Internacional, el que crezca la tarta no garantiza que quienes menos tienen incrementen sus rentas. Solo con una voluntad de dirigir el futuro en esta dirección podremos lograr que la participación de los asalariados en las rentas totales se incremente. No es necesario que la tarta suba, es suficiente con que esta se reparta de otra manera.

 
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Publicado por en noviembre 20, 2019 en trabajo

 

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Hazlo tú mismo

Una pequeña reflexión sobre la tendencia de las empresas a que hagamos nosotros mismos el trabajo que antes nos proporcionaban ellas.

 

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Cómo cambiar el paradigma económico

Aquí os presento un resumen de lo que va a ser mi próximo libro (que espero salga a principios de 2020). Está extraído de una conferencia que di este verano en un curso de la HOAC.

Se ha publicado en la revista Noticias Obreras en su nº 1620 de Septiembre de 2019 como tema del mes entre la página 19 y la 26

 
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Publicado por en septiembre 19, 2019 en Economía humana

 

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Aquel viaje tan maravilloso

Un breve relato que habla sobre el ahorro y el endeudamiento.

 
 

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¿Es el cristianismo una “buena noticia” para la economía?

Artículo publicado como pliego de Vida Nueva en su número 3128, del 4-10 de Mayo de 2019, páginas 23-30

 
 

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Promover el trabajo decente: una cuestión ética

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras nº1615 Marzo 2019, pág: 12-13

Con frecuencia se piensa que la promoción del trabajo decente depende únicamente de la ética personal. Según esta concepción son los directivos y sus opciones éticas quienes determinan que el planteamiento ante el trabajo sea uno u otro. Los valores, las virtudes y la concienciación de quienes dirigen las empresas, de quienes emplean a trabajadores, de quienes crean empleo remunerado, aparecen como el determinante último de la potenciación del trabajo decente.

Cuando la concepción es esta, la labor a realizar es formar de una manera ética a nuestros directivos. Así surgen los cursos de ética empresarial que intentan cultivar en los futuros o actuales directivos esa conciencia ética que les lleve a ver en las personas y su trabajo algo más que un coste de producción que hay que asumir y minimizar para lograr unos beneficios mayores. La deontología del directivo se convierte así en la clave. Una buena formación en este campo puede llevarnos a un conjunto de directivos que trasladen sus opciones éticas a la empresa y consigan que en sus compañías el trabajo remunerado existente cumpla al menos los mínimos necesarios para que sea considerado decente.

No hay que menospreciar este enfoque de la ética en la empresa como promotora del trabajo decente. Conocemos casos de directivos que realizan un fuerte esfuerzo para lograr unas condiciones adecuadas para su plantilla y que, enfrentándose a otras personas de la misma empresa, han logrado grandes avances que han permitido la creación o la consolidación de empleos remunerados en unas condiciones muy adecuadas. La formación deontológica y la ética de personal de los directivos es importante y no puede ser descuidada.

Sin embargo, ceñirnos a esta responsabilidad personal a la hora de promover el trabajo decente en las organizaciones empresariales supone olvidarse de que muchas personas con un buena ética personal, que tienen unos elevados valores que les llevan a respaldar obras admirables y a llevar una vida personal impecable desde el punto de vista familiar y particular, tienen un comportamiento diferente en la empresa colaborando en ella en la creación y el mantenimiento de trabajo que no podríamos calificar como “decente”. Esta paradoja no se explica solamente por un comportamiento dual que les lleve a ser de una manera en unos ambientes y de otra en otros, sino a unas estructuras que facilitan esta clase de comportamiento totalmente disociado del que se tiene como persona en ambientes que no sean los laborales.

La estructura de las empresas, la estructura de los mercados en los que estas se mueven, los objetivos económicos de la sociedad y de las compañías, todo ello tiene una influencia directa en el comportamiento de directivos y personas que trabajan en una empresa y que son determinantes para la creación y potenciación del trabajo decente. Porque estas estructuras son las que crean las condiciones que hacen que el directivo concienciado pueda tener fácil poner en práctica aquellas medidas éticas favorables al trabajo decente o tenga que ser un valiente lleno de coraje moral para poder ir en contra de la corriente principal que le lleva en la dirección contraria y que puede arrastrarlo irremediablemente.

De hecho, esta es una de las causas principales por las que buenas personas, que tienen un comportamiento correcto en otros campos ajenos al empresarial, tomen decisiones que no realizarían en otros campos de su vida y tengan que escindir su yo en dos maneras de comportarse, la que utilizan en su actividad profesional y la que les sirve para cualquier otro aspecto de su vida. La organización social y empresarial que te premia o castiga según los comportamientos que llevas adelante, es un aspecto clave a tener en cuenta a la hora de promover del trabajo decente.

