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Mejorar el control de las transacciones financieras

Artículo publicado en el periódico Levante el 10 de Septiembre de 2014 en su página 46

Levante_EMV-10-09-14-Quique Lluch-1

Noticia publicada en “Valencia Económica, Diario Económico Valenciano”:

Enrique Lluch aboga por crear un impuesto internacional sobre transacciones financieras para frenar las operaciones vinculadas a la corrupción

http://valenciaeconomica.com/blog/2014/09/09/enrique-lluch-aboga-por-crear-un-impuesto-internacional-sobre-transacciones-financieras-para-frenar-las-operaciones-vinculadas-a-la-corrupcion/

Si además, queréis leer el artículo al que se hace referencia en estas noticias, en esta otra entrada del blog tenéis el enlace: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2014/07/07/como-avanzar-hacia-una-economia-social-de-mercado/

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¿Por qué es importante el sector financiero para una economía?

Artículo publicado en el Noticias Obreras, Nº 1.549, Julio 2013, Pág: 12 y 13

SECTOR FINANCIEROSECTOR FINANCIERO 001

Dar crédito, esta expresión tiene un doble sentido en nuestro idioma. Por un lado está el literal, es decir, dejar a alguien un dinero para que lo utilice a cambio del pago del pago de un interés, que viene a ser el alquiler por poder utilizarlo durante un tiempo. Pero también tiene un sentido figurado que significa que confiamos en una persona o en un mensaje. Damos crédito a algo o a alguien cuando creemos que es de fiar, cuando consideramos que hay algo que nos asegura su veracidad, cuando sabemos que podemos depositar en ello nuestra confianza. Este dar crédito es lo que hay detrás de un sistema financiero sano. Para que funcione de una manera correcta necesitamos que una sociedad en la que exista confianza y fiabilidad. Sin ellas, un sistema financiero no funcionan.

Pero ¿por qué es importante que el sector financiero funcione bien para una economía? Muchas son las causas que podríamos aducir aquí, pero me voy a centrar en las más importantes. La primera es que el sector financiero incluye al Banco Central que es quien emite la moneda de un país. Es importante tener una moneda estable que nos sirva para realizar los intercambios. Cuando se pierde confianza en el sistema financiero, la moneda deja de ser apreciada y se puede producir un alza de precios tal, que las personas dejen de confiar en ella y se vuelva a utilizar el trueque para intercambiar los productos. Aunque el trueque es positivo en algunas situaciones particulares, no es factible en una economía compleja, se necesita alguna forma de dinero que facilite los intercambios. De hecho, hasta los mismos esquemas de trueque existentes en la actualidad, tienen alguna forma de dinero (aunque sea en vales por hora de trabajo) que realiza esta función.

La siguiente importante función del sistema financiero es que nos permite ahorrar. El ahorro es importante porque gracias a él podemos, por un lado, reservar dinero para realizar compras grandes en el futuro (una casa, un automóvil, un viaje), por otro guardar para tener unos fondos que nos permitan afrontar gastos imprevistos o una futura bajada de ingresos (desempleo, jubilación) y por último invertir en un negocio o en educación para tener más ingresos en el futuro. El sistema financiero nos facilita ahorrar con seguridad, sabiendo que no vamos a perder nuestro dinero. El entramado financiero, los bancos, el sistema en su conjunto y el respaldo público nos permiten tener una mayor seguridad de que nuestros ahorros no se van a perder.

Otra función importante es la de facilitar las actividades económicas. El hecho de profesionalizar la intermediación financiera, permite que aquellos que quieren montar un negocio o una actividad económica para ganarse la vida, puedan lograr el dinero que necesitan pidiéndolo prestado y pagando unos intereses aceptables. Lo mismo sucede con aquellas familias que quieran comprar una vivienda o cualquier otro bien caro y todavía no tengan los suficientes ahorros para hacerlo. La posibilidad de poder pedir prestado este dinero con unas condiciones que no sean abusivas y que les permitan afrontar los pagos posteriores que tienen que realizar, es deseable en nuestra sociedad y nos permite disfrutar de bienes cuando los necesitamos aunque no tengamos suficiente dinero para hacerlo.

Se pueden resumir estas ventajas en que la existencia de intermediarios financieros, que reciben el dinero de los ahorradores y lo canalizan hacia los prestatarios, hace que se reduzcan los riesgos y se incrementen las posibilidades. Un ejemplo nos permitirá entender esto. Si yo quiero comprar una casa y con mis ahorros no tengo suficiente para hacerlo, en el caso de que no existiesen los intermediarios financieros (como un banco) me sería difícil encontrar a alguien dispuesto a pagarme la cantidad que yo necesito en el plazo temporal que yo deseo. Los bancos y los intermediarios financieros facilitan esto. Ya no es necesario encontrar a esa persona, el banco recibe fondos de varios ahorradores en diferentes combinaciones y con ellos puede prestarme en las condiciones que son mejores para mi. Por lo tanto, todos ganamos, los ahorradores, los que piden préstamos y el mismo intermediario financiero que recibe unos ingresos por el servicio prestado.

Por todo ello un sistema financiero que funcione correctamente y unos intermediarios financieros que realicen bien su función, son imprescindibles para el correcto desarrollo de una economía compleja. La capacidad de invertir, de poner en marcha nuevos proyectos, de ahorrar para el futuro… necesitan de este buen funcionamiento del sector financiero. Cuando este no existe, aparece la figura del usurero que aprovecha su riqueza para prestar a los necesitados a unas condiciones leoninas que les imposibilitan la devolución de lo logrado y el pago de los intereses debidos.

