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Archivo de la categoría: compras y consumo

Cambiar la mentalidad de la empresa y del comprador para generar empleos remunerados

Artículo publicado en las páginas 12 y 13 del número 1601 de la revista Noticias Obreras de Diciembre de 2017

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Durante los dos últimos años los datos agregados del empleo han mejorado. Hemos observado una creación neta de trabajos remunerados y una reducción sustancial de personas que están en el desempleo. Sin embargo, cuando dejamos los datos agregados para introducirnos en los datos el optimismo que genera el primer acercamiento a las estadísticas se enfría un poco. Esto es debido a que gran parte del empleo creado lo es a tiempo parcial y muchos de los contratos son temporales. La consecuencia directa de esto es que el porcentaje de personas que tienen trabajo y no salen de la pobreza no hace más que incrementarse, ya que muchas de ellas tienen unos ingresos anuales inferiores al Salario mínimo interprofesional.

No voy a analizar aquí las causas de que esto suceda pero sí que voy a hablar de las organizaciones en las que esto se da, es decir, de las empresas. Porque estos problemas que he apuntado no se dan de una manera abstracta, sino que detrás de ellos hay unas organizaciones en las que estas personas trabajan con estos bajos salarios, y unos consumidores que compran sus productos sin importarles lo más mínimo las condiciones laborales en las que se producen, ya que solamente están preocupados por la búsqueda del precio más bajo.

En estos dos agentes económicos se observan dos egoísmos complementarios y coherentes con una manera de funcionamiento de la economía actual que conlleva problemas para el empleo remunerado. El primero es el de una empresa centrada en obtener beneficios para sus propietarios-accionistas. La concepción reduccionista de la empresa actual considera que toda ella debe estar al servicio de incrementar las ganancias de sus propietarios, lo que lleva a que los trabajadores sean vistos únicamente como un factor de producción cuyo coste hay que abaratar lo máximo posible para poder mejorar el margen de beneficios. Al mismo tiempo, el consumidor estándar piensa que lo que tiene que lograr es comprar lo más barato posible para poder adquirir más cosas con los ingresos que tiene, con la convicción de que tener más le va a llevar irremediablemente a estar mejor. Por ello, no mira más allá del precio del producto y se ciñe a la comparación de precios entre unos bienes y otros para acabar adquiriendo el más barato.

Es necesario apostar por un cambio de mentalidad de las empresas para poder superar estas situaciones negativas para quienes son sus principales actores: las personas que allí trabajan. Este cambio de mentalidad pasa por poner en un primer lugar lo que se denomina la “Función Social de la Empresa” (FSE) que está compuesta por tres elementos. El primero es producir bienes y servicios útiles para la sociedad. Son necesarias las empresas en una sociedad porque aúnan esfuerzos de muchas personas haciendo que estos converjan en la producción de estos bienes y servicios que acaban beneficiando a quienes los compran y nos hacen la vida mejor y más sencilla a los demás.

El segundo componente de la FSE tiene una relación directa con las personas que componen una empresa. Porque toda empresa es un grupo humano y como tal, tiene que ayudar a las personas que en ella trabajan y ser positiva para su perfeccionamiento y su vida diaria. La empresa es buena para la sociedad porque permite unos ingresos a quienes allí trabajan, pero también porque es un cauce para que estas junten sus esfuerzos con otras personas para trabajar a favor de la sociedad y para que maduren como tales a través de un componente intrínseco a su ser como es el trabajo.

El tercer componente de la FSE tiene que ver con que la empresa es una organización que ayuda al desarrollo del entorno en el que se encuentra. Esto lo consigue a través de la riqueza que puede generar en su entorno gracias a la creación de empleos, a la contratación de suministradores locales, a la utilización de sistemas de producción eficientes que permitan ahorros en el uso de recursos naturales que colaboran en el cuidado de la creación y en la mejora del medio ambiente, al pago de impuestos locales y nacionales, a actuaciones en favor de la la sociedad, etc.

