RSS

Archivo de la categoría: trabajo

Lo que aportamos a la sociedad nos define

El trabajo que realizamos nos define más como personas y nos ayuda mucho más a nuestra realización personal que nuestra condición de consumidores.

Esto es así, porque el trabajo nos permite cubrir nuestras necesidades y apetencias, porque a través de él nos hacemos más y mejor personas y porque con él colaboramos en la mejora de nuestra sociedad.

El trabajo nos ayuda a sentirnos útiles, a incrementar nuestra autoestima y a sentir que tenemos algo que aportar a la construcción de una sociedad mejor.

 

Etiquetas:

Los trabajos olvidados

Esta plaga nos ha recordado la importancia de algunas actividades poco apreciadas.

 

Etiquetas:

Qué es el trabajo

El miércoles 15 de Abril entre las 18:00 y las 19:00 estáis invitados a la conversación titulada «Qué es el trabajo» en la que profundizaremos en el concepto de trabajo y cómo vivirlo en estos tiempos que corren.

El enlace para esta reunión es: https://eu.bbcollab.com/guest/30129850277946ed89b3b541f1d8011f (recordad que podéis conectaros desde treinta minutos antes para evitar problemas de última hora)

Para prepararla os propongo la lectura de estos dos breves artículos:

https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2011/06/23/el-trabajo-egoista/

https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2019/03/27/promover-el-trabajo-decente-una-cuestion-etica/

 
Deja un comentario

Publicado por en abril 14, 2020 en trabajo

 

Etiquetas:

Trabajo y relación en el siglo XXI

Os invito a la conversación que vamos a tener el próximo domingo 12 de Abril entre las 18:00 y las 19:00. Os recuerdo que no es necesario que hayáis venido a las anteriores para asistir a esta. Ni tampoco que volváis a participar en otra futura. Podéis incorporaros a la que queráis sin necesidad de presentaros ni de cumplir ningún requisito. Es entrada libre y podéis invitar a quien queráis.

Esta vez vamos a hablar del trabajo remunerado, algo que nos afecta a todos, y de cómo las tecnologías y los sistemas de producción y comercialización le afectan en este siglo XXI.

El enlace de las conversaciones de domingo es: https://eu.bbcollab.com/guest/48b289d30a1741f7b177fd0c9fbf19f4

Aquí tenéis el breve artículo por si queréis preparar la conversación o no vais a venir.

Trabajo y relación en el siglo XXI

En esta ocasión vamos a realizar una breve reflexión sobre las transformaciones en el mundo del trabajo y en el funcionamiento de las empresas en el principio de un siglo en el que siguen dándose nuevas tecnologías que permiten automatizar muchos procesos productivos, de comercialización y de comunicación. Porque el avance tecnológico no es nuevo y la sustitución de determinados empleos por la utilización de máquinas lleva dándose desde hace al menos dos siglos. Este proceso no llega solo, sino que con frecuencia viene acompañado de cambios en la organización empresarial, en el proceso productivo o de comercialización, que refuerzan el efecto negativo sobre el empleo que tienen los avances tecnológicos.

Hasta el momento, la reducción de determinados empleos por la mecanización, especialmente en el sector industrial, ha venido acompañada por la creación de empleos en otros sectores, que no solo han compensado la reducción causada por los avances tecnológicos, sino que los han compensado con creces dándose una creación neta de empleo. Esto ha supuesto, históricamente, que se han reducido trabajos repetitivos, poco especializados, en los que la capacidad de mejora o de superación de las personas que los realizaban estaba limitada y que estaban escasamente pagados, por otros más cualificados, mejor remunerados y en los que las personas podían verse más estimuladas.

Al mismo tiempo, el crecimiento del tamaño de las empresas potenciado por estas tecnologías y por estos nuevos sistemas de producción y comercialización derivó en un incremento importante de los trabajadores por cuenta ajena. Aquellos que trabajaban para sí mismo en pequeños talleres, en sus propios negocios, se redujeron paulatinamente en un proceso que no ha cesado. Sirva como ejemplo que entre 2002 y 2020 el porcentaje de asalariados en España ha pasado de ser un 80,71% a un 84,37% y esto a pesar de la fuerte campaña de promoción que ha experimentado el emprendedurismo en estos últimos años.

Este trasvase que durante muchos años ha resultado positivo debido a que las empresas podían garantizar un trabajo estable, un salario superior, una seguridad social que mejoraba la conseguida si se trabajaba por cuenta propia y unas condiciones de trabajo menos gravosos para la salud de las personas, parece que no se está dando en estos momentos. Una parte importante de los nuevos trabajos que se están creando son menos cualificados, más precarios, con unos salarios inferiores, menos motivadores porque no necesitan una alta cualificación y con una presión para alcanzar la productividad necesaria que los convierte en poco estimulantes para quienes los tienen.

El hecho de que muchas empresas se estructuren de modo que estandarizan los puestos de trabajo al extremo para lograr que cualquiera los pueda realizar sin ninguna formación y que sea fácil sustituir a cualquier empleado con rapidez (es el modelo que introdujeron las cadenas de restaurantes de comida rápida y que se ha extendido también a otros sectores) no hace más que colaborar en que estos nuevos puestos tengan menor calidad que aquellos a los que sustituyen. Podemos encontrarnos en el primer momento de la historia en el que los avances tecnológicos no están creando unos mejores empleos, sino que están empeorándolos.

Esto se da, también, porque las tecnologías no solo están sustituyendo empleos que eran mecánicos, repetitivos y poco estimulantes, sino que está sustituyendo empleos en los que el componente relacional y la cualificación de la persona que los realizaba eran elementos clave. Esto se está dando en la producción y comercialización de muchos productos y como ya hemos dicho, no depende solamente de la tecnología, sino también de los sistemas de organización empresarial y de las maneras de vender.

El modelo tradicional se basaba en la relación y en la confianza. La imposibilidad de saber sobre todos los temas y de controlar todas las cuestiones a las que tenemos que hacer frente en nuestro día a día, hacía que depositásemos nuestra confianza en el dependiente de una tienda, en la directora de nuestra oficina bancaria, en el profesor de nuestros hijos, en la técnico que nos reparaba nuestro automóvil o el electrodoméstico que se nos había estropeado, en el camarero del restaurante o del bar al que vamos a tomarnos algo, o en la tendera del mercado semanal de nuestra localidad. El intercambio económico conllevaba una relación con otras personas que sabían más que nosotros sobre sus mercancías o servicios y en las que confiábamos para que nos aconsejasen cuál era la mejor opción para nosotros.

Sin embargo hoy, somos nosotros los responsables de buscar la información y conseguirla por nuestros propios medios. No solo en los supermercados en los que solo nos relacionamos con los estantes para escoger aquello que creemos que ajusta mejor con lo que necesitamos, sino también en otra clase de negocios en los que tenemos que buscar nuestra propia información para saber qué comprar o qué no comprar. La situación tranquila que teníamos con anterioridad en la que la confianza en los otros nos permitía utilizar nuestro tiempo para disfrutar de nuestras aficiones, del descanso o de cualquier otra actividad placentera porque no nos preocupaban estos temas sabiendo que alguien ya nos daría la información, se convierte en necesidad de tiempo para informarnos por nosotros mismos, para realizar las gestiones que antes realizaban en las empresas a las que le comprábamos, para buscar productos en unas pantallas que tienen una capacidad de exposición a la vista mucho más limitada que la estantería de cualquier tienda, para hablar con máquinas que no nos entienden y que retrasan que podamos hablar con quien nos puede solucionar el asunto por el que llamamos por teléfono, etc.

Una de las claves de la información es que desconfiamos en unas empresas de las que pensamos que solo pretenden ganar más dinero con nosotros y no establecer una relación de mutualidad en la que ambos ganamos. Por ello es mejor buscar la información por nuestra cuenta para evitar ser engañados. Desconfiamos de quien dice ser egoísta, de quien solamente piensa en sí mismo. La actividad económica se despersonaliza, ya no hace falta relacionarse con otras personas, las máquinas son más útiles ahora, porque ya no precisamos de asesoramiento, del otro que me ayuda. El “hágaselo usted mismo” del que hablábamos en la anterior sesión también se traduce en “infórmese usted mismo”. Así, el trabajo cualificado de quien atiende al cliente, de quien conoce para ayudar, ya no es necesario, la tecnología lo puede sustituir.

No voy a insistir aquí sobre los ahorros de costes que esto puede suponer y como esto repercute en un incremento de los márgenes de beneficio para los propietarios o en la posibilidad de poner el bien más barato manteniendo los beneficios y así poder incrementar las ventas. Pero sí que quiero remarcar que el intercambio económico deja de vivirse como una excusa para la relación, como un momento de la vida en el que converso con otra persona, en el que confío en ella, en el que, a fin de cuentas, vivo. Porque la vida se compone de relaciones, unas más profundas, otras menos, pero somos seres relacionales y una vida plena está basada, precisamente, en esto, en convivir, de estar con otros, en relacionarse con los demás.

Si miramos todo esto desde la lógica del crecimiento económico, de la legitimidad de la búsqueda de beneficios por parte de las empresas o del máximo bienestar por parte del consumidor, todo parece lógico e inexorable (si no tienes en cuenta, claro está, que el consumidor es a su vez el asalariado y sin una remuneración suficiente difícilmente va a poder comprar algo). Por ello tenemos que cambiar la mirada. ¿Qué es lo importante de las empresas, del sistema productivo? ¿Qué nos lleve a tener más entre todos? ¿O que nos permita a todos vivir dignamente en él? ¿O que nos dé unos servicios buenos para cubrir nuestras necesidades? ¿O que potencie y mejore la sociedad en la que se asienta? Solo un cambio de mirada nos puede llevar a plantearnos otras maneras de organizar nuestra economía.

Creo que hay un hueco importante de mercado para aquellas empresas que se basen en la confianza y en relacionarse con sus clientes, para aquellos que vivan su labor empresarial como una manera de colaborar con aquellos que les compran sus servicios o productos. Pero no solo esto, creo que debemos pensar qué clase de sociedad queremos y qué clase de empresas preferimos. Por poner un ejemplo, ¿preferimos ponernos la gasolina nosotros mismos para ahorrarnos unos céntimos (no siempre se ahorran) y que así los dueños tengan un margen de beneficios mayor? ¿O preferimos que nos pongan la gasolina sabiendo que así se está creando empleo y que no tenemos que ensuciarnos las manos ni estar haciendo esa labor?

Podría hacer muchas más preguntas, pero este elemento social de los negocios es una cuestión sobre la que tenemos que preguntarnos. Porque solo a partir de la pretensión de potenciar a aquellas empresas que tienen un planteamiento no centrado en exclusividad en el beneficio, podremos comenzar a pensar en medidas para hacerlo. Muchas de ellas ya las hemos nombrado aquí, pero van desde la transparencia, el consumo responsable, la discriminación fiscal, criterios sociales en las compras públicas, el cambio de planteamiento empresarial, etc.

 
1 comentario

Publicado por en abril 10, 2020 en Actualidad económica, trabajo

 

Etiquetas:

El salario digno

Aquí os dejo un pequeño relato sobre el dilema entre subir o no los salarios a las personas que menos cobran en una empresa para que tengan un salario digno.

