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Archivo de la categoría: ahorro y finanzas

Un elevado endeudamiento quita libertad

“El rico domina a los pobres, el que toma prestado es esclavo del que presta” (Prov 22, 7) Tomar prestado te puede quitar libertad y obligarte a seguir los dictados de quien te financia.

En una sociedad sobre-endeudada, son los grandes fianciadores los que dominan el quehacer económico, de las empresas, de los particulares y de muchos Estados.

 
 

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¿Estás preocupado realmente por los resultados de la acción de cualquier gobierno en la sociedad?

Te propongo un test para que sepas si realmente estás preocupado por los resultados de la acción del gobierno (este u otro) en la sociedad, o hay otras cuestiones que te preocupan más…

Puedes hacer el test desde el vídeo o leyendo el texto que te pongo detrás, no te costará más de seis minutos y te puede ayudar a pensar sobre la realidad actual.

 

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Las deudas y la libertad

Aquí un pequeño relato que habla sobre la relación entre nuestras deudas y nuestra libertad

 

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Cada vez más endeudados

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, de Septiembre de 2018, nº 1609 Pág: 12 y 13

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Una de las estrategias que han servido para salir de la crisis en la que estamos ha sido el endeudamiento. Endeudarse puede producir crecimiento económico y este parece que ha sido el camino elegido por las principales autoridades económicas mundiales para lograr la recuperación de la senda de crecimiento mundial. Las bajadas de tipos de interés propiciadas por los bancos centrales no hacen más que confirma resta afirmación.

Si alguien se pregunta cómo es posible que el endeudamiento produzca crecimiento, el mecanismo para lograrlo se puede entender con un ejemplo sencillo. Supongamos que alguien quiere montar una actividad económica en su barrio como una casa de comidas para llevar, que permita a sus vecinos no tener que cocinar y al inversor ganarse la vida con un trabajo honrado. Consideremos que esta persona no tiene el suficiente ahorro para poder alquilar el local, adecuarlo, comprar la maquinaria adecuada y asumir todos los gastos que supone la puesta en marcha de la actividad, por lo que recurre a un banco que le presta el dinero para hacerlo. Ya tenemos el endeudamiento y la posibilidad real de montar su casa de comidas preparadas y asumir todos los gastos que esta puesta en marcha genera.

Si, siguiendo con nuestro ejemplo, esta persona acierta y hace unas buenas comidas que comienzan a ser apreciadas por sus vecinos que, poco a poco, dejan de cocinar algunos días para comprar los magníficos menús que prepara nuestra emprendedora, el endeudamiento ha creado una nueva actividad, tal vez algún puesto de trabajo, y ha generado un crecimiento económico en el barrio ya que dinero que antes, probablemente, se iba a comprar fuera de él o al ahorro, pasa a ser gastado en producción del lugar. Si a esto añadimos que el dinero que entra en circulación se mueve donde antes no lo había, vemos como esa nueva inversión proveniente de un endeudamiento no solo produce crecimiento gracias a esta actividad, sino gracias a lo que compran sus dueño y sus trabajadores que no hubiesen ganado si no hubiesen montado esta casa de comidas.

En este caso el cuento acaba bien, porque la actividad ha sido un éxito y esto le permite a la persona endeudada devolver el préstamos recibido y al mismo tiempo pagar los intereses que le ha cargado el banco. Cuando lo hace ya no genera crecimiento, pero seguro que habrá otro que lo haga con el dinero que devuelve. Este proceso entra dentro del funcionamiento normal de cualquier economía desarrollada y es necesario que existan estas posibilidades de crédito para permitir que las personas puedan adquirir bienes caros (como una casa o un automóvil) o para que puedan tener actividades en las que ganarse la vida.

Sin embargo, lo que estamos observando ahora es que el endeudamiento a nivel mundial está creciendo de una manera constante. En estos momentos tenemos una deuda acumulada a nivel mundial que supone un 318% del tamaño de la producción anual mundial (es decir, por cada euro que se produce en todo el mundo, se deben 3,18). Para tener una referencia, hace 15 años (antes de la crisis) este porcentaje era de un 248% y hay que recordar que durante la crisis el endeudamiento decreció. Cuando todos se endeudan al mismo tiempo el efecto de promoción del crecimiento a corto plazo es considerable pero puede convertirse en un parón a medio o a largo plazo. Si todos pedimos prestado para construir carreteras, comprar bienes, montar negocios, enviar a nuestros hijos a estudiar, etc. En el momento en el que esto está sucediendo, el crecimiento económico es elevado ya que se producen muchos bienes y servicios que no se harían si no hubiese existido este endeudamiento. Ahora bien, si igual que todos se endeudan al mismo tiempo para poder provocar este crecimiento, todos devuelven sus deudas coordinadamente, cuando esto está sucediendo ya no se da tanto crecimiento económico, porque los agentes económicos tienen que utilizar fondos para devolver en lugar de para adquirir otros bienes y servicios.

Además, si la parada del crecimiento es acusada, puede darse que algunos tengan problemas para devolver esos préstamos, ya que, como en el caso del ejemplo con el que abríamos el artículo, para poder devolver y pagar los intereses, necesitamos que nuestra inversión funcione bien y genere ingresos suficientes. No hay más que recordar como muchas de las empresas que quebraron en la anterior crisis eran compañías que funcionaban bien, que tenían más ingresos que gastos, pero que debido a un elevado endeudamiento adquirido durante los años de bonanza, tenían unos beneficios insuficientes para hacer frente a los pagos de sus respectivas deudas y finalmente tuvieron que cerrar por no poder pagarlas.

Lo que estamos viendo es que la necesidad de crecimiento nos lleva a un círculo vicioso que genera ciclos económicos. Por un lado, para crecer necesitamos endeudarnos constantemente y que este endeudamiento sea cada vez mayor. Solo la movilización de nuevos recursos permite ese crecimiento que ansiamos. Por otro, para que ese endeudamiento sea sostenible precisamos que exista crecimiento económico, porque sin él no podemos devolver lo que hemos pedido prestado. Entramos así en una doble adición. Por un lado tenemos una economía adicta al endeudamiento porque sin este no podemos crecer, y por otro tenemos una adición al crecimiento porque sin este entraríamos en otra crisis financiera por la imposibilidad de devolver los créditos pedidos.

La salida de nuestra anterior crisis está realizándose a través de los mecanismos que la provocaron, es decir, entrando en una espiral de endeudamiento y crecimiento, que se retroalimenta ya que ambos se necesitan para poder mantener esta dinámica. Si el endeudamiento tiene como finalidad principal actividades realmente productivas, podremos tener unos años en los que el crecimiento se mantenga. Pero si este endeudamiento se destina, no a actividades de producción, sino a actividades financieras que produzcan inflación en el precio de algunos activos financieros (tal y como sucedió en las crisis precedentes), no debemos albergar dudas de que volveremos a tener otra crisis más pronto o más tarde, o una recaída de la que tenemos tan reciente.

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¿Qué es un paraíso fiscal?

En este audio hablo brevemente sobre lo que es un paraíso fiscal, sus principales características y los problemas que traen para la estructura económica mundial.

https://www.ivoox.com/paraisos-fiscales-audios-mp3_rf_24993645_1.html

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Endeudamiento y sistema financiero

Un nuevo programa de radio en el que hablo de cómo desde el sistema financiero se potencia más el endeudamiento que el ahorro.

http://www.ivoox.com/sistema-financiero-endeudamiento-audios-mp3_rf_24351851_1.html

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Publicado por en marzo 12, 2018 en ahorro y finanzas

 

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Bitcoin, análisis de urgencia

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras de Febrero de 2018, nº 1603, páginas: 12-13

Os incluyo también un vídeo de 90′ de un compañero de mi universidad (José María Membrines) explicando lo que es un bitcoin.

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Publicado por en febrero 21, 2018 en ahorro y finanzas

 

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Qué es el ahorro

Programa de radio de la colaboración con Radio Popular de Bilbao en el programa “Misión es posible”

http://www.ivoox.com/que-es-ahorro-audios-mp3_rf_23871372_1.html

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En él hablo de los objetivos del ahorro y de la necesidad de un ahorro prudente y responsable

 
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Publicado por en febrero 19, 2018 en ahorro y finanzas

 

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A vueltas con el ahorro de las familias

Artículo publicado en Noticias Obreras, Julio 2017, nº 1597, Pág: 12-13.

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La tasa de ahorro ha vuelto a decrecer en nuestro país a niveles previos a la crisis, nuestra tasa es, además, baja en comparación con la media de la Unión Europea y con la de algunos de los países de la UE que son asimilables al nuestro en tamaño y renta per cápita. En este artículo vamos a analizar algunas de las variables que inciden en que esta tasa de ahorro sea baja y además decreciente.

En primer lugar hay que resaltar que los países más ricos tienen unas tasas de ahorro habitualmente más bajas. Para entender el porqué hay que recordar que las causas que llevan a que las personas aplacen su consumo actual para comprar cosas en el futuro (en esto consiste el ahorro) son tres principalmente: La primera es la de prever posibles imprevistos futuros que hagan que se necesite más dinero del que se gana (un accidente, una enfermedad, quedarse sin trabajo…). La segunda es comprar un bien caro cuya adquisición no se puede afrontar con los ingresos mensuales. La tercera es invertir en un negocio o en unos estudios que aseguren unos ingresos futuros suficientes para vivir.

En una economía compleja y de buen funcionamiento (en lineas generales) como la nuestra, estas cuestiones están cubiertas por otros medios diferentes al ahorro lo que hace que las personas no se vean muy incentivadas a ahorrar en exceso. Los imprevistos están cubiertos por el Estado que ofrece pensiones a las personas mayores, a quienes caen enfermos o subsidios de desempleo a quienes se quedan en paro. El sistema financiero complementa esta función pública de asesoramiento a través de seguros privados (que frecuentemente son obligatorios) por si hay un accidente de automóvil, nos roban o se quema nuestra casa u tras posibilidades. Este mismo sistema financiero también sirve para desincentivar el ahorro porque ofrece préstamos con un tipos de interés bajos y con grandes facilidades que hacen relativamente fácil y no excesivamente caro financiar la compra de un automóvil, de una casa o chalet, de un electrodoméstico, o invertir en un negocio o en un programa de estudios.

Pero no son estos los únicos elementos que ayudan a esta tendencia de los países más ricos a tener unas tasas de ahorro bajas. Nuestra sociedad en su conjunto transmite a las personas que vivimos en ella que el tener más es la manera de incrementar nuestro bienestar. El negocio bancario se sustenta sobre todo en su capacidad de prestar y no en la de captar ahorros. Por ello, existe una presión publicitaria y societaria para que no aplacemos las compras para más adelante, sino que las financiemos y las disfrutemos hoy mismo. Se puede tener hoy más de lo que nos permiten nuestros ingresos, por lo que parece que no hacerlo así es perder las oportunidades que nos ofrece nuestro entorno y nuestra organización económica.

Dos aspectos más influyen en el nivel de ahorro. El primero es el nivel de ingresos percibidos. Cuando este es bajo, la capacidad de ahorro se ve mermada. Las personas con ingresos bajos tienen poca capacidad para guardar dinero para el futuro ya que tienen que gastarse todo o gran parte del que ingresan en atender las necesidades presentes. De hecho, cuando estos ingresos son muy bajos, puede suceder que las personas tengan que recurrir a sus ahorros anteriores para poder sobrevivir lo que produce un desahorro mientras esta situación se mantiene. En segundo lugar están las expectativas económicas que tienen las personas. Cuando estas son malas, las familias están incentivada a ahorrar por si las cosas van a peor. Pero cuando las cosas van bien y se cree que van a ir a mejor, el incentivo para un ahorro que prevea imprevistos se reduce y las familias consumen más.

En estos momentos se juntan varios elementos que llevan a que el ahorro se esté reduciendo. En primer lugar la crisis no ha servido para cambiar con la cultura del “tener más”. La mentalidad continúa siendo la misma que previamente a la crisis y, aunque haya habido que articular sistemas de defensa ante una situación económica delicada para muchas personas (pero no para todas), la cultura económica se mantiene y se sigue pretendiendo que se produzca cada vez más para lo que se necesita también un consumo creciente. Además de esto, a pesar de que se ha incrementado el empleo, los salarios no son excesivamente altos. Ello conjuga dos efectos que también empujan hacia el descenso del ahorro, la imposibilidad de ahorrar por no tener unos ingresos demasiado elevados y la mejora de las perspectivas económicas que puede llevar a un ambiente optimista en el que se piensa que no habrán problemas en un breve espacio de tiempo por lo que es innecesario ahorrar.

Por último, la laxa política monetaria que ha bajado los tipos de interés a niveles muy bajos y que hace que pedir prestado sea más barato que nunca, junto con una remuneración del ahorro en forma de intereses prácticamente nula, también incentivan a endeudarse más que a guardar unos ahorros por los que no se van a recibir intereses.

Cabría preguntarse si esto es positivo o negativo para la economía de nuestro país. Para España en su conjunto, una baja tasa de ahorro junto con un incremento del consumo privado (tal y como se está dando) tiene un efecto positivo para el crecimiento económico (como se está observando). La producción se incrementa más que en otros países europeos gracias a que gastamos más que ellos y ahorramos menos. Este elemento positivo a corto plazo según una perspectiva de crecimiento económico, tiene un problema en cuanto a nuestra capacidad de inversión. En la medida que tenemos menos ahorros, vamos a poder invertir menos y si queremos mantener el nivel inversor tendremos que recurrir a ahorros exteriores lo que puede deteriorar nuestro déficit exterior. Aunque esto no sucede todavía, si la tendencia sigue en esta dirección, podría pasar en el futuro y reproducir alguno de los problemas económicos que ya teníamos antes de la crisis. Es decir, podría sucedernos otra vez lo que describe el refrán castellano como “pan de hoy y hambre para mañana”. La reducción del ahorro compromete nuestra capacidad de invertir y, si esta conlleva un incremento elevado del endeudamiento, compromete un futuro en el que tendremos que devolver todo lo que hemos pedido prestado.

 

 
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Publicado por en septiembre 4, 2017 en ahorro y finanzas

 

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Nuevos estilos de vida desde la DSI

Este sábado 3 de Junio estaré en Zaragoza impartiendo una conferencia sobre Nuevos estilos de vida desde la DSI. Será a las 10:00 en el Centro Joaquín Roncal. Espero que nos podamos ver por allí.cartel conferencia Zaragoza

 

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Panamá y los paraísos fiscales

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 5, Mayo 2016, pág: 26 y 27

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Durante el mes anterior se airearon algunos datos en los que se conocía el nombre de personas conocidas que han refugiado su dinero en un país considerado por muchos como paraíso fiscal, Panamá. Algunas de estas personas se apresuraron a afirma que su actividad no era ilegal, que todo entraba dentro de los usos legales que cualquiera con unas rentas lo suficientemente alta podían realizar. Probablemente tienen razón al afirmar esto. Sus comportamientos que entrañan ilegalidad alguna dentro de nuestra organización financiera internacional, pero ello no significa que aquello su comportamiento sea ético o que esta legalidad sea la deseable para este nuestro mundo tan intercomunicado. De hecho, que Panamá fuese un paraíso fiscal era algo que se conocía (aunque no todos los países lo consideraban como tal) y que había personas adineradas que se llevaban dinero allí para eludir el pago de impuestos también (aunque no se conociesen con exactitud sus nombres).

¿Qué es un paraíso fiscal?

Lo primero que cabe preguntarse es qué es un paraíso fiscal. Según la organización no gubernamental Oxfam internacional, el paraíso fiscal es aquel país que tiene una legislación que comprende cuatro características: tiene una tributación baja o nula; le otorga ventajas fiscales a aquellos que no residen en el país pero ponen su dinero en el mismo, aunque no realicen actividad económica alguna en esa nación; no coopera con las haciendas públicas de otros países y no les da datos para luchar contra el fraude; su marco legal permite que no se puedan identificar ni los bancos que ponen dinero allí, ni a los titulares o propietarios de los activos financieros que se tienen allí. Una organización denominada Tax Justice Network, demuestra cómo hay 42 lugares en el mundo que cumplen estas características (en mayor o menor medida). Entre ellos dos que tenemos muy cerca como Gibraltar y Andorra y tres países europeos como son Irlanda, Luxemburgo y Países Bajos.

¿Por qué alguien pone su dinero en estos lugares?

