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Archivo de la categoría: Crisis económica

Entrevista en Cresol sobre la crisis económica

Entrevista publicada en la revista Cresol, any 13, Nº 109, Juliol i agost del 2012, pág: 30-32, en la que se habla sobre temas relacionados con la Crisis económica y la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta vez voy a publicarlo, tanto con las imágenes del original, como con el texto.

  • Enrique, el pasado 1 de Junio presentabas en Almàssera tu nuevo libro “Más allá del decrecimiento”. Brevemente, ¿cuál es la aportación eje?

La clave de este libro es ayudar a cambiarse las gafas con las que analizamos y observamos la realidad económica ante la que nos encontramos. Pretende mostrar como las ideas preconcebidas que parecen indiscutibles en la economía actual y en el funcionamiento del Estado, las empresas y las entidades financieras, no lo son, sino que podrían plantearse desde otros puntos de vista. La Doctrina Social de la Iglesia nos aporta una mirada crítica y a la vez constructiva a la realidad económica actual. El libro pretende profundizar en esta perspectiva y aportar, a la vez, sugerencias que concreten en nuestra realidad actual las propuestas que realiza la DSI en el campo económico.

  • No lo he leído todavía, pero vemos ya en el título que abordas la problemática de la crisis económica. En esta sección, publicamos un artículo de un sacerdote con el título: “Crisis económica: beneficio para unos pocos y miseria para la mayoría” (H. Pasqual). ¿Es así la cosa?

La crisis económica es un problema para todos. Cuando la economía no funciona, pocos quedan indemnes. Dicho esto, es verdad que gran parte de la responsabilidad de esta crisis la tiene un sistema que prioriza los intereses de los más adinerados en contra de los que tienen menos posibilidades. Puesto que las acciones que se están realizando en contra de la crisis no cuestionan las bases del sistema económico que la han provocado, nos encontramos con que las prioridades de nuestros gobiernos están siendo la de garantizar la devolución de las deudas, mantener la inflación y garantizar que el sistema financiero siga funcionando como hasta ahora. Si esta es la prioridad, es evidente que aquellos que trabajen en estos sectores están teniendo medidas que están evitando que sus problemas sean excesivamente altos. Los temas que no se están priorizando como el desempleo, la pobreza, el estado de bienestar… Están siendo más perjudicados por la crisis que aquellos a los que se les presta una especial atención

  • Para que los agentes pastorales estudien, difundan y apliquen la Doctrina Social de la Iglesia a las cuestiones sociales que son de notoria actualidad, como lo es en el momento presente la crisis económica y sus consecuencias sociales, ¿qué sugieres ofrecer, en estos momentos en las diócesis, en plan formativo?

Jesús, yo sugeriría que utilizasen mis dos libros que han nacido, en parte, con esta intención, pero claro, no se si esto queda bien en este contexto o si se puede contestar así como así. Son textos claros, que puede contestar cualquier no economista y que ayudan a comprender la realidad económica, la opción de la DSI y qué alternativa propone esta. El trabajo en grupo y la reflexión de estos textos puede permitir un conocimiento más bueno de la DSI con una aplicación práctica e inmediata al cambio de hábitos y de miradas a la realidad económica.

  • Recientemente se inauguró en Santander la XLI edición de la Semana Social de España, organizada por la Conferencia Episcopal Española, que este año se ha convocado bajo el título “Europa, ¿Un proyecto esperanzador?”. ¿Cuál es tu valoración de las Semanas Sociales?

Desgraciadamente no he tenido la suerte de asistir a estas semanas sociales ni de conocer mucho de ellas, así que no puedo dar una opinión fundamentada sobre las mismas ni de su repercusión o utilidad.

– ¿Ayudarán a paliar las consecuencias de la crisis económica? Me remito a la anterior contestación

– Crisis i solidaridad (Bausset). ¿Difícil eso de superar “los intereses particulares” para salir de la crisis, tal y como afirma el papa Benedicto XVI?

Estamos en una sociedad en la que desde hace mucho tiempo se ha legitimado la búsqueda del interés individual. Pensar solamente en uno mismo no solo está bien visto sino que además aparece como la única opción razonable. Algunos argumentan, además, que es la única manera de alcanzar el bien común. Que si dejamos de pensar en nosotros mismos y pensamos en como mejorar el conjunto, las consecuencias sobre la sociedad son catastróficas. Parece evidente, por lo menos a los ojos de algunos, que esta argumentación es falaz y que la búsqueda generalizada del interés propio solamente lleva a sociedades poco solidarias en las que se avanza hacia la dirección que marca quienes más fuerza tienen para defender sus propios intereses sacrificando, con frecuencia, los de los demás. Por todo ello y por la fuerza que tiene la corriente principal se hace difícil superar estos intereses particulares. Sin embargo, ello no debe asustarnos ni dejar de impulsarnos a hacerlo y a proclamar otros caminos diferentes para salri del lugar en el que estamos.

  • ¿Sería útil lo que están pidiendo algunos obispos: destinar el salario de un día del mes a los parados Clasificar esta medida como útil depende del alcance que esperemos de ella. Si lo que pretendemos es ayudar a las personas que lo están pasando mal y que experimenten en amor de Dios gracias a una acción caritativa que les llega en unos momentos críticos de su existencia, es evidente que esta medida unida a una buena redistribución y a una cercanía y convivencia de los cristianos con aquellos que están sufriendo las consecuencias de la crisis, no solo es útil sino un instrumento potente de evangelización, de anuncio de la buena nueva que es el amor de Dios.

Ahora bien, si lo que pretendemos con esta medida es acabar con la crisis y sentar las bases para salir de ella, creo sinceramente que se trata de una medida inútil que no aporta nada para la salida de la situación en la que nos encontramos. La salida de la crisis necesita de medidas estructurales que modifiquen la manera en la que estamos organizando nuestra economía y evidentemente, esta medida no va en este sentido.