El problema se da, cuando estas funciones no se cumplen bien, cuando el sector financiero no garantiza estas ventajas a la sociedad. Esto puede darse cuando no se controla bien la emisión de la moneda y la depreciación de su valor lleva a una inflación galopante que dinamita todo el sistema financiero. Pero también se da cuando el sistema financiero y sus instituciones olvidan su función que tienen de estar al servicio de las personas y de la economía y, en lugar de reducir riesgos y ayudar a cumplir los objetivos de personas e instituciones, los riesgos se incrementan, se realizan actuaciones movidos únicamente por el afán de lucro de quienes son propietarios del dinero y pasan de estar al servicio del resto de la sociedad, a que ésta tenga que amoldar sus actuaciones a lo que desean quienes prestan en los mercados financieros.

La crisis financiera ha tenido mucho de esto ya que las prácticas que se llevaron a cabo en los años de bonanza nos abocaron a una falta de confianza generalizada, y las soluciones que se están arbitrando no parece que estén llevando a que el sistema financiero cumpla bien su función benéfica para la sociedad en su conjunto. Por ello parece que es momento de realizar una reforma del sistema en su conjunto que permita que este cumpla bien su cometido final. En el próximo número daré una serie de indicaciones que sugieren hacia dónde podría ir este cambio del sistema financiero y cuáles podrían ser sus principales medidas.

 

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¿Para qué ahorramos?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 7, Julio-Agosto 2013 pág: 14-15

PARA QUÉ AHORRAMOSPARA QUÉ AHORRAMOS 001

No voy a ganar mucho

El pasado domingo estábamos de convivencia de mi grupo de la parroquia. Salimos a una casa de encuentros cercana a Valencia que se encuentra rodeada de pinos, campos de almendros y pequeñas vaguadas que, gracias a las copiosas lluvias invernales de este año, aparecían cubiertas por un manto verde salpicado de amapolas… Como sucede en estos lugares, durante la paella del mediodía hablamos de lo humano y lo divino, y salió el tema del que hablé en el último número de Icono, las preferentes y el dinero perdido por los ahorradores debido a estas y otros instrumentos arriesgados en los que muchos pusieron sus ahorros. Varios de mis amigos me comentaron cómo algunos de sus familiares habían perdido dinero por culpa de esto, y en ello estábamos cuando uno de ellos me pidió consejo ya que a un familiar le acababa el plazo de un depósito en breve y quería saber qué hacer con ese dinero.

Le dije que si no quería riesgos, lo mejor era meterlo en un depósito a plazo. Me respondió que el problema era que ahí no se ganaba mucho dinero, que los tipos de interés estaban muy bajos. Le hablé sobre algunas alternativas y los riesgos que estas tenían y ahí quedó nuestra conversación. No se que harán finalmente con esos importantes ahorros. Ahora bien, esto me sirvió para reflexionar y para tomar la decisión de incidir en un tema que ya abordé en el pasado artículo con el objetivo de profundizar en algunos aspectos de los que no hablé en la ocasión anterior.

¿Para qué ahorramos?

La pregunta clave que creo que debemos preguntarnos a la hora de afrontar estos temas es la que da título al artículo: ¿Para qué ahorramos? Porque si ahorramos para ganar dinero, está claro que tendremos que arriesgar. Si hemos dejado de comprar cosas en el presente para acumular dinero que nos permita ganar más en el futuro, es evidente que lo que debemos hacer es invertirlo en aquello que más rendimiento nos va a dar, asumiendo que esto tiene un riesgo, que igual que podemos ganar, pero que también podemos perder…

Ahora bien, el ahorro de las familias, tradicionalmente no tiene este objetivo. Cuando ahorramos lo solemos hacer por tres motivos principales:

  1. Ahorramos porque queremos comprar cosas en el futuro. Sacrificamos la capacidad para comprar cosas ahora, y la reservamos para algún momento futuro en el que creemos que lo vamos a necesitar más o en el que adquiriremos un bien caro como puede ser una casa, un coche, un viaje al extranjero…

  2. También lo hacemos porque queremos prevenir imprevistos. Gastos que vienen de repente y que no podíamos imaginar, pero que necesitan un aporte extra de dinero o, simplemente, una previsión de que nuestros ingresos van a reducirse y queremos tener un colchón que nos permita mantener nuestro nivel de vida durante un periodo de tiempo.

  3. Por último, también ahorramos porque queremos utilizar estos fondos para montar un negocio en el futuro, o para pagar los estudios a nuestros hijos…

Lo más importante del ahorro

En el caso de que cualquiera de estos sea el motivo de nuestro ahorro, lo importante para nosotros no es ganar dinero con esos ahorros, sino conservarlos para que cuando los necesitemos, podamos contar con ellos. Por eso, no debemos dejarnos engañar por los cantos de sirena que nos intentan alejar de nuestro objetivo, son tentadores y nos cuesta renunciar a ellos, ya que ¿Por qué no aprovechar para ganar más dinero? Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro objetivo principal no es este, sino conservar los ahorros.

El ahorro y la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia habla en varias de sus encíclicas del ahorro. De hecho, piensa que la capacidad de ahorrar moderadamente para construir un pequeño patrimonio que permita a las familias tener un colchón económico adecuado para prever futuras dificultades, es bueno y aconsejable. Quiere que ese ahorro tenga este noble objetivo y, al mismo tiempo, piensa que ese dinero ahorrado puede ser utilizado para prestar a aquellos que generan movimiento económico y empleo.

Sin embargo, la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia condena, de una manera inequívoca, el desmesurado afán de riquezas y lucro, la avaricia de incrementar nuestro patrimonio sin fin y aumentar nuestros bienes sin otro horizonte que la simple acumulación. Estas actitudes son condenadas como un grave pecado que nos aleja de dios “no podéis servir a Dios y al dinero”. Ante estas actitudes, potencia el ahorro moderado destinado a objetivos loables. Lo importante de nuestro ahorro no debe ser, por tanto, el rendimiento que nos de, sino que sirva para los objetivos tradicionales del mismo y que además se preste a aquellos que realicen actividades positivas para la sociedad en su conjunto.

