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Archivo de la categoría: Medio ambiente

Economía y fraternidad

Este vídeo es el cuarto que ha publicado la delegación de Evangelización de Valencia en su serie Tiempo de la creación 2021

 

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Seminario de ecología integral

Os invito al seminario sobre ecología integral titulado «La España Rural, un reto para la evangelización y el cuidado de la creación» organizado por la Fundación Pablo VI y la Conferencia Episcopal Española en el que voy a participar como ponente el próximo lunes.

La matrícula es gratuita y puede ser seguido en directo o en modalidad telemática.

Aquí tenéis toda la información por si os interesa.

 
 

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Entrevista en «El Mundo»

El pasado viernes se publicaba en «El Mundo» una entrevista que me habían hecho unos días antes.

Este es el enlace por si queréis leerla: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/medio-ambiente/2021/07/16/60eb17b321efa0324b8b45d2.html

 

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Economía verde y sostenibilidad

Aquí tenéis el enlace del resumen que ha publicado el periódico Levante de la mesa redonda en la que participé ayer sobre economía verde y sostenibilidad. Fue una conversación muy interesante: https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2020/10/23/molla-aboga-cambiar-habitos-concepto-20319055.html

La consellera Mireia Mollà fue la encargada de clausurar la jornada vía telemática. | MIGUEL ANGEL MONTESINOS
 
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Publicado por en octubre 23, 2020 en Medio ambiente

 

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El cambio climático es una cuestión económica

Si no abordamos el cambio de paradigma económico y dejamos de pensar solo en el bienestar, difícilmente podremos hacer algo efectivo en materia de cambio climático. En este breve artículo hablo sobre este tema.

 

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El Black Friday y el cambio climático

Esta semana de «Viernes negro» las ventas por internet se multiplican y los nubarrones del cambio climático son alimentados por ellas.

En este breve artículo os ofrezco un breve análisis medioambiental de las ventas a distancia

 

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Guardar y cultivar nuestro jardín

Algunos piensan que el jardín del Edén es un lugar mítico, pero sigue existiendo y de conocerlo podemos extraer enseñanzas para nuestra economía actual

 
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Publicado por en septiembre 12, 2019 en Blog Vida Nueva, Medio ambiente

 

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Economía y ecología

Artículo publicado en la revista «Asociación Resurgir», nº 35, Diciembre 2018, pág 12-14

El objetivo principal de la economía en este momento es el crecimiento económico. Este se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB) de modo que el norte que dirige la actuación de nuestras sociedades es que este último se incremente sin freno. Cabe recordar que el PIB es lo que producimos en un país en un año, de modo que tener como norte que este se incremente cada vez más, es buscar que año tras año tengamos “más entre todos” y esto conlleva en si mismo un problema ecológico. Porque para producir bienes y servicios, precisamos de tres elementos esenciales. El primero es el trabajo. Sin actividad humana puesta al servicio del producir no se puede hacer nada. El segundo es lo que los economistas denominamos capital, que puede describirse de una manera más sencilla como herramientas, maquinaria, instrumentos e infraestructuras. Es decir, todas aquellas cosas que fabricamos para que nos faciliten la producción de otras. En tercer lugar precisamos de recursos naturales: minerales, madera, animales, etc. Es decir, todos los bienes que nos proporciona la naturaleza sin los cuales no podemos producir absolutamente nada.

Incrementar la producción sin fin puede hacerse de dos maneras. La primera es mejorando la productividad, es decir, logrando con los mismos recursos que la producción aumente. El segundo, es incrementando el número de factores de producción que teneos. Esto es, utilizando más trabajo, más herramientas o máquinas o instrumentos, e incrementando el uso de los recursos naturales. El trabajo depende de las personas con las que contamos para la producción, el capital de lo que ahorramos y dedicamos no a producir bienes para el consumo, sino para fabricar aquellas cosas que no sirven para producir otro. El problema ecológico nos llega, entre otras cosas, por la utilización creciente de los recursos naturales. Si estos pudiesen utilizarse sin desgastarlos como sucede con la energía solar, el viento o las mareas, no tendríamos ningún problema ecológico ya que su utilización no los gota ni los desgasta. Siempre los tenemos ahí a nuestra disposición los transformemos o no en energía (que suele ser su uso más habitual). Sin embargo, estos recursos son la excepción. La mayoría de ellos se desgastan o agotan con el uso. Una vez utilizados no pueden ser usados en otra ocasión.

A pesar de ello, algunos de estos recursos pueden renovarse y podemos mantener la cantidad de recursos a pesar de utilizarlos. Me estoy refiriendo, sobre todo, a aquellos que derivan de seres vivos. Nosotros podemos cortar árboles para utilizar su madera, pero si plantamos otros al mismo tiempo, no tenemos por qué acabar con la madera ni con los bosques. Lo mismo sucede con cualquier recurso natural proveniente de una planta o de un animal. Todos se reproducen y si los matamos a menor ritmo que su reproducción, puede hasta incrementarse la cantidad del recurso a pesar de que lo utilizamos. Sin embargo, existen otros recursos naturales en los que ya no sucede lo mismo. Cuando utilizamos gasolina en nuestros automóviles, ese petróleo ya no puede volver a ser utilizado, se ha acabado, no lo recuperamos. Existen recursos que se agotan con su uso y ya no hay posibilidad alguna de que se reproduzcan o se vuelvan a utilizar.

Podríamos pensar (y algunos así lo afirman) que existen progresos que pueden hacer que coexista un crecimiento económico sin que se agoten los recursos existentes. Se basan para decirlo en la existencia de tres elementos que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra porque logramos el crecimiento sin utilizar más recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Es por ello que no podemos crecer ilimitadamente. La cantidad de recursos que existen en una sociedad limitan nuestra capacidad de producir más. No podemos incrementar la producción de una manera indefinida porque corremos el riesgo de agotar los recursos del planeta. Lo oímos constantemente: especies animales y vegetales que se extinguen, minas que cierran porque ya no queda mineral, desaparición de masa forestal a nivel global… Es difícil compatibilizar el crecimiento ilimitado con la limitación de recursos existente. Cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) solo puede lograrse cambiando el objetivo hacia el que dirigimos nuestra economía. Buscar un objetivo económico que no sea por si mismo insostenible.

Este objetivo no debe centrarse en el tener, sino que esto hay que ponerlo al servicio de la persona. Porque para ser más persona y más libre no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. Por ello es necesario cambiar el objetivo económico para pasar desde ese “tener más entre todos” que buscamos en estos momentos, a un modelo económico que busque como su principal objetivo que “todos tengan al menos lo suficiente”. Cuando este es el norte económico al que dirigirse el desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no haya pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Y este es un objetivo compatible con la conservación del medio ambiente en si mismo. En la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que la cantidad de recursos utilizados se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el problema ecológico que supone la búsqueda infinita de crecimiento se evita y se deja a un lado. La economía deja de ser un problema para el cuidado de la creación y la explotación infinita de nuestros recursos deja de ser lo normal. Necesitamos modificar el horizonte de nuestra actuación económica para poder cuidar de nuestra creación y lograr que la economía sea compatible con el cuidado medioambiental. Mientras que el fin último de nuestra organización económica sea el crecimiento económico, difícilmente podremos lograr este sin deteriorar cada vez más la casa común en la que todos vivimos.

1http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 
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Publicado por en febrero 20, 2019 en Medio ambiente

 

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Acción Social y Cuidado de la Creación

El próximo sábado 27 de Octubre, en el marco de la XIV Escuela Diocesana de Formación «Cáritas y el cuidado de la creación» organizado por Cáritas Orihuela-Alicante, impartiré una conferencia titulada Acción Social y Cuidado de la Creación.

Podéis encontrar toda la información para quienes queráis ir en: http://caritasoa.org/2018/10/19/xiv-escuela-diocesana-de-formacion-caritas-con-el-cuidado-de-la-creacion/

escuela diocesana cáritas orihuela alicante

 

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Prioridades Medioambientales: Agua y Energía ¿Qué futuro?

El pasado 9 de Junio participé en un seminario titulado Prioridades Medioambientales: Agua y Energía ¿Qué futuro?.

