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Archivo de la categoría: ética económica

Repensar l’economia a partir de la pandèmia

Se acaba de publicar un libro colectivo en el que participo. Se titula “Repensar l’economia a partir de la pandèmia“. Está publicado en Catalán por la editorial claret en colaboración con Justicia i Pau de Barcelona. Tiene aportaciones muy interesantes.

El próximo día 14 de abril a las 18:00 tendremos la presentación on line a la que estáis todos invitados:

 

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Hacerse amigo de Funderética

La Fundación Europea para el Estudio y Reflexión Ética (FUNDERÉTICA) de la que soy patrono, es una institución que pretende promocionar la dignidad de la persona a partir de la reflexión ética, basándose, en especial, en el humanismo cristiano.

En estos tiempos de COVID nuestras fuentes principales de financiación para realizar nuestras múltiples actividades (puedes verlas aquí) se han reducido.

Por ello estamos haciendo una campaña para captar nuevos amigos que, con una mínima aportación anual (al menos 15€), nos ayuden a seguir realizando esta importante labor.

Os invito a que sepáis más sobre FUNDERÉTICA en https://funderetica.org/ , a que conozcáis los Cuadernos de Ética en Clave Cotidiana, de los que hemos tenido ya más de 70.000 descargas, y todas las otras actividades que hacemos en https://funderetica.org/actualidad/

Os invito a hacerlos amigos de Funderética con una aportación mínima de 15€ anuales. Para ello enviad este formulario a fundraising@funderetica.org indicando en el email la aportación que queréis realizar.

 

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Revista Resistencia

Os presento una iniciativa conjunta de los departamentos de Filosofía y de Religión del IES de Betxí.

Se trata de una revista que es el resultado del trabajo de todo un año de los estudiantes de esta población castellonense.

Los artículos son muy interesantes y creo que es bueno potenciar iniciativas educativas de esta clase.

Os animo a que la leáis en el siguiente enlace https://joom.ag/s0RC

 

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Gratitud, gratuidad y méritos

Os presento este pequeño artículo que habla sobre los méritos y como cuando a estos se les da excesivo protagonisto nos impiden desarrollar los valores de la gratuidad y la gratitud.

 

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Simposio Economía de Comunión: Economía y Pobreza

Los próximos días 2 y 3 de Junio tendrá lugar en Valencia el Simposio de Economía de Comunión: Economía y Pobreza.

Aquí tenéis el programa que creo que puede ser muy interesante para aquellos que estéis por aquí.

FOLLETO SIMPOSIO ECONOMÍA DE COMUNIÓN - VALENCIA 2 y 3 JUNIO 2018-1_Página_1

FOLLETO SIMPOSIO ECONOMÍA DE COMUNIÓN - VALENCIA 2 y 3 JUNIO 2018-1_Página_2

 

 

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Entrevista en el Levante EMV

Para preparare para la presentación del libro “DSI y economía” de esta tarde, podéis leer la entrevista que me han hecho en el periódico Levante de Valencia que ha titulado la entrevistadora:

Enrique Lluch : “En el sistema actual se ama al dinero como a un dios”

Levante emv

Si queréis leerlo, tendréis que ir a su edición en papel o quienes estéis suscritos a la edición digital, podéis encontrarlo en: http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2018/04/13/sistema-actual-ama-dinero-dios/1703521.html

También ha salido publicado en la página web de la diócesis. Aquí tenéis el enlace:

http://www.archivalencia.org/contenido.php?a=6&pad=6&modulo=37&id=16700&pagina=1

Toda la información sobre la presentación la tienes aquí

 

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¿Qué es un paraíso fiscal?

En este audio hablo brevemente sobre lo que es un paraíso fiscal, sus principales características y los problemas que traen para la estructura económica mundial.

https://www.ivoox.com/paraisos-fiscales-audios-mp3_rf_24993645_1.html

paraíso fiscal

 

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El lugar donde nadie sueña solo

El próximo 12 de abril a las 19:00 en el colegio salesiano San Antonio Abad en la Avenida Primado Reig 2 de Valencia, tendrá lugar una sesión de cuatro intervenciones en formato conferencia TED en la que participaré.

logoSalesianos

Es gratuito pero hay que retirar las entradas en el mismo colegio.

Tenéis toda la información en: https://valenciasaa.salesianos.edu/colegio/dreams/

 

 
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Publicado por en marzo 25, 2018 en ética económica

 

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El afán de lucro

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 11 Diciembre, Pág. 26-27

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En nuestra sociedad actual el afán de lucro se muestra (con frecuencia) como el verdadero motor del cambio. Parece que todos los avances que se dan en ella responden a la iniciativa de personas que buscan innovaciones que les permitan ganar más dinero y enriquecerse. Quienes así piensan no se cansan de mostrar ejemplos que pretenden demostrar que las personas cuyo único fin es enriquecerse son aquellas que logran los grandes progresos de la humanidad y que en esa insatisfacción por el tener más, son más imaginativas a la hora de aportar bienes para la sociedad. Todo ello lleva a que exista una legitimación ética del afán de lucro. Querer enriquecerse no solo se muestra como normal y como el comportamiento racional desde el punto de vista económico, sino que se ensalza socialmente a las personas que solamente buscan este objetivo poniéndolas como ejemplo para el resto de la sociedad. El afán de lucro se convierte así en la base sobre la que se asienta toda la organización económica actual.

Diferenciar el afán de lucro de la necesidad de obtener lo necesario

Lo primero que hay que matizar para profundizar un poco en este tema es diferenciar el afán de lucro con obtener lo necesario para vivir. Aunque algunas personas (de manera interesada o no) los confunden, no son lo mismo. Todos tenemos una tarea vital clara y necesaria que es lograr los recursos suficientes para llevar una vida digna nosotros y nuestra familia. Se trata de un afán que deriva de la vida digna y que está recogido en la oración que Jesús nos dejó para dirigirnos al padre “danos hoy nuestro pan de cada día”. Ahora bien, obtener lo necesario tiene un límite, porque no necesitamos de todo para vivir dignamente, cuando llegamos a unos determinados ingresos ya tenemos lo suficiente y no precisamos de más. Esta es la diferencia esencial entre obtener los ingresos para la vida y el afán de lucro. Este último es ilimitado, siempre queremos más, siempre ansiamos incrementar nuestros ingresos. No es lo mismo, por tanto, el afán de las personas que quieren obtener lo suficiente para llevar una vida digna que el afán de lucro que es siempre ilimitado por definición y que no tiene límite y busca tener más de lo necesario.

El afán de lucro no siempre lleva a lo mejor

Hecha esta diferenciación tenemos que rebatir el argumento de los apologetas del afán de lucro. Por un lado no es cierto que las personas que han realizado los grandes avances de nuestra civilización hayan estado siempre impregnadas por el afán de lucro. ¿Creemos acaso que avances como el fuego, la rueda, el papel, la penicilina, la máquina de vapor… fueron realizados por personas que solo pensaban en enriquecerse gracias a sus inventos? Es tan evidente que esto no fue así que a veces sonroja pensar que hay alguien que sigue pensando que el afán de lucro es la única motivación de las personas que desarrollaron estos avances. La gloria, el orgullo, el solucionar un problema para mejorar algún trabajo, el servicio a los demás para facilitarles o mejorarles la vida, el gusto de inventar por inventar, querer ahorrarse esfuerzos utilizando una máquina o herramienta, la vocación de investigar, etc. Son motivos que pueden llevar a algunas personas a realizar avances en distintos campos útiles para la sociedad. Aquellos que estamos en la Universidad vemos día tras día investigadores en muchos campos que dedican su vida a buscar avances útiles para la sociedad y puedo asegurar que no lo hacen por afán de lucro. Es más, con demasiada frecuencia están hasta mal pagados… Hay que añadir a esto que al contrario, el afán de lucro lleva con frecuencia a actuaciones negativas para la sociedad. No hay más que pensar en la corrupción, las ilegalidades y los delitos cometidos por personas impregnadas de afán de lucro. También podemos recordar como la última crisis fue provocada por un sistema financiero que entró en una espiral de enriquecimiento sin tener en cuenta los riesgos que suponía esta rueda imparable del ganar siempre más.

El cristianismo condena el afán de lucro

Podemos encontrar condenas del afán de lucro tanto en el antiguo testamento (especialmente en los libros sapienciales) como en el nuevo, en los Santos Padres, en la Doctrina Social de la Iglesia y en toda la tradición cristiana. Podríamos poner ejemplos múltiples para mostrar esta condena clara, pero el espacio limitado del artículo me lleva a dar tan solo tres muestras del porqué esta condena tan clara. La primera es que “Nadie puede estar al servicio de dos amos, pues o odia a uno y ama al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y el Dinero” (Mt. 6, 24). En este ejemplo está la esencia del porqué de la condena del afán de lucro: porque deshumaniza, porque hace que veamos a la otra persona como un medio para nuestro enriquecimiento, que nos olvidemos de que la otra persona es imagen de Dios y que querer a Dios implica dar importancia a nuestro prójimo y que este sea nuestra prioridad. Por eso cuando Jesús le dice al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga, este se va entristecido ¿Cómo va a vender todo lo que tiene si su seguridad está en ello? Defender lo que se tiene y querer tener más se convierte en una prioridad ante la que las personas quedan a un lado “Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas” (Mc. 10, 23). Por eso Pablo de dice claramente a Timoteo “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (Timoteo 1 6, 9-10). La codicia, que es un sinónimo del afán de lucro, es la raíz de todos los males y nuestro sistema económico está sustentado en ella. Por ello es urgente realizar un cambio de paradigma que lleve a que nuestra economía se base en otros valores.

 

 

 

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¿Es posible una economia solidaria?

Aquí tenéis una entrevista que me hicieron en Matermundi Televisión. En ella toco muchos de los temas que son habituales en mis textos y conferencias.

 
 

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Nuestra economía necesita otra orientación

En la página 22 de la revista Alfa y Omega del jueves 12 de Enero de 2017: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1008_12-I-2017.pdf hemos publicado la crónica de la última reunión del Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico. En ella puedes encontrar los principales puntos de la reflexión que allí realizamos, en especial, de si es necesario o no cambiar nuestro objetivo económico.

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El pasado 29 de Noviembre se reunía por segunda vez en Madrid el Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico (FCPEE). En esta ocasión el grupo de académicos que lo componemos tratamos el tema que nos va a tener ocupados este curso: debatir sobre si la economía está orientada en la dirección correcta o precisa de un cambio de dirección para que pueda cumplir realmente su función de potenciar el bien común y estar al servicio de todas las personas. A la espera de que en nuestra reunión de primavera elaboremos unos documentos en los que nuestras reflexiones a partir del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia se presenten de una manera rigurosa, voy a adelantar algunas de las cuestiones que ya hemos tratado y en las que debemos profundizar.

Toda nuestra reflexión parte de constatar que el principal objetivo económico de nuestras sociedades es el crecimiento económico. Todos los gobiernos y toda la acción económica se miran en el espejo del crecimiento. Las cosas están bien o mal hechas en economía según los resultados que se obtienen con respecto al incremento anual del PIB. Parece evidente que esto se hace así porque se piensa que el crecimiento económico no solo es siempre positivo para la población, sino que además es lo mejor que le puede pasar a cualquier sociedad. La riqueza de una sociedad se mide tan solo, en términos de producción agregada, es decir, sumando lo que tenemos cada uno de sus ciudadanos e intentando que el total sea el máximo posible.

Este es el primer elemento que estamos cuestionándonos en nuestro Foro ¿La riqueza de una sociedad es solamente medible en términos de producción agregada de bienes y servicios? ¿Puede haber una sociedad más “rica” que otra aunque sumen menos producción entre todos? Porque el tener por tener, no es un horizonte que llene a las personas. El tener es un instrumento para el ser y este es el que realmente hace “ricas” a las personas (Esta idea está reflejada en la Populorum progressio 19). Del mismo modo, considerar que el desarrollo se identifica con el crecimiento económico, es una idea reduccionista contra la que la DSI propone la idea de desarrollo integral, que va más allá de una visión exclusivamente economicista de la mejora de la población en su conjunto.

En esta reunión hubo un acuerdo generalizado en dos cuestiones que van a centrar la reflexión de este año. La primera es que pensar que la mejora de la sociedad se circunscribe al tener más, no solo es reduccionista, sino que puede llegar a ser perjudicial para la sociedad en su conjunto. Porque cuando el tener más se pone por encima de todo, se sacraliza como el objetivo prioritario de una sociedad y se le pide sacrificios a esta para lograr esa mejora económica agregada, se puede llegar a perder en humanidad, a considerar más importante el resultado económico final que a las personas que teóricamente serían sus beneficiadas. De manera que, un instrumento que puede ser útil, como es el crecimiento económico, al ponerlo por encima de todo lo demás y darle la prioridad absoluta, pasa a ser un horizonte perjudicial para la convivencia y para la libertad de muchos.

El segundo punto de acuerdo sobre el que vamos a seguir reflexionando era que no se puede medir la mejora o el bienestar de una sociedad a través de unidades de medida agregada. Es decir, no podemos ver la salud económica de un conjunto de personas sumando lo que pasa con cada una de ellas y sacando el valor agregado o la media aritmética de todos los miembros de un colectivo. Y esta no es una medida adecuada porque corre el riesgo real de priorizar a quienes más aportan y olvidar o descartar a quienes no suman, lo que produce exclusión y desdén hacia quienes no tienen nada que aportar.

