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Archivo de la categoría: compras y consumo

Del consumo a la compra

Podemos dejar de ser consumidores para ser compradores. Este audio que se emitió en el programa “Misión es posible” de Radio Popular de Bilbao nos habla sobre cómo hacer esto.

http://www.ivoox.com/pasar-ser-consumidores-a-ser-compradores-audios-mp3_rf_22635095_1.html

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Publicado por en enero 2, 2018 en compras y consumo

 

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La insatisfacción del consumo

Reflexionemos la manera en la que consumimos para saber por qué este no nos proporciona tanta satisfacción como la que nos promete a través de este audio que se emitió en el programa “Misión es posible” de Radio Popular de Bilbao

http://www.ivoox.com/por-comprar-no-siempre-nos-produce-satisfaccion-audios-mp3_rf_22634867_1.html

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Publicado por en diciembre 27, 2017 en compras y consumo

 

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Cambiar el estilo de vida económico

Programa de radio en el que hablo sobre la necesidad de cambiar un estilo de vida económico que no nos lleva a mayor felicidad y que no colabora en la conservación de nuestro planeta.

Aquí tenéis el programa que se emitió en Radio Popular de Bilbao

http://www.ivoox.com/cambiar-estilo-vida-audios-mp3_rf_22634752_1.html

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La economía como excusa para la relación

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 8 Septiembre, Pág. 26-2717_9 la economía es relación_Página_1

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Ir a la panadería, al mercado, a la peluquería, a la carnicería… Son actividades económicas que históricamente han tenido un componente importante de relación con los demás. Tendemos a comprar y realizar nuestros intercambios económicos en lugares que estén cercanos a nuestro hogar y que suelen repetirse: vamos habitualmente al mismo supermercado, a la misma librería, al mismo médico… Esto ha resultado siempre en que nuestras compras y nuestros intercambios económicos han tenido un importante elemento relacional, es decir, hemos conocido a las personas que nos venden las cosas que necesitamos y nos hemos relacionado con ellas en el momento de la compra. Les hemos saludado, les hemos preguntado como les iba y, con frecuencia, hasta se ha establecido una pequeña conversación.

Te llaman por tu nombre

Este conocimiento supone que cuando entras a una de estas tiendas te llaman por tu nombre y se interesan por ti. La relación va más allá de la compra y del simple intercambio ya que con frecuencia se pregunta por la familia, se comenta lo último que ha pasado en el pueblo, en la ciudad o en el país. La compra tiene su tiempo y parte de ese tiempo se pasa relacionándose con la persona que se tiene delante. En este marco, se establece una relación de confianza, de interés mutuo, en el que quien vende intenta satisfacer las necesidades de la persona que tiene delante porque la conoce, porque es su vecina, porque tiene una relación con ella que, aunque no sea profunda porque no son familia o amigos, le lleva a preocuparse por ella, a querer lo mejor para la persona que tiene delante. Al mismo tiempo la persona que compra confía en su tendero, en su peluquero, en su director de banco… Sabe que el precio que le va a poner es el justo, que ello le permite ganarse la vida, y que se va a encontrar con él, probablemente, en las fiestas de su localidad, paseando por las calles de su población, recogiendo a los niños en la puerta del colegio, etc. Sabe que no le va a engañar porque hay una relación de confianza que va más allá de la simplemente mercantil.

La economía tiene así un componente humano importante

El intercambio económico tiene así un componente relacional y humano importante. Las compras y las ventas vienen acompañadas de una relación con el otro. Quien me vende o quien me compra son unas personas con nombres y apellidos a las que estoy ayudando a cumplir sus objetivos, ya sean estos los de ganarse la vida de una manera decente o los de lograr unos bienes o servicios que quieren o necesitan para vivir bien. Por ello, en esta manera de realizar los intercambios económicos tiene cabida la gratuidad y la lógica del don tal y como las entiende Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate (36). Cuando nos relacionamos con quienes intercambiamos cosas, es sencillo impregnar nuestra compra o nuestra venta de humanidad, de preocupación por la otra parte del intercambio, de ayuda y de don a quien se relaciona con nosotros.

