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Archivo de la etiqueta: Economía y Teología

Del espíritu del capitalismo al del economicismo

¿Existe un espíritu de la economía actual? Max Weber hablaba en el siglo pasado del espíritu del capitalismo, ahora podemos hablar del espíritu del capitalismo que impregna la vida de muchas personas y, sobre todo, al sistema actual.

Con este artículo comienzo una serie de ellos que hablarán de esto, del espíritu del economicismo, de como este impregna nuestras vidas.

 

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¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana

Os presento una conferencia que impartí a principios de 2016 en Castellón

 

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Foro Creyente de Pensamiento Ético-Económico

Artículo públicado en Alfa y Omega, del 5 de Mayo de 2016 en su página 24

http://www.alfayomega.es/65400/foro-creyente-de-pensamiento-etico-economico

Artículo del 5 de Mayo.jpg

 

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Presentación de “una economía que mata” en Madrid

El próximo 8 de Marzo a las 19:30 presento en Madrid mi nuevo libro “Una economía que mata”

La presentación será en la Sala Liguori, en la calle Felix Boix 13

Intervendremos en ella: Luis Aranguren, director de Ediciones PPC, Rafael Junquera, presidente de Funderética y Sebastión Mora, Secretario general de Cáritas Española

Os espero

Invitación madrid 8 marzo

 

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FOESSA: Observatorio sobre pobreza y exclusión

Artículo publicado en Cresol, año 16, número 129, Noviembre-diciembre 2016, páginas 36-392015 noviembre foessa y libro francisco_Página_12015 noviembre foessa y libro francisco_Página_22015 noviembre foessa y libro francisco_Página_3

 
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Publicado por en enero 25, 2016 en pobreza

 

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Entrevista de radio ecca a Enrique Lluch Frechina

Entrevista emitida en el programa Diálogos de medianoche de Radio Ecca en Noviembre de 2015. Se tratan en profundidad temas relacionados con las alternativas económicas al actual sistema que predomina en nuestra sociedad.

radio ecca

http://www.ivoox.com/economia-del-papa-francisco-enrique-lluch-audios-mp3_rf_9648008_1.html

 

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El papa Francisco y el dinero

Portada segunda edición libro economía que mata    Está en imprenta la 2ª Edición de mi último libro. Gracias a todos aquellos que ya lo habéis leído o regalado.

Para celebrarlo os presento este pequeño artículo que describe brevemente alguna de las ideas que aparecen en el libro.

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1576, Octubre 2015, Pág: 12-13

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El título de este artículo es una parte del de mi último libro “Una economía que mata. El papa Francisco y el dinero”. Y es a su vez una de las frases que nos ha regalado Francisco sobre la economía actual. Su insistencia en la denuncia de nuestro sistema económico y el anuncio de que no solo es posible la construcción de una economía diferente, sino que esta debe ser una prioridad para los cristianos, le ha valido que algunos hablen de un papa comunista y que sea criticado con dureza por parte de determinados sectores económicos.

Sin embargo, no creo que Francisco vaya tan desencaminado como pudiera parecer en este campo. En un momento en el que el afán de lucro se ha consagrado como el motor de la sociedad, donde la búsqueda del propio interés aparece cómo algo legítimo y positivo para el bien total, la economía, el dinero, se ha convertido en un nuevo ídolo al que seguir. El fetichismo del dinero como lo denomina Francisco, conlleva a que el economicismo se haya convertido en una falsa religión que funciona con sus propios dogmas, sus iniciados, sus obligaciones y deberes, sus sacrificios, etc. Ya lo dice la Real Academia de la Lengua, Fetiche es un “Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.” Y aunque no somos primitivos, el dinero, las riquezas, el tener más, se ha convertido en el verdadero norte de nuestra actuación y en el becerro de oro al que adoramos ahora.

Esta idea de que “No podéis estar al servicio de dios y el dinero” (Mt. 6,24) no es nueva, sino una idea totalmente evangélica que nos muestra cómo esta nueva religión es peligrosa para la sociedad en su conjunto. Por ello, cuando la seguimos con demasiado fervor, cuando la mayoría de las personas quedamos impregnadas por este economicismo que se respira en el ambiente, acabamos consagrando una economía anti-humana. Una economía que mata como dice Francisco. Una manera de organizar nuestros asuntos económicos que nos lleva a ser cada vez menos humanos, a tomar decisiones que van en contra de las personas y a tener que ser fríos ante el sufrimiento ajeno, a tener que sacrificar personas para mantener nuestro nivel económico, a rechazar a quienes pasan hambre y son pobres porque no los queremos cerca. Se convierte también en una economía que mata la esperanza, la ilusión. Que nos dice que no hay nada que hacer, que nos conformemos con lo que hay, que no se pueden hacer las cosas de otra manera, que tan solo nos queda adaptarnos a los dictados de esa realidad económica que está por encima de nosotros, que muchas veces aparece como incomprensible pero cuyos dictados son inapelables.

Cambiar la economía, lograr que la economía sirva a las personas y no que las gobierne, se convierte así en algo clave para anunciar el evangelio. El testimonio cristiano se vuelve irrelevante si se aceptan los postulados de una economía que produce tanto sufrimiento y que va en contra de la esencia de nuestra buena noticia. Por ello Francisco (como ya había hecho Benedicto XVI recientemente) propone poner a la persona en el centro de la economía. Que la economía no sea el centro de nuestra actuación sino que se ponga al servicio de todas y cada una de las personas. Por ello quiere revalorizar el bien común. Ante una concepción de bien total en la que lo que se busca es tener más entre todos y en la que da igual cómo están repartidos estos bienes, se propone una concepción en la que se pretende que todos tengan al menos lo suficiente para vivir. Lo que supone que lo que importa es lo que sucede con los que peor están y que estos pasan de estar “descartados” a ser la prioridad.

Para lograrlo, para conseguir esa justicia social que debe de estar entre los principales anhelos de todo cristiano, se hace necesario repensar el sistema económico desde sus dos dimensiones éticas. La personal o individual, que implica un cambio de mentalidad en las personas. Y la institucional que debe transformar aquello que Juan Pablo II denominaba “estructuras de pecado” y que no son más que aquellas instituciones que nos obligan por su propia dinámica a comportarnos de una manera egoísta o faltar al amor a las personas que tenemos cerca. Para ello, la introducción de la solidaridad y la gratuidad en la economía, es la mejor manera para pasar de una economía que excluye y que produce descartes, a una economía de la abundancia, en la que con lo mismo, nadie queda fuera, todos tienen suficiente y además sobra.

Esto supone también el fomento de la cultura del encuentro. Los intercambios económicos son un lugar adecuado para relacionarse con el otro. Un espacio que se ha deshumanizado últimamente porque no queremos conocer al otro con el que negociamos para que la relación personal no nos impida lograr el máximo rendimiento de nuestros asuntos económicos. Por ello, volver a esa economía personalizada a esa economía del encuentro o relacional, es otra manera de construir un sistema económico diferentes.

Todo esto contrapone la cultura de la competición a la cultura de la cooperación. Cuando basamos la economía en la competición y en el meritaje, siempre hay alguien que queda fuera, los más desfavorecidos quedan por el camino, no llegan. Sin embargo una economía basada en la cultura del compartir, de la cooperación, hace que no hayan excluidos. La economía no es un campo que solamente se pueda organizar desde la competición, sino también desde la cooperación y los resultados en las empresas y en la sociedad, son mejores cuando se hace de esta manera.

Por todo esto, tenemos un compromiso con nuestra sociedad. El anuncio del evangelio tiene hoy en día, un componente económico clave. Transmitir una buena nueva ilusionante y esperanzadora tiene como uno de sus elementos primordiales la construcción de una nueva economía que sirva realmente a todas y cada una de las personas de nuestra sociedad. En una economía en la que se sirve mucho al dinero u ofrecemos alternativas económicas, o ilusionamos con otra manera de construir esta economía, o difícilmente estaremos anunciando realmente el mensaje de amor de Jesucristo.

 
 

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“Laudato si” y la economía

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1574, Agosto 2015, Pág: 12-13

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Este pasado Junio se presentó en sociedad la última (y primera) Encíclica social del Francisco. Laudato si tiene como principal tema la ecología, pero es evidente que es difícil hablar de ecología sin hacer referencia a la economía. Por ello, voy a comentar en este breve artículo las principales ideas económicas que se pueden observar en la Encíclica.

La primera idea que se observa es cómo Francisco liga la idea de que preocuparse por el medio ambiente es una manera de preocuparse por los más desfavorecidos. Las dos preocupaciones vienen conjuntamente: son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (10). Dios creó el universo para todas y cada una de las personas que habitan nuestro planeta. No reservó sus bienes para unos o para otros, sino que los ofreció a todos. Lo creado no es solo para mi, para que me aproveche individualmente de ello, para que sirva a mis intereses y no a los de otros sino que tiene una vocación común que no debemos olvidar. Por ello debe estar al servicio de las personas para que todos tengamos al menos lo suficiente para vivir y ello implica necesariamente priorizar a los más pobres, a los que menos tienen.

La segunda gran idea económica de la Encíclica es que el deterioro ambiental es otra cara de la cultura del descarte a la que tanto hace mención Francisco. Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura (22). Porque cuando se piensa solamente en el interés personal y en buscar el máximo provecho para uno mismo, se descartan las personas, pero también se descartan las cosas. Lo que ya ha pasado de moda, lo que ha dejado de interesarme, lo que ya no es actual se descarta, se tira, se convierte en inútil y se desecha. Esto lleva a montañas de basuras, a productos que no han acabado su vida útil pero que llenan los contenedores o los nuevos vertederos selectivos (ecoparques).

Insiste también Francisco en que la excesiva especialización de los saberes tiene como principal consecuencia negativa la dificultad de observar al conjunto, de ver más allá de las ideas y de la relación de causalidad que se da entre el estrecho marco estudiado por los científicos que trabajan en esta dinámica. Esto es especialmente grave en una ciencia económica que en la actualidad se limita a estudiar problemas concretos que se dan en un pequeño marco de relaciones de causalidad. Ello le lleva a olvidar consideraciones más amplias, a ir más allá de su propio marco, a buscar una visión más general de aquello que se estudia. Esta es una de las causas de que la economía olvide con frecuencia a los más pobres, obvie el medio ambiente, descuide lo que le puede pasar a los que vendrán después, deje de mirar el largo plazo para centrarse solo en lo inmediato…

En este sentido, habla también de un relativismo práctico que hace que todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos (122). Esta es la causa por la que el otro y la creación, el medio ambiente, son vistos como algo que solamente me sirven a mi, que solamente son buenos en la medida que los pongo al servicio de mi yo. Esto nos lleva a cosificar al otro, a preferir lo que nos da beneficios a nosotros y a utilizar a los otros y a lo otro en lugar de considerarlo como algo importante por si mismo y no solo en la medida que me sirve.

Para superar estos problemas desde el punto de vista económico, realiza varias sugerencias. La primera es que hay que recordar, tal como hizo San Juan Pablo II en la Laborem exercens, que la preferencia es el trabajo y no el capital. La persona y su trabajo deben estar por encima del capital, por encima de los intereses económicos y del beneficio. Por ello afirma que debe promoverse una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial (129), para que lo humano prevalezca, para que las personas estén por delante de los beneficios.

En segundo lugar hace una apuesta decidida por una economía a pequeña escala. Priorizar a los últimos, buscar una economía que cree empleo y que busque un servicio real al bien común, precisa de la diversificación de la actividad económica y de una potenciación de la creatividad que son difíciles de lograr cuando las empresas son demasiado grandes y el mercado está solamente controlado por unos pocos. La escala humana en los negocios, en las empresas, en los mercados, favorece una economía más respetuosa con el medio ambiente y la creación de empleo.

En tercer lugar insiste en una idea de la que ya habló Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2013: la necesidad de cambiar el sistema económico, consumista y productivo en el que nos encontramos. Habla de cambiar el modelo de desarrollo global (194) y para hacerlo recuerda una idea básica en la Doctrina Social de la Iglesia: que la rentabilidad no puede ser el único criterio en tenerse en cuenta (187) porque olvida la mirada global que se reclama a toda actuación económica. El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía (195), ya que, entre otras cosas, solamente introduce los costes económicos, pero no los ambientales, sociales o humanos que puede provocar una actividad económica. Por ello, habla de aceptar el decrecimiento como otro modo de progreso y desarrollo (190). Ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes (193).

Por último insiste en que No solo es necesario cambiar el modelo de desarrollo global, sino que también se precisa un cambio personal. Una modificación de nuestro estilo de vida. Precisamos de una opción personal que nos lleve a vivir de otra manera, que nos impulse a dar un sentido diferente a nuestro quehacer económico. Para ello Francisco recupera, en primer lugar, algo que proviene de la sabiduría tradicional (y también de la sabiduría cristiana), el saber que menos es más (222). Saber conformarse con poco, buscar tan solo “el pan nuestro de cada día” para lo que podemos rebajar nuestro consumo, reciclar, separar los residuos, ahorrar agua y electricidad, utilizar transporte público… (211) Hacer gala de lo que Francisco denomina austeridad responsable (214)

 
 

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Vídeo sobre “Una economía que mata”

Aquí tenéis un breve vídeo en el que presento mi nuevo libro

 

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Una economía que mata. El papa Francisco y el dinero

Ya está en las librerías mi último libro: Una economía que mata. El papa Francisco y el dinero. Se trata de un libro de fácil lectura adecuado para cualquier público interesado en acercarse a una mirada cristiana sobre la actualidad económica. Cristianos y no cristianos encontrarán en él una denuncia de una economía que mata porque se ha convertido en un ídolo y unas propuestas que pretenden construir una economía que sirva a las personas y no que las gobierne.

Para conocer con más profundidad los puntos esenciales del libro, tenéis su índice en: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/una-economia-que-mata/

Además, si queréis leerlo o regalarlo y sorprender a alguien con un libro dedicado por el autor, podéis adquirirlo (cuesta 14€) on-line en http://www.railowsky.com/4060-una-economia-que-mata-el-papa-francisco-y-el-dinero-enrique-lluch-frechina-9788428828772.html o en La Llapisera de Almàssera. También podéis encontrarlo o pedirlo en cualquier otra librería.

Os animo a que lo leáis y lo regaléis.

Publicidad Vida Nueva

 
 

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Muy pronto a la venta

Se acerca el día en el que estará a la venta mi próximo libro. Lo tendréis disponible a finales de esta semana o a principios de la próxima. Por ahora os adelanto la portada y en el momento esté disponible os los indicaré.

portada libro economía que mata

 
 

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Transformar la economía desde el Evangelio. De una economía de la codicia a una economía solidaria.

El número 89 de la revista Frontera editada por el Instituto de Vida Religiosa de Vitoria, es un monográfico en el que hablo sobre cómo transformar la economía desde el Evangelio. Si os interesa, lo podéis encontrar en tiendas especializadas en libro religioso.

portada frontera

 
 

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Proverbios y crisis financiera

Seguimos instalados en una de las crisis financieras más importantes de los últimos dos siglos.

Muchos pensamos en los posibles caminos para salir de ella y construir una economía diferente. ¿Puede la sabiduría bíblica ayudarnos a comprender qué es lo que pasa y hacia donde tenemos que encaminar nuestros pasos?