En el Foro pensamos que el enfoque adecuado para ver si las políticas que se aplican son correctas o no, no es mirar por el bien agregado (la suma de bienes de cada uno) sino centrarnos en el bien común y esto implica que la mejora solamente es tal, si quienes están peor mejoran. Mirado esto desde el punto de vista exclusivamente económico sería afirmar que la economía mejora no si la renta per cápita lo hace, sino si hay menos pobres. El foco se traslada desde el valor agregado o la media hasta lo que sucede con los más desfavorecidos. Dicho de una manera sencilla, se pasaría del “tener más entre todos” al que “todos tengan al menos lo suficiente”.

Esta reflexión precisa de más debate y de aportaciones de todos los miembros del Foro, por lo que continuaremos con ella en la reunión de primavera. Esperamos, cuando esta acabe, poder ofrecer a la sociedad un documento de reflexión y debate que incida de una manera especial y profunda en estos temas. Creemos que es necesario extender esta reflexión al resto de la sociedad ofreciendo pensamiento riguroso, interdisciplinar y responsable, que estimule a repensar cómo estamos gestionando nuestros asuntos económicos para armar una economía que esté realmente al servicio de la sociedad y de todas las personas que la componen.

 

 

 

 

 

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Economía y utopía. La economía al servicio de las personas

En el marco del II encuentro de ética y sociedad, se celebró una mesa redonda titulada “Economía y utopía. La economía al servicio de las personas” en la que participamos MIGUEL SEBASTIÁN GASCÓN,  ENRIQUE LLUCH FRECHINA, PABLO GARCÍA SÁNCHEZ y  JERÓNIMO PEÑALOZA BASTO.

En esta mesa redonda el ex-ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastían y yo, mantuvimos un apasionante debate sobre el objetivo económico de nuestras sociedades.

Aquí tenéis el vídeo en el que podéis seguirlo.

Si deseáis ver más vídeos de este Encuentro de Ética y Sociedad, podéis entrar en: http://aula16.biomedicinayetica.org/2138-2/

 

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Panamá y los paraísos fiscales

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 5, Mayo 2016, pág: 26 y 27

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Durante el mes anterior se airearon algunos datos en los que se conocía el nombre de personas conocidas que han refugiado su dinero en un país considerado por muchos como paraíso fiscal, Panamá. Algunas de estas personas se apresuraron a afirma que su actividad no era ilegal, que todo entraba dentro de los usos legales que cualquiera con unas rentas lo suficientemente alta podían realizar. Probablemente tienen razón al afirmar esto. Sus comportamientos que entrañan ilegalidad alguna dentro de nuestra organización financiera internacional, pero ello no significa que aquello su comportamiento sea ético o que esta legalidad sea la deseable para este nuestro mundo tan intercomunicado. De hecho, que Panamá fuese un paraíso fiscal era algo que se conocía (aunque no todos los países lo consideraban como tal) y que había personas adineradas que se llevaban dinero allí para eludir el pago de impuestos también (aunque no se conociesen con exactitud sus nombres).

¿Qué es un paraíso fiscal?

Lo primero que cabe preguntarse es qué es un paraíso fiscal. Según la organización no gubernamental Oxfam internacional, el paraíso fiscal es aquel país que tiene una legislación que comprende cuatro características: tiene una tributación baja o nula; le otorga ventajas fiscales a aquellos que no residen en el país pero ponen su dinero en el mismo, aunque no realicen actividad económica alguna en esa nación; no coopera con las haciendas públicas de otros países y no les da datos para luchar contra el fraude; su marco legal permite que no se puedan identificar ni los bancos que ponen dinero allí, ni a los titulares o propietarios de los activos financieros que se tienen allí. Una organización denominada Tax Justice Network, demuestra cómo hay 42 lugares en el mundo que cumplen estas características (en mayor o menor medida). Entre ellos dos que tenemos muy cerca como Gibraltar y Andorra y tres países europeos como son Irlanda, Luxemburgo y Países Bajos.

¿Por qué alguien pone su dinero en estos lugares?

Estas condiciones de privacidad, poca colaboración y ventajas fiscales son ideales para dos clases de colectivos. El primero es aquellos que teniendo mucho dinero (si se tiene poco no sale rentable llevar el dinero a estos países), no quieren colaborar con la hacienda y desean pagar la menor cantidad de impuestos posible. En estos casos, independientemente de si la procedencia de su dinero es legal o ilegal, llevarlo a estas plazas les permite no pagar impuestos y obtener así ahorros sustanciales. El segundo colectivo está compuesto por aquellos que obtienen el dinero de manera ilegal y que quieren que este se mantenga escondido a los ojos de las autoridades que podrían perseguir su delito.

Consecuencias sobre las naciones y el bien común

Esto tiene dos consecuencias evidentes sobre el resto de países y sobre el bien común internacional. La primera es que tenemos lugares en los que los delincuentes internacionales pueden tener su dinero y sacarle rendimiento sin temor a ser localizados. La segunda es que aquellos que mayores posibilidades monetarias tienen y que por tanto, mayores impuestos tienen que pagar, tienen fácil eludir el pago de estos impuestos a través de estos lugares. Esto hace que la capacidad de los países para recaudar ingresos y utilizarlos para mejorar a sus ciudadanos se ven reducida. Estos dos atentados al bien común son graves y por ello Francisco ya denunció “una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales” en la Evangelii gaudium (56).

¿Por qué no se hace nada?

Ante ello son muchas personas las que se preguntan por qué no se hace nada. Por qué organizamos un sistema financiero internacional que tiene estos agujeros por los que quienes más tienen pueden eludir el pago de impuestos a la hacienda de sus países o de las naciones en las que generan sus beneficios. Podría parecer lógico que el sistema económico no permitiese a nadie que eludiese el pago de impuestos de una manera legal o que existiesen estos lugares legales en los que enjugar los beneficios de delincuentes y terroristas. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y de las declaraciones que se han hecho en distintos foros de gobierno mundial (como el G20 y el G8) esta realidad sigue existiendo. El otro día, un dirigente sindical español puso palabras a algo que mucha gente piensa, que los papeles de Panamá demuestran que no se pone coto a estos paraísos fiscales porque muchos de los dirigentes que podrían hacerlo tienen dinero allí o familiares o amigos que invierten sus beneficios en estos lugares. Otros dicen que no se pueden evitar porque tenemos una libertad mundial de movimientos de capitales que nos llevan a que cualquiera ponga sus dineros en el lugar que más le conviene. Pero como algún premio nobel de economía ya ha afirmado, tal vez tengamos que replantearnos si no debemos volver atrás y poner otra vez restricciones reales a estos movimientos de capitales.

En todo caso, parece claro que la existencia legal de estos paraísos fiscales debería acabar. Los medios técnicos lo permiten fácilmente y debería existir una voluntad política para que el “bien común mundial” no sea solo una palabra bonita, sino un verdadero objetivo y perseguido por toda la comunidad internacional.

 

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Foro Creyente de Pensamiento Ético-Económico

Artículo públicado en Alfa y Omega, del 5 de Mayo de 2016 en su página 24

http://www.alfayomega.es/65400/foro-creyente-de-pensamiento-etico-economico

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Los políticos no pactan ¿Acaso han sido educados para eso?

Artículo publicado en el periódico “Las Provincias” el 5 de Mayo de 2016 en la página 32

He oído en varias ocasiones durante los últimos meses que los políticos no están a la altura. Que lo que les ha pedido la ciudadanía es que pacten, pero que ellos no saben o no quieren hacerlo. Que no son capaces de renunciar a lo suyo por priorizar los intereses comunes. Que eso es lo que deberían hacer. Que para eso los votamos. Parece que en esta cuestión hay un consenso generalizado y gran parte de la población comparte esta clase pensamientos y exige a nuestros políticos que realicen el esfuerzo de pactar y de olvidarse de sus propios intereses para atender y buscar el bien común.

Sin embargo, comprendo la dificultad de llegar a estos pactos. No solo porque el consenso precisa de amplitud de miras, de mesura, de renuncia a lo propio por el bien común, de sabiduría (cosas de las que muchos piensan que carecen nuestros políticos), sino porque para buscar el consenso hay que saber hacerlo y estar acostumbrado a llegar a él, contar con las herramientas adecuadas para saber construir acuerdos entre grupos o personas diferentes. Aquí es donde se encuentra la mayor dificultad ya que nuestra sociedad no educa para ello.

Desde pequeños se nos educa para la competencia, para ser más que el otro, para el egoísmo y la consecución, tan solo, de nuestros objetivos individuales. Justificamos esto diciendo que nos encontramos en una sociedad competitiva, en la que todos intentan conseguir sus propios objetivos sin pensar en los demás, en la que o “chafas o te chafan”. El mercado, nuestra economía, la sociedad, aparece así como una “guerra” en la que solo sobreviven los mejores y aquellos que defienden de una manera más apropiada sus objetivos. Por ello los niños deben aspirar a ser los mejores de la clase, los que saquen las mejores notas, los que tienen más conocimientos. Porque esto les va a permitir lograr ese empleo mejor remunerado que le garantizará su bienestar futuro. Sus compañeros de clase, de trabajo, de barrio, no son tales, sino competidores contra los que hay que posicionarse. Si ellos sacan mejores notas, si son más espabilados, conseguirán lo que tú anhelas y te lo quitarán de las manos.

Y esto no solo lo potenciamos en la escuela, también lo hacemos en la enseñanza superior. A veces, cuando queremos enseñar a expresarse en público a nuestros alumnos universitarios, proponemos debates en los que hay que ganar al otro argumentando sobre un tema que quizás no nos convence y del que pensamos justamente lo contrario. Lo importante es utilizar la dialéctica para vencer, no para convencer o consensuar. Existen algunas instituciones académicas en las que desde el principio los alumnos saben que un determinado porcentaje va a suspender, por lo que tienen que competir con los demás para lograr no estar en el saco de los condenados a no superar el curso. Se les “prepara” así para lo que se van a encontrar en la realidad…

Y esto no solo se ve en la enseñanza sino que se traduce en la vida asociativa, en los partidos políticos, en los mercados económicos, etc. De entre todos, la dinámica de los partidos políticos es la que influye de manera más directa en el juego del poder ya que quienes intentan pactar son miembros directivos de esta clase de organizaciones. Los partidos políticos no trabajan como equipos donde prima la colaboración y la consecución de unos objetivos comunes, sino como grupos de personas que están preocupadas de medrar en su organización, de lograr subir puestos, de que sus posiciones o ideas prevalezcan sobre las otras, de que sus amigos o compañeros ocupen los lugares clave de la organización. Con demasiada frecuencia, en ellos prima la competencia, la lucha contra el adversario interno para lograr el control de la organización, para copar los puestos de dirección. Los partidos políticos, reproducen también, aquello para lo que hemos sido educados, para mejorar nuestro bienestar individual compitiendo con el otro.

Y siendo este el panorama, estando tan contentos de esta educación para la competencia, para la competitividad, para ser más que el otro, para lograr nuestros propios objetivos, ¿le pedimos a nuestros políticos que dejen esto a un lado y se pongan a pactar? Es lo que desearíamos, pero desgraciadamente no han sido educados para eso, les hemos preparado desde bien pequeños para otra cosa y es difícil luchar contra las inercias y los modos de trabajar que se llevan realizando toda la vida. Si queremos que esto cambie, podemos esperar que surjan líderes que rompan con esta inercia y que realmente tengan sentido de Estado y capacidad para el pacto, pero también podemos comenzar a cambiar las bases de nuestra educación y de nuestro sistema económico y social para educar a nuestros jóvenes en la búsqueda del consenso, en el diálogo y en la colaboración en lugar de hacerlo en la competencia. Algunos nos dirán que esto no es prepararles para un mundo de competencia en el que van a vivir, pero todo aquel que lo intenta sabe que es más difícil cooperar que competir, que se necesitan más cualidades para lo primero que para lo segundo. Quien está preparado para cooperar y sabe hacerlo, le es fácil pasar a competir. Quien está preparado para competir, difícilmente puede cooperar y fracasa frecuentemente en el intento.

 
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Publicado por en mayo 6, 2016 en ética económica

 

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Taizé y la economía

Artículo públicado en la revista ICONO, año 116, nº 11, Diciembre 2015, pág: 14 y 15

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Dentro de muy poco (los últimos días de este mes) tendremos en mi querida Valencia la anual peregrinación de confianza de la Comunidad de Taizé. Para quienes no conozcan Taizé les comentaré que se trata de una comunidad ecuménica situada en la pequeña aldea de Taizé, en Francia, muy cerca de la antigua abadía de Cluny. Una zona bellísima que combina granjas, sembrados y pequeñas y antiguas poblaciones con zonas forestales donde es fácil encontrarte con algún venado de pequeño tamaño durante un silencioso paseo. Pero si el paisaje es extraordinario, el milagro de este lugar no es solamente la tranquilidad que se vive por sus alrededores, sino que exista una comunidad ecuménica a la que acuden durante todo el año miles y miles de jóvenes europeos en su mayoría (aunque no solo, algunos vienen de otros continentes). Protestantes, católicos, ortodoxos… Se unen durante unos días para rezar juntos, para compartir, para conversar. Las diferencias de cultura, ritos, costumbres, lengua y origen, se rompen en un ambiente alegre y espiritual a la vez, en el que es fácil sentirse hermano del otro. Saber que lo que nos une puede ser más fuerte que lo que nos separa.