Varios son los elementos que configuran en marco en el que desarrollamos nuestra actuación. El primero sería la legislación y la lucha ya centenaria por los derechos de los trabajadores es una muestra de la importancia que tiene este campo. Sin embargo, es claramente insuficiente, en especial en un mundo en el que se potencia a nivel internacional la libre circulación de mercancías, la libre contratación de servicios y la libertad de movimientos de capital, pero no se permite la libre circulación de personas. Todo ello hace que se puedan encontrar lugares en los que el trabajo decente no es una realidad y en los que los propietarios de las empresas pueden ganar mucho dinero gracias a unos costes de producción muy reducidos. Unos mercados internacionales liberalizados solamente en parte y con unas condiciones de juego diferentes en unos y otros países, presionan a directivos y empresas en contra del trabajo decente.

La búsqueda de precios bajos también influye en este comportamiento. El hecho de que la mayoría de las personas utilicen como único criterio de compra la relación calidad precio, hace que haya una presión por la bajada de estos últimos que acaba repercutiendo con frecuencia en las condiciones del trabajo. Esto sucede porque la concepción economicista de la empresa pone en primer lugar el margen de beneficios para los propietarios de la misma, lo que hace que los ajustes de precios no suelan recaer sobre las ganancias de los socios de la empresa, sino sobre los costes de producción y a menudo directamente sobre los salarios o las condiciones laborales.

La ética no es solamente una cuestión personal, sino que tiene que ser reforzada por una organización empresarial y de la sociedad que respalde de una manera efectiva aquellas decisiones que pueden llevar a generalizar el trabajo decente en todos los lugares de trabajo. Por ello, nuestras opciones éticas deben mirar más allá de la formación deontológica, más allá de la legislación, para apostar por reorganizar la sociedad, la economía y las empresas de modo que el trabajo decente y quienes lo apoyan se vean reforzados por esta manera de organizarnos.

 
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Publicado por en marzo 27, 2019 en trabajo

 

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Economía y ecología

Artículo publicado en la revista «Asociación Resurgir», nº 35, Diciembre 2018, pág 12-14

El objetivo principal de la economía en este momento es el crecimiento económico. Este se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB) de modo que el norte que dirige la actuación de nuestras sociedades es que este último se incremente sin freno. Cabe recordar que el PIB es lo que producimos en un país en un año, de modo que tener como norte que este se incremente cada vez más, es buscar que año tras año tengamos “más entre todos” y esto conlleva en si mismo un problema ecológico. Porque para producir bienes y servicios, precisamos de tres elementos esenciales. El primero es el trabajo. Sin actividad humana puesta al servicio del producir no se puede hacer nada. El segundo es lo que los economistas denominamos capital, que puede describirse de una manera más sencilla como herramientas, maquinaria, instrumentos e infraestructuras. Es decir, todas aquellas cosas que fabricamos para que nos faciliten la producción de otras. En tercer lugar precisamos de recursos naturales: minerales, madera, animales, etc. Es decir, todos los bienes que nos proporciona la naturaleza sin los cuales no podemos producir absolutamente nada.

Incrementar la producción sin fin puede hacerse de dos maneras. La primera es mejorando la productividad, es decir, logrando con los mismos recursos que la producción aumente. El segundo, es incrementando el número de factores de producción que teneos. Esto es, utilizando más trabajo, más herramientas o máquinas o instrumentos, e incrementando el uso de los recursos naturales. El trabajo depende de las personas con las que contamos para la producción, el capital de lo que ahorramos y dedicamos no a producir bienes para el consumo, sino para fabricar aquellas cosas que no sirven para producir otro. El problema ecológico nos llega, entre otras cosas, por la utilización creciente de los recursos naturales. Si estos pudiesen utilizarse sin desgastarlos como sucede con la energía solar, el viento o las mareas, no tendríamos ningún problema ecológico ya que su utilización no los gota ni los desgasta. Siempre los tenemos ahí a nuestra disposición los transformemos o no en energía (que suele ser su uso más habitual). Sin embargo, estos recursos son la excepción. La mayoría de ellos se desgastan o agotan con el uso. Una vez utilizados no pueden ser usados en otra ocasión.

A pesar de ello, algunos de estos recursos pueden renovarse y podemos mantener la cantidad de recursos a pesar de utilizarlos. Me estoy refiriendo, sobre todo, a aquellos que derivan de seres vivos. Nosotros podemos cortar árboles para utilizar su madera, pero si plantamos otros al mismo tiempo, no tenemos por qué acabar con la madera ni con los bosques. Lo mismo sucede con cualquier recurso natural proveniente de una planta o de un animal. Todos se reproducen y si los matamos a menor ritmo que su reproducción, puede hasta incrementarse la cantidad del recurso a pesar de que lo utilizamos. Sin embargo, existen otros recursos naturales en los que ya no sucede lo mismo. Cuando utilizamos gasolina en nuestros automóviles, ese petróleo ya no puede volver a ser utilizado, se ha acabado, no lo recuperamos. Existen recursos que se agotan con su uso y ya no hay posibilidad alguna de que se reproduzcan o se vuelvan a utilizar.