Es evidente que el crédito fácil a la vivienda y el consiguiente incremento exagerado de los precios que se dio durante los años de bonanza, han influido de una manera clara en la gestación y el alcance de esta crisis. Los problemas los tienen ahora aquellos que se ven impedidos al derecho a la vivienda que proclama nuestra constitución. Los desahucios no solo perjudican a los desahuciados, sino que tampoco solucionan con frecuencia el problema de los bancos, ya que estos no pueden vender sus inmuebles debido al poco movimiento existente en el mercado de la vivienda. Por ello, si una parte de los préstamos destinados a los bancos se le diesen a los hipotecados con problemas, este dinero acabaría ayudando a los bancos y las personas no se quedarían sin vivienda. Si además, se cambiase la ley permitiendo la dación en pago, se sentarían las bases para evitar una burbuja inmobiliaria de estas dimensiones en un futuro.

– ¿Qué otras propuestas concretas nos sugieres?  

Creo que los cristianos tenemos unas muy ricas y ancestrales enseñanzas sociales que, bien aplicadas, podrían generar una gran cantidad de ideas a la hora de cómo solventar los problemas que se han generado a partir de esta crisis y como estructurar nuestra economía a partir de otros fundamentos. Necesitamos una economía al servicio de las personas y no de los beneficios o del crecimiento económico (porque alcanzar estos no repercute necesariamente en favor de todos). Precisamos que se priorice a los más pobres y no a aquellos que consiguen ganar más dinero en menos tiempo. Esto supone cambiar la estructura económico y dirigirla en otra dirección, cosa que es difícil describir en un espacio tan limitado.

 
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Publicado por en julio 18, 2012 en Crisis económica

 

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Artículo de Noticias Obreras “Más allá del decrecimiento”

Artículo publicado en las páginas 17 y 18 del número 1.537 de Julio de 2012 de la Revista Noticias Obreras

“Más allá del decrecimiento” Cuando comenzó la crisis económica en la que estamos inmersos, algunos de los responsables políticos de las naciones más ricas en nuestro mundo occidental afirmaron que era una oportunidad para refundar el capitalismo…”

 

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El Banco Central Europeo secuestrado en sus contradicciones

Artículo aparecido en el periódico “Levante el Mercantil Valenciano” el domingo 10 de Junio de 2012 en la página 13 de su suplemento dominical “Trabajo y Formación”

Durante estos días se ha estado hablando sobre la Unión Bancaria Europea y sobre la necesidad de que el Banco Central Europeo (BCE) colabore de una manera activa en la solución a los problemas en los que se encuentra la Eurozona. Sin embargo esta institución no parece demasiado ilusionada en involucrarse en estos planes ni en extralimitarse en sus funciones. Cualquier medida que vaya más allá de ellas no despierta demasiado entusiasmo entre sus cuadros directivos (al menos, aparentemente).

 El objetivo principal del Banco Central Europeo es mantener la inflación, es decir, que los precios no se incrementen en exceso. Para ello debe controlar la cantidad de dinero que hay en una economía logrando que este no se incremente en demasía. La idea es que un crecimiento de la cantidad de dinero lleva a que se compre más y esto hace que los precios aumenten. La estabilidad de precios se nos presenta, además, como el mejor garante de la estabilidad de la economía. El cumplimiento estricto de esta función va a evitar problemas económicos al conjunto de la sociedad.

 A pesar de que esta idea goza de una aceptación casi generalizada, es evidente que esto no se ha cumplido en estos últimos años. La inflación no se ha disparado en ningún momento (hasta ha llegado a ser cercana a cero en algunos países de la Eurozona en los años anteriores a la crisis) y sin embargo esto no ha sido una garantía de estabilidad. Esto se ha debido, en parte, a que los precios eran estables pero la política monetaria era expansiva, es decir, los tipos de interés eran bajos y se emitía dinero que se inyectaba en la economía. Si el crecimiento económico hubiese sido elevado, esto hubiera significado que el crecimiento del dinero en circulación se utilizaba para comprar nuevos productos y generaba aumentos significativos de la producción. Esto hubiese explicado, a su vez, cómo se daban al mismo tiempo aumentos de la oferta monetaria con estabilidad de precios. Sin embargo, las tasas de crecimiento fueron durante estos años más bien modestas.

 La razón por la que no subieron ni los precios ni el crecimiento fue que gran parte de este dinero se destinó a la compra de activos financieros e inmobiliarios. Ello produjo que el aumento de los precios de estos activos se acelerase. La inflación no se dio, pues, en los bienes de consumo (que son los que se incluyen en el IPC) sino en los activos de inversión financiera y en los bienes de inversión inmobiliaria. Hubo inflación, pero no de bienes de consumo, sino de activos financieros e inmobiliarios.

 Esta permisividad con la inflación en el precio de estos activos se basaba en la creencia de que no pueden existir burbujas especulativas y que, al final, ese crecimiento de los precios permite a aquellos que operan en estos mercados obtener pingües beneficios que acabarán repercutiendo en la economía real produciendo más crecimiento económico. Ahora bien, pensar que el valor en bolsa de una empresa (por ejemplo) puede duplicarse cuando ni sus beneficios ni su tamaño lo hacen, no puede menos que resultar sospechoso a cualquiera que lo observe desde afuera. Lo mismo podríamos decir de los aumentos desorbitados que se dieron durante estos años en los precios del mercado inmobiliario… Permitir estas subidas exageradas de precios, parecía una política errónea como señalaron algunos economistas en su momento.

 Estas circunstancias nos plantean varias preguntas cuya respuesta podría llevarnos a replantearnos los objetivos, funciones e independencia del BCE. Si durante los años de bonanza se financió barato a las instituciones financieras para que estas pudiesen ganar dinero adquiriendo productos financieros arriesgados o prestando para comprar bienes inmobiliarios ¿Por qué ahora no se puede financiar barato a los Estados para que se ahorren dinero en tipos de interés y puedan utilizarlo para políticas sociales o de estímulo de la economía?… Si durante los años anteriores de la crisis se permitió una inflación exagerada de los activos financieros e inmobiliarios ¿Por qué ahora no se permite una inflación controlada aunque más elevada que la actual para que se repartan las consecuencias de la crisis entre prestamistas y prestatarios y se estimule, de paso, la demanda?… Si se ha constatado que la función de supervisión del BCE y de los bancos centrales de los países no sirvieron para evitar la crisis financiera ¿Por qué no se revisan profundamente sus atribuciones, sus competencias y su manera de trabajar? Si todos tenemos que poner nuestro granito de arena para superar esta situación ¿Por qué el BCE parece que está exento de esta responsabilidad? ¿No habrá que pedirle también que renuncie a algo de lo suyo para ponerse al servicio de la sociedad en su conjunto y especialmente de los más desfavorecidos por esta situación de recesión?