 

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La permanencia en el Euro y su coste social

Artículo aparecido en Desigualdades y Derechos Sociales, Análisis y Perspectivas 2013, pág: 56-65, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-556-6

Podéis encontrar el texto completo de la publicación en: http://hdl.handle.net/10637/9440

euro

Cuando uno lee artículos y libros que hablaban sobre la moneda única en los años previos y contemporáneos a su implantación en la Unión Europea1 puede sorprenderse al ver previstos los actuales problemas de la eurozona con una exactitud asombrosa. La descripción que aparece en ellos sobre por qué podía considerarse que Europa no es una “zona monetaria óptima” y cómo esto podría provocar disfunciones como las que estamos observando en la actualidad, nos muestran que lo que está pasando estaba dentro de las posibilidades que se barajaban previamente.

Esta constatación hace que exista una corriente de opinión que se plantee seriamente si es conveniente mantenerse en el Euro o abandonarlo y seguir una senda nacional como la que se llevaba con anterioridad. Ante esta la corriente principal del pensamiento (representada por nuestros gobernantes en toda Europa) pone al euro como la prioridad de nuestra política económica común y no se plantea en ningún caso abandonarlo.

Este artículo pretende partir de las ventajas que han llevado a la implantación del Euro. Una descripción detallada de las mismas nos permitirá saber qué es lo que ha motivado el entusiasmo de multitud de estadistas ante este proceso de integración económica2. En segundo lugar se verán los problemas que genera la manera en la que hemos articulado esta moneda única, refiriéndonos tanto a la organización económica derivada de la Unión Monetaria Europea (UME) como al papel que juega en la misma el Banco Central Europeo (BCE). Por último, ante estas dos realidades contrapuestas (ventajas y desventajas) y la situación de crisis social que estamos viviendo con un claro incremento de la pobreza, la privación y las desigualdades en nuestros países, se introducen las opciones que tenemos para afrontar esta difícil situación

Ventajas del euro

A la hora de describir las ventajas que tiene el euro para la Unión Europea, creo que el Banco Central Europeo (2008:13) las sintetiza de una manera muy clara:

  • La rebaja de costes de cambio de divisas y de aseguramiento de riesgos ligados a estas

  • La eliminación de barreras a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, así como el fomento de la competencia dentro de la UE

  • La transformación de los mercados financieros y de los resultados macroeconómicos del conjunto de la Unión Europea

  • El incremento de las transacciones y de la inversión entre países de la Unión Europea

  • La importancia de la moneda a nivel internacional en la medida que se incrementan los flujos financieros en euros

Todo ello se consigue a través de una política de mantenimiento de los precios y de lucha contra la inflación que es el principal objetivo de la política monetaria del BCE: “la estabilidad de precios es la contribución más importante que la política monetaria puede ofrecer para conseguir un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo” (BCE, 2004: 10)3

Resulta evidente que la estabilidad de precios se ha conseguido en la Eurozona durante los años de implantación del Euro. Su tasa de inflación solo superó el 3% en 2008 (Eurostat, 2011:84) y ello, además, se ha conseguido con unos tipos de interés oficiales bajos4 que favorecieron, a su vez, el alto nivel de endeudamiento que se dio durante los años previos a la crisis. Sin embargo, no es tan evidente que esta política de estabilidad de precios esté consiguiendo un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo, y si no, a la realidad que observamos día a día me remito para justificar esta afirmación.

Si se analizan con más profundidad las ventajas que se han defendido para justificar la moneda única, podemos observar como la práctica totalidad de ellas se centran en el sector financiero y en la mejora del entorno empresarial. Sin embargo, la moneda única no se pone al servicio de ningún objetivo social. La moneda única no pretende mejorar las condiciones de vida de los que peor están, ni asegurar un nivel de vida digno para toda la población de la Unión Europea, sino mejorar el funcionamiento del sistema financiero de modo que se traduzca en incremento de la inversión en estos mercados y asegurar una mayor competencia entre las empresas europeas.

Problemas de la moneda única

Desde el momento en el que se plantea la posibilidad de crear una moneda única para la Unión Europea, se abre un amplio debate sobre las consecuencias que esto podría tener sobre las economías de los países que se sumasen a la misma. Desde el principio se ve que no todo son ventajas en este proceso. Sus principales inconvenientes se agrupan en tres dimensiones: la pérdida de la autonomía para realizar determinadas políticas, la estructura del Banco Central Europeo y la falta de condiciones para que la Eurozona se considere una “Zona monetaria óptima”

Pérdida de autonomía

Los dos principales costes en los que incurre un país cuando entra en una moneda única son que pierde la posibilidad de actuar sobre su tipo de cambio y de tener una política monetaria autónoma. Esto supone que el país renuncia a la posibilidad de realizar devaluaciones competitivas de su moneda que le permitan abaratar sus exportaciones e incrementar sus ventas en el exterior para compensar, así, la falta de demanda interna y el incremento del desempleo. Aunque a largo plazo, esta política puede no tener grandes consecuencias, a corto sí que puede evitar una reducción elevada de la producción que lleve a unos niveles de desempleo elevados (De Grauwe, 2003: 35-37)

En cuanto a la política monetaria, renunciar a ella impide que el Estado en cuestión pueda realizar una política expansiva para estimular la demanda y lograr mejorar el crecimiento y el empleo o una contractiva cuando el crecimiento provoca problemas de sobrecalentamiento de la economía. Del mismo modo, impide el señoreaje, es decir, la financiación del sector público a través de emisiones de dinero, que puede bajar, en un determinado momento, el nivel de deuda y el montante de intereses que tiene que pagar el Estado.

