RSS

Archivo de la etiqueta: prensa

Nuestra economía necesita otra orientación

En la página 22 de la revista Alfa y Omega del jueves 12 de Enero de 2017: http://www.alfayomega.es/documentos/anteriores/1008_12-I-2017.pdf hemos publicado la crónica de la última reunión del Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico. En ella puedes encontrar los principales puntos de la reflexión que allí realizamos, en especial, de si es necesario o no cambiar nuestro objetivo económico.

articulo-sobre-2a-reunion-de-fcpee

 

El pasado 29 de Noviembre se reunía por segunda vez en Madrid el Foro Creyente de Pensamiento Ético Económico (FCPEE). En esta ocasión el grupo de académicos que lo componemos tratamos el tema que nos va a tener ocupados este curso: debatir sobre si la economía está orientada en la dirección correcta o precisa de un cambio de dirección para que pueda cumplir realmente su función de potenciar el bien común y estar al servicio de todas las personas. A la espera de que en nuestra reunión de primavera elaboremos unos documentos en los que nuestras reflexiones a partir del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia se presenten de una manera rigurosa, voy a adelantar algunas de las cuestiones que ya hemos tratado y en las que debemos profundizar.

Toda nuestra reflexión parte de constatar que el principal objetivo económico de nuestras sociedades es el crecimiento económico. Todos los gobiernos y toda la acción económica se miran en el espejo del crecimiento. Las cosas están bien o mal hechas en economía según los resultados que se obtienen con respecto al incremento anual del PIB. Parece evidente que esto se hace así porque se piensa que el crecimiento económico no solo es siempre positivo para la población, sino que además es lo mejor que le puede pasar a cualquier sociedad. La riqueza de una sociedad se mide tan solo, en términos de producción agregada, es decir, sumando lo que tenemos cada uno de sus ciudadanos e intentando que el total sea el máximo posible.

Este es el primer elemento que estamos cuestionándonos en nuestro Foro ¿La riqueza de una sociedad es solamente medible en términos de producción agregada de bienes y servicios? ¿Puede haber una sociedad más “rica” que otra aunque sumen menos producción entre todos? Porque el tener por tener, no es un horizonte que llene a las personas. El tener es un instrumento para el ser y este es el que realmente hace “ricas” a las personas (Esta idea está reflejada en la Populorum progressio 19). Del mismo modo, considerar que el desarrollo se identifica con el crecimiento económico, es una idea reduccionista contra la que la DSI propone la idea de desarrollo integral, que va más allá de una visión exclusivamente economicista de la mejora de la población en su conjunto.

En esta reunión hubo un acuerdo generalizado en dos cuestiones que van a centrar la reflexión de este año. La primera es que pensar que la mejora de la sociedad se circunscribe al tener más, no solo es reduccionista, sino que puede llegar a ser perjudicial para la sociedad en su conjunto. Porque cuando el tener más se pone por encima de todo, se sacraliza como el objetivo prioritario de una sociedad y se le pide sacrificios a esta para lograr esa mejora económica agregada, se puede llegar a perder en humanidad, a considerar más importante el resultado económico final que a las personas que teóricamente serían sus beneficiadas. De manera que, un instrumento que puede ser útil, como es el crecimiento económico, al ponerlo por encima de todo lo demás y darle la prioridad absoluta, pasa a ser un horizonte perjudicial para la convivencia y para la libertad de muchos.

El segundo punto de acuerdo sobre el que vamos a seguir reflexionando era que no se puede medir la mejora o el bienestar de una sociedad a través de unidades de medida agregada. Es decir, no podemos ver la salud económica de un conjunto de personas sumando lo que pasa con cada una de ellas y sacando el valor agregado o la media aritmética de todos los miembros de un colectivo. Y esta no es una medida adecuada porque corre el riesgo real de priorizar a quienes más aportan y olvidar o descartar a quienes no suman, lo que produce exclusión y desdén hacia quienes no tienen nada que aportar.