 
Deja un comentario

Publicado por en abril 2, 2020 en Blog Vida Nueva, trabajo

 

Etiquetas:

La participación de los salarios en la renta nacional

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1622, Noviembre 2019, pág: 12-13

El valor de la producción de un país se reparte entre las personas que ganan su dinero a través de sus salarios, aquellos que lo hacen a través del rendimiento de sus inversiones financieras (ya sean estas por la propiedad de empresas, de activos financieros o de activos inmobiliarios) y la parte que va directamente al Estado a través de los impuestos sobre beneficios esencialmente. Conocer como evoluciona este reparto nos da información sobre quienes están ganando y quienes están perdiendo en un periodo de cambios económicos.

Nos interesa conocer que ha pasado con este reparto desde que comenzó la crisis en nuestro país. Cuando observamos los datos que nos ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE) observamos que antes de la crisis la participación de los salarios en el total de las rentas generadas en nuestro país era aproximadamente la mitad. Esto es, lo que ganaban las personas en nuestro país a causa de su trabajo era la mitad de lo que ganaban la totalidad de los españoles en un año. Esta cifra comenzó a bajar en 2011 y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Ahora, en 2019, los datos que tenemos nos ofrecen un porcentaje sobre el total de las rentas de alrededor de un 45%. Es decir, el peso de las rentas de los asalariados en el total nacional se ha reducido en cinco puntos desde 2010.

Que esté reduciéndose la participación de los salarios mientras se incrementa la de los impuestos y de los beneficios empresariales nos muestra una tendencia que no sabemos si va a frenarse en algún momento. La raíz de este fenómeno que va en detrimento de las rentas salariales de un país, está en la idea de crecimiento que tenemos en esta economía. Para lograr un mayor crecimiento económico, queremos que las empresas se desarrollen. En un mundo en el que estas priorizan el rendimiento para sus propietarios, lo que prima en la gestión empresarial es considerar los salarios como un coste de producción e intentar reducirlos para que los beneficios sean superiores.

Así, se establece una visión en la que la reducción de los costes laborales aparece como un fin en sí mismo que hay que lograr para incrementar la competitividad empresarial, que no solamente se cifra en unos precios más bajos, sino también en unos márgenes atractivos para la inversión internacional. Además, algunos economistas y financieros afirman sin ambages que para que una empresa funcione correctamente se precisa que los costes salariales no alcancen determinado porcentaje.

Cabría preguntarse si esta circunstancia es positiva para la economía en su conjunto, ya que parece evidente que para aquellos que trabajan no es un panorama deseable. Porque si combinamos que el empleo se ha recuperado en estos últimos años, significando esto que hay muchas más personas trabajando que las que se daban a principios de la década, con que el porcentaje de sus salarios sobre el total se ha reducido, podemos sacar la conclusión de que los salarios necesariamente se han estancado o han disminuido (como sabemos que ha sucedido sobre todo en los trabajos que tienen unos niveles salariales inferiores).

Desde el punto de vista macroeconómico, que los beneficios se incrementen significa que aumenta la cuantía de dinero dispuesto para prestar, y que la capacidad de ahorro de aquellos que reciben rentas del trabajo se reduce. Esto significa que los excedentes empresariales deben prestarse a alguien para poderles sacar el rendimiento debido. El estado, los activos financieros, otras empresas, los prestatarios de otros países y las personas que tienen menos rentas y deben endeudarse para poder vivir, son los destinatarios preferidos.

Se puede dar, entonces, un fenómeno que ya observamos antes de la crisis (con unos niveles de rentas salariales superiores) y que fue uno de los motivos que trajo lo que se vino a denominar la gran depresión. Me refiero a que para mantener el consumo necesario para que siga habiendo crecimiento económico, quienes tienen rentas menguantes deben pedir prestado a quienes acumulan dinero al que quieren sacar rendimiento económico. Aunque las condiciones exigidas a los prestatarios son mucho más restrictivas que las que se daban antes de la crisis, la necesidad de préstamos se va incrementando y los fondos liberados son altos con un coste realmente bajo (los tipos de interés ya no pueden bajar mucho más).

Parece que sería mucho más lógico que los asalariados ganasen en porcentaje total de ingresos para que mantuviesen un elevado consumo sustentado en sus propios fondos y no en el endeudamiento. Ello provocaría que el crecimiento fuese más sostenido y sostenible, sin riesgos de futuras crisis financieras. Para ello la concepción económica de la empresa y de la economía en su conjunto debería modificarse. Algunos piensan que esto es muy difícil pero no es imposible. De hecho, la economía (como todo fenómeno social) es siempre cambiante, las ideas y la situación económicas actuales difieren de las que se daban hace diez años. Podemos estar seguro que todo será diferente dentro de diez años ¿Por qué no intentar que las cosas vayan en la dirección de mejorar la participación de los asalariados en la tarta de la renta total?

Porque en contra de lo que afirmó hace unos años Chistine Lagarde cuando era presidenta del Fondo Monetario Internacional, el que crezca la tarta no garantiza que quienes menos tienen incrementen sus rentas. Solo con una voluntad de dirigir el futuro en esta dirección podremos lograr que la participación de los asalariados en las rentas totales se incremente. No es necesario que la tarta suba, es suficiente con que esta se reparta de otra manera.

 
Deja un comentario

Publicado por en noviembre 20, 2019 en trabajo

 

Etiquetas:

Promover el trabajo decente: una cuestión ética

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras nº1615 Marzo 2019, pág: 12-13

Con frecuencia se piensa que la promoción del trabajo decente depende únicamente de la ética personal. Según esta concepción son los directivos y sus opciones éticas quienes determinan que el planteamiento ante el trabajo sea uno u otro. Los valores, las virtudes y la concienciación de quienes dirigen las empresas, de quienes emplean a trabajadores, de quienes crean empleo remunerado, aparecen como el determinante último de la potenciación del trabajo decente.

Cuando la concepción es esta, la labor a realizar es formar de una manera ética a nuestros directivos. Así surgen los cursos de ética empresarial que intentan cultivar en los futuros o actuales directivos esa conciencia ética que les lleve a ver en las personas y su trabajo algo más que un coste de producción que hay que asumir y minimizar para lograr unos beneficios mayores. La deontología del directivo se convierte así en la clave. Una buena formación en este campo puede llevarnos a un conjunto de directivos que trasladen sus opciones éticas a la empresa y consigan que en sus compañías el trabajo remunerado existente cumpla al menos los mínimos necesarios para que sea considerado decente.

No hay que menospreciar este enfoque de la ética en la empresa como promotora del trabajo decente. Conocemos casos de directivos que realizan un fuerte esfuerzo para lograr unas condiciones adecuadas para su plantilla y que, enfrentándose a otras personas de la misma empresa, han logrado grandes avances que han permitido la creación o la consolidación de empleos remunerados en unas condiciones muy adecuadas. La formación deontológica y la ética de personal de los directivos es importante y no puede ser descuidada.

Sin embargo, ceñirnos a esta responsabilidad personal a la hora de promover el trabajo decente en las organizaciones empresariales supone olvidarse de que muchas personas con un buena ética personal, que tienen unos elevados valores que les llevan a respaldar obras admirables y a llevar una vida personal impecable desde el punto de vista familiar y particular, tienen un comportamiento diferente en la empresa colaborando en ella en la creación y el mantenimiento de trabajo que no podríamos calificar como “decente”. Esta paradoja no se explica solamente por un comportamiento dual que les lleve a ser de una manera en unos ambientes y de otra en otros, sino a unas estructuras que facilitan esta clase de comportamiento totalmente disociado del que se tiene como persona en ambientes que no sean los laborales.

La estructura de las empresas, la estructura de los mercados en los que estas se mueven, los objetivos económicos de la sociedad y de las compañías, todo ello tiene una influencia directa en el comportamiento de directivos y personas que trabajan en una empresa y que son determinantes para la creación y potenciación del trabajo decente. Porque estas estructuras son las que crean las condiciones que hacen que el directivo concienciado pueda tener fácil poner en práctica aquellas medidas éticas favorables al trabajo decente o tenga que ser un valiente lleno de coraje moral para poder ir en contra de la corriente principal que le lleva en la dirección contraria y que puede arrastrarlo irremediablemente.

De hecho, esta es una de las causas principales por las que buenas personas, que tienen un comportamiento correcto en otros campos ajenos al empresarial, tomen decisiones que no realizarían en otros campos de su vida y tengan que escindir su yo en dos maneras de comportarse, la que utilizan en su actividad profesional y la que les sirve para cualquier otro aspecto de su vida. La organización social y empresarial que te premia o castiga según los comportamientos que llevas adelante, es un aspecto clave a tener en cuenta a la hora de promover del trabajo decente.

Varios son los elementos que configuran en marco en el que desarrollamos nuestra actuación. El primero sería la legislación y la lucha ya centenaria por los derechos de los trabajadores es una muestra de la importancia que tiene este campo. Sin embargo, es claramente insuficiente, en especial en un mundo en el que se potencia a nivel internacional la libre circulación de mercancías, la libre contratación de servicios y la libertad de movimientos de capital, pero no se permite la libre circulación de personas. Todo ello hace que se puedan encontrar lugares en los que el trabajo decente no es una realidad y en los que los propietarios de las empresas pueden ganar mucho dinero gracias a unos costes de producción muy reducidos. Unos mercados internacionales liberalizados solamente en parte y con unas condiciones de juego diferentes en unos y otros países, presionan a directivos y empresas en contra del trabajo decente.

La búsqueda de precios bajos también influye en este comportamiento. El hecho de que la mayoría de las personas utilicen como único criterio de compra la relación calidad precio, hace que haya una presión por la bajada de estos últimos que acaba repercutiendo con frecuencia en las condiciones del trabajo. Esto sucede porque la concepción economicista de la empresa pone en primer lugar el margen de beneficios para los propietarios de la misma, lo que hace que los ajustes de precios no suelan recaer sobre las ganancias de los socios de la empresa, sino sobre los costes de producción y a menudo directamente sobre los salarios o las condiciones laborales.

La ética no es solamente una cuestión personal, sino que tiene que ser reforzada por una organización empresarial y de la sociedad que respalde de una manera efectiva aquellas decisiones que pueden llevar a generalizar el trabajo decente en todos los lugares de trabajo. Por ello, nuestras opciones éticas deben mirar más allá de la formación deontológica, más allá de la legislación, para apostar por reorganizar la sociedad, la economía y las empresas de modo que el trabajo decente y quienes lo apoyan se vean reforzados por esta manera de organizarnos.

 
2 comentarios

Publicado por en marzo 27, 2019 en trabajo

 

Etiquetas:

La precariedad laboral

En este programa de radio podéis aprender qué es la precariedad laboral, cómo se da esta precariedad y por qué esta lleva a la pobreza laboral.

https://www.ivoox.com/33516299

 
 

Etiquetas:

Criterios y actitudes pastorales para abordar el futuro del trabajo

Conferencia que voy a impartir el próximo jueves 1 de Febrero en el Salón de actos del obispado de Córdoba a las 19:30.

Estáis todos invitados

Jornadas de pastoral obrera 2018 - Diptico (2)_Página_1Jornadas de pastoral obrera 2018 - Diptico (2)_Página_2.jpg

 
Deja un comentario

Publicado por en enero 30, 2018 en trabajo

 

Etiquetas:

Cambiar la mentalidad de la empresa y del comprador para generar empleos remunerados

Artículo publicado en las páginas 12 y 13 del número 1601 de la revista Noticias Obreras de Diciembre de 2017

2017_12 empresas y empleos remunerados_Página_1

2017_12 empresas y empleos remunerados_Página_2

Durante los dos últimos años los datos agregados del empleo han mejorado. Hemos observado una creación neta de trabajos remunerados y una reducción sustancial de personas que están en el desempleo. Sin embargo, cuando dejamos los datos agregados para introducirnos en los datos el optimismo que genera el primer acercamiento a las estadísticas se enfría un poco. Esto es debido a que gran parte del empleo creado lo es a tiempo parcial y muchos de los contratos son temporales. La consecuencia directa de esto es que el porcentaje de personas que tienen trabajo y no salen de la pobreza no hace más que incrementarse, ya que muchas de ellas tienen unos ingresos anuales inferiores al Salario mínimo interprofesional.

