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Celebrar la vida y compartir con los niños

09 Sep

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 8, Septiembre 2014, pág: 12 y 13

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Los que tenemos hijos, hemos sido invitados a múltiples cumpleaños y celebraciones de los compañeros de la clase de nuestros pequeños. Cuando el presupuesto lo permite, estas celebraciones se pueden convertir en una carrera para ver quien invita de una manera más excelente a los demás. Mis hijos han estado en el cine, en bares de bolas, en boleras, en fiestas con animadores, en hamburgueserías, etc. El cumpleaños o la celebración parece centrarse en un alto gasto por niño que, además de no estar al alcance de todos los bolsillos, tampoco transmite siempre los valores que nosotros desearíamos a nuestros niños.

La importancia de celebrar

Lo primero que debemos tener en cuenta es que celebrar es bueno. Una parte esencial de nuestra vida consiste en saber celebrar con nuestros seres queridos lo bueno que la vida nos da, nuestras alegrías, el valor de la amistad… Los cristianos somos especialistas en celebrar por lo que sabemos la importancia y el valor que tiene esta clase de expresión de agradecimiento y de alegría. La misma eucaristía es una celebración a la que acudimos gozosos de haber sido redimidos por el amor de Jesucristo. Por ello también necesitamos mostrar a nuestros niños la importancia de disfrutar de la vida y de celebrar las cosas importantes que nos suceden en ella.

Cuanto más gastamos mejor es la celebración

Es cierto que para celebrar algo hay que realizar un esfuerzo. Una fiesta, un cumpleaños, un aniversario precisa para organizarlo, para invitar a nuestra mesa a aquellos que queremos, para reunir a quienes hace mucho que no se ven, un esfuerzo que traiga la recompensa final de la celebración… Sin embargo, con frecuencia, el esfuerzo necesario para la celebración se convierte simplemente en un gasto mayor o menor. En los cumpleaños esto se ve a menudo, la fiesta se convierte en un gran gasto en el que tan importante es invitar tanto a los padres como a los hijos. La categoría de la fiesta depende de lo que ha pagado el celebrante, la cuantía pagada es lo que aporta caché a la celebración.

Los regalos

Y existe otro punto que se relaciona de una manera directa con el gasto. Se trata de los regalos. El gasto efectuado en la invitación parece que debe de ser compensado a través de unos regalos adecuados al nivel de la misma. De esta manera, el cumpleaños deja un rastro de regalos en la habitación de un niño que acabó abriéndolos con desgana mientras el resto de infantes invitados miraban atónitos esperando ver aquello que a ellos les habría gustado recibir. En aquellas fiestas con animadores, estos convierten este momento en central de la fiesta: se cubre al niño con una corona de juguete y se le sienta en un trono para recibir sus regalos. Parece que es el momento cumbre de la fiesta.

¿Qué es lo importante de la celebración?

Esto me lleva a una historia que le sucedió a un amigo y que me puso sobre la pista de este importante tema económico para la educación de nuestros hijos. Hace unos años le propuso a su hijo quinceañero celebrar el cumpleaños jugando a fútbol en la playa de la Malvarrosa, llevar unos bocadillos para merendar y pasar allí la tarde. El hijo replicó que no le podía hacer eso, que había que invitarlos a la bolera, o a la hamburguesería o al cine, cualquier cosa que costara dinero ya que si no iba a quedar en ridículo ante sus amigos. Ante el “o eso o nada” de sus padres, el chaval accedió. El final de la celebración no fue, evidentemente, como esperaba el adolescente. El cumpleaños fue un éxito, hacía tiempo que no se lo pasaban tan bien en un cumpleaños. Todos estaban encantados con lo “guay” que era mi amigo (el padre) que había jugado con ellos durante todo el rato (aunque como consecuencia este estuvo una semana dolorido con agujetas)

Esto nos lleva a apreciar otros aspectos importantes de la celebración. El dinero gastado queda a un lado y toman protagonismo el jugar todos juntos, el hacer algo especial que normalmente no hacían estos chavales (jugar al fútbol en la playa), la convivencia intergeneracional (el padre estuvo jugando con ellos, lo que en un principio podría parecer un estorbo para cualquier adolescente), el pasar un rato agradable entre todos… Y evidentemente, nadie se acordó de los regalos. Dar regalos en la playa después de acabar sudados, cansados y llenos de arena, no tiene excesivo glamour…

Centrarse en lo importante

Esto es lo importante de las celebraciones de nuestros hijos y para lograrlo no solo no es necesario realizar un gran gasto, sino que tal vez, el hacerlo puede llegar a ser un impedimento. El esfuerzo para realizar una celebración no debería centrarse en el gasto, sino en lograr las condiciones para que la convivencia, el pasarlo bien, el compartir, el poder realizar algo extra que normalmente no hacemos, pase a ser lo importante. Que los niños acaben la fiesta pensando “qué bien lo pasé”. Esta es la clave y para ello no se necesita mucho dinero, tan solo imaginación y un poquito de esfuerzo entre todos… Así educamos a los niños en que se puede pasar bien, se pueden conseguir cosas importantes sin que esto implique necesariamente un gasto.

 

 
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Publicado por en septiembre 9, 2014 en educación y economía

 

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