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Archivo de la etiqueta: Ética económica

Educar en valores económicos solidarios en la escuela

Desde Funderética, en colaboración con Entreculturas y el colegio Sagrada Familia estamos poniendo en marcha el proyecto piloto para educar en valores económicos solidarios en la escuela, que esperamos luego poder aplicar en otros colegios que lo deseen.

En los siguientes videos tenéis una conferencia en la que se explica en qué consiste este proyecto que pretende introducir en las escuelas una manera de pensar la economía más humana y al servicio de las personas.

Si estáis interesados en llevar este proyecto a vuestros colegios, poneos en contacto conmigo.

 

 

 

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Economía Solidaria en Ferrol

El próximo lunes 23 de Mayo voy a estar presente en Ferrol con tres actos a lo largo del día.

Comenzaremos en el campus de la Universidade da Coruña. A las 12:00 hablaremos sobre hacia dónde reorientar la economía.

Luego, a las 17:30 presentaré mi último libro “Una economía que mata” en la galería Sargadelos.

Y por fin, a las 20:00 en el centro Afundación, hablaremos de “cómo construir una economía solidaria”.

Si estáis en Ferrol o cerca de esta ciudad, espero veros por allí en uno de los tres actos

Cartel charla decrecimiento_foto

una economía que mata

CARTEL GENERAL CONFERENCIAS DE CORPUS 2016

 

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Ecos de las últimas dos presentaciones de mi último libro

Hola a todos, os paso ecos que se han leído en la web sobre las dos últimas presentaciones de mi libro que han tenido lugar en los últimos días.

En Álmàssera hicimos una presentación artística con Rocío Raga a la presentación, Ana G. Castellano en los cuentos, Yiyo a la guitarra y Javier Gay ilustrando. Les gustó a todos, desde los niños más pequeños (de cuatro años) hasta las personas más mayores (de casi ochenta años)

Podéis encontrar más sobre este evento en Horta noticias

presentación libro en Almàssera

En Madrid invervinieron Luis Aranguren de PPC, Sebastían Mora de Cáritas Española y Rafael Junquera de Funderética. Creo que los asistentes también quedaron satisfechos del acto. Podéis encontrar una crónica del acto en http://www.hoac.es/2016/03/09/de-una-economia-que-mata-a-una-economia-que-da-vida/

presentación una economía que mata en madrid

Gracias a todos los que asististeis y gracias por vuestro apoyo a los demás.

 

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Como construir otro sistema económico

Os presento un texto que escribí hace algún año y que ahora tenéis a vuestra disposición en versión PDF.

Economía para la esperanza: cómo virar hacia un sistema económico más humano http://hdl.handle.net/10637/7889

 

imagen espigas

Tenéis más información sobre el mismo en otra entrada de este mismo blog:

https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2012/12/21/economia-para-la-esperanza-como-virar-hacia-un-sistema-economico-mas-humano/

 

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Conferencias en Castellón y Lliria 2 y 3 de Febrero

La semana próxima voy a impartir dos conferencias en Castellón y Lliria.

En Castellón será el martes 2 de Febrero a las 19 horas, en el Centro de Formación de Cáritas Diocesana de la calle Figueroles, nº 6 en Castellon y lleva por título: “¡Detengamos la crisis! Retos económicos para construir una economía más humana”   

castellón

En Lliria será el miércoles 3 de Febrero a las 19 horas en el edificio multiusos (aula 204) dentro del Aula de ciudadanía, de la Escuela de personas adultas. El título de la conferencia es: “Propuestas para una economía más humana”

panoramica-valencia-lliria

Os espero

 

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Entrevista de radio ecca a Enrique Lluch Frechina

Entrevista emitida en el programa Diálogos de medianoche de Radio Ecca en Noviembre de 2015. Se tratan en profundidad temas relacionados con las alternativas económicas al actual sistema que predomina en nuestra sociedad.

radio ecca

http://www.ivoox.com/economia-del-papa-francisco-enrique-lluch-audios-mp3_rf_9648008_1.html

 

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Reseña de “Una economía que mata” en Vida Nueva

Reseña de mi libro “Una economía que mata” publicada en el número 2963 de Vida Nueva del 7-13 Noviembre 2015

reseña del libro en Vida Nueva-Libros

 
 

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La función social de la empresa

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 9, Octubre 2015, pág: 12 y 13

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Para seguir hablando de economía solidaria voy a pasar a referirme a las empresas. Cuando pregunto en mis clases para directivos por qué creen que a una sociedad le conviene que existan empresas, siempre recibo tres clases de motivos. Porque las empresas permiten producir bienes y servicios útiles para la sociedad y esto es bueno para ella, porque las empresas permiten que las personas puedan ganarse la vida y tener los ingresos suficientes para poder vivir y, en último lugar, porque las empresas unen a personas para trabajar conjuntamente y producir bienes de una manera eficiente utilizando los menores recursos posibles. Si a nosotros nos hubieran preguntado lo mismo, seguramente hubiésemos respondido, de una manera u otra, con los mismos argumentos. A pocos o a ninguno se nos ocurre contestar que la sociedad necesita empresas para que proporcionen beneficios a sus accionistas.

Muchas empresas parecen perseguir tan solo el beneficio

Sin embargo, gran parte de las empresas actuales y especialmente las más grandes, parecen perseguir en exclusiva el beneficio para sus propietarios-accionistas. El único fin de la empresa y al que consagran sus mayores esfuerzos parece ser el rendimiento económico. Se trata de una concepción reduccionista de la empresa en la que las cosas que son importantes para la sociedad (el producto o servicio, el salario de los trabajadores, la colaboración en el desarrollo del lugar) pasan a un segundo lugar para convertirse en instrumentos útiles para ganar dinero. No buscamos el mejor producto o servicio, sino aquel que nos proporciona más beneficios. Los trabajadores son tan solo un coste de producción que hay que reducir al máximo para incrementar los beneficios. El entorno donde se produce el bien no importa, salvo para aprovecharse de él y ponerlo al servicio de los resultados empresariales.

Todo ello lleva a dilemas éticos que se resuelven en contra de las personas

Es por este motivo que, cuando en esta clase de empresas se producen dilemas éticos en los que hay que confrontar la consecución de mayores beneficios económicos para los accionistas con actuaciones que van en contra de las personas (ya sean estas clientes, proveedores, trabajadores o terceros que viven en el entorno de la empresa), normalmente ganan los beneficios y pierde el bien de las personas implicadas. La prioridad de la ganancia es la que marca la manera de resolver las cuestiones de la empresa. No hay dudas y “el negocio es el negocio”. La Responsabilidad Social de la Empresa, a la que muchas empresas hacen mención, queda así en agua de borrajas si la prioridad sigue siendo el máximo beneficios. Las actuaciones responsables solamente se llevan a cabo en la medida que no molesten al objetivo principal o mejor, en la medida en que lo apoyen y logren que la ganancia se vea incrementada. La ética económica es, al igual que la función social de la empresa, tan solo un instrumento para lograr el objetivo final: incrementar las ganancias.

Poner la Función Social de la Empresa en el corazón de la estrategia empresarial

Ante esta visión existe otra alternativa y más acorde con la Doctrina Social de la Iglesia que es la de poner la Función Social de la Empresa en el corazón de la estrategia empresarial. Se trata de algo que realizan algunas empresas (no tantas como sería de desear) y que algunos luchamos para que se generalice en el mundo empresarial. La base de esta otra manera de trabajar en la empresa es la de cambiar el orden de prioridades y la manera de entender el rendimiento y la función de la empresa. En esta clase de empresa, la búsqueda del beneficio (al igual que veíamos en la familia en el anterior número de esta revista) pasa de ser el norte que guía la actuación de la empresa, a ser la condición que tiene que cumplir para poder seguir funcionando. Es decir, para que una empresa sea sostenible a medio y largo plazo, es necesario que sea rentable, que tenga más ingresos que gastos. Pero maximizar estos no tiene por qué ser la prioridad, tan solo una condición necesaria. El objetivo prioritario de estas empresas es producir bienes y servicios útiles para la sociedad, ser el lugar en el que algunos se ganan la vida de una manera digna y colaborar en la mejora del entorno en el que se habita. Esto es lo prioritario, la rentabilidad es la herramienta. Como se ve, es un cambio diametral en el que la prioridad pasa a ser instrumento y la Función Social de la Empresa la prioridad.

Esto es una realidad posible y cierta ya en algunas empresas

Esta concepción que prioriza la Función Social de la Empresa y considera el beneficio como una simple herramienta necesaria para lograr la meta principal, ya es una realidad en muchas empresas. Quizá no sean la mayoría, pero las hay. Concepciones económicas como la Economía del Bien Común, la Economía de Comunión o la Democracia Económica, avanzan en esta dirección y realizan aportaciones interesantes además de ser puestas en práctica por algunas empresas. Otras empresas (especialmente muchas familiares) han tenido esta concepción desde siempre y siguen practicándola porque se encuentra en el corazón de su manera de ser empresa. Desde Funderética (fundación ligada a la familia redentorista que se dedica al estudio y la reflexión ética) también estamos colaborando en la promoción de esta manera de hacer empresa a través de unas evaluaciones éticas para empresas que quieren cambiar sus prioridades y trabajar al servicio de la sociedad. Por ello, podemos afirmar que la construcción de empresas que introducen en su funcionamiento parámetros de una economía solidaria a través de la priorización de su Función Social, desterrando una manera egoísta de funcionar en la que solamente importa el beneficio, no solo es una realidad, sino un camino de futuro por el que muchas más van a transitar.

 
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Publicado por en octubre 13, 2015 en ética empresarial

 

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Muy pronto a la venta

Se acerca el día en el que estará a la venta mi próximo libro. Lo tendréis disponible a finales de esta semana o a principios de la próxima. Por ahora os adelanto la portada y en el momento esté disponible os los indicaré.

portada libro economía que mata

 
 

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¿Y ahora qué? Sugerencias económicas para los nuevos gobiernos

Artículo publicado en la revista CRESOL, Any 16, Núm. 127, julio y agosto de 2015 Páginas 30 y 31

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Después de las elecciones y de que se hayan aclarado los gobiernos municipales y el autonómico de la Comunitat Valenciana, queda por delante ponerse a trabajar en una legislatura que promete ser interesante debido a la falta de mayorías absolutas. El hecho de que se tenga que recurrir a pactos, ya sean de gobierno o puntuales, para cada una de las medidas, conlleva un esfuerzo de consenso que, bien llevado y practicado con buena fe y ganas de servir a la población por todas las partes, no dudo que va a ser positivo. En este contexto y atendiendo a un momento en el que parece que hemos tocado fondo en esta crisis que ya nos acompaña durante demasiados años, es en el que voy a comentar lo que creo que son los principales desafíos económicos con los que nos encontramos en estos momentos y a los que tendrán que hacer frente los diversos gobiernos, tanto autonómicos como municipales. En este sentido doy dos avisos para los lectores: la mayoría de las propuestas que voy a realizar no han estado incorporadas en los programas electorales de los partidos, que creo que siguen pensando la economía en clave del siglo pasado. La segunda es que la mayoría deberían ser propuestas transversales, es decir, tan válidas para ser aceptadas por unas vertientes políticas como por las otras.

La primera tiene que ver con el objetivo de la gestión pública. Este debe ser el bien común, entendido este como la creación de las condiciones económicas, culturales y sociales que permitan a todas y cada una de las personas que componen la comunidad, realizarse como tales. Esto, en economía supone que su mejora se tiene que basar no en la mejora de los indicadores agregados, de las cifras medias de los indicadores económicos, sino en cómo les va a quienes peor están. Es decir, pensar que solo mejoramos si lo hacen quienes peor están y no la media. Esto sería un cambio de cultura esencial para pasar a otro enfoque económico en el que se busque no tener más entre todos sino tener todos lo suficiente. Sin esta orientación hacia el bien común y esa prioridad en quienes peor están, pueden no entenderse o entenderse mal el resto de propuestas.

En clave interna, es necesario que las actividades públicas se realicen sin déficit público. Esto por tres motivos. El primero es que no se puede gastar siempre más de lo que se ingresa. Esto no es sostenible a largo plazo, ni en una familia ni en un Estado. En segundo lugar, el endeudamiento acaba beneficiando a quienes más tienen y perjudicando a los más desfavorecidos. Esto es debido a que son los más pudientes quienes pueden prestar al Estado y quienes luego recibirán los intereses que hay que pagar a quien te presta y que aminoran la capacidad de gasto en otras partidas. Pero si estos dos argumentos no son lo suficientemente convincentes por si mismos, el tercero es decisivo ya que nos recuerda que quien está endeudado depende de sus acreedores. De este modo, si queremos que sigan prestándonos, tenemos que hacer lo que ellos nos piden (que puede no coincidir con lo que nosotros queremos hacer) porque quien nos presta exige que le devolvamos lo prestado (como parece lógico) y pide garantías para intentar asegurarse que le devolverán el dinero en un futuro. Si no hacemos lo que nos dice, no continúa confiando en nosotros (esto es lo que le está pasando a Grecia en la actualidad) y nos niega más préstamos. En conclusión, insostenibilidad a largo plazo, beneficio para los más pudientes y dependencia de los acreedores son tres motivos decisivos para apostar por presupuestos equilibrados.

Cambiando de tercio, creo que necesitamos también que se potencie otra clase de economía. No se trata de entrar en el dilema de si determinadas actividades deben ser gestionadas o no por el sector público o privado. Se trata de lograr que las empresas sean verdaderas constructoras del bien común. Es decir, que no sean meras generadoras de beneficios para sus propietarios-accionistas, sino que sean productoras de bienes y servicios útiles para la sociedad y que realicen esta función logrando, al mismo tiempo, unos beneficios suficientes para sus trabajadores, una mejora de la sociedad y del medio ambiente, una gestión participativa que potencie a las persona, etc. Lo importante no es si las cosas que se producen sean hechas por empresas públicas o privadas, sino que sean hechas por empresas que priorizan su función social, que cumplen unos requisitos éticos y sociales que hacen que sea deseable contratar con ellas. Esto supone que el sector público debe cambiar sus criterios de contratación pública para potenciar esta clase de empresas y contratar solo con aquellas que priorizan su función social.

Lo mismo sucede con las medidas de ayuda a la economía. En Valencia tenemos tres campos prioritarios que hay que apoyar para poder lograr un desarrollo regional que acabe beneficiando a todos y en especial a los más desfavorecidos. Por un lado la agricultura, por otro la industria y por último el turismo. Pero no se trata de apoyar a aquellas empresas que son más grandes y que facturan y contratan más. Estas ya tienen ventaja sobre las otras. Se trata de priorizar a las pequeñas, a las que comienzan, a aquellas que cumplen unos parámetros sociales que sean beneficiosos para el bien común (ecológicos, salarios dignos y reducidas diferencias entre los salarios superiores y los inferiores, participación de los trabajadores en la gestión y en los resultados, efectos positivos sobre el entorno, contratación de personas de colectivos desfavorecidos, etc.). Este apoyo, no solo se hace a través de ayudas, sino también de legislación que favorezca la actuación de este tejido empresarial de pequeñas y medianas empresas, de exenciones o rebajas fiscales para aquellos que son más pequeños o que comienzan, etc.

Al final, el objetivo debe ser poner la actividad económica de las empresas y del sector público al servicio del más desfavorecidos, de la reducción de las desigualdades y de la promoción del bien común.

 
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Publicado por en agosto 26, 2015 en ética económica

 

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¿La economía tiene que ser egoísta?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 7, Julio-Agosto 2015, pág: 10 y 11

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Cuando sale a la conversación con personas que no me conocen previamente que me dedico a temas como la ética económica o sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de las personas, algunos de mis interlocutores no pueden evitar esbozar una sonrisa escéptica. ¿No son cosas incompatibles? ¿Cómo puede ser la economía generosa o ética? ¿No es la economía egoísta por naturaleza? Estas y otras preguntas son las que parece esconder esa media sonrisa que me regalan pensando, tal vez, que se encuentran ante otro utópico que no se entera de cómo funciona la realidad. Esta situación no solo se da con personas que están alejadas del cristianismo, que no han sido formadas en él y que no se consideran cristianos, sino que desgraciadamente, también sucede con personas cristianas, que consideran que tienen una gran fe y que siguen pensando que los dictados de nuestra fe no sirven para el tema económico que parece tener una dinámica distinta, una manera de trabajar egoísta ante la que nada podemos hacer que no sea adaptarnos a ella.

La idea de que la economía es egoísta por naturaleza ha calado en todos los ámbitos sociales

Esto que acabo de describir es una prueba de cómo esta idea que se desarrolla sobre todo a partir del siglo XVIII ha tenido un éxito tal, que parece que no es discutible, que sencillamente, parece un dogma de fe afirmar que la economía no puede ser de otra manera, que la economía es egoísta por naturaleza. Por ello, se nos dice que nosotros podemos ser unas personas maravillosas, que podemos ser generosos, desprendidos y preocuparnos mucho por los demás, pero que esto debemos hacerlo en todas las actividades salvo en las económicas. Allí esto, sencillamente, no funciona. En una empresa o en los asuntos económicos, lo que hay que hacer (según esta idea predominante) es mirar por nosotros mismos, competir con los otros, buscar el máximo rendimiento en oposición a los otros. Las empresas, los asuntos monetarios, no entienden de generosidad, no funcionan como las ONGs, son la selva, ahí el que no espabila muere. Hay que ser peor que el otro, llegar antes, competir en mejores condiciones, ser más habilidoso… El mercado es un lugar en el que cada uno llega con sus propios intereses y si queremos lograr los nuestros, debemos ser más fuertes que los demás e imponernos a ellos.