Estas condiciones de privacidad, poca colaboración y ventajas fiscales son ideales para dos clases de colectivos. El primero es aquellos que teniendo mucho dinero (si se tiene poco no sale rentable llevar el dinero a estos países), no quieren colaborar con la hacienda y desean pagar la menor cantidad de impuestos posible. En estos casos, independientemente de si la procedencia de su dinero es legal o ilegal, llevarlo a estas plazas les permite no pagar impuestos y obtener así ahorros sustanciales. El segundo colectivo está compuesto por aquellos que obtienen el dinero de manera ilegal y que quieren que este se mantenga escondido a los ojos de las autoridades que podrían perseguir su delito.

Consecuencias sobre las naciones y el bien común

Esto tiene dos consecuencias evidentes sobre el resto de países y sobre el bien común internacional. La primera es que tenemos lugares en los que los delincuentes internacionales pueden tener su dinero y sacarle rendimiento sin temor a ser localizados. La segunda es que aquellos que mayores posibilidades monetarias tienen y que por tanto, mayores impuestos tienen que pagar, tienen fácil eludir el pago de estos impuestos a través de estos lugares. Esto hace que la capacidad de los países para recaudar ingresos y utilizarlos para mejorar a sus ciudadanos se ven reducida. Estos dos atentados al bien común son graves y por ello Francisco ya denunció “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales” en la Evangelii gaudium (56).

¿Por qué no se hace nada?

Ante ello son muchas personas las que se preguntan por qué no se hace nada. Por qué organizamos un sistema financiero internacional que tiene estos agujeros por los que quienes más tienen pueden eludir el pago de impuestos a la hacienda de sus países o de las naciones en las que generan sus beneficios. Podría parecer lógico que el sistema económico no permitiese a nadie que eludiese el pago de impuestos de una manera legal o que existiesen estos lugares legales en los que enjugar los beneficios de delincuentes y terroristas. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y de las declaraciones que se han hecho en distintos foros de gobierno mundial (como el G20 y el G8) esta realidad sigue existiendo. El otro día, un dirigente sindical español puso palabras a algo que mucha gente piensa, que los papeles de Panamá demuestran que no se pone coto a estos paraísos fiscales porque muchos de los dirigentes que podrían hacerlo tienen dinero allí o familiares o amigos que invierten sus beneficios en estos lugares. Otros dicen que no se pueden evitar porque tenemos una libertad mundial de movimientos de capitales que nos llevan a que cualquiera ponga sus dineros en el lugar que más le conviene. Pero como algún premio nobel de economía ya ha afirmado, tal vez tengamos que replantearnos si no debemos volver atrás y poner otra vez restricciones reales a estos movimientos de capitales.

En todo caso, parece claro que la existencia legal de estos paraísos fiscales debería acabar. Los medios técnicos lo permiten fácilmente y debería existir una voluntad política para que el “bien común mundial” no sea solo una palabra bonita, sino un verdadero objetivo y perseguido por toda la comunidad internacional.

 

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Solo quedan dos Cajas de Ahorro en España

Una de las consecuencias de la crisis ha sido que han desaparecido del panorama económico español una de sus instituciones más longevas que existían, las cajas de ahorro (muchas de las cuales contaban con más de 100 años de existencia). Mientras que antes de la crisis había en España 45 cajas de ahorro, en estos momentos solo quedan dos (que eran además, de las más pequeñas que existían).

El pasado miércoles vino a la Universidad CEU Cardenal Herrera el representante de la principal de estas dos cajas, la Caixa Ontinyent y nos explicó por qué ella ha sobrevivido a esta crisis.

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Se trata de una experiencia interesante que demuestra dos cuestiones importantes:

Que el tamaño no es lo más importante

Que no es necesario ser maximizador de beneficios para realizar una buena gestión económica

Podéis encontrar información sobre esta conferencia en: https://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-foro-ceu-empresa-analiza-la-situacion-de-caixa-ontinyent-la-unica-caja-valenciana-que-sobrevivio-a-la-crisis-economica/

Además, tenéis aquí un video en el que podéis aprender más sobre esta caja:

 

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Proverbios y crisis financiera

Seguimos instalados en una de las crisis financieras más importantes de los últimos dos siglos.

Muchos pensamos en los posibles caminos para salir de ella y construir una economía diferente. ¿Puede la sabiduría bíblica ayudarnos a comprender qué es lo que pasa y hacia donde tenemos que encaminar nuestros pasos?

El siguiente artículo que se titula “Proverbios y crisis financiera” y que escribí en 2009 para la revista Moralia Puede daros una idea de lo que este libro bíblico nos puede aportar para entender nuestra realidad actual y lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

Puedes leerlo o descargarlo en http://hdl.handle.net/10637/7129CIMG8329

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Los cambios en la política monetaria

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1565, Noviembre 2014, pág: 13-14

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En los primeros jueves de septiembre y octubre, Mario Draghi comunicó nuevas medidas de política monetaria para los últimos meses de 2014 que se prolongarán durante dos años. Estas medidas intentan luchar contra un peligro que se cierne sobre la eurozona: la bajada generalizada de precios o deflación. Para ello se han articulado dos sistemas de compra masiva de activos financieros privados que pretenden inyectar dinero en la economía que se destine, finalmente, a la inversión privada, de modo que se reactive la demanda, se genere crecimiento económico y se evite que los precios bajen.

Para un no lego en la materia puede parecer paradójico que después de escuchar durante años y años que hay que luchar contra la inflación, esto es, contra la subida generalizada de precios, ahora que no suben y que probablemente bajen, se vea esto como un problema. Ante ello y, antes de entrar en otros aspectos del fenómeno, hay que comentar que está constatado que una inflación moderada (menor de dos dígitos) no crea grandes problemas económicos. Sin embargo, una deflación puede ahondar en la parálisis económica que la genera y traer consecuencias negativas sobre el crecimiento económico.

El motivo principal es que una bajada generalizada de precios provoca que se pospongan todas las compras no necesarias ya que las personas piensan que si van a bajar los precios, mejor esperar a comprar algo a que estén más bajos. Esto hace que la demanda disminuya, que se compre menos y que, por tanto, no solo haya menos crecimiento, sino que los oferentes se vean obligados a bajar más los precios para poder vender. Se crea así una espiral deflacionista difícil de parar (lo que también sucede al contrario cuando las cifras de inflación son superiores a dos cifras).

El Banco Central Europeo (BCE) se ha fijado en sus estatutos un límite máximo de inflación de un 2%. Se trata de un límite restrictivo que no tienen otros Bancos Centrales y que pretende defender la fortaleza del euro beneficiando a aquellos que tienen sus ahorros en esta moneda y que invierten en ella (ya que una inflación tan baja les permite que sus ahorros no pierdan capacidad adquisitiva). Sin embargo, esta política tan restrictiva en momentos de recesión como los actuales ha provocado algunos problemas económicos que ahora estamos pagando, ya que el miedo a la inflación elevada ha provocado que no se hayan realizado políticas como las que ahora se proponen con antelación.

A pesar del ejemplo de EE.UU. donde se llevan aplicando esta clase de políticas desde hace tiempo sin que se dispare la inflación (en contra de las previsiones de los contrarios a las mismas) el BCE no ha querido extender el dinero en circulación para tener controlada la inflación por debajo de un 2%. Esto ha provocado, entre otras cosas, que la falta de demanda comprometa la recuperación (llevamos siete años de crisis y no parece que vayamos a salir en breve de la situación) y que aquellos que tengan deudas no vean el valor de las mismas reducido (lo que habría sucedido si la inflación hubiese sido más alta).

Podríamos pensar que más vale tarde que nunca. Aplicar unas políticas expansivas que permitan sacar más dinero a circulación para poder generar algo de demanda que impulse el crecimiento y que incremente la inflación, es en este sentido bienvenido. Pero, parece que llegamos un poco tarde y que sus efectos no serán los deseados por tres motivos. En primer lugar los bonos que se adquieren son privados (es decir, se financia a empresas privadas) y falta que estas vean como conveniente trasladar estos fondos a financiación de empresas o de la economía, ya que se corre el peligro de que se utilicen simplemente para refinanciar lo que ya se debe y que esta financiación barata no salga del sector financiero. En segundo lugar, al encontrarnos en un panorama deflacionista, no se puede esperar que estas medidas provoquen una inflación que permita a los deudores reducir sus deudas vía la pérdida del poder adquisitivo de la moneda. El tercer motivo es que la cuantía de las compras parece insuficiente para provocar los efectos deseados. El hecho de que en el mismo BCE haya partidarios y detractores de estas políticas ha llevado a Mario Draghi a aplicarlas en una cuantía intermedia que intenta contentar a todos pero que puede resultar insuficiente.

Por otro lado, podemos plantearnos si esta financiación no tendría mejores resultados si se orientase hacia el sector público. Es decir, si en lugar de prestar a los intermediarios financieros para que estos puedan realizar su función de generar beneficios con mayor facilidad, se financiase al sector público directamente, permitiendo que este pudiese reducir sus pagos de intereses y su déficit y deuda pública. Desde el punto de vista del bien común, parece que esta medida podría ser más beneficiosa para la sociedad en su conjunto que la simple financiación privada.

Por todos estos motivos, no cabe esperar unas consecuencias espectaculares de las medidas de política monetaria, en especial para aquellos que tienen más problemas económicos y para los sectores más empobrecidos por la crisis. Las medidas pueden evitar la deflación (lo que ya es un logro por sí mismo y que además es el objetivo que tienen) pero opino que no tendrán muchas más consecuencias positivas. Llegan tarde (lo que no tendría por qué ser un problema), son insuficientes y además, están mal encaminadas apoyando solamente al sector privado y olvidando a un sector público al que la crisis financiera ha maltratado enormemente.

Necesitamos una política monetaria más imaginativa, más agresiva, más audaz que sea capaz de salirse de los cauces más ortodoxos y que ayude realmente a escapar de la recesión en el que estamos y no para ahondar en ella. Como decía un protagonista de una novela de Emilio Salgari “a grandes males, grandes remedios”. Los grandes males no pueden solucionarse ni haciendo lo de siempre ni con remedios tímidos. Hay que saber afrontar las situaciones graves con políticas que estén a su nivel.

 
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Publicado por en octubre 28, 2014 en ahorro y finanzas

 

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Mejorar el control de las transacciones financieras

Artículo publicado en el periódico Levante el 10 de Septiembre de 2014 en su página 46

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Noticia publicada en “Valencia Económica, Diario Económico Valenciano”:

Enrique Lluch aboga por crear un impuesto internacional sobre transacciones financieras para frenar las operaciones vinculadas a la corrupción

http://valenciaeconomica.com/blog/2014/09/09/enrique-lluch-aboga-por-crear-un-impuesto-internacional-sobre-transacciones-financieras-para-frenar-las-operaciones-vinculadas-a-la-corrupcion/

Si además, queréis leer el artículo al que se hace referencia en estas noticias, en esta otra entrada del blog tenéis el enlace: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2014/07/07/como-avanzar-hacia-una-economia-social-de-mercado/

 
 

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¿Hemos superado la crisis?

Artículo publicado en el boletín nº 26 de primavera de 2014 de la  “Asociación Resurgir” de Huelva en su página 7

hemos superado la crisis, huelvaCrónica del encuentro de profesionales cristianos en Huelva

crónica de encuentro de Huelva

¿Hemos superado la crisis? Esta es una pregunta recurrente ante la que parece que no hay una única respuesta. Ante los mensajes optimistas del gobierno, que siempre (sea cual sea el color del que manda) va a intentar mostrar la cara más amable de su gestión, existe una población que mira a su alrededor y no ve grandes signos que justifiquen el optimismo desbordado que emana de unos políticos inmersos en una campaña electoral. La oposición, por su parte, se debate entre decir que no es oro todo lo que reluce (y pagar caro su pesimismo ante una población ávida de buenas noticias) y sumarse al carro de la recuperación para explicar que ellos podrán gestionarla bien. Ante esta realidad, quiero ofrecer un análisis sosegado y prudente sobre lo que está pasando en la economía para intentar responder a la pregunta que encabeza este artículo.

En primer lugar hay que señalar que en toda crisis (ya sea esta personal, económica, social o política) hay un momento en el que se toca fondo, en el que ya no se puede ir a peor. En la actual situación parece que hemos llegado a ese punto, que estamos en el punto inferior de la crisis. Si en lugar de estar en lo más hondo, siguiese incrementándose el paro, continuase reduciéndose el Producto Interior Bruto y creciendo la pobreza y las desigualdades durante mucho tiempo, nuestro panorama sería realmente muy desalentador. Pero todos los indicadores nos hacen pensar que esto ya no va a pasar, que realmente estamos en un punto en el que no vamos a ir a peor, y esto parece una buena noticia.

Realmente, después de siete años de un desempleo creciente y con unos niveles de crecimiento económico ridículos, parecía que era la hora de llegar a este punto. Si observamos al anterior gran crisis que tuvimos en nuestro país (la de los años setenta) esta fue la cantidad de años que necesitó la economía para comenzar a crear empleo mientras que los años de muy bajo crecimiento o decrecimiento fueron solo cuatro. Sería pues deseable que, si se confirma lo que todos los indicios parecen mostrarnos, estemos en la base del comienzo del despegue hacia una etapa de mejora económica.

Sin embargo, los datos macroeconómicos siguen sin ser demasiado buenos. Estamos en un panorama de bajadas de precios que no ayuda a la recuperación (si los precios bajan se aplazan las compras no necesarias, se compra menos y la economía no avanza), la deuda pública es más alta que nunca, el déficit estatal sigue siendo algo, el crecimiento económico se recupera pero sigue siendo muy bajo y se sigue destruyendo empleo a pesar de las cifras de paro registrado del mes de abril (que reflejan el crecimiento de la semana santa como las de diciembre reflejaron el de las vacaciones navideñas).

Sin embargo, estas malas cifras no han sido óbice para que hayamos recuperado la confianza de los prestamistas/inversores internacionales. Esto, además, es un motivo de alegría para algunos y una prueba del éxito de las políticas gubernamentales. Y digo esto, porque desde el principio, el principal objetivo de todas las políticas económicas del gobierno español (comandado por la Unión Europea) ha sido este, que los prestamistas/inversores internacionales no perdiesen y volviesen a invertir en nuestro país. Es evidente que esto se ha logrado. Por un lado, muchas de las deudas que se tenían con ellos, ahora se tienen con el Estado. Este pagó a los prestamistas/inversores con el dinero público y ahora es él a quien se le debe el dinero. Por otro, los precios han bajado tanto en España que los prestamistas/inversores extranjeros vuelven a ver atractivo comprar o financiar en España a precios de ganga para vender en un futuro no muy lejano logrando (eso esperan al menos) pingües beneficios.

Además, los prestamistas/inversores internacionales han disipado sus dudas iniciales. Cuando comenzó la crisis tenían una gran desconfianza en nuestro país y en el resto de la Unión Europea, pensaban que se podían tomar decisiones para solventar al crisis que fuesen en contra de sus intereses y que les hiciesen perder dinero. Ahora ya saben que esto no ha sido así, que de los posibles caminos que se podían tomar para superar la mala situación, se tomó aquel que menos problemas les suponía y con el que iban a minimizar las pérdidas. No solo eso, sino que han conseguido garantizar que esto va a seguir siendo así durante los próximos años lo que les permite volver a financiar con seguridad y garantías.

Los cambios que ha propiciado esta crisis y sobre los que se ha asentado la incipiente recuperación, han ido encaminados a que los inversores-prestamistas sigan teniendo un entorno favorable para materializar en beneficios sus negocios financieros con el mínimo riesgo. Cabe preguntarse, con toda legitimidad, si este era el camino más adecuado, si la refundación del capitalismo de la que habló Nicolás Sarkozy cuando comenzó esta crisis es esto: un mundo más fácil para aquellos que se dedican a las finanzas.

Y también cabe preguntarse por aquellos que están asumiendo los costes de esta situación desastrosa. Sabiendo que los niveles de empleo previos a la crisis de los años setenta tardaron veinte años en volverse a alcanzar ¿Podemos esperar un ritmo rápido de recuperación en nuestro país? Y si avanzamos pero muy poco a poco ¿Qué va a pasar con todos aquellos que siguen en una situación crítica? ¿No siguen ellos estando en crisis y hundiéndose a pesar de la situación general?

 

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Inversión, competitividad y costes laborales

Artículo publicado en Economía 3, Noviembre 2013

Inversión, competitividad y costes laborales en Eco3

 

Durante los días que me pongo a escribir este artículo he oído en la radio cómo nuestro presidente ha ofrecido a empresarios japoneses la gran oportunidad que supone para ellos invertir en España debido a la bajada de nuestros salarios y a la ventaja comparativa que esto nos da con respecto a la inversión en otros países europeos. Más allá de la polémica que estas afirmaciones han generado (con las posteriores declaraciones del ministro Montoro en el parlamento y la réplica de los representantes de la oposición) querría hacer una reflexión sobre esta manera de competir en un entorno global. Antes de comenzar con ella quiero recordar que al mismo tiempo vieron la luz informes sobre la valía de los aprendizajes de nuestros jóvenes en el sistema educativo en cuanto a capacidad lectora, matemática y de otras materias. Nuestros resultados se encuentran entre los peores de la Unión Europea. Parece que estamos vendiendo trabajadores baratos y no demasiado bien formados ¿Es esto lo que nos interesa?