Fue un seminario muy interesante con unas conclusiones claras y rotundas que os adjunto aquí: http://www.fpablovi.org/index.php/actividades-eventos/374-conclusiones-del-ii-seminario-sobre-ecologia-integral

Ecología

Si queréis saber más sobre el seminario podéis enlazar con: http://www.fpablovi.org/index.php/actividades-eventos/355-ii-seminario-sobre-ecologia-integral

 

 

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¿Desarrollo insostenible? Nuestro modelo de vida agota el planeta

El lunes 4 de Diciembre en Barcelona participaré en una mesa redonda junto a Maria José Pérez de la Romana titulada «Desenvolupament insostenible? El nostre model de vida esgota el planeta».

La sesión tendrá lugar en el salón de actos del Centro de Estudios Cristianisme i Justicia, en la calle Roger de Llúria 13

Para quienes no podáis asistir y queráis verlo en directo el lunes, podréis seguir la sesión en https://www.cristianismeijusticia.net/en-directe

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Puedes encontrar toda la información en: https://www.cristianismeijusticia.net/es/els-dilluns-dels-drets-humans-desenvolupament-insostenible

 

 

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¿Desarrollo sostenible?

Artículo publicado en la revista «En la calle. Revista Sobre Situaciones de Riesgo Social» nº 38, Septiembre-diciembre 2017, publicado por la Coordinación estatal, Plataformas sociales Salesianas.

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 1

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 2

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 3

Desarrollo sostenible En la calle, revista salesiana pag 4

Desarrollo sostenible es una expresión muy utilizada en nuestros días. Todas las sociedades parecemos buscar este objetivo que se presenta como la meta económica más adecuada para nuestros días. Sin embargo, tal y como es entendida esta expresión habitualmente, encierra una contradicción difícilmente resoluble que hace que tengamos que replantearnos esta idea.

Las definiciones que nos da el diccionario de la real academia sobre desarrollo y sostenible nos van a ayudar a entender mejor este tema. Desarrollar es, según la Real Academia de la Lengua: “Dicho de una comunidad humana: Progresar o crecer, especialmente en el ámbito económico, social o cultural” y sostenible: “Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. Tenemos pues las dos ideas básicas de un desarrollo sostenible. La primera es pensar en el progreso de la sociedad, en avanzar en un ámbito y la segunda es que este avance no suponga un agotamiento de recursos a medio o largo plazo.

Pero, ¿A qué clase de desarrollo nos referimos cuando hablamos de desarrollo sostenible? Porque el desarrollo implica una mejora, un avance, una posición mejor que la anterior. Para saber si avanzamos debemos conocer hacia donde queremos ir, solo conociendo el fin al que queremos llegar sabemos si estamos avanzando hacia él o no. Históricamente ha habido tres grandes concepciones de desarrollo que voy a describir someramente. Una es aquella que piensa que el desarrollo o el progreso se refiere sobre todo a las mejoras técnicas. Una nación o sociedad está más desarrollada cuando mayores avances tecnológicos ha logrado. En el siglo XIX esta concepción estaba muy generalizada y la confianza en la ciencia y en sus avances hacía que la concepción de desarrollo se centrase en este aspecto. La segunda tiene que ver con la justicia. Se piensa que una sociedad está más desarrollada en la medida que sus instituciones son más justas y están al servicio de las personas. Una sociedad sin pena de muerte, que respeta los derechos humanos, que organiza sus instituciones de manera justa, está más desarrollada que otra que hace exactamente lo contrario. Por último, existe una concepción de desarrollo que se identifica con una mejora económica medida como un incremento de los bienes que tenemos entre todos. Esta idea piensa que el desarrollo equivale al crecimiento económico, a producir más en un país en un año, a tener más cosas como carreteras, infraestructuras, nivel de vida, etc.

Cuando se habla de desarrollo sostenible se está considerando esta última concepción. Se está pensando en mantener un crecimiento económico que no agote los recursos necesarios para producir bienes y servicios. Se quiere, por tanto, combinar el tener más con el no agotar los recursos necesarios para la producción y lograr al mismo tiempo que no se deteriore excesivamente el medio ambiente. Sin embargo, esta concepción tiene dos grandes fallos que hacen que el concepto de desarrollo sostenible no sea viable tal y como se ha planteado hasta este momento.

Desarrollo no es crecimiento

En primer lugar debemos tener en cuenta que no es correcto identificar desarrollo con crecimiento económico. Como decía Pablo VI “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todas las personas y a toda persona” (Populorum progressio: 14). El desarrollo no es una cuestión únicamente ligada al crecimiento económico, no nos desarrollamos solamente porque tengamos más entre todos, porque nuestras naciones o el mundo sea más rico en su conjunto, el desarrollo tiene que ver (como ya hemos visto) sobre todo con que las condiciones de vida de las personas mejoren para que todas y cada una de las personas que habitamos el planeta seamos capaces de llevar una vida digna en el entorno en el que vivimos. Esto tiene que ver desde el punto de vista económico no con tener más, sino con tener lo suficiente para vivir. Y desde la otra perspectiva, tiene que ver con lograr unos niveles de justicia y libertad superiores, que sean respetados los derechos humanos, que todos podamos acceder a una buena educación y a una sanidad que permita que superemos las enfermedades que adquirimos, etc. Solamente con esa sociedad más justa podemos mejorar a las personas que en ella habitan.

No se puede crecer ilimitadamente

Por todo ello, pensar que el desarrollo se limita al crecimiento económico es olvidar toda la dimensión de una sociedad justa que tiene este concepto. Pero además, pensar que el crecimiento económico puede ser ilimitado y sostenible es considerar que puede darse algo imposible. Porque para poder producir más y más necesitamos recursos naturales que extraemos de la tierra. Es imposible producir un bien o servicio cualquiera sin utilizar recursos naturales. Esto quiere decir que incrementar la producción año tras año precisa de la utilización de más y más recursos.

Aquellos que defienden el desarrollo sostenible afirman que esto no tiene porqué ser así. Creen que hay tres factores que pueden hacer que produzcamos más sin necesidad de utilizar más recursos naturales. El primero es los avances tecnológicos que conllevan incrementos de productividad (es decir, se puede producir lo mismo utilizando menos recursos o visto desde otro prisma, se produce más con los mismos recursos). El segundo el incremento del reciclaje y la reutilización que puede hacer que la basura generada por la sociedad se transforme en recursos para producir más bienes en el futuro. El tercero es la utilización de fuentes energéticas renovables como pueden ser el sol o el viento, de este modo podemos incrementar nuestra capacidad energética (necesaria para producir más) sin utilizar más recursos perecederos. La combinación de estos tres elementos es la que, según estas personas, va a lograr que sigamos produciendo más y más sin agotar los recursos de la tierra ya que no vamos a necesitar utilizar tantos recursos.

La confianza en que estos avances suponen la posibilidad de un crecimiento económico infinito peca de ingenua (a mi entender) por dos motivos principales. El primero es que aunque mantuviésemos el uso actual de recursos naturales anuales, este no es sostenible durante siglos y siglos sin que se agoten, ya que la tierra es limitada. El segundo y más poderoso es que, además, esto no se da. En el periodo transcurrido entre 1950 y 2010 la producción mundial por habitante casi se ha triplicado1, al mismo tiempo, la utilización de recursos naturales se multiplicó por más de cuatro2. Esto quiere decir que a pesar de los avances tecnológicos importantes que se han dado en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI y del incremento del reciclaje y de las tecnologías limpias, la utilización de recursos naturales se ha multiplicado por cuatro y las previsiones de la Agencia Europea del Medio ambiente son que este uso de recursos se duplicará de nuevo para 2050. Dicho de otra manera, a pesar de los tres factores que frenan la utilización de recursos naturales, esta crece imparablemente de modo que es imposible compatibilizar a largo plazo el crecimiento económico con la reducción de la utilización de recursos naturales.

Objetivo alternativo

Como hemos visto no parece posible que la humanidad siga teniendo más y más de una manera infinita a lo largo de los siglos venideros con una tierra que es finita y cuyos recursos tienen un límite. Por lo tanto cabe preguntarse si lo que necesitamos es seguir investigando y haciendo esfuerzos para lograr crecimiento económico sin utilizar tantos recursos, o realmente la clave está en cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. Desde mi punto de vista, la respuesta para hablar de desarrollo sostenible no está en buscar la sostenibilidad de un objetivo insostenible (crecer ilimitadamente, lograr tener más y más entre todos año tras año) sino de cambiar este objetivo por otro que, en su propia naturaleza, sea sostenible. Si logramos esto estamos solucionando de base el problema de la sostenibilidad, porque el propio objetivo a alcanzar es sostenible por si mismo.

