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¿Para quién son los bienes de la tierra?

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 9, Octubre 2016, pág: 26 y 27

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En una sociedad como la nuestra en la que la obsesión por tener más impregna la acción política y nuestro día a día económico, vale la pena que hagamos una reflexión sobre para quién son los bienes de esta tierra. Porque oímos con frecuencia que hay que potenciar el crecimiento económico, que necesitamos de gobernantes que incrementen nuestro nivel de vida, que logren que podamos seguir disfrutando de todos los bienes de los que gozamos en la actualidad. Sin embargo, a pesar de que este objetivo se consigue normalmente y a largo plazo el crecimiento económico es elevado y la renta por habitante en nuestros países crece, siguen habiendo personas que no se aprovechan mucho de este crecimiento y no permanecen en niveles de renta muy bajos.

El principio

En el primer capítulo del génesis ya queda claro quienes son los principales destinatarios de la creación, de ese lugar en el que todos vivimos. Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza e, inmediatamente después de bendecirlos, les entrega toda la creación para que la cuiden, para que la respeten y para que sean responsables de ella (Gen 1, 27-29). Nuestro mundo es un regalo para todo el género humano. Dios no se lo ofrece en particular a algunas personas, a algún grupo privilegiado que tiene la responsabilidad de la creación por encima de otros, no, los bienes de la tierra están destinados a todas las personas. En la tradición cristiana esto se ha denominado el destino universal de los bienes, la creación es para todos, no solo para unos pocos.

El destino universal de los bienes

El destino universal de los bienes está ligado al concepto de igualdad tan arraigado en el cristianismo. Todas las personas somos imagen y semejanza de Dios por lo que todas somos iguales. Lo expresó muy bien San Pablo en su carta a los gálatas (3,28) “Ya no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, pues con Cristo Jesús todos sois uno”. Todos somos iguales por lo que si todos pertenecemos al género humano en régimen de igualdad, todos tenemos derecho a nuestra parcela de creación, los bienes de la tierra también nos pertenecen. Considerando además que esa igualdad básica de todas las personas viene acompañada de la necesidad de unos bienes mínimos que nos permitan vivir y ser libres, o dicho de otro modo, que nos permitan ser personas en plenitud, podemos deducir fácilmente que todos tenemos derecho, simplemente por el hecho de haber nacido, a una parte de los bienes de nuestra tierra que nos permita, al menos, tener una vida digna en el lugar en el que habitamos. El destino universal de los bienes genera un derecho a disfrutar de nuestra porción de la creación, de nuestro regalo divino. Se trata de un derecho del que disfrutamos todos y cada uno de los habitantes de esta tierra.

Responsabilidad compartida

El regalo de la creación y el mandato del génesis de “someterla” lleva aparejada una gran responsabilidad para todo el género humano que acarrea tres labores diferentes pero complementarias. Por un lado tenemos que conservarla y mantenerla para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de ella. Por otro lado, hay que hacerla fructificar para que con nuestra colaboración podamos recrear lo que nos ha sido dado de modo que logremos, con una buena gestión, que haya suficiente para todos, que los bienes de la tierra crezcan y se multipliquen para permitir que todas las personas puedan vivir dignamente. Por último, tenemos la responsabilidad de que el reparto llegue a todos. Si bien, no es necesario que sea equitativo, al menos toda persona debería tener su parte de la creación para poder vivir de una manera digna. Por ello, debemos articular sistemas para que este reparto sea justo y llegue de este modo a todos.

Hemos olvidado y confundido nuestras obligaciones con respecto a los bienes y la creación