Intercambios sin relación

Sin embargo, la manera en la que se organiza la actividad económica en nuestra sociedad desde hace bastante tiempo, nos está llevando claramente en la dirección opuesta. Desde la organización de los supermercados en los que nos auto-abastecemos de los bienes, en los que es difícil encontrar alguien que nos aconseje o nos ayude a decidir y en los que con frecuencia solamente nos relacionamos con la persona que está en la caja y esta intenta ir lo más rápido posible para atender al siguiente cliente, hasta las actuales compras a distancia en las que nuestro contacto con el bien comprado se realiza solamente a través de internet y en la que desconocemos a las personas que nos venden el bien, con las que solamente mantenemos una relación telemática-epistolar (si es que la llegamos a mantener) o las gasolineras en las que no hay personas que nos vendan la gasolina y lo hacemos todo nosotros solos, todas estas actividades económicas nos llevan a que realicemos intercambios económicos sin relacionarnos para nada con la otra parte.

Deshumaniza el intercambio

Cuando el intercambio está deshumanizado, cuando no conocemos a la contraparte, cuando esta es una máquina, un ordenador o una estantería llena de productos, es difícil ser gratuito, es difícil introducir la lógica del don en nuestros intercambios, porque ¿cómo voy a ser gratuito con una máquina? ¿cómo voy a favorecer a unos clientes a los que nunca he visto, con los que nunca me he relacionado y a los que no conozco? El vendedor y el comprador dejan de ser personas que se relacionan a través de un intercambio económico y pasan a ser individuos que buscan sacar su máximo beneficio particular. Suprimir el componente relacional de las compraventas permite deshumanizar la economía y que el intercambio se convierta en una no-relación, ya que las dos partes ni se conocen ni tienen contacto personal. El otro, con quien realizo el contrato, pierde toda la importancia, está diluido en una compra o una venta en la que solo importa mi beneficio y para que este sea máximo, el otro estorba. Una economía así deja de ser una excusa para la relación y pasa a convertirse en un economía deshumanizada en el que solamente importa el beneficio que obtengo gracias al intercambio que realizo.

 

 

 

 

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Economía solidaria en comunidad

El próximo martes 11 de Julio doy una conferencia en la parroquia de San José Obrero de Puerto de Santa María a las 21:00

Al día siguiente hago un taller en el mismo lugar de 9:30 a 12:30 al que hay que apuntarse previamente.

Si estáis por allí os animo a asistir.

 

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Nuevos estilos de vida desde la DSI

Este sábado 3 de Junio estaré en Zaragoza impartiendo una conferencia sobre Nuevos estilos de vida desde la DSI. Será a las 10:00 en el Centro Joaquín Roncal. Espero que nos podamos ver por allí.cartel conferencia Zaragoza

 

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La economía colaborativa ¿Una buena idea?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 119, nº 4, Abril 2017, pág: 26 y 27

Acompañado de un vídeo en el que una compañera aclara en 90′ aclara algunas cuestiones sobre la necesidad de regular la denominada economía colaborativa.

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Se oye hablar mucho últimamente de lo que se denomina la “economía colaborativa”. El nombre es atractivo y se refiere a una actividad económica antigua que gracias a las nuevas tecnologías ha tomado una nueva dimensión. Para los más optimistas desarrolla una nueva manera de vivir la economía que puede tener unas grandes potencialidades y romper con la dinámica egoísta del capitalismo actual, mientras que para sus detractores no aporta nada nuevo y acaba adquiriendo las características de los mercados actuales sin aportar ninguna ventaja.

Qué entendemos por economía colaborativa

Hablar de economía colaborativa es referirse a intercambios económicos que abarcan casi todo el espectro de la actividad económica: las compras o consumo (el intercambio de bienes y servicios), la financiación (especialmente a través del crowdfunding) y la producción. La economía colaborativa tiene unas características comunes. La primera es que existe una colaboración entre las partes que potencia el elemento relacional de la economía. Esto es, los participantes entienden su intercambio económico como una excusa para la relación con el otro. La segunda característica es que estamos hablando de colaboración entre partes que pueden considerarse como iguales, no hay una gran empresa u organización que intercambia con una persona, son intercambios de persona a persona sin asimetrías entre las partes. La tercera característica común es que se utilizan plataformas digitales para facilitar el contacto entre las partes. Los nuevos medios de comunicación digital se convierten en clave a la hora de hablar de este modelo de economía colaborativa.