Para hacerlo debemos de prescindir del crecimiento económico como objetivo económico deseable. Que crezca la producción mundial año tras año tiene una serie de problemas añadidos al ecológico que voy a resumir aquí. Por un lado, este crecimiento económico no alcanza a todos. A pesar de que logramos tener más entre todos, el número de personas que viven con menos de un 1,90$ al día sigue estando por encima de un 10% de la población mundial3 aunque esta cifra ha ido bajando en estos últimos años. Como no contamos con cifras mundiales sobre las personas que viven con menos de 3,10$ diarios (que podríamos considerar un umbral de pobreza también realista) no sabemos cuántas de quienes han dejado de ganar menos de 1,90$ diarios han salido realmente de la pobreza (es decir, ganan más de 3,10$ diarios -100 euros al mes aproximadamente-). Tenemos más entre todos, tocamos a más entre todos, pero no todos tienen lo suficiente para vivir. ¿De qué sirve tener más entre todos si sigue habiendo personas que no tienen lo suficiente para vivir? ¿Para qué queremos el crecimiento económico si no sirve para acabar con la pobreza?

La propuesta más adecuada para superar la contradicción irresoluble que supone pretender un crecimiento económico sostenible es dejar de buscar el bien agregado que supone el crecimiento económico para buscar el bien común, entendido esto como “El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (Pablo VI, Encíclica Gaudium et spes, 26) . El desarrollo de una nación y de la humanidad consiste, realmente, en perseguir este objetivo del bien común, es decir, que todas y cada una de las personas que viven en la tierra logren las condiciones que les permitan desarrollarse como personas y alcanzar sus objetivos vitales de una manera sencilla y adecuada.

El bien común económico

Cabe preguntarse si tener más y más es algo que logre este bien común y como hemos visto esto no es así. Por un lado porque no todos se benefician de este crecimiento económico y no tienen un nivel de vida suficiente para ser libres y poder desarrollarse como personas, pero por otro lado porque no hace falta tener más y más para lograr el objetivo vital de desarrollarse como personas. Muchos de nosotros tenemos la experiencia de que logramos este objetivo sin necesidad de tener más y más año tras año. A partir de una cantidad que nos permita cubrir todas nuestras necesidades y una parte de nuestras apetencias y deseos, tenemos lo suficiente para lograr nuestros objetivos vitales. No necesitamos ser más ricos para alcanzar esta pretensión.

Por ello, para lograr el bien común desde el punto de vista económico no es necesario tener siempre más, para poder desarrollarse como persona, para ser libre, no hace falta una cantidad exagerada de recursos, hace falta tener lo suficiente para vivir, para llevar una vida digna en el entorno en el que nos encontramos cada uno de nosotros. ¿Cómo entendemos entonces el bien común desde el punto de vista económico? El bien común es que “todos tengan al menos lo suficiente”. Es decir, el objetivo económico que mejor se ajusta con esta concepción del bien común es lograr que todas las personas tengan al menos lo suficiente para vivir. Debemos pasar de perseguir “tener más entre todos” a perseguir que “todos tengan al menos lo suficiente”. El desarrollo no se mide entonces por tener más, porque se incremente la producción sin freno, sino porque consigamos que no hayan pobres, que los que menos tienen obtengan al menos lo suficiente.

Cabría preguntarse si este es un objetivo sostenible, si concebir el desarrollo como una sociedad en la que no existan personas necesitadas, es pretensión sostenible. La respuesta es fácil de intuir, en la medida que para tener lo suficiente no hace falta producir más y más de una manera ilimitada, el objetivo es totalmente sostenible a largo plazo. No necesitamos tener cada vez más, no precisamos utilizar más y más recursos para generar crecimiento económico, podemos vivir con una producción estable que sea suficiente para que todos cubran sus necesidades y si a esto añadimos los avances ya nombrados con anterioridad (tecnologías eficientes, reciclaje, reutilización y energías renovables) nos lleva a que no solo no tengamos que utilizar cada vez más recursos, sino que la cantidad de estos se pueda reducir año tras año. Cuando el concepto de desarrollo cambia, el apellido sostenible se hace innecesario porque el sistema por si mismo ya lo es.

Es posible

Algunos se pueden preguntar si esto es posible y la respuesta es otra vez sí. Durante siglos la producción mundial se ha mantenido estable, cuando a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX las sociedades occidentales comienzan a plantearse que deben organizar la economía de sus países para lograr el crecimiento económico, ponen los medios para ello y los resultados mundiales positivos (en este sentido) ya los he descrito aquí. Si ahora cambiamos nuestros objetivos, seguro que en un periodo más o menos largo de tiempo conseguimos encontrar los medios para lograr un sistema que permita que todos tengan lo suficiente y que no tenga problemas de sostenibilidad sino que sea sostenible por su propia naturaleza. Para ello necesitamos un cambio de mentalidad (que supone un cambio de estilos de vida entre otras cosas) y un cambio de estructuras, pero todo es ponerse manos a la obra. Es difícil (como todo lo que vale la pena en la vida) pero factible.

2Global megatrends Intensified global competition for resources (GMT 7) http://www.eea.europa.eu/soer-2015/global/competition (consultado el 19 de Abril de 2017)

 

 

 
 

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¿Cuidamos o explotamos la creación?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 119, nº 6, Junio 2017, pág: 26 y 27

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Cuando era pequeño me gustaban las historias que transcurrían en granjas. En ellas había distintos tipos de animales que convivían con las personas, los granjeros cultivaban las tierras para que ellos y sus animales se alimentasen de sus frutos, los excrementos eran utilizados como abono y todo se aprovechaba al máximo. Quizá estas historias me recordaran a casa de mi abuela, donde había gallinas y conejos y donde sabía que en otros tiempos habían vivido cerdos en ese corral trasero tan habitual en las casas antiguas de estos pueblos del Horta Nord de Valencia. Las granjas eran una manera de combinar una actividad económica que pretendía obtener recursos monetarios y alimenticios para que las personas que allí viviesen tuviesen una vida digna, con el cuidado de la creación de todo aquello que nos rodea.

Ya no existen granjas, tenemos explotaciones agrarias y ganaderas

Hoy en día es difícil encontrar granjas, lo que abundan son explotaciones agrícolas y ganaderas. Cuando uno va a una de ellas, ya no se encuentra con ese paisaje medianamente idílico con distintos tipos de animales conviviendo en un espacio y una agricultura y una ganadería que se complementan. Ahora encontramos grandes naves industriales en las que se hacinan miles de pollos, o cientos de cerdos, o de ovejas o de vacas… Grandes campos de un solo producto que se extienden a lo largo de muchas hectáreas y cuya cosecha es recogida por máquinas (en ocasiones) o por un elevado número de jornaleros que dejan el producto en cajas para ser llevado directamente a los mercados de las grandes ciudades o a las grandes cadenas de distribución alimenticia. Bosques de una sola clase de árbol que son talados por parcelas cada cierto tiempo. Los sistemas de producción industriales se han introducido en la ganadería, en la agricultura y en la silvicultura, las granjas han pasado a ser explotaciones.

Una explotación no cuida de la creación

Explotar es (según la segunda acepción del diccionario de la RAE): “Sacar utilidad de un negocio o industria en provecho propio.” Por este motivo se habla de explotación y ya no de granja. La dinámica economicista se ha introducido en la gestión de las granjas y estas han dejado de serlo. Los seres vivos que componen la creación han dejado de ser así considerados para pasar a ser simples recursos que utilizamos para nuestro propio provecho. La creación ya no se ve como un todo a cuidar y a hacer fructificar, sino como un lugar del que se sacan recursos para incrementar nuestros beneficios individuales. Al igual que el afán de tener más riquezas deshumaniza a las personas haciendo que se olviden que lo que tienen delante son también personas, el egoísmo economicista deja de ver el entorno en el que se mueve nuestra vida como algo a cuidar para pasar a considerarlo como un espacio a explotar para incrementar los beneficios de quien lo hace.

La denuncia de Francisco

Eso es, precisamente, lo que denuncia Francisco en su última Encíclica Laudato si (2) “La hermana tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que « gime y sufre dolores de parto »” La deshumanización a la que nos lleva ese pecado grave de pensar solamente en nuestro propio interés y de buscar a toda costa el tener más, se traduce en unos problemas medioambientales que no solo están reduciendo la calidad del ambiente natural en el que nos movemos hiriendo al suelo, al agua, al aire y a los seres vivos, sino que también está comprometiendo que las generaciones futuras puedan gozar de un entorno adecuado para su vida en la tierra.