Esta pérdida de instrumentos de política económica por parte de un Estado puede llevarle, en el caso de que tenga una situación de contracción de la economía sufrida solamente por él y no por el resto de los países que tienen la misma moneda, a que sufra una contracción económica exagerada con unos altos niveles de desempleo que no pueda ser compensada a través de estas políticas. Ante esta realidad el Estado puede realizar una política fiscal expansiva incrementando su déficit, confiando en que el mercado financiero único le permita encontrar fácilmente financiación barata. Sin embargo, si los mercados no confían en el país (por la circunstancia que sea), la prima de riesgo que tiene que pagar puede incrementarse mucho5 y llegarse a cerrar los mercados financieros (como le sucedió a Grecia) dando al traste con sus intentos de recuperación económica.

El Banco Central Europeo

El mandato que tiene el Banco Central Europeo es el de lograr la estabilidad de precios, teniendo en cuenta el crecimiento económico y el desempleo siempre que estos no vayan en contra de su principal objetivo (BCE, 2004: 9-10). Ahora bien, cuando se decidió qué modelo de Banco Central se seguía para organizar el BCE, se optó por el modelo alemán de un BCE que priorizase la estabilidad de precios y que además fuese independiente de la política, frente a otro modelo (el de la Reserva Federal Estadounidense, por ejemplo) en el que el grado de independencia del poder político es menor y tiene como objetivos añadidos la estabilización del ciclo económico, el mantenimiento del empleo y la estabilidad financiera (que era el mayoritario en los países de la UE). Por ello, ante problemas económicos graves, la actuación del Banco Central Europeo se centra en mantener baja la inflación, sacrificando cualquier medida que no ayude a este fin.

El hecho de que los gestores del BCE sean independientes, no dependan del poder político y no tengan unos órganos de control y fiscalización fuertes dificulta mucho quitarlos de su posición en el caso de que no lo hagan bien o cambiar el modo de funcionamiento de la institución. Ello nos lleva a una institución difícil de reformar y que está marcando la manera de realizar política económica en la eurozona. De hecho, como afirmaba De Grauwe (2003: 163) “Es difícil ver cómo los políticos europeos pueden continuar apoyando una institución a la que han delegado un gran poder y sobre la que tienen muy poco control. Los conflictos entre el BCE y los gobiernos europeos se incrementarán cuando se perciba que el BCE hace poco o nada para evitar recesiones y un incremento del desempleo”6

¿Una zona monetaria óptima?

Los desequilibrios que se dan en uno de los países de la Unión Europea y que no se dan en otro, podrían compensarse a pesar de la pérdida de las políticas anteriormente nombradas, si existiesen dos condiciones que convertirían a la eurozona en lo que se denomina una “zona monetaria óptima”:

1.- Flexibilidad de salarios y movilidad laboral

2.- Transferencias fiscales en el área que compensaran los desequilibrios.

Ante unos desequilibrios económicos entre unas regiones y otras de la eurozona, la movilidad laboral permitiría que aquellos trabajadores que no encontrasen empleo en una de las naciones del área euro, se fuesen a otros países que sí tuviesen posibilidades de emplearlo, lo que reduciría el porcentaje de desempleados en el Estado con problemas. Además, la flexibilidad salarial permitiría que sus salarios se redujesen, gracias a lo cual recuperaría competitividad perdida y podría generar de nuevo empleo (a costa, evidentemente, de unos salarios inferiores).

La Eurozona no cumple este requisito. A pesar del incremento de emigrantes (especialmente jóvenes y formados) que está abandonando nuestro país, la cuantía total de esta emigración no es significativa. Además, si tenemos en cuenta que la Unión Europea en su conjunto tiene más inmigrantes de fuera de la propia UE que de dentro (Eurostat 2011: 150), no podemos más que confirmar que la movilidad internacional dentro de las fronteras de la UE no es la norma ni lo más habitual entre sus ciudadanos.

Del mismo modo, los salarios no son tan flexibles como para recuperar en un corto plazo la competitividad perdida. A pesar de los intentos para lograr una mayor flexibilidad en nuestro país, los niveles salariales no se bajan con tanta facilidad como sería necesario según esta teoría. A esto hay que añadir que, si bien es verdad que se recupera competitividad para poder vender más barato al extranjero, también lo es que unos menores salarios reducen la capacidad adquisitiva de los trabajadores nacionales y esto lleva a estrechar la demanda interna acrecentando su recesión.

Por otro lado, se encuentran las transferencias fiscales dentro de una zona monetaria. Tal y como muestran Sala i Martín y Jeffrey (1998) la política fiscal única de Estados Unidos y su capacidad para transferir dinero de unos estados a otros, es la que logra que los problemas económicos de uno de ellos no sean tan elevados como podrían serlo de no existir estas transferencias. Sin embargo, en la Unión Europea no existe un sistema fiscal único ni un mecanismo de transferencias o de pago de impuestos a la administración central de la UE tan desarrollado como en EE.UU7. Estos autores defienden que es más útil un sistema progresivo de impuestos (que rebaja las aportaciones al gobierno central cuando un Estado tiene graves problemas) que las transferencias que este pueda recibir del gobierno central.

Por otro lado, compensar este trasvase de rentas a través de un sistema financiero integrado que lleve a que las regiones que están en buen momento financien a las que lo están pasando peor, no tiene por qué funcionar siempre. Mientras que en momentos buenos estas financiación pueden ser suficientes, en otros, la prima de riesgo se eleva en exceso ahogando a los Estados con problemas (Eichengreen, 1998).

