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Archivo de la categoría: educación y economía

ÉTICA SOCIAL PARA NIÑAS Y NIÑOS

Hemos publicado el cuaderno de ética en clave cotidiana nº 16.

En esta ocasión volvemos a tratar un tema educativo, en concreto una propuesta de acciones educativas para transmitir valores éticos sociales a los niños especialmente destinado a padres y educadores.

Todos aquellos que tenéis hijos o trabajáis con niños encontraréis sugerencias prácticas para transmitir esos valores sociales que son imprescindibles para construir el bien común

Podéis verlo y descargarlo en: https://funderetica.org/cuadernos/

O bien descargarlo directamente en formato PDF en: https://funderetica.org/wp-content/uploads/ceec16.pdf

Podéis comprarlo en papel en: https://pseditorial.com/inicio/239-cuaderno-de-etica-16-etica-social-para-ninas-y-ninos.html

 
 

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Vivir (des)conectado. Aspectos éticos del uso (y abuso) de los dispositivos móviles

Os presento un nuevo cuaderno de Ética en Clave Cotidiana. En esta ocasión Isidro Catela Marcos nos habla de cómo en ocasiones quedamos enganchados a nuestros dispositivos móviles y abusamos de ellos.

El cuaderno nos aporta claves para comprender si después de un confinamiento en el que hemos incrementado las horas pasadas frente a nuestros dispositivos móviles estamos abusando de ellos.

Nos propone caminos prácticos para pasar del abuso al uso y claves para ponderar adecuadamente lo que nos aportan y lo que nos limitan.

Encontrarás el cuaderno en https://funderetica.org/cuadernos/

Si quieres comprarlo en papel, puedes hacerlo en: https://pseditorial.com/inicio/232-cuaderno-de-etica-14-vivir-desconectados.html

También puedes leerlo y descargártelo aquí:

 
 

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Conversaciones de profesores en torno a la Economía de Francisco

Hemos creado en Valencia un grupo de profesores de enseñanzas no universitarias que quieren conversar sobre temas relacionados con la Economía de Francisco.

En él hay profesores de infantil, primaria, secundaria, bachillerato y ciclos formativos que quieren profundizar en una economía más humana enraizada en el humanismo cristiano a través de conversaciones mensuales en torno a los temas que vamos determinando en cada momento.

La vocación con la que nacen estas conversaciones es la de poder aplicar lo que en ellas se trata en la labor docente y de gestión en sus respectivos centros educativos, compartir ideas, experiencias, metodologías, conocimientos, enseñanzas, que nos puedan ayudar a mejorar los valores económicos que transmitimos a nuestros alumnos.

La próxima conversación será el día 8 de Enero a las 19:00 en el Palacio de Colomina de la Universidad CEU Cardenal Herrera (Calle Almudín 1) y la periodicidad es mensual.

Si quieres sumarte a la iniciativa envía un email a Jesús Llopis (xesusetinho@hotmail.com) que es la persona encargada de la logística para que os envíe el material y os mantenga informados.

Si quieres ayudarnos a la difusión de este grupo, comparte este enlace, te estaremos agradecidos.

 

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Educar en Economía Solidaria en Sevilla

Queremos que educar en la Economía de Francisco sea algo que se comience en la Escuela.

Por ello volvemos a lanzar el curso para directivos y profesores de centros educativos «Educar en valores económicos solidarios en el aula» en Sevilla

Se realizará en Enero, las tardes de los dís 23 y 24 en el colegio San Antonio María Claret sito en la Avenida Padre García Tejero, 8 de Sevilla, en horario de 15:30 a 20:30

Apuntaos lo antes posible, porque las plazas son limitadas.

Os invito también a que lo difundáis a todos aquellas personas que conozcáis que trabajan en centros educativos

Aquí tenéis toda la información:

Enlace a la página de Economía de Francisco

 

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Educación en valores económicos solidarios en Andalucía

Los próximos 14 y 15 de Junio vamos a realizar el curso sobre educar en valores económicos solidarios en el aula en Andalucía. En concreto será en Sevilla, en el Colegio San Antonio María Claret ( Avenida Padre García Tejero, 8). El horario será de mañana (9:30-13:30) y tarde (15:30-19:30) el viernes 14 y de mañana únicamente (9:30-13:30) el sábado 15.

La inscripción es libre y las plazas limitadas. Si queréis más información os la puedo proporcionar sin problemas, podéis enviarme un email y me pongo en contacto con vosotros para aclararos telefónicamente todas las dudas que podáis tener.

En el folleto siguiente tenéis toda la información. Si queréis que os lo envíe en formato PDF pedírmelo a elluch@uchceu.es


 
 

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Educar en valores económicos solidarios en el centro educativo

Desde la Fundación SM en colaboración con Scholas Occurrentes traemos a Valencia un programa de educación en valores económicos solidarios en el centro educativo.

El programa que ya está siendo desarrollado por algunos colegios de otros lugares de España y pretende que la educación de nuestros centros no refuerce los valores económicos predominantes sino que fomente valores económicos solidarios.

Para comenzar desarrollamos un curso de 12 horas para directivos y profesores de economía (preferentemente) que quieran conocer el programa, su filosofía y sus ventajas para comenzar a implantarlo en el centro el próximo curso.

Aquí tenéis toda la información. Os pediría que nos ayudaseis a difundirlo entre centros educativos que conozcáis y que estén interesados en introducirlo en sus aulas.

Para inscribirte puedes hacerlo a catedrascholas@ucv.es

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Publicado por en octubre 29, 2018 en educación y economía

 

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Internet y las redes sociales. Aspectos éticos

Ahora que estamos en pleno verano y que muchos están preocupados por las horas que pasan los niños delante de sus dispositivos móviles, publicamos el cuaderno de ética en clave cotidiana nº 10 que tiene por tema, precisamente, «Internet y las redes sociales. Aspectos éticos».

Una mirada ética que nos ayuda a comprender el fenómeno y sus implicaciones en la vida de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

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Puedes descargarte este cuaderno en: https://funderetica.org/wp-content/uploads/2018/07/CEEC10Internet-y-las-redes-sociales.pdf

Puedes acceder a todos los cuadernos en: http://funderetica.org/cuadernos/

 
 

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Educar en valores económicos solidarios en la escuela

Desde Funderética, en colaboración con Entreculturas y el colegio Sagrada Familia estamos poniendo en marcha el proyecto piloto para educar en valores económicos solidarios en la escuela, que esperamos luego poder aplicar en otros colegios que lo deseen.

En los siguientes videos tenéis una conferencia en la que se explica en qué consiste este proyecto que pretende introducir en las escuelas una manera de pensar la economía más humana y al servicio de las personas.

Si estáis interesados en llevar este proyecto a vuestros colegios, poneos en contacto conmigo.

 

 

 

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Los valores económicos solidarios en la escuela: gestión y docencia

Os invito a esta conferencia que impartiré el próximo lunes en la Universidad, en Alfara del Patriarca.

Aquí podéis descargaros un cuaderno en el que hablo sobre este tema: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2012/01/15/gestion-fraterna-de-un-centro-educativo/

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Publicado por en diciembre 5, 2016 en educación y economía

 

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«Por una economía altruista» como instrumento pedagógico

El curso pasado los alumnos de primero de bachillerato del colegio Sagrada Familia de Valencia, del Patronato de la Juventud Obrera leyeron el libro «Por una economía altruista» como parte de su enseñanza del curso. La experiencia fue tan positiva para los alumnos, que el profesor responsable va a repetir la experiencia este año.

En este vídeo podéis ver a algunos alumnos y al profesor que lo programó para su asignatura comentando la experiencia.

 

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Foro CEU Empresa: Innovación con sentido de un proyecto educativo editorial

El próximo miércoles a las 19:00 en el Palacio de Colomina de Valencia, tendrá lugar la conferencia: Innovación con sentido de un proyecto educativo editorial. Impartida por Augusto Ibáñez, que es el Director Corporativo de Educación del Grupo SM.

El grupo SM es una empresa editora multinacional española puntera en materia de innovación educativa y que además, realiza esta labor intentando aplicar valores y un sentido ético a aquello que hace.

Tenéis más información en: https://www.uchceu.es/actividades/2016/conferencias/foro-ceu-empresa-innovacion-con-sentido-de-un-proyecto-educativo-editorial

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Taizé y la economía

Artículo públicado en la revista ICONO, año 116, nº 11, Diciembre 2015, pág: 14 y 15

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Dentro de muy poco (los últimos días de este mes) tendremos en mi querida Valencia la anual peregrinación de confianza de la Comunidad de Taizé. Para quienes no conozcan Taizé les comentaré que se trata de una comunidad ecuménica situada en la pequeña aldea de Taizé, en Francia, muy cerca de la antigua abadía de Cluny. Una zona bellísima que combina granjas, sembrados y pequeñas y antiguas poblaciones con zonas forestales donde es fácil encontrarte con algún venado de pequeño tamaño durante un silencioso paseo. Pero si el paisaje es extraordinario, el milagro de este lugar no es solamente la tranquilidad que se vive por sus alrededores, sino que exista una comunidad ecuménica a la que acuden durante todo el año miles y miles de jóvenes europeos en su mayoría (aunque no solo, algunos vienen de otros continentes). Protestantes, católicos, ortodoxos… Se unen durante unos días para rezar juntos, para compartir, para conversar. Las diferencias de cultura, ritos, costumbres, lengua y origen, se rompen en un ambiente alegre y espiritual a la vez, en el que es fácil sentirse hermano del otro. Saber que lo que nos une puede ser más fuerte que lo que nos separa.