El reconocimiento de esta FSE como el elemento clave de la empresa tiene como principal consecuencia que el beneficio pase a un segundo plano. Es decir, en lugar de ser el beneficio el norte que marca toda la orientación de estas organizaciones, es una condición necesaria para poder cumplir su principal objetivo, que es precisamente su Función Social. El cambio de prioridad es importante porque pone el criterio económico del beneficio en su justo lugar, al servicio de la función social de la empresa, lo que es clave a la hora de tomar las decisiones empresariales que vendrán así dirigidas por una prioridad diferente al beneficio. Cuando cambian las prioridades, las decisiones que se toman ante las mismas situaciones empresariales son diferentes.

Paralelo a esto debe darse un cambio de mentalidad en los compradores. El criterio de compra debe de ir más allá del precio e incorporar la preocupación sobre cómo están produciendo las empresas a las que se compra. Es lo que se ha venido a denominar la “compra responsable”. La actuación de aquellas personas que a la hora de adquirir un bien miran no solo el precio, sino las condiciones laborales, ecológicas, sociales y éticas que tiene la empresa que produce ese bien o servicio para decidir adquirirlo o no. La introducción de estos criterios de compra permite que el comprador también colabore en la potenciación de aquellas empresas que pagan mejores salarios a sus trabajadores, que tienen mejores comportamientos sociales y medioambientales, etc.

Para combinar estas dos actuaciones se precisa un nexo que las una: la transparencia en las condiciones sociales y medioambientales de producción. Sin ella el comprador no puede elegir entre una empresa u otra y estas no pueden hacer valer sus diferentes comportamientos en estos aspectos ante otras empresas que no los desarrollen. Para ello han aparecido sistemas de acreditación de comportamiento ético y social de las empresas. Estos son el nexo entre los dos cambios de mentalidad para caer en la cuenta de que el mantenimiento del empleo remunerado y el incremento del mismo es una tarea de todos, de las empresas y de los compradores, no solo del legislador.

 

 

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Del consumo a la compra

Podemos dejar de ser consumidores para ser compradores. Este audio que se emitió en el programa “Misión es posible” de Radio Popular de Bilbao nos habla sobre cómo hacer esto.

http://www.ivoox.com/pasar-ser-consumidores-a-ser-compradores-audios-mp3_rf_22635095_1.html

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Publicado por en enero 2, 2018 en compras y consumo

 

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La insatisfacción del consumo

Reflexionemos la manera en la que consumimos para saber por qué este no nos proporciona tanta satisfacción como la que nos promete a través de este audio que se emitió en el programa “Misión es posible” de Radio Popular de Bilbao

http://www.ivoox.com/por-comprar-no-siempre-nos-produce-satisfaccion-audios-mp3_rf_22634867_1.html

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Publicado por en diciembre 27, 2017 en compras y consumo

 

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Cambiar el estilo de vida económico

Programa de radio en el que hablo sobre la necesidad de cambiar un estilo de vida económico que no nos lleva a mayor felicidad y que no colabora en la conservación de nuestro planeta.

Aquí tenéis el programa que se emitió en Radio Popular de Bilbao

http://www.ivoox.com/cambiar-estilo-vida-audios-mp3_rf_22634752_1.html

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La economía como excusa para la relación

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 8 Septiembre, Pág. 26-2717_9 la economía es relación_Página_1

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Ir a la panadería, al mercado, a la peluquería, a la carnicería… Son actividades económicas que históricamente han tenido un componente importante de relación con los demás. Tendemos a comprar y realizar nuestros intercambios económicos en lugares que estén cercanos a nuestro hogar y que suelen repetirse: vamos habitualmente al mismo supermercado, a la misma librería, al mismo médico… Esto ha resultado siempre en que nuestras compras y nuestros intercambios económicos han tenido un importante elemento relacional, es decir, hemos conocido a las personas que nos venden las cosas que necesitamos y nos hemos relacionado con ellas en el momento de la compra. Les hemos saludado, les hemos preguntado como les iba y, con frecuencia, hasta se ha establecido una pequeña conversación.

