RSS

Archivo de la etiqueta: Economía y Teología

¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana

Os presento una conferencia que impartí a principios de 2016 en Castellón

Anuncios
 

Etiquetas: ,

Foro Creyente de Pensamiento Ético-Económico

Artículo públicado en Alfa y Omega, del 5 de Mayo de 2016 en su página 24

http://www.alfayomega.es/65400/foro-creyente-de-pensamiento-etico-economico

Artículo del 5 de Mayo.jpg

 

Etiquetas: ,

Presentación de “una economía que mata” en Madrid

El próximo 8 de Marzo a las 19:30 presento en Madrid mi nuevo libro “Una economía que mata”

La presentación será en la Sala Liguori, en la calle Felix Boix 13

Intervendremos en ella: Luis Aranguren, director de Ediciones PPC, Rafael Junquera, presidente de Funderética y Sebastión Mora, Secretario general de Cáritas Española

Os espero

Invitación madrid 8 marzo

 

Etiquetas: ,

FOESSA: Observatorio sobre pobreza y exclusión

Artículo publicado en Cresol, año 16, número 129, Noviembre-diciembre 2016, páginas 36-392015 noviembre foessa y libro francisco_Página_12015 noviembre foessa y libro francisco_Página_22015 noviembre foessa y libro francisco_Página_3

 
Deja un comentario

Publicado por en enero 25, 2016 en pobreza

 

Etiquetas: , ,

Entrevista de radio ecca a Enrique Lluch Frechina

Entrevista emitida en el programa Diálogos de medianoche de Radio Ecca en Noviembre de 2015. Se tratan en profundidad temas relacionados con las alternativas económicas al actual sistema que predomina en nuestra sociedad.

radio ecca

http://www.ivoox.com/economia-del-papa-francisco-enrique-lluch-audios-mp3_rf_9648008_1.html

 

Etiquetas: , ,

El papa Francisco y el dinero

Portada segunda edición libro economía que mata    Está en imprenta la 2ª Edición de mi último libro. Gracias a todos aquellos que ya lo habéis leído o regalado.

Para celebrarlo os presento este pequeño artículo que describe brevemente alguna de las ideas que aparecen en el libro.

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1576, Octubre 2015, Pág: 12-13

El papa francisco y el dinero_Página_1El papa francisco y el dinero_Página_2

El título de este artículo es una parte del de mi último libro “Una economía que mata. El papa Francisco y el dinero”. Y es a su vez una de las frases que nos ha regalado Francisco sobre la economía actual. Su insistencia en la denuncia de nuestro sistema económico y el anuncio de que no solo es posible la construcción de una economía diferente, sino que esta debe ser una prioridad para los cristianos, le ha valido que algunos hablen de un papa comunista y que sea criticado con dureza por parte de determinados sectores económicos.

Sin embargo, no creo que Francisco vaya tan desencaminado como pudiera parecer en este campo. En un momento en el que el afán de lucro se ha consagrado como el motor de la sociedad, donde la búsqueda del propio interés aparece cómo algo legítimo y positivo para el bien total, la economía, el dinero, se ha convertido en un nuevo ídolo al que seguir. El fetichismo del dinero como lo denomina Francisco, conlleva a que el economicismo se haya convertido en una falsa religión que funciona con sus propios dogmas, sus iniciados, sus obligaciones y deberes, sus sacrificios, etc. Ya lo dice la Real Academia de la Lengua, Fetiche es un “Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.” Y aunque no somos primitivos, el dinero, las riquezas, el tener más, se ha convertido en el verdadero norte de nuestra actuación y en el becerro de oro al que adoramos ahora.

Esta idea de que “No podéis estar al servicio de dios y el dinero” (Mt. 6,24) no es nueva, sino una idea totalmente evangélica que nos muestra cómo esta nueva religión es peligrosa para la sociedad en su conjunto. Por ello, cuando la seguimos con demasiado fervor, cuando la mayoría de las personas quedamos impregnadas por este economicismo que se respira en el ambiente, acabamos consagrando una economía anti-humana. Una economía que mata como dice Francisco. Una manera de organizar nuestros asuntos económicos que nos lleva a ser cada vez menos humanos, a tomar decisiones que van en contra de las personas y a tener que ser fríos ante el sufrimiento ajeno, a tener que sacrificar personas para mantener nuestro nivel económico, a rechazar a quienes pasan hambre y son pobres porque no los queremos cerca. Se convierte también en una economía que mata la esperanza, la ilusión. Que nos dice que no hay nada que hacer, que nos conformemos con lo que hay, que no se pueden hacer las cosas de otra manera, que tan solo nos queda adaptarnos a los dictados de esa realidad económica que está por encima de nosotros, que muchas veces aparece como incomprensible pero cuyos dictados son inapelables.