El encuentro internacional en una ciudad de Europa

Ese mismo milagro que se repite semana tras semana en la comunidad de Taizé, también se repite año tras año en una ciudad de Europa. La comunidad se traslada casi en pleno a ese lugar, para llevar ese mensaje de esperanza y unidad a las principales ciudades de Europa. Los cinco últimos encuentros fueron, por orden cronológico en Rotterdam, Berlín, Roma, Estrasburgo y Praga. Ahora le toca a Valencia que se llenará, este final de año, de miles de jóvenes de toda Europa que viajarán allí para vivir unos días de oración y esperanza junto a unos valencianos que nos volcaremos en su acogida durante estas fechas.

¿Tiene algo que ver Taizé con la economía?

Pero, en una sección como la mía en la que suelo hablar de temas económicos, uno podría preguntarse por qué introduzco este tema en esta sección. ¿Tienen algo que ver Taizé y la economía? Para responder solamente voy a desarrollar dos apuntes de esta relación. El primero es que juntar a miles de personas en un espacio (ya sea Taizé o una ciudad europea) requiere de una gestión económica adecuada para no fracasar en el intento. El segundo tiene que ver con aquello que como economista, he aprendido en Taizé, especialmente con respecto a la construcción de estructuras económicas virtuosas.

Lo económico al servicio de la misión

Como ya he nombrado en alguna ocasión en esta sección, lo económico no es lo más importante, pero tiene que funcionar bien para que se cumplan el resto de los objetivos. Cuando he hablado de la comunidad de Taizé y he intentado definirla para aquellos que no la conocen, no he tratado cuestiones económicas, no son importantes. Lo clave de la comunidad es otra cosa, es otro elemento. Dicho esto, acoger a miles de jóvenes semanalmente durante años y años, tiene un componente económico que no hay que olvidar y que si se gestiona mal, puede comprometer el futuro de la comunidad. En este sentido, hay dos cosas que quiero resaltar y que desde fuera (no conozco las cuentas de la comunidad) me parecen importantes y un modelo de cómo hacer las cosas. La acogida se paga entre todos, es decir, todo el que va a Taizé colabora en el mantenimiento de la comunidad y en los costes que su acogida genera. Ahora bien, no se cobra a todos lo mismo. Los precios están ajustados a la capacidad adquisitiva y la renta per cápita de la nacionalidad del acogido. De este modo, no pagan lo mismo los nacionales de un país más rico (su precio es superior) que aquellos que vienen de una nación más humilde. Además, los precios tienen siempre una horquilla, porque no todos nacionales de un país tienen los mismos posibles. El que llega elige el precio que paga, escoge cuánto aportar a la comunidad. De este modo, cada uno paga según lo que tiene y no según lo que va a recibir (todos reciben lo mismo). Del mismo modo, todos los que son acogidos en la comunidad colaboran con el mantenimiento de la misma con su trabajo, es un pago en especie que educa a los jóvenes y les ayuda a ser conscientes del inmenso trabajo que se necesita para mantener una comunidad como esta, que les abarata la estancia y que les ayuda a comprender que el trabajo también es un espacio de convivencia, de alegría y de colaboración necesaria en la construcción del Reinado de Dios en la tierra.

Qué me ha enseñado Taizé sobre economía

Esto nos demuestra varias cosas. La primera es que puede funcionar una institución desde el punto de vista económicos cuando la gente elige lo que paga, cuando la decisión sobre el precio no depende exclusivamente de quien ofrece el bien, sino de quien lo demanda y decide cuanto quiere aportar. Confiar en la gratuidad puede resultar en la existencia de algún gorrón pero es posible desde el punto de vista económico y evita que haya excluidos. La segunda es que creando estructuras virtuosas se consigue que el trabajo no aparezca como una maldición bíblica, sino como un espacio en el que desarrollarnos como personas, en el que querer más a nuestro prójimo. La economía es así una oportunidad para el encuentro y la relación con el otro. La economía se pone entonces en su lugar, al servicio de la persona y de la sociedad, al servicio de los jóvenes, de su espiritualidad y de su vida.

 

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Entrevista en Hoy por Hoy Huelva

Aquí tenéis una entrevista que me hicieron en el programa Hoy por Hoy Huelva de la Cadena SER el día 27/10/2015

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-emitida-programa_rf_9220058_1.html

Conferencia en huelva

 
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Publicado por en noviembre 12, 2015 en ética económica

 

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Vídeo sobre “Una economía que mata”

Aquí tenéis un breve vídeo en el que presento mi nuevo libro

 

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La economía y la familia

Artículo públicado en la revista ICONO, año 116, nº 8, Setiembre 2015, pág: 12 y 13La economía y la familia_Página_1La economía y la familia_Página_2

El principal ejemplo de que la economía puede ser solidaria, estar al servicio de las personas e impregnarse de amor y solidaridad, lo tenemos en la familia. Cuando los griegos (se dice que fue Jenofonte quien acuñó el término) hablan de Oikonomia, se están refiriendo precisamente a la administración (Nomos) de la casa (Oiko). De hecho, Aristóteles distingue entre la oikonomia y la chrematistique (crematística en español) que proviene de chremata, que significa bienes, dinero, riqueza. En estas dos definiciones se reflejan dos maneras distintas (y yo diría que opuestas) de entender la economía. La primera tiene como objeto administrar bien lo que se tiene para obtener un beneficio de diferente naturaleza. Esto es, conseguir que los temas de gestión de la riqueza, del patrimonio, se pongan al servicio de que la familia vaya bien. La segunda es una gestión que tiene como objetivo el dinero en si mismo. Es la clase de gestión que, según Aritóteles, realizan los comerciantes y que tiene como único objetivo el lucro.

Economía y familia van ligadas desde el origen del término

Podemos afirmar, pues, que familia y economía van ligadas desde el origen de este último término. Una familia tiene muchos asuntos que resolver en cuanto a sus relaciones y al cumplimiento de los objetivos de todos sus miembros. Si pensamos en nuestras propias familias, veremos que nuestras principales preocupaciones suelen ser que los niños (si los hubiere) crezcan y se eduquen correctamente; que todos los miembros de la misma vivan felices y que el entorno familiar sea un entorno positivo para todos ellos que les permita realizarse y asumir con fuerzas las tareas que abordan fuera de ese entorno; que los mayores (si los hubiere) vivan sus últimos años cuidados, queridos y en un entorno adecuado, etc. Seguro que se nos pueden ocurrir muchísimas más prioridades en nuestras familias, que son las que intentamos conseguir con los nuestros, con los que más queremos. Si quisiésemos resumir, todos nuestros objetivos familiares podrían resumirse en que buscamos que sea un espacio en el que reine el amor entre todos sus miembros para reforzarlos y ser más y mejores personas.

Para que la familia funcione necesitamos tranquilidad económica

Ahora bien, si queremos lograr estos objetivos, si queremos que la familia funcione bien, precisamos de unos fondos y unos bienes que nos permitan lograr este objetivo. Nuestro hogar no va a resultar fructífero, no puede ser un remanso de paz en el que reforcemos nuestra persona para afrontar nuestro día a día, si no contamos con un mínimo de bienestar económico que nos permita al menos alimentarnos, descansar, refugiarnos en una casa, realizar nuestros trabajos y curarnos de las enfermedades en las que caemos. Además, pretendemos que esta situación se alargue lo más posible en el tiempo, es decir, la familia es una apuesta de largo plazo. Por ello realizamos una gestión económica que busca que nuestros ingresos sean superiores a los gastos, al menos en el largo plazo. Sabemos que la única manera de que el aspecto económico de la familia refuerce realmente los objetivos de la misma, es que este sea rentable. Es decir, que tengamos beneficios o al menos que no tengamos pérdidas continuadas. Para tener siempre lo suficiente para lograr las metas familiares, debemos gestionar nuestros dineros y nuestro patrimonio de una manera adecuada, evitando las situaciones de quiebra o de pérdidas.

El beneficio se pone al servicio de la familia

La generación de beneficios no es, por tanto, la prioridad, sino una condición sin la que la familia no va a poder lograr sus otros objetivos. De este modo, lo económico se pone al servicio de la persona, de la unidad familiar y de todos los que conviven en un mismo hogar. La rentabilidad no es el fin, sino una condición para lograr que lo otro funcione. Este es el ejemplo más claro de cómo una gestión económica correcta no necesita priorizar lo económico, no precisa de unos criterios crematísticos para seguir funcionando bien. Una economía bien entendida puede, no solo ayudar, sino reforzar lo humano, estar al servicio de las personas.

¿Qué sucedería si todo fuese al contrario?

De hecho, si en una familia primasen los criterios económicos habituales en nuestra sociedad, es decir un egoísmo individualista en el que cada miembro de la familia intentase por todos los medios tener más y conseguir el mayor beneficio posible, seguramente la familia funcionaría peor como tal. Sería difícil que reinase la armonía en su seno, que se potenciase a quienes peor están, que los niños recibiesen la atención y el cariño suficiente, que se tuviese tiempo para cuidar a los mayores, etc. Una familia dedicada a hacer dinero, habitualmente fracasa como familia. Se hace rica, eso sí, pero no logra ser la familia que gira en torno a la mejora y al perfeccionamiento de sus miembros. Este es el ejemplo más claro que podemos encontrar de cómo se puede entender la economía de otra manera, de cómo se puede poner la economía al servicio de las personas, de cómo esta es una opción real y realizable que puede tener magníficos resultados. Lo interesante para nuestra sociedad es que la sociedad y sus entidades trabajen en clave económica y no en clave crematística.

 
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Publicado por en septiembre 28, 2015 en ética económica

 

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Es posible una economía más humana

Aquí tenéis una conferencia que impartí este verano en el curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo titulado “¿Una economía para las personas? Propuestas.

 
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Publicado por en septiembre 2, 2015 en ética económica

 

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¿Y ahora qué? Sugerencias económicas para los nuevos gobiernos

Artículo publicado en la revista CRESOL, Any 16, Núm. 127, julio y agosto de 2015 Páginas 30 y 31

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Después de las elecciones y de que se hayan aclarado los gobiernos municipales y el autonómico de la Comunitat Valenciana, queda por delante ponerse a trabajar en una legislatura que promete ser interesante debido a la falta de mayorías absolutas. El hecho de que se tenga que recurrir a pactos, ya sean de gobierno o puntuales, para cada una de las medidas, conlleva un esfuerzo de consenso que, bien llevado y practicado con buena fe y ganas de servir a la población por todas las partes, no dudo que va a ser positivo. En este contexto y atendiendo a un momento en el que parece que hemos tocado fondo en esta crisis que ya nos acompaña durante demasiados años, es en el que voy a comentar lo que creo que son los principales desafíos económicos con los que nos encontramos en estos momentos y a los que tendrán que hacer frente los diversos gobiernos, tanto autonómicos como municipales. En este sentido doy dos avisos para los lectores: la mayoría de las propuestas que voy a realizar no han estado incorporadas en los programas electorales de los partidos, que creo que siguen pensando la economía en clave del siglo pasado. La segunda es que la mayoría deberían ser propuestas transversales, es decir, tan válidas para ser aceptadas por unas vertientes políticas como por las otras.

La primera tiene que ver con el objetivo de la gestión pública. Este debe ser el bien común, entendido este como la creación de las condiciones económicas, culturales y sociales que permitan a todas y cada una de las personas que componen la comunidad, realizarse como tales. Esto, en economía supone que su mejora se tiene que basar no en la mejora de los indicadores agregados, de las cifras medias de los indicadores económicos, sino en cómo les va a quienes peor están. Es decir, pensar que solo mejoramos si lo hacen quienes peor están y no la media. Esto sería un cambio de cultura esencial para pasar a otro enfoque económico en el que se busque no tener más entre todos sino tener todos lo suficiente. Sin esta orientación hacia el bien común y esa prioridad en quienes peor están, pueden no entenderse o entenderse mal el resto de propuestas.

En clave interna, es necesario que las actividades públicas se realicen sin déficit público. Esto por tres motivos. El primero es que no se puede gastar siempre más de lo que se ingresa. Esto no es sostenible a largo plazo, ni en una familia ni en un Estado. En segundo lugar, el endeudamiento acaba beneficiando a quienes más tienen y perjudicando a los más desfavorecidos. Esto es debido a que son los más pudientes quienes pueden prestar al Estado y quienes luego recibirán los intereses que hay que pagar a quien te presta y que aminoran la capacidad de gasto en otras partidas. Pero si estos dos argumentos no son lo suficientemente convincentes por si mismos, el tercero es decisivo ya que nos recuerda que quien está endeudado depende de sus acreedores. De este modo, si queremos que sigan prestándonos, tenemos que hacer lo que ellos nos piden (que puede no coincidir con lo que nosotros queremos hacer) porque quien nos presta exige que le devolvamos lo prestado (como parece lógico) y pide garantías para intentar asegurarse que le devolverán el dinero en un futuro. Si no hacemos lo que nos dice, no continúa confiando en nosotros (esto es lo que le está pasando a Grecia en la actualidad) y nos niega más préstamos. En conclusión, insostenibilidad a largo plazo, beneficio para los más pudientes y dependencia de los acreedores son tres motivos decisivos para apostar por presupuestos equilibrados.

Cambiando de tercio, creo que necesitamos también que se potencie otra clase de economía. No se trata de entrar en el dilema de si determinadas actividades deben ser gestionadas o no por el sector público o privado. Se trata de lograr que las empresas sean verdaderas constructoras del bien común. Es decir, que no sean meras generadoras de beneficios para sus propietarios-accionistas, sino que sean productoras de bienes y servicios útiles para la sociedad y que realicen esta función logrando, al mismo tiempo, unos beneficios suficientes para sus trabajadores, una mejora de la sociedad y del medio ambiente, una gestión participativa que potencie a las persona, etc. Lo importante no es si las cosas que se producen sean hechas por empresas públicas o privadas, sino que sean hechas por empresas que priorizan su función social, que cumplen unos requisitos éticos y sociales que hacen que sea deseable contratar con ellas. Esto supone que el sector público debe cambiar sus criterios de contratación pública para potenciar esta clase de empresas y contratar solo con aquellas que priorizan su función social.