Sin embargo, con frecuencia hemos olvidado dos de estas responsabilidades y confundido la tercera. Nuestro obispo de Roma Francisco ha denunciado el olvido del cuidado de la creación en su encíclica Laudato si. Allí denuncia cómo parece que la creación solamente hay que explotarla y no cuidarla. También hemos descuidado la última de nuestras responsabilidades, la de garantizar un reparto justo de los bienes de la tierra. Nuestro sistema económico no garantiza que todas las personas tengan lo suficiente para vivir a pesar de que hay bienes para todos en nuestra tierra. Nos hemos centrado únicamente en lograr que la creación se multiplique para tener más olvidando, con frecuencia, nuestras otras dos responsabilidades (la ecológica y la distributiva). Ahora bien, esta búsqueda de que la creación fructifique y permita que haya más bienes para vivir, ha tomado un camino equivocado, porque tener más solamente tiene sentido si se logra que todos tengan lo suficiente para vivir y si esto se hace respetando y cuidando la creación. Cuando se tiene más solo para unos pocos, centrándose en los bienes superfluos y explotando los recursos sin respetar los ciclos naturales ni garantizar su sostenimiento futuro, la responsabilidad que nos supone el Destino Universal de los Bienes queda totalmente distorsionada y se convierte en un horizonte económico que no atiende a este principio básico de nuestra Doctrina Social de la Iglesia.

 

 

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Conferencia “Análisis y propuestas frente a la pobreza en el mundo”

El 14 de Octubre impartí una conferencia en Las Palmas de Gran Canaria sobre “Análisis y propuestas frente a la pobreza en el mundo”

Aquí tenéis el archivo de audio de esta conferencia que podéis escuchar si queréis saber más cosas sobre este tema

http://www.ivoox.com/playerivoox_ee_9024042_1.html

conferencia canarias

Y si os conformáis con una breve crónica de la conferencia aquí la tenéis

http://centroloyolacanarias.org/conferencias/temas-sociales/

 
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Publicado por en octubre 26, 2015 en Desarrollo económico

 

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¿Refugiados o inmigrantes económicos? Debate equivocado

Artículo publicado por el periódico “Las provincias” el domingo 20 de Septiembre de 2015 en su página 34

Refugiados o inmigrantes económicos debate equivocado

La denominada crisis de los refugiados que estamos viviendo en Europa nos está dejando frases peculiares y actitudes sobre las que vale la pena reflexionar. En este artículo no pretendo repasar todas ellas, pero sí centrarme en dos cuyo contenido económico creo esencial para hacer una reflexión sobre la humanidad de nuestro sistema económico y social. La primera es la que apuntaron los primeros ministros de los gobiernos español y británico: “Hay que diferenciar a los refugiados de los inmigrantes económicos” (4 de septiembre de 2015). Esta diferenciación se basa en los motivos por los que alguien abandona su país. En el caso de los refugiados, el motivo principal es el de guerra o persecución política, mientras que en el caso de los económicos, la expectativa de mejorar las condiciones de vida (especialmente en el campo económico) es la que determina la voluntad de cambiar de país.

Este afán por diferenciar tiene que ver con algo que se ha comentado también durante estos días: el valor económico de los inmigrantes. Parece que Alemania y Suecia están más dispuestos a recibir inmigrantes no solo por su benevolencia o solidaridad, sino por que (como concretó el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel) la situación económica permite acogerlos y son futuros trabajadores necesarios para mantener el crecimiento económico de estos países. Las declaraciones que escuché en la radio hace pocos días por parte de uno de los emigrantes que intentaban entrar en Europa confirmaban esta visión cuando afirmaba que ella y los suyos podían ser útiles a las sociedades europeas ya que eran personas con formación y conocimientos que podían ayudar a mejorar las condiciones económicas aportando sus saberes y cualificación

Esto nos lleva a una cuestión clave en todo el debate migratorio: la utilidad económica de las personas que llegan a Europa. Por que si los primeros ministros planteaban diferenciar refugiado de inmigrante económico era porque querían tratarlos de manera distinta: permitir venir al primero y rechazar al segundo. De hecho, esto es lo que venimos haciendo desde hace años, rechazar al inmigrante pobre, a aquel que no tiene dinero. Las causas por las que no queremos que vengan no son el color de su piel, su religión o su procedencia, sino sino son o no pobres. Un africano rico, es siempre bienvenido. Un jeque árabe, es bien recibido. Una persona con titulación superior o una cualificación profesional elevada, es también acogido sin trabas. Todos ellos pueden traer o bien dinero o bien posibilidad de conseguirlo. Al final, lo importante para aceptarlo es si el inmigrante tiene alguna utilidad económica. Los países que acogen parece que lo hacen porque creen que va a ir bien para su economía. Aquellos que rechazan al que viene, parece que lo hacen porque sus empleos o su crecimiento pueden peligrar. El factor económico es clave para saber si damos la bienvenida a quien viene de lejos o no.

