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Un estado ¿solidario? La dación en pago

12 May

Artículo “Un estado ¿solidario? La dación en pago” Publicado en Las Provincias el 24 de Abril de 2011 en su página 32

Aprovecho la cercanía a la celebración del Domingo de Resurrección para introducir una reflexión cristiana sobre uno de los temas económicos que tienen actualidad en estos momentos: la posibilidad de dación en pago de una hipoteca. La situación actual creo que se conoce, aunque voy a repasarla en unas pocas líneas. Cuando alguien no puede pagar su hipoteca el banco embarga el inmueble. Este es subastado y si no es adjudicado se lo queda la entidad financiera por la mitad del valor de tasación del momento. Si la cuantía de la venta o del 50% de valor de tasación es inferior a la deuda del anterior dueño, éste sigue debiendo la diferencia al banco. Con esta legislación una persona puede quedarse sin la casa y seguir debiendo dinero por algo que ya no es suyo. Ante esta situación existen colectivos que defienden la introducción en nuestro país de algo que ya se da en otras naciones ricas como es la dación en pago, esto es, que la devolución del bien hipotecado sirva para saldar la totalidad de la deuda.

El argumento más repetido a la hora de defender esta postura es que esta ley está condenando a los más desfavorecidos a la pobreza y a la exclusión social, ya sea porque se quedan sin su hogar y con una deuda por saldar, o porque tienen que seguir asumiendo unas mensualidades hipotecarias excesivamente elevadas que ahogan su economía doméstica, ya que la otra opción les condena a seguir pagando sin tener casa y les impide acceder a otra vivienda más barata. Estos colectivos quieren que se ponga por encima de cualquier otro el derecho constitucional a una vivienda. Los detractores argumentan que la dación en pago aumentaría el precio del crédito hipotecario ya que el riesgo sería mayor para las entidades financieras y que esto, considerando que tenemos los tipos medios más bajos de Europa, perjudicaría a quien quiera obtener un crédito. Además se argumenta que esta medida podría perjudicar más a nuestro sistema financiero, al tener que reconocer como pérdidas gran parte del dinero que les deben los hipotecados. Se concluye, pues, que al intentar beneficiar a unos pocos, se acaba perjudicando a la mayoría.

Estos últimos argumentos, siendo ciertos, no tienen en cuenta el efecto que podría tener la dación en pago sobre los precios de los inmuebles. La medida incrementaría el porcentaje de impagos ya que muchas personas que están apuradas devolverían sus inmuebles para saldar la deuda y acceder a otras viviendas más baratas (normalmente en régimen de alquiler). Los bancos, para evitar esta devolución renegociarían las condiciones de la hipoteca reduciendo la cuantía de la mensualidad y asumiendo algunas pérdidas para evitar esta maniobra. Aún así se encontrarían con una gran cantidad de viviendas en su propiedad que deberían vender para hacerse con dinero líquido. Todo ello redundaría en una bajada más acusada que la actual de los precios de la vivienda lo que aumentaría las posibilidades de que los hipotecados dejasen las hipotecas caras o las renegociasen… Si lo pensamos bien ¿Qué es preferible? ¿Que no bajen mucho los precios y mantener las hipotecas más baratas de la Unión Europea? O ¿Qué los precios bajen al menos un 30% o más y que las hipotecas suban un 1 o un 2%? Opino que la mayoría pensamos que esta segunda opción garantiza mucho más el acceso a una vivienda, ya que ajusta el precio de las mismas a los ingresos de la población en general. Es más, encarecer el préstamo hipotecario por el incremento de su riesgo puede ser una buena vacuna para evitar que en un futuro se preste con la ligereza y la mala gestión que se ha dado durante los años previos a la crisis y evitar, de paso, las subidas exageradas de precios que se vieron durante estos años. Estoy seguro que con unos precios mucho menores, además, se revitalizaría el mercado inmobiliario parado porque muchos consideran que todavía queda margen de bajada.

Por si esto fuese poco, quiero introducir la reflexión cristiana que he prometido en el primer párrafo. La Doctrina Social de la Iglesia reclama que el Estado esté al servicio de la persona y que lo haga de una manera solidaria, entendiendo la solidaridad como lo hace la Encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis 46: “el amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”. Esta opción preferencial por los pobres de la que también habla esta Encíclica nos impele a tomar decisiones que piensen en los más desfavorecidos desde el convencimiento de que esto va a ser lo mejor para la sociedad en su conjunto. Introducir la dación de pago puede ayudar a muchas personas que se han encontrado con unos precios de la vivienda totalmente sobrevalorados a mejorar su situación y a que recordemos que la actividad inmobiliaria no es solamente una actividad para ganar dinero o mucho dinero, sino que se trata de un sector económico al servicio de las personas que necesitan una casa para vivir. No debemos perder el norte y hay que recordar, que esto último es lo más importante, la vivienda es para las personas y el sector inmobiliario debe estar a su servicio.

 

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