El encuentro internacional en una ciudad de Europa

Ese mismo milagro que se repite semana tras semana en la comunidad de Taizé, también se repite año tras año en una ciudad de Europa. La comunidad se traslada casi en pleno a ese lugar, para llevar ese mensaje de esperanza y unidad a las principales ciudades de Europa. Los cinco últimos encuentros fueron, por orden cronológico en Rotterdam, Berlín, Roma, Estrasburgo y Praga. Ahora le toca a Valencia que se llenará, este final de año, de miles de jóvenes de toda Europa que viajarán allí para vivir unos días de oración y esperanza junto a unos valencianos que nos volcaremos en su acogida durante estas fechas.

¿Tiene algo que ver Taizé con la economía?

Pero, en una sección como la mía en la que suelo hablar de temas económicos, uno podría preguntarse por qué introduzco este tema en esta sección. ¿Tienen algo que ver Taizé y la economía? Para responder solamente voy a desarrollar dos apuntes de esta relación. El primero es que juntar a miles de personas en un espacio (ya sea Taizé o una ciudad europea) requiere de una gestión económica adecuada para no fracasar en el intento. El segundo tiene que ver con aquello que como economista, he aprendido en Taizé, especialmente con respecto a la construcción de estructuras económicas virtuosas.

Lo económico al servicio de la misión

Como ya he nombrado en alguna ocasión en esta sección, lo económico no es lo más importante, pero tiene que funcionar bien para que se cumplan el resto de los objetivos. Cuando he hablado de la comunidad de Taizé y he intentado definirla para aquellos que no la conocen, no he tratado cuestiones económicas, no son importantes. Lo clave de la comunidad es otra cosa, es otro elemento. Dicho esto, acoger a miles de jóvenes semanalmente durante años y años, tiene un componente económico que no hay que olvidar y que si se gestiona mal, puede comprometer el futuro de la comunidad. En este sentido, hay dos cosas que quiero resaltar y que desde fuera (no conozco las cuentas de la comunidad) me parecen importantes y un modelo de cómo hacer las cosas. La acogida se paga entre todos, es decir, todo el que va a Taizé colabora en el mantenimiento de la comunidad y en los costes que su acogida genera. Ahora bien, no se cobra a todos lo mismo. Los precios están ajustados a la capacidad adquisitiva y la renta per cápita de la nacionalidad del acogido. De este modo, no pagan lo mismo los nacionales de un país más rico (su precio es superior) que aquellos que vienen de una nación más humilde. Además, los precios tienen siempre una horquilla, porque no todos nacionales de un país tienen los mismos posibles. El que llega elige el precio que paga, escoge cuánto aportar a la comunidad. De este modo, cada uno paga según lo que tiene y no según lo que va a recibir (todos reciben lo mismo). Del mismo modo, todos los que son acogidos en la comunidad colaboran con el mantenimiento de la misma con su trabajo, es un pago en especie que educa a los jóvenes y les ayuda a ser conscientes del inmenso trabajo que se necesita para mantener una comunidad como esta, que les abarata la estancia y que les ayuda a comprender que el trabajo también es un espacio de convivencia, de alegría y de colaboración necesaria en la construcción del Reinado de Dios en la tierra.

Qué me ha enseñado Taizé sobre economía

Esto nos demuestra varias cosas. La primera es que puede funcionar una institución desde el punto de vista económicos cuando la gente elige lo que paga, cuando la decisión sobre el precio no depende exclusivamente de quien ofrece el bien, sino de quien lo demanda y decide cuanto quiere aportar. Confiar en la gratuidad puede resultar en la existencia de algún gorrón pero es posible desde el punto de vista económico y evita que haya excluidos. La segunda es que creando estructuras virtuosas se consigue que el trabajo no aparezca como una maldición bíblica, sino como un espacio en el que desarrollarnos como personas, en el que querer más a nuestro prójimo. La economía es así una oportunidad para el encuentro y la relación con el otro. La economía se pone entonces en su lugar, al servicio de la persona y de la sociedad, al servicio de los jóvenes, de su espiritualidad y de su vida.

 

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La primera comunión y su economía

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 4, Mayo 2015, pág: 10 y 11

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Mayo es el mes de las flores, de la virgen y de las comuniones. No es que todas se hagan en este mes, ni que sea preceptivo hacerlo así, sino que habitualmente es el mes del año en el que mayor número de primeras comuniones se celebran. Además, estas tienen un componente económico que, en ocasiones, deviene el más importante.

La primera comunión es un gasto

Porque, como casi todos los aspectos de la vida, la primera comunión tiene un componente económico nada desdeñable. Por un lado supone un gasto para la familia. Los cristianos le damos tal importancia a esta primera comunión que queremos celebrarlo con aquellos a los que más estimamos. Esto hace que tengamos el gusto de invitar a la familia y en ocasiones hasta a los amigos para tan señalada ocasión. También, y debido a que se trata de una ceremonia pública, queremos que nuestros hijos luzcan sus mejores galas ante la comunidad parroquial y todos aquellos que se acerquen a ese día de fiesta grande y lo mismo hacemos nosotros, que intentamos tener una apariencia externa a la altura de la celebración, por lo que también nos engalanamos con nuestros mejores trajes y vestidos. Además hay que decorar la Iglesia, pagar al fotógrafo, en muchos pueblos de Valencia hasta se paga a la banda de música para que se de una vuelta con los niños antes de entrar en la Iglesia, etc. Todo ello comporta un gasto extraordinario que hay que afrontar.

Todos quieren regalar al comuniante

Por otro lado, los abuelos, los tíos, los primos, los amigos invitados, los padrinos, todos quieren regalar algo al protagonista de la fiesta. Todos quieren responder a la alegría de la comunión y a la invitación recibida con un regalo para la criatura que va a celebrar su primera comunión. El afán de regalar es tan elevado que existen listas de comunión en tiendas o grandes almacenes que intentan racionalizarlo. En algunos pueblos de Valencia, además, subsiste la tradición de exponer el traje y los regalos en casa para que los vecinos puedan verlos durante los días anteriores a la comunión. Los regalos se convierten en una fuente de gasto para los invitados que a su vez, también van a intentar acudir a la ceremonia con sus mejores galas para estar a la altura de la celebración.

Lo económico adquiere gran relevancia

Todas estas actitudes son normales y humanas, pero pueden llevar a que en un determinado momento, lo económico se convierta en lo esencial de la celebración. Los esfuerzos que tenemos que realizar para gestionar los regalos, los invitados, el fotógrafo, las flores, la banda de música, el convite, los detalles que se dan después de comer, etc. Pueden convertirse en el foco principal de la fiesta y absorber todas las energías, sobre todo, de los padres. Lo económico pasa a ser lo esencial en la ceremonia, en una primera comunión que puede convertirse en una demostración de poderío económico (cuando se tiene) o una angustia vital grande para aquellas familias que tienen más problemas económicos.

Recordar lo importante

Por ello es clave recordar qué es lo importante en una comunión y poner lo económico al servicio de esto. Debemos reflexionar sobre quiénes realmente se alegran de la primera comunión ¿Hasta donde tenemos que abrir la invitación para celebrarla? ¿Cuáles son nuestras posibilidades reales? En algunos casos, la invitación no tiene por qué ser un convite después de la comunión. Se puede invitar a los amigos del niño o a los nuestros otro día a algo más sencillo, o restringir a la familia más cercana la invitación del ágape posterior a la ceremonia… También podemos plantearnos la diferencia entre tener lo más caro e ir dignos en la ceremonia ¿Es necesario un gran gasto en vestidos y trajes para asistir con dignidad a una ceremonia de primera comunión? Plantearse estos gastos de una manera prudente y recordando que lo principal es la ceremonia y lo que allí se celebra, puede ayudar a poner ese gasto en una segunda posición y que sea más moderado para evitar problemas.

Gestionar los regalos

También creo que hay que hablar de los regalos. El exceso de los mismos puede hacer que los niños vean la comunión como el momento en el que consiguen las cosas que quieren, en el que van a recibir esos bienes quep no tenían y que ansiaban. Así, la primera comunión pasa de ser una fiesta del “ser” cristiano a una fiesta del “tener” más cosas. Por ello debemos intentar dejar los regalos en un segundo plano y canalizar estos deseos de regalar que tienen los familiares y allegados en una dirección que no desvíe la atención de la comunión. Esto se puede hacer de varias maneras, o bien compartiendo parte o la totalidad de los regalos recibidos con los más desfavorecidos (pidiendo donaciones para determinadas asociaciones con las que tenemos más afinidad), o bien pidiendo regalos de bajo coste pero que refuercen lo celebrado con la primera comunión, o bien regalando cosas que no sean solo para el niño sino para toda la familia, etc. Seguro que hay más sistemas para que los regalos no sean lo principal para el niño, para que la comunión no sea un fiesta del tener, del aparentar o del gasto, sino una fiesta realmente cristiana en la que lo económico se subordine a lo religioso.

