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¿Desarrollo sostenible?

Artículo publicado en la revista “En la calle. Revista Sobre Situaciones de Riesgo Social” nº 38, Septiembre-diciembre 2017, publicado por la Coordinación estatal, Plataformas sociales Salesianas.

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 1

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Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 3

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 4

Desarrollo sostenible es una expresión muy utilizada en nuestros días. Todas las sociedades parecemos buscar este objetivo que se presenta como la meta económica más adecuada para nuestros días. Sin embargo, tal y como es entendida esta expresión habitualmente, encierra una contradicción difícilmente resoluble que hace que tengamos que replantearnos esta idea.

Las definiciones que nos da el diccionario de la real academia sobre desarrollo y sostenible nos van a ayudar a entender mejor este tema. Desarrollar es, según la Real Academia de la Lengua: “Dicho de una comunidad humana: Progresar o crecer, especialmente en el ámbito económico, social o cultural” y sostenible: “Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. Tenemos pues las dos ideas básicas de un desarrollo sostenible. La primera es pensar en el progreso de la sociedad, en avanzar en un ámbito y la segunda es que este avance no suponga un agotamiento de recursos a medio o largo plazo.

Pero, ¿A qué clase de desarrollo nos referimos cuando hablamos de desarrollo sostenible? Porque el desarrollo implica una mejora, un avance, una posición mejor que la anterior. Para saber si avanzamos debemos conocer hacia donde queremos ir, solo conociendo el fin al que queremos llegar sabemos si estamos avanzando hacia él o no. Históricamente ha habido tres grandes concepciones de desarrollo que voy a describir someramente. Una es aquella que piensa que el desarrollo o el progreso se refiere sobre todo a las mejoras técnicas. Una nación o sociedad está más desarrollada cuando mayores avances tecnológicos ha logrado. En el siglo XIX esta concepción estaba muy generalizada y la confianza en la ciencia y en sus avances hacía que la concepción de desarrollo se centrase en este aspecto. La segunda tiene que ver con la justicia. Se piensa que una sociedad está más desarrollada en la medida que sus instituciones son más justas y están al servicio de las personas. Una sociedad sin pena de muerte, que respeta los derechos humanos, que organiza sus instituciones de manera justa, está más desarrollada que otra que hace exactamente lo contrario. Por último, existe una concepción de desarrollo que se identifica con una mejora económica medida como un incremento de los bienes que tenemos entre todos. Esta idea piensa que el desarrollo equivale al crecimiento económico, a producir más en un país en un año, a tener más cosas como carreteras, infraestructuras, nivel de vida, etc.

Cuando se habla de desarrollo sostenible se está considerando esta última concepción. Se está pensando en mantener un crecimiento económico que no agote los recursos necesarios para producir bienes y servicios. Se quiere, por tanto, combinar el tener más con el no agotar los recursos necesarios para la producción y lograr al mismo tiempo que no se deteriore excesivamente el medio ambiente. Sin embargo, esta concepción tiene dos grandes fallos que hacen que el concepto de desarrollo sostenible no sea viable tal y como se ha planteado hasta este momento.

Desarrollo no es crecimiento

En primer lugar debemos tener en cuenta que no es correcto identificar desarrollo con crecimiento económico. Como decía Pablo VI “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todas las personas y a toda persona” (Populorum progressio: 14). El desarrollo no es una cuestión únicamente ligada al crecimiento económico, no nos desarrollamos solamente porque tengamos más entre todos, porque nuestras naciones o el mundo sea más rico en su conjunto, el desarrollo tiene que ver (como ya hemos visto) sobre todo con que las condiciones de vida de las personas mejoren para que todas y cada una de las personas que habitamos el planeta seamos capaces de llevar una vida digna en el entorno en el que vivimos. Esto tiene que ver desde el punto de vista económico no con tener más, sino con tener lo suficiente para vivir. Y desde la otra perspectiva, tiene que ver con lograr unos niveles de justicia y libertad superiores, que sean respetados los derechos humanos, que todos podamos acceder a una buena educación y a una sanidad que permita que superemos las enfermedades que adquirimos, etc. Solamente con esa sociedad más justa podemos mejorar a las personas que en ella habitan.

