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Los valores económicos solidarios en la escuela: gestión y docencia

Os invito a esta conferencia que impartiré el próximo lunes en la Universidad, en Alfara del Patriarca.

Aquí podéis descargaroso un cuaderno en el que hablo sobre este tema: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2012/01/15/gestion-fraterna-de-un-centro-educativo/

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Publicado por en diciembre 5, 2016 en educación y economía

 

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Economía e utopía. La economía al servicio de las personas

En el marco del II encuentro de ética y sociedad, se celebró una mesa redonda titulada “Economía e utopía. La economía al servicio de las personas” en la que participamos MIGUEL SEBASTIÁN GASCÓN,  ENRIQUE LLUCH FRECHINA, PABLO GARCÍA SÁNCHEZ y  JERÓNIMO PEÑALOZA BASTO.

En esta mesa redonda el ex-ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastían y yo, mantuvimos un apasionante debate sobre el objetivo económico de nuestras sociedades.

Aquí tenéis el vídeo en el que podéis seguirlo.

 

Si deseáis ver más vídeos de este Encuentro de Ética y Sociedad, podéis entrar en: http://aula16.biomedicinayetica.org/2138-2/

 

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Como poner el patrimonio de la Iglesia al servicio de los más desfavorecidos

Artículo publicado en la revista CRESOL Noviembre 2016, pág 18-19

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Ante una situación de crisis continuada y de un porcentaje elevado de la población española por debajo del umbral de la pobreza, la Iglesia se plantea cómo puede colaborar a hacer realidad uno de los principios principales de su doctrina social: el destino universal de los bienes. Este principio deriva en que todas las personas por el mero hecho de serlo, tenemos derecho a nuestra porción de la creación, a unos bienes materiales que sean suficientes para llevar una vida digna y que nos permitan, por ello, ser libres y autónomos.

Para este menester, algunos se plantean que la Iglesia tiene un gran patrimonio que no siempre está al servicio de los más desfavorecidos y que estos bienes deberían ser vendidos para utilizar el producto de su venta en la mejora de aquellos que son más pobres. Sin embargo, esta solución que puede parecer sencilla y que puede tener un atractivo innegable a primera vista, no es siempre la más adecuada para lograr el fin deseado. Por ello, voy a repasar algunas cuestiones relacionadas con este asunto que creo hay que tener en cuenta.

El primero está en el campo de las intenciones, del camino que queremos seguir. La Iglesia debe plantearse seriamente si realmente quiere poner su patrimonio al servicio de los más desfavorecidos. ¿Esto es así? ¿O tenemos otras prioridades de utilización de nuestro patrimonio? Aquí las cosas son sencillas, o lo ponemos al servicio de una cosa o de otra, no existen medias tintas. Si no tenemos claro que nuestro patrimonio debe estar al servicio de todos y si esta es o no nuestra prioridad, cualquier reflexión que hagamos al respecto, es baladí… Además hay que tener en cuenta que mantener un rico patrimonio es caro. Los gastos que conllevan las propiedades de la Iglesia son elevados y mantener la propiedad de los mismos si no pueden ser utilizados para los objetivos eclesiales, no solo es una solución poco adecuada desde el punto de vista económico, sino que está detrayendo recursos que podrían dirigirse a la mejora de quienes peor están o en otros objetivos que no sean el mero mantenimiento de las propiedades.

Una vez se tiene clara esta cuestión, debemos reflexionar sobre qué hacemos con este patrimonio tan rico que tenemos. La solución más sencilla y más simple es la ya nombrada de venderlo y repartir el dinero a los más pobres. Esto puede tener un efecto positivo a corto plazo, pero no tiene por qué tenerlo a largo. Se trata de un reparto esporádico que no soluciona problemas de pobreza cronificada, sino que tan solo permite un respiro en un determinado momento. Además, la venta puede servir para enriquecer más a algunos y el bien vendido puede ser utilizado para justo lo contrario de lo que deseamos. Si además la venta se realiza con prisas puede venderse por un precio demasiado económico, con lo que la consecuencia real de esta venta puede ser la de perder el patrimonio a cambio de una exigua remuneración.