 

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¿Aprender a relacionarse o a entretenerse?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 4, Abril 2015, pág: 14 y 15

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Uno de los elementos básicos de las personas es que somos seres relacionales, que solo podemos entendernos a nosotros mismos en relación con los demás. No podemos pensar en nuestra manera de ser, de comportarnos, de hacer las cosas, si no lo hacemos incluyendo a los otros, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestra familia, a las personas con las que nos encontramos en el metro, en la parroquia, en la tienda, etc. Por ello, cuando hablamos de la educación en valores económicos para nuestros niños, debemos pensar en si los estamos educando solamente en el tener o en la relación con los otros.

Niños que parecen vivir aislados

De hecho, una de las cosas que identificamos con portarnos bien con los niños es comprarles de todo, que tengan muchas cosas. Si a esto le añadimos el carácter absorbente que tienen las nuevas tecnologías nos puede suceder lo que me pasó en una comida con mi mujer en un agradable restaurante del centro de Sevilla. Junto a nosotros se sentó una familia que venía de celebrar la primera comunión de una niña. Cuando los vimos aparecer pensamos que la tranquilidad que buscábamos quizás se iba a turbar por causa de los niños, pero lo aceptamos de buen grado. Pronto nos dimos cuenta cuán equivocados estábamos. La decena de niños que había comieron y acto seguido se pusieron a jugar cada uno con su maquinita. Los niños estaban juntos pero no se relacionaban entre ellos. Cada uno con su aparato sin accionar con su compañero. Así que todos contentos, padres e hijos entretenidos y nosotros tuvimos una comida romántica a pesar del evento familiar que se celebraba a nuestro lado.

¿Queremos que se entretengan o que aprendan a relacionarse?

Así que los regalos, los juguetes, ya no son una ocasión para la relación con el otro, sino una manera de entretenerse con algo. Esto va, en contra de nuestra propia naturaleza. Si atiborramos a los niños de cosas que los mantienen entretenidos, nos olvidamos de que lo importante en su infancia no es que se entretengan, sino que aprendan a relacionarse con los otros. Por ello, utilizar nuestro nivel económico para que tengan cosas y bienes que solo les lleven a estar entretenidos, erra en uno de los principales propósitos de la educación. El juego, el entretenimiento infantil debe ser una escusa para poder relacionarse con el otro, para aprender los conflictos que pueden surgir de cualquier relación y afrontarlos desde que se es pequeño. Por ello es necesario proporcionar a nuestros hijos oportunidades para la relación y no para que se atiborren de cosas que les sirvan para entretenerse.

Los grupos juveniles salen económicos

Los grupos juveniles juegan una labor importante en esta educación para la relación. Su precio no es excesivo (las cuotas suelen ser bastante reducidas) pero les posibilita la oportunidad de jugar, de relacionarse con otros de una manera muy educativa. Realizan actividades gratuitas en las que se lo pasan bien con otros, aprenden a divertirse sin tener que gastarse dinero, a solucionar conflictos que luego se van a encontrar en su trabajo o en su universidad, a trabajar en equipo y poner sus cualidades al servicio de un objetivo común. Aquellos que estamos en el campo de la educación de jóvenes (en la universidad), notamos la diferencia entre aquellos chavales que nos llegan provenientes de cualquier grupo juvenil sano, de aquellos que no han participado nunca de esta clase de actividades. Los primeros tienen muchos más recursos útiles para sus trabajos y para su relación que los segundos. Por ello, creo que uno de los bienes más sanos que le podemos dar a nuestros hijos es la posibilidad de relacionarse con los demás en cualquier tipo de grupo de tiempo libre.

Salir con amigos

Pero no solo es el grupo juvenil la única clase de bienes relacionales que podemos ofrecerles. También debemos de reflexionar sobre si salimos con amigos que tienen hijos de la edad de los nuestros. Si lo hacemos también estamos proporcionándoles bienes relacionales, oportunidades de pasarlo bien con otros, de divertirse con los demás, de relacionarse con los hijos de nuestros amigos. En mi grupo hemos quedado de acuerdo que cuando se juntan no deben llevar máquinas que les impidan pasarlo bien juntos. Esto les permite educarse más en las relaciones que en el entretenimiento. En este sentido, ir de vacaciones de vez en cuando con otras personas les ayuda en esta educación para la relación.

Comprar y relacionarse

Por último, creo que también hay que educar a nuestros chavales en que la compra es también una manera de relacionarse. Es decir, que la economía no es una práctica en la que la relación humana queda excluida, sino todo lo contrario. En las compraventas, en los alquileres, en la peluquería, en todas las transacciones económicas que realizamos, el componente personal, el componente de relación, tiene que ser algo habitual, algo que nos sirve para establecer una relación con la contraparte. Si los intercambios económicos se despersonalizan y pierden este componente relacional, tendemos a ver la economía como algo separado de la vida y de las personas. Invitemos a nuestros niños a que conozcan a las personas a las que les compramos algo, a que se relacionen con ellas, a que las aprecien, a que sepan que viven de lo que nosotros les pagamos. Este es un camino seguro para educarles en una economía más humana.

 

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Educar para distinguir las necesidades

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 3, Marzo 2015, pág: 14 y 15enseñar necesidades 1enseñar necesidades 2

Muchos lo hemos hecho de niños o jóvenes y nuestros hijos y nietos también lo utilizan ahora. Me refiero al tan manido “es que lo necesito” para pedir algo innecesario que nos apetece tener. Parece que diciendo esto, los padres se van a dar cuenta de que no es un capricho o una apetencia pasajera, sino algo de lo que realmente depende la vida normal del peticionario. Es evidente que los padres no suelen caer en la trampa, pero esta pequeña anécdota me sirve para introducir el tema de hoy, que es el de enseñar a distinguir entre necesidades, apetencias y deseos.

Todos son necesidades

Esto es clave en la economía actual porque esta considera que todo son necesidades. En los primeros cursos de economía se sigue utilizando una definición que dice que la economía estudia cómo satisfacer necesidades ilimitadas con unos recursos escasos. Desde hace tiempo se identifica el progreso con el necesitar más cosas, de manera que cuando vemos algún mayor que vive con pocos electrodomésticos o igual que hace cuarenta años, o cuando volvemos por primera vez de países más pobres, con frecuencia pensamos que “se nota que no han evolucionado, se conforman con poco, yo ya no podría vivir así”. Es decir, afirmamos que estamos más evolucionados porque necesitamos más cosas para vivir que los otros, porque ellos se conforman con poco y nosotros no lo hacemos.

Los niños se impregnan fácilmente de esta cultura

Si a esto añadimos el bombardeo continuo de publicidad que recibimos día a día (especialmente los niños que, aunque no lo creamos, están más expuestos al mismo) nuestros pequeños y adolescentes entran fácilmente en esta idea. Todo es necesario, no podemos prescindir de nada, tenemos que tenerlo todo. De este modo, se trastocan las prioridades y los valores. Puede suceder (como de hecho pasa desgraciadamente) que el dinero se gaste antes en unas zapatillas o un chándal de marca que en comida o calefacción para calentar la casa. No ha habido una educación en qué son las cosas necesarias y qué son las cosas de las que se puede prescindir.

Por ello hay que mostrar qué son necesidades

Por ello necesitamos educar y enseñar que solamente existen dos tipos de necesidades. Las primeras son las básicas o primarias, que son las que necesitamos para sobrevivir. Sin cubrir estas, difícilmente llegaremos a nada más o lo haremos mal. Me estoy refiriendo, claro está, al comer, dormir, refugiarse de las inclemencias del tiempo, protegerse del frío y el calor, curarse de las enfermedades más comunes… Necesidades que son compartidas por todas las personas. En segundo lugar existen otras necesidades que se denominan sociales o de la condición y que son aquellas cosas que se precisan para vivir dignamente en un entorno determinado o para ejercer una profesión o trabajo. Estas varían según el lugar de residencia o la ocupación principal, por lo que son diferentes y únicas para cada persona.

Toda necesidad es limitada

Tanto las necesidades básicas como las sociales son limitadas. Es decir, se llega a un punto en el que no se necesita más. No necesito cantidades ilimitadas de medicamentos, ni de alimentos, ni de casas, ni de vestidos. Tampoco necesito cantidades ilimitadas de los bienes que me cubren mis necesidades sociales, como puede ser un tractor si eres agricultor, o un teléfono móvil si eres un comercial, o un automóvil si vives en un lugar sin transportes públicos. No, las necesidades son limitadas y se llega a un punto en el que se cubren sin más.

Deseos y apetencias

Conocer mis necesidades y saber que son limitadas, está relacionado de una manera directa con conocer cuáles son mis deseos y apetencias, es decir, aquellas cosas que quiero tener, pero que no son precisas para llevar una vida digna en el entorno en el que me muevo. Ir al cine, jugar al fútbol, pasear por la montaña, tomar una cerveza con los amigos en un bar, comprar unas zapatillas de marca, jugar con la tableta o el ordenador, tener el último modelo de automóvil, etc. Son cosas que pueden ser positivas y válidas, pero que, salvo que te dediques de manera profesional a ellas, no son necesarias. Debemos de ser consciente de ello, son apetencias, son deseos, son cosas que nos gustan, son válidas, son positivas, pero no necesarias. Y esto tiene una importancia vital porque al no ser necesarias, pasan a un segundo nivel, dejan de ser la prioridad. No se demonizan, pero tampoco se priorizan.