Cambiar la economía, lograr que la economía sirva a las personas y no que las gobierne, se convierte así en algo clave para anunciar el evangelio. El testimonio cristiano se vuelve irrelevante si se aceptan los postulados de una economía que produce tanto sufrimiento y que va en contra de la esencia de nuestra buena noticia. Por ello Francisco (como ya había hecho Benedicto XVI recientemente) propone poner a la persona en el centro de la economía. Que la economía no sea el centro de nuestra actuación sino que se ponga al servicio de todas y cada una de las personas. Por ello quiere revalorizar el bien común. Ante una concepción de bien total en la que lo que se busca es tener más entre todos y en la que da igual cómo están repartidos estos bienes, se propone una concepción en la que se pretende que todos tengan al menos lo suficiente para vivir. Lo que supone que lo que importa es lo que sucede con los que peor están y que estos pasan de estar “descartados” a ser la prioridad.

Para lograrlo, para conseguir esa justicia social que debe de estar entre los principales anhelos de todo cristiano, se hace necesario repensar el sistema económico desde sus dos dimensiones éticas. La personal o individual, que implica un cambio de mentalidad en las personas. Y la institucional que debe transformar aquello que Juan Pablo II denominaba “estructuras de pecado” y que no son más que aquellas instituciones que nos obligan por su propia dinámica a comportarnos de una manera egoísta o faltar al amor a las personas que tenemos cerca. Para ello, la introducción de la solidaridad y la gratuidad en la economía, es la mejor manera para pasar de una economía que excluye y que produce descartes, a una economía de la abundancia, en la que con lo mismo, nadie queda fuera, todos tienen suficiente y además sobra.

Esto supone también el fomento de la cultura del encuentro. Los intercambios económicos son un lugar adecuado para relacionarse con el otro. Un espacio que se ha deshumanizado últimamente porque no queremos conocer al otro con el que negociamos para que la relación personal no nos impida lograr el máximo rendimiento de nuestros asuntos económicos. Por ello, volver a esa economía personalizada a esa economía del encuentro o relacional, es otra manera de construir un sistema económico diferentes.

Todo esto contrapone la cultura de la competición a la cultura de la cooperación. Cuando basamos la economía en la competición y en el meritaje, siempre hay alguien que queda fuera, los más desfavorecidos quedan por el camino, no llegan. Sin embargo una economía basada en la cultura del compartir, de la cooperación, hace que no hayan excluidos. La economía no es un campo que solamente se pueda organizar desde la competición, sino también desde la cooperación y los resultados en las empresas y en la sociedad, son mejores cuando se hace de esta manera.

Por todo esto, tenemos un compromiso con nuestra sociedad. El anuncio del evangelio tiene hoy en día, un componente económico clave. Transmitir una buena nueva ilusionante y esperanzadora tiene como uno de sus elementos primordiales la construcción de una nueva economía que sirva realmente a todas y cada una de las personas de nuestra sociedad. En una economía en la que se sirve mucho al dinero u ofrecemos alternativas económicas, o ilusionamos con otra manera de construir esta economía, o difícilmente estaremos anunciando realmente el mensaje de amor de Jesucristo.

 
 

Etiquetas: , , , ,

“Laudato si” y la economía

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1574, Agosto 2015, Pág: 12-13

laudato si y la economía_Página_1laudato si y la economía_Página_2

Este pasado Junio se presentó en sociedad la última (y primera) Encíclica social del Francisco. Laudato si tiene como principal tema la ecología, pero es evidente que es difícil hablar de ecología sin hacer referencia a la economía. Por ello, voy a comentar en este breve artículo las principales ideas económicas que se pueden observar en la Encíclica.

La primera idea que se observa es cómo Francisco liga la idea de que preocuparse por el medio ambiente es una manera de preocuparse por los más desfavorecidos. Las dos preocupaciones vienen conjuntamente: son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (10). Dios creó el universo para todas y cada una de las personas que habitan nuestro planeta. No reservó sus bienes para unos o para otros, sino que los ofreció a todos. Lo creado no es solo para mi, para que me aproveche individualmente de ello, para que sirva a mis intereses y no a los de otros sino que tiene una vocación común que no debemos olvidar. Por ello debe estar al servicio de las personas para que todos tengamos al menos lo suficiente para vivir y ello implica necesariamente priorizar a los más pobres, a los que menos tienen.

