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¿Desarrollo sostenible?

Artículo publicado en la revista “En la calle. Revista Sobre Situaciones de Riesgo Social” nº 38, Septiembre-diciembre 2017, publicado por la Coordinación estatal, Plataformas sociales Salesianas.

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 1

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 2

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 3

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 4

Desarrollo sostenible es una expresión muy utilizada en nuestros días. Todas las sociedades parecemos buscar este objetivo que se presenta como la meta económica más adecuada para nuestros días. Sin embargo, tal y como es entendida esta expresión habitualmente, encierra una contradicción difícilmente resoluble que hace que tengamos que replantearnos esta idea.

Las definiciones que nos da el diccionario de la real academia sobre desarrollo y sostenible nos van a ayudar a entender mejor este tema. Desarrollar es, según la Real Academia de la Lengua: “Dicho de una comunidad humana: Progresar o crecer, especialmente en el ámbito económico, social o cultural” y sostenible: “Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. Tenemos pues las dos ideas básicas de un desarrollo sostenible. La primera es pensar en el progreso de la sociedad, en avanzar en un ámbito y la segunda es que este avance no suponga un agotamiento de recursos a medio o largo plazo.

Pero, ¿A qué clase de desarrollo nos referimos cuando hablamos de desarrollo sostenible? Porque el desarrollo implica una mejora, un avance, una posición mejor que la anterior. Para saber si avanzamos debemos conocer hacia donde queremos ir, solo conociendo el fin al que queremos llegar sabemos si estamos avanzando hacia él o no. Históricamente ha habido tres grandes concepciones de desarrollo que voy a describir someramente. Una es aquella que piensa que el desarrollo o el progreso se refiere sobre todo a las mejoras técnicas. Una nación o sociedad está más desarrollada cuando mayores avances tecnológicos ha logrado. En el siglo XIX esta concepción estaba muy generalizada y la confianza en la ciencia y en sus avances hacía que la concepción de desarrollo se centrase en este aspecto. La segunda tiene que ver con la justicia. Se piensa que una sociedad está más desarrollada en la medida que sus instituciones son más justas y están al servicio de las personas. Una sociedad sin pena de muerte, que respeta los derechos humanos, que organiza sus instituciones de manera justa, está más desarrollada que otra que hace exactamente lo contrario. Por último, existe una concepción de desarrollo que se identifica con una mejora económica medida como un incremento de los bienes que tenemos entre todos. Esta idea piensa que el desarrollo equivale al crecimiento económico, a producir más en un país en un año, a tener más cosas como carreteras, infraestructuras, nivel de vida, etc.

Cuando se habla de desarrollo sostenible se está considerando esta última concepción. Se está pensando en mantener un crecimiento económico que no agote los recursos necesarios para producir bienes y servicios. Se quiere, por tanto, combinar el tener más con el no agotar los recursos necesarios para la producción y lograr al mismo tiempo que no se deteriore excesivamente el medio ambiente. Sin embargo, esta concepción tiene dos grandes fallos que hacen que el concepto de desarrollo sostenible no sea viable tal y como se ha planteado hasta este momento.

Desarrollo no es crecimiento

En primer lugar debemos tener en cuenta que no es correcto identificar desarrollo con crecimiento económico. Como decía Pablo VI “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todas las personas y a toda persona” (Populorum progressio: 14). El desarrollo no es una cuestión únicamente ligada al crecimiento económico, no nos desarrollamos solamente porque tengamos más entre todos, porque nuestras naciones o el mundo sea más rico en su conjunto, el desarrollo tiene que ver (como ya hemos visto) sobre todo con que las condiciones de vida de las personas mejoren para que todas y cada una de las personas que habitamos el planeta seamos capaces de llevar una vida digna en el entorno en el que vivimos. Esto tiene que ver desde el punto de vista económico no con tener más, sino con tener lo suficiente para vivir. Y desde la otra perspectiva, tiene que ver con lograr unos niveles de justicia y libertad superiores, que sean respetados los derechos humanos, que todos podamos acceder a una buena educación y a una sanidad que permita que superemos las enfermedades que adquirimos, etc. Solamente con esa sociedad más justa podemos mejorar a las personas que en ella habitan.

No se puede crecer ilimitadamente

Por todo ello, pensar que el desarrollo se limita al crecimiento económico es olvidar toda la dimensión de una sociedad justa que tiene este concepto. Pero además, pensar que el crecimiento económico puede ser ilimitado y sostenible es considerar que puede darse algo imposible. Porque para poder producir más y más necesitamos recursos naturales que extraemos de la tierra. Es imposible producir un bien o servicio cualquiera sin utilizar recursos naturales. Esto quiere decir que incrementar la producción año tras año precisa de la utilización de más y más recursos.

Aquellos que defienden el desarrollo sostenible afirman que esto no tiene porqué ser así. Creen que hay tres factores que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra ya que no vamos a necesitar utilizar tantos recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Objetivo alternativo

Como hemos visto no parece posible que la humanidad siga teniendo más y más de una manera infinita a lo largo de los siglos venideros con una tierra que es finita y cuyos recursos tienen un límite. Por lo tanto cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, la respuesta para hablar de desarrollo sostenible no está en buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) sino de cambiar este objetivo por otro que, en su propia naturaleza, sea sostenible. Si logramos esto estamos solucionando de base el problema de la sostenibilidad, porque el propio objetivo a alcanzar es sostenible por si mismo.

Para hacerlo debemos de prescindir del crecimiento económico como objetivo económico deseable. Que crezca la producción mundial año tras año tiene una serie de problemas añadidos al ecológico que voy a resumir aquí. Por un lado, este crecimiento económico no alcanza a todos. A pesar de que logramos tener más entre todos, el número de personas que viven con menos de un 1,90$ al día sigue estando por encima de un 10% de la población mundial3 aunque esta cifra ha ido bajando en estos últimos años. Como no contamos con cifras mundiales sobre las personas que viven con menos de 3,10$ diarios (que podríamos considerar un umbral de pobreza también realista) no sabemos cuántas de quienes han dejado de ganar menos de 1,90$ diarios han salido realmente de la pobreza (es decir, ganan más de 3,10$ diarios -100 euros al mes aproximadamente-). Tenemos más entre todos, tocamos a más entre todos, pero no todos tienen lo suficiente para vivir. ¿De qué sirve tener más entre todos si sigue habiendo personas que no tienen lo suficiente para vivir? ¿Para qué queremos el crecimiento económico si no sirve para acabar con la pobreza?

La propuesta más adecuada para superar la contradicción irresoluble que supone pretender un crecimiento económico sostenible es dejar de buscar el bien agregado que supone el crecimiento económico para buscar el bien común, entendido esto como “El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (Pablo VI, Encíclica Gaudium et spes, 26) . El desarrollo de una nación y de la humanidad consiste, realmente, en perseguir este objetivo del bien común, es decir, que todas y cada una de las personas que viven en la tierra logren las condiciones que les permitan desarrollarse como personas y alcanzar sus objetivos vitales de una manera sencilla y adecuada.

El bien común económico

Cabe preguntarse si tener más y más es algo que logre este bien común y como hemos visto esto no es así. Por un lado porque no todos se benefician de este crecimiento económico y no tienen un nivel de vida suficiente para ser libres y poder desarrollarse como personas, pero por otro lado porque no hace falta tener más y más para lograr el objetivo vital de desarrollarse como personas. Muchos de nosotros tenemos la experiencia de que logramos este objetivo sin necesidad de tener más y más año tras año. A partir de una cantidad que nos permita cubrir todas nuestras necesidades y una parte de nuestras apetencias y deseos, tenemos lo suficiente para lograr nuestros objetivos vitales. No necesitamos ser más ricos para alcanzar esta pretensión.

Por ello, para lograr el bien común desde el punto de vista económico no es necesario tener siempre más, para poder desarrollarse como persona, para ser libre, no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. ¿Cómo entendemos entonces el bien común desde el punto de vista económico? El bien común es que “todos tengan al menos lo suficiente”. Es decir, el objetivo económico que mejor se ajusta con esta concepción del bien común es lograr que todas las personas tengan al menos lo suficiente para vivir. Debemos pasar de perseguir “tener más entre todos” a perseguir que “todos tengan al menos lo suficiente”. El desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no hayan pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Cabría preguntarse si este es un objetivo sostenible, si concebir el desarrollo como una sociedad en la que no existan personas necesitadas, es pretensión sostenible. La respuesta es fácil de intuir, en la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que no solo no tengamos que utilizar cada vez más recursos, sino que la cantidad de estos se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el apellido sostenible se hace innecesario porque el sistema por si mismo ya lo es.

Es posible

Algunos se pueden preguntar si esto es posible y la respuesta es otra vez sí. Durante siglos la producción mundial se ha mantenido estable, cuando a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX las sociedades occidentales comienzan a plantearse que deben organizar la economía de sus países para lograr el crecimiento económico, ponen los medios para ello y los resultados mundiales positivos (en este sentido) ya los he descrito aquí. Si ahora cambiamos nuestros objetivos, seguro que en un periodo más o menos largo de tiempo conseguimos encontrar los medios para lograr un sistema que permita que todos tengan lo suficiente y que no tenga problemas de sostenibilidad sino que sea sostenible por su propia naturaleza. Para ello necesitamos un cambio de mentalidad (que supone un cambio de estilos de vida entre otras cosas) y un cambio de estructuras, pero todo es ponerse manos a la obra. Es difícil (como todo lo que vale la pena en la vida) pero factible.

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 

 

 
 

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¿Qué es la elasticidad?

Os presento el primero de los vídeos pedagógicos sobre conceptos básicos de economía que voy a desarrollar sobre los próximos meses. Los encontraréis todos juntos en la nueva página de este blog que se titula “Conceptos básicos de economía”.

 
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Publicado por en septiembre 25, 2017 en Conceptos básicos

 

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Qué es la Renta Básica

Os presento un vídeo de 90 segundos en el que se explica alguna de las implicaciones más importantes de la Renta Básica:

Y aquí va una explicación en un audio de algo más de 10 minutos que fue emitido en Radio Nacional para complementar esta información sobre las diferencias entre una renta básica y una renta mínima.

ENTREVISTA EN RADIO NACIONAL

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Publicado por en febrero 9, 2017 en Estado Social, pobreza

 

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Nuestra economía necesita otra orientación

En la página 22 de la revista Alfa y Omega del jueves 12 de Enero de 2017: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1008_12-I-2017.pdf hemos publicado la crónica de la última reunión del Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico. En ella puedes encontrar los principales puntos de la reflexión que allí realizamos, en especial, de si es necesario o no cambiar nuestro objetivo económico.

articulo-sobre-2a-reunion-de-fcpee

 

El pasado 29 de Noviembre se reunía por segunda vez en Madrid el Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico (FCPEE). En esta ocasión el grupo de académicos que lo componemos tratamos el tema que nos va a tener ocupados este curso: debatir sobre si la economía está orientada en la dirección correcta o precisa de un cambio de dirección para que pueda cumplir realmente su función de potenciar el bien común y estar al servicio de todas las personas. A la espera de que en nuestra reunión de primavera elaboremos unos documentos en los que nuestras reflexiones a partir del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia se presenten de una manera rigurosa, voy a adelantar algunas de las cuestiones que ya hemos tratado y en las que debemos profundizar.

Toda nuestra reflexión parte de constatar que el principal objetivo económico de nuestras sociedades es el crecimiento económico. Todos los gobiernos y toda la acción económica se miran en el espejo del crecimiento. Las cosas están bien o mal hechas en economía según los resultados que se obtienen con respecto al incremento anual del PIB. Parece evidente que esto se hace así porque se piensa que el crecimiento económico no solo es siempre positivo para la población, sino que además es lo mejor que le puede pasar a cualquier sociedad. La riqueza de una sociedad se mide tan solo, en términos de producción agregada, es decir, sumando lo que tenemos cada uno de sus ciudadanos e intentando que el total sea el máximo posible.

Este es el primer elemento que estamos cuestionándonos en nuestro Foro ¿La riqueza de una sociedad es solamente medible en términos de producción agregada de bienes y servicios? ¿Puede haber una sociedad más “rica” que otra aunque sumen menos producción entre todos? Porque el tener por tener, no es un horizonte que llene a las personas. El tener es un instrumento para el ser y este es el que realmente hace “ricas” a las personas (Esta idea está reflejada en la Populorum progressio 19). Del mismo modo, considerar que el desarrollo se identifica con el crecimiento económico, es una idea reduccionista contra la que la DSI propone la idea de desarrollo integral, que va más allá de una visión exclusivamente economicista de la mejora de la población en su conjunto.

En esta reunión hubo un acuerdo generalizado en dos cuestiones que van a centrar la reflexión de este año. La primera es que pensar que la mejora de la sociedad se circunscribe al tener más, no solo es reduccionista, sino que puede llegar a ser perjudicial para la sociedad en su conjunto. Porque cuando el tener más se pone por encima de todo, se sacraliza como el objetivo prioritario de una sociedad y se le pide sacrificios a esta para lograr esa mejora económica agregada, se puede llegar a perder en humanidad, a considerar más importante el resultado económico final que a las personas que teóricamente serían sus beneficiadas. De manera que, un instrumento que puede ser útil, como es el crecimiento económico, al ponerlo por encima de todo lo demás y darle la prioridad absoluta, pasa a ser un horizonte perjudicial para la convivencia y para la libertad de muchos.

El segundo punto de acuerdo sobre el que vamos a seguir reflexionando era que no se puede medir la mejora o el bienestar de una sociedad a través de unidades de medida agregada. Es decir, no podemos ver la salud económica de un conjunto de personas sumando lo que pasa con cada una de ellas y sacando el valor agregado o la media aritmética de todos los miembros de un colectivo. Y esta no es una medida adecuada porque corre el riesgo real de priorizar a quienes más aportan y olvidar o descartar a quienes no suman, lo que produce exclusión y desdén hacia quienes no tienen nada que aportar.

En el Foro pensamos que el enfoque adecuado para ver si las políticas que se aplican son correctas o no, no es mirar por el bien agregado (la suma de bienes de cada uno) sino centrarnos en el bien común y esto implica que la mejora solamente es tal, si quienes están peor mejoran. Mirado esto desde el punto de vista exclusivamente económico sería afirmar que la economía mejora no si la renta per cápita lo hace, sino si hay menos pobres. El foco se traslada desde el valor agregado o la media hasta lo que sucede con los más desfavorecidos. Dicho de una manera sencilla, se pasaría del “tener más entre todos” al que “todos tengan al menos lo suficiente”.

Esta reflexión precisa de más debate y de aportaciones de todos los miembros del Foro, por lo que continuaremos con ella en la reunión de primavera. Esperamos, cuando esta acabe, poder ofrecer a la sociedad un documento de reflexión y debate que incida de una manera especial y profunda en estos temas. Creemos que es necesario extender esta reflexión al resto de la sociedad ofreciendo pensamiento riguroso, interdisciplinar y responsable, que estimule a repensar cómo estamos gestionando nuestros asuntos económicos para armar una economía que esté realmente al servicio de la sociedad y de todas las personas que la componen.

 

 

 

 

 

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Economía y utopía. La economía al servicio de las personas

En el marco del II encuentro de ética y sociedad, se celebró una mesa redonda titulada “Economía y utopía. La economía al servicio de las personas” en la que participamos MIGUEL SEBASTIÁN GASCÓN,  ENRIQUE LLUCH FRECHINA, PABLO GARCÍA SÁNCHEZ y  JERÓNIMO PEÑALOZA BASTO.

En esta mesa redonda el ex-ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastían y yo, mantuvimos un apasionante debate sobre el objetivo económico de nuestras sociedades.

Aquí tenéis el vídeo en el que podéis seguirlo.

Si deseáis ver más vídeos de este Encuentro de Ética y Sociedad, podéis entrar en: http://aula16.biomedicinayetica.org/2138-2/

 

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Medidas de conciliación y resultados empresariales

 “Medidas de conciliación y resultados empresariales”

Aquí tenéis un artículo que publiqué hace un tiempo en:

En Abril Stoffels, R. (coord.). Conciliación hoy (pp. 405-428). Madrid : CEU Ediciones.

Os lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/7822

familia dibujada por niña

 
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Publicado por en agosto 15, 2016 en Economía humana, trabajo

 

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El desarrollo en África subsahariana : principales desafíos

En esta ocasión os presento un artículo que escribí hace un tiempo sobre el desarrollo en África subsahariana:

“El desarrollo en África subsahariana : principales desafíos”. En Guardiola, J., Strzelecka, E., y Gagliardini, G. (coords.). Economía y desarrollo humano : visiones desde distintas disciplinas (pp. 239-261). Granada: Universidad de Granada.

Lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/7866

19

Podéis encontrar más entradas de este blog sobre África en:

Tesis doctoral: Un análisis de Desarrollo Dual: el caso de la República Sudafricana

El apartheid mundial

Homenaje a los otros Mandela

Artículo sobre educación, agua, higiene y enfermedades

 
 

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Economía Solidaria en Ferrol

El próximo lunes 23 de Mayo voy a estar presente en Ferrol con tres actos a lo largo del día.

Comenzaremos en el campus de la Universidade da Coruña. A las 12:00 hablaremos sobre hacia dónde reorientar la economía.

Luego, a las 17:30 presentaré mi último libro “Una economía que mata” en la galería Sargadelos.

Y por fin, a las 20:00 en el centro Afundación, hablaremos de “cómo construir una economía solidaria”.

Si estáis en Ferrol o cerca de esta ciudad, espero veros por allí en uno de los tres actos

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una economía que mata

CARTEL GENERAL CONFERENCIAS DE CORPUS 2016

 

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Más allá del decrecimiento: propuestas para una nueva economía

El próximo martes 26 de Abril a las 19:00 en el Salón Teatro Centro Cívico San Agustín de Burgos, realizaré una charla coloquio titulada “Más allá del decrecimiento: propuestas para una nueva economía”.

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Estáis todos invitados

 

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¿Bien común o Bien total?

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 1, Enero 2016, pág: 26 y 27

Bien total bien común 1

Bien total bien común 2

Se oye hablar mucho en estos últimos tiempos del bien común. Es un concepto que parece estar otra vez de moda. Tal vez sea esa corriente económica que se denomina la “Economía del bien común” la que lo ha devuelto al lugar del que nunca debería de haber salido. Oímos este concepto en la arena política, se nombra en los debates, se habla de él con más frecuencia que hace unos años. Por ello, en estas breves líneas voy a intentar aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de bien común y en especial, qué es éste desde el punto de vista económico diferenciándolo de lo que se denomina “bien total”.

El bien común desde la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia define el bien común como: “El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. El bien común hace referencia, por tanto, a varios aspectos. El primero es que se refiere a la vida en sociedad. La organización social, la manera en la que nos organizamos para la convivencia mutua es la que determina el bien común. La segunda es que esta organización social se pone al servicio de las personas, se subordina a que estas puedan alcanzar, gracias a ella, su propia perfección. Dicho de otro modo, es una manera de estructurar la sociedad que ayuda a que cada uno de nosotros nos sintamos reforzados y apoyados para ser más y mejor personas.

El bien común y la economía

Dentro de nuestra organización social, también está incluida nuestra organización económica. Según esta concepción de bien común, la manera en la que organizamos nuestros dineros tiene que estar al servicio del crecimiento personal y grupal de las personas y sus asociaciones. Es decir, debemos organizar nuestra economía de modo que nos ayude y nos permita ser más y mejor personas. Esto se traduce en una economía con una vocación de apoyo a las aspiraciones humanas más profundas. Una economía al servicio de las personas que les permite, a través de proveerlas de lo necesario para vivir, hacer y ser aquello que desean. Quizá la cuestión clave dicho esto, es conocer si la economía actual está, realmente, consiguiendo y persiguiendo este objetivo, o se está centrando en otro.

La economía al servicio del bien total

Cuando analizamos la economía actual, podemos darnos cuenta que esta tiene como objetivo primordial el crecimiento económico. Este es definido como el aumento anual del Producto Interior Bruto y este es la cantidad de bienes y servicios que producimos en un país en un año. Tenemos como objetivo que crezca lo producido en nuestra región, país o en el mundo lo que, expresado de una manera sencilla, podríamos definir como “tener más entre todos”. Cabe preguntarse si este “tener más entre todos” es realmente el bien común, nos ayuda a todos y cada uno de nosotros a lograr de manera efectiva nuestra perfección. Para descubrirlo, no hay más que describir cómo se calcula. El método es sencillo, no tenemos más que sumar lo de cada uno y ver el resultado. Esto significa que quien más gana, más aporta y quien gana poco, aporta poco. Al final, si alguien no suma nada (porque no gana nada) pero los otros suman mucho, el total puede aumentar aunque haya gente que no tenga nada y se muera de necesidad y de hambre. Al bien total le da igual el reparto, no es necesario que todos tengan, lo importante es que quien sume, lo haga en una cantidad elevada para que el resultado final sea más alto. A la economía que busca el bien total no le preocupan quienes no tienen y no aportan, solo que quienes tienen suman aporten más y más para que el total aumente. Por ello, perseguir el crecimiento económico, no garantiza por si mismo que todos puedan lograr ser libres gracias a tener cubiertas sus necesidades. Hay gente que queda fuera y estos son irrelevantes para una economía que persigue el bien total.