Tener dos caras

Esta idea sobre la economía nos obliga a los cristianos a tener dos caras, una para la economía en la que tenemos que ser duros y egoístas y otra para el resto de nuestra vida, en la que el amor debe ser aquello que predomine en nuestro comportamiento. Es evidente que esta dualidad ni es positiva para la persona ni es sostenible a largo plazo. No es positiva para nosotros porque somos uno, somos una persona que no podemos partirnos, de modo que utilizar criterios distintos según en el lugar en el que nos encontremos rompe nuestra unidad natural. Pero además es peligrosa porque puede llevarnos a que, finalmente, los criterios egoístas de la economía acaben predominando en todo nuestro comportamiento (precisamente para lograr la coherencia que nos pide nuestra unicidad, nuestro ser único) y pasemos a aplicar unos solos criterios para todo nuestro ser y que sean estos los egoístas de la economía, olvidando lo que nos debe caracterizar como cristianos, que es el amor.

Es una falacia

Pensar que la economía solamente puede ser egoísta, afirmar que solamente se puede plantear una manera de llevar la economía que es la de competir todos contra todos, es una falacia que, a fuerza de ser repetida se ha convertido en una verdad incuestionable. Pero para los cristianos es motivo de reflexión, porque si el amor es válido para todo menos para la economía ¿En qué clase de Dios Creemos? ¿En uno que nos dice que el amor es válido para todo menos para la economía? Evidentemente esto no es así. Si lo fuese, ya podríamos ir borrándonos de una religión que nos engañaría si el amor no es aplicable a todo lo humano, si solamente soluciona o es bueno para una parte de nuestra actuación.

La economía puede y debe ser fraterna y solidaria

Pero claro, esto no es así, la economía no solo puede, sino que debe ser regida por el amor. Lo dijo magistralmente Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate 36: “La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente… En las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.”. Es decir, el amor cabe en la economía, no solo cabe sino que solamente si esta se articula con amor, puede alcanzar la economía su máxima y mejor expresión. Como afirma Benedicto XVI, introducir el amor en la economía es una exigencia de la razón económica. A pesar de esto, es posible que algún lector todavía tenga dudas, piense que esto no es posible y que con amor la economía es un desastre. Para demostrar lo que digo, voy a utilizar los próximos números de esta revista para poner ejemplos en los que la economía se lleva adelante con amor, en los que se concreta lo que afirma la DSI y veremos como los resultados finales son diferentes y ponen a la economía en su verdadero lugar.

 

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Las diferencias salariales

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 5, Junio 2015, pág: 14 y 15diferencias salariales 1diferencias salariales 2

El otro día me metí en una página web de la BBC, http://www.bbc.com/news/world-31110113, en la que te dicen cuantos minutos tarda un futbolista (puedes elegir cuál) en ganar lo que tú ingresas en una semana y cuántos años necesitarías trabajar para ganar lo mismo que él gana en un año. Hice una aproximación con un salario bajo (15.000€ al año) y otra con un salario algo más elevado (55.000€ al año) y lo comparé con el principal futbolista del Real Madrid. En el primer caso, el deportista ganaba en 8 minutos lo que el trabajador ganaba en una semana y en el segundo treinta minutos. Visto desde otro punto de vista, el primero necesitaría trabajar durante 1.213 años para ganar lo que el futbolista en uno, y el segundo precisaría de trabajar 331 años para lograr lo mismo.

Las diferencias no solo se dan en el fútbol

Estas remuneraciones excesivamente altas no se dan tan solo en el Fútbol. Algunas grandes empresas también tienen unas grandes diferencias entre sus directivos. Una gran multinacional española de las telecomunicaciones paga a su máximo directivo el equivalente a 450 personas de las que menos cobran en esa empresa. Los ejemplos se repiten en las grandes empresas españolas, con unas diferencias que sobrepasan con frecuencia el 100:1. De hecho, la remuneración del consejo de dirección de esta misma empresa recibe unas remuneraciones anuales que son equivalentes a 1.150 trabajadores que perciban 20.000 € anuales. Volviendo al ejemplo del fútbol, la misma página que he señalado antes indica que la media de salario de los jugadores de la liga inglesa es de 2,2 millones de euros anuales. Si estos futbolistas cobrasen una décima parte (220.000 € anuales) se liberaría una cantidad de euros que serviría para pagar a 29.000 personas con un salario anual de 40.000 € (el doble si bajamos el salario a 20.000 €).

Otras empresas no tienen diferencias tan altas

Evidentemente, muchas empresas medianas y pequeñas no tienen diferencias de remuneración tan elevadas. Son muchas las que tienen propietarios o directivos que pueden cobrar como mucho cinco o seis veces más que su trabajador peor remunerado. Estamos hablando de empresas en las que el abanico de salarios se mueve entre 20.000€ el peor y 120.000€ el el mejor remunerado. Diferencias más reducidas y que parecen más razonables. Porque ¿Tienen sentido unas desigualdades tan altas como las vistas en los apartados anteriores? ¿Juegan mejor al fútbol los futbolistas actuales que los de hace quince años cuando sus remuneraciones eran una tercera parte que las de ahora? ¿Funcionan mejor las grandes empresas ahora que hace cincuenta años cuando las diferencias salariales eran muchísimo más bajas?

Quien sustenta estas diferencias

Todo esto se basa en la existencia de unas estructuras empresariales que permiten y potencian estas diferencias que nos parecen escandalosas a muchos. Pero también nosotros colaboramos en esta realidad cuando adquirimos los bienes que producen estas empresas. Cada vez que compramos las zapatillas que publicitan los jugadores de fútbol estamos aportando dinero a la cuenta de un deportista que tiene unos salarios exagerados. Cada vez que adquirimos productos de una de estas grandes empresas, estamos engrosando los bolsillos de unos directivos que tienen unos salarios exagerados y estamos colaborando en el crecimiento de las desigualdades mundiales. Cuando Benedicto XVI afirmó que “comprar es siempre un acto moral” en la Encíclica Caritas in Veritate 66 nos estaba recordando la responsabilidad social que tenemos en nuestras compras. Sin embargo, nuestro desconocimiento sobre cómo trabajan las empresas y los salarios que pagan, nos impide, con frecuencia, ejercer esta responsabilidad social

Cambiar las estructuras

Por ello, necesitamos que al igual que aparecen en los envases de los productos las características de los mismos, también se nos informe sobre las condiciones sociales en las que producen las empresas y las diferencias salariales que existen en su interior. Queremos saber si, tal y como exige la Doctrina Social de la Iglesia, las empresas a las que les compramos pagan unos salarios dignos y suficientes para cubrir las necesidades de los trabajadores y de sus familias. No se trata tan solo de cumplir la ley, sino de ir más allá, de que los beneficios que saca la empresa gracias a nuestras compras sean repartidos de una manera justa entre sus propietarios y trabajadores. Que aquellos a quienes les damos negocio no sean promotores de desigualdades sino agentes de equidad, que las empresas se centren más en cumplir su función social que en favorecer el enriquecimiento de unos pocos de sus trabajadores, asesores o propietarios. Pedir la transparencia en este campo y que se incorpore en la información que recibimos con el etiquetado y con los envases, nos permitirá tener unos criterios de compra socialmente responsable. Por todo ello, debemos pedir a nuestros gobernantes que exijan a las empresas ser transparentes también en estos aspectos.

 
 

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Programa del curso de la UIMP sobre economías para la esperanza

folleto curso_Página_1folleto curso_Página_2Recordad que si queréis más información la tenéis en: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2015/05/20/un-modelo-economico-para-las-personas-propuestas/

 

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Preparación para el curso de Nuevas Economías de la UIMP

Os propongo una lectura para preparar el curso de este verano de la UIMP. Aunque es una publicación que ya os anuncié en su momento, puede ser bueno releerla o hacerlo por primera vez ahora.  En ella encontraréis un resumen de las propuestas para una nueva economía que existen en estos momentos.

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdfPáginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivo

 
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Publicado por en mayo 26, 2015 en ética económica

 

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¿Un modelo económico para las personas? Propuestas

Desde el 13 hasta 17 de Julio en el Palacio de la Magdalena en Santander y en el marco de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Sebastián Mora Rosado (Secretario General de Cáritas Española) y yo dirigimos un curso que lleva por título ¿Un Modelo económico para las personas? Propuestas

palacio de la magdalenaEn el curso se realizarán propuestas para transformar nuestro sistema económico hacia uno que esté realmente al servicio de las personas. El programa lo tenéis en: http://www.uimp.es/uxxiconsultas/ficheros/6/30371Programa.UIMP.18.05.pdf y entre otros tendremos ponentes como Setefano Zamagni, Daniel Raventós, Martín Carbajo, Francisco Álvarez o Carlos Taibo.

Os animo a que os apuntéis, va a ser una oportunidad única para conocer de primera mano las propuestas que intentan transformar la economía para dirigirla en otra dirección.

Podéis inscribiros en: http://www.uimp.es/agenda-link.html?id_actividad=62KV&anyaca=2015-16 Hay becas de ayuda que podéis solicitar en esta misma página web.

 
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Publicado por en mayo 20, 2015 en ética económica

 

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A qué le damos valor en la economía actual

Os presento un artículo en el que muestro cuáles son las cosas valiosas en la economía actual y como estas son no solo las que nos llevaron a la crisis, sino que siguen siendo las que están marcando las sendas por las que intentamos salir de ella.

euro

Creo que puede ser muy ilustrativo para aprender algo más sobre la economía actual.

Lo podéis encontrar en: http://hdl.handle.net/10637/7179

Su referencia es:

“A qué le damos valor en la recesión actual” (2012) en Los valores culturales ¿factores de desarrollo humano? Documentación Social, Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, Enero-Marzo 2012, nº 164, Pág: 103-121. Cáritas Española Editores

 

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España por reformar

Sal Terrae ha editado un libro en el que soy uno de los coautores que se titula “España por reformar. Propuestas políticas, económicas y sociales” En él hay diversas propuestas realizadas desde el humanismo cristiano que sugieren caminos para mejorar el funcionamiento de nuestro país.

españa por reformar

El próximo martes 12 de Mayo a las 18:30 realizaremos un debate en Valencia, en el Palacio de Colomina, tres de los autores del libro, en el que expondremos y debatiremos sobre algunas de estas propuestas. Os invito a todos a que asistáis.

Invitacion España por reformar definitivo

Si queréis más información sobre el libro, la podéis encontrar en: http://jesuitas.es/index.php?option=com_content&view=article&id=1069%3Aqespana-por-reformarq-nueva-publicacion-que-busca-el-debate-para-una-reforma-integral&catid=34%3Ajesuitas-espana&Itemid=63&lang=es

Si queréis comprarlo, también lo podéis hacer en: http://www.casadellibro.com/libro-espana-por-reformar/9788429324327/2512581

 
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Publicado por en mayo 6, 2015 en ética económica

 

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¿Cómo se tiene éxito en una empresa?

Món Orxata es una historia diferente de éxito empresarial. No solo se basa en obtener el máximo beneficio en un corto plazo, sino en realizar una actividad económica que prioriza a las personas y a la sociedad, que tiene en cuenta a los trabajadores, que tiene en cuenta el medio ambiente, que produce bienes y servicios útiles para la sociedad y que pone la economía al servicio del desarrollo de la zona de la huerta valenciana.

mon orxata 2

Por todo ello y para que conozcas mejor esta empresa valenciana y veáis como se lleva a la práctica un modelo de economía más humana os invito a la conferencia que organizamos desde el Foro CEU Empresa el próximo martes 5 de Mayo a las 19:00 en el palacio de Colomina.

Aquí teneis la invitación al mismo:

Invitacion Foro CEU Món Orxata

 
 

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¿Aprender a relacionarse o a entretenerse?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 4, Abril 2015, pág: 14 y 15

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Uno de los elementos básicos de las personas es que somos seres relacionales, que solo podemos entendernos a nosotros mismos en relación con los demás. No podemos pensar en nuestra manera de ser, de comportarnos, de hacer las cosas, si no lo hacemos incluyendo a los otros, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestra familia, a las personas con las que nos encontramos en el metro, en la parroquia, en la tienda, etc. Por ello, cuando hablamos de la educación en valores económicos para nuestros niños, debemos pensar en si los estamos educando solamente en el tener o en la relación con los otros.

Niños que parecen vivir aislados

De hecho, una de las cosas que identificamos con portarnos bien con los niños es comprarles de todo, que tengan muchas cosas. Si a esto le añadimos el carácter absorbente que tienen las nuevas tecnologías nos puede suceder lo que me pasó en una comida con mi mujer en un agradable restaurante del centro de Sevilla. Junto a nosotros se sentó una familia que venía de celebrar la primera comunión de una niña. Cuando los vimos aparecer pensamos que la tranquilidad que buscábamos quizás se iba a turbar por causa de los niños, pero lo aceptamos de buen grado. Pronto nos dimos cuenta cuán equivocados estábamos. La decena de niños que había comieron y acto seguido se pusieron a jugar cada uno con su maquinita. Los niños estaban juntos pero no se relacionaban entre ellos. Cada uno con su aparato sin accionar con su compañero. Así que todos contentos, padres e hijos entretenidos y nosotros tuvimos una comida romántica a pesar del evento familiar que se celebraba a nuestro lado.

¿Queremos que se entretengan o que aprendan a relacionarse?

Así que los regalos, los juguetes, ya no son una ocasión para la relación con el otro, sino una manera de entretenerse con algo. Esto va, en contra de nuestra propia naturaleza. Si atiborramos a los niños de cosas que los mantienen entretenidos, nos olvidamos de que lo importante en su infancia no es que se entretengan, sino que aprendan a relacionarse con los otros. Por ello, utilizar nuestro nivel económico para que tengan cosas y bienes que solo les lleven a estar entretenidos, erra en uno de los principales propósitos de la educación. El juego, el entretenimiento infantil debe ser una escusa para poder relacionarse con el otro, para aprender los conflictos que pueden surgir de cualquier relación y afrontarlos desde que se es pequeño. Por ello es necesario proporcionar a nuestros hijos oportunidades para la relación y no para que se atiborren de cosas que les sirvan para entretenerse.

Los grupos juveniles salen económicos

Los grupos juveniles juegan una labor importante en esta educación para la relación. Su precio no es excesivo (las cuotas suelen ser bastante reducidas) pero les posibilita la oportunidad de jugar, de relacionarse con otros de una manera muy educativa. Realizan actividades gratuitas en las que se lo pasan bien con otros, aprenden a divertirse sin tener que gastarse dinero, a solucionar conflictos que luego se van a encontrar en su trabajo o en su universidad, a trabajar en equipo y poner sus cualidades al servicio de un objetivo común. Aquellos que estamos en el campo de la educación de jóvenes (en la universidad), notamos la diferencia entre aquellos chavales que nos llegan provenientes de cualquier grupo juvenil sano, de aquellos que no han participado nunca de esta clase de actividades. Los primeros tienen muchos más recursos útiles para sus trabajos y para su relación que los segundos. Por ello, creo que uno de los bienes más sanos que le podemos dar a nuestros hijos es la posibilidad de relacionarse con los demás en cualquier tipo de grupo de tiempo libre.

Salir con amigos

Pero no solo es el grupo juvenil la única clase de bienes relacionales que podemos ofrecerles. También debemos de reflexionar sobre si salimos con amigos que tienen hijos de la edad de los nuestros. Si lo hacemos también estamos proporcionándoles bienes relacionales, oportunidades de pasarlo bien con otros, de divertirse con los demás, de relacionarse con los hijos de nuestros amigos. En mi grupo hemos quedado de acuerdo que cuando se juntan no deben llevar máquinas que les impidan pasarlo bien juntos. Esto les permite educarse más en las relaciones que en el entretenimiento. En este sentido, ir de vacaciones de vez en cuando con otras personas les ayuda en esta educación para la relación.

Comprar y relacionarse

Por último, creo que también hay que educar a nuestros chavales en que la compra es también una manera de relacionarse. Es decir, que la economía no es una práctica en la que la relación humana queda excluida, sino todo lo contrario. En las compraventas, en los alquileres, en la peluquería, en todas las transacciones económicas que realizamos, el componente personal, el componente de relación, tiene que ser algo habitual, algo que nos sirve para establecer una relación con la contraparte. Si los intercambios económicos se despersonalizan y pierden este componente relacional, tendemos a ver la economía como algo separado de la vida y de las personas. Invitemos a nuestros niños a que conozcan a las personas a las que les compramos algo, a que se relacionen con ellas, a que las aprecien, a que sepan que viven de lo que nosotros les pagamos. Este es un camino seguro para educarles en una economía más humana.