No voy a analizar aquí las causas de que esto suceda pero sí que voy a hablar de las organizaciones en las que esto se da, es decir, de las empresas. Porque estos problemas que he apuntado no se dan de una manera abstracta, sino que detrás de ellos hay unas organizaciones en las que estas personas trabajan con estos bajos salarios, y unos consumidores que compran sus productos sin importarles lo más mínimo las condiciones laborales en las que se producen, ya que solamente están preocupados por la búsqueda del precio más bajo.

En estos dos agentes económicos se observan dos egoísmos complementarios y coherentes con una manera de funcionamiento de la economía actual que conlleva problemas para el empleo remunerado. El primero es el de una empresa centrada en obtener beneficios para sus propietarios-accionistas. La concepción reduccionista de la empresa actual considera que toda ella debe estar al servicio de incrementar las ganancias de sus propietarios, lo que lleva a que los trabajadores sean vistos únicamente como un factor de producción cuyo coste hay que abaratar lo máximo posible para poder mejorar el margen de beneficios. Al mismo tiempo, el consumidor estándar piensa que lo que tiene que lograr es comprar lo más barato posible para poder adquirir más cosas con los ingresos que tiene, con la convicción de que tener más le va a llevar irremediablemente a estar mejor. Por ello, no mira más allá del precio del producto y se ciñe a la comparación de precios entre unos bienes y otros para acabar adquiriendo el más barato.

Es necesario apostar por un cambio de mentalidad de las empresas para poder superar estas situaciones negativas para quienes son sus principales actores: las personas que allí trabajan. Este cambio de mentalidad pasa por poner en un primer lugar lo que se denomina la “Función Social de la Empresa” (FSE) que está compuesta por tres elementos. El primero es producir bienes y servicios útiles para la sociedad. Son necesarias las empresas en una sociedad porque aúnan esfuerzos de muchas personas haciendo que estos converjan en la producción de estos bienes y servicios que acaban beneficiando a quienes los compran y nos hacen la vida mejor y más sencilla a los demás.

El segundo componente de la FSE tiene una relación directa con las personas que componen una empresa. Porque toda empresa es un grupo humano y como tal, tiene que ayudar a las personas que en ella trabajan y ser positiva para su perfeccionamiento y su vida diaria. La empresa es buena para la sociedad porque permite unos ingresos a quienes allí trabajan, pero también porque es un cauce para que estas junten sus esfuerzos con otras personas para trabajar a favor de la sociedad y para que maduren como tales a través de un componente intrínseco a su ser como es el trabajo.

El tercer componente de la FSE tiene que ver con que la empresa es una organización que ayuda al desarrollo del entorno en el que se encuentra. Esto lo consigue a través de la riqueza que puede generar en su entorno gracias a la creación de empleos, a la contratación de suministradores locales, a la utilización de sistemas de producción eficientes que permitan ahorros en el uso de recursos naturales que colaboran en el cuidado de la creación y en la mejora del medio ambiente, al pago de impuestos locales y nacionales, a actuaciones en favor de la la sociedad, etc.

El reconocimiento de esta FSE como el elemento clave de la empresa tiene como principal consecuencia que el beneficio pase a un segundo plano. Es decir, en lugar de ser el beneficio el norte que marca toda la orientación de estas organizaciones, es una condición necesaria para poder cumplir su principal objetivo, que es precisamente su Función Social. El cambio de prioridad es importante porque pone el criterio económico del beneficio en su justo lugar, al servicio de la función social de la empresa, lo que es clave a la hora de tomar las decisiones empresariales que vendrán así dirigidas por una prioridad diferente al beneficio. Cuando cambian las prioridades, las decisiones que se toman ante las mismas situaciones empresariales son diferentes.

Paralelo a esto debe darse un cambio de mentalidad en los compradores. El criterio de compra debe de ir más allá del precio e incorporar la preocupación sobre cómo están produciendo las empresas a las que se compra. Es lo que se ha venido a denominar la “compra responsable”. La actuación de aquellas personas que a la hora de adquirir un bien miran no solo el precio, sino las condiciones laborales, ecológicas, sociales y éticas que tiene la empresa que produce ese bien o servicio para decidir adquirirlo o no. La introducción de estos criterios de compra permite que el comprador también colabore en la potenciación de aquellas empresas que pagan mejores salarios a sus trabajadores, que tienen mejores comportamientos sociales y medioambientales, etc.

Para combinar estas dos actuaciones se precisa un nexo que las una: la transparencia en las condiciones sociales y medioambientales de producción. Sin ella el comprador no puede elegir entre una empresa u otra y estas no pueden hacer valer sus diferentes comportamientos en estos aspectos ante otras empresas que no los desarrollen. Para ello han aparecido sistemas de acreditación de comportamiento ético y social de las empresas. Estos son el nexo entre los dos cambios de mentalidad para caer en la cuenta de que el mantenimiento del empleo remunerado y el incremento del mismo es una tarea de todos, de las empresas y de los compradores, no solo del legislador.

 

 

 

Etiquetas:

Presentación del Informe «Pobreza, desigualdad y trabajo remunerado»

El próximo lunes 13 de Noviembre a las 18:30 presentamos en la Vicaría de Evangelización de Valencia (Calle Avellanas 12) el último informe anual «Análisis y Perspectivas de la Comunitat Valenciana 2017» del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valenciana que se titula «Pobreza, desigualdad y trabajo remunerado»

Presentación informe 13112017

Os esperamos

 
Deja un comentario

Publicado por en noviembre 7, 2017 en pobreza, trabajo

 

Etiquetas: ,

Jornada sobre trabajo y empleo

Os invito a asistir a la VIII Jornada Formación para el compromiso organizada por la Fundación Novaterra que se titula: «TRABAJO Y EMPLEO: PRESENTE Y FUTURO: Entre la creciente precarización y la ineludible necesidad de repensarlo» y que impartirá Teresa Crespo i Julià el próximo sábado 11 de noviembre entre las 11 y las 13:30 h en el Salón de Actos del Jardín Botánico de Valencia. C/ Quart 80, Valencia.

Programa-600x847

Tenéis toda la información en: https://www.novaterra.org.es/11-nov-viii-jornada-de-formacion-para-el-compromiso/

 
Deja un comentario

Publicado por en noviembre 2, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

La tecnificación y el empleo

Artículo publicado en la revista ICONO, año 219, Nº 9 Octubre, Pág. 26-27

17_10 Tecnificación y empleo_Página_1

17_10 Tecnificación y empleo_Página_2

Hablábamos el pasado mes del elemento relacional de las compras. En este artículo vamos a tratar un tema muy próximo a este como es la conexión entre la mejora tecnológica, la falta de relación en las compras y la creación de empleo. Porque si veíamos que la tecnificación tenía un efecto demoledor sobre el elemento relacional de la economía facilitando el comportamiento egoísta y dificultando la introducción de la gratuidad y la lógica del don en el comportamiento económico, la introducción de nuevas tecnologías también puede tener unas consecuencias negativas sobre la creación de empleo en una sociedad.

La tecnología y el empleo

Algunos economistas y sociólogos están afirmando que la incorporación de nuevas tecnologías va a suponer que muchas personas van a quedarse sin empleo y que no tendrán posibilidades de recuperarlo. La robotización se muestra como una amenaza que se cierne sobre nuestras sociedades y muchos medios de comunicación se hacen eco de ella. Ante esta postura otros economistas afirman que la incorporación de nuevas tecnologías siempre produce desajustes en el mercado de trabajo que incrementan temporalmente el desempleo, pero que a largo plazo estas mejoras tecnológicas producen nuevo empleo que incrementa el número de personas que trabajan, de modo que la amenaza de acabar con el empleo no es real y va a suceder justo lo contrario. Si estudiamos lo que ha sucedido en el pasado, nos damos cuenta que la realidad ha sido más cercana a esta última hipótesis que a la primera. La introducción de la máquina de vapor o la mecanización de los telares, ya produjo grandes protestas en los albores de la revolución industrial y profecías pesimistas sobre la posibilidad de sociedades sin trabajo. No obstante, los puestos de trabajo no dejaron de incrementarse pese a los desajustes iniciales que estas tecnologías introdujeron. En contra de esta argumentación el primer grupo de economistas argumenta que esta vez es distinto, que las nuevas tecnologías tienen unas características diferentes que van a provocar una pérdida de empleo irreemplazable.

El empleo decrece, no siempre por las tecnologías

Pero el objetivo de este pequeño artículo va más allá de si estamos condenados a una pérdida de empleos por la tecnificación o no. Lo que queremos analizar es como esta pérdida de empleos, con frecuencia, no depende tanto de las innovaciones tecnológicas sino de como organizamos la actividad económica. Porque las innovaciones no tienen porqué ser negativas para la sociedad, al contrario pueden ser muy positivas si están utilizadas de una manera inteligente y permitir que los nuevos trabajos tengan una dinámica mucho más creativa y positiva para las personas, eliminando el trabajo tedioso y repetitivo que con mucha frecuencia estas se han visto obligadas a realizar, especialmente en las cadenas de producción industriales (aunque no solo allí). De hecho, podemos encontrar distintos modelos de empresas que realizan el mismo tipo de actividad utilizando las mismas tecnologías y difiriendo en el número de empleados que tienen. Las gasolineras, los bares, los bancos, la atención telefónica o el comercio, son sectores tradicionalmente atendidos por personas en los que vamos viendo como estas se sustituyen por máquinas (aunque no en todas las empresas) ¿Es esto una consecuencia directa del avance tecnológico o más bien una opción estratégica de las empresas?

Una tecnificación que puede generar hastío

De hecho esta tecnificación ya está generando hastío. Muchas personas intentan ponerse en contacto directamente con alguien que les ayude personalmente, no quieren hablar por teléfono con máquinas, aprecian que alguien les explique cómo funcionan las cosas, que alguien les informe sobre qué es mejor o peor… Es claro que no todas las personas lo viven así. También las hay que prefieren no tener contacto directo con nadie, tomar decisiones delante de una máquina para no verse condicionadas por un sentimiento hacia la contraparte y así pensar en sus propios intereses sin trabas emocionales. Sin embargo el primer grupo es creciente ante el hartazgo que provocan las máquinas, la robotización y los problemas que tienen unos instrumentos que no pueden improvisar, que no pueden pensar, que no pueden responder de manera original o comprensiva ante determinadas cuestiones, que no atienden de manera afectiva o calurosa a quienes interactúan con ellas.