Por una cultura del cuidado

Por ello Francisco nos propone que “junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad” (LS, 231) Esta cultura del cuidado se debe reflejar tanto en un nuevo estilo de vida en el que la búsqueda egoísta del propio bien se cambie por el deseo de construir el bien común con el resto de las personas, a un necesario cambio de estructuras que pretenda, no tanto la explotación de nuestros recursos y la generación de nuevos bienes, como el cuidado de la creación que nos ha sido dada, para que sea el marco en el que vivamos, nos desarrollemos y tengamos una vida plena, nosotros y nuestros descendientes. Por ello, ante la cultura de la propiedad, del hago lo que quiero porque es mío, de la explotación de los recursos, Francisco propone esa cultura del cuidado que pretende la convivencia armónica entre las personas y el resto de la creación. Una cultura que no solo no va en contra de la consecución de los recursos necesarios para vivir, sino que, es la única manera en la que se puede garantizar que en el futuro, las próximas generaciones sigan gozando de ellos.

 

 

 

 

 

 

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Presentación Informe «Medio Ambiente y Política Social»

El próximo martes 4 de Octubre, presentamos en Valencia el informe anual «Análisis y perspectivas Comunitat Valenciana 2016» que elaboramos el Observatorio de Investigación sobre pobreza y exclusión en la Comunidad Valenciana.

Este año se titula «Medio Ambiente y Política Social»

Estáis invitados a asistir. La semana próxima os presentaré también aquí el informe y os pondré el enlace al mismo.

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Publicado por en septiembre 28, 2016 en Medio ambiente, pobreza, Privación

 

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Koopera en la Universidad CEU-UCH

El próximo miércoles día 27 de Abril en la Universidad CEU Cardenal Herrera, Javier Ariño, gerente de Koopera, nos va a contar dentro del Foro CEU Empresa, este proyecto empresarial que busca la innovación social y la integración en el mundo laboral de personas que tienen dificultades por encontrarse en riesgo de exclusión social.

La conferencia será a las 19:00 en el Aula Magna del edificio Luis Campos Górriz en Alfara del Patriarca. Tienes más información en https://www.uchceu.es/actividades/2016/conferencias/foro-ceu-empresa-el-caso-de-koopera

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Si quieres saber más sobre esta empresa, puedes entrar en su página web: http://koopera.org/

 

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Homenaje a la huerta

Artículo titulado «Amaneciendo» publicado en el periódico España Buenas Noticias. En él hago un homenaje a la huerta valenciana y un llamamiento a una economía más ligada a nuestra tierra…

homenaje a la huerta

Puedes encontrar el artículo en: http://ebuenasnoticias.com/2014/06/10/amaneciendo/

 
 

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La Isla de Pascua y la nave espacial Tierra

Os dejo aquí con un interesante artículo de Eduardo Esteve Pérez. Fue publicado en el periódico Las Provincias el pasado 10 de noviembre y contiene un lúcido análisis de los límites ecológicos de nuestro planeta.

La Isla de Pascua eduardo Esteve

Como destaca el ínclito economista Jeffrey Sacks en economía para un planeta abarrotado, los retos más perentorios a los que se enfrenta la sociedad actual son: el crecimiento demográfico, la sostenibilidad medioambiental y la pobreza, a lo que habría que añadir el efecto y la gestión de la actual Gran Recesión.

En este artículo nos vamos a centrar en la sostenibilidad medioambiental. Para ello vamos a comenzar con una somera presentación de la fascinante e inquietante historia de la Isla de Pascua. Ubicada en la polinesia, las tierras más cercanas se encuentran por el este, en chile, a unos 3700 km, y, por el oeste, en las islas Pitcairn, a casi 2100, por lo que podemos sostener que es el territorio habitado más remoto del planeta azul, siendo colonizado poco antes del año 900 d.C. por habitantes de la Polinesia. La isla es mundialmente famosa por sus colosales estatuas llamadas moái, con unos pesos medios de 10 toneladas, alcanzando las mayores más de 70 (la más pesada, denominada Ahu Tongariki, contabiliza 87 toneladas). Los inventarios realizados sitúan el número de moái en 887, de las que algo menos de la mitad permanecen en la cantera. El primer europeo que recaló en Rapa Nui fue el marino neerlandés Jacob Roggeveen, corría el año 1722, y, dado que su descubrimiento aconteció en el domingo de pascua, la isla adopto el nombre por el que todos la conocemos.

Lo primero que llamó la atención a Roggeven y a los sucesivos exploradores que visitaron la isla fue lo inverosímil de cómo una población de apenas 3000 pascuenses desplazaron los más de 400 moai desde la cantera hasta erigirlos por toda la isla. Sobretodo, teniendo en cuenta la carencia de arboles que sirvieran para el traslado. Lo inconcebible de tamaña empresa significó que autores poco rigurosos, como Erich von Däniken, postularan teorías tan kafkianas como que la manufactura de los moai había sido de origen extraterrestre. La realidad fue mucho más prosaica. Siglos atrás el paramo que presenciaron los exploradores europeos no era tal. En lugar de los arbustos y helechos se alzaba un bosque subtropical poblado por arboles y palmeras de tamaño considerable (de hecho, la palmera más alta de mundo, ahora extinta, pertenecía a la flora pascuense). La degradación de la isla no solo afecto a la flora, sino que se extinguió la totalidad de las especies de la isla, con la excepción de las ratas. Como consecuencia de tan acerada involución medioambiental, la mayoría de los pascuenses perecieron por inanición (de una población estimada en torno a 15.000 se paso a los citados 3000). Y los supervivientes, como describió el capitán Cook en 1774, eran: “Pequeños, enjutos, tímidos y pobres”, llegando incluso a practicar el canibalismo.

La etiología de la destrucción medioambiental -como destaca Jared Diamond en su monumental obra, Colapso – fue antropogénica. En concreto, la sociedad pascuense estaba dividida en 12 clanes. Las fuerzas que impulsaron la construcción de los moái fue la lucha por el estatus, prestigio y poder de los diferentes clanes. Los moái significaban un signo inequívoco de poder, y los jefes de los diferentes clanes, los utilizaban para demostrar frente a los prebostes de otros clanes su superioridad y status, lo que, a su vez, era fuente de legitimitad de su dominio y poder entre los miembros de su propio clan. Lo que importaba no era el tamaño y la cuantía absoluta de los moai erigidos por un determinado clan, sino sus valores relativos; es decir, que los de un determinado clan fueran más numerosos y, sobretodo, más colosales. Como consecuencia de esto se desató una carrera ad infinitum, en la que los moai eran cada vez más grandes y pesados… hasta que, como consecuencia de ello, talaron la totalidad de los arboles disponibles, lo que supuso la erosión del suelo, la extinción de las especies animales y, por ende, la destrucción de la sociedad pascuense.

El ominoso epílogo dibujado en el párrafo precedente, nos puede servir, por analogía, para extraer algunas conclusiones aplicables a las sociedades actuales. En los años sesenta surgió el concepto de la Tierra como una nave espacial. Esto fue motivado tanto por las vividas fotografías de la Tierra realizadas por los satélites y los primeros viajes del proyecto Apolo, como por el reconocimiento del significativo impacto que la especie humana estaba teniendo a nivel global, de forma que ya no era plausible considerar los recursos de la tierra como ilimitados. En palabras del polimatía Kenneth E. Boulding, en un fragmento de su brillante artículo, la Tierra como una nave espacial, de 1965:Durante milenios, la tierra en las mentes de los hombres era llana e ilimitada. Hoy, como resultado de la exploración, la velocidad y la explosión del conocimiento científico, la tierra se ha vuelto una esfera diminuta, cerrada, limitada, superpoblada, y lanzada a través del espacio hacia destinos desconocidos”.

A partir de esta caracterización de la Tierra, las similitudes con la Isla de Pascua son evidentes: la tierra, en relación a los 7000 millones de habitantes que la pueblan, es pequeña. Al igual lo era la Isla de pascua con sus 15 km por 15 km en relación a sus 15.000 pascuenses. La Tierra es un sistema cerrado, en el sentido que no es factible para los seres humanos, en un periodo temporal “razonable”, encontrar una morada alternativa. De igual forma, para los pascuenses, una vez acontecido el ocaso, sin árboles con los que construir barcas mínimamente aceptables, la isla era también un sistema cerrado del que no podían escapar. En la Tierra, los humanos que la moran efectúan grandes esfuerzos por incrementar su estatus. Para conseguirlo, se recurre a la ostentación y fausto de los más variopintos bienes suntuarios: coches de lujo, mansiones, televisores de gran tamaño… así como a un consumismo febril en miles de productos que generan un consumo de recursos y una generación de residuos no sostenible. Los pascuenses también eran adictos a la pompa y al boato, encarnados en sus moái, lo que, sumado a lo pequeño de su morada y a la imposibilidad de trasladarse a otra, significó su condena a muerte. Esta tercera semejanza entre la tierra y la Isla de Pascua lo es en origen, si bien el desenlace o, en palabras de Boulding, el destino de la tierra, todavía es desconocido.