 

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Mirar desde otra perspectiva la economía actual

Os presento dos ecos de la conferencia que impartí en martes en Jerez de la Frontera titulada ” Mirar desde otra perspectivas, una economía más ética” y el audio de la conferencia por si queréis oirla

Artículo de Andalucía Información http://andaluciainformacion.es/jerez/497474/enrique-lluch-plantea-la-necesidad-de-mirar-desde-otras-perspectivas/

Artículo en ODISUR http://www.odisur.es/noticias/asidonia-jerez/item/26995-enrique-lluch-abre-la-vii-semana-de-la-pobreza-de-c%C3%A1ritas-diocesana-de-asidonia-jerez.html

Archivo de audio de la conferencia completa: http://www.ivoox.com/primera-ponencia-viii-semana-pobreza-enrique-audios-mp3_rf_4355446_1.html

conferencia de jerez

 
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Publicado por en abril 16, 2015 en ética económica

 

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La utopía global

Está disponible en Internet un artículo que escribí hace un tiempo pero que no deja de estar de actualidad en el que analizo si realmente la globalización económica se mueve en pos de una utopía o en pos de una falsa utopía.

utopía global

En este artículo demuestro que se nos ha convencido de que la globalización puede lograr una utopía cuando realmente no lo es.

Os animo a que lo léais.

Lo podéis descargar en: http://dspace.ceu.es/bitstream/10637/7128/1/La%20utop%c3%ada%20global.pdf

 

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Educar para distinguir las necesidades

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 3, Marzo 2015, pág: 14 y 15enseñar necesidades 1enseñar necesidades 2

Muchos lo hemos hecho de niños o jóvenes y nuestros hijos y nietos también lo utilizan ahora. Me refiero al tan manido “es que lo necesito” para pedir algo innecesario que nos apetece tener. Parece que diciendo esto, los padres se van a dar cuenta de que no es un capricho o una apetencia pasajera, sino algo de lo que realmente depende la vida normal del peticionario. Es evidente que los padres no suelen caer en la trampa, pero esta pequeña anécdota me sirve para introducir el tema de hoy, que es el de enseñar a distinguir entre necesidades, apetencias y deseos.

Todos son necesidades

Esto es clave en la economía actual porque esta considera que todo son necesidades. En los primeros cursos de economía se sigue utilizando una definición que dice que la economía estudia cómo satisfacer necesidades ilimitadas con unos recursos escasos. Desde hace tiempo se identifica el progreso con el necesitar más cosas, de manera que cuando vemos algún mayor que vive con pocos electrodomésticos o igual que hace cuarenta años, o cuando volvemos por primera vez de países más pobres, con frecuencia pensamos que “se nota que no han evolucionado, se conforman con poco, yo ya no podría vivir así”. Es decir, afirmamos que estamos más evolucionados porque necesitamos más cosas para vivir que los otros, porque ellos se conforman con poco y nosotros no lo hacemos.

Los niños se impregnan fácilmente de esta cultura

Si a esto añadimos el bombardeo continuo de publicidad que recibimos día a día (especialmente los niños que, aunque no lo creamos, están más expuestos al mismo) nuestros pequeños y adolescentes entran fácilmente en esta idea. Todo es necesario, no podemos prescindir de nada, tenemos que tenerlo todo. De este modo, se trastocan las prioridades y los valores. Puede suceder (como de hecho pasa desgraciadamente) que el dinero se gaste antes en unas zapatillas o un chándal de marca que en comida o calefacción para calentar la casa. No ha habido una educación en qué son las cosas necesarias y qué son las cosas de las que se puede prescindir.

Por ello hay que mostrar qué son necesidades

Por ello necesitamos educar y enseñar que solamente existen dos tipos de necesidades. Las primeras son las básicas o primarias, que son las que necesitamos para sobrevivir. Sin cubrir estas, difícilmente llegaremos a nada más o lo haremos mal. Me estoy refiriendo, claro está, al comer, dormir, refugiarse de las inclemencias del tiempo, protegerse del frío y el calor, curarse de las enfermedades más comunes… Necesidades que son compartidas por todas las personas. En segundo lugar existen otras necesidades que se denominan sociales o de la condición y que son aquellas cosas que se precisan para vivir dignamente en un entorno determinado o para ejercer una profesión o trabajo. Estas varían según el lugar de residencia o la ocupación principal, por lo que son diferentes y únicas para cada persona.

Toda necesidad es limitada

Tanto las necesidades básicas como las sociales son limitadas. Es decir, se llega a un punto en el que no se necesita más. No necesito cantidades ilimitadas de medicamentos, ni de alimentos, ni de casas, ni de vestidos. Tampoco necesito cantidades ilimitadas de los bienes que me cubren mis necesidades sociales, como puede ser un tractor si eres agricultor, o un teléfono móvil si eres un comercial, o un automóvil si vives en un lugar sin transportes públicos. No, las necesidades son limitadas y se llega a un punto en el que se cubren sin más.

Deseos y apetencias

Conocer mis necesidades y saber que son limitadas, está relacionado de una manera directa con conocer cuáles son mis deseos y apetencias, es decir, aquellas cosas que quiero tener, pero que no son precisas para llevar una vida digna en el entorno en el que me muevo. Ir al cine, jugar al fútbol, pasear por la montaña, tomar una cerveza con los amigos en un bar, comprar unas zapatillas de marca, jugar con la tableta o el ordenador, tener el último modelo de automóvil, etc. Son cosas que pueden ser positivas y válidas, pero que, salvo que te dediques de manera profesional a ellas, no son necesarias. Debemos de ser consciente de ello, son apetencias, son deseos, son cosas que nos gustan, son válidas, son positivas, pero no necesarias. Y esto tiene una importancia vital porque al no ser necesarias, pasan a un segundo nivel, dejan de ser la prioridad. No se demonizan, pero tampoco se priorizan.

Tenemos que insistir en esta diferenciación en la educación de nuestros hijos. Para ello debemos comenzar con nosotros mismos ¿Diferenciamos bien qué cosas son nuestras necesidades y cuáles nuestras apetencias y deseos? ¿Ponemos nosotros la prioridad en lo que se necesita y no en lo que nos apetece? Una vez hecho esto, no queda más que enseñárselo a nuestros hijos, mostrarles que lo importante es lo necesario y lo otro no es malo, pero es prescindible y debe quedar en un segundo lugar a la hora de marcar prioridades.

 

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Conferencia “claves para una nueva economía”

He impartido una conferencia titulada “Claves para una nueva economía” podéis ver un resumen de la misma en el siguiente enlace: http://www.caritasalamanca.org/sala-de-prensa/vista-individual/article/enrique-lluch-nos-aporta-claves-para-una-nueva-economia.html

O ver la conferencia completa aquí:

 

 
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Publicado por en marzo 11, 2015 en ética económica

 

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Saber decir no

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 2, Febrero 2015, pág: 14 y 15

Saber decir no 1Saber decir no 2

Uno de los elementos más importantes de la educación económica de nuestros hijos tiene que ver con el saber decirles “no”. Esto en ocasiones es complicado por varias razones que voy a analizar en este artículo, pero sobre todo porque existe una presión social que considera que educar bien a los niños supone que no les falte de nada. Sin embargo, tenerlo todo y con rapidez o demasiado pronto, no tiene unos resultados educativos adecuados. Por ello, debemos aprender a decir no, a esperar, a que no todo sea inmediato, a que cada cosa tiene su tiempo, a que se puede vivir muy bien sin tenerlo todo. Esto forma parte de la educación en una economía enfocada a los valores y a la humanidad.

Que no le falte de nada

En nuestra sociedad identificamos claramente el tener más con el estar mejor. Esto se traduce en intentar que los hijos tengan de todo, que no les falte de nada. Esto sucede especialmente (aunque no únicamente) en aquellas personas que pasaron estrecheces cuando eran pequeños, la experiencia negativa que esto les pudo suponer (no a todos) les hace pensar que no deben permitir que a sus hijos les suceda lo mismo. Por ello intentan darles de todo. De hecho, hasta algunas parejas deciden tener menos hijos para que los que nazcan puedan tener más cosas (si hay más niños tocan a menos cada uno). Por ello, es difícil decir no cuando me piden algo, cuando quieren otra cosa, vamos a ser malos padres “si podemos y no les damos de todo”

Hay que estar integrado

También le damos de todo a los niños porque queremos que tengan lo mismo que los demás, porque no queremos que se queden atrás, porque parece que si no tienen lo mismo que sus amigos van a estar desplazados o ignorados por sus compañeros. De este modo, identificamos lo bueno con lo que hacen o tienen todos, no queremos que nuestros hijos sean los raros, los que hagan algo diferente de los otros. El criterio de la bondad o maldad de algo, se olvida para priorizar el seguir la corriente principal, el adaptarse a lo que tiene, quiere o hace la mayoría. Se mata así la diversidad, la riqueza que supone la diferencia.

Hay que tener todo y con inmediatez

Pero no solo potenciamos el tener de todo, sino que los niños nos exigen inmediatez y que sea cuando ellos quieren. Tiene que ser y tiene que ser ya. Si no lo consiguen en el momento que lo quieren vienen los problemas, los malos comportamientos, el chantaje emocional, o la pesadez de aquel que está a toda hora recordando lo que quiere y no tiene. Esto hace que, con frecuencia, les compramos cosas antes de que estén preparados para ellas, a una edad demasiado temprana o en un momento inadecuado. Además, les lleva a que crean que todo es fácil de conseguir, a que no hay que hacer esfuerzos para tener las cosas, se olvida así que las cosas cuestan, que todo requiere su esfuerzo.

Hijos empachados

Todo esto puede llevar a lo que nombró Francisco a los jóvenes en Copacabana (Río de Janeiro) “El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. Y terminamos empachados pero no alimentados, y es muy triste ver una juventud empachada pero débil. La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe, y no empacharse de otras cosas”. Y esto podemos conseguir si no aprendemos a poner límites, a decir que no. Hijos empachados, sentados en un sofá con la barriga llena y sin ganas ni ilusión de hacer nada. Jóvenes debilitados que solamente piensan en volver a comer, en que pase el empacho para volver a atiborrarse de comida. Tener demasiado tiene este peligro, el del exceso, el de la desorientación, en de la debilidad.

Por ello hay que saber decir no

Por todo ello es tan importante saber decir no. Saber hacer ver a nuestros hijos que para gastar se necesitan unos ingresos y que estos no son ilimitados, que todo no se puede comprar. Intentar mostrarles que si no tienen algo que los otros tienen, no pasa nada. Ninguna familia es igual a la otra, cada una tiene sus propias características diferentes a las de los otros. No todos educan igual a sus hijos y que esto no es malo, sino bueno para la sociedad. La diversidad es un valor en sí mismo. También hay que saber decir no para que sepan esperar el momento. Tal vez se le quiere comprar algo, pero se puede esperar al cumpleaños, a Navidades, a una ocasión especial. Educar en la espera en contra de la inmediatez también es una buena enseñanza económica. Por otro lado hay que saber decir no a la sustitución de bienes antes de que se rompan. Generar basuras innecesarias comprando siempre lo último antes de que lo anterior deje de ser útil va en contra de la conservación del medio ambiente. Por último, hay que decir no a las compras compulsivas, a adquirir bienes que no sirven para nada, que no van a ser utilizados. Aprender a decirle no a nuestros hijos y a que no tengan todo lo que quieren, es una enseñanza que les va a permitir construirse un futuro mejor ya que les enseñará a que se puede vivir bien con menos y a que las cosas tienen su coste. Es educar niños fuertes que sepan apreciar lo importante y que no se empachen de cosas y de consumo.

 
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Publicado por en febrero 16, 2015 en educación y economía

 

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Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política

Estamos en periodo pre-electoral. Por ello os recuerdo este cuaderno de ética en clave cotidiana que escribimos el pasado año entre Rafael S. Hernández y yo mismo.

En ella damos pistas de por dónde creemos que deberían apuntar nuestros partidos para mejorar nuestra sociedad en una clave ética.

Es recomendable su lectura para discernir a quien queremos votar.

Lo podéis descargar de manera grautita en: http://funderetica.org/wp-content/uploads/2013/12/numero-1.pdf

O acudir a la página de los cuadernos: http://funderetica.org/cuadernos/

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Publicado por en febrero 10, 2015 en ética económica, Estado Social

 

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¿Es posible poner a la persona en el centro de la economía?

Artículo publicado en el boletín 27 de la Asociación Resurgir de Huelva. Navidad de 2014, página 7

Páginas desdeREVISTA N 27 DIC. 2014 la persona en el centro de la economía

En el día que escribo este artículo, Francisco, el Obispo de Roma, ha estado hablando en Estrasburgo al Parlamento Europeo. Allí ha pedido a sus señorías que el centro de su actuación sea la persona y no la economía. No hace otra cosa Francisco que insistir en una de las ideas principales que escuchamos desde que vino a Roma para quedarse: que la idolatría del dinero es uno de los principales problemas, si no el principal, de la sociedad occidental en la actualidad. Estamos en una sociedad en la que el centro es el dinero, el afán desmesurado de lucro, el tener más como único camino para alcanzar el bienestar de las personas. Los intereses económicos, los beneficios e incrementar la tasa de ganancias, son el verdadero motor de la actuación, no solo de las personas, sino también de muchos de los gobiernos europeos (si no de la totalidad).

Francisco llega al Parlamento Europeo justo un día más tarde de que se discutiese en él una moción de censura al presidente de la Comisión de la UE, Jean Claude Juncker, justamente por una de sus actuaciones cuando era presidente de su país natal, Luxemburgo. Me refiero a los controvertidos acuerdos secretos con diversas multinacionales para lograr que pagasen impuestos en su país en lugar de en otras naciones de la UE a cambio de sustanciosos descuentos en la cuota a pagar. Un comportamiento que, aunque legal, presenta serias dudas éticas ya que supone una merma de ingresos de los países donde estas empresas trabajan y una reducción de sus posibilidades de gasto. La moción de censura no salió adelante ya que los principales grupos de la Eurocámara apoyaron a Jean Claude. ¿No resulta cuanto menos curioso que tenga que venir Francisco a decirles que pongan a la persona en el centro y no a la economía, al día siguiente de discutir sobre este tema y un día antes de que se votase?

Porque parece competir a través de rebajas fiscales para atraer a las grandes empresas no tiene como fin mejorar a las personas, no parece que esto sea poner a la persona en el centro sino todo lo contrario. En esta situación, solamente salen ganando los accionistas de la empresa y en su caso, el Estado que atrae le ofrece el descuento. Pero todos los demás salimos perdiendo, el resto de estados, el resto de contribuyentes, el resto de empresas que no logran esas rebajas y tienen que pagar todos los impuestos. Desde este punto de vista se entiende poco el acuerdo unánime de apoyar esta clase de comportamientos y justificar a quienes lo llevan adelante.

Sobre todo, porque en contra de lo que algunos afirman, la economía sí que puede ponerse al servicio de la persona. No es verdad que la economía sea incompatible con comportamientos altruistas, con la solidaridad (a la que algunos ven como amenaza para la economía). Es más, si la economía todavía funciona un poco bien, es debido sobre todo a comportamientos que podríamos calificar como antieconómicos, es decir, por aquellos que no piensan solamente en si mismos y se preocupan también por los otros y en especial por más desfavorecidos.

No hay más que pensar en qué sería de los niños si no hubiese unos padres y familiares que les pagan todo y les mantienen durante muchos años sin recibir nada a cambio (no conozco padres que cuando sus hijos trabajen les exijan la devolución de lo que en ellos han gastado). Qué sería de mucha gente sin esos padres que están utilizando su pensión para ayudar a sus hijos y nietos perjudicados por la crisis, o sin esos amigos o asociaciones que les ayudan a llegar a final de mes y a acceder a los productos más básicos que necesitan. Pero esto no solamente sucede en la sociedad en su conjunto y en los colectivos más desfavorecidos. También cabe preguntarse qué sería de una empresas si los que están allí empleados se limitasen a hacer lo que les corresponde dentro del horario estipulado: seguramente no funcionaría. Las empresas van bien en la medida que sus trabajadores ponen algo más de lo que les obliga su contrato laboral, en la medida que hacen cosas que no deberían hacer, que se esfuerzan por atender mejor a sus clientes, que pasan más horas de las que les corresponde, que se coordinan en buena armonía con otros trabajadores. Cuando encontramos trabajadores que se dedican exclusivamente a cumplir lo que pone en el contrato, lo notamos en seguida (en negativo) y lo sufrimos como clientes o como compañeros.

Y ahora pensemos sobre qué clase de comportamientos económicos nos han traído a esta crisis y hacen que se siga ahondando en ella. No son precisamente comportamientos en los que se está poniendo a la persona en un lugar preponderante, sino todo lo contrario. No hay más que recordar las hipotecas basura que se prestaban a unos altísimos tipos de interés a personas que no iban a poder devolver el dinero, o las clasificaciones de productos seguros a instrumentos financieros que luego demostraron no serlo, o las altas indemnizaciones o salarios a directivos y miembros de consejos de administración mientras se pagan bajos salarios a trabajadores o se despiden a algunos a pesar de que la empresa tiene beneficios. Estas y muchas otras son prácticas que se engloban dentro de lo que se denomina racionalidad económica pero que están detrás de muchos de los problemas que presenta nuestro quehacer económico en la actualidad.

