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Archivo de la categoría: ética económica

Entrevista en el Levante EMV

Para preparare para la presentación del libro “DSI y economía” de esta tarde, podéis leer la entrevista que me han hecho en el periódico Levante de Valencia que ha titulado la entrevistadora:

Enrique Lluch : “En el sistema actual se ama al dinero como a un dios”

Levante emv

Si queréis leerlo, tendréis que ir a su edición en papel o quienes estéis suscritos a la edición digital, podéis encontrarlo en: http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2018/04/13/sistema-actual-ama-dinero-dios/1703521.html

También ha salido publicado en la página web de la diócesis. Aquí tenéis el enlace:

http://www.archivalencia.org/contenido.php?a=6&pad=6&modulo=37&id=16700&pagina=1

Toda la información sobre la presentación la tienes aquí

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¿Qué es un paraíso fiscal?

En este audio hablo brevemente sobre lo que es un paraíso fiscal, sus principales características y los problemas que traen para la estructura económica mundial.

https://www.ivoox.com/paraisos-fiscales-audios-mp3_rf_24993645_1.html

paraíso fiscal

 

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El lugar donde nadie sueña solo

El próximo 12 de abril a las 19:00 en el colegio salesiano San Antonio Abad en la Avenida Primado Reig 2 de Valencia, tendrá lugar una sesión de cuatro intervenciones en formato conferencia TED en la que participaré.

logoSalesianos

Es gratuito pero hay que retirar las entradas en el mismo colegio.

Tenéis toda la información en: https://valenciasaa.salesianos.edu/colegio/dreams/

 

 
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Publicado por en marzo 25, 2018 en ética económica

 

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El afán de lucro

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 11 Diciembre, Pág. 26-27

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En nuestra sociedad actual el afán de lucro se muestra (con frecuencia) como el verdadero motor del cambio. Parece que todos los avances que se dan en ella responden a la iniciativa de personas que buscan innovaciones que les permitan ganar más dinero y enriquecerse. Quienes así piensan no se cansan de mostrar ejemplos que pretenden demostrar que las personas cuyo único fin es enriquecerse son aquellas que logran los grandes progresos de la humanidad y que en esa insatisfacción por el tener más, son más imaginativas a la hora de aportar bienes para la sociedad. Todo ello lleva a que exista una legitimación ética del afán de lucro. Querer enriquecerse no solo se muestra como normal y como el comportamiento racional desde el punto de vista económico, sino que se ensalza socialmente a las personas que solamente buscan este objetivo poniéndolas como ejemplo para el resto de la sociedad. El afán de lucro se convierte así en la base sobre la que se asienta toda la organización económica actual.

Diferenciar el afán de lucro de la necesidad de obtener lo necesario

Lo primero que hay que matizar para profundizar un poco en este tema es diferenciar el afán de lucro con obtener lo necesario para vivir. Aunque algunas personas (de manera interesada o no) los confunden, no son lo mismo. Todos tenemos una tarea vital clara y necesaria que es lograr los recursos suficientes para llevar una vida digna nosotros y nuestra familia. Se trata de un afán que deriva de la vida digna y que está recogido en la oración que Jesús nos dejó para dirigirnos al padre “danos hoy nuestro pan de cada día”. Ahora bien, obtener lo necesario tiene un límite, porque no necesitamos de todo para vivir dignamente, cuando llegamos a unos determinados ingresos ya tenemos lo suficiente y no precisamos de más. Esta es la diferencia esencial entre obtener los ingresos para la vida y el afán de lucro. Este último es ilimitado, siempre queremos más, siempre ansiamos incrementar nuestros ingresos. No es lo mismo, por tanto, el afán de las personas que quieren obtener lo suficiente para llevar una vida digna que el afán de lucro que es siempre ilimitado por definición y que no tiene límite y busca tener más de lo necesario.