El siguiente artículo que se titula “Proverbios y crisis financiera” y que escribí en 2009 para la revista Moralia Puede daros una idea de lo que este libro bíblico nos puede aportar para entender nuestra realidad actual y lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

Puedes leerlo o descargarlo en http://hdl.handle.net/10637/7129CIMG8329

 

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Aportaciones a las preguntas de contenido social que D. Antonio Cañizares realizó en su última carta pastoral

Artículo publicado en la revista CRESOL, Any 16, Núm. 125, març i abril de 2015, pág: 42-43

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El pasado lunes 9 de febrero nuestro arzobispo publicó una carta pastoral que se puede encontrar en http://www.archivalencia.org/contenido.php?a=6&pad=6&modulo=37&id=11458 La carta tuvo una gran repercusión mediática y medios de comunicación locales, regionales, nacionales y algunos internacionales se hicieron eco de una de sus partes, la que se titula Fortalecer la vida de caridad en la Iglesia diocesana. La diócesis, como toda la Iglesia, tiene la opción preferencial por los pobres” en la que D. Antonio se hacía una serie de preguntas sobre posibles caminos a tomar en el campo de la acción con los más desfavorecidos.

Lo primero que me ha llamado la atención es que el documento tiene 10 páginas y el apartado que concentró toda la atención de los medios solamente es una de esas páginas. De hecho, la carta es mucho más rica en contenidos de lo que voy a comentar en estas breves líneas y aconsejo su lectura para conocer los ejes que van a orientar la actuación del arzobispo en el futuro más inmediato. El porqué solamente se concentraron en esta décima parte del documento, tiene que ver con el tema: había en este fragmento una serie de preguntas que versaban sobre la posibilidad de reservar una parte del dinero ingresado por la Iglesia para los más desfavorecidos, la utilización de espacios y edificios para obras sociales, la creación de empleo, etc.

Lo primero que llama la atención es la elevada repercusión que han tenido estas declaraciones a nivel nacional y hasta en algún medio internacional, superando claramente el ámbito diocesano para el que fue escrita. Tal vez haya sorprendido que sea un cardenal quien haya hecho estas preguntas y más si consideramos que los hechos sobre los que se pregunta son habituales en la Iglesia. Podría nombrar varias parroquias, congregaciones, particulares o grupos de personas que han cedido patrimonio a obras sociales, que dan una parte de su salario o de sus ingresos a los más desfavorecidos o que crean o mantienen empresas que emplean de una manera preferente a colectivos excluidos del trabajo.

En segundo lugar, creo sinceramente que no podemos evangelizar realmente, ni anunciar un Dios que es amor, que se hizo hombre en la pobreza y que no buscó honores humanos, si no se hacen realidad esta clase de iniciativas, si la opción preferencial por los más pobres no impregna toda la actuación de un cristiano. Es la única manera de lograr que el amor de dios se haga realidad en nuestro día a día. Dicho esto, me permito hacer una serie de sugerencias que pueden ayudar a hacer realidad y a profundizar en la respuesta a estas preguntas que formuló D. Antonio en la carta.

La primera es pasar de las preguntas a la realidad ya que el párrafo comentado se compone de nueve preguntas. No son medidas o actuaciones a realizar, sino simplemente preguntas. Esto podría parecer como un recurso literario o una manera de exponer el asunto, pero la carta pastoral tiene un total de 14 preguntas en su redacción, de ellas 9 están en este párrafo, una más en el párrafo siguiente (es decir, diez de ellas se concentran en este apartado de la caridad) mientras que en las otras nueve partes de la carta, solamente hay 4 preguntas. Por ello desde el acierto de las preguntas, creo que es preciso pasar a los hechos. No solo es cuestión de preguntarse si podemos o no hacerlo, sino de poner medidas prácticas para hacerlo. Nos hubiese gustado que al igual que en otros campos la carta pastoral aporta realidades a corto plazo, también las hubiese aportado en este campo.

En segundo lugar, creo que es esencial algo que afirma el texto: la necesidad de promover la formación en la Doctrina Social de la Iglesia en la Diócesis. Cuando imparto esta asignatura a mis alumnos de la Universidad, el desconocimiento de la misma es absoluto. No solo entre aquellos que no han recibido formación cristiana, sino también entre quienes la han recibido a lo largo de su vida. Por ello, creo que al plantear medidas en la pastoral educativa, en la pastoral juvenil, en la pastoral familiar, en la participación de los laicos, en la formación sacerdotal (campos sobre los que habla la carta pastoral) esta formación en Doctrina Social de la Iglesia debería de estar muy presente. La formación social debería ser una materia transversal a todas las anteriores. Si realmente creemos en esta necesidad de tener una opción preferencial por los más desfavorecidos, todas las medidas deben impregnarse de esta manera de actuar. En tercer lugar solamente quiero añadir que, a pesar de que la carta habla de la dimensión política de la atención a los más desfavorecidos, el tema queda simplemente nombrado, pero no es desarrollado en el resto del texto.

Resumo este breve comentario dando la enhorabuena por el planteamiento de las preguntas y animando a que se haga con estas preguntas lo mismo que se ha hecho con el resto de los temas tratados en la carta, es decir, pasar de la pregunta a los hechos y proponer: medidas que concreten este compartir, reflexión política sobre cómo organizar una sociedad para que todos sean favorecidos por ella (especialmente los últimos) y un programa de pastoral que gire en todos sus aspectos (educativo, matrimonial, juvenil, universitario, etc) alrededor de esa opción preferente por los más desfavorecidos.

 

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¿Son compatibles la economía y el cristianismo?

Conferencia impartida en la Diócesis de Valencia en la que intento contestar a tres preguntas:

1.- ¿El cristianismo tiene mensaje económico?
2.- ¿La economía y nuestra fe son esferas independientes?
3.- ¿Se refuerzan mutuamente la espiritualidad cristiana y el
quehacer económico?

Su título es: Espiritualidad cristiana, luz del trabajo y la economía

 

 

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Dios se humanizó con sencillez

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 1, Enero 2015, pág: 14 y 15

Dios se humanizó sencillamenteDios se humanizó sencillamente 2

Acaban de pasar las fiestas navideñas. Espero que quienes me leéis lo hayáis pasado muy bien. Haya sido un momento especial para vosotros en el que no solo hayáis descansado de la rutina laboral, de las preocupaciones que nos lleva el día a día, y hayáis compartido tiempo con vuestros seres queridos, sino que también os haya servido para crecer en el amor y en la sabiduría, para recordar cosas que todos los años son iguales pero que nos sirven para renacer, para recrearnos y para ser mejores día a día. Yo he decidido suspender momentáneamente los artículos sobre la educación de los niños para hacer una reflexión económica sobre la humanización de Dios. Es decir, sobre cómo Dios decidió hacerse hombre para decirnos que no debíamos verlo en los altares, en las riquezas, en los ritos o en las leyes, sino en el prójimo, en el amor a quien tenemos al lado, en ser cada día más y más humanos.

Dios decide hacerse hombre en Belén

Así, cuando Dios decide hacerse hombre no piensa en llegar a la tierra en Roma. Tal vez hubiese sido una decisión más racional desde el punto de vista humano. Roma era la capital del principal imperio del momento, el lugar en el que más poder se acumulaba. Bien relacionado allí, podría haber hecho una labor de difusión y de captación de seguidores rápida y efectiva. Además, si hubiese decidido hacerse hombre en la familia del emperador o de alguno de los grandes senadores o militares romanos, las influencias y los contactos habrían logrado un avance espectacular del cristianismo, hubiese sido la religión del imperio muchísimo antes. Sin embargo nada de esto fue así, se fue a nacer a un pueblucho de un lugar en el margen del imperio. Un lugar de donde no podía salir nada importante, donde nadie en su sano juicio hubiese querido nacer en aquel entonces.

Dios decide hacerse hombre en una familia humilde

Dios también hubiera podido escoger nacer en el seno de una familia pudiente. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una elección racional. Le hubiese garantizado unas condiciones higiénicas excelentes, una infancia sin estrecheces, una aceptación social inmediata y un nivel de vida suficiente para no tener que trabajar durante sus años mozos. Sin embargo, Dios escogió una familia humilde. Una familia sin grandes medios, sin demasiados fondos, que tiene que viajar con lo que tiene, que no puede garantizar a la madre una atención sanitaria en el parto, que no le puede dar una vida regalada.

Dios decide hacerse hombre en una familia marginada

Si por lo menos, Dios, en un alarde de no sabemos qué, no se quiso hacer hombre en una familia rica, al menos podría haberlo hecho en una familia de buena reputación, en una familia aceptada por aquellos que les quieren y que estuviese plenamente integrada en sus ambientes cotidianos. Sin embargo, Dios escoge una familia marginada, una familia rechazada por los suyos que no comprenden que María esté embarazada, que no comprenden que José no la haya repudiado como debería haber hecho en un caso así, que por ello no los aceptan. Es ese el motivo por el que, a pesar de que van a Belén de donde es José originario y dónde por tanto habría familiares, conocidos y amigos, nadie los acoge, nadie se compadece de ellos, a nadie parece importarle que María esté a punto de parir. Por eso tienen que acabar en un establo y cuando llega el momento del alumbramiento nadie les visita, ni los conocidos, ni los amigos, ni los familiares. Todos saben que están allí (es una pequeña aldea, todo el mundo sabe todo de todos) pero nadie quiere ni acercarse, es un nacimiento ilegítimo, son una familia marginada. Solamente los pastores, los que duermen fuera de la aldea al aire libre, los que no entienden de convencionalismos, solamente ellos visitan a los padres y a su hijo. Los que viven al margen de la población son quienes se compadecen de esa familia y comparten la alegría de un nacimiento con ellos.

Y nosotros ¿Qué buscamos?

La lógica de nuestra sociedad (que probablemente también es similar a la que se daba entonces) nos lleva sin embargo a lo contrario de lo que hizo Dios. Buscamos a los poderosos para tener más influencia, queremos juntarnos con los pudientes o queremos ser pudientes nosotros mismos para asegurarnos bienes que nos permitan vivir más holgados, queremos gozar de la aceptación de los demás y adaptamos nuestro comportamiento a lo que es habitual en el entorno en el que nos encontramos, intentamos no salirnos del raíl, no hacer cosas que puedan dejarnos al margen. ¿Es ese el camino que Dios nos muestra? Si el camino de la esperanza fuese el dinero o el prestigio ¿No cabría esperar que dios se hubiese comportado así y hubiese escogido nacer en un lugar y una familia diferente? Creo que la reflexión sobre cómo Dios se hizo hombre en Belén y escogió a José y María como progenitores, nos puede ayudar a comenzar este 2015.

 

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La Economía desde la “Evangelii Gaudium”

Monográfico publicado en la revista Noticias Obreras en el Nº1560, de Junio de 2014, en las páginas 19-26

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Las riquezas de la Iglesia

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 9, Octubre 2014, pág: 10 y 11

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Este verano, en un encuentro de laicos en el Espino, mantuve dos conversaciones que me iluminaron para la reflexión que hoy propongo a aquellos lectores que les haya atraído el título y se estén adentrado en estas breves líneas. Una fue con Pedro Guembe en un autobús y la otra con Ángel Garví mientras comíamos. Aunque fueron dos conversaciones bien distintas, ambas incidieron en uno de los temas más criticados de la Iglesia: su patrimonio y sus propiedades, eso que algunos denominan “las riquezas de la Iglesia” y que parecen incompatibles con la pobreza evangélica que la Iglesia predica.

Un considerable patrimonio

Existe un hecho ineludible lo mires por donde lo mires: las instituciones católicas tienen una cantidad significativa de propiedades que conforman su patrimonio (o sus riquezas). A pesar de los momentos de la historia en los que este patrimonio se ha visto mermado o reducido (expulsiones de congregaciones, desamortizaciones, persecuciones, guerras, etc.) y que han hecho que ahora sea mucho menor que en siglos pasados, se sigue contando con bienes muebles e inmuebles de gran valor y en una cuantía que puede parecer elevada a un observador externo.

¿Qué problema hay en ello?

Algunos se preguntan que cuál es el problema de tener estos bienes. La Iglesia tiene bienes que necesita para su labor, los cuida, los utiliza y los pone al servicio de sus fines al igual que hace cualquier institución. Además, como sabe cualquiera que tiene propiedades, éstas no solo son una posible fuente de riqueza, sino una fuente segura de gastos. El mantenimiento de muchas de estas propiedades supone un agujero constante en las finanzas de cualquier institución. Mantener este enorme patrimonio (histórico en muchos casos) supone un esfuerzo económico enorme.

La mirada crítica ante la propiedades de la Iglesia proviene de que esto parece incompatible con un Dios que se hace hombre en Jesús y que pasa por la tierra juntándose con los más pobres y excluidos de la sociedad judía de su tiempo. Con un Jesús al que no se le conocen propiedades y que le dice al hombre rico que para entrar en el reino de los cielos tiene que vender todas sus riquezas y seguirlo. Una Iglesia que predica una opción preferencial por los pobres y el amor desprendido como el ideal de vida. Todo ello provoca una aparente contradicción entre los hechos y el mensaje que predica la Iglesia.

Gestión económica del patrimonio

Además de lo ya nombrado, con frecuencia, las instituciones eclesiásticas dueñas de estas propiedades las utilizan para lograr rendimientos económicos. Con ello, antiguos monasterios se han convertido en hoteles o casas de huéspedes, edificios céntricos se alquilan a empresas o a particulares y podríamos nombrar muchas otras modalidades que permiten lograr unos ingresos que revierten en los dueños de este patrimonio. Muchos de estos ingresos están destinados en exclusividad al mantenimiento de las propiedades, y otros son utilizados para los fines propios de la institución eclesial. Pero esto tiene el peligro de que sacerdotes o religiosos se conviertan en simples gestores, es decir, en personas que se dedican a la gestión empresarial en lugar de dedicarse a la pastoral y el anuncio de la buena nueva, qué es a lo que aparentemente se deberían dedicar.

Creo que destinar el patrimonio de la Iglesia solamente debe ser utilizado para fines exclusivamente económicos cuando se vea necesario y siempre cumpliendo las siguientes pautas: que los ingresos generados sean destinados al mantenimiento de las propiedades y a los fines de las instituciones y no se utilicen para acumular por acumular, que las actividades económicas sean útiles para la sociedad y aporten valor a las personas que los utilizan y, por último, que la gestión de la actividad económica priorice a las personas y sea un ejemplo de cómo administrar empresas con otros valores.