Hacia dónde podemos avanzar

De todo lo hasta aquí analizado, podemos deducir que las consecuencias perniciosas que está teniendo esta crisis sobre los sectores más desfavorecidos de la población española (y de muchas otras zonas de la eurozona), se ven incrementados por la estructura que configura la moneda única y la eurozona. Por un lado, esta no ha podido evitar la llegada de la crisis. A pesar de haberse logrado la estabilidad de precios en estos años, esta ha tenido un claro origen financiero que el Sistema Europeo de Bancos Centrales ha facilitado (incrementando la cantidad de dinero de la economía, no controlando el riesgo de los mercados financieros y no poniendo coto a las exageradas subidas de precios de los activos financieros e inmobiliarios).

Por otro lado, la capacidad de reacción de la estructura sobre la que se asienta la moneda única es limitada y produce un desempleo elevado en los países que más problemas tienen8 junto con desequilibrios financieros (intervenciones, prima de riesgo) y una falta de crecimiento preocupante.

Reafirmar lo que ya tenemos

Ante esta situación caben varios tipos de estrategias. La primera es la que se está aplicando en líneas generales en estos momentos. Su fundamento es que la estructura de la moneda única es correcta, que nos ha dado muchos beneficios y va a seguir dándolos en el futuro9, que “La Eurozona no puede decepcionar a los mercados”10 y que, por lo tanto, queremos seguir priorizando el euro como el más importante horizonte de la política Europea.

Esta postura lleva a mantener todo tal y como está y a buscar medidas que intenten que el sistema financiero europeo no se venga abajo del todo. Para ello se inyectan fondos a las entidades financieras y a los Estados con problemas (siempre teniendo mucho cuidado de que estos préstamos no produzcan inflación) y se imponen gravosos programas de ajuste que lleven a que estas entidades e instituciones limiten sus déficits y garanticen su futura viabilidad financiera.

Es evidente que estas políticas tienen un elevado coste social ya que este es el sacrificio necesario para lograr los objetivos deseados. Las reducciones de gasto y los incrementos de ingresos recaen sobre los trabajadores y sobre aquellos que no ganan su dinero en los mercados financieros.

Tender hacia una zona monetaria óptima

Otra posible salida (que es compatible en parte con la anterior) sería la de intentar acercarse a lo que se denomina una zona monetaria óptima. Para ello caben dos caminos: actuar sobre los mercados laborales a través de una flexibilización de los salarios y de un incremento de la movilidad de trabajadores entre países o centralizar la política económica en un gobierno europeo que tuviese una fuerte capacidad de redistribución gracias a un elevado presupuesto.

En cuanto a los mercados laborales, puede ser relativamente sencillo flexibilizar salarios para lograr que estos tengan capacidad de descender. Sin embargo, mejorar la movilidad de los trabajadores no es tan sencillo. Como demuestra la experiencia estadounidense (Eichengreen, 1998) la movilidad laboral no depende solamente de cuestiones legislativas. Un único mercado laboral puede tener barreras que impidan la movilidad, por lo que las medidas estatales tienen difícil hacer alcanzar avances significativos en este campo.

Con respecto a construir un gobierno con una capacidad presupuestaria suficiente para llevar adelante redistribuciones de renta eficaces a nivel europeo, parece bastante alejado del horizonte de la UE en estos momentos y difícil de conseguir a corto plazo.

Cambiar las prioridades y la estructura de la moneda única

Otro de los caminos sería cambiar las prioridades de la Unión Europea para orientarlas hacia los ciudadanos (y en especial a los más desfavorecidos) en lugar de hacia el mantenimiento de los mercados financieros. Ello se traduciría en un cambio del modelo de Banco Central Europeo, para que este priorizase entre sus objetivos la lucha contra el desempleo y la consecución de un mayor crecimiento, aceptando niveles superiores de inflación (sin provocar claro está, episodios de hiperinflación) e incorporando entre sus objetivos la lucha contra la inflación inmobiliaria o financiera.

Habría que acabar con los apoyos al sector financiero y utilizar estos para garantizar los depósitos de los ciudadanos de aquellas entidades que cayesen por sus problemas. Esto supondría, por lo tanto, un ajuste brutal del sistema financiero en el que aquellos que mayores inversiones tienen en él, perderían una gran parte de su dinero y solo quedarían aquellas entidades que han realizado políticas más conservadoras y menos arriesgadas. Al mismo tiempo habría que cambiar la regulación de los mercados financieros para garantizar que no se volviesen a dar los altos niveles de endeudamiento y de riesgo que se asumieron antes de la crisis.

Deberíamos aceptar la posibilidad de quiebra, de renuncia a una parte o a la totalidad de la devolución de la deuda por parte de los acreedores o de financiación directa por parte del BCE, a cambio de unos planes de ajuste que impidiesen futuros déficits elevados. La diferencia esencial con los planes observados en la primera estrategia es que el principal ahorro se daría por la eliminación del pago de intereses lo que permitiría reducir el déficit sin afectar a la demanda agregada y sin altos costes sociales. Del mismo modo, los prestamistas deberían dejar de ser los acreedores preferentes del sector público, esto sería una medida que también impediría al sector público endeudarse excesivamente ya que las instituciones financieras se lo pensarían dos veces antes de financiarlo con excesiva alegría.

Todo ello debería complementarse con una profunda unión fiscal y financiera (que fuese más allá de la unión bancaria aprobada hace poco). Comentar todas las implicaciones legales que debería tener este cambio de prioridades excede la amplitud de este artículo, pero sí que podemos afirmar que precisaría de un elevado grado de consenso a nivel de la eurozona para poder ser realizado.

Salir del euro

La última estrategia es la ruptura con el euro. Esta busca conseguir la independencia para plantear de una manera nacional, aquellos objetivos que no se consiguen de una manera conjunta. Esta posibilidad, una vez pasado el desastre financiero que podría suponer en un primer momento (Definida por Eichengreen, 2010:22 como “la madre de todas las crisis financieras”) permitiría al país tener su propia política monetaria, económica y de tipo de cambio que le llevase a lograr aquellos objetivos que la nación se plantease. Sin embargo, si esto rompiese al mismo tiempo la Unión Europea, se acabaría con todas las ventajas no económicas de la misma que han sido reconocidas por el premio nobel de la paz que acabamos de recibir y que han garantizado más de medio siglo de paz en los países incorporados a la misma.