 Creo que en momentos delicados de la economía, como el que estamos pasando en estos momentos, es necesario replantear, no solo los objetivos, sino también el modo de funcionar y la misma independencia del BCE. Si su manera de hacer las cosas no ha servido para evitar la crisis, menos lo está haciendo para afrontarla. Su rigidez, su apego a los dogmas en los que está instalado, no ayudan en nada en una situación que precisa de apuestas arriesgadas e imaginativas. Por ello creo que es buen momento para replantearse estas contradicciones de la política monetaria y ponerla al servicio, no de la lucha contra la inflación, sino de las personas y de la sociedad europea en su conjunto.

 

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Los intocables de la crisis

Artículo públicado el domingo 20 de Mayo de 2012 en el periódico “Las Provincias” en su página 36

La crisis financiera que comenzó en 2007 ha acabado afectando, como siempre sucede en estos casos, a los Estados. Lo que comenzó siendo un problema de liquidez que afectaba en especial a las instituciones financieras (a las que se ayudó y se obligó a reestructurarse para intentar que no quebrasen muchas de ellas) ha pasado a incluir también (entre otras muchas cosas) un problema de financiación de los Estados que ha incrementado sus déficits públicos y les ha obligado a aplicar políticas de reducción de gasto e incremento de los ingresos públicos para evitar que sus déficits siguiesen elevándose.

Ante la magnitud de los problemas económicos que nos afectan (en lo que algunos ya denominan “la gran recesión”) parece que todo puede ser tocado o modificado, nada debe quedar como estaba. Lo que hacíamos hasta ahora no sirve y hay que saber adaptarse a las circunstancias e intentar reducir los efectos negativos de la recesión en la que estamos inmersos. Así, todo o casi todo parece susceptible de ser cambiado para intentar solucionar nuestros problemas: que los pensionistas paguen parte de los medicamentos (con lo que se reduce la pensión real percibida), las leyes laborales, el gasto en educación, los impuestos que se incrementan, los gastos en infraestructuras, las prestaciones sanitarias, etc. No seré yo quien se ponga en contra de las reformas o de las modificaciones, al contrario, la sociedad es dinámica y el sistema económico debe tener la flexibilidad suficiente para poder adaptarse a las nuevas circunstancias.

Sobre lo que quiero llamar la atención en este artículo es aquello que no se pone en cuestión, aquello que no se plantea en ningún momento modificar. Existen unos auténticos “intocables” cuya reforma o modificación no se plantea en ningún momento. Creo que es necesario profundizar en estos aspectos y descubrir el porqué de este privilegio, para encontrar elementos que nos permitan tener juicios de valor adecuados que nos ayuden a analizar la situación.

Los dos principales “intocables” son los siguientes: la inflación (y con ella la política del Banco Central Europeo) y los intereses y la devolución de la deuda (que deben pagarse en su integridad y sin rebajas). En ningún momento se plantea la posibilidad de modificar la estrategia fijada en estos dos aspectos que están muy relacionados entre si, como veremos en seguida. El mantenimiento de una baja inflación ha sido defendido como algo imprescindible para lograr crecimiento económico, confianza en los mercados y estabilidad. Sin embargo, estas afirmaciones están tan fundamentadas como cabría esperar. El objetivo de inflación se ha logrado en los últimos veinte años (en los que sus tasas medias han sido inferiores a las que se dieron en las décadas anteriores) mientras que el crecimiento logrado en este periodo también ha sido más bajo que el anterior. Además, si no fuese por la gravedad del asunto, podría resultar gracioso afirmar que la baja inflación ha sido garantía de estabilidad y confianza con la que está cayendo… En cuanto a la devolución de las deudas, se teme que unos impagos generalizados podrían poner en peligro la moneda europea, el euro y perjudicarían a los inversores que perderían así todo o parte de su dinero invertido (lo que también sucedería si la moneda perdiese parte de su valor a causa de la inflación).

Creo que con este razonamiento ya se puede deducir por qué la inflación y la devolución íntegra de las deudas son los “intocables” de la crisis. Nuestro sistema económico tiene una prioridad y esta es la defensa de los intereses de los prestamistas (también denominados inversores financieros o financiadores). El euro fuerte, la baja inflación, la devolución y pago íntegro de intereses, están todos al servicio de los agentes económicos que tienen la capacidad de financiar a los demás. Para justificar esta prioridad se argumenta esto que esta clase de medidas son imprescindibles para que el mercado funcione correctamente y genere crecimiento y estabilidad. Pero esta crisis, si algo nos ha mostrado, es que garantizar en exceso la libertad para ganar grandes cantidades en los mercados financieros nos ha llevado precisamente a lo contrario, recesión e inestabilidad.

Por ello creo que deberíamos también atrevernos a modificar “los intocables” ¿Acaso no podríamos mantener la inflación en unas cifras algo más altas? Esto actuaría como una reducción de facto del valor de las deudas y liberaría de la gran carga que suponen estas no solo para el Estado sino también para las familias ¿Y que hay de que el Banco Central Europeo preste de una manera excepcional directamente a los Estados para que estos puedan reducir sus costes en pagos de intereses y no en otras políticas de bienestar social? ¿Por qué no priorizamos a los empresarios que crean empleo en actividades económicas reales? ¿y por qué no a los trabajadores o a las familias más desfavorecidas?

El problema de la crisis va más allá de las medidas de ajuste o de la necesidad de crecimiento. Es necesario replantearnos cómo gestionamos el sistema de mercado y no subordinar este a los intereses de aquellos que tienen capacidad de ahorro y de prestar dinero, sino de los creadores de empleo y de las personas más desfavorecidas que deben verse beneficiadas por el sistema económico existente, sea este el que sea. Seguir empeñándonos en las recetas que nos han llevado a esta situación, no creo que sea la mejor manera de salir de ella.