No se puede crecer ilimitadamente

Por todo ello, pensar que el desarrollo se limita al crecimiento económico es olvidar toda la dimensión de una sociedad justa que tiene este concepto. Pero además, pensar que el crecimiento económico puede ser ilimitado y sostenible es considerar que puede darse algo imposible. Porque para poder producir más y más necesitamos recursos naturales que extraemos de la tierra. Es imposible producir un bien o servicio cualquiera sin utilizar recursos naturales. Esto quiere decir que incrementar la producción año tras año precisa de la utilización de más y más recursos.

Aquellos que defienden el desarrollo sostenible afirman que esto no tiene porqué ser así. Creen que hay tres factores que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra ya que no vamos a necesitar utilizar tantos recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Objetivo alternativo

Como hemos visto no parece posible que la humanidad siga teniendo más y más de una manera infinita a lo largo de los siglos venideros con una tierra que es finita y cuyos recursos tienen un límite. Por lo tanto cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, la respuesta para hablar de desarrollo sostenible no está en buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) sino de cambiar este objetivo por otro que, en su propia naturaleza, sea sostenible. Si logramos esto estamos solucionando de base el problema de la sostenibilidad, porque el propio objetivo a alcanzar es sostenible por si mismo.

Para hacerlo debemos de prescindir del crecimiento económico como objetivo económico deseable. Que crezca la producción mundial año tras año tiene una serie de problemas añadidos al ecológico que voy a resumir aquí. Por un lado, este crecimiento económico no alcanza a todos. A pesar de que logramos tener más entre todos, el número de personas que viven con menos de un 1,90$ al día sigue estando por encima de un 10% de la población mundial3 aunque esta cifra ha ido bajando en estos últimos años. Como no contamos con cifras mundiales sobre las personas que viven con menos de 3,10$ diarios (que podríamos considerar un umbral de pobreza también realista) no sabemos cuántas de quienes han dejado de ganar menos de 1,90$ diarios han salido realmente de la pobreza (es decir, ganan más de 3,10$ diarios -100 euros al mes aproximadamente-). Tenemos más entre todos, tocamos a más entre todos, pero no todos tienen lo suficiente para vivir. ¿De qué sirve tener más entre todos si sigue habiendo personas que no tienen lo suficiente para vivir? ¿Para qué queremos el crecimiento económico si no sirve para acabar con la pobreza?

La propuesta más adecuada para superar la contradicción irresoluble que supone pretender un crecimiento económico sostenible es dejar de buscar el bien agregado que supone el crecimiento económico para buscar el bien común, entendido esto como “El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (Pablo VI, Encíclica Gaudium et spes, 26) . El desarrollo de una nación y de la humanidad consiste, realmente, en perseguir este objetivo del bien común, es decir, que todas y cada una de las personas que viven en la tierra logren las condiciones que les permitan desarrollarse como personas y alcanzar sus objetivos vitales de una manera sencilla y adecuada.

El bien común económico

Cabe preguntarse si tener más y más es algo que logre este bien común y como hemos visto esto no es así. Por un lado porque no todos se benefician de este crecimiento económico y no tienen un nivel de vida suficiente para ser libres y poder desarrollarse como personas, pero por otro lado porque no hace falta tener más y más para lograr el objetivo vital de desarrollarse como personas. Muchos de nosotros tenemos la experiencia de que logramos este objetivo sin necesidad de tener más y más año tras año. A partir de una cantidad que nos permita cubrir todas nuestras necesidades y una parte de nuestras apetencias y deseos, tenemos lo suficiente para lograr nuestros objetivos vitales. No necesitamos ser más ricos para alcanzar esta pretensión.