Los datos son elocuentes. Como destaca Jared Daimond, el consumo de recursos y generación de residuos de un ciudadano medio de EEUU, Europa occidental o Japón son unas 32 veces superior a la de los habitantes del Tercer Mundo. Por lo tanto, si todos los países del mundo acaban alcanzado el dorado que para ellos es llegar al consumo y nivel de vida de los países ricos, cruzaríamos el punto de no retorno, lo que significaría una “pascualizacion” de la sociedad a nivel planetario, no para nosotros, sino para nuestros descendientes. La otra alternativa es reconocer la gravedad del problema y asignar los recursos y los medios necesarios para soslayar tan aciago desenlace. Dada la dimensión del problema las soluciones deberían de transitar por una redefinición de los valores en los que se sustenta el sistema económico y social. Los modelos alternativos son varios: Economía del decrecimiento, del bien común… todas ellas encuadradas en el amplio y anfibiologico concepto de la economía sostenible.

 

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La función económica del sector público

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1.545 de Marzo de 2013. pág:12 y 13

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El sector público está en cuestión. Las medidas que se están tomando para paliar los problemas derivados de la profunda crisis que vivimos, parecen cuestionar sus fundamentos y algunos creen que se trata de un programa premeditado para cambiar sus funciones y debilitarlo.

Por ello creo que es un buen momento para repasar cual es la función económica del sector público en una economía de mercado como la nuestra, que se basa en la libre concurrencia de empresas que quieren vender cosas y particulares e instituciones que quieren comprarlas. Este es el sistema por el que hemos optado para la organización económica de nuestra sociedad y en el que el Estado tiene importantes labores que es necesario llevar adelante para que todo funcione.

Es por ello que lo primero que tenemos que recordar es que el Estado es quien permite, a través de su actuación, que sea el mercado quien articule las relaciones económicas que se dan en nuestra sociedad. Para lograr este propósito, el Estado tiene que llevar adelante dos clases de funciones económicas.

La primera se refiere a establecer el marco en el que el mercado pueda funcionar, es decir, construir una estructura societaria que permita que el mercado sea el medio a través del cual solventemos nuestras cuestiones económicas. Para ello, las medidas que tiene que tomar el Estado son varias. Por un lado permitir la propiedad privada de los medios de producción, es decir, de los recursos naturales, del trabajo o del capital. Por otro establece un sistema legislativo que defiende la libertad de mercado, es decir, la capacidad individual y colectiva para decidir qué se quiere comprar o qué se quiere producir y qué no. Junto a esta, hay que establecer una legislación que proteja los derechos de los compradores y de los vendedores, para que las obligaciones que generan los intercambios del mercado estén claras para ambas partes. Para apoyar esto último, se precisa que el estado tenga la fuerza suficiente para hacer cumplir la ley, de manera que tenga medios para exigir a los infractores que cumplan con sus obligaciones o que indemnicen a los damnificados por su incumplimiento. Por último, el Estado debe garantizar una estabilidad social que permita que la economía funcione sin excesivos problemas.

Este primer grupo de medidas no es suficiente para garantizar el funcionamiento de una economía de mercado, si nos limitásemos a él, la economía de mercado y el sistema económico que conocemos en la actualidad estaría condenado al fracaso. Esto es debido a que el mercado por si mismo soluciona mal algunas cuestiones y fracasa en su empeño de ser un mecanismo que pueda solventar todas las relaciones económicas de una sociedad de una manera correcta y sostenible. Los problemas que genera se denominan “Fallos del mercado” y el estado interviene en la economía intentando paliar estos fallos como la única manera de hacer sostenible un sistema económico basado en el mercado.

Por ello, ante unos mercados que no ofrecen por si mismos lo que se denominan “bienes públicos” (la iluminación de las calles, su asfaltado, las carreteras, la defensa nacional, la policía…) o que sobre-explotan los bienes comunales (la pesca, la caza, los bosques…) el estado interviene ofreciendo los primeros (y pagándolos con la recaudación de impuestos) y regulando el acceso a los segundos.

Ante una actividad económica que produce perjuicios a personas que no son ni los compradores ni los vendedores (denominados “externalidades negativas” y cuyo principal ejemplo son los daños medioambientales) el Estado interviene regulando o prohibiendo estos efectos indeseados de la actividad económica.

Ante unas desigualdades que el mercado incrementa debido a que facilita medios para que los que están mejor puedan ganar más, al mismo tiempo que perjudica a quienes estar peor condenándoles a que su pobreza se acreciente cada vez más, el Estado crea mecanismos de distribución para transferir rentas desde los que mejor están a los que peor están y defender a estos últimos para reducir las desigualdades y lograr que el mecanismo de mercado también sea beneficioso para ellos.

Ante una competencia que se deteriora debido a que las empresas más poderosas consiguen medios para acabar con sus competidores y trabajar en condiciones privilegiadas, el Estado interviene defendiendo la competencia y evitando prácticas que tengan como único objetivo acabar con las empresas competidoras o aprovecharse de la posición de privilegio que se tiene para imponer mayores precios o peores condiciones a los consumidores.

Ante un sistema de mercado inestable en el que a épocas de bonanza en las que se da un alto crecimiento económico y la riqueza parece florecer por doquier, le suceden periodos de crisis en los que sucede todo lo contrario, el Estado interviene articulando políticas monetarias y fiscales que intentan reducir la amplitud y la profundidad de estos ciclos.

Si observamos estos dos grandes grupos de medidas (la estructura del mercado y la intervención para paliar sus fallos) podremos ver como existe un acuerdo casi total en el primero. La gran mayoría de quienes piensan que el mercado es un buen instrumento, opinan que el Estado tiene que realizar esta labor. Sin embargo, algunos parecen olvidar que el segundo grupo de medidas ha surgido precisamente para defender el sistema de mercado y no para hundirlo. Los momentos en los que el mercado ha dado más prosperidad a las poblaciones que lo han tomado como sistema económico, han sido aquellos en los que el Estado ha intervenido de una manera sistemática y decidida para poder paliar sus fallos.

Si se olvida esta premisa (como parece que le sucede a algunos) no solo van a volver a aparecer o a incrementarse aquellos problemas que el mercado genera por si mismo, sino que también va a comprometerse la misma continuidad del sistema económico de mercado. Necesitamos pues, políticos que tengan claras estas funciones económicas del Estado y se comprometan a buscar las mejoras necesarias para que se sigan cumpliendo de manera eficaz. Esto quiere decir que lo importante no es que se siga haciendo lo mismo que se hacía hasta ahora, sino que se sigan cumpliendo las funciones aunque sea haciendo cosas distintas. En el próximo número incidiré en cuáles son, desde mi punto de vista, los caminos que debemos tomar para garantizar esto.

 

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Artículo publicado en Las Provincias

Artículo de opinión publicado en las Provincias el 22 de Abril en la página 24

 

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¿MEDIMOS BIEN NUESTRO DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL? NUEVOS INDICADORES DE BIENESTAR PARA ORIENTAR LA ACCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA

Arranca el último curso del XVIII Foro Universitario Luis Vives

El Foro Luis Vives analiza el papel del PIB como

medida del crecimiento económico

Valencia (08/03/10). La XVIII edición del Foro Luis Vives que organiza la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia entra en su recta final. De hecho, hoy ha comenzado el octavo curso, el último de cuantos componen el Foro y que se desarrollará en horario de mañana y tarde durante todo el día de hoy y de mañana 9 de marzo. Coordinado por Enrique Lluch, Profesor de Economía de la Universida C.E.U. Cardenal Herrera y Director del Foro de este año, el título del curso es: “¿Medimos bien nuestro desarrollo económico y social? Nuevos indicadores de bienestar para orientar la acción política y económica”.