Cómo se concreta el bien común en la economía

Por ello, el objetivo de la economía debe cambiar si queremos perseguir realmente ese bien común que anhelamos los cristianos y muchos que no lo son. Se trata de pasar del “tener más entre todos” al “tener todos al menos lo suficiente”. Es decir, el objetivo de la actividad económica debe centrarse en gestionar los recursos que tenemos en nuestro planeta para que todos tengamos al menos lo suficiente, no para que podamos producir el máximo posible. Porque si tenemos más, pero no llega a todos ¿Para qué nos sirve tener más? La prioridad debe, por tanto, cambiarse. El bien común económico debe centrarse en que lo que tenemos, esté al alcance a todos, llegue para que todos tengan lo necesario. Así lograremos realmente que cualquier persona pueda desarrollarse como tal gracias a que tiene lo suficiente para vivir y esto le sirve como soporte para hacer aquello que quiere y para ser aquello que desea. Solo persiguiendo esto, podemos poner realmente la economía al servicio de la persona.

 

 

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Taizé y la economía

Artículo públicado en la revista ICONO, año 116, nº 11, Diciembre 2015, pág: 14 y 15

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Dentro de muy poco (los últimos días de este mes) tendremos en mi querida Valencia la anual peregrinación de confianza de la Comunidad de Taizé. Para quienes no conozcan Taizé les comentaré que se trata de una comunidad ecuménica situada en la pequeña aldea de Taizé, en Francia, muy cerca de la antigua abadía de Cluny. Una zona bellísima que combina granjas, sembrados y pequeñas y antiguas poblaciones con zonas forestales donde es fácil encontrarte con algún venado de pequeño tamaño durante un silencioso paseo. Pero si el paisaje es extraordinario, el milagro de este lugar no es solamente la tranquilidad que se vive por sus alrededores, sino que exista una comunidad ecuménica a la que acuden durante todo el año miles y miles de jóvenes europeos en su mayoría (aunque no solo, algunos vienen de otros continentes). Protestantes, católicos, ortodoxos… Se unen durante unos días para rezar juntos, para compartir, para conversar. Las diferencias de cultura, ritos, costumbres, lengua y origen, se rompen en un ambiente alegre y espiritual a la vez, en el que es fácil sentirse hermano del otro. Saber que lo que nos une puede ser más fuerte que lo que nos separa.

El encuentro internacional en una ciudad de Europa

Ese mismo milagro que se repite semana tras semana en la comunidad de Taizé, también se repite año tras año en una ciudad de Europa. La comunidad se traslada casi en pleno a ese lugar, para llevar ese mensaje de esperanza y unidad a las principales ciudades de Europa. Los cinco últimos encuentros fueron, por orden cronológico en Rotterdam, Berlín, Roma, Estrasburgo y Praga. Ahora le toca a Valencia que se llenará, este final de año, de miles de jóvenes de toda Europa que viajarán allí para vivir unos días de oración y esperanza junto a unos valencianos que nos volcaremos en su acogida durante estas fechas.

¿Tiene algo que ver Taizé con la economía?

Pero, en una sección como la mía en la que suelo hablar de temas económicos, uno podría preguntarse por qué introduzco este tema en esta sección. ¿Tienen algo que ver Taizé y la economía? Para responder solamente voy a desarrollar dos apuntes de esta relación. El primero es que juntar a miles de personas en un espacio (ya sea Taizé o una ciudad europea) requiere de una gestión económica adecuada para no fracasar en el intento. El segundo tiene que ver con aquello que como economista, he aprendido en Taizé, especialmente con respecto a la construcción de estructuras económicas virtuosas.

Lo económico al servicio de la misión

Como ya he nombrado en alguna ocasión en esta sección, lo económico no es lo más importante, pero tiene que funcionar bien para que se cumplan el resto de los objetivos. Cuando he hablado de la comunidad de Taizé y he intentado definirla para aquellos que no la conocen, no he tratado cuestiones económicas, no son importantes. Lo clave de la comunidad es otra cosa, es otro elemento. Dicho esto, acoger a miles de jóvenes semanalmente durante años y años, tiene un componente económico que no hay que olvidar y que si se gestiona mal, puede comprometer el futuro de la comunidad. En este sentido, hay dos cosas que quiero resaltar y que desde fuera (no conozco las cuentas de la comunidad) me parecen importantes y un modelo de cómo hacer las cosas. La acogida se paga entre todos, es decir, todo el que va a Taizé colabora en el mantenimiento de la comunidad y en los costes que su acogida genera. Ahora bien, no se cobra a todos lo mismo. Los precios están ajustados a la capacidad adquisitiva y la renta per cápita de la nacionalidad del acogido. De este modo, no pagan lo mismo los nacionales de un país más rico (su precio es superior) que aquellos que vienen de una nación más humilde. Además, los precios tienen siempre una horquilla, porque no todos nacionales de un país tienen los mismos posibles. El que llega elige el precio que paga, escoge cuánto aportar a la comunidad. De este modo, cada uno paga según lo que tiene y no según lo que va a recibir (todos reciben lo mismo). Del mismo modo, todos los que son acogidos en la comunidad colaboran con el mantenimiento de la misma con su trabajo, es un pago en especie que educa a los jóvenes y les ayuda a ser conscientes del inmenso trabajo que se necesita para mantener una comunidad como esta, que les abarata la estancia y que les ayuda a comprender que el trabajo también es un espacio de convivencia, de alegría y de colaboración necesaria en la construcción del Reinado de Dios en la tierra.

Qué me ha enseñado Taizé sobre economía

Esto nos demuestra varias cosas. La primera es que puede funcionar una institución desde el punto de vista económicos cuando la gente elige lo que paga, cuando la decisión sobre el precio no depende exclusivamente de quien ofrece el bien, sino de quien lo demanda y decide cuanto quiere aportar. Confiar en la gratuidad puede resultar en la existencia de algún gorrón pero es posible desde el punto de vista económico y evita que haya excluidos. La segunda es que creando estructuras virtuosas se consigue que el trabajo no aparezca como una maldición bíblica, sino como un espacio en el que desarrollarnos como personas, en el que querer más a nuestro prójimo. La economía es así una oportunidad para el encuentro y la relación con el otro. La economía se pone entonces en su lugar, al servicio de la persona y de la sociedad, al servicio de los jóvenes, de su espiritualidad y de su vida.

 

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Entrevista en Hoy por Hoy Huelva

Aquí tenéis una entrevista que me hicieron en el programa Hoy por Hoy Huelva de la Cadena SER el día 27/10/2015

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-emitida-programa_rf_9220058_1.html

Conferencia en huelva

 
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Publicado por en noviembre 12, 2015 en ética económica

 

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Es posible una economía más humana

Aquí tenéis una conferencia que impartí este verano en el curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo titulado “¿Una economía para las personas? Propuestas.

 
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Publicado por en septiembre 2, 2015 en ética económica

 

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Preparación para el curso de Nuevas Economías de la UIMP

Os propongo una lectura para preparar el curso de este verano de la UIMP. Aunque es una publicación que ya os anuncié en su momento, puede ser bueno releerla o hacerlo por primera vez ahora.  En ella encontraréis un resumen de las propuestas para una nueva economía que existen en estos momentos.

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdfPáginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivo

 
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Publicado por en mayo 26, 2015 en ética económica

 

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España por reformar

Sal Terrae ha editado un libro en el que soy uno de los coautores que se titula “España por reformar. Propuestas políticas, económicas y sociales” En él hay diversas propuestas realizadas desde el humanismo cristiano que sugieren caminos para mejorar el funcionamiento de nuestro país.

españa por reformar

El próximo martes 12 de Mayo a las 18:30 realizaremos un debate en Valencia, en el Palacio de Colomina, tres de los autores del libro, en el que expondremos y debatiremos sobre algunas de estas propuestas. Os invito a todos a que asistáis.

Invitacion España por reformar definitivo

Si queréis más información sobre el libro, la podéis encontrar en: http://jesuitas.es/index.php?option=com_content&view=article&id=1069%3Aqespana-por-reformarq-nueva-publicacion-que-busca-el-debate-para-una-reforma-integral&catid=34%3Ajesuitas-espana&Itemid=63&lang=es

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Publicado por en mayo 6, 2015 en ética económica

 

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La utopía global

Está disponible en Internet un artículo que escribí hace un tiempo pero que no deja de estar de actualidad en el que analizo si realmente la globalización económica se mueve en pos de una utopía o en pos de una falsa utopía.

utopía global

En este artículo demuestro que se nos ha convencido de que la globalización puede lograr una utopía cuando realmente no lo es.

Os animo a que lo léais.

Lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/7128/1/La%20utop%c3%ada%20global.pdf

 

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¿Son compatibles la economía y el cristianismo?

Conferencia impartida en la Diócesis de Valencia en la que intento contestar a tres preguntas:

1.- ¿El cristianismo tiene mensaje económico?
2.- ¿La economía y nuestra fe son esferas independientes?
3.- ¿Se refuerzan mutuamente la espiritualidad cristiana y el
quehacer económico?

Su título es: Espiritualidad cristiana, luz del trabajo y la economía

 

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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Los cambios en la política monetaria

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1565, Noviembre 2014, pág: 13-14

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En los primeros jueves de septiembre y octubre, Mario Draghi comunicó nuevas medidas de política monetaria para los últimos meses de 2014 que se prolongarán durante dos años. Estas medidas intentan luchar contra un peligro que se cierne sobre la eurozona: la bajada generalizada de precios o deflación. Para ello se han articulado dos sistemas de compra masiva de activos financieros privados que pretenden inyectar dinero en la economía que se destine, finalmente, a la inversión privada, de modo que se reactive la demanda, se genere crecimiento económico y se evite que los precios bajen.

Para un no lego en la materia puede parecer paradójico que después de escuchar durante años y años que hay que luchar contra la inflación, esto es, contra la subida generalizada de precios, ahora que no suben y que probablemente bajen, se vea esto como un problema. Ante ello y, antes de entrar en otros aspectos del fenómeno, hay que comentar que está constatado que una inflación moderada (menor de dos dígitos) no crea grandes problemas económicos. Sin embargo, una deflación puede ahondar en la parálisis económica que la genera y traer consecuencias negativas sobre el crecimiento económico.

El motivo principal es que una bajada generalizada de precios provoca que se pospongan todas las compras no necesarias ya que las personas piensan que si van a bajar los precios, mejor esperar a comprar algo a que estén más bajos. Esto hace que la demanda disminuya, que se compre menos y que, por tanto, no solo haya menos crecimiento, sino que los oferentes se vean obligados a bajar más los precios para poder vender. Se crea así una espiral deflacionista difícil de parar (lo que también sucede al contrario cuando las cifras de inflación son superiores a dos cifras).

El Banco Central Europeo (BCE) se ha fijado en sus estatutos un límite máximo de inflación de un 2%. Se trata de un límite restrictivo que no tienen otros Bancos Centrales y que pretende defender la fortaleza del euro beneficiando a aquellos que tienen sus ahorros en esta moneda y que invierten en ella (ya que una inflación tan baja les permite que sus ahorros no pierdan capacidad adquisitiva). Sin embargo, esta política tan restrictiva en momentos de recesión como los actuales ha provocado algunos problemas económicos que ahora estamos pagando, ya que el miedo a la inflación elevada ha provocado que no se hayan realizado políticas como las que ahora se proponen con antelación.

A pesar del ejemplo de EE.UU. donde se llevan aplicando esta clase de políticas desde hace tiempo sin que se dispare la inflación (en contra de las previsiones de los contrarios a las mismas) el BCE no ha querido extender el dinero en circulación para tener controlada la inflación por debajo de un 2%. Esto ha provocado, entre otras cosas, que la falta de demanda comprometa la recuperación (llevamos siete años de crisis y no parece que vayamos a salir en breve de la situación) y que aquellos que tengan deudas no vean el valor de las mismas reducido (lo que habría sucedido si la inflación hubiese sido más alta).

Podríamos pensar que más vale tarde que nunca. Aplicar unas políticas expansivas que permitan sacar más dinero a circulación para poder generar algo de demanda que impulse el crecimiento y que incremente la inflación, es en este sentido bienvenido. Pero, parece que llegamos un poco tarde y que sus efectos no serán los deseados por tres motivos. En primer lugar los bonos que se adquieren son privados (es decir, se financia a empresas privadas) y falta que estas vean como conveniente trasladar estos fondos a financiación de empresas o de la economía, ya que se corre el peligro de que se utilicen simplemente para refinanciar lo que ya se debe y que esta financiación barata no salga del sector financiero. En segundo lugar, al encontrarnos en un panorama deflacionista, no se puede esperar que estas medidas provoquen una inflación que permita a los deudores reducir sus deudas vía la pérdida del poder adquisitivo de la moneda. El tercer motivo es que la cuantía de las compras parece insuficiente para provocar los efectos deseados. El hecho de que en el mismo BCE haya partidarios y detractores de estas políticas ha llevado a Mario Draghi a aplicarlas en una cuantía intermedia que intenta contentar a todos pero que puede resultar insuficiente.

Por otro lado, podemos plantearnos si esta financiación no tendría mejores resultados si se orientase hacia el sector público. Es decir, si en lugar de prestar a los intermediarios financieros para que estos puedan realizar su función de generar beneficios con mayor facilidad, se financiase al sector público directamente, permitiendo que este pudiese reducir sus pagos de intereses y su déficit y deuda pública. Desde el punto de vista del bien común, parece que esta medida podría ser más beneficiosa para la sociedad en su conjunto que la simple financiación privada.

Por todos estos motivos, no cabe esperar unas consecuencias espectaculares de las medidas de política monetaria, en especial para aquellos que tienen más problemas económicos y para los sectores más empobrecidos por la crisis. Las medidas pueden evitar la deflación (lo que ya es un logro por sí mismo y que además es el objetivo que tienen) pero opino que no tendrán muchas más consecuencias positivas. Llegan tarde (lo que no tendría por qué ser un problema), son insuficientes y además, están mal encaminadas apoyando solamente al sector privado y olvidando a un sector público al que la crisis financiera ha maltratado enormemente.

Necesitamos una política monetaria más imaginativa, más agresiva, más audaz que sea capaz de salirse de los cauces más ortodoxos y que ayude realmente a escapar de la recesión en el que estamos y no para ahondar en ella. Como decía un protagonista de una novela de Emilio Salgari “a grandes males, grandes remedios”. Los grandes males no pueden solucionarse ni haciendo lo de siempre ni con remedios tímidos. Hay que saber afrontar las situaciones graves con políticas que estén a su nivel.

 
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Publicado por en octubre 28, 2014 en ahorro y finanzas

 

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Los salarios bajan, la demanda se debilita

Artículo publicado en la Revista Noticias Obreras, nº 1563, Septiembre 2014, páginas 13 y 14

Septiembre 2014 Los salarios bajan 1Septiembre 2014 Los salarios bajan 2

El pasado Junio, nuestro ministro de economía Luis de Guindos le quitó importancia al hecho de que los salarios estuvieran bajando (y perdiendo su capacidad adquisitiva) de cara a la recuperación de la demanda en nuestro país y por tanto, de la recuperación económica. Su argumentación ha sido repetida con frecuencia y se basa en dos puntos clave: que una rebaja de salarios es buena porque mejora la competitividad de nuestros productos en el exterior y que la recuperación económica no tiene por qué provenir de un incremento de la demanda interna, sino del impulso de la oferta, es decir, de la mejora de la confianza de las empresas que les lleve a invertir y a generar más empleo.

Pues bien, voy a analizar estos dos argumentos para aportar un poco de luz en el debate y poner las cosas en su sitio. En primer lugar, hay que decir que el argumento de que una bajada de salarios incrementa la competitividad, puede ser cierto si esta bajada de salarios se traduce en una reducción de los precios del producto y el resto de variables se mantienen constante. Dicho de otra manera, la competitividad se incrementará si conseguimos vender más barato el mismo producto.

Siendo esto cierto, también lo es que la bajada de salarios no es la única manera de lograr incrementar la competitividad. También se puede conseguir reduciendo el margen de beneficios empresariales. Claro que esta opción suele ser tabú… En la medida que la prioridad son, precisamente, las ganancias de los accionistas de una empresa, rebajar éstas para reducir los precios suele ser algo que, sencillamente, escandaliza y no se contempla. Pero existen otros sistemas para reducir los precios de los bienes, como son todos aquellos que derivan de incrementar la productividad. Si los mismos trabajadores consiguen producir más en el mismo tiempo, el coste de producción también se reduce y con ello se logra un margen para la reducción de precios. El camino del incremento de la productividad parece, desde el punto de vista de la mejora de la sociedad, una senda más aconsejable por las repercusiones económicas que tiene a largo plazo que la simple bajada de salarios.

Además de estas propuestas, el incremento de competitividad por la reducción de salarios viene forzado, con frecuencia, por un entorno internacional en el que existen países en los que los salarios son exageradamente bajos. Nosotros exigimos a estos países que produzcan los bienes que nos venden cumpliendo una serie de requisitos técnicos. Si los productos no cumplen estos requisitos, no se pueden vender en nuestro país. Sin embargo, no les exigimos ninguna clase de condición social en la producción, las exigencias sociales se consideran trabas al comercio internacional mientras que las exigencias técnicas no lo son porque protegen a los compradores de bienes defectuosos o que no cumplan bien su cometido.

Vuelve a darse aquí una cuestión de prioridades. La nuestra son los ciudadanos de nuestro país, por eso exigimos requisitos técnicos para que no se electrocuten utilizando un secador del pelo (por ejemplo) pero nos dan igual las condiciones sociales de quienes producen ese secador porque lo que queremos es que nos lo vendan lo más barato posible (para así poder comprar más cosas con el mismo salario). Los trabajadores de los otros países no nos importan, lo que queremos es máxima calidad a mínimo precio.

Es evidente que esta cuestión se resolvería exigiendo unos mínimos sociales y salariales para las empresas productoras de igual modo que se exigen mínimos técnicos para producir un determinado bien. Esto se podría hacer tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Si se pusiese en práctica esta manera de afrontar el mercado, la bajada de salarios no sería necesaria para una mejora de la competitividad y las políticas de producto deberían centrarse en otros aspectos.

Por último, también podríamos mejorar nuestra competitividad generando inflación y logrando que nuestra moneda se depreciase. Si bien este sistema no es sostenible a largo plazo y si no se controla cuidadosamente puede generar problemas económicos grave, aplicado de una manera razonable y temporal puede traer buenos resultados. Nuestra pertenencia al euro y una política monetaria basada en baja inflación y en el mantenimiento del valor de la moneda para no perjudicar al sector financiero que trabaja con ella, hacen que esta clase de políticas no se contemplen en la actualidad.

Por otro lado tenemos la argumentación sobre quien va a ser quien genere empleo y recuperación económica. La idea de que produciendo más y mejor, va a llevar a que haya personas que compren esta producción y que, por lo tanto, hay que insistir en la oferta y no en la demanda, ha sido demostrada como falsa por los hechos y por los teóricos. Es necesaria una demanda que compre lo que se produce. La recuperación no puede venir solamente por el incremento de la producción si esta no la compra alguien. Para ello necesitamos, o bien que haya otros países que compran esos bienes que producimos y que por tanto permitan esa mejora económica, o bien que la mejora de la confianza se traduzca no solo en mayor producción sino también en un nivel más elevado de compras por parte de los nacionales, o bien que el incremento de la producción se traduzca en un aumento de los salarios y de las rentas de las personas para que estas puedan también comprar lo que se produce.

Parece evidente que, si los salarios no aumentan y las rentas de la clase media se reducen, los dos últimos supuestos no se darán con demasiada facilidad, lo que nos puede llevar a que tengamos que confiar solamente en la demanda exterior para afianzar nuestra recuperación. La demanda debe ser tenida en cuenta en cualquier circunstancia económica al mismo nivel que la oferta ya que la economía consiste precisamente en esto, el intercambio precisa de productor y comprador, de oferta y demanda. Si una de las dos falla, no se realiza el intercambio… Pensar que una economía nacional puede funcionar de una manera boyante con una demanda débil y con una mayoría de personas con bajos salarios, no parece que sea realista…

 

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Mesa Redonda sobre Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana

El miércoles 1 de Octubre de 2014 se llevó a cabo una mesa redonda titulada “Desigualdad y Pobreza en la Comunitat Valenciana” en el aula magna de la Nau. Participamos en ella Francisco Goerlich, catedrático del departamento de Análisis Económico de la Universitat de València, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Vicent Andrés, responsable del programa de Análisis Social de Cáritas-Valencia, Fernando Contreras, presidente de la Coordinadora Valenciana de ONGDs y director de Oxfam-Intermon (Valencia) y yo mismo, Enrique Lluch, profesor de Economía y Empresa de la Universidad CEU y director del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valencia.