Lo mismo sucede con las medidas de ayuda a la economía. En Valencia tenemos tres campos prioritarios que hay que apoyar para poder lograr un desarrollo regional que acabe beneficiando a todos y en especial a los más desfavorecidos. Por un lado la agricultura, por otro la industria y por último el turismo. Pero no se trata de apoyar a aquellas empresas que son más grandes y que facturan y contratan más. Estas ya tienen ventaja sobre las otras. Se trata de priorizar a las pequeñas, a las que comienzan, a aquellas que cumplen unos parámetros sociales que sean beneficiosos para el bien común (ecológicos, salarios dignos y reducidas diferencias entre los salarios superiores y los inferiores, participación de los trabajadores en la gestión y en los resultados, efectos positivos sobre el entorno, contratación de personas de colectivos desfavorecidos, etc.). Este apoyo, no solo se hace a través de ayudas, sino también de legislación que favorezca la actuación de este tejido empresarial de pequeñas y medianas empresas, de exenciones o rebajas fiscales para aquellos que son más pequeños o que comienzan, etc.

Al final, el objetivo debe ser poner la actividad económica de las empresas y del sector público al servicio del más desfavorecidos, de la reducción de las desigualdades y de la promoción del bien común.

 
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Publicado por en agosto 26, 2015 en ética económica

 

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¿Oa aburrís en Agosto? ¿Queréis algo que leer?

Aquí os paso los enlaces para que aquellos que todavía no hayáis leído alguno de mis libros, podáis comprarlos desde vuestras casas y utilizar el verano para leerlos. Además os adelanto que a finales de septiembre o a principios de octubre saldrá mi nuevo libro “Una economía que mata, el papa Francisco y el dinero” Estamos acabando la edición del mismo para tenerlo preparado para la vuelta

Portada del libro +decrec toda portada

http://www.railowsky.com/4049-mas-alla-del-decrecimiento-enrique-lluch-frechina-9788428823838.html

Portada de libro

http://www.railowsky.com/4048-por-una-economia-altruista-enrique-lluch-frechina-9788428822183.html

 

 

 

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¿La economía tiene que ser egoísta?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 7, Julio-Agosto 2015, pág: 10 y 11

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Cuando sale a la conversación con personas que no me conocen previamente que me dedico a temas como la ética económica o sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de las personas, algunos de mis interlocutores no pueden evitar esbozar una sonrisa escéptica. ¿No son cosas incompatibles? ¿Cómo puede ser la economía generosa o ética? ¿No es la economía egoísta por naturaleza? Estas y otras preguntas son las que parece esconder esa media sonrisa que me regalan pensando, tal vez, que se encuentran ante otro utópico que no se entera de cómo funciona la realidad. Esta situación no solo se da con personas que están alejadas del cristianismo, que no han sido formadas en él y que no se consideran cristianos, sino que desgraciadamente, también sucede con personas cristianas, que consideran que tienen una gran fe y que siguen pensando que los dictados de nuestra fe no sirven para el tema económico que parece tener una dinámica distinta, una manera de trabajar egoísta ante la que nada podemos hacer que no sea adaptarnos a ella.

La idea de que la economía es egoísta por naturaleza ha calado en todos los ámbitos sociales

Esto que acabo de describir es una prueba de cómo esta idea que se desarrolla sobre todo a partir del siglo XVIII ha tenido un éxito tal, que parece que no es discutible, que sencillamente, parece un dogma de fe afirmar que la economía no puede ser de otra manera, que la economía es egoísta por naturaleza. Por ello, se nos dice que nosotros podemos ser unas personas maravillosas, que podemos ser generosos, desprendidos y preocuparnos mucho por los demás, pero que esto debemos hacerlo en todas las actividades salvo en las económicas. Allí esto, sencillamente, no funciona. En una empresa o en los asuntos económicos, lo que hay que hacer (según esta idea predominante) es mirar por nosotros mismos, competir con los otros, buscar el máximo rendimiento en oposición a los otros. Las empresas, los asuntos monetarios, no entienden de generosidad, no funcionan como las ONGs, son la selva, ahí el que no espabila muere. Hay que ser peor que el otro, llegar antes, competir en mejores condiciones, ser más habilidoso… El mercado es un lugar en el que cada uno llega con sus propios intereses y si queremos lograr los nuestros, debemos ser más fuertes que los demás e imponernos a ellos.

Tener dos caras

Esta idea sobre la economía nos obliga a los cristianos a tener dos caras, una para la economía en la que tenemos que ser duros y egoístas y otra para el resto de nuestra vida, en la que el amor debe ser aquello que predomine en nuestro comportamiento. Es evidente que esta dualidad ni es positiva para la persona ni es sostenible a largo plazo. No es positiva para nosotros porque somos uno, somos una persona que no podemos partirnos, de modo que utilizar criterios distintos según en el lugar en el que nos encontremos rompe nuestra unidad natural. Pero además es peligrosa porque puede llevarnos a que, finalmente, los criterios egoístas de la economía acaben predominando en todo nuestro comportamiento (precisamente para lograr la coherencia que nos pide nuestra unicidad, nuestro ser único) y pasemos a aplicar unos solos criterios para todo nuestro ser y que sean estos los egoístas de la economía, olvidando lo que nos debe caracterizar como cristianos, que es el amor.

Es una falacia

Pensar que la economía solamente puede ser egoísta, afirmar que solamente se puede plantear una manera de llevar la economía que es la de competir todos contra todos, es una falacia que, a fuerza de ser repetida se ha convertido en una verdad incuestionable. Pero para los cristianos es motivo de reflexión, porque si el amor es válido para todo menos para la economía ¿En qué clase de Dios Creemos? ¿En uno que nos dice que el amor es válido para todo menos para la economía? Evidentemente esto no es así. Si lo fuese, ya podríamos ir borrándonos de una religión que nos engañaría si el amor no es aplicable a todo lo humano, si solamente soluciona o es bueno para una parte de nuestra actuación.

La economía puede y debe ser fraterna y solidaria

Pero claro, esto no es así, la economía no solo puede, sino que debe ser regida por el amor. Lo dijo magistralmente Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate 36: “La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente… En las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.”. Es decir, el amor cabe en la economía, no solo cabe sino que solamente si esta se articula con amor, puede alcanzar la economía su máxima y mejor expresión. Como afirma Benedicto XVI, introducir el amor en la economía es una exigencia de la razón económica. A pesar de esto, es posible que algún lector todavía tenga dudas, piense que esto no es posible y que con amor la economía es un desastre. Para demostrar lo que digo, voy a utilizar los próximos números de esta revista para poner ejemplos en los que la economía se lleva adelante con amor, en los que se concreta lo que afirma la DSI y veremos como los resultados finales son diferentes y ponen a la economía en su verdadero lugar.

 

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Programa del curso de la UIMP sobre economías para la esperanza

folleto curso_Página_1folleto curso_Página_2Recordad que si queréis más información la tenéis en: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2015/05/20/un-modelo-economico-para-las-personas-propuestas/

 

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Preparación para el curso de Nuevas Economías de la UIMP

Os propongo una lectura para preparar el curso de este verano de la UIMP. Aunque es una publicación que ya os anuncié en su momento, puede ser bueno releerla o hacerlo por primera vez ahora.  En ella encontraréis un resumen de las propuestas para una nueva economía que existen en estos momentos.

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdfPáginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivo

 
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Publicado por en mayo 26, 2015 en ética económica

 

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¿Un modelo económico para las personas? Propuestas

Desde el 13 hasta 17 de Julio en el Palacio de la Magdalena en Santander y en el marco de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Sebastián Mora Rosado (Secretario General de Cáritas Española) y yo dirigimos un curso que lleva por título ¿Un Modelo económico para las personas? Propuestas

palacio de la magdalenaEn el curso se realizarán propuestas para transformar nuestro sistema económico hacia uno que esté realmente al servicio de las personas. El programa lo tenéis en: http://www.uimp.es/uxxiconsultas/ficheros/6/30371Programa.UIMP.18.05.pdf y entre otros tendremos ponentes como Setefano Zamagni, Daniel Raventós, Martín Carbajo, Francisco Álvarez o Carlos Taibo.

Os animo a que os apuntéis, va a ser una oportunidad única para conocer de primera mano las propuestas que intentan transformar la economía para dirigirla en otra dirección.

Podéis inscribiros en: http://www.uimp.es/agenda-link.html?id_actividad=62KV&anyaca=2015-16 Hay becas de ayuda que podéis solicitar en esta misma página web.

 
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Publicado por en mayo 20, 2015 en ética económica

 

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A qué le damos valor en la economía actual

Os presento un artículo en el que muestro cuáles son las cosas valiosas en la economía actual y como estas son no solo las que nos llevaron a la crisis, sino que siguen siendo las que están marcando las sendas por las que intentamos salir de ella.

euro

Creo que puede ser muy ilustrativo para aprender algo más sobre la economía actual.

Lo podéis encontrar en: http://hdl.handle.net/10637/7179

Su referencia es:

“A qué le damos valor en la recesión actual” (2012) en Los valores culturales ¿factores de desarrollo humano? Documentación Social, Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, Enero-Marzo 2012, nº 164, Pág: 103-121. Cáritas Española Editores

 

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España por reformar

Sal Terrae ha editado un libro en el que soy uno de los coautores que se titula “España por reformar. Propuestas políticas, económicas y sociales” En él hay diversas propuestas realizadas desde el humanismo cristiano que sugieren caminos para mejorar el funcionamiento de nuestro país.

españa por reformar

El próximo martes 12 de Mayo a las 18:30 realizaremos un debate en Valencia, en el Palacio de Colomina, tres de los autores del libro, en el que expondremos y debatiremos sobre algunas de estas propuestas. Os invito a todos a que asistáis.

Invitacion España por reformar definitivo

Si queréis más información sobre el libro, la podéis encontrar en: http://jesuitas.es/index.php?option=com_content&view=article&id=1069%3Aqespana-por-reformarq-nueva-publicacion-que-busca-el-debate-para-una-reforma-integral&catid=34%3Ajesuitas-espana&Itemid=63&lang=es

Si queréis comprarlo, también lo podéis hacer en: http://www.casadellibro.com/libro-espana-por-reformar/9788429324327/2512581

 
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Publicado por en mayo 6, 2015 en ética económica

 

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¿Aprender a relacionarse o a entretenerse?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 4, Abril 2015, pág: 14 y 15

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Uno de los elementos básicos de las personas es que somos seres relacionales, que solo podemos entendernos a nosotros mismos en relación con los demás. No podemos pensar en nuestra manera de ser, de comportarnos, de hacer las cosas, si no lo hacemos incluyendo a los otros, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestra familia, a las personas con las que nos encontramos en el metro, en la parroquia, en la tienda, etc. Por ello, cuando hablamos de la educación en valores económicos para nuestros niños, debemos pensar en si los estamos educando solamente en el tener o en la relación con los otros.

Niños que parecen vivir aislados

De hecho, una de las cosas que identificamos con portarnos bien con los niños es comprarles de todo, que tengan muchas cosas. Si a esto le añadimos el carácter absorbente que tienen las nuevas tecnologías nos puede suceder lo que me pasó en una comida con mi mujer en un agradable restaurante del centro de Sevilla. Junto a nosotros se sentó una familia que venía de celebrar la primera comunión de una niña. Cuando los vimos aparecer pensamos que la tranquilidad que buscábamos quizás se iba a turbar por causa de los niños, pero lo aceptamos de buen grado. Pronto nos dimos cuenta cuán equivocados estábamos. La decena de niños que había comieron y acto seguido se pusieron a jugar cada uno con su maquinita. Los niños estaban juntos pero no se relacionaban entre ellos. Cada uno con su aparato sin accionar con su compañero. Así que todos contentos, padres e hijos entretenidos y nosotros tuvimos una comida romántica a pesar del evento familiar que se celebraba a nuestro lado.

¿Queremos que se entretengan o que aprendan a relacionarse?

Así que los regalos, los juguetes, ya no son una ocasión para la relación con el otro, sino una manera de entretenerse con algo. Esto va, en contra de nuestra propia naturaleza. Si atiborramos a los niños de cosas que los mantienen entretenidos, nos olvidamos de que lo importante en su infancia no es que se entretengan, sino que aprendan a relacionarse con los otros. Por ello, utilizar nuestro nivel económico para que tengan cosas y bienes que solo les lleven a estar entretenidos, erra en uno de los principales propósitos de la educación. El juego, el entretenimiento infantil debe ser una escusa para poder relacionarse con el otro, para aprender los conflictos que pueden surgir de cualquier relación y afrontarlos desde que se es pequeño. Por ello es necesario proporcionar a nuestros hijos oportunidades para la relación y no para que se atiborren de cosas que les sirvan para entretenerse.