Estamos, pues, ante una especie de anti-humanismo económico. Las personas son medidas según su aportación al sistema económico. Como lo más importante pasa a ser la producción, el crecimiento, los beneficios o las rentas, todo aquel que no puede aportar algo positivo a los resultados económicos es descartado (con la afortunada expresión del papa Francisco) y este descarte lleva a la indiferencia. Nos da igual lo que les pase, al fin y al cabo, no son asunto nuestro. Si mueren en el Mediterráneo o en un camión en las carreteras de centro Europa, no es problemático. Sabían que iban a asumir ese riesgo cuando salieron de su casa.

Y digo anti-humanismo porque esta clasificación de las personas según su utilidad económica lo que hace es ir en contra de la igualdad intrínseca de todo ser humano. Ante una concepción humanista (ya sea esta cristiana o de otros orígenes) en las que todos somos iguales en dignidad y contamos con los mismos derechos, se presenta otra en la que no todos tenemos la misma dignidad o derechos. Por ello vamos a aceptar al inmigrante rico, cualificado o refugiado, mientras dejamos fuera al económico. Esto como si el hambre o la pobreza no fuesen tan terribles como la persecución política o la guerra… Pero hablar de las causas y calibrar su dureza o importancia, es desviar el foco hacia un debate equivocado. La clave de nuestra postura tiene que girar alrededor de la persona como tal. ¿El haber nacido aquí nos da más derechos para poder disfrutar de las ventajas de un buen sistema que a otros que han nacido allí? ¿Somos nosotros más que los otros simplemente porque hemos tenido la suerte de nacer en Europa?

Cuando la economía se convierte en una religión, cuando se idolatra el beneficio o el dinero, cuando se pone a toda la sociedad en pos del crecimiento económico considerando a este como lo primordial, se olvida a la persona, se justifica la discriminación por motivos económicos, se pierde el humanismo y se descarta al otro, al que no tiene, al que emigra, al que no puede… Acabamos convirtiéndonos en un sistema de castas en el que un refugiado vale más que un emigrante económico, en el que un pobre molesta y no es bien recibido en nuestras sociedades. Nos encontramos en un tiempo en el que aceptamos con demasiada facilidad la discriminación por motivos económicos y en el que vemos a unos colectivos como superiores a los otros. El anti-humanismo económico se cuela en el debate migratorio para discriminar entre los inmigrantes deseables y los indeseables, olvidando la igualdad de toda persona y la universalidad de los derechos humanos.

 
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Publicado por en septiembre 24, 2015 en Derechos humanos

 

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Artículo sobre educación, agua, higiene y enfermedades

Artículo publicado por el periódico Levante, el mercantil valenciano, el lunes 3 de Febrero en su página 20 en el que se hace eco de la publicación de un artículo sobre educación, agua, higiene y la prevención de la diarrea en un país como MozambiqueLevante_EMV_140203_140203050849_carpeta_jpeg_pagina_20

Podéis encontrar más información sobre esto en el siguiente enlace: http://medios.uchceu.es/investigacion/la-african-development-review-publica-la-investigacion-del-profesor-de-la-ceu-uch-enrique-lluch-sobre-la-reduccion-de-la-mortalidad-infantil-por-diarrea-en-la-cuenca-del-zambeze/#more-1641

 

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Lampedusa, una vergüenza

Artículo publicado en Cresol, nº 117, noviembre 2013, pág: 20 y 21

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Si quieres acceder al texto completo, puedes hacerlo en http://www.revistacresol.com/–lampedusa,-por-e.-lluch.html

 

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Ayuda alimentaria y alimentación de calidad

Artículo publicado en suplemento El Mercantil Valenciano EMV del periódico Levante EMV el domingo 24 de Marzo de 2013 en su página 16