Conclusión

La moneda única en Europa tiene unos objetivos claros que vienen bien definidos en los tratados de la UE y en los reglamentos y directivas pertinentes. Los principales gobiernos de la Eurozona también parecen compartirlos. Para lograrlos se dejan a un lado otras metas y por ello las políticas practicadas tienen estos costes sociales tan elevados. Se está dispuesto a asumirlos en la medida que no están dentro de las prioridades actuales.

Solamente si se cambian los objetivos prioritarios de la moneda única, se podrán establecer reformas que busquen mejorar la situación social en la UE. Ello supondría, claro está, sacrificios que recaerían sobre otros sectores, en especial el financiero, y sobre los países más ricos de la UE.

En este pequeño artículo he pretendido explicar los mecanismos que rigen en nuestra moneda única y porqué los ajustes planteados tienen estos elevados costes sociales. También he intentado esbozar algunas estrategias posibles ante la situación actual. Pienso que la política a practicar depende de las prioridades que nos marcamos y de qué estamos dispuestos a sacrificar. En estos momentos, se está dispuesto a asumir costes sociales para que la situación de los financiadores no empeore demasiado. Dejo a la opinión del lector la decisión sobre qué priorizaría él y qué clase de estrategia seguiría para mejorar la difícil situación en la que nos encontramos.

Bibliografía

Banco Central Europeo (2004) La política monetaria del BCE, Frankfurt, BCE

(2008) Boletín Mensual, 10º Aniversario del BCE, Frankfurt, BCE

Blanchard, Olivier Jean; Muet, Pierre Alain (1998) “La competitividadpor medio de la desinflación: valoración de la estrategia macroeconómica francesa” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 105-154, Madrid, Ediciones Pirámide

Calvo Hornero, Antonia (1999) “Los efectos económicos de la UEM: el efecto anticipación y el efecto sistémico” en Peinado Gracia, Mª Luisa (coord) Los mercados financieros españoles y la UEM, pág:47-69, 1ª Edición, Madrid, Editorial Cívitas.

Cinco Días (2001) El Euro en CincoDías, Madrid, CincoDías 2001

Dastoli, Virgilio (2002): “El euro en el proyecto federal europeo” en El Euro como expresión de modelo federal y social europeo, pág: 47-53, Bilbao, Consejo Vasco del Movimiento Europeo

De Grauwe, Paul (2003): Economics of Monetary Union, Fifth Edition, Oxford University Press

De Grauwe P. and Vanhaverbeke, W. (1990): “Exchane Rate Espeirneces o Small EMS Countries. The Cases of Belgium, Denmark and the Netherlands” in V, Argy and P. De Grauwe (eds) Choosing an Exchange Rate Regime, Washington, DC: International Monetary Fund.

EC Comission (1990): “One Market One Money”European Economy, 44

Eichengreen, Barry (1998) “¿Es Europa un área monetaria óptima?” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 21-52, Madrid, Ediciones Pirámide

(2010) “The Breakup of the Euro Area” en Europe and the Euro, Alberto Alesina and Francesco Giavazzi, editors, Pág:11-51, National Bureau of Economic Research- The University of Chicago Press, http://www.nber.org/chapters/c11654.pdf

Eijffinger, S. y de Haan, J, (2000) European Money and Fiscal Policy, Oxford, Oxford University Press

El País (2001) El país del Euro, Madrid, Diario el País S.L.

Eurostat (2011) Europe in figures. Eurostat Yearbook 2011, Luxembourg, Publications Office of the European Union.

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Mundell, R (1961): “A theory of Optimal Currency Areas”, American Economic Review, 51

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Sala i Martín, Xavier; Sachs, Jeffrey (1998) “Federalismo fiscal y áreas monetarias óptimas: enseñanzas para Europa de la experiencia de EE.UU” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 155-189, Madrid, Ediciones Pirámide

1En la bibliografía se puede encontrar la referencia a alguna de estas publicaciones

2Para hacerse una idea de esta confianza, se puede acudir a dos publicaciones que se realizaron en el año 2001, financiadas por el ministerio de economía y por algunas importantes empresas privadas, que nos dan una idea de este entusiasmo por la moneda única de autoridades y responsables económicos de nuestro país (El país, 2001 y Cinco días, 2001)

3El Banco de España ofrece una relación de las ventajas de la estabilidad de precios que puede encontrase en el siguiente enlace: http://www.bde.es/bde/es/areas/polimone/politica/Los_beneficios_d/Los_beneficios__33560642abac821.html

4Que alcanzaron un máximo de 4,75% en 2000 pero que desde entonces han tendido a la baja y se hayan en cifras mínimas en este momento http://www.ecb.int/stats/monetary/rates/html/index.en.html

5Tal y como preveía Antonia Calvo en 1999 (Calvo, 1999:65) y como hemos experimentado en nuestro país durante los últimos años

6Traducción propia

7Hay que tener en cuenta que el presupuesto de la UE ronda el 1% del PIB de la Unión, mientras que el presupuesto de EEUU multiplica por treinta, aproximadamente, este porcentaje.