No es algo tan nuevo como parece

Pero la economía colaborativa no es algo tan nuevo como parece. Se ha dado a lo largo de la historia aunque a una escala muy local y con frecuencia dentro del ámbito familiar o de los amigos. Modalidades de economía colaborativa se dan cuando nos juntamos para ir al trabajo en el coche de uno de nosotros y compartimos los gastos (o no); cuando decidimos entre varios financiar el proyecto de empresa a un amigo y le aportamos dinero para que este funcione; cuando alguien se alojan en tu casa o en tu segunda vivienda para pasar unos días de vacaciones o eres tú quien se aloja en la casa de otro; cuando viene a casa un estudiante de otro país que está de intercambio en el colegio de nuestros hijos y después nuestro hijo es acogido por su familia; cuando una empresa intercambia con otra una partida de material por otra que necesitan para su producción, etc. Todos estos son ejemplos de economía en colaboración y hay muchos más. Todos ellos son parte de nuestra vida cotidiana desde hace mucho tiempo.

La diferencia radica en la utilización de plataformas digitales y en la dimensión

La diferencia entre estos ejemplos de economía colaborativa y los actuales radica en la utilización masiva de las plataformas digitales para acercar a personas que, de otro modo, no podrían conocerse o saber que tienen posibilidades de colaboración mutua. Esto permite que esta clase de economía adquiera una dimensión que es imposible alcanzar si tenemos que ceñirnos a nuestras redes familiares o de amistades. Gracias a ello puedo acoger en mi casa a un ciudadano de Australia que ha venido de vacaciones a Valencia o puedo viajar a Nueva Zelanda y compartir unos días con unas personas que de otro modo no habría conocido. También puedo encontrar a personas que van a viajar a Madrid y compartir el viaje con ellas (lo que me abarata los costes) o puedo intercambiar mis clases de economía a cambio de un corte de pelo o de las verduras semanales. Las plataformas digitales amplían las posibilidades y la dimensión de esta economía en colaboración.

Una modalidad económica basada en la relación y en la confianza mutua

La economía colaborativa tiene una serie de cualidades que la alejan de la competición y el egoísmo y la hacen atractiva. El intercambio se basa en la confianza mutua, no se busca ganar a costa del otro, sino que sea beneficioso para ambos, doy porque espero recibir. Esta clase de intercambio tiene muy presente un fuerte componente relacional e introduce en él la fraternidad y la lógica del don. La economía deja de ser competitiva para pasar a ser cooperativa, con un componente humano importante. Esta manera de entender la economía parece ajustarse con aquello que comentaba Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate: “en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo” (CiV 36).

Los peligros de esta economía colaborativa

Sin embargo, en determinados casos la economía colaborativa ha tomado un cariz diferente. Experiencias que han comenzado potenciando esa gratuidad y esa relación entre las partes que ya hemos señalado, se han ido alejando de esta manera de funcionar y de este fin. Aunque han mantenido su nombre y toda la mística de la economía colaborativa, su manera de trabajar ha cambiado. Ya no se comparte una casa con otras personas, sino que simplemente se alquila un apartamento en el que no se llega a conocer al propietario; ya no se comparte el trayecto en automóvil con otro sino, que se paga a un particular que se dedica a esto para que te lleve a otro sitio; ya no financias un proyecto, sino que le dejas dinero a una plataforma a cambio de un tipo de interés para que esta financie a otros; ya no se pide a alguien una herramienta, sino que se le paga un alquiler para poder utilizarla durante un tiempo. En esencia, la economía colaborativa se convierte en una imitación de lo que ya se hace (sistemas de alquileres, de compra-venta o de financiación habituales) intentando eludir la legislación que rige para quienes hacen esto de una manera reglada. Por ello grandes financieros financian estas empresas con el objeto de obtener pingües beneficios con ellas ¿Podemos entonces seguir hablando de economía colaborativa? Aunque esas empresas siguen diciendo que lo son, creo sinceramente que no, que ya no lo son.

 

 

 
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Publicado por en mayo 24, 2017 en compras y consumo

 

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