Si quieres verla ha sido gravada y puedes seguirla en su totalidad en:

(La mayoría está en castellano aunque hay algunas cortas intervenciones en valenciano)

http://nauxxi.uv.es/?p=4330

stop a la pobreza
 

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Tertulia en el programa El Faro de TV Mediterráneo

El martes 30 de Septiembre de 2014 participé en una tertulia de un programa que se denomina “El Faro” de TV Mediterráneo (cadena de televisión de ámbito autonómico de la Comunidad Valenciana) hablando de un informe sobre pobreza en la Comunidad Valenciana que acabamos de publicar. Mi participación se circunscribe a la primera media hora de programa.

Os recomiendo que lo veáis (los que no sois valencianos no os asustéis porque comience en valenciano, solamente se hace en esta lengua la presentación, el resto es en español). Sobre todo porque en él se ve claramente las reacciones que se dan en la sociedad cuando se habla de este tema (no en todos los tertulianos claro está).

En un primer momento todos están de acuerdo con la gravedad del problema.

Después comienzan a buscarse peros para quitarle hierro, que si las familias compensan, que si las maneras de medirlo no son demasiado exactas, que si ya ese están haciendo muchas cosas para remediarlo, etc.

Al final se busca algo para desviar la atención y dejar a un lado este tema que parece no interesa, en este caso fueron las multas por mal aparcamiento del ayuntamiento de Valencia.

No dejéis de verlo, es muy educativo.

El enlace es el siguiente: http://webtv.tvmediterraneo.es/video/?videoId=e-547

programa el Faro

 

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Tesis doctoral: Un análisis de Desarrollo Dual: el caso de la República Sudafricana

La Universidad de Valencia ha publicado en formato digital mi tesis doctoral que se titula: Un análisis de Desarrollo Dual: el caso de la República Sudafricana. Si queréis saber algo más sobre la componente económica del Apartheid, podéis acceder a ella en http://roderic.uv.es//handle/10550/38822

paisaje sudafricano 2

 
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Publicado por en septiembre 25, 2014 en Desarrollo económico

 

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Mejorar el control de las transacciones financieras

Artículo publicado en el periódico Levante el 10 de Septiembre de 2014 en su página 46

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Noticia publicada en “Valencia Económica, Diario Económico Valenciano”:

Enrique Lluch aboga por crear un impuesto internacional sobre transacciones financieras para frenar las operaciones vinculadas a la corrupción

http://valenciaeconomica.com/blog/2014/09/09/enrique-lluch-aboga-por-crear-un-impuesto-internacional-sobre-transacciones-financieras-para-frenar-las-operaciones-vinculadas-a-la-corrupcion/

Si además, queréis leer el artículo al que se hace referencia en estas noticias, en esta otra entrada del blog tenéis el enlace: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2014/07/07/como-avanzar-hacia-una-economia-social-de-mercado/

 
 

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El bienestar de un país no se mide con el PIB

Tenéis aquí ecos periodísticos del artículo que escribí ya hace un tiempo titulado: “¿Crecimiento o decrecimiento? A propósito de los últimos cincuenta años”. Uno es escrito y el otro de radio.

El escrito es una entrevista que me han realizado en el periódico digital Valencia Plaza.

La podéis encontrar en http://www.valenciaplaza.com/ver/136358/enrique-lluch-bienestar-social-pib.html

y la segunda es una entrevista que me han hecho sobre este artículo en Radio Nacional. En el siguiente enlace tenéis el corte de ocho minutos

https://soundcloud.com/uchceu/estudio-del-ceu-sobre-economia-entrevista-profesor-enrique-lluch

Si queréis escuchar el programa enterlo aquí lo teneis. La entrevista la podéis encontrar entre el minuto 3:00 y el minuto 10:56

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Si la UE no es una Unión Social ¿Para qué sirve?

Artículo publicado en el periódico Levante EMV, en su suplemento dominical El Mercantil Valenciano EMV, el domingo 15 de Junio de 2014 en su página 18

Si la UE no es unión social para qué sirve

El pasado 25 de Mayo tuvimos la oportunidad de ver los resultados a las elecciones europeas. No hace faltar recordar que quizá, la característica esencial de estos resultados en todo el espectro europeo, fue el crecimiento de las fuerzas euroescépticas y poco complacientes con la UE actual y la pérdida de peso de aquellos partidos que se encuentran más cómodos con la estructura política y económica de la Unión Europea en la actualidad.

El propósito de este breve artículo no es otro que señalar una de las causas que, a mi juicio, han provocado esta orientación en el voto de millones de europeos. No voy a realizar un análisis exhaustivo de todas los motivos que pueden haber llevado a esto, sino simplemente de uno de ellas que tiene una relación directa con las instituciones económicas en las que hemos basado la construcción de nuestro espacio común.

Para ello quiero recordar la afirmación que realizó en plena campaña electoral (el 21 de mayo) Ángela Merkel: “La Unión europea no es una Unión Social”. Así de categórica se mostró en afirmación en una entrevista publicada al finalizar la campaña electoral y hay que enmarcarla en la política alemana. Es decir, se realizó en clave nacional a propósito de los supuestos abusos que realizan algunos ciudadanos no alemanes del sistema de bienestar alemán. Sin embargo, la frase tiene un calado que va más allá, no solo por lo que dice, sino también por la persona que la pronuncia.

Según el diccionario de la Real Academia, social es “perteneciente o relativo a la sociedad”. Por ello, si alguien afirma que la Unión Europea no es social está diciendo que no pertenece o no tiene relación con la sociedad. Puede parecer duro, pero sin embargo es realista y además, no debería sorprenderlos. El primer nombre de la UE fue CEE, que como muchos recordarán significaba Comunidad Económica Europea y, en estos momentos, los especialistas sabemos que la Unión Europea es, realmente, una Unión Económica y Monetaria (aunque en esta última no participan todos los países).

Pero claro, una unión económica debería ser social también, por que la economía debería estar al servicio de las personas y de la sociedad ¿O no es así? Una organización económica funcionará bien en la medida que esté al servicio de la sociedad y sirva para que las personas se desarrollen como tales y salgan ganando con la organización económica de su país o región. Y esto, desgraciadamente, no parece que sucede en nuestra Unión Europea.

Este es, evidentemente, el problema. La contraposición es clara, la unión económica y monetaria no es una unión social, es otra cosa. Lo prioritario en ella no son las personas, no es la mejora de toda la sociedad europea, sino la bonanza de los indicadores económicos. Como se ha visto en esta crisis, a la hora de establecer las medidas necesarias para paliar sus graves consecuencias, se ha priorizado la devolución de las deudas financieras, se ha prestado dinero público a los deudores para que pudiesen hacer frente a los pagos a financiadores privados, se han tomado medidas para garantizar la salud financiera de los endeudados y que se comprometiese lo menos posible la devolución de sus deudas, se ha seguido priorizando la lucha contra la inflación de tal manera que ahora se teme precisamente lo contrario, la bajada de precios generalizada…

Esta reacción de la UE no debería sorprendernos. Cuando el Banco Central Europeo habla sobre las ventajas que tiene el Euro para la Comunidad Europea en sus propios documentos, afirma que son, entre otras: La rebaja de costes de cambio de divisas y de aseguramiento de riesgos ligados a estas, la eliminación de barreras a la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, así como el fomento de la competencia dentro de la UE, la transformación de los mercados financieros y de los resultados macroeconómicos del conjunto de la Unión Europea, el incremento de las transacciones y de la inversión entre países de la Unión Europea y dar importancia al euro como moneda a nivel internacional en la medida que se incrementan los flujos financieros en euros.

Nos encontramos pues ante una Unión Europea que no es social, sino económica. Ante una institución que tiene como principal preocupación el mantenimiento del status quo económico. Que prioriza los beneficios logrados en los mercados financieros a los conseguidos con una economía real. Que tiene como prioridad aplacar a los financiadores y seguir las pautas que estos marcan, para lograr que estos les financien de la manera más barata posible (el ya clásico: “los mercados nos obligan”).

Y esto es lo que muchos europeos sienten, lo que muchos ciudadanos en muchos países notan. No tienen por qué entender de economía, tal vez no sepan exactamente por qué ni puedan explicar qué está sucediendo, pero se dan cuenta de que la UE no es una unión social, no está al servicio de los ciudadanos, acaba no beneficiándoles. Por ello votan a corrientes euroescépticas o a partidos que quieren cambiar radicalmente la UE o, simplemente, no van a votar… Se encuentran ante esa Europa que antes se definía como “La Europa de los mercaderes” y que ahora también podríamos redefinir como “La Europa de los financieros”. Una UE que no les convence, que no les ayuda, en la que no se sienten a gusto.

Por ello creo que debemos decirle a los grandes partidos y, especialmente, a los dos principales grupos de la eurocámara (el popular y el socialista) que hay que darse cuenta de esta cuestión clave: Si la UE no es una unión social ¿Para qué nos sirve? Si nuestra unión no refuerza la sociedad europea y no se pone al servicio de todos y cada uno de los ciudadanos europeos favoreciendo unos mínimos para todos ellos ¿Para qué unirse? ¿Sólo para que sea la UE un buen entorno para hacer grandes negocios? Esta clase de Unión no convence a la ciudadanía, no resulta atractiva para aquellos que no son partícipes de los beneficios que genera, no es positiva para la sociedad y esta la respaldará cada vez menos.

 
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Publicado por en junio 16, 2014 en Estado Social

 

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¿Hemos superado la crisis?

Artículo publicado en el boletín nº 26 de primavera de 2014 de la  “Asociación Resurgir” de Huelva en su página 7

hemos superado la crisis, huelvaCrónica del encuentro de profesionales cristianos en Huelva

crónica de encuentro de Huelva

¿Hemos superado la crisis? Esta es una pregunta recurrente ante la que parece que no hay una única respuesta. Ante los mensajes optimistas del gobierno, que siempre (sea cual sea el color del que manda) va a intentar mostrar la cara más amable de su gestión, existe una población que mira a su alrededor y no ve grandes signos que justifiquen el optimismo desbordado que emana de unos políticos inmersos en una campaña electoral. La oposición, por su parte, se debate entre decir que no es oro todo lo que reluce (y pagar caro su pesimismo ante una población ávida de buenas noticias) y sumarse al carro de la recuperación para explicar que ellos podrán gestionarla bien. Ante esta realidad, quiero ofrecer un análisis sosegado y prudente sobre lo que está pasando en la economía para intentar responder a la pregunta que encabeza este artículo.

En primer lugar hay que señalar que en toda crisis (ya sea esta personal, económica, social o política) hay un momento en el que se toca fondo, en el que ya no se puede ir a peor. En la actual situación parece que hemos llegado a ese punto, que estamos en el punto inferior de la crisis. Si en lugar de estar en lo más hondo, siguiese incrementándose el paro, continuase reduciéndose el Producto Interior Bruto y creciendo la pobreza y las desigualdades durante mucho tiempo, nuestro panorama sería realmente muy desalentador. Pero todos los indicadores nos hacen pensar que esto ya no va a pasar, que realmente estamos en un punto en el que no vamos a ir a peor, y esto parece una buena noticia.

Realmente, después de siete años de un desempleo creciente y con unos niveles de crecimiento económico ridículos, parecía que era la hora de llegar a este punto. Si observamos al anterior gran crisis que tuvimos en nuestro país (la de los años setenta) esta fue la cantidad de años que necesitó la economía para comenzar a crear empleo mientras que los años de muy bajo crecimiento o decrecimiento fueron solo cuatro. Sería pues deseable que, si se confirma lo que todos los indicios parecen mostrarnos, estemos en la base del comienzo del despegue hacia una etapa de mejora económica.

Sin embargo, los datos macroeconómicos siguen sin ser demasiado buenos. Estamos en un panorama de bajadas de precios que no ayuda a la recuperación (si los precios bajan se aplazan las compras no necesarias, se compra menos y la economía no avanza), la deuda pública es más alta que nunca, el déficit estatal sigue siendo algo, el crecimiento económico se recupera pero sigue siendo muy bajo y se sigue destruyendo empleo a pesar de las cifras de paro registrado del mes de abril (que reflejan el crecimiento de la semana santa como las de diciembre reflejaron el de las vacaciones navideñas).

Sin embargo, estas malas cifras no han sido óbice para que hayamos recuperado la confianza de los prestamistas/inversores internacionales. Esto, además, es un motivo de alegría para algunos y una prueba del éxito de las políticas gubernamentales. Y digo esto, porque desde el principio, el principal objetivo de todas las políticas económicas del gobierno español (comandado por la Unión Europea) ha sido este, que los prestamistas/inversores internacionales no perdiesen y volviesen a invertir en nuestro país. Es evidente que esto se ha logrado. Por un lado, muchas de las deudas que se tenían con ellos, ahora se tienen con el Estado. Este pagó a los prestamistas/inversores con el dinero público y ahora es él a quien se le debe el dinero. Por otro, los precios han bajado tanto en España que los prestamistas/inversores extranjeros vuelven a ver atractivo comprar o financiar en España a precios de ganga para vender en un futuro no muy lejano logrando (eso esperan al menos) pingües beneficios.

Además, los prestamistas/inversores internacionales han disipado sus dudas iniciales. Cuando comenzó la crisis tenían una gran desconfianza en nuestro país y en el resto de la Unión Europea, pensaban que se podían tomar decisiones para solventar al crisis que fuesen en contra de sus intereses y que les hiciesen perder dinero. Ahora ya saben que esto no ha sido así, que de los posibles caminos que se podían tomar para superar la mala situación, se tomó aquel que menos problemas les suponía y con el que iban a minimizar las pérdidas. No solo eso, sino que han conseguido garantizar que esto va a seguir siendo así durante los próximos años lo que les permite volver a financiar con seguridad y garantías.

Los cambios que ha propiciado esta crisis y sobre los que se ha asentado la incipiente recuperación, han ido encaminados a que los inversores-prestamistas sigan teniendo un entorno favorable para materializar en beneficios sus negocios financieros con el mínimo riesgo. Cabe preguntarse, con toda legitimidad, si este era el camino más adecuado, si la refundación del capitalismo de la que habló Nicolás Sarkozy cuando comenzó esta crisis es esto: un mundo más fácil para aquellos que se dedican a las finanzas.

Y también cabe preguntarse por aquellos que están asumiendo los costes de esta situación desastrosa. Sabiendo que los niveles de empleo previos a la crisis de los años setenta tardaron veinte años en volverse a alcanzar ¿Podemos esperar un ritmo rápido de recuperación en nuestro país? Y si avanzamos pero muy poco a poco ¿Qué va a pasar con todos aquellos que siguen en una situación crítica? ¿No siguen ellos estando en crisis y hundiéndose a pesar de la situación general?

 

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Desafío total: la desigualdad

Artículo de Eduardo Esteve, publicado en el periódico Las Provincias el pasado domingo 1 de Junio, en su página 45

desafío a la desigualdad de Eduardo Esteve

 

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«La tasa de pobreza llama la atención, pero es más grave la desigualdad»

Entrevista a Jesús Pérez Mayo Profesor de Económicas e investigador del Informe FOESSA, realizada por el Periódico Extremadura el día 6 de Abril de 2014

entrevista jesús 1-1entrevista jesús 2

El profesor Pérez Mayo

alerta del aumento de las

desigualdades y lamenta

que el ministro de

Hacienda haya puesto

en duda los datos sobre

pobreza de Cáritas

BADAJOZ. Jesús Pérez Mayo es profesor

en la Facultad de Económicas

de la UEx en Badajoz, pero su concepción

de la economía no coincide con

las corrientes mayoritarias. Desde

que terminó la carrera ha centrado

sus esfuerzo en el análisis de la pobreza

y las desigualdades, un empeño

que terminó convirtiéndolo en

uno de los investigadores que colaboran

con Cáritas cuando se publican

informes sobre pobreza y cohesión

social como el que se ha hecho

público estos días. «En la situación

en la que estamos, lo que no podemos

hacer es dejar desamparada a la

gente», advierte.

El informe de Cáritas indica que

12 millones de españoles están afectados

por procesos de exclusión social.

¿Tan mal están las cosas?

Lo que la gente ve es que Cáritas, el

Banco de Alimentos o Cruz Roja dan

comida, pero lo que nunca sale son

las necesidades de la gente. Y no es

que en España la gente pase hambre,

pero a lo mejor hay gente que tiene

un trabajo de 700 euros y va a Cáritas

a pedir comida porque paga 600

euros de hipoteca. Esa es una realidad

que se está viviendo también en

Extremadura, donde una parte de las

familias está dentro de ese 34% de

pobreza del que se habla en nuestra

región. A lo mejor son la familia que

vive en el tercero o en el quinto y que

son como nosotros, no son esa gente

que vive en un vagón de ferrocarril

abandonado, pasando hambre,

sino familias donde trabajaban el padre

y la madre pero se han quedado

en paro y con los 486 euros no llegan

a fin de mes.

El ministro de Hacienda, Cristóbal

Montoro, decía estos días que

esas cifras no son reales.

Hace unos años no había datos oficiales

sobre pobreza y Cáritas tenía

que generar esos datos. Ahora sí los

hay. De hecho, los datos publicados

por Cáritas Española sobre Precariedad

y Cohesión Social de este año, al

igual que el informe de Cáritas Europa,

usan como fuente Eurostat (la

Oficina Estadística de la Unión Europea)

y el Instituto Nacional de Estadística,

que depende del Ministerio

de Economía. Otra cosa es que los

datos no nos gusten. A mí tampoco

me gusta que Extremadura tenga un

34% de pobreza, ojalá tuviéramos las

tasas de País Vasco y Navarra, que son

las que mejor están. Una sociedad

madura y responsable tiene que usar

los indicadores, y lo mismo que usamos

la tasa de paro o el crecimiento

del PIB para ver si una economía funciona

o no, tendremos que ver los indicadores

de pobreza y desigualdad

para saber si una sociedad funciona

o no. Yo creo que una tasa de pobreza

del 34% nos dice que algo estamos

haciendo mal.

El informe FOESSA de Cáritas revela

que España es el segundo país

con mayor tasa de pobreza infantil,

solo por detrás de Rumanía. Montoro

tampoco se lo cree.

Yo en mi casa tampoco veo pobreza

infantil, pero que yo no la vea en

mi casa, donde trabajamos mi mujer

y yo, no quiere decir que no exista en

Badajoz, que no exista en Extremadura

y que no exista en España. Seestá notando en sitios como la universidad,

donde los alumnos, por el

efecto de las tasas y por el efecto de

las becas, se están matriculando de

menos créditos que antes, y donde

algunos que antes estudiaban fuera

de Extremadura ahora se quedan aquí.

¿Quiere decir que son pobres? No,

pero sí que están pasando dificultades,

y eso no podemos negarlo.

Decir que el 34% de los extremeños

están bajo es umbral de la pobreza

es muy duro.

En España ese porcentaje estaba en

el 21,6% durante el último año, mientras

que en Extremadura la tasa de

pobreza oficial, la recogida por el INE,

es del 34,15%. Ese dato no habla de

las personas que viven en una situación

de exclusión social, no habla de

personas que están teniendo que ir

a un comedor social a comer, ahí se

incluye a muchas familias y personas

que pasan dificultades económicas

en el día a día. En la pobreza hay

escalas y en ese 34% habrá personas

que tengan que ir a un comedor social,

otras para las que el problema es

que no pueden pagar la luz y otras

que a lo mejor no tienen problemas

para pagar nada, pero si se les estropea

la lavadora tienen que pedir un

crédito. No quiere decir que estén pasando

hambre, porque incluso puede

que tengan trabajo, pero sí que están

pasando dificultades.

¿Una persona con trabajo puede

vivir bajo el umbral de pobreza?

La gente ahora pelea por un salario

de 600 euros. Yo recuerdo la época

en la que ser mileurista era malo. No

creo que el salario medio de los trabajos

que se están creando sea superiores

a mil euros.

Datos alarmantes

De todos los datos del informe,

¿cuál alarma más?

La cifra de pobreza es la que más llama

la atención porque es un porcentaje

que permite escribir un titular,

pero el problema más grave es la desigualdad.

