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Archivo de la etiqueta: opinión económida

La pobreza y la privación en la Comunidad Valenciana: Vídeo

Aquí tenéis un video en el que el autor del informe sobre la pobreza y la privación en la Comunidad Valenciana y yo mismo describimos los elementos más importantes del informe

 
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Publicado por en marzo 30, 2012 en pobreza, Privación

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

“Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida” Artículo publicado en el periódico Levante, el Domingo 9 de Octubre de 2011, en su suplemente El Mercantil Valenciano EMV, en su página 12.

Una de las frases que se difundieron a raíz de la acampada de los autodenominados “indignados” me llamó la atención. Decía (y seguirán diciendo, supongo) que no son anti-sistema, sino cambia-sistemas. Si lo pensamos bien, todos deberíamos ser, hasta cierto punto cambia-sistemas, sobre todo porque la realidad es siempre cambiante y un sistema rígido, difícilmente puede adaptarse a la evolución de la sociedad si no se reinventa a si mismo (al menos en parte). Creo que esto tiene una aplicación clara al sistema de mercado y en especial a la libertad de mercado. Todos tenemos claro que el mercado necesita de la libertad para funcionar correctamente. Sin ella el mercado no es tal y el desempeño económico se resiente. Ahora bien, la idea que tenemos sobre lo que es la libertad se confunde con otras cosas y esto sucede en especial cuando hablamos del mercado. No está de más, pues, reflexionar en estas líneas sobre la libertad del mercado.

De hecho, durante los últimos años hemos asistido a un movimiento de liberalización de los mercados. Muchas de las medidas que se han tomado han tenido como objetivo quitar trabas al funcionamiento del mercado. Ahora bien, a pesar de esto, muchos de los agentes que trabajan en él no parecen sentirse más libres ¿Podemos escoger el trabajo que creemos más conveniente? ¿Nuestras actuaciones económicas nacen de nuestras convicciones y hacemos lo que creemos que es mejor para mejorar el entorno en el que nos encontramos? Muchas veces esto no es así. En un mercado libre oímos con demasiada frecuencia la frase de “me veo obligado a…” “No he tenido más remedio que…” “Los negocios son los negocios…” para justificar actuaciones que no se habrían hecho si no llega a ser por la dinámica del mercado (o al menos así se justifican los autores de los hechos). De este modo, un mercado aparentemente libre parece forzar a sus componentes a actuar de una manera contraria a sus convicciones personales. Parece que la única libertad que potencia el estado es la libertad para ganar más dinero, pero que esto se hace a costa de reducir la libertad para poder hacer aquello que dicta tu conciencia y que crees que es mejor para los demás y para el conjunto de la sociedad.

El principal problema del concepto libertad es que se confunde a menudo con la posibilidad de hacer algo: si algo es posible, debemos tener la libertad de hacerlo. Sin embargo, esto no siempre supone ser más libres. Puedo poner algunos ejemplos en ámbitos diferentes a la economía: la organización social no nos permite poner la música a gran volumen a las tres de la madrugada en un edificio lleno de personas durmiendo, ni coger una escopeta y herir o matar a los clientes de un supermercado, ni circular a 110 por hora cuando atravesamos las céntricas calles de un casco urbano, ni presentar un partido político a las elecciones si este apoya a los terroristas que asesinan a sus contrincantes… Estos límites a la libertad de acción no significan que las personas que vivamos en esta sociedad no seamos “LIBRES”, al contrario, gracias a cumplir esas normas o límites que nos fijamos, podemos ser más libres. De hecho, una concepción libertaria de la existencia en la que se permitiese realizar estas actuaciones (posibles por otra parte) podría comprometer nuestra propia libertad.

Lo mismo sucede con el mercado. Un mercado libre no significa un mercado en el que todo esté permitido. El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado. Si no es así, el sistema económico puede volverse contra las personas a las que tiene que servir como, por desgracia, hemos visto en demasiadas ocasiones. Estos límites a los que estamos acostumbrados cuando hablamos de temas políticos o sociales, deberían ser normales también en el ámbito económico y no ser visto como aberraciones contrarias a la libertad de mercado. De hecho, ya ponemos límites al mercado, por ejemplo cuando impedimos determinados sistemas productivos contaminantes, o actuaciones que reducen la competencia entre empresas (como los cárteles o los repartos de mercado), cuando se obliga a pagar un salario mínimo a los trabajadores, etc.

Habría otras medidas que podrían limitar las posibilidades de actuación sin resultar en una reducción de la libertad de mercado. Así el Estado, por ejemplo, podría poner límites a las diferencias salariales exageradas que se dan en algunas empresas. Estas incrementan las desigualdades en el mercado, no mejoran la efectividad de las economías que las permiten (durante años las diferencias salariales en un país como Alemania han sido mucho menores que las Estadounidenses y eso no ha significado que la economía alemana funcionase peor) e impiden que un grupo de trabajadores gane salarios que les permitan vivir con dignidad a ellos y sus familias. Otra sugerencia sería la de poner coto a la utilización de determinados derivados financieros y otras actuaciones de esta índole que incrementan la inestabilidad del sistema y no aportan nada a la principal función del sistema financiero que es intermediar entre los ahorradores y los prestatarios.