Por ello, para lograr el bien común desde el punto de vista económico no es necesario tener siempre más, para poder desarrollarse como persona, para ser libre, no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. ¿Cómo entendemos entonces el bien común desde el punto de vista económico? El bien común es que “todos tengan al menos lo suficiente”. Es decir, el objetivo económico que mejor se ajusta con esta concepción del bien común es lograr que todas las personas tengan al menos lo suficiente para vivir. Debemos pasar de perseguir “tener más entre todos” a perseguir que “todos tengan al menos lo suficiente”. El desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no hayan pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Cabría preguntarse si este es un objetivo sostenible, si concebir el desarrollo como una sociedad en la que no existan personas necesitadas, es pretensión sostenible. La respuesta es fácil de intuir, en la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que no solo no tengamos que utilizar cada vez más recursos, sino que la cantidad de estos se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el apellido sostenible se hace innecesario porque el sistema por si mismo ya lo es.

Es posible

Algunos se pueden preguntar si esto es posible y la respuesta es otra vez sí. Durante siglos la producción mundial se ha mantenido estable, cuando a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX las sociedades occidentales comienzan a plantearse que deben organizar la economía de sus países para lograr el crecimiento económico, ponen los medios para ello y los resultados mundiales positivos (en este sentido) ya los he descrito aquí. Si ahora cambiamos nuestros objetivos, seguro que en un periodo más o menos largo de tiempo conseguimos encontrar los medios para lograr un sistema que permita que todos tengan lo suficiente y que no tenga problemas de sostenibilidad sino que sea sostenible por su propia naturaleza. Para ello necesitamos un cambio de mentalidad (que supone un cambio de estilos de vida entre otras cosas) y un cambio de estructuras, pero todo es ponerse manos a la obra. Es difícil (como todo lo que vale la pena en la vida) pero factible.

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 

 

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Armando Lío en Valencia

Hemos organizado una escuela de ciudadanía y acción social  para Jóvenes de más de 21 años en Valencia.

armando lío imagen para publicidad

Con frecuencia los jóvenes identifican su compromiso cristiano con tener tiempo para comprometerse en la parroquia, en una ONG o en cualquier asociación. Cuando tienen que trabajar y dejan de tener tiempo, parece que su compromiso queda a un lado o no se puede llevar adelante. En este espacio abierto a cualquier joven. Queremos ayudar a que se viva el compromiso cristiano en el trabajo, en los estudios, en la familia. Ayudar en una formación que haga de todos nosotros cristianos dispuestos a armar lío tal y como nos pide Francisco.

Te invito a que entres en la página web http://centroarrupevalencia.org/armando-lio/ donde encontrarás toda la información y la ficha de inscripción.

Las organizaciones eclesiales que estamos metidos en esta escuela somos: Pastoral Juvenil Redentorista, Funderetica, CVX, Cáritas Diocesana de Valencia, Centro Arrupe de Valencia, Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, Salesianos San Antonio Abad de Valencia, movimiento Junior de la diócesis de Valencia.

Os animo a que nos aydéis a difundirlo a todos los jóvenes que conozcáis y creáis que les pueda interesar.

Aquí tenéis el programa:
Etapa de otoño

MODULO 1.- ARMAR LÍO

FECHA Y HORARIO: 3 Noviembre. 17 H – 21H

Este módulo quiere introducir en la propuesta de “armar lío” que el Papa Francisco planteó a los jóvenes en la JMJ de Río. Es un horizonte hacia el que queremos dar pasos sabiendo que podemos aprender de otros que armaron lío: ¿qué les impulsó a algo así? ¿a qué respondía el lío que armaron? ¿dónde encontraron inspiración y fuerza? ¿qué implicaciones tuvo para sus vidas?

MODULO 2.- DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y COMPROMISO SOCIOPOLÍTICO

FECHA Y HORARIO: 4 Noviembre. 10 H – 14H 

Presentamos los principios de la Doctrina Social de la Iglesia con el deseo de ayudar a tomar conciencia y aclarar conceptos de los que hablamos sin conocer, a veces, las implicaciones que esto tiene, como son los de dignidad de la persona, derechos fundamentales, bien común, destino universal de los bienes, solidaridad, subsidiariedad o participación. ¿Qué queremos decir cuando decimos estas palabras?, ¿cómo afectan a mi vida diaria?, ¿qué implicaciones tiene para la sociedad?, ¿a qué me compromete?

