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Una economía que mata

Libro de Enrique Lluch Frechina, editado por PPC, que versa sobre las ideas económicas que el papa Francisco ha expresado en su primer año y medio de pontificado. Un libro recomendado para cristianos y no cristianos interesados en una visión de la economía actual que pretende mejorarla para ponerla al servicio real de las personas.

El libro está ya en su segunda edición:

Portada segunda edición libro economía que mataSe divide en cuatro partes y un apéndice. En la primera denuncia el fetichismo del dinero, cómo la economía se ha convertido en un ídolo al que hay que alimentar y rendir pleitesía. En la segunda demuestra cómo esto resulta en que nuestra organización económica mata la humanidad, la dignidad, la esperanza, la naturaleza y a algunas personas. La siguiente introduce cómo cambiar a una economía que sirva y no que gobierne. La última se centra en cómo repensar y reconstruir nuestro sistema económico. El libro acaba realizando un breve comentario sobre las ideas económicas de la encíclica papal “laudato si” que versa sobre ecología.

Si queréis leerlo o regalarlo y sorprender a alguien con un libro dedicado por el autor, podéis adquirirlo (cuesta 14€) on-line en http://www.railowsky.com/4060-una-economia-que-mata-el-papa-francisco-y-el-dinero-enrique-lluch-frechina-9788428828772.html o en La Llapisera de Almàssera. También podéis encontrarlo o pedirlo en cualquier otra librería.

Aquí está el índice del libro para que sepáis lo que os vais a encontrar en él:

0. INTRODUCCIÓN

Recuerdos de aquel día, en el que vimos un ejemplo evangélico que cala en las personas sencillas, que muestra el camino de Jesús a través de un pensamiento económico, que analiza la realidad, que propone alternativas y que reorganiza las prioridades morales.

1. EL FETICHISMO DEL DINERO

1. a.- Idolatramos el dinero

Esta idolatría nos lleva a la codicia. Los economistas la justifican y la apoyan; los medios de comunicación social y los gobernantes la premian; las empresas, las finanzas y a veces la justicia se basan en ella y se introduce fácilmente en nuestras vidas.

1. b.- ¿Es esto malo acaso?

Jesús afirma que no se puede servir a Dios y al dinero. San Pablo afirma que la codicia es la raíz de todos los males. Francisco insiste en que el amor al dinero es el principal obstáculo para el amor.

1. c.- La cultura del bienestar

Para estar mejor quiero tener más para mí y para los míos”. No se trata solo de tener más, sino de tener más que los otros. Por ello buscamos la mejor relación calidad precio o pagar menos impuestos. Esto se muestra como lógico e inofensivo pero nos anestesia y nos crea insatisfacción, nos empacha y nos abotarga, nos hace cobardes y miedosos.

1. d.- La cultura del descarte

Una sociedad pragmática, eficaz y eficiente, que se organiza a través de un mercado en el que solo ganas si tienes algo que ofrecer a cambio. Esto lleva a descartar a algunas personas, tanto a nivel individual como a nivel grupal. Los descartados son ignorados, son sobrantes de la sociedad, no importan. Y así los niños son un obstáculo, los mayores un lastre, los jóvenes un estorbo y la vida es despreciada si no es útil.

1. e.- La globalización de la indiferencia

No padecemos con el otro, alimentamos nuestro egoísmo y por ello somos indiferentes a la desgracia del otro. Nos hacemos individualistas, no nos asociamos para mejorar, huímos de la acción conjunta, nos hacemos orgullosos y arrogantes y aplicamos el dicho de “Que cada palo aguante su vela”.

2. UNA ECONOMÍA QUE MATA

2. a.- Mata la humanidad de quienes la siguen

Mata nuestra humanidad, nuestra capacidad de amar, porque somos más humanos en la medida en que amamos más. La economía actual potencia una competitividad que deteriora las relaciones personales porque considera al otro un adversario, un instrumento y no un amigo. Esta economía mata la gratuidad, nos incapacita para recibir regalos con alegría y para regalar.

2. b.- Mata de hambre y de pobreza

Nuestro sistema económico aumenta las desigualdades. El Estado de Bienestar surge para paliar este problema y para garantizar la continuidad del propio sistema. La famosa “mano invisible” acaba beneficiando más a quien más tiene y perjudicando a quien menos tiene, lo que produce unas grandes desigualdades a nivel mundial. Los mercados internacionales de alimentos producen hambre, el ansia de beneficios de la industria farmacéutica es una condena de muerte para algunos, las restricciones a los movimientos de personas matan a personas en el mar.

2. c.- Mata la dignidad

El trabajo no es solo un medio de vida, sino una parte esencial de nuestro ser. El desempleado tiende a culpabilizarse y a ser culpabilizado por la sociedad. El trabajo pierde sus dimensiones más humanas y se considera un simple coste de producción. Por ello los derechos de los trabajadores se reducen: los derechos globales del capital o de las empresas son mayores y la competitividad se basa, con frecuencia, en la no globalización de estos derechos. Las empresas se organizan para potenciar el trabajo barato. Todo ello lleva a la desaparición de la clase media y afecta en especial a los más jóvenes. Por ello, Francisco denuncia la pobreza que supone no poder ganarse el pan y la existencia de trabajos inhumanos.