 
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Publicado por en mayo 21, 2012 en Crisis económica

 

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Los Mayores sustituyen al Estado

Artículo publicado en el periódico Levante El mercantil valenciano, en su suplemento dominical EMV del día 8 de Abril de 2012 en su página 12

La Universidad CEU Cardenal Herrera ha
presentado el Observatorio de Investigación
sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad
Valenciana, que coordina la
CEU-UCH con la colaboración de las tres
Cáritas Diocesanas de la Comunidad Valenciana
y la Fundación FOESSA. En este
mismo acto se presentó al público el primer
estudio realizado por investigadores
de este Observatorio titulado «Pobreza y
privación en la Comunidad Valenciana: El
impacto de la gran recesión», cuyo autor es
Eduardo Esteve Pérez.
Muchos son los aspectos tratados en este
estudio de interés para cualquier persona
que quiera conocer mejor cuál es la situación
de la pobreza y la privación de los habitantes
de nuestra comunidad autónoma
(www.uchceu.es/vida_universitaria/catedra_
solidaridad.aspx?elem=) pero en este
artículo me voy a centrar en qué está pasando
con nuestros mayores a resultas de
la gran recesión que estamos viviendo.
El estudio parece apuntar en una dirección
que la simple observación de nuestro
entorno ya nos mostraba, esto es, cómo los
mayores no solo no están empeorando por
causa de la crisis sino que en algunos aspectos
mejoran. Y esto, viendo lo que está
pasando con otros colectivos de edad más
temprana, supone que con frecuencia son
ellos quienes están paliando situaciones de
riesgo de pobreza y privación, especialmente
entre los más jóvenes y los niños.
Los datos básicos son elocuentes. El riesgo
de pobreza de los mayores de 64 años en
la Comunitat Valenciana ha decrecido, debido
tal vez a que las pensiones se mantienen
mientras que la renta media ha decrecido.
Además, si consideramos la casa en
propiedad descontando los ahorros que
tienen por no pagar hipoteca o alquiler, su
riesgo de pobreza se reduce a la mitad, muy
por debajo de la media del país (un 14,1%)
Lo mismo sucede con la tasa de privación
que incluye desde las di!cultades para llegar
a !nal de mes, de comer carne al menos
una vez a la semana o de devolver las deudas
en el plazo !jado hasta los problemas
en la vivienda o la imposibilidad de adquirir
un automóvil, un ordenador, etc. En este
caso, la tasa de privación de las personas
mayores es inferior a la tasa media, tanto en
España como en la Comunitat Valenciana.
Nos encontramos, pues, con que la crisis
ha mejorado relativamente a uno de los
colectivos tradicionalmente más desfavorecidos.
Los mayores de 64 años se encuentran
ahora en una posición relativa
mejor que la que tienen, por ejemplo, los
niños o los jóvenes de entre 16 y 29 años.
Esto significa que ellos están pudiendo
realizar la redistribución de la renta que no
hace el Estado directamente. Esto es, en la
medida que la mayoría de nuestros mayores
tienen como principal ingreso (y único
con frecuencia) las pensiones pagadas por
el Estado, estas les permiten ayudar a su familia
que tiene una situación peor a la suya
en estos momentos. De modo que, lo que
no redistribuye el Estado para las familias
con problemas, lo hacen los mayores gracias
a lo que reciben de este.
Las conclusiones que se derivan de esto
son claras. La política de no tocar las pensiones
es clave, no solo para los mayores,
sino también para el resto de colectivos que
reciben algunos ingresos gracias a la cohesión
familiar y al desvío de estos ingresos y
bienes hacia los más jóvenes. También denuncia
esta situación que las ayudas sociales
en nuestro país son inferiores a la media
de las que tienen los países equiparables
al nuestro. Por ello, no sirven para paliar
la pobreza y privación de otros colectivos
que no sean los mayores. Sería necesario
reducir partidas de otros objetivos para
mejorar a estas personas que hoy en día sobrellevan
su triste situación gracias a sus
padres y abuelos.

 

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Pobreza y privación en la Comunitat

Artículo publicado en el periódico de Castellón INFORMACIÓN, jueves 15 de Marzo de 2012 en la página 6

 

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Pobreza y Privación en la Comunidad Valenciana y España: el impacto de la Gran Recesión

La Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas diocesanas de la Comunidad Valenciana y Fundación FOESSA han presentado el Informe sobre el impacto de la crisis en la pobreza

● Este estudio pone de manifiesto que el colectivo más afectado por la crisis ha sido el de los jóvenes de entre 16 y 29 años, cuyas tasas de riesgo de pobreza y privación se han duplicado

Lunes, 12 de marzo de 2012- El Observatorio de Investigación sobre la Pobreza y la Exclusión en la Comunidad Valenciana, integrado por la Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas Comunidad Valenciana y la Fundación FOESSA, ha presentado el informe “Pobreza y privación en la Comunidad Valenciana y España: el impacto de la Gran Recesión”, en el Aula Magna de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la CEU-UCH. Este Informe ofrece información actualizada y veraz sobre la población más afectada por la crisis en la Comunidad Valenciana, y propone un conjunto de iniciativas para mejorar la situación de los colectivos vulnerables.

Eduardo Esteve, profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera y autor del informe, ha destacado que, según los datos que se desprenden del estudio, más del 20% de la población de la Comunidad Valenciana es pobre. De los colectivos vulnerables estudiados, los jóvenes valencianos son los más afectados por la crisis económica, seguidos por los niños. Desde el inicio de la crisis, el riesgo de pobreza en los jóvenes ha pasado de situarse  en un 14,8% a un  29%, es decir, casi uno de cada tres jóvenes están en riesgo de pobreza. Estas diferencias se acrecientan si lo vemos por género, ya que la diferencia entre mujeres y hombres es significativa siendo éstas las más perjudicadas y las que presentan un riesgo de pobreza mayor (más del doble que la de los hombres). Además, uno de cada cuatro jóvenes que son sustentadores de su hogar, está en paro, y los que trabajan lo hacen con un contrato temporal (el 26,7%) o a tiempo parcial (6,6%).

En la Comunidad Valenciana, uno de cada cuatro jóvenes tiene dificultades para llegar a fin de mes. Uno de cada dos jóvenes no puede hacer frente a gastos imprevistos, y los retrasos en agua, luz, hipoteca o alquiler, prácticamente triplican la media. La tasa de privación de estos y otros bienes es la mayor de todas los grupos de edad, superando en la Comunidad Valenciana la media nacional en 8 puntos.