El patrimonio como don

Pero opino que lo más importante de la gestión de los bienes de la Iglesia no se juega aquí, sino en tener claro que están llamados a estar al servicio de todas las personas y en especial de los más desfavorecidos. Los locales parroquiales, los edificios de la Iglesia, los mismos templos, deben ser un don para la sociedad, un regalo que se ofrece a todos sin excepción, porque Dios ama a todos y regala a todos su amor, sin tener en cuenta su condición social, su color, su sexo, su nacionalidad o su religión. Aquellos que, como Ángel o como yo, hemos estudiado en los locales parroquiales, nos hemos encontrado allí con los amigos y los hemos vivido como nuestros, no podemos más que estar agradecidos porque allí hemos aprendido qué es vivir la gratuidad y el don. Por ello, creo que la reflexión más importante que se puede hacer sobre este tema es preguntarse si los bienes de la Iglesia son, en estos momentos, un regalo para la sociedad, para los jóvenes, para los mayores, para los pobres, para los inmigrantes. ¿Lo son? Y en segundo lugar actuar en consecuencia, dar sin esperar nada a cambio, ofrecer nuestras “riquezas” para que también lo sean de los otros, abrir las puertas de nuestro patrimonio, ser testimonio de un amor de Dios que es don gratuito, de una Iglesia que da lo que tiene y lo pone al servicio de los demás.

 

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¿Se pueden construir espacios de esperanza?

La nueva campaña de Cáritas con motivo del día de la caridad se denomina “Construyendo espacios de esperanza”

construyendo espacios de esperanzaEn este mi nuevo artículo de España Buenas Noticias podéis encontrar un breve comentario sobre cómo esto puede ser una realidad también en economía… Todo es proponérselo…

http://ebuenasnoticias.com/2014/06/27/construyendo-espacios-de-esperanza/

 
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Publicado por en junio 29, 2014 en ética económica

 

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No a la inequidad que genera violencia

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 5, Mayo 2014, pág: 12 y 13

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Este es el último artículo en el que voy a analizar la parte económica de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium que escribió Francisco, el obispo de Roma, el pasado otoño. Como todos los anteriores lo he titulado con la misma frase que tiene el capítulo que voy a analizar del susodicho documento.

En esta ocasión, el tema tiene una gran importancia, especialmente en un país como el nuestro en el que las desigualdades se han incrementado tanto a lo largo de esta crisis. Lo es más si pensamos que, a pesar de que la pobreza es tenida en cuenta (aunque no siempre) a la hora de plantear las políticas económicas, el tema de las desigualdades no suele estar en la agenda económica. Los responsables políticos no suelen darle la debida importancia. Es más, algunos piensan que un incremento de las desigualdades no solo no es malo, sino que puede llegar a ser positivo porque incentiva a los que están peor a querer estar mejor y ello es un acicate para generar dinamismo en la sociedad.

La desigualdad puede generar violencia

Parece evidente que Francisco no está de acuerdo con este análisis. La inequidad es un grave problema al que hay que hacer frente. El hecho de que las desigualdades sean grandes puede provocar estallidos de violencia y descontento. No solo porque los que están más perjudicados puedan intentar cambiar su papel y sus protestas puedan llegar a niveles no deseados de violencia, sino porque aquellos que tienen más, para mantener su diferencia y no ver comprometido su nivel de vida superior, pueden ejercer violencia preventiva que intente evitar la pérdida de sus privilegios. De este modo, ya sea porque quienes están peor intentan mejorar y ven sus vías naturales para hacerlo cortadas, o porque quienes están mejor quieren mantener su estatus y no ven otro camino para hacerlo que ejercer violencia para conseguirlo, el mantenimiento o el crecimiento de las desigualdades es un caldo de cultivo propicio para las situaciones violentas.

La desigualdad es una situación injusta

Pero Francisco va más allá del análisis de las posibles consecuencias de la situaciones de desigualdad para afirmar que estas son, en si mismas, injustas. No se trata, pues, de situaciones que incentivan a quienes están peor (que con mucha frecuencia se ven sobrepasados por las desigualdades y en lugar de verse incentivados, se ven oprimidos por ellas y consideran que les va a ser imposible salir del lugar de exclusión en el que están) sino de situaciones injustas que transmiten su maldad intrínseca de una manera sutil y silenciosa. La desigualdad es lo que podríamos denominar una “estructura de pecado”, que justifica la diferencia y que no avanza hacia un futuro mejor. Una sociedad marcada por las desigualdades no está al servicio de todas y cada una de las personas y deja a un lado a los excluidos, a los sobrantes, que no pueden gozar de las ventajas y de las riquezas que se generan en la misma. Por ello, reducir las desigualdades no es solo una medida preventiva contra la violencia y contra los problemas sociales, sino que es también parte de la lucha contra las injusticias y de la construcción de una sociedad mejor en la que todos podamos desarrollarnos como personas.

¿Quienes son los responsables?

Ante estas situaciones de desigualdad Francisco denuncia que algunos piensan que son quienes están peor los responsables de su situación. Se trata de quienes piensan que si alguien está en el paro es porque algo habrá hecho mal, que si alguien no gana más es porque no es buen trabajador o que si un país es pobre no se puede culpar a otro más que a él mismo por no haber aprovechado las oportunidades que la globalización le ofrece… Esto no es más que una justificación imovilista de la desigualdad y de la injusticia. Un argumento que busca que no se proteste ante esta situación, que no se intente cambiar nada, que quienes están peor no denuncien su situación de exclusión…

No alimentar la indiferencia

Por todo ello, cuando vemos las cifras que nos muestran el incremento de las desigualdades en nuestro país, no podemos quedar indiferentes, no debemos mirar hacia otro lado. Una sociedad en la que la clase media está reduciendo su importancia y en la que las diferencias entre los más ricos y los más desfavorecidos se incrementan, es una sociedad enferma que no tiene visos de sostenibilidad a largo plazo. Por ello, necesitamos afrontar con valentía los desafíos que nos presenta la inequidad. Precisamos de políticos que no miren hacia otro lado, de empresarios que se preocupen por los ingresos de sus trabajadores, de un sistema económico que potencie la reducción de las desigualdades y no fomente el crecimiento de las mismas. Las desigualdades deben ponerse en el centro del debate económico.

 

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No a la nueva idolatría del dinero

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 3, Marzo 2014, pág: 12 y 13

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Sigo analizando (tal y como comencé el pasado mes) los aspectos económicos de la exhortación apostólica Evantelii Gaudium. El siguiente punto económico que trata esta se titula así, “no a la nueva idolatría del dinero” (55-56). Y comienzo discrepando en el título de este apartado porque, si bien las maneras en las que se lleva a cabo podemos considerarlas nuevas (si lo miramos en una perspectiva histórica y pensamos que solamente llevamos alrededor de ciento cincuenta años haciéndolo así), la idolatría del dinero no es algo nuevo y es la misma que ya se encontró Jesucristo cuando estuvo con nosotros hace alrededor de dos mil años…

Condenar el amor al dinero

De hecho, los evangelios ya recogen palabras de Jesús referidas a este mismo tema: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.” (Mt. 6, 24). Poner la prioridad en el dinero es contrario a la fe en Jesucristo. No podemos considerarnos cristianos verdaderos si dirigimos nuestros afanes en la dirección de ganar más, en la de tener, en la de lograr que se incremente nuestra bolsa. De hecho, San Pablo lo tiene tan claro que en su carta a Timoteo no duda en afirmar que “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tim 6, 9-10) Esto ya llevó a que San Juan Crisóstomo afirmara en un sermón dedicado a esta carta que “el amor que el usurero profesa al dinero es mucho más grave que el amor carnal más desordenado”. Por todo ello sabemos que el amor al dinero, el poner el dinero por encima de otras cosas, el organizarlo todo para tener más es, desde el punto de vista cristiano, una actitud que no solo va en contra de nuestra propia fe, sino que también puede calificarse como la raíz de todos los males y el origen de muchos sufrimientos.

Una sociedad basada en el beneficio

Siendo esto así, no es de extrañar que Francisco utilice palabras tan duras para condenar nuestra sociedad actual. Porque, desgraciadamente (y tal vez aquí radica la novedad que señala Francisco en su título) estamos en un sistema económico donde lo que prima es ganar más. El amor al dinero pasa a ser, no solo legítimo, sino necesario en un sistema que encumbra y favorece a aquellos que tienen la facilidad o la suerte de ganar más. Nuestra sociedad deja de preocuparse por las personas, por aquellos que están peor, para ensalzar a aquellos que consiguen mayores ingresos, para potenciar que quien quiera tener más lo consiga y pueda apropiarse de sus beneficios sin excesivas trabas. De este modo, las personas se subordinan a los beneficios, no interesa mejorar a otros sino acumular, lograr mayores beneficios.

También a escala familiar

Y uno podría consolarse pensando que este amor al dinero se da solamente a escala política o de las empresas, pero fácilmente podemos darnos cuenta de que esto no es así. Nuestras familias, lo que los economistas denominamos economías domésticas, también estamos impregnados de este amor al dinero. Buscamos tener mayores salarios, conseguir mayores intereses con el dinero que tenemos en el banco, lograr ingresos extraordinarios gracias a operaciones en bolsa o en otros activos financieros… Ya hablé en estas mismas páginas de cómo esta intención de tener más ingresos fue una de las causas que llevó a mucha gente a la compra de preferentes y otros productos financieros…

Vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Por todo ello, Francisco nos ofrece aquí la alternativa que nos invita a seguir. Ante ese amor al dinero castrador, que nos impide centrarnos en la persona, amar a quien tenemos al lado, preocuparnos por los más desfavorecidos… Nos propone la construcción de una economía y unas finanzas que estén mirando al ser humano y no a los beneficios. Que se impregnen de un comportamiento ético ante una actividad que parece olvidar la ética y está repleta, no solo de corrupción, sino también de comportamientos en los que “todo vale” para lograr esos beneficios que me exigen el sistema, mis ambiciones y los clientes o propietarios que me contratan.

Esta propuesta sirve también para el ámbito familiar. Ante esa legitimación que hacemos de que cualquier cosa vale para lograr más, ante esas ganas de no perder dinero, de buscar siempre lo más barato para poder comprar más, tenemos que introducir criterios éticos en nuestras compras, en nuestros ahorros, en nuestro comportamiento económico diario. Así podremos concentrar nuestras energías en lo realmente importante y no en “afanes absurdos y nocivos que nos hunden en la perdición y en la ruina”…

 
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Publicado por en marzo 19, 2014 en ética económica

 

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Nueva colección “Cuadernos de ética en clave cotidiana”

Hemos comenzado una nueva colección que tiene como objetivo que los no especialistas tengan un acceso fácil a propuestas éticas sobre temas clave y de actualidad. Se trata de unos cuadernos sencillos, breves y rigurosos en los que podremos ver análisis y propuestas éticas que nos servirán para poder opinar y actuar de una manera fundamentada en los temas tratados.

Los cuadernos se encuentran en formato online con acceso gratuito en http://www.piensaenello.org/services/publicaciones/

Si quieres suscribirte a ellos en papel o tener más información puedes hacerlo en el siguiente enlace:

http://funderetica.org/cuadernos-de-etica-en-clave-cotidiana/

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Los dos primeros cuadernos de la colección son: “El don que transforma, una mirada a la moral desde el carisma redentorista” un cuaderno muy teolótico pero muy sugerente y el segundo se titula “Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política” en el que aportamos una reflexión ética sobre hacia dónde deberíamos dirigir el cambio de nuestra organización política y económica.

 

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No a una economía de la exclusión

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 2, Febrero 2014, pág: 12 y 13

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La Evangelii Gaudium de Francisco

El pasado 24 de Noviembre, Francisco, nuestro Obispo de Roma, publicaba una Exhortación Apostólica titulada Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En ella (como no podía ser de otro modo ya que los asuntos sociales son parte integrante de la evangelización) se tocaron temas económicos. Durante los próximos artículos de esta serie voy a repasar algunos de ellos. No va a ser un análisis exhaustivo de los contenidos del documento, sino tan solo un breve comentario de aquellos que por su contenido económico, entran dentro de la temática que suelo tratar en estos artículos. Creo que esto nos puede ayudar mejorar nuestras actitudes y poner nuestro granito de arena en el anuncio de esa buena noticia en la que creemos los cristianos.

Nos falta compasión

Los números 53 y 54 de la exhortación se titulan como este artículo: “No a una economía de la exclusión”. Francisco toca, a mi modo de ver, dos temas clave en la sociedad actual y en su manera de organizar los temas económicos. El primero es la falta de compasión de muchas personas y de la sociedad. Hemos olvidado esta gran virtud que es una de las principales fuentes de la caridad y el amor. Ser compasivo es tener capacidad de sufrir con el otro, lo que los psicólogos denominan empatía. Es decir, ser capaz de ponerte en la situación del otro, de pensar como él piensa, de sufrir como él sufre, de alegrarte como y cuando él se alegra… Una organización económica en la que lo principal es tener más, en la que lo que se potencia es que miremos a nuestro ombligo y nos olvidemos de los demás, embota nuestra capacidad para ser compasivos.

Por ello, cuando vemos a las personas que lo pasan mal, cuando nos encontramos ante los fenómenos del hambre y de la pobreza, permanecemos indiferentes, conseguimos que no nos afecte… Francisco lo denomina la “globalización de la indiferencia”. Lo vemos todo como si estuviésemos al otro lado de la pantalla, no nos sentimos hermanos de nuestro prójimo sino que pensamos que son “ellos” los que están mal, no “nosotros”. Parece que olvidamos que todos somos hijos del mismo Dios, que todos somos hermanos, que todos somos: nosotros…

Una economía que produce “deshechos”

Por ello, ante una economía que deja detrás a muchas personas, que no se interesa por los que menos tienen y los descarta convirtiéndolos en “Sobrantes”, en “deshechos” (como los denomina Francisco), no nos escandalizamos. Lo que nos preocupa es poder adquirir aquellas novedades que nos trae el mercado, saber que vamos a tener lo que deseamos y mantener el estatus en el que nos encontramos. Por ello apoyamos un sistema económico que, aunque no llega a todos por igual, nos mantiene en nuestra posición. Estamos convencidos la manera de organizarnos beneficia a todos y es un buen modo de luchar contra la pobreza porque genera crecimiento económico y, si hay más, podremos repartir más…

Y esta es la segunda idea clave que creo que quiere transmitirnos Francisco en estos dos apartados. No podemos seguir creyendo ciegamente en un sistema económico que no es compasivo, que genera unas basuras que no solo son contaminantes, sino que son humanas. Los “sobrantes” son personas que no cuentan, que no se benefician del común, que quedan a un lado. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico va a solucionar esto, en que cuando nos recuperemos de la crisis estas personas que ya no cuentan van a pasar a ser importantes, van a dejar de ser “deshechos”. El crecimiento por si mismo no va a acabar con esto…

Incluir la compasión en nuestro comportamiento económico

Por ello, el mensaje que a mi juicio nos envía Francisco es claro. Nos anima a ser más compasivos. La alegría del evangelio no se puede vivir sin compasión, sin ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Conseguirlo nos permite comprender a nuestro prójimo, asumir sus anhelos y convivir y compartir con él sus esperanzas e ilusiones. También supone conocerlo mejor, sufrir con el otro y estar con él cuando lo necesita. Pero para ello, precisamos de una organización económica que también sea compasiva, que vea el sufrimiento de quien peor está y se desviva por él, que no genere “sobrantes” ni deje a un lado a aquellos que no tienen suficiente.