El afán de lucro no siempre lleva a lo mejor

Hecha esta diferenciación tenemos que rebatir el argumento de los apologetas del afán de lucro. Por un lado no es cierto que las personas que han realizado los grandes avances de nuestra civilización hayan estado siempre impregnadas por el afán de lucro. ¿Creemos acaso que avances como el fuego, la rueda, el papel, la penicilina, la máquina de vapor… fueron realizados por personas que solo pensaban en enriquecerse gracias a sus inventos? Es tan evidente que esto no fue así que a veces sonroja pensar que hay alguien que sigue pensando que el afán de lucro es la única motivación de las personas que desarrollaron estos avances. La gloria, el orgullo, el solucionar un problema para mejorar algún trabajo, el servicio a los demás para facilitarles o mejorarles la vida, el gusto de inventar por inventar, querer ahorrarse esfuerzos utilizando una máquina o herramienta, la vocación de investigar, etc. Son motivos que pueden llevar a algunas personas a realizar avances en distintos campos útiles para la sociedad. Aquellos que estamos en la Universidad vemos día tras día investigadores en muchos campos que dedican su vida a buscar avances útiles para la sociedad y puedo asegurar que no lo hacen por afán de lucro. Es más, con demasiada frecuencia están hasta mal pagados… Hay que añadir a esto que al contrario, el afán de lucro lleva con frecuencia a actuaciones negativas para la sociedad. No hay más que pensar en la corrupción, las ilegalidades y los delitos cometidos por personas impregnadas de afán de lucro. También podemos recordar como la última crisis fue provocada por un sistema financiero que entró en una espiral de enriquecimiento sin tener en cuenta los riesgos que suponía esta rueda imparable del ganar siempre más.

El cristianismo condena el afán de lucro

Podemos encontrar condenas del afán de lucro tanto en el antiguo testamento (especialmente en los libros sapienciales) como en el nuevo, en los Santos Padres, en la Doctrina Social de la Iglesia y en toda la tradición cristiana. Podríamos poner ejemplos múltiples para mostrar esta condena clara, pero el espacio limitado del artículo me lleva a dar tan solo tres muestras del porqué esta condena tan clara. La primera es que “Nadie puede estar al servicio de dos amos, pues o odia a uno y ama al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y el Dinero” (Mt. 6, 24). En este ejemplo está la esencia del porqué de la condena del afán de lucro: porque deshumaniza, porque hace que veamos a la otra persona como un medio para nuestro enriquecimiento, que nos olvidemos de que la otra persona es imagen de Dios y que querer a Dios implica dar importancia a nuestro prójimo y que este sea nuestra prioridad. Por eso cuando Jesús le dice al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga, este se va entristecido ¿Cómo va a vender todo lo que tiene si su seguridad está en ello? Defender lo que se tiene y querer tener más se convierte en una prioridad ante la que las personas quedan a un lado “Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas” (Mc. 10, 23). Por eso Pablo de dice claramente a Timoteo “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (Timoteo 1 6, 9-10). La codicia, que es un sinónimo del afán de lucro, es la raíz de todos los males y nuestro sistema económico está sustentado en ella. Por ello es urgente realizar un cambio de paradigma que lleve a que nuestra economía se base en otros valores.

 

 

 

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¿Es posible una economia solidaria?

Aquí tenéis una entrevista que me hicieron en Matermundi Televisión. En ella toco muchos de los temas que son habituales en mis textos y conferencias.

 
 

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Nuestra economía necesita otra orientación

En la página 22 de la revista Alfa y Omega del jueves 12 de Enero de 2017: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1008_12-I-2017.pdf hemos publicado la crónica de la última reunión del Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico. En ella puedes encontrar los principales puntos de la reflexión que allí realizamos, en especial, de si es necesario o no cambiar nuestro objetivo económico.

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El pasado 29 de Noviembre se reunía por segunda vez en Madrid el Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico (FCPEE). En esta ocasión el grupo de académicos que lo componemos tratamos el tema que nos va a tener ocupados este curso: debatir sobre si la economía está orientada en la dirección correcta o precisa de un cambio de dirección para que pueda cumplir realmente su función de potenciar el bien común y estar al servicio de todas las personas. A la espera de que en nuestra reunión de primavera elaboremos unos documentos en los que nuestras reflexiones a partir del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia se presenten de una manera rigurosa, voy a adelantar algunas de las cuestiones que ya hemos tratado y en las que debemos profundizar.

Toda nuestra reflexión parte de constatar que el principal objetivo económico de nuestras sociedades es el crecimiento económico. Todos los gobiernos y toda la acción económica se miran en el espejo del crecimiento. Las cosas están bien o mal hechas en economía según los resultados que se obtienen con respecto al incremento anual del PIB. Parece evidente que esto se hace así porque se piensa que el crecimiento económico no solo es siempre positivo para la población, sino que además es lo mejor que le puede pasar a cualquier sociedad. La riqueza de una sociedad se mide tan solo, en términos de producción agregada, es decir, sumando lo que tenemos cada uno de sus ciudadanos e intentando que el total sea el máximo posible.