8Para ver las cifras del desempleo acudir a: http://ec.europa.eu/eurostat/product?code=une_rt_a&mode=view

9Ver las declaraciones al respecto emitidas por Mariano Rajoy en dos momentos distintos del año 2012: El presidente se contiene: El gran ganador es el Euro” ABC, Sábado 30 de Junio de 2012, pág: 20 y Gobierno de España, La Moncloa, El presidente lanza un “mensaje contundente” en defensa del euro, lo más importante que han hecho los europeos juntos en muchos años”http://www.lamoncloa.gob.es/Presidente/Actividades/ActividadesNacionales/2012/160512declaracionrajoy.htm

10Declaraciones de Ángela Merkel aparecidas en la noticia de la agencia EFE recogida por la sección de noticias económicas de Univision: http://dinero.univision.com/economia-y-negocios/noticias-economicas/article/2012-09-17/merkel-improbable-autoridad-bancaria-lista-enero

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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¿A quién queremos rescatar?

Artículo publicado en el periódico las Provincias el 18 de Noviembre de 2012 en su página 41 titulado ¿A quién queremos rescatar?

Parece que estos últimos días se ha tranquilizado la cuestión de si vamos o no a ser rescatados por la Unión Europea. Creo por ello que es buen momento para reflexionar sobre el concepto de rescate y su aplicación a los actuales problemas de España. Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” A esta definición, que es elocuente por si misma, podríamos añadir que la palabra rescate nos hace pensar que aquellos que lo realizan están dispuestos a perder algo a cambio de conseguir su objetivo de salvar o ayudar al rescatado. De hecho, los más rescates más admirados son aquellos en los que quien los intenta está poniendo en peligro su propia vida para ayudar a otro. Por ello el rescate suele identificarse con una buena obra por parte de quien lo realiza (o lo intenta) que piensa más en el rescatado que en lo que pueda perder por realizar esta acción. El interés y el bienestar de quien tiene problemas está, pues, por encima del interés del rescatador. Esto hace que, aquel que está en una mala situación manifiesta, no solamente no rechace un rescate, sino que con frecuencia ansía que alguien venga en su auxilio para poder ser liberado de ese peligro, daño, trabajo, molestia u opresión al que se ve sometido.

Parece evidente que en el caso de los rescates de la Unión Europa, su recepción no alegra a casi nadie y no solo porque esto supone reconocer que estamos muy mal, sino porque muy pocos se sienten totalmente salvados por estos rescates (si así fuese, creo no nos asustaríamos por ellos). Cabe preguntarse por qué sucede esto si parece que la mejora de nuestro país pasa necesariamente por ellos.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que es el que nos presenta una tregua en estos momentos. El rescate financiero se ha articulado para unos bancos que estaban en una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. y que en estos momentos tienen problemas para recuperar ese dinero al mismo tiempo que tienen que seguir haciendo frente a sus obligaciones. El rescate consiste en prestarles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios.

El rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a estas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Para financiar al país, la entidad que lo hace exige a España unas condiciones que pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Sin el cumplimento de estas condiciones el rescatador se niega a realizar el rescate.

Si analizamos esto con detalle nos daremos cuenta de que los verdaderos beneficiados en esta clase de ayuda no son el país receptor, sino sus acreedores, ya que gracias a la intervención de la Unión Europea logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. De hecho, los únicos que parecen alegrarse con el rescate son, precisamente, los financiadores que, inmediatamente después a cualquier noticia de que este es posible, rebajan su presión sobre los deudores. Estos últimos solamente salen beneficiados en la medida que las condiciones del nuevo préstamo son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia, esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado (En nuestro país, el rescate al sector financiero español va a elevar la deuda pública española considerablemente a lo largo de este año de manera que se calcula que en 2013 alcanzará un 90% del PIB)

Parece que el rescatador, más que pensar en el bien de España o de cualquier otro deudor, está pensando en el bien de los acreedores de España y que, tanto el rescate como las condiciones que este conlleva, no se hacen para que el rescatado mejore, sino para garantizar que sus acreedores van a recibir el dinero que se les debe tanto ahora como más adelante. ¿Es esto lo que entendemos por un rescate? ¿Es una ayuda real aquella que se me da no para que yo mejore, sino para que mi problema no afecte demasiado a los demás? Por lo tanto, cabe preguntarse si el rescate-país es un rescate a España o un rescate a los financiadores que han prestado a España.

Por todo ello creo sinceramente que un rescate debería implicar una apuesta por la mejora de la situación económica y política del país rescatado. Esto supone, por parte de la nación deudora, un “propósito de enmienda” y una “penitencia”. Es decir, una intención real de que la situación no se vuelva a dar junto con una serie de medidas que encaminen a la nación hacia esta dirección: apostar por una política mucho más transparente, una economía basada en no gastar más de lo que se tiene (salvo momentos excepcionales), una estructura fiscal que apoye la creación de empleo, unos ingresos suficientes para todas las personas, etc. Pero estas medidas no pueden ser hechas con el único objetivo de poder así devolver las deudas. No se puede hipotecar a los ciudadanos de un país durante varios años por fallos ya cometidos y menos si esto repercute en un grave empeoramiento de sus condiciones de vida.

Un verdadero rescate pasa, por tanto, por mecanismos de condonación y de rebajas sustanciales de lo debido (no por incrementos del porcentaje de deuda). Pasa por procesos de ajuste que no tengan como objetivo garantizar los pagos, sino sentar las bases para que esta situación no se vuelve a dar, construyendo un futuro sobre unas nuevas bases no hipotecadas. Y pasa porque aquel que lo realice está dispuesto a sacrificar algo para mejorar al que está en peor situación. Solamente así podremos hablar de verdadero rescate. Otras maneras de ejecutar el mal llamado rescate y el mal llamado rescatador, dejan de ser algo deseado y bonito para convertirse en una pesadilla de la que no se quiere oír hablar. Necesitamos crear ilusión y ganas de mejora, necesitamos que las reformas se vean como la construcción de un camino hacia futuro mejor, no como las penas que tengo que pagar para que mis acreedores cobren lo que les debo. Si no se generan estas dinámicas, si no reformamos un sistema que no ha funcionado bien, no para mantenernos como estábamos, sino para dirigirnos hacia otros horizontes, el rescate no es tal, será otra cosa, pero no un rescate y nosotros seguiremos hundidos a pesar del mismo (y si no vean qué ha sucedido con los países ya rescatados).