Hay que buscar una sociedad inclusiva en la que todos puedan participar, en la que nadie quede descartado por tener poco. Una sociedad que sea sensible a esas realidades que quedan fuera. Por ello, Francisco nos anima a los cristianos a decir NO a esta economía de la exclusión, a esta economía egoísta que genera tanto sufrimiento en aquellos que se ven descartados de su riqueza y SÍ a una economía construida en clave compasiva, en clave de de amor, una economía que se centre en las necesidades de quienes peor están…

 
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Publicado por en febrero 17, 2014 en ética económica

 

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La vida económica de los cristianos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 1, Enero 2014, pág: 12-13

La vida económica de los cristianos 1

La vida económica de los cristianos 2

Y lo poseían todo en común…

Quiero recordar, ahora que han pasado las fiestas navideñas, ese pasaje de los hechos de los apóstoles en el que se describía cómo era la vida en sus primeras comunidades: “Nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común… Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba” (Hch, 4, 32-35) Muchos se pueden pensar que esto era una idealización, que realmente no sucedía así. Evidentemente, esta descripción no ahonda en las dificultades que presentaba este plan de vida, pero tal y como descubrí a través de la lectura de la Historia de Roma del periodista italiano Andro Montanelli, no solo no era irreal, sino que algún autor romano como Luciano afirmaba que los cristianos eran “imbéciles que juntan todo lo que poseen” y Tertuliano decía “que ponen junto lo que los demás tienen separado y tienen separado la única cosa que los demás ponen junto, la mujer”. Es decir, que la característica que más llamaba la atención a los no cristianos de estos era, precisamente, de componente económico.

¿Nos sucede lo mismo a nosotros hoy en día?

El primer interrogante que nos plantea este hecho es pensar si a los cristianos también se nos reconoce hoy, precisamente, por este aspecto. Es decir, si cuando los no cristianos nos describen, lo hacen también a través de nuestro comportamiento económico. Creo que la respuesta es claramente negativa. Seguimos observando a no cristianos que se refieren a nosotros de manera despectiva o irónica (como hacían los dos escritores romanos) pero no lo hacen por el tema económico sino por otras cuestiones… Esto nos lleva un poco más allá ya que, si los primeros cristianos veían la cuestión económica como algo clave de su vida de fe y esto no sucede en nuestras comunidades en la actualidad ¿Quiere decir que hemos despojado nuestra fe de algo intrínseco a ella?

Podría contestar de una manera directa a esta cuestión, pero creo que es mejor dejar esto para Francisco, el obispo de Roma, que en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos habla de “la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” (176) “El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad.” (177)

El compromiso comunitario con otra economía y con los más desfavorecidos

Es Francisco quien, en esta exhortación que habla sobre el anuncio de nuestra buena noticia, insiste en varios temas económicos que debemos tener en cuenta a la hora de explicitar nuestra fe. El obispo de Roma nos plantea los desafíos económicos que presenta el mundo actual y que intentan tambalear los cimientos de nuestra fe: la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, el dinero que gobierna en lugar de servir, la inequidad que genera violencia. Se trata de elementos que priman en nuestro tiempo y que muchas veces impregnan el comportamiento económico de los cristianos ya que, sin querer (o de una manera consciente) respaldamos estas maneras de entender el quehacer económico ante las que Francisco dice, simplemente, “no”.

Pero además indica, tal y como he señalado en las citas que he transcrito más arriba, que el anuncio de esta buena noticia conlleva necesariamente un compromiso social. Por ello dedica el capítulo cuarto de la exhortación a “La dimensión social de la evangelización”. En él nos muestra cómo no se puede soslayar el elemento social en nuestra fe y como este supone la prioridad de los más pobres, una opción preferencial por ellos. Como los cristianos debemos comprometernos en la resolución de los problemas de los pobres ya que califica a “la inequidad como la raíz de los males sociales” (201). Por ello “¡Ruega al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pue­blo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.” (205)

Para que surjan estos políticos, necesitamos comunidades cristianas en las que el compromiso económico con los más desfavorecidos y el “ponerlo todo en común” sean el comportamiento normal. Necesitamos cristianos que sean reconocidos como tales, no por sus ideas doctrinales, sino por su comportamiento diario, por su compromiso social por los más desfavorecidos, por sus anhelos de construir esa sociedad en la que lo normal sea el comportamiento ético, la solidaridad mundial, la distribución de los bienes, la dignidad de los débiles, el compromiso por la justicia y la preservación de las fuentes de trabajo (203)

 
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Publicado por en enero 20, 2014 en ética económica

 

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Hazte amigo de FUNDERÉTICA

La Fundación Europea para el Estudio y Reflexión Ética (FUNDERÉTICA) es una fundación que tiene, como objetivo fundamenta, ser un cauce propulsor de la reflexión ética en nuestra sociedad y constituirse en un centro de formación, reflexión e investigación en la Filosofía Moral, desde los criterios que proporcionan la dignidad de la persona y de los valores que le son inherentes. Todo ello lo hace desde el humanismo cristiano y siguiendo una labor que ya ha realizado durante cuarenta años el Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid ligado a la Congregación del Santísimo Redentor.

Si queréis apoyar económicamente a nuestra fundación, os explico los cauces que podéis seguir en este email. También podéis obtener más información de estas actividades en www.funderetica.org

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El milagro de compartir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 10 de Noviembre de 2013, pág: 14 y 15

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Multiplicar los panes y los peces

El milagro al que más cariño le tengo de todos aquellos que aparecen en el nuevo testamento es el de la multiplicación de los panes y los peces. No ha sido siempre así. Cuando era pequeño no acababa de entender bien lo que sucedió en aquel descampado en el que se concentraban los seguidores de Jesús. Veía a los discípulos con una especie de chistera donde, en lugar de salir conejos o palomas, salían panes y peces para alimentar a toda la población que se encontraba allí. Me imaginaba las caras de asombro de todos y no comprendía porqué luego volvieron a sus casas teniendo a alguien que podía darles de comer gratuitamente todos los días con aquella cesta maravillosa…

 

El milagro del compartir

Tardé mucho en comprender que esto no era el verdadero milagro. Los milagros no son magia, sino sucesos extraordinarios, que se salen de lo común, que asombran por lo inesperado o por lo inexplicable. Ello no quiere decir que no tengan explicación, que no sigan un razonamiento determinado, sino que son inesperados, que no cabía esperar que sucediese así, que había dudas razonables de que se pudiese dar esta posibilidad.

Esto sucedió en aquella ocasión, nadie podía esperar que con las exiguas viandas con que contaban Jesús y sus discípulos (cinco panes y dos peces) se pudiese alimentar a aquella multitud. Pero sucedió, Jesús repartió lo que tenía y sobró para todos… Jesús compartió su comida y cundió el ejemplo, todos aquellos que estaban en el descampado compartieron sus alimentos y los repartieron entre sus vecinos. Este compartir llevó a la sobreabundancia y no solo hubo bastante para todos, sino que además sobró.

Este fue y es el verdadero milagro, cuando se comparte, cuando se reparte, no solamente hay para todos sino que además hay en exceso… Jesús nos llama a seguir su ejemplo, a repartir lo que tenemos aunque sea poco, a compartir con los demás nuestras posesiones como mejor manera de lograr que todos puedan cubrir sus necesidades.

 

¿Compartimos o acaparamos?

Es evidente que este es el mensaje contrario de lo que oímos todos los días propugnar a algunos economistas. Su mensaje es que debemos tener más y más cada día, que solo tenemos que pensar en nosotros o en los nuestros para conseguir que cada día tengamos más entre todos. El egoísmo, el acaparar para uno mismo, el buscar solo mi propia riqueza y no compartirla, aparecen como los caminos más adecuados para tener más. Se contraponen así dos ideas opuestas que prometen el mismo resultado. El egoísmo como fuente de crecimiento o el compartir como raíz de la sobreabundancia.

 

Repartir es el camino hacia la mejora

Nuestra experiencia diaria parece apoyar el milagro del compartir. La gestión económica de las familias suele estar basada, precisamente, en el reparto de lo ganado por algunos miembros de la familia al servicio de todos. Esto no trae problema alguno a las familias ni hace que estas tengan menos o se arruinen por ello. Al contrario, si cada miembro de la familia ve solamente por su propio interés y no comparte el dinero que gana, no solo el conjunto va a salir perjudicado desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista de la convivencia familiar. Lo mismo sucede cuando quedamos con los amigos para cenar y cada uno lleva algo para compartir. En estas ocasiones no solo no nos quedamos con hambre, sino que solemos comer muy bien y siempre sobra comida…

También existen economistas que hablan sobre este fenómeno. En un libro muy comentado que se titula “Por qué fracasan las naciones”, los profesores Ademoglu y Robinson arguyen que aquellas naciones que tienen instituciones que solamente benefician a unos pocos en lugar de a la mayoría y cuyas élites de poder solamente piensan en beneficios para ellas mismas y no para el conjunto de la población, son las que no tienen capacidad para crear riqueza y crecer lo suficiente y acaban fracasando como naciones. Solamente las que tienen unas instituciones inclusivas que benefician a la mayoría, pueden realmente desarrollarse y mejorar.

Creo que debemos de introducir la dinámica del compartir en la economía. Es la única manera, no solo de salir de la crisis, sino también de que realmente se de un progreso en nuestras sociedades. Para ello es importante repartir y compartir y recordar que para compartir no solo se recibe, sino que también se aporta… Ello excluye al gorrón, a quien se aprovecha de la bondad de los demás para recibir sin dar. Este no entra en esta dinámica sino en la egoísta, en la que lo quiere todo para si mismo. Si buscamos la sobreabundancia, si queremos generar bienestar para la sociedad, el compartir es el camino que nos llevará hacia ella y para ello debemos educar ciudadanos y generar instituciones que den, que repartan, que compartan…

 

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Compra un libro para una causa solidaria

En esta ocasión, aprovechando la feria del libro de Madrid, os ofrezco la oportunidad de haceros con dos interesantes libros a unos precios realmente bajos (5 y 3 euros según queráis la versión impresa o la online) y en los que la totalidad de la recaudación va destinada al Programa de Atención a la Mujer CASABIERTA (Uruguay)

El libro que he escrito junto a Rafael Junquera de Estefani se titula “Reflexiones: Aportaciones a la Crisis económica y Moral” y el otro es “Orar con los Salmos” de Alfonso Sánchez CSsR.

Puedes solicitar tu ejemplar en el email: fundraising@funderetica.org

y la transferencia con el donativo la puedes hacer a la cuenta del Banco Popular Español:
LAICOS REDENTORISTAS 0075-0562-41-0600309804 Ref.Libro Solidario

encuentro solidario libros

 

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La moral social de Francisco

La revista Moralia publicó en 2009 un artículo sobre la moral social del entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio escrito por Aldo Marcelo Cáceres. Funderética lo ha reproducido para que podamos tener acceso a su texto completo. Creo que es muy interesante para aquellos que quieran saber cómo piensa el actual obispo de Roma. El hecho de que se trate de un análisis reciente, pero no influido por su nombramiento de este año, le da un valor que no tienen otros documentos que se han escrito posteriormente.

Si queréis saber algo más de su pensamiento, os aconsejo que lo leais, no tiene desperdicio:

http://funderetica.org/magna-suspendisse-eleifend-at-nulla/

 

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A propósito del nuevo Obispo de Roma, Francisco

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 5 de Mayo de 2013, pág: 12 y 13

a propósito de Francisco 1a propósito de Francisco 2

Mi mujer suele juntarse una vez por semana para tomar café con otras madres de nuestro pueblo. Entre ellas las hay cristianas, las hay ateas, las hay que ni fu ni fa, etc. La semana pasada me comentaba que por primera vez durante estas conversaciones de café (nunca mejor dicho) el sector menos proclive a la jerarquía eclesiástica había hablado bien de esta. En lugar de las críticas habituales y la imagen negativa que normalmente expresaban sobre obispos, curas, cardenales y papa, se escuchaban palabras amables y positivas. Ni que decir tiene que esto había sido provocado por el nuevo Obispo de Roma, Francisco.

Los gestos económicos

Muchos han sido los gestos de sus primeros días como obispo de Roma que podríamos comentar, algunos de profundo calado teológico, pero no es esa la parte que corresponde a esta sección. Voy a centrarme únicamente en algunos de los que tienen un componente económico claro: el hecho de que siga llevando los mismos zapatos que el día antes de ser votado junto con la sencillez de su vestimenta, que volviese con autobús a la residencia de Santa Marta con todos los demás cardenales en lugar de ir en un coche aparte, que se sentase a comer con ellos, que pagase su cuenta en el sitio donde había estado alojado durante los días previos al cónclave, que viviese en un simple apartamento de Buenos Aires y no en un palacio episcopal, que fuese a los sitios en transporte público, que siguiese con la misma cruz que ya utilizaba, etc.

Son gestos de normalidad

Si lo reflexionamos con frialdad, nos daremos cuenta que son gestos que reflejan normalidad. Se trata de comportamientos que se ajustan con lo que los cristianos denominamos pobreza evangélica y que provienen directamente de un Dios que se hace hombre en Jesús y no elige los palacios romanos o la alta jerarquía judía para vivir entre nosotros, sino que busca a una humilde pareja de Nazaret para hacerlo. Un Jesús que no se dedica a hacerba ostentación de su condición divina exigiendo adoración, llevando caros vestidos, acompañando los poderosos o buscando el aplauso de los gobernantes, sino que vivía sin residencia fija entre los más necesitados.

Como sabemos que Jesús no solo fue hombre sino Dios verdadero y que solamente podemos conocer al Padre a través de él, parece que los comportamientos de Francisco son los normales que cabría deducir de un cristiano que conoce a Dios a través de Jesucristo. ¿Por qué entonces la normalidad nos parece tan reseñable? ¿Por qué todos los medios de comunicación hacen hincapié en estos aspectos que parecen sorpresivos a pesar de ser los que cabría esperar de un seguidor de Jesucristo? (Es fácil contestar estas preguntas, así que continúo con mi análisis económico y dejo al lector que lo haga por si mismo.)

De una austeridad fundamental y no forzada

Esta austeridad que parece primar en Francisco, podría entenderse como algo necesario en el momento que estamos viviendo ¿Acaso no son austeros también nuestros gobiernos? ¿Acaso no es lo que deben hacer las empresas y las familias? Sin embargo, existe una gran diferencia entre la una y la otra. La austeridad derivada de la crisis es una austeridad no deseada. Se hace porque es la única manera de que me sigan prestando dinero. Si no me dedico a gastar menos de lo que ingreso o a equilibrar ambas partidas, quienes tienen que prestarme dejarán de hacerlo y no podré continuar con mi actividad normal. Por ello es momento de esto, más adelante podremos volver a endeudarnos, pero no ahora.

Sin embargo, la austeridad cristiana (que es la que Francisco trasluce con sus gestos) es una opción por convencimiento, es un camino tomado de una manera responsable. No se hace para contentar a quienes me prestan o me pueden prestar, no se hace porque es lo que toca, sino porque se cree que es la mejor manera de vivir, porque solamente así podemos ser plenamente felices.