Potenciar el empleo a través de nuestro consumo

Este hastío no solo puede suponer un nuevo hueco de mercado para aquellas empresas que sepan ofrecer ese servicio de cercanía y de relación que ya no están ofreciendo la mayoría, que sepan convertirse en cómplices de sus clientes para ayudarles y aportarles una cercanía que vaya más allá del simple intercambio de personas egoístas que tan solo buscan su propio interés. También es una oportunidad para que todos nos convirtamos en personas que colaboramos en la creación de empleo. Porque como indica Juan Pablo II en su Encíclica Laborem exercens (18) “el problema de encontrar un empleo adecuado para todos los sujetos capaces de él… es un problema fundamental de la sociedad”. Por ello todos debemos colaborar en que esa creación de empleo sea la mayor posible, para lo que es necesario que nos planteemos cómo estamos realizando nuestras compras, en qué clase de tiendas estamos comprando, si estamos tratando con personas o con máquinas. También sería necesario que a nivel global tuviésemos información sobre cuál es el ratio de empleo por facturación de las empresas, es decir, que conociésemos que empresas crean más empleo y cuáles menos para que pudiésemos comprar a aquellas que consideramos que son más positivas para las personas. En la medida que la sustitución de personas por máquinas no es una cuestión ineludible sino que es una opción económica que se puede (o no) tomar, debemos pensar en ello cada vez que compremos para analizar si estamos colaborando en la creación de empleo en nuestra sociedad o somos consumidores que colaboramos activamente en la reducción del mismo gracias a nuestros hábitos de compra.

 

 

 

 
Deja un comentario

Publicado por en octubre 23, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

¿Puede nuestra actividad económica ser Buena Noticia?

Conferencia que impartiré el miércoles 4 de Octubre en Salamanca, a las 18:00 en el aula Virgen Vega de la Casa de la Iglesia.

actividad económica buena noticia en salamanca

 

Etiquetas:

Tecnología y trabajo

¿Va a acabar la tecnología con los trabajos tal y como los vivimos hoy? ¿La tecnología destruye empleos como afirman algunos o crea nuevos como dicen otros?

En este breve audio hago un análisis sobre esta cuestión.

https://www.ivoox.com/tecnologia-mercado-trabajo-audios-mp3_rf_19835838_1.html

tecnología y trabajo

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 23, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

¿Repartimos el trabajo?

¿Sería una buena opción repartir el trabajo existente para que hubiese más empleo? En este breve audio analizo esta cuestión que siempre plantea debate entre quienes están o no a favor.

https://www.ivoox.com/reparto-del-trabajo-9-audios-mp3_rf_19958001_1.html

reparto del trabajo

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 16, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

El desempleo en España en el primer trimestre de 2017

Aquí tenéis un comentario sobre las cifras de desempleo en España y en el País Vasco durante el primer trimestre de 2017

https://www.ivoox.com/algunas-cifras-mercad-trabajo-audios-mp3_rf_19835779_1.html

desempleo 2017

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 9, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

¿Cómo medimos la tasa de desempleo en España?

En este audio tienes una pequeña explicación de cómo se mide la tasa de desempleo en España a través de la Encuesta de Población Activa (EPA) y el Instituto Nacional de Empleo (INEM)

https://www.ivoox.com/medir-mercado-trabajo-audios-mp3_rf_19835762_1.html

para la tasa de desempleo

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 2, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

El salario digno

¿Qué es un salario digno? ¿Cuál es su cuantía adecuada? Aquí tenéis una breve reflexión sobre este debatido tema.

https://www.ivoox.com/salario-digno-audios-mp3_rf_19783974_1.html

salario-digno

 
Deja un comentario

Publicado por en julio 24, 2017 en Derechos humanos, trabajo

 

Etiquetas:

El trabajo reproductivo

Otros minutos de radio para saber algo más sobre el trabajo reproductivo, es decir, aquel que hacemos para cubrir necesidades y apetencias a nosotros mismos o a los nuestros.

http://www.ivoox.com/trabajo-reproductivo-audios-mp3_rf_19783806_1.html

Dad_and_child_doing_laundry_Mint_Images_Fotolia

 

 
Deja un comentario

Publicado por en julio 13, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

Qué es el trabajo decente

En el programa de radio del lunes 12 de Junio hablamos durante unos minutos sobre qué es el trabajo decente.

Aquí tenéis el audio: https://www.ivoox.com/19334036

trabajo_decente

 
Deja un comentario

Publicado por en junio 22, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

Trabajar para ganar dinero

¿Es el trabajo remunerado tan solo un medio para ganarse la vida? ¿Qué sucede cuando entendermos así al trabajo? Nos acercamos en este audio a la concepción reduccionista del trabajo remunerado que tanto perjudica a aquellas personas que solamente entienden el trabajo en esta clave.

Puedes escuchar el programa de radio en: https://www.ivoox.com/19206949

 

herramientas-de-carpinteria_5_900

 
Deja un comentario

Publicado por en junio 12, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

Colaboración en Radio Popular

He comenzado una colaboración semanal con la emisora Radio Popular Herri irratia. Es en el programa «Misión es Posible» de Cristina Maestro. Intervengo los lunes a las 18:30 aproximadamente.  Iré introduciendo el corte cada semana en el blog.

logoradiopopwebeusk

Aquí tenéis los dos primeros sobre los tipos y los elementos del trabajo.

Los tipos de trabajo

Los elementos del trabajo

 
Deja un comentario

Publicado por en junio 5, 2017 en trabajo

 

Etiquetas:

El reconocimiento social del trabajo

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 10, Noviembre 2016, pág: 26 y 27

16_11-reconocimiento-social-del-trabajo_pagina_1

16_11-reconocimiento-social-del-trabajo_pagina_2

Sabemos que el trabajo es una parte intrínseca y consustancial a la persona. Desde el principio, en el génesis, Dios crea a las personas a su imagen y semejanza y les invita a trabajar la tierra y cultivarla. El trabajo no es una maldición ni un castigo, sino algo que pertenece a la condición originaria de toda persona. Los libros sapienciales consideran al trabajo honrado como fuente de riquezas y de condiciones para la vida decorosa y por ello le consideran un instrumento eficaz contra la pobreza. Sin embargo, al mismo tiempo afirman que no hay que idolatrar el trabajo ya que no es el único lugar en el que podemos encontrar el sentido último de la vida. El trabajo es algo esencial para la vida, pero no lo es todo, ni tampoco el punto esencial para nuestra realización como personas. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. Estos mismos libros hablan del descanso sabático como el sistema contra el sometimiento humano al trabajo, este descanso es preceptivo y debe respetarse semanalmente. Jesús describe su misión como un trabajo y enseña a apreciar el mundo del trabajo. A pesar de valorar el trabajo, también aporta que no hay que dejarse dominar por el trabajo, que hay otras cuestiones más importantes. Las sagradas escrituras ven el trabajo como una dimensión fundamental de la existencia humana y como una fuente de crecimiento como persona. El trabajo es clave en la Doctrina Social de la Iglesia y por ello ha sido tratado en la práctica totalidad de sus documentos y que tiene una Encíclica dedicada íntegramente a él: la Laborem exercens de Juan Pablo II.

¿Qué es el trabajo?

Pero conviene matizar qué se entiende por trabajo para comprender bien su alcance y aclarar algunas confusiones que se dan con respecto a él. El trabajo es una actividad humana, la realizamos las personas y no las máquinas. Estas son, simplemente, instrumentos que nos ayudan, pero cuando hablamos de trabajo, estamos refiriéndonos a una actividad humana por naturaleza. Las personas trabajamos cuando realizamos una labor destinada a cubrir nuestras necesidades vitales o a proveernos de bienes y servicios que, aunque no son necesarios para nosotros, deseamos tener o disfrutar. Estas necesidades vitales o apetencias y deseos, pueden ser nuestras o de otros. Es decir, se considera trabajo tanto si esta actividad la hacemos para otros como si la realizamos para otras personas.

Tipos de trabajo

En una sociedad como la nuestra existen tres tipos de trabajo. El primero es el trabajo remunerado, es decir, aquel por el que recibimos una remuneración monetaria, ya realicemos este por cuenta ajena o por cuenta propia. El segundo es el trabajo reproductivo. Se denomina así el que se realiza para la propia subsistencia, de modo que no se recibe ninguna remuneración por él. Incluye el trabajo doméstico y todas las actividades destinadas a autoabastecerse de bienes y servicios (tener un huerto propio, arreglarse o construirse la propia casa, reparar sus propios electrodomésticos, etc.) Por último, existe un tercer tipo de trabajo que es el voluntario. Este se realiza en el marco de una organización en la que se trabaja, sin recibir remuneración a cambio, para cubrir necesidades y apetencias de otros.

No todos los tipos de trabajo son apreciados por igual

Todos estos trabajos son importantes para la sociedad. Sin la existencia de alguno de ellos, nuestras comunidades no funcionarían bien. En una sociedad evolucionada y compleja, es importante que exista una riqueza de actividades en la que estén representadas estos tres tipos de trabajo. Sin embargo, no todas estas clases de trabajo son apreciadas por igual. El trabajo remunerado es el único que parece importante en nuestros días. De hecho, si alguien realiza un trabajo doméstico o uno voluntario, se considera que no trabaja. Esto no solo sucede en las definiciones estadísticas (que consideran a quienes no tienen trabajo remunerado ni lo busca como población inactiva), sino que también sucede en la apreciación popular. Parece que solamente trabajan aquellos que lo hacen a cambio de una remuneración y no quienes lo hacen en casa o en una organización como voluntarios.

Revalorizar los trabajos no remunerados

Existe pues una falta de aprecio por el trabajo no remunerado tal, que parece que las personas solamente se pueden realizar o alcanzan su plenitud si logran un salario o unos ingresos monetarios a cambio de su trabajo. Aquellos que optan por el trabajo reproductivo o voluntario (y se quedan en casa para dedicarse a su familia o en una organización benéfica para ayudar a los demás) aparecen como unos fracasados que no han podido acceder a lo único que parece ser adecuado para la realización personal: el trabajo remunerado. Se trata esto de una anomalía que no solo genera sufrimiento en aquellos que se dedican a labores no remuneradas (al no verse reconocidos apropiadamente) sino que además perjudica a la sociedad en su conjunto desincentivando esta clase de opciones. Por ello debemos volver a valorar estos dos tipos de trabajo. Darles la importancia social que se merecen y ayudar a que estas opciones sean tomadas por las personas y sean cauces adecuados, no solo de realización personal, sino de aceptación y reconocimiento social.

 
Deja un comentario

Publicado por en noviembre 21, 2016 en trabajo

 

Etiquetas: ,

El trabajo, un desafío ético y económico

Este viernes imparto una conferencia en Sevilla titulada «El trabajo, un desafío ético y económico». Es a las 19:00 en el seminario metropolitano. Estáis todos invitados.

cartel-vi-encuentro-sevilla

diptico-vi-encuentro-1sevilla_pagina_1

diptico-vi-encuentro-1sevilla_pagina_2

 

 

 

Etiquetas:

Medidas de conciliación y resultados empresariales

 «Medidas de conciliación y resultados empresariales»

Aquí tenéis un artículo que publiqué hace un tiempo en:

En Abril Stoffels, R. (coord.). Conciliación hoy (pp. 405-428). Madrid : CEU Ediciones.

Os lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/7822

familia dibujada por niña

 
Deja un comentario

Publicado por en agosto 15, 2016 en Economía humana, trabajo

 

Etiquetas:

¿Cómo se tiene éxito en una empresa?