Ayuda Alimentaria y de Calidad

La virulencia y la duración de la crisis que estamos viviendo, está llevando a que la ayuda alimentaria esté tomando una importancia vital en nuestro país y en otras naciones europeas que están pasando por situaciones similares a la nuestra. Una cantidad cada vez mayor de personas ven sus ingresos tan mermados que comienzan a necesitar ayuda para lograr una alimentación básica que les permita sobrevivir. Esto hace que ONGs que hasta ahora dedicaban gran parte de sus esfuerzos a la promoción de las personas más desfavorecidas (a enseñar a pescar siguiendo el famoso proverbio confuciano) ahora hayan pasado a utilizar sus recursos para ofrecer ayuda alimentaria (dar el pez en lugar de la caña)

Esta circunstancia plantea varios interrogantes o dilemas que voy a intentar describir en este breve artículo. El primero tiene que ver con la naturaleza de la necesidad. Muchas de las personas que necesitan fondos para comer tienen ingresos mensuales aunque sean bajos. El problema no es la falta absoluta de ingresos, sino que tienen unos gastos que deben asumir antes que el alimentario: la hipoteca, la luz, el seguro del coche, el agua y el gas, el teléfono, etc. Es decir, no es que no tengan ningún ingreso, es que para poder vivir con algo de dignidad en el entorno en el que se encuentran, hay una serie de gastos fijos de los que no pueden prescindir (porque se quedarían sin casa, sin luz, sin comunicación, sin posibilidades de encontrar trabajo…). Por ello, la primera cuestión que se nos plantea es ¿Hay que ofrecer ayuda alimentaria o lo que habría que hacer es dispensar de otros gastos mientras la situación de pobreza se mantuviese? ¿Cabría articular otros sistemas que garantizasen un mínimo suficiente para poder cubrir todos los gastos necesarios para una vida digna?

En segundo lugar hay que analizar la manera en la que se distribuye la ayuda. Si cualquiera de nosotros se encontrase en la situación de necesitar recibir ayuda alimentaria, no querríamos que nuestros amigos y compañeros percibiesen esta situación, por lo que nos disgustarían aquellos sistemas de reparto en los que todo el mundo viese que nosotros nos vemos obligados a recibir esta clase de ayuda. La publicidad que tendría que hacer de mi situación menesterosa, podría impulsarme a rechazar una ayuda que necesito para poder mantener la dignidad en el entorno en el que habitualmente me muevo.

Distribuir la ayuda de una manera digna para el necesitado puede hacerse de muchas maneras, pero hay una experiencia en Italia que me parece particularmente interesante. Una cadena de supermercados que tiene tarjeta de fidelización, ha realizado convenios con ONGs de manera que un porcentaje de la compra con esta tarjeta va a ayuda alimentaria. Sus receptores la reciben en forma de recargas en la tarjeta de la cadena, de manera que van a comprar al supermercado y se llevan los productos necesarios sin que nadie pueda distinguir entre quienes ayudan comprando con esta tarjeta y quienes están recibiendo la ayuda.

En tercer lugar está el tema de la calidad de los alimentos. El sistema de distribución de la ayuda alimentaria exige, con frecuencia, que se trate de alimentos no perecederos. De hecho, es habitual que cadenas de alimentación o empresas productoras donen alimentos cercanos a la fecha de caducidad que acaban en manos de los receptores de esta ayuda. Ello lleva a que, por un lado, las condiciones de los productos puedan no ser los adecuados (la fecha de caducidad está por algo) y, por otro, a que la dieta que siguen aquellos que comen de esta clase de ayuda no sea equilibrada al quedar excluidos de ellos determinados alimentos (especialmente los frescos). Articular sistemas para que la ayuda alimentaria cumpla unos parámetros nutricionales correctos o para que se puedan incluir productos frescos y otros necesarios para llevar una dieta equilibrada parece conveniente.

Esto se podría hacer siguiendo las indicaciones de especialistas en nutrición y articulando sistemas que permitiesen mejorar el acceso a los productos frescos por parte de la población más desfavorecida. En algunos países esto se hace a través de descuentos en estos productos que se dan en los momentos en que menos personas entran en el supermercado. Los niveles de precios son variables y todo el mundo sabe que puede encontrar esta clase de alimentos más baratos a determinadas horas del día.