Imprescindibles para anunciar la Buena Nueva

Todo esto nos lleva a un elemento clave. La Buena Noticia cristiana, no se puede transmitir desde la riqueza, desde el poder, desde el trono, desde la distancia. Si así fuese, Dios (que como todos sabemos no debe tener ni un pelo de tonto) se habría hecho hombre en una familia rica o casi mejor, en la familia del emperador romano (que era seguramente el más rico y más poderoso de su época) o lo más probable, no habría considerado interesante hacerse hombre en Jesucristo…

Solamente podemos evangelizar desde la sencillez, la humildad, la parquedad. Por eso, cuando Francisco realiza signos que se encaminan en esta dirección, la predisposición negativa de las madres que se toman un café juntas en cualquier rincón de España puede desaparecer y esta es una buena base para transmitir el mensaje de redención y esperanza de Jesucristo.

 
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Publicado por en mayo 14, 2013 en pobreza

 

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Trabajar con plenitud

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 4, Abril 2013 pág: 14-15

Trabajar con plenitud 1

Trabajar con plenitud 2

El trabajo es algo importante para nuestra vida. Con él ganamos el pan que nos permite sobrevivir y llevar una vida digna. La falta de trabajo que observamos en nuestra sociedad es trágica para aquellos que la sufren. El elevado desempleo está resultando en un incremento de los niveles de pobreza y una bajada de las rentas familiares que provocan problemas a pequeña y a gran escala. Además, aprovechando esta coyuntura, se están bajando los salarios de manera que vuelve a darse con relativa frecuencia el fenómeno de los “trabajadores pobres”, es decir, personas que tienen empleo y trabajan ocho horas diarias o más, pero cuyos salarios no les permiten salir de la pobreza.

Las frustraciones personales que se derivan de esta situación van más allá de la falta de ingresos. La sensación de impotencia, de inutilidad, de frustración… no se derivan únicamente de la falta de ingresos, sino de la falta de trabajo en si misma. Parece que cuando una persona tiene trabajo, esto solamente sirve para ganar el dinero necesario para vivir, pero cuando se carece de un empleo, se aprecia como esta dimensión del trabajo no es ni la única, ni tiene por qué ser la más importante.

Las dimensiones del trabajo

La Doctrina Social de la Iglesia nos ha mostrado, especialmente a través de la Encíclica de Juan Pablo II “Laborem Exercens” como el trabajo tiene tres dimensiones importantes para la vida. La primera es la ya nombrada el en párrafo anterior, esto es, es el medio que nos permite “ganarnos la vida”, generar los ingresos necesarios para poder vivir nosotros y nuestras familias.

La segunda tiene que ver con nuestro crecimiento como personas. Nuestro trabajo es una dimensión esencial en nuestra maduración, en nuestros anhelos de perfección. Nosotros también ganamos en humanidad a través de nuestro trabajo. Por lo tanto, es muy importante que el trabajo nos sirva para esto, para realizarnos como personas, para crecer en el amor, para ser mejores y para buscar la perfección.

En tercer lugar el trabajo es parte de nuestra colaboración a la construcción de un mundo mejor. Nosotros cooperamos con nuestros semejantes en la creación del reinado de Dios en la tierra a través de nuestro día a día, y el trabajo ocupa una gran parte de las horas de nuestra jornada.

Las tres dimensiones son importantes

Con frecuencia no nos damos cuenta de que las tres dimensiones (y no solo la monetaria) son importantes. Es la carencia de alguna de ellas la que nos hace valorarla. Esto sucede cuando, por ejemplo, logras un empleo mejor remunerado que el anterior pero tu vida empeora por que la dimensión monetaria mejora, pero las otras no. Esto lleva a que algunas personas renuncien a trabajos en los que cobran más, por otros peor pagados. Algunos no entienden esta elección ya que solamente dan importancia al factor monetario, pero es perfectamente comprensible y razonable cuando atendemos a las otras dos dimensiones del trabajo.

Algo parecido sucede con los sentimientos de inutilidad, frustración o impotencia que experimentamos cuando nos falta el trabajo. Con frecuencia estos provienen de las dos dimensiones no monetarias del trabajo. Nos sentimos vacíos ya que no podemos hacer nada útil por la sociedad. La falta de actividad nos impide realizarnos y crecer como personas, nos introduce en un bucle negativo del que es difícil escapar. Tenemos la sensación de que el mundo puede seguir funcionando sin nosotros, de que no somos necesarios para que la sociedad avance, lo que nos empuja hacia la frustración y el desencanto.

Conseguir vivir mi trabajo en plenitud

Por todo ello creo que es bueno recordar a menudo las dos dimensiones no monetarias del trabajo. Para lograrlo es positivo comenzar la jornada de trabajo pensando en a quién vamos a beneficiar hoy con nuestro trabajo, cómo vamos a contribuir con él a la construcción de un mundo mejor, qué cosas vamos a hacer qué sean útiles para alguien, que actitudes debo tomar para que los receptores de mi trabajo estén más agradecidos. También es bueno recordar que mi trabajo de hoy me tiene que servir para ser mejor persona, para crecer en el amor…

Además, creo que debemos incidir también en esto a nuestros niños. Cuando les animamos a estudiar o a ser aplicados, con frecuencia les decimos que hay que hacerlo para poder lograr un buen trabajo en el que se puedan ganar la vida holgadamente en el futuro. Siendo esto cierto y correcto, creo que es importante decirles que también hay que estudiar para poder aportar más a la sociedad y para poder realizarse mejor como personas. Insistirles también en estos aspectos les ayudará en un futuro a vivir su trabajo de una manera más plena y gratificante.

 
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Publicado por en abril 10, 2013 en trabajo

 

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Economía para la Esperanza

Artículo aparecido en la revista “Crónica de la Solidaridad” de Cáritas Diocesana de Valencia, nº 41 de Enero-Febrero de 2013, Pág: 8 y 9

Artículo economía para la esperanza_Página_1

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Aquí tenéis el enlace a la revista completa: http://www.caritasvalencia.org/publicaciones_compra.aspx?Id=4525&Diocesis=41&Idioma=1

Nos encontramos en un momento histórico en el que la concepción que tenemos de cómo plantear y orientar nuestros asuntos económicos, no tiene nada que ver con los valores evangélicos y, evidentemente, con la caridad. La economía parece llevar una dinámica totalmente independiente del resto de nuestra vida y regirse por unos parámetros y valores basados en el egoísmo, la competitividad y el bienestar material en contra de lo que puede parecer propiamente cristiano (y más adecuado para resolver otra clase de cuestiones) como es el amor, la cooperación o el bienestar espiritual.

Es por ello que las instituciones se convierten a menudo en verdaderas estructuras de pecado: “El negocio es el negocio” “No estamos aquí para hacer el bien sino para ganar dinero” son excusas oídas y repetidas en muchas ocasiones para justificar actuaciones poco o nada caritativas que van en contra de la justicia y de los valores evangélicos.

Ante esta realidad hay que recordar que la economía estudia comportamientos humanos y tal y como nos recuerda Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate debemos impregnar de fraternidad la economía, no solo porque esto es posible, sino porque es la única manera de que esta funcione al servicio de las personas. Por ello, una labor importante de la Iglesia en estos momentos de crisis es ese compromiso social con los más desfavorecidos que encarna tan bien Cáritas y que es imprescindible para poder transmitir la esperanza cristiana a una sociedad que necesita de propuestas que nos ayuden a salir de esta difícil situación.

Para lograr impregnar de fraternidad y esperanza esta situación económica ante la que nos encontramos, dos son los campos en los que creo que hay que actuar. Por un lado tenemos que atender a los afectados por la crisis y a los más desfavorecidos por ella. Debemos ser buena nueva para aquellos que no encuentran ningún motivo para la esperanza ¿Quién les va a ofrecer esa buena noticia si no somos nosotros?. Las parroquias no pueden quedarse a un lado y seguir actuando como si las circunstancias no hubiesen cambiado y estuviésemos todavía en los años de bonanza. Debemos saber afrontar esta realidad que, visto lo visto, no parece que vaya a acabarse o solucionarse en breve.

En segundo lugar, los cristianos debemos liderar una respuesta de esperanza a la situación de la crisis. Es necesario que nos pongamos por delante de una acción liberadora que transforme nuestro sistema socio-económico en una dirección diferente, no solo para evitar que una crisis como esta vuelva a suceder, sino también para construir una manera de gestionar la economía que potencie valores positivos al servicio de las personas y de los más necesitados.

Para lograr el primero de estos objetivos necesitamos que la pastoral social pase a ser una opción de parroquia y no una opción solo de Cáritas. No podemos dejarla a una parte de la comunidad que se especializa en ella, sino que tiene que abarcar a todos los grupos y a todas las personas comprometidas de una manera u otra en la parroquia. La especialización acalla conciencias pero no podemos quedarnos ahí. Esto no quiere decir despreciar la labor de Cáritas, sino todo lo contrario, mantenerla, afianzarla y realzarla para que sus fines y sus actuaciones abarquen la totalidad de la pastoral de la parroquia.

En segundo lugar, debemos lograr que esta acción social tenga como norte de actuación no el “hacer cosas por” sino el “estar con”. No se trata de hacer cosas por las personas más afectadas por la crisis, sino de estar con ellas, de quererlas, de compartir estos malos momentos desde la igualdad aunque no se haga nada en concreto por ellas. Esto es muy importante para no caer en un activismo alejado del amor, en un hacer que solamente se contabilice por los resultados a corto plazo y que tiene el peligro de acabar quemando a los que lo practican y no transformar la vida de los receptores.

Para liderar una respuesta de esperanza ante la crisis precisamos educar a los cristianos en una economía con otros valores. Promover el debate, la investigación y la enseñanza sobre cómo se puede concretar en el día a día una opción y una organización económica que se base en otros parámetros diferentes a los que rigen en la actualidad. Para ello deberíamos promover la formación social y política en nuestras parroquias, que los diferentes grupos tratasen temas de Doctrina Social de la Iglesia, tuviesen debates sobre cómo reorientar la situación en la que nos encontramos e introdujesen estos temas en sus programas de reuniones y actividades.

Esto supone trabajar el tema de nuestras necesidades, hablar sobre el consumo y la compra, abordar nuestra postura ante el ahorro y el endeudamiento, reflexionar sobre el trabajo y el sentido que este tiene, revisar nuestra concepción de progreso y tomar una postura crítica ante el crecimiento económico como objetivo final de nuestra sociedad. Darnos cuenta de cuáles son las prioridades económicas cristianas para proponerlas como alternativas a las que se están defendiendo en nuestra sociedad. Apostar por un Estado Social que proteja tanto el mercado (para que este no se venga abajo) como los riesgos de los que peor están. Apoyar a las empresas que priorizan a sus trabajadores y que potencian el servicio a la sociedad sobre otros objetivos.

Todo ello debería plantearse como un servicio a nuestra sociedad y qué mayor servicio que poner todas nuestras fuerzas en mostrar que la realidad socio-económica puede ser planteada desde otros parámetros y enfocada hacia otras direcciones. Esta labor es complementaria a la anterior y servirá para lograr que todas las actuaciones que hemos nombrado tengan más fuerza y predicamento. Esto supone educar en el bien común y en que el objetivo del quehacer económico no es el de tener más, sino el de ser mejor. Supone mostrar que la economía también puede ser un instrumento de esperanza si se plantea desde la fraternidad cristiana y la preocupación por los más desfavorecidos.

 

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Comienzo de Andadura

Artículo publicado en la revista ICONO en su número de enero de 2013 en sus páginas 12 y 13Comienzo de andadura_Página_1

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Comienzo hoy una serie de artículos para esta revista que hablarán sobre economía. Podría alguien pensar que esto es algo que no va con él y que se trata de un tema estéril y poco atractivo. Nada más alejado de la realidad. Como voy a intentar mostrar en este grupo de artículos, la economía es algo cotidiano para todos nosotros. Aunque no es lo más importante de nuestras vidas, sí que resulta determinante en ellas porque no podemos vivir, alimentarnos o dedicarnos a aquello que deseamos, si no resolvemos al mismo tiempo algunas cuestiones económicas, especialmente, la de conseguir los ingresos que nos permitan dedicarnos a estos menesteres.

En el empeño voy a intentar utilizar un lenguaje coloquial que permita acercar los términos económicos a los posibles lectores, de manera que no resulte aburrida o incomprensible la lectura de estas líneas. La economía no tiene porqué mostrarse como un conocimiento técnico inaccesible a las personas que no se dedican a ella, sino como algo cotidiano y más sencillo de lo que parece a primera vista. Se trata de un saber que cualquiera que haya tenido que organizar su propia familia, puede entender sin demasiado esfuerzo.

En tercer lugar quiero explicar por qué se puede hablar de economía en una revista como ICONO. Algunos piensan que la economía es incompatible con una religión que proclama sin ambages o medias tintas, que Dios es amor y que ensalza la categoría del don, esto es, la de “dar lo que tienes sin esperar nada a cambio”. Ante ella la economía aparece como una actividad en la que solamente cabe el egoísmo y el pensar en si mismo y en los propios intereses, incompatible, por tanto, con el cristianismo.

Sin embargo la economía es una actividad humana, todos tenemos que preocuparnos por lograr esos ingresos que nos permitan comer caliente todos los días y traer las lentejas a nuestra casa. Como cualquier actividad humana que realicemos la podemos hacer de una manera altruista o egoísta, violenta o pacífica, tranquila y sosegada o acelerada y angustiada, alegre o taciturna, esperanzada o desesperanzada… Nosotros somos quienes introducimos en nuestro actuar los valores o las maneras que creemos más convenientes.

Por este motivo, también es posible gestionar los temas económicos con los valores fraternales que aplicamos en otros campos. Los cristianos no solo pensamos que esto es posible, sino además que es lo mejor que podemos hacer. Sabemos que Dios nos muestra una senda para que organicemos y orientemos nuestra vida y la cuestión económica no es ajena a esta propuesta cristiana. Ahora bien, esto no supone que cualquier manera de gestionar lo económico va a ser posible a pesar de que se haga con amor.

Lo mismo que en otros campos, la propia gestión económica nos ofrece sus límites. Creo que un ejemplo nos ayudará a comprender esto. Cuando nosotros educamos a nuestros hijos intentamos hacerlo con amor. Es más, estamos convencidos de que una educación sin cariño no sería buena para ellos. Ahora bien, si traducimos este amor en una sobre-protección que limite la capacidad de decidir y la autonomía del chaval, seguramente le estaremos haciendo un flaco favor. Las ciencias de la educación nos permiten saber que la sobre-protección no es buena para los niños y jóvenes, a pesar de que se haga con todo el cariño del mundo.

Lo mismo sucede con la economía. Nosotros podemos gestionar la economía familiar, la de nuestras empresas o la de nuestros gobiernos con todo el cariño del mundo, pero si lo hacemos gastando sistemáticamente más de lo que tenemos, esto no va a tener unos resultados finales positivos. El endeudamiento al que tenemos que recurrir para conseguir mantener esta gestión, nos pondrá en manos de aquellos que nos prestan, que acabarán obligándonos a hacer lo que ellos deseen si no queremos que nos embarguen. La dinámica económica nos marca límites que debemos intentar no sobrepasar, es una restricción que tenemos que nos impide hacer lo que nos de la gana. Sin embargo, esto límites (lo mismo que en educación y en otros campos) no nos impiden dirigir la gestión económica hacia donde nosotros creamos más conveniente.