Otros colectivos vulnerables

La pobreza infantil (menores de 16 años) en la Comunidad Valenciana es superior en 3 puntos a la media, llegando al 24%. La crisis ha afectado a este colectivo, que ha empeorado su situación.

El Informe de Pobreza y Privación también pone de manifiesto que una de cada tres personas mayores en la Comunidad Valenciana es pobre. Cifra que supera la tasa nacional. Sin embargo, la crisis económica ha reducido el riesgo de pobreza de los mayores, motivado por una evolución más favorable de las pensiones que del resto de rentas, al estar garantizado su poder adquisitivo por ley. En cuanto al colectivo de inmigrantes, el riesgo de pobreza ha evolucionado del 28% al 36,8%. En la Comunidad Valenciana, el 70% de los inmigrantes no puede hacer frente a gastos imprevistos.

Este estudio, que ha tomado como punto de partida el Informe Foessa 2008, también pone de manifiesto que los hogares monoparentales y unipersonales llegan a duplicar la pobreza media, y que presentan tasas de privación cercanas al 50%.

Mejorar la coordinación entre las administraciones y el sector privado

La CEU-UCH, Cáritas y la Fundación FOESSA han incluido en este informe diferentes propuestas de actuación y, en este sentido, han solicitado la Mejora de los sistemas de coordinación que eviten duplicidades, y aprovechen las sinergias entre los diferentes niveles de la administración y el sector privado

El Informe también propone reorientar la política actual de vivienda para garantizar el derecho a la misma contemplado en la Constitución. Respecto a los jóvenes, sugiere una reforma laboral que favorezca la estabilidad. Para los mayores, propone un sistema de pensiones sostenible, eficiente y equitativo, y desarrollar una estrategia para los colectivos con pensiones más reducidas. En el caso de los inmigrantes, el Informe apuesta por un acuerdo marco, que permita consensuar posiciones sobre la inmigración, e incrementar los recursos destinados a los inmigrantes en situación de pobreza.

 

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Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir

“Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir” es el lema de este año de Cáritas España y también el título que le he puesto a un artículo de opinión que se publicó en la página 26 del periódico Las Provincias del pasado 26 de Diciembre.

Si quieres más información sobre esta campaña puedes encontrarla en http://www.caritasvalencia.org/noticias_tags_noticiaInfo.aspx?Id=5383

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

“Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida” Artículo publicado en el periódico Levante, el Domingo 9 de Octubre de 2011, en su suplemente El Mercantil Valenciano EMV, en su página 12.

Una de las frases que se difundieron a raíz de la acampada de los autodenominados “indignados” me llamó la atención. Decía (y seguirán diciendo, supongo) que no son anti-sistema, sino cambia-sistemas. Si lo pensamos bien, todos deberíamos ser, hasta cierto punto cambia-sistemas, sobre todo porque la realidad es siempre cambiante y un sistema rígido, difícilmente puede adaptarse a la evolución de la sociedad si no se reinventa a si mismo (al menos en parte). Creo que esto tiene una aplicación clara al sistema de mercado y en especial a la libertad de mercado. Todos tenemos claro que el mercado necesita de la libertad para funcionar correctamente. Sin ella el mercado no es tal y el desempeño económico se resiente. Ahora bien, la idea que tenemos sobre lo que es la libertad se confunde con otras cosas y esto sucede en especial cuando hablamos del mercado. No está de más, pues, reflexionar en estas líneas sobre la libertad del mercado.

De hecho, durante los últimos años hemos asistido a un movimiento de liberalización de los mercados. Muchas de las medidas que se han tomado han tenido como objetivo quitar trabas al funcionamiento del mercado. Ahora bien, a pesar de esto, muchos de los agentes que trabajan en él no parecen sentirse más libres ¿Podemos escoger el trabajo que creemos más conveniente? ¿Nuestras actuaciones económicas nacen de nuestras convicciones y hacemos lo que creemos que es mejor para mejorar el entorno en el que nos encontramos? Muchas veces esto no es así. En un mercado libre oímos con demasiada frecuencia la frase de “me veo obligado a…” “No he tenido más remedio que…” “Los negocios son los negocios…” para justificar actuaciones que no se habrían hecho si no llega a ser por la dinámica del mercado (o al menos así se justifican los autores de los hechos). De este modo, un mercado aparentemente libre parece forzar a sus componentes a actuar de una manera contraria a sus convicciones personales. Parece que la única libertad que potencia el estado es la libertad para ganar más dinero, pero que esto se hace a costa de reducir la libertad para poder hacer aquello que dicta tu conciencia y que crees que es mejor para los demás y para el conjunto de la sociedad.

El principal problema del concepto libertad es que se confunde a menudo con la posibilidad de hacer algo: si algo es posible, debemos tener la libertad de hacerlo. Sin embargo, esto no siempre supone ser más libres. Puedo poner algunos ejemplos en ámbitos diferentes a la economía: la organización social no nos permite poner la música a gran volumen a las tres de la madrugada en un edificio lleno de personas durmiendo, ni coger una escopeta y herir o matar a los clientes de un supermercado, ni circular a 110 por hora cuando atravesamos las céntricas calles de un casco urbano, ni presentar un partido político a las elecciones si este apoya a los terroristas que asesinan a sus contrincantes… Estos límites a la libertad de acción no significan que las personas que vivamos en esta sociedad no seamos “LIBRES”, al contrario, gracias a cumplir esas normas o límites que nos fijamos, podemos ser más libres. De hecho, una concepción libertaria de la existencia en la que se permitiese realizar estas actuaciones (posibles por otra parte) podría comprometer nuestra propia libertad.

Lo mismo sucede con el mercado. Un mercado libre no significa un mercado en el que todo esté permitido. El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado. Si no es así, el sistema económico puede volverse contra las personas a las que tiene que servir como, por desgracia, hemos visto en demasiadas ocasiones. Estos límites a los que estamos acostumbrados cuando hablamos de temas políticos o sociales, deberían ser normales también en el ámbito económico y no ser visto como aberraciones contrarias a la libertad de mercado. De hecho, ya ponemos límites al mercado, por ejemplo cuando impedimos determinados sistemas productivos contaminantes, o actuaciones que reducen la competencia entre empresas (como los cárteles o los repartos de mercado), cuando se obliga a pagar un salario mínimo a los trabajadores, etc.