Según ha explicado el coordinador durante la presentación del curso, en nuestras sociedades el éxito económico se mide sobre todo a través del PIB y su crecimiento. “Considerar éste como el objetivo de la acción económica tiene consecuencias directas sobre la clase de políticas económicas que se priorizan en nuestra sociedad”, ha afirmado el ponente. Sin embargo, según se ha señalado, este indicador presenta numerosos defectos ya que no tiene en cuenta la pobreza, ni las desigualdades, ni los problemas medioambientales, ni la libertad de elegir, etc. Por ello, en los últimos años han surgido indicadores macroeconómicos diferentes que intentan enmendar estos errores y presentarse como alternativas al PIB para medir el desempeño económico de una nación. “Este curso pretende ser un repaso de estos indicadores haciendo especial hincapié en aquellos que incorporan la medición de las desigualdades y de la pobreza, sabiendo que un cambio de indicador puede acabar repercutiendo en una modificación de las prioridades económicos” ha manifestado Enrique.

Eduardo Esteve Pérez, Profesor de Macroeconomía de la Universidad CEU Cardenal Hererra

La primera ponencia de la mañana “La Contabilización del P.I.B y su crecimiento como objetivo político” ha corrido a cargo de Eduardo Esteve, Profesor de Macroeconomía de la Universidad Cardenal Herrera C.E.U.

Según ha comentado el ponente, en la década de los años 20, los economistas Colin Clark y Simon Kuznets desarrollaron los sistemas de medición de la producción agregada. No obstante, no fue hasta llegados los años 40 cuando el PIB, es decir, el valor de mercado de los bienes y servicios producidos en un año, y más concretamente su tasa de crecimiento, se convierte en uno de los indicadores más relevantes en la evaluación del buen desempeño de una economía. Desde entonces, los recursos e instrumentos de política económica de los gobiernos (política fiscal, monetaria, laboral, sectorial, de competencia, tecnológica…), tienen por objetivo prioritario maximizar su crecimiento.

El motivo de la primacía del crecimiento del PIB, se encuentra tanto en el vínculo que se establece en los modelos económicos, como en la “creencia popular de que un mayor consumo implica mayor bienestar y desarrollo”, ha asegurado Eduardo. No obstante, el ponente también ha señalado que a lo largo de las últimas décadas su total supremacía ha sido contestada desde diversos foros, comisiones, y académicos apelando principalmente a dos líneas argumentales: “Se ha demostrado que el PIB no es una condición sine qua non para el bienestar, desarrollo económico, y la erradicación de la pobreza y, teniendo en cuenta esto, puede poner en peligro la sostenibilidad del crecimiento futuro”. De esta forma, pese a que en la actualidad se sigue manteniendo el PIB de facto como uno de los objetivos de política económica, “una parte cada vez más sustancial de la comunidad científica está dedicando sus esfuerzos a elaborar nuevos indicadores que se arroguen el suficiente consenso” ha concluido el ponente.

La siguiente intervención, “Los problemas que tiene el P.I.B para medir el desempeño económico” (si quieres acceder a ella teclea aquí) ha sido llevada a cabo por el propio Enrique Lluch, coordinador del curso y Director del Foro. En ella se ha preguntado al público asistente mediante una dinámica de grupo cuáles son los objetivos y las necesidades básicas que querrían cubrir en su vida. Mediante encuesta aportada por la organización, las opciones de poseer una buena salud y un buen desarrollo de las relaciones sociales han sido las más votadas. La pregunta que ha lanzado Enrique entonces ha sido: “¿Por qué el PIB mide bien las políticas económicas, el crecimiento económico de las naciones, pero no lo que realmente nos interesa?”. A partir de esta reflexión, eje alrededor del cuál ha girado la ponencia, el conferenciante ha señalado que a niveles muy bajos de renta un aumento del PIB sí que puede cubrir esas necesidades básicas, pero “una vez hemos alcanzado unos determinados niveles de renta, en los que ya tenemos cubiertas una serie de necesidades, un incremento del PIB no se antoja tan necesario, ya que no supone una mejora de nuestra manera de vivir (mejor salud, mayor felicidad, buenas relaciones sociales, etc)”. De esta amanera, Enrique ha hecho referencia a una serie de problemas que presenta el PIB como indicador macroeconómico. En primer lugar, el hecho de que el PIB no mide cantidades, sino precios, “esto ya es un problema en sí mismo” ha declarado el ponente. “Los precios no son objetivos y ajustados al valor real que deriva de las condiciones del mercado, ya que estos son imperfectos y pueden ser las consecuencias de juegos de poder”. El PIB tampoco refleja cambios en la calidad y solamente tiene en cuenta la inversión que se realiza en el año corriente, pero no descuenta la depreciación que tienen los bienes de inversión con los que ya se cuenta. Además, el PIB tampoco contabiliza la degradación del medio ambiente. “Con la obtención de recursos ambientales, que a menudo suponen la destrucción de nuestro entorno, nos enriquecemos, cosa que tampoco contabiliza el PIB, de alguna manera le sale gratis”, ha afirmado el ponente, “No obstante, esto afecta claramente de forma negativa a nuestras vidas”, ha añadido. Otro factor que no tiene en cuenta el PIB es el tiempo libre de las personas, uno de los principales indicadores del nivel de vida de las personas. La pregunta entonces es: “¿Quién gana con un incremento del PIB?”. Según el ponente, “parece claro que el PIB no refleja bien ni la calidad de vida de los miembros de una sociedad ni su bienestar, “¿por qué queremos entonces incrementar el valor de los bienes que se producen y venden en el mercado si eso no tiene una relación directa con la mejora de nuestras vidas?”, “¿Por qué seguimos utilizando el PIB como medida de mejora económica de la sociedad?”, ha planteado.

Enrique Lluch, Director del XVIII Foro Luis Vives y coordinador del curso

Tras la ponencia ha tenido lugar la Mesa Redonda: “¿Es posible mejorar el PIB como unidad de medida del desempeño económico de un país?”, moderada por Yolanda Polo, periodista experta en Cooperación Internacional y Género, y en la que han intervenido sendos ponentes de la mañana. Yolanda ha destacado algunas debilidades del PIB como medida de crecimiento y ha realizado un análisis desde la perspectiva del Desarrollo Humano y la perspectiva de género, según la cuál hombres y mujeres tienen diferencias a la hora de producir. “Mientras que el trabajo productivo (bienes y servicios que generan recursos y trabajo formal) está en manos de los hombres, el reproductivo y comunitario recae mayoritariamente en la mujer”, ha afirmado la ponente. Otros datos que ha destacado, son que América Latina es la región más desigual del mundo con un índice de Gini de 0,52 y donde el 10% de la población más rica tiene el 18% de los ingresos, teniendo “un reparto del PIB claramente no-equitativo”. Tras las reflexiones puestas en común por los tres ponentes, todos ellos han respondido a las preguntas del público asistente.

Eduardo Esteve, Yolanda Polo y Enrique Lluch

Ya por la tarde, a las 16.00h ha tenido lugar la ponencia “Contabilizar contando sobre Desarrollo Humano” que ha corrido a cargo de Isabel Royo, Profesora del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universitat de València.

Según ha explicado la ponente, situándonos en el periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial observamos cómo cada década, aproximadamente, resitúa la noción de desarrollo. Pero, a partir de la década de los 90 del siglo XX, tras las rupturas producidas a finales de los 80, aparece el primer Informe sobre Desarrollo Humano emitido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y en 1992 se celebró la Cumbre de la Tierra en Río. “La conjunción de la dimensión de sostenibilidad del planeta tuvo su complementariedad en la dimensión humana, como pre-requisitos de un desarrollo global”, ha afirmado Isabel quien ha destacado que, transcurridas dos décadas, podemos constatar la profunda influencia que han tenido los informes anuales del PNUD en el renovado significado del concepto de desarrollo. “Una renovación no sólo conceptual sino práctica en su cuantificación, que mejora la medición del desarrollo en términos estrictamente económicos”, ha señalado.

De esta manera, la ponente ha explicado a los alumnos asistentes términos como el concepto de Desarrollo Humano, destacando la definición que ofrece el PNUD: “proceso que busca incrementar las posibilidades de elección de las personas. Se refiere no sólo a las posibilidades de elección que permiten un mayor ingreso, sino también a aquellas que permiten a las personas desarrollar su potencial y llevar una vida productiva y creativa, de acuerdo con sus necesidades e intereses” y sus indicadores principales. “A grandes rasgos, la concepción subyacente de los informes es que el crecimiento económico del ingreso no asegura el desarrollo humano, porque el bienestar de un país no depende del ingreso en sí mismo, sino del uso que se dé a éste” ha explicado Isabel. Tras hacer un repaso a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la ponente ha concluido aduciendo que “Las nuevas líneas de trabajo se centran en las implicaciones que tiene la perspectiva del desarrollo humano en las políticas y estrategias de acción a nivel nacional e internacional, pero nunca debemos olvidar la dimensión local”.