Tenemos que insistir en esta diferenciación en la educación de nuestros hijos. Para ello debemos comenzar con nosotros mismos ¿Diferenciamos bien qué cosas son nuestras necesidades y cuáles nuestras apetencias y deseos? ¿Ponemos nosotros la prioridad en lo que se necesita y no en lo que nos apetece? Una vez hecho esto, no queda más que enseñárselo a nuestros hijos, mostrarles que lo importante es lo necesario y lo otro no es malo, pero es prescindible y debe quedar en un segundo lugar a la hora de marcar prioridades.

 

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Saber decir no

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 2, Febrero 2015, pág: 14 y 15

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Uno de los elementos más importantes de la educación económica de nuestros hijos tiene que ver con el saber decirles “no”. Esto en ocasiones es complicado por varias razones que voy a analizar en este artículo, pero sobre todo porque existe una presión social que considera que educar bien a los niños supone que no les falte de nada. Sin embargo, tenerlo todo y con rapidez o demasiado pronto, no tiene unos resultados educativos adecuados. Por ello, debemos aprender a decir no, a esperar, a que no todo sea inmediato, a que cada cosa tiene su tiempo, a que se puede vivir muy bien sin tenerlo todo. Esto forma parte de la educación en una economía enfocada a los valores y a la humanidad.

Que no le falte de nada

En nuestra sociedad identificamos claramente el tener más con el estar mejor. Esto se traduce en intentar que los hijos tengan de todo, que no les falte de nada. Esto sucede especialmente (aunque no únicamente) en aquellas personas que pasaron estrecheces cuando eran pequeños, la experiencia negativa que esto les pudo suponer (no a todos) les hace pensar que no deben permitir que a sus hijos les suceda lo mismo. Por ello intentan darles de todo. De hecho, hasta algunas parejas deciden tener menos hijos para que los que nazcan puedan tener más cosas (si hay más niños tocan a menos cada uno). Por ello, es difícil decir no cuando me piden algo, cuando quieren otra cosa, vamos a ser malos padres “si podemos y no les damos de todo”

Hay que estar integrado

También le damos de todo a los niños porque queremos que tengan lo mismo que los demás, porque no queremos que se queden atrás, porque parece que si no tienen lo mismo que sus amigos van a estar desplazados o ignorados por sus compañeros. De este modo, identificamos lo bueno con lo que hacen o tienen todos, no queremos que nuestros hijos sean los raros, los que hagan algo diferente de los otros. El criterio de la bondad o maldad de algo, se olvida para priorizar el seguir la corriente principal, el adaptarse a lo que tiene, quiere o hace la mayoría. Se mata así la diversidad, la riqueza que supone la diferencia.

Hay que tener todo y con inmediatez

Pero no solo potenciamos el tener de todo, sino que los niños nos exigen inmediatez y que sea cuando ellos quieren. Tiene que ser y tiene que ser ya. Si no lo consiguen en el momento que lo quieren vienen los problemas, los malos comportamientos, el chantaje emocional, o la pesadez de aquel que está a toda hora recordando lo que quiere y no tiene. Esto hace que, con frecuencia, les compramos cosas antes de que estén preparados para ellas, a una edad demasiado temprana o en un momento inadecuado. Además, les lleva a que crean que todo es fácil de conseguir, a que no hay que hacer esfuerzos para tener las cosas, se olvida así que las cosas cuestan, que todo requiere su esfuerzo.

Hijos empachados

Todo esto puede llevar a lo que nombró Francisco a los jóvenes en Copacabana (Río de Janeiro) “El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. Y terminamos empachados pero no alimentados, y es muy triste ver una juventud empachada pero débil. La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe, y no empacharse de otras cosas”. Y esto podemos conseguir si no aprendemos a poner límites, a decir que no. Hijos empachados, sentados en un sofá con la barriga llena y sin ganas ni ilusión de hacer nada. Jóvenes debilitados que solamente piensan en volver a comer, en que pase el empacho para volver a atiborrarse de comida. Tener demasiado tiene este peligro, el del exceso, el de la desorientación, en de la debilidad.

Por ello hay que saber decir no

Por todo ello es tan importante saber decir no. Saber hacer ver a nuestros hijos que para gastar se necesitan unos ingresos y que estos no son ilimitados, que todo no se puede comprar. Intentar mostrarles que si no tienen algo que los otros tienen, no pasa nada. Ninguna familia es igual a la otra, cada una tiene sus propias características diferentes a las de los otros. No todos educan igual a sus hijos y que esto no es malo, sino bueno para la sociedad. La diversidad es un valor en sí mismo. También hay que saber decir no para que sepan esperar el momento. Tal vez se le quiere comprar algo, pero se puede esperar al cumpleaños, a Navidades, a una ocasión especial. Educar en la espera en contra de la inmediatez también es una buena enseñanza económica. Por otro lado hay que saber decir no a la sustitución de bienes antes de que se rompan. Generar basuras innecesarias comprando siempre lo último antes de que lo anterior deje de ser útil va en contra de la conservación del medio ambiente. Por último, hay que decir no a las compras compulsivas, a adquirir bienes que no sirven para nada, que no van a ser utilizados. Aprender a decirle no a nuestros hijos y a que no tengan todo lo que quieren, es una enseñanza que les va a permitir construirse un futuro mejor ya que les enseñará a que se puede vivir bien con menos y a que las cosas tienen su coste. Es educar niños fuertes que sepan apreciar lo importante y que no se empachen de cosas y de consumo.

 
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Publicado por en febrero 16, 2015 en educación y economía

 

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Los regalos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 11, Diciembre 2014, pág: 12 y 13

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Estamos en un mes propicio para los regalos. Las navidades, los reyes magos, los momentos de celebración son un momento festivo en el que el intercambio de regalos se ha institucionalizado como algo importante y clave de la propia celebración de manera que esta parece incompleta si faltan los regalos. Hasta en las comidas navideñas de los compañeros de trabajo o en los últimos días de clase antes de las navidades, se ha generalizado ese juego que se denomina “amigo invisible” en el que por sorteo debes realizar un regalo a alguien de tus compañeros de trabajo o pupitre al mismo tiempo que tú recibes otro regalo “anónimo” de quien ha tenido en suerte que le tocaras.

El regalo como muestra de gratuidad

No es extraño que esto haya sido así. El regalo es una de las principales muestras de gratuidad que existen. Es una manera de comunicarse con el otro y sirve para mostrar a alguien tu cariño, tu buena predisposición, tu ánimo de establecer una relación desinteresada con la persona a quien se lo ofreces, tu agradecimiento por aquello que has recibido previamente y tantas otros sentimientos positivos hacia el otro. Estos regalos son verdaderos cuando no esperas recibir nada a cambio. Cuando se tratan, realmente, de una muestra de gratuidad con respecto al otro. Cuando el otro tan solo se ve animado a agradecer el detalle, a responder positivamente a esa acción que no tenía por qué haber sido realizada. El regalo tiene valor, sobre todo, cuando supera lo esperable, cuando la persona que lo recibe no tenía porque esperar ser agraciada con este don, cuando quien lo ha dado no tenía ninguna obligación de hacerlo.

La gratitud ante el regalo

Por este motivo surge el sentimiento de gratitud por parte de quien recibe el regalo. Lo inesperado del hecho, la dimensión del gesto, el que el otro haya tenido que sobrepasar lo normal para regalar, es lo que produce esa inmensa gratitud que hace que el receptor vea intensificada su relación personal con quien le regala. Cuando el regalo es realmente gratuito, tiene un lenguaje no explicitado que incrementa las relaciones entre quien lo da y quien lo recibe. Es por ello que hay personas que no quieren recibir regalos o que alguien en concreto les regale algo. El regalo les impele a ser agradecidos, a relacionarse más con quien se lo dona y tal vez, ellas no quieren esto. Esta intensificación de la relación también lleva a que algunos utilicen los regalos para conseguir algo del otro. Dan regalos esperando que el otro les ofrezca alguna ventaja, los atan a través de aparentes dádivas que no son tales, sino compras de voluntades o esperanza de que el agradecimiento se concrete en un beneficio real para el que dona el bien.

La vida de un niño es recibir regalos

Si aplicamos esto a los más niños, nos damos cuenta de que los primeros años de nuestra vida son un recibir regalos sin freno. Pero no estoy refiriéndome a cumpleaños, reyes y demás eventos, sino al simple amor de los padres, de los familiares y amigos, el techo en el que viven, la ropa que se ponen, el cuidado cuando se ponen enfermos… Los niños y jóvenes son verdaderas economías subvencionadas que viven constantemente de lo que los demás les dan. Es por ello que la familia es la principal escuela de ese amor desinteresado que los cristianos consideramos como la manera más plena de ser persona. Sin embargo, en los niños es muy fácil que solamente tengan importancia los regalos materiales o que el regalo se convierta más en una obligación que en una sorpresa.

Solo valen los regalos materiales

En algunos casos existen personas que solamente regalan al niño cosas materiales. No no saben, no quieren o no pueden hacer regalos de otra clase. Se trata de mayores que establecen su relación con el niño a través de los regalos materiales y que, normalmente, esperan recibir una respuesta de sus niños acorde a los regalos que les han hecho. Esto hace que el niño aprenda la lección y que acabe chantajeando al mayor dándole solo cariño si recibe o ha recibido un regalo material. El regalo se convierte entonces en una trampa en la que no existe ya la gratuidad sino un simple intercambio de cariño o carantoñas por bienes materiales.