Podríamos pensar (y algunos así lo afirman) que existen progresos que pueden hacer que coexista un crecimiento económico sin que se agoten los recursos existentes. Se basan para decirlo en la existencia de tres elementos que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra porque logramos el crecimiento sin utilizar más recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Es por ello que no podemos crecer ilimitadamente. La cantidad de recursos que existen en una sociedad limitan nuestra capacidad de producir más. No podemos incrementar la producción de una manera indefinida porque corremos el riesgo de agotar los recursos del planeta. Lo oímos constantemente: especies animales y vegetales que se extinguen, minas que cierran porque ya no queda mineral, desaparición de masa forestal a nivel global… Es difícil compatibilizar el crecimiento ilimitado con la limitación de recursos existente. Cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) solo puede lograrse cambiando el objetivo hacia el que dirigimos nuestra economía. Buscar un objetivo económico que no sea por si mismo insostenible.

Este objetivo no debe centrarse en el tener, sino que esto hay que ponerlo al servicio de la persona. Porque para ser más persona y más libre no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. Por ello es necesario cambiar el objetivo económico para pasar desde ese “tener más entre todos” que buscamos en estos momentos, a un modelo económico que busque como su principal objetivo que “todos tengan al menos lo suficiente”. Cuando este es el norte económico al que dirigirse el desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no haya pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Y este es un objetivo compatible con la conservación del medio ambiente en si mismo. En la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que la cantidad de recursos utilizados se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el problema ecológico que supone la búsqueda infinita de crecimiento se evita y se deja a un lado. La economía deja de ser un problema para el cuidado de la creación y la explotación infinita de nuestros recursos deja de ser lo normal. Necesitamos modificar el horizonte de nuestra actuación económica para poder cuidar de nuestra creación y lograr que la economía sea compatible con el cuidado medioambiental. Mientras que el fin último de nuestra organización económica sea el crecimiento económico, difícilmente podremos lograr este sin deteriorar cada vez más la casa común en la que todos vivimos.

1http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 
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Publicado por en febrero 20, 2019 en Medio ambiente

 

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L’utopie global

Je présente ici un article que j’ai publié en français il y a plusieurs années, mais qui reste d’actualité.

Vous pouvez le trouver dans le lien suivant: http://hdl.handle.net/10637/9439

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L,utopie globale” (2005) en Philosophies des mondialisations, Jordi Riba et Patrice Vermeren (ed.), pág: 129-165, L’Harmattan, Paris,

 
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Publicado por en enero 14, 2019 en Economía humana

 

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Cada vez más endeudados

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, de Septiembre de 2018, nº 1609 Pág: 12 y 13

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Una de las estrategias que han servido para salir de la crisis en la que estamos ha sido el endeudamiento. Endeudarse puede producir crecimiento económico y este parece que ha sido el camino elegido por las principales autoridades económicas mundiales para lograr la recuperación de la senda de crecimiento mundial. Las bajadas de tipos de interés propiciadas por los bancos centrales no hacen más que confirma resta afirmación.

Si alguien se pregunta cómo es posible que el endeudamiento produzca crecimiento, el mecanismo para lograrlo se puede entender con un ejemplo sencillo. Supongamos que alguien quiere montar una actividad económica en su barrio como una casa de comidas para llevar, que permita a sus vecinos no tener que cocinar y al inversor ganarse la vida con un trabajo honrado. Consideremos que esta persona no tiene el suficiente ahorro para poder alquilar el local, adecuarlo, comprar la maquinaria adecuada y asumir todos los gastos que supone la puesta en marcha de la actividad, por lo que recurre a un banco que le presta el dinero para hacerlo. Ya tenemos el endeudamiento y la posibilidad real de montar su casa de comidas preparadas y asumir todos los gastos que esta puesta en marcha genera.

Si, siguiendo con nuestro ejemplo, esta persona acierta y hace unas buenas comidas que comienzan a ser apreciadas por sus vecinos que, poco a poco, dejan de cocinar algunos días para comprar los magníficos menús que prepara nuestra emprendedora, el endeudamiento ha creado una nueva actividad, tal vez algún puesto de trabajo, y ha generado un crecimiento económico en el barrio ya que dinero que antes, probablemente, se iba a comprar fuera de él o al ahorro, pasa a ser gastado en producción del lugar. Si a esto añadimos que el dinero que entra en circulación se mueve donde antes no lo había, vemos como esa nueva inversión proveniente de un endeudamiento no solo produce crecimiento gracias a esta actividad, sino gracias a lo que compran sus dueño y sus trabajadores que no hubiesen ganado si no hubiesen montado esta casa de comidas.

