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Ayuda alimentaria y alimentación de calidad

25 Mar

Artículo publicado en suplemento El Mercantil Valenciano EMV del periódico Levante EMV el domingo 24 de Marzo de 2013 en su página 16

Ayuda Alimentaria y de Calidad

La virulencia y la duración de la crisis que estamos viviendo, está llevando a que la ayuda alimentaria esté tomando una importancia vital en nuestro país y en otras naciones europeas que están pasando por situaciones similares a la nuestra. Una cantidad cada vez mayor de personas ven sus ingresos tan mermados que comienzan a necesitar ayuda para lograr una alimentación básica que les permita sobrevivir. Esto hace que ONGs que hasta ahora dedicaban gran parte de sus esfuerzos a la promoción de las personas más desfavorecidas (a enseñar a pescar siguiendo el famoso proverbio confuciano) ahora hayan pasado a utilizar sus recursos para ofrecer ayuda alimentaria (dar el pez en lugar de la caña)

Esta circunstancia plantea varios interrogantes o dilemas que voy a intentar describir en este breve artículo. El primero tiene que ver con la naturaleza de la necesidad. Muchas de las personas que necesitan fondos para comer tienen ingresos mensuales aunque sean bajos. El problema no es la falta absoluta de ingresos, sino que tienen unos gastos que deben asumir antes que el alimentario: la hipoteca, la luz, el seguro del coche, el agua y el gas, el teléfono, etc. Es decir, no es que no tengan ningún ingreso, es que para poder vivir con algo de dignidad en el entorno en el que se encuentran, hay una serie de gastos fijos de los que no pueden prescindir (porque se quedarían sin casa, sin luz, sin comunicación, sin posibilidades de encontrar trabajo…). Por ello, la primera cuestión que se nos plantea es ¿Hay que ofrecer ayuda alimentaria o lo que habría que hacer es dispensar de otros gastos mientras la situación de pobreza se mantuviese? ¿Cabría articular otros sistemas que garantizasen un mínimo suficiente para poder cubrir todos los gastos necesarios para una vida digna?

En segundo lugar hay que analizar la manera en la que se distribuye la ayuda. Si cualquiera de nosotros se encontrase en la situación de necesitar recibir ayuda alimentaria, no querríamos que nuestros amigos y compañeros percibiesen esta situación, por lo que nos disgustarían aquellos sistemas de reparto en los que todo el mundo viese que nosotros nos vemos obligados a recibir esta clase de ayuda. La publicidad que tendría que hacer de mi situación menesterosa, podría impulsarme a rechazar una ayuda que necesito para poder mantener la dignidad en el entorno en el que habitualmente me muevo.

Distribuir la ayuda de una manera digna para el necesitado puede hacerse de muchas maneras, pero hay una experiencia en Italia que me parece particularmente interesante. Una cadena de supermercados que tiene tarjeta de fidelización, ha realizado convenios con ONGs de manera que un porcentaje de la compra con esta tarjeta va a ayuda alimentaria. Sus receptores la reciben en forma de recargas en la tarjeta de la cadena, de manera que van a comprar al supermercado y se llevan los productos necesarios sin que nadie pueda distinguir entre quienes ayudan comprando con esta tarjeta y quienes están recibiendo la ayuda.

En tercer lugar está el tema de la calidad de los alimentos. El sistema de distribución de la ayuda alimentaria exige, con frecuencia, que se trate de alimentos no perecederos. De hecho, es habitual que cadenas de alimentación o empresas productoras donen alimentos cercanos a la fecha de caducidad que acaban en manos de los receptores de esta ayuda. Ello lleva a que, por un lado, las condiciones de los productos puedan no ser los adecuados (la fecha de caducidad está por algo) y, por otro, a que la dieta que siguen aquellos que comen de esta clase de ayuda no sea equilibrada al quedar excluidos de ellos determinados alimentos (especialmente los frescos). Articular sistemas para que la ayuda alimentaria cumpla unos parámetros nutricionales correctos o para que se puedan incluir productos frescos y otros necesarios para llevar una dieta equilibrada parece conveniente.

Esto se podría hacer siguiendo las indicaciones de especialistas en nutrición y articulando sistemas que permitiesen mejorar el acceso a los productos frescos por parte de la población más desfavorecida. En algunos países esto se hace a través de descuentos en estos productos que se dan en los momentos en que menos personas entran en el supermercado. Los niveles de precios son variables y todo el mundo sabe que puede encontrar esta clase de alimentos más baratos a determinadas horas del día.

Por último, creo que hay que añadir el dilema que presenta un sistema económico que produce más de lo que se consume. Esta sobre-producción se tira, con mucha frecuencia. Los productos no vendidos y caducados, acaban en la basura ya que no se pueden reutilizar. Cuando en lugar de esto se donan a ONGs encargadas de reparto de comida, las estructuras de redistribución paralelas organizadas por estas consumen muchos recursos para duplicar algo que ya hacen correctamente los supermercados y las tiendas, es decir, llevar los alimentos desde los productores a todos los rincones del país (aunque en este caso, los destinatarios sean solamente los que peor están). Por último, hay que recordar el problema casi endémico de la gran diferencia entre los precios de venta al público de los alimentos y el que reciben sus productores. La distribución, la puesta en el estante del supermercado y el sobre-coste que supone el producto no vendido, se lleva la práctica totalidad del precio del bien. Ello lleva a que exista una horquilla que permitiría rebajar los precios si los sistemas de distribución fuesen más directos del productor al comprador. Apostar por sistemas que pudiesen distribuir directamente del productor al consumidor podría, no solo mejorar la remuneración de agricultores y ganaderos, sino al mismo tiempo facilitar el acceso a estos productos para la población de menor capacidad adquisitiva. La cercanía del productor al consumidor y la bajada de precios podría también evitar la gran cantidad de alimentos que acaban deteriorándose por no haber sido vendidos a tiempo.

 

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