Por lo tanto, si comportamientos de fuera de la lógica económica actual son los que palían los problemas económicos que tenemos y los que están en la lógica actual los acrecientan ¿A qué esperamos a cambiarlos? ¿Por qué tanta reticencia a poner a la persona en el centro de la economía? ¿A quién interesa que esto no cambie?

 

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La deuda pública en España

Artículo publicado en Noticias Obreras, Nº 1587, Enero de 2015, pág: 19-26

Además de mi artículo se incluyen intervenciones de los principales partidos políticos de ámbito nacional

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Desde el año 2007 hasta estos momentos la deuda pública española se ha incrementado de una manera exagerada. Entre 2007 y 2013 se ha multiplicado la cifra de la deuda por más de 2,5, siendo los años 2009 y especialmente el 2012 los dos en los que el crecimiento de esta deuda ha sido mayor. Esto ha supuesto que su valor se acerque a la producción anual de nuestro país (se espera que se alcance este valor o bien en 2014 -no contamos con los datos todavía- o bien en 2015).

Esto ya nos muestra dos realidades de estos últimos años que es necesario indicar. La primera es que a pesar de las políticas de austeridad practicadas, no hemos dejado de tener déficit y nuestra deuda pública se ha incrementado mucho. La segunda es que la partida de pago de intereses por esta deuda no solo no se ha reducido (como muchas otras partidas) sino que se ha multiplicado también por algo más de 2,5 alcanzando una cifra en 2013 de 38.000 millones de euros aproximadamente. Podemos afirmar, por tanto, que la única partida en la que la austeridad no ha llegado ha sido precisamente el pago de intereses de la deuda y que además, ha crecido muchísimo.

Lo primero que habría que contestar es el porqué de este incremento de la deuda, ya que sin conocer cuáles han sido las causas para que esta aumentase tanto, no podemos realizar un análisis certero de este tema. Los motivos son varios y la mayoría están relacionados (al igual que sucedió en otros momentos históricos parecidos) con la gran recesión económica que hemos vivido. Ya que a pesar de ser una crisis de claro origen privado, los problemas financieros y económicos han acabado deteriorando los resultados presupuestarios del sector público. Pasemos a un más análisis detallado.

Las principales causas de un incremento de la deuda son o bien desajustes entre los ingresos y los gastos públicos, es decir, el déficit anual del Estado. O bien cualquier otra clase de endeudamiento que no esté directamente derivado del presupuesto del Sector Público. Pues bien, en nuestro caso se ha dado una combinación de estos dos elementos. Comencemos por los gastos. Los gastos del sector público se han incrementado estos últimos años especialmente (si exceptuamos la partida ya nombrada de los intereses de la deuda) por el subsidio de desempleo y por las pensiones. Es por ello que desde el gobierno hablan de que el gasto social se ha incrementado (ambas partidas están incluidas en este gasto social).

Tanto una partida como la otra no dependen de la voluntad del gobierno de turno, sino de la situación económica el primero y de la cantidad de jubilaciones y de la cuantía de las mismas el segundo. El incremento de personas que han engrosado las filas del paro en estos últimos años ha provocado un incremento elevado del pago por subsidios de desempleo. Sin embargo, este crecimiento se ha frenado en los últimos años debido, sobre todo, al agotamiento de esta prestación por parte de aquellos que llevan ya mucho tiempo desempleados. En cuanto a las pensiones ha habido una gran cantidad de personas que se han jubilado en el último lustro y un gran porcentaje de ellas que lo han hecho con la pensión máxima o con pensiones elevadas, lo que ha llevado al incremento del gasto en estas dos partidas.

Sin embargo, el elemento que más ha influido en este aumento del déficit ha sido el descenso de la recaudación por impuestos. Las bajadas de impuestos que se realizaron en época de bonanza han resultado letales cuando la crisis ha arreciado fuerte. Los ingresos se han reducido en una cuantía superior a lo que ha sucedido en otros países europeos. Si a ello unimos que nuestro punto de partida era también el de una recaudación inferior a la que tienen la mayoría de los países de la Unión Europea, nos encontramos con una carencia de ingresos públicos que nos hace estar siete puntos por debajo de la media europea de los 15 países más ricos (un 34% del PIB en España y un 41% en la UE de los 15) mientras que en 2007 esta diferencia era tan solo de tres puntos (38% a 41%).

En cuanto a los otros factores ajenos al déficit que han influido en el incremento de la deuda, ha habido uno que ha sido clave y que hizo que 2012 fuese el año de toda la historia moderna de España en el que más se elevó el déficit público: el rescate bancario. En él socializamos deuda privada a través de prestar fondos a los bancos intervenidos (para que pagasen sus deudas al sector privado) con dinero que tuvimos que pedir en los mercados internacionales. Es decir, transformamos deuda privada en deuda pública.

Todo ello nos dibuja un panorama poco esperanzador en cuanto a la situación de la deuda. Ya que con la escasa recaudación que tenemos, con las promesas de bajadas de impuestos, con una conciencia social poco favorable al pago de impuestos y con una situación de crisis que aunque parece que ya ha tocado fondo (y esto es positivo) no se percibe un despegue rápido en un breve espacio de tiempo, no parece muy factible luchar contra el déficit si no es a través de reducciones del gasto público.

Ante esta situación cabe preguntarse qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema. Para ello, creo que lo mejor es recordar unas líneas la Encíclica Centesimus annus (35) sobre esta cuestión: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario —como, por lo demás, está ocurriendo en parte— encontrar modalidades de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso” Es evidente que esta frase está escrita pensando en la crisis de la deuda externa que se dio a finales del siglo XX, pero creo que las afirmaciones que en ella se contienen son aplicables también a nuestro caso.

La cuestión clave se centra en saber si una deuda tan elevada como la que estamos teniendo en nuestro país que supone un pago de intereses cercano al 4% del PIB, está provocando situaciones de necesidad y está condenando a parte de la población española a situaciones de pobreza y exclusión que se podrían evitar en el caso de que esta deuda no existiese o fuese más reducida.

Parece evidente que si la única solución que se aplica a este problema es la reducción del déficit a través la reducción del gasto público, la deuda resulta incompatible con una atención a las personas y una mejora del cuidado de quienes están peor. Esto provocaría (como de hecho ya está sucediendo) que las desigualdades se incrementarán más y más. La causa principal es que estos recortes se están dando en políticas que benefician a todos, mientras que se incrementa el gasto en partidas que benefician a los más pudientes como los intereses de la deuda (que se abonan a los prestamistas, que son quienes tienen dinero para financiar y, por tanto, un nivel económico alto).

De este modo, cabe plantearse otro tipo de políticas que puedan lograr el mismo fin sin perjudicar a la población. Por un lado, deberíamos lograr un nivel de pago de impuestos que fuese, al menos, similar a la media de la UE de los 15. Con ello el déficit público se reduciría muchísimo sin necesidad de tocar el nivel de gasto. Esto supondría un cambio del sistema impositivo que debería realizarse no solo a nivel nacional, sino también a escala internacional. Si no se hace así, las grandes empresas y fortunas tienen medios legales para evitar pagar impuestos en nuestro país. Este cambio debería lograr que las rentas altas y las grandes empresas pagasen, al menos, lo que les corresponde y no pudiesen eludir estos pagos por medios legales y, en una segunda instancia, que viesen incrementados sus tipos impositivos para cumplir con la progresividad que indica nuestra constitución para los impuestos en España.

En segundo lugar, cabe preguntarse si se podría rebajar el tipo de interés medio de nuestra deuda que estaba en noviembre de 2014 a un 3,4%. Evidentemente esto puede hacerse por el camino que se ha realizado hasta ahora, llevar a cabo las medidas que nos exigen los prestamistas internacionales para que estos sigan confiando en nosotros y prestándonos más barato. Sin embargo también existen vías alternativas.

Por ejemplo cambiar los estatutos del BCE y permitir que preste directamente a los Estados con un coste igual al que se presta a los bancos privados. Cuando Mario Draghi ha intentado comprar deuda pública de los estados europeos (lo que podría aliviar el peso de sus intereses) se ha encontrado con muchas resistencias, especialmente desde el Bundesbank. No obstante, parece no tener demasiado sentido que acepte deuda pública como garantía de devolución de los préstamos que realiza a los bancos privados y no se esté dispuesto a comprar esta deuda. La compra de la deuda por parte del Banco Central o el préstamo directo a los Estados al mismo tipo al que presta a los bancos supondría un ahorro de hasta 30.000 millones de euros en España que también sería un alivio para las finanzas nacionales. Debemos plantearnos si son las empresas privadas quienes tienen que beneficiarse de los tipos y préstamos del BCE para tener ganancias privadas, o deben beneficiarse los Estados para que obtengamos ganancias públicas.

En tercer lugar cabe preguntarse si una deuda de esta clase es sostenible. Ya no estoy hablando desde el enfoque del bien común (como he hecho hasta ahora) sino desde un enfoque exclusivamente económico. ¿Es posible que en una situación como la actual se garantice la devolución y el pago de intereses durante mucho tiempo si no se cambia nada y todo se confía a las políticas de austeridad? Algunos economistas creen que no va a ser posible y lo que estamos haciendo es ahogando las posibilidades de crecimiento para no lograr finalmente el objetivo deseado. No hay más que ver qué sucede con Grecia.

En cuarto lugar, podría generarse una inflación controlada que permitiese que la cuantía de la deuda se redujese en un lustro. Cuando suben los precios, el valor del dinero disminuye, por lo que el valor de la deuda también se reduce. Esto supone que aunque se deba lo mismo, en un breve espacio de tiempo con ese dinero se pueden comprar menos cosas, lo que supone una reducción efectiva de mi deuda. Evidentemente, esto no se puede hacer con un estatuto del Banco Central Europeo que le obliga a mantener la inflación por debajo del 2% anual. Pero es algo que se ha hecho en otros momentos históricos y que ha permitido rebajar la presión de la deuda en algunos países.

La limitación de espacio me impide profundizar más en estas políticas o aumentar el catálogo de las propuestas. Solamente quiero incidir en que el problema de la deuda viene originado, en gran parte, por la estructura financiera de la que nos hemos dotado. La construcción de un entramando financiero cuyas políticas intentan defender, sobre todo, a los financiadores de la actividad económica, una estructura del BCE que impide aplicar determinado tipo de soluciones, unos paraísos fiscales que permiten eludir el pago de impuestos, una estructura de impuestos que beneficia a los más pudientes y una manera de solucionar los problemas de posibles impagos cuyo peso recae siempre en el deudor y nunca en el acreedor, nos llevan a estos problemas que se van convirtiendo en estructurales.

Las soluciones van, por tanto, más allá de las medidas presupuestarias (que también). Deben dirigirse a cambiar la estructura de la que nos hemos dotado para que esta busque realmente el beneficio de las personas y no solo garantizar el beneficio económico a quienes pueden generarlo.

 

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Dios se humanizó con sencillez

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 1, Enero 2015, pág: 14 y 15

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Acaban de pasar las fiestas navideñas. Espero que quienes me leéis lo hayáis pasado muy bien. Haya sido un momento especial para vosotros en el que no solo hayáis descansado de la rutina laboral, de las preocupaciones que nos lleva el día a día, y hayáis compartido tiempo con vuestros seres queridos, sino que también os haya servido para crecer en el amor y en la sabiduría, para recordar cosas que todos los años son iguales pero que nos sirven para renacer, para recrearnos y para ser mejores día a día. Yo he decidido suspender momentáneamente los artículos sobre la educación de los niños para hacer una reflexión económica sobre la humanización de Dios. Es decir, sobre cómo Dios decidió hacerse hombre para decirnos que no debíamos verlo en los altares, en las riquezas, en los ritos o en las leyes, sino en el prójimo, en el amor a quien tenemos al lado, en ser cada día más y más humanos.

Dios decide hacerse hombre en Belén

Así, cuando Dios decide hacerse hombre no piensa en llegar a la tierra en Roma. Tal vez hubiese sido una decisión más racional desde el punto de vista humano. Roma era la capital del principal imperio del momento, el lugar en el que más poder se acumulaba. Bien relacionado allí, podría haber hecho una labor de difusión y de captación de seguidores rápida y efectiva. Además, si hubiese decidido hacerse hombre en la familia del emperador o de alguno de los grandes senadores o militares romanos, las influencias y los contactos habrían logrado un avance espectacular del cristianismo, hubiese sido la religión del imperio muchísimo antes. Sin embargo nada de esto fue así, se fue a nacer a un pueblucho de un lugar en el margen del imperio. Un lugar de donde no podía salir nada importante, donde nadie en su sano juicio hubiese querido nacer en aquel entonces.

Dios decide hacerse hombre en una familia humilde

Dios también hubiera podido escoger nacer en el seno de una familia pudiente. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una elección racional. Le hubiese garantizado unas condiciones higiénicas excelentes, una infancia sin estrecheces, una aceptación social inmediata y un nivel de vida suficiente para no tener que trabajar durante sus años mozos. Sin embargo, Dios escogió una familia humilde. Una familia sin grandes medios, sin demasiados fondos, que tiene que viajar con lo que tiene, que no puede garantizar a la madre una atención sanitaria en el parto, que no le puede dar una vida regalada.

Dios decide hacerse hombre en una familia marginada

Si por lo menos, Dios, en un alarde de no sabemos qué, no se quiso hacer hombre en una familia rica, al menos podría haberlo hecho en una familia de buena reputación, en una familia aceptada por aquellos que les quieren y que estuviese plenamente integrada en sus ambientes cotidianos. Sin embargo, Dios escoge una familia marginada, una familia rechazada por los suyos que no comprenden que María esté embarazada, que no comprenden que José no la haya repudiado como debería haber hecho en un caso así, que por ello no los aceptan. Es ese el motivo por el que, a pesar de que van a Belén de donde es José originario y dónde por tanto habría familiares, conocidos y amigos, nadie los acoge, nadie se compadece de ellos, a nadie parece importarle que María esté a punto de parir. Por eso tienen que acabar en un establo y cuando llega el momento del alumbramiento nadie les visita, ni los conocidos, ni los amigos, ni los familiares. Todos saben que están allí (es una pequeña aldea, todo el mundo sabe todo de todos) pero nadie quiere ni acercarse, es un nacimiento ilegítimo, son una familia marginada. Solamente los pastores, los que duermen fuera de la aldea al aire libre, los que no entienden de convencionalismos, solamente ellos visitan a los padres y a su hijo. Los que viven al margen de la población son quienes se compadecen de esa familia y comparten la alegría de un nacimiento con ellos.

Y nosotros ¿Qué buscamos?

La lógica de nuestra sociedad (que probablemente también es similar a la que se daba entonces) nos lleva sin embargo a lo contrario de lo que hizo Dios. Buscamos a los poderosos para tener más influencia, queremos juntarnos con los pudientes o queremos ser pudientes nosotros mismos para asegurarnos bienes que nos permitan vivir más holgados, queremos gozar de la aceptación de los demás y adaptamos nuestro comportamiento a lo que es habitual en el entorno en el que nos encontramos, intentamos no salirnos del raíl, no hacer cosas que puedan dejarnos al margen. ¿Es ese el camino que Dios nos muestra? Si el camino de la esperanza fuese el dinero o el prestigio ¿No cabría esperar que dios se hubiese comportado así y hubiese escogido nacer en un lugar y una familia diferente? Creo que la reflexión sobre cómo Dios se hizo hombre en Belén y escogió a José y María como progenitores, nos puede ayudar a comenzar este 2015.

 

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Los regalos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 11, Diciembre 2014, pág: 12 y 13

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Estamos en un mes propicio para los regalos. Las navidades, los reyes magos, los momentos de celebración son un momento festivo en el que el intercambio de regalos se ha institucionalizado como algo importante y clave de la propia celebración de manera que esta parece incompleta si faltan los regalos. Hasta en las comidas navideñas de los compañeros de trabajo o en los últimos días de clase antes de las navidades, se ha generalizado ese juego que se denomina “amigo invisible” en el que por sorteo debes realizar un regalo a alguien de tus compañeros de trabajo o pupitre al mismo tiempo que tú recibes otro regalo “anónimo” de quien ha tenido en suerte que le tocaras.

El regalo como muestra de gratuidad

No es extraño que esto haya sido así. El regalo es una de las principales muestras de gratuidad que existen. Es una manera de comunicarse con el otro y sirve para mostrar a alguien tu cariño, tu buena predisposición, tu ánimo de establecer una relación desinteresada con la persona a quien se lo ofreces, tu agradecimiento por aquello que has recibido previamente y tantas otros sentimientos positivos hacia el otro. Estos regalos son verdaderos cuando no esperas recibir nada a cambio. Cuando se tratan, realmente, de una muestra de gratuidad con respecto al otro. Cuando el otro tan solo se ve animado a agradecer el detalle, a responder positivamente a esa acción que no tenía por qué haber sido realizada. El regalo tiene valor, sobre todo, cuando supera lo esperable, cuando la persona que lo recibe no tenía porque esperar ser agraciada con este don, cuando quien lo ha dado no tenía ninguna obligación de hacerlo.