Quiero empezar indicando que pensar que somos atractivos por nuestros bajos costes salariales es abundar en un error que, considero, ha sido más general de lo que desearíamos. Me refiero a mantener la idea de que tenemos que ser un país que compita, en el entorno internacional, por los bajos precios de nuestros productos y del factor trabajo. Si bien es verdad que esto pudimos hacerlo bien cuando contábamos con una moneda propia que se devaluaba constantemente abaratando nuestros bienes y servicios con respecto a los de otros países, llevamos un tiempo lo suficientemente largo con el euro para saber que esto ya no es posible.

De hecho, este ha sido uno de los grandes errores estratégicos que muchas de las empresas que se han venido abajo en los últimos años mantenían. Hemos pensado que no podíamos competir por precios contra las importaciones asiáticas (cosa que es cierta) y hemos dejado de hacerlo, cerrando industrias y centros de producción que empleaban a gran número de personas. Las empresas que no pensaron así, las que se dieron cuenta de que sus competidores no son las empresas asiáticas sino las europeas, los que vieron que ahí era donde podemos gozar de ventajas comparativas si buscamos un producto con mayor valor añadido y a un buen precio, son las que han podido superar sus malos momentos de una manera más exitosa.

Pero este no es el único motivo que me impulsa a opinar que esta estrategia es equivocada y no puede dar sabrosos frutos a largo plazo. También deberíamos pensar sobre qué clase de inversión nos conviene en nuestro país. Aunque algunos puedan pensar que nos interesa cualquier clase de inversión sea la que sea, yo no lo veo así. Cuando un inversor viene a hacer dinero a nuestro país gracias a sus bajos salarios, pueden suceder al menos dos cosas que creo que no son convenientes para nosotros. Por un lado, seguramente traerá aquellas partes del proceso productivo que menos valor añadido tienen (donde más interesante es el trabajo barato) por lo que la recepción de conocimiento y los efectos multiplicadores de la inversión serán menores. Por otro lado, en el momento encuentre países más baratos, seguramente cambiará la ubicación de sus plantas industriales hacia ellos, lo que hace que este tipo de inversiones sea más volátil que otras.

Es interesante también reflexionar hasta que punto esta inversión extranjera atraída por nuestros bajos salarios (si es que al final llega, cosa que dudo ya que hay muchos lugares del mundo y en Europa con costes salariales inferiores a los nuestros) es atractiva para mejorar la renta per cápita de nuestro país. Se puede pensar que crear empleo siempre es bueno, que mejor es que las personas trabajen que permanezcan en el desempleo. Siendo esta afirmación cierta, también lo es que si hacen esto con unos salarios muy bajos, su situación personal se deteriora y la riqueza del país no crece todo lo que debería en la medida en que gran parte de las rentas generadas por la actividad acaban saliendo al exterior para pagar a los inversores extranjeros.

Por todo ello, creo que debemos reorientar nuestra manera de plantear nuestras fortalezas y la búsqueda de inversores y empresas que promocionen el tejido productivo español. En primer lugar debemos ser conscientes de que debemos competir con las empresas europeas, con aquellas que producen bienes de un alto valor añadido que no compiten solo por precios. Nuestra referencia no debe ser China, Vietnam o Camboya, sino Alemania, Italia o Francia. Pensar que podemos seguir fabricando bienes baratos y de baja calidad para Europa es, poco menos que una ilusión sin fundamento.

Esto supone, en segundo lugar, que nuestra competencia debe basarse en trabajadores productivos, que tengan una buena formación técnica y humanística y que sepan responder a los desafíos que siempre conlleva el día a día económico y social. Trabajadores que no se caractericen por sus precios baratos, sino porque gracias a su productividad y sus competencias, a la larga salgan baratos.

Por último, creo que más que buscar la inversión extranjera, que no tiene por qué ser negativa pero que no es la panacea, debemos potenciar la interna. Tenemos un tejido empresarial que se desmorona ante nuestros ojos sin que parece que podamos hacer nada para apoyarlo. Tenemos empresarios, inversores y trabajadores competentes que pueden llevar adelante modelos de negocio y empresas exitosas en el mundo entero. Esta es la inversión que creo que debemos promocionar a través de políticas industriales y económicas que apoyen empresas que creen empleo de calidad y tengan proyectos de emprendedurismo o de ampliación, que no se basen solo en unos costes laborales reducidos, sino en un saber hacer y en una excelencia técnica que les lleve a ser más productivos y competitivos a nivel internacional. 

 
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Publicado por en enero 27, 2014 en ahorro y finanzas

 

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Hacia dónde dirigir el sistema financiero

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1550, Agosto de 2013, pág: 12-13

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Para casi todos aquellos que hayan observado con cierto detenimiento la venida de esta crisis y su evolución, parece evidente que debemos modificar la estructura de nuestro sistema financiero global. Este va a ser el tema del presente artículo, sugerir una serie de medidas que creo que serían positivas para lograr este objetivo. Voy a dejar a un lado el asunto del Banco Central Europeo, del euro y de su política monetaria. Parece bastante evidente que su organización y estructura no colaboran en exceso en la superación de la crisis, pero no voy a tratarlo en este artículo sino que voy a centrarme en otros aspectos del sistema financiero.

En primer lugar, pienso que uno de los grandes problemas con los que nos encontramos es el carácter sistémico de muchas de las entidades financieras. El gran tamaño que han adquirido durante los últimos años debido a fusiones, absorciones y políticas diversas de reducción de número de entidades e incremento programado de su tamaño, ha hecho que sea muy problemático dejar caer una entidad financiera. Si se hace, hay peligro de que caigan las otras el lo que podríamos describir como un efecto dominó. Esto provocaría que el Estado no tuviese suficientes fondos para garantizar los depósitos de las entidades quebradas lo que llevaría al colapso total del sistema. Por ello, el Estado se ve en la obligación de rescatar la entidad con problemas.

La solución a este problema pasa, desde mi punto de vista, por limitar el tamaño de las entidades financieras. Debemos buscar un sistema financiero que tenga una competencia real y que no trabaje como un oligopolio (pocas empresas con gran poder de mercado). De este modo, si alguna entidad financiera lo hace mal, se puede dejar que esta caiga garantizando sus fondos a los depositantes y no serían necesarias intervenciones estatales. Además, aumentaría la competencia y los grandes préstamos podrían seguir dándose a través de la costumbre de cooperación entre varios bancos para repartir riesgos (comportamiento habitual en los bancos)

Otro de los problemas observados durante la gestación de la crisis ha sido el número de intermediarios que había entre el prestamista último y quien recibía la financiación. Me contaba una amiga que trabaja en banca privada cómo antes de la crisis le había garantizado a una señora mayor que su dinero estaba en un producto seguro. Para ello había adquirido renta fija de una prestigiosa entidad bancaria suiza. Esta había utilizado esos fondos para prestar a otra entidad inglesa (también prestigiosa) que a su vez había adquirido otro producto financiero en Estados Unidos con el que se había financiado a una entidad que había utilizado este dinero para realizar un préstamo hipotecario de alto riesgo. Si contamos, desde la señora mayor (prestamista última) hasta quien recibe el préstamo hipotecario hay cinco intermediarios (incluyendo mi amiga y el producto financiero estructurado) Cuando la crisis financiera estalló, esta señora se quedó sin su dinero prestado de una manera (teóricamente) segura y mi amiga no sabía como explicárselo… En una opción inteligente, la empresa en la que trabaja mi amiga decidió no volver a realizar operaciones en la que hubiesen más de dos intermediarios entre el prestamista y el receptor del préstamo. Creo que esta política debería generalizarse y resultar en una norma de obligado cumplimiento que mejoraría la gestión financiera y la transparencia (de la que voy a hablar a continuación)

Otro de los problemas que tenemos en nuestro sistema financiero es que desconocemos, con frecuencia, hacia donde dirige la entidad los fondos que le dejamos. Como lo único que parece preocuparnos es el rendimiento que esta nos ofrece, nos despreocupamos del destino final de nuestros fondos. Ello puede provocar situaciones como que estemos financiando de una manera indirecta a entidades cuya actuación vaya totalmente en contra de nuestras convicciones o de aquello por lo que estamos luchando. Por ello, debemos lograr mejorar la cultura financiera y concienciar a los clientes para que exijan a sus entidades transparencia, de manera que no les dejen el dinero si estas no son capaces de explicarles cuál es el destino final del mismo o cuáles son los criterios de financiación que aplican a sus operaciones… Lograr un sistema financiero en el que se priorice el conocimiento del destino de lo prestado en lugar del rendimiento es una de las labores de cultura financiera más importantes a realizar.

Los productos derivados son otra de las cuestiones que creo habría que abordar. Se trata de productos financieros en los que no se presta a nadie, sino que se pretende asegurar un riesgo. Por ejemplo, compro dólares para dentro de tres meses fijando el precio y la cantidad comprada hoy. Cuando llega la fecha, si el precio de mercado es inferior al de compra, el vendedor ha ganado ya que puede comprar los dólares en el mercado y vendérmelos a mi más caros. Por el contrario, si el precio de mercado es inferior, soy yo el que gano pudiendo comprar los dólares y venderlos el mismo día más caros ganando una plusvalía. Con frecuencia ya no se hace ni esto. En el primer caso yo le pago al vendedor la diferencia para que tenga ya las ganancias y viceversa.

Estos productos resultan en una manera fácil de ganar dinero (si aciertas claro) y además de utilizarse para proteger un riesgo, también se hace para adquirirlo. De hecho, la negociación de esta clase de productos se ha incrementado mucho en las últimas décadas. Mi opinión es que no deberíamos prohibirlas pero sí asimilarlas a las apuestas, que fuesen las casas de apuestas quienes las gestionasen y que pagasen, consecuentemente, el impuesto sobre el juego. Esta medida incrementaría la recaudación del sector público pero, sobre todo, reduciría la utilización incorrecta de este tipo de productos.

Por último, no me resisto a añadir dos medidas de una manera telegráfica. Por un lado deberíamos acabar con los paraísos fiscales, es decir, con aquellos lugares en los que el dinero no tiene que pagar impuestos o estos son tan reducidos que impulsan a las grandes fortunas y empresas a asentarse en ellos. También creo que ante el problema de la falta de financiación a proyectos empresariales reales deberíamos subir los impuestos a la adquisición de activos financieros. Creo que la pregunta clave es ¿Por qué si compramos pan pagamos IVA pero si compramos una acción no? La adquisición de productos financieros debería ser gravada al igual que sucede con los productos de consumo. Con ello el crédito a la economía real recuperaría atractivo y se reduciría la gran cantidad de inversiones meramente financieras que se dan en la actualidad.

 

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¿Por qué es importante el sector financiero para una economía?

Artículo publicado en el Noticias Obreras, Nº 1.549, Julio 2013, Pág: 12 y 13

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Dar crédito, esta expresión tiene un doble sentido en nuestro idioma. Por un lado está el literal, es decir, dejar a alguien un dinero para que lo utilice a cambio del pago del pago de un interés, que viene a ser el alquiler por poder utilizarlo durante un tiempo. Pero también tiene un sentido figurado que significa que confiamos en una persona o en un mensaje. Damos crédito a algo o a alguien cuando creemos que es de fiar, cuando consideramos que hay algo que nos asegura su veracidad, cuando sabemos que podemos depositar en ello nuestra confianza. Este dar crédito es lo que hay detrás de un sistema financiero sano. Para que funcione de una manera correcta necesitamos que una sociedad en la que exista confianza y fiabilidad. Sin ellas, un sistema financiero no funcionan.

Pero ¿por qué es importante que el sector financiero funcione bien para una economía? Muchas son las causas que podríamos aducir aquí, pero me voy a centrar en las más importantes. La primera es que el sector financiero incluye al Banco Central que es quien emite la moneda de un país. Es importante tener una moneda estable que nos sirva para realizar los intercambios. Cuando se pierde confianza en el sistema financiero, la moneda deja de ser apreciada y se puede producir un alza de precios tal, que las personas dejen de confiar en ella y se vuelva a utilizar el trueque para intercambiar los productos. Aunque el trueque es positivo en algunas situaciones particulares, no es factible en una economía compleja, se necesita alguna forma de dinero que facilite los intercambios. De hecho, hasta los mismos esquemas de trueque existentes en la actualidad, tienen alguna forma de dinero (aunque sea en vales por hora de trabajo) que realiza esta función.

La siguiente importante función del sistema financiero es que nos permite ahorrar. El ahorro es importante porque gracias a él podemos, por un lado, reservar dinero para realizar compras grandes en el futuro (una casa, un automóvil, un viaje), por otro guardar para tener unos fondos que nos permitan afrontar gastos imprevistos o una futura bajada de ingresos (desempleo, jubilación) y por último invertir en un negocio o en educación para tener más ingresos en el futuro. El sistema financiero nos facilita ahorrar con seguridad, sabiendo que no vamos a perder nuestro dinero. El entramado financiero, los bancos, el sistema en su conjunto y el respaldo público nos permiten tener una mayor seguridad de que nuestros ahorros no se van a perder.

Otra función importante es la de facilitar las actividades económicas. El hecho de profesionalizar la intermediación financiera, permite que aquellos que quieren montar un negocio o una actividad económica para ganarse la vida, puedan lograr el dinero que necesitan pidiéndolo prestado y pagando unos intereses aceptables. Lo mismo sucede con aquellas familias que quieran comprar una vivienda o cualquier otro bien caro y todavía no tengan los suficientes ahorros para hacerlo. La posibilidad de poder pedir prestado este dinero con unas condiciones que no sean abusivas y que les permitan afrontar los pagos posteriores que tienen que realizar, es deseable en nuestra sociedad y nos permite disfrutar de bienes cuando los necesitamos aunque no tengamos suficiente dinero para hacerlo.

Se pueden resumir estas ventajas en que la existencia de intermediarios financieros, que reciben el dinero de los ahorradores y lo canalizan hacia los prestatarios, hace que se reduzcan los riesgos y se incrementen las posibilidades. Un ejemplo nos permitirá entender esto. Si yo quiero comprar una casa y con mis ahorros no tengo suficiente para hacerlo, en el caso de que no existiesen los intermediarios financieros (como un banco) me sería difícil encontrar a alguien dispuesto a pagarme la cantidad que yo necesito en el plazo temporal que yo deseo. Los bancos y los intermediarios financieros facilitan esto. Ya no es necesario encontrar a esa persona, el banco recibe fondos de varios ahorradores en diferentes combinaciones y con ellos puede prestarme en las condiciones que son mejores para mi. Por lo tanto, todos ganamos, los ahorradores, los que piden préstamos y el mismo intermediario financiero que recibe unos ingresos por el servicio prestado.

Por todo ello un sistema financiero que funcione correctamente y unos intermediarios financieros que realicen bien su función, son imprescindibles para el correcto desarrollo de una economía compleja. La capacidad de invertir, de poner en marcha nuevos proyectos, de ahorrar para el futuro… necesitan de este buen funcionamiento del sector financiero. Cuando este no existe, aparece la figura del usurero que aprovecha su riqueza para prestar a los necesitados a unas condiciones leoninas que les imposibilitan la devolución de lo logrado y el pago de los intereses debidos.

El problema se da, cuando estas funciones no se cumplen bien, cuando el sector financiero no garantiza estas ventajas a la sociedad. Esto puede darse cuando no se controla bien la emisión de la moneda y la depreciación de su valor lleva a una inflación galopante que dinamita todo el sistema financiero. Pero también se da cuando el sistema financiero y sus instituciones olvidan su función que tienen de estar al servicio de las personas y de la economía y, en lugar de reducir riesgos y ayudar a cumplir los objetivos de personas e instituciones, los riesgos se incrementan, se realizan actuaciones movidos únicamente por el afán de lucro de quienes son propietarios del dinero y pasan de estar al servicio del resto de la sociedad, a que ésta tenga que amoldar sus actuaciones a lo que desean quienes prestan en los mercados financieros.

La crisis financiera ha tenido mucho de esto ya que las prácticas que se llevaron a cabo en los años de bonanza nos abocaron a una falta de confianza generalizada, y las soluciones que se están arbitrando no parece que estén llevando a que el sistema financiero cumpla bien su función benéfica para la sociedad en su conjunto. Por ello parece que es momento de realizar una reforma del sistema en su conjunto que permita que este cumpla bien su cometido final. En el próximo número daré una serie de indicaciones que sugieren hacia dónde podría ir este cambio del sistema financiero y cuáles podrían ser sus principales medidas.