Parece mucho más adecuado para el fin perseguido la utilización de este patrimonio en servicio de quienes menos tienen. Las maneras en las que puede hacerse esto realidad son infinitas. En algunas diócesis del norte han habilitado las antiguas casas de sacerdotes de pequeñas poblaciones rurales para familias pobres que cuidan y enseñan la parroquia, mientras se dedican a cultivar alimentos que se comercializan a nivel regional y consiguen así una fuente de ingresos estable que les permite salir de la zona de exclusión. En otras parroquias realizan alquileres sociales de las propiedades que tienen lo que permite a algunas familias una vivienda digna a un precio razonable. En otros lugares, el patrimonio eclesial es utilizado por organizaciones sin ánimo de lucro que las utilizan para sus fines asociativos en servicio de los más desfavorecidos, o para cooperativas agrarias que han creado puestos de trabajo y productos ecológicos a unos precios económicos. En otros se han creado empresas con un alto componente ético y social que permiten que personas con problemas tengan un trabajo estable con el que ganarse la vida.

Es difícil dar un catálogo completo de las acciones que se pueden realizar, pero la idea esencial es que más que utilizar el patrimonio para lograr recursos y dárselos a los más desfavorecidos, lo que debemos es poner este al servicio de la promoción de estas personas. Así encuentran en este patrimonio cauces que les ayudan a tener unos ingresos estables que les permiten salir del círculo de la pobreza y la exclusión para llevar una vida digna en la que pueden ser libres y desarrollarse y crecer como personas. Además, debemos utilizar nuestro patrimonio para demostrar que se pueden llevar adelante iniciativas económicas de otra manera, de modo que favorezcan a todos. Solamente en el caso de que nuestro patrimonio no pueda utilizarse de ningún modo para la promoción de las personas, que el resto de usos que tengan no colaboren tampoco en este fin y que suponga, además, un gasto que solo se destina a su propio mantenimiento, puede ser conveniente la venta para utilizar sus fondos en invertir en otras actividades que sí que logren estos fines.

 
 

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El reconocimiento social del trabajo

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 10, Noviembre 2016, pág: 26 y 27

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Sabemos que el trabajo es una parte intrínseca y consustancial a la persona. Desde el principio, en el génesis, Dios crea a las personas a su imagen y semejanza y les invita a trabajar la tierra y cultivarla. El trabajo no es una maldición ni un castigo, sino algo que pertenece a la condición originaria de toda persona. Los libros sapienciales consideran al trabajo honrado como fuente de riquezas y de condiciones para la vida decorosa y por ello le consideran un instrumento eficaz contra la pobreza. Sin embargo, al mismo tiempo afirman que no hay que idolatrar el trabajo ya que no es el único lugar en el que podemos encontrar el sentido último de la vida. El trabajo es algo esencial para la vida, pero no lo es todo, ni tampoco el punto esencial para nuestra realización como personas. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. Estos mismos libros hablan del descanso sabático como el sistema contra el sometimiento humano al trabajo, este descanso es preceptivo y debe respetarse semanalmente. Jesús describe su misión como un trabajo y enseña a apreciar el mundo del trabajo. A pesar de valorar el trabajo, también aporta que no hay que dejarse dominar por el trabajo, que hay otras cuestiones más importantes. Las sagradas escrituras ven el trabajo como una dimensión fundamental de la existencia humana y como una fuente de crecimiento como persona. El trabajo es clave en la Doctrina Social de la Iglesia y por ello ha sido tratado en la práctica totalidad de sus documentos y que tiene una Encíclica dedicada íntegramente a él: la Laborem exercens de Juan Pablo II.

¿Qué es el trabajo?

Pero conviene matizar qué se entiende por trabajo para comprender bien su alcance y aclarar algunas confusiones que se dan con respecto a él. El trabajo es una actividad humana, la realizamos las personas y no las máquinas. Estas son, simplemente, instrumentos que nos ayudan, pero cuando hablamos de trabajo, estamos refiriéndonos a una actividad humana por naturaleza. Las personas trabajamos cuando realizamos una labor destinada a cubrir nuestras necesidades vitales o a proveernos de bienes y servicios que, aunque no son necesarios para nosotros, deseamos tener o disfrutar. Estas necesidades vitales o apetencias y deseos, pueden ser nuestras o de otros. Es decir, se considera trabajo tanto si esta actividad la hacemos para otros como si la realizamos para otras personas.