MODULO 3.- DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y COMPROMISO ECONÓMICO Y ECOLÓGICO

FECHA Y HORARIO: 18 Noviembre. 10 H – 14H

Este módulo pretende aportar una introducción sobre las principales ideas de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la cuestión económica y ecológica. Intentamos ver cómo se puede armar lío en nuestra sociedad poniendo la actividad económica al servicio de las personas e introduciendo el cuidado de la creación en todas las actividades humanas. Es posible dar buenas noticias al mundo de la economía y de la ecología, es posible reorientar ambas cuestiones en una clave humana y de cuidado de la creación.

Etapa de invierno

MODULO 1.- LA PERSONA ES LO PRIMERO

FECHA Y HORARIO: 9 Febrero. 17 H – 21H

Queremos formar un sujeto capaz de ver-juzgar y actuar. Este sujeto, en cuanto estructura de persona, tiene una dimensión psicológica y espiritual que queremos abordar. Partimos de una antropología relacional que nos posibilita ser seres sociales. Ser relacionales es el fundamento de las vinculaciones personales que generan la trama y la implicación social.

MODULO 2.- VER, PERCIBIR LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 10 Febrero. 10 H – 14H

Cómo acercarse a la realidad sin estereotipos, sin prejuicios, intentar mirar desde una posición no condicionada. Necesitamos una pedagogía del mirar que permita evitar la manipulación de la mirada. Para ello se explorarán los puntos que impiden mirar sin ser influido y aquellos que ayuden a mirar sin prejuicios como es el analizar la información, aceptar a las personas, no prejuzgar al mensajero o emisor de la información y buscar la verdad.

MODULO 3.-JUZGAR, VALORAR LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 16 Febrero. 17 H – 21H

Se trata de posicionarse ante la realidad, ante lo que vemos y percibimos. Para ello debemos realizar un proceso de posicionamiento, unos criterios de juicio ante la realidad y por último, el ámbito orante que nos ayude a iluminar nuestro posicionamiento desde Jesucristo y desde la manera cristiana de juzgar la realidad.

MODULO 4.- ACTUAR, IMPLICARSE EN LA REALIDAD

FECHA Y HORARIO: 17 Febrero. 10 H – 14H

Se verá aquí el proceso de tomar decisiones a partir de una línea clara a seguir o de un proyecto de vida, que nos lleva a través del proceso de elegir o de discernir, para saber dónde actuar, como actuar y a qué somos llamados. Esta actuación busca saber a qué somos llamados cada uno de nosotros.

 

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Qué entendemos por progreso

¿Cuál es la idea de progreso que predomina en nuestras sociedades? ¿Es la única manera de entender el progreso?

En este breve audio proveniente del programa “Misión es posible” conducido por Cristina Maestro en Radio popular de Bilbao tenéis algunas respuestas a estas preguntas

http://www.ivoox.com/que-entendemos-progreso-audios-mp3_rf_21217441_1.htmlProgreso

 
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Publicado por en octubre 2, 2017 en Desarrollo económico

 

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¿Puede nuestra actividad económica ser Buena Noticia?

Conferencia que impartiré el miércoles 4 de Octubre en Salamanca, a las 18:00 en el aula Virgen Vega de la Casa de la Iglesia.

actividad económica buena noticia en salamanca

 

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Qué es la elasticidad

Os presento el primero de los vídeos pedagógicos sobre conceptos básicos de economía que voy a desarrollar sobre los próximos meses. Los encontraréis todos juntos en la nueva página de este blog que se titula “Conceptos básicos de economía”.

 
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Publicado por en septiembre 25, 2017 en Conceptos básicos

 

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La economía como excusa para la relación

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 8 Septiembre, Pág. 26-2717_9 la economía es relación_Página_1

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Ir a la panadería, al mercado, a la peluquería, a la carnicería… Son actividades económicas que históricamente han tenido un componente importante de relación con los demás. Tendemos a comprar y realizar nuestros intercambios económicos en lugares que estén cercanos a nuestro hogar y que suelen repetirse: vamos habitualmente al mismo supermercado, a la misma librería, al mismo médico… Esto ha resultado siempre en que nuestras compras y nuestros intercambios económicos han tenido un importante elemento relacional, es decir, hemos conocido a las personas que nos venden las cosas que necesitamos y nos hemos relacionado con ellas en el momento de la compra. Les hemos saludado, les hemos preguntado como les iba y, con frecuencia, hasta se ha establecido una pequeña conversación.

