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Archivo de la etiqueta: opinión económica

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Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 6, Junio 2016, pág: 26 y 27

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Economía y emigración

Artículo publicado en la revista SENDAIMAG, nº 12, Abril, Mayo y Junio 2016. Pág  28-29

El fenómeno de la emigración es algo que ha existido durante toda la historia. Las personas buscan otro sitio para vivir cuando consideran que el lugar en el que habitan no les permite cumplir sus expectativas de vida (ya sea por guerras, por falta de libertad, por problemas económicos, por cuestiones climáticas, por asuntos personales…). En estos cambios de residencia se combinan dos efectos, el expulsión, que se da porque las condiciones del lugar de origen son muy malas (en el sentido que sea) y el efecto atracción (cuando el lugar de destino tiene unas condiciones mucho mejores). Cuando en el punto de partida de la emigración alguno de estos problemas se desborda o la diferencia entre las condiciones de vida entre el destino y el origen son abismales (en cualquiera de los sentidos que hemos nombrado), los flujos migratorios dejan de ser residuales para pasar a ser masivos. Ello produce lo que se vienen a denominar crisis migratorias, debido a la llegada exagerada de personas que buscan una vida mejor en una tierra que no es la suya de origen.

Es evidente que esto trae una serie de problemas añadidos a quienes reciben el flujo de personas que huyen de unas malas condiciones de vida o ansían tener unas mejores. Los países más ricos y más libres, suelen ser los principales receptores de estos flujos migratorios (aunque no los únicos) y allí es donde se muestran los problemas. Europa lleva mucho tiempo siendo receptora de estas personas que huyen de la pobreza y de las guerras. Si en otros momentos fueron España e Italia las principales vías de acceso de estas personas, ahora es Grecia la que concentra el principal número de entradas. La cuestión es la misma, aunque los caminos y las nacionalidades de aquellos que vienen son diferentes. Se está debatiendo mucho estos últimos meses (y sobre todo a raíz del acuerdo de la Unión Europea con Turquía) sobre el respeto o no al derecho internacional y sobre todo al derecho de asilo, pero opino que el debate está desenfocado ya que la cuestión está más centrada en el tema económico que en la cuestión legal.

Fueron muy claras las palabras que oí hace unos días en boca de uno de los representantes políticos españoles con puestos de responsabilidad en una de las puertas de entrada de la inmigración en España, Melilla: “no podemos acoger a todos los que quieren venir porque eso pone en peligro nuestro nivel de vida”. Es decir, la cuestión clave de la inmigración no es si se tienen derechos o no, sino lo económico. En unas sociedades en las que lo económico no solo está sobrevalorado, sino que actúa como un auténtico ídolo, como un Dios al que hay que subordinar todo lo demás, cualquier cosa que pueda sospecharse que va en contra del crecimiento económico, de la renta per cápita de la que gozamos en este momento, debe ser evitada. Lo primero es mantener nuestras condiciones de vida, todo debe ser subordinado a ello.

Por ello, el nivel económico de los países ricos es puesto por encima de todo y lo que supone el principal objetivo de una sociedad rica, se contrapone a las personas, a los seres humanos que pueden comprometer su bienestar a los que se deja morir o que vivan en unas condiciones poco dignas. Se plantea entonces un dilema que está en el fondo de todo el debate: si llegan los refugiados o los inmigrantes, nuestras condiciones de vida bajan. Como esto último es lo prioritario, nuestra política debe basarse en rechazar esos flujos de personas, en que no entren. Los países ricos tiene esto como eje principal de actuación y como criterio prioritario a la hora de elegir su política migratoria.

Independientemente de que la afirmación inicial sea cierta, es decir, de que la llegada de inmigrantes tenga que suponer una bajada de la renta per cápita de los receptores (conocemos experiencias históricas en las que esto no ha sido así como los inmigrantes republicanos en México, la inmigración en EE.UU., en Argentina o en Australia, etc.) esta es la sensación que se transmite y es la que lleva a que en la política migratoria de los países más ricos predomine la idea económica de protección.

Esta política migratoria es un ejemplo claro de cómo la preponderancia de la economía en nuestras economías provoca un descuido de valores humanos o de humanismo en nuestras sociedades. El poner la economía por encima de cualquier otro valor u objetivo, provoca que la política migratoria esté concentrada en detener flujos y no en mejorar la vida de aquellos que tienen que huir de sus países. Esto hace que las personas que emigran no sean vistas como tales, sino como un problema, que su vida deje de tener valor, que su muerte no sea importante. Como en muchos otros casos, la preponderancia de la economía nos deshumaniza y nos lleva a que la gestión económica, en lugar de servir para mejorar a todas las personas, acabe perjudicando a una parte de ellas.