Que la desigualdad se mantenga

y en algunos casos aumente va

a hacer que la pobreza no disminuya.

La OCDE dice que está aumentando

y en otro estudio del Consejo

Económico y Social se ve que en el

período de crisis los más afectados

han sido los que peor estaban al inicio,

mientras que los que mejor estaban

en 2008 incluso han mejorado.

Yo entiendo que alguien diga que una

persona que ha trabajado mucho merece

recibir el rendimiento de lo que

ha hecho. Pero uno se pregunta si en

el caso de Goirigolzarri, consejero delegado

de Bankia, realmente lo que

trabaja produce como resultado lo

que gana. Yo ahí dudo, y no pienso

que sea un mal profesional. Tal vez

fuera necesario establecer unos máximos

y unos mínimos. Alguien que

sea más productivo debe ganar más

que el que no lo es, pero no puede ser

que uno gane 10.000 y el que trabaje

un poquito menos gane 100, porque

a lo mejor el que gane 100 tiene

la tentación de pincharle las ruedas

del coche al que gane 10.000.

Ante la pobreza hay dos maneras

de situarse: ayudar a quien lo está

pasando mal o poner toda la carne

en el asador para crear empleo y lograr

así que la gente se gane la vida

trabajando. ¿Qué funciona mejor?

Montoro dijo algo que en parte es

cierto, que para salir de la pobreza era

necesario el crecimiento económico

y el empleo. Eso es necesario, pero

no suficiente. El problema que tuvo

España durante la expansión económica

es que la economía creció mucho

pero no hubo redistribución. Aunque

no hubiera habido crisis, la pobreza

hubiera aumentado porque la

desigualdad aumentó.

¿Cómo se podría haber logrado una

mayor igualdad social?

Con una política fiscal mejor. Pero

las administraciones públicas no se

preocuparon porque la expansión inmobiliaria

trajo grandes ingresos a

las administraciones públicas. Es más,

dijeron que bajaban los impuestos

porque se estaba ingresando mucho.

En España no se acostumbra a hacer

evaluación de las consecuencias antes

de hacer una reforma fiscal. Pienso

en el famoso cheque bebé, de repente

el señor Rodríguez Zapatero

dijo que se iba a aprobar y cuando le

preguntaron al ministro Solbes las

condiciones de la medida no las sabía

nadie. ¡Parecía que se le había ocurrido

al presidente sobre la marcha!

¿Aquella medida fue positiva?

En el caso del cheque bebé se pudo

plantear que la ayuda fuese regresiva.

Se debió pensar si se le iba a dar a

todo el mundo o sólo a quien la necesitara.

Y también cómo se iba a saber

si alguien la necesitaba.

Ahora se habla en Extremadura de

Renta Básica en Extremadura. ¿Le

gusta la medida?

Prometer una cosa es sencillo, pero

llevarla a la práctica es complicado.

No sé si la renta básica es un ejemplo

de hacer políticas sin medir ni evaluar

previamente los efectos, pero

me pongo en el lugar de las personas

que han solicitado la renta básica y

que aún están esperando que les digan

si se la conceden o no, o que sin

estar en una situación boyante ni normal

han visto que se la denegaban.

Yo creo que la denegación genera bastante

frustración en esas personas.

¿Dónde está el problema?

No sé si el problema es que cuando

se propuso la Renta Básica no se tenía

claro cuál iba a ser la demanda y

las peticiones han desbordado las previsiones

o el problema ha sido que

no se explicó bien la medida y hubo

una demanda excesiva porque personas

que no cumplían los requisitos

pidieron esa renta sin saber que

no cumplían con las exigencias. Lo

que sí está claro es que tanto Extremadura

como España necesitan una

red de seguridad coordinada, no es

normal que en cada comunidad autónoma

cambien la cuantía y los requisitos

de estas rentas de inserción.

Renta básica y empleo

¿Se corre el riesgo de que los perceptores

de la Renta Básica pierdan

el interés por trabajar si reciben una

renta por no hacer nada?

Va a haber gente a la que si le dan

una renta sin trabajar va a preferir no

trabajar, pero esos son los menos. Esa

es la caricatura, lo mismo que desde

algunas comunidades autónomas se

dice que los extremeños y los andaluces

usamos el PER para tomarnos

cañas mientras ellos se parten el lomo.

Ya le gustaría a Extremadura que no

hubiera PER y que no hubiera fondos

europeos. Yo desearía que en Extremadura

el porcentaje de pobreza

no fuera un 34%, desearía que Extremadura

tuviera que dar dinero para

que otras comunidades autónomas

crecieran, porque eso significaría que

estamos bien. Pues eso que ocurre

con Extremadura es lo que sucede

con la inmensa mayoría de la gente

que recibe una prestación. En la situación

en la que estamos no podemos

dejar desamparada a la gente.

Su tesis coincide con lo que propuso

Cáritas hace unos días.

Cuando Francisco Lorenzo, el director

del servicio de estudios de Cáritas,

decía que se podría acabar con la

pobreza con el dinero que el Gobierno

se va a gastar en el rescate de las

autopistas no estaba pidiendo que no

se rescaten las autopistas y que se dedique

ese dinero a un fondo que reduzca

la pobreza extrema, sino que

puso un ejemplo para que la sociedad

entienda lo que supondría llevar

a cabo esa medida. Si se compara una

cifra con lo que el Estado se ha gastado

en el rescate de la banca, ya puedes

ver si es mucho o poco. Y cuando

hablo del Estado tenemos que entender

que no es un extraterrestre

que viene a la tierra, sino que somos

nosotros. De alguna manera, la sociedad

deberá decir qué le parece el

camino que llevamos y las políticas

que se toman.

¿Es posible una sociedad más justa

o se trata de una causa perdida?

Depende de lo que nosotros queramos.

Personalmente yo no voy a dejar

de luchar. Cuando empecé con la

tesis doctoral siempre decía en tono

de broma que conocía a todos los investigadores

sobre pobreza en España,

que entonces éramos seis. Pero

la crisis ha dado la razón a los pesados

que decíamos que detrás de la

fachada del todo va bien, si la cosa

se torcía un poco, habría mucha gente

que podría empezar a pasarlo mal.

Es lo que ha ocurrido.

«El umbral se sitúa en 7.182

euros para una persona sola»

:: E. F. V.

BADAJOZ

¿Quién está detrás del Informe

FOESSA?

La Fundación FOESSA (Fomento

de Estudios Sociales y Sociología

Aplicada) se constituyó en 1965 con

el impulso de Cáritas Española y ha

publicado varios informes desde entonces.

A mí me pidieron que participara

en el VI Informe y desde entonces

colaboro en esos estudios.

¿Qué es el Informe FOESSA?

Un informe que se realiza con una

periodicidad de tres o cuatro años

donde se analiza cómo ha evolucionado

la sociedad española. No

sólo es de condiciones de vida, también

habla de exclusión social, de

inmigración, de políticas públicas.

Y como todos los trabajos de Cáritas,

no se limita a contar, sino que

también quiere proponer.

¿Cuál es el sistema de cálculo de

la tasa de pobreza?

La pobreza, tal y como se mide en

la Unión Europea y en España, es

un concepto relativo. No se usa la

misma línea de pobreza en España

que en Portugal. Para calcularlo se

divide a la población de un país en

dos mitades ordenando sus rentas,

y se coge como referencia la renta

de la persona que está justo en el

medio. Pues bien, se considera que

las personas que no alcanzan el 60%

de ese valor central están por debajo

del umbral de la pobreza. Y ese

dato se aplica a todo el país, es el

mismo en Extremadura que en Cataluña,

por eso en Extremadura sale

una tasa alta de pobreza, porque la

renta extremeña es inferior.

¿A partir de qué renta se considera

que alguien está por debajo

del umbral de la pobreza?

En 2012 se ha fijado ese valor

en 7.182 euros, muy por debajo

de los 7.700 euros que se consideraban

en 2009. Esa cifra se corresponde

con una persona que

vive sola, porque el valor varía

en función de las circunstancias

personales. A los 7.182 euros se

les aplica una especie de índice

corrector (el índice de necesidad),

porque una familia con tres hijos

no gasta en los niños el triple

que una que tenga un solo hijo.

Por tanto, para calcular en una

familia de cinco miembros el umbral

de pobreza no se multiplican

los 7.182 euros por cinco, sino

que ese valor es inferior.

 
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Publicado por en mayo 13, 2014 en pobreza, Privación

 

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No, a un dinero que gobierna en lugar de servir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 4, Abril 2014, pág: 12 y 13

 

no aun dinero que gobierna 1no aun dinero que gobierna 2

Como vimos en el anterior artículo de esta serie, el dinero no es un problema en si mismo. Se trata de un instrumento que hemos creado los humanos para poder facilitar los intercambios, para poder llevar adelante de una manera más sencilla nuestras actividades económicas. Una sociedad sin dinero, una sociedad en la que todo se limitase al trueque, sería una sociedad muy limitada, en la que no podríamos hacer gran parte de las actividades económicas que nos son útiles para la vida. De hecho, la mayoría de las estructuras de trueque que existen en estos momentos en muchas ciudades de nuestro país, utilizan alguna clase de dinero, como la equivalencia en horas trabajadas, vales intercambiables, etc. El dinero no es, pues, un problema en si mismo. Lo es cuando existe un excesivo amor al dinero que hace que este sea quien gobierna en nuestras vidas y en nuestra sociedad y de esto habla Francisco en este apartado.

Si el dinero gobierna los valores de referencia cambian

El hecho de ser un instrumento útil para la sociedad, un elemento que nos facilita la vida, quiere decir que necesitamos un dinero que esté a nuestro servicio. Por ello, el dinero tiene que ser utilizado con criterios éticos y no adaptar los criterios éticos a la búsqueda de más dinero. Francisco constata, por el contrario, que ante el gobierno del dinero, la ética parece ser molesta. Con frecuencia escuchamos que las empresas no son ONGs, que una cosa son los criterios éticos que nos sirven para solucionar los elementos de nuestra vida y otra son los criterios que hay que utilizar en la economía para poder ganar más… Es muy habitual encontrar a personas que utilizan unos criterios diferentes para su vida y para sus actividades económicas, no solo entre los no cristianos sino también entre los cristianos. Algunos de estos últimos intentan, de buena fe, aplicar los valores cristianos de la bondad, la solidaridad y el amor en su comportamiento diario y en la práctica totalidad de sus actividades cotidiana mientras que, en los asuntos económicos, sus criterios son diferentes y es el dinero el que gobierna sus actuaciones de manera que ven imposible aplicar los mismos valores que en su vida diaria.

La ética es molesta a la economía del beneficio

Por ello Francisco avisa sobre el peligro de poner la economía al servicio del dinero. Tal y como ya hizo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate, nos alerta sobre la absolutización del mercado. Cuando este es el único criterio de actuación y todo se tiene que hacer por y para él, la ética es una molestia y los criterios que utilizamos para nuestra vida aparecen como peligrosos, sospechosos y contraproducentes desde un punto de vista exclusivamente economicista. El mundo económico se muestra así, con frecuencia, como enemigo de la ética, enemigo de los criterios cristianos de actuación, enemigo del bien común, enemigo de la solidaridad o de la gratuidad… Todo esto es sospechoso a los ojos de la economía y quienes utilizan estos criterios para las actividades económicas aparecen o bien como ignorantes o ingenuos, o bien como personas que están yendo en contra del interés general…

La alternativa ética

Ante esta opción Francisco anima a que introduzcamos la ética en la economía. A que el dinero se ponga al servicio de la sociedad (como debería ser su verdadera vocación) avisando de que no compartir con los pobres es similar a robarles. Por ello realiza un llamamiento a introducir en la economía la solidaridad, la ayuda a los pobres, la promoción del más desfavorecido, la economía debe estar al servicio de este objetivo y ponerse decididamente del lado de quien peor lo pasa. Al final, hay que tener en cuenta lo que magistralmente dijo Benedicto XVI en el número 36 de su Encíclica Caritas in Veritate: “no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo”

Animar a los políticos a ser valientes

Francisco no es un iluso o un insensato. Sabe que para un cambio de esta índole se necesitan políticos valientes, que superen la gran cantidad de obstáculos que tiene esta manera de entender la economía y que tengan una clara visión de futuro. Por ello anima a aquellos que tengan puestos de responsabilidad a afrontar este reto con energía, determinación y realismo. Por ello exhorta a todos “a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”

 

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Conference in the Society for International Development. Final Summary

Summary Report Frechina_final_Página_1Summary Report Frechina_final_Página_2On 14 April 2014, SID NL welcomed Enrique Lluch Frechina, Professor of Economics and Economic Ethics at the University CEU Cardenal Herrera, to give a lecture about the diverse solutions citizens put into practise in times of crisis. He mainly addressed the current economic situation in Spain. The discussion was moderated by Sandra Rottenberg, Board Member of SID NL and Director of “De Globaliseringslezing”.

Introduction

Before beginning his lecture, Enrique Lluch Frechina was asked by Sandra Rottenberg about a comment he made earlier about statistics. According to Frechina, the criteria of national statistics are often changed by the government, so that poverty and inequality are masked. In 1988 the government finished with a research on poverty and inequality on mandatory demand of the European Union, yet Spain changed all the criteria in this survey. While working with this data Frechina experienced a lot of problems since it was so inconsistent. Therefore, Frechina accumulates his own statistics with the FOESSA foundation, to map social injustices and exclusion. According to the data he collected, the national available income per capita has decreased with almost 15 per cent. Youth unemployment has risen to around 55 per cent of the population. There are approximately 1.8 million families in Spain whereby no family member is employed. To give an indication of the future prospects, the last crisis in the 1970’s took Spain 20 years to recuperate from.
Individual Solutions
The number of people receiving government support has more than doubled in the period between 2007 and 2011. Depending on the autonomous community, families receive between 300 and 658 Euros of (public) support. Gas and water as well as public transport prices have gone up, while people have lower or even entirely lost their incomes. Families are often the main ‘institution’ to provide for the unemployed. Many people, often with ages above 30 are moving back in with their parents.
Older people who had good salaries their entire life are now receiving pensions that are proportionally bigger than most incomes. This distribution of wealth seems not only inefficient, since these retired people already have enough money, it is often perceived as unfair. The employed of this generation have to work more to make these pensions available in times of crisis. Many are not even building up pensions for themselves. The solutions that are put into practice by Spanish people are unsurprising; people acquire several temporal jobs, or keep their old job under worse conditions and lower wages. Furthermore, informal labour is on the rise and people stop buying luxury goods.
The migration to other countries, even overseas to Latin America is often mentioned as an individual solution to the crisis. However, there are no clear statistics since the government does not differentiate between natives or naturalised Spaniards. This is why, according to the statistics, Ecuador is the fourth biggest migration-destiny, (Ecuador can hardly be labelled a vibrant economy as it is one of the poorest countries in Latin-America). The (native) Spaniards who do migrate are often qualified and education, albeit they do not leave the country in large numbers as was the case in the 60s and 70s.
Contrary to our expectations, alternative economic strategies such as responsible local consumption, cultivation of own food, becoming self-sufficient, creating barter structures, time banks or social money, assembling in consumption groups, switching to bike transportation or buying goods on second hand markets are not yet very popular among Spanish people. Yet, a change in mentality is underway.

To conclude

Frechina is very critical about the strategies Spanish people pose as solutions, though there are some positive changes. A minority is finally recognising the problems of the poorest groups in society. Government policies that do not address the growing inequality are starting to receive more criticism. Moreover, a minority is using ethical banks and are starting to buy in a more conscious and responsible way. According to Frechina most importantly, Spanish people realise that living with less is not a big problem if you can meet your basic needs. To have more goods does not automatically imply that one has a greater welfare; therefore relational goods are gaining importance as a way to measure welfare. Needs and desires should be distinguished, goods that represent status should be reconsidered. Businesses should take more social responsibility and should care less about profits for shareholders.

Discussion

Sandra Rottenberg mentioned the Spanish immigrants from the 1960s and 1970s that came to the Netherlands and who were actually worse off than the Spaniards that stayed in their home country. Furthermore, because Spain is a rural society, people are more rooted in the village they live in. According to Rottenberg this is why the Spanish are not so willing to emigrate.
When asked about the general atmosphere, Frechina answered that in Spain most people do not show frustration. However, people have decided to stop reading newspapers, stop watching the news and they have lost interest in politics altogether. The bad news in the media leaves a negative impression of politics which results in despondency. The government appears to be positive because the economy is growing once more and the investors are returning. Yet, Spanish people are still left without jobs.
Does it appeal to Spanish people that they are part of the European Union? Spain receives the most European students, yet Frechina thinks this is because of the beach and the “fiestas”. But the actual European feeling is only vivid amongst educated people. The support people used to have for Europe has vanished. Frechina also informed that although education is free, since last year students do have to pay if they remain longer in school than necessary, which is disadvantageous to the poorest.
A question from the audience was if alternative economy approaches such as the “Vivir bien” ideology of indigenous populations in Ecuador and Bolivia serve as an inspiration to Spaniards. To a minor extent they do, yet the focus is very different. The “Vivir bien” economy comes from Marxist, indigenous and ecological currents. It is very mixed, they are especially thinking about the rights of the natural resources. A similarity between the “Vivir bien” and the Spanish approach is the rejection of the thought that “having more is our only goal”. Acknowledging economic growth as the main goal promotes selfish behaviour of the human being. This is contrary to the way we educate our children, since being selfish is usually taught to be a negative characteristic.
So why have Spanish people chosen individual strategies over social and political movements that might have a bigger chance of addressing the root of the problem? Of course there is the 15-May Movement –the Spanish equivalent of the Occupy Movement-, but it had little or no impact. There was no desire to form a political party. People are worried about personal problems and find it hard to see their problems generalised in legislation.

On a last note, Frechina once again stressed the need for people to be aware that “having more” is not a sustainable path to the future since it brings out the selfish part of humanity.

 

 

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El apartheid mundial

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1556, Febrero de 2014, pág: 13-14

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A finales de 2013 volvió a la actualidad un país al que le tengo un especial cariño, Suráfrica. Las fructíferas y añoradas estancias que realicé allí y el hecho de haber consagrado mi tesis doctoral a su economía, han hecho que desde hace años siga con interés su actualidad y que siempre tenga deseos de volver a pasar allí una larga temporada… Sin embargo, en España ha sido casi un país desconocido. El movimiento en contra del régimen discriminatorio surafricano (apartheid), no fue excesivamente popular en nuestro país y se redujo a minorías concienciadas de Madrid y algún otro punto de España. El conocimiento de su historia y de su realidad fue, y es, muy escaso. Me atrevería a decir que tan solo el mundial, la película “Invictus” y ahora, la muerte de Mandela, han puesto al país en el mapa aunque sin profundizar demasiado.

Sin embargo, creo que estudiar el sistema económico y político del apartheid es interesante para entender la situación mundial en la que estamos inmersos. La palabra “apartheid” significa desarrollo separado y en eso consistía el sistema político y económico que rigió este país desde la mitad hasta el final del siglo XX. El gobierno suráfricano impuso (a partir de teorías antropológicas y culturales que también utilizaron los nazis para su ideología) una división de Suráfrica en pequeñas naciones (homelands o batustanes que no eran reconocidos internacionalmente) para alojar allí a la población negra. Cada raza negra tenía su propio “homeland” donde hablaban su propio idioma, tenían sus propios gobernantes y se “desarrollaban” por si mismos.

La población negra no era, por tanto, ciudadana de la parte blanca del país (lo que propiamente era Suráfrica). Por ello, no podía tener propiedades allí, ni montar negocios, ni votar, ni estudiar, ni nada por el estilo. Ahora bien, los blancos necesitaban a la mayoría de población negra para trabajar en sus empresas y minas y precisaban que fueran trabajadores baratos para poder ser competitivos a nivel internacional. Por ello, permitían la migración de esta población entre los Batustanes y Suráfrica. Los varones jóvenes salían de sus “homelands” para ir a la parte blanca a trabajar mientras las mujeres, niños y ancianos quedaban allí.

Para hacerlo tenían unos pases en los que se indicaba en qué zona del país debían estar, cuanto tiempo podían estar allí y cuando debían volver a su “batustán”. De este modo, los negros tenían limitada su capacidad de movimientos y si algún policía les pedía su pase y veía que no estaba en el lugar que le correspondía, o no lo llevaba encima, lo metía en prisión y lo devolvía después a su “homeland”. Se sabe que todos años miles de negros eran llevados a prisión por estar en un lugar diferente al que indicaba su carnet o por no llevarlo encima.

