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Taizé y la economía

09 Dic

Artículo públicado en la revista ICONO, año 116, nº 11, Diciembre 2015, pág: 14 y 15

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Dentro de muy poco (los últimos días de este mes) tendremos en mi querida Valencia la anual peregrinación de confianza de la Comunidad de Taizé. Para quienes no conozcan Taizé les comentaré que se trata de una comunidad ecuménica situada en la pequeña aldea de Taizé, en Francia, muy cerca de la antigua abadía de Cluny. Una zona bellísima que combina granjas, sembrados y pequeñas y antiguas poblaciones con zonas forestales donde es fácil encontrarte con algún venado de pequeño tamaño durante un silencioso paseo. Pero si el paisaje es extraordinario, el milagro de este lugar no es solamente la tranquilidad que se vive por sus alrededores, sino que exista una comunidad ecuménica a la que acuden durante todo el año miles y miles de jóvenes europeos en su mayoría (aunque no solo, algunos vienen de otros continentes). Protestantes, católicos, ortodoxos… Se unen durante unos días para rezar juntos, para compartir, para conversar. Las diferencias de cultura, ritos, costumbres, lengua y origen, se rompen en un ambiente alegre y espiritual a la vez, en el que es fácil sentirse hermano del otro. Saber que lo que nos une puede ser más fuerte que lo que nos separa.

El encuentro internacional en una ciudad de Europa

Ese mismo milagro que se repite semana tras semana en la comunidad de Taizé, también se repite año tras año en una ciudad de Europa. La comunidad se traslada casi en pleno a ese lugar, para llevar ese mensaje de esperanza y unidad a las principales ciudades de Europa. Los cinco últimos encuentros fueron, por orden cronológico en Rotterdam, Berlín, Roma, Estrasburgo y Praga. Ahora le toca a Valencia que se llenará, este final de año, de miles de jóvenes de toda Europa que viajarán allí para vivir unos días de oración y esperanza junto a unos valencianos que nos volcaremos en su acogida durante estas fechas.

¿Tiene algo que ver Taizé con la economía?

Pero, en una sección como la mía en la que suelo hablar de temas económicos, uno podría preguntarse por qué introduzco este tema en esta sección. ¿Tienen algo que ver Taizé y la economía? Para responder solamente voy a desarrollar dos apuntes de esta relación. El primero es que juntar a miles de personas en un espacio (ya sea Taizé o una ciudad europea) requiere de una gestión económica adecuada para no fracasar en el intento. El segundo tiene que ver con aquello que como economista, he aprendido en Taizé, especialmente con respecto a la construcción de estructuras económicas virtuosas.

Lo económico al servicio de la misión

Como ya he nombrado en alguna ocasión en esta sección, lo económico no es lo más importante, pero tiene que funcionar bien para que se cumplan el resto de los objetivos. Cuando he hablado de la comunidad de Taizé y he intentado definirla para aquellos que no la conocen, no he tratado cuestiones económicas, no son importantes. Lo clave de la comunidad es otra cosa, es otro elemento. Dicho esto, acoger a miles de jóvenes semanalmente durante años y años, tiene un componente económico que no hay que olvidar y que si se gestiona mal, puede comprometer el futuro de la comunidad. En este sentido, hay dos cosas que quiero resaltar y que desde fuera (no conozco las cuentas de la comunidad) me parecen importantes y un modelo de cómo hacer las cosas. La acogida se paga entre todos, es decir, todo el que va a Taizé colabora en el mantenimiento de la comunidad y en los costes que su acogida genera. Ahora bien, no se cobra a todos lo mismo. Los precios están ajustados a la capacidad adquisitiva y la renta per cápita de la nacionalidad del acogido. De este modo, no pagan lo mismo los nacionales de un país más rico (su precio es superior) que aquellos que vienen de una nación más humilde. Además, los precios tienen siempre una horquilla, porque no todos nacionales de un país tienen los mismos posibles. El que llega elige el precio que paga, escoge cuánto aportar a la comunidad. De este modo, cada uno paga según lo que tiene y no según lo que va a recibir (todos reciben lo mismo). Del mismo modo, todos los que son acogidos en la comunidad colaboran con el mantenimiento de la misma con su trabajo, es un pago en especie que educa a los jóvenes y les ayuda a ser conscientes del inmenso trabajo que se necesita para mantener una comunidad como esta, que les abarata la estancia y que les ayuda a comprender que el trabajo también es un espacio de convivencia, de alegría y de colaboración necesaria en la construcción del Reinado de Dios en la tierra.

Qué me ha enseñado Taizé sobre economía

Esto nos demuestra varias cosas. La primera es que puede funcionar una institución desde el punto de vista económicos cuando la gente elige lo que paga, cuando la decisión sobre el precio no depende exclusivamente de quien ofrece el bien, sino de quien lo demanda y decide cuanto quiere aportar. Confiar en la gratuidad puede resultar en la existencia de algún gorrón pero es posible desde el punto de vista económico y evita que haya excluidos. La segunda es que creando estructuras virtuosas se consigue que el trabajo no aparezca como una maldición bíblica, sino como un espacio en el que desarrollarnos como personas, en el que querer más a nuestro prójimo. La economía es así una oportunidad para el encuentro y la relación con el otro. La economía se pone entonces en su lugar, al servicio de la persona y de la sociedad, al servicio de los jóvenes, de su espiritualidad y de su vida.

 

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2 Respuestas a “Taizé y la economía

  1. uno que se caliente la cabeza

    enero 31, 2016 at 4:15 pm

    No dudo que el diseño de las ‘tarifas’ que cada uno aporta en Taizé está inspirado por esa necesidad de adaptarse a la situación económica de cada persona. Si a una persona de Rumanía se le pidiera que contribuyera como a uno de Noruega, evidentemente, algo iría mal.

    Pero, creo que hay que llevar cuidado con estos sistemas de precios. En lo que se observa, no hay diferencia con una ‘discrimación de precios’ cuyo objetivo es totalmente distinto.

    Saludos y felicidades por el blog

     
    • enriquelluchfrechina

      febrero 1, 2016 at 5:54 am

      Te agradezco el comentario. Es evidente lo que dices lo mismo que no hay sistemas perfectos, ninguno lo es, todos tienen ventajas e inconvenientes. Lo que tenemos que fijarnos es precisamente en esto último, cuáles son las ventajas e inconvenientes y qué es lo que queremos priorizar para saber qué inconvenientes estamos dispuestos a asumir. Esta es una elección que debemos de realizar a la hora de tomar decisiones económicas.

       

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