Los grupos juveniles salen económicos

Los grupos juveniles juegan una labor importante en esta educación para la relación. Su precio no es excesivo (las cuotas suelen ser bastante reducidas) pero les posibilita la oportunidad de jugar, de relacionarse con otros de una manera muy educativa. Realizan actividades gratuitas en las que se lo pasan bien con otros, aprenden a divertirse sin tener que gastarse dinero, a solucionar conflictos que luego se van a encontrar en su trabajo o en su universidad, a trabajar en equipo y poner sus cualidades al servicio de un objetivo común. Aquellos que estamos en el campo de la educación de jóvenes (en la universidad), notamos la diferencia entre aquellos chavales que nos llegan provenientes de cualquier grupo juvenil sano, de aquellos que no han participado nunca de esta clase de actividades. Los primeros tienen muchos más recursos útiles para sus trabajos y para su relación que los segundos. Por ello, creo que uno de los bienes más sanos que le podemos dar a nuestros hijos es la posibilidad de relacionarse con los demás en cualquier tipo de grupo de tiempo libre.

Salir con amigos

Pero no solo es el grupo juvenil la única clase de bienes relacionales que podemos ofrecerles. También debemos de reflexionar sobre si salimos con amigos que tienen hijos de la edad de los nuestros. Si lo hacemos también estamos proporcionándoles bienes relacionales, oportunidades de pasarlo bien con otros, de divertirse con los demás, de relacionarse con los hijos de nuestros amigos. En mi grupo hemos quedado de acuerdo que cuando se juntan no deben llevar máquinas que les impidan pasarlo bien juntos. Esto les permite educarse más en las relaciones que en el entretenimiento. En este sentido, ir de vacaciones de vez en cuando con otras personas les ayuda en esta educación para la relación.

Comprar y relacionarse

Por último, creo que también hay que educar a nuestros chavales en que la compra es también una manera de relacionarse. Es decir, que la economía no es una práctica en la que la relación humana queda excluida, sino todo lo contrario. En las compraventas, en los alquileres, en la peluquería, en todas las transacciones económicas que realizamos, el componente personal, el componente de relación, tiene que ser algo habitual, algo que nos sirve para establecer una relación con la contraparte. Si los intercambios económicos se despersonalizan y pierden este componente relacional, tendemos a ver la economía como algo separado de la vida y de las personas. Invitemos a nuestros niños a que conozcan a las personas a las que les compramos algo, a que se relacionen con ellas, a que las aprecien, a que sepan que viven de lo que nosotros les pagamos. Este es un camino seguro para educarles en una economía más humana.

 

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Mirar desde otra perspectiva la economía actual

Os presento dos ecos de la conferencia que impartí en martes en Jerez de la Frontera titulada ” Mirar desde otra perspectivas, una economía más ética” y el audio de la conferencia por si queréis oirla

Artículo de Andalucía Información http://andaluciainformacion.es/jerez/497474/enrique-lluch-plantea-la-necesidad-de-mirar-desde-otras-perspectivas/

Artículo en ODISUR http://www.odisur.es/noticias/asidonia-jerez/item/26995-enrique-lluch-abre-la-vii-semana-de-la-pobreza-de-c%C3%A1ritas-diocesana-de-asidonia-jerez.html

Archivo de audio de la conferencia completa: http://www.ivoox.com/primera-ponencia-viii-semana-pobreza-enrique-audios-mp3_rf_4355446_1.html

conferencia de jerez

 
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Publicado por en abril 16, 2015 en ética económica

 

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La utopía global

Está disponible en Internet un artículo que escribí hace un tiempo pero que no deja de estar de actualidad en el que analizo si realmente la globalización económica se mueve en pos de una utopía o en pos de una falsa utopía.

utopía global

En este artículo demuestro que se nos ha convencido de que la globalización puede lograr una utopía cuando realmente no lo es.

Os animo a que lo léais.

Lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/7128/1/La%20utop%c3%ada%20global.pdf

 

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Conferencia “claves para una nueva economía”

He impartido una conferencia titulada “Claves para una nueva economía” podéis ver un resumen de la misma en el siguiente enlace: http://www.caritasalamanca.org/sala-de-prensa/vista-individual/article/enrique-lluch-nos-aporta-claves-para-una-nueva-economia.html

O ver la conferencia completa aquí:

 

 
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Publicado por en marzo 11, 2015 en ética económica

 

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Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política

Estamos en periodo pre-electoral. Por ello os recuerdo este cuaderno de ética en clave cotidiana que escribimos el pasado año entre Rafael S. Hernández y yo mismo.

En ella damos pistas de por dónde creemos que deberían apuntar nuestros partidos para mejorar nuestra sociedad en una clave ética.

Es recomendable su lectura para discernir a quien queremos votar.

Lo podéis descargar de manera grautita en: http://funderetica.org/wp-content/uploads/2013/12/numero-1.pdf

O acudir a la página de los cuadernos: http://funderetica.org/cuadernos/

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Publicado por en febrero 10, 2015 en ética económica, Estado Social

 

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¿Son compatibles la economía y el cristianismo?

Conferencia impartida en la Diócesis de Valencia en la que intento contestar a tres preguntas:

1.- ¿El cristianismo tiene mensaje económico?
2.- ¿La economía y nuestra fe son esferas independientes?
3.- ¿Se refuerzan mutuamente la espiritualidad cristiana y el
quehacer económico?

Su título es: Espiritualidad cristiana, luz del trabajo y la economía

 

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Dios se humanizó con sencillez

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 1, Enero 2015, pág: 14 y 15

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Acaban de pasar las fiestas navideñas. Espero que quienes me leéis lo hayáis pasado muy bien. Haya sido un momento especial para vosotros en el que no solo hayáis descansado de la rutina laboral, de las preocupaciones que nos lleva el día a día, y hayáis compartido tiempo con vuestros seres queridos, sino que también os haya servido para crecer en el amor y en la sabiduría, para recordar cosas que todos los años son iguales pero que nos sirven para renacer, para recrearnos y para ser mejores día a día. Yo he decidido suspender momentáneamente los artículos sobre la educación de los niños para hacer una reflexión económica sobre la humanización de Dios. Es decir, sobre cómo Dios decidió hacerse hombre para decirnos que no debíamos verlo en los altares, en las riquezas, en los ritos o en las leyes, sino en el prójimo, en el amor a quien tenemos al lado, en ser cada día más y más humanos.

Dios decide hacerse hombre en Belén

Así, cuando Dios decide hacerse hombre no piensa en llegar a la tierra en Roma. Tal vez hubiese sido una decisión más racional desde el punto de vista humano. Roma era la capital del principal imperio del momento, el lugar en el que más poder se acumulaba. Bien relacionado allí, podría haber hecho una labor de difusión y de captación de seguidores rápida y efectiva. Además, si hubiese decidido hacerse hombre en la familia del emperador o de alguno de los grandes senadores o militares romanos, las influencias y los contactos habrían logrado un avance espectacular del cristianismo, hubiese sido la religión del imperio muchísimo antes. Sin embargo nada de esto fue así, se fue a nacer a un pueblucho de un lugar en el margen del imperio. Un lugar de donde no podía salir nada importante, donde nadie en su sano juicio hubiese querido nacer en aquel entonces.

Dios decide hacerse hombre en una familia humilde

Dios también hubiera podido escoger nacer en el seno de una familia pudiente. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una elección racional. Le hubiese garantizado unas condiciones higiénicas excelentes, una infancia sin estrecheces, una aceptación social inmediata y un nivel de vida suficiente para no tener que trabajar durante sus años mozos. Sin embargo, Dios escogió una familia humilde. Una familia sin grandes medios, sin demasiados fondos, que tiene que viajar con lo que tiene, que no puede garantizar a la madre una atención sanitaria en el parto, que no le puede dar una vida regalada.

Dios decide hacerse hombre en una familia marginada

Si por lo menos, Dios, en un alarde de no sabemos qué, no se quiso hacer hombre en una familia rica, al menos podría haberlo hecho en una familia de buena reputación, en una familia aceptada por aquellos que les quieren y que estuviese plenamente integrada en sus ambientes cotidianos. Sin embargo, Dios escoge una familia marginada, una familia rechazada por los suyos que no comprenden que María esté embarazada, que no comprenden que José no la haya repudiado como debería haber hecho en un caso así, que por ello no los aceptan. Es ese el motivo por el que, a pesar de que van a Belén de donde es José originario y dónde por tanto habría familiares, conocidos y amigos, nadie los acoge, nadie se compadece de ellos, a nadie parece importarle que María esté a punto de parir. Por eso tienen que acabar en un establo y cuando llega el momento del alumbramiento nadie les visita, ni los conocidos, ni los amigos, ni los familiares. Todos saben que están allí (es una pequeña aldea, todo el mundo sabe todo de todos) pero nadie quiere ni acercarse, es un nacimiento ilegítimo, son una familia marginada. Solamente los pastores, los que duermen fuera de la aldea al aire libre, los que no entienden de convencionalismos, solamente ellos visitan a los padres y a su hijo. Los que viven al margen de la población son quienes se compadecen de esa familia y comparten la alegría de un nacimiento con ellos.

Y nosotros ¿Qué buscamos?

La lógica de nuestra sociedad (que probablemente también es similar a la que se daba entonces) nos lleva sin embargo a lo contrario de lo que hizo Dios. Buscamos a los poderosos para tener más influencia, queremos juntarnos con los pudientes o queremos ser pudientes nosotros mismos para asegurarnos bienes que nos permitan vivir más holgados, queremos gozar de la aceptación de los demás y adaptamos nuestro comportamiento a lo que es habitual en el entorno en el que nos encontramos, intentamos no salirnos del raíl, no hacer cosas que puedan dejarnos al margen. ¿Es ese el camino que Dios nos muestra? Si el camino de la esperanza fuese el dinero o el prestigio ¿No cabría esperar que dios se hubiese comportado así y hubiese escogido nacer en un lugar y una familia diferente? Creo que la reflexión sobre cómo Dios se hizo hombre en Belén y escogió a José y María como progenitores, nos puede ayudar a comenzar este 2015.

 

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Los regalos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 11, Diciembre 2014, pág: 12 y 13

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Estamos en un mes propicio para los regalos. Las navidades, los reyes magos, los momentos de celebración son un momento festivo en el que el intercambio de regalos se ha institucionalizado como algo importante y clave de la propia celebración de manera que esta parece incompleta si faltan los regalos. Hasta en las comidas navideñas de los compañeros de trabajo o en los últimos días de clase antes de las navidades, se ha generalizado ese juego que se denomina “amigo invisible” en el que por sorteo debes realizar un regalo a alguien de tus compañeros de trabajo o pupitre al mismo tiempo que tú recibes otro regalo “anónimo” de quien ha tenido en suerte que le tocaras.

El regalo como muestra de gratuidad

No es extraño que esto haya sido así. El regalo es una de las principales muestras de gratuidad que existen. Es una manera de comunicarse con el otro y sirve para mostrar a alguien tu cariño, tu buena predisposición, tu ánimo de establecer una relación desinteresada con la persona a quien se lo ofreces, tu agradecimiento por aquello que has recibido previamente y tantas otros sentimientos positivos hacia el otro. Estos regalos son verdaderos cuando no esperas recibir nada a cambio. Cuando se tratan, realmente, de una muestra de gratuidad con respecto al otro. Cuando el otro tan solo se ve animado a agradecer el detalle, a responder positivamente a esa acción que no tenía por qué haber sido realizada. El regalo tiene valor, sobre todo, cuando supera lo esperable, cuando la persona que lo recibe no tenía porque esperar ser agraciada con este don, cuando quien lo ha dado no tenía ninguna obligación de hacerlo.

La gratitud ante el regalo

Por este motivo surge el sentimiento de gratitud por parte de quien recibe el regalo. Lo inesperado del hecho, la dimensión del gesto, el que el otro haya tenido que sobrepasar lo normal para regalar, es lo que produce esa inmensa gratitud que hace que el receptor vea intensificada su relación personal con quien le regala. Cuando el regalo es realmente gratuito, tiene un lenguaje no explicitado que incrementa las relaciones entre quien lo da y quien lo recibe. Es por ello que hay personas que no quieren recibir regalos o que alguien en concreto les regale algo. El regalo les impele a ser agradecidos, a relacionarse más con quien se lo dona y tal vez, ellas no quieren esto. Esta intensificación de la relación también lleva a que algunos utilicen los regalos para conseguir algo del otro. Dan regalos esperando que el otro les ofrezca alguna ventaja, los atan a través de aparentes dádivas que no son tales, sino compras de voluntades o esperanza de que el agradecimiento se concrete en un beneficio real para el que dona el bien.

La vida de un niño es recibir regalos

Si aplicamos esto a los más niños, nos damos cuenta de que los primeros años de nuestra vida son un recibir regalos sin freno. Pero no estoy refiriéndome a cumpleaños, reyes y demás eventos, sino al simple amor de los padres, de los familiares y amigos, el techo en el que viven, la ropa que se ponen, el cuidado cuando se ponen enfermos… Los niños y jóvenes son verdaderas economías subvencionadas que viven constantemente de lo que los demás les dan. Es por ello que la familia es la principal escuela de ese amor desinteresado que los cristianos consideramos como la manera más plena de ser persona. Sin embargo, en los niños es muy fácil que solamente tengan importancia los regalos materiales o que el regalo se convierta más en una obligación que en una sorpresa.

Solo valen los regalos materiales

En algunos casos existen personas que solamente regalan al niño cosas materiales. No no saben, no quieren o no pueden hacer regalos de otra clase. Se trata de mayores que establecen su relación con el niño a través de los regalos materiales y que, normalmente, esperan recibir una respuesta de sus niños acorde a los regalos que les han hecho. Esto hace que el niño aprenda la lección y que acabe chantajeando al mayor dándole solo cariño si recibe o ha recibido un regalo material. El regalo se convierte entonces en una trampa en la que no existe ya la gratuidad sino un simple intercambio de cariño o carantoñas por bienes materiales.