La gratitud ante el regalo

Por este motivo surge el sentimiento de gratitud por parte de quien recibe el regalo. Lo inesperado del hecho, la dimensión del gesto, el que el otro haya tenido que sobrepasar lo normal para regalar, es lo que produce esa inmensa gratitud que hace que el receptor vea intensificada su relación personal con quien le regala. Cuando el regalo es realmente gratuito, tiene un lenguaje no explicitado que incrementa las relaciones entre quien lo da y quien lo recibe. Es por ello que hay personas que no quieren recibir regalos o que alguien en concreto les regale algo. El regalo les impele a ser agradecidos, a relacionarse más con quien se lo dona y tal vez, ellas no quieren esto. Esta intensificación de la relación también lleva a que algunos utilicen los regalos para conseguir algo del otro. Dan regalos esperando que el otro les ofrezca alguna ventaja, los atan a través de aparentes dádivas que no son tales, sino compras de voluntades o esperanza de que el agradecimiento se concrete en un beneficio real para el que dona el bien.

La vida de un niño es recibir regalos

Si aplicamos esto a los más niños, nos damos cuenta de que los primeros años de nuestra vida son un recibir regalos sin freno. Pero no estoy refiriéndome a cumpleaños, reyes y demás eventos, sino al simple amor de los padres, de los familiares y amigos, el techo en el que viven, la ropa que se ponen, el cuidado cuando se ponen enfermos… Los niños y jóvenes son verdaderas economías subvencionadas que viven constantemente de lo que los demás les dan. Es por ello que la familia es la principal escuela de ese amor desinteresado que los cristianos consideramos como la manera más plena de ser persona. Sin embargo, en los niños es muy fácil que solamente tengan importancia los regalos materiales o que el regalo se convierta más en una obligación que en una sorpresa.

Solo valen los regalos materiales

En algunos casos existen personas que solamente regalan al niño cosas materiales. No no saben, no quieren o no pueden hacer regalos de otra clase. Se trata de mayores que establecen su relación con el niño a través de los regalos materiales y que, normalmente, esperan recibir una respuesta de sus niños acorde a los regalos que les han hecho. Esto hace que el niño aprenda la lección y que acabe chantajeando al mayor dándole solo cariño si recibe o ha recibido un regalo material. El regalo se convierte entonces en una trampa en la que no existe ya la gratuidad sino un simple intercambio de cariño o carantoñas por bienes materiales.

La obligación de regalar

En otros casos, el regalo se convierte en una obligación. Hay que dar regalos porque es Navidad, porque es un cumpleaños, porque hay un juego que nos obliga a ello. El sentido relacional del regalo y su elemento gratuito se pierden. Dedicamos grandes energías en escoger el presente adecuado y en comprarlo. Energías que se pierden y que no nos sirven para mejorar nuestra relación con aquel que lo recibe. Los niños, sobre todo, quedan prontamente decepcionados cuando este regalo no cumple las expectativas que se ha planteado y esto es fácil que suceda a niños que tienen de casi todo.

Por ello, creo que debemos cuidar mucho el tema de los regalos. Comprar para regalar y convertir esto en costumbre en todos las ocasiones, desvirtúa el sentido profundo del mismo. Hay que replantearse las obligaciones de regalar y también pensar que el mejor regalo que se puede hacer a un niño (y a un mayor) es el cariño, la amistad, el aprecio, una relación sana… Por ello recordemos el valor del regalo para hacerlo con verdadera gratuidad y que este sea realmente una fuente y un refuerzo para las relaciones sanas y fructíferas.

 

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Jean Claude Juncker, la Eurocámara y la Ética

Artículo publicado en Levante EMV – Suplemento El Mercantil Valenciano EMV, el domingo 23 de Noviembre de 2014, en la página 18

Jean Claude Juncker  la Euroca

Los hechos son conocidos. El mismo protagonista y principal responsable del gobierno luxemburgués los ha reconocido en rueda de prensa, y la Eurocámara le ha dado su apoyo. El gobierno luxemburgués pactó de una manera secreta ventajas fiscales a empresas multinacionales para que tributaran en su país. Parece además (según declaraciones del propio Jean Claude Juncker, que es a su vez presidente de la Comisión Europea) que Luxemburgo no es el único país que lo hace y que otros llevan a cabo estas prácticas que permiten que las grandes empresas paguen menos impuestos en la UE que las pequeñas, a pesar de que ganan más.

Pero no solo hemos conocido esto, sino que los grupos mayoritarios de la Eurocámara han respaldado a Juncker. Los argumentos para hacerlo han sido varios, pero ha habido dos que han predominado. Por un lado, este comportamiento es legal y se opina que estos acuerdos se hubiesen hecho de todas maneras aunque él no hubiese sido el presidente de Luxemburgo, ya que estos pactos intentan defender los intereses del país (que es lo que Juncker tenía que hacer como presidente). Si no los hacen ellos, los hace otro país y se lleva los impuestos para él. No es una cuestión de personas, sino de la estructura competitiva en la UE. Por ello, concluye este razonamiento, hay que apoyar a Juncker y exigirle que haga en la UE lo que tan bien hizo en su país: defender nuestros intereses comunes.

El segundo motivo es más sencillo: hay que apoyarlo para no dar fuelle a los euroescépticos y a los eurófobos.

Comienzo por el segundo. Hacer piña con alguien del que se reconoce que ha hecho algo legal que no es bueno para el bien común, pensando que es la mejor manera de defenderse ante los euroescépticos, me parece de una bisoñez impropia de políticos experimentados. Creo que un apoyo de este cariz no solo no defiende a Europa de las ideas que la critican, sino que apoya a aquellos que lo hacen, y les refuerza en su convicción y argumentos.

Pero me gustaría centrarme más en el primer razonamiento y cómo este contiene un componente ético fundamental que mina la confianza en las instituciones y en la UE. La defensa de Juncker realizada por sus correligionarios europeos se basa en una concepción de la acción pública en la que cada uno tiene que buscar su propio interés o el de los suyos. De este modo, los países deben pensar en ellos mismos, y sus representantes deben defender sus intereses frente a los de otras naciones. Por ello están legitimados esta clase de acuerdos que atraen a las multinacionales a que paguen pocos impuestos, porque así los pagan a nuestro país y no a los gobiernos de las naciones en las que generan sus ganancias. Los accionistas de las empresas (que buscan su propio interés de lograr mayores beneficios) se aprovechan de esta competencia entre países y se instalan en aquellos en los que pagan menores impuestos. Es evidente que cuanto mayor sea la empresa más posibilidades tiene de hacerlo.

Esta concepción ética nos ha dicho que esto es lo mejor para todos, que buscar el interés propio es bueno para el común, que gracias a eso la economía funciona y se encuentran las mejores soluciones para lo público y lo privado. Que hay que desconfiar de quien dice luchar por el bien común porque seguro que nos está engañando y al final tiene unos intereses propios ocultos.

Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que esto no es así. Que cuando todos buscan su propio interés, gana más quien más fuerza o poder tiene. Que aquellos que son pequeños o débiles salen perdiendo o son “descartados” por el sistema, ya que no son capaces de defender o hacer valer sus intereses.

Y es evidente que esta opción ética de legitimar la búsqueda del propio interés no solamente provoca actuaciones como la descrita o beneficios para las grandes empresas, sino que lleva también a que una empresa esté dispuesta a pagar mordidas para lograr un contrato (al fin y al cabo lo que interesa es ganar más y si no lo hago yo lo hará otro) o a un político a recibirlas (él también quiere ganar lo máximo en su trabajo como representante público).

Por ello, los partidos mayoritarios harían bien si dejasen de hacer piña en torno a una concepción ética discutible que nos está dando unos malos resultados, para intentar modificar sus objetivos y maneras de actuar.

Esto supone dos clases de cambios. El primero, un cambio personal. Precisamos representantes que no pretendan defender sus o mis intereses, sino que se preocupen por el bien común, que trabajen por una sociedad mejor.

La segunda es que no es suficiente un cambio en las personas, sino que también hay que cambiar las estructuras. Las instituciones también son éticas o no en la medida que potencian unos comportamientos u otros. El ejemplo aquí descrito lo muestra de una manera evidente. Necesitamos cambiar las instituciones para impedir esta clase de comportamientos que solamente benefician a unos pocos: a quienes menos ayuda necesitan.

O este cambio lo realizan los grandes grupos políticos o lo harán otros en su lugar. Cuando antes se den cuenta de que la ciudadanía lo exige y quiere mejorar la sociedad luchando por el bien común, mejor. Si no lo hacen, corren el peligro de seguir pensando en sus propios intereses y verse sobrepasados sin entender nada de nada.

 

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Pasarlo bien: el tiempo libre

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 10, Noviembre 2014, pág: 12 y 13

El tiempo libre 1El tiempo libre 2

En el pueblo en el que vivo, Almàssera, hay una plaza en la que todos los días puedes ver a gente que pasa el rato allí. Es muy agradable pasear por ella y encontrarse con gente que conversa, que va a la biblioteca, al ayuntamiento, a la Iglesia o a comprar, a mayores sentados observando a los demás… Por las tardes se concentran una gran cantidad de niños que van allí a jugar. Mis mismos hijos, con frecuencia me comentan ¿Vamos a la plaza a jugar o a estar con otros amigos? Es una suerte tener un lugar así en el que encontrarse para pasar el rato.

Tomar algo para pasarlo bien

Sin embargo, hay algo que observo a menudo que me ha hecho reflexionar sobre lo que hacemos con la educación económica de nuestros hijos. Muchos de los niños que van a la plaza por la tarde, lo primero que hacen es ir al kiosko a comprar algo para tomar. El salir a jugar a la plaza se identifica desde bien pequeños con tomar algo, con pasar por la tienda. Parece que si no se adquiere algo, salir no es lo mismo, no van a pasarlo igual de bien. Se necesita dinero, por tanto, para ir a la plaza, para pasarlo bien. De este modo, desde bien pequeños estamos educando a los niños en relacionar la compra de algo con el pasarlo bien.

Esto es una constante para la adolescencia y la juventud

Esto tiene un peligro evidente en el largo plazo. Muchos jóvenes tienen que tomarse algo para poder pasarlo bien. No quiero entrar en qué puede ser ese algo, pero la identificación entre tomarse algo y pasarlo bien proviene de su infancia, de esas veces en las que salimos y tenemos que consumir una chuchería, unas pipas, cualquier cosa, porque si no lo hacemos parece que falta algo, que no ha valido la pena salir o que el ocio está incompleto. Esto no quiere decir que tengamos que arruinar al gremio de los kioskeros, todos compramos en ocasiones a nuestros hijos alguno de estos productos para tomar. El peligro no es comprarlo de vez en cuando, sino que se automatice que salir quiere decir consumir algo que hay que adquirir. La chuche, las pipas, pasan de ser algo excepcional a ser un elemento imprescindible para el ocio fuera de casa, para jugar con los amigos o a estar con ellos en la plaza o en cualquier otro lugar.

No es solo cosa de niños, nosotros también lo hacemos

Ahora bien, no solo tenemos que mirar a los niños para darnos cuenta de esto. Con mucha frecuencia lo que hacen es reproducir lo que nosotros hacemos. Con frecuencia, los padres cada vez que salimos consumimos algo. Es decir, para nosotros también salir supone adquirir algo y no sabemos plantear nuestros momentos de ocio sin prescindir del consumo ligado a ellos. Muy a menudo somos nosotros los que estamos totalmente imposibilitados de salir, de estar con otros, sin que esto suponga un gasto, sin tener que tomarse una cañita o un café o un pastel… No concebimos nuestros momentos de ocio sin ese consumo.

El ocio como gasto

Y esto no solo sucede con el ocio diario, sino también con el extraordinario. Salir a hacer algo que normalmente no hacemos, pasarlo bien con los amigos, debe ir acompañado, frecuentemente, de un dispendio ligado a este. El ocio parece, entonces, que no puede plantearse si no es para ir al cine, tomarse algo en una hamburguesería, ir a la bolera, entrar en un recreativo, ir al parque de bolas, etc. Las opciones de ocio implican entonces un desembolso económico ya que si este no se da, parece que no se sabe qué hacer, que cualquier opción diferente va a ser aburrida o incompleta.

El desembolso en el ocio estratifica la sociedad

Además, esta manera de plantearse el ocio separa a personas que tienen niveles económicos distintos. En la medida que para pasarlo bien incurrimos necesariamente en un gasto, solamente podremos compartir este ocio con aquellos que tengan un nivel económico ajustado al nuestro y puedan gastarse lo mismo que nosotros. Esto hace que, con más frecuencia de la deseada, acabemos juntándonos con aquellos que tienen un nivel económico similar al nuestro porque son con los que podemos salir. Esto dificulta que personas con distintos poderes adquisitivos acaben juntándose para compartir su ocio y su vida.

Replantearse la dimensión económica del ocio

Por ello es necesario que nos replanteemos la dimensión económica del ocio. No solo con nuestros hijos, sino también para nosotros mismos. Nos tenemos que preguntar si nuestro ocio va siempre ligado a tomar algo o a desembolsar algún dinero o si por el contrario, sabemos encontrar momentos de ocio totalmente gratuitos. Debemos pensar en qué maneras podemos pasarlo bien, nosotros y nuestros hijos, solos o con amigos, que no supongan necesariamente desembolso económico: pasear, jugar, hacer excursiones, ver un museo, montar una obra de teatro, cantar, contar historias, quedar con los amigos en casa o en un lugar público para conversar, etc. Hay miles de maneras de ocupar nuestro tiempo ocioso que no conllevan pagos ni consumo. Estas maneras de plantearnos el ocio son inclusivas, cualquiera puede entrar en ellas, tenga el nivel económico que tenga, y no excluyen las otras. Por ello, sin descartar ese ocio bajo pago que todos realizamos y que es una opción válida, debemos conseguir que no sea la única opción y que sepamos pasarlo bien sin gastar dinero. Debemos enseñar a nuestros niños que se puede pasar muy bien sin tomarse nada, sin pagar a nadie para que nos ayude a conseguirlo y sin desembolsar ningún dinero.

 

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La Economía desde la “Evangelii Gaudium”

Monográfico publicado en la revista Noticias Obreras en el Nº1560, de Junio de 2014, en las páginas 19-26

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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Las multas por mal aparcamiento y la pobreza

Otra greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias: http://ebuenasnoticias.com/2014/10/21/las-multas-por-mal-aparcamiento-y-la-pobreza/

Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias Las multas por mal aparcamiento y la pobreza _ España Buenas Noticias

 
 

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Mejorar el control de las transacciones financieras

Artículo publicado en el periódico Levante el 10 de Septiembre de 2014 en su página 46

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Noticia publicada en “Valencia Económica, Diario Económico Valenciano”:

Enrique Lluch aboga por crear un impuesto internacional sobre transacciones financieras para frenar las operaciones vinculadas a la corrupción

http://valenciaeconomica.com/blog/2014/09/09/enrique-lluch-aboga-por-crear-un-impuesto-internacional-sobre-transacciones-financieras-para-frenar-las-operaciones-vinculadas-a-la-corrupcion/

Si además, queréis leer el artículo al que se hace referencia en estas noticias, en esta otra entrada del blog tenéis el enlace: https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/2014/07/07/como-avanzar-hacia-una-economia-social-de-mercado/

 
 

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Celebrar la vida y compartir con los niños

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 8, Septiembre 2014, pág: 12 y 13

celebrar la vida y compartir con los niñoscelebrar la vida y compartir con los niños 2

Los que tenemos hijos, hemos sido invitados a múltiples cumpleaños y celebraciones de los compañeros de la clase de nuestros pequeños. Cuando el presupuesto lo permite, estas celebraciones se pueden convertir en una carrera para ver quien invita de una manera más excelente a los demás. Mis hijos han estado en el cine, en bares de bolas, en boleras, en fiestas con animadores, en hamburgueserías, etc. El cumpleaños o la celebración parece centrarse en un alto gasto por niño que, además de no estar al alcance de todos los bolsillos, tampoco transmite siempre los valores que nosotros desearíamos a nuestros niños.

La importancia de celebrar

Lo primero que debemos tener en cuenta es que celebrar es bueno. Una parte esencial de nuestra vida consiste en saber celebrar con nuestros seres queridos lo bueno que la vida nos da, nuestras alegrías, el valor de la amistad… Los cristianos somos especialistas en celebrar por lo que sabemos la importancia y el valor que tiene esta clase de expresión de agradecimiento y de alegría. La misma eucaristía es una celebración a la que acudimos gozosos de haber sido redimidos por el amor de Jesucristo. Por ello también necesitamos mostrar a nuestros niños la importancia de disfrutar de la vida y de celebrar las cosas importantes que nos suceden en ella.

