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Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

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Cuando “los dineros” nos agobian

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 2, páginas 12-13

2013 Febrero, cuando los dineros nos agobian

CUANDO LOS DINEROS NOS AGOBIAN

Una crisis que nos aprieta

Desgraciadamente, esta crisis que nos aprieta está obligando a muchas familias a realizar economías adicionales para poder llegar a final de mes. Si nuestros ingresos pasan a ser insuficientes, debemos comenzar a preocuparnos por la electricidad que consumimos, intentar bajar nuestros gastos y hacer por ganar más para poder cubrir nuestras necesidades. Muchas familias que están en esta situación se aprietan el cinturón no para permitirse algún capricho, un viaje, un juguete para los niños o una fiesta, sino simple y llanamente para poder comer y protegerse del frío.

Es evidente que esta situación no es agradable para aquellos que la sufren. La pobreza (que afecta a más de uno de cada cinco españoles en estos momentos) hace que sea difícil vivir con serenidad aquello que Jesús nos dijo en el sermón de la montaña “No andéis angustiados por la comida y la bebida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo” (Mt. 6, 25) Si son nuestros hijos los que no pueden comer, si no tenemos donde resguardarnos de las inclemencias del tiempo ¿Cómo podemos no preocuparnos por esto? Esta recomendación se hace muy difícil de cumplir. Cuando se está en riesgo de pobreza, la situación se asemeja más a la exhortación de Dios cuando Adán y Eva son expulsados del paraíso a causa de su pecado “Comerás del suelo con fatiga mientras vivas; brotarán para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan” (Gn. 3, 17-19)

Todos deseamos vivir en una situación diferente a la descrita en los dos párrafos anteriores. Lo que queremos es que nuestros ingresos sean suficientes para poder vivir con holgura de manera que podamos preocuparnos por las cuestiones importantes de la vida y no tengamos que andar agobiados por los asuntos económicos. Lograr esto en una familia y en el conjunto de la sociedad, es el ideal de una vida cristiana en la que lo principal es “buscar el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6, 33)

¿Por qué estábamos también agobiados en tiempos de bonanza?

Sin embargo, alcanzar esta posición económica cómoda no es una garantía de dejar de andar agobiados por nuestros dineros. El ejemplo lo tenemos en los periodos previos a esta crisis en los que gran parte de la población española tenía unos ingresos suficientes para poder vivir con dignidad en nuestro país. A pesar de ello, muchas de estas personas y familias nunca dejaron de estar agobiadas por sus dineros. No porque no les permitiesen vivir bien, sino porque nos les permitían tener todo aquello que deseaban (que era más de lo que podían pagar).

Vivimos en el convencimiento de que para que todo funcione bien son necesarias personas y familias que cada vez quieran tener más. El dinamismo económico parece basarse en la insatisfacción continuada que hace que todos estén preocupados por tener y querer más y más. Por ello, a pesar de llegar a un punto en el que muchas personas podrían dedicarse a disfrutar sin preocuparse demasiado de sus ingresos y gastos, gran parte de la población que gana dinero suficiente para vivir con dignidad sigue preocupada por sus gastos y por conseguir más ingresos para poder estar mejor. ¿Por qué no sabemos romper con la inercia y seguimos angustiados por los asuntos monetarios?

Porque hemos caído en la trampa de creer que para estar mejor necesitamos más cosas, de convencernos que siempre es necesario algo más, que nunca podemos estar satisfechos con lo que ya tenemos. Conformarse parece algo antiguo, pasado de moda, exento de dinamismo. Sin embargo, esto y no otra cosa es lo que se condena en el pasaje bíblico de Mateo que se vio al principio. No la postura de aquel que se preocupa casi exclusivamente de sus asuntos económicos porque no tiene con qué darle de comer a sus hijos, sino de aquel que pudiendo cubrir sin excesivos problemas todas sus necesidades, sigue agobiándose por ganar más y vive esta como su principal prioridad.

Una oportunidad para reflexionar

Creo que este momento de crisis en el que vivimos es una buena oportunidad para reflexionar sobre este tema, para darnos cuenta que tener que estar angustiado por nuestros dineros es una situación no placentera que sufrimos cuando no podemos cubrir nuestras necesidades. Por ello, continuar así cuando podemos vivir con lo que ganamos, no solamente es algo contrario a la manera de vivir en cristiano y un modo de comportarse que impide el compartir o la solidaridad, sino que además nos hace más infelices e insatisfechos, ya que nos perpetúa en una situación de desasosiego innecesario que nos impide colaborar en la construcción de un mundo mejor y disfrutar de nuestro día a día y de las cosas bellas que nos rodean.

 

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Vivir una economía solidaria en comunidad

Una congregación religiosa me pidió hace un tiempo un texto sobre cómo vivir solidariamente la vida en comunidad. Me han permitido que reproduzca el texto que les escribí en este blog para que todos podáis acceder a él, así que aquí os lo presento:

solidaridad

Este texto tiene como principal objetivo hablar sobre la gestión cotidiana de la economía de nuestras comunidades. Pretende plantearse si es posible hacerlo de una manera solidaria y cuáles son las medidas prácticas que hay que tomar para hacerlo. Todo ello se relaciona con nuestra acción social y nuestro compromiso con los más desfavorecidos, así como con nuestras posibilidades de colaboración en la instauración del Reinado de Dios en la tierra a través de la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Como vamos a ver, una gestión altruista de nuestros ingresos favorecerán esta opción por los que peor están.