En este caso el cuento acaba bien, porque la actividad ha sido un éxito y esto le permite a la persona endeudada devolver el préstamos recibido y al mismo tiempo pagar los intereses que le ha cargado el banco. Cuando lo hace ya no genera crecimiento, pero seguro que habrá otro que lo haga con el dinero que devuelve. Este proceso entra dentro del funcionamiento normal de cualquier economía desarrollada y es necesario que existan estas posibilidades de crédito para permitir que las personas puedan adquirir bienes caros (como una casa o un automóvil) o para que puedan tener actividades en las que ganarse la vida.

Sin embargo, lo que estamos observando ahora es que el endeudamiento a nivel mundial está creciendo de una manera constante. En estos momentos tenemos una deuda acumulada a nivel mundial que supone un 318% del tamaño de la producción anual mundial (es decir, por cada euro que se produce en todo el mundo, se deben 3,18). Para tener una referencia, hace 15 años (antes de la crisis) este porcentaje era de un 248% y hay que recordar que durante la crisis el endeudamiento decreció. Cuando todos se endeudan al mismo tiempo el efecto de promoción del crecimiento a corto plazo es considerable pero puede convertirse en un parón a medio o a largo plazo. Si todos pedimos prestado para construir carreteras, comprar bienes, montar negocios, enviar a nuestros hijos a estudiar, etc. En el momento en el que esto está sucediendo, el crecimiento económico es elevado ya que se producen muchos bienes y servicios que no se harían si no hubiese existido este endeudamiento. Ahora bien, si igual que todos se endeudan al mismo tiempo para poder provocar este crecimiento, todos devuelven sus deudas coordinadamente, cuando esto está sucediendo ya no se da tanto crecimiento económico, porque los agentes económicos tienen que utilizar fondos para devolver en lugar de para adquirir otros bienes y servicios.

Además, si la parada del crecimiento es acusada, puede darse que algunos tengan problemas para devolver esos préstamos, ya que, como en el caso del ejemplo con el que abríamos el artículo, para poder devolver y pagar los intereses, necesitamos que nuestra inversión funcione bien y genere ingresos suficientes. No hay más que recordar como muchas de las empresas que quebraron en la anterior crisis eran compañías que funcionaban bien, que tenían más ingresos que gastos, pero que debido a un elevado endeudamiento adquirido durante los años de bonanza, tenían unos beneficios insuficientes para hacer frente a los pagos de sus respectivas deudas y finalmente tuvieron que cerrar por no poder pagarlas.

Lo que estamos viendo es que la necesidad de crecimiento nos lleva a un círculo vicioso que genera ciclos económicos. Por un lado, para crecer necesitamos endeudarnos constantemente y que este endeudamiento sea cada vez mayor. Solo la movilización de nuevos recursos permite ese crecimiento que ansiamos. Por otro, para que ese endeudamiento sea sostenible precisamos que exista crecimiento económico, porque sin él no podemos devolver lo que hemos pedido prestado. Entramos así en una doble adición. Por un lado tenemos una economía adicta al endeudamiento porque sin este no podemos crecer, y por otro tenemos una adición al crecimiento porque sin este entraríamos en otra crisis financiera por la imposibilidad de devolver los créditos pedidos.

La salida de nuestra anterior crisis está realizándose a través de los mecanismos que la provocaron, es decir, entrando en una espiral de endeudamiento y crecimiento, que se retroalimenta ya que ambos se necesitan para poder mantener esta dinámica. Si el endeudamiento tiene como finalidad principal actividades realmente productivas, podremos tener unos años en los que el crecimiento se mantenga. Pero si este endeudamiento se destina, no a actividades de producción, sino a actividades financieras que produzcan inflación en el precio de algunos activos financieros (tal y como sucedió en las crisis precedentes), no debemos albergar dudas de que volveremos a tener otra crisis más pronto o más tarde, o una recaída de la que tenemos tan reciente.