Cuanto más gastamos mejor es la celebración

Es cierto que para celebrar algo hay que realizar un esfuerzo. Una fiesta, un cumpleaños, un aniversario precisa para organizarlo, para invitar a nuestra mesa a aquellos que queremos, para reunir a quienes hace mucho que no se ven, un esfuerzo que traiga la recompensa final de la celebración… Sin embargo, con frecuencia, el esfuerzo necesario para la celebración se convierte simplemente en un gasto mayor o menor. En los cumpleaños esto se ve a menudo, la fiesta se convierte en un gran gasto en el que tan importante es invitar tanto a los padres como a los hijos. La categoría de la fiesta depende de lo que ha pagado el celebrante, la cuantía pagada es lo que aporta caché a la celebración.

Los regalos

Y existe otro punto que se relaciona de una manera directa con el gasto. Se trata de los regalos. El gasto efectuado en la invitación parece que debe de ser compensado a través de unos regalos adecuados al nivel de la misma. De esta manera, el cumpleaños deja un rastro de regalos en la habitación de un niño que acabó abriéndolos con desgana mientras el resto de infantes invitados miraban atónitos esperando ver aquello que a ellos les habría gustado recibir. En aquellas fiestas con animadores, estos convierten este momento en central de la fiesta: se cubre al niño con una corona de juguete y se le sienta en un trono para recibir sus regalos. Parece que es el momento cumbre de la fiesta.

¿Qué es lo importante de la celebración?

Esto me lleva a una historia que le sucedió a un amigo y que me puso sobre la pista de este importante tema económico para la educación de nuestros hijos. Hace unos años le propuso a su hijo quinceañero celebrar el cumpleaños jugando a fútbol en la playa de la Malvarrosa, llevar unos bocadillos para merendar y pasar allí la tarde. El hijo replicó que no le podía hacer eso, que había que invitarlos a la bolera, o a la hamburguesería o al cine, cualquier cosa que costara dinero ya que si no iba a quedar en ridículo ante sus amigos. Ante el “o eso o nada” de sus padres, el chaval accedió. El final de la celebración no fue, evidentemente, como esperaba el adolescente. El cumpleaños fue un éxito, hacía tiempo que no se lo pasaban tan bien en un cumpleaños. Todos estaban encantados con lo “guay” que era mi amigo (el padre) que había jugado con ellos durante todo el rato (aunque como consecuencia este estuvo una semana dolorido con agujetas)

Esto nos lleva a apreciar otros aspectos importantes de la celebración. El dinero gastado queda a un lado y toman protagonismo el jugar todos juntos, el hacer algo especial que normalmente no hacían estos chavales (jugar al fútbol en la playa), la convivencia intergeneracional (el padre estuvo jugando con ellos, lo que en un principio podría parecer un estorbo para cualquier adolescente), el pasar un rato agradable entre todos… Y evidentemente, nadie se acordó de los regalos. Dar regalos en la playa después de acabar sudados, cansados y llenos de arena, no tiene excesivo glamour…

Centrarse en lo importante

Esto es lo importante de las celebraciones de nuestros hijos y para lograrlo no solo no es necesario realizar un gran gasto, sino que tal vez, el hacerlo puede llegar a ser un impedimento. El esfuerzo para realizar una celebración no debería centrarse en el gasto, sino en lograr las condiciones para que la convivencia, el pasarlo bien, el compartir, el poder realizar algo extra que normalmente no hacemos, pase a ser lo importante. Que los niños acaben la fiesta pensando “qué bien lo pasé”. Esta es la clave y para ello no se necesita mucho dinero, tan solo imaginación y un poquito de esfuerzo entre todos… Así educamos a los niños en que se puede pasar bien, se pueden conseguir cosas importantes sin que esto implique necesariamente un gasto.

 

 
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Publicado por en septiembre 9, 2014 en educación y economía

 

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Educar en valores económicos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 7, Julio-Agosto 2014, pág: 12 y 13

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Sabemos que la educación que damos a nuestros hijos tiene mucho que ver con el ejemplo y con la transmisión no verbal de sensaciones, valores, miedos, inseguridades, maneras de hacer las cosas, etc. Se trata de todo aquello que determina nuestra manera de ser y que nosotros transmitimos y nuestros hijos interiorizan sin querer, sin que nos demos cuenta. La sociedad también actúa así sobre los niños, les transmite valores y maneras de hacer las cosas sin que esto se explicite en la escuela, sin que se perciba de una manera clara. El entorno en el que nos movemos determina que acabemos viendo algo como normal o que lo veamos como extraño. Nuestra manera de actuar viene determinada en parte por todo aquello que está alrededor nuestro y que nos encontramos en nuestro día a día.

También sucede esto con los valores económicos

Los valores económicos no son ajenos a esta realidad. Nuestros hijos están asimilando, desde bien pequeños, unos valores económicos que no son los cristianos. El “lo mío es mío y lo tuyo si puedo también”, “lo único que interesa es mi bienestar personal”, “El dinero lo mueve todo” o “la pela es la pela”, “de mayor quiero ser rico” o “lo más importante en la vida es ganar mucho dinero”, etc. Se van insertando en los pequeños sin que nos demos cuenta de cómo sucede. Sin embargo, no es solo el ambiente el que colabora en que esto sea así. Con frecuencia es nuestra propia manera de hacer las cosas, nuestro planteamiento personal o familiar a la hora de abordar momentos claves de nuestro día a día, los que refuerzan sin querer estos valores económicos en nuestros niños. Estamos tan inmersos en nuestro entorno y se ha extendido tanto (hasta en ambientes cristianos) que la economía es algo independiente de la fe que tiene su propia dinámica, que hemos descuidado esta faceta de nuestra vida y a menudo, de una manera poco consciente, colaboramos sin ser conscientes en la potenciación de valores económicos poco cristianos.

Educar en valores económicos cristianos

Por todo ello voy a comenzar en esta revista una serie de artículos que pretende ser un motivo de reflexión para aquellos que tenemos niños para educar y para aquellos que no los tienen pero quieren reflexionar sobre su día a día económico. En ellos quiero descubrir cómo los valores económicos egoístas nos han impregnado de tal manera que no somos conscientes de nuestra colaboración en la difusión de los mismos. Y todo ello desde el convencimiento de que vivir desde una economía altruista, desde una economía del don, nos hace más felices, nos ayuda a lograr nuestras metas (si esta no es la de enriquecerse, claro está) y nos facilita vivir en el amor y en la solidaridad y construir un mundo más humano.

¿Aprender para ganar?

Y para comenzar la serie, creo que vale la pena que reflexionemos sobre algo que decimos a nuestros hijos con demasiada frecuencia, sin darnos cuenta de la carga de profundidad que contienen nuestras palabras: “Tienes que estudiar mucho porque así podrás tener un buen trabajo y ganar mucho dinero en el futuro”. Las maneras de expresar esto mismo son múltiples pero ¿Quién de nosotros no ha transmitido este mensaje a sus hijos en alguna ocasión? Y lo hacemos porque esta afirmación tiene una parte de verdad: nuestros hijos tendrán que realizar una labor que les permita lograr unos ingresos suficientes para vivir. Sin embargo, cuando les insistimos en este tema, les decimos que la importancia del estudio, del esfuerzo, ser reduce a su capacidad para generar más pronto o más tarde ingresos y si son estos elevados, mejor.

Con esto estamos potenciando un mensaje equivocado: que todo hay que medirlo por su capacidad para ganar dinero. Les estamos diciendo que al final, lo importante en esta vida es tener más y que el estudio es solo un medio para lograrlo. Las actividades extra-escolares, aquello que no sea adquirir conocimientos útiles para encontrar un trabajo bien remunerado, aparece entonces como inútil, como secundario… Acudir a un grupo juvenil, pasar la tarde con los amigos, aburrirse en casa de vez en cuando, preparar una obra de teatro con los amigos, ir a jugar a cualquier deporte o practicarlo con asiduidad, tocar la guitarra, etc. Son todo actividades que tienen que estar en un segundo plano porque lo importante es adquirir conocimientos, sacar buenas notas, ser los mejores para tener empleos mejor remunerados. Por ello creo que la próxima vez que les digamos a nuestros hijos que tienen que estudiar y sacar buenas notas (creo que hay que hacerlo), debemos insistir en que es para que sean mejores personas, para que luego puedan aportar sus conocimientos a la sociedad, para encontrar un trabajo que les satisfaga, para ser más felices… y que reflexionemos sobre todas aquellas actividades que no les llevan a sacar mejores notas, pero que van a ser buenas para ellos en un futuro. No tienen por qué dejarse a un lado o ser secundarias, tienen su importancia en la educación de los niños aunque esta no sea económica y hay que potenciarlas también.

 

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Cómo avanzar hacia una economía social de mercado

Artículo publicado en la revista Razón y Fe, Nº1389-90, Julio-Agosto 2013, pág: 59-69.

Este artículo ofrece un puñado de propuestas de cara a la consecución en España de lo que se conoce como economía social de mercado. Aporta una serie de recomendaciones gracias a las cuales pueda regenerarse y hacerse más justo, más humano, más social y más  igualitario el capitalismo que nos gobierna.

dibujo de portada

 

Si queréis leerlo completo podéis descargarlo en el siguiente enlace:

http://www.razonyfe.org/images/stories/julioagosto2014/E_%20Lluch_RyF_1389-1390_julio-agosto_2014.pdf

 

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¿Se pueden construir espacios de esperanza?

La nueva campaña de Cáritas con motivo del día de la caridad se denomina “Construyendo espacios de esperanza”

construyendo espacios de esperanzaEn este mi nuevo artículo de España Buenas Noticias podéis encontrar un breve comentario sobre cómo esto puede ser una realidad también en economía… Todo es proponérselo…

http://ebuenasnoticias.com/2014/06/27/construyendo-espacios-de-esperanza/

 
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Publicado por en junio 29, 2014 en ética económica

 

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Función versus responsabilidad social de la empresa

Artículo publicado en Economía 3, en el número de junio de 2014, en sus páginas 106-7

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Si realizásemos una encuesta entre la población en la que preguntásemos de una manera franca por los motivos que nos llevan a desear que existan las empresas y que no desaparezcan de la sociedad, encontraríamos un elevado porcentaje de encuestados (pienso que la mayoría) que nos daría los siguientes dos motivos:

1.- Por que las empresas producen bienes y servicios útiles para la sociedad. Su existencia es imprescindible para que estos tengan calidad y cumplan realmente su función en beneficio de las personas.

2.- Por que las empresas crean empleo que, a su vez, permite a la gente lograr unos ingresos suficientes para vivir con dignidad

Esto no debería sorprendernos ya que estas son las dos funciones sociales esenciales que cumplen las empresas en una sociedad. Una función económica externa, hacia los otros, que facilita el acceso a aquellos bienes y servicios que necesitamos o deseamos para vivir. Otra función económica interna, que ayuda a quienes componen la empresa a ganarse la vida de una manera digna y a que colaboren con otros en la construcción de una sociedad mejor.

Esta sabiduría popular, nos dice que lo importante de las empresas y lo necesitamos de ellas es que cumplan estas dos funciones. Al mismo tiempo, se sabe que para lograrlo las empresas deben ser rentables. Si los ingresos no son superiores a los gastos, la sostenibilidad de la empresa en el tiempo no está garantizada y se compromete la consecución de su importante función social. Pero esta rentabilidad, no es lo más importante para la sociedad ni para el buen funcionamiento de una comunidad. Solo importa, en la medida que es condición necesaria para que se cumpla con la función social de la empresa. Es esta última la que da sentido a la rentabilidad y a la que esta debe estar subordinada.

A pesar de que lo que acabo de decir, parece tan obvio que no habría que insistir más en ello, con frecuencia escuchamos que lo importante de las empresas no es su función social, sino que logren el máximo rendimiento para sus propietarios-accionistas. Esta concepción de la actividad empresarial pone el máximo rendimiento a corto plazo como su meta más importante a la que hay que subordinar la función social de la empresa. Las empresas que funcionan con este criterio, dejan a un lado los intereses de la sociedad, de los trabajadores, de los clientes, de los proveedores y solamente los promocionan o defienden cuando es un medio útil para lograr ese máximo rendimiento, si no es así, no los tienen en gran consideración. Estas empresas tienen la escala de prioridades contraria a lo que la sociedad les demanda: Lo primero no es solo la rentabilidad, sino el sacar un gran rendimiento para remunerar a los propietarios-accionistas, y la función social de la empresa es algo que hay que fomentar si nos permite llegar a lo primero, pero que siempre queda en segundo término.

El reconocimiento de esta contraposición entre el objetivo empresarial y lo que la sociedad demanda a la empresa, ha llevado a que en estos últimos tiempos se intente fomentar lo que se ha venido a denominar la Responsabilidad Social Empresarial o corporativa (RSE). Las compañías cuya única finalidad es la de maximizar el rendimiento para sus accionistas, con el conocimiento de que esto no siempre es positivo con la sociedad en su conjunto, realizan una serie de prácticas que intentan suplir esta carencia. Llevan adelante unos planes que indican a la sociedad que, a pesar de que su política principal puede repercutir negativamente en los objetivos sociales, ellos han decidido lograr la maximización del rendimiento con un compromiso voluntario de llevar a cabo actuaciones que beneficien a la sociedad en su conjunto. Esto lo reflejan en memorias de RSE en la que se introducen todas aquellas medidas que pretenden lograr estos fines sociales (medioambientales, laborales, conciliación vida familiar y laboral, lucha contra la desigualdad, voluntariado corporativo, ayudas a ONGs, políticas especiales para los más desfavorecidos, cumplimiento de la LISMI, etc.)

Estas políticas, con frecuencia, quedan lejos del corazón de la empresa. Los especialistas en este tema propugnan desde hace tiempo que si la RSE no se impregna en toda la compañía como en núcleo alrededor del que giran todas sus políticas y su día a día, la RSE queda como una simple operación estética que puede dar sus réditos de comunicación y en las consecuencias positivas de algunas acciones emprendidas, pero que no impide los comportamientos empresariales negativos para la sociedad (aunque positivos para los propietarios-accionistas)

Por ello, el verdadero cambio que necesita la sociedad es que las empresas pasen de la Responsabilidad a la Función Social de la Empresa. Es decir, no se necesitan empresas que sean responsables socialmente, sino empresas sepan que su labor empresarial es social en sí misma y que la intenten llevar adelante de una manera coherente, priorizando esta importante función por delante de cualquier otra. Ello supone (como ya he señalado al principio) que la rentabilidad necesaria para poder desarrollar sus funciones sociales, pasa a ser un requisito necesario, pero secundario en la escala de prioridades, que la mejora de las condiciones laborales, del entorno geográfico y medioambiental, la honradez en los comportamientos empresariales, etc. Pasan a ser los ejes y las prioridades a los que hay que poner al servicio la necesaria rentabilidad de la empresa.

Evidentemente, esto no quita que haya que competir en el mercado o que en ocasiones haya que tomar decisiones duras cuando las cosas van mal y la escasa o nula rentabilidad obliga a adoptar políticas poco sociales. Pero es evidente que estas decisiones no deseadas se van a tomar de distinta manera si la prioridad es la maximización de beneficios, que si la prioridad es la función social de la empresa. Y esto no solo porque las acciones puedan ser diferentes, sino por que ante una misma acción las maneras de realizarla también serán distintas, y no solo las acciones importan, sino que también importan los modos…

Por ello, creo si queremos que la RSE esté en el corazón de la empresa y pase a ser el centro de toda su actuación, debemos cambiar el concepto y apostar por aquellas empresas que ven su Función Social (FSE) como el objetivo al que hay que subordinar todo lo demás. No es necesario inventar nada nuevo, solamente volver a que las dos funciones principales de la empresa: ofrecer bienes y servicios útiles para la sociedad y servir de cauce de realización y de ingresos para aquellos que la componen, tengan el sitio central de las prioridades de la empresa y todo se subordine al cumplimiento de estas funciones.

 
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Publicado por en junio 24, 2014 en ética empresarial

 

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No, a un dinero que gobierna en lugar de servir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 4, Abril 2014, pág: 12 y 13

 

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Como vimos en el anterior artículo de esta serie, el dinero no es un problema en si mismo. Se trata de un instrumento que hemos creado los humanos para poder facilitar los intercambios, para poder llevar adelante de una manera más sencilla nuestras actividades económicas. Una sociedad sin dinero, una sociedad en la que todo se limitase al trueque, sería una sociedad muy limitada, en la que no podríamos hacer gran parte de las actividades económicas que nos son útiles para la vida. De hecho, la mayoría de las estructuras de trueque que existen en estos momentos en muchas ciudades de nuestro país, utilizan alguna clase de dinero, como la equivalencia en horas trabajadas, vales intercambiables, etc. El dinero no es, pues, un problema en si mismo. Lo es cuando existe un excesivo amor al dinero que hace que este sea quien gobierna en nuestras vidas y en nuestra sociedad y de esto habla Francisco en este apartado.