 

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Estamos mejor porque no hay pobreza

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 3, Marzo 2016, pág: 26 y 27

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Quiero recordar hoy una frase que oía de pequeño y que contenía dos errores de bulto, pero una intuición clara que es sobre la que voy a centrarme: “En Europa están mejor que nosotros porque no hay pobres”. El primer error de bulto era hablar de Europa como si nosotros no fuésemos parte también de este continente. Parecía que Europa era algo que comenzaba al norte de los Pirineos y nosotros lo asumíamos sin problemas. El segundo error era afirmar que no existían pobres en el resto de países europeos, claro que existían, aunque tal vez hubiese menos que en España. Sin embargo, esta frase contenía una intuición clave para entender el progreso económico de las naciones. La frase no decía que estuviesen mejor porque tuviesen una renta per cápita más elevada, o expresado de una manera más sencilla, porque fuesen más ricos, sino porque no había pobres. El foco no estaba en lo que tenía la media de los componentes de la sociedad, sino en lo que pasaba con los más desfavorecidos, con los pobres.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Una de la instituciones de la ONU, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, abordó este tema hace ahora unos años. Para hacerlo diferenció entre lo que definía como “enfoque agregado” del desarrollo y el “enfoque de la privación”. Esta nomenclatura técnica sobre el desarrollo de las naciones esconde la idea que he indicado al principio. El enfoque agregado dice que una sociedad se desarrolla desde el punto de vista económico cuando mejora la media de sus habitantes. Afinando un poco, este desarrollo se da cuando la renta per cápita, es decir, la producción anual de un país dividida entre todos sus habitantes, mejora. Una medida agregada como es la media de lo que nos corresponde a cada uno, es el indicador que muestra si nos va bien o no. Por el contrario, el enfoque de la privación no se fija en las medias, en los datos agregados, sino en lo que le sucede a los más desfavorecidos ya que afirma que, una nación tiene un desarrollo económico en la medida que mejoran quienes están peor.

El enfoque agregado

Creo que cualquiera podemos darnos cuenta de que el enfoque que predomina en nuestras sociedades es, precisamente, el agregado. Siempre nos basamos en las medias o los datos agregados, no solo en el crecimiento, sino en otros indicadores económicos: El crecimiento de la renta per cápita, el descenso de la tasa de paro, el incremento o descenso de los precios, la mejora de la balanza de pagos, etc. Siendo el agregado un indicador que sirve de aproximación a la evolución del fenómeno, al ser la suma o la media de todos, deja fuera mucha información que puede ser significativa para muchos. Tenemos más entre todos ¿Pero esto es porque los que tienen, tienen más o porque los que no tienen han pasado a tener? La tasa de paro desciende ¿Pero esto es porque se crea empleo o porque hay personas que ya no buscan trabajo? ¿Han encontrado trabajo quienes más lo necesitan o las personas que están en una situación mejor? … Podríamos preguntarnos muchas otras cuestiones que los indicadores agregados no nos aportan.

El enfoque de la privación

Por ello, el enfoque de la privación cambia de mirada y se centra en los más desfavorecidos. Porque ¿Para qué queremos que crezca la renta per cápita si solamente se ven beneficiados por este crecimiento aquellos que ya está bien? ¿Para qué queremos que se reduzca el desempleo si esto se da porque hay personas desincentivadas o si las personas que más lo necesitan siguen sin encontrar empleo? El enfoque de la privación no se centra en la suma de las cifras totales o en la media, sino que observa directamente a quienes peor están. Solo mejoramos si hay menos personas que están en situación de pobreza, si no es así da igual que haya crecimiento, seguimos mal… ¿Hay menos familias en las que nadie trabaja? ¿Encuentran trabajo los jóvenes y los parados de larga duración? ¿Los trabajos que se crean son dignos y permiten salir de la pobreza a quienes los consiguen? Si no es así, la cifra total de desempleados o la tasa de paro, pierde importancia. Lo importante no es el agregado aquí, sino que mejoren quienes peor están.

El enfoque de la privación y el bien común

El enfoque de la privación que acabamos de describir es el adecuado cuando la economía se quiere poner al servicio del bien común y no del bien total. Se cambia el foco desde el que más aporta al agregado al más desfavorecido en cada sociedad. Este enfoque molesta y tiene detractores entre quienes mejor están. Estos se sienten mal cuando dejan de ser aquellos a quien la sociedad prioriza, cuando ven que los esfuerzos se enfocan en quienes peor están. La parábola del hijo pródigo es representativa de esta concepción. El Padre se alegra por el hijo que recupera, el más desfavorecido es el importante porque ha vuelto, pero el otro hermano se siente triste porque él ha hecho más méritos, porque él se merece más, porque él ha aportado más… Considero que cambiar el enfoque agregado por el enfoque de la privación es una opción evangélica, pero una opción difícil porque tiene muchas resistencias de aquellos que están bien y que tienen asumida una filosofía del mérito con la que este enfoque rompe totalmente.

 
 

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Debemos conseguir que la economía esté al servicio de la sociedad

Entrevista publicada en el boletín 29, de Navidad de 2015, de la Asociación Resurgir de Huelva

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Publicado por en enero 27, 2016 en Economía humana

 

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¿Bien común o Bien total?