Món Orxata es una historia diferente de éxito empresarial. No solo se basa en obtener el máximo beneficio en un corto plazo, sino en realizar una actividad económica que prioriza a las personas y a la sociedad, que tiene en cuenta a los trabajadores, que tiene en cuenta el medio ambiente, que produce bienes y servicios útiles para la sociedad y que pone la economía al servicio del desarrollo de la zona de la huerta valenciana.

mon orxata 2

Por todo ello y para que conozcas mejor esta empresa valenciana y veáis como se lleva a la práctica un modelo de economía más humana os invito a la conferencia que organizamos desde el Foro CEU Empresa el próximo martes 5 de Mayo a las 19:00 en el palacio de Colomina.

Aquí teneis la invitación al mismo:

Invitacion Foro CEU Món Orxata

 
 

Etiquetas: , ,

Los salarios bajan, la demanda se debilita

Artículo publicado en la Revista Noticias Obreras, nº 1563, Septiembre 2014, páginas 13 y 14

Septiembre 2014 Los salarios bajan 1Septiembre 2014 Los salarios bajan 2

El pasado Junio, nuestro ministro de economía Luis de Guindos le quitó importancia al hecho de que los salarios estuvieran bajando (y perdiendo su capacidad adquisitiva) de cara a la recuperación de la demanda en nuestro país y por tanto, de la recuperación económica. Su argumentación ha sido repetida con frecuencia y se basa en dos puntos clave: que una rebaja de salarios es buena porque mejora la competitividad de nuestros productos en el exterior y que la recuperación económica no tiene por qué provenir de un incremento de la demanda interna, sino del impulso de la oferta, es decir, de la mejora de la confianza de las empresas que les lleve a invertir y a generar más empleo.

Pues bien, voy a analizar estos dos argumentos para aportar un poco de luz en el debate y poner las cosas en su sitio. En primer lugar, hay que decir que el argumento de que una bajada de salarios incrementa la competitividad, puede ser cierto si esta bajada de salarios se traduce en una reducción de los precios del producto y el resto de variables se mantienen constante. Dicho de otra manera, la competitividad se incrementará si conseguimos vender más barato el mismo producto.

Siendo esto cierto, también lo es que la bajada de salarios no es la única manera de lograr incrementar la competitividad. También se puede conseguir reduciendo el margen de beneficios empresariales. Claro que esta opción suele ser tabú… En la medida que la prioridad son, precisamente, las ganancias de los accionistas de una empresa, rebajar éstas para reducir los precios suele ser algo que, sencillamente, escandaliza y no se contempla. Pero existen otros sistemas para reducir los precios de los bienes, como son todos aquellos que derivan de incrementar la productividad. Si los mismos trabajadores consiguen producir más en el mismo tiempo, el coste de producción también se reduce y con ello se logra un margen para la reducción de precios. El camino del incremento de la productividad parece, desde el punto de vista de la mejora de la sociedad, una senda más aconsejable por las repercusiones económicas que tiene a largo plazo que la simple bajada de salarios.

Además de estas propuestas, el incremento de competitividad por la reducción de salarios viene forzado, con frecuencia, por un entorno internacional en el que existen países en los que los salarios son exageradamente bajos. Nosotros exigimos a estos países que produzcan los bienes que nos venden cumpliendo una serie de requisitos técnicos. Si los productos no cumplen estos requisitos, no se pueden vender en nuestro país. Sin embargo, no les exigimos ninguna clase de condición social en la producción, las exigencias sociales se consideran trabas al comercio internacional mientras que las exigencias técnicas no lo son porque protegen a los compradores de bienes defectuosos o que no cumplan bien su cometido.

Vuelve a darse aquí una cuestión de prioridades. La nuestra son los ciudadanos de nuestro país, por eso exigimos requisitos técnicos para que no se electrocuten utilizando un secador del pelo (por ejemplo) pero nos dan igual las condiciones sociales de quienes producen ese secador porque lo que queremos es que nos lo vendan lo más barato posible (para así poder comprar más cosas con el mismo salario). Los trabajadores de los otros países no nos importan, lo que queremos es máxima calidad a mínimo precio.

Es evidente que esta cuestión se resolvería exigiendo unos mínimos sociales y salariales para las empresas productoras de igual modo que se exigen mínimos técnicos para producir un determinado bien. Esto se podría hacer tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Si se pusiese en práctica esta manera de afrontar el mercado, la bajada de salarios no sería necesaria para una mejora de la competitividad y las políticas de producto deberían centrarse en otros aspectos.

Por último, también podríamos mejorar nuestra competitividad generando inflación y logrando que nuestra moneda se depreciase. Si bien este sistema no es sostenible a largo plazo y si no se controla cuidadosamente puede generar problemas económicos grave, aplicado de una manera razonable y temporal puede traer buenos resultados. Nuestra pertenencia al euro y una política monetaria basada en baja inflación y en el mantenimiento del valor de la moneda para no perjudicar al sector financiero que trabaja con ella, hacen que esta clase de políticas no se contemplen en la actualidad.

Por otro lado tenemos la argumentación sobre quien va a ser quien genere empleo y recuperación económica. La idea de que produciendo más y mejor, va a llevar a que haya personas que compren esta producción y que, por lo tanto, hay que insistir en la oferta y no en la demanda, ha sido demostrada como falsa por los hechos y por los teóricos. Es necesaria una demanda que compre lo que se produce. La recuperación no puede venir solamente por el incremento de la producción si esta no la compra alguien. Para ello necesitamos, o bien que haya otros países que compran esos bienes que producimos y que por tanto permitan esa mejora económica, o bien que la mejora de la confianza se traduzca no solo en mayor producción sino también en un nivel más elevado de compras por parte de los nacionales, o bien que el incremento de la producción se traduzca en un aumento de los salarios y de las rentas de las personas para que estas puedan también comprar lo que se produce.

Parece evidente que, si los salarios no aumentan y las rentas de la clase media se reducen, los dos últimos supuestos no se darán con demasiada facilidad, lo que nos puede llevar a que tengamos que confiar solamente en la demanda exterior para afianzar nuestra recuperación. La demanda debe ser tenida en cuenta en cualquier circunstancia económica al mismo nivel que la oferta ya que la economía consiste precisamente en esto, el intercambio precisa de productor y comprador, de oferta y demanda. Si una de las dos falla, no se realiza el intercambio… Pensar que una economía nacional puede funcionar de una manera boyante con una demanda débil y con una mayoría de personas con bajos salarios, no parece que sea realista…

 

Etiquetas: , , , , , ,

Crisis y Derechos Sociales Análisis y Perspectivas Comunitat Valenciana 2014

Desde el Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunitat Valenciana de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas de la Comunidad Valenciana y la Fundación FOESSA hemos publicado el primer estudio de lo que pretende ser una serie anual que trate los datos coyunturales sobre pobreza, desigualdades y privación en la Comunitat Valenciana. (puedes consultarlo aquí)

Portada del informeEn el informe hay una primera parte de análisis de la realidad coyuntural de la Comunitat Valenciana en cuanto a la renta per cápita, el mercado de trabajo y la pobreza, desigualdades y privación. Una segunda que adelanta los resultados del informe FOESSA que se presenta a finales de Octubre de 2014 y por último, hay cinco artículos de encargo que profundizan sobre diversos temas de actualidad como son los presupuestos de la Generalitat en materia social durante los últimos años, el tema de los deshaucios y las soluciones que se han ido aplicando, la ayuda alimenticia como asistencia pura y dura en contraposición a un enfoque de derechos, la prevención y la intervención social en los niños más desfavorecidos y la economía social como alternativa al modelo económico actual.

Si queréis un resumen más detallado del informe podéis encontrarlo aquí: http://medios.uchceu.es/actualidad-ceu/el-23-por-ciento-de-los-valencianos-vive-en-hogares-con-una-renta-inferior-al-umbral-de-la-pobreza-segun-el-estudio-de-la-ceu-uch-caritas-y-foessa/

 

Etiquetas: , , , , ,

¿Quieres aprender a dirigir una empresa? MBA de la Universidad CEU Cardenal Herrera

Os presento un video que hemos hecho para celebrar el 20º Aniversario del MBA de la Universidad CEU Cardenal Herrera que dirijo desde este verano.

Espero que os guste

 

 
1 comentario

Publicado por en enero 25, 2014 en educación y economía, trabajo

 

Etiquetas:

Trabajar para construir y construirse

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1552, Octubre de 2013, pág 12-13

trabajar para construirse 1trabajar para construirse 2

La encíclica laborem exercens de Juan Pablo II nos recordó en su momento cuáles son las principales dimensiones del trabajo. Por un lado la objetiva, es decir, cómo a través de nuestra actividad productiva de bienes y servicios que sean útiles para nuestras vidas o para las de los demás, contribuimos en recrear este mundo, en construir una sociedad mejor y en que el bienestar de las personas que componen nuestra sociedad se incremente. La segunda dimensión es la subjetiva. Esta se basa en cómo el trabajo es una parte sustancial de la persona. Nosotros no podemos entendernos sin trabajo, la labor que realizamos para la elaboración de esos bienes y servicios es consustancial a nuestro ser. Por ello, el trabajo que desarrollamos es una de las maneras a través de las cuales nos realizamos como personas. Somos más humanos también en el trabajo y a través de él.

Hablar de estos conceptos en un momento en el que nos encontramos en unos niveles de desempleo que nunca habían sido tan altos, puede parecer una frivolidad. Algunos podrían pensar que con los graves problemas económicos que estamos viviendo, lo último que se puede pensar es si mi trabajo me ayuda a perfeccionarme como persona o si colaboro realmente en la mejora de mi entorno a través de él. Parece que en momentos así lo único que se puede hacer es dar gracias por el trabajo remunerado que tenemos sin realizar planteamiento alguno que vaya más allá.

Esto puede llevar a la concepción (tan extendida que alcanza, con frecuencia, a personas cristianas muy comprometidas) de que el trabajo se realiza tan solo para ganar el sustento, mientras que uno se realiza como persona y colabora en una sociedad mejor fuera de mi él, en el tiempo libre, en las actividades que se desarrollan en la parroquia, en una asociación, en una ONG, es decir, en las actividades voluntarias fuera del trabajo remunerado.

Si nos centramos en aquellos que viven su trabajo así y que tienen una fuerte conciencia de colaboración en la mejora del mundo en el que vivimos, me refiero a aquellos para los que su labor remunerada es una especie de mal menor en el que pasan muchas horas al día, pero que les sirve de soporte para poder utilizar todas sus energías en la labor solidaria que ejercen en su organización, ONG, labor voluntaria, etc. (Otros reservan estas fuerzas para dedicarse a organizar una fiesta, hacer deporte o realizar otras actividades lúdicas que también les apasionan. Se trata del mismo fenómeno pero con objetivos distintos)

Pienso, sinceramente, que esta postura no colabora demasiado en el crecimiento personal de aquellos que la practican y que tampoco lo hace en la construcción de esa sociedad mejor que anhelamos casi todos. Nuestra labor solidaria, nuestros anhelos de justicia, nuestra manera de colaborar en la mejora de nuestro entorno, también debe realizarse a través del trabajo. No pretendo ir en contra de la labor voluntaria o de la participación en ONGs, por supuesto que no, nada más lejos de mi intención. Lo que intento decir es que con el mismo espírituo con el que nos planteamos estas colaboraciones y estos trabajos, debemos plantearnos nuestra labor remunerada. Esta última puede ser, también, una fuente importante de gratificación personal y de colaboración en la mejora de nuestra sociedad.