La obligación de regalar

En otros casos, el regalo se convierte en una obligación. Hay que dar regalos porque es Navidad, porque es un cumpleaños, porque hay un juego que nos obliga a ello. El sentido relacional del regalo y su elemento gratuito se pierden. Dedicamos grandes energías en escoger el presente adecuado y en comprarlo. Energías que se pierden y que no nos sirven para mejorar nuestra relación con aquel que lo recibe. Los niños, sobre todo, quedan prontamente decepcionados cuando este regalo no cumple las expectativas que se ha planteado y esto es fácil que suceda a niños que tienen de casi todo.

Por ello, creo que debemos cuidar mucho el tema de los regalos. Comprar para regalar y convertir esto en costumbre en todos las ocasiones, desvirtúa el sentido profundo del mismo. Hay que replantearse las obligaciones de regalar y también pensar que el mejor regalo que se puede hacer a un niño (y a un mayor) es el cariño, la amistad, el aprecio, una relación sana… Por ello recordemos el valor del regalo para hacerlo con verdadera gratuidad y que este sea realmente una fuente y un refuerzo para las relaciones sanas y fructíferas.

 

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Pasarlo bien: el tiempo libre

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 10, Noviembre 2014, pág: 12 y 13

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En el pueblo en el que vivo, Almàssera, hay una plaza en la que todos los días puedes ver a gente que pasa el rato allí. Es muy agradable pasear por ella y encontrarse con gente que conversa, que va a la biblioteca, al ayuntamiento, a la Iglesia o a comprar, a mayores sentados observando a los demás… Por las tardes se concentran una gran cantidad de niños que van allí a jugar. Mis mismos hijos, con frecuencia me comentan ¿Vamos a la plaza a jugar o a estar con otros amigos? Es una suerte tener un lugar así en el que encontrarse para pasar el rato.

Tomar algo para pasarlo bien

Sin embargo, hay algo que observo a menudo que me ha hecho reflexionar sobre lo que hacemos con la educación económica de nuestros hijos. Muchos de los niños que van a la plaza por la tarde, lo primero que hacen es ir al kiosko a comprar algo para tomar. El salir a jugar a la plaza se identifica desde bien pequeños con tomar algo, con pasar por la tienda. Parece que si no se adquiere algo, salir no es lo mismo, no van a pasarlo igual de bien. Se necesita dinero, por tanto, para ir a la plaza, para pasarlo bien. De este modo, desde bien pequeños estamos educando a los niños en relacionar la compra de algo con el pasarlo bien.

Esto es una constante para la adolescencia y la juventud

Esto tiene un peligro evidente en el largo plazo. Muchos jóvenes tienen que tomarse algo para poder pasarlo bien. No quiero entrar en qué puede ser ese algo, pero la identificación entre tomarse algo y pasarlo bien proviene de su infancia, de esas veces en las que salimos y tenemos que consumir una chuchería, unas pipas, cualquier cosa, porque si no lo hacemos parece que falta algo, que no ha valido la pena salir o que el ocio está incompleto. Esto no quiere decir que tengamos que arruinar al gremio de los kioskeros, todos compramos en ocasiones a nuestros hijos alguno de estos productos para tomar. El peligro no es comprarlo de vez en cuando, sino que se automatice que salir quiere decir consumir algo que hay que adquirir. La chuche, las pipas, pasan de ser algo excepcional a ser un elemento imprescindible para el ocio fuera de casa, para jugar con los amigos o a estar con ellos en la plaza o en cualquier otro lugar.

No es solo cosa de niños, nosotros también lo hacemos

Ahora bien, no solo tenemos que mirar a los niños para darnos cuenta de esto. Con mucha frecuencia lo que hacen es reproducir lo que nosotros hacemos. Con frecuencia, los padres cada vez que salimos consumimos algo. Es decir, para nosotros también salir supone adquirir algo y no sabemos plantear nuestros momentos de ocio sin prescindir del consumo ligado a ellos. Muy a menudo somos nosotros los que estamos totalmente imposibilitados de salir, de estar con otros, sin que esto suponga un gasto, sin tener que tomarse una cañita o un café o un pastel… No concebimos nuestros momentos de ocio sin ese consumo.

El ocio como gasto

Y esto no solo sucede con el ocio diario, sino también con el extraordinario. Salir a hacer algo que normalmente no hacemos, pasarlo bien con los amigos, debe ir acompañado, frecuentemente, de un dispendio ligado a este. El ocio parece, entonces, que no puede plantearse si no es para ir al cine, tomarse algo en una hamburguesería, ir a la bolera, entrar en un recreativo, ir al parque de bolas, etc. Las opciones de ocio implican entonces un desembolso económico ya que si este no se da, parece que no se sabe qué hacer, que cualquier opción diferente va a ser aburrida o incompleta.

El desembolso en el ocio estratifica la sociedad

Además, esta manera de plantearse el ocio separa a personas que tienen niveles económicos distintos. En la medida que para pasarlo bien incurrimos necesariamente en un gasto, solamente podremos compartir este ocio con aquellos que tengan un nivel económico ajustado al nuestro y puedan gastarse lo mismo que nosotros. Esto hace que, con más frecuencia de la deseada, acabemos juntándonos con aquellos que tienen un nivel económico similar al nuestro porque son con los que podemos salir. Esto dificulta que personas con distintos poderes adquisitivos acaben juntándose para compartir su ocio y su vida.

Replantearse la dimensión económica del ocio

Por ello es necesario que nos replanteemos la dimensión económica del ocio. No solo con nuestros hijos, sino también para nosotros mismos. Nos tenemos que preguntar si nuestro ocio va siempre ligado a tomar algo o a desembolsar algún dinero o si por el contrario, sabemos encontrar momentos de ocio totalmente gratuitos. Debemos pensar en qué maneras podemos pasarlo bien, nosotros y nuestros hijos, solos o con amigos, que no supongan necesariamente desembolso económico: pasear, jugar, hacer excursiones, ver un museo, montar una obra de teatro, cantar, contar historias, quedar con los amigos en casa o en un lugar público para conversar, etc. Hay miles de maneras de ocupar nuestro tiempo ocioso que no conllevan pagos ni consumo. Estas maneras de plantearnos el ocio son inclusivas, cualquiera puede entrar en ellas, tenga el nivel económico que tenga, y no excluyen las otras. Por ello, sin descartar ese ocio bajo pago que todos realizamos y que es una opción válida, debemos conseguir que no sea la única opción y que sepamos pasarlo bien sin gastar dinero. Debemos enseñar a nuestros niños que se puede pasar muy bien sin tomarse nada, sin pagar a nadie para que nos ayude a conseguirlo y sin desembolsar ningún dinero.

 

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Celebrar la vida y compartir con los niños

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 8, Septiembre 2014, pág: 12 y 13

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Los que tenemos hijos, hemos sido invitados a múltiples cumpleaños y celebraciones de los compañeros de la clase de nuestros pequeños. Cuando el presupuesto lo permite, estas celebraciones se pueden convertir en una carrera para ver quien invita de una manera más excelente a los demás. Mis hijos han estado en el cine, en bares de bolas, en boleras, en fiestas con animadores, en hamburgueserías, etc. El cumpleaños o la celebración parece centrarse en un alto gasto por niño que, además de no estar al alcance de todos los bolsillos, tampoco transmite siempre los valores que nosotros desearíamos a nuestros niños.

La importancia de celebrar

Lo primero que debemos tener en cuenta es que celebrar es bueno. Una parte esencial de nuestra vida consiste en saber celebrar con nuestros seres queridos lo bueno que la vida nos da, nuestras alegrías, el valor de la amistad… Los cristianos somos especialistas en celebrar por lo que sabemos la importancia y el valor que tiene esta clase de expresión de agradecimiento y de alegría. La misma eucaristía es una celebración a la que acudimos gozosos de haber sido redimidos por el amor de Jesucristo. Por ello también necesitamos mostrar a nuestros niños la importancia de disfrutar de la vida y de celebrar las cosas importantes que nos suceden en ella.

Cuanto más gastamos mejor es la celebración

Es cierto que para celebrar algo hay que realizar un esfuerzo. Una fiesta, un cumpleaños, un aniversario precisa para organizarlo, para invitar a nuestra mesa a aquellos que queremos, para reunir a quienes hace mucho que no se ven, un esfuerzo que traiga la recompensa final de la celebración… Sin embargo, con frecuencia, el esfuerzo necesario para la celebración se convierte simplemente en un gasto mayor o menor. En los cumpleaños esto se ve a menudo, la fiesta se convierte en un gran gasto en el que tan importante es invitar tanto a los padres como a los hijos. La categoría de la fiesta depende de lo que ha pagado el celebrante, la cuantía pagada es lo que aporta caché a la celebración.

Los regalos

Y existe otro punto que se relaciona de una manera directa con el gasto. Se trata de los regalos. El gasto efectuado en la invitación parece que debe de ser compensado a través de unos regalos adecuados al nivel de la misma. De esta manera, el cumpleaños deja un rastro de regalos en la habitación de un niño que acabó abriéndolos con desgana mientras el resto de infantes invitados miraban atónitos esperando ver aquello que a ellos les habría gustado recibir. En aquellas fiestas con animadores, estos convierten este momento en central de la fiesta: se cubre al niño con una corona de juguete y se le sienta en un trono para recibir sus regalos. Parece que es el momento cumbre de la fiesta.