La obligación de regalar

En otros casos, el regalo se convierte en una obligación. Hay que dar regalos porque es Navidad, porque es un cumpleaños, porque hay un juego que nos obliga a ello. El sentido relacional del regalo y su elemento gratuito se pierden. Dedicamos grandes energías en escoger el presente adecuado y en comprarlo. Energías que se pierden y que no nos sirven para mejorar nuestra relación con aquel que lo recibe. Los niños, sobre todo, quedan prontamente decepcionados cuando este regalo no cumple las expectativas que se ha planteado y esto es fácil que suceda a niños que tienen de casi todo.

Por ello, creo que debemos cuidar mucho el tema de los regalos. Comprar para regalar y convertir esto en costumbre en todos las ocasiones, desvirtúa el sentido profundo del mismo. Hay que replantearse las obligaciones de regalar y también pensar que el mejor regalo que se puede hacer a un niño (y a un mayor) es el cariño, la amistad, el aprecio, una relación sana… Por ello recordemos el valor del regalo para hacerlo con verdadera gratuidad y que este sea realmente una fuente y un refuerzo para las relaciones sanas y fructíferas.

 

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Jean Claude Juncker, la Eurocámara y la Ética

Artículo publicado en Levante EMV – Suplemento El Mercantil Valenciano EMV, el domingo 23 de Noviembre de 2014, en la página 18

Jean Claude Juncker  la Euroca

Los hechos son conocidos. El mismo protagonista y principal responsable del gobierno luxemburgués los ha reconocido en rueda de prensa, y la Eurocámara le ha dado su apoyo. El gobierno luxemburgués pactó de una manera secreta ventajas fiscales a empresas multinacionales para que tributaran en su país. Parece además (según declaraciones del propio Jean Claude Juncker, que es a su vez presidente de la Comisión Europea) que Luxemburgo no es el único país que lo hace y que otros llevan a cabo estas prácticas que permiten que las grandes empresas paguen menos impuestos en la UE que las pequeñas, a pesar de que ganan más.

Pero no solo hemos conocido esto, sino que los grupos mayoritarios de la Eurocámara han respaldado a Juncker. Los argumentos para hacerlo han sido varios, pero ha habido dos que han predominado. Por un lado, este comportamiento es legal y se opina que estos acuerdos se hubiesen hecho de todas maneras aunque él no hubiese sido el presidente de Luxemburgo, ya que estos pactos intentan defender los intereses del país (que es lo que Juncker tenía que hacer como presidente). Si no los hacen ellos, los hace otro país y se lleva los impuestos para él. No es una cuestión de personas, sino de la estructura competitiva en la UE. Por ello, concluye este razonamiento, hay que apoyar a Juncker y exigirle que haga en la UE lo que tan bien hizo en su país: defender nuestros intereses comunes.

El segundo motivo es más sencillo: hay que apoyarlo para no dar fuelle a los euroescépticos y a los eurófobos.

Comienzo por el segundo. Hacer piña con alguien del que se reconoce que ha hecho algo legal que no es bueno para el bien común, pensando que es la mejor manera de defenderse ante los euroescépticos, me parece de una bisoñez impropia de políticos experimentados. Creo que un apoyo de este cariz no solo no defiende a Europa de las ideas que la critican, sino que apoya a aquellos que lo hacen, y les refuerza en su convicción y argumentos.

Pero me gustaría centrarme más en el primer razonamiento y cómo este contiene un componente ético fundamental que mina la confianza en las instituciones y en la UE. La defensa de Juncker realizada por sus correligionarios europeos se basa en una concepción de la acción pública en la que cada uno tiene que buscar su propio interés o el de los suyos. De este modo, los países deben pensar en ellos mismos, y sus representantes deben defender sus intereses frente a los de otras naciones. Por ello están legitimados esta clase de acuerdos que atraen a las multinacionales a que paguen pocos impuestos, porque así los pagan a nuestro país y no a los gobiernos de las naciones en las que generan sus ganancias. Los accionistas de las empresas (que buscan su propio interés de lograr mayores beneficios) se aprovechan de esta competencia entre países y se instalan en aquellos en los que pagan menores impuestos. Es evidente que cuanto mayor sea la empresa más posibilidades tiene de hacerlo.

Esta concepción ética nos ha dicho que esto es lo mejor para todos, que buscar el interés propio es bueno para el común, que gracias a eso la economía funciona y se encuentran las mejores soluciones para lo público y lo privado. Que hay que desconfiar de quien dice luchar por el bien común porque seguro que nos está engañando y al final tiene unos intereses propios ocultos.

Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que esto no es así. Que cuando todos buscan su propio interés, gana más quien más fuerza o poder tiene. Que aquellos que son pequeños o débiles salen perdiendo o son “descartados” por el sistema, ya que no son capaces de defender o hacer valer sus intereses.

Y es evidente que esta opción ética de legitimar la búsqueda del propio interés no solamente provoca actuaciones como la descrita o beneficios para las grandes empresas, sino que lleva también a que una empresa esté dispuesta a pagar mordidas para lograr un contrato (al fin y al cabo lo que interesa es ganar más y si no lo hago yo lo hará otro) o a un político a recibirlas (él también quiere ganar lo máximo en su trabajo como representante público).

Por ello, los partidos mayoritarios harían bien si dejasen de hacer piña en torno a una concepción ética discutible que nos está dando unos malos resultados, para intentar modificar sus objetivos y maneras de actuar.

Esto supone dos clases de cambios. El primero, un cambio personal. Precisamos representantes que no pretendan defender sus o mis intereses, sino que se preocupen por el bien común, que trabajen por una sociedad mejor.

La segunda es que no es suficiente un cambio en las personas, sino que también hay que cambiar las estructuras. Las instituciones también son éticas o no en la medida que potencian unos comportamientos u otros. El ejemplo aquí descrito lo muestra de una manera evidente. Necesitamos cambiar las instituciones para impedir esta clase de comportamientos que solamente benefician a unos pocos: a quienes menos ayuda necesitan.

O este cambio lo realizan los grandes grupos políticos o lo harán otros en su lugar. Cuando antes se den cuenta de que la ciudadanía lo exige y quiere mejorar la sociedad luchando por el bien común, mejor. Si no lo hacen, corren el peligro de seguir pensando en sus propios intereses y verse sobrepasados sin entender nada de nada.

 

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Pasarlo bien: el tiempo libre

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 10, Noviembre 2014, pág: 12 y 13

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En el pueblo en el que vivo, Almàssera, hay una plaza en la que todos los días puedes ver a gente que pasa el rato allí. Es muy agradable pasear por ella y encontrarse con gente que conversa, que va a la biblioteca, al ayuntamiento, a la Iglesia o a comprar, a mayores sentados observando a los demás… Por las tardes se concentran una gran cantidad de niños que van allí a jugar. Mis mismos hijos, con frecuencia me comentan ¿Vamos a la plaza a jugar o a estar con otros amigos? Es una suerte tener un lugar así en el que encontrarse para pasar el rato.

Tomar algo para pasarlo bien

Sin embargo, hay algo que observo a menudo que me ha hecho reflexionar sobre lo que hacemos con la educación económica de nuestros hijos. Muchos de los niños que van a la plaza por la tarde, lo primero que hacen es ir al kiosko a comprar algo para tomar. El salir a jugar a la plaza se identifica desde bien pequeños con tomar algo, con pasar por la tienda. Parece que si no se adquiere algo, salir no es lo mismo, no van a pasarlo igual de bien. Se necesita dinero, por tanto, para ir a la plaza, para pasarlo bien. De este modo, desde bien pequeños estamos educando a los niños en relacionar la compra de algo con el pasarlo bien.

Esto es una constante para la adolescencia y la juventud

Esto tiene un peligro evidente en el largo plazo. Muchos jóvenes tienen que tomarse algo para poder pasarlo bien. No quiero entrar en qué puede ser ese algo, pero la identificación entre tomarse algo y pasarlo bien proviene de su infancia, de esas veces en las que salimos y tenemos que consumir una chuchería, unas pipas, cualquier cosa, porque si no lo hacemos parece que falta algo, que no ha valido la pena salir o que el ocio está incompleto. Esto no quiere decir que tengamos que arruinar al gremio de los kioskeros, todos compramos en ocasiones a nuestros hijos alguno de estos productos para tomar. El peligro no es comprarlo de vez en cuando, sino que se automatice que salir quiere decir consumir algo que hay que adquirir. La chuche, las pipas, pasan de ser algo excepcional a ser un elemento imprescindible para el ocio fuera de casa, para jugar con los amigos o a estar con ellos en la plaza o en cualquier otro lugar.

No es solo cosa de niños, nosotros también lo hacemos

Ahora bien, no solo tenemos que mirar a los niños para darnos cuenta de esto. Con mucha frecuencia lo que hacen es reproducir lo que nosotros hacemos. Con frecuencia, los padres cada vez que salimos consumimos algo. Es decir, para nosotros también salir supone adquirir algo y no sabemos plantear nuestros momentos de ocio sin prescindir del consumo ligado a ellos. Muy a menudo somos nosotros los que estamos totalmente imposibilitados de salir, de estar con otros, sin que esto suponga un gasto, sin tener que tomarse una cañita o un café o un pastel… No concebimos nuestros momentos de ocio sin ese consumo.

El ocio como gasto

Y esto no solo sucede con el ocio diario, sino también con el extraordinario. Salir a hacer algo que normalmente no hacemos, pasarlo bien con los amigos, debe ir acompañado, frecuentemente, de un dispendio ligado a este. El ocio parece, entonces, que no puede plantearse si no es para ir al cine, tomarse algo en una hamburguesería, ir a la bolera, entrar en un recreativo, ir al parque de bolas, etc. Las opciones de ocio implican entonces un desembolso económico ya que si este no se da, parece que no se sabe qué hacer, que cualquier opción diferente va a ser aburrida o incompleta.

El desembolso en el ocio estratifica la sociedad

Además, esta manera de plantearse el ocio separa a personas que tienen niveles económicos distintos. En la medida que para pasarlo bien incurrimos necesariamente en un gasto, solamente podremos compartir este ocio con aquellos que tengan un nivel económico ajustado al nuestro y puedan gastarse lo mismo que nosotros. Esto hace que, con más frecuencia de la deseada, acabemos juntándonos con aquellos que tienen un nivel económico similar al nuestro porque son con los que podemos salir. Esto dificulta que personas con distintos poderes adquisitivos acaben juntándose para compartir su ocio y su vida.

Replantearse la dimensión económica del ocio

Por ello es necesario que nos replanteemos la dimensión económica del ocio. No solo con nuestros hijos, sino también para nosotros mismos. Nos tenemos que preguntar si nuestro ocio va siempre ligado a tomar algo o a desembolsar algún dinero o si por el contrario, sabemos encontrar momentos de ocio totalmente gratuitos. Debemos pensar en qué maneras podemos pasarlo bien, nosotros y nuestros hijos, solos o con amigos, que no supongan necesariamente desembolso económico: pasear, jugar, hacer excursiones, ver un museo, montar una obra de teatro, cantar, contar historias, quedar con los amigos en casa o en un lugar público para conversar, etc. Hay miles de maneras de ocupar nuestro tiempo ocioso que no conllevan pagos ni consumo. Estas maneras de plantearnos el ocio son inclusivas, cualquiera puede entrar en ellas, tenga el nivel económico que tenga, y no excluyen las otras. Por ello, sin descartar ese ocio bajo pago que todos realizamos y que es una opción válida, debemos conseguir que no sea la única opción y que sepamos pasarlo bien sin gastar dinero. Debemos enseñar a nuestros niños que se puede pasar muy bien sin tomarse nada, sin pagar a nadie para que nos ayude a conseguirlo y sin desembolsar ningún dinero.

 

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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Mejorar el control de las transacciones financieras

Artículo publicado en el periódico Levante el 10 de Septiembre de 2014 en su página 46

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Noticia publicada en “Valencia Económica, Diario Económico Valenciano”:

Enrique Lluch aboga por crear un impuesto internacional sobre transacciones financieras para frenar las operaciones vinculadas a la corrupción

http://valenciaeconomica.com/blog/2014/09/09/enrique-lluch-aboga-por-crear-un-impuesto-internacional-sobre-transacciones-financieras-para-frenar-las-operaciones-vinculadas-a-la-corrupcion/

Si además, queréis leer el artículo al que se hace referencia en estas noticias, en esta otra entrada del blog tenéis el enlace: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2014/07/07/como-avanzar-hacia-una-economia-social-de-mercado/

 
 

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Educar en valores económicos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 7, Julio-Agosto 2014, pág: 12 y 13

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Sabemos que la educación que damos a nuestros hijos tiene mucho que ver con el ejemplo y con la transmisión no verbal de sensaciones, valores, miedos, inseguridades, maneras de hacer las cosas, etc. Se trata de todo aquello que determina nuestra manera de ser y que nosotros transmitimos y nuestros hijos interiorizan sin querer, sin que nos demos cuenta. La sociedad también actúa así sobre los niños, les transmite valores y maneras de hacer las cosas sin que esto se explicite en la escuela, sin que se perciba de una manera clara. El entorno en el que nos movemos determina que acabemos viendo algo como normal o que lo veamos como extraño. Nuestra manera de actuar viene determinada en parte por todo aquello que está alrededor nuestro y que nos encontramos en nuestro día a día.