Tipos de trabajo

En una sociedad como la nuestra existen tres tipos de trabajo. El primero es el trabajo remunerado, es decir, aquel por el que recibimos una remuneración monetaria, ya realicemos este por cuenta ajena o por cuenta propia. El segundo es el trabajo reproductivo. Se denomina así el que se realiza para la propia subsistencia, de modo que no se recibe ninguna remuneración por él. Incluye el trabajo doméstico y todas las actividades destinadas a autoabastecerse de bienes y servicios (tener un huerto propio, arreglarse o construirse la propia casa, reparar sus propios electrodomésticos, etc.) Por último, existe un tercer tipo de trabajo que es el voluntario. Este se realiza en el marco de una organización en la que se trabaja, sin recibir remuneración a cambio, para cubrir necesidades y apetencias de otros.

No todos los tipos de trabajo son apreciados por igual

Todos estos trabajos son importantes para la sociedad. Sin la existencia de alguno de ellos, nuestras comunidades no funcionarían bien. En una sociedad evolucionada y compleja, es importante que exista una riqueza de actividades en la que estén representadas estos tres tipos de trabajo. Sin embargo, no todas estas clases de trabajo son apreciadas por igual. El trabajo remunerado es el único que parece importante en nuestros días. De hecho, si alguien realiza un trabajo doméstico o uno voluntario, se considera que no trabaja. Esto no solo sucede en las definiciones estadísticas (que consideran a quienes no tienen trabajo remunerado ni lo busca como población inactiva), sino que también sucede en la apreciación popular. Parece que solamente trabajan aquellos que lo hacen a cambio de una remuneración y no quienes lo hacen en casa o en una organización como voluntarios.

Revalorizar los trabajos no remunerados

Existe pues una falta de aprecio por el trabajo no remunerado tal, que parece que las personas solamente se pueden realizar o alcanzan su plenitud si logran un salario o unos ingresos monetarios a cambio de su trabajo. Aquellos que optan por el trabajo reproductivo o voluntario (y se quedan en casa para dedicarse a su familia o en una organización benéfica para ayudar a los demás) aparecen como unos fracasados que no han podido acceder a lo único que parece ser adecuado para la realización personal: el trabajo remunerado. Se trata esto de una anomalía que no solo genera sufrimiento en aquellos que se dedican a labores no remuneradas (al no verse reconocidos apropiadamente) sino que además perjudica a la sociedad en su conjunto desincentivando esta clase de opciones. Por ello debemos volver a valorar estos dos tipos de trabajo. Darles la importancia social que se merecen y ayudar a que estas opciones sean tomadas por las personas y sean cauces adecuados, no solo de realización personal, sino de aceptación y reconocimiento social.

 
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Publicado por en noviembre 21, 2016 en trabajo

 

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“Por una economía altruista” como instrumento pedagógico

El curso pasado los alumnos de primero de bachillerato del colegio Sagrada Familia de Valencia, del Patronato de la Juventud Obrera leyeron el libro “Por una economía altruista” como parte de su enseñanza del curso. La experiencia fue tan positiva para los alumnos, que el profesor responsable va a repetir la experiencia este año.

En este vídeo podéis ver a algunos alumnos y al profesor que lo programó para su asignatura comentando la experiencia.

 

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Rentas de ciudadanía. Justicia social desde el bien común

Aquí tenéis el decimotercero cuaderno HOAC que publicado por Ediciones HOAC he escrito sobre el tema Rentas de ciudadanía. Justicia social desde el bien común.

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Tenéis más información sobre él y como adquirirlo (solo cuesta 1€) en: http://hoac.es/ediciones/libro.php?idlibros=2024

 

 

 
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Publicado por en noviembre 15, 2016 en Estado Social

 

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¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana

Os presento una conferencia que impartí a principios de 2016 en Castellón

 

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