Sin embargo, a pesar de esta separación política, se trataba de un país con una economía integrada, que funcionaba como una única zona económica. Esto provocaba una dependencia mutua entre las zonas blancas y las negras. Las primeras necesitaban de las segundas debido a que les proporcionaban trabajadores baratos y sin derechos (no eran considerados ciudadanos sino extranjeros). Mientras que las segundas dependían de las primeras ya que el dinero que entraba en los “batustanes” provenía en su práctica totalidad de los salarios que cobraban los trabajadores que estaban en la zona blanca.

Además, la prosperidad de la Sudáfrica blanca que alcanzaba unos niveles de vida propios de las sociedades más ricas contrastaba con la realidad de pobreza de los “homelands” (similar a la de otros países africanos). Por ello, el deseo que tenía la población negra de escapar de su “batustán” era mayor que el miedo al castigo de prisión, lo que propiciaba que gran parte de esta población emigrase de manera ilegal (sin respetar las leyes del “pase”)

Hecha esta somera descripción del régimen económico del apartheid, me gustaría indicar que a la vuelta en avión de mi primer viaje a Suráfrica, estuve sentado junto a un empresario español con el que tuve una pequeña conversación que me fue ilustrativa. Me comentó que el problema de Suráfrica era que habían puesto por ley lo que el resto del mundo occidental hacía de una manera disimulada. La posición anti-apartheid aparecía entonces como una hipocresía, debida a que los países que la sustentaban hacían lo mismo pero no se atrevían a ponerlo por ley.

Aunque en un primer lugar pensé que esta era una teoría que utilizaba un prisma equivocado, luego me di cuenta de que tenía una parte de razón… Si uno analiza la globalización económica en la que nos encontramos ve muchos puntos de similitud con la situación anteriormente descrita. La economía mundial está integrada (no en todo pero sí en una gran parte), aunque también se ven unas grandes diferencias entre unos países y otros de manera que, el deseo de emigrara que tiene la población de los países pobres es irrefrenable. Nos encontramos, pues, ante una división política que no se da en la economía.

Al mismo tiempo, también tenemos nuestras leyes del “pase”. Es decir, impedimos que aquellos que quieren trasladar su residencia desde un país pobre a uno rico, puedan hacerlo libremente. Les ponemos trabas, les exigimos un visado temporal, etc. Además, si encontramos a personas que se les ha acabado el tiempo marcado en su visado o sin su “pase-pasaporte” no las metemos en prisión, sino que las llevamos a un centro de internamiento (lo que según las descripciones no es muy diferente a una prisión) y las repatriamos a su país en el momento podemos hacerlo.

¿Estamos, pues, ante un régimen de apartheid (desarrollo separado) mundial? Así me lo parece. No consideramos a los habitantes de otros lugares del mundo como un “nosotros” sino como un “ellos”, del mismo modo que hacían los blancos con sus vecinos negros en la Suráfrica del siglo XX. Buscamos una globalización económica ya que sabemos que estamos todos en el mismo barco económico, pero mantenemos las fronteras y los límites políticos que perpetúan la pobreza y provocan grandes migraciones difíciles de evitar.

 

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Montoro, FOESSA y la pobreza ¿Por qué mirar hacia otro lado?

Artículo publicado en el periódico “Levante” Suplemento El Mercantil Valenciano EMV, el domingo 6 de Abril de 2014, página 16.

Foessa y Montoro

El pasado Jueves la Fundación FOESSA presentó el informe sobre Análisis y Perspectivas de 2014. Se trata de un estudio anual en el que esta fundación analiza la evolución de la pobreza y las desigualdades en nuestro país. La presentación de este informe ha producido tanto revuelo que hasta el señor Cristóbal Montoro, miembro de nuestro gobierno, se ha referido al mismo con unas palabras que analizaré brevemente en este artículo.

En primer lugar querría aconsejar a todos que lo leyesen. No tengo claro si el ministro lo ha hecho, sus declaraciones no nos permiten saberlo, pero creo que es conveniente hacerlo. Su lenguaje es claro y asequible y es fácil de descargar en internet (www.foessa.es)

En segundo lugar quiero recordar qué es FOESSA. Se trata de una fundación que ahora cumple cincuenta años, creada por Cáritas para realizar estudios científicos sobre la pobreza y las desigualdades en España. En sus trabajos participan reconocidos científicos a nivel nacional e internacional de diversas universidades españolas y su colaboración con la misma no se basa en su adhesión a Cáritas o a la iglesia católica, sino en su excelencia investigadora. Por ello, en FOESSA trabajan juntos investigadores de muy diversas procedencias religiosas e ideológicas. Se trata, por tanto, de una fundación privada, sin adscripción política, cuya preocupación principal es el estudio científico de la pobreza, la exclusión, la privación y las desigualdades, con la idea de que conocer mejor estos fenómenos permite encontrar medios más efectivos para avanzar en su erradicación. De hecho, sus estudios son referentes sobre estos temas en nuestro país y en estos momentos es candidata al premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014 (si algún particular o institución quiere apoyar esta candidatura tecleando en un buscador de internet “apoyo a la candidatura FOESSA” encontrará información al respecto)

En cuanto al estudio en cuestión, los datos principales elaborados por el comité científico de la fundación FOESSA (compuesto por catedráticos e investigadores de prestigio) tienen dos fuentes principales. La primera son los datos públicos, encuestas oficiales realizadas por el Instituto Nacional de Estadística, la Oficina de Europea de Estadísticas EUROSTAT o los Ministerios del Gobierno de España. La segunda es una encuesta propia que lleva tres ediciones (2007, 2009 y 2013) y que es una de las bases del VII Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que se presentará los últimos días de Octubre en Madrid. Se trata de una encuesta que cumple todos los parámetros estadísticos establecidos para que sus resultados sean significativos y que cumple con los más altos estándares de calidad y rigor científico habituales en esta clase de trabajos.

Las principales conclusiones de este estudio no son sorprendentes: Están en la línea de lo que ya se había afirmado en los anteriores estudios hechos por esta misma fundación y por otros organismos científicos privados y derivan en gran parte de datos públicos ofrecidos por instituciones oficiales, por lo que tampoco difieren de lo que dicen estas instituciones estadísticas nacionales e internacionales.

Ante el panorama que presenta la realidad española y la gran cantidad de personas que están quedando al margen, FOESSA pretende poner en la mesa de las preocupaciones públicas a los más desfavorecidos. Decir que lo más importante es ocuparse de buscar soluciones para que nosotros, nuestros vecinos, nuestros familiares, nuestros amigos, las personas con las que nos cruzamos todos los días cuando salimos a la calle, podamos tener una vida digna en esta sociedad y no tengamos que caer en la exclusión o en la pobreza. Para ello, no solo analiza los datos, sino que propone las soluciones que cree que son más convenientes para orientar la acción del sector público. Quiere introducir en el debate público cómo ayudar a quienes peor lo pasan.

Ante estas propuestas serias y consistentes (y creo que compartidas por gran parte de la sociedad española), nuestro ministro, Cristóbal Montoro, ha dicho (entre otras cosas) que se trata de estudios “puramente estadísticos”, lo que no deja de sorprender cuando (por ejemplo) los datos del desempleo también lo son (derivan de la encuesta de población activa) o él mismo había afirmado unos minutos antes en la misma rueda de prensa que las cifras del déficit público iban a mejorar cuando se aplicase en octubre un nuevo método de cálculo de estadísticas económicas para el PIB propiciado por la UE… ¿Nos está diciendo el ministro que las estadísticas valen en unos casos y en otros no?

También nos ha dicho el ministro que lo que erradica la pobreza es el crecimiento y la creación de empleo”. Sin embargo, esta afirmación es muy discutible desde el punto de vista teórico. Sabemos que el crecimiento económico no siempre genera reducción de las desigualdades y de la pobreza. Los estudios empíricos demuestran que para que esto sea así, debe ir acompañado de políticas públicas apropiadas.

También nos ha dicho Cristóbal Montoro que España aparece con mayor riesgo de pobreza relativa que otros países de la UE porque estos son más pobres y tienen un umbral inferior. Sin embargo sucede que también aparece con tasas de pobreza más elevada que los países con mayor renta per cápita, en los que el umbral de la pobreza es mucho más alto que en España (con lo que si lo aplicásemos a nuestro país tendríamos unas tasas de pobreza todavía más elevadas). ¿Con quien debemos compararnos?

Pero quizás, lo más sorprendente ha sido que se lamente de que se sigan haciendo “estas declaraciones” y pida a FOESSA y a Cáritas que “no provoquen un debate que no se corresponde con una realidad, la de una España que está superando la crisis con el esfuerzo económico y también con políticas de cohesión social”. Sin entrar en la última afirmación me pregunto ¿Realmente hay que lamentar que haya estudiosos que dediquen su tiempo a los más desfavorecidos y que comuniquen sus conclusiones al grueso de la población? ¿Es negativo para la sociedad española que haya instituciones que quieran llevar al debate público qué se hace con los que más están perdiendo en esta crisis?

Muchas dudas generan las declaraciones del ministro, pero quiero acabar con una que ya venía apuntada en el título de este artículo ¿Por qué mirar hacia otro lado? ¿Por qué no quiere el ministro que se hable de los “sobrantes” (como los denomina Francisco el obispo de Roma)?

 
 

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No a la nueva idolatría del dinero

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 3, Marzo 2014, pág: 12 y 13

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Sigo analizando (tal y como comencé el pasado mes) los aspectos económicos de la exhortación apostólica Evantelii Gaudium. El siguiente punto económico que trata esta se titula así, “no a la nueva idolatría del dinero” (55-56). Y comienzo discrepando en el título de este apartado porque, si bien las maneras en las que se lleva a cabo podemos considerarlas nuevas (si lo miramos en una perspectiva histórica y pensamos que solamente llevamos alrededor de ciento cincuenta años haciéndolo así), la idolatría del dinero no es algo nuevo y es la misma que ya se encontró Jesucristo cuando estuvo con nosotros hace alrededor de dos mil años…

Condenar el amor al dinero

De hecho, los evangelios ya recogen palabras de Jesús referidas a este mismo tema: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.” (Mt. 6, 24). Poner la prioridad en el dinero es contrario a la fe en Jesucristo. No podemos considerarnos cristianos verdaderos si dirigimos nuestros afanes en la dirección de ganar más, en la de tener, en la de lograr que se incremente nuestra bolsa. De hecho, San Pablo lo tiene tan claro que en su carta a Timoteo no duda en afirmar que “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tim 6, 9-10) Esto ya llevó a que San Juan Crisóstomo afirmara en un sermón dedicado a esta carta que “el amor que el usurero profesa al dinero es mucho más grave que el amor carnal más desordenado”. Por todo ello sabemos que el amor al dinero, el poner el dinero por encima de otras cosas, el organizarlo todo para tener más es, desde el punto de vista cristiano, una actitud que no solo va en contra de nuestra propia fe, sino que también puede calificarse como la raíz de todos los males y el origen de muchos sufrimientos.

Una sociedad basada en el beneficio

Siendo esto así, no es de extrañar que Francisco utilice palabras tan duras para condenar nuestra sociedad actual. Porque, desgraciadamente (y tal vez aquí radica la novedad que señala Francisco en su título) estamos en un sistema económico donde lo que prima es ganar más. El amor al dinero pasa a ser, no solo legítimo, sino necesario en un sistema que encumbra y favorece a aquellos que tienen la facilidad o la suerte de ganar más. Nuestra sociedad deja de preocuparse por las personas, por aquellos que están peor, para ensalzar a aquellos que consiguen mayores ingresos, para potenciar que quien quiera tener más lo consiga y pueda apropiarse de sus beneficios sin excesivas trabas. De este modo, las personas se subordinan a los beneficios, no interesa mejorar a otros sino acumular, lograr mayores beneficios.

También a escala familiar

Y uno podría consolarse pensando que este amor al dinero se da solamente a escala política o de las empresas, pero fácilmente podemos darnos cuenta de que esto no es así. Nuestras familias, lo que los economistas denominamos economías domésticas, también estamos impregnados de este amor al dinero. Buscamos tener mayores salarios, conseguir mayores intereses con el dinero que tenemos en el banco, lograr ingresos extraordinarios gracias a operaciones en bolsa o en otros activos financieros… Ya hablé en estas mismas páginas de cómo esta intención de tener más ingresos fue una de las causas que llevó a mucha gente a la compra de preferentes y otros productos financieros…

Vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Por todo ello, Francisco nos ofrece aquí la alternativa que nos invita a seguir. Ante ese amor al dinero castrador, que nos impide centrarnos en la persona, amar a quien tenemos al lado, preocuparnos por los más desfavorecidos… Nos propone la construcción de una economía y unas finanzas que estén mirando al ser humano y no a los beneficios. Que se impregnen de un comportamiento ético ante una actividad que parece olvidar la ética y está repleta, no solo de corrupción, sino también de comportamientos en los que “todo vale” para lograr esos beneficios que me exigen el sistema, mis ambiciones y los clientes o propietarios que me contratan.

Esta propuesta sirve también para el ámbito familiar. Ante esa legitimación que hacemos de que cualquier cosa vale para lograr más, ante esas ganas de no perder dinero, de buscar siempre lo más barato para poder comprar más, tenemos que introducir criterios éticos en nuestras compras, en nuestros ahorros, en nuestro comportamiento económico diario. Así podremos concentrar nuestras energías en lo realmente importante y no en “afanes absurdos y nocivos que nos hunden en la perdición y en la ruina”…

 
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Publicado por en marzo 19, 2014 en ética económica

 

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Pobreza y privación en España: el impacto de la Gran Recesión en las CCAA

Desde el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valenciana hemos publicado a través de Cáritas Española un estudio en el que se analiza la evolución de la pobreza y la privación en cada una de las Comunidades Autónomas de España (exceptuando la Comunidad Valenciana de la que ya hicimos un estudio más detallado hace dos años)

Páginas desdeInforme completo de todas las provinciasSi queréis acudir a él podéis hacerlo en el siguiente enlace: http://www.foessa.es/publicaciones_compra.aspx?Id=4568&Idioma=1&Diocesis=42

 

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Nueva colección “Cuadernos de ética en clave cotidiana”

Hemos comenzado una nueva colección que tiene como objetivo que los no especialistas tengan un acceso fácil a propuestas éticas sobre temas clave y de actualidad. Se trata de unos cuadernos sencillos, breves y rigurosos en los que podremos ver análisis y propuestas éticas que nos servirán para poder opinar y actuar de una manera fundamentada en los temas tratados.

Los cuadernos se encuentran en formato online con acceso gratuito en http://www.piensaenello.org/services/publicaciones/

Si quieres suscribirte a ellos en papel o tener más información puedes hacerlo en el siguiente enlace:

http://funderetica.org/cuadernos-de-etica-en-clave-cotidiana/

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Los dos primeros cuadernos de la colección son: “El don que transforma, una mirada a la moral desde el carisma redentorista” un cuaderno muy teolótico pero muy sugerente y el segundo se titula “Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política” en el que aportamos una reflexión ética sobre hacia dónde deberíamos dirigir el cambio de nuestra organización política y económica.

 

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No a una economía de la exclusión

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 2, Febrero 2014, pág: 12 y 13

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La Evangelii Gaudium de Francisco

El pasado 24 de Noviembre, Francisco, nuestro Obispo de Roma, publicaba una Exhortación Apostólica titulada Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En ella (como no podía ser de otro modo ya que los asuntos sociales son parte integrante de la evangelización) se tocaron temas económicos. Durante los próximos artículos de esta serie voy a repasar algunos de ellos. No va a ser un análisis exhaustivo de los contenidos del documento, sino tan solo un breve comentario de aquellos que por su contenido económico, entran dentro de la temática que suelo tratar en estos artículos. Creo que esto nos puede ayudar mejorar nuestras actitudes y poner nuestro granito de arena en el anuncio de esa buena noticia en la que creemos los cristianos.

Nos falta compasión

Los números 53 y 54 de la exhortación se titulan como este artículo: “No a una economía de la exclusión”. Francisco toca, a mi modo de ver, dos temas clave en la sociedad actual y en su manera de organizar los temas económicos. El primero es la falta de compasión de muchas personas y de la sociedad. Hemos olvidado esta gran virtud que es una de las principales fuentes de la caridad y el amor. Ser compasivo es tener capacidad de sufrir con el otro, lo que los psicólogos denominan empatía. Es decir, ser capaz de ponerte en la situación del otro, de pensar como él piensa, de sufrir como él sufre, de alegrarte como y cuando él se alegra… Una organización económica en la que lo principal es tener más, en la que lo que se potencia es que miremos a nuestro ombligo y nos olvidemos de los demás, embota nuestra capacidad para ser compasivos.

Por ello, cuando vemos a las personas que lo pasan mal, cuando nos encontramos ante los fenómenos del hambre y de la pobreza, permanecemos indiferentes, conseguimos que no nos afecte… Francisco lo denomina la “globalización de la indiferencia”. Lo vemos todo como si estuviésemos al otro lado de la pantalla, no nos sentimos hermanos de nuestro prójimo sino que pensamos que son “ellos” los que están mal, no “nosotros”. Parece que olvidamos que todos somos hijos del mismo Dios, que todos somos hermanos, que todos somos: nosotros…

Una economía que produce “deshechos”

Por ello, ante una economía que deja detrás a muchas personas, que no se interesa por los que menos tienen y los descarta convirtiéndolos en “Sobrantes”, en “deshechos” (como los denomina Francisco), no nos escandalizamos. Lo que nos preocupa es poder adquirir aquellas novedades que nos trae el mercado, saber que vamos a tener lo que deseamos y mantener el estatus en el que nos encontramos. Por ello apoyamos un sistema económico que, aunque no llega a todos por igual, nos mantiene en nuestra posición. Estamos convencidos la manera de organizarnos beneficia a todos y es un buen modo de luchar contra la pobreza porque genera crecimiento económico y, si hay más, podremos repartir más…

Y esta es la segunda idea clave que creo que quiere transmitirnos Francisco en estos dos apartados. No podemos seguir creyendo ciegamente en un sistema económico que no es compasivo, que genera unas basuras que no solo son contaminantes, sino que son humanas. Los “sobrantes” son personas que no cuentan, que no se benefician del común, que quedan a un lado. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico va a solucionar esto, en que cuando nos recuperemos de la crisis estas personas que ya no cuentan van a pasar a ser importantes, van a dejar de ser “deshechos”. El crecimiento por si mismo no va a acabar con esto…

Incluir la compasión en nuestro comportamiento económico

Por ello, el mensaje que a mi juicio nos envía Francisco es claro. Nos anima a ser más compasivos. La alegría del evangelio no se puede vivir sin compasión, sin ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Conseguirlo nos permite comprender a nuestro prójimo, asumir sus anhelos y convivir y compartir con él sus esperanzas e ilusiones. También supone conocerlo mejor, sufrir con el otro y estar con él cuando lo necesita. Pero para ello, precisamos de una organización económica que también sea compasiva, que vea el sufrimiento de quien peor está y se desviva por él, que no genere “sobrantes” ni deje a un lado a aquellos que no tienen suficiente.

Hay que buscar una sociedad inclusiva en la que todos puedan participar, en la que nadie quede descartado por tener poco. Una sociedad que sea sensible a esas realidades que quedan fuera. Por ello, Francisco nos anima a los cristianos a decir NO a esta economía de la exclusión, a esta economía egoísta que genera tanto sufrimiento en aquellos que se ven descartados de su riqueza y SÍ a una economía construida en clave compasiva, en clave de de amor, una economía que se centre en las necesidades de quienes peor están…

 
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Publicado por en febrero 17, 2014 en ética económica

 

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¿Y ahora qué? Apuntes económicos sobre sanidad pública.

Artículo publicado en el periódico Las Provincias, domingo 2 de Febrero de 2014, página 34

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Las últimas noticias nos dicen que la comunidad de Madrid ha desistido en su plan privatizador de algunos hospitales públicos madrileños. La dimisión del consejero de sanidad y el nombramiento de otro nuevo, son una prueba palpable de esta decisión y de la voluntad de tomar un rumbo diferente para solucionar algunos aparentes problemas de la sanidad pública madrileña. Además, el hecho de ser la primera Comunidad Autónoma que había tomado este camino, hacía que otras estuviesen esperando para ver sus resultados por lo que esta situación tiene unas repercusiones de alcance nacional.

Supongo que la situación de los responsables políticos de la comunidad de Madrid deberá ser, al menos, de perplejidad. Cuando has tomado un camino firme a pesar de una fuerte oposición popular y aquello que has defendido durante tiempo se desmonta y tienes que retirar tu posición, debes encontrarte desorientado, sin rumbo, sin saber exactamente cuál qué hacer entonces. Si esto es así, escribo este artículo para dar unas ideas sobre qué hacer, qué rumbo tomar, qué sendas transitar. Unas ideas abiertas al debate público pero que pueden ayudar al nuevo responsable de esta Comunidad y a los de otras que estaban expectantes con lo que pasaba en Madrid, para orientar su acción pública en el campo de la sanidad.