Por último, creo que hay que añadir el dilema que presenta un sistema económico que produce más de lo que se consume. Esta sobre-producción se tira, con mucha frecuencia. Los productos no vendidos y caducados, acaban en la basura ya que no se pueden reutilizar. Cuando en lugar de esto se donan a ONGs encargadas de reparto de comida, las estructuras de redistribución paralelas organizadas por estas consumen muchos recursos para duplicar algo que ya hacen correctamente los supermercados y las tiendas, es decir, llevar los alimentos desde los productores a todos los rincones del país (aunque en este caso, los destinatarios sean solamente los que peor están). Por último, hay que recordar el problema casi endémico de la gran diferencia entre los precios de venta al público de los alimentos y el que reciben sus productores. La distribución, la puesta en el estante del supermercado y el sobre-coste que supone el producto no vendido, se lleva la práctica totalidad del precio del bien. Ello lleva a que exista una horquilla que permitiría rebajar los precios si los sistemas de distribución fuesen más directos del productor al comprador. Apostar por sistemas que pudiesen distribuir directamente del productor al consumidor podría, no solo mejorar la remuneración de agricultores y ganaderos, sino al mismo tiempo facilitar el acceso a estos productos para la población de menor capacidad adquisitiva. La cercanía del productor al consumidor y la bajada de precios podría también evitar la gran cantidad de alimentos que acaban deteriorándose por no haber sido vendidos a tiempo.

 

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Libro Las condiciones de vida en la región de Kara (Togo)

Se ha publicado el libro “Las condiciones de vida en la región de Kara (Togo)”.

Enrique Lluch ha sido el principal investigador de la iniciativa, coordinada por Àngels Álvarez y Juana Aznar. El equipo de investigación que lo ha llevado adelante ha sido dirigido desde la Universidad CEU Cardenal Herrera, pero ha contado con profesores de otras cuatro Universidades españolas. Además, el trabajo se ha realizado en colaboración con la Universidad de Kara y con dos ONGs, una española (Jóvenes y Desarrollo) y la otra Togolesa (Association Don Bosco). Es, por tanto, un programa ambicioso en el que se han involucrado más de 25 investigadores y en el que han colaborado más de 60 personas en los distintos momentos de la investigación.

Los estudios al uso sobre desarrollo en regiones desfavorecidas, suelen centrarse en algún tema específico, siendo en general bastante especializados. El presente trabajo rompe con esta dinámica a través de un estudio multidisciplinar que analiza factores de desarrollo de una misma región desde varias disciplinas complementarias: derechos humanos, agricultura y ganadería, salud y nutrición, aguas, economía, comunicación y educación. La complementariedad de todas estas perspectivas nos permite obtener una idea clara del Estado de desarrollo de la región de Kara, situada en Togo, lo que es de gran utilidad a la hora de plantear programas de desarrollo que vayan más allá de un único sector económico o de una única rama de trabajo.

Este libro puede ser de interés, tanto para aquellos que quieran conocer de una manera rigurosa las características de una región africana en un país pobre, como para aquellos que estén interesados en conocer una metodología interdisciplinar que resulta de utilidad para obtener datos que sirvan como base para plantear programas de acción a medio y largo plazo.

 

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Seminario para exponer las conclusiones del proyecto de investigación Las Condiciones de vida en la región de Kara

Los próximos días 18, 20, 25 y 27 de Octubre en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia tendrá lugar un seminario en el que se presentarán las conclusiones del proyecto de investigación que financiado por la Generalitat Valenciana y coordinado por la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU-UCH), se está llevando a cabo en colaboración con la ONG Jóvenes y Desarrollo, la Association Don Bosco de Togo y la Université de Kara (UK) y estudia cuáles son las condiciones de vida de la Región de Kara (Togo).
El curso presentará, por un lado, el análisis de la situación de esta región derivado del estudio hecho por el equipo interdisciplinar de la CEU-UCH y de la Univeridad de Kara. Además, servirá para que los estudiantes conozcan cómo se trabaja a nivel técnico en una ONG para el desarrollo como es Jóvenes y Desarrollo. Participarán en este seminario profesores de las dos universidades y técnicos de la ONG española y de su hermana togolesa.

Si queréis acceder al programa del mismo lo podéis encontrar en http://www.uchceu.es/actividades_culturales/2011/seminarios/documentos/Las%20condiciones%20de%20vida%20II.pdf

 

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Solidaridad cum laude

Artículo del diario Levante, el mercantil Valenciano. 4 de Julio de 2011, pág.16

Solidaridad cum laude

La Universidad CEU-Cardenal Herrera cuenta con una cátedra para promocionar el voluntariado social y la cooperación al desarrollo entre los estudiantes

 

Enrique Lluch ha participado en los proyectos de la cátedra de Solidaridad en África.

Enrique Lluch ha participado en los proyectos de la cátedra de Solidaridad en África.  Levante-EMV
AMAT SAPENA VALENCIA

La solidaridad también se enseña. La Universidad CEU-Cardenal Herrera cuenta con una cátedra de Solidaridad. No es una asignatura más de sus planes de estudio pero sí es una iniciativa para inculcar los valores del voluntariado y la cooperación al desarrollo. El director de la cátedra, Enrique Lluch, explica que “la cátedra trabaja desde 2001. Su objetivo es promocionar la solidaridad y el voluntariado en el ámbito universitario a través de la formación, la divulgación y la investigación. Pretendemos que el joven universitario tenga la oportunidad de obtener información sobre actividades solidarias a través de los estudios que cursa. Por ejemplo, al CEU ha venido gente que lleva la comunicación de las ONG a dar una charla a estudiantes de periodismo, o de Fontilles para hablar de enfermedades dermatológicas tropicales con alumnos de Enfermería”.
Enrique Lluch remarca que no se trata “de una asignatura, no es una materia de estudio dentro de una carrera. Realizamos seminarios, actividades de divulgación, exposiciones e introducir estas cuestiones en el aula, pero siempre buscando el interés y la participación del alumno”.
La cátedra de Solidaridad se creó para dar continuidad a una inquietud “que en la escuela sólo era objeto de campañas aisladas. Llegaba el Día de la Paz o el Día contra el hambre y se realizaba una jornada con actividades y ya está, ahí se acababa. O sea que una cosa era la enseñanza y otro el día a día. Ahora ha cambiado, intentamos que las acciones solidarias se lleven a cabo en el quehacer diario y no sólo en el tiempo libre”, afirma el director de la cátedra.
Lluch cree que un importante porcentaje de jóvenes tienen sentimientos solidarios pero iniciativas como la del CEU ayudan a reafirmarlos. “Aunque parezca lo contrario, es más fácil llegar al joven que lo tiene todo: coche, un buen teléfono móvil, dineroÉ Pero también han sufrido las mismas frustraciones que los que han tenido menos lujos y por ahí es más fácil entrar, hay que hacerles ver que existen otros valores no materiales que también les pueden hacer felices. Y los que no lo tiene todo son menos accesibles porque siguen buscando esos bienes más materiales”.
La cátedra desarrolla una importante actividad. “Tenemos dos o tres cursos al año, así como exposiciones y charlas -explica Lluch-. Por otra parte están las acciones que se realizan en clase y las prácticas, que no sólo las ofrecemos en empresas sino también en ONG para que se den cuenta de que su actividad también se puede aplicar a la solidaridad. Por último, también realizamos proyectos de investigación como los de Mozambique y Togo”.
Las ONG han acogido de buen grado la creación de la cátedra de Solidaridad. “Hay ONG que están muy contentas porque somos los únicos que les ponemos en contacto con universitarios. La cátedra es una herramienta útil. Organizamos una campaña por el terremoto de Haití y vino Cáritas a dar una charla. Los cinco minutos de contacto en cada clase tuvo un efecto muy positivo ya que el mensaje llegó a mucha gente”, afirma Lluch. “Nuestro planteamiento es de servicio, la Universidad ha de estar al servicio de la sociedad y habremos sido útiles si el estudiante afirma que ve las cosas de otra manera después de participar en nuestras actividades y si las ONG ven que ha entrado en contacto con gente que no esperaba”.
Lluch contesta que no le gusta “generalizar” a la pregunta de si los valencianos somos solidarios. “No tengo porcentajes, pero puedo decir que nuestras iniciativas son bien acogidas, hay una buena receptividad”.

“En los años de bonanza ya se veía la pobreza
y las desigualdades”

Una de las actividades de la cátedra de Solidaridad del CEU es el Observatorio de investigación de la pobreza. “Nos interesa ofrecer a las ONG nuestro potencial investigador. Propusimos a Cáritas si quería colaborar y aceptó. Nuestra investigación está aplicada al día a día de esta ONG aunque también sirve para otros. También colabora Fomento de Estudios Sociales (Foessa), que hace estadísticas de pobreza. El primer estudio que hizo sobre la materia tuvo un gran reconocimiento y pronto habrá un segundo”, afirma Enrique Lluch.
El director de la cátedra de Solidaridad afirma que la crisis económica “ha cambiado la cara de la pobreza. Ya en años de bonanza el estudio Foessa ya advertía que el nivel de pobreza no había disminuido y que se habían incrementado las desigualdades. Y con una crisis, eso se iba a aumentar. La cara de la crisis ahora es la de la gente que aún teniendo trabajo no llega a final de mes por la cantidad de deudas contraídas. Hay mucha gente que no tiene casi ni para comer después de pagar la hipoteca del piso, la letra del coche, los préstamos personales

 

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Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica.

En el último número de la revista Documentación Social ha salido un artículo que he escrito junto a Jorge Guardiola, se titula Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica. Aquí tenéis una pequeña reseña de este número de la revista así como su índice. 

La actual crisis financiera y económica ha llegado para quedarse durante un tiempo. Aquellos que negaban la existencia de los ciclos económicos se encuentran con una situación que parece recordar las consideradas obsoletas por algunas teorías del ciclo largo. No se trata de un simple frenazo de la economía, sino que nos encontramos ante una recesión que está afectando de manera desigual a los distintos sectores de la economía, pero de una manera generalizada al conjunto de la sociedad y con una duración que superará, se supone, la de la crisis del petróleo de los años setenta.

Documentación Social ha considerado oportuno aportar su granito de arena a este debate introduciendo en este número una visión de la crisis desde los desfavorecidos, desde aquellos que estaban peor antes de que las circunstancias económicas cambiaran y de aquellos a los que esta crisis ha llevado a situaciones de exclusión o privación. Intentamos ir más allá de las propuestas macroeconómicas al uso que solamente pretenden lograr una recuperación de los niveles de crecimiento económico anteriores a estos momentos de crisis. Analizamos cuáles están siendo las consecuencias reales de la crisis sobre determinados colectivos tanto a nivel nacional como a escala internacional para lograr así realizar propuestas que vayan destinadas no solo a mejorar el crecimiento económico, sino a beneficiar a aquellos colectivos que ya partieron antes de la crisis de las peores posiciones posibles o a los que ha resulta de ella han empeorado acercándose a estas situaciones indeseadas.

Se trata, pues, de un número de Documentación Social que introduce una perspectiva que no suele ser la más habitual en los análisis al uso. Pensamos que esta visión es importante para que no nos quedemos en las grandes cifras de la crisis y tengamos presentes a aquellos que están viéndose más perjudicados a la hora de afrontar los efectos adversos de los problemas ante los que nos estamos encontrando.

Índice:

Presentación  

Monografía

1. Crisis: no una, sino varias; es decir, una.

José María Tortosa

2. Las decisiones del G-20 y su impacto sobre los países más débiles.

Isidro Antuñano Maruri

3. Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica.

Enrique Lluch Frechina y Jorge Guardiola

4. Características del mercado de trabajo español actual y sus consecuencias sobre el riesgo de exclusión social.

Juana Aznar-Márquez y Ester Azorín Palazón

5. El desempleo y los nuevos pobres.

María Ángeles Davia

6. El impacto de la crisis en la cohesión social o el surf de los hogares españoles en el modelo de integración de la «sociedad líquida».

Miguel Laparra

7. Crisis económica internacional e inmigración.

Luis Díe Olmos

8. El tercer sector, la exclusión social y la crisis de la economía española.

Rafael Aliena

9. Bibliografía

Tribuna Abierta

1. Contrabando y trata de mujeres en España. Una aproximación a través de las historias de vida.

Elena Hernández Corrochano

2. Inmigración y responsabilidad municipal.

Ángeles Solanes Corella

3. La crisis y la seguridad alimentaria mundial.

Teresa Cavero

Documentación

Crecimiento, desarrollo y crisis: propuestas para el debate y la reflexión.

Francisco Lorenzo

 

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