¿Qué es lo importante de la celebración?

Esto me lleva a una historia que le sucedió a un amigo y que me puso sobre la pista de este importante tema económico para la educación de nuestros hijos. Hace unos años le propuso a su hijo quinceañero celebrar el cumpleaños jugando a fútbol en la playa de la Malvarrosa, llevar unos bocadillos para merendar y pasar allí la tarde. El hijo replicó que no le podía hacer eso, que había que invitarlos a la bolera, o a la hamburguesería o al cine, cualquier cosa que costara dinero ya que si no iba a quedar en ridículo ante sus amigos. Ante el “o eso o nada” de sus padres, el chaval accedió. El final de la celebración no fue, evidentemente, como esperaba el adolescente. El cumpleaños fue un éxito, hacía tiempo que no se lo pasaban tan bien en un cumpleaños. Todos estaban encantados con lo “guay” que era mi amigo (el padre) que había jugado con ellos durante todo el rato (aunque como consecuencia este estuvo una semana dolorido con agujetas)

Esto nos lleva a apreciar otros aspectos importantes de la celebración. El dinero gastado queda a un lado y toman protagonismo el jugar todos juntos, el hacer algo especial que normalmente no hacían estos chavales (jugar al fútbol en la playa), la convivencia intergeneracional (el padre estuvo jugando con ellos, lo que en un principio podría parecer un estorbo para cualquier adolescente), el pasar un rato agradable entre todos… Y evidentemente, nadie se acordó de los regalos. Dar regalos en la playa después de acabar sudados, cansados y llenos de arena, no tiene excesivo glamour…

Centrarse en lo importante

Esto es lo importante de las celebraciones de nuestros hijos y para lograrlo no solo no es necesario realizar un gran gasto, sino que tal vez, el hacerlo puede llegar a ser un impedimento. El esfuerzo para realizar una celebración no debería centrarse en el gasto, sino en lograr las condiciones para que la convivencia, el pasarlo bien, el compartir, el poder realizar algo extra que normalmente no hacemos, pase a ser lo importante. Que los niños acaben la fiesta pensando “qué bien lo pasé”. Esta es la clave y para ello no se necesita mucho dinero, tan solo imaginación y un poquito de esfuerzo entre todos… Así educamos a los niños en que se puede pasar bien, se pueden conseguir cosas importantes sin que esto implique necesariamente un gasto.

 

 
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Publicado por en septiembre 9, 2014 en educación y economía

 

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Educar en valores económicos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 7, Julio-Agosto 2014, pág: 12 y 13

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Sabemos que la educación que damos a nuestros hijos tiene mucho que ver con el ejemplo y con la transmisión no verbal de sensaciones, valores, miedos, inseguridades, maneras de hacer las cosas, etc. Se trata de todo aquello que determina nuestra manera de ser y que nosotros transmitimos y nuestros hijos interiorizan sin querer, sin que nos demos cuenta. La sociedad también actúa así sobre los niños, les transmite valores y maneras de hacer las cosas sin que esto se explicite en la escuela, sin que se perciba de una manera clara. El entorno en el que nos movemos determina que acabemos viendo algo como normal o que lo veamos como extraño. Nuestra manera de actuar viene determinada en parte por todo aquello que está alrededor nuestro y que nos encontramos en nuestro día a día.

También sucede esto con los valores económicos

Los valores económicos no son ajenos a esta realidad. Nuestros hijos están asimilando, desde bien pequeños, unos valores económicos que no son los cristianos. El “lo mío es mío y lo tuyo si puedo también”, “lo único que interesa es mi bienestar personal”, “El dinero lo mueve todo” o “la pela es la pela”, “de mayor quiero ser rico” o “lo más importante en la vida es ganar mucho dinero”, etc. Se van insertando en los pequeños sin que nos demos cuenta de cómo sucede. Sin embargo, no es solo el ambiente el que colabora en que esto sea así. Con frecuencia es nuestra propia manera de hacer las cosas, nuestro planteamiento personal o familiar a la hora de abordar momentos claves de nuestro día a día, los que refuerzan sin querer estos valores económicos en nuestros niños. Estamos tan inmersos en nuestro entorno y se ha extendido tanto (hasta en ambientes cristianos) que la economía es algo independiente de la fe que tiene su propia dinámica, que hemos descuidado esta faceta de nuestra vida y a menudo, de una manera poco consciente, colaboramos sin ser conscientes en la potenciación de valores económicos poco cristianos.

Educar en valores económicos cristianos

Por todo ello voy a comenzar en esta revista una serie de artículos que pretende ser un motivo de reflexión para aquellos que tenemos niños para educar y para aquellos que no los tienen pero quieren reflexionar sobre su día a día económico. En ellos quiero descubrir cómo los valores económicos egoístas nos han impregnado de tal manera que no somos conscientes de nuestra colaboración en la difusión de los mismos. Y todo ello desde el convencimiento de que vivir desde una economía altruista, desde una economía del don, nos hace más felices, nos ayuda a lograr nuestras metas (si esta no es la de enriquecerse, claro está) y nos facilita vivir en el amor y en la solidaridad y construir un mundo más humano.

¿Aprender para ganar?

Y para comenzar la serie, creo que vale la pena que reflexionemos sobre algo que decimos a nuestros hijos con demasiada frecuencia, sin darnos cuenta de la carga de profundidad que contienen nuestras palabras: “Tienes que estudiar mucho porque así podrás tener un buen trabajo y ganar mucho dinero en el futuro”. Las maneras de expresar esto mismo son múltiples pero ¿Quién de nosotros no ha transmitido este mensaje a sus hijos en alguna ocasión? Y lo hacemos porque esta afirmación tiene una parte de verdad: nuestros hijos tendrán que realizar una labor que les permita lograr unos ingresos suficientes para vivir. Sin embargo, cuando les insistimos en este tema, les decimos que la importancia del estudio, del esfuerzo, ser reduce a su capacidad para generar más pronto o más tarde ingresos y si son estos elevados, mejor.

Con esto estamos potenciando un mensaje equivocado: que todo hay que medirlo por su capacidad para ganar dinero. Les estamos diciendo que al final, lo importante en esta vida es tener más y que el estudio es solo un medio para lograrlo. Las actividades extra-escolares, aquello que no sea adquirir conocimientos útiles para encontrar un trabajo bien remunerado, aparece entonces como inútil, como secundario… Acudir a un grupo juvenil, pasar la tarde con los amigos, aburrirse en casa de vez en cuando, preparar una obra de teatro con los amigos, ir a jugar a cualquier deporte o practicarlo con asiduidad, tocar la guitarra, etc. Son todo actividades que tienen que estar en un segundo plano porque lo importante es adquirir conocimientos, sacar buenas notas, ser los mejores para tener empleos mejor remunerados. Por ello creo que la próxima vez que les digamos a nuestros hijos que tienen que estudiar y sacar buenas notas (creo que hay que hacerlo), debemos insistir en que es para que sean mejores personas, para que luego puedan aportar sus conocimientos a la sociedad, para encontrar un trabajo que les satisfaga, para ser más felices… y que reflexionemos sobre todas aquellas actividades que no les llevan a sacar mejores notas, pero que van a ser buenas para ellos en un futuro. No tienen por qué dejarse a un lado o ser secundarias, tienen su importancia en la educación de los niños aunque esta no sea económica y hay que potenciarlas también.

 

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Ética y Escuela

En nuestra serie de «Cuadernos de Ética en Clave Cotidiana» acabamos de sacar nuestro tercer número títulado «Ética y Escuela».

Como su propio nombre indica está especialmente pensado para educadores que crean que la ética debe ser un elemento clave que impregne su labor educativa y la de sus centros. El cuaderno da pistas sobre cómo hacer esto y como llevar adelante una enseñanza ética a nuestros jóvenes.

página 1 cuaderno ética y escuela

Estamos seguros de que es un buen documento para todo educador que se interese por los temas éticos y quiera saber como se pueden enfocar estos desde una visión del humanismo cristiano.

Si queréis descargar este cuaderno lo podéis hacer directamente en http://funderetica.org/wp-content/uploads/2013/12/cuaderno2.pdf

O si queréis también descargar fácilmente los dos cuadernos anteriores sobre la ética del don y propuestas éticas para la economía y la polítiica lo podéis hacer en la página de Funderética: http://funderetica.org/cuadernos-de-etica-en-clave-cotidiana/

 

 
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Publicado por en mayo 28, 2014 en educación y economía

 

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A different MBA

In CEU Cardenal Herrera University we offer a different MBA in english:

We offer a high quality practical training, our teachers are proffesionals, we have more than 20 years of experience but we are different because:

We offer 75 hours of Spanish language training, a maximum of 16 students per group, our MBA is an Official Masters Degree recognised in the European Higher Education Area, work placement (normally paid) in a renowned international company, a very competitive price and to study Valencia in Valencia, the third largest city in Spain.