La primera idea que me gustaría recordar es por qué es importante un sistema de salud en una sociedad, o dicho de otra manera, que esperamos del sistema sanitario la práctica totalidad de los ciudadanos. Pues bien, aunque parezca obvio, consideramos buenos a nuestros hospitales, a nuestros centros de salud, a nuestro sistema sanitario si atienden bien a sus pacientes, si consiguen curar satisfactoriamente las enfermedades, si son capaces de preverlas… Por lo tanto, el principal objetivo de un sistema sanitario es dar servicio a los ciudadanos. Un sistema será bueno, si cumple bien este objetivo, si ayuda realmente a las personas enfermas. Si se quiere mejorar la sanidad hay perseguir este objetivo primordial y la bondad o no del modelo deberá ser medido por estos parámetros. Cuando olvidamos esto, estamos haciendo un flaco servicio a la ciudadanía y a la función esencial que tiene todo sistema sanitario. Sé que lo que digo debería ser obvio, pero en ocasiones no lo parece…

En segundo lugar, hay que tener en cuenta los límites económicos. Para lograr el objetivo principal se necesitan unos recursos y estos no son infinitos. No podemos pensar que existe un pozo sin fondo del que podemos sacar recursos sin fin. Esto lleva a que la prioridad sanitaria debe combinarse con un uso racional de los recursos. Evitar el despilfarro, aplicar aquellas estrategias que pueden lograr la excelencia sanitaria con un gasto menor, evitar aquellos gastos que no repercuten en una mejora sanitaria, son objetivos secundarios que hay que aplicar para garantizar que los primeros pueden seguir dándose. De este modo, el ahorro puede convertirse en una manera de lograr mejorar las condiciones sanitarias y el servicio en salud que se ofrece. En la medida que se gasta menos para lograr lo mismo, se liberan recursos que pueden centrarse en lo importante, la atención sanitaria de las personas…

Algunos afirman que esto último lo hacen mejor las empresas privadas. Suponiendo que esto fuese así (que no siempre tiene porque serlo) lo que debe hacer el gobierno de turno es aplicar esas medidas o esas maneras de gestionar la salud en sus propios centros públicos. Si la centralización de compras, la reducción del número de menús, el control del material se han demostrado eficaces para lograr ahorros sin que estos repercutan en un peor servicio sanitario ¿Por qué no aplicarlos a la gestión pública? En este sentido, existen estudios rigurosos que aportan evidencias empíricas de medidas eficaces que han logrado ahorros en la gestión sin necesidad de perjudicar a los pacientes, sino todo lo contrario, ya que el dinero liberado se puede utilizar para aquellas acciones que tienen unas consecuencias directas sobre ellos.

Además de estas medidas, hay que tener en cuenta que el mayor activo de la sanidad pública son sus trabajadores, médicos, enfermeros, auxiliares y cualquier otro personal que trabaje con ellos codo con codo. El gobierno que dirige la sanidad pública debe ser capaz de liderar este conjunto de personas para que logren los objetivos sanitarios de una manera eficaz y poniendo todo su ser en ello. El personal sanitario es un personal muy vocacional y entregado a su trabajo porque saben que de ellos dependen la salud y la vida de las personas y porque les toca afrontar día a día, realidades críticas y difíciles como son las que se derivan de la enfermedad propia o de los seres queridos… Por ello, facilitar la motivación de este personal (ya de por si motivado por su propia vocación) y potenciar todo lo bueno que hacen y saben hacer es una labor de liderazgo y dirección que deben potenciar los responsables de la sanidad pública.

Por último, para lograr el objetivo prioritario de la sanidad, hay que potenciar la participación de todos en las estrategias y en las acciones a llevar a cabo. Los equipos directivos deben trabajar conjuntamente con su personal y con los afectados para elaborar sus estrategias y actuaciones. Si se quieren adoptar estrategias que logren mejorar el servicio sanitario e intentar que esto se haga utilizando menos recursos para poder llegar a más (o al menos a lo mismo) quienes están trabajando en el día a día sanitario tienen también algo que decir y que aportar. Deben, por ello, articularse sistemas de consulta, de diálogo, de participación. Es necesario que todos se sientan importantes e involucrados en esa preciosa labor de sanar a los enfermos tan necesaria para una sociedad. En este sentido, creo que también es importante la existencia y utilización real de los comités éticos, ya que muchas de las cuestiones a abordar tienen un componente ético importante. Dar la debida relevancia a estos comités ayuda a la hora de tomar decisiones que tienen unas implicaciones humanas vitales…

 

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Inversión, competitividad y costes laborales

Artículo publicado en Economía 3, Noviembre 2013

Inversión, competitividad y costes laborales en Eco3

 

Durante los días que me pongo a escribir este artículo he oído en la radio cómo nuestro presidente ha ofrecido a empresarios japoneses la gran oportunidad que supone para ellos invertir en España debido a la bajada de nuestros salarios y a la ventaja comparativa que esto nos da con respecto a la inversión en otros países europeos. Más allá de la polémica que estas afirmaciones han generado (con las posteriores declaraciones del ministro Montoro en el parlamento y la réplica de los representantes de la oposición) querría hacer una reflexión sobre esta manera de competir en un entorno global. Antes de comenzar con ella quiero recordar que al mismo tiempo vieron la luz informes sobre la valía de los aprendizajes de nuestros jóvenes en el sistema educativo en cuanto a capacidad lectora, matemática y de otras materias. Nuestros resultados se encuentran entre los peores de la Unión Europea. Parece que estamos vendiendo trabajadores baratos y no demasiado bien formados ¿Es esto lo que nos interesa?

Quiero empezar indicando que pensar que somos atractivos por nuestros bajos costes salariales es abundar en un error que, considero, ha sido más general de lo que desearíamos. Me refiero a mantener la idea de que tenemos que ser un país que compita, en el entorno internacional, por los bajos precios de nuestros productos y del factor trabajo. Si bien es verdad que esto pudimos hacerlo bien cuando contábamos con una moneda propia que se devaluaba constantemente abaratando nuestros bienes y servicios con respecto a los de otros países, llevamos un tiempo lo suficientemente largo con el euro para saber que esto ya no es posible.

De hecho, este ha sido uno de los grandes errores estratégicos que muchas de las empresas que se han venido abajo en los últimos años mantenían. Hemos pensado que no podíamos competir por precios contra las importaciones asiáticas (cosa que es cierta) y hemos dejado de hacerlo, cerrando industrias y centros de producción que empleaban a gran número de personas. Las empresas que no pensaron así, las que se dieron cuenta de que sus competidores no son las empresas asiáticas sino las europeas, los que vieron que ahí era donde podemos gozar de ventajas comparativas si buscamos un producto con mayor valor añadido y a un buen precio, son las que han podido superar sus malos momentos de una manera más exitosa.

Pero este no es el único motivo que me impulsa a opinar que esta estrategia es equivocada y no puede dar sabrosos frutos a largo plazo. También deberíamos pensar sobre qué clase de inversión nos conviene en nuestro país. Aunque algunos puedan pensar que nos interesa cualquier clase de inversión sea la que sea, yo no lo veo así. Cuando un inversor viene a hacer dinero a nuestro país gracias a sus bajos salarios, pueden suceder al menos dos cosas que creo que no son convenientes para nosotros. Por un lado, seguramente traerá aquellas partes del proceso productivo que menos valor añadido tienen (donde más interesante es el trabajo barato) por lo que la recepción de conocimiento y los efectos multiplicadores de la inversión serán menores. Por otro lado, en el momento encuentre países más baratos, seguramente cambiará la ubicación de sus plantas industriales hacia ellos, lo que hace que este tipo de inversiones sea más volátil que otras.

Es interesante también reflexionar hasta que punto esta inversión extranjera atraída por nuestros bajos salarios (si es que al final llega, cosa que dudo ya que hay muchos lugares del mundo y en Europa con costes salariales inferiores a los nuestros) es atractiva para mejorar la renta per cápita de nuestro país. Se puede pensar que crear empleo siempre es bueno, que mejor es que las personas trabajen que permanezcan en el desempleo. Siendo esta afirmación cierta, también lo es que si hacen esto con unos salarios muy bajos, su situación personal se deteriora y la riqueza del país no crece todo lo que debería en la medida en que gran parte de las rentas generadas por la actividad acaban saliendo al exterior para pagar a los inversores extranjeros.

Por todo ello, creo que debemos reorientar nuestra manera de plantear nuestras fortalezas y la búsqueda de inversores y empresas que promocionen el tejido productivo español. En primer lugar debemos ser conscientes de que debemos competir con las empresas europeas, con aquellas que producen bienes de un alto valor añadido que no compiten solo por precios. Nuestra referencia no debe ser China, Vietnam o Camboya, sino Alemania, Italia o Francia. Pensar que podemos seguir fabricando bienes baratos y de baja calidad para Europa es, poco menos que una ilusión sin fundamento.

Esto supone, en segundo lugar, que nuestra competencia debe basarse en trabajadores productivos, que tengan una buena formación técnica y humanística y que sepan responder a los desafíos que siempre conlleva el día a día económico y social. Trabajadores que no se caractericen por sus precios baratos, sino porque gracias a su productividad y sus competencias, a la larga salgan baratos.

Por último, creo que más que buscar la inversión extranjera, que no tiene por qué ser negativa pero que no es la panacea, debemos potenciar la interna. Tenemos un tejido empresarial que se desmorona ante nuestros ojos sin que parece que podamos hacer nada para apoyarlo. Tenemos empresarios, inversores y trabajadores competentes que pueden llevar adelante modelos de negocio y empresas exitosas en el mundo entero. Esta es la inversión que creo que debemos promocionar a través de políticas industriales y económicas que apoyen empresas que creen empleo de calidad y tengan proyectos de emprendedurismo o de ampliación, que no se basen solo en unos costes laborales reducidos, sino en un saber hacer y en una excelencia técnica que les lleve a ser más productivos y competitivos a nivel internacional. 

 
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Publicado por en enero 27, 2014 en ahorro y finanzas

 

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La vida económica de los cristianos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 1, Enero 2014, pág: 12-13

La vida económica de los cristianos 1

La vida económica de los cristianos 2

Y lo poseían todo en común…

Quiero recordar, ahora que han pasado las fiestas navideñas, ese pasaje de los hechos de los apóstoles en el que se describía cómo era la vida en sus primeras comunidades: “Nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común… Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba” (Hch, 4, 32-35) Muchos se pueden pensar que esto era una idealización, que realmente no sucedía así. Evidentemente, esta descripción no ahonda en las dificultades que presentaba este plan de vida, pero tal y como descubrí a través de la lectura de la Historia de Roma del periodista italiano Andro Montanelli, no solo no era irreal, sino que algún autor romano como Luciano afirmaba que los cristianos eran “imbéciles que juntan todo lo que poseen” y Tertuliano decía “que ponen junto lo que los demás tienen separado y tienen separado la única cosa que los demás ponen junto, la mujer”. Es decir, que la característica que más llamaba la atención a los no cristianos de estos era, precisamente, de componente económico.

¿Nos sucede lo mismo a nosotros hoy en día?

El primer interrogante que nos plantea este hecho es pensar si a los cristianos también se nos reconoce hoy, precisamente, por este aspecto. Es decir, si cuando los no cristianos nos describen, lo hacen también a través de nuestro comportamiento económico. Creo que la respuesta es claramente negativa. Seguimos observando a no cristianos que se refieren a nosotros de manera despectiva o irónica (como hacían los dos escritores romanos) pero no lo hacen por el tema económico sino por otras cuestiones… Esto nos lleva un poco más allá ya que, si los primeros cristianos veían la cuestión económica como algo clave de su vida de fe y esto no sucede en nuestras comunidades en la actualidad ¿Quiere decir que hemos despojado nuestra fe de algo intrínseco a ella?

Podría contestar de una manera directa a esta cuestión, pero creo que es mejor dejar esto para Francisco, el obispo de Roma, que en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos habla de “la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” (176) “El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad.” (177)

El compromiso comunitario con otra economía y con los más desfavorecidos

Es Francisco quien, en esta exhortación que habla sobre el anuncio de nuestra buena noticia, insiste en varios temas económicos que debemos tener en cuenta a la hora de explicitar nuestra fe. El obispo de Roma nos plantea los desafíos económicos que presenta el mundo actual y que intentan tambalear los cimientos de nuestra fe: la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, el dinero que gobierna en lugar de servir, la inequidad que genera violencia. Se trata de elementos que priman en nuestro tiempo y que muchas veces impregnan el comportamiento económico de los cristianos ya que, sin querer (o de una manera consciente) respaldamos estas maneras de entender el quehacer económico ante las que Francisco dice, simplemente, “no”.

Pero además indica, tal y como he señalado en las citas que he transcrito más arriba, que el anuncio de esta buena noticia conlleva necesariamente un compromiso social. Por ello dedica el capítulo cuarto de la exhortación a “La dimensión social de la evangelización”. En él nos muestra cómo no se puede soslayar el elemento social en nuestra fe y como este supone la prioridad de los más pobres, una opción preferencial por ellos. Como los cristianos debemos comprometernos en la resolución de los problemas de los pobres ya que califica a “la inequidad como la raíz de los males sociales” (201). Por ello “¡Ruega al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pue­blo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.” (205)

Para que surjan estos políticos, necesitamos comunidades cristianas en las que el compromiso económico con los más desfavorecidos y el “ponerlo todo en común” sean el comportamiento normal. Necesitamos cristianos que sean reconocidos como tales, no por sus ideas doctrinales, sino por su comportamiento diario, por su compromiso social por los más desfavorecidos, por sus anhelos de construir esa sociedad en la que lo normal sea el comportamiento ético, la solidaridad mundial, la distribución de los bienes, la dignidad de los débiles, el compromiso por la justicia y la preservación de las fuentes de trabajo (203)

 
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Publicado por en enero 20, 2014 en ética económica

 

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Empresas sociales para lograr un objetivo público

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1555, enero 2014, pág: 13-14

empresas sociales para objetivo publico 1empresas sociales para objetivo publico 2

El pasado mes analicé la polémica que existe entre la consecución de objetivos públicos a través de empresas privadas o de empresas públicas. No lo hice de una manera exhaustiva sino que me centré en tres puntos: a) La comparación entre un tipo de gestión y el otro y el fracaso de los gestores públicos que privatizan. b) El debate sobre si la prioridad del sector público debe ser lograr reducir sus costes o dar unos servicios adecuados y de calidad. c) La idea de si lo mejor para una sociedad es que el dinero esté en los bolsillos de quien lo gana, por lo que siempre es mejor rebajar los impuestos, o si, por el contrario, la utilización pública de nuestros fondos es una opción válida.

Evidentemente, el análisis quedo falto de un remate, en especial para reflexionar sobre si el ofrecimiento de servicios públicos a través de empresas privadas es una política positiva para la sociedad o no. En este debate, algunos consideran que la empresa privada es un mal a extirpar, que esta clase de organización tiene una manera de comportarse que trae problemas a la sociedad en su conjunto y por ello, el sector público no debería dejar en sus manos la gestión de ninguno de los bienes o servicios públicos que gestiona.

Esta idea se basa en la existencia de empresas que solamente resultan positivas para aquellos que han invertido su dinero en ellas, mientras que sus trabajadores son considerados únicamente como un coste de producción que debe ser minimizado a toda costa. Para ellas la calidad del servicio debe de ser la mínima para poder seguir vendiendo el producto y generando beneficios, pero no hay una preocupación finalista por el producto y su calidad, sino que estos son solamente un medio para lograr otro fin.

Sin embargo no todas las empresas son así, la empresa privada no tiene por qué ser siempre algo que vaya en contra del bien común o de la mejora de la sociedad. Las empresas como organizaciones cumplen tres funciones esenciales en la sociedad que son las de producir bienes y servicios útiles, permitir que las personas unamos nuestros esfuerzos para aportar este grano de arena a la mejora de nuestro entorno y ser un medio para que nos ganemos la vida de una manera digna y podamos desarrollarnos como seres humanos creciendo en madurez y sabiduría.

Aquí está el punto clave en el que se encuentra la frontera entre la clase de gestión que preferimos a la hora de producir y ofrecer un servicio o bien público. Si una gestión solo está concentrada en la consecución de un determinado rendimiento para sus accionistas y no tiene una preocupación esencial por la calidad del servicio o por las condiciones laborales de su plantilla, no es deseable independientemente de que sea privada o pública. Si una gestión reinvierte su beneficios para la mejora social, tiene una gran preocupación por la calidad y por el bienestar de sus trabajadores, cumple criterios éticos y mejora la sociedad en la que trabaja, entonces parece evidente que desde una visión del bien común y de mejora de los servicios para los ciudadanos, podemos optar por ella independientemente de que sea pública o privada.

Si nosotros tuviésemos garantías de que las empresas privadas cumplen estos últimos requisitos pensaríamos que no está mal que estas empresas ofrezcan bienes y servicios públicos, porque lo pueden hacer tan bien como el sector público o más. Es por ello que cuando una organización como Cáritas o una fundación sin ánimo de lucro y con elevada vocación social es pagada por la administración para gestionar un servicio o la producción de un bien público, la población lo considera positivo en general. La vocación por el bien común de la asociación es vista como una garantía de que se van a cumplir los objetivos públicos de la acción.

Ahora bien, esta percepción puede ser tramposa. Si el pliego de condiciones que pone la administración para ofrecer el servicio está centrado en la reducción de costes, o en el cumplimiento de criterios exclusivamente economicistas, puede ser que la empresa o asociación que lo ofrece se vea obligada a renunciar a su filosofía de actuación para lograr cumplir las condiciones que se le exigen. De este modo, a pesar de encontrarnos ante asociaciones que, desde un punto de vista teórico, buscan precisamente la consecución de objetivos sociales, en la práctica se ven imposibilitados de hacerlo en condiciones debido a las exigencias de un sector público que solo busca ahorrar costes.

Por ello creo que la clave está, ya no tanto en si se trata de una organización pública o privada, sino en las condiciones de contratación del sector público. Si sus criterios se basan en que los contratistas cumplan unas condiciones éticas irrenunciables y se controla bien que realmente lo hagan así como la calidad del servicio que se ofrece, la diferencia entre público y privado deja de ser clara e importante, ya que en ambos casos, el proceso de producción y ofrecimiento del bien o servicio público cumple con los necesarios requisitos sociales. Si esto no es así, ciertamente, la producción a través de empresas privadas puede actuar en detrimento de la calidad del servicio público y del entorno social (como también lo haría la gestión pública si se realiza con criterios mercantilistas).

Esto puede servir de guía también para las asociaciones y empresas que realizan esta clase de servicios. Las empresas y asociaciones con alta responsabilidad social deben exigir a las administraciones que los pliegos de condiciones para la contratación y el control posterior de las mismas exijan estos criterios éticos a los contratistas, que estos sean un requisito imprescindible para cualquier contratación. Si no es así, si para lograr la financiación pública la asociación deben renunciar a sus criterios propios o tienen que empeorar el servicios porque se ven obligadas a entrar en una dinámica en la que solamente vale la racionalidad mercantil, creo sinceramente que deben plantearse muy seriamente si siguen realizando esa labor para la administración.

 

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Objetivos públicos-Gestión privada: ¿Lo más barato?

Artículo Publicado en Noticias Obreras nº 1554, Diciembre 2013, páginas: 12-13Objetivos públicos, gestión privada 1Objetivos públicos, gestión privada 2

En estos últimos años estamos asistiendo a la continuidad de una tendencia que ya había comenzado mucho antes de la crisis. Se trata de la sustitución de lo público por lo privado. Campos de actuación en los que lo público tiene una responsabilidad fijada o bien por nuestra constitución o bien por alguna de nuestras leyes, pasan a ser gestionadas de una manera privada. Esta es una cuestión muy debatida y controvertida. No pretendo dar aquí una respuesta cerrada a esta polémica, sino entre este y el siguiente artículo, aportar algunas claves de reflexión que puedan iluminar este tema.