En el Foro pensamos que el enfoque adecuado para ver si las políticas que se aplican son correctas o no, no es mirar por el bien agregado (la suma de bienes de cada uno) sino centrarnos en el bien común y esto implica que la mejora solamente es tal, si quienes están peor mejoran. Mirado esto desde el punto de vista exclusivamente económico sería afirmar que la economía mejora no si la renta per cápita lo hace, sino si hay menos pobres. El foco se traslada desde el valor agregado o la media hasta lo que sucede con los más desfavorecidos. Dicho de una manera sencilla, se pasaría del “tener más entre todos” al que “todos tengan al menos lo suficiente”.

Esta reflexión precisa de más debate y de aportaciones de todos los miembros del Foro, por lo que continuaremos con ella en la reunión de primavera. Esperamos, cuando esta acabe, poder ofrecer a la sociedad un documento de reflexión y debate que incida de una manera especial y profunda en estos temas. Creemos que es necesario extender esta reflexión al resto de la sociedad ofreciendo pensamiento riguroso, interdisciplinar y responsable, que estimule a repensar cómo estamos gestionando nuestros asuntos económicos para armar una economía que esté realmente al servicio de la sociedad y de todas las personas que la componen.

 

 

 

 

Anuncios
 

Etiquetas: ,

A propósito del hecho diferencial

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el Viernes 11 de diciembre en su página 32

A proposito del Hecho Diferencial

Vivimos tiempos en los que el Hecho Diferencial se está esgrimiendo como justificación para reivindicaciones de un trato también diferencial: somos distintos, debemos ser tratados de manera diferente. La idea que subyace a esta argumentación es que tratar igual a aquellos que son distintos puede resultar injusto. Por ello, una verdadera justicia parece que requiere ese trato desigual a quienes realmente lo son. Voy a analizar con algo más de profundidad esta idea, que si bien tiene una parte cierta, es necesario matizarla para darse cuenta de cuándo es este trato diferencial “justo” y cuándo no.

La idea principal que hay que tener en cuenta es que todos somos diferentes pero iguales. La percepción de que todos somos diferentes es tan clara que parece que no requiere de mucha explicación. En esencia, no hay dos personas iguales en este mundo. Enrique Lluch Frechina solamente hay, ha habido y habrá uno en la historia de la humanidad, yo. Además de que soy y seré único, todos las amables personas que en estos momentos tienen el gusto de seguir leyendo mi artículo, son distintas a mi, son diferentes entre ellas y son únicas como yo. No habrá ni ha habido nunca nadie como usted, puede tener la seguridad de que esto es así.

Sin embargo, junto a esta diversidad, junto a esta diferencia, convive la realidad de que todos somos iguales. Esto es más difícil de demostrar, pero cualquier humanismo (ya sea de origen religioso o laico) considera que todos participamos de la misma naturaleza humana y ello nos lleva a que seamos iguales en dignidad. Todos somos diferentes pero nadie es más que el otro. Con frecuencia les comento a mis alumnos que hay varios datos objetivos que marca nuestras diferencias. Dos de ellos son la edad y que sé más economía que ellos (por eso son mis alumnos y yo el profesor). Pero que esto no me hace ser más que ellos, no me pone en otra categoría. Ellos pueden saber más que yo en otros campos (seguro) pero esto tampoco les hace a ellos más que yo. Nuestra dignidad como personas es la misma seamos más o menos tontas, más o menos gordas, más o menos altas… Esta igualdad, intenta reflejarse en nuestros sistemas legales a través de la igualdad de derechos, somos iguales en dignidad y por ello tenemos los mismos derechos.

De hecho, el trato diferente a quienes son distintos está justificado precisamente por esta igualdad en la dignidad de las personas. Vamos a tratar de una manera desigual a quienes son diferentes para que sean iguales en dignidad. El Hecho Diferencial justifica una actuación distinta en la medida que esta es necesaria para igualar a todos. Para lograr que aquellos que están peor puedan ponerse a la altura de quienes, por el motivo que sean, están en una situación más favorable. El trato desigual de necesario para igualar y así se pone al servicio de la persona y de la sociedad para evitar que haya personas de primera y de segunda, para evitar los privilegios y las prebendas. Por ello, parece bastante clara la necesidad de este reconocimiento del Hecho Diferencial cuando este lleva a un colectivo a estar peor que el resto de la población, a tener menos derechos, a no poder alcanzar la igualdad en dignidad que se anhela desde una visión humanista de la sociedad.