La siguiente ponencia que ha tenido lugar, “Contabilizar el deterioro ambiental” ha sido llevada a cabo por Francisco Higón, Profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València. Éste ha comenzado su intervención destacando que el análisis económico ha alcanzado notables éxitos en la valoración de los resultados económicos. La contabilidad nacional refleja de forma bastante fiable los resultados directos del devenir económico pero presenta también muy importantes y preocupantes carencias. Entre ellas las referidas a la valoración de los efectos indirectos, muchos de ellos de carácter negativo, que se derivan del proceso económico. “Si bien es cierto que desde la formulación de la teoría de los efectos externos (externalidades) hace ya casi 100 años, los economistas contamos con el instrumental teórico necesario para considerar dichos efectos negativos, no es menos cierto que en la práctica la contabilización de los impactos medioambientales derivados de las actividades de producción y consumo que llevamos a cabo los seres humanos está todavía falta de muchas mejoras y de una correcta implementación”, ha manifestado el conferenciante.

El ponente también ha señalado que las técnicas de valoración que se utilizan para medir los daños ambientales, como puedan ser los análisis multicriterio o la técnicas de valoración contingente, ofrecen resultados que no dejan de ser meras aproximaciones a dichos impactos medioambientales pero permiten obtener, al menos, unos primeros resultados con los que matizar las tradicionales interpretaciones de las macromagnitudes nacionales como indicadores del desarrollo económico.

El medio ambiente es un elemento fundamental esencial para el funcionamiento de la economía: nos provee de materias primas, sirve de receptáculo para los residuos y en ocasiones ayuda a su regeneración, nos provee de servicios recreativos y sirve de soporte vital (meta-función)”, ha concluido Francisco.

Francisco Higón e Isabel Royo antes de sus respectivas ponencias

Tras ambas intervenciones ha tenido lugar la Mesa Redonda: “El desarrollo humano y el deterioro ambiental ¿Van ligados o podemos progresar sin atentar al medio ambiente?”, moderada por Enrique Lluch. En ella, todos los ponentes han tenido la oportunidad de profundizar sobre sus respectivos temas de ponencia y han planteado la pregunta: “¿Se puede realmente pensar en la consecución de un desarrollo sin medio ambiente?. Tras el habitual turno de preguntas del público asistente, se cerraba la jornada, penúltima de cuántas han conformado el Foro Luis Vives de este año.

Los participantes de la Mesa Redonda que ha puesto fin a la penúltima jornada del Foro

Hoy ha concluido la XVIII Edición del Foro Universitario Juan Luis Vives

Problemas sociales, trabajo doméstico e índices de

felicidad y bienestar ponen fin al Foro Luis Vives

Valencia (09/03/10). Más de 100 ponentes han pasado por el XVIII Foro Luis Vives, que comenzó su andadura el pasado 8 de febrero y hoy llega a su fin. En su habitual horario de mañana y tarde, la última jornada del foro nos ha dejado cuatro interesantes ponencias acompañadas de dos Mesas Redondas.

María Luisa Moltó, responsable de la primera ponencia

Medir los problemas sociales y el trabajo doméstico” ha sido el título con el que se ha englobado las dos primeras ponencias de la mañana. La primera, “Contabilizando la producción doméstica” ha sido llevada a cabo por María Luisa Moltó, del Institut Universitari d’Estudis de la Dona (I.U.E.D) de la Universitat de València. Según sus propias palabras, “uno de los objetivos principales de la ponencia es dar una respuesta a una pregunta relevante: ¿Cuál es el valor del trabajo no remunerado, tanto doméstico como de voluntariado?”. Está fuera de discusión que el gran volumen de trabajo no remunerado no tenga mucho valor. Pero, como ha destacado Mª Luisa, cabe preguntarse las razones por las que los gobiernos, que miden anualmente todo lo que se produce en un país, ya sea bienes, ya sea servicios proporcionados a todos los ciudadanos y ciudadanas de forma gratuita como la sanidad, la enseñanza, o bien previo pago cuando se reciben de empresas y compañías privadas, no dedican los recursos necesarios para medir de forma sistemática lo que costaría el mantenimiento cotidiano de los hogares de todo el país.

De esta manera, María Luisa ha abogado por utilizar una medida del valor de todos los bienes y servicios producidos para obtener una visión completa de la producción. “Así, tenemos en cuenta todo lo que se produce, tanto si pasa por el mercado como si no se intercambia a través del mercado”, ha asegurado la ponente. “Se trata de elaborar las cuentas extendidas de los hogares que permitan integrar la producción doméstica en el marco de la contabilidad nacional. Para ello la conferenciante ha manifestado la necesidad, en primer lugar, de valorar el trabajo no remunerado; en segundo lugar, de estimar el valor de los bienes que son utilizados para producir servicios en el proceso de producción doméstica y, por último, de estimar el valor de los servicios de los bienes de capital utilizados en la producción doméstica. “Es ilustrativo a efectos del diseño de políticas públicas saber que el valor del trabajo doméstico representa alrededor del 80% del valor de las producción doméstica que ha permanecido excluida del sistema europeo de cuentas nacionales.

Respecto a este trabajo y producción doméstica “imprescindible, pero que sigue siendo invisible para la ciudadanía y el gobierno”, la ponente también ha realizado un análisis en clave de género. Al parecer, tres cuartas partes del mismo continúa siendo, hoy en día, realizado por mujeres. La participación de los hombres recae sobre todo en torno a ofrecer cuidados y atención de pequeños (educación, juegos, etc) y mayores, y no tanto en el hogar o labores más duras. Esta desigualdad es menor en los países nórdicos como Dinamarca y Finlandia, donde tienen una pronunciada Sociedad del Bienestar y externalizan ciertas labores y cuidados. Según la ponente, las políticas de promoción de la participación de las mujeres en el mercado laboral deben ser comprensivas, integrando estrategias para la eliminación de estereotipos de género y adoptando medidas para la mejora del equilibrio entre la vida familiar y profesional. Las medidas. “La igualdad entre mujeres y hombres no es un fin en sí mismo, es un prerrequisito para conseguir los objetivos de crecimiento, empleo y cohesión social de la Unión Europea”, ha concluido María Luisa.

La siguiente intervención, “Contabilizar los problemas sociales” ha corrido a cargo de Víctor Renes Ayala, Representante de la Fundación F.O.E.S.S.A (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) de Cáritas Española y coordinador de su VIº Informe sobre “Exclusión y Desarrollo Social en España”.

La dificultad de contabilizar los problemas sociales deriva de su propia naturaleza, en tanto que tales problemas son siempre “en relación a…” los patrones y normas de una sociedad que considera adecuados para una vida digna”. Con esta reflexión iniciaba Víctor su ponencia en la que ha expresado la necesidad de superar las visiones economicistas de la pobreza entendida sólo como un problema de bajos ingresos. “Se trata de un proceso social de pérdida de integración que incluye no sólo la falta de ingresos y alejamiento del mercado de trabajo, sino también un descenso de la participación social y, por tanto, una pérdida de derechos sociales”, ha manifestado el ponente.

A este respecto, el informe F.O.E.S.S.A contribuye a analizar con mayor acierto todas las dimensiones implicadas en las problemáticas sociales. Según ha explicado el conferenciante, debido a la complejidad y el carácter dinámico de estos fenómenos existe cierto consenso en que deben incluirse, al menos, tres grandes dimensiones. La dimensión económica (de participación en el consumo y en la producción); la dimensión polaca (del ejercicio de la ciudadanía y de los derechos básicos); y la dimensión relacional (los lazos sociales y el tipo de relaciones sociales). Esta visión permite dar cuenta de tres aspectos claves: el origen estructural de los problemas sociales, su carácter multidimensional y su naturaleza procesual. “De acuerdo con esto, hemos realizado una propuesta de indicadores que nos permitan identificar y medir la presencia de los problemas sociales en la estructura social y realizar un análisis de la variable integración-exclusión aplicada al conjunto de la sociedad”, ha explicado Víctor.