Podemos, pues, poner la gestión de la economía al servicio de la construcción de un mundo mejor y debemos hacerlo. Nuestra fe nos muestra que esto es posible y que es una responsabilidad que tenemos los cristianos para con nuestra sociedad y, en especial, para con los más desfavorecidos. De cómo conseguirlo en nuestras casas, en nuestro día a día, en nuestros trabajos, en nuestras empresas, con nuestras compras, con nuestro ahorro… Es de lo que voy a hablar en esta colaboración con ICONO que comienza hoy mismo. 

 
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Publicado por en febrero 17, 2013 en Desarrollo económico

 

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Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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Vivir una economía solidaria en comunidad

Una congregación religiosa me pidió hace un tiempo un texto sobre cómo vivir solidariamente la vida en comunidad. Me han permitido que reproduzca el texto que les escribí en este blog para que todos podáis acceder a él, así que aquí os lo presento:

solidaridad

Este texto tiene como principal objetivo hablar sobre la gestión cotidiana de la economía de nuestras comunidades. Pretende plantearse si es posible hacerlo de una manera solidaria y cuáles son las medidas prácticas que hay que tomar para hacerlo. Todo ello se relaciona con nuestra acción social y nuestro compromiso con los más desfavorecidos, así como con nuestras posibilidades de colaboración en la instauración del Reinado de Dios en la tierra a través de la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Como vamos a ver, una gestión altruista de nuestros ingresos favorecerán esta opción por los que peor están.

¿Es posible una economía solidaria?

Quizá la primera pregunta que nos tendríamos que preguntarnos es si es posible una economía en clave solidaria. Muchísima gente piensa que la economía y la solidaridad son cuestiones incompatibles entre si. La economía aparece como el reino del egoísmo lo que conlleva que, perseguir la solidaridad o el bien común en cuestiones económicas, no solamente es algo que está fuera de su propia dinámica, sino que además, quien lo haga va a verse irremediablemente abocado al fracaso. Por ello, se afirma con rotundidad que solamente son válidos aquellos comportamientos que buscan sin complejos (o sin vergüenza) el propio beneficio.

Si esto fuese realmente así, creo que los cristianos deberíamos buscarnos otra fe o dejar de considerarnos cristianos para dedicarnos a otras labores o a otras religiones que fuesen compatibles con esta manera de entender las cosas. Digo esto, porque la economía es, en realidad, la manera en la que organizamos la parte de nuestra vida que se dedica a lograr aquello que necesitamos para vivir. Dicho de otra manera, es el modo en el que nosotros realizamos aquellas actividades que están destinadas a garantizar nuestro sustento y nuestra propia supervivencia. Esto implica varias cosas:

1.- Podemos hacerlo de muchas maneras, no existe una única para conseguir nuestro objetivo

2.- Podemos plantearnos el horizonte que queramos para esta actividad. Es decir, podemos encaminar esta actividad a objetivos alternativos. Podemos organizar la economía para cubrir solo nuestras necesidades, para conseguir todo lo que deseamos, para tener cada vez más, para que todo esté mejor repartido…

3.- Se trata de una actividad humana, por lo que podemos impregnarla de los valores y virtudes que deseemos. Por ello, aquello que rige nuestro comportamiento en otros campos podemos utilizarlo también para las cuestiones económicas.

Todo ello quiere decir que, al igual que el amor al prójimo y el compromiso con los más necesitados puede ser el norte de nuestra actuación en otros campos de nuestra vida, también lo puede ser en la economía, no son cosas incompatibles. Es más, los cristianos creemos sinceramente que el mejor servicio que podemos hacer a nuestra sociedad y la manera en la que ayudamos a nuestro Padre a recrear este mundo que él nos ha dado para que lo disfrutemos y gestionemos, es precisamente impregnando de amor todas las actividades en las que participamos. Por ello no solo creemos que es posible una economía solidaria, sino que además nuestra fe nos lleva a estar convencidos de que es la mejor manera de organizarla para que funcione correctamente.

Es por ello que Benedicto XVI afirma en el número 36 de su Encíclica Caritas in Veritate que el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo”. Esto supone oponerse a aquellos que afirman que el mercado es intrínsecamente egoísta, para afirmar que en nuestro sistema económico y en los intercambios de mercado, pueden primar otras consideraciones diferentes a las del simple egoísmo.

Podemos vivir una economía solidaria en nuestro día a día

Todo esto nos lleva a afirmar que no solo es posible introducir la fraternidad y la solidaridad en la vida económica, sino que es nuestra responsabilidad como cristianos el hacerlo. De hecho, el mismo Benedicto XVI nos dice en esta misma Encíclica (CiV 15) que “El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización… La Doctrina Social de la Iglesia es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella” Por lo tanto y en la medida que la Doctrina Social de la Iglesia tiene un componente económico importante, no seremos creíbles, nuestra labor de evangelización no será bien recibida, si no viene acompañada por un compromiso social y una vida económica basada en los valores cristianos. Realizar opciones solidarias en nuestro día a día económico se convierte en esencial para nuestra labor evangelizadora.

Es evidente que todo esto tiene límites y que la economía en si misma también nos los pone. Un ejemplo servirá para entender esto. Nosotros sabemos que para educar en libertad y en responsabilidad y darle lo mejor a nuestros niños y jóvenes, es esencial que reciban una educación que parta del amor, en la que estos crezcan sintiéndose queridos y apoyados. Ahora bien, también sabemos que si este amor se convierte en sobre-protección por parte de sus padres y educadores, puede no resultar positivo y provocar problemas a los chavales que les afecten en su maduración. Amar implica aprender cómo a hacerlo, no todos los caminos son válidos.

Lo mismo sucede con la economía. Nosotros podemos impregnar nuestra actividad económica de amor, pero si esto lo hacemos gastando sistemáticamente más de lo que tenemos, al final nuestras deudas se incrementarán de tal manera que no tendremos fondos para seguir practicando la misma gestión económica, quebraremos y todo se vendrá abajo. En los dos casos, la sobre-protección y el endeudamiento son límites que nos dicen que no todo es válido para realizar nuestra acción educativa o económica, pero que no nos impiden impregnarla de amor.

¿Son ilimitadas nuestras necesidades?

El primer problema que tiene la gestión económica de nuestras comunidades es que se han incrementado de una manera exponencial las necesidades. En estos momentos tenemos una gran confusión entre lo que es necesario y lo que no lo es. De hecho, con mucha frecuencia se identifica el necesitar más cosas para vivir con el estar más avanzado o haber progresado más. Cuando vemos personas mayores o comunidades en países más pobres que viven con muy poco, pensamos que no han evolucionado, que nosotros no podríamos vivir con tan pocas cosas, que se nota que se han quedado en el pasado… Se trata de una trampa en la que caemos fácilmente, creemos que estamos más avanzados por que necesitamos más cosas para poder vivir bien. Afirmamos sin rubor que ahora no podríamos vivir bien sin esto… o sin lo otro… o sin lo de más allá…

Ante este tema, creo que en las comunidades deberíamos reflexionar seriamente sobre lo que son realmente necesidades y aquello que no lo son. Para ello es bueno recordar que existen dos tipos principales de necesidades: Las básicas y las sociales o de la condición. Las primeras son aquellas que necesitamos para sobrevivir (alimento, refugio, descanso, etc) y las segundas son aquellas que precisamos para vivir de una manera digna en el entorno en el que nos encontramos o para realizar ese trabajo que nos da de comer. Mientras las básicas son las mismas para todos, las segundas son contingentes y varían según el lugar en el que vivimos, el trabajo y la edad que tenemos, nuestro entorno, etc. Todo lo demás son cosas que nos apetecen, que deseamos o que queremos tener, pero no son necesidades.

En nuestras comunidades deberíamos reflexionar sobre cuáles son las necesidades reales que tenemos, tanto básicas como sociales, y qué cosas o servicios que recibimos no son necesarias, sino tan solo queridas o deseadas. En segundo lugar hay que darse cuenta que las necesidades son, por su propia naturaleza, limitadas, mientras que las apetencias y los deseos pueden no serlo, lo cual puede convertirnos en personas permanentemente insatisfechas. Por lo tanto, conocer qué necesitamos, qué son apetencias o deseos, y vivir satisfechos y felices con lo poco, es un testimonio necesario en esta sociedad de abundancia. Precisamos de personas satisfechas en lo económico que puedan centrarse en lo realmente importante de la vida y de su vocación.

¿Cómo comprar?

Esto nos lleva a que cambiar nuestra condición de consumidores a la de compradores. Para ello debemos acudir al mercado a adquirir aquello que queremos o necesitamos de una manera consciente, habiendo reflexionado previamente sobre la satisfacción que vamos a percibir por ello.

En este sentido hay que tener en cuenta lo que afirma Benedicto XVI en la CiV 66: “Comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Para considerarlo así, no podemos analizar nuestra compra en términos exclusivamente egoístas. Es decir, no podemos utilizar como único criterio de compra la relación calidad-precio. Buscar una determinada calidad al mínimo precio (el criterio más habitual de compra en la actualidad) tiene como objetivo poder consumir más bienes, teniendo como única consideración mi propio beneficio.

Este razonamiento olvida a los otros implicados en la compra: Por un lado quienes ganan dinero gracias a mi compra (trabajadores, accionistas o directivos, especialmente los primeros); Por otro la región en la que se produce el bien y su desarrollo; Por otro el medio ambiente afectado por los procesos productivos contaminantes o no… Superar el consumo egoísta supone analizar en qué condiciones se producen los bienes que adquirimos para optar por aquellos en los que tenemos la seguridad de que nuestro dinero es repartido de una manera justa entre trabajadores, accionistas y directivos, sirve para desarrollar las zonas en las que se produce el bien adquirido y este no se produce contaminando el medio ambiente.

Por ello, creo que debemos reflexionar para que las compras en nuestras comunidades sean parcas, entendiendo parquedad tal y como hace el diccionario de la Real Academia de la Lengua: “moderación económica y prudente en el uso de las cosas”. Debemos pues limitarnos a comprar lo que necesitamos y alguna cosa que nos guste, utilizar las cosas hasta que se gasten y no reponerlas antes de que se acabe su vida útil, evitar las compras inmaduras y poco reflexionadas y no confundir parquedad con tacañería o austeridad, no se trata de intentar gastarse el mínimo de dinero a toda consta, sino de comprar para vivir.

En segundo lugar debemos realizar compras responsables, es decir que tengan en cuenta las consecuencias de nuestra compra sobre tres aspectos principales: El entorno natural, el desarrollo de la zona en la que se produce el bien y las condiciones laborales de quienes lo producen. Creo, por tanto, que es clave que planteemos nuestras compras desde la parquedad y la responsabilidad.

La gestión de las finanzas

El último punto que quiero tratar sobre la gestión económica de nuestras comunidades, es el tema de la gestión de nuestros ahorros. Con frecuencia parece que la única manera de gestionar correctamente nuestros ahorros es poniéndolos en aquellos depósitos que nos dan un rendimiento mayor. Es decir, el ahorro se convierte únicamente en un sistema a través del cual logramos más ingresos. Parece que aquellos que no consiguen unos determinados intereses o beneficios por sus ahorros están haciendo, literalmente, el tonto. Se trata de conseguir lo máximo de nuestro dinero para después hacer con ello lo que sea preciso.

Sin embargo, esto puede llevar a que nuestro dinero esté siendo utilizado por agentes que estén haciendo exactamente lo contrario de lo que nosotros pretendemos. Por ejemplo, podemos estar realizando labores de formación de jóvenes y de promoción de empleo para personas más desfavorecidas y de lucha contra las malas prácticas en las empresas con respecto a estos colectivos, y al mismo tiempo nuestro banco estar financiando con nuestro dinero a las empresas que realizan estas malas prácticas y contratan a nuestros chavales sin seguridad social o pagándoles salarios indignos.

Por ello uno de los asuntos que tenemos que plantearnos es cómo utilizan los bancos nuestros ahorros, es decir, a quien prestan nuestro dinero. Debemos intentar que aquello que ahorramos sirva realmente para financiar proyectos que creemos sinceramente que son acordes con nuestra idea de sociedad y que están promocionando la riqueza y la economía que nosotros buscamos. Por ello debemos buscar lo que se denomina habitualmente ahorro ético pero que a mi me gusta llamar ahorro responsable. Debemos exigir a nuestros intermediarios financieros que nos informen sobre a quien están prestando nuestros ahorros y que exista transparencia al respecto. Existen entidades financieras que ya lo están haciendo y debemos lograr que la mayoría den ese paso.

Otro tema fundamental es el objetivo de nuestros ahorros. Debemos tener en cuenta cuáles son los tres fines tradicionales del ahorro: prevenir gastos elevados venideros (como puede ser un coche, una casa, etc.) prevenir gastos extraordinarios imprevistos (enfermedad, averías o deterioros no previstos) o invertir el dinero en un proyecto futuro (un nuevo colegio, una formación de algún miembro de la comunidad, una acción social, etc.) Es decir, debemos ahorrar para poder atender a estas cuestiones, pero sin pensar en el ahorro como en un sistema para obtener mayores ingresos. No se trata de ahorrar todo lo que se pueda para tener más ingresos, sino de ahorrar lo necesaro para atender a estos tres elementos.

Por ello, debemos replantear nuestras finanzas para obtener un ahorro prudente y responsable. Por un lato que intente calcular lo que necesitamos para atender a los tres objetivos tradicionales que tiene el ahorro y por otro lado, para que nuestros fondos sirvan realmente para financiar aquellos proyectos que son acordes con nuestra manera de entender el mundo.

Caridad, justicia y bien común

Caridad, justicia y bien común son las tres categorías principales de la Doctrina Social de la Iglesia. Nuestra acción social y nuestro estar en el mundo como cristianos tienen estos tres ejes que modulan nuestras actuaciones en el día a día. Normalmente, en nuestras comunidades, estas tres categorías están presentes en la acción de la congregación y forman parte de su manera de estar en el mundo. Ahora bien, solamente si orientamos hacia esta dirección nuestro día a día económico en las pequeñas cosas que regulan nuestra gestión de los dineros, podremos potenciar de una manera coherente estas tres categorías en el resto de nuestras actuaciones.

Las actuaciones aquí sugeridas no son suficientes para alcanzar la caridad, la justicia y el bien común, pero sí que son una base necesaria para que nuestra gestión económica no tenga unas líneas incompatibles con ellas y no frene o limite nuestra lucha para lograr que estas categorías primen en toda nuestra actuación. Al contrario, esta manera de gestionar la economía en nuestras comunidades aplicando unos principios solidarios, no solo representa un testimonio en una economía en la que, desgraciadamente, la corriente principal lleva al egoísmo y a la exclusiva búsqueda del propio interés, sino que está colaborando de una manera activa en potenciar nuestras acciones caritativas y crear ese mundo más justo que logre de una manera más sencilla el bien común que buscamos entre todos.