Pero ¿Qué sucede cuando esta demanda de un trato distinto se realiza para poder mantener, precisamente, la diferencia? ¿Qué pasa cuando la reclamación de una excepción se hace para lograr mantener un privilegio o unos derechos por encima de los demás? Desgraciadamente, con frecuencia esto es lo que estamos acostumbrados a escuchar. Con justificaciones políticas (normalmente ligadas al nacionalismo), económicas (con frecuencia ligadas a lo que se denomina la cultura del mérito) o de otra clase, nos encontramos con colectivos que reclaman un trato diferente argumentado el Hecho Diferencial, no para igualarse a los demás, sino para mantener la diferencia, para seguir siendo tratados de una manera distinta y conservar o conseguir unos privilegios propios que a los que los otros no tienen derecho.

Se repite así algo que se ha dado a lo largo de la historia, cuando determinados colectivos han tenido privilegios y han sido tratados de manera diferente porque eran nobles, o clérigos, o blancos, o… Se reclaman privilegios por tener una historia diferente, más capacidad o suerte para ganar dinero, una nacionalidad determinada, etc. Además, esta reclamación de prebendas supone que si yo soy digno o acreedor de una serie de derechos que deben ser siempre mayores que los de otros, estoy discriminando de algún modo a esos colectivos que no son como yo. No solo les estoy diciendo que yo tengo otra categoría, sino que les confirmo que la alcanzarán, que las diferencias son tan profundas que yo siempre tengo que estar por encima. Esta actitud enmascara un racismo, clasismo o segregacionismo. En el fondo, en la forma y en la realidad, estamos discriminando a los otros porque son diferentes y eso les hace acreedores de menos derechos o privilegios de los que creemos justos para nosotros. Justificar el mantenimiento de las diferencias y los privilegios arguyendo un Hecho Diferencial va totalmente en contra de un sano humanismo que cree en la igual dignidad de todas las personas. Desgraciadamente, esta manera discriminatoria de ver nuestra sociedad es una actitud más extendida en estos tiempos de lo que sería deseable.

 

Etiquetas: , ,

¿Quién gana cuando nos endeudamos?

Otra greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias.

Un pequeño relato que nos puede ayudar a aprender quiénes se alegran más cuando nos endeudamos, si nosotros o son otros quienes más se alegran el nuestro endeudamiento.

Puedes acceder directamente al artículo en: http://ebuenasnoticias.com/2015/02/17/que-bueno-es-endeudarse/

 

Que bueno es endeudarse

 

 
Deja un comentario

Publicado por en febrero 23, 2015 en Greguerías pecuniarias

 

Etiquetas: , , , , ,

La terapia de ir de compras

Una nueva Greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias: http://ebuenasnoticias.com/2014/12/03/la-terapia-de-ir-de-compras/#

La terapia de ir de compras _ España Buenas Noticias

 

Etiquetas: , , , , , , ,

Las multas por mal aparcamiento y la pobreza

Otra greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias: http://ebuenasnoticias.com/2014/10/21/las-multas-por-mal-aparcamiento-y-la-pobreza/

Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias

 
 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Los salarios bajan, la demanda se debilita

Artículo publicado en la Revista Noticias Obreras, nº 1563, Septiembre 2014, páginas 13 y 14

Septiembre 2014 Los salarios bajan 1Septiembre 2014 Los salarios bajan 2

El pasado Junio, nuestro ministro de economía Luis de Guindos le quitó importancia al hecho de que los salarios estuvieran bajando (y perdiendo su capacidad adquisitiva) de cara a la recuperación de la demanda en nuestro país y por tanto, de la recuperación económica. Su argumentación ha sido repetida con frecuencia y se basa en dos puntos clave: que una rebaja de salarios es buena porque mejora la competitividad de nuestros productos en el exterior y que la recuperación económica no tiene por qué provenir de un incremento de la demanda interna, sino del impulso de la oferta, es decir, de la mejora de la confianza de las empresas que les lleve a invertir y a generar más empleo.