Si el dinero gobierna los valores de referencia cambian

El hecho de ser un instrumento útil para la sociedad, un elemento que nos facilita la vida, quiere decir que necesitamos un dinero que esté a nuestro servicio. Por ello, el dinero tiene que ser utilizado con criterios éticos y no adaptar los criterios éticos a la búsqueda de más dinero. Francisco constata, por el contrario, que ante el gobierno del dinero, la ética parece ser molesta. Con frecuencia escuchamos que las empresas no son ONGs, que una cosa son los criterios éticos que nos sirven para solucionar los elementos de nuestra vida y otra son los criterios que hay que utilizar en la economía para poder ganar más… Es muy habitual encontrar a personas que utilizan unos criterios diferentes para su vida y para sus actividades económicas, no solo entre los no cristianos sino también entre los cristianos. Algunos de estos últimos intentan, de buena fe, aplicar los valores cristianos de la bondad, la solidaridad y el amor en su comportamiento diario y en la práctica totalidad de sus actividades cotidiana mientras que, en los asuntos económicos, sus criterios son diferentes y es el dinero el que gobierna sus actuaciones de manera que ven imposible aplicar los mismos valores que en su vida diaria.

La ética es molesta a la economía del beneficio

Por ello Francisco avisa sobre el peligro de poner la economía al servicio del dinero. Tal y como ya hizo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate, nos alerta sobre la absolutización del mercado. Cuando este es el único criterio de actuación y todo se tiene que hacer por y para él, la ética es una molestia y los criterios que utilizamos para nuestra vida aparecen como peligrosos, sospechosos y contraproducentes desde un punto de vista exclusivamente economicista. El mundo económico se muestra así, con frecuencia, como enemigo de la ética, enemigo de los criterios cristianos de actuación, enemigo del bien común, enemigo de la solidaridad o de la gratuidad… Todo esto es sospechoso a los ojos de la economía y quienes utilizan estos criterios para las actividades económicas aparecen o bien como ignorantes o ingenuos, o bien como personas que están yendo en contra del interés general…

La alternativa ética

Ante esta opción Francisco anima a que introduzcamos la ética en la economía. A que el dinero se ponga al servicio de la sociedad (como debería ser su verdadera vocación) avisando de que no compartir con los pobres es similar a robarles. Por ello realiza un llamamiento a introducir en la economía la solidaridad, la ayuda a los pobres, la promoción del más desfavorecido, la economía debe estar al servicio de este objetivo y ponerse decididamente del lado de quien peor lo pasa. Al final, hay que tener en cuenta lo que magistralmente dijo Benedicto XVI en el número 36 de su Encíclica Caritas in Veritate: “no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo”

Animar a los políticos a ser valientes

Francisco no es un iluso o un insensato. Sabe que para un cambio de esta índole se necesitan políticos valientes, que superen la gran cantidad de obstáculos que tiene esta manera de entender la economía y que tengan una clara visión de futuro. Por ello anima a aquellos que tengan puestos de responsabilidad a afrontar este reto con energía, determinación y realismo. Por ello exhorta a todos “a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”

 

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No a la nueva idolatría del dinero

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 3, Marzo 2014, pág: 12 y 13

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Sigo analizando (tal y como comencé el pasado mes) los aspectos económicos de la exhortación apostólica Evantelii Gaudium. El siguiente punto económico que trata esta se titula así, “no a la nueva idolatría del dinero” (55-56). Y comienzo discrepando en el título de este apartado porque, si bien las maneras en las que se lleva a cabo podemos considerarlas nuevas (si lo miramos en una perspectiva histórica y pensamos que solamente llevamos alrededor de ciento cincuenta años haciéndolo así), la idolatría del dinero no es algo nuevo y es la misma que ya se encontró Jesucristo cuando estuvo con nosotros hace alrededor de dos mil años…

Condenar el amor al dinero

De hecho, los evangelios ya recogen palabras de Jesús referidas a este mismo tema: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.” (Mt. 6, 24). Poner la prioridad en el dinero es contrario a la fe en Jesucristo. No podemos considerarnos cristianos verdaderos si dirigimos nuestros afanes en la dirección de ganar más, en la de tener, en la de lograr que se incremente nuestra bolsa. De hecho, San Pablo lo tiene tan claro que en su carta a Timoteo no duda en afirmar que “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tim 6, 9-10) Esto ya llevó a que San Juan Crisóstomo afirmara en un sermón dedicado a esta carta que “el amor que el usurero profesa al dinero es mucho más grave que el amor carnal más desordenado”. Por todo ello sabemos que el amor al dinero, el poner el dinero por encima de otras cosas, el organizarlo todo para tener más es, desde el punto de vista cristiano, una actitud que no solo va en contra de nuestra propia fe, sino que también puede calificarse como la raíz de todos los males y el origen de muchos sufrimientos.

Una sociedad basada en el beneficio

Siendo esto así, no es de extrañar que Francisco utilice palabras tan duras para condenar nuestra sociedad actual. Porque, desgraciadamente (y tal vez aquí radica la novedad que señala Francisco en su título) estamos en un sistema económico donde lo que prima es ganar más. El amor al dinero pasa a ser, no solo legítimo, sino necesario en un sistema que encumbra y favorece a aquellos que tienen la facilidad o la suerte de ganar más. Nuestra sociedad deja de preocuparse por las personas, por aquellos que están peor, para ensalzar a aquellos que consiguen mayores ingresos, para potenciar que quien quiera tener más lo consiga y pueda apropiarse de sus beneficios sin excesivas trabas. De este modo, las personas se subordinan a los beneficios, no interesa mejorar a otros sino acumular, lograr mayores beneficios.

También a escala familiar

Y uno podría consolarse pensando que este amor al dinero se da solamente a escala política o de las empresas, pero fácilmente podemos darnos cuenta de que esto no es así. Nuestras familias, lo que los economistas denominamos economías domésticas, también estamos impregnados de este amor al dinero. Buscamos tener mayores salarios, conseguir mayores intereses con el dinero que tenemos en el banco, lograr ingresos extraordinarios gracias a operaciones en bolsa o en otros activos financieros… Ya hablé en estas mismas páginas de cómo esta intención de tener más ingresos fue una de las causas que llevó a mucha gente a la compra de preferentes y otros productos financieros…

Vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Por todo ello, Francisco nos ofrece aquí la alternativa que nos invita a seguir. Ante ese amor al dinero castrador, que nos impide centrarnos en la persona, amar a quien tenemos al lado, preocuparnos por los más desfavorecidos… Nos propone la construcción de una economía y unas finanzas que estén mirando al ser humano y no a los beneficios. Que se impregnen de un comportamiento ético ante una actividad que parece olvidar la ética y está repleta, no solo de corrupción, sino también de comportamientos en los que “todo vale” para lograr esos beneficios que me exigen el sistema, mis ambiciones y los clientes o propietarios que me contratan.

Esta propuesta sirve también para el ámbito familiar. Ante esa legitimación que hacemos de que cualquier cosa vale para lograr más, ante esas ganas de no perder dinero, de buscar siempre lo más barato para poder comprar más, tenemos que introducir criterios éticos en nuestras compras, en nuestros ahorros, en nuestro comportamiento económico diario. Así podremos concentrar nuestras energías en lo realmente importante y no en “afanes absurdos y nocivos que nos hunden en la perdición y en la ruina”…

 
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Publicado por en marzo 19, 2014 en ética económica

 

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“¿Crecimiento o decrecimiento? A propósito de los últimos 50 años”

Artículo publicado en Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales, n.º 42. Noviembre de 2013, pp. 220-237, Fundación Pablo VI.

Se trata de un artículo que profundiza en las ideas de crecimiento y decrecimiento viendo sus características principales para ver si son ambos buenos objetivos económicos o si pueden considerarse más como intrumentos que como objetivos. A la vista de los resultados, realiza una propuesta sobre cuál podría ser el objetivo económico más pausible en nuestra actual situación.

sociedad y utopía

Aquí tienes el artículo completo:

 

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Nueva colección “Cuadernos de ética en clave cotidiana”

Hemos comenzado una nueva colección que tiene como objetivo que los no especialistas tengan un acceso fácil a propuestas éticas sobre temas clave y de actualidad. Se trata de unos cuadernos sencillos, breves y rigurosos en los que podremos ver análisis y propuestas éticas que nos servirán para poder opinar y actuar de una manera fundamentada en los temas tratados.

Los cuadernos se encuentran en formato online con acceso gratuito en http://www.piensaenello.org/services/publicaciones/

Si quieres suscribirte a ellos en papel o tener más información puedes hacerlo en el siguiente enlace:

http://funderetica.org/cuadernos-de-etica-en-clave-cotidiana/

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Los dos primeros cuadernos de la colección son: “El don que transforma, una mirada a la moral desde el carisma redentorista” un cuaderno muy teolótico pero muy sugerente y el segundo se titula “Bases éticas para la mejora de nuestra organización económica y política” en el que aportamos una reflexión ética sobre hacia dónde deberíamos dirigir el cambio de nuestra organización política y económica.

 

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No a una economía de la exclusión

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 2, Febrero 2014, pág: 12 y 13

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La Evangelii Gaudium de Francisco

El pasado 24 de Noviembre, Francisco, nuestro Obispo de Roma, publicaba una Exhortación Apostólica titulada Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En ella (como no podía ser de otro modo ya que los asuntos sociales son parte integrante de la evangelización) se tocaron temas económicos. Durante los próximos artículos de esta serie voy a repasar algunos de ellos. No va a ser un análisis exhaustivo de los contenidos del documento, sino tan solo un breve comentario de aquellos que por su contenido económico, entran dentro de la temática que suelo tratar en estos artículos. Creo que esto nos puede ayudar mejorar nuestras actitudes y poner nuestro granito de arena en el anuncio de esa buena noticia en la que creemos los cristianos.

Nos falta compasión

Los números 53 y 54 de la exhortación se titulan como este artículo: “No a una economía de la exclusión”. Francisco toca, a mi modo de ver, dos temas clave en la sociedad actual y en su manera de organizar los temas económicos. El primero es la falta de compasión de muchas personas y de la sociedad. Hemos olvidado esta gran virtud que es una de las principales fuentes de la caridad y el amor. Ser compasivo es tener capacidad de sufrir con el otro, lo que los psicólogos denominan empatía. Es decir, ser capaz de ponerte en la situación del otro, de pensar como él piensa, de sufrir como él sufre, de alegrarte como y cuando él se alegra… Una organización económica en la que lo principal es tener más, en la que lo que se potencia es que miremos a nuestro ombligo y nos olvidemos de los demás, embota nuestra capacidad para ser compasivos.

Por ello, cuando vemos a las personas que lo pasan mal, cuando nos encontramos ante los fenómenos del hambre y de la pobreza, permanecemos indiferentes, conseguimos que no nos afecte… Francisco lo denomina la “globalización de la indiferencia”. Lo vemos todo como si estuviésemos al otro lado de la pantalla, no nos sentimos hermanos de nuestro prójimo sino que pensamos que son “ellos” los que están mal, no “nosotros”. Parece que olvidamos que todos somos hijos del mismo Dios, que todos somos hermanos, que todos somos: nosotros…

Una economía que produce “deshechos”

Por ello, ante una economía que deja detrás a muchas personas, que no se interesa por los que menos tienen y los descarta convirtiéndolos en “Sobrantes”, en “deshechos” (como los denomina Francisco), no nos escandalizamos. Lo que nos preocupa es poder adquirir aquellas novedades que nos trae el mercado, saber que vamos a tener lo que deseamos y mantener el estatus en el que nos encontramos. Por ello apoyamos un sistema económico que, aunque no llega a todos por igual, nos mantiene en nuestra posición. Estamos convencidos la manera de organizarnos beneficia a todos y es un buen modo de luchar contra la pobreza porque genera crecimiento económico y, si hay más, podremos repartir más…

Y esta es la segunda idea clave que creo que quiere transmitirnos Francisco en estos dos apartados. No podemos seguir creyendo ciegamente en un sistema económico que no es compasivo, que genera unas basuras que no solo son contaminantes, sino que son humanas. Los “sobrantes” son personas que no cuentan, que no se benefician del común, que quedan a un lado. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico va a solucionar esto, en que cuando nos recuperemos de la crisis estas personas que ya no cuentan van a pasar a ser importantes, van a dejar de ser “deshechos”. El crecimiento por si mismo no va a acabar con esto…

Incluir la compasión en nuestro comportamiento económico

Por ello, el mensaje que a mi juicio nos envía Francisco es claro. Nos anima a ser más compasivos. La alegría del evangelio no se puede vivir sin compasión, sin ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Conseguirlo nos permite comprender a nuestro prójimo, asumir sus anhelos y convivir y compartir con él sus esperanzas e ilusiones. También supone conocerlo mejor, sufrir con el otro y estar con él cuando lo necesita. Pero para ello, precisamos de una organización económica que también sea compasiva, que vea el sufrimiento de quien peor está y se desviva por él, que no genere “sobrantes” ni deje a un lado a aquellos que no tienen suficiente.

Hay que buscar una sociedad inclusiva en la que todos puedan participar, en la que nadie quede descartado por tener poco. Una sociedad que sea sensible a esas realidades que quedan fuera. Por ello, Francisco nos anima a los cristianos a decir NO a esta economía de la exclusión, a esta economía egoísta que genera tanto sufrimiento en aquellos que se ven descartados de su riqueza y SÍ a una economía construida en clave compasiva, en clave de de amor, una economía que se centre en las necesidades de quienes peor están…

 
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Publicado por en febrero 17, 2014 en ética económica

 

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¿Y ahora qué? Apuntes económicos sobre sanidad pública.

Artículo publicado en el periódico Las Provincias, domingo 2 de Febrero de 2014, página 34

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Las últimas noticias nos dicen que la comunidad de Madrid ha desistido en su plan privatizador de algunos hospitales públicos madrileños. La dimisión del consejero de sanidad y el nombramiento de otro nuevo, son una prueba palpable de esta decisión y de la voluntad de tomar un rumbo diferente para solucionar algunos aparentes problemas de la sanidad pública madrileña. Además, el hecho de ser la primera Comunidad Autónoma que había tomado este camino, hacía que otras estuviesen esperando para ver sus resultados por lo que esta situación tiene unas repercusiones de alcance nacional.

Supongo que la situación de los responsables políticos de la comunidad de Madrid deberá ser, al menos, de perplejidad. Cuando has tomado un camino firme a pesar de una fuerte oposición popular y aquello que has defendido durante tiempo se desmonta y tienes que retirar tu posición, debes encontrarte desorientado, sin rumbo, sin saber exactamente cuál qué hacer entonces. Si esto es así, escribo este artículo para dar unas ideas sobre qué hacer, qué rumbo tomar, qué sendas transitar. Unas ideas abiertas al debate público pero que pueden ayudar al nuevo responsable de esta Comunidad y a los de otras que estaban expectantes con lo que pasaba en Madrid, para orientar su acción pública en el campo de la sanidad.

La primera idea que me gustaría recordar es por qué es importante un sistema de salud en una sociedad, o dicho de otra manera, que esperamos del sistema sanitario la práctica totalidad de los ciudadanos. Pues bien, aunque parezca obvio, consideramos buenos a nuestros hospitales, a nuestros centros de salud, a nuestro sistema sanitario si atienden bien a sus pacientes, si consiguen curar satisfactoriamente las enfermedades, si son capaces de preverlas… Por lo tanto, el principal objetivo de un sistema sanitario es dar servicio a los ciudadanos. Un sistema será bueno, si cumple bien este objetivo, si ayuda realmente a las personas enfermas. Si se quiere mejorar la sanidad hay perseguir este objetivo primordial y la bondad o no del modelo deberá ser medido por estos parámetros. Cuando olvidamos esto, estamos haciendo un flaco servicio a la ciudadanía y a la función esencial que tiene todo sistema sanitario. Sé que lo que digo debería ser obvio, pero en ocasiones no lo parece…

En segundo lugar, hay que tener en cuenta los límites económicos. Para lograr el objetivo principal se necesitan unos recursos y estos no son infinitos. No podemos pensar que existe un pozo sin fondo del que podemos sacar recursos sin fin. Esto lleva a que la prioridad sanitaria debe combinarse con un uso racional de los recursos. Evitar el despilfarro, aplicar aquellas estrategias que pueden lograr la excelencia sanitaria con un gasto menor, evitar aquellos gastos que no repercuten en una mejora sanitaria, son objetivos secundarios que hay que aplicar para garantizar que los primeros pueden seguir dándose. De este modo, el ahorro puede convertirse en una manera de lograr mejorar las condiciones sanitarias y el servicio en salud que se ofrece. En la medida que se gasta menos para lograr lo mismo, se liberan recursos que pueden centrarse en lo importante, la atención sanitaria de las personas…

Algunos afirman que esto último lo hacen mejor las empresas privadas. Suponiendo que esto fuese así (que no siempre tiene porque serlo) lo que debe hacer el gobierno de turno es aplicar esas medidas o esas maneras de gestionar la salud en sus propios centros públicos. Si la centralización de compras, la reducción del número de menús, el control del material se han demostrado eficaces para lograr ahorros sin que estos repercutan en un peor servicio sanitario ¿Por qué no aplicarlos a la gestión pública? En este sentido, existen estudios rigurosos que aportan evidencias empíricas de medidas eficaces que han logrado ahorros en la gestión sin necesidad de perjudicar a los pacientes, sino todo lo contrario, ya que el dinero liberado se puede utilizar para aquellas acciones que tienen unas consecuencias directas sobre ellos.