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Pensiones para una vida digna

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, en noviembre de 2018, en el número 1611, pág: 12 y 13

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Las pensiones son uno de los temas económicos que nunca dejan de estar en el candelero. A finales del siglo pasado eran un tema clave en muchos estudios económicos por las sospechas fundadas de que el sistema que se daba en esos momentos podía colapsar durante la primera mitad del siglo XXI. En estos momentos, los pensionistas se manifiestan en las calles pidiendo unas pensiones dignas para todos. El debate sobre las pensiones sigue ahí y tiene varios frentes que, aunque relacionados entre si, pueden analizarse de manera separada para poder tener una perspectiva más amplia sobre la cuestión. A mi modo de ver las cuestiones clave que hay que tener en cuenta a la hora de analizar el sistema son: las pensiones mínimas, las cotizaciones a la seguridad social, la sostenibilidad del sistema y si deseamos o no un sistema contributivo como el nuestro.

Pero antes de comenzar creo que es conveniente recordar las circunstancias económicas que rodean un sistema cuestionado. Porque la práctica totalidad de los analistas están de acuerdo en que el sistema de pensiones tiene problemas. Es un sistema de reparto en el que los pagos de las pensiones actuales se realizan a partir de las cotizaciones que realizan los trabajadores en este momento. Eso significa que quienes trabajamos ahora estamos financiando a los pensionistas de ahora. El sistema funciona bien mientras haya varios trabajadores para financiar a cada pensionista. Sin embargo, el número de personas que cotizan por pensionista estuvo en 2017 en 2,3 y los ingresos no se recuperan. Dos son los factores que afectan de una manera directa a esta circunstancia. Por un lado la mayor longevidad de las personas mayores que incrementa el número de pensionistas junto con que los nuevos reciben pensiones más altas. Ambas dinámicas repercuten en un incremento de los gastos del sistema. Por otro lado los nuevos cotizantes tienen salarios más bajos lo que conlleva una reducción de los ingresos. Todos sabemos que un sistema en el que bajan los ingresos y suben los gastos está condenado a colapsar más pronto o más tarde si no se le pone remedio lo antes posible.

Por ello hay un grupo de economistas que opinan que la prioridad que hay que abordar es, precisamente, la sostenibilidad del sistema. Para ello no hay secretos, o hay que bajar los gastos o hay que incrementar los ingresos, o las dos cosas a la vez. Como las políticas de incremento de la contribución al sistema de pensiones no parecen gozar de popularidad en estos últimos años, aquellos que defienden que la sostenibilidad es lo más importante, suelen apostar por políticas de contención de las pensiones, lo que repercute en todos los pensionistas pero en especial en aquellos que cobran pensiones más bajas que son insuficientes para llevar una vida digna. De hecho, esta es la segunda cuestión clave que hay que tener en cuenta a la hora del debate de las pensiones. Porque si el importe medio de la pensión contributiva era en 2016 de 903,6€ al mes es porque existen muchas que tienen una cuantía inferior. Y si hablamos de la pensión media no contributiva, esta se situaba en 637,9€ mensuales. Esto significa que muchas pensiones no permiten llevar una vida digna a quienes la reciben. Para algunos la prioridad del sistema debería estar en lograr que todos los pensionistas obtuviesen un nivel de ingresos digno, lo que significa incrementar la cuantía de las pensiones más bajas.

La siguiente cuestión que se plantea tiene que ver con los ingresos. Los pagos a la seguridad social tienen una relación directa con los ingresos que se perciben hasta un límite máximo. A partir de este, la cotización se congela de modo que por mucho que se incrementen las rentas, la cotización queda estancada al nivel máximo. La consecuencia directa que tiene esto es que una subida de salario bruto de 300 euros mensuales puede salir más cara si se le hace a alguien con bajo salario que si el beneficiado tiene un salario alto, ya que al primero le sube la cotización a la seguridad social mientras que al segundo no. Desde este punto de vista, parecería más justo que la subida salarial supusiese el mismo coste para cualquier nivel de ingresos, lo que supondría que no existiese un límite máximo y que a iguales subidas salariales, el incremento del pago a la seguridad social fuese el mismo.

Esto liga con el cuarto problema planteado que tiene que ver con la relación entre las cantidades cotizadas y la pensión recibida (a más cotización, más pensión y viceversa). Nuestro sistema de la Seguridad Social intenta garantizar que las personas que reciben pensión mantengan su nivel adquisitivo de modo que existen grandes diferencias entre las pensiones recibidas por quienes gozaron durante su vida laboral de unos buenos salarios y quienes no obtuvieron estos. Algunos se plantean si el sistema de seguridad social no debería cambiar de objetivo virando hacia lograr que todas las personas que se jubilan tengan al menos unas rentas suficientes para vivir con dignidad. Es decir, cambiar a un sistema menos o nada contributivo, donde cada un aportase según sus posibilidades pero luego recibiese una cantidad suficiente para una vida digna y no una cuantía ajustada a su anterior nivel de ingresos.