¿Es posible una economía solidaria?

Quizá la primera pregunta que nos tendríamos que preguntarnos es si es posible una economía en clave solidaria. Muchísima gente piensa que la economía y la solidaridad son cuestiones incompatibles entre si. La economía aparece como el reino del egoísmo lo que conlleva que, perseguir la solidaridad o el bien común en cuestiones económicas, no solamente es algo que está fuera de su propia dinámica, sino que además, quien lo haga va a verse irremediablemente abocado al fracaso. Por ello, se afirma con rotundidad que solamente son válidos aquellos comportamientos que buscan sin complejos (o sin vergüenza) el propio beneficio.

Si esto fuese realmente así, creo que los cristianos deberíamos buscarnos otra fe o dejar de considerarnos cristianos para dedicarnos a otras labores o a otras religiones que fuesen compatibles con esta manera de entender las cosas. Digo esto, porque la economía es, en realidad, la manera en la que organizamos la parte de nuestra vida que se dedica a lograr aquello que necesitamos para vivir. Dicho de otra manera, es el modo en el que nosotros realizamos aquellas actividades que están destinadas a garantizar nuestro sustento y nuestra propia supervivencia. Esto implica varias cosas:

1.- Podemos hacerlo de muchas maneras, no existe una única para conseguir nuestro objetivo

2.- Podemos plantearnos el horizonte que queramos para esta actividad. Es decir, podemos encaminar esta actividad a objetivos alternativos. Podemos organizar la economía para cubrir solo nuestras necesidades, para conseguir todo lo que deseamos, para tener cada vez más, para que todo esté mejor repartido…

3.- Se trata de una actividad humana, por lo que podemos impregnarla de los valores y virtudes que deseemos. Por ello, aquello que rige nuestro comportamiento en otros campos podemos utilizarlo también para las cuestiones económicas.

Todo ello quiere decir que, al igual que el amor al prójimo y el compromiso con los más necesitados puede ser el norte de nuestra actuación en otros campos de nuestra vida, también lo puede ser en la economía, no son cosas incompatibles. Es más, los cristianos creemos sinceramente que el mejor servicio que podemos hacer a nuestra sociedad y la manera en la que ayudamos a nuestro Padre a recrear este mundo que él nos ha dado para que lo disfrutemos y gestionemos, es precisamente impregnando de amor todas las actividades en las que participamos. Por ello no solo creemos que es posible una economía solidaria, sino que además nuestra fe nos lleva a estar convencidos de que es la mejor manera de organizarla para que funcione correctamente.

Es por ello que Benedicto XVI afirma en el número 36 de su Encíclica Caritas in Veritate que el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo”. Esto supone oponerse a aquellos que afirman que el mercado es intrínsecamente egoísta, para afirmar que en nuestro sistema económico y en los intercambios de mercado, pueden primar otras consideraciones diferentes a las del simple egoísmo.

Podemos vivir una economía solidaria en nuestro día a día

Todo esto nos lleva a afirmar que no solo es posible introducir la fraternidad y la solidaridad en la vida económica, sino que es nuestra responsabilidad como cristianos el hacerlo. De hecho, el mismo Benedicto XVI nos dice en esta misma Encíclica (CiV 15) que “El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización… La Doctrina Social de la Iglesia es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella” Por lo tanto y en la medida que la Doctrina Social de la Iglesia tiene un componente económico importante, no seremos creíbles, nuestra labor de evangelización no será bien recibida, si no viene acompañada por un compromiso social y una vida económica basada en los valores cristianos. Realizar opciones solidarias en nuestro día a día económico se convierte en esencial para nuestra labor evangelizadora.

Es evidente que todo esto tiene límites y que la economía en si misma también nos los pone. Un ejemplo servirá para entender esto. Nosotros sabemos que para educar en libertad y en responsabilidad y darle lo mejor a nuestros niños y jóvenes, es esencial que reciban una educación que parta del amor, en la que estos crezcan sintiéndose queridos y apoyados. Ahora bien, también sabemos que si este amor se convierte en sobre-protección por parte de sus padres y educadores, puede no resultar positivo y provocar problemas a los chavales que les afecten en su maduración. Amar implica aprender cómo a hacerlo, no todos los caminos son válidos.

Lo mismo sucede con la economía. Nosotros podemos impregnar nuestra actividad económica de amor, pero si esto lo hacemos gastando sistemáticamente más de lo que tenemos, al final nuestras deudas se incrementarán de tal manera que no tendremos fondos para seguir practicando la misma gestión económica, quebraremos y todo se vendrá abajo. En los dos casos, la sobre-protección y el endeudamiento son límites que nos dicen que no todo es válido para realizar nuestra acción educativa o económica, pero que no nos impiden impregnarla de amor.