Algunos pueden aducir que en determinados puestos de trabajo esto no es posible. Con frecuencia cuando comento esta cuestión, me preguntan cómo podemos hacer esto en un puesto de producción en cadena, o cómo se puede contribuir a la mejora de la sociedad cuando nos obligan desde nuestra empresa a actuar justo en el sentido contrario. Estas dos circunstancias parecen justificar que se tome el trabajo como un mal menor, que se limite uno a recibir el salario al final de mes y reserve sus energías para hacer en otros ámbitos aquello que sí que ayuda a crecer como persona y a construir un mundo mejor. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así.

Por un lado, salvo que se trate de una actividad claramente mafiosa o delictiva, la mayoría de las actividades económicas que se realizan en una empresa pueden beneficiar a la sociedad o a una parte de ella. Si estoy en una cadena de producción de, pongamos, piezas eléctricas de porcelana, mi colaboración en que estas salgan sin defectos, con todos los parámetros de calidad, no solamente va a ayudar a la empresa productora, sino también a los usuarios finales de estos elementos. En esta labor también compartimos el trabajo con otras personas como yo. Mejorar el ambiente de trabajo, conseguir unas relaciones amigables y un entorno positivo, es otra manera de construir sociedad. Esto no quiere decir que tengamos que callar si nos están exigiendo que tomemos actitudes poco éticas o contrarias a la mejora de los que nos rodean, todo lo contrario, nuestra actitud debe ser la mejor manera de mostrar este modo de entender nuestra labor.

Quizá el punto más difícil en este sentido es si el trabajo no nos está sirviendo para crecer como personas. Las situaciones críticas, los problemas, las circunstancias adversas, también son momentos en los que podemos lograr ser más humanos, crecer y avanzar en nuestro perfeccionamiento personal. Bien es verdad que esto tiene un límite que deberemos reconocer por si es necesario sacrificar los ingresos para mantener nuestra integridad personal y nuestra propia coherencia de vida. Por ello, como ya he nombrado, es importante denunciar las prácticas contrarias al desarrollo personal de los trabajadores o a las que van en contra de la mejora de la sociedad. Decidir hacer como si nada de esto existiese y buscar otras cosas fuera para intentar compensar lo que en el trabajo me machaca, puede ser la opción aparentemente más cómoda, pero no creo que sea la mejor.

Nuestra labor remunerada, es un lugar importante para nuestra realización personal y para nuestra colaboración en la mejora de nuestro entorno. Olvidar esto y considerarlo solo como un mal menor que debemos realizar para poder tener los ingresos que necesitamos para nuestra vida es deshumanizar nuestro trabajo y a nosotros mismos. Comprenderlo y actuar en consecuencia es una de nuestras responsabilidades en el mundo del trabajo hoy en día.

 

Etiquetas: , , , , , , ,

Trabajo responsable, liderazgo responsable

Artículo publicado en el periódico Levante, en su suplemento EMV el Mercantil Valenciano, página 16, el Domingo 22 de Septiembre de 2013

Liderazgo responsable

Cualquier empresa querría tener unos trabajadores responsables. Entiendo por estos aquellos que se encuentran motivados para realizar su trabajo, lo ejecutan con ganas y de una manera concienzuda, buscan la calidad y la excelencia en lo que hacen e intentan mejorar cuando tienen errores, trabajan bien en equipo y aceptan las indicaciones de sus superiores, son capaces de encontrar soluciones eficaces ante dificultades novedosas y en resumen: les gusta lo que hacen, son productivos y colaboran de una manera constructiva en la consecución de los fines de la empresa.

Lograr esto no siempre es fácil, de hecho, cuando se habla de liderazgo se está pensando (habitualmente) en la capacidad para crear equipos compuestos por esta clase de trabajadores que logren, de una manera eficaz, los objetivos de la empresa. Para hacerlo, hay diversas técnicas de dirección que pretenden mostrar el camino más adecuado para alcanzar un verdadero liderazgo. No pretendo en este artículo describir o realizar un listado de estas técnicas, pero sí aportar unas claves que deben de estar detrás de cualquiera de ellas y que son las permiten, de una manera efectiva, real y a largo plazo, unos trabajadores responsables.

Existe la idea generalizada de que el trabajo remunerado tiene una finalidad única que es la de lograr los ingresos necesarios para poder vivir. Desde este punto de vista, lo único que le pide una persona al trabajo es que le aporte un sueldo suficiente o lo más elevado posible (dependiendo de las ambiciones de cada uno) y todo lo demás es secundario. Parece evidente que, si esto es así, la manera de lograr trabajadores responsables solamente pasa por una correcta política remunerativa. En la medida en que pague bien a mis trabajadores, estos serán responsables en su trabajo y con la implantación de unos salarios diferentes que correspondan a la responsabilidad adquirida por los empleados, lograré ejercer un liderazgo adecuado.

Sin embargo, la realidad es más compleja. Pensar que el trabajo remunerado se realiza solamente por los ingresos, olvida las dos dimensiones esenciales del trabajo que son determinantes a la hora de que el trabajador asuma o no una postura responsable. La primera dimensión es la que se viene a denominar objetiva: a través de nuestro trabajo colaboramos en la construcción de la sociedad en la que vivimos. Por ello, la labor remunerada es importante para nosotros y para la comunidad. En la medida que nuestra pertenencia a un equipo-empresa que produce bienes y servicios útiles a la sociedad nos permita sentir que estamos aportando algo positivo, que estamos colaborando (aunque sea en una medida pequeña) en mejorar el entorno social o natural en el que nos movemos, nos sentiremos satisfechos o no con nuestra labor.

La segunda dimensión del trabajo que hay que tener en cuenta para lograr este liderazgo positivo es la subjetiva. El trabajo (sea o no remunerado) es algo intrínseco a la persona. Nos hacemos persona, crecemos como tales, maduramos, con el trabajo. La ociosidad, el no realizar ninguna actividad encaminada a producir bienes o servicios útiles para nosotros o para la sociedad (es decir, trabajar) es negativa para las personas que la practican. El dicho valenciano lo dice claramente “qui no te faena, el dimoni li la dona” (quien no tiene trabajo, el demonio se lo da).

Por ello, trabajar es necesario para nuestra maduración, para ser cada día más personas y para nuestro crecimiento como tales. Nuestro trabajo remunerado debe ser un lugar en que sintamos que podemos ser nosotros mismos, que nuestra personalidad se desarrolla, que colaboramos con otros, que podemos aportar lo mejor de nosotros mismos, que potenciamos esa manera de ser que nos hace únicos y que somos valiosos para la organización en la que trabajamos. Necesitamos sentirnos potenciados como personas y que aquello que hacemos nos favorece para mejorar como tales.

Si buscamos trabajadores responsables vamos a tener que cuidar estas dos dimensiones además de la anteriormente citada. Es decir, para que un grupo de personas trabajen con responsabilidad a lo largo de un periodo dilatado de tiempo, se precisa que, por un lado, reciban una remuneración adecuada que les permita cubrir tanto sus propias necesidades como las de su familia. Por otro, que sepan que están siendo útiles a la sociedad, que su trabajo está beneficiando a otros que pueden estar agradecidos a su labor positiva. Por último, deben notar como su trabajo les ayuda a crecer como personas, es positiva para ellos, les da equilibrio y fuerza para afrontar su día a día.

Cualquier persona va a trabajar con responsabilidad si se encuentra en un lugar en el que se de una combinación adecuada de estos tres elementos. Cuando falla alguno de ellos, es difícil mantener en el tiempo la motivación adecuada para que se trabaje con responsabilidad. Podrá permanecer durante un periodo breve, podrá lograrse una motivación pasajera, pero más pronto o más tarde se acabará.

Para lograr trabajadores responsables precisamos de un liderazgo responsable. Este es aquel que logra que las condiciones de trabajo sean tales que las personas que componen la empresa puedan desarrollar correctamente las dos dimensiones del trabajo (la objetiva y la subjetiva) y reciban al mismo tiempo unos ingresos adecuados para su vida. Cualquier estilo o técnica de liderazgo que no atienda a estas tres cuestiones, cualquier empresa en la que estos tres aspectos del trabajo no sean cuidados, seguramente fracasará en su intento de tener trabajadores responsables en el largo plazo. Podrá lograr la implicación y la responsabilidad durante un periodo breve de tiempo, tal vez hasta los resultados sean espectaculares mientras consiga mantener ese tirón inicial, pero seguramente se deshincharán tan rápido o más de lo que se necesitó para inflarlas. Un liderazgo que quiera tener solidez no puede basarse en soluciones cosméticas, sino que tiene que ir a la esencia, tiene que abordar las dimensiones profundas del trabajo para lograr con responsabilidad, que esta se extienda al resto del equipo humano que compone la empresa.

 
 

Etiquetas: , , , , , ,

El principio contributivo y la renta básica

Artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1551 Septiembre 2013, pág: 12-13

Renta básica_Página_1Renta básica_Página_2

El Estado del Bienestar en la práctica totalidad de los países en los que este se ha desarrollado sigue lo que se denomina el principio contributivo. Esto quiere decir que para lograr gran parte de las prestaciones que este te ofrece, debes haber contribuido antes al mantenimiento del mismo. De este modo, tienes derecho a la pensión de jubilación si has estado cotizando durante un determinado periodo de tiempo, vas a obtener la prestación del desempleo si también has pagado tu seguridad social a lo largo de un plazo prefijado. De hecho, no solo tienes derecho a una determinada cantidad cuando has contribuido previamente, sino que además, la cuantía que vas a percibir depende del dinero que has aportado a la Seguridad Social. Si has ganado un sueldo elevado y tu contribución ha sido alta, recibirás una pensión o un subsidio de desempleo superior a aquella que recibirías si tu salario y tu contribución hubiesen sido bajas.

Este sistema es generalmente aceptado por la mayoría de la población y de los partidos políticos a pesar de que, como voy a describir en las líneas posteriores, se le pueden hacer objeciones desde el punto de vista de la justicia, desde una visión redistributiva y desde la idea cristiana de la economía de la gratuidad y la opción preferencial por los pobres. Ante un sistema que naufraga desde el punto de vista económico (como nos recuerdan todos los meses desde los medios de comunicación y desde el Estado) y ético (como voy a intentar demostrar), pueden existir alternativas que mejoren sus resultados en ambos campos, pero esto precisa un cambio de mentalidad en la sociedad.

En primer lugar nos podemos preguntar si establecer un sistema así puede considerarse como justo. Se puede pensar que, en la medida que cada uno recibe según lo que ha aportado, se trata de un sistema justo desde el punto de vista conmutativo o contributivo. Sin embargo esto no siempre sucede así. Alguien puede estar haciendo grandes contribuciones durante un periodo de tiempo y finalmente recibir una pensión reducida porque los últimos años ha cotizado poco. O alguien puede cotizar bastante pero durante un número de años suficiente, por lo que, aunque la cotización haya sido la máxima, luego no recibe pensión alguna… En estos casos, la justicia conmutativa no se da.

En este sentido podríamos plantearnos también si una cotización superior corresponde realmente a un mayor esfuerzo y por tanto a una mayor recompensa ¿El salario y nuestra situación de empleo o desempleo depende solo de nosotros o hay situaciones externas que también determinan nuestra cotización y el número de años en que lo hacemos?

En segundo lugar, desde el punto de vista redistributivo, el sistema actual no parece que lo sea en demasía… Aquellos que contribuyen más, reciben más y viceversa. Es más, en una situación como la actual, trabajadores precarios que no tienen la certeza de una pensión futura, están financiando altas pensiones de las personas mayores que trabajaron largos años y generaron derecho a percibirlas. Del mismo modo, el hecho de que las cotizaciones dejen de aumentar cuando se llega a una determinada renta, hace que el sistema se comporte como regresivo siendo las rentas más altas las que menor porcentaje pagan en concepto de contribuciones a la Seguridad Social. Parece, pues, que el principio de justicia redistributiva ni es cumplido ni potenciado por este sistema.