If you want more information you can go to: http://www.uchceu.es/en/studies/postgraduate/masters_degree_business_management_mba_full_time.aspxMBA 2014

 
 

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Artículo sobre educación, agua, higiene y enfermedades

Artículo publicado por el periódico Levante, el mercantil valenciano, el lunes 3 de Febrero en su página 20 en el que se hace eco de la publicación de un artículo sobre educación, agua, higiene y la prevención de la diarrea en un país como MozambiqueLevante_EMV_140203_140203050849_carpeta_jpeg_pagina_20

Podéis encontrar más información sobre esto en el siguiente enlace: http://medios.uchceu.es/investigacion/la-african-development-review-publica-la-investigacion-del-profesor-de-la-ceu-uch-enrique-lluch-sobre-la-reduccion-de-la-mortalidad-infantil-por-diarrea-en-la-cuenca-del-zambeze/#more-1641

 

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¿Quieres aprender a dirigir una empresa? MBA de la Universidad CEU Cardenal Herrera

Os presento un video que hemos hecho para celebrar el 20º Aniversario del MBA de la Universidad CEU Cardenal Herrera que dirijo desde este verano.

Espero que os guste

 

 
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Publicado por en enero 25, 2014 en educación y economía, trabajo

 

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Los Reyes Magos existen

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el domingo 5 de Enero de 2014 en la página 32

Los RRMM existen

Desde hace muchos años me ha gustado mucho la fiesta de Reyes Magos. Aunque de pequeño era la ilusión de los regalos, la espera a que girase la cabalgata por la esquina de la placeta Giner y se acercase a la puerta de nuestra casa para que los pajes nos diesen en mano los regalos de sus majestades. Los nervios, el saber que se acercaban, la fiesta que suponía que por primera y única vez en el año alguien de fuera de tu entorno te llevase algo a casa que era para mi, y solo para mi, producía una emoción especial. Sin embargo, esto no es el único motivo que me lleva a amar especialmente este día.

Cuando me fui haciendo mayor fue el componente de igualdad que destilan los Reyes el que comenzó a resultarme atractivo. El sentido teológico de la adoraciónd e los reyes -todo el universo adora al Dios hecho hombre- ha llevado a que desde el principio de la cristiandad hayan sido representados como personas de distintas razas (normalmente de raza blanca, de raza negra y de raza oriental). Además, son tres y no uno, todos en un mismo nivel, los tres son reyes, no hay ninguno por encima del otro, no hay jerarquía, los tres son iguales. El mensaje es claro y meridiano, somos seres relacionales y por ello necesitamos a los otros para vivir. Nadie es más que el otro, todos somos iguales y no podemos poner jerarquías entre nosotros. Los niños, suelen tener su preferido, pero no lo pueden elegir porque uno sea más que los otros dos, sino por gustos, por capricho, por exotismo…

Sin embargo, el descubrimiento más bonito que he hecho a lo largo de los años ha sido darme cuenta de que los reyes magos existen. Que en contra de lo que dicen algunos, existen de verdad, no son una historia, una mentira o un fraude. Los reyes magos hacen que en una sola noche, gran parte de las casas de nuestro país y de otros lugares del mundo se llenen de regalos. Que puedan llegar al mismo tiempo juguetes a niños que están en Galicia, o corbatas a mayores que están en Andalucía o libros a jóvenes que se encuentran en las Islas Canarias.

¿Y donde está la clave? En que somos muchos los que creemos que existen, somos muchos los que queremos que existan y por ello hacemos lo necesario para que se hagan realidad todos los años entre el 5 y el 6 Enero. Mis hijos lo saben desde pequeños, los Reyes Magos pueden llegar a todos los lados no porque haya una especie de embrujo que les permite hacerlo, sino porque tienen un montón de colaboradores secretos que les ayudan a conseguirlo. Por que hay mucha gente que sabe y que quiere que los Reyes Magos existan y colaboran para que no fallen, para que lleven sus juguetes y sus regalos a todas las casas. Esta es la magia de los Reyes Magos, esto es lo bonito de esta celebración, que tantas personas y tan diferentes estén dispuestas a colaborar en que sus majestades nunca fallen a su cita. La voluntad de tantas y tantas personas hace que algo que parece irreal, fantasioso o irracional, sea una realidad contrastada año tras año. Que una historia (o leyenda) de hace dos mil año, siga repitiéndose hoy en día.

Esto creo que tiene una serie de enseñanzas económicas y sociales que no podemos despreciar. Por un lado no necesitamos inventar historias de duendes o enanos que se pasan el año produciendo los juguetes en fábricas situadas en parajes alejados o en lugares secretos. Los juguetes, los regalos, se fabrican por personas como nosotros en las empresas jugueteras. Trabajadores que tienen que cobrar su salario digno y en cuya manutención colaboramos nosotros cuando adquirimos los bienes que producen. Cuando entendemos y explicamos a nuestros niños el milagro de los Reyes en clave de colaboración, en clave de ayudantes secretos, no hay necesidad de inventar nada, les contamos la verdad económica sin necesidad de mentir. Los juguetes son, entonces, producidos por las empresas de Ibi, de Onil, de China… Son los colaboradores de los reyes quienes permiten que lleguen desde sus fábricas a los niños. Y ahí entran los transportistas, las tiendas, las personas que van a recogerlas, etc. La economía funciona, las cosas llegan a nuestras casas, gracias a toda esta organización económica de nuestro país.

Pero, el milagro más maravilloso de esta fiesta es precisamente el de aunar voluntades tan diversas. Nadie está obligado a creer en los Reyes Magos. De hecho, cuando los niños te dicen que en casa de fulanito no les llegan regalos porque lo hizo Papa Noël, es muy fácil hacerles ver que en esa casa no creen en los reyes y sí en Santa Klaus y que esta es la razón de esta divergencia. La libertad es el primer elemento que configura el milagro de los reyes magos. El segundo es el demostrar cómo, si muchas personas soñamos lo mismo y queremos seguir haciéndolo, este sueño se puede convertir en realidad. La voluntad de un colectivo puede obrar milagros, puede conseguir que lo imposible deje de serlo.

Por ello, al igual que los Reyes Magos existen, también puede existir una economía diferente, una sociedad más justa, otra manera de hacer las cosas. Solamente es necesario que aquellos que quieran que así sea, tengan libertad para soñarlo, para quererlo y para poner los medios que lo logren. La voluntad común de una parte de la sociedad no tiene barreras, puede hacer que milagros como los Reyes Magos, se hagan realidad año tras año.

Estos son los motivos por los que me gusta tanto esta entrañable festividad. Es un canto a la igualdad, a la esperanza, a la colaboración, a lograr que entre todos se hagan realidad nuestros sueños e ilusiones. Me gusta ver como mis hijos, cuando se están haciendo mayores, siguen creyendo en los Reyes Magos y conociendo poco a poco a esos colaboradores secretos que ayudan a que se hagan realidad sus propósitos. Creo también que, alguno de ellos es ya colaborador secreto de sus majestades, pero esto no lo puedo desvelar aquí…

 
 

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Los bienes relacionales

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 11 de Diciembre de 2013, pág: 10 y 11

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El que tiene menos parece más feliz

Estamos tan acostumbrados a identificar tener más con estar mejor que no comprendemos por qué hay gente que puede vivir feliz con poco. Nos sorprende ver una sonrisa dibujada en la boca de personas que viven en unas condiciones mucho peores que las nuestras. Cuando algún voluntario joven vuelve de un país más pobre en África o Latinoamérica, una de las frases más oídas es que la gente es feliz a pesar del estado de penuria en el que viven. Con frecuencia, además, estos voluntarios afirman que los ven más felices que nosotros, las personas que vivimos con un nivel de vida más elevado, los que tenemos más pero no estamos tan satisfechos. Para responder a este aparente enigma, algunos argumentan las personas nos acostumbramos a todo, que quien no se consuela es porque no quiere, que ellos se conforman con poco y nosotros no… Se trata de argumentos que, pudiendo ser válidos, no explican la totalidad de este fenómeno. No pretendo en este artículo dar una teoría completa de los factores que nos llevan a ser más o menos felices, sino centrarme en los bienes que nos llevan o no a una vida más o menos plena.

¿De qué clases de bienes disfrutamos?

Por que la clave, quizá, está en qué clase de bienes disfrutamos aquellos que tenemos más y qué clase de bienes disfrutan aquellos que tienen menos. Nosotros, en los países ricos, disfrutamos de una gran cantidad de bienes y servicios que intentan satisfacer nuestras necesidades básicas y nuestras apetencias y deseos. Se trata de productos que consumimos de una manera individual, por los que pagamos un precio y con los que tenemos una relación directa entre el bien y nosotros: ropa, televisión, ordenador, lavadora, automóvil, etc. Estos bienes de consumo son los que tenemos en cuenta para definir el nivel de vida de una población, si cuenta con una cantidad mayor de ellos, consideramos que esa sociedad tiene más riqueza y mayor bienestar…

Sin embargo esta manera de ver las cosas olvida un conjunto de bienes que son muy importantes para la felicidad y de los que suelen gozar aquellas personas que viven de una manera más sencilla: los bienes relacionales. Cuando hablamos de ellos nos referimos a bienes que nos sirven para relacionarnos con otros, que incluyen un ambiente social amigable y positivo, que potencian hábitos de cooperación que nos ayudan a llevar una buena vida, que son experiencias comunes y compartidas… Estar con los amigos y conversar con ellos, que los niños de tus amistades vengan a jugar a tu casa y viceversa, compartir aficiones y realizar actividades conjuntas, pertenecer a un grupo religioso y reunirse con él cada cierto tiempo, pasear en compañía, hacer deporte con otras personas, etc.

