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Saber decir no

16 Feb

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 2, Febrero 2015, pág: 14 y 15

Saber decir no 1Saber decir no 2

Uno de los elementos más importantes de la educación económica de nuestros hijos tiene que ver con el saber decirles “no”. Esto en ocasiones es complicado por varias razones que voy a analizar en este artículo, pero sobre todo porque existe una presión social que considera que educar bien a los niños supone que no les falte de nada. Sin embargo, tenerlo todo y con rapidez o demasiado pronto, no tiene unos resultados educativos adecuados. Por ello, debemos aprender a decir no, a esperar, a que no todo sea inmediato, a que cada cosa tiene su tiempo, a que se puede vivir muy bien sin tenerlo todo. Esto forma parte de la educación en una economía enfocada a los valores y a la humanidad.

Que no le falte de nada

En nuestra sociedad identificamos claramente el tener más con el estar mejor. Esto se traduce en intentar que los hijos tengan de todo, que no les falte de nada. Esto sucede especialmente (aunque no únicamente) en aquellas personas que pasaron estrecheces cuando eran pequeños, la experiencia negativa que esto les pudo suponer (no a todos) les hace pensar que no deben permitir que a sus hijos les suceda lo mismo. Por ello intentan darles de todo. De hecho, hasta algunas parejas deciden tener menos hijos para que los que nazcan puedan tener más cosas (si hay más niños tocan a menos cada uno). Por ello, es difícil decir no cuando me piden algo, cuando quieren otra cosa, vamos a ser malos padres “si podemos y no les damos de todo”

Hay que estar integrado

También le damos de todo a los niños porque queremos que tengan lo mismo que los demás, porque no queremos que se queden atrás, porque parece que si no tienen lo mismo que sus amigos van a estar desplazados o ignorados por sus compañeros. De este modo, identificamos lo bueno con lo que hacen o tienen todos, no queremos que nuestros hijos sean los raros, los que hagan algo diferente de los otros. El criterio de la bondad o maldad de algo, se olvida para priorizar el seguir la corriente principal, el adaptarse a lo que tiene, quiere o hace la mayoría. Se mata así la diversidad, la riqueza que supone la diferencia.

Hay que tener todo y con inmediatez

Pero no solo potenciamos el tener de todo, sino que los niños nos exigen inmediatez y que sea cuando ellos quieren. Tiene que ser y tiene que ser ya. Si no lo consiguen en el momento que lo quieren vienen los problemas, los malos comportamientos, el chantaje emocional, o la pesadez de aquel que está a toda hora recordando lo que quiere y no tiene. Esto hace que, con frecuencia, les compramos cosas antes de que estén preparados para ellas, a una edad demasiado temprana o en un momento inadecuado. Además, les lleva a que crean que todo es fácil de conseguir, a que no hay que hacer esfuerzos para tener las cosas, se olvida así que las cosas cuestan, que todo requiere su esfuerzo.

Hijos empachados

Todo esto puede llevar a lo que nombró Francisco a los jóvenes en Copacabana (Río de Janeiro) “El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. Y terminamos empachados pero no alimentados, y es muy triste ver una juventud empachada pero débil. La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe, y no empacharse de otras cosas”. Y esto podemos conseguir si no aprendemos a poner límites, a decir que no. Hijos empachados, sentados en un sofá con la barriga llena y sin ganas ni ilusión de hacer nada. Jóvenes debilitados que solamente piensan en volver a comer, en que pase el empacho para volver a atiborrarse de comida. Tener demasiado tiene este peligro, el del exceso, el de la desorientación, en de la debilidad.

Por ello hay que saber decir no

Por todo ello es tan importante saber decir no. Saber hacer ver a nuestros hijos que para gastar se necesitan unos ingresos y que estos no son ilimitados, que todo no se puede comprar. Intentar mostrarles que si no tienen algo que los otros tienen, no pasa nada. Ninguna familia es igual a la otra, cada una tiene sus propias características diferentes a las de los otros. No todos educan igual a sus hijos y que esto no es malo, sino bueno para la sociedad. La diversidad es un valor en sí mismo. También hay que saber decir no para que sepan esperar el momento. Tal vez se le quiere comprar algo, pero se puede esperar al cumpleaños, a Navidades, a una ocasión especial. Educar en la espera en contra de la inmediatez también es una buena enseñanza económica. Por otro lado hay que saber decir no a la sustitución de bienes antes de que se rompan. Generar basuras innecesarias comprando siempre lo último antes de que lo anterior deje de ser útil va en contra de la conservación del medio ambiente. Por último, hay que decir no a las compras compulsivas, a adquirir bienes que no sirven para nada, que no van a ser utilizados. Aprender a decirle no a nuestros hijos y a que no tengan todo lo que quieren, es una enseñanza que les va a permitir construirse un futuro mejor ya que les enseñará a que se puede vivir bien con menos y a que las cosas tienen su coste. Es educar niños fuertes que sepan apreciar lo importante y que no se empachen de cosas y de consumo.

 
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Publicado por en febrero 16, 2015 en educación y economía

 

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