Este es el primer elemento que estamos cuestionándonos en nuestro Foro ¿La riqueza de una sociedad es solamente medible en términos de producción agregada de bienes y servicios? ¿Puede haber una sociedad más “rica” que otra aunque sumen menos producción entre todos? Porque el tener por tener, no es un horizonte que llene a las personas. El tener es un instrumento para el ser y este es el que realmente hace “ricas” a las personas (Esta idea está reflejada en la Populorum progressio 19). Del mismo modo, considerar que el desarrollo se identifica con el crecimiento económico, es una idea reduccionista contra la que la DSI propone la idea de desarrollo integral, que va más allá de una visión exclusivamente economicista de la mejora de la población en su conjunto.

En esta reunión hubo un acuerdo generalizado en dos cuestiones que van a centrar la reflexión de este año. La primera es que pensar que la mejora de la sociedad se circunscribe al tener más, no solo es reduccionista, sino que puede llegar a ser perjudicial para la sociedad en su conjunto. Porque cuando el tener más se pone por encima de todo, se sacraliza como el objetivo prioritario de una sociedad y se le pide sacrificios a esta para lograr esa mejora económica agregada, se puede llegar a perder en humanidad, a considerar más importante el resultado económico final que a las personas que teóricamente serían sus beneficiadas. De manera que, un instrumento que puede ser útil, como es el crecimiento económico, al ponerlo por encima de todo lo demás y darle la prioridad absoluta, pasa a ser un horizonte perjudicial para la convivencia y para la libertad de muchos.

El segundo punto de acuerdo sobre el que vamos a seguir reflexionando era que no se puede medir la mejora o el bienestar de una sociedad a través de unidades de medida agregada. Es decir, no podemos ver la salud económica de un conjunto de personas sumando lo que pasa con cada una de ellas y sacando el valor agregado o la media aritmética de todos los miembros de un colectivo. Y esta no es una medida adecuada porque corre el riesgo real de priorizar a quienes más aportan y olvidar o descartar a quienes no suman, lo que produce exclusión y desdén hacia quienes no tienen nada que aportar.

En el Foro pensamos que el enfoque adecuado para ver si las políticas que se aplican son correctas o no, no es mirar por el bien agregado (la suma de bienes de cada uno) sino centrarnos en el bien común y esto implica que la mejora solamente es tal, si quienes están peor mejoran. Mirado esto desde el punto de vista exclusivamente económico sería afirmar que la economía mejora no si la renta per cápita lo hace, sino si hay menos pobres. El foco se traslada desde el valor agregado o la media hasta lo que sucede con los más desfavorecidos. Dicho de una manera sencilla, se pasaría del “tener más entre todos” al que “todos tengan al menos lo suficiente”.

Esta reflexión precisa de más debate y de aportaciones de todos los miembros del Foro, por lo que continuaremos con ella en la reunión de primavera. Esperamos, cuando esta acabe, poder ofrecer a la sociedad un documento de reflexión y debate que incida de una manera especial y profunda en estos temas. Creemos que es necesario extender esta reflexión al resto de la sociedad ofreciendo pensamiento riguroso, interdisciplinar y responsable, que estimule a repensar cómo estamos gestionando nuestros asuntos económicos para armar una economía que esté realmente al servicio de la sociedad y de todas las personas que la componen.

 

 

 

 

 

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Economía y utopía. La economía al servicio de las personas

En el marco del II encuentro de ética y sociedad, se celebró una mesa redonda titulada “Economía y utopía. La economía al servicio de las personas” en la que participamos MIGUEL SEBASTIÁN GASCÓN,  ENRIQUE LLUCH FRECHINA, PABLO GARCÍA SÁNCHEZ y  JERÓNIMO PEÑALOZA BASTO.

En esta mesa redonda el ex-ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastían y yo, mantuvimos un apasionante debate sobre el objetivo económico de nuestras sociedades.

Aquí tenéis el vídeo en el que podéis seguirlo.

Si deseáis ver más vídeos de este Encuentro de Ética y Sociedad, podéis entrar en: http://aula16.biomedicinayetica.org/2138-2/

 

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