¿Son ilimitadas nuestras necesidades?

El primer problema que tiene la gestión económica de nuestras comunidades es que se han incrementado de una manera exponencial las necesidades. En estos momentos tenemos una gran confusión entre lo que es necesario y lo que no lo es. De hecho, con mucha frecuencia se identifica el necesitar más cosas para vivir con el estar más avanzado o haber progresado más. Cuando vemos personas mayores o comunidades en países más pobres que viven con muy poco, pensamos que no han evolucionado, que nosotros no podríamos vivir con tan pocas cosas, que se nota que se han quedado en el pasado… Se trata de una trampa en la que caemos fácilmente, creemos que estamos más avanzados por que necesitamos más cosas para poder vivir bien. Afirmamos sin rubor que ahora no podríamos vivir bien sin esto… o sin lo otro… o sin lo de más allá…

Ante este tema, creo que en las comunidades deberíamos reflexionar seriamente sobre lo que son realmente necesidades y aquello que no lo son. Para ello es bueno recordar que existen dos tipos principales de necesidades: Las básicas y las sociales o de la condición. Las primeras son aquellas que necesitamos para sobrevivir (alimento, refugio, descanso, etc) y las segundas son aquellas que precisamos para vivir de una manera digna en el entorno en el que nos encontramos o para realizar ese trabajo que nos da de comer. Mientras las básicas son las mismas para todos, las segundas son contingentes y varían según el lugar en el que vivimos, el trabajo y la edad que tenemos, nuestro entorno, etc. Todo lo demás son cosas que nos apetecen, que deseamos o que queremos tener, pero no son necesidades.

En nuestras comunidades deberíamos reflexionar sobre cuáles son las necesidades reales que tenemos, tanto básicas como sociales, y qué cosas o servicios que recibimos no son necesarias, sino tan solo queridas o deseadas. En segundo lugar hay que darse cuenta que las necesidades son, por su propia naturaleza, limitadas, mientras que las apetencias y los deseos pueden no serlo, lo cual puede convertirnos en personas permanentemente insatisfechas. Por lo tanto, conocer qué necesitamos, qué son apetencias o deseos, y vivir satisfechos y felices con lo poco, es un testimonio necesario en esta sociedad de abundancia. Precisamos de personas satisfechas en lo económico que puedan centrarse en lo realmente importante de la vida y de su vocación.

¿Cómo comprar?

Esto nos lleva a que cambiar nuestra condición de consumidores a la de compradores. Para ello debemos acudir al mercado a adquirir aquello que queremos o necesitamos de una manera consciente, habiendo reflexionado previamente sobre la satisfacción que vamos a percibir por ello.

En este sentido hay que tener en cuenta lo que afirma Benedicto XVI en la CiV 66: “Comprar es siempre un acto moral y no solo económico”. Para considerarlo así, no podemos analizar nuestra compra en términos exclusivamente egoístas. Es decir, no podemos utilizar como único criterio de compra la relación calidad-precio. Buscar una determinada calidad al mínimo precio (el criterio más habitual de compra en la actualidad) tiene como objetivo poder consumir más bienes, teniendo como única consideración mi propio beneficio.

Este razonamiento olvida a los otros implicados en la compra: Por un lado quienes ganan dinero gracias a mi compra (trabajadores, accionistas o directivos, especialmente los primeros); Por otro la región en la que se produce el bien y su desarrollo; Por otro el medio ambiente afectado por los procesos productivos contaminantes o no… Superar el consumo egoísta supone analizar en qué condiciones se producen los bienes que adquirimos para optar por aquellos en los que tenemos la seguridad de que nuestro dinero es repartido de una manera justa entre trabajadores, accionistas y directivos, sirve para desarrollar las zonas en las que se produce el bien adquirido y este no se produce contaminando el medio ambiente.

Por ello, creo que debemos reflexionar para que las compras en nuestras comunidades sean parcas, entendiendo parquedad tal y como hace el diccionario de la Real Academia de la Lengua: “moderación económica y prudente en el uso de las cosas”. Debemos pues limitarnos a comprar lo que necesitamos y alguna cosa que nos guste, utilizar las cosas hasta que se gasten y no reponerlas antes de que se acabe su vida útil, evitar las compras inmaduras y poco reflexionadas y no confundir parquedad con tacañería o austeridad, no se trata de intentar gastarse el mínimo de dinero a toda consta, sino de comprar para vivir.

En segundo lugar debemos realizar compras responsables, es decir que tengan en cuenta las consecuencias de nuestra compra sobre tres aspectos principales: El entorno natural, el desarrollo de la zona en la que se produce el bien y las condiciones laborales de quienes lo producen. Creo, por tanto, que es clave que planteemos nuestras compras desde la parquedad y la responsabilidad.

La gestión de las finanzas

El último punto que quiero tratar sobre la gestión económica de nuestras comunidades, es el tema de la gestión de nuestros ahorros. Con frecuencia parece que la única manera de gestionar correctamente nