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Archivo de la categoría: Doctrina Social de la Iglesia

La transparencia económica como instrumento de evangelización

Artículo publicado en la revista Cresol, Any 18, núm. 138, Juliol-agost 2017, pág: 24-25

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La Iglesia española tiene un compromiso de transparencia económica que firmó en 2016 con transparencia Internacional España al que se ha visto abocado debido a que una parte de su financiación de proviene de las arcas públicas del Estado. Dos son los aspectos principales relacionados con esta cuestión. El primero es la obligatoriedad de transparencia que exige el Estado a las instituciones que reciben fondos públicos. Sin entrar en detalles, la idea general que hay detrás de esta cuestión es una exigencia del sector público para que sus ayudas al sector privado sean utilizadas para la finalidad a la que se destinan, y para que las entidades que las reciben cumplan unos requisitos de transparencia económica que permitan que cualquier persona compruebe que están cumpliendo sus fines asociativos o fundacionales y que estos son acordes con los fines del Estado. El segundo aspecto tiene que ver con necesidad de convencer a las personas que realizan la declaración de la renta para que asignen la parte correspondiente a la financiación de la Iglesia. Para ello, la transparencia se entiende como una cuestión clave ya que permite que cualquiera persona sepa cómo utiliza la Iglesia el dinero que les dona y así opte finalmente por hacerlo.

Además, la Iglesia también incluye en este compromiso de transparencia la auditoría de sus cuentas por parte de empresas auditoras reconocidas a nivel nacional. Más allá del desprestigio en el que pueden haber incurrido estas empresas que han auditado de manera positiva a empresas y entidades financieras que han quebrado poco tiempo de pasar positivamente una de estas auditorías (generando la lógica duda de para qué sirve entonces una auditoría que no detecta estos graves problemas de funcionamiento), esta medida también intenta garantizar a todos aquellos que trabajan con la Iglesia que los datos aportados en sus cuentas son veraces y responden a su realidad económica.

Estas medidas de transparencia provocan algunas suspicacias en el interior de la Iglesia. Algunos pueden pensar que por qué tiene la Iglesia que abrir las tripas de sus cuentas ante cualquier persona que, además, puede estar buscando cualquier escusa para atacarla. También aparece aquí una idea de que no hay que lucir cuando se hace el bien a los demás. No es necesario estar diciéndole a todo el mundo si damos dinero o no a los más desfavorecidos. Esta cuestión debe quedarse en la intimidad para no ceder a la tentación de creerse mejor que los otros porque hacemos más cosas por los que peor están. Se trata de tendencias que han ido decreciendo paulatinamente ya que cada vez hay más personas convencidas de la necesidad de la transparencia, de que no hay que esconder la importante labor social que realiza la Iglesia, aunque solamente sea por causas legales y de imagen.

Opino sin embargo que la transparencia no solamente debería ser una opción lógica ante un momento en el que es necesario potenciarla por estas cuestiones, sino que la transparencia económica debería contemplarse como una marca de la casa, como una parte más de la evangelización. Porque el cristianismo también tiene una buena noticia en la economía, una buena noticia que puede resumirse de una manera magnífica con las palabras de Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate (36) La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente… En las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.”

Por ello, teniendo en cuenta que la doctrina social de la Iglesia, como un elemento esencial de evangelización, es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella” (Civ, 15), debemos ser conscientes de que la economía puede ser organizada de otra manera, de que puede haber una economía más humana que esté al servicio de las personas. Y ¿cómo anunciar esta buena noticia de que es posible introducir la gratuidad y la lógica del don en la economía? Poniéndolo en práctica en nuestras actividades, en nuestras casas, en nuestras diócesis, en nuestras congregaciones, en nuestros colegios,… Para que todos vean que esto no son simples palabras vacías de contenido, sino un compromiso y una realidad que puede ser vivida en cualquier institución.

En un marco así, la transparencia ya no es una obligación o una carga que tenemos que cumplir porque nos obligan, sino que la transparencia pasa a ser un anuncio, un testimonio de que la luz de Dios puede brillar también en la economía y que esta deja transparentar el amor como fuente de racionalidad económica. Vista así, la transparencia pasa a ser un instrumento de evangelización, de anuncio de la buena nueva para la economía que tantos y tantos están esperando.

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Armando Lío en Valencia

Hemos organizado una escuela de ciudadanía y acción social  para Jóvenes de más de 21 años en Valencia.

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Con frecuencia los jóvenes identifican su compromiso cristiano con tener tiempo para comprometerse en la parroquia, en una ONG o en cualquier asociación. Cuando tienen que trabajar y dejan de tener tiempo, parece que su compromiso queda a un lado o no se puede llevar adelante. En este espacio abierto a cualquier joven. Queremos ayudar a que se viva el compromiso cristiano en el trabajo, en los estudios, en la familia. Ayudar en una formación que haga de todos nosotros cristianos dispuestos a armar lío tal y como nos pide Francisco.

Te invito a que entres en la página web http://centroarrupevalencia.org/armando-lio/ donde encontrarás toda la información y la ficha de inscripción.

Las organizaciones eclesiales que estamos metidos en esta escuela somos: Pastoral Juvenil Redentorista, Funderetica, CVX, Cáritas Diocesana de Valencia, Centro Arrupe de Valencia, Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, Salesianos San Antonio Abad de Valencia, movimiento Junior de la diócesis de Valencia.

Os animo a que nos aydéis a difundirlo a todos los jóvenes que conozcáis y creáis que les pueda interesar.

Aquí tenéis el programa:
Etapa de otoño

MODULO 1.- ARMAR LÍO

FECHA Y HORARIO: 3 Noviembre. 17 H – 21H

Este módulo quiere introducir en la propuesta de “armar lío” que el Papa Francisco planteó a los jóvenes en la JMJ de Río. Es un horizonte hacia el que queremos dar pasos sabiendo que podemos aprender de otros que armaron lío: ¿qué les impulsó a algo así? ¿a qué respondía el lío que armaron? ¿dónde encontraron inspiración y fuerza? ¿qué implicaciones tuvo para sus vidas?

MODULO 2.- DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y COMPROMISO SOCIOPOLÍTICO

FECHA Y HORARIO: 4 Noviembre. 10 H – 14H 

Presentamos los principios de la Doctrina Social de la Iglesia con el deseo de ayudar a tomar conciencia y aclarar conceptos de los que hablamos sin conocer, a veces, las implicaciones que esto tiene, como son los de dignidad de la persona, derechos fundamentales, bien común, destino universal de los bienes, solidaridad, subsidiariedad o participación. ¿Qué queremos decir cuando decimos estas palabras?, ¿cómo afectan a mi vida diaria?, ¿qué implicaciones tiene para la sociedad?, ¿a qué me compromete?

MODULO 3.- DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y COMPROMISO ECONÓMICO Y ECOLÓGICO

FECHA Y HORARIO: 18 Noviembre. 10 H – 14H

Este módulo pretende aportar una introducción sobre las principales ideas de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la cuestión económica y ecológica. Intentamos ver cómo se puede armar lío en nuestra sociedad poniendo la actividad económica al servicio de las personas e introduciendo el cuidado de la creación en todas las actividades humanas. Es posible dar buenas noticias al mundo de la economía y de la ecología, es posible reorientar ambas cuestiones en una clave humana y de cuidado de la creación.

Etapa de invierno

MODULO 1.- LA PERSONA ES LO PRIMERO

FECHA Y HORARIO: 9 Febrero. 17 H – 21H

Queremos formar un sujeto capaz de ver-juzgar y actuar. Este sujeto, en cuanto estructura de persona, tiene una dimensión psicológica y espiritual que queremos abordar. Partimos de una antropología relacional que nos posibilita ser seres sociales. Ser relacionales es el fundamento de las vinculaciones personales que generan la trama y la implicación social.

MODULO 2.- VER, PERCIBIR LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 10 Febrero. 10 H – 14H

Cómo acercarse a la realidad sin estereotipos, sin prejuicios, intentar mirar desde una posición no condicionada. Necesitamos una pedagogía del mirar que permita evitar la manipulación de la mirada. Para ello se explorarán los puntos que impiden mirar sin ser influido y aquellos que ayuden a mirar sin prejuicios como es el analizar la información, aceptar a las personas, no prejuzgar al mensajero o emisor de la información y buscar la verdad.

MODULO 3.-JUZGAR, VALORAR LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 16 Febrero. 17 H – 21H

Se trata de posicionarse ante la realidad, ante lo que vemos y percibimos. Para ello debemos realizar un proceso de posicionamiento, unos criterios de juicio ante la realidad y por último, el ámbito orante que nos ayude a iluminar nuestro posicionamiento desde Jesucristo y desde la manera cristiana de juzgar la realidad.

MODULO 4.- ACTUAR, IMPLICARSE EN LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 17 Febrero. 10 H – 14H

Se verá aquí el proceso de tomar decisiones a partir de una línea clara a seguir o de un proyecto de vida, que nos lleva a través del proceso de elegir o de discernir, para saber dónde actuar, como actuar y a qué somos llamados. Esta actuación busca saber a qué somos llamados cada uno de nosotros.

 

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¿Puede nuestra actividad económica ser Buena Noticia?

Conferencia que impartiré el miércoles 4 de Octubre en Salamanca, a las 18:00 en el aula Virgen Vega de la Casa de la Iglesia.

actividad económica buena noticia en salamanca

 

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Cambiar el estilo de vida

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 7 Julio-agosto, Pág. 26-27

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Tal vez sea casualidad, pero no lo creo así. Nuestros tres últimos obispos de Roma nos han hablado de la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Juan Pablo II nos dijo en la Encíclica Centesimus annus (36) que “Es necesario esforzarse por implantar estilos de vida, a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones.”, Benedicto XVI insistió en su Encíclica Caritas in veritate (51) en que “esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo de vida que, en muchas partes del mundo, tiende al hedonismo y al consumismo, despreocupándose de los daños que de ello se derivan. Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida” y por último, Francisco también nos ha dicho en su Encíclica Laudato si (23) que “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo”.

No es una casualidad

No es una casualidad que los tres hayan insistido en esta necesidad de cambio. Aunque creamos que nuestra manera de comportarnos y de hacer las cosas no tiene influencia en la sociedad debido a que somos tan solo una persona entre más de 7.000 millones en todo el mundo, esto no es así. En primer lugar porque lo que sucede en la creación es consecuencia de la suma de lo que hacemos todos los que en ella vivimos y en segundo, porque sobre lo único que tenemos una influencia clara y que podemos cambiar de una manera segura es nuestra manera de vivir (y no la de los otros). Por estos dos motivos, cambiar nuestro estilo de vida es una de las mayores contribuciones que podemos hacer para que los valores que priman en nuestro entorno sean realmente diferentes y mejores.

Cambiar el estilo económico de vida.

Si hay otro elemento que coincide en estas tres llamadas a cambiar el estilo de vida y a modificar la mentalidad que tenemos sobre la manera en la que vivimos, es resaltar que este cambio debe darse en varios elementos que tienen en común ser componentes económicos de nuestra existencia. El que se repite en los tres casos es el consumo, las compras o más en concreto (como lo denomina Benedicto XVI) el consumismo. Además de este, Juan Pablo II habla de ahorros e inversiones, mientras que Francisco habla también de producción. Se trata de cuestiones económicas todas ellas. En una sociedad como la nuestra en la que lo económico tiene una posición preponderante y el tener más aparece como el objetivo prioritario, cuando los obispos de Roma nos piden cambiar el estilo de vida, piensan esencialmente en cuestiones que tienen que ver con vivir la economía de otra manera, orientar nuestro consumo, nuestra producción, nuestros ahorros e inversiones y nuestro quehacer económico en su conjunto en otra dirección.

Renunciar al hedonismo y al consumismo

El origen de este aviso tiene que ver con la constatación de que en muchas partes del mundo tenemos un estilo de vida que pone por delante el pasarlo bien y el disfrutar de la máxima cantidad de cosas, para lo que se exacerba el consumo y la compra de bienes, servicios y experiencias. Esta búsqueda del tener, del experimentar, nos hace ciegos a la belleza, al bien, a la verdad y nos lleva a unos estilos de vida insatisfactorios para nosotros mismos porque siempre queremos más y nunca nos conformamos con lo que tenemos. Unos estilos de vida que nos impiden vivir en armonía con la naturaleza y con la creación y que nos hacen tener siempre prisas y ser insensibles al sufrimiento del otro. Una manera de vivir que nos lleva con frecuencia a dar importancia a lo que no la tiene y descuidar las cuestiones clave de nuestra existencia.

Proponer ese estilo de vida

Por ello los tres papas se empeñan en mostrarnos (como habían hecho otros anteriores) un estilo de vida que no se centra en lo superfluo sino en lo esencial, en el que el tener está al servicio del ser y no al contrario, en el que nos animan a que cuidemos de la creación y tengamos tiempo para disfrutar de ella, a que dejemos de ser consumidores para ser compradores, a que utilicemos nuestros ahorros para mejorar la sociedad en la que nos encontramos y no para incrementar nuestros ingresos y nuestra riqueza, etc. En esencia, un estilo (como dice Francisco en su Encíclica Laudato si 222) que al “hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres.”

 

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¿Cuidamos o explotamos la creación?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 119, nº 6, Junio 2017, pág: 26 y 27

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Cuando era pequeño me gustaban las historias que transcurrían en granjas. En ellas había distintos tipos de animales que convivían con las personas, los granjeros cultivaban las tierras para que ellos y sus animales se alimentasen de sus frutos, los excrementos eran utilizados como abono y todo se aprovechaba al máximo. Quizá estas historias me recordaran a casa de mi abuela, donde había gallinas y conejos y donde sabía que en otros tiempos habían vivido cerdos en ese corral trasero tan habitual en las casas antiguas de estos pueblos del Horta Nord de Valencia. Las granjas eran una manera de combinar una actividad económica que pretendía obtener recursos monetarios y alimenticios para que las personas que allí viviesen tuviesen una vida digna, con el cuidado de la creación de todo aquello que nos rodea.

Ya no existen granjas, tenemos explotaciones agrarias y ganaderas

Hoy en día es difícil encontrar granjas, lo que abundan son explotaciones agrícolas y ganaderas. Cuando uno va a una de ellas, ya no se encuentra con ese paisaje medianamente idílico con distintos tipos de animales conviviendo en un espacio y una agricultura y una ganadería que se complementan. Ahora encontramos grandes naves industriales en las que se hacinan miles de pollos, o cientos de cerdos, o de ovejas o de vacas… Grandes campos de un solo producto que se extienden a lo largo de muchas hectáreas y cuya cosecha es recogida por máquinas (en ocasiones) o por un elevado número de jornaleros que dejan el producto en cajas para ser llevado directamente a los mercados de las grandes ciudades o a las grandes cadenas de distribución alimenticia. Bosques de una sola clase de árbol que son talados por parcelas cada cierto tiempo. Los sistemas de producción industriales se han introducido en la ganadería, en la agricultura y en la silvicultura, las granjas han pasado a ser explotaciones.

Una explotación no cuida de la creación

Explotar es (según la segunda acepción del diccionario de la RAE): “Sacar utilidad de un negocio o industria en provecho propio.” Por este motivo se habla de explotación y ya no de granja. La dinámica economicista se ha introducido en la gestión de las granjas y estas han dejado de serlo. Los seres vivos que componen la creación han dejado de ser así considerados para pasar a ser simples recursos que utilizamos para nuestro propio provecho. La creación ya no se ve como un todo a cuidar y a hacer fructificar, sino como un lugar del que se sacan recursos para incrementar nuestros beneficios individuales. Al igual que el afán de tener más riquezas deshumaniza a las personas haciendo que se olviden que lo que tienen delante son también personas, el egoísmo economicista deja de ver el entorno en el que se mueve nuestra vida como algo a cuidar para pasar a considerarlo como un espacio a explotar para incrementar los beneficios de quien lo hace.

La denuncia de Francisco

Eso es, precisamente, lo que denuncia Francisco en su última Encíclica Laudato si (2) “La hermana tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que « gime y sufre dolores de parto »” La deshumanización a la que nos lleva ese pecado grave de pensar solamente en nuestro propio interés y de buscar a toda costa el tener más, se traduce en unos problemas medioambientales que no solo están reduciendo la calidad del ambiente natural en el que nos movemos hiriendo al suelo, al agua, al aire y a los seres vivos, sino que también está comprometiendo que las generaciones futuras puedan gozar de un entorno adecuado para su vida en la tierra.

Por una cultura del cuidado

Por ello Francisco nos propone que “junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad” (LS, 231) Esta cultura del cuidado se debe reflejar tanto en un nuevo estilo de vida en el que la búsqueda egoísta del propio bien se cambie por el deseo de construir el bien común con el resto de las personas, a un necesario cambio de estructuras que pretenda, no tanto la explotación de nuestros recursos y la generación de nuevos bienes, como el cuidado de la creación que nos ha sido dada, para que sea el marco en el que vivamos, nos desarrollemos y tengamos una vida plena, nosotros y nuestros descendientes. Por ello, ante la cultura de la propiedad, del hago lo que quiero porque es mío, de la explotación de los recursos, Francisco propone esa cultura del cuidado que pretende la convivencia armónica entre las personas y el resto de la creación. Una cultura que no solo no va en contra de la consecución de los recursos necesarios para vivir, sino que, es la única manera en la que se puede garantizar que en el futuro, las próximas generaciones sigan gozando de ellos.

 

 

 

 

 

 

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Cadernos de Ética em chave quotidiana

Em nosso desejo de espalhar os “cuadernos de ética en clave cotidiana” já temos uma página web com dois cadernos nesta língua.

Você pode acessá-lo facilmente:

http://cssr.pt/pim/cadernos-de-etica-em-chave-quotidiana/cadernos-de-etica-em-chave-quotidiana:117

http://cssr.pt/

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Globalización y bien común

Artículo publicado en la revista ICONO, año 119, nº 5, Mayo 2017, pág: 26 y 27

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La principal función del Estado en una sociedad es la de velar por la consecución del bien común. El objetivo de toda su actuación, tanto económica, como política o cultural es lograr construir unas condiciones sociales que permitan a todas las personas desarrollarse y perfeccionarse como tales. Si analizamos esta función desde el punto de vista económico, el Estado tiene la obligación de articular sistemas económicos que garanticen a todas las personas un nivel de ingresos mínimo que les permita desarrollar una vida digna. Esto se debe lograr sin menoscabo de la iniciativa de las personas y sus organizaciones, colaborando con el resto de la sociedad civil y potenciando un entorno favorable para la construcción de una sociedad inclusiva, plural, armónica y en la que nadie quede excluido o descartado. Esta es la verdadera vara de medir para saber si un Estado está cumpliendo correctamente su función. El Estado no puede sustituir a la sociedad civil, sino que debe ponerse a su servicio promoviendo que todos sus componentes colaboren en la consecución de ese bien común desde sus propias características y peculiaridades.

Una globalización que no ayuda a la consecución de estos objetivos

Sin embargo, la globalización creciente está llevando a que el poder del Estado nacional se vaya reduciendo progresivamente. Muchas políticas ya no pueden llevarse a cabo por un solo Estado porque la realidad globalizada de la economía deja sin efecto estas medidas tomadas a nivel nacional. La capacidad del Estado de lograr el bien común se ve, por tanto, limitada por una globalización que hace que las medidas tengan que tomarse a nivel internacional para que surtan efectos reales. Si un Estado quiere tomar decisiones que van en una dirección diferente a la globalización va a tener problemas para que estas tengan efectos reales sobre el Bien común. La consecución del bien común es, cada día más, una responsabilidad de la comunidad internacional que debe tomar parte de la responsabilidad del gobierno para perseguirlo.

Una globalización orientada en otra dirección

Sin embargo, nos encontramos ante un proceso de globalización que no tiene un gobierno que la oriente hacia el bien común. La globalización parece perseguir tan solo la consecución de un mayor crecimiento económico. De hecho, cuando políticos y economistas alertan sobre aquellos gobiernos o movimientos que propugnan tomar medidas contra la globalización creciente, siempre aducen que esto puede reducir el crecimiento económico mundial. Una organización económica que se basa en la liberalización total del mercado tiene una serie de fallos que van en contra del bien común, ya que (entre otros) produce e incrementa las desigualdades, favorece la concentración de la producción en pocas empresas por lo que acaba con la competencia y provoca ciclos económicos que hace que la economía vaya muy bien en algunas épocas y muy mal en otras. Estos y otros efectos son los que se están dando a nivel mundial debido a una globalización que se desentiende del bien común y se centra en lograr, tan solo, crecimiento económico.

La DSI propone la necesidad de un gobierno mundial para el bien común

Por todo ello la DSI demanda la necesidad de un gobierno mundial que regule el mercado mundial para que este instrumento válido se ponga al servicio de la construcción del bien común: “Cada día se siente más la necesidad de que a esta creciente internacionalización de la economía correspondan adecuados órganos internacionales de control y de guía válidos, que orienten la economía misma hacia el bien común, cosa que un Estado solo, aunque fuese el más poderoso de la tierra, no es capaz de lograr.” (Centesimus annus 58) Sin una orientación de la globalización en esta dirección, sin una voluntad concretada en una suerte de gobierno mundial, difícilmente el incremento de relaciones económicas internacionales puede beneficiar a todas y cada una de las personas que viven en el planeta. Podrá lograr, eso sí, un mayor crecimiento económico, pero a costa de los problemas ya señalados.

Distintas medidas a tomar

Juan Pablo II hablaba en su encíclica Sollicitudo rei socialis 43 de distintas medidas que podían concretar este gobierno mundial al servicio del bien común. Proponía allí reformar el sistema internacional de comercio, el sistema monetario y financiero mundial, mejorar los intercambios de tecnología entre países y mejorar la estructura de las organizaciones internacionales. Insistía en que es necesario “un grado superior de ordenamiento internacional, al servicio de las sociedades, de las economías y de las culturas del mundo entero” (SRS 43). Todas estas medidas y ese grado superior de ordenamiento debería ser una manera de lograr la solidaridad universal, una cooperación entre los países y entre las personas de distintas procedencias porque existe una fuerte interdependencia internacional de manera que todos somos responsables de todos. El hecho esencial es tomar conciencia de que, tal y como ya afirmaba Pablo VI “la cuestión social ha tomado una dimensión mundial” (PP 3), los Estados nacionales son insuficientes por si mismos para solucionar los problemas globales que hay que abordar y que tienen una dimensión internacional. El problema no es la globalización, sino como organizamos y hacia donde orientamos esta. Precisamos de organismos que dirijan esta hacia un bien común internacional tal y como nos indica la Doctrina Social de la Iglesia.

 

 

 

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