Víctor Renes, coordinador del VIº Informe FOESSA sobre “Exclusión y Desarrollo en España”

Los contenidos del VI Informe FOESSA están estructurados en ocho capítulos, de los cuáles, el segundo “Desigualdad, pobreza y privación” es el que ha centrado la ponencia de Víctor. Algunos de los otros capítulos han sido explicados en otros cursos, siendo un informe de referencia constante por la mayoría de ponentes que han pasado por el Foro. La consulta del mismo es gratuita y se puede descargar a partir de la página web: www.foessa.es .

Tras ambas ponencia ha tenido lugar la Mesa Redonda: ¿Es posible medir bien el trabajo en casa y la problemática social?, ¿Qué aportaría esto a nuestra sociedad?, moderada por Enrique Lluch y en la que han participado los dos ponentes de la mañana que han aprovechado para explicar y matizar algunos detalles de sus respectivas exposiciones. Víctor Renes, ha señalado que a la hora de escoger un único indicador sintético de Bienestar, él escogería el de exclusión social, pues no deja de lado la pobreza extrema y es capaz de articular la dimensión entre sistemas económicos, sociales y políticos. “En el tema de estadísticas sociales hay un tema pendiente, andamos muy mal cuando sólo nos fijamos en el PIB de una nación” ha afirmado el ponente. Por su parte, María Luisa, ha destacado que ella apuesta por una sociedad cuidadora donde los servicios sean suficientes, con una participación equitativa de hombres y mujeres, y no tanto por el hecho de tener que pedir permisos largos.

El turno de ponencias de tarde, englobadas bajo el epígrafe “Los índices de felicidad y bienestar” comenzaba con la de Jorge Guardiola, Profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Granada quien ha llevado a cabo la ponencia “Medir la felicidad”. En ella ha planteado que no necesariamente un crecimiento en los índices que miden el crecimiento económico (el PIB básicamente) supone un crecimiento en los índices de felicidad.

El conferenciante ha comenzado destacando que la felicidad entendida como ciencia es difícil de definir. “La felicidad es un concepto huidizo y posiblemente carezca de definición científica o una categoría única”, ha afirmado. No obstante, en teoría, es un elemento fácilmente medible para la economía y la sociología que a la pregunta “¿cómo de feliz eres?” responde con variables objetivas atendiendo a criterios de renta, renta relativa, edad, sexo, estado civil y educación. De esta manera se han extraído conclusiones como que las mujeres son más felices que los hombres, que las personas casadas son más felices que las solteras, que los trabajadores son más felices que los parados, etc.

No obstante, Jorge opina que este sistema también posee una serie de puntos débiles. En primer lugar, la felicidad es un concepto cambiante a lo largo del tiempo e incluso varía en períodos tan cortos como las diferentes etapas de un día, pues está condicionada a los cambios de humor o a la actividad que se realice. Además, es un indicador difícilmente comparable entre países “¿A caso son los daneses más felices que los italianos?”. Otro inconveniente en la medición de la felicidad es que la gente se acaba adaptando a cualquier carga por muy dura que ésta sea, por tanto tampoco resulta un buen indicador de desarrollo.

Actualmente el paradigma del desarrollo, desgraciadamente, se centra sólo en el PIB” ha afirmado el ponente. Pero, de acuerdo con lo expuesto durante la ponencia, el utilizar el índice de felicidad en exclusividad tampoco parece una buena medida. “La solución pasa por no utilizar un solo indicador sino varios, una batería de ellos (felicidad, PIB, desigualdad, tasa de empleo…”, ha comentado.

La ponencia ha finalizado con una serie de consejos del autor para encontrar la felicidad en una sociedad de marcado sesgo mercantil como la nuestra. Entre ellos: ser uno mismo sin comprarse con otros, no maximizar nuestras necesidades, no consumir demasiada televisión, pues la publicidad nos induce a crear falsas necesidades y, por último, y citando a Fernando Pessoa: “La clave para la felicidad es esperar lo mejor y prepararse para lo peor”, ha concluido el ponente.

Jorge Guardiola, Profesor del Dpto. de Economía Aplicada de la Universidad de Granada

La última intervención de la tarde ha llegado de la mano de Mª de las Mercedes Molpeceres, Profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid, con su ponencia “Contabilizar el bienestar social”. En ésta se han presentado de forma divulgativa un variado conjunto de metodologías y técnicas que se han venido utilizando para explotar la información contenida en diversos conjuntos más o menos estructurados de indicadores sociales relacionados con el bienestar. En este sentido, y no exentos de un análisis crítico de cada uno de ellos, la ponente ha presentado distintas opciones como: baterías y sistemas de indicadores sociales, medidas monetarias del bienestar e índices sintéticos del bienestar.

De esta manera, en opinión de la conferenciante, el enfoque monetario (cuyo patrón de valoración son unidades monetarias como euros, dólares…, etc y usa agregados procedentes de los Sistemas Nacionales de Cuentas) presenta una serie de ventajas: metodología clara, accesible y unívoca, amplia disponibilidad y fuerte difusión, comparaciones relativamente sencillas…, etc. Pero su principal inconveniente radica en que no mide el bienestar social. “El PIB no se diseñó para medir el bienestar, no es el instrumento adecuado y se está utilizando para algo para lo que no fue diseñado”, ha destacado Mª de las Mercedes.

Por lo que respecta a las baterías o sistemas de indicadores sociales, estos presentan como ventaja que escapan del estrecho y cuestionado marco del patrón monetario de valoración, ya que permiten valorar cada faceta del bienestar social considerado su propio ámbito. “El problema aquí lo tenemos a la hora de conseguir una imagen global del asunto, pues es demasiada información la que se obtiene y demasiado separada”, ha señalado la ponente

Por último, las ventajas de las medidas sintéticas (sean cardinales, ordinales, etc) es que tienen la capacidad de atraer la atención pública al traducir a una dimensión un fenómeno multidimensional sin rechazar su complejidad. Pero también presenta carencias: “las limitaciones aquí vienen dadas por la limitada presencia de indicadores subjetivos, la escasa claridad y transparencia en los métodos de agregación/ponderación y el no tener una unidad de medida cosa que hace que su valor carezca de una interpretación significativa aislada” ha explicado.

Mª de las Mercedes Molpeceres antes de la ponencia

Tras esta intervención, el broche final lo ha puesto la última Mesa Redonda del Foro, “Nuevas propuestas para sustituir al P.I.B como medida del desempeño económico” moderada por Enrique Lluch, y en la que han intervenido los dos ponentes de la tarde. En ella, Jorge Guardiola ha señalado que un crecimiento de renta no necesariamente equivale a un crecimiento de la felicidad, como demuestra el hecho de que las guerras, la explotación de los recursos naturales o la desigualdad pueden generar mayor renta para un país, pero no mayor felicidad para sus habitantes. Por su parte, Mª de las Mercedes Molpeceres se ha centrado en la explicación de cómo se realiza el Índice de las Condiciones de Vida de los Sujetos. El habitual turno de preguntas por parte del público asistente ha puesto fin a la jornada de hoy y a la XVIII edición del Foro Luis Vives. Enrique Lluch ha manifestado al público universitario asistente su deseo de que hayan aprendido mucho y de que al menos recuerden que “existen otras maneras de pensar el desempeño económico, otros objetivos a los que dirigir nuestra acción comunitaria, y nuevas direcciones que explorar”.

Algunos de los ponentes de la jornada junto a Enrique Lluch, Director del Foro y coordinador del octavo y último curso

 

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Medio ambiente, desarrollo y bienestar

El pasado martes 3 de Noviembre impartí una conferencia titulada Medio ambiente, desarrollo y bienestar en las jornadas sobre «Medio ambiente y derechos humanos, un desafío ineludible y un vínculo inquebrantable» que organizó el Instituto CEU de Derecho y Ética Ambiental IDEA en Valencia. En esta conferencia, a partir del crecimiento económico como objetivo principal de la acción económica de nuestras sociedades, analicé como éste tiene unas debilidades que afectan al medio ambiente y que solo pueden ser solucionados planteando alternativas a la medición del desempeño económico. Desde aquí apoyé el enfoque del bienestar y del decrecimiento como caminos factibles para lograrlo y demostré como los problemas medioambientales tienen repercusiones sociales, en especial para la población más pobre, por lo que no puede desligarse la mejora medioambiental de la mejora de los más desfavorecidos de la población.

Si quieres acceder a la presentación que efectué, teclea aquí.

 
 

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