En un primer lugar cabría pensar que este traspaso a lo privado supone reconocer un fracaso rotundo de los gestores de lo público que administran el servicio a privatizar. Cuando escucho a algún político decir que quiere privatizar un servicio porque así va a ser gestionado mejor y de una manera más económica, pienso inmediatamente en por qué no aplica esos criterios de gestión él a su empresa o servicio público en lugar de dejar que lo hagan otros. Si es porque no puede o no sabe ¿Acaso no es esto reconocer su inoperancia? Desde mi punto de vista habría que cambiar a este responsable por otro que supiese hacerlo, porque si una empresa privada puede aplicar otros criterios mejores para la gestión ¿Por qué no va a hacerlo la pública? Claro que si estos se basan en pagar bajos salarios, o en realizar contratos en malas condiciones, la afirmación inicial de que la empresa privada lo hace mejor, se cae por su propio peso…

De hecho, si estamos hablando de una empresa privada con ánimo de lucro, sus accionistas querrán sacar un determinado rendimiento, lo que hará que la administración tenga que pagar más de lo que le cuesta a la empresa producir el bien (la diferencia son los beneficios a los inversores) ¿No sería mejor contratar a estos gestores y que ese ahorro sirviese para más servicios en lugar de para remunerar a los accionistas de esta empresa?

El análisis anterior está soslayando una de las suposiciones que hay detrás de este posicionamiento y que es clave para dimensionar el debate. Nos referimos a lo que piensan quienes defienden la privatización. Es decir, que lo importante es que un servicio se ofrezca lo más barato posible y le salga al sector público lo más económico que pueda, ya que donde mejor está el dinero es en el bolsillo del contribuyente y no en las arcas públicas. Esto supone que cualquier ahorro que se pueda conseguir, va a ser bueno para la ciudadanía en general.

Vamos a revisar esta idea. Lo primero que deberíamos preguntarnos es si el interés público está en dar un servicio adecuado y de calidad para cumplir la función asignada a este o si, por el contrario, lo único que queremos es que sea barato. Si lo que pretendemos es lo primero, lograrlo puede ser incompatible con que sea muy barato. Es más, lo más económico sale, con mucha frecuencia, caro a la larga. Por ello, lo primero que nos debemos plantear es cual es el objetivo público ¿Un buen servicio o un servicio barato? Evidentemente, una vez alcanzada la calidad necesaria, la excelencia que el bien o servicio requiere, es bueno hacer esfuerzos para que esto se consiga con el menor coste posible y sin derroches o dispendios innecesarios. Pero este es un objetivo secundario, no el primario.

Si se piensa así, solamente deberían permitirse aquellos sistemas de ahorro que no deteriorasen el objetivo principal de ofrecer un servicio adecuado y de calidad. En este sentido, no es lo mismo ahorrar aplicando modelos de gestión que incrementen la productividad de los trabajadores y de la organización, motivando a los trabajadores para que realicen mejor y más a gusto sus labores, que conseguirlo a través de pagar peor a los empleados o utilizar bienes y servicios de peor calidad.

Esto nos lleva directamente a analizar la segunda cuestión, es decir, si el dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes que en las arcas públicas o no. Quienes defienden lo primero argumentan que quien gana el dinero debe tener la libertad de gastarlo en aquello que desee y que ese es el mejor destino que se le puede dar a sus ingresos. Aunque esta idea puede ser correcta en esencia, sabemos que no todos los usos del dinero son buenos para la vida en sociedad o para la mejora de los demás. Los comportamientos avariciosos, de búsqueda de la acumulación, en los que se sacraliza el afán de tener más, no tienen por qué ser positivos para el conjunto. De hecho, la mayoría de las veces, si no se limitan, destrozan el mercado y las condiciones de vida de aquellos que están en peores condiciones.

Además, para poder ganar dinero, necesitamos una sociedad que funcione correctamente, que tenga una organización adecuada de la que nos beneficiemos todos, que los más desfavorecidos puedan tener unos niveles de vida dignos para que puedan colaborar en la mejora común… Todo ello no se consigue a través de las acciones individuales y aisladas de cada uno, sino a través de las acciones comunes y de la cooperación entre los miembros de una sociedad. Por ello, no es verdad que el dinero siempre esté mejor en las manos de quien lo gana o en manos individuales, con frecuencia los fondos que se ponen en común, que buscan conseguir estos objetivos societarios, tienen un uso tan positivo o más, que aquellos que utilizamos solo para nosotros.

De este modo, no podemos centrar la actuación pública en ahorrar para que tengamos más dinero en nuestros bolsillos, sino que hay que centrarse en que los servicios que ofrecemos entre todos y que aquello que gestionamos de una manera pública, tenga los mejores resultados posibles, consiga sus objetivos. Ello, de la manera más barata posible, claro está, pero este debe ser un objetivo secundario una vez alcanzado lo primero. Es evidente que esto tiene una relación muy directa en el debate entre lo privado (teóricamente más barato) y lo público (teóricamente más caro) que acabaré de perfilar en el próximo artículo.

 

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Los bienes relacionales

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 11 de Diciembre de 2013, pág: 10 y 11

Bienes relacionales 1Bienes relacionales 2

El que tiene menos parece más feliz

Estamos tan acostumbrados a identificar tener más con estar mejor que no comprendemos por qué hay gente que puede vivir feliz con poco. Nos sorprende ver una sonrisa dibujada en la boca de personas que viven en unas condiciones mucho peores que las nuestras. Cuando algún voluntario joven vuelve de un país más pobre en África o Latinoamérica, una de las frases más oídas es que la gente es feliz a pesar del estado de penuria en el que viven. Con frecuencia, además, estos voluntarios afirman que los ven más felices que nosotros, las personas que vivimos con un nivel de vida más elevado, los que tenemos más pero no estamos tan satisfechos. Para responder a este aparente enigma, algunos argumentan las personas nos acostumbramos a todo, que quien no se consuela es porque no quiere, que ellos se conforman con poco y nosotros no… Se trata de argumentos que, pudiendo ser válidos, no explican la totalidad de este fenómeno. No pretendo en este artículo dar una teoría completa de los factores que nos llevan a ser más o menos felices, sino centrarme en los bienes que nos llevan o no a una vida más o menos plena.

¿De qué clases de bienes disfrutamos?

Por que la clave, quizá, está en qué clase de bienes disfrutamos aquellos que tenemos más y qué clase de bienes disfrutan aquellos que tienen menos. Nosotros, en los países ricos, disfrutamos de una gran cantidad de bienes y servicios que intentan satisfacer nuestras necesidades básicas y nuestras apetencias y deseos. Se trata de productos que consumimos de una manera individual, por los que pagamos un precio y con los que tenemos una relación directa entre el bien y nosotros: ropa, televisión, ordenador, lavadora, automóvil, etc. Estos bienes de consumo son los que tenemos en cuenta para definir el nivel de vida de una población, si cuenta con una cantidad mayor de ellos, consideramos que esa sociedad tiene más riqueza y mayor bienestar…

Sin embargo esta manera de ver las cosas olvida un conjunto de bienes que son muy importantes para la felicidad y de los que suelen gozar aquellas personas que viven de una manera más sencilla: los bienes relacionales. Cuando hablamos de ellos nos referimos a bienes que nos sirven para relacionarnos con otros, que incluyen un ambiente social amigable y positivo, que potencian hábitos de cooperación que nos ayudan a llevar una buena vida, que son experiencias comunes y compartidas… Estar con los amigos y conversar con ellos, que los niños de tus amistades vengan a jugar a tu casa y viceversa, compartir aficiones y realizar actividades conjuntas, pertenecer a un grupo religioso y reunirse con él cada cierto tiempo, pasear en compañía, hacer deporte con otras personas, etc.

Los bienes relacionales como factor económico

Podríamos pensar que los bienes relacionales no tienen un componente económico importante, que son cosas que no se compran sino que se consiguen y tendríamos razón. Esta es una de las causas por las que personas que tienen menos ingresos están mejor que otras que tienen más. Puede ser que no gocen de muchos bienes por los que tengan que pagar, que no tengan muchas cosas, pero si gozan de bienes relacionales, estos pueden tener una influencia positiva sobre su bienestar mayor de la que tienen los otros. Por ello, muchas veces, los que vivimos en los países ricos equivocamos nuestra dirección. Nos dedicamos a acumular cosas pensando que esto nos hará más felices, y descuidamos estos bienes relacionales que tienen un efecto más positivo sobre nuestro bienestar que la mera acumulación de bienes de consumo en nuestras estanterías.

Pero hay otra cuestión que tiene unas implicaciones económicas mucho más evidentes. Cuando les comento a mis alumnos qué clase de trabajo quieren, con mucha frecuencia me contestan que aquel que más ingresos les aporta. Si les comentas que hay personas que prefieren estar en trabajos menos remunerados pero en los que se sienten a gusto a otros mejor pagados pero con peor ambiente laboral, algunos de ellos te escuchan con escepticismo, creen que esa es una mala opción. No están acostumbrados a tener en cuenta los bienes relacionales, solamente piensan en los bienes de consumo que se pueden comprar con dinero.

¿Competencia o colaboración?

Los bienes relacionales son clave en el clima laboral, en el quehacer económico cotidiano. Si potenciamos la competitividad, el tener que vencer al otro, el establecer las relaciones con los demás en clave competitiva en lugar de en clave cooperativa, estamos creando un ambiente económico que, si bien puede lograr más bienes de consumo para quien sigue estas pautas, dinamita nuestras relaciones con los demás. Esta es una de las principales causas por las que la economía está repercutiendo negativamente en el bienestar de las personas, competir en lugar de cooperar, dificulta nuestras relaciones con los otros y las deteriora inevitablemente. Hay que crear, pues, ambientes laborales que tengan en cuenta en este elemento, debemos educar en una economía que se base en relaciones de colaboración y no de competición, tenemos que identificar nuestro bienestar, no solo por los bienes de consumo, sino por aquellos que incrementan nuestra relación con los demás.

 

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La Isla de Pascua y la nave espacial Tierra

Os dejo aquí con un interesante artículo de Eduardo Esteve Pérez. Fue publicado en el periódico Las Provincias el pasado 10 de noviembre y contiene un lúcido análisis de los límites ecológicos de nuestro planeta.

La Isla de Pascua eduardo Esteve

Como destaca el ínclito economista Jeffrey Sacks en economía para un planeta abarrotado, los retos más perentorios a los que se enfrenta la sociedad actual son: el crecimiento demográfico, la sostenibilidad medioambiental y la pobreza, a lo que habría que añadir el efecto y la gestión de la actual Gran Recesión.

En este artículo nos vamos a centrar en la sostenibilidad medioambiental. Para ello vamos a comenzar con una somera presentación de la fascinante e inquietante historia de la Isla de Pascua. Ubicada en la polinesia, las tierras más cercanas se encuentran por el este, en chile, a unos 3700 km, y, por el oeste, en las islas Pitcairn, a casi 2100, por lo que podemos sostener que es el territorio habitado más remoto del planeta azul, siendo colonizado poco antes del año 900 d.C. por habitantes de la Polinesia. La isla es mundialmente famosa por sus colosales estatuas llamadas moái, con unos pesos medios de 10 toneladas, alcanzando las mayores más de 70 (la más pesada, denominada Ahu Tongariki, contabiliza 87 toneladas). Los inventarios realizados sitúan el número de moái en 887, de las que algo menos de la mitad permanecen en la cantera. El primer europeo que recaló en Rapa Nui fue el marino neerlandés Jacob Roggeveen, corría el año 1722, y, dado que su descubrimiento aconteció en el domingo de pascua, la isla adopto el nombre por el que todos la conocemos.

Lo primero que llamó la atención a Roggeven y a los sucesivos exploradores que visitaron la isla fue lo inverosímil de cómo una población de apenas 3000 pascuenses desplazaron los más de 400 moai desde la cantera hasta erigirlos por toda la isla. Sobretodo, teniendo en cuenta la carencia de arboles que sirvieran para el traslado. Lo inconcebible de tamaña empresa significó que autores poco rigurosos, como Erich von Däniken, postularan teorías tan kafkianas como que la manufactura de los moai había sido de origen extraterrestre. La realidad fue mucho más prosaica. Siglos atrás el paramo que presenciaron los exploradores europeos no era tal. En lugar de los arbustos y helechos se alzaba un bosque subtropical poblado por arboles y palmeras de tamaño considerable (de hecho, la palmera más alta de mundo, ahora extinta, pertenecía a la flora pascuense). La degradación de la isla no solo afecto a la flora, sino que se extinguió la totalidad de las especies de la isla, con la excepción de las ratas. Como consecuencia de tan acerada involución medioambiental, la mayoría de los pascuenses perecieron por inanición (de una población estimada en torno a 15.000 se paso a los citados 3000). Y los supervivientes, como describió el capitán Cook en 1774, eran: “Pequeños, enjutos, tímidos y pobres”, llegando incluso a practicar el canibalismo.

La etiología de la destrucción medioambiental -como destaca Jared Diamond en su monumental obra, Colapso – fue antropogénica. En concreto, la sociedad pascuense estaba dividida en 12 clanes. Las fuerzas que impulsaron la construcción de los moái fue la lucha por el estatus, prestigio y poder de los diferentes clanes. Los moái significaban un signo inequívoco de poder, y los jefes de los diferentes clanes, los utilizaban para demostrar frente a los prebostes de otros clanes su superioridad y status, lo que, a su vez, era fuente de legitimitad de su dominio y poder entre los miembros de su propio clan. Lo que importaba no era el tamaño y la cuantía absoluta de los moai erigidos por un determinado clan, sino sus valores relativos; es decir, que los de un determinado clan fueran más numerosos y, sobretodo, más colosales. Como consecuencia de esto se desató una carrera ad infinitum, en la que los moai eran cada vez más grandes y pesados… hasta que, como consecuencia de ello, talaron la totalidad de los arboles disponibles, lo que supuso la erosión del suelo, la extinción de las especies animales y, por ende, la destrucción de la sociedad pascuense.

El ominoso epílogo dibujado en el párrafo precedente, nos puede servir, por analogía, para extraer algunas conclusiones aplicables a las sociedades actuales. En los años sesenta surgió el concepto de la Tierra como una nave espacial. Esto fue motivado tanto por las vividas fotografías de la Tierra realizadas por los satélites y los primeros viajes del proyecto Apolo, como por el reconocimiento del significativo impacto que la especie humana estaba teniendo a nivel global, de forma que ya no era plausible considerar los recursos de la tierra como ilimitados. En palabras del polimatía Kenneth E. Boulding, en un fragmento de su brillante artículo, la Tierra como una nave espacial, de 1965:Durante milenios, la tierra en las mentes de los hombres era llana e ilimitada. Hoy, como resultado de la exploración, la velocidad y la explosión del conocimiento científico, la tierra se ha vuelto una esfera diminuta, cerrada, limitada, superpoblada, y lanzada a través del espacio hacia destinos desconocidos”.

A partir de esta caracterización de la Tierra, las similitudes con la Isla de Pascua son evidentes: la tierra, en relación a los 7000 millones de habitantes que la pueblan, es pequeña. Al igual lo era la Isla de pascua con sus 15 km por 15 km en relación a sus 15.000 pascuenses. La Tierra es un sistema cerrado, en el sentido que no es factible para los seres humanos, en un periodo temporal “razonable”, encontrar una morada alternativa. De igual forma, para los pascuenses, una vez acontecido el ocaso, sin árboles con los que construir barcas mínimamente aceptables, la isla era también un sistema cerrado del que no podían escapar. En la Tierra, los humanos que la moran efectúan grandes esfuerzos por incrementar su estatus. Para conseguirlo, se recurre a la ostentación y fausto de los más variopintos bienes suntuarios: coches de lujo, mansiones, televisores de gran tamaño… así como a un consumismo febril en miles de productos que generan un consumo de recursos y una generación de residuos no sostenible. Los pascuenses también eran adictos a la pompa y al boato, encarnados en sus moái, lo que, sumado a lo pequeño de su morada y a la imposibilidad de trasladarse a otra, significó su condena a muerte. Esta tercera semejanza entre la tierra y la Isla de Pascua lo es en origen, si bien el desenlace o, en palabras de Boulding, el destino de la tierra, todavía es desconocido.

Los datos son elocuentes. Como destaca Jared Daimond, el consumo de recursos y generación de residuos de un ciudadano medio de EEUU, Europa occidental o Japón son unas 32 veces superior a la de los habitantes del Tercer Mundo. Por lo tanto, si todos los países del mundo acaban alcanzado el dorado que para ellos es llegar al consumo y nivel de vida de los países ricos, cruzaríamos el punto de no retorno, lo que significaría una “pascualizacion” de la sociedad a nivel planetario, no para nosotros, sino para nuestros descendientes. La otra alternativa es reconocer la gravedad del problema y asignar los recursos y los medios necesarios para soslayar tan aciago desenlace. Dada la dimensión del problema las soluciones deberían de transitar por una redefinición de los valores en los que se sustenta el sistema económico y social. Los modelos alternativos son varios: Economía del decrecimiento, del bien común… todas ellas encuadradas en el amplio y anfibiologico concepto de la economía sostenible.

 

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El milagro de compartir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 10 de Noviembre de 2013, pág: 14 y 15

El milagro del compartir 1El milagro del compartir 2

Multiplicar los panes y los peces

El milagro al que más cariño le tengo de todos aquellos que aparecen en el nuevo testamento es el de la multiplicación de los panes y los peces. No ha sido siempre así. Cuando era pequeño no acababa de entender bien lo que sucedió en aquel descampado en el que se concentraban los seguidores de Jesús. Veía a los discípulos con una especie de chistera donde, en lugar de salir conejos o palomas, salían panes y peces para alimentar a toda la población que se encontraba allí. Me imaginaba las caras de asombro de todos y no comprendía porqué luego volvieron a sus casas teniendo a alguien que podía darles de comer gratuitamente todos los días con aquella cesta maravillosa…

 

El milagro del compartir

Tardé mucho en comprender que esto no era el verdadero milagro. Los milagros no son magia, sino sucesos extraordinarios, que se salen de lo común, que asombran por lo inesperado o por lo inexplicable. Ello no quiere decir que no tengan explicación, que no sigan un razonamiento determinado, sino que son inesperados, que no cabía esperar que sucediese así, que había dudas razonables de que se pudiese dar esta posibilidad.

Esto sucedió en aquella ocasión, nadie podía esperar que con las exiguas viandas con que contaban Jesús y sus discípulos (cinco panes y dos peces) se pudiese alimentar a aquella multitud. Pero sucedió, Jesús repartió lo que tenía y sobró para todos… Jesús compartió su comida y cundió el ejemplo, todos aquellos que estaban en el descampado compartieron sus alimentos y los repartieron entre sus vecinos. Este compartir llevó a la sobreabundancia y no solo hubo bastante para todos, sino que además sobró.

Este fue y es el verdadero milagro, cuando se comparte, cuando se reparte, no solamente hay para todos sino que además hay en exceso… Jesús nos llama a seguir su ejemplo, a repartir lo que tenemos aunque sea poco, a compartir con los demás nuestras posesiones como mejor manera de lograr que todos puedan cubrir sus necesidades.

 

¿Compartimos o acaparamos?

Es evidente que este es el mensaje contrario de lo que oímos todos los días propugnar a algunos economistas. Su mensaje es que debemos tener más y más cada día, que solo tenemos que pensar en nosotros o en los nuestros para conseguir que cada día tengamos más entre todos. El egoísmo, el acaparar para uno mismo, el buscar solo mi propia riqueza y no compartirla, aparecen como los caminos más adecuados para tener más. Se contraponen así dos ideas opuestas que prometen el mismo resultado. El egoísmo como fuente de crecimiento o el compartir como raíz de la sobreabundancia.

 

Repartir es el camino hacia la mejora

Nuestra experiencia diaria parece apoyar el milagro del compartir. La gestión económica de las familias suele estar basada, precisamente, en el reparto de lo ganado por algunos miembros de la familia al servicio de todos. Esto no trae problema alguno a las familias ni hace que estas tengan menos o se arruinen por ello. Al contrario, si cada miembro de la familia ve solamente por su propio interés y no comparte el dinero que gana, no solo el conjunto va a salir perjudicado desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista de la convivencia familiar. Lo mismo sucede cuando quedamos con los amigos para cenar y cada uno lleva algo para compartir. En estas ocasiones no solo no nos quedamos con hambre, sino que solemos comer muy bien y siempre sobra comida…

También existen economistas que hablan sobre este fenómeno. En un libro muy comentado que se titula “Por qué fracasan las naciones”, los profesores Ademoglu y Robinson arguyen que aquellas naciones que tienen instituciones que solamente benefician a unos pocos en lugar de a la mayoría y cuyas élites de poder solamente piensan en beneficios para ellas mismas y no para el conjunto de la población, son las que no tienen capacidad para crear riqueza y crecer lo suficiente y acaban fracasando como naciones. Solamente las que tienen unas instituciones inclusivas que benefician a la mayoría, pueden realmente desarrollarse y mejorar.