Habría otras medidas que podrían limitar las posibilidades de actuación sin resultar en una reducción de la libertad de mercado. Así el Estado, por ejemplo, podría poner límites a las diferencias salariales exageradas que se dan en algunas empresas. Estas incrementan las desigualdades en el mercado, no mejoran la efectividad de las economías que las permiten (durante años las diferencias salariales en un país como Alemania han sido mucho menores que las Estadounidenses y eso no ha significado que la economía alemana funcionase peor) e impiden que un grupo de trabajadores gane salarios que les permitan vivir con dignidad a ellos y sus familias. Otra sugerencia sería la de poner coto a la utilización de determinados derivados financieros y otras actuaciones de esta índole que incrementan la inestabilidad del sistema y no aportan nada a la principal función del sistema financiero que es intermediar entre los ahorradores y los prestatarios.

Existen más ejemplos de límites a las posibilidades de actuación de un mercado que no reducen la libertad de mercado, sino que garantizan su sostenibilidad económica y lo ponen al servicio de todas las personas. Pero creo que hay que llamar la atención sobre este tema para no olvidar que un mercado libre no es aquel que permite que una persona o un grupo de ellas o de empresas puedan ganar mucho dinero de una manera fácil y en un breve espacio de tiempo, sino aquel en el que sus componentes pueden decidir sobre sus actividades económicas y ponerse de acuerdo con otros sin presiones, para lograr los ingresos adecuados para vivir de una manera digna, tanto ellos, como el resto de la sociedad. La libertad de mercado debe estar al servicio de la sociedad y de las personas, no de los beneficios. El Estado debe potenciar un mercado libre y no un mercado libertario donde algunos puedan ganar mucho dinero a costa de que otros tengan menos posibilidades de hacerlo.

Si dejamos que todo lo que se puede hacer en un mercado se haga, pasaremos de un mercado libre a uno libertario. El mercado libertario tiene las mismas consecuencias que un estado libertario, esto es, como todo está permitido, el más fuerte se come al más pequeño. No se permite introducir medidas que protejan a los más desfavorecidos bajo el argumento de que “limitan la libertad de mercado” y, al final, se está protegiendo a aquellos que tienen más: en un mundo sin reglas, los más fuertes siempre tienen las de ganar. Un mercado libertario acabaría convirtiéndose en un mercado liberticida, esto es, un mercado que aniquilaría su propia libertad, en el que los más poderosos tendrían un dominio tal sobre los asuntos económicos que difícilmente podríamos escaparnos de sus dictados, lo que nos llevaría a una dictadura económica. Para evitarlo debemos articular un mercado que esté al servicio de las personas, que sepa poner los límites necesarios para garantizar la libertad real de los miembros de la sociedad, que no reduzca las posibilidades de una gran parte de la población impidiéndoles tener los ingresos suficientes y limitándoles sus posibilidades económicas, que incremente nuestras capacidades y no las reduzca. Volviendo al principio del artículo quiero añadir que si no se dirigen los tiros hacia esta dirección, la indignación de los cambia-sistemas puede hacerles derivar hacia la indignación de los anti-sistema o a la atonía de los desencantados, lo que creo que no sería bueno para nadie ya que, no se trata de luchar contra el mercado o de dejar que este nos apabulle, sino de ponerlo al servicio de las personas.

 

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Un estado ¿solidario? La dación en pago

Artículo “Un estado ¿solidario? La dación en pago” Publicado en Las Provincias el 24 de Abril de 2011 en su página 32

Aprovecho la cercanía a la celebración del Domingo de Resurrección para introducir una reflexión cristiana sobre uno de los temas económicos que tienen actualidad en estos momentos: la posibilidad de dación en pago de una hipoteca. La situación actual creo que se conoce, aunque voy a repasarla en unas pocas líneas. Cuando alguien no puede pagar su hipoteca el banco embarga el inmueble. Este es subastado y si no es adjudicado se lo queda la entidad financiera por la mitad del valor de tasación del momento. Si la cuantía de la venta o del 50% de valor de tasación es inferior a la deuda del anterior dueño, éste sigue debiendo la diferencia al banco. Con esta legislación una persona puede quedarse sin la casa y seguir debiendo dinero por algo que ya no es suyo. Ante esta situación existen colectivos que defienden la introducción en nuestro país de algo que ya se da en otras naciones ricas como es la dación en pago, esto es, que la devolución del bien hipotecado sirva para saldar la totalidad de la deuda.

El argumento más repetido a la hora de defender esta postura es que esta ley está condenando a los más desfavorecidos a la pobreza y a la exclusión social, ya sea porque se quedan sin su hogar y con una deuda por saldar, o porque tienen que seguir asumiendo unas mensualidades hipotecarias excesivamente elevadas que ahogan su economía doméstica, ya que la otra opción les condena a seguir pagando sin tener casa y les impide acceder a otra vivienda más barata. Estos colectivos quieren que se ponga por encima de cualquier otro el derecho constitucional a una vivienda. Los detractores argumentan que la dación en pago aumentaría el precio del crédito hipotecario ya que el riesgo sería mayor para las entidades financieras y que esto, considerando que tenemos los tipos medios más bajos de Europa, perjudicaría a quien quiera obtener un crédito. Además se argumenta que esta medida podría perjudicar más a nuestro sistema financiero, al tener que reconocer como pérdidas gran parte del dinero que les deben los hipotecados. Se concluye, pues, que al intentar beneficiar a unos pocos, se acaba perjudicando a la mayoría.