Haciendo una síntesis de estas cuatro preocupaciones, podríamos encontrar una dirección en la que poder atender de una manera más o menos coherente a estos cuatro desafíos del sistema de pensiones. Lo primero sería cambiar el objetivo del sistema para que este buscase garantizar que todos los pensionistas tuviesen un nivel de ingresos que les permitiese una vida digna. Para ello sería necesario subir las pensiones mínimas hasta este nivel y tal vez reducir algo las pensiones máximas (para hacerlo sin comprometer la sostenibilidad del sistema). Esto último, además, reduciría el elemento contributivo del sistema, para lo que también sería necesario retirar el límite máximo de las cotizaciones, de modo que cualquier subida salarial supusiese un incremento de cotizaciones a la seguridad social. Esto último debería hacerse sin que la pensión máxima se incrementase, es decir, sin que diese derechos al contribuyente para recibir más allá de la pensión máxima que se hubiese fijado de manera general. La combinación de estas medidas permitiría incrementar la justicia distributiva del sistema, mejorar a quienes peor están y reducir el elemento contributivo del sistema sin comprometer la sostenibilidad del mismo.

 
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Publicado por en noviembre 12, 2018 en Estado Social

 

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El parche fiscal de las tecnológicas

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras nº 1307 de Junio de 2018, pág: 12-13

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Creo que todos hemos oído hablar de la propuesta de nuestro ministro de economía y hacienda de gravar a algunas empresas tecnológicas para ajustar el déficit añadido que se puede generar por el incremento de las pensiones que se ha previsto en el nuevo presupuesto para este año (hay que recordar que en el momento que escribo este artículo, mayo de 2018, todavía no se ha aprobado el presupuesto de 2018). La solución puede parecer una idea genial que intenta conciliar intereses aparentemente encontrados y probablemente aquellos que la han pensado crean que han encontrado la cuadratura del círculo con ella. Por un lado permite subir las pensiones y acallar la voz de muchos pensionistas que han visto como sus ya de por si reducidas pensiones han ido perdiendo poder adquisitivo durante los últimos años debido a que están congeladas al mismo tiempo que los precios no han dejado de subir. En segundo lugar permite cumplir los objetivos de déficit que nos vienen marcados por la Unión Europea. Esos mismos que impedían hasta hace cuatro días incrementar el valor de las pensiones, permiten ahora que este aumente gracias a que se logra una fuente adicional de ingresos. Por último, se intenta paliar un escándalo económico como es la ventaja comparativa que tienen las empresas tecnológicas sobre las normales debido a su facilidad para eludir el pago de impuestos y no tener que abonar estos a los Estados de la UE en los que realizan su negocio.

Sin embargo, esta aparente idea genial que parece conciliar lo imposible de compatibilizar, no es más que un parche fiscal que pretende salir del paso sin abordar a fondo y con valentía tres aspectos de la realidad económica que precisan ser repensados y que están más relacionados entre si de lo que pueda parecer a primera vista. El primero de los tres es el de las pensiones. En nuestro sistema de pensiones conviven pensionistas que tienen unos ingresos superiores a los salarios de muchos de los jóvenes que están trabajando en estos momentos (y que financian con su aportación las pensiones de sus mayores) con otros que tienen unas pensiones tan reducidas que no les da para tener una vida digna. Estas desigualdades en las pensiones tienen, además, el problema de que la cantidad de pensionistas y el volumen de las pensiones se ha incrementado estos últimos años, lo que unido a que la recaudación se ha reducido hace que la financiación de las pensiones corra peligro. Esta bajada de ingresos por cotizaciones a la seguridad social no solo se da por la bajada del salario medio, sino también porque a partir de un determinado salario ya no se cotiza más a la seguridad social. Esto supone que las subidas de salarios a quienes los tienen más altos no suponen incrementos de ingresos a la seguridad social mientras que subir la remuneración a los asalariados que menos reciben sí que lo hace.

La envergadura del desafío del sistema de pensiones no puede ser abordado con frivolidades como un impuesto a las tecnológicas, necesita un replanteamiento global en el que, a mi juicio, dos de las cuestiones más importantes a tener en cuenta son, por un lado preguntarse acerca de si no habría que reducir las diferencias entre las pensiones más altas y más bajas aumentando las más reducidas y bajando las más altas para que al final la media fuese la misma pero no hubiese pensionistas pobres. Por otro lado habría que repensar si es justo que haya límites superiores al pago de las cotizaciones a la seguridad social, de modo que incrementos de los salarios altos supusiese también un incremento de las cotizaciones a pagar. Todo ello resultaría en una relación más difuminada entre pagos realizados y pensión recibida, pero solucionaría de una manera más adecuada los profundos problemas financieros que tiene el sistema.