Existen más ejemplos de límites a las posibilidades de actuación de un mercado que no reducen la libertad de mercado, sino que garantizan su sostenibilidad económica y lo ponen al servicio de todas las personas. Pero creo que hay que llamar la atención sobre este tema para no olvidar que un mercado libre no es aquel que permite que una persona o un grupo de ellas o de empresas puedan ganar mucho dinero de una manera fácil y en un breve espacio de tiempo, sino aquel en el que sus componentes pueden decidir sobre sus actividades económicas y ponerse de acuerdo con otros sin presiones, para lograr los ingresos adecuados para vivir de una manera digna, tanto ellos, como el resto de la sociedad. La libertad de mercado debe estar al servicio de la sociedad y de las personas, no de los beneficios. El Estado debe potenciar un mercado libre y no un mercado libertario donde algunos puedan ganar mucho dinero a costa de que otros tengan menos posibilidades de hacerlo.

Si dejamos que todo lo que se puede hacer en un mercado se haga, pasaremos de un mercado libre a uno libertario. El mercado libertario tiene las mismas consecuencias que un estado libertario, esto es, como todo está permitido, el más fuerte se come al más pequeño. No se permite introducir medidas que protejan a los más desfavorecidos bajo el argumento de que “limitan la libertad de mercado” y, al final, se está protegiendo a aquellos que tienen más: en un mundo sin reglas, los más fuertes siempre tienen las de ganar. Un mercado libertario acabaría convirtiéndose en un mercado liberticida, esto es, un mercado que aniquilaría su propia libertad, en el que los más poderosos tendrían un dominio tal sobre los asuntos económicos que difícilmente podríamos escaparnos de sus dictados, lo que nos llevaría a una dictadura económica. Para evitarlo debemos articular un mercado que esté al servicio de las personas, que sepa poner los límites necesarios para garantizar la libertad real de los miembros de la sociedad, que no reduzca las posibilidades de una gran parte de la población impidiéndoles tener los ingresos suficientes y limitándoles sus posibilidades económicas, que incremente nuestras capacidades y no las reduzca. Volviendo al principio del artículo quiero añadir que si no se dirigen los tiros hacia esta dirección, la indignación de los cambia-sistemas puede hacerles derivar hacia la indignación de los anti-sistema o a la atonía de los desencantados, lo que creo que no sería bueno para nadie ya que, no se trata de luchar contra el mercado o de dejar que este nos apabulle, sino de ponerlo al servicio de las personas.

 

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Qué es una economía altruista

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1526 (Agosto 2011)

 

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Recuperar el valor del trabajo

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1525 (1-7-11/31-7-11)

 

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El trabajo egoísta

El trabajo Egoísta, artículo publicado en Noticias Obreras, nº 1524 de Junio de 2011, en su página 17

 

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¿A quien protege el Estado ante los riesgos del mercado?

 

¿A quien protege el Estado ante los riesgos del mercado? Artículo publicado en la página 28 del Periódico Las Provincias el 30 de Marzo de 2011

 

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Un estado ¿solidario? La dación en pago

Artículo “Un estado ¿solidario? La dación en pago” Publicado en Las Provincias el 24 de Abril de 2011 en su página 32

Aprovecho la cercanía a la celebración del Domingo de Resurrección para introducir una reflexión cristiana sobre uno de los temas económicos que tienen actualidad en estos momentos: la posibilidad de dación en pago de una hipoteca. La situación actual creo que se conoce, aunque voy a repasarla en unas pocas líneas. Cuando alguien no puede pagar su hipoteca el banco embarga el inmueble. Este es subastado y si no es adjudicado se lo queda la entidad financiera por la mitad del valor de tasación del momento. Si la cuantía de la venta o del 50% de valor de tasación es inferior a la deuda del anterior dueño, éste sigue debiendo la diferencia al banco. Con esta legislación una persona puede quedarse sin la casa y seguir debiendo dinero por algo que ya no es suyo. Ante esta situación existen colectivos que defienden la introducción en nuestro país de algo que ya se da en otras naciones ricas como es la dación en pago, esto es, que la devolución del bien hipotecado sirva para saldar la totalidad de la deuda.