Por ello, creo que debemos plantearnos si cambiando la gestión comunitaria de nuestros dineros en las claves anteriormente citadas, podemos reservar unos fondos para promocionar acciones sociales o solidarias. Esto se puede hacer o bien a través de nuestros ahorros, financiando proyectos de esta índole, o bien a través de las compras en empresas o proyectos de índole social, o bien a través del dinero que dejamos de gastar y que utilizamos de una manera directa para estos menesteres. La reflexión comunitaria debe llevarnos a ver cómo podemos promocionar, con nuestros ingresos, acciones que lleven a una solidaridad ajustada a nuestro carisma (apoyo escolar para chavales más desfavorecidos, becas escolares, fondos para las comunidades en países más pobres, acogimiento de chavales con problemas…).

Cambiar la manera de gestionar nuestros dineros nos lleva a promocionar la acción social en nuestras comunidades, a compartir nuestro dinero con aquellos que más lo necesitan, y a reforzar nuestro carisma educativo con acciones que ayuden a aquellos niños y jóvenes que están más necesitados de apoyo. Para realizar esto se necesitan fondos que podemos proporcionar gracias a nuestro cambio de actitud ante los dineros de nuestra comunidad.

Por último, solamente me queda comentar que estoy seguro que mucho de lo aquí comentado ya se realiza en algunas de las comunidades que leen esta pequeña reflexión. Solamente animar a que si así lo hacéis perseveréis en este camino y si no es así, a que lo toméis como una senda que vale la pena ser transitada y que es parte de nuestro carisma.

Preguntas para la reflexión comunitaria

Propongo aquí una serie de cuestiones que pueden utilizarse para la reflexión comunitaria

  • ¿Cuáles son las cosas que realmente necesitamos en nuestra comunidad y qué otras podemos considerar como deseos u apetencias? ¿Cuáles de las que tenemos responden a necesidades básicas y cuáles a necesidades sociales?¿Tenemos la sensación de que estamos viviendo con menos de lo que necesitaríamos para estar bien? Si es así, ¿Por qué?

  • Vamos a repasar las últimas compras que hemos realizado en nuestra comunidad ¿Realmente nos hacían falta? ¿Únicamente tenemos en cuenta la relación calidad precio a la hora de realizar la adquisición?

  • ¿Hemos dejado alguna vez de comprar en un lugar para hacerlo en otro porque sabemos que en el segundo tratan mejor a sus trabajadores, son más respetuosos con el medio ambiente o están fuertemente imbricados en la economía local? ¿Estamos dispuestos a pagar más por determinados bienes si sabemos que así colaboramos en la construcción de un mundo mejor? ¿Adquirimos habitualmente productos de comercio justo?

  • Cuando ahorramos y ponemos nuestros fondos en algún banco, ¿Lo hacemos siempre para sacar la mayor rentabilidad posible del dinero sin tener en cuenta hacia dónde se dirige el dinero que guardo? ¿Hemos rechazado en alguna ocasión alguna oferta de alguna entidad financiera por que no nos garantizase o informase sobre el destino de nuestros ahorros? ¿Conocemos la banca ética y las distintas posibilidades que existen en España?

  • Si tuviésemos que marcar criterios a mi banco sobre para qué nos gustaría que se utilizasen nuestros ahorros ¿Qué le pediríamos? ¿Cuáles serían estos?

  • Reflexionemos sobre las acciones sociales que estamos realizando en nuestra comunidad y qué parte de nuestros ingresos estamos destinando a ello. ¿Existen estas acciones? ¿Tenemos fondos y tiempo para la pastoral social?

  • Si instauramos la gestión solidaria de nuestros fondos lo que supone utilizar una parte para acciones sociales ¿Qué acciones solidarias podemos plantear con parte de los ingresos que tenemos? ¿Podemos apoyar económicamente a otras comunidades que están llevando a cabo acciones sociales tanto en España como fuera de ellas? ¿Podemos plantearnos la realización de acciones sociales para con los chavales más desfavorecidos de nuestra propia comunidad?

  • ¿Podemos plantear un plan para este próximo año que nos de los pasos a seguir para instaurar una gestión solidaria de los dineros de nuestra comunidad?

 

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Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano

Ha salido mi última publicación titulada “Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano” dentro de los Cuadernos de Teología Fundamental del Instituto Teológico de Murcia (http://www.itmfranciscano.org/).

Cuadernos de teología Fundamental

Se trata de un texto divulgativo en el que doy pistas sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de la esperanza. En él se analizan las prioridades del actual sistema económico y se muestra porqué, con frecuencia, la economía y su dinámica se convierten en un camino hacia la desesperanza.

El texto no se queda en el análisis sino que realiza propuestas prácticas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia que pueden convertir la economía en una creadora de esperanza. Ideas que quieren ayudar a salir de esta crisis ayudando a las personas y, en especial, a los más desfavorecidos.

El cuaderno es una invitación a pensar, a analizar de una manera crítica la realidad ante la que nos encontramos y a debatir sobre propuestas concretas que puedan ser útiles para nuestra sociedad.

Si queréis el cuaderno podéis pedirlo directamente al Instituto Teológico de Murcia (es grautito) en  “Instituto Teológico de Murcia OFM”. Plaza B.A. Hibernón, 1. E-30001 Murcia  o al correo-e:  itmsecrt@um.es también puedo enviároslo yo, me dais vuestra dirección postal a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) y os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 

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Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?

La revista de Estudios e Investigación del Instituto Teológico de Murcia O.F.M. de la Universidad de Murcia, ha publicado en su numero 54 de Julio-Diciembre de 2012 (Volumen XXVIII) Pág: 315-344 mi artículo “Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?”

Imagen activa

  En este artículo pretendo dar una explicación razonada sobre la persistencia de los ciclos económicos a lo largo del tiempo. Esto implica hablar sobre las crisis recurrentes que estos ciclos implican y ante las que algunos piensan que no se puede hacer nada (aunque esta impresión no es correcta). La pretensión de este análisis es ver cómo las enseñanzas sociales de la Iglesia nos pueden aportar pistas que nos permitan orientar la economía en otra dirección que, si bien no evite del todo los ciclos, al menos los aminore y suavice sus consecuencias más negativas.

Para ello comienzo haciendo un repaso a las diferentes teorías sobre los ciclos económicos centrándose en aquella que a nuestro entender explica mejor las diferentes crisis que hemos vivido en los últimos dos siglos. Después analizo los fenómenos comunes que se repiten en todas las crisis identificando sus características más habituales. Ello me permite aventurar e interpretar en una clave más amplia los fenómenos que se están viviendo en esta primera gran crisis del siglo XXI. Ver cuáles son las consecuencias de la crisis y cuáles deberían ser las políticas a aplicar en estos casos para intentar superar con éxito el delicado momento económico que estamos viviendo. Por último, analizo toda esta situación desde las enseñanzas sociales de la Iglesia que pretende servir de guía para todos aquellos que quieran conocer las referencias que nos da esta a la hora de afrontar esta clase de problemas.

Si alguno queréis que os envíe el artículo en una separata (es decir, editado) pedídmelo a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) dándome vuestra dirección postal os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 
 

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Crónica del encuentro en Vitoria del sábado 24 de Noviembre

El pasado sábado 24 de Noviembre estuve en el encuentro de Formación Topaki de las Cáritas diocesanas de Vitoria, San Sebastián y Bilbao, que tuvo lugar en el Monasterio de Estíbaliz.

A pesar del molesto viento que sopló durante toda la mañana, tuve una acogida muy cálida por parte de las más de 300 personas allí congregadas y el formato de entrevista-conferencia al que me enfrenté por vez primera, resultó un éxito.

Si queréis saber más sobre la entrevista, tenéis una bonita crónica en http://www.caritasvitoria.org/detallecont.php?idmodelo=2&idtipocontenido=71&id=2831&_pagi_pg_ant

 

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Presentación del libro “Más allá del decrecimiento” en Madrid

El pasado 26 de Octubre presenté el libro “Más Allá del Decrecimiento” en Madrid.

Fue una tarde muy agradable en la que nos juntamos viejos y nuevos amigos y mucha otra gente que se acercó a la sede de Funderética para acompañarnos en este momento tan agradable.

Si queréis ver una crónica de lo que allí sucedió, podéis hacerlo en http://www.redentoristas.org/archivos_noticias/20121026_Presentacionlibros.html#arriba

Os agradezco a todos los que vinisteis que nos acompañarais en este día.

 
 

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Ha salido la tercera edición de “Por una economía altruista”

Este pasado septiembre salió la tercera edición de mi libro “Por una economía altruista”. Quiero agradeceros a todos los que lo habéis leído, regalado y recomendado y especialmente a aquellos que estáis intentando poner en marcla las sugerencias que allí hago. Espero que ello esté repercutiendo en la mejora de vuestra gestión económica y que esta se convierta en un apoyo y no en un obstáculo para las cosas más importantes de vuestra vida.

Para celebrarlo he preparado un pequeño video en el que describo el contenido del libro. Aquí lo tenéis.

 
 

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Entrevista radiofónica sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

Aquí tenéis una entrevista radiofónica que me hicieron sobre mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento” Son ocho minutos de audio

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-audios-mp3_rf_1439203_1.html

 

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Entrevista en Cresol sobre la crisis económica

Entrevista publicada en la revista Cresol, any 13, Nº 109, Juliol i agost del 2012, pág: 30-32, en la que se habla sobre temas relacionados con la Crisis económica y la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta vez voy a publicarlo, tanto con las imágenes del original, como con el texto.

  • Enrique, el pasado 1 de Junio presentabas en Almàssera tu nuevo libro “Más allá del decrecimiento”. Brevemente, ¿cuál es la aportación eje?

La clave de este libro es ayudar a cambiarse las gafas con las que analizamos y observamos la realidad económica ante la que nos encontramos. Pretende mostrar como las ideas preconcebidas que parecen indiscutibles en la economía actual y en el funcionamiento del Estado, las empresas y las entidades financieras, no lo son, sino que podrían plantearse desde otros puntos de vista. La Doctrina Social de la Iglesia nos aporta una mirada crítica y a la vez constructiva a la realidad económica actual. El libro pretende profundizar en esta perspectiva y aportar, a la vez, sugerencias que concreten en nuestra realidad actual las propuestas que realiza la DSI en el campo económico.

  • No lo he leído todavía, pero vemos ya en el título que abordas la problemática de la crisis económica. En esta sección, publicamos un artículo de un sacerdote con el título: “Crisis económica: beneficio para unos pocos y miseria para la mayoría” (H. Pasqual). ¿Es así la cosa?

La crisis económica es un problema para todos. Cuando la economía no funciona, pocos quedan indemnes. Dicho esto, es verdad que gran parte de la responsabilidad de esta crisis la tiene un sistema que prioriza los intereses de los más adinerados en contra de los que tienen menos posibilidades. Puesto que las acciones que se están realizando en contra de la crisis no cuestionan las bases del sistema económico que la han provocado, nos encontramos con que las prioridades de nuestros gobiernos están siendo la de garantizar la devolución de las deudas, mantener la inflación y garantizar que el sistema financiero siga funcionando como hasta ahora. Si esta es la prioridad, es evidente que aquellos que trabajen en estos sectores están teniendo medidas que están evitando que sus problemas sean excesivamente altos. Los temas que no se están priorizando como el desempleo, la pobreza, el estado de bienestar… Están siendo más perjudicados por la crisis que aquellos a los que se les presta una especial atención

  • Para que los agentes pastorales estudien, difundan y apliquen la Doctrina Social de la Iglesia a las cuestiones sociales que son de notoria actualidad, como lo es en el momento presente la crisis económica y sus consecuencias sociales, ¿qué sugieres ofrecer, en estos momentos en las diócesis, en plan formativo?

Jesús, yo sugeriría que utilizasen mis dos libros que han nacido, en parte, con esta intención, pero claro, no se si esto queda bien en este contexto o si se puede contestar así como así. Son textos claros, que puede contestar cualquier no economista y que ayudan a comprender la realidad económica, la opción de la DSI y qué alternativa propone esta. El trabajo en grupo y la reflexión de estos textos puede permitir un conocimiento más bueno de la DSI con una aplicación práctica e inmediata al cambio de hábitos y de miradas a la realidad económica.

  • Recientemente se inauguró en Santander la XLI edición de la Semana Social de España, organizada por la Conferencia Episcopal Española, que este año se ha convocado bajo el título “Europa, ¿Un proyecto esperanzador?”. ¿Cuál es tu valoración de las Semanas Sociales?

Desgraciadamente no he tenido la suerte de asistir a estas semanas sociales ni de conocer mucho de ellas, así que no puedo dar una opinión fundamentada sobre las mismas ni de su repercusión o utilidad.

– ¿Ayudarán a paliar las consecuencias de la crisis económica? Me remito a la anterior contestación

– Crisis i solidaridad (Bausset). ¿Difícil eso de superar “los intereses particulares” para salir de la crisis, tal y como afirma el papa Benedicto XVI?

Estamos en una sociedad en la que desde hace mucho tiempo se ha legitimado la búsqueda del interés individual. Pensar solamente en uno mismo no solo está bien visto sino que además aparece como la única opción razonable. Algunos argumentan, además, que es la única manera de alcanzar el bien común. Que si dejamos de pensar en nosotros mismos y pensamos en como mejorar el conjunto, las consecuencias sobre la sociedad son catastróficas. Parece evidente, por lo menos a los ojos de algunos, que esta argumentación es falaz y que la búsqueda generalizada del interés propio solamente lleva a sociedades poco solidarias en las que se avanza hacia la dirección que marca quienes más fuerza tienen para defender sus propios intereses sacrificando, con frecuencia, los de los demás. Por todo ello y por la fuerza que tiene la corriente principal se hace difícil superar estos intereses particulares. Sin embargo, ello no debe asustarnos ni dejar de impulsarnos a hacerlo y a proclamar otros caminos diferentes para salri del lugar en el que estamos.

  • ¿Sería útil lo que están pidiendo algunos obispos: destinar el salario de un día del mes a los parados Clasificar esta medida como útil depende del alcance que esperemos de ella. Si lo que pretendemos es ayudar a las personas que lo están pasando mal y que experimenten en amor de Dios gracias a una acción caritativa que les llega en unos momentos críticos de su existencia, es evidente que esta medida unida a una buena redistribución y a una cercanía y convivencia de los cristianos con aquellos que están sufriendo las consecuencias de la crisis, no solo es útil sino un instrumento potente de evangelización, de anuncio de la buena nueva que es el amor de Dios.

Ahora bien, si lo que pretendemos con esta medida es acabar con la crisis y sentar las bases para salir de ella, creo sinceramente que se trata de una medida inútil que no aporta nada para la salida de la situación en la que nos encontramos. La salida de la crisis necesita de medidas estructurales que modifiquen la manera en la que estamos organizando nuestra economía y evidentemente, esta medida no va en este sentido.

Es evidente que el crédito fácil a la vivienda y el consiguiente incremento exagerado de los precios que se dio durante los años de bonanza, han influido de una manera clara en la gestación y el alcance de esta crisis. Los problemas los tienen ahora aquellos que se ven impedidos al derecho a la vivienda que proclama nuestra constitución. Los desahucios no solo perjudican a los desahuciados, sino que tampoco solucionan con frecuencia el problema de los bancos, ya que estos no pueden vender sus inmuebles debido al poco movimiento existente en el mercado de la vivienda. Por ello, si una parte de los préstamos destinados a los bancos se le diesen a los hipotecados con problemas, este dinero acabaría ayudando a los bancos y las personas no se quedarían sin vivienda. Si además, se cambiase la ley permitiendo la dación en pago, se sentarían las bases para evitar una burbuja inmobiliaria de estas dimensiones en un futuro.