2. d.- Mata la esperanza

Se nos dice que se hace lo único que se puede hacer, pero esto no es cierto, se está faltando a la verdad. Negar la posibilidad de error es propio de fundamentalismos que siempre exigen sacrificios. La desesperanza es una corriente que nos lleva, que se apoya en estructuras de pecado, que dificulta enormemente el comportamiento ético y que predomina en el ámbito político. La obsesión por tener más mata la esperanza.

2. e.- Mata la naturaleza

La naturaleza es necesaria para poder producir cualquier bien o servicio. Algunos recursos naturales se agotan con su uso. Otros pueden renovarse. Para ello hay que utilizarlos de una manera sostenible. El afán incontrolado de ganancias a corto plazo lleva a la sobre-explotación porque considera la naturaleza como un medio y acaba con todos los recursos. Por ello hay que recordar que somos los custodios de la naturaleza.

3. Por una economía que sirva y no que gobierne

3. a.- La persona es el centro de la economía

Diferenciar entre economía y crematística nos permite entender dos modos contrapuestos de vivir los asuntos económicos que logran objetivos contrapuestos. El sistema económico actual nos induce a ser crematísticos en todo. Pero humanizar la economía es justo lo contrario, superar el egoísmo e introducir el amor en lo económico. Para ello la economía no puede ser lo principal, el esfuerzo económico debe centrarse en los fines de la institución, hay que priorizar a quien peor está, el conjunto mejora si lo hace el más desfavorecido y debemos tener claro cuál es nuestra prioridad. Todo ello construye una economía más humana, con unas claves que se pueden aplicar tanto a la familia como a las empresas.

3. b.- Hay que buscar el bien común

Existen ideas erróneas sobre el bien común, que excluyen lo común o la persona o que directamente piensan que este es inalcanzable. La concepción cristiana del bien común puede ser compartida por todos, no deja a nadie de lado, puede ser exigida a los gobernantes. Es un horizonte hacia el que dirigirse, la organización económica debe perseguirlo, las personas y las asociaciones también debemos construirlo.

3. c.- Se pretende lograr la justicia social

La justicia es dar a cada uno lo suyo. La justicia genera derechos pero también obligaciones. Implica igualdad entre las partes. La justicia social va más allá porque se centra en quienes peor están.

3. d.- Hay que revalorizar la utopía y la sabiduría

La utopía es irrealizable y perfecta, nos mantiene en movimiento, en una dirección única y coherente. La utopía del bien es realista y recoge el pasado para proyectar el presente hacia el futuro. La sabiduría es necesaria. La sabiduría no depende de lo que hemos estudiado, sino de saber afrontar los retos de la vida.

4.- Repensar el sistema económico

4. a.- Las dos dimensiones éticas (personal e institucional)

Precisamos de un cambio ético personal para pasar de un comportamiento egoísta a otro altruista. Se precisa un cambio ético en las instituciones que con frecuencia se convierten en “estructuras de pecado”. La ética es necesaria para el buen funcionamiento de la economía, debe encontrar su sitio en los mercados y las finanzas. Necesitamos reflexión y trabajo personal y cambio institucional.

4. b.- La ética de la solidaridad

La solidaridad no siempre es bien entendida. La solidaridad es una determinación firme enfocada al bien común, que requiere compasión, el reconocimiento del otro como un igual y la universalización o ampliación del “nosotros”. La solidaridad es un concepto despreciado por nuestro sistema económico. La compra responsable y el ahorro ético son acciones económicas solidarias que precisan de la colaboración de empresas y Estado.

4. c.- La cultura del encuentro

La economía se ha despersonalizado, en pocas ocasiones es un motivo de encuentro entre las partes. El componente relacional se ve como un impedimento para la generación de beneficios. En ocasiones, los accionistas no conocen sus empresas. Por ello necesitamos una cultura del encuentro, para que el sistema económico se llene de relaciones humanas. Hay que potenciar la economía local y la relación entre accionistas y trabajadores.

4. d.- Fomento del compartir y la gratuidad

El compartir genera riqueza. La gratuidad entra en la lógica económica. Sin gratuidad fallan la familia y las amistades, el Estado funciona peor y las empresas enferman. Recibir gratuitamente genera gratuidad. Este círculo virtuoso es necesario para que funcione la sociedad. El Estado de Bienestar es una manera de concretar la dinámica de gratuidad.

4. e.- Para que no falte a nadie lo necesario hay que priorizar a los más desfavorecidos

El destino universal de los bienes nos lleva a buscar que todos tengan lo necesario y esto supone priorizar al más desfavorecido. Hay que contabilizar de otra manera el progreso social, garantizar los derechos sociales para todos, priorizar la inversión social, que a nadie le falte lo mínimo, que no existan salarios de pobreza y que la globalización se enfoque hacia los más desfavorecidos.

4. f.- Modificar el marco económico mundial

APÉNDICE: a propósito de la Encíclica Laudato Si

Preocuparse por el Medio Ambiente es priorizar a los más pobres. El deterioro ambiental es otra cara de la cultura del descarte y tiene una raíz humana, que hay que solucionar desde lo humano, manteniendo y promocionando la economía a pequeña escala. Para ello hay que cambiar el modelo económico actual y nuestro estilo de vida

 

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