La Doctrina Social de la Iglesia considera que el Estado debe perseguir como fin prioritario el Bien Común. Este busca la promoción y el perfeccionamiento de todas y cada una de las personas que hay en una sociedad. Por ello, piensa que debemos tener una opción preferencial por los más pobres y los más desfavorecidos ya que estos son quienes tienen más difícil alcanzarlo. Sin embargo, el sistema contributivo no parece promover a los que peor están. Más bien al contrario, premia a aquellos que han tenido la suerte, habilidad o esfuerzo para ganar más. Esto va en contra de lo que esperaríamos de una gestión pública que realmente busca el bien común o de lo que Benedicto XVI denomina la economía del don, es decir, dar sin pedir condiciones previas.

De hecho, una de las grandes ventajas de un sistema económico de mercado es que en él, aquel que realiza una gestión económica más eficiente se ve recompensado con más beneficios e ingresos (al menos en teoría). Por lo tanto, si el mercado ya cumple bien esta misión ¿Por qué tiene el Estado que reforzarla? ¿Es la función del Estado recompensar a aquel que ha ganado mucho a lo largo de su vida si el mercado ya puede hacerlo razonablemente bien? Hay que resaltar que, desde las enseñanzas sociales de la Iglesia, el Estado debería compensar o ayudar a aquellos que no tienen las condiciones adecuadas para lograr estos beneficios, para así garantizar la igualdad en dignidad de todas las personas y lograr el bien común.

Aquí es donde entra el concepto de renta básica. Esta supone un pago igual para todos los miembros de una sociedad que se paga, no por haber contribuido o por haber hecho las cosas bien previamente, sino por el simple hecho de ser personas. Se trata, por lo tanto, de una renta no condicionada a requisitos previos que es recibida por todos en igual cuantía con independencia de su condición económica, social, cultural, etc. No es este el lugar para dar más explicaciones acerca de ella, ni de sus ventajas e inconvenientes, pero me gustaría comentar que un sistema así superaría los problemas éticos nombrados con anterioridad (falta de justicia, poca redistribución y el no priorizar a los más desfavorecidos).

El escollo más importante que creo que tiene en estos momentos la renta básica, es más ético y de convicción que económico. Existe un fuerte convencimiento de que el Estado debe seguir una dinámica similar a la del mercado. Plantear un sistema de bienestar con bases no contributivas, en el que las personas reciban lo mismo sin condiciones previas y dejar que sea el mercado el que regule las recompensas a aquellos que tengan más, tiene un fuerte rechazo entre amplias capas de la población. Se necesita un gran esfuerzo educativo para cambiar la inercia del sector público en este sentido y plantear una verdadera modificación de nuestro Estado de Bienestar para que este deje a un lado sus aspectos contributivos y pase a basarse en principios no contributivos.

 

Etiquetas: , , , , , ,

Hacia otra tipología de empresa

Artículo publicado en el Noticias Obreras, Nº 1.548, Junio 2013, Pág: 12 y 13

Otra tipología de empresa 1Otra tipología de empresa 2

Quiero comenzar este artículo con una diferenciación que escuché el pasado domingo a un empresario de la Comunidad Valenciana cuando se dirigía a nuevos licenciados de Administración y Dirección de Empresas de mi Universidad. Distinguió entre especulador y empresario, según él, el primero es aquel que solamente busca su propio beneficio y quiere lograrlo de la manera más rápida posible. El segundo, es aquel que le preocupan también sus trabajadores, el desarrollo del lugar en el que tiene la empresa, cubrir las expectativas del cliente, etc. Independientemente del rigor de la idea y de la oportunidad del lugar y del momento en el que se expuso esta reflexión (que creo que la tenía), me sirve para reflejar una cuestión que creo es importante resaltar antes de entrar en el corazón del artículo: existen empresas y empresarios que no solamente piensan en el margen de beneficios. Esto es una realidad que tenemos a nuestro alrededor aunque, con frecuencia, no sean estas las empresas que más llamen la atención o que más se vean reflejadas en los medios de comunicación.

De esto vamos a hablar en este artículo, cómo lograr un tipo de empresa que, teniendo que ser rentable para garantizar su sostenibilidad, se preocupa por objetivos que van más allá del estrictamente financiero. Para analizar la manera en la que esto se consigue, hay que hablar, por un lado, de la cultura empresarial y de los trabajadores y, por otro, de una legislación que articule un marco de actuación favorable a este tipo de empresas.

En primer lugar hay que cambiar el objetivo perseguido para, frente al puramente crematístico del beneficio, combinar un conjunto de fines diferentes que pueden resumirse en los siguientes:

  1. Lograr que el producto de la empresa (sea bien o servicio), sea una aportación válida para la mejora de la sociedad y se pueda apreciar como tal por aquellos que lo compran.

  2. Lograr que la empresa sea un espacio de realización de los trabajadores en el que estos puedan aportar algo positivo al colectivo gracias a su trabajo en común. Para ello hay que facilitar que los empleados tengan unos ingresos suficientes para que ellos y sus familias vivan con dignidad y lograr que su labor sea una manera de perfeccionamiento y de maduración personal.

  3. Colaborar en la mejora del entorno social y medioambiental utilizando sistemas de producción ecológicos y promocionando el desarrollo del área en la que se localice su actividad.

  4. Remunerar a los propietarios que han arriesgado su dinero para poder realizar esta actividad. La labor del accionista es importante ya que sin su intervención, su inversión, su trabajo y su asunción de riesgos difícilmente puede desarrollarse todo lo demás.

Para que estos objetivos se alcancen se precisa, por un lado, un estilo de liderazgo por parte de los gestores que apunte hacia una dirección por valores más que hacia una dirección por objetivos o exclusivamente jerárquica. Este manera de dirigir implica lograr la participación de todos los trabajadores en las decisiones relacionadas con su labor y en la consecución de los otros objetivos societarios.

Por otro lado una estructura salarial justa y flexible que, en primer lugar, evite las excesivas diferencias entre los salarios superiores y los inferiores. En segundo lugar, sería conveniente cambiar la estructura de salarios para que estos, de una manera generalizada, se incrementasen automáticamente cuando la empresa tiene beneficios (de manera que estos también repercutiesen en los asalariados) y se redujesen cuando la empresa fuese peor. Para que esta flexibilización fuese realizable, todos tendrían que tener una información veraz sobre los beneficios anuales de la empresa que evitase susceptibilidades o posibles engaños.

En este sentido, para garantizar esto último, habría que articular sistemas que reconociesen el acceso a la propiedad por el trabajo (tal y como contempla la Doctrina Social de la Iglesia). Las sociedades mercantiles solo contemplan la propiedad de la empresa a través del dinero, de hecho, en algunas de ellas, los propietarios ofrecen a los trabajadores que llevan muchos años o que alcanzan unos determinados puestos directivos o de responsabilidad, la posibilidad de entrar en la propiedad de la empresa a través de la compra de acciones. Ahora bien ¿Por qué no se puede llegar a esta por el simple hecho del trabajo aportado? Cuando una persona lleva trabajando varios años en una empresa, esta está donde está gracias a su trabajo, por ello, es normal que el trabajador pueda sentirla como suya. Regular el acceso a la propiedad por el trabajo sería algo deseable para favorecer la estructura empresarial.

En esencia, deberíamos cambiar el sistema de la empresa desde un modelo de confrontación, en el que los intereses de los trabajadores están enfrentados a los intereses de los socios capitalistas, a un modelo de concertación o cooperación, en el que el interés del mantenimiento de la empresa y de su buen funcionamiento, es común a todos debido a que todos ganan con él.

Los aspectos abordados hasta aquí tienen que ver con la cultura empresarial de directivos y trabajadores. Ahora bien, como ya he comentado, para hacer efectivo este cambio de mentalidad y que sea fácil realizarlo, se precisa que la sociedad en su conjunto establezca cauces sencillos que favorezcan tomar este camino. Para ello, el Estado tiene que cambiar su legislación en la dirección que ya he indicado, pero no únicamente a través de estas medidas.

Deberíamos existir un apoyo real a aquellas empresas que tienen un compromiso social tanto por un cambio de sus objetivos como por unos estilos de dirección diferente. Lograr esto se puede hacer a través de facilidades fiscales a este tipo de empresas (lo que les permitiría reducir sus costes y ser más competitivas que aquellas que no tienen un planteamiento social), estableciendo canales para que el comprador pueda incorporar el criterio de los objetivos sociales de la empresa a la hora de efectuar su compra o estableciéndolas como prioritarias en las condiciones para la contratación pública.

 
2 comentarios

Publicado por en junio 21, 2013 en trabajo

 

Etiquetas: , , , , ,

Máster Oficial MBA en la Universidad CEU Cardenal Herrera

He sido nombrado coordinador de un máster MBA de mi universidad.Se trata de un máster con dos modalidades, una para profesionales que han trabajado durante un tiempo y otro para estudiantes que hayan terminado su grado o licenciatura recientemente.

Universidad CEU Cardenal Herrera

Como todo MBA ayuda a tener las herramientas para dirigir cualquier empresa pero en este caso, además se trata de un máster oficial que permite obtener un título homologado a nivel Europeo (válido para cualquier otro país del Espacio Europeo de Educación Superior, que incluye los países de la UE y otros que no son de la Unión Europea) y que permite acceder al doctorado en un futuro. He de deciros que en España solamente cuatro universidades más dan un máster MBA oficial de estas características.

Si os animáis o estáis interesados, podéis encontrar toda la información del máster para profesionales:

http://www.uchceu.es/estudios/posgrado/master_universitario_direccion_gestion_empresas_mba_part_time.aspx

Estudiar Máster Universitario Dirección y Gestión de Empresas MBA Part Time en Valencia

y del MBA para recién licenciados en:

http://www.uchceu.es/estudios/posgrado/master_universitario_direccion_gestion_empresas_mba_full_time.aspx

Estudiar Máster Universitario Dirección y Gestión de Empresas MBA Full Time en Valencia

 

Etiquetas:

Trabajar con plenitud

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 4, Abril 2013 pág: 14-15

Trabajar con plenitud 1

Trabajar con plenitud 2

El trabajo es algo importante para nuestra vida. Con él ganamos el pan que nos permite sobrevivir y llevar una vida digna. La falta de trabajo que observamos en nuestra sociedad es trágica para aquellos que la sufren. El elevado desempleo está resultando en un incremento de los niveles de pobreza y una bajada de las rentas familiares que provocan problemas a pequeña y a gran escala. Además, aprovechando esta coyuntura, se están bajando los salarios de manera que vuelve a darse con relativa frecuencia el fenómeno de los “trabajadores pobres”, es decir, personas que tienen empleo y trabajan ocho horas diarias o más, pero cuyos salarios no les permiten salir de la pobreza.

Las frustraciones personales que se derivan de esta situación van más allá de la falta de ingresos. La sensación de impotencia, de inutilidad, de frustración… no se derivan únicamente de la falta de ingresos, sino de la falta de trabajo en si misma. Parece que cuando una persona tiene trabajo, esto solamente sirve para ganar el dinero necesario para vivir, pero cuando se carece de un empleo, se aprecia como esta dimensión del trabajo no es ni la única, ni tiene por qué ser la más importante.