Pues bien, voy a analizar estos dos argumentos para aportar un poco de luz en el debate y poner las cosas en su sitio. En primer lugar, hay que decir que el argumento de que una bajada de salarios incrementa la competitividad, puede ser cierto si esta bajada de salarios se traduce en una reducción de los precios del producto y el resto de variables se mantienen constante. Dicho de otra manera, la competitividad se incrementará si conseguimos vender más barato el mismo producto.

Siendo esto cierto, también lo es que la bajada de salarios no es la única manera de lograr incrementar la competitividad. También se puede conseguir reduciendo el margen de beneficios empresariales. Claro que esta opción suele ser tabú… En la medida que la prioridad son, precisamente, las ganancias de los accionistas de una empresa, rebajar éstas para reducir los precios suele ser algo que, sencillamente, escandaliza y no se contempla. Pero existen otros sistemas para reducir los precios de los bienes, como son todos aquellos que derivan de incrementar la productividad. Si los mismos trabajadores consiguen producir más en el mismo tiempo, el coste de producción también se reduce y con ello se logra un margen para la reducción de precios. El camino del incremento de la productividad parece, desde el punto de vista de la mejora de la sociedad, una senda más aconsejable por las repercusiones económicas que tiene a largo plazo que la simple bajada de salarios.

Además de estas propuestas, el incremento de competitividad por la reducción de salarios viene forzado, con frecuencia, por un entorno internacional en el que existen países en los que los salarios son exageradamente bajos. Nosotros exigimos a estos países que produzcan los bienes que nos venden cumpliendo una serie de requisitos técnicos. Si los productos no cumplen estos requisitos, no se pueden vender en nuestro país. Sin embargo, no les exigimos ninguna clase de condición social en la producción, las exigencias sociales se consideran trabas al comercio internacional mientras que las exigencias técnicas no lo son porque protegen a los compradores de bienes defectuosos o que no cumplan bien su cometido.

Vuelve a darse aquí una cuestión de prioridades. La nuestra son los ciudadanos de nuestro país, por eso exigimos requisitos técnicos para que no se electrocuten utilizando un secador del pelo (por ejemplo) pero nos dan igual las condiciones sociales de quienes producen ese secador porque lo que queremos es que nos lo vendan lo más barato posible (para así poder comprar más cosas con el mismo salario). Los trabajadores de los otros países no nos importan, lo que queremos es máxima calidad a mínimo precio.

Es evidente que esta cuestión se resolvería exigiendo unos mínimos sociales y salariales para las empresas productoras de igual modo que se exigen mínimos técnicos para producir un determinado bien. Esto se podría hacer tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Si se pusiese en práctica esta manera de afrontar el mercado, la bajada de salarios no sería necesaria para una mejora de la competitividad y las políticas de producto deberían centrarse en otros aspectos.

Por último, también podríamos mejorar nuestra competitividad generando inflación y logrando que nuestra moneda se depreciase. Si bien este sistema no es sostenible a largo plazo y si no se controla cuidadosamente puede generar problemas económicos grave, aplicado de una manera razonable y temporal puede traer buenos resultados. Nuestra pertenencia al euro y una política monetaria basada en baja inflación y en el mantenimiento del valor de la moneda para no perjudicar al sector financiero que trabaja con ella, hacen que esta clase de políticas no se contemplen en la actualidad.

Por otro lado tenemos la argumentación sobre quien va a ser quien genere empleo y recuperación económica. La idea de que produciendo más y mejor, va a llevar a que haya personas que compren esta producción y que, por lo tanto, hay que insistir en la oferta y no en la demanda, ha sido demostrada como falsa por los hechos y por los teóricos. Es necesaria una demanda que compre lo que se produce. La recuperación no puede venir solamente por el incremento de la producción si esta no la compra alguien. Para ello necesitamos, o bien que haya otros países que compran esos bienes que producimos y que por tanto permitan esa mejora económica, o bien que la mejora de la confianza se traduzca no solo en mayor producción sino también en un nivel más elevado de compras por parte de los nacionales, o bien que el incremento de la producción se traduzca en un aumento de los salarios y de las rentas de las personas para que estas puedan también comprar lo que se produce.