También sucede esto con los valores económicos

Los valores económicos no son ajenos a esta realidad. Nuestros hijos están asimilando, desde bien pequeños, unos valores económicos que no son los cristianos. El “lo mío es mío y lo tuyo si puedo también”, “lo único que interesa es mi bienestar personal”, “El dinero lo mueve todo” o “la pela es la pela”, “de mayor quiero ser rico” o “lo más importante en la vida es ganar mucho dinero”, etc. Se van insertando en los pequeños sin que nos demos cuenta de cómo sucede. Sin embargo, no es solo el ambiente el que colabora en que esto sea así. Con frecuencia es nuestra propia manera de hacer las cosas, nuestro planteamiento personal o familiar a la hora de abordar momentos claves de nuestro día a día, los que refuerzan sin querer estos valores económicos en nuestros niños. Estamos tan inmersos en nuestro entorno y se ha extendido tanto (hasta en ambientes cristianos) que la economía es algo independiente de la fe que tiene su propia dinámica, que hemos descuidado esta faceta de nuestra vida y a menudo, de una manera poco consciente, colaboramos sin ser conscientes en la potenciación de valores económicos poco cristianos.

Educar en valores económicos cristianos

Por todo ello voy a comenzar en esta revista una serie de artículos que pretende ser un motivo de reflexión para aquellos que tenemos niños para educar y para aquellos que no los tienen pero quieren reflexionar sobre su día a día económico. En ellos quiero descubrir cómo los valores económicos egoístas nos han impregnado de tal manera que no somos conscientes de nuestra colaboración en la difusión de los mismos. Y todo ello desde el convencimiento de que vivir desde una economía altruista, desde una economía del don, nos hace más felices, nos ayuda a lograr nuestras metas (si esta no es la de enriquecerse, claro está) y nos facilita vivir en el amor y en la solidaridad y construir un mundo más humano.

¿Aprender para ganar?

Y para comenzar la serie, creo que vale la pena que reflexionemos sobre algo que decimos a nuestros hijos con demasiada frecuencia, sin darnos cuenta de la carga de profundidad que contienen nuestras palabras: “Tienes que estudiar mucho porque así podrás tener un buen trabajo y ganar mucho dinero en el futuro”. Las maneras de expresar esto mismo son múltiples pero ¿Quién de nosotros no ha transmitido este mensaje a sus hijos en alguna ocasión? Y lo hacemos porque esta afirmación tiene una parte de verdad: nuestros hijos tendrán que realizar una labor que les permita lograr unos ingresos suficientes para vivir. Sin embargo, cuando les insistimos en este tema, les decimos que la importancia del estudio, del esfuerzo, ser reduce a su capacidad para generar más pronto o más tarde ingresos y si son estos elevados, mejor.

Con esto estamos potenciando un mensaje equivocado: que todo hay que medirlo por su capacidad para ganar dinero. Les estamos diciendo que al final, lo importante en esta vida es tener más y que el estudio es solo un medio para lograrlo. Las actividades extra-escolares, aquello que no sea adquirir conocimientos útiles para encontrar un trabajo bien remunerado, aparece entonces como inútil, como secundario… Acudir a un grupo juvenil, pasar la tarde con los amigos, aburrirse en casa de vez en cuando, preparar una obra de teatro con los amigos, ir a jugar a cualquier deporte o practicarlo con asiduidad, tocar la guitarra, etc. Son todo actividades que tienen que estar en un segundo plano porque lo importante es adquirir conocimientos, sacar buenas notas, ser los mejores para tener empleos mejor remunerados. Por ello creo que la próxima vez que les digamos a nuestros hijos que tienen que estudiar y sacar buenas notas (creo que hay que hacerlo), debemos insistir en que es para que sean mejores personas, para que luego puedan aportar sus conocimientos a la sociedad, para encontrar un trabajo que les satisfaga, para ser más felices… y que reflexionemos sobre todas aquellas actividades que no les llevan a sacar mejores notas, pero que van a ser buenas para ellos en un futuro. No tienen por qué dejarse a un lado o ser secundarias, tienen su importancia en la educación de los niños aunque esta no sea económica y hay que potenciarlas también.

 

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¿Se pueden construir espacios de esperanza?

La nueva campaña de Cáritas con motivo del día de la caridad se denomina “Construyendo espacios de esperanza”

construyendo espacios de esperanzaEn este mi nuevo artículo de España Buenas Noticias podéis encontrar un breve comentario sobre cómo esto puede ser una realidad también en economía… Todo es proponérselo…

http://ebuenasnoticias.com/2014/06/27/construyendo-espacios-de-esperanza/

 
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Publicado por en junio 29, 2014 en ética económica

 

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Conference in the Society for International Development. Final Summary

Summary Report Frechina_final_Página_1Summary Report Frechina_final_Página_2On 14 April 2014, SID NL welcomed Enrique Lluch Frechina, Professor of Economics and Economic Ethics at the University CEU Cardenal Herrera, to give a lecture about the diverse solutions citizens put into practise in times of crisis. He mainly addressed the current economic situation in Spain. The discussion was moderated by Sandra Rottenberg, Board Member of SID NL and Director of “De Globaliseringslezing”.

Introduction

Before beginning his lecture, Enrique Lluch Frechina was asked by Sandra Rottenberg about a comment he made earlier about statistics. According to Frechina, the criteria of national statistics are often changed by the government, so that poverty and inequality are masked. In 1988 the government finished with a research on poverty and inequality on mandatory demand of the European Union, yet Spain changed all the criteria in this survey. While working with this data Frechina experienced a lot of problems since it was so inconsistent. Therefore, Frechina accumulates his own statistics with the FOESSA foundation, to map social injustices and exclusion. According to the data he collected, the national available income per capita has decreased with almost 15 per cent. Youth unemployment has risen to around 55 per cent of the population. There are approximately 1.8 million families in Spain whereby no family member is employed. To give an indication of the future prospects, the last crisis in the 1970’s took Spain 20 years to recuperate from.
Individual Solutions
The number of people receiving government support has more than doubled in the period between 2007 and 2011. Depending on the autonomous community, families receive between 300 and 658 Euros of (public) support. Gas and water as well as public transport prices have gone up, while people have lower or even entirely lost their incomes. Families are often the main ‘institution’ to provide for the unemployed. Many people, often with ages above 30 are moving back in with their parents.
Older people who had good salaries their entire life are now receiving pensions that are proportionally bigger than most incomes. This distribution of wealth seems not only inefficient, since these retired people already have enough money, it is often perceived as unfair. The employed of this generation have to work more to make these pensions available in times of crisis. Many are not even building up pensions for themselves. The solutions that are put into practice by Spanish people are unsurprising; people acquire several temporal jobs, or keep their old job under worse conditions and lower wages. Furthermore, informal labour is on the rise and people stop buying luxury goods.
The migration to other countries, even overseas to Latin America is often mentioned as an individual solution to the crisis. However, there are no clear statistics since the government does not differentiate between natives or naturalised Spaniards. This is why, according to the statistics, Ecuador is the fourth biggest migration-destiny, (Ecuador can hardly be labelled a vibrant economy as it is one of the poorest countries in Latin-America). The (native) Spaniards who do migrate are often qualified and education, albeit they do not leave the country in large numbers as was the case in the 60s and 70s.
Contrary to our expectations, alternative economic strategies such as responsible local consumption, cultivation of own food, becoming self-sufficient, creating barter structures, time banks or social money, assembling in consumption groups, switching to bike transportation or buying goods on second hand markets are not yet very popular among Spanish people. Yet, a change in mentality is underway.

To conclude

Frechina is very critical about the strategies Spanish people pose as solutions, though there are some positive changes. A minority is finally recognising the problems of the poorest groups in society. Government policies that do not address the growing inequality are starting to receive more criticism. Moreover, a minority is using ethical banks and are starting to buy in a more conscious and responsible way. According to Frechina most importantly, Spanish people realise that living with less is not a big problem if you can meet your basic needs. To have more goods does not automatically imply that one has a greater welfare; therefore relational goods are gaining importance as a way to measure welfare. Needs and desires should be distinguished, goods that represent status should be reconsidered. Businesses should take more social responsibility and should care less about profits for shareholders.

Discussion

Sandra Rottenberg mentioned the Spanish immigrants from the 1960s and 1970s that came to the Netherlands and who were actually worse off than the Spaniards that stayed in their home country. Furthermore, because Spain is a rural society, people are more rooted in the village they live in. According to Rottenberg this is why the Spanish are not so willing to emigrate.
When asked about the general atmosphere, Frechina answered that in Spain most people do not show frustration. However, people have decided to stop reading newspapers, stop watching the news and they have lost interest in politics altogether. The bad news in the media leaves a negative impression of politics which results in despondency. The government appears to be positive because the economy is growing once more and the investors are returning. Yet, Spanish people are still left without jobs.
Does it appeal to Spanish people that they are part of the European Union? Spain receives the most European students, yet Frechina thinks this is because of the beach and the “fiestas”. But the actual European feeling is only vivid amongst educated people. The support people used to have for Europe has vanished. Frechina also informed that although education is free, since last year students do have to pay if they remain longer in school than necessary, which is disadvantageous to the poorest.
A question from the audience was if alternative economy approaches such as the “Vivir bien” ideology of indigenous populations in Ecuador and Bolivia serve as an inspiration to Spaniards. To a minor extent they do, yet the focus is very different. The “Vivir bien” economy comes from Marxist, indigenous and ecological currents. It is very mixed, they are especially thinking about the rights of the natural resources. A similarity between the “Vivir bien” and the Spanish approach is the rejection of the thought that “having more is our only goal”. Acknowledging economic growth as the main goal promotes selfish behaviour of the human being. This is contrary to the way we educate our children, since being selfish is usually taught to be a negative characteristic.
So why have Spanish people chosen individual strategies over social and political movements that might have a bigger chance of addressing the root of the problem? Of course there is the 15-May Movement –the Spanish equivalent of the Occupy Movement-, but it had little or no impact. There was no desire to form a political party. People are worried about personal problems and find it hard to see their problems generalised in legislation.

On a last note, Frechina once again stressed the need for people to be aware that “having more” is not a sustainable path to the future since it brings out the selfish part of humanity.

 

 

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Qué podemos aprender de una economía como la española

Vídeo que resume la conferencia que impartí en Amsterdam el pasado 14 de abril invitado por la Society of International Development y que se titulaba learning from a stagnating economy

 

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Montoro, FOESSA y la pobreza ¿Por qué mirar hacia otro lado?

Artículo publicado en el periódico “Levante” Suplemento El Mercantil Valenciano EMV, el domingo 6 de Abril de 2014, página 16.

Foessa y Montoro

El pasado Jueves la Fundación FOESSA presentó el informe sobre Análisis y Perspectivas de 2014. Se trata de un estudio anual en el que esta fundación analiza la evolución de la pobreza y las desigualdades en nuestro país. La presentación de este informe ha producido tanto revuelo que hasta el señor Cristóbal Montoro, miembro de nuestro gobierno, se ha referido al mismo con unas palabras que analizaré brevemente en este artículo.

En primer lugar querría aconsejar a todos que lo leyesen. No tengo claro si el ministro lo ha hecho, sus declaraciones no nos permiten saberlo, pero creo que es conveniente hacerlo. Su lenguaje es claro y asequible y es fácil de descargar en internet (www.foessa.es)

En segundo lugar quiero recordar qué es FOESSA. Se trata de una fundación que ahora cumple cincuenta años, creada por Cáritas para realizar estudios científicos sobre la pobreza y las desigualdades en España. En sus trabajos participan reconocidos científicos a nivel nacional e internacional de diversas universidades españolas y su colaboración con la misma no se basa en su adhesión a Cáritas o a la iglesia católica, sino en su excelencia investigadora. Por ello, en FOESSA trabajan juntos investigadores de muy diversas procedencias religiosas e ideológicas. Se trata, por tanto, de una fundación privada, sin adscripción política, cuya preocupación principal es el estudio científico de la pobreza, la exclusión, la privación y las desigualdades, con la idea de que conocer mejor estos fenómenos permite encontrar medios más efectivos para avanzar en su erradicación. De hecho, sus estudios son referentes sobre estos temas en nuestro país y en estos momentos es candidata al premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014 (si algún particular o institución quiere apoyar esta candidatura tecleando en un buscador de internet “apoyo a la candidatura FOESSA” encontrará información al respecto)

En cuanto al estudio en cuestión, los datos principales elaborados por el comité científico de la fundación FOESSA (compuesto por catedráticos e investigadores de prestigio) tienen dos fuentes principales. La primera son los datos públicos, encuestas oficiales realizadas por el Instituto Nacional de Estadística, la Oficina de Europea de Estadísticas EUROSTAT o los Ministerios del Gobierno de España. La segunda es una encuesta propia que lleva tres ediciones (2007, 2009 y 2013) y que es una de las bases del VII Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que se presentará los últimos días de Octubre en Madrid. Se trata de una encuesta que cumple todos los parámetros estadísticos establecidos para que sus resultados sean significativos y que cumple con los más altos estándares de calidad y rigor científico habituales en esta clase de trabajos.

Las principales conclusiones de este estudio no son sorprendentes: Están en la línea de lo que ya se había afirmado en los anteriores estudios hechos por esta misma fundación y por otros organismos científicos privados y derivan en gran parte de datos públicos ofrecidos por instituciones oficiales, por lo que tampoco difieren de lo que dicen estas instituciones estadísticas nacionales e internacionales.