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 1, Enero 2016, pág: 26 y 27

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Se oye hablar mucho en estos últimos tiempos del bien común. Es un concepto que parece estar otra vez de moda. Tal vez sea esa corriente económica que se denomina la “Economía del bien común” la que lo ha devuelto al lugar del que nunca debería de haber salido. Oímos este concepto en la arena política, se nombra en los debates, se habla de él con más frecuencia que hace unos años. Por ello, en estas breves líneas voy a intentar aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de bien común y en especial, qué es éste desde el punto de vista económico diferenciándolo de lo que se denomina “bien total”.

El bien común desde la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia define el bien común como: “El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. El bien común hace referencia, por tanto, a varios aspectos. El primero es que se refiere a la vida en sociedad. La organización social, la manera en la que nos organizamos para la convivencia mutua es la que determina el bien común. La segunda es que esta organización social se pone al servicio de las personas, se subordina a que estas puedan alcanzar, gracias a ella, su propia perfección. Dicho de otro modo, es una manera de estructurar la sociedad que ayuda a que cada uno de nosotros nos sintamos reforzados y apoyados para ser más y mejor personas.

El bien común y la economía

Dentro de nuestra organización social, también está incluida nuestra organización económica. Según esta concepción de bien común, la manera en la que organizamos nuestros dineros tiene que estar al servicio del crecimiento personal y grupal de las personas y sus asociaciones. Es decir, debemos organizar nuestra economía de modo que nos ayude y nos permita ser más y mejor personas. Esto se traduce en una economía con una vocación de apoyo a las aspiraciones humanas más profundas. Una economía al servicio de las personas que les permite, a través de proveerlas de lo necesario para vivir, hacer y ser aquello que desean. Quizá la cuestión clave dicho esto, es conocer si la economía actual está, realmente, consiguiendo y persiguiendo este objetivo, o se está centrando en otro.

La economía al servicio del bien total

Cuando analizamos la economía actual, podemos darnos cuenta que esta tiene como objetivo primordial el crecimiento económico. Este es definido como el aumento anual del Producto Interior Bruto y este es la cantidad de bienes y servicios que producimos en un país en un año. Tenemos como objetivo que crezca lo producido en nuestra región, país o en el mundo lo que, expresado de una manera sencilla, podríamos definir como “tener más entre todos”. Cabe preguntarse si este “tener más entre todos” es realmente el bien común, nos ayuda a todos y cada uno de nosotros a lograr de manera efectiva nuestra perfección. Para descubrirlo, no hay más que describir cómo se calcula. El método es sencillo, no tenemos más que sumar lo de cada uno y ver el resultado. Esto significa que quien más gana, más aporta y quien gana poco, aporta poco. Al final, si alguien no suma nada (porque no gana nada) pero los otros suman mucho, el total puede aumentar aunque haya gente que no tenga nada y se muera de necesidad y de hambre. Al bien total le da igual el reparto, no es necesario que todos tengan, lo importante es que quien sume, lo haga en una cantidad elevada para que el resultado final sea más alto. A la economía que busca el bien total no le preocupan quienes no tienen y no aportan, solo que quienes tienen suman aporten más y más para que el total aumente. Por ello, perseguir el crecimiento económico, no garantiza por si mismo que todos puedan lograr ser libres gracias a tener cubiertas sus necesidades. Hay gente que queda fuera y estos son irrelevantes para una economía que persigue el bien total.

Cómo se concreta el bien común en la economía

Por ello, el objetivo de la economía debe cambiar si queremos perseguir realmente ese bien común que anhelamos los cristianos y muchos que no lo son. Se trata de pasar del “tener más entre todos” al “tener todos al menos lo suficiente”. Es decir, el objetivo de la actividad económica debe centrarse en gestionar los recursos que tenemos en nuestro planeta para que todos tengamos al menos lo suficiente, no para que podamos producir el máximo posible. Porque si tenemos más, pero no llega a todos ¿Para qué nos sirve tener más? La prioridad debe, por tanto, cambiarse. El bien común económico debe centrarse en que lo que tenemos, esté al alcance a todos, llegue para que todos tengan lo necesario. Así lograremos realmente que cualquier persona pueda desarrollarse como tal gracias a que tiene lo suficiente para vivir y esto le sirve como soporte para hacer aquello que quiere y para ser aquello que desea. Solo persiguiendo esto, podemos poner realmente la economía al servicio de la persona.

 

 

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Reseña de “Una economía que mata” en Vida Nueva

Reseña de mi libro “Una economía que mata” publicada en el número 2963 de Vida Nueva del 7-13 Noviembre 2015

reseña del libro en Vida Nueva-Libros

 
 

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Entrevista en Hoy por Hoy Huelva

Aquí tenéis una entrevista que me hicieron en el programa Hoy por Hoy Huelva de la Cadena SER el día 27/10/2015

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-emitida-programa_rf_9220058_1.html

Conferencia en huelva

 
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Publicado por en noviembre 12, 2015 en ética económica

 

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