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Trabajar para construir y construirse

15 Oct

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1552, Octubre de 2013, pág 12-13

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La encíclica laborem exercens de Juan Pablo II nos recordó en su momento cuáles son las principales dimensiones del trabajo. Por un lado la objetiva, es decir, cómo a través de nuestra actividad productiva de bienes y servicios que sean útiles para nuestras vidas o para las de los demás, contribuimos en recrear este mundo, en construir una sociedad mejor y en que el bienestar de las personas que componen nuestra sociedad se incremente. La segunda dimensión es la subjetiva. Esta se basa en cómo el trabajo es una parte sustancial de la persona. Nosotros no podemos entendernos sin trabajo, la labor que realizamos para la elaboración de esos bienes y servicios es consustancial a nuestro ser. Por ello, el trabajo que desarrollamos es una de las maneras a través de las cuales nos realizamos como personas. Somos más humanos también en el trabajo y a través de él.

Hablar de estos conceptos en un momento en el que nos encontramos en unos niveles de desempleo que nunca habían sido tan altos, puede parecer una frivolidad. Algunos podrían pensar que con los graves problemas económicos que estamos viviendo, lo último que se puede pensar es si mi trabajo me ayuda a perfeccionarme como persona o si colaboro realmente en la mejora de mi entorno a través de él. Parece que en momentos así lo único que se puede hacer es dar gracias por el trabajo remunerado que tenemos sin realizar planteamiento alguno que vaya más allá.

Esto puede llevar a la concepción (tan extendida que alcanza, con frecuencia, a personas cristianas muy comprometidas) de que el trabajo se realiza tan solo para ganar el sustento, mientras que uno se realiza como persona y colabora en una sociedad mejor fuera de mi él, en el tiempo libre, en las actividades que se desarrollan en la parroquia, en una asociación, en una ONG, es decir, en las actividades voluntarias fuera del trabajo remunerado.

Si nos centramos en aquellos que viven su trabajo así y que tienen una fuerte conciencia de colaboración en la mejora del mundo en el que vivimos, me refiero a aquellos para los que su labor remunerada es una especie de mal menor en el que pasan muchas horas al día, pero que les sirve de soporte para poder utilizar todas sus energías en la labor solidaria que ejercen en su organización, ONG, labor voluntaria, etc. (Otros reservan estas fuerzas para dedicarse a organizar una fiesta, hacer deporte o realizar otras actividades lúdicas que también les apasionan. Se trata del mismo fenómeno pero con objetivos distintos)

Pienso, sinceramente, que esta postura no colabora demasiado en el crecimiento personal de aquellos que la practican y que tampoco lo hace en la construcción de esa sociedad mejor que anhelamos casi todos. Nuestra labor solidaria, nuestros anhelos de justicia, nuestra manera de colaborar en la mejora de nuestro entorno, también debe realizarse a través del trabajo. No pretendo ir en contra de la labor voluntaria o de la participación en ONGs, por supuesto que no, nada más lejos de mi intención. Lo que intento decir es que con el mismo espírituo con el que nos planteamos estas colaboraciones y estos trabajos, debemos plantearnos nuestra labor remunerada. Esta última puede ser, también, una fuente importante de gratificación personal y de colaboración en la mejora de nuestra sociedad.

Algunos pueden aducir que en determinados puestos de trabajo esto no es posible. Con frecuencia cuando comento esta cuestión, me preguntan cómo podemos hacer esto en un puesto de producción en cadena, o cómo se puede contribuir a la mejora de la sociedad cuando nos obligan desde nuestra empresa a actuar justo en el sentido contrario. Estas dos circunstancias parecen justificar que se tome el trabajo como un mal menor, que se limite uno a recibir el salario al final de mes y reserve sus energías para hacer en otros ámbitos aquello que sí que ayuda a crecer como persona y a construir un mundo mejor. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así.

Por un lado, salvo que se trate de una actividad claramente mafiosa o delictiva, la mayoría de las actividades económicas que se realizan en una empresa pueden beneficiar a la sociedad o a una parte de ella. Si estoy en una cadena de producción de, pongamos, piezas eléctricas de porcelana, mi colaboración en que estas salgan sin defectos, con todos los parámetros de calidad, no solamente va a ayudar a la empresa productora, sino también a los usuarios finales de estos elementos. En esta labor también compartimos el trabajo con otras personas como yo. Mejorar el ambiente de trabajo, conseguir unas relaciones amigables y un entorno positivo, es otra manera de construir sociedad. Esto no quiere decir que tengamos que callar si nos están exigiendo que tomemos actitudes poco éticas o contrarias a la mejora de los que nos rodean, todo lo contrario, nuestra actitud debe ser la mejor manera de mostrar este modo de entender nuestra labor.

Quizá el punto más difícil en este sentido es si el trabajo no nos está sirviendo para crecer como personas. Las situaciones críticas, los problemas, las circunstancias adversas, también son momentos en los que podemos lograr ser más humanos, crecer y avanzar en nuestro perfeccionamiento personal. Bien es verdad que esto tiene un límite que deberemos reconocer por si es necesario sacrificar los ingresos para mantener nuestra integridad personal y nuestra propia coherencia de vida. Por ello, como ya he nombrado, es importante denunciar las prácticas contrarias al desarrollo personal de los trabajadores o a las que van en contra de la mejora de la sociedad. Decidir hacer como si nada de esto existiese y buscar otras cosas fuera para intentar compensar lo que en el trabajo me machaca, puede ser la opción aparentemente más cómoda, pero no creo que sea la mejor.

Nuestra labor remunerada, es un lugar importante para nuestra realización personal y para nuestra colaboración en la mejora de nuestro entorno. Olvidar esto y considerarlo solo como un mal menor que debemos realizar para poder tener los ingresos que necesitamos para nuestra vida es deshumanizar nuestro trabajo y a nosotros mismos. Comprenderlo y actuar en consecuencia es una de nuestras responsabilidades en el mundo del trabajo hoy en día.

 

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