– ¿Qué otras propuestas concretas nos sugieres?  

Creo que los cristianos tenemos unas muy ricas y ancestrales enseñanzas sociales que, bien aplicadas, podrían generar una gran cantidad de ideas a la hora de cómo solventar los problemas que se han generado a partir de esta crisis y como estructurar nuestra economía a partir de otros fundamentos. Necesitamos una economía al servicio de las personas y no de los beneficios o del crecimiento económico (porque alcanzar estos no repercute necesariamente en favor de todos). Precisamos que se priorice a los más pobres y no a aquellos que consiguen ganar más dinero en menos tiempo. Esto supone cambiar la estructura económico y dirigirla en otra dirección, cosa que es difícil describir en un espacio tan limitado.

 
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Publicado por en julio 18, 2012 en Crisis económica

 

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Dossier de prensa sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

El libro “más allá del decrecimiento” está teniendo eco en diversos medios de comunicación social. En los siguientes enlaces podéis ver algunos de los artículos en los se ha visto reflejado la publicación de este texto.

Libertad digital 5 de junio de 2012

Zenit 18 de Junio de 2012

 

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Presentado el libro “Más allá del decrecimiento” del economista valenciano Enrique Lluch Frechina

Este nuevo libro presenta la situación socio-económica actual como el momento oportuno para repensar el modelo económico a la luz de los textos de la Doctrina Social de la Iglesia

Almàssera (Valencia-España).- El libro “Más allá del decrecimiento” escrito por Enrique Lluch Frechina, doctor en Economía y profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera, editado en PPC, se presentó el viernes 1 de junio en el Centre Cultural de Almàssera, en un acto en el que estuvo acompañado por la presidenta de Proyecto Hombre en Valencia, María Iborra Juan, doctora en Dirección de Empresas y profesora de económicas en la Universidad de Valencia, así como por la directora de Cáritas Diocesana de Valencia, María Concepción Guillén Paredes, licenciada en Filosofía y ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia.

El nuevo trabajo del economista valenciano Enrique Lluch cuenta con una presentación del prelado valentino monseñor Carlos Osoro, y es continuación de otro trabajo publicado en ediciones PPC en el año 2010 con el título “Por una economía altruista”, en el que el autor instaba a las familias y a los individuos a vivir con una mayor racionalidad económica el momento actual, sobre la base de los fundamentos cristianos recogidos especialmente en los documentos escritos por los pontífices y por la curia romana que conforman la Doctrina Social de la Iglesia.

A lo largo de 220 páginas Lluch Frechina realiza un análisis reflexivo de la economía, partiendo de la idea de progreso y su significado, así como también se adentra en el análisis del concepto de crecimiento económico, actualmente polarizado en “un crecimiento por el crecimiento, sin sentar un objetivo claro que alcanzar por la sociedad, lo cual nos ha llevado a encontrarnos con la actual situación de crisis, similar a la de un terremoto dónde hasta lo más sólido puede ser arrasado por la situación”, destacó el autor en esta acto de presentación. Tal y como también desgranó Enrique Lluch, apuntó, “el crecimiento por el crecimiento ha hecho que se desvirtúe la esencia, la razón de existir y las funciones primigenias tanto del sector público, de los indicadores de crecimiento y progreso, como de las empresas, de las relaciones empleador/empleado, del mercado y del actual sistema financiero, abocándonos a una situación de crisis, que debe servirnos para repensar y revisar nuestros patrones de actuación, con el objetivo de determinar claramente hacia donde queremos ir y qué objetivos pretendemos alcanzar”.

Ante esta situación, este doctor en Economía valenciano, plantea en esta nueva publicación de PPC, “Más allá del decrecimiento”, un llamamiento a la racionalidad en el comportamiento humano, defendiendo -a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y su magisterio- la posibilidad de “ir sustituyendo el actual modelo socioeconómico que nos ha llevado a esta grave crisis, por un modelo de Estado Social en el que el progreso sea el medio para lograr una sociedad en la que todos ganemos bienestar, y no sólo unos pocos se enriquezcan en detrimento de la mayoría y de la población más pobre”, destacó el autor.

Siguiendo los ejes principales expuestos en el anterior trabajo “Por una economía altruista”, pero “pudiéndose abordar la lectura de este segundo trabajo sin conocer aquel”, tal y como manifestó su autor en el acto de presentación, este nuevo trabajo “Más allá del decrecimiento” muestra al lector con un lenguaje sencillo, ameno, comprensible y esclarecedor, las claves necesarias para comprender la actual situación socio-económica que atraviesa el mundo occidental, sin necesidad de someternos a reflexiones y argumentaciones eruditas.

De este modo, Enrique Lluch aborda -sin complejos y con valentía- el análisis sencillo y fundamentado en sus conocimientos como experto en la materia y especialista en Doctrina Social de la Iglesia, de todos y cada uno de los agentes que componen el sistema económico actual, descubriéndole al lector los puntos fuertes y débiles que posee la sociedad económica en la que vivimos, y las razones básicas por las cuales se ha llegado a la situación en la que estamos inmersos.

El autor acepta en su nuevo trabajo que el hilo argumental desarrollado en “Más allá del decrecimiento”, puede ser considerado como un planteamiento utópico o irrealizable si seguimos observando nuestra sociedad y nuestras acciones bajo los fundamentos socioeconómicos con los que hasta ahora hemos funcionado y con los que hemos convivido, pero también afirmó y dejó constancia durante la presentación de su trabajo que, “actualmente el cambio mental que se precisa para reorientar el actual modelo socioeconómico con el objetivo de salir de la crisis y tener unas razones claras para lograr un progreso que beneficie a todos y cada uno de los individuos, se está operando ya en empresas, instituciones y administraciones del país, por lo que no se trata de una reflexión utópica sino de una realidad de la que ya se pueden encontrar ejemplos en nuestra sociedad”.

La presentación de este segundo libro de Enrique Lluch, “Más allá del decrecimiento” se produjo en la semana negra donde de nuevo la virulencia de la crisis financiera, económica y social se mostró más atroz en la economía española y europea y cuando el responsable de la iglesia en Valencia, el arzobispo levantino, monseñor Carlos Osoro, así como el presidente de Cáritas Internacional, el cardenal Rodríguez Madariaga, realizaron sendos llamamientos desde Valencia para que todos los estamentos sociales y económicos inmersos en esta situación, no dejen de luchar por una “humanización de la economía en la que hay que situar de nuevo en su centro, al hombre”, tal y como manifestaron tanto el purpurado como el prelado valenciano en sendas intervenciones públicas. En el acto de presentación del libro “Más allá del decrecimiento” también estuvieron presentes la alcaldesa de la localidad valenciana de Almàssera, Laura Roig Panach, así como, el concejal de educación, fiestas y deporte, David Castro Roig, y el Juez de Paz de Alboraya, Javier Monzó.

 Firmado: Alfonso Sanfelíu

Periodista

 

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Más allá del decrecimiento

Ha sido publicado mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento”

Este libro puede considerarse una continuación del anterior “Por una economía altruista”. En él planteo los postulados de la economía altruista aplicados a la sociedad y su economía en su conjunto. Para ello analizo, desde una perspectiva cristiana e inspirado en las enseñanzas sociales de la Iglesia, el objetivo principal de nuestras economías: El crecimiento, y el comportamiento del sector público, de las empresas y de las instituciones financieras. En todos estos casos, propugno alternativas viables y realistas que pueden ayudar a poner la economía al servicio de las personas.

Una hojeada al índice os puede ayudar a haceros una idea más aproximada del contenido del libro:

Prólogo

1.- La idea de progreso

1.1.- ¿Debemos progresar siempre?

1.2.- ¿Qué consideramos progreso?

1.3.- La idea de progreso predominante: el crecimiento económico

1.4.- El decrecimiento como opuesto al crecimiento económico

1.5.- Más allá del decrecimiento, la aportación cristiana

2.- ¿Cómo medimos el desarrollo?

2.1.- El Producto Interior Bruto (PIB) y sus limitaciones

2.2.- Otras opciones para medir el bienestar y el progreso

2.3.- Cómo medimos nuestro objetivo de progreso

3.- El papel del sector público

3.1.- ¿Qué papel económico juega el sector público?

3.2.- Cambiar la finalidad económica del sector público

3.3.- Sugerencias para la actuación de las administraciones públicas

4.- Las empresas en el sistema económico

4.1.- El objetivo predominante en la gestión empresarial actual

4.2.- Una empresa es algo más

4.3.- Otra manera de plantearse la empresa

5.- El sector financiero

5.1.- La gran transformación del sector financiero

5.2.- Hacia un cambio en el sistema financiero

6.- Más allá del decrecimiento

7.- Epílogo para escépticos

Si quieres comprar el libro (su coste es de 12€) puedes hacerlo en Tot per l’Aire

 

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Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir

“Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir” es el lema de este año de Cáritas España y también el título que le he puesto a un artículo de opinión que se publicó en la página 26 del periódico Las Provincias del pasado 26 de Diciembre.

Si quieres más información sobre esta campaña puedes encontrarla en http://www.caritasvalencia.org/noticias_tags_noticiaInfo.aspx?Id=5383

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Conferencia sobre “Conocimiento y Vivencias de la Doctrina Social de la Iglesia”

Artículo publicado en el periódico Levante, en su suplemento de Castellón el martes 25 de Octubre de 2011 en su página 8

 

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En defensa de la dignidad humana

Artículo publicado en la Revista Vida Nueva en su número 2766 del 3 al 9 de Septiembre de 2011 En su página 46 en la que hago la recensión del libro de Reinhard Marx, El capital. Un alegato a favor de la humanidad.

Cuando recibes un libro para hacer una recensión siempre deseas que sea bueno, que puedas disfrutar leyéndolo, que te permita decir cosas buenas de él y que sea una oportunidad para descubrírselo a otros lectores. Ni que decir tiene que este ha sido el caso del libro que acabo de finalizar hace escasos minutos. He de confesar que no conocía a su autor, Reinhard Marx, cardenal y arzobispo de Múnich y Freising, que durante años fue profesor de ética social cristiana y por ello celebro haber tenido la oportunidad de saber de él a través de esta obra. Su sensibilidad social y su cercanía a la realidad de los más desfavorecidos de su diócesis me han sorprendido y agradado.

El libro tiene una intención divulgativa que pretende mostrar cómo las grandes líneas de la doctrina social de la Iglesia son útiles para orientar la acción política y económica en nuestra sociedad. El prólogo de la obra, no solo sirve para mostrar las intenciones que tiene el autor sino que muestra dos de las grandes cualidades que tiene el texto: un lenguaje adecuado para ser entendido por el público no especializado y un profundo conocimiento de la realidad económica y social que vivimos en la Europa rica. El autor no se entretiene con disquisiciones teóricas complicadas, su sabiduría aparece poco a poco para que el lector pueda asimilarla de una manera natural y sencilla. Los conceptos de la ética cristiana se entrelazan fácilmente con una realidad vivida y sentida que describe el día a día de las personas y de las instituciones. Aunque sus ejemplos se refieren a la realidad alemana, esta no difiere de la española en sus puntos esenciales y pueden ser fácilmente trasladables a lo que sucede en nuestro país.

Además de estas virtudes, resulta simpática y agradable la utilización que hace de la coincidencia de su apellido con el de otro famoso Marx (no Groucho evidentemente) para comparar aquello que la ética social cristiana nos enseña, con la ideología que su tocayo Karl inició. Esta confrontación la realiza con gran respeto tanto a la otra persona como a sus ideas, con un reconocimiento a la buena fe del adversario, con una aceptación de aquello que se cree que es correcto y una refutación fundamentada de aquello que se opina que es erróneo. Desgraciadamente, esta elegancia en el debate (y más con alguien que ya no puede contestar) no se da con tanta frecuencia como sería de desear.

El autor trata varios temas relacionados entre sí: la libertad y el desarrollo, la pobreza y la justicia, la necesidad de repensar lo social para incluir en ello la educación, la familia y el trabajo, la función social de las empresas y del sistema financiero y por último, la evolución de la globalización y la construcción de una economía social de mercado a escala global. Es evidente que tocando tantos palos es difícil profundizar mucho en cada uno de ellos, pero la visión de conjunto que se da creo que puede ser interesante para cualquiera que quiera saber algo más de estos temas.

También vuelve su mirada hacia hechos históricos para intentar que sus enseñanzas iluminen nuestro día a día. Recuerda cómo la economía de mercado ha sobrevivido gracias al estado social y no podemos desmantelar este sin comprometer el futuro de nuestro sistema económico. Nos introduce en la importante figura de su querido e inspirador obispo Ketteler que se dio cuenta (ya en el siglo XIX) de que para solucionar la cuestión social, no se podía apelar tan solo a la conciencia moral de los ricos sino que había que plantear soluciones estructurales y políticas. Habla sobre los estudios que se realizaron entre los parados de la gran depresión de los años treinta y aplica sus enseñanzas a la actualidad para saber cuáles son las políticas que debemos aplicar en estos tiempos de paro creciente…

Su elegancia a la hora de tratar los temas no le impide nombrar las cosas por su nombre. Cuando tiene que tratar el afán de lucro que parece justificarlo todo en esta nuestra sociedad capitalista, afirma sin ambages que la codicia es pecado y que “esto no puede continuar así. No permitiremos que se elogie al pecado”. Cuando quiere resaltar la importancia del sermón de la montaña y cómo nuestra fe no puede vivirse al margen de las cuestiones sociales de la sociedad nos dice que “la verdadera fe y el servicio al prójimo, especialmente al necesitado, son cosas inseparables”. Cuando quiere describir la finalidad de esa Doctrina Social de la Iglesia que Benedicto XVI ha descrito como inseparable de la evangelización afirma que la DSI “quiere poner de manifiesto las injusticias sociales y luchar contra ellas, quiere ser la voz de los pobres y los explotados, de los que no tienen ningún lobby en la sociedad y ayudarles a defender sus derechos”

Esta preocupación por la persona, por la vida digna, por la opción preferencial por los más desfavorecidos y por la promoción de la libertad humana, le lleva a defender un estado cuya única preocupación no sea el garantizar el beneficio. La organización de nuestra sociedad no puede sustentarse sobre el vacío, se necesitan unos valores que le den sentido, se precisa de una idea de justicia que la sustente, es imprescindible promocionar la libertad para hacer el bien limitando el libertinaje que perjudica a aquel que lo lleva adelante y a la sociedad en su conjunto… Todo ello le lleva a propugnar una economía social de mercado y le sirve para advertir sobre las reformas que se están promoviendo en estos momentos para superar la crisis y que parece que solo favorecen a las grandes empresas a costa del ciudadano. Lanza un grito a favor de un estado social que promocione a las personas, que limite la codicia y que busque la justicia como el verdadero camino a seguir. Todo una declaración de intenciones en una realidad difícil como la que estamos viviendo.

 

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Qué es una economía altruista

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1526 (Agosto 2011)

 

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