Te llaman por tu nombre

Este conocimiento supone que cuando entras a una de estas tiendas te llaman por tu nombre y se interesan por ti. La relación va más allá de la compra y del simple intercambio ya que con frecuencia se pregunta por la familia, se comenta lo último que ha pasado en el pueblo, en la ciudad o en el país. La compra tiene su tiempo y parte de ese tiempo se pasa relacionándose con la persona que se tiene delante. En este marco, se establece una relación de confianza, de interés mutuo, en el que quien vende intenta satisfacer las necesidades de la persona que tiene delante porque la conoce, porque es su vecina, porque tiene una relación con ella que, aunque no sea profunda porque no son familia o amigos, le lleva a preocuparse por ella, a querer lo mejor para la persona que tiene delante. Al mismo tiempo la persona que compra confía en su tendero, en su peluquero, en su director de banco… Sabe que el precio que le va a poner es el justo, que ello le permite ganarse la vida, y que se va a encontrar con él, probablemente, en las fiestas de su localidad, paseando por las calles de su población, recogiendo a los niños en la puerta del colegio, etc. Sabe que no le va a engañar porque hay una relación de confianza que va más allá de la simplemente mercantil.

La economía tiene así un componente humano importante

El intercambio económico tiene así un componente relacional y humano importante. Las compras y las ventas vienen acompañadas de una relación con el otro. Quien me vende o quien me compra son unas personas con nombres y apellidos a las que estoy ayudando a cumplir sus objetivos, ya sean estos los de ganarse la vida de una manera decente o los de lograr unos bienes o servicios que quieren o necesitan para vivir bien. Por ello, en esta manera de realizar los intercambios económicos tiene cabida la gratuidad y la lógica del don tal y como las entiende Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate (36). Cuando nos relacionamos con quienes intercambiamos cosas, es sencillo impregnar nuestra compra o nuestra venta de humanidad, de preocupación por la otra parte del intercambio, de ayuda y de don a quien se relaciona con nosotros.

Intercambios sin relación

Sin embargo, la manera en la que se organiza la actividad económica en nuestra sociedad desde hace bastante tiempo, nos está llevando claramente en la dirección opuesta. Desde la organización de los supermercados en los que nos auto-abastecemos de los bienes, en los que es difícil encontrar alguien que nos aconseje o nos ayude a decidir y en los que con frecuencia solamente nos relacionamos con la persona que está en la caja y esta intenta ir lo más rápido posible para atender al siguiente cliente, hasta las actuales compras a distancia en las que nuestro contacto con el bien comprado se realiza solamente a través de internet y en la que desconocemos a las personas que nos venden el bien, con las que solamente mantenemos una relación telemática-epistolar (si es que la llegamos a mantener) o las gasolineras en las que no hay personas que nos vendan la gasolina y lo hacemos todo nosotros solos, todas estas actividades económicas nos llevan a que realicemos intercambios económicos sin relacionarnos para nada con la otra parte.

Deshumaniza el intercambio

Cuando el intercambio está deshumanizado, cuando no conocemos a la contraparte, cuando esta es una máquina, un ordenador o una estantería llena de productos, es difícil ser gratuito, es difícil introducir la lógica del don en nuestros intercambios, porque ¿cómo voy a ser gratuito con una máquina? ¿cómo voy a favorecer a unos clientes a los que nunca he visto, con los que nunca me he relacionado y a los que no conozco? El vendedor y el comprador dejan de ser personas que se relacionan a través de un intercambio económico y pasan a ser individuos que buscan sacar su máximo beneficio particular. Suprimir el componente relacional de las compraventas permite deshumanizar la economía y que el intercambio se convierta en una no-relación, ya que las dos partes ni se conocen ni tienen contacto personal. El otro, con quien realizo el contrato, pierde toda la importancia, está diluido en una compra o una venta en la que solo importa mi beneficio y para que este sea máximo, el otro estorba. Una economía así deja de ser una excusa para la relación y pasa a convertirse en un economía deshumanizada en el que solamente importa el beneficio que obtengo gracias al intercambio que realizo.

 

 

 

 

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Economía solidaria en comunidad

El próximo martes 11 de Julio doy una conferencia en la parroquia de San José Obrero de Puerto de Santa María a las 21:00

Al día siguiente hago un taller en el mismo lugar de 9:30 a 12:30 al que hay que apuntarse previamente.

Si estáis por allí os animo a asistir.

 

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Nuevos estilos de vida desde la DSI

Este sábado 3 de Junio estaré en Zaragoza impartiendo una conferencia sobre Nuevos estilos de vida desde la DSI. Será a las 10:00 en el Centro Joaquín Roncal. Espero que nos podamos ver por allí.cartel conferencia Zaragoza

 

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