 
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Publicado por en noviembre 19, 2012 en ahorro y finanzas, Crisis económica

 

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A propósito de la tasa de transacciones financieras

Artículo publicado en Las Provincias el Martes 16 de Octubre de 2012 en la página 26

España y otros diez países de la Unión europea han decidido poner una tasa de transacciones financieras a las compras de bonos, acciones y productos derivados en la Comunidad Europea. Creo que aunque no hayan sido todos los países de la Unión Europea ni los grandes centros de finanzas mundiales los que hayan tomado esta medida, que a pesar de las pegas que tiene y a la espera de la concreción de la misma, podemos estar de enhorabuena por esta decisión. Varios son los motivos que podemos argumentar para justificar esta alegría. El primero podría clasificarlo como ético. Mientras que cada vez que compramos una barra de pan para comer tenemos que pagar un porcentaje de su precio en concepto de impuestos, no sucede lo mismo cuando adquirimos una acción o un bono del tesoro o cualquier instrumento financiero. Parece cuanto menos peculiar, que tengamos que pagar impuestos si adquirimos algo que necesitamos para vivir, pero que no tengamos que hacerlo si compramos un producto financiero para intentar ganar dinero con él. ¿Por qué por las cosas que son necesarias se paga impuestos y las que son para beneficiarse de ellas y por tanto innecesarias, no? Si además consideramos que comprar pan lo tienen que hacer todos, hasta los que tienen muy pocos recursos económicos (o son pobres si queremos decirlo de otra manera más sencilla) y quienes adquieren activos financieros suelen haber cubierto sobradamente sus necesidades básicas y lo hacen con sus ahorros o sus excedentes de dinero, la cosa parece todavía más injusta.. Aunque existen razones prácticas para negarse a este impuesto, desde el punto de vista ético los argumentos en contra de esta tasa son, cuanto menos, endebles.

El segundo motivo es recaudatorio. Durante el año 2011, según los datos de la bolsa (Bolsa de Madrid (2012) Estadísticas, Mayo de 2012, http://www.bolsasymercados.es/esp/publicacion/revistaOnLine/index.htm) el volumen de contratación total en España fue de trece billones doscientos sesenta y uno mil trescientos veinte millones de euros. Ello quiere decir que de mantenerse esta contratación y el tipo que se ha anunciado, un 0,1% (siempre que se aplicase a todas las compras, cosa que no está clara en estos momentos) se lograría una recaudación de más de 13.000 millones de euros. Tal y como está la situación económica, no está mal del todo… Si la contratación se redujese a causa de este impuesto un 30% (el precedente de Francia parece que apunta en esta dirección) la recaudación seguiría incrementándose en unos 9.000 millones de euros. Podría suceder que a causa de este impuesto los beneficios financieros se redujesen y bajase, como consecuencia de esto, la recaudación de impuestos por esta vía, pero está por ver si esto realmente sucede (podría no suceder) y cuál sería la reducción de recaudación (previsiblemente menor que el aumento por este impuesto).

El tercer motivo ya fue apuntado por el premio nobel James Tobin cuando hizo una propuesta de una tasa de este estilo (que era para las transacciones en divisas y no para los activos financieros). Este impuesto no perjudicaría a la actividad económica real, sino tan solo a la velocidad y cantidad de transacciones financieras. En la medida que esta rapidez y la enorme fluidez han generado una gran volatilidad estos últimos años claramente negativa para la marcha, no solo de los mercados financieros, sino de la economía en general, no podemos más que concluir en que incorporar esa arena (como la definía el mismo Tobin –Eichengreen, Barry; Tobin, James; Wyplosz, Charles (1995): “ Two Cases for Sand in the Wheels of International Finance” http://www.jstor.org/stable/2235326-), en el engranaje de los mercados, puede hacer que estos sean más lentos y cumplan mejor sus funciones apoyando el desarrollo de la economía y no causando inestabilidad innecesaria.

Dicho esto creo que precisaríamos de varias mejoras para que se cumpliesen los objetivos de este impuesto de una manera más plena. La primera es que opino que el porcentaje de la tasa es demasiado reducido. Un 0,1% es una tasa realmente baja (comparando con la compra del pan por la que pagamos un 4% y no nos sirve para ganar dinero sino tan solo para vivir). Creo que deberíamos ir, al menos, a la tasa que propuso Tobin en su momento de un 0,5%. Esto podría suponer que la recaudación fuese, no tan solo de 9.000 millones, sino que alcanzase al menos 20.000 millones anuales (considerando una bajada de negocio de al menos un 60%) siempre y cuando, claro está, se gravasen todas las compra-ventas de estos activos las hiciese quien las hiciese.

El segundo elemento que quiero añadir es que, con la libertad de capitales que tenemos instaurado en nuestros países, podría suceder que quienes adquieren estos productos financieros se fuesen a hacerlo a otros países que no aplican esta tasa con lo que evitarían el pago del impuesto. Creo que ante esta posibilidad caben dos clases de medidas. La primera el impulso para que se generalice este impuesto (lo mismo que sucede con el Impuesto sobre la Renta o el IVA o impuesto sobre las compras). Es decir, intentar que esta idea se acepte por parte de todos los países de la UE y también en las otras plazas financieras mundiales, esto además, igualaría las condiciones de competencia entre las distintas plazas financieras. Si esto no fuese posible, tal vez deberíamos volver a poner trabas a la libre circulación de capitales para evitar que el dinero se fuese a aquellas naciones que no quieren implantar esta clase de tasas y que tienen, pues, ventajas artificiales para competir en los mercados financieros.

 
 

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