Parece evidente que, si los salarios no aumentan y las rentas de la clase media se reducen, los dos últimos supuestos no se darán con demasiada facilidad, lo que nos puede llevar a que tengamos que confiar solamente en la demanda exterior para afianzar nuestra recuperación. La demanda debe ser tenida en cuenta en cualquier circunstancia económica al mismo nivel que la oferta ya que la economía consiste precisamente en esto, el intercambio precisa de productor y comprador, de oferta y demanda. Si una de las dos falla, no se realiza el intercambio… Pensar que una economía nacional puede funcionar de una manera boyante con una demanda débil y con una mayoría de personas con bajos salarios, no parece que sea realista…

 

Etiquetas: , , , , , ,

La dimensión social de la evangelización

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 6, Junio 2014, pág: 12 y 13

la dimensión social de la evangelización_Página_1la dimensión social de la evangelización_Página_2

No podemos cerrar esta serie de artículos sobre la “Evangelii Gaudium” sin referirnos a una parte que, aunque su contenido no es explícitamente económico, sf que tiene una relación importante con cuestiones económicas.

EVANGELIZAR ES HACER PRESENTE EN EL MUNDO EL REINO DE DIOS

Esta es la primera frase del cuarto capítulo de la exhortación que se titula “la dimensión social de la evangelización”. En él se incide en una idea que ya ha sido resaltada por otros docu-mentos de la Doctrina Social de la Iglesia, en especial por parte de Benedicto XVI que en Caritas in Veritate, 15, dijo: “El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le in-teresa todo el hombre”. Francisco incide en la misma idea y nos dice en el párrafo 176: “si la dimensión social no está debidamente explici-tada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” y en el 178 insiste, como ya hizo en su momento Pablo VI: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora”. En esencia, nos está diciendo que no podemos evangelizar sin un compro-miso social que lleve a la promoción del ser humano y a la mejora de la sociedad en la que vivimos.

LLAMADOS A TRANSFORMAR EL MUNDO

“Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra… Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor”, dice el Papa en el n° 183. El anuncio de la Buena Noticia de Jesús resucitado, precisa de cristianos comprometidos en el cambio social, en la construcción de un mundo en el que reine la caridad, en el que se -busque la ju-sticia por· encima de cualquier otra consideración, que esté al servicio de las personas y no de otra clase de intereses. Esta llamada a transformar el mundo es también preceptiva en los asuntos económicos. No puede entenderse una orga-nización social sin que la economía ocupe su papel, que no tiene porque ser el más impor-tante, pero sí debe estar presente en cualquier mejora que queramos articular para el progreso de las personas y de la sociedad.

LA INCLUSIÓN SOCIAL DE LOS POBRES

Cuando Francisco tiene que concretar esta dimensión social de la evangelización comienza, precisamente, por un asunto económico clave: la inclusión social de los más desfavorecidos. Esta opción preferencial por los pobres es una idea nuclear del anuncio del evangelio y debe seguir siéndolo. Para llevarla a cabo, Francisco pide “una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (188). En esencia está pidiendo un cambio de sistema económico y creo que hay que insistir en que incluye esto en la evangelización. Anunciar a Jesucristo supone cambiar nuestra mentalidad, luchar por una sociedad diferente en la que desde el punto de vista económico, prime la solidaridad y la gratuidad.

Es evidente que estas ideas no son novedosas, que están enraizadas en la Iglesia desde el principio de su historia… Pero han aparecido en un segundo plano durante mucho tiempo y se han priorizado otros aspectos de la evan-gelización. Francisco no la olvida, la pone como · un capítulo de su exhortación y muestra los aspectos económicos del anuncio del evangelio. como lo prioritario en su dimensión social. Vuelve a Pablo VI para afirmar que: “Los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”.

Para hacer realfdad este compromiso social, Francisco insiste en que la reducción de las desigualdades es una cuestión clave sin la que no podemos evangelizar. Por ello indica, con una claridad que creo no necesita co-mentarios, que “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, re-nunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La in-equidad es raíz de los males sociales. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica” (202-203). Buscar una organización económica diferente es parte esencial de la evangelización.

 

Etiquetas: , , , , , ,