Te llaman por tu nombre

Este conocimiento supone que cuando entras a una de estas tiendas te llaman por tu nombre y se interesan por ti. La relación va más allá de la compra y del simple intercambio ya que con frecuencia se pregunta por la familia, se comenta lo último que ha pasado en el pueblo, en la ciudad o en el país. La compra tiene su tiempo y parte de ese tiempo se pasa relacionándose con la persona que se tiene delante. En este marco, se establece una relación de confianza, de interés mutuo, en el que quien vende intenta satisfacer las necesidades de la persona que tiene delante porque la conoce, porque es su vecina, porque tiene una relación con ella que, aunque no sea profunda porque no son familia o amigos, le lleva a preocuparse por ella, a querer lo mejor para la persona que tiene delante. Al mismo tiempo la persona que compra confía en su tendero, en su peluquero, en su director de banco… Sabe que el precio que le va a poner es el justo, que ello le permite ganarse la vida, y que se va a encontrar con él, probablemente, en las fiestas de su localidad, paseando por las calles de su población, recogiendo a los niños en la puerta del colegio, etc. Sabe que no le va a engañar porque hay una relación de confianza que va más allá de la simplemente mercantil.

La economía tiene así un componente humano importante

El intercambio económico tiene así un componente relacional y humano importante. Las compras y las ventas vienen acompañadas de una relación con el otro. Quien me vende o quien me compra son unas personas con nombres y apellidos a las que estoy ayudando a cumplir sus objetivos, ya sean estos los de ganarse la vida de una manera decente o los de lograr unos bienes o servicios que quieren o necesitan para vivir bien. Por ello, en esta manera de realizar los intercambios económicos tiene cabida la gratuidad y la lógica del don tal y como las entiende Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate (36). Cuando nos relacionamos con quienes intercambiamos cosas, es sencillo impregnar nuestra compra o nuestra venta de humanidad, de preocupación por la otra parte del intercambio, de ayuda y de don a quien se relaciona con nosotros.

Intercambios sin relación

Sin embargo, la manera en la que se organiza la actividad económica en nuestra sociedad desde hace bastante tiempo, nos está llevando claramente en la dirección opuesta. Desde la organización de los supermercados en los que nos auto-abastecemos de los bienes, en los que es difícil encontrar alguien que nos aconseje o nos ayude a decidir y en los que con frecuencia solamente nos relacionamos con la persona que está en la caja y esta intenta ir lo más rápido posible para atender al siguiente cliente, hasta las actuales compras a distancia en las que nuestro contacto con el bien comprado se realiza solamente a través de internet y en la que desconocemos a las personas que nos venden el bien, con las que solamente mantenemos una relación telemática-epistolar (si es que la llegamos a mantener) o las gasolineras en las que no hay personas que nos vendan la gasolina y lo hacemos todo nosotros solos, todas estas actividades económicas nos llevan a que realicemos intercambios económicos sin relacionarnos para nada con la otra parte.

Deshumaniza el intercambio

Cuando el intercambio está deshumanizado, cuando no conocemos a la contraparte, cuando esta es una máquina, un ordenador o una estantería llena de productos, es difícil ser gratuito, es difícil introducir la lógica del don en nuestros intercambios, porque ¿cómo voy a ser gratuito con una máquina? ¿cómo voy a favorecer a unos clientes a los que nunca he visto, con los que nunca me he relacionado y a los que no conozco? El vendedor y el comprador dejan de ser personas que se relacionan a través de un intercambio económico y pasan a ser individuos que buscan sacar su máximo beneficio particular. Suprimir el componente relacional de las compraventas permite deshumanizar la economía y que el intercambio se convierta en una no-relación, ya que las dos partes ni se conocen ni tienen contacto personal. El otro, con quien realizo el contrato, pierde toda la importancia, está diluido en una compra o una venta en la que solo importa mi beneficio y para que este sea máximo, el otro estorba. Una economía así deja de ser una excusa para la relación y pasa a convertirse en un economía deshumanizada en el que solamente importa el beneficio que obtengo gracias al intercambio que realizo.