Creo que debemos de introducir la dinámica del compartir en la economía. Es la única manera, no solo de salir de la crisis, sino también de que realmente se de un progreso en nuestras sociedades. Para ello es importante repartir y compartir y recordar que para compartir no solo se recibe, sino que también se aporta… Ello excluye al gorrón, a quien se aprovecha de la bondad de los demás para recibir sin dar. Este no entra en esta dinámica sino en la egoísta, en la que lo quiere todo para si mismo. Si buscamos la sobreabundancia, si queremos generar bienestar para la sociedad, el compartir es el camino que nos llevará hacia ella y para ello debemos educar ciudadanos y generar instituciones que den, que repartan, que compartan…

 

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Comprar para ser diferente, comprar para ser como todos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 9 de Octubre de 2013, pág: 14 y 15

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Comprar nos produce satisfacción

Todas las personas tenemos unas necesidades que tenemos que cubrir para poder vivir: comer, protegernos del frío y del calor, descansar, defendernos de las enfermedades que nos atacan periódicamente… En el momento histórico que vivimos, la principal vía a través de la que cubrimos estas necesidades físicas es a través de las compras que realizamos para lograr los bienes y servicios que nos permiten cubrir estas necesidades.

Este es el motivo principal por el que las compras resultan una fuente de satisfacción para nosotros. En la medida que gracias a ellas obtenemos aquello que me permite sobrevivir, gozar de una serie de comodidades y de una determinada calidad de vida o tener una vida mejor, puedo considerar la compra un acto que repercute directamente en mi satisfacción personal y familiar. Si mis ingresos no son suficientes para lograr adquirir lo que necesito para vivir, mi satisfacción va a ser menor y voy a acusar la imposibilidad de tener las rentas suficientes para llevar una vida digna.

Sin embargo, no todas las compras nos dirigen en esta dirección. Gracias al nivel que hemos alcanzado en nuestra sociedad, con frecuencia compramos bienes o servicios que no nos son necesarios, cosas de las que podríamos prescindir sin que ello perjudicase nuestra calidad de vida. Si esto se así, cabe preguntarse por qué entonces compramos estos bienes o servicios, porque utilizamos parte de nuestros ingresos para adquirir cosas que no son necesarias, que no tienen por qué aportarnos satisfacción alguna en la medida que no están relacionadas con lo que precisamos para vivir.

Comprar para afianzar una posición o diferenciarme de los demás

Las razones son variadas y no voy a analizar todas aquí. Quiero centrarme en ese consumo que se utiliza para lograr demostrar la posición que ostentamos. Se trata de consumir bienes, no para cubrir unas necesidades que tengo, sino para, o bien demostrar que se ha alcanzado una determinada posición social (en la que lo habitual es comprar una serie de bienes y no otros) o bien sirve para diferenciarse de los demás y demostrar cuán distinto se es de los que conviven con uno. Sirva de ejemplo lo que sucede en ocasiones cuando todos los amigos tienen una segunda vivienda. Puede suceder que aquellos que no la tienen sientan que tienen una categoría inferior a los otros. Por ello, desean tener una segunda vivienda para mantener el estatus y situarse en el mismo nivel que aquellos con los que se convive habitualmente. De este modo, la compra se convierte en una manera de mantener la satisfacción de asimilarse a los de su mismo grupo.

Parecido fenómeno es el de aquel que compra inmediatamente el nuevo artilugio informático que ha salido al mercado o quien tiene el modelo más caro de automóvil. Con esas compras se pretende, habitualmente, diferenciarse de los demás, sentirse especial porque se posee algo que los otros no tienen. Las propiedades, las compras, sirven para mostrar la diferencia, para decir a los demás que se está en un nivel distinto.

¿Incrementan estas compras nuestra satisfacción?

Cuando las compras se realizan por estos motivos (y no por el de la necesidad) la satisfacción que percibimos por ellas no siempre se incrementa y, con frecuencia, es muy efímera. Si nosotros compramos para demostrar nuestro estatus o para posicionarnos en un determinado grupo, debemos estar siempre atentos a cuáles son los bienes que debemos tener para estar ahí. Cualquier descuido, cualquier bajada de renta, nos va a impedir mantener el nivel de compras que precisamos, lo que puede producir más ansiedad que satisfacción.

Lo mismo sucede con las compras que intentan diferenciarme. Puedo comprar algo para salir de lo normal, pero también puede pasar que los otros acaben imitándome para comprar ese mismo bien y la diferencia que buscaba se acabe. La satisfacción percibida por marcar la diferencia es, pues, efímera y me obliga a no bajar la guardia y buscar siempre esas novedades que me permiten marcar diferencias. De este modo, estos consumos que realmente no me son útiles, me proporcionan una satisfacción caduca que solamente puede ser compensada por nuevas compras que van a tener unos efectos sobre mi felicidad tan efímeros como los anteriores.

¿Compramos para ser?

El error del planteamiento anterior es pensar que si compro voy a ser diferente o similar a los demás. Las cosas se compran para tenerlas, pero no para ser. Nosotros somos diferentes a los demás por nuestra propia naturaleza (no hay dos personas iguales en todo el planeta) y al mismo tiempo somos similares a los demás porque somos humanos como ellos. Por ello, pensar que tener algo o no tenerlo cambia mi ser, es desenfocar totalmente el objetivo real de las compras y olvidar que nuestro ser se basa en nuestra manera de pensar, nuestros valores, nuestra cultura, nuestras acciones, nuestra voluntad, etc.

Para que no caigamos en este camino de comprar para ser, creo que es aconsejable que repasemos nuestras compras, seamos sinceros con nosotros mismos y diferenciemos cuáles son las que realizamos porque las necesitamos o nos apetecen y cuáles son las que solamente buscan ser similar o diferente a nuestros vecinos o amigos. Esforzarse en comprar para ser de una manera u otra es un esfuerzo inútil, si queremos ser diferentes o mejores, tenemos que encaminar nuestros esfuerzos en otra dirección.

 
 

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Nuevos modelos de economía

Dos periódicos turolenses se hicieron eco de mi conferencia el pasado jueves 26 de Septiembre. Aquí tenéis la crónica de ambos, aunque uno de ellos me definió como “catedrático” cosa que no soy…

Diario de Teruel del 27 de Septiembre de 2013 en su página 13

diario de teruel sobre conferencia

ECO DE TERUEL. Periódico digital de Teruel

Brillante charla del catedratico Enrique Lluch, dentro del Aniversario de Caritas en Teruel

Domingo, 29 septiembre , 2013 | Por | Categoria: Actualidad Local

En la imagen , un momento de la charla del viernes

En la imagen , un momento de la charla del viernes

El pasado viernes el catedrático D. Enrique Lluch Frechina, director de la Cátedra de Solidaridad de la Diversidad Cardenal Herrera CEU de Valencia dio una charla sobre os nuevos modelos económicos, dentro de los actos de celebración del aniversario de caritas diocesana en Teruel. La charla fue brillante y seguida atentamente por los asistentes.
Se habló de los nuevos modelos económicos como por ejemplo la economía de comunión, la economía del bien común, etc
Sobre todo se hizo hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad en empresas, intermediarios financieros, estados y en las economías domésticas.
Finalmente el profesor Lluch hablo de cuestiones económicas concretas , de los objetivos que deberían tener estos nuevos modelos económicos
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Un acercamiento a nuevos modelos económicos
Enrique Lluch ofrece una conferencia sobre propuestas alternativas
P. Fuertes
Teruel
Otros modelos económicos son posibles en la sociedad actual y así lo dio a conocer Enrique Lluch, doctor en  Ciencias Económicas y director de la Cátedra de Solidaridad de la Universidad Cardenal Herrera de Valencia,  en una conferencia que ofreció en el salón de actos de la CAI en Teruel con motivo del 50 aniversario de  presencia de Cáritas en la Diócesis turolense. Lluch presentó los motivos por los que existen modelos de
economía alternativos, qué pueden hacer los ciudadanos para cambiar e intentar organizarse mejor y qué propuestas existen en la actualidad.
Entre estas alternativas se encuentran la economía de comunión, la economía del bien común, la del decrecimiento, la economía altruista, la eco-economía, la democracia económica y la economía del buen vivir.
Lluch planteó que enfrentar el mercado contra la planificación es un “falso dilema” porque hay que aceptar el mercado como un instrumento válido pero plantearse que hay que cambiar sus objetivos. Así, los nuevos modelos económicos propugnan cambiar las metas del mercado, según puso de manifiesto este experto. Para
ello, “hay que orientar el mercado hacia otra dirección”.
Para hacerlo hay que plantearse diferentes objetivos, siguiendo la línea de estas nuevas teorías que recoge Lluch, como modificar las prioridades delmercado. Este economista propuso que ante la prioridad del beneficio,
hay que sobreponer la prioridad de la persona y el bien común; ante la de la economía financiera la de la economía real y ante la de los triunfadores la de los últimos. También planteó que hay que cambiar las reglas del juego para que beneficien a aquellos que colaboren más con el bien común y penalice comportamientos perjudiciales.
Para ello, se precisa “un cambio de mentalidad y estructuras”, destacó Lluch que pasa por cambiar
la mentalidad economista, que ha generalizado el comportamientos egoísta y lo ha justificado a ámbitos no económicos; las economías domésticas que tienen que afrontar su día a día con claves diferentes, y las  empresas, que deben insistir en su importante labor social. El cambio dementalidad tiene que llegar también a los intermediarios financieros, “que deben estar al servicio de la economía real y no al contrario”, explicó Lluch.

Para allanar el camino hacia estructuras económicas diferentes propuso un cambio de legislación de los mercados, que facilite la competencia y luche de forma efectiva contra los oligopolios y que facilite la  transparencia para la labor social de las empresas y de los intermediarios financieros.
También, sería necesario una política de contratación pública que utilice parámetros distintos al precio y que potencia a las empresas que colaboran en la construcción social. En cuanto al sector público, debería defender a los más desfavorecidos y defender el estado social y potenciar el bien común con una estructura impositiva que sea equitativa y redistributiva.
La estructura financiera también tiene que ser modificada, según Lluch, para favorecer un cambio en la política monetaria, una reducción del tamaño de las entidades financieras, la supresión de los paraísos fiscales y la regulación de los instrumentos financieros.  Todos estos cambios, concluyó este autor de varios libros sobre economía alternativa, se deben ejecutar a nivel internacional para que sea efectivos.

 

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El consumo y la crisis

Artículo publicado en la revista ICONO, septiembre 2013, año 114, nº 8, pág: 14-15

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Bangladesh y nuestras camisetas

Hace unos meses cayó un edificio en Bangladesh repleto de trabajadores textiles. Las malas condiciones del mismo y la gran cantidad de máquinas y personas que se encontraban allí, provocaron una desgracia que se podría haber evitado. Sin embargo, no me interesa ahora las condiciones de la empresa ni lo que dejó de hacer la sociedad de Bangladesh para evitar esta tragedia, sino que en este lugar se cosía ropa que luego compramos nosotros, demandada por empresas europeas y estadounidenses. Ello nos lleva a que ninguno de nosotros podamos garantizar que ninguna de las prendas que utilizamos habitualmente estén fabricadas en lugares similares a este. No tenemos ni idea de en qué condiciones se fabrican nuestras prendas de vestir y, quien habla del textil, también puede hacerlo de otros bienes como los electrodomésticos, los muebles, las herramientas, etc.

Hay que mirar la relación calidad precio

El motivo principal por el que sucede esto es que cuando compramos solamente miramos la relación calidad precio buscando siempre adquirir lo más barato que encontremos. Esta es una estrategia imprescindible para aquel que no tiene lo suficiente para vivir (si compra demasiado caro no puede comer todo lo que necesita o vestirse con una cierta decencia), pero esta estrategia de pobres ha pasado a ser una estrategia común en todas las familias, tengan el nivel económico que tengan. Buscamos lo más barato, porque solamente pensamos en nosotros. Queremos adquirir bienes lo más económicos posibles para poder tener más cosas con el mismo dinero.

Pero claro, si nosotros compramos algo y pagamos un precio por ello, ese dinero tiene que acabar en manos de alguien. Si pensamos en nuestras camisetas por las que pagamos precios ridículos, con ellos hay que pagar a los que las hacen, a quienes las transportan desde Asia a nuestros lugares de residencia, a quienes las venden en nuestros países y a quienes hacen la publicidad… Poco dinero para repartir entre muchos.

Echar balones fuera

Esta búsqueda de lo más barato ha hecho que muchas de nuestras empresas productivas hayan cerrado o ahora produzcan en países asiáticos. Los productos fabricados en estas naciones son más económicos y se venden mejor… Este fenómeno ha colaborado en el gran desempleo que tenemos en nuestro país y en que se haya desmantelado gran parte de la industria que existía hasta hace unos años, lo que dificulta la salida de la crisis. Ante esta situación muchos son los que piensan que la culpa la tienen estas naciones asiáticas y se ponen en contra de ellas en una reacción infantil que busca echar balones fuera y endosar la culpa de nuestros males a cualquiera que no seamos nosotros. Es una manera de no tener que pensar en qué parte de responsabilidad tenemos.

Pero si le preguntásemos a los trabajadores supervivientes del derrumbamiento de la fábrica de Bangladesh y de otras similares, seguramente nos replicarían que trabajan para empresas europeas y estadounidenses. Es decir, que ellos son el último eslabón de una cadena que comienza con nosotros, los consumidores, buscando el precio más bajo; continúa por nuestras empresas, que se van allí a buscar unos menores precios; y acaba en ellos, que producen lo que nosotros les decimos al precio que les exigimos. Al final, son nuestras empresas las que les fuerzan a trabajar en estas condiciones, ya que es la única manera de que se mantengan los costes bajos. Si no lo hacen, se busca otro país en el que se produzca más barato y a seguir con los precios más baratos…

Cambiar nuestros criterios de consumo

Benedicto XVI ya dijo en su Encícilica Caritas in Veritate que “comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Cuando compramos, le estamos diciendo a las empresas cómo queremos que se comporten. Si les pedimos solamente lo más barato, les estamos diciendo que rebusquen por todo el mundo dónde pueden producir de una manera más económica, que nos da igual como lo hagan, pero que nos traigan un precio muy reducido… Si queremos colaborar en que no hayan más casos como el de Bangladesh, debemos pedir a las empresas que nos muestren sus métodos de producción, que sean capaces de garantizarnos que ni ellas ni sus subcontratistas están produciendo en condiciones infrahumanas… El comercio justo ya lo hace, pero no es suficiente con esto. Debemos lograr que todo sea comercio justo, que lo que es excepcional pase a ser lo habitual.

Pero no solo esto, si queremos colaborar con nuestras compras a mejorar las condiciones económicas de nuestros ciudadanos, creo que es necesario que compremos más bienes producidos en nuestro entorno. Ello no solo nos permitirá controlar mejor si las empresas están produciendo en condiciones dignas y pagando unos salarios adecuados, sino también promover el empleo y la producción local colaborando así en la salida de la crisis. Todo ello supone, claro está, olvidarnos de esa consigna tan utilizada por todos nosotros “hay que comprar siempre lo más barato”…

 

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Trabajo responsable, liderazgo responsable

Artículo publicado en el periódico Levante, en su suplemento EMV el Mercantil Valenciano, página 16, el Domingo 22 de Septiembre de 2013

Liderazgo responsable

Cualquier empresa querría tener unos trabajadores responsables. Entiendo por estos aquellos que se encuentran motivados para realizar su trabajo, lo ejecutan con ganas y de una manera concienzuda, buscan la calidad y la excelencia en lo que hacen e intentan mejorar cuando tienen errores, trabajan bien en equipo y aceptan las indicaciones de sus superiores, son capaces de encontrar soluciones eficaces ante dificultades novedosas y en resumen: les gusta lo que hacen, son productivos y colaboran de una manera constructiva en la consecución de los fines de la empresa.

Lograr esto no siempre es fácil, de hecho, cuando se habla de liderazgo se está pensando (habitualmente) en la capacidad para crear equipos compuestos por esta clase de trabajadores que logren, de una manera eficaz, los objetivos de la empresa. Para hacerlo, hay diversas técnicas de dirección que pretenden mostrar el camino más adecuado para alcanzar un verdadero liderazgo. No pretendo en este artículo describir o realizar un listado de estas técnicas, pero sí aportar unas claves que deben de estar detrás de cualquiera de ellas y que son las permiten, de una manera efectiva, real y a largo plazo, unos trabajadores responsables.

Existe la idea generalizada de que el trabajo remunerado tiene una finalidad única que es la de lograr los ingresos necesarios para poder vivir. Desde este punto de vista, lo único que le pide una persona al trabajo es que le aporte un sueldo suficiente o lo más elevado posible (dependiendo de las ambiciones de cada uno) y todo lo demás es secundario. Parece evidente que, si esto es así, la manera de lograr trabajadores responsables solamente pasa por una correcta política remunerativa. En la medida en que pague bien a mis trabajadores, estos serán responsables en su trabajo y con la implantación de unos salarios diferentes que correspondan a la responsabilidad adquirida por los empleados, lograré ejercer un liderazgo adecuado.

Sin embargo, la realidad es más compleja. Pensar que el trabajo remunerado se realiza solamente por los ingresos, olvida las dos dimensiones esenciales del trabajo que son determinantes a la hora de que el trabajador asuma o no una postura responsable. La primera dimensión es la que se viene a denominar objetiva: a través de nuestro trabajo colaboramos en la construcción de la sociedad en la que vivimos. Por ello, la labor remunerada es importante para nosotros y para la comunidad. En la medida que nuestra pertenencia a un equipo-empresa que produce bienes y servicios útiles a la sociedad nos permita sentir que estamos aportando algo positivo, que estamos colaborando (aunque sea en una medida pequeña) en mejorar el entorno social o natural en el que nos movemos, nos sentiremos satisfechos o no con nuestra labor.

La segunda dimensión del trabajo que hay que tener en cuenta para lograr este liderazgo positivo es la subjetiva. El trabajo (sea o no remunerado) es algo intrínseco a la persona. Nos hacemos persona, crecemos como tales, maduramos, con el trabajo. La ociosidad, el no realizar ninguna actividad encaminada a producir bienes o servicios útiles para nosotros o para la sociedad (es decir, trabajar) es negativa para las personas que la practican. El dicho valenciano lo dice claramente “qui no te faena, el dimoni li la dona” (quien no tiene trabajo, el demonio se lo da).

Por ello, trabajar es necesario para nuestra maduración, para ser cada día más personas y para nuestro crecimiento como tales. Nuestro trabajo remunerado debe ser un lugar en que sintamos que podemos ser nosotros mismos, que nuestra personalidad se desarrolla, que colaboramos con otros, que podemos aportar lo mejor de nosotros mismos, que potenciamos esa manera de ser que nos hace únicos y que somos valiosos para la organización en la que trabajamos. Necesitamos sentirnos potenciados como personas y que aquello que hacemos nos favorece para mejorar como tales.

Si buscamos trabajadores responsables vamos a tener que cuidar estas dos dimensiones además de la anteriormente citada. Es decir, para que un grupo de personas trabajen con responsabilidad a lo largo de un periodo dilatado de tiempo, se precisa que, por un lado, reciban una remuneración adecuada que les permita cubrir tanto sus propias necesidades como las de su familia. Por otro, que sepan que están siendo útiles a la sociedad, que su trabajo está beneficiando a otros que pueden estar agradecidos a su labor positiva. Por último, deben notar como su trabajo les ayuda a crecer como personas, es positiva para ellos, les da equilibrio y fuerza para afrontar su día a día.

Cualquier persona va a trabajar con responsabilidad si se encuentra en un lugar en el que se de una combinación adecuada de estos tres elementos. Cuando falla alguno de ellos, es difícil mantener en el tiempo la motivación adecuada para que se trabaje con responsabilidad. Podrá permanecer durante un periodo breve, podrá lograrse una motivación pasajera, pero más pronto o más tarde se acabará.

Para lograr trabajadores responsables precisamos de un liderazgo responsable. Este es aquel que logra que las condiciones de trabajo sean tales que las personas que componen la empresa puedan desarrollar correctamente las dos dimensiones del trabajo (la objetiva y la subjetiva) y reciban al mismo tiempo unos ingresos adecuados para su vida. Cualquier estilo o técnica de liderazgo que no atienda a estas tres cuestiones, cualquier empresa en la que estos tres aspectos del trabajo no sean cuidados, seguramente fracasará en su intento de tener trabajadores responsables en el largo plazo. Podrá lograr la implicación y la responsabilidad durante un periodo breve de tiempo, tal vez hasta los resultados sean espectaculares mientras consiga mantener ese tirón inicial, pero seguramente se deshincharán tan rápido o más de lo que se necesitó para inflarlas. Un liderazgo que quiera tener solidez no puede basarse en soluciones cosméticas, sino que tiene que ir a la esencia, tiene que abordar las dimensiones profundas del trabajo para lograr con responsabilidad, que esta se extienda al resto del equipo humano que compone la empresa.

 
 

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