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Los bienes relacionales

19 Dic

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 11 de Diciembre de 2013, pág: 10 y 11

Bienes relacionales 1Bienes relacionales 2

El que tiene menos parece más feliz

Estamos tan acostumbrados a identificar tener más con estar mejor que no comprendemos por qué hay gente que puede vivir feliz con poco. Nos sorprende ver una sonrisa dibujada en la boca de personas que viven en unas condiciones mucho peores que las nuestras. Cuando algún voluntario joven vuelve de un país más pobre en África o Latinoamérica, una de las frases más oídas es que la gente es feliz a pesar del estado de penuria en el que viven. Con frecuencia, además, estos voluntarios afirman que los ven más felices que nosotros, las personas que vivimos con un nivel de vida más elevado, los que tenemos más pero no estamos tan satisfechos. Para responder a este aparente enigma, algunos argumentan las personas nos acostumbramos a todo, que quien no se consuela es porque no quiere, que ellos se conforman con poco y nosotros no… Se trata de argumentos que, pudiendo ser válidos, no explican la totalidad de este fenómeno. No pretendo en este artículo dar una teoría completa de los factores que nos llevan a ser más o menos felices, sino centrarme en los bienes que nos llevan o no a una vida más o menos plena.

¿De qué clases de bienes disfrutamos?

Por que la clave, quizá, está en qué clase de bienes disfrutamos aquellos que tenemos más y qué clase de bienes disfrutan aquellos que tienen menos. Nosotros, en los países ricos, disfrutamos de una gran cantidad de bienes y servicios que intentan satisfacer nuestras necesidades básicas y nuestras apetencias y deseos. Se trata de productos que consumimos de una manera individual, por los que pagamos un precio y con los que tenemos una relación directa entre el bien y nosotros: ropa, televisión, ordenador, lavadora, automóvil, etc. Estos bienes de consumo son los que tenemos en cuenta para definir el nivel de vida de una población, si cuenta con una cantidad mayor de ellos, consideramos que esa sociedad tiene más riqueza y mayor bienestar…

Sin embargo esta manera de ver las cosas olvida un conjunto de bienes que son muy importantes para la felicidad y de los que suelen gozar aquellas personas que viven de una manera más sencilla: los bienes relacionales. Cuando hablamos de ellos nos referimos a bienes que nos sirven para relacionarnos con otros, que incluyen un ambiente social amigable y positivo, que potencian hábitos de cooperación que nos ayudan a llevar una buena vida, que son experiencias comunes y compartidas… Estar con los amigos y conversar con ellos, que los niños de tus amistades vengan a jugar a tu casa y viceversa, compartir aficiones y realizar actividades conjuntas, pertenecer a un grupo religioso y reunirse con él cada cierto tiempo, pasear en compañía, hacer deporte con otras personas, etc.

Los bienes relacionales como factor económico

Podríamos pensar que los bienes relacionales no tienen un componente económico importante, que son cosas que no se compran sino que se consiguen y tendríamos razón. Esta es una de las causas por las que personas que tienen menos ingresos están mejor que otras que tienen más. Puede ser que no gocen de muchos bienes por los que tengan que pagar, que no tengan muchas cosas, pero si gozan de bienes relacionales, estos pueden tener una influencia positiva sobre su bienestar mayor de la que tienen los otros. Por ello, muchas veces, los que vivimos en los países ricos equivocamos nuestra dirección. Nos dedicamos a acumular cosas pensando que esto nos hará más felices, y descuidamos estos bienes relacionales que tienen un efecto más positivo sobre nuestro bienestar que la mera acumulación de bienes de consumo en nuestras estanterías.

Pero hay otra cuestión que tiene unas implicaciones económicas mucho más evidentes. Cuando les comento a mis alumnos qué clase de trabajo quieren, con mucha frecuencia me contestan que aquel que más ingresos les aporta. Si les comentas que hay personas que prefieren estar en trabajos menos remunerados pero en los que se sienten a gusto a otros mejor pagados pero con peor ambiente laboral, algunos de ellos te escuchan con escepticismo, creen que esa es una mala opción. No están acostumbrados a tener en cuenta los bienes relacionales, solamente piensan en los bienes de consumo que se pueden comprar con dinero.

¿Competencia o colaboración?

Los bienes relacionales son clave en el clima laboral, en el quehacer económico cotidiano. Si potenciamos la competitividad, el tener que vencer al otro, el establecer las relaciones con los demás en clave competitiva en lugar de en clave cooperativa, estamos creando un ambiente económico que, si bien puede lograr más bienes de consumo para quien sigue estas pautas, dinamita nuestras relaciones con los demás. Esta es una de las principales causas por las que la economía está repercutiendo negativamente en el bienestar de las personas, competir en lugar de cooperar, dificulta nuestras relaciones con los otros y las deteriora inevitablemente. Hay que crear, pues, ambientes laborales que tengan en cuenta en este elemento, debemos educar en una economía que se base en relaciones de colaboración y no de competición, tenemos que identificar nuestro bienestar, no solo por los bienes de consumo, sino por aquellos que incrementan nuestra relación con los demás.

 

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