Los bienes relacionales como factor económico

Podríamos pensar que los bienes relacionales no tienen un componente económico importante, que son cosas que no se compran sino que se consiguen y tendríamos razón. Esta es una de las causas por las que personas que tienen menos ingresos están mejor que otras que tienen más. Puede ser que no gocen de muchos bienes por los que tengan que pagar, que no tengan muchas cosas, pero si gozan de bienes relacionales, estos pueden tener una influencia positiva sobre su bienestar mayor de la que tienen los otros. Por ello, muchas veces, los que vivimos en los países ricos equivocamos nuestra dirección. Nos dedicamos a acumular cosas pensando que esto nos hará más felices, y descuidamos estos bienes relacionales que tienen un efecto más positivo sobre nuestro bienestar que la mera acumulación de bienes de consumo en nuestras estanterías.

Pero hay otra cuestión que tiene unas implicaciones económicas mucho más evidentes. Cuando les comento a mis alumnos qué clase de trabajo quieren, con mucha frecuencia me contestan que aquel que más ingresos les aporta. Si les comentas que hay personas que prefieren estar en trabajos menos remunerados pero en los que se sienten a gusto a otros mejor pagados pero con peor ambiente laboral, algunos de ellos te escuchan con escepticismo, creen que esa es una mala opción. No están acostumbrados a tener en cuenta los bienes relacionales, solamente piensan en los bienes de consumo que se pueden comprar con dinero.

¿Competencia o colaboración?

Los bienes relacionales son clave en el clima laboral, en el quehacer económico cotidiano. Si potenciamos la competitividad, el tener que vencer al otro, el establecer las relaciones con los demás en clave competitiva en lugar de en clave cooperativa, estamos creando un ambiente económico que, si bien puede lograr más bienes de consumo para quien sigue estas pautas, dinamita nuestras relaciones con los demás. Esta es una de las principales causas por las que la economía está repercutiendo negativamente en el bienestar de las personas, competir en lugar de cooperar, dificulta nuestras relaciones con los otros y las deteriora inevitablemente. Hay que crear, pues, ambientes laborales que tengan en cuenta en este elemento, debemos educar en una economía que se base en relaciones de colaboración y no de competición, tenemos que identificar nuestro bienestar, no solo por los bienes de consumo, sino por aquellos que incrementan nuestra relación con los demás.

 

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El milagro de compartir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 10 de Noviembre de 2013, pág: 14 y 15

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Multiplicar los panes y los peces

El milagro al que más cariño le tengo de todos aquellos que aparecen en el nuevo testamento es el de la multiplicación de los panes y los peces. No ha sido siempre así. Cuando era pequeño no acababa de entender bien lo que sucedió en aquel descampado en el que se concentraban los seguidores de Jesús. Veía a los discípulos con una especie de chistera donde, en lugar de salir conejos o palomas, salían panes y peces para alimentar a toda la población que se encontraba allí. Me imaginaba las caras de asombro de todos y no comprendía porqué luego volvieron a sus casas teniendo a alguien que podía darles de comer gratuitamente todos los días con aquella cesta maravillosa…

 

El milagro del compartir

Tardé mucho en comprender que esto no era el verdadero milagro. Los milagros no son magia, sino sucesos extraordinarios, que se salen de lo común, que asombran por lo inesperado o por lo inexplicable. Ello no quiere decir que no tengan explicación, que no sigan un razonamiento determinado, sino que son inesperados, que no cabía esperar que sucediese así, que había dudas razonables de que se pudiese dar esta posibilidad.

Esto sucedió en aquella ocasión, nadie podía esperar que con las exiguas viandas con que contaban Jesús y sus discípulos (cinco panes y dos peces) se pudiese alimentar a aquella multitud. Pero sucedió, Jesús repartió lo que tenía y sobró para todos… Jesús compartió su comida y cundió el ejemplo, todos aquellos que estaban en el descampado compartieron sus alimentos y los repartieron entre sus vecinos. Este compartir llevó a la sobreabundancia y no solo hubo bastante para todos, sino que además sobró.

Este fue y es el verdadero milagro, cuando se comparte, cuando se reparte, no solamente hay para todos sino que además hay en exceso… Jesús nos llama a seguir su ejemplo, a repartir lo que tenemos aunque sea poco, a compartir con los demás nuestras posesiones como mejor manera de lograr que todos puedan cubrir sus necesidades.

 

¿Compartimos o acaparamos?

Es evidente que este es el mensaje contrario de lo que oímos todos los días propugnar a algunos economistas. Su mensaje es que debemos tener más y más cada día, que solo tenemos que pensar en nosotros o en los nuestros para conseguir que cada día tengamos más entre todos. El egoísmo, el acaparar para uno mismo, el buscar solo mi propia riqueza y no compartirla, aparecen como los caminos más adecuados para tener más. Se contraponen así dos ideas opuestas que prometen el mismo resultado. El egoísmo como fuente de crecimiento o el compartir como raíz de la sobreabundancia.

 

Repartir es el camino hacia la mejora

Nuestra experiencia diaria parece apoyar el milagro del compartir. La gestión económica de las familias suele estar basada, precisamente, en el reparto de lo ganado por algunos miembros de la familia al servicio de todos. Esto no trae problema alguno a las familias ni hace que estas tengan menos o se arruinen por ello. Al contrario, si cada miembro de la familia ve solamente por su propio interés y no comparte el dinero que gana, no solo el conjunto va a salir perjudicado desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista de la convivencia familiar. Lo mismo sucede cuando quedamos con los amigos para cenar y cada uno lleva algo para compartir. En estas ocasiones no solo no nos quedamos con hambre, sino que solemos comer muy bien y siempre sobra comida…

También existen economistas que hablan sobre este fenómeno. En un libro muy comentado que se titula “Por qué fracasan las naciones”, los profesores Ademoglu y Robinson arguyen que aquellas naciones que tienen instituciones que solamente benefician a unos pocos en lugar de a la mayoría y cuyas élites de poder solamente piensan en beneficios para ellas mismas y no para el conjunto de la población, son las que no tienen capacidad para crear riqueza y crecer lo suficiente y acaban fracasando como naciones. Solamente las que tienen unas instituciones inclusivas que benefician a la mayoría, pueden realmente desarrollarse y mejorar.

Creo que debemos de introducir la dinámica del compartir en la economía. Es la única manera, no solo de salir de la crisis, sino también de que realmente se de un progreso en nuestras sociedades. Para ello es importante repartir y compartir y recordar que para compartir no solo se recibe, sino que también se aporta… Ello excluye al gorrón, a quien se aprovecha de la bondad de los demás para recibir sin dar. Este no entra en esta dinámica sino en la egoísta, en la que lo quiere todo para si mismo. Si buscamos la sobreabundancia, si queremos generar bienestar para la sociedad, el compartir es el camino que nos llevará hacia ella y para ello debemos educar ciudadanos y generar instituciones que den, que repartan, que compartan…

 

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Máster Oficial MBA en la Universidad CEU Cardenal Herrera

He sido nombrado coordinador de un máster MBA de mi universidad.Se trata de un máster con dos modalidades, una para profesionales que han trabajado durante un tiempo y otro para estudiantes que hayan terminado su grado o licenciatura recientemente.

Universidad CEU Cardenal Herrera

Como todo MBA ayuda a tener las herramientas para dirigir cualquier empresa pero en este caso, además se trata de un máster oficial que permite obtener un título homologado a nivel Europeo (válido para cualquier otro país del Espacio Europeo de Educación Superior, que incluye los países de la UE y otros que no son de la Unión Europea) y que permite acceder al doctorado en un futuro. He de deciros que en España solamente cuatro universidades más dan un máster MBA oficial de estas características.

Si os animáis o estáis interesados, podéis encontrar toda la información del máster para profesionales:

http://www.uchceu.es/estudios/posgrado/master_universitario_direccion_gestion_empresas_mba_part_time.aspx

Estudiar Máster Universitario Dirección y Gestión de Empresas MBA Part Time en Valencia

y del MBA para recién licenciados en:

http://www.uchceu.es/estudios/posgrado/master_universitario_direccion_gestion_empresas_mba_full_time.aspx

Estudiar Máster Universitario Dirección y Gestión de Empresas MBA Full Time en Valencia

 

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Gestión Fraterna de un Centro Educativo

       Gestión Fraterna de un Centro Educativo es un libro publicado en el año 2000 que ya  está fuera de edición y no se encuentra a la venta.Este libro hace una propuesta sobre cómo introducir en la gestión económica de los colegios y en sus aulas, valores como la solidaridad, el compartir o el desprendimiento. Para ello realiza sugerencias prácticas y sencillas de aplicar en el día a día tanto de la gestión como de las aulas y las enseñanzas que allí se imparten.

Si quieres descargártelo completo puedes hacerlo en https://docs.google.com/uc?id=0B1NyYG1BQwQFZmMyMjU0MWQtOGM3Ni00NTI5LTk2ZTAtYTg4MzQ4OWZlNzBi&export=download&hl=en_US

 
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Publicado por en enero 15, 2012 en educación y economía

 

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