 

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¿Para qué ahorramos?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 7, Julio-Agosto 2013 pág: 14-15

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No voy a ganar mucho

El pasado domingo estábamos de convivencia de mi grupo de la parroquia. Salimos a una casa de encuentros cercana a Valencia que se encuentra rodeada de pinos, campos de almendros y pequeñas vaguadas que, gracias a las copiosas lluvias invernales de este año, aparecían cubiertas por un manto verde salpicado de amapolas… Como sucede en estos lugares, durante la paella del mediodía hablamos de lo humano y lo divino, y salió el tema del que hablé en el último número de Icono, las preferentes y el dinero perdido por los ahorradores debido a estas y otros instrumentos arriesgados en los que muchos pusieron sus ahorros. Varios de mis amigos me comentaron cómo algunos de sus familiares habían perdido dinero por culpa de esto, y en ello estábamos cuando uno de ellos me pidió consejo ya que a un familiar le acababa el plazo de un depósito en breve y quería saber qué hacer con ese dinero.

Le dije que si no quería riesgos, lo mejor era meterlo en un depósito a plazo. Me respondió que el problema era que ahí no se ganaba mucho dinero, que los tipos de interés estaban muy bajos. Le hablé sobre algunas alternativas y los riesgos que estas tenían y ahí quedó nuestra conversación. No se que harán finalmente con esos importantes ahorros. Ahora bien, esto me sirvió para reflexionar y para tomar la decisión de incidir en un tema que ya abordé en el pasado artículo con el objetivo de profundizar en algunos aspectos de los que no hablé en la ocasión anterior.

¿Para qué ahorramos?

La pregunta clave que creo que debemos preguntarnos a la hora de afrontar estos temas es la que da título al artículo: ¿Para qué ahorramos? Porque si ahorramos para ganar dinero, está claro que tendremos que arriesgar. Si hemos dejado de comprar cosas en el presente para acumular dinero que nos permita ganar más en el futuro, es evidente que lo que debemos hacer es invertirlo en aquello que más rendimiento nos va a dar, asumiendo que esto tiene un riesgo, que igual que podemos ganar, pero que también podemos perder…

Ahora bien, el ahorro de las familias, tradicionalmente no tiene este objetivo. Cuando ahorramos lo solemos hacer por tres motivos principales:

  1. Ahorramos porque queremos comprar cosas en el futuro. Sacrificamos la capacidad para comprar cosas ahora, y la reservamos para algún momento futuro en el que creemos que lo vamos a necesitar más o en el que adquiriremos un bien caro como puede ser una casa, un coche, un viaje al extranjero…

  2. También lo hacemos porque queremos prevenir imprevistos. Gastos que vienen de repente y que no podíamos imaginar, pero que necesitan un aporte extra de dinero o, simplemente, una previsión de que nuestros ingresos van a reducirse y queremos tener un colchón que nos permita mantener nuestro nivel de vida durante un periodo de tiempo.

  3. Por último, también ahorramos porque queremos utilizar estos fondos para montar un negocio en el futuro, o para pagar los estudios a nuestros hijos…

Lo más importante del ahorro

En el caso de que cualquiera de estos sea el motivo de nuestro ahorro, lo importante para nosotros no es ganar dinero con esos ahorros, sino conservarlos para que cuando los necesitemos, podamos contar con ellos. Por eso, no debemos dejarnos engañar por los cantos de sirena que nos intentan alejar de nuestro objetivo, son tentadores y nos cuesta renunciar a ellos, ya que ¿Por qué no aprovechar para ganar más dinero? Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro objetivo principal no es este, sino conservar los ahorros.

El ahorro y la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia habla en varias de sus encíclicas del ahorro. De hecho, piensa que la capacidad de ahorrar moderadamente para construir un pequeño patrimonio que permita a las familias tener un colchón económico adecuado para prever futuras dificultades, es bueno y aconsejable. Quiere que ese ahorro tenga este noble objetivo y, al mismo tiempo, piensa que ese dinero ahorrado puede ser utilizado para prestar a aquellos que generan movimiento económico y empleo.

Sin embargo, la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia condena, de una manera inequívoca, el desmesurado afán de riquezas y lucro, la avaricia de incrementar nuestro patrimonio sin fin y aumentar nuestros bienes sin otro horizonte que la simple acumulación. Estas actitudes son condenadas como un grave pecado que nos aleja de dios “no podéis servir a Dios y al dinero”. Ante estas actitudes, potencia el ahorro moderado destinado a objetivos loables. Lo importante de nuestro ahorro no debe ser, por tanto, el rendimiento que nos de, sino que sirva para los objetivos tradicionales del mismo y que además se preste a aquellos que realicen actividades positivas para la sociedad en su conjunto.

 

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PARA ENTENDER QUÉ PASÓ CON LAS PREFERENTES

Artículo publicado en la revista Icono Junio 2013, páginas 10 y 11

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Una historia local

Recuerdo que hace un tiempo mi padre me vino a consultar sobre un producto que le habían ofrecido en su oficina bancaria. Le habían propuesto que sacase dinero de sus depósitos para ponerlo en un producto denominado “preferentes” en el que le iban a dar un rendimiento mucho mayor sin demasiado riesgo. Quería saber qué de verdad había en esto. Le expliqué de una manera sencilla que las preferentes eran una especie de acciones de la caja de ahorros (esto no es muy riguroso pero es fácil de entender) y que podía perder todo su dinero o pasar a ganar poco, ya que los rendimientos que daban dependían de la marcha del banco.

Mi padre no quería riesgos sino seguridad para su dinero así que volvió al banco, le dijo a la directora que declinaba su ofrecimiento y que, desde su punto de vista, estaba engañando a la gente ya que las preferentes no eran productos seguros. Evidentemente, no todas las personas de mi población tienen un economista en la familia, ni todas consultan estas cosas con alguien que sepa un poco sobre ellas, por lo que algunas pasaron sus pequeños ahorros de siempre a las preferentes y, cuando se dieron cuenta de que habían perdido su dinero se sintieron estafadas y descargaron su ira contra la directora de la oficina (hubo hasta amenazas verbales y momentos muy tensos).

 

¿Por qué sucedió esto?

El análisis de esta estafa a pequeños ahorradores que compraron un producto que no entendían pensando que era seguro nos lleva a tres causas que confluyeron en ella:

  1. Las cajas de ahorro querían expandirse y prestar más para ganar más y no tenían financiación para hacerlo. Este era un buen sistema para conseguirlo

  2. Los directores de las sucursales bancarias trabajan por objetivos, de modo que la alta dirección les puso un objetivo de colocación de preferentes entre sus clientes y ellos se vieron obligados a cumplirlo para no perder su trabajo o su puesto. Además, muchos de ellos no entendían bien qué era ese instrumento financiero, solo leían la información de venta que les venía preparada e intentaban alcanzar las cifras de venta que les venían dadas.

  3. El ahorrador se veía atraído por la alta rentabilidad que le ofrecían con las preferentes. Pensaba que esto le iba a llevar a ganar más y además estaba engañado con respecto a la seguridad que tenían. Por ello prefería sacar su dinero de los depósitos atraído por estos rendimientos superiores.

 

¿En qué nos equivocamos?

No voy a entrar en los puntos uno y dos, ya que estos hablan de la responsabilidad que tuvieron las cajas de ahorro a la hora de comercializar estos productos. De ello se ha hablado mucho y no es este el foro para insistir en este aspecto sino en el nuestro, en el de los clientes de una entidad bancaria. Se nos ha metido en el fondo de nuestro ser que el objetivo del dinero que tenemos en el banco es el de lograr el máximo rendimiento posible. Por ello miramos los intereses que nos dan y si estos son bajos y tenemos algún amigo o familiar que nos dice que gana más, nos sentimos mal, nos parece que estamos haciendo el tonto con nuestro dinero y no le estamos sacando el rendimiento que podríamos. Esto hace que, cuando nos ofrecen un producto financiero con el que podemos ganar más, nos ceguemos y pensemos que por fin ya vamos a ganar lo que nos merecemos.

 

Exigir transparencia y ética

Sin embargo no es esto lo que nos va a llevar a darle el verdadero sentido a la actividad bancaria y financiera. Benedicto XVI nos ha llamado a construir una estructura ética de los mercados financieros y los clientes podemos participar en esta labor. Para ello, debemos exigir transparencia a los bancos para que nos informen hacia donde dirigen el dinero que les dejamos. Así, podríamos elegir el banco o el producto, no por el rendimiento que este nos da, sino por a quien se le va a prestar nuestros ahorros.

Esto también supone que dejemos en un segundo plano el criterio del rendimiento. Si sabemos que con nuestro dinero el banco está financiando causas justas o proyectos positivos para la sociedad, podemos estar dispuestos a recibir menos rendimiento porque esto supone que, a su vez, se le está cobrando menos a quien se le presta. Así, ganaremos nosotros, aunque no tanto; ganará el que pide prestado, porque le saldrá más barata la financiación; y saldrá ganando la sociedad porque se potenciarán proyectos positivos para ella. Esta exigencia de transparencia y ética con la amenaza de llevar el dinero a otro banco, será nuestra colaboración a una regeneración ética de los mercados financieros y nos inmunizará ante posibles estafas futuras amparadas en unos rendimientos superiores.

 

 

 

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En esta ocasión, aprovechando la feria del libro de Madrid, os ofrezco la oportunidad de haceros con dos interesantes libros a unos precios realmente bajos (5 y 3 euros según queráis la versión impresa o la online) y en los que la totalidad de la recaudación va destinada al Programa de Atención a la Mujer CASABIERTA (Uruguay)

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La permanencia en el Euro y su coste social

Artículo aparecido en Desigualdades y Derechos Sociales, Análisis y Perspectivas 2013, pág: 56-65, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-556-6

Podéis encontrar el texto completo de la publicación en: http://hdl.handle.net/10637/9440

euro

Cuando uno lee artículos y libros que hablaban sobre la moneda única en los años previos y contemporáneos a su implantación en la Unión Europea1 puede sorprenderse al ver previstos los actuales problemas de la eurozona con una exactitud asombrosa. La descripción que aparece en ellos sobre por qué podía considerarse que Europa no es una “zona monetaria óptima” y cómo esto podría provocar disfunciones como las que estamos observando en la actualidad, nos muestran que lo que está pasando estaba dentro de las posibilidades que se barajaban previamente.

Esta constatación hace que exista una corriente de opinión que se plantee seriamente si es conveniente mantenerse en el Euro o abandonarlo y seguir una senda nacional como la que se llevaba con anterioridad. Ante esta la corriente principal del pensamiento (representada por nuestros gobernantes en toda Europa) pone al euro como la prioridad de nuestra política económica común y no se plantea en ningún caso abandonarlo.

Este artículo pretende partir de las ventajas que han llevado a la implantación del Euro. Una descripción detallada de las mismas nos permitirá saber qué es lo que ha motivado el entusiasmo de multitud de estadistas ante este proceso de integración económica2. En segundo lugar se verán los problemas que genera la manera en la que hemos articulado esta moneda única, refiriéndonos tanto a la organización económica derivada de la Unión Monetaria Europea (UME) como al papel que juega en la misma el Banco Central Europeo (BCE). Por último, ante estas dos realidades contrapuestas (ventajas y desventajas) y la situación de crisis social que estamos viviendo con un claro incremento de la pobreza, la privación y las desigualdades en nuestros países, se introducen las opciones que tenemos para afrontar esta difícil situación

Ventajas del euro

A la hora de describir las ventajas que tiene el euro para la Unión Europea, creo que el Banco Central Europeo (2008:13) las sintetiza de una manera muy clara:

  • La rebaja de costes de cambio de divisas y de aseguramiento de riesgos ligados a estas

  • La eliminación de barreras a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, así como el fomento de la competencia dentro de la UE

  • La transformación de los mercados financieros y de los resultados macroeconómicos del conjunto de la Unión Europea

  • El incremento de las transacciones y de la inversión entre países de la Unión Europea

  • La importancia de la moneda a nivel internacional en la medida que se incrementan los flujos financieros en euros

Todo ello se consigue a través de una política de mantenimiento de los precios y de lucha contra la inflación que es el principal objetivo de la política monetaria del BCE: “la estabilidad de precios es la contribución más importante que la política monetaria puede ofrecer para conseguir un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo” (BCE, 2004: 10)3

Resulta evidente que la estabilidad de precios se ha conseguido en la Eurozona durante los años de implantación del Euro. Su tasa de inflación solo superó el 3% en 2008 (Eurostat, 2011:84) y ello, además, se ha conseguido con unos tipos de interés oficiales bajos4 que favorecieron, a su vez, el alto nivel de endeudamiento que se dio durante los años previos a la crisis. Sin embargo, no es tan evidente que esta política de estabilidad de precios esté consiguiendo un entorno económico favorable y un elevado nivel de empleo, y si no, a la realidad que observamos día a día me remito para justificar esta afirmación.

Si se analizan con más profundidad las ventajas que se han defendido para justificar la moneda única, podemos observar como la práctica totalidad de ellas se centran en el sector financiero y en la mejora del entorno empresarial. Sin embargo, la moneda única no se pone al servicio de ningún objetivo social. La moneda única no pretende mejorar las condiciones de vida de los que peor están, ni asegurar un nivel de vida digno para toda la población de la Unión Europea, sino mejorar el funcionamiento del sistema financiero de modo que se traduzca en incremento de la inversión en estos mercados y asegurar una mayor competencia entre las empresas europeas.

Problemas de la moneda única

Desde el momento en el que se plantea la posibilidad de crear una moneda única para la Unión Europea, se abre un amplio debate sobre las consecuencias que esto podría tener sobre las economías de los países que se sumasen a la misma. Desde el principio se ve que no todo son ventajas en este proceso. Sus principales inconvenientes se agrupan en tres dimensiones: la pérdida de la autonomía para realizar determinadas políticas, la estructura del Banco Central Europeo y la falta de condiciones para que la Eurozona se considere una “Zona monetaria óptima”

Pérdida de autonomía

Los dos principales costes en los que incurre un país cuando entra en una moneda única son que pierde la posibilidad de actuar sobre su tipo de cambio y de tener una política monetaria autónoma. Esto supone que el país renuncia a la posibilidad de realizar devaluaciones competitivas de su moneda que le permitan abaratar sus exportaciones e incrementar sus ventas en el exterior para compensar, así, la falta de demanda interna y el incremento del desempleo. Aunque a largo plazo, esta política puede no tener grandes consecuencias, a corto sí que puede evitar una reducción elevada de la producción que lleve a unos niveles de desempleo elevados (De Grauwe, 2003: 35-37)

En cuanto a la política monetaria, renunciar a ella impide que el Estado en cuestión pueda realizar una política expansiva para estimular la demanda y lograr mejorar el crecimiento y el empleo o una contractiva cuando el crecimiento provoca problemas de sobrecalentamiento de la economía. Del mismo modo, impide el señoreaje, es decir, la financiación del sector público a través de emisiones de dinero, que puede bajar, en un determinado momento, el nivel de deuda y el montante de intereses que tiene que pagar el Estado.

Esta pérdida de instrumentos de política económica por parte de un Estado puede llevarle, en el caso de que tenga una situación de contracción de la economía sufrida solamente por él y no por el resto de los países que tienen la misma moneda, a que sufra una contracción económica exagerada con unos altos niveles de desempleo que no pueda ser compensada a través de estas políticas. Ante esta realidad el Estado puede realizar una política fiscal expansiva incrementando su déficit, confiando en que el mercado financiero único le permita encontrar fácilmente financiación barata. Sin embargo, si los mercados no confían en el país (por la circunstancia que sea), la prima de riesgo que tiene que pagar puede incrementarse mucho5 y llegarse a cerrar los mercados financieros (como le sucedió a Grecia) dando al traste con sus intentos de recuperación económica.

El Banco Central Europeo

El mandato que tiene el Banco Central Europeo es el de lograr la estabilidad de precios, teniendo en cuenta el crecimiento económico y el desempleo siempre que estos no vayan en contra de su principal objetivo (BCE, 2004: 9-10). Ahora bien, cuando se decidió qué modelo de Banco Central se seguía para organizar el BCE, se optó por el modelo alemán de un BCE que priorizase la estabilidad de precios y que además fuese independiente de la política, frente a otro modelo (el de la Reserva Federal Estadounidense, por ejemplo) en el que el grado de independencia del poder político es menor y tiene como objetivos añadidos la estabilización del ciclo económico, el mantenimiento del empleo y la estabilidad financiera (que era el mayoritario en los países de la UE). Por ello, ante problemas económicos graves, la actuación del Banco Central Europeo se centra en mantener baja la inflación, sacrificando cualquier medida que no ayude a este fin.

El hecho de que los gestores del BCE sean independientes, no dependan del poder político y no tengan unos órganos de control y fiscalización fuertes dificulta mucho quitarlos de su posición en el caso de que no lo hagan bien o cambiar el modo de funcionamiento de la institución. Ello nos lleva a una institución difícil de reformar y que está marcando la manera de realizar política económica en la eurozona. De hecho, como afirmaba De Grauwe (2003: 163) “Es difícil ver cómo los políticos europeos pueden continuar apoyando una institución a la que han delegado un gran poder y sobre la que tienen muy poco control. Los conflictos entre el BCE y los gobiernos europeos se incrementarán cuando se perciba que el BCE hace poco o nada para evitar recesiones y un incremento del desempleo”6

¿Una zona monetaria óptima?

Los desequilibrios que se dan en uno de los países de la Unión Europea y que no se dan en otro, podrían compensarse a pesar de la pérdida de las políticas anteriormente nombradas, si existiesen dos condiciones que convertirían a la eurozona en lo que se denomina una “zona monetaria óptima”:

1.- Flexibilidad de salarios y movilidad laboral

2.- Transferencias fiscales en el área que compensaran los desequilibrios.

Ante unos desequilibrios económicos entre unas regiones y otras de la eurozona, la movilidad laboral permitiría que aquellos trabajadores que no encontrasen empleo en una de las naciones del área euro, se fuesen a otros países que sí tuviesen posibilidades de emplearlo, lo que reduciría el porcentaje de desempleados en el Estado con problemas. Además, la flexibilidad salarial permitiría que sus salarios se redujesen, gracias a lo cual recuperaría competitividad perdida y podría generar de nuevo empleo (a costa, evidentemente, de unos salarios inferiores).

La Eurozona no cumple este requisito. A pesar del incremento de emigrantes (especialmente jóvenes y formados) que está abandonando nuestro país, la cuantía total de esta emigración no es significativa. Además, si tenemos en cuenta que la Unión Europea en su conjunto tiene más inmigrantes de fuera de la propia UE que de dentro (Eurostat 2011: 150), no podemos más que confirmar que la movilidad internacional dentro de las fronteras de la UE no es la norma ni lo más habitual entre sus ciudadanos.

Del mismo modo, los salarios no son tan flexibles como para recuperar en un corto plazo la competitividad perdida. A pesar de los intentos para lograr una mayor flexibilidad en nuestro país, los niveles salariales no se bajan con tanta facilidad como sería necesario según esta teoría. A esto hay que añadir que, si bien es verdad que se recupera competitividad para poder vender más barato al extranjero, también lo es que unos menores salarios reducen la capacidad adquisitiva de los trabajadores nacionales y esto lleva a estrechar la demanda interna acrecentando su recesión.

Por otro lado, se encuentran las transferencias fiscales dentro de una zona monetaria. Tal y como muestran Sala i Martín y Jeffrey (1998) la política fiscal única de Estados Unidos y su capacidad para transferir dinero de unos estados a otros, es la que logra que los problemas económicos de uno de ellos no sean tan elevados como podrían serlo de no existir estas transferencias. Sin embargo, en la Unión Europea no existe un sistema fiscal único ni un mecanismo de transferencias o de pago de impuestos a la administración central de la UE tan desarrollado como en EE.UU7. Estos autores defienden que es más útil un sistema progresivo de impuestos (que rebaja las aportaciones al gobierno central cuando un Estado tiene graves problemas) que las transferencias que este pueda recibir del gobierno central.

Por otro lado, compensar este trasvase de rentas a través de un sistema financiero integrado que lleve a que las regiones que están en buen momento financien a las que lo están pasando peor, no tiene por qué funcionar siempre. Mientras que en momentos buenos estas financiación pueden ser suficientes, en otros, la prima de riesgo se eleva en exceso ahogando a los Estados con problemas (Eichengreen, 1998).

Hacia dónde podemos avanzar

De todo lo hasta aquí analizado, podemos deducir que las consecuencias perniciosas que está teniendo esta crisis sobre los sectores más desfavorecidos de la población española (y de muchas otras zonas de la eurozona), se ven incrementados por la estructura que configura la moneda única y la eurozona. Por un lado, esta no ha podido evitar la llegada de la crisis. A pesar de haberse logrado la estabilidad de precios en estos años, esta ha tenido un claro origen financiero que el Sistema Europeo de Bancos Centrales ha facilitado (incrementando la cantidad de dinero de la economía, no controlando el riesgo de los mercados financieros y no poniendo coto a las exageradas subidas de precios de los activos financieros e inmobiliarios).

Por otro lado, la capacidad de reacción de la estructura sobre la que se asienta la moneda única es limitada y produce un desempleo elevado en los países que más problemas tienen8 junto con desequilibrios financieros (intervenciones, prima de riesgo) y una falta de crecimiento preocupante.

Reafirmar lo que ya tenemos

Ante esta situación caben varios tipos de estrategias. La primera es la que se está aplicando en líneas generales en estos momentos. Su fundamento es que la estructura de la moneda única es correcta, que nos ha dado muchos beneficios y va a seguir dándolos en el futuro9, que “La Eurozona no puede decepcionar a los mercados”10 y que, por lo tanto, queremos seguir priorizando el euro como el más importante horizonte de la política Europea.

Esta postura lleva a mantener todo tal y como está y a buscar medidas que intenten que el sistema financiero europeo no se venga abajo del todo. Para ello se inyectan fondos a las entidades financieras y a los Estados con problemas (siempre teniendo mucho cuidado de que estos préstamos no produzcan inflación) y se imponen gravosos programas de ajuste que lleven a que estas entidades e instituciones limiten sus déficits y garanticen su futura viabilidad financiera.

Es evidente que estas políticas tienen un elevado coste social ya que este es el sacrificio necesario para lograr los objetivos deseados. Las reducciones de gasto y los incrementos de ingresos recaen sobre los trabajadores y sobre aquellos que no ganan su dinero en los mercados financieros.

Tender hacia una zona monetaria óptima

Otra posible salida (que es compatible en parte con la anterior) sería la de intentar acercarse a lo que se denomina una zona monetaria óptima. Para ello caben dos caminos: actuar sobre los mercados laborales a través de una flexibilización de los salarios y de un incremento de la movilidad de trabajadores entre países o centralizar la política económica en un gobierno europeo que tuviese una fuerte capacidad de redistribución gracias a un elevado presupuesto.

En cuanto a los mercados laborales, puede ser relativamente sencillo flexibilizar salarios para lograr que estos tengan capacidad de descender. Sin embargo, mejorar la movilidad de los trabajadores no es tan sencillo. Como demuestra la experiencia estadounidense (Eichengreen, 1998) la movilidad laboral no depende solamente de cuestiones legislativas. Un único mercado laboral puede tener barreras que impidan la movilidad, por lo que las medidas estatales tienen difícil hacer alcanzar avances significativos en este campo.

Con respecto a construir un gobierno con una capacidad presupuestaria suficiente para llevar adelante redistribuciones de renta eficaces a nivel europeo, parece bastante alejado del horizonte de la UE en estos momentos y difícil de conseguir a corto plazo.

Cambiar las prioridades y la estructura de la moneda única

Otro de los caminos sería cambiar las prioridades de la Unión Europea para orientarlas hacia los ciudadanos (y en especial a los más desfavorecidos) en lugar de hacia el mantenimiento de los mercados financieros. Ello se traduciría en un cambio del modelo de Banco Central Europeo, para que este priorizase entre sus objetivos la lucha contra el desempleo y la consecución de un mayor crecimiento, aceptando niveles superiores de inflación (sin provocar claro está, episodios de hiperinflación) e incorporando entre sus objetivos la lucha contra la inflación inmobiliaria o financiera.

Habría que acabar con los apoyos al sector financiero y utilizar estos para garantizar los depósitos de los ciudadanos de aquellas entidades que cayesen por sus problemas. Esto supondría, por lo tanto, un ajuste brutal del sistema financiero en el que aquellos que mayores inversiones tienen en él, perderían una gran parte de su dinero y solo quedarían aquellas entidades que han realizado políticas más conservadoras y menos arriesgadas. Al mismo tiempo habría que cambiar la regulación de los mercados financieros para garantizar que no se volviesen a dar los altos niveles de endeudamiento y de riesgo que se asumieron antes de la crisis.

Deberíamos aceptar la posibilidad de quiebra, de renuncia a una parte o a la totalidad de la devolución de la deuda por parte de los acreedores o de financiación directa por parte del BCE, a cambio de unos planes de ajuste que impidiesen futuros déficits elevados. La diferencia esencial con los planes observados en la primera estrategia es que el principal ahorro se daría por la eliminación del pago de intereses lo que permitiría reducir el déficit sin afectar a la demanda agregada y sin altos costes sociales. Del mismo modo, los prestamistas deberían dejar de ser los acreedores preferentes del sector público, esto sería una medida que también impediría al sector público endeudarse excesivamente ya que las instituciones financieras se lo pensarían dos veces antes de financiarlo con excesiva alegría.

Todo ello debería complementarse con una profunda unión fiscal y financiera (que fuese más allá de la unión bancaria aprobada hace poco). Comentar todas las implicaciones legales que debería tener este cambio de prioridades excede la amplitud de este artículo, pero sí que podemos afirmar que precisaría de un elevado grado de consenso a nivel de la eurozona para poder ser realizado.

Salir del euro

La última estrategia es la ruptura con el euro. Esta busca conseguir la independencia para plantear de una manera nacional, aquellos objetivos que no se consiguen de una manera conjunta. Esta posibilidad, una vez pasado el desastre financiero que podría suponer en un primer momento (Definida por Eichengreen, 2010:22 como “la madre de todas las crisis financieras”) permitiría al país tener su propia política monetaria, económica y de tipo de cambio que le llevase a lograr aquellos objetivos que la nación se plantease. Sin embargo, si esto rompiese al mismo tiempo la Unión Europea, se acabaría con todas las ventajas no económicas de la misma que han sido reconocidas por el premio nobel de la paz que acabamos de recibir y que han garantizado más de medio siglo de paz en los países incorporados a la misma.

Conclusión

La moneda única en Europa tiene unos objetivos claros que vienen bien definidos en los tratados de la UE y en los reglamentos y directivas pertinentes. Los principales gobiernos de la Eurozona también parecen compartirlos. Para lograrlos se dejan a un lado otras metas y por ello las políticas practicadas tienen estos costes sociales tan elevados. Se está dispuesto a asumirlos en la medida que no están dentro de las prioridades actuales.

Solamente si se cambian los objetivos prioritarios de la moneda única, se podrán establecer reformas que busquen mejorar la situación social en la UE. Ello supondría, claro está, sacrificios que recaerían sobre otros sectores, en especial el financiero, y sobre los países más ricos de la UE.

En este pequeño artículo he pretendido explicar los mecanismos que rigen en nuestra moneda única y porqué los ajustes planteados tienen estos elevados costes sociales. También he intentado esbozar algunas estrategias posibles ante la situación actual. Pienso que la política a practicar depende de las prioridades que nos marcamos y de qué estamos dispuestos a sacrificar. En estos momentos, se está dispuesto a asumir costes sociales para que la situación de los financiadores no empeore demasiado. Dejo a la opinión del lector la decisión sobre qué priorizaría él y qué clase de estrategia seguiría para mejorar la difícil situación en la que nos encontramos.

Bibliografía

Banco Central Europeo (2004) La política monetaria del BCE, Frankfurt, BCE

(2008) Boletín Mensual, 10º Aniversario del BCE, Frankfurt, BCE

Blanchard, Olivier Jean; Muet, Pierre Alain (1998) “La competitividadpor medio de la desinflación: valoración de la estrategia macroeconómica francesa” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 105-154, Madrid, Ediciones Pirámide

Calvo Hornero, Antonia (1999) “Los efectos económicos de la UEM: el efecto anticipación y el efecto sistémico” en Peinado Gracia, Mª Luisa (coord) Los mercados financieros españoles y la UEM, pág:47-69, 1ª Edición, Madrid, Editorial Cívitas.

Cinco Días (2001) El Euro en CincoDías, Madrid, CincoDías 2001

Dastoli, Virgilio (2002): “El euro en el proyecto federal europeo” en El Euro como expresión de modelo federal y social europeo, pág: 47-53, Bilbao, Consejo Vasco del Movimiento Europeo

De Grauwe, Paul (2003): Economics of Monetary Union, Fifth Edition, Oxford University Press

De Grauwe P. and Vanhaverbeke, W. (1990): “Exchane Rate Espeirneces o Small EMS Countries. The Cases of Belgium, Denmark and the Netherlands” in V, Argy and P. De Grauwe (eds) Choosing an Exchange Rate Regime, Washington, DC: International Monetary Fund.

EC Comission (1990): “One Market One Money”European Economy, 44

Eichengreen, Barry (1998) “¿Es Europa un área monetaria óptima?” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 21-52, Madrid, Ediciones Pirámide

(2010) “The Breakup of the Euro Area” en Europe and the Euro, Alberto Alesina and Francesco Giavazzi, editors, Pág:11-51, National Bureau of Economic Research- The University of Chicago Press, http://www.nber.org/chapters/c11654.pdf

Eijffinger, S. y de Haan, J, (2000) European Money and Fiscal Policy, Oxford, Oxford University Press

El País (2001) El país del Euro, Madrid, Diario el País S.L.

Eurostat (2011) Europe in figures. Eurostat Yearbook 2011, Luxembourg, Publications Office of the European Union.

Institute For New Economic Thinking (2012) Breaking the Deadlock: A Path Out of the Crisis, http://ineteconomics.org/sites/inet.civicactions.net/files/ICEC_Statement_23-7-12.pdf

Mundell, R (1961): “A theory of Optimal Currency Areas”, American Economic Review, 51

Sachs J. and Wyplosz, C. (1986): “The Economic consequences of President Mitterand”, Economic Policy, 2

Sala i Martín, Xavier; Sachs, Jeffrey (1998) “Federalismo fiscal y áreas monetarias óptimas: enseñanzas para Europa de la experiencia de EE.UU” en Lecturas sobre unión económica y monetaria europea. Áreas monetarias óptimas. Evidencia empírica en Europa, Pág: 155-189, Madrid, Ediciones Pirámide

1En la bibliografía se puede encontrar la referencia a alguna de estas publicaciones

2Para hacerse una idea de esta confianza, se puede acudir a dos publicaciones que se realizaron en el año 2001, financiadas por el ministerio de economía y por algunas importantes empresas privadas, que nos dan una idea de este entusiasmo por la moneda única de autoridades y responsables económicos de nuestro país (El país, 2001 y Cinco días, 2001)

3El Banco de España ofrece una relación de las ventajas de la estabilidad de precios que puede encontrase en el siguiente enlace: http://www.bde.es/bde/es/areas/polimone/politica/Los_beneficios_d/Los_beneficios__33560642abac821.html

4Que alcanzaron un máximo de 4,75% en 2000 pero que desde entonces han tendido a la baja y se hayan en cifras mínimas en este momento http://www.ecb.int/stats/monetary/rates/html/index.en.html

5Tal y como preveía Antonia Calvo en 1999 (Calvo, 1999:65) y como hemos experimentado en nuestro país durante los últimos años

6Traducción propia

7Hay que tener en cuenta que el presupuesto de la UE ronda el 1% del PIB de la Unión, mientras que el presupuesto de EEUU multiplica por treinta, aproximadamente, este porcentaje.

8Para ver las cifras del desempleo acudir a: http://ec.europa.eu/eurostat/product?code=une_rt_a&mode=view

9Ver las declaraciones al respecto emitidas por Mariano Rajoy en dos momentos distintos del año 2012: El presidente se contiene: El gran ganador es el Euro” ABC, Sábado 30 de Junio de 2012, pág: 20 y Gobierno de España, La Moncloa, El presidente lanza un “mensaje contundente” en defensa del euro, lo más importante que han hecho los europeos juntos en muchos años”http://www.lamoncloa.gob.es/Presidente/Actividades/ActividadesNacionales/2012/160512declaracionrajoy.htm

10Declaraciones de Ángela Merkel aparecidas en la noticia de la agencia EFE recogida por la sección de noticias económicas de Univision: http://dinero.univision.com/economia-y-negocios/noticias-economicas/article/2012-09-17/merkel-improbable-autoridad-bancaria-lista-enero

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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Entrevista en egunon Bizkaia

El programa Egunon bizkaia de radio popular me hizo una entrevista el pasado lunes día 3 de diciembre.

Estuvimos unos minutos hablando sobre economía y sobre cómo podemos afrontar la situación que tenemos desde unas claves más humanas y más éticas.

Si os interesa, podéis escucharla en el siguiente enlace:

https://www.box.com/s/0gda2408d5foiw1qapkx

 

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¿A quién queremos rescatar?

Artículo publicado en el periódico las Provincias el 18 de Noviembre de 2012 en su página 41 titulado ¿A quién queremos rescatar?

Parece que estos últimos días se ha tranquilizado la cuestión de si vamos o no a ser rescatados por la Unión Europea. Creo por ello que es buen momento para reflexionar sobre el concepto de rescate y su aplicación a los actuales problemas de España. Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” A esta definición, que es elocuente por si misma, podríamos añadir que la palabra rescate nos hace pensar que aquellos que lo realizan están dispuestos a perder algo a cambio de conseguir su objetivo de salvar o ayudar al rescatado. De hecho, los más rescates más admirados son aquellos en los que quien los intenta está poniendo en peligro su propia vida para ayudar a otro. Por ello el rescate suele identificarse con una buena obra por parte de quien lo realiza (o lo intenta) que piensa más en el rescatado que en lo que pueda perder por realizar esta acción. El interés y el bienestar de quien tiene problemas está, pues, por encima del interés del rescatador. Esto hace que, aquel que está en una mala situación manifiesta, no solamente no rechace un rescate, sino que con frecuencia ansía que alguien venga en su auxilio para poder ser liberado de ese peligro, daño, trabajo, molestia u opresión al que se ve sometido.

Parece evidente que en el caso de los rescates de la Unión Europa, su recepción no alegra a casi nadie y no solo porque esto supone reconocer que estamos muy mal, sino porque muy pocos se sienten totalmente salvados por estos rescates (si así fuese, creo no nos asustaríamos por ellos). Cabe preguntarse por qué sucede esto si parece que la mejora de nuestro país pasa necesariamente por ellos.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que es el que nos presenta una tregua en estos momentos. El rescate financiero se ha articulado para unos bancos que estaban en una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. y que en estos momentos tienen problemas para recuperar ese dinero al mismo tiempo que tienen que seguir haciendo frente a sus obligaciones. El rescate consiste en prestarles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios.

El rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a estas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Para financiar al país, la entidad que lo hace exige a España unas condiciones que pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Sin el cumplimento de estas condiciones el rescatador se niega a realizar el rescate.

Si analizamos esto con detalle nos daremos cuenta de que los verdaderos beneficiados en esta clase de ayuda no son el país receptor, sino sus acreedores, ya que gracias a la intervención de la Unión Europea logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. De hecho, los únicos que parecen alegrarse con el rescate son, precisamente, los financiadores que, inmediatamente después a cualquier noticia de que este es posible, rebajan su presión sobre los deudores. Estos últimos solamente salen beneficiados en la medida que las condiciones del nuevo préstamo son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia, esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado (En nuestro país, el rescate al sector financiero español va a elevar la deuda pública española considerablemente a lo largo de este año de manera que se calcula que en 2013 alcanzará un 90% del PIB)

Parece que el rescatador, más que pensar en el bien de España o de cualquier otro deudor, está pensando en el bien de los acreedores de España y que, tanto el rescate como las condiciones que este conlleva, no se hacen para que el rescatado mejore, sino para garantizar que sus acreedores van a recibir el dinero que se les debe tanto ahora como más adelante. ¿Es esto lo que entendemos por un rescate? ¿Es una ayuda real aquella que se me da no para que yo mejore, sino para que mi problema no afecte demasiado a los demás? Por lo tanto, cabe preguntarse si el rescate-país es un rescate a España o un rescate a los financiadores que han prestado a España.

Por todo ello creo sinceramente que un rescate debería implicar una apuesta por la mejora de la situación económica y política del país rescatado. Esto supone, por parte de la nación deudora, un “propósito de enmienda” y una “penitencia”. Es decir, una intención real de que la situación no se vuelva a dar junto con una serie de medidas que encaminen a la nación hacia esta dirección: apostar por una política mucho más transparente, una economía basada en no gastar más de lo que se tiene (salvo momentos excepcionales), una estructura fiscal que apoye la creación de empleo, unos ingresos suficientes para todas las personas, etc. Pero estas medidas no pueden ser hechas con el único objetivo de poder así devolver las deudas. No se puede hipotecar a los ciudadanos de un país durante varios años por fallos ya cometidos y menos si esto repercute en un grave empeoramiento de sus condiciones de vida.

Un verdadero rescate pasa, por tanto, por mecanismos de condonación y de rebajas sustanciales de lo debido (no por incrementos del porcentaje de deuda). Pasa por procesos de ajuste que no tengan como objetivo garantizar los pagos, sino sentar las bases para que esta situación no se vuelve a dar, construyendo un futuro sobre unas nuevas bases no hipotecadas. Y pasa porque aquel que lo realice está dispuesto a sacrificar algo para mejorar al que está en peor situación. Solamente así podremos hablar de verdadero rescate. Otras maneras de ejecutar el mal llamado rescate y el mal llamado rescatador, dejan de ser algo deseado y bonito para convertirse en una pesadilla de la que no se quiere oír hablar. Necesitamos crear ilusión y ganas de mejora, necesitamos que las reformas se vean como la construcción de un camino hacia futuro mejor, no como las penas que tengo que pagar para que mis acreedores cobren lo que les debo. Si no se generan estas dinámicas, si no reformamos un sistema que no ha funcionado bien, no para mantenernos como estábamos, sino para dirigirnos hacia otros horizontes, el rescate no es tal, será otra cosa, pero no un rescate y nosotros seguiremos hundidos a pesar del mismo (y si no vean qué ha sucedido con los países ya rescatados).

 
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Publicado por en noviembre 19, 2012 en ahorro y finanzas, Crisis económica

 

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¿Es útil el rescate?

¿Es útil el rescate? esta es la pregunta más importante que nos hacemos cuando escuchamos hablar de los rescates. La experiencia con otros países rescatados parece hablarnos de la inutilidad de un rescate, pero conviene matizar esta primera impresión.

Para saber si es útil caben dos preguntas que nos guiarán ¿Qué clases de rescate existen? Y ¿A quién benefician y perjudican cada una de ellas?

Dos clases principales de rescate

Los rescates más habituales son de dos clases principales. La primera es la que se denominaría perdón o condonación de la deuda. Por ella, son los propios deudores los que rescatan al endeudado perdonando la totalidad o parte de la deuda. De esta manera, no se le presta más dinero al prestatario, sino que se le exime de pagar la totalidad o una parte de lo que debe.

Hay que diferenciar esto de una simple quiebra o situación de impago. En esta última es el deudor quien decide no pagar sus deudas, mientras que en el perdón, es el acreedor quien toma la decisión y libera a quien le debe dinero de sus obligaciones.

La segunda clase es la ya descrita en la entrada “¿Qué es un rescate?” por la cual el deudor recibe dinero de una tercera entidad para que pueda hacer frente al pago de sus deudas y de los intereses que estas generan. Esta aportación suele tener también forma de préstamo aunque con unas condiciones más favorables a las anteriores.

Las condiciones para que se de el rescate

En ambos casos, aquellos que toman la decisión de perdonar o de volver a prestar a unos tipos de interés inferiores, exigen unas condiciones a quien ha sido rescatado. En el primer caso trata de aceptar un propósito de enmienda y pedir una penitencia: te perdono porque has demostrado que no quieres que se vuelva a repetir esta situación y porque estás poniendo medidas para que así sea. Se trata, por tanto, de condiciones que buscan que el deudor no se vuelva a encontrar en la misma situación en el futuro.

Sin embargo, las condiciones que se imponen en el segundo caso pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Es decir, el mensaje para los rescatados es: te presto dinero para que atiendas a tus obligaciones pero a condición de que pongas las medidas pertinentes (que son las que yo te digo) que garanticen que me podrás devolver en un futuro lo que te estoy prestando ahora.

Los beneficiados y perjudicados por las dos clases de rescates

En el primer caso, el claramente beneficiado es el rescatado ya que se queda sin la obligación a la que tenía que hacer frente y puede volver a comenzar sin cargas añadidas. Sin embargo los acreedores quedan doblemente perjudicados ya que, por un lado no cobran el dinero que les era debido y, por otro, pierden la posibilidad de cobrarlo en un futuro. En cuanto a las condiciones, en la medida que están destinadas a no volver a encontrarse en esta mala situación y esto se puede hacer sin cargas añadidas (ya que ha sido eximido de la obligación) no deberían ser perjudiciales para el rescatado (aunque pudiesen ser duras), sino todo lo contrario.

En el segundo caso no sucede esto. Los primeros beneficiados son los acreedores ya que gracias a la intervención de un tercero logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. El deudor sale beneficiado en la medida que las condiciones del nuevo préstamos son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado. Por ejemplo, si antes debía 100 y se tenía que pagar 6 de intereses, ahora se debe 106 (que es lo que le han prestado para atender a estas deudas) y tiene que pagar intereses sobre esta cantidad. En cuanto a las condiciones, estas son impuestas por el nuevo acreedor que solamente quiere con ellas garantizarse el pago futuro de su rescate, lo que no garantiza necesariamente que sean positivas para el rescatado.

¿Es útil el rescate?

Parece evidente que un rescate será útil si mejora la situación real del rescatado, esto es, del deudor. Cuando se rescata a alguien a través de una liberación de sus obligaciones, parece evidente que esto es así. La condonación o perdón de la deuda tiene este primer efecto positivo. Si además, esto viene acompañado de una batería de medidas elaboradas por el deudor y destinadas a mejorar su desempeño económico de modo que no se vuelva a dar la situación que ha dado lugar al rescate, no cabe más que pensar que el rescate ha sido útil.

Ahora bien, cuando el rescate deja más endeudado al rescatado (aunque sea a unos tipos de interés inferiores y a un plazo mayor y por tanto tenga que pagar menos anualmente) y las medidas que se toman solamente pretenden garantizar que siga devolviendo lo que debe y pagando los intereses, no tiene por qué ser tan positivo. El hecho de que la prioridad en este caso no sea el rescatado, sino que el resto de implicados no pierdan, puede llevar a que las medidas no tengan resultado positivo para quien, en un principio, debería ser el mayor beneficiado. La utilidad del rescate en este caso, queda en entredicho.

 

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A propósito de la tasa de transacciones financieras

Artículo publicado en Las Provincias el Martes 16 de Octubre de 2012 en la página 26

España y otros diez países de la Unión europea han decidido poner una tasa de transacciones financieras a las compras de bonos, acciones y productos derivados en la Comunidad Europea. Creo que aunque no hayan sido todos los países de la Unión Europea ni los grandes centros de finanzas mundiales los que hayan tomado esta medida, que a pesar de las pegas que tiene y a la espera de la concreción de la misma, podemos estar de enhorabuena por esta decisión. Varios son los motivos que podemos argumentar para justificar esta alegría. El primero podría clasificarlo como ético. Mientras que cada vez que compramos una barra de pan para comer tenemos que pagar un porcentaje de su precio en concepto de impuestos, no sucede lo mismo cuando adquirimos una acción o un bono del tesoro o cualquier instrumento financiero. Parece cuanto menos peculiar, que tengamos que pagar impuestos si adquirimos algo que necesitamos para vivir, pero que no tengamos que hacerlo si compramos un producto financiero para intentar ganar dinero con él. ¿Por qué por las cosas que son necesarias se paga impuestos y las que son para beneficiarse de ellas y por tanto innecesarias, no? Si además consideramos que comprar pan lo tienen que hacer todos, hasta los que tienen muy pocos recursos económicos (o son pobres si queremos decirlo de otra manera más sencilla) y quienes adquieren activos financieros suelen haber cubierto sobradamente sus necesidades básicas y lo hacen con sus ahorros o sus excedentes de dinero, la cosa parece todavía más injusta.. Aunque existen razones prácticas para negarse a este impuesto, desde el punto de vista ético los argumentos en contra de esta tasa son, cuanto menos, endebles.

El segundo motivo es recaudatorio. Durante el año 2011, según los datos de la bolsa (Bolsa de Madrid (2012) Estadísticas, Mayo de 2012, http://www.bolsasymercados.es/esp/publicacion/revistaOnLine/index.htm) el volumen de contratación total en España fue de trece billones doscientos sesenta y uno mil trescientos veinte millones de euros. Ello quiere decir que de mantenerse esta contratación y el tipo que se ha anunciado, un 0,1% (siempre que se aplicase a todas las compras, cosa que no está clara en estos momentos) se lograría una recaudación de más de 13.000 millones de euros. Tal y como está la situación económica, no está mal del todo… Si la contratación se redujese a causa de este impuesto un 30% (el precedente de Francia parece que apunta en esta dirección) la recaudación seguiría incrementándose en unos 9.000 millones de euros. Podría suceder que a causa de este impuesto los beneficios financieros se redujesen y bajase, como consecuencia de esto, la recaudación de impuestos por esta vía, pero está por ver si esto realmente sucede (podría no suceder) y cuál sería la reducción de recaudación (previsiblemente menor que el aumento por este impuesto).

El tercer motivo ya fue apuntado por el premio nobel James Tobin cuando hizo una propuesta de una tasa de este estilo (que era para las transacciones en divisas y no para los activos financieros). Este impuesto no perjudicaría a la actividad económica real, sino tan solo a la velocidad y cantidad de transacciones financieras. En la medida que esta rapidez y la enorme fluidez han generado una gran volatilidad estos últimos años claramente negativa para la marcha, no solo de los mercados financieros, sino de la economía en general, no podemos más que concluir en que incorporar esa arena (como la definía el mismo Tobin –Eichengreen, Barry; Tobin, James; Wyplosz, Charles (1995): “ Two Cases for Sand in the Wheels of International Finance” http://www.jstor.org/stable/2235326-), en el engranaje de los mercados, puede hacer que estos sean más lentos y cumplan mejor sus funciones apoyando el desarrollo de la economía y no causando inestabilidad innecesaria.

Dicho esto creo que precisaríamos de varias mejoras para que se cumpliesen los objetivos de este impuesto de una manera más plena. La primera es que opino que el porcentaje de la tasa es demasiado reducido. Un 0,1% es una tasa realmente baja (comparando con la compra del pan por la que pagamos un 4% y no nos sirve para ganar dinero sino tan solo para vivir). Creo que deberíamos ir, al menos, a la tasa que propuso Tobin en su momento de un 0,5%. Esto podría suponer que la recaudación fuese, no tan solo de 9.000 millones, sino que alcanzase al menos 20.000 millones anuales (considerando una bajada de negocio de al menos un 60%) siempre y cuando, claro está, se gravasen todas las compra-ventas de estos activos las hiciese quien las hiciese.

El segundo elemento que quiero añadir es que, con la libertad de capitales que tenemos instaurado en nuestros países, podría suceder que quienes adquieren estos productos financieros se fuesen a hacerlo a otros países que no aplican esta tasa con lo que evitarían el pago del impuesto. Creo que ante esta posibilidad caben dos clases de medidas. La primera el impulso para que se generalice este impuesto (lo mismo que sucede con el Impuesto sobre la Renta o el IVA o impuesto sobre las compras). Es decir, intentar que esta idea se acepte por parte de todos los países de la UE y también en las otras plazas financieras mundiales, esto además, igualaría las condiciones de competencia entre las distintas plazas financieras. Si esto no fuese posible, tal vez deberíamos volver a poner trabas a la libre circulación de capitales para evitar que el dinero se fuese a aquellas naciones que no quieren implantar esta clase de tasas y que tienen, pues, ventajas artificiales para competir en los mercados financieros.

 
 

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Qué es un rescate

Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” Y esta es la oferta que parece que recibimos cuando se habla de rescatar a España o a nuestros bancos, parece que esto va a permitir que los peligros que nos acechan desaparezcan. Ahora bien, cabe preguntarse por dos cuestiones principales a la hora de hablar de rescate, por un lado cuál es el peligro del que van a liberarnos y la segunda cuáles son los sistemas que van a utilizar para hacerlo. En esta primera parte de esta serie vamos a ver qué es un rescate, para en una segunda entrada que pondré en breve analizar, las distintas clases de rescate y ver quiénes salen beneficiados con cada una de ellas.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que sería el que hipotéticamente se podría recibir en el momento que se escriben estas lineas (otoño 2012). Voy a analizar someramente qué supone un rescate en cada uno de los dos casos.

 

Los bancos necesitan ser rescatados de una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. Ese dinero no lo pueden recuperar en estos momentos debido al parón del sector inmobiliario, la reducción de precios de estos activos y la insolvencia de muchas empresas y personas que recibieron este dinero y ahora no lo pueden devolver. Al mismo tiempo, estas entidades financieras tienen que hacer frente a pagos y no tienen bastante dinero para hacerlo (devoluciones de depósitos, intereses a aquellos que les prestaron dinero a ellos, etc.) Estas empresas tienen, además, problemas para pedir prestado los fondos que necesitan para pagar lo que deben debido a que otras entidades financieras conocen su situación y no quieren arriesgarse a no recuperar su dinero. El peligro del que se pretende liberar a la entidad es, por tanto, la quiebra, esto es, la imposibilidad total de hacer frente a todas las obligaciones que tiene la entidad financiera.

Un rescate para estos bancos supone darles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios que tienen. De alguna manera les da tiempo para poder hacer frente a sus obligaciones de devolución y pago actuales, hasta que vengan tiempos mejores y ya puedan pagar sus deudas. Del mismo modo, al contar con estos fondos, son más seguros de cara a otros posibles financiadores y pueden lograr que otras entidades financieras decidan prestarles más dinero.

Un rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a esas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Además, al garantizar dinero para el país, puede inspirar confianza y hacer que los prestamistas puedan volver a prestar a esa nación. Se pretende evitar también la quiebra del país, el que no pueda pagar sus deudas…

Dejo para una segunda entrada que titularé “¿Es útil el rescate?” los matices sobre de qué manera se articulan estos rescates, sobre quiénes salen beneficiados y quiénes perjudicados y sobre su utilidad en el medio y largo plazo.

 

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La prima de riesgo

Dentro del vocabulario financiero y de la economía del sector público, ha tenido una cierta resonancia durante estos últimos tiempos el concepto de “prima de riesgo”. Los periódicos no dejan de nombrarla y se ha convertido en un término habitual en las noticias económicas semana tras semana. Este término se refiere al sobre-coste que tiene endeudarse debido a la falta de confianza que genera quien pide prestado. Dicho de otra manera, como se ha visto en el término “tipo de interés” aquel deudor que tiene más riesgo tiene que ofrecer un mayor tipo de interés para que la gente le preste a él en lugar de a aquel que es más de fiar. Esa diferencia de tipo de interés es a lo que se denomina prima de riesgo.

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Esto mismo sucede con los Estados. Los intermediarios financieros tienen dinero para prestar a los diferentes Estados y estos ofrecen productos que en principio son similares entre ellos, por ejemplo bonos a tres años (se le presta al Estado y este paga intereses durante tres años y al finalizar estos devuelve la cuantía prestada). La única característica que distingue unos bonos de otros es el riesgo que el prestamista atribuye a cada uno de los Estados que los ofrecen. Esta diferencia determina a quienes están dispuestos a prestar su dinero. Si un Estado considerado inseguro quiere conseguir financiación, deberá ofrecer mayor tipo de interés que otro que sea visto como seguro.

En el caso europeo, la comparación se realiza con los bonos alemanes. Cuando se habla de la prima de riesgo de la deuda española, griega o italiana, se refleja la diferencia de tipos de interés que tienen que pagar estos Estados por su deuda con respecto a la que paga Alemania. Así, si España tiene una prima de riesgo de 500 puntos básicos, quiere decir que paga un 5% más de interés que Alemania por el mismo dinero prestado. Es decir, que endeudarse le sale más caro.

Motivos:Los motivos que generan la falta de confianza de un país con respecto a otro pueden ser justificados, pero no tienen por qué serlo. Sucede igual que en las personas, podemos desconfiar de alguien con razón, pero también podría suceder que hubiese una sensación global de que alguien no va a devolver sus deudas o que no es de confianza sin unos motivos justificados que sustentasen esta desconfianza.

Consecuencias:La consecuencia más grave de esto es que la deuda le sale mucho más cara al país de lo que le supondría en el caso de que generase confianza en sus acreedores. Esto se traduce en muchos miles de millones de euros de sobre-coste por estar endeudado. Podemos aproximar que una prima de riesgo de 500 puntos puede suponer un coste adicional de unos 24.000 millones de euros anuales con respecto al que tendríamos si mantuviésemos unos tipos de interés similares a los de Alemania.

 

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Tipo de interés

Hoy comienzo una serie de términos que voy a denominar DICCIONARIO DE LA CRISIS

Se trata de una explicación sencilla de términos que se utilizan habitualmente en los medios de comunicación y que estamos acostumbrados a oir, pero que en muchas ocasiones no tenemos claro qué quieren decir.

El diccionario está abierto a sugerencias o a peticiones de términos para poder ampliarlo.

Es un proyecto que se incluye en la página www.piensaenello.org a la que puedes acudir si tienes prisa en ver más términos ahora.

En el futuro iré ampliando este vocabulario con términos como “prima de riesgo”, “deuda pública” “los mercados” etc.

Tipo de interés

El tipo de interés es el alquiler que se paga por poder disponer de un dinero que no es nuestro. Al igual que cuando alquilamos un piso, cuando pedimos prestado dinero nos dejan este para que lo utilicemos durante un tiempo con el compromiso de que pasado esto se lo restituyamos a sus legítimos dueños. Por este motivo, al igual que por el piso pagamos un alquiler durante el tiempo que lo utilizamos, por el dinero también abonamos una cantidad mientras podemos utilizarlo: el tipo de interés. Este pago se determina como un tanto por cien anual sobre la cuantía total prestada. De este modo, si se prestan 10.000€ a un tipo de interés de un 5%, el prestatario (quien recibe el préstamo) está obligado a pagar 500€ cada año que tenga en su poder la cuantía prestada (sin que esto vaya en detrimento de la devolución total del montante prestado).

Los tipos de interés se fijan libremente entre el prestamista (quien concede el préstamo) y el prestatario (quien lo recibe). Ahora bien, a nivel doméstico suele ser la entidad financiera la que ofrece un tipo de interés y el particular o lo coge o lo deja sin posibilidad de negociación alguna. El que este tipo de interés sea más alto o más bajo depende de varios elementos:

  • Riesgo: Es el principal factor que determina que los tipos de interés sean mayores o menores. Supongamos que tenemos dos amigos, uno de los cuales tiene siempre una conducta intachable y responde de una manera responsable a todos los compromisos que adquiere, mientras que el segundo es menos serio y nunca sabemos por donde nos va a salir o si va a cumplir aquello a lo que se ha comprometido. Si los dos nos pidiesen 10.000€ para devolvérnoslos al cabo de un año pagándonos un interés de un 5% ¿A quién se lo prestaríamos? Seguramente a la persona seria y responsable ¿Qué podría hacernos cambiar de opinión? Posiblemente que nuestro amigo más irresponsable nos ofreciese en lugar de un 5% un 10%. Tal vez la remuneración mayor nos impulsase a correr el riesgo de que no cumpliese, atraídos por unos beneficios mayores. Esto nos dice por qué cuanto más riesgo, más tipo de interés y viceversa. Explica por ejemplo, por qué es más caro un préstamo para comprar un automóvil o un electrodoméstico, que otro para una casa. Este último tiene menos riesgo porque si el prestatario no devuelve, el prestamista se queda con la casa y puede recuperar su dinero.
  • Plazo: Normalmente estamos más dispuestos a prestar una cantidad con un plazo de devolución corto que con uno largo. Por ello, los tipos de interés suelen ser superiores para préstamos a largo plazo e inferiores para préstamos a corto plazo. Esto se ve claramente en la deuda pública, si prestamos al Estado para un plazo de 18 meses, normalmente recibiremos un interés menor que si lo hacemos para tres años.
  • Liquidez: Si un banco nos ofrece un depósito en el que podemos sacar el dinero en el momento que queramos sin ninguna traba, no necesitaremos una gran remuneración para estar dispuestos a depositar nuestros euros allí. Ahora bien, si ese mismo banco nos dice que no podemos sacar el dinero hasta una determinada fecha y que si lo hacemos antes tendremos una penalización, le exigiremos una mayor remuneración para que estemos dispuestos a prestarle el dinero en estas condiciones. Por ello, los depósitos a plazo tienen un tipo de interés mayor que las cuentas corrientes.
  • Gastos administrativos: A un banco le sale más barato prestar un millón de euros a una sola persona, que prestar mil euros a mil personas. Por ello, normalmente va a cobrarle menos interés a la persona que recibe esa alta cuantía que a las mil personas que reciben los préstamos pequeños (a pesar de que la cuantía final es la misma).

En cada préstamo u operación de financiación se combinan estos cuatro factores para determinar al final los tipos de interés particulares de cada uno de ellos.

 

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El Banco Central Europeo secuestrado en sus contradicciones

Artículo aparecido en el periódico “Levante el Mercantil Valenciano” el domingo 10 de Junio de 2012 en la página 13 de su suplemento dominical “Trabajo y Formación”

Durante estos días se ha estado hablando sobre la Unión Bancaria Europea y sobre la necesidad de que el Banco Central Europeo (BCE) colabore de una manera activa en la solución a los problemas en los que se encuentra la Eurozona. Sin embargo esta institución no parece demasiado ilusionada en involucrarse en estos planes ni en extralimitarse en sus funciones. Cualquier medida que vaya más allá de ellas no despierta demasiado entusiasmo entre sus cuadros directivos (al menos, aparentemente).

 El objetivo principal del Banco Central Europeo es mantener la inflación, es decir, que los precios no se incrementen en exceso. Para ello debe controlar la cantidad de dinero que hay en una economía logrando que este no se incremente en demasía. La idea es que un crecimiento de la cantidad de dinero lleva a que se compre más y esto hace que los precios aumenten. La estabilidad de precios se nos presenta, además, como el mejor garante de la estabilidad de la economía. El cumplimiento estricto de esta función va a evitar problemas económicos al conjunto de la sociedad.

 A pesar de que esta idea goza de una aceptación casi generalizada, es evidente que esto no se ha cumplido en estos últimos años. La inflación no se ha disparado en ningún momento (hasta ha llegado a ser cercana a cero en algunos países de la Eurozona en los años anteriores a la crisis) y sin embargo esto no ha sido una garantía de estabilidad. Esto se ha debido, en parte, a que los precios eran estables pero la política monetaria era expansiva, es decir, los tipos de interés eran bajos y se emitía dinero que se inyectaba en la economía. Si el crecimiento económico hubiese sido elevado, esto hubiera significado que el crecimiento del dinero en circulación se utilizaba para comprar nuevos productos y generaba aumentos significativos de la producción. Esto hubiese explicado, a su vez, cómo se daban al mismo tiempo aumentos de la oferta monetaria con estabilidad de precios. Sin embargo, las tasas de crecimiento fueron durante estos años más bien modestas.

 La razón por la que no subieron ni los precios ni el crecimiento fue que gran parte de este dinero se destinó a la compra de activos financieros e inmobiliarios. Ello produjo que el aumento de los precios de estos activos se acelerase. La inflación no se dio, pues, en los bienes de consumo (que son los que se incluyen en el IPC) sino en los activos de inversión financiera y en los bienes de inversión inmobiliaria. Hubo inflación, pero no de bienes de consumo, sino de activos financieros e inmobiliarios.

 Esta permisividad con la inflación en el precio de estos activos se basaba en la creencia de que no pueden existir burbujas especulativas y que, al final, ese crecimiento de los precios permite a aquellos que operan en estos mercados obtener pingües beneficios que acabarán repercutiendo en la economía real produciendo más crecimiento económico. Ahora bien, pensar que el valor en bolsa de una empresa (por ejemplo) puede duplicarse cuando ni sus beneficios ni su tamaño lo hacen, no puede menos que resultar sospechoso a cualquiera que lo observe desde afuera. Lo mismo podríamos decir de los aumentos desorbitados que se dieron durante estos años en los precios del mercado inmobiliario… Permitir estas subidas exageradas de precios, parecía una política errónea como señalaron algunos economistas en su momento.

 Estas circunstancias nos plantean varias preguntas cuya respuesta podría llevarnos a replantearnos los objetivos, funciones e independencia del BCE. Si durante los años de bonanza se financió barato a las instituciones financieras para que estas pudiesen ganar dinero adquiriendo productos financieros arriesgados o prestando para comprar bienes inmobiliarios ¿Por qué ahora no se puede financiar barato a los Estados para que se ahorren dinero en tipos de interés y puedan utilizarlo para políticas sociales o de estímulo de la economía?… Si durante los años anteriores de la crisis se permitió una inflación exagerada de los activos financieros e inmobiliarios ¿Por qué ahora no se permite una inflación controlada aunque más elevada que la actual para que se repartan las consecuencias de la crisis entre prestamistas y prestatarios y se estimule, de paso, la demanda?… Si se ha constatado que la función de supervisión del BCE y de los bancos centrales de los países no sirvieron para evitar la crisis financiera ¿Por qué no se revisan profundamente sus atribuciones, sus competencias y su manera de trabajar? Si todos tenemos que poner nuestro granito de arena para superar esta situación ¿Por qué el BCE parece que está exento de esta responsabilidad? ¿No habrá que pedirle también que renuncie a algo de lo suyo para ponerse al servicio de la sociedad en su conjunto y especialmente de los más desfavorecidos por esta situación de recesión?

 Creo que en momentos delicados de la economía, como el que estamos pasando en estos momentos, es necesario replantear, no solo los objetivos, sino también el modo de funcionar y la misma independencia del BCE. Si su manera de hacer las cosas no ha servido para evitar la crisis, menos lo está haciendo para afrontarla. Su rigidez, su apego a los dogmas en los que está instalado, no ayudan en nada en una situación que precisa de apuestas arriesgadas e imaginativas. Por ello creo que es buen momento para replantearse estas contradicciones de la política monetaria y ponerla al servicio, no de la lucha contra la inflación, sino de las personas y de la sociedad europea en su conjunto.

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Un estado ¿solidario? La dación en pago

Artículo “Un estado ¿solidario? La dación en pago” Publicado en Las Provincias el 24 de Abril de 2011 en su página 32

Aprovecho la cercanía a la celebración del Domingo de Resurrección para introducir una reflexión cristiana sobre uno de los temas económicos que tienen actualidad en estos momentos: la posibilidad de dación en pago de una hipoteca. La situación actual creo que se conoce, aunque voy a repasarla en unas pocas líneas. Cuando alguien no puede pagar su hipoteca el banco embarga el inmueble. Este es subastado y si no es adjudicado se lo queda la entidad financiera por la mitad del valor de tasación del momento. Si la cuantía de la venta o del 50% de valor de tasación es inferior a la deuda del anterior dueño, éste sigue debiendo la diferencia al banco. Con esta legislación una persona puede quedarse sin la casa y seguir debiendo dinero por algo que ya no es suyo. Ante esta situación existen colectivos que defienden la introducción en nuestro país de algo que ya se da en otras naciones ricas como es la dación en pago, esto es, que la devolución del bien hipotecado sirva para saldar la totalidad de la deuda.

El argumento más repetido a la hora de defender esta postura es que esta ley está condenando a los más desfavorecidos a la pobreza y a la exclusión social, ya sea porque se quedan sin su hogar y con una deuda por saldar, o porque tienen que seguir asumiendo unas mensualidades hipotecarias excesivamente elevadas que ahogan su economía doméstica, ya que la otra opción les condena a seguir pagando sin tener casa y les impide acceder a otra vivienda más barata. Estos colectivos quieren que se ponga por encima de cualquier otro el derecho constitucional a una vivienda. Los detractores argumentan que la dación en pago aumentaría el precio del crédito hipotecario ya que el riesgo sería mayor para las entidades financieras y que esto, considerando que tenemos los tipos medios más bajos de Europa, perjudicaría a quien quiera obtener un crédito. Además se argumenta que esta medida podría perjudicar más a nuestro sistema financiero, al tener que reconocer como pérdidas gran parte del dinero que les deben los hipotecados. Se concluye, pues, que al intentar beneficiar a unos pocos, se acaba perjudicando a la mayoría.

Estos últimos argumentos, siendo ciertos, no tienen en cuenta el efecto que podría tener la dación en pago sobre los precios de los inmuebles. La medida incrementaría el porcentaje de impagos ya que muchas personas que están apuradas devolverían sus inmuebles para saldar la deuda y acceder a otras viviendas más baratas (normalmente en régimen de alquiler). Los bancos, para evitar esta devolución renegociarían las condiciones de la hipoteca reduciendo la cuantía de la mensualidad y asumiendo algunas pérdidas para evitar esta maniobra. Aún así se encontrarían con una gran cantidad de viviendas en su propiedad que deberían vender para hacerse con dinero líquido. Todo ello redundaría en una bajada más acusada que la actual de los precios de la vivienda lo que aumentaría las posibilidades de que los hipotecados dejasen las hipotecas caras o las renegociasen… Si lo pensamos bien ¿Qué es preferible? ¿Que no bajen mucho los precios y mantener las hipotecas más baratas de la Unión Europea? O ¿Qué los precios bajen al menos un 30% o más y que las hipotecas suban un 1 o un 2%? Opino que la mayoría pensamos que esta segunda opción garantiza mucho más el acceso a una vivienda, ya que ajusta el precio de las mismas a los ingresos de la población en general. Es más, encarecer el préstamo hipotecario por el incremento de su riesgo puede ser una buena vacuna para evitar que en un futuro se preste con la ligereza y la mala gestión que se ha dado durante los años previos a la crisis y evitar, de paso, las subidas exageradas de precios que se vieron durante estos años. Estoy seguro que con unos precios mucho menores, además, se revitalizaría el mercado inmobiliario parado porque muchos consideran que todavía queda margen de bajada.