 

 

 

 

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Cambiar el estilo de vida

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 7 Julio-agosto, Pág. 26-27

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Tal vez sea casualidad, pero no lo creo así. Nuestros tres últimos obispos de Roma nos han hablado de la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Juan Pablo II nos dijo en la Encíclica Centesimus annus (36) que “Es necesario esforzarse por implantar estilos de vida, a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones.”, Benedicto XVI insistió en su Encíclica Caritas in veritate (51) en que “esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo de vida que, en muchas partes del mundo, tiende al hedonismo y al consumismo, despreocupándose de los daños que de ello se derivan. Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida” y por último, Francisco también nos ha dicho en su Encíclica Laudato si (23) que “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo”.

No es una casualidad

No es una casualidad que los tres hayan insistido en esta necesidad de cambio. Aunque creamos que nuestra manera de comportarnos y de hacer las cosas no tiene influencia en la sociedad debido a que somos tan solo una persona entre más de 7.000 millones en todo el mundo, esto no es así. En primer lugar porque lo que sucede en la creación es consecuencia de la suma de lo que hacemos todos los que en ella vivimos y en segundo, porque sobre lo único que tenemos una influencia clara y que podemos cambiar de una manera segura es nuestra manera de vivir (y no la de los otros). Por estos dos motivos, cambiar nuestro estilo de vida es una de las mayores contribuciones que podemos hacer para que los valores que priman en nuestro entorno sean realmente diferentes y mejores.

Cambiar el estilo económico de vida.

Si hay otro elemento que coincide en estas tres llamadas a cambiar el estilo de vida y a modificar la mentalidad que tenemos sobre la manera en la que vivimos, es resaltar que este cambio debe darse en varios elementos que tienen en común ser componentes económicos de nuestra existencia. El que se repite en los tres casos es el consumo, las compras o más en concreto (como lo denomina Benedicto XVI) el consumismo. Además de este, Juan Pablo II habla de ahorros e inversiones, mientras que Francisco habla también de producción. Se trata de cuestiones económicas todas ellas. En una sociedad como la nuestra en la que lo económico tiene una posición preponderante y el tener más aparece como el objetivo prioritario, cuando los obispos de Roma nos piden cambiar el estilo de vida, piensan esencialmente en cuestiones que tienen que ver con vivir la economía de otra manera, orientar nuestro consumo, nuestra producción, nuestros ahorros e inversiones y nuestro quehacer económico en su conjunto en otra dirección.

Renunciar al hedonismo y al consumismo

El origen de este aviso tiene que ver con la constatación de que en muchas partes del mundo tenemos un estilo de vida que pone por delante el pasarlo bien y el disfrutar de la máxima cantidad de cosas, para lo que se exacerba el consumo y la compra de bienes, servicios y experiencias. Esta búsqueda del tener, del experimentar, nos hace ciegos a la belleza, al bien, a la verdad y nos lleva a unos estilos de vida insatisfactorios para nosotros mismos porque siempre queremos más y nunca nos conformamos con lo que tenemos. Unos estilos de vida que nos impiden vivir en armonía con la naturaleza y con la creación y que nos hacen tener siempre prisas y ser insensibles al sufrimiento del otro. Una manera de vivir que nos lleva con frecuencia a dar importancia a lo que no la tiene y descuidar las cuestiones clave de nuestra existencia.

Proponer ese estilo de vida

Por ello los tres papas se empeñan en mostrarnos (como habían hecho otros anteriores) un estilo de vida que no se centra en lo superfluo sino en lo esencial, en el que el tener está al servicio del ser y no al contrario, en el que nos animan a que cuidemos de la creación y tengamos tiempo para disfrutar de ella, a que dejemos de ser consumidores para ser compradores, a que utilicemos nuestros ahorros para mejorar la sociedad en la que nos encontramos y no para incrementar nuestros ingresos y nuestra riqueza, etc. En esencia, un estilo (como dice Francisco en su Encíclica Laudato si 222) que al “hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal. La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres.”

 

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