El segundo problema involucrado en esta medida es el del déficit público. El estado español se gasta constantemente más de lo que ingresa. Tenemos un problema estructural que no se soluciona solamente con una nueva fuente de ingresos. Aunque tenemos una estructura fiscal similar a la de otras naciones de la UE, nuestra recaudación está varios puntos por debajo de la media. Esto hace que aunque nuestro gasto público también está por debajo de la media europea (aunque en menor medida que los ingresos) tengamos siempre unos déficits más elevados que la media. Habría que hacer tomarse en serio las causas que provocan que a pesar de tener una estructura fiscal similar, nuestra Hacienda Pública recaude tan poco y estemos tan lejos de lo que recaudan otras haciendas similares a las nuestras. Tanto las causas de esta realidad como las posibles soluciones han sido sugeridas por hacendistas que se dedican a trabajar estos asuntos ¿Por qué no se hace un programa a medio plazo para lograr corregir la baja recaudación que tenemos y así poder trabajar con superávit y no tener que hurtar fondos a las políticas públicas para pagar año tras año los intereses de la deuda a aquellos que tienen lo suficiente como para prestar al Estado?

Por último nos encontramos ante unas empresas tecnológicas que no solo aprovechan sus conocimientos tecnológicos para competir con otras empresas tradicionales y poder tener más y más beneficios año tras año, sino que consiguen eludir el pago de impuestos en los países en los que generan sus beneficios, para hacerlo en aquellos lugares en los que tienen unas condiciones más ventajosas que les permiten pagar menos impuestos. La existencia de paraísos fiscales (algunos de los cuales están dentro de la misma Unión Europea aunque esta no quiera reconocerlos como tales) y la libre circulación de capitales hacen que sea sencillo eludir el pago de impuestos y que empresas con unos altísimos beneficios paguen por este motivo una cantidad ridícula de impuestos. Este tema se tiene que abordar de una forma global y coordinada con, al menos, los otros países de la Unión Europea.

Como se puede observar, las cuestiones que se debaten aquí son de envergadura y precisan de soluciones a medio y a largo plazo que van más allá de lo propuesto por el ministro. Sabemos que es más fácil poner un parche fiscal que intente conciliar todos los intereses encontrados, pero creemos que lo que hay que hacer es abordar estos temas con valentía y buscar soluciones a largo plazo, no parches para salir del paso.

 

 

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¿El ser humano es insaciable? A debate la idea de progreso

Aquí tenéis el texto completo del debate con Miguel Sebastián Gascón que se publicó en Alfa y Omega  el pasado 7 de Junio.

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También lo podéis encontrar en las páginas 20-22 de este periódico al que podéis acceder libremente en: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1076_07-VI-2018.pdf

 
 

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Personas, incentivos y compromiso

Artículo publicado en Economía 3, en el número de Abril de 2018, en su página 2018.

Podéis encontrar su versión on line en: https://economia3.com/2018/05/19/142810-personas-incentivos-y-compromiso/

Personas, incentivos y compromiso

 
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Publicado por en junio 5, 2018 en ética empresarial

 

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Bitcoin, análisis de urgencia

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras de Febrero de 2018, nº 1603, páginas: 12-13

Os incluyo también un vídeo de 90′ de un compañero de mi universidad (José María Membrines) explicando lo que es un bitcoin.

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Publicado por en febrero 21, 2018 en ahorro y finanzas

 

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Repensar el objetivo económico en Alfa y Omega

Artículo publicado en el número 1059 de Alfa y Omega del 8 de Febrero de 2018 en su página 24.

Alfa y omega, 8 de Febrero 2018, repensar objetivo económico

El documento completo lo encuentras aquí

Aquí tienes el artículo en su web original: http://www.alfayomega.es/141515/repensar-el-objetivo-economico

 

 

 
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Publicado por en febrero 14, 2018 en Desarrollo económico

 

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Seis de cada diez parados valencianos son pobres

Artículo aparecido en el rotativo de la Universidad CEU Cardenal Herrera, en su número de diciembre de 2017 (pág. 18-19)

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Podéis ver aquí el informe completo

 

 
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Publicado por en febrero 7, 2018 en pobreza

 

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El afán de lucro

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 11 Diciembre, Pág. 26-27

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En nuestra sociedad actual el afán de lucro se muestra (con frecuencia) como el verdadero motor del cambio. Parece que todos los avances que se dan en ella responden a la iniciativa de personas que buscan innovaciones que les permitan ganar más dinero y enriquecerse. Quienes así piensan no se cansan de mostrar ejemplos que pretenden demostrar que las personas cuyo único fin es enriquecerse son aquellas que logran los grandes progresos de la humanidad y que en esa insatisfacción por el tener más, son más imaginativas a la hora de aportar bienes para la sociedad. Todo ello lleva a que exista una legitimación ética del afán de lucro. Querer enriquecerse no solo se muestra como normal y como el comportamiento racional desde el punto de vista económico, sino que se ensalza socialmente a las personas que solamente buscan este objetivo poniéndolas como ejemplo para el resto de la sociedad. El afán de lucro se convierte así en la base sobre la que se asienta toda la organización económica actual.