Además de estas medidas, hay que tener en cuenta que el mayor activo de la sanidad pública son sus trabajadores, médicos, enfermeros, auxiliares y cualquier otro personal que trabaje con ellos codo con codo. El gobierno que dirige la sanidad pública debe ser capaz de liderar este conjunto de personas para que logren los objetivos sanitarios de una manera eficaz y poniendo todo su ser en ello. El personal sanitario es un personal muy vocacional y entregado a su trabajo porque saben que de ellos dependen la salud y la vida de las personas y porque les toca afrontar día a día, realidades críticas y difíciles como son las que se derivan de la enfermedad propia o de los seres queridos… Por ello, facilitar la motivación de este personal (ya de por si motivado por su propia vocación) y potenciar todo lo bueno que hacen y saben hacer es una labor de liderazgo y dirección que deben potenciar los responsables de la sanidad pública.

Por último, para lograr el objetivo prioritario de la sanidad, hay que potenciar la participación de todos en las estrategias y en las acciones a llevar a cabo. Los equipos directivos deben trabajar conjuntamente con su personal y con los afectados para elaborar sus estrategias y actuaciones. Si se quieren adoptar estrategias que logren mejorar el servicio sanitario e intentar que esto se haga utilizando menos recursos para poder llegar a más (o al menos a lo mismo) quienes están trabajando en el día a día sanitario tienen también algo que decir y que aportar. Deben, por ello, articularse sistemas de consulta, de diálogo, de participación. Es necesario que todos se sientan importantes e involucrados en esa preciosa labor de sanar a los enfermos tan necesaria para una sociedad. En este sentido, creo que también es importante la existencia y utilización real de los comités éticos, ya que muchas de las cuestiones a abordar tienen un componente ético importante. Dar la debida relevancia a estos comités ayuda a la hora de tomar decisiones que tienen unas implicaciones humanas vitales…

 

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La vida económica de los cristianos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 1, Enero 2014, pág: 12-13

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La vida económica de los cristianos 2

Y lo poseían todo en común…

Quiero recordar, ahora que han pasado las fiestas navideñas, ese pasaje de los hechos de los apóstoles en el que se describía cómo era la vida en sus primeras comunidades: “Nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común… Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba” (Hch, 4, 32-35) Muchos se pueden pensar que esto era una idealización, que realmente no sucedía así. Evidentemente, esta descripción no ahonda en las dificultades que presentaba este plan de vida, pero tal y como descubrí a través de la lectura de la Historia de Roma del periodista italiano Andro Montanelli, no solo no era irreal, sino que algún autor romano como Luciano afirmaba que los cristianos eran “imbéciles que juntan todo lo que poseen” y Tertuliano decía “que ponen junto lo que los demás tienen separado y tienen separado la única cosa que los demás ponen junto, la mujer”. Es decir, que la característica que más llamaba la atención a los no cristianos de estos era, precisamente, de componente económico.

¿Nos sucede lo mismo a nosotros hoy en día?

El primer interrogante que nos plantea este hecho es pensar si a los cristianos también se nos reconoce hoy, precisamente, por este aspecto. Es decir, si cuando los no cristianos nos describen, lo hacen también a través de nuestro comportamiento económico. Creo que la respuesta es claramente negativa. Seguimos observando a no cristianos que se refieren a nosotros de manera despectiva o irónica (como hacían los dos escritores romanos) pero no lo hacen por el tema económico sino por otras cuestiones… Esto nos lleva un poco más allá ya que, si los primeros cristianos veían la cuestión económica como algo clave de su vida de fe y esto no sucede en nuestras comunidades en la actualidad ¿Quiere decir que hemos despojado nuestra fe de algo intrínseco a ella?

Podría contestar de una manera directa a esta cuestión, pero creo que es mejor dejar esto para Francisco, el obispo de Roma, que en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos habla de “la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” (176) “El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad.” (177)

El compromiso comunitario con otra economía y con los más desfavorecidos

Es Francisco quien, en esta exhortación que habla sobre el anuncio de nuestra buena noticia, insiste en varios temas económicos que debemos tener en cuenta a la hora de explicitar nuestra fe. El obispo de Roma nos plantea los desafíos económicos que presenta el mundo actual y que intentan tambalear los cimientos de nuestra fe: la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, el dinero que gobierna en lugar de servir, la inequidad que genera violencia. Se trata de elementos que priman en nuestro tiempo y que muchas veces impregnan el comportamiento económico de los cristianos ya que, sin querer (o de una manera consciente) respaldamos estas maneras de entender el quehacer económico ante las que Francisco dice, simplemente, “no”.

Pero además indica, tal y como he señalado en las citas que he transcrito más arriba, que el anuncio de esta buena noticia conlleva necesariamente un compromiso social. Por ello dedica el capítulo cuarto de la exhortación a “La dimensión social de la evangelización”. En él nos muestra cómo no se puede soslayar el elemento social en nuestra fe y como este supone la prioridad de los más pobres, una opción preferencial por ellos. Como los cristianos debemos comprometernos en la resolución de los problemas de los pobres ya que califica a “la inequidad como la raíz de los males sociales” (201). Por ello “¡Ruega al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pue­blo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.” (205)

Para que surjan estos políticos, necesitamos comunidades cristianas en las que el compromiso económico con los más desfavorecidos y el “ponerlo todo en común” sean el comportamiento normal. Necesitamos cristianos que sean reconocidos como tales, no por sus ideas doctrinales, sino por su comportamiento diario, por su compromiso social por los más desfavorecidos, por sus anhelos de construir esa sociedad en la que lo normal sea el comportamiento ético, la solidaridad mundial, la distribución de los bienes, la dignidad de los débiles, el compromiso por la justicia y la preservación de las fuentes de trabajo (203)

 
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Publicado por en enero 20, 2014 en ética económica

 

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Empresas sociales para lograr un objetivo público

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1555, enero 2014, pág: 13-14

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El pasado mes analicé la polémica que existe entre la consecución de objetivos públicos a través de empresas privadas o de empresas públicas. No lo hice de una manera exhaustiva sino que me centré en tres puntos: a) La comparación entre un tipo de gestión y el otro y el fracaso de los gestores públicos que privatizan. b) El debate sobre si la prioridad del sector público debe ser lograr reducir sus costes o dar unos servicios adecuados y de calidad. c) La idea de si lo mejor para una sociedad es que el dinero esté en los bolsillos de quien lo gana, por lo que siempre es mejor rebajar los impuestos, o si, por el contrario, la utilización pública de nuestros fondos es una opción válida.

Evidentemente, el análisis quedo falto de un remate, en especial para reflexionar sobre si el ofrecimiento de servicios públicos a través de empresas privadas es una política positiva para la sociedad o no. En este debate, algunos consideran que la empresa privada es un mal a extirpar, que esta clase de organización tiene una manera de comportarse que trae problemas a la sociedad en su conjunto y por ello, el sector público no debería dejar en sus manos la gestión de ninguno de los bienes o servicios públicos que gestiona.

Esta idea se basa en la existencia de empresas que solamente resultan positivas para aquellos que han invertido su dinero en ellas, mientras que sus trabajadores son considerados únicamente como un coste de producción que debe ser minimizado a toda costa. Para ellas la calidad del servicio debe de ser la mínima para poder seguir vendiendo el producto y generando beneficios, pero no hay una preocupación finalista por el producto y su calidad, sino que estos son solamente un medio para lograr otro fin.

Sin embargo no todas las empresas son así, la empresa privada no tiene por qué ser siempre algo que vaya en contra del bien común o de la mejora de la sociedad. Las empresas como organizaciones cumplen tres funciones esenciales en la sociedad que son las de producir bienes y servicios útiles, permitir que las personas unamos nuestros esfuerzos para aportar este grano de arena a la mejora de nuestro entorno y ser un medio para que nos ganemos la vida de una manera digna y podamos desarrollarnos como seres humanos creciendo en madurez y sabiduría.

Aquí está el punto clave en el que se encuentra la frontera entre la clase de gestión que preferimos a la hora de producir y ofrecer un servicio o bien público. Si una gestión solo está concentrada en la consecución de un determinado rendimiento para sus accionistas y no tiene una preocupación esencial por la calidad del servicio o por las condiciones laborales de su plantilla, no es deseable independientemente de que sea privada o pública. Si una gestión reinvierte su beneficios para la mejora social, tiene una gran preocupación por la calidad y por el bienestar de sus trabajadores, cumple criterios éticos y mejora la sociedad en la que trabaja, entonces parece evidente que desde una visión del bien común y de mejora de los servicios para los ciudadanos, podemos optar por ella independientemente de que sea pública o privada.

Si nosotros tuviésemos garantías de que las empresas privadas cumplen estos últimos requisitos pensaríamos que no está mal que estas empresas ofrezcan bienes y servicios públicos, porque lo pueden hacer tan bien como el sector público o más. Es por ello que cuando una organización como Cáritas o una fundación sin ánimo de lucro y con elevada vocación social es pagada por la administración para gestionar un servicio o la producción de un bien público, la población lo considera positivo en general. La vocación por el bien común de la asociación es vista como una garantía de que se van a cumplir los objetivos públicos de la acción.

Ahora bien, esta percepción puede ser tramposa. Si el pliego de condiciones que pone la administración para ofrecer el servicio está centrado en la reducción de costes, o en el cumplimiento de criterios exclusivamente economicistas, puede ser que la empresa o asociación que lo ofrece se vea obligada a renunciar a su filosofía de actuación para lograr cumplir las condiciones que se le exigen. De este modo, a pesar de encontrarnos ante asociaciones que, desde un punto de vista teórico, buscan precisamente la consecución de objetivos sociales, en la práctica se ven imposibilitados de hacerlo en condiciones debido a las exigencias de un sector público que solo busca ahorrar costes.

Por ello creo que la clave está, ya no tanto en si se trata de una organización pública o privada, sino en las condiciones de contratación del sector público. Si sus criterios se basan en que los contratistas cumplan unas condiciones éticas irrenunciables y se controla bien que realmente lo hagan así como la calidad del servicio que se ofrece, la diferencia entre público y privado deja de ser clara e importante, ya que en ambos casos, el proceso de producción y ofrecimiento del bien o servicio público cumple con los necesarios requisitos sociales. Si esto no es así, ciertamente, la producción a través de empresas privadas puede actuar en detrimento de la calidad del servicio público y del entorno social (como también lo haría la gestión pública si se realiza con criterios mercantilistas).

Esto puede servir de guía también para las asociaciones y empresas que realizan esta clase de servicios. Las empresas y asociaciones con alta responsabilidad social deben exigir a las administraciones que los pliegos de condiciones para la contratación y el control posterior de las mismas exijan estos criterios éticos a los contratistas, que estos sean un requisito imprescindible para cualquier contratación. Si no es así, si para lograr la financiación pública la asociación deben renunciar a sus criterios propios o tienen que empeorar el servicios porque se ven obligadas a entrar en una dinámica en la que solamente vale la racionalidad mercantil, creo sinceramente que deben plantearse muy seriamente si siguen realizando esa labor para la administración.

 

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Objetivos públicos-Gestión privada: ¿Lo más barato?

Artículo Publicado en Noticias Obreras nº 1554, Diciembre 2013, páginas: 12-13Objetivos públicos, gestión privada 1Objetivos públicos, gestión privada 2

En estos últimos años estamos asistiendo a la continuidad de una tendencia que ya había comenzado mucho antes de la crisis. Se trata de la sustitución de lo público por lo privado. Campos de actuación en los que lo público tiene una responsabilidad fijada o bien por nuestra constitución o bien por alguna de nuestras leyes, pasan a ser gestionadas de una manera privada. Esta es una cuestión muy debatida y controvertida. No pretendo dar aquí una respuesta cerrada a esta polémica, sino entre este y el siguiente artículo, aportar algunas claves de reflexión que puedan iluminar este tema.

En un primer lugar cabría pensar que este traspaso a lo privado supone reconocer un fracaso rotundo de los gestores de lo público que administran el servicio a privatizar. Cuando escucho a algún político decir que quiere privatizar un servicio porque así va a ser gestionado mejor y de una manera más económica, pienso inmediatamente en por qué no aplica esos criterios de gestión él a su empresa o servicio público en lugar de dejar que lo hagan otros. Si es porque no puede o no sabe ¿Acaso no es esto reconocer su inoperancia? Desde mi punto de vista habría que cambiar a este responsable por otro que supiese hacerlo, porque si una empresa privada puede aplicar otros criterios mejores para la gestión ¿Por qué no va a hacerlo la pública? Claro que si estos se basan en pagar bajos salarios, o en realizar contratos en malas condiciones, la afirmación inicial de que la empresa privada lo hace mejor, se cae por su propio peso…

De hecho, si estamos hablando de una empresa privada con ánimo de lucro, sus accionistas querrán sacar un determinado rendimiento, lo que hará que la administración tenga que pagar más de lo que le cuesta a la empresa producir el bien (la diferencia son los beneficios a los inversores) ¿No sería mejor contratar a estos gestores y que ese ahorro sirviese para más servicios en lugar de para remunerar a los accionistas de esta empresa?

El análisis anterior está soslayando una de las suposiciones que hay detrás de este posicionamiento y que es clave para dimensionar el debate. Nos referimos a lo que piensan quienes defienden la privatización. Es decir, que lo importante es que un servicio se ofrezca lo más barato posible y le salga al sector público lo más económico que pueda, ya que donde mejor está el dinero es en el bolsillo del contribuyente y no en las arcas públicas. Esto supone que cualquier ahorro que se pueda conseguir, va a ser bueno para la ciudadanía en general.

Vamos a revisar esta idea. Lo primero que deberíamos preguntarnos es si el interés público está en dar un servicio adecuado y de calidad para cumplir la función asignada a este o si, por el contrario, lo único que queremos es que sea barato. Si lo que pretendemos es lo primero, lograrlo puede ser incompatible con que sea muy barato. Es más, lo más económico sale, con mucha frecuencia, caro a la larga. Por ello, lo primero que nos debemos plantear es cual es el objetivo público ¿Un buen servicio o un servicio barato? Evidentemente, una vez alcanzada la calidad necesaria, la excelencia que el bien o servicio requiere, es bueno hacer esfuerzos para que esto se consiga con el menor coste posible y sin derroches o dispendios innecesarios. Pero este es un objetivo secundario, no el primario.

Si se piensa así, solamente deberían permitirse aquellos sistemas de ahorro que no deteriorasen el objetivo principal de ofrecer un servicio adecuado y de calidad. En este sentido, no es lo mismo ahorrar aplicando modelos de gestión que incrementen la productividad de los trabajadores y de la organización, motivando a los trabajadores para que realicen mejor y más a gusto sus labores, que conseguirlo a través de pagar peor a los empleados o utilizar bienes y servicios de peor calidad.

Esto nos lleva directamente a analizar la segunda cuestión, es decir, si el dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes que en las arcas públicas o no. Quienes defienden lo primero argumentan que quien gana el dinero debe tener la libertad de gastarlo en aquello que desee y que ese es el mejor destino que se le puede dar a sus ingresos. Aunque esta idea puede ser correcta en esencia, sabemos que no todos los usos del dinero son buenos para la vida en sociedad o para la mejora de los demás. Los comportamientos avariciosos, de búsqueda de la acumulación, en los que se sacraliza el afán de tener más, no tienen por qué ser positivos para el conjunto. De hecho, la mayoría de las veces, si no se limitan, destrozan el mercado y las condiciones de vida de aquellos que están en peores condiciones.

Además, para poder ganar dinero, necesitamos una sociedad que funcione correctamente, que tenga una organización adecuada de la que nos beneficiemos todos, que los más desfavorecidos puedan tener unos niveles de vida dignos para que puedan colaborar en la mejora común… Todo ello no se consigue a través de las acciones individuales y aisladas de cada uno, sino a través de las acciones comunes y de la cooperación entre los miembros de una sociedad. Por ello, no es verdad que el dinero siempre esté mejor en las manos de quien lo gana o en manos individuales, con frecuencia los fondos que se ponen en común, que buscan conseguir estos objetivos societarios, tienen un uso tan positivo o más, que aquellos que utilizamos solo para nosotros.

De este modo, no podemos centrar la actuación pública en ahorrar para que tengamos más dinero en nuestros bolsillos, sino que hay que centrarse en que los servicios que ofrecemos entre todos y que aquello que gestionamos de una manera pública, tenga los mejores resultados posibles, consiga sus objetivos. Ello, de la manera más barata posible, claro está, pero este debe ser un objetivo secundario una vez alcanzado lo primero. Es evidente que esto tiene una relación muy directa en el debate entre lo privado (teóricamente más barato) y lo público (teóricamente más caro) que acabaré de perfilar en el próximo artículo.

 

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