El argumento más repetido a la hora de defender esta postura es que esta ley está condenando a los más desfavorecidos a la pobreza y a la exclusión social, ya sea porque se quedan sin su hogar y con una deuda por saldar, o porque tienen que seguir asumiendo unas mensualidades hipotecarias excesivamente elevadas que ahogan su economía doméstica, ya que la otra opción les condena a seguir pagando sin tener casa y les impide acceder a otra vivienda más barata. Estos colectivos quieren que se ponga por encima de cualquier otro el derecho constitucional a una vivienda. Los detractores argumentan que la dación en pago aumentaría el precio del crédito hipotecario ya que el riesgo sería mayor para las entidades financieras y que esto, considerando que tenemos los tipos medios más bajos de Europa, perjudicaría a quien quiera obtener un crédito. Además se argumenta que esta medida podría perjudicar más a nuestro sistema financiero, al tener que reconocer como pérdidas gran parte del dinero que les deben los hipotecados. Se concluye, pues, que al intentar beneficiar a unos pocos, se acaba perjudicando a la mayoría.

Estos últimos argumentos, siendo ciertos, no tienen en cuenta el efecto que podría tener la dación en pago sobre los precios de los inmuebles. La medida incrementaría el porcentaje de impagos ya que muchas personas que están apuradas devolverían sus inmuebles para saldar la deuda y acceder a otras viviendas más baratas (normalmente en régimen de alquiler). Los bancos, para evitar esta devolución renegociarían las condiciones de la hipoteca reduciendo la cuantía de la mensualidad y asumiendo algunas pérdidas para evitar esta maniobra. Aún así se encontrarían con una gran cantidad de viviendas en su propiedad que deberían vender para hacerse con dinero líquido. Todo ello redundaría en una bajada más acusada que la actual de los precios de la vivienda lo que aumentaría las posibilidades de que los hipotecados dejasen las hipotecas caras o las renegociasen… Si lo pensamos bien ¿Qué es preferible? ¿Que no bajen mucho los precios y mantener las hipotecas más baratas de la Unión Europea? O ¿Qué los precios bajen al menos un 30% o más y que las hipotecas suban un 1 o un 2%? Opino que la mayoría pensamos que esta segunda opción garantiza mucho más el acceso a una vivienda, ya que ajusta el precio de las mismas a los ingresos de la población en general. Es más, encarecer el préstamo hipotecario por el incremento de su riesgo puede ser una buena vacuna para evitar que en un futuro se preste con la ligereza y la mala gestión que se ha dado durante los años previos a la crisis y evitar, de paso, las subidas exageradas de precios que se vieron durante estos años. Estoy seguro que con unos precios mucho menores, además, se revitalizaría el mercado inmobiliario parado porque muchos consideran que todavía queda margen de bajada.

Por si esto fuese poco, quiero introducir la reflexión cristiana que he prometido en el primer párrafo. La Doctrina Social de la Iglesia reclama que el Estado esté al servicio de la persona y que lo haga de una manera solidaria, entendiendo la solidaridad como lo hace la Encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis 46: “el amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”. Esta opción preferencial por los pobres de la que también habla esta Encíclica nos impele a tomar decisiones que piensen en los más desfavorecidos desde el convencimiento de que esto va a ser lo mejor para la sociedad en su conjunto. Introducir la dación de pago puede ayudar a muchas personas que se han encontrado con unos precios de la vivienda totalmente sobrevalorados a mejorar su situación y a que recordemos que la actividad inmobiliaria no es solamente una actividad para ganar dinero o mucho dinero, sino que se trata de un sector económico al servicio de las personas que necesitan una casa para vivir. No debemos perder el norte y hay que recordar, que esto último es lo más importante, la vivienda es para las personas y el sector inmobiliario debe estar a su servicio.

 

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¿Dónde está nuestro ahorro?

Artículo ¿Dónde está nuestro ahorro? aparecido en el número 1.522 de la revista Noticias Obreras (1-4-11/30-4-11) en su página 11

 

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Bienvenido Mr. Qatar

Artículo aparecido en el periódico Las Provincias el Domingo 13 de Marzo de 2011. Página 40

 
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Publicado por en marzo 25, 2011 en Estado Social

 

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Consumir es algo más que comprar

Artículo aparecido en la Revista Noticias Obreras en su número 1.520 de Febrero de 2011

 

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El corazón de la economía egoísta

El corazón de la economía egoísta, Artículo publicado en Noticias Obreras nº1518 del 16 al 31 de Diciembre de 2010

 

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Necesidades y deseos finitos

Necesidades y deseos finitos, Artículo aparecido en la revista Noticias Obreras, en su número 1519 (1 a 31 de Enero de 2011)

 

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Reseña del libro en Noticias Obreras, Nº 1.503, Mayo de 2010

 

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Reseña del libro aparecida en la revista Saó

Artículo publicado en el número 349 de la revista Saó (Pág 6) de Mayo de 2010

 

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La paradoja de la economía egoista

Artículo publicado en el diario Las provincias el martes 25 de Mayo de 2010 en la página 22

 

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