Diferenciar el afán de lucro de la necesidad de obtener lo necesario

Lo primero que hay que matizar para profundizar un poco en este tema es diferenciar el afán de lucro con obtener lo necesario para vivir. Aunque algunas personas (de manera interesada o no) los confunden, no son lo mismo. Todos tenemos una tarea vital clara y necesaria que es lograr los recursos suficientes para llevar una vida digna nosotros y nuestra familia. Se trata de un afán que deriva de la vida digna y que está recogido en la oración que Jesús nos dejó para dirigirnos al padre “danos hoy nuestro pan de cada día”. Ahora bien, obtener lo necesario tiene un límite, porque no necesitamos de todo para vivir dignamente, cuando llegamos a unos determinados ingresos ya tenemos lo suficiente y no precisamos de más. Esta es la diferencia esencial entre obtener los ingresos para la vida y el afán de lucro. Este último es ilimitado, siempre queremos más, siempre ansiamos incrementar nuestros ingresos. No es lo mismo, por tanto, el afán de las personas que quieren obtener lo suficiente para llevar una vida digna que el afán de lucro que es siempre ilimitado por definición y que no tiene límite y busca tener más de lo necesario.

El afán de lucro no siempre lleva a lo mejor

Hecha esta diferenciación tenemos que rebatir el argumento de los apologetas del afán de lucro. Por un lado no es cierto que las personas que han realizado los grandes avances de nuestra civilización hayan estado siempre impregnadas por el afán de lucro. ¿Creemos acaso que avances como el fuego, la rueda, el papel, la penicilina, la máquina de vapor… fueron realizados por personas que solo pensaban en enriquecerse gracias a sus inventos? Es tan evidente que esto no fue así que a veces sonroja pensar que hay alguien que sigue pensando que el afán de lucro es la única motivación de las personas que desarrollaron estos avances. La gloria, el orgullo, el solucionar un problema para mejorar algún trabajo, el servicio a los demás para facilitarles o mejorarles la vida, el gusto de inventar por inventar, querer ahorrarse esfuerzos utilizando una máquina o herramienta, la vocación de investigar, etc. Son motivos que pueden llevar a algunas personas a realizar avances en distintos campos útiles para la sociedad. Aquellos que estamos en la Universidad vemos día tras día investigadores en muchos campos que dedican su vida a buscar avances útiles para la sociedad y puedo asegurar que no lo hacen por afán de lucro. Es más, con demasiada frecuencia están hasta mal pagados… Hay que añadir a esto que al contrario, el afán de lucro lleva con frecuencia a actuaciones negativas para la sociedad. No hay más que pensar en la corrupción, las ilegalidades y los delitos cometidos por personas impregnadas de afán de lucro. También podemos recordar como la última crisis fue provocada por un sistema financiero que entró en una espiral de enriquecimiento sin tener en cuenta los riesgos que suponía esta rueda imparable del ganar siempre más.

El cristianismo condena el afán de lucro

Podemos encontrar condenas del afán de lucro tanto en el antiguo testamento (especialmente en los libros sapienciales) como en el nuevo, en los Santos Padres, en la Doctrina Social de la Iglesia y en toda la tradición cristiana. Podríamos poner ejemplos múltiples para mostrar esta condena clara, pero el espacio limitado del artículo me lleva a dar tan solo tres muestras del porqué esta condena tan clara. La primera es que “Nadie puede estar al servicio de dos amos, pues o odia a uno y ama al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y el Dinero” (Mt. 6, 24). En este ejemplo está la esencia del porqué de la condena del afán de lucro: porque deshumaniza, porque hace que veamos a la otra persona como un medio para nuestro enriquecimiento, que nos olvidemos de que la otra persona es imagen de Dios y que querer a Dios implica dar importancia a nuestro prójimo y que este sea nuestra prioridad. Por eso cuando Jesús le dice al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga, este se va entristecido ¿Cómo va a vender todo lo que tiene si su seguridad está en ello? Defender lo que se tiene y querer tener más se convierte en una prioridad ante la que las personas quedan a un lado “Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas” (Mc. 10, 23). Por eso Pablo de dice claramente a Timoteo “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (Timoteo 1 6, 9-10). La codicia, que es un sinónimo del afán de lucro, es la raíz de todos los males y nuestro sistema económico está sustentado en ella. Por ello es urgente realizar un cambio de paradigma que lleve a que nuestra economía se base en otros valores.

 

 

 

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