La segunda gran idea económica de la Encíclica es que el deterioro ambiental es otra cara de la cultura del descarte a la que tanto hace mención Francisco. Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura (22). Porque cuando se piensa solamente en el interés personal y en buscar el máximo provecho para uno mismo, se descartan las personas, pero también se descartan las cosas. Lo que ya ha pasado de moda, lo que ha dejado de interesarme, lo que ya no es actual se descarta, se tira, se convierte en inútil y se desecha. Esto lleva a montañas de basuras, a productos que no han acabado su vida útil pero que llenan los contenedores o los nuevos vertederos selectivos (ecoparques).

Insiste también Francisco en que la excesiva especialización de los saberes tiene como principal consecuencia negativa la dificultad de observar al conjunto, de ver más allá de las ideas y de la relación de causalidad que se da entre el estrecho marco estudiado por los científicos que trabajan en esta dinámica. Esto es especialmente grave en una ciencia económica que en la actualidad se limita a estudiar problemas concretos que se dan en un pequeño marco de relaciones de causalidad. Ello le lleva a olvidar consideraciones más amplias, a ir más allá de su propio marco, a buscar una visión más general de aquello que se estudia. Esta es una de las causas de que la economía olvide con frecuencia a los más pobres, obvie el medio ambiente, descuide lo que le puede pasar a los que vendrán después, deje de mirar el largo plazo para centrarse solo en lo inmediato…

En este sentido, habla también de un relativismo práctico que hace que todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos (122). Esta es la causa por la que el otro y la creación, el medio ambiente, son vistos como algo que solamente me sirven a mi, que solamente son buenos en la medida que los pongo al servicio de mi yo. Esto nos lleva a cosificar al otro, a preferir lo que nos da beneficios a nosotros y a utilizar a los otros y a lo otro en lugar de considerarlo como algo importante por si mismo y no solo en la medida que me sirve.

Para superar estos problemas desde el punto de vista económico, realiza varias sugerencias. La primera es que hay que recordar, tal como hizo San Juan Pablo II en la Laborem exercens, que la preferencia es el trabajo y no el capital. La persona y su trabajo deben estar por encima del capital, por encima de los intereses económicos y del beneficio. Por ello afirma que debe promoverse una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial (129), para que lo humano prevalezca, para que las personas estén por delante de los beneficios.

En segundo lugar hace una apuesta decidida por una economía a pequeña escala. Priorizar a los últimos, buscar una economía que cree empleo y que busque un servicio real al bien común, precisa de la diversificación de la actividad económica y de una potenciación de la creatividad que son difíciles de lograr cuando las empresas son demasiado grandes y el mercado está solamente controlado por unos pocos. La escala humana en los negocios, en las empresas, en los mercados, favorece una economía más respetuosa con el medio ambiente y la creación de empleo.

En tercer lugar insiste en una idea de la que ya habló Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2013: la necesidad de cambiar el sistema económico, consumista y productivo en el que nos encontramos. Habla de cambiar el modelo de desarrollo global (194) y para hacerlo recuerda una idea básica en la Doctrina Social de la Iglesia: que la rentabilidad no puede ser el único criterio en tenerse en cuenta (187) porque olvida la mirada global que se reclama a toda actuación económica. El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía (195), ya que, entre otras cosas, solamente introduce los costes económicos, pero no los ambientales, sociales o humanos que puede provocar una actividad económica. Por ello, habla de aceptar el decrecimiento como otro modo de progreso y desarrollo (190). Ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes (193).

Por último insiste en que No solo es necesario cambiar el modelo de desarrollo global, sino que también se precisa un cambio personal. Una modificación de nuestro estilo de vida. Precisamos de una opción personal que nos lleve a vivir de otra manera, que nos impulse a dar un sentido diferente a nuestro quehacer económico. Para ello Francisco recupera, en primer lugar, algo que proviene de la sabiduría tradicional (y también de la sabiduría cristiana), el saber que menos es más (222). Saber conformarse con poco, buscar tan solo “el pan nuestro de cada día” para lo que podemos rebajar nuestro consumo, reciclar, separar los residuos, ahorrar agua y electricidad, utilizar transporte público… (211) Hacer gala de lo que Francisco denomina austeridad responsable (214)

 
 

Etiquetas: , ,