Por si esto fuese poco, quiero introducir la reflexión cristiana que he prometido en el primer párrafo. La Doctrina Social de la Iglesia reclama que el Estado esté al servicio de la persona y que lo haga de una manera solidaria, entendiendo la solidaridad como lo hace la Encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis 46: “el amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”. Esta opción preferencial por los pobres de la que también habla esta Encíclica nos impele a tomar decisiones que piensen en los más desfavorecidos desde el convencimiento de que esto va a ser lo mejor para la sociedad en su conjunto. Introducir la dación de pago puede ayudar a muchas personas que se han encontrado con unos precios de la vivienda totalmente sobrevalorados a mejorar su situación y a que recordemos que la actividad inmobiliaria no es solamente una actividad para ganar dinero o mucho dinero, sino que se trata de un sector económico al servicio de las personas que necesitan una casa para vivir. No debemos perder el norte y hay que recordar, que esto último es lo más importante, la vivienda es para las personas y el sector inmobiliario debe estar a su servicio.

 

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¿Dónde está nuestro ahorro?

Artículo ¿Dónde está nuestro ahorro? aparecido en el número 1.522 de la revista Noticias Obreras (1-4-11/30-4-11) en su página 11

 

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Conferencia en Crevillent sobre el comportamiento económico del cristiano

El pasado 28 de Enero realicé una conferencia en el Museo de Semana Santa de Crevillent. En la página web de la semana santa de Crevillent podéis encontrar información al respecto.
http://www.semanasantacrevillent.com/actividadesmuss/actividades-2010-2011/1115-2011-01-29-conferencia-presentacion-libro.html

 

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Al fin y al cabo, son nuestros acreedores

Artículo publicado en Las Provincias, martes, 13 de julio de 2010. Página 16

 

Entrevista en la revista CRESOL

Entrevista incluida en la revista CRESOL de Mayo y Junio de 2010, en la página V del suplemento que se incluye en ella.

 

Recibo el 2º Premio Edith Stein

He recibido el segundo premio del concurso bíblico Edith Stein. Os adjunto la nota de prensa que han publicado los organizadores:

CENTRE EDITH STEIN

Carrer València 244, 3er pis.

Barcelona, 08007

COMUNICAT DE PREMSA:

Enviat per: SARA CARBÓ

Telf: 93 487 63 63 (de 9 a 14h)

e-mail: sarac@dpuniversitaria.org

Àgueda Bosch, clarisa de Menorca, gana el primer premio de la 10ª edición del concurso Bíblico. Premio Edith Stein con la obra “Un denario y la sal”

El pasado sábado 15 de Mayo se dio a conocer el veredicto y la concesión de premios del décimo concurso bíblico Premio Edith Stein, organizado por la delegación de Pastoral Universitaria con el apoyo del Grupo Avant de Terrassa de la Federación de Cristianos de Cataluña en el marco del concierto de Clausura del 12ª Ciclo de Conciertos de coros y Orquestas Universitaria en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona.

El sábado 15 de Mayo se celebró el veredicto y la concesión de premios del concurso bíblico Premio Edith Stein, que ha llegado a su décima edición. El concurso tiene como objetivo principal potenciar el descubrimiento de la Biblia, especialmente para que la gente más joven que no está familiarizada con ella, aprenda a conocer la obra que ha asentado las bases de nuestra cultra occidental. Este año el Premio tenía como tema “Dinero y trabajo en la Biblia”, una referencia a la actual situación de crisis económica, posibilitando una reflexión bíblica desde sus causas de fondo. Textos que hagan referencia a una visión de la propiedad y del trabajo así como al uso del dinero. Esta edición del Premio tiene en cuenta que las principales utopías sociales que se han generado desde la filosofía y la teoría social tienen sus bases en los textos bíblicos. Por eso ha querido volver a las fuentes y posibilitar nuevas lecturas.

La ganadora de esta 10ª edición ha sido la hermana clarisa Àgueda Bosch, que ha recibido un premmio de 3.000 euros. Su ensayo, Un denario y la sal, es una muestra brillante de las relaciones entre la sagrada Escriptura, el Magisterio y la vida cotidiana actual con una gran riqueza espiritual. Un trabajo en el que el jurado ha valorado especialmente la lectura orante de los textos bíblicos y del magisterio que iluminan las experiencias personales de la vida diaria.

El segundo premio de 700 euros, recayó en Enrique Lluch Frechina, doctor i profesor de Economía en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, don el trabajo La sabiduría bíblica y sus enseñanzas, una investigación teològica que analiza y comenta los textos sapienciales y el libro de proverbios, de una manera actualizada, iliminando la actualidad social y económica. Un trabajo original y audaz en sus consejos finales en el que el Jurado ha valorado los elementos de reflexión que aporta y la vinculación de los textos del Antiguo Testamento con la realidad actual.

El tercer premiado de este año ha sido el Doctor en Teologia y profesor del ISCREB, Antoni Torrelles, recibió un cheque de 300 euros. Su trabajo Un rostro evangélico para el dinero. Un rostro humano para los bienes, es un conjunto exhaustivo de diferentes citas de los evangelios sobre el tema del dinero con un cierto orden temático. El jurado ha valorado especialmente la segunda parte del trabajo donde se aporta un comentario y análisis personal a partir de la selección hecha en la primera parte, desde una perspectiva original, creativa y actual que abre perspectivas para el trabajo pastoral.

Además el jurado acordó conceder una mención especial al ensallo El trabajo intelectual en el Siràcida, de las autoras Cristina Suárez, Aurora Montesdeoca i Annarita Russo, por su rigor académico, su calidad metodolótica y esegética y la buena documentación aportada y su solidez argumental.

Los ensayos, que se podían hacer tanto en grupo como individualmente, han tenido una gran calidad y el concurso ha sido un éxito de participación llegando casi a un centenera el número de trabajos presentados. Se han recibido ensallos de varias comunidades auntónomas (Galicia, Andalucía, Madrid, País vasco, Cataluña, Extremadura, Comunidad Valenciana e Islas baleares) y de otros países (Argentina, Chile i México). Este año el jurado del Premio ha estado formadot por Dr. Agustí Borrell, profesor de la Facultad de Teologia de Catalunya y del ISCREB y miembro de l’Associació Bíblica de Catalunya; la Dra. En Pedagogia Marta Burguet, profesora de la UOC y de la UB; Mar Galceran, doctora en Pedagogia, profesora de la URL y Directora Pedagògica del ISCREB; Dr. Jordi Latorre, profesor del ISCR Don Bosco de Barcelona y miembro de l’Associació Bíblica de Catalunya; Dr. Francesc Torralba, profesor de la URL; Javier Velasco Arias, profesor del ISCREB y del CEP y miembro de la Associació Bíblica de Catalunya y de la Asociación Bíblica Española; y Francesc Grané, profesor de la URL.

El veredicto y concesión de los premios tuvo lugar en el Paranimfo de la Universitat de Barcelona, en el marco del concierto de clausura del XIII ciclo de conciertos de orquestas y corales universitarias, y fue presidido por el Cardenal Arzobispo, Lluís Martínez Sistach.

Más información: www.universitaties.net

 
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Publicado por en mayo 26, 2010 en ahorro y finanzas

 

Entrevista en Alandar de Mayo de 2010

Entrevista en la revista Alandar, Mayo de 2010, pág: 24

Enrique Lluch, profesor de Economía en la Universidad CEU de Valencia
En una economía altruista el crecimiento no es el objetivo final

J. Ignacio Igartua

Analizando los factores que han propiciado la actual crisis económica mundial muchos pensaron que el sistema podía replantearse y que algo cambiara. La realidad de cada día parece que está lejos de ese objetivo, aunque hay quienes siguen pensando que ello es posible. Uno de ellos es Enrique Lluch, profesor de Economía de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, quien considera posible trabajar “por una economía altruista”, como plantea en un libro de reciente aparición.

¿La economía es el reino de los egoístas?

El paradigma de comportamiento sobre el que se basa la teoría económica en estos momentos es aquel que propugna que todos nos movemos para lograr maximizar nuestro propio interés. En este sentido, el comportamiento egoísta está totalmente legitimado por la ciencia económica y en la medida que ésta impregna cada día más aspectos se convierten en la principal fuente de legitimación del comportamiento egoísta en nuestra sociedad. Es más, con frecuencia podemos escuchar que alguien lo que tiene que hacer es defender sus propios intereses y dejarse de pamplinas, de este modo el egoísmo aparece como el parámetro de comportamiento ‘moderno’ ante otros paradigmas que aparecen como propios de personas que se han quedado en el pasado.

¿La actual crisis mundial tiene algo que ver con esta afirmación?

Totalmente. El verdadero origen de la crisis, esto es, el por qué hemos llegado a los comportamientos especulativos que la han provocado, al engaño en los niveles de riesgo que tenían determinados instrumentos financieros, a la complicación excesiva que estos han experimentado, a la política de crédito barato, no tienen otra causa que la obsesión por el crecimiento económico, o lo que yo denomino la utopía del crecimiento. Tenemos que crecer, nuestra economía solamente funciona si hay crecimiento económico y éste además debe ser mayor que el de los países que tenemos al lado, porque si no, estamos fracasando. Estamos así entrampados en una estúpida competición que no nos lleva a ningún lado.

¿El propio interés lleva irremediablemente al bien común?

Es un mito, una falacia. Adam Smith no dijo esto, sino “persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad con más eficacia que si intenta directamente promoverlo”. Quiero insistir que en ningún momento habla de que la relación sea irremediable, sino frecuentemente. Es más, para que la búsqueda del bien propio lleve a la mejora del bien común se deberían dar una serie de condiciones que no suelen aparecer en la vida real. En términos económicos deberíamos encontrarnos ante mercados de competencia perfecta y deberían darse unas condiciones en las que todos los que persiguiesen su propio bien estuviesen en una igualdad de condiciones tal, que ninguno de ellos tuviese capacidad para convencer o imponer su postura a los otros. Como esto nunca se da, la búsqueda del propio interés lleva a que el interés común se acerque más al de aquellos que han tenido más capacidad de acercar el ‘ascua a su sardina’.

¿Por qué en un mundo cada vez más rico hay cada vez más pobres?

Si está legitimada la búsqueda del propio interés, esto puede llevar a mejorar a otros. Por ejemplo, alguien que cree una empresa y emplee a mucha gente en ella que así tenga un salario y un trabajo. Sin embargo no tiene por qué ser así. Por ejemplo, prestar dinero a tipos de interés muy elevados a los más pobres. Además, no existe una relación directa entre riqueza y generosidad, por lo que la media de habitantes de un país o del mundo sea más rica no presupone que van a ser más generosos con los pobres.

¿Vivimos en una sociedad de la insatisfacción continua?

Sí y es una pena. Los problemas económicos graves se dan cuando no tenemos lo suficiente para alimentarnos, para protegernos del frío o del calor o para curar nuestras enfermedades, pero estar insatisfechos cuando tenemos cubierto lo necesario para vivir, trae una serie de problemas añadidos que no deberíamos tener. En este aspecto, la economía egoísta no ayuda a mejorar estos planteamientos sino que los empeora.

¿Se puede compaginar el consumo responsable con que no se ‘pare’ la economía?

Si queremos seguir creciendo sin parar, el consumo responsable no es el mejor camino, sino el consumo irresponsable y la especulación a altos niveles. Si luego esto trae inestabilidad y crisis no es lo más importante, lo prioritario es seguir creciendo. Por ello, cuando alguien se plantea el consumo responsable, debe cambiar la concepción y ver que la economía sigue funcionando aunque no crezcamos. No es necesario el crecimiento para que la economía siga funcionando. El consumo responsable se plantea la posibilidad de no crecimiento o de decrecimiento como algo positivo en si mismo.

¿Qué es una economía altruista?

Lo contrario de la economía egoísta, una economía que es consciente de que el crecimiento no es el objetivo final de nuestro desempeño económico. Que no busca solamente el propio interés a la hora de solucionar los problemas económicos, sino que también mira al bien común y el de los demás.

¿Es posible educar en esta visión o el sistema actual arrasa?

No, en la medida que convenzamos a las personas de que esta manera de entender la economía es positiva para ellas y las libera y las hace mejores además de beneficiar al común de la población, va a ser fácil. Muchos se dan cuenta de que querer siempre más y más no es lo mejor para sus vidas ni para los demás.

¿La Iglesia es más condescendiente con los ‘pecados económicos’ que con otro tipo de pecados?

Opino que, como les pasa a todos, la Iglesia es más comprensiva con los pecados realizados por los que son como nosotros, están en nuestra misma organización o están con nosotros o con los se parecen más a nosotros, que con los que están contra nosotros, en otras organizaciones o alejados o son más diferentes. Esto creo que es un mal generalizado.

¿Qué opina de la Responsabilidad Social Empresarial?

Se queda con demasiada frecuencia en operación de estética, aunque la idea es buena. Deberíamos incluirla en nuestros criterios de compra pero con unas evaluaciones más objetivas.

¿Se considera un utópico?

La economía es utópica en su globalidad. El crecimiento económico es una utopía, falsa, pero utopía al fin y al cabo. Sirve para que todo el sistema avance hacia un lugar u otro. Creo que todos necesitamos ese objetivo que nos mueva en una dirección, “el que no sabe donde va siempre llega a otro sitio”. Por ello considero que es bueno ser utópico y construir una sociedad más justa persiguiendo esa utopía.

 

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Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida

El pasado sábado 21 en el marco de las Jornadas sobre “Crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate” impartí la conferencia titulada Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida. En ella desgrané la propuesta que hace la encíclica Caritas in Veritate para nuestro comportamiento económico del día a día. En resumen, la apuesta del pontífice romano pasa por impregnar de gratuidad y don nuestro comportamiento económico del día a día. Subyace la idea de que el mercado es un sistema de intercambio que no es bueno ni malo por si mismo, sino según cómo lo utilicemos. Por ello, el comportamiento egoísta en el mercado lleva a consecuencias negativas para el mismo mercado y para aquellos que participan en él mientras que los comportamientos en los que se introduce el don y la gratuidad, puede llevar a que el mercado cumpla bien sus cometidos y pueda tener consecuencias sociales positivas.

La encíclica introduce algunos elementos en los que considera que ya se están dando estas características como s0n las finanzas éticas (en especial los microcréditos), el comercio justo, el consumo responsable, la transparencia y la responsabilidad del ahorrador, etc. El desarrollo total de lo expuesto se podrá leer en uno de los próximos números de la revista Moralia en la que publicaremos nuestras ponencias algunos de los conferenciantes de estas jornadas. Ya avisaré cuando salga la publicación. Mientras tanto, aquellos que quieran acceder a la presentación que hice durante mi conferencia pueden teclear aquí para acceder a ella.

 

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Sabiduría para tiempos de turbación. Los libros sapienciales y la crisis económica

El pasado 7 de Noviembre participé en las XV jornadas de Teología de la Caridad en Guadalajara. Intervine en una mesa redonda con una miniponencia titulada “Sabiduría para tiempos de turbación: Los libros sapienciales y la crisis económica”. Esta ponencia derivaba de un artículo que se publicará en uno de los próximos números de la revista Corintios XIII. En él demuestro como, a pesar de la distancia temporal y de las diferencias que existen entre la sociedad en la que se gestaron los libros sapienciales de la Biblia y la nuestra, los consejos económicos que se encuentran en ellos son útiles para afrontar las cuestiones económicas más actuales. Es más, si hubiesemos seguido esos consejos, tanto en cuanto a nuestra relación con los ricos y al afán de riquezas, como a la gratuidad en la economía, a la laboriosidad, a la parquedad económica o a las recomendaciones enfocadas a las finanzas,  podríamos haber evitado muchas de las consecuencias negativas de esta crisis.  Con demasiada frecuencia olvidamos la sabiduría en nuestro día a día y nos comportamos con poco sentido común. Una mirada a la sabiduría bíblica, nos ayudaría a mejorar nuestro desempeño económico.

 

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