Las dimensiones del trabajo

La Doctrina Social de la Iglesia nos ha mostrado, especialmente a través de la Encíclica de Juan Pablo II “Laborem Exercens” como el trabajo tiene tres dimensiones importantes para la vida. La primera es la ya nombrada el en párrafo anterior, esto es, es el medio que nos permite “ganarnos la vida”, generar los ingresos necesarios para poder vivir nosotros y nuestras familias.

La segunda tiene que ver con nuestro crecimiento como personas. Nuestro trabajo es una dimensión esencial en nuestra maduración, en nuestros anhelos de perfección. Nosotros también ganamos en humanidad a través de nuestro trabajo. Por lo tanto, es muy importante que el trabajo nos sirva para esto, para realizarnos como personas, para crecer en el amor, para ser mejores y para buscar la perfección.

En tercer lugar el trabajo es parte de nuestra colaboración a la construcción de un mundo mejor. Nosotros cooperamos con nuestros semejantes en la creación del reinado de Dios en la tierra a través de nuestro día a día, y el trabajo ocupa una gran parte de las horas de nuestra jornada.

Las tres dimensiones son importantes

Con frecuencia no nos damos cuenta de que las tres dimensiones (y no solo la monetaria) son importantes. Es la carencia de alguna de ellas la que nos hace valorarla. Esto sucede cuando, por ejemplo, logras un empleo mejor remunerado que el anterior pero tu vida empeora por que la dimensión monetaria mejora, pero las otras no. Esto lleva a que algunas personas renuncien a trabajos en los que cobran más, por otros peor pagados. Algunos no entienden esta elección ya que solamente dan importancia al factor monetario, pero es perfectamente comprensible y razonable cuando atendemos a las otras dos dimensiones del trabajo.

Algo parecido sucede con los sentimientos de inutilidad, frustración o impotencia que experimentamos cuando nos falta el trabajo. Con frecuencia estos provienen de las dos dimensiones no monetarias del trabajo. Nos sentimos vacíos ya que no podemos hacer nada útil por la sociedad. La falta de actividad nos impide realizarnos y crecer como personas, nos introduce en un bucle negativo del que es difícil escapar. Tenemos la sensación de que el mundo puede seguir funcionando sin nosotros, de que no somos necesarios para que la sociedad avance, lo que nos empuja hacia la frustración y el desencanto.

Conseguir vivir mi trabajo en plenitud

Por todo ello creo que es bueno recordar a menudo las dos dimensiones no monetarias del trabajo. Para lograrlo es positivo comenzar la jornada de trabajo pensando en a quién vamos a beneficiar hoy con nuestro trabajo, cómo vamos a contribuir con él a la construcción de un mundo mejor, qué cosas vamos a hacer qué sean útiles para alguien, que actitudes debo tomar para que los receptores de mi trabajo estén más agradecidos. También es bueno recordar que mi trabajo de hoy me tiene que servir para ser mejor persona, para crecer en el amor…

Además, creo que debemos incidir también en esto a nuestros niños. Cuando les animamos a estudiar o a ser aplicados, con frecuencia les decimos que hay que hacerlo para poder lograr un buen trabajo en el que se puedan ganar la vida holgadamente en el futuro. Siendo esto cierto y correcto, creo que es importante decirles que también hay que estudiar para poder aportar más a la sociedad y para poder realizarse mejor como personas. Insistirles también en estos aspectos les ayudará en un futuro a vivir su trabajo de una manera más plena y gratificante.

 
2 comentarios

Publicado por en abril 10, 2013 en trabajo

 

Etiquetas: , , , , , , , ,

Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Recuperar el valor del trabajo

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1525 (1-7-11/31-7-11)

 

Etiquetas: , , , , , , , ,

El trabajo egoísta

El trabajo Egoísta, artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1524 de Junio de 2011, en su página 17

 

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Conferencia en Crevillent sobre el comportamiento económico del cristiano

El pasado 28 de Enero realicé una conferencia en el Museo de Semana Santa de Crevillent. En la página web de la semana santa de Crevillent podéis encontrar información al respecto.
http://www.semanasantacrevillent.com/actividadesmuss/actividades-2010-2011/1115-2011-01-29-conferencia-presentacion-libro.html

 

Etiquetas: , , , , , ,

Artículo publicado en Cresol sobre la reunión de Monseñor Carlos Osorio con los empresarios valencianos

Empresas y Doctrina Social de la Iglesia

El pasado 8 de Junio, Monseñor Carlos Osorio se reunió con representantes de empresarios con el objetivo de “crear grupos de trabajo entre empresarios e instituciones de la empresa que fomentaran el estudio de las prioridades de empleo para sectores sociales más desfavorecidos, así como la formación del propio empresariado en la aplicación de la práctica de la Doctrina Social de la Iglesia”.

Se trata pues de un reto osado y difícil de plasmar en la realidad que va a necesitar de unos gestores inteligentes, clarividentes y persuasivos que puedan llevar a buen puerto este propósito. Es, pues, una iniciativa interesante e ilusionante que espero y deseo sea un verdadero servicio a la sociedad en la que nos encontramos.

Intentando aportar a través de este artículo mi granito de arena a la confección de estos grupos, creo que podría ayudar mucho a su éxito el que se tuviesen en cuenta los siguientes aspectos.

  1. A pesar de que la estructura empresarial valenciana es, en su mayoría, de empresas familiares, también existe una realidad cooperativa, otra de grandes empresas corporativas y una muy extensa de microempresas que crean solo uno o dos puestos de trabajo (aparte del autónomo propietario) que deberían tenerse también en cuenta.
  2. Creo que habría que tener muy presente que Benedicto XVI en su última Encíclica Caritas in Veritate nos anima a “una colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (57) De manera que se tuviesen en cuenta iniciativas que buscan los mismos objetivos y que ya están trabajando en nuestra provincia. Estoy seguro de que esto sería enriquecedor para ambas partes y que se encontraría una disposición positiva para ello en las otras instituciones.
  3. La detección de los colectivos más necesitados en cuanto al empleo va a precisar la colaboración de instituciones eclesiales como Cáritas y no estaría de más contar con otras entidades tanto eclesiales como no, que trabajan también en la inserción laboral de colectivos desfavorecidos.
  4. Por último, habría que buscar especialistas en temas económicos y de Doctrina Social de la Iglesia así como la colaboración de las instituciones educativas valencianas que educan en estos temas de una manera habitual.

En cuanto a la “nueva cultura de la empresa” hacia la que tendería la actuación de estos grupos de trabajo (tal y como lo describió el arzobispo), sugiero los siguientes temas para tratar de una manera prioritaria:

Intentando aportar a través de este artículo mi granito de arena a la confección de estos grupos, creo que podría ayudar mucho a su éxito el que se tuviesen en cuenta los siguientes aspectos.

  1. A pesar de que la estructura empresarial valenciana es, en su mayoría, de empresas familiares, también existe una realidad cooperativa, otra de grandes empresas corporativas y una muy extensa de microempresas que crean solo uno o dos puestos de trabajo (aparte del autónomo propietario) que deberían tenerse también en cuenta.
  2. Creo que habría que tener muy presente que Benedicto XVI en su última Encíclica Caritas in Veritate nos anima a “una colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (57) De manera que se tuviesen en cuenta iniciativas que buscan los mismos objetivos y que ya están trabajando en nuestra provincia. Estoy seguro de que esto sería enriquecedor para ambas partes y que se encontraría una disposición positiva para ello en las otras instituciones.
  3. La detección de los colectivos más necesitados en cuanto al empleo va a precisar la colaboración de instituciones eclesiales como Cáritas y no estaría de más contar con otras entidades tanto eclesiales como no, que trabajan también en la inserción laboral de colectivos desfavorecidos.
  4. Por último, habría que buscar especialistas en temas económicos y de Doctrina Social de la Iglesia así como la colaboración de las instituciones educativas valencianas que educan en estos temas de una manera habitual.

En cuanto a la “nueva cultura de la empresa” hacia la que tendería la actuación de estos grupos de trabajo (tal y como lo describió el arzobispo), sugiero los siguientes temas para tratar de una manera prioritaria:

  1. Modelos de remuneración que tengan en cuenta las necesidades de los trabajadores y no solo su productividad. Que sean lo suficientemente flexibles para no comprometer la viabilidad de las empresas y que faciliten que la conservación y creación de nuevo empleo sean las prioridades.
  2. Horarios, jornadas y otras medidas que permitan potenciar una armonía entre la vida familiar y el trabajo.
  3. Potenciar unas relaciones laborales que potencien la dignidad de los trabajadores para que su labor remunerada sea una fuente de realización personal y una manera de colaborar en la mejora de la sociedad.
  4. Insistir en la labor social de las empresas que va más allá de la consecución de beneficios para tender hacia el bien común. En este marco habría que encuadrar lo que se viene denominando la Responsabilidad Social Corporativa.
  5. Apostar por empresas que sean competitivas en su entorno a través de productos y servicios que superen la dinámica consumista que se da en la actualidad. Respondiendo así a las demandas expresadas por la última Encíclica papal de un nuevo estilo de vida que se contrapone a una manera de vivir que “tiende al hedonismo y al consumismo, despreocupándose de los daños que de ello se derivan” (CiV 51)

Acabo estas líneas recordando que para que una labor de esta clase tenga éxito debe centrarse en soluciones prácticas y aplicables que resulten en una mejora de la empresa y de todos los colectivos que se relacionan con ello. Estoy convencido de que la aplicación de la DSI aporta estas mejoras y que la constatación empírica de ello puede ser una manera de transforma nuestra economía. Por último, creo que esta labor se debería complementar con otra destinada a mejorar el comportamiento económico diario de las familias para construir no solo una nueva cultura empresarial, sino una nueva cultura económica en la que la gratuidad y la fraternidad sean claves (tal y como indica Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate)

 
Deja un comentario

Publicado por en julio 9, 2010 en Estado Social, trabajo

 

Entrevista en la revista CRESOL

Entrevista incluida en la revista CRESOL de Mayo y Junio de 2010, en la página V del suplemento que se incluye en ella.

 

Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida

El pasado sábado 21 en el marco de las Jornadas sobre «Crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate» impartí la conferencia titulada Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida. En ella desgrané la propuesta que hace la encíclica Caritas in Veritate para nuestro comportamiento económico del día a día. En resumen, la apuesta del pontífice romano pasa por impregnar de gratuidad y don nuestro comportamiento económico del día a día. Subyace la idea de que el mercado es un sistema de intercambio que no es bueno ni malo por si mismo, sino según cómo lo utilicemos. Por ello, el comportamiento egoísta en el mercado lleva a consecuencias negativas para el mismo mercado y para aquellos que participan en él mientras que los comportamientos en los que se introduce el don y la gratuidad, puede llevar a que el mercado cumpla bien sus cometidos y pueda tener consecuencias sociales positivas.

La encíclica introduce algunos elementos en los que considera que ya se están dando estas características como s0n las finanzas éticas (en especial los microcréditos), el comercio justo, el consumo responsable, la transparencia y la responsabilidad del ahorrador, etc. El desarrollo total de lo expuesto se podrá leer en uno de los próximos números de la revista Moralia en la que publicaremos nuestras ponencias algunos de los conferenciantes de estas jornadas. Ya avisaré cuando salga la publicación. Mientras tanto, aquellos que quieran acceder a la presentación que hice durante mi conferencia pueden teclear aquí para acceder a ella.

 

Etiquetas: , , ,