Ante el panorama que presenta la realidad española y la gran cantidad de personas que están quedando al margen, FOESSA pretende poner en la mesa de las preocupaciones públicas a los más desfavorecidos. Decir que lo más importante es ocuparse de buscar soluciones para que nosotros, nuestros vecinos, nuestros familiares, nuestros amigos, las personas con las que nos cruzamos todos los días cuando salimos a la calle, podamos tener una vida digna en esta sociedad y no tengamos que caer en la exclusión o en la pobreza. Para ello, no solo analiza los datos, sino que propone las soluciones que cree que son más convenientes para orientar la acción del sector público. Quiere introducir en el debate público cómo ayudar a quienes peor lo pasan.

Ante estas propuestas serias y consistentes (y creo que compartidas por gran parte de la sociedad española), nuestro ministro, Cristóbal Montoro, ha dicho (entre otras cosas) que se trata de estudios “puramente estadísticos”, lo que no deja de sorprender cuando (por ejemplo) los datos del desempleo también lo son (derivan de la encuesta de población activa) o él mismo había afirmado unos minutos antes en la misma rueda de prensa que las cifras del déficit público iban a mejorar cuando se aplicase en octubre un nuevo método de cálculo de estadísticas económicas para el PIB propiciado por la UE… ¿Nos está diciendo el ministro que las estadísticas valen en unos casos y en otros no?

También nos ha dicho el ministro que lo que erradica la pobreza es el crecimiento y la creación de empleo”. Sin embargo, esta afirmación es muy discutible desde el punto de vista teórico. Sabemos que el crecimiento económico no siempre genera reducción de las desigualdades y de la pobreza. Los estudios empíricos demuestran que para que esto sea así, debe ir acompañado de políticas públicas apropiadas.

También nos ha dicho Cristóbal Montoro que España aparece con mayor riesgo de pobreza relativa que otros países de la UE porque estos son más pobres y tienen un umbral inferior. Sin embargo sucede que también aparece con tasas de pobreza más elevada que los países con mayor renta per cápita, en los que el umbral de la pobreza es mucho más alto que en España (con lo que si lo aplicásemos a nuestro país tendríamos unas tasas de pobreza todavía más elevadas). ¿Con quien debemos compararnos?

Pero quizás, lo más sorprendente ha sido que se lamente de que se sigan haciendo “estas declaraciones” y pida a FOESSA y a Cáritas que “no provoquen un debate que no se corresponde con una realidad, la de una España que está superando la crisis con el esfuerzo económico y también con políticas de cohesión social”. Sin entrar en la última afirmación me pregunto ¿Realmente hay que lamentar que haya estudiosos que dediquen su tiempo a los más desfavorecidos y que comuniquen sus conclusiones al grueso de la población? ¿Es negativo para la sociedad española que haya instituciones que quieran llevar al debate público qué se hace con los que más están perdiendo en esta crisis?

Muchas dudas generan las declaraciones del ministro, pero quiero acabar con una que ya venía apuntada en el título de este artículo ¿Por qué mirar hacia otro lado? ¿Por qué no quiere el ministro que se hable de los “sobrantes” (como los denomina Francisco el obispo de Roma)?

 
 

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No a la nueva idolatría del dinero

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 3, Marzo 2014, pág: 12 y 13

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Sigo analizando (tal y como comencé el pasado mes) los aspectos económicos de la exhortación apostólica Evantelii Gaudium. El siguiente punto económico que trata esta se titula así, “no a la nueva idolatría del dinero” (55-56). Y comienzo discrepando en el título de este apartado porque, si bien las maneras en las que se lleva a cabo podemos considerarlas nuevas (si lo miramos en una perspectiva histórica y pensamos que solamente llevamos alrededor de ciento cincuenta años haciéndolo así), la idolatría del dinero no es algo nuevo y es la misma que ya se encontró Jesucristo cuando estuvo con nosotros hace alrededor de dos mil años…

Condenar el amor al dinero

De hecho, los evangelios ya recogen palabras de Jesús referidas a este mismo tema: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.” (Mt. 6, 24). Poner la prioridad en el dinero es contrario a la fe en Jesucristo. No podemos considerarnos cristianos verdaderos si dirigimos nuestros afanes en la dirección de ganar más, en la de tener, en la de lograr que se incremente nuestra bolsa. De hecho, San Pablo lo tiene tan claro que en su carta a Timoteo no duda en afirmar que “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tim 6, 9-10) Esto ya llevó a que San Juan Crisóstomo afirmara en un sermón dedicado a esta carta que “el amor que el usurero profesa al dinero es mucho más grave que el amor carnal más desordenado”. Por todo ello sabemos que el amor al dinero, el poner el dinero por encima de otras cosas, el organizarlo todo para tener más es, desde el punto de vista cristiano, una actitud que no solo va en contra de nuestra propia fe, sino que también puede calificarse como la raíz de todos los males y el origen de muchos sufrimientos.

Una sociedad basada en el beneficio

Siendo esto así, no es de extrañar que Francisco utilice palabras tan duras para condenar nuestra sociedad actual. Porque, desgraciadamente (y tal vez aquí radica la novedad que señala Francisco en su título) estamos en un sistema económico donde lo que prima es ganar más. El amor al dinero pasa a ser, no solo legítimo, sino necesario en un sistema que encumbra y favorece a aquellos que tienen la facilidad o la suerte de ganar más. Nuestra sociedad deja de preocuparse por las personas, por aquellos que están peor, para ensalzar a aquellos que consiguen mayores ingresos, para potenciar que quien quiera tener más lo consiga y pueda apropiarse de sus beneficios sin excesivas trabas. De este modo, las personas se subordinan a los beneficios, no interesa mejorar a otros sino acumular, lograr mayores beneficios.

También a escala familiar

Y uno podría consolarse pensando que este amor al dinero se da solamente a escala política o de las empresas, pero fácilmente podemos darnos cuenta de que esto no es así. Nuestras familias, lo que los economistas denominamos economías domésticas, también estamos impregnados de este amor al dinero. Buscamos tener mayores salarios, conseguir mayores intereses con el dinero que tenemos en el banco, lograr ingresos extraordinarios gracias a operaciones en bolsa o en otros activos financieros… Ya hablé en estas mismas páginas de cómo esta intención de tener más ingresos fue una de las causas que llevó a mucha gente a la compra de preferentes y otros productos financieros…

Vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Por todo ello, Francisco nos ofrece aquí la alternativa que nos invita a seguir. Ante ese amor al dinero castrador, que nos impide centrarnos en la persona, amar a quien tenemos al lado, preocuparnos por los más desfavorecidos… Nos propone la construcción de una economía y unas finanzas que estén mirando al ser humano y no a los beneficios. Que se impregnen de un comportamiento ético ante una actividad que parece olvidar la ética y está repleta, no solo de corrupción, sino también de comportamientos en los que “todo vale” para lograr esos beneficios que me exigen el sistema, mis ambiciones y los clientes o propietarios que me contratan.

Esta propuesta sirve también para el ámbito familiar. Ante esa legitimación que hacemos de que cualquier cosa vale para lograr más, ante esas ganas de no perder dinero, de buscar siempre lo más barato para poder comprar más, tenemos que introducir criterios éticos en nuestras compras, en nuestros ahorros, en nuestro comportamiento económico diario. Así podremos concentrar nuestras energías en lo realmente importante y no en “afanes absurdos y nocivos que nos hunden en la perdición y en la ruina”…

 
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Publicado por en marzo 19, 2014 en ética económica

 

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“¿Crecimiento o decrecimiento? A propósito de los últimos 50 años”

Artículo publicado en Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales, n.º 42. Noviembre de 2013, pp. 220-237, Fundación Pablo VI.

Se trata de un artículo que profundiza en las ideas de crecimiento y decrecimiento viendo sus características principales para ver si son ambos buenos objetivos económicos o si pueden considerarse más como intrumentos que como objetivos. A la vista de los resultados, realiza una propuesta sobre cuál podría ser el objetivo económico más pausible en nuestra actual situación.

sociedad y utopía

Aquí tienes el artículo completo:

 

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Nueva colección “Cuadernos de ética en clave cotidiana”

Hemos comenzado una nueva colección que tiene como objetivo que los no especialistas tengan un acceso fácil a propuestas éticas sobre temas clave y de actualidad. Se trata de unos cuadernos sencillos, breves y rigurosos en los que podremos ver análisis y propuestas éticas que nos servirán para poder opinar y actuar de una manera fundamentada en los temas tratados.

Los cuadernos se encuentran en formato online con acceso gratuito en http://www.piensaenello.org/services/publicaciones/

Si quieres suscribirte a ellos en papel o tener más información puedes hacerlo en el siguiente enlace:

http://funderetica.org/cuadernos-de-etica-en-clave-cotidiana/

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Los dos primeros cuadernos de la colección son: “El don que transforma, una mirada a la moral desde el carisma redentorista” un cuaderno muy teolótico pero muy sugerente y el segundo se titula “Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política” en el que aportamos una reflexión ética sobre hacia dónde deberíamos dirigir el cambio de nuestra organización política y económica.

 

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No a una economía de la exclusión

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 2, Febrero 2014, pág: 12 y 13

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La Evangelii Gaudium de Francisco

El pasado 24 de Noviembre, Francisco, nuestro Obispo de Roma, publicaba una Exhortación Apostólica titulada Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En ella (como no podía ser de otro modo ya que los asuntos sociales son parte integrante de la evangelización) se tocaron temas económicos. Durante los próximos artículos de esta serie voy a repasar algunos de ellos. No va a ser un análisis exhaustivo de los contenidos del documento, sino tan solo un breve comentario de aquellos que por su contenido económico, entran dentro de la temática que suelo tratar en estos artículos. Creo que esto nos puede ayudar mejorar nuestras actitudes y poner nuestro granito de arena en el anuncio de esa buena noticia en la que creemos los cristianos.

Nos falta compasión

Los números 53 y 54 de la exhortación se titulan como este artículo: “No a una economía de la exclusión”. Francisco toca, a mi modo de ver, dos temas clave en la sociedad actual y en su manera de organizar los temas económicos. El primero es la falta de compasión de muchas personas y de la sociedad. Hemos olvidado esta gran virtud que es una de las principales fuentes de la caridad y el amor. Ser compasivo es tener capacidad de sufrir con el otro, lo que los psicólogos denominan empatía. Es decir, ser capaz de ponerte en la situación del otro, de pensar como él piensa, de sufrir como él sufre, de alegrarte como y cuando él se alegra… Una organización económica en la que lo principal es tener más, en la que lo que se potencia es que miremos a nuestro ombligo y nos olvidemos de los demás, embota nuestra capacidad para ser compasivos.

Por ello, cuando vemos a las personas que lo pasan mal, cuando nos encontramos ante los fenómenos del hambre y de la pobreza, permanecemos indiferentes, conseguimos que no nos afecte… Francisco lo denomina la “globalización de la indiferencia”. Lo vemos todo como si estuviésemos al otro lado de la pantalla, no nos sentimos hermanos de nuestro prójimo sino que pensamos que son “ellos” los que están mal, no “nosotros”. Parece que olvidamos que todos somos hijos del mismo Dios, que todos somos hermanos, que todos somos: nosotros…

Una economía que produce “deshechos”

Por ello, ante una economía que deja detrás a muchas personas, que no se interesa por los que menos tienen y los descarta convirtiéndolos en “Sobrantes”, en “deshechos” (como los denomina Francisco), no nos escandalizamos. Lo que nos preocupa es poder adquirir aquellas novedades que nos trae el mercado, saber que vamos a tener lo que deseamos y mantener el estatus en el que nos encontramos. Por ello apoyamos un sistema económico que, aunque no llega a todos por igual, nos mantiene en nuestra posición. Estamos convencidos la manera de organizarnos beneficia a todos y es un buen modo de luchar contra la pobreza porque genera crecimiento económico y, si hay más, podremos repartir más…

Y esta es la segunda idea clave que creo que quiere transmitirnos Francisco en estos dos apartados. No podemos seguir creyendo ciegamente en un sistema económico que no es compasivo, que genera unas basuras que no solo son contaminantes, sino que son humanas. Los “sobrantes” son personas que no cuentan, que no se benefician del común, que quedan a un lado. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico va a solucionar esto, en que cuando nos recuperemos de la crisis estas personas que ya no cuentan van a pasar a ser importantes, van a dejar de ser “deshechos”. El crecimiento por si mismo no va a acabar con esto…

Incluir la compasión en nuestro comportamiento económico

Por ello, el mensaje que a mi juicio nos envía Francisco es claro. Nos anima a ser más compasivos. La alegría del evangelio no se puede vivir sin compasión, sin ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Conseguirlo nos permite comprender a nuestro prójimo, asumir sus anhelos y convivir y compartir con él sus esperanzas e ilusiones. También supone conocerlo mejor, sufrir con el otro y estar con él cuando lo necesita. Pero para ello, precisamos de una organización económica que también sea compasiva, que vea el sufrimiento de quien peor está y se desviva por él, que no genere “sobrantes” ni deje a un lado a aquellos que no tienen suficiente.

Hay que buscar una sociedad inclusiva en la que todos puedan participar, en la que nadie quede descartado por tener poco. Una sociedad que sea sensible a esas realidades que quedan fuera. Por ello, Francisco nos anima a los cristianos a decir NO a esta economía de la exclusión, a esta economía egoísta que genera tanto sufrimiento en aquellos que se ven descartados de su riqueza y SÍ a una economía construida en clave compasiva, en clave de de amor, una economía que se centre en las necesidades de quienes peor están…

 
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Publicado por en febrero 17, 2014 en ética económica

 

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