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Repensar el sector público

26 Abr

Atículo publicado en el número 1546 de Abril de 2013 de la revista Noticias Obreras en sus páginas 12 y 13

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A pesar de que algunos piensan que las funciones y el funcionamiento del Estado era el que debía ser hasta que comenzó la crisis, creo sinceramente que esto no es el camino a seguir. Ello no significa que defienda la idea contraria, que hay que replantear totalmente un Estado que todo lo hacía mal, sino que hay que hacer una reflexión seria y reposada sobre lo que se ha hecho bien y mal e intentar que la importante función del Estado en la economía siga pudiéndose desarrollar de una manera sostenible.

Para ello pienso que lo primero sería cambiar el objetivo económico de nuestras sociedades. El incremento del PIB como único indicador de la bondad en la gestión económica, refleja una idea de desarrollo como equivalente a tener más que está en el origen de gran parte de la deshumanización de nuestro sistema económico. Para poder producir más, necesitamos demandantes que compren todo lo que se produce, y para que esto crezca sin parar, hay que potenciar que se tiren las cosas antes de que acabe su vida útil y que las personas no se conformen nunca con lo que tienen. Esto conlleva problemas medioambientales y personales en la medida que estimula la inmadurez y la insatisfacción en las personas reduciendo sus posibilidades de realización personal.

Por ello el objetivo económico debe cambiarse y enfocarse hacia lo que se podría denominar desarrollo humano o desarrollo al servicio de las personas. Para ello es necesario crear indicadores que no solamente tengan en cuenta la cantidad de producción, sino otros aspectos relacionados con el económico como: Las desigualdades y una especial mirada a la evolución de los más desfavorecidos, la libertad para actuar en conciencia, los avances en la salud de las personas, la sostenibilidad del progreso y sus implicaciones ecológicas, la inseguridad existente ya no solo desde el aspecto de la posible delincuencia sino también social y de futuro (ciclos económicos y cambios bruscos en las condiciones sociales), y los avances en cuanto a la educación para incrementar las capacidades de las personas.

En segundo lugar, creo que el Estado debe poner el mercado al servicio de las personas. Esto parece difícil de realizar o un grupo de palabras sin contenido real. Algunos creen que su concreción va en contra del propio mercado, pero esto no tiene por qué ser así. Para lograrlo, debemos poner límites a la actuación en el mercado que tengan como objetivo que este instrumento se utilice para promocionar a las personas (y especialmente a los más desfavorecidos) y no al contrario. Para promover la libertad de mercado y que este esté persiga un verdadero desarrollo que vaya más allá del crecimiento económico, debemos poner reglas de juego que favorezcan estos objetivos y no otros. Reglas no limitan la libertad, sino que la permiten dentro de un marco de actuación. Si olvidamos esto, caemos en la tentación de eliminar los límites en los que se tiene que mover el mercado y llegar a una situación de anarquía en la que solamente ganen aquellos que son más fuertes, o puede suceder que se impongan unas normas que solamente estén al servicio de quienes tienen más posibilidades de ganar en el juego del mercado.

Una de las actuaciones que podrían enfocar el mercado en esta dirección sería cambiar las condiciones de contratación que el Estado pide a sus proveedores. Para ello debería tener en cuenta, en primer lugar, las condiciones sociales de las empresas con las que contrata. Solamente cuando cumplan unos requisitos determinados, habría que pasar al segundo criterio que sería el precio. Estos requisitos requeridos para la contratación pública, podrían convertirse luego en requisitos legales preferentes para la exención de impuestos, concesión de créditos preferentes, etc. potenciando que la competencia del mercado se basase, no tanto en los precios como en cumplir unos determinados requisitos sociales.

En tercer lugar, el Estado Social debería ser uno de los objetivos prioritarios de las administraciones públicas. Esto quiere decir que la función de mejora de los resultados del mercado que realiza el Estado, debería tenerse como una prioridad absoluta. De hecho, sin Estado Social, la economía de mercado está destinada a desaparecer. Ahora bien, para lograrlo no hay que dejar las cosas tal y como están. Al contrario, hay que cambiar, hay que mejorar, hay que modificar aquello que se puede mejorar, pero siempre con el objetivo de que el Estado Social siga cumpliendo correctamente sus funciones de complemento del mercado protegiendo, sobre todo, a los más desfavorecidos por este.

Un de los puntos clave es que este Estado no funcione con un déficit permanente. Esto no es sostenible a largo plazo, hace que se redistribuya el dinero hacia los más adinerados (los ingresos de hoy son intereses del mañana que se pagan los que tenían bastante para prestarme), pero además pone al Estado al servicio de sus prestamistas (si no haces lo que te digo no te presto y suben tus intereses con lo que te sale más caro pedir prestado). Si el Estado no solo no tiene déficit sino que puede ahorrar, es él quien presta y puede exigir a los prestatarios que realicen con su dinero actuaciones que estén al servicio del bien común.

Otro es abandonar un Estado excesivamente asistencialista. El Estado Social no puede ni debe solucionarlo todo. Con mucha frecuencia, los ciudadanos o sus asociaciones pueden hacerlo mucho mejor que el Estado, por lo que este debe apoyar las iniciativas privadas que vayan en este sentido e intentar potenciarlas. Si una cosa se puede hacer bien a través de iniciativas privadas y se cumplen así objetivos públicos ¿Por qué tenemos que recortar la participación ciudadana? Las personas deben sentirse apoyadas por un sector público que priorice el bien común y la responsabilidad que tenemos todos para alcanzarlo.

Esto quiere decir que con frecuencia hay que replantearse si el sistema que estamos llevando para lograr los objetivos públicos es el mejor, no para dejar de cumplir con estos fines, sino para hacerlo de una manera más efectiva haciendo las cosas de una manera diferente. Hay que tener una mentalidad abierta para buscar aquellos sistemas que consigan un mejor Estado Social en el que no se recorte la responsabilidad y la participación ciudadana.

 

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2 Respuestas a “Repensar el sector público

  1. Nicolás

    abril 26, 2013 at 9:18 am

    Veo clave el tema de la responsabilidad ciudadana, como palanca para mejorar dos aspectos: bajada del “paternalismo” del Estado, con el coste asociado que supone dicho paternalismo, y asunción personal y colectiva de las posibilidades que tenemos de actuar directamente en la mejora social.

    Opinar desde la barrera, mientras vemos al Estado y los más necesitados enfrentados debería darnos vergüenza y hacernos reaccionar para entrar en juego y co-responsabilizarnos de ayudar a ambos.

     

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