Estos últimos argumentos, siendo ciertos, no tienen en cuenta el efecto que podría tener la dación en pago sobre los precios de los inmuebles. La medida incrementaría el porcentaje de impagos ya que muchas personas que están apuradas devolverían sus inmuebles para saldar la deuda y acceder a otras viviendas más baratas (normalmente en régimen de alquiler). Los bancos, para evitar esta devolución renegociarían las condiciones de la hipoteca reduciendo la cuantía de la mensualidad y asumiendo algunas pérdidas para evitar esta maniobra. Aún así se encontrarían con una gran cantidad de viviendas en su propiedad que deberían vender para hacerse con dinero líquido. Todo ello redundaría en una bajada más acusada que la actual de los precios de la vivienda lo que aumentaría las posibilidades de que los hipotecados dejasen las hipotecas caras o las renegociasen… Si lo pensamos bien ¿Qué es preferible? ¿Que no bajen mucho los precios y mantener las hipotecas más baratas de la Unión Europea? O ¿Qué los precios bajen al menos un 30% o más y que las hipotecas suban un 1 o un 2%? Opino que la mayoría pensamos que esta segunda opción garantiza mucho más el acceso a una vivienda, ya que ajusta el precio de las mismas a los ingresos de la población en general. Es más, encarecer el préstamo hipotecario por el incremento de su riesgo puede ser una buena vacuna para evitar que en un futuro se preste con la ligereza y la mala gestión que se ha dado durante los años previos a la crisis y evitar, de paso, las subidas exageradas de precios que se vieron durante estos años. Estoy seguro que con unos precios mucho menores, además, se revitalizaría el mercado inmobiliario parado porque muchos consideran que todavía queda margen de bajada.

Por si esto fuese poco, quiero introducir la reflexión cristiana que he prometido en el primer párrafo. La Doctrina Social de la Iglesia reclama que el Estado esté al servicio de la persona y que lo haga de una manera solidaria, entendiendo la solidaridad como lo hace la Encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis 46: “el amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”. Esta opción preferencial por los pobres de la que también habla esta Encíclica nos impele a tomar decisiones que piensen en los más desfavorecidos desde el convencimiento de que esto va a ser lo mejor para la sociedad en su conjunto. Introducir la dación de pago puede ayudar a muchas personas que se han encontrado con unos precios de la vivienda totalmente sobrevalorados a mejorar su situación y a que recordemos que la actividad inmobiliaria no es solamente una actividad para ganar dinero o mucho dinero, sino que se trata de un sector económico al servicio de las personas que necesitan una casa para vivir. No debemos perder el norte y hay que recordar, que esto último es lo más importante, la vivienda es para las personas y el sector inmobiliario debe estar a su servicio.

 

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¿Dónde está nuestro ahorro?

Artículo ¿Dónde está nuestro ahorro? aparecido en el número 1.522 de la revista Noticias Obreras (1-4-11/30-4-11) en su página 11

 

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Entrevista en el número 1513 de Noticias Obreras

En el número 1.513 de Noticias Obreras editado por las Hermandades Obreras de Acción Católica HOAC me hicieron una entrevista que os adjunto aquí

 

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Al fin y al cabo, son nuestros acreedores

Artículo publicado en Las Provincias, martes, 13 de julio de 2010. Página 16

 

Entrevista en Alandar de Mayo de 2010

Entrevista en la revista Alandar, Mayo de 2010, pág: 24

Enrique Lluch, profesor de Economía en la Universidad CEU de Valencia
En una economía altruista el crecimiento no es el objetivo final

J. Ignacio Igartua

Analizando los factores que han propiciado la actual crisis económica mundial muchos pensaron que el sistema podía replantearse y que algo cambiara. La realidad de cada día parece que está lejos de ese objetivo, aunque hay quienes siguen pensando que ello es posible. Uno de ellos es Enrique Lluch, profesor de Economía de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, quien considera posible trabajar “por una economía altruista”, como plantea en un libro de reciente aparición.

¿La economía es el reino de los egoístas?

El paradigma de comportamiento sobre el que se basa la teoría económica en estos momentos es aquel que propugna que todos nos movemos para lograr maximizar nuestro propio interés. En este sentido, el comportamiento egoísta está totalmente legitimado por la ciencia económica y en la medida que ésta impregna cada día más aspectos se convierten en la principal fuente de legitimación del comportamiento egoísta en nuestra sociedad. Es más, con frecuencia podemos escuchar que alguien lo que tiene que hacer es defender sus propios intereses y dejarse de pamplinas, de este modo el egoísmo aparece como el parámetro de comportamiento ‘moderno’ ante otros paradigmas que aparecen como propios de personas que se han quedado en el pasado.

¿La actual crisis mundial tiene algo que ver con esta afirmación?

Totalmente. El verdadero origen de la crisis, esto es, el por qué hemos llegado a los comportamientos especulativos que la han provocado, al engaño en los niveles de riesgo que tenían determinados instrumentos financieros, a la complicación excesiva que estos han experimentado, a la política de crédito barato, no tienen otra causa que la obsesión por el crecimiento económico, o lo que yo denomino la utopía del crecimiento. Tenemos que crecer, nuestra economía solamente funciona si hay crecimiento económico y éste además debe ser mayor que el de los países que tenemos al lado, porque si no, estamos fracasando. Estamos así entrampados en una estúpida competición que no nos lleva a ningún lado.

¿El propio interés lleva irremediablemente al bien común?

Es un mito, una falacia. Adam Smith no dijo esto, sino “persiguiendo su propio interés, frecuentemente promueve el de la sociedad con más eficacia que si intenta directamente promoverlo”. Quiero insistir que en ningún momento habla de que la relación sea irremediable, sino frecuentemente. Es más, para que la búsqueda del bien propio lleve a la mejora del bien común se deberían dar una serie de condiciones que no suelen aparecer en la vida real. En términos económicos deberíamos encontrarnos ante mercados de competencia perfecta y deberían darse unas condiciones en las que todos los que persiguiesen su propio bien estuviesen en una igualdad de condiciones tal, que ninguno de ellos tuviese capacidad para convencer o imponer su postura a los otros. Como esto nunca se da, la búsqueda del propio interés lleva a que el interés común se acerque más al de aquellos que han tenido más capacidad de acercar el ‘ascua a su sardina’.

¿Por qué en un mundo cada vez más rico hay cada vez más pobres?

Si está legitimada la búsqueda del propio interés, esto puede llevar a mejorar a otros. Por ejemplo, alguien que cree una empresa y emplee a mucha gente en ella que así tenga un salario y un trabajo. Sin embargo no tiene por qué ser así. Por ejemplo, prestar dinero a tipos de interés muy elevados a los más pobres. Además, no existe una relación directa entre riqueza y generosidad, por lo que la media de habitantes de un país o del mundo sea más rica no presupone que van a ser más generosos con los pobres.

¿Vivimos en una sociedad de la insatisfacción continua?

Sí y es una pena. Los problemas económicos graves se dan cuando no tenemos lo suficiente para alimentarnos, para protegernos del frío o del calor o para curar nuestras enfermedades, pero estar insatisfechos cuando tenemos cubierto lo necesario para vivir, trae una serie de problemas añadidos que no deberíamos tener. En este aspecto, la economía egoísta no ayuda a mejorar estos planteamientos sino que los empeora.

¿Se puede compaginar el consumo responsable con que no se ‘pare’ la economía?

Si queremos seguir creciendo sin parar, el consumo responsable no es el mejor camino, sino el consumo irresponsable y la especulación a altos niveles. Si luego esto trae inestabilidad y crisis no es lo más importante, lo prioritario es seguir creciendo. Por ello, cuando alguien se plantea el consumo responsable, debe cambiar la concepción y ver que la economía sigue funcionando aunque no crezcamos. No es necesario el crecimiento para que la economía siga funcionando. El consumo responsable se plantea la posibilidad de no crecimiento o de decrecimiento como algo positivo en si mismo.

¿Qué es una economía altruista?

Lo contrario de la economía egoísta, una economía que es consciente de que el crecimiento no es el objetivo final de nuestro desempeño económico. Que no busca solamente el propio interés a la hora de solucionar los problemas económicos, sino que también mira al bien común y el de los demás.

¿Es posible educar en esta visión o el sistema actual arrasa?

No, en la medida que convenzamos a las personas de que esta manera de entender la economía es positiva para ellas y las libera y las hace mejores además de beneficiar al común de la población, va a ser fácil. Muchos se dan cuenta de que querer siempre más y más no es lo mejor para sus vidas ni para los demás.

¿La Iglesia es más condescendiente con los ‘pecados económicos’ que con otro tipo de pecados?

Opino que, como les pasa a todos, la Iglesia es más comprensiva con los pecados realizados por los que son como nosotros, están en nuestra misma organización o están con nosotros o con los se parecen más a nosotros, que con los que están contra nosotros, en otras organizaciones o alejados o son más diferentes. Esto creo que es un mal generalizado.

¿Qué opina de la Responsabilidad Social Empresarial?

Se queda con demasiada frecuencia en operación de estética, aunque la idea es buena. Deberíamos incluirla en nuestros criterios de compra pero con unas evaluaciones más objetivas.

¿Se considera un utópico?

La economía es utópica en su globalidad. El crecimiento económico es una utopía, falsa, pero utopía al fin y al cabo. Sirve para que todo el sistema avance hacia un lugar u otro. Creo que todos necesitamos ese objetivo que nos mueva en una dirección, “el que no sabe donde va siempre llega a otro sitio”. Por ello considero que es bueno ser utópico y construir una sociedad más justa persiguiendo esa utopía.

 

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Sabiduría para tiempos de turbación. Los libros sapienciales y la crisis económica

El pasado 7 de Noviembre participé en las XV jornadas de Teología de la Caridad en Guadalajara. Intervine en una mesa redonda con una miniponencia titulada “Sabiduría para tiempos de turbación: Los libros sapienciales y la crisis económica”. Esta ponencia derivaba de un artículo que se publicará en uno de los próximos números de la revista Corintios XIII. En él demuestro como, a pesar de la distancia temporal y de las diferencias que existen entre la sociedad en la que se gestaron los libros sapienciales de la Biblia y la nuestra, los consejos económicos que se encuentran en ellos son útiles para afrontar las cuestiones económicas más actuales. Es más, si hubiesemos seguido esos consejos, tanto en cuanto a nuestra relación con los ricos y al afán de riquezas, como a la gratuidad en la economía, a la laboriosidad, a la parquedad económica o a las recomendaciones enfocadas a las finanzas,  podríamos haber evitado muchas de las consecuencias negativas de esta crisis.  Con demasiada frecuencia olvidamos la sabiduría en nuestro día a día y nos comportamos con poco sentido común. Una mirada a la sabiduría bíblica, nos ayudaría a mejorar nuestro desempeño económico.

 

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La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

Los próximos días 20 y 21 de Noviembre en la sede del Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid, tendrán lugar unas jornadas que pretenden analizar la actual crisis económica a la luz de la Encíclica Caritas in veritate.

La crisis en la que estamos tiene sus raíces económicas, pero no podrá superarse totalmente  sin atender a los problemas éticos que la han sustentado.

Los comportamientos que han provocado la crisis no solo han sido legales en la mayoría de las ocasiones, sino que estaban legitimados por el pensamiento dominante y por la escala de valores que priman en nuestra sociedad. Para evitar que estas situaciones se vuelvan a repetir, no solo hay que cambiar estos comportamientos, sino también el entorno ético que los rodea y los legitima.

La encíclica Caritas in Veritate sirve de piedra de toque para entender de una manera más humana la economía. Estudiar lo que ha sucedido a la luz de las enseñanzas de la encíclica puede permitirnos encontrar pistas válidas para construir un futuro en el que estos comportamientos no sean tan generales.

Estas Jornadas han sido organizadas por el Instituto Superior de Ciencias Morales con el propósito de contribuir a un debate social necesario en el que no vale solamente poner parches, sino que hay que afrontar las raíces éticas de una crisis que está afectando gravemente a gran cantidad de personas.

Páginas de Folleto jornadas crisis económicaPáginas de Folleto jornadas crisis económica1

Información e inscripciones

Secretaría del ISCM
Horario: lunes a viernes (no festivos) 9:30h-13:00h
Teléfonos: 91 353 30 40 – 91 345 36 00
secretaria@iscm.edu

Inscripción: 25 €
Forma de pago:
– En la secretaría del centro.
– Por transferencia bancaria hasta el 18 de noviembre de 2009: Banco Santander 0049 0469 18 2410104823. Indicar: “JORNADAS” y nombre del participante. Confirmar pago por teléfono o e-mail con los datos completos del participante.

Lugar

Instituto Superior de Ciencias Morales
C/ Félix Boix, 13. 28036 Madrid
Metro: Plaza de Castilla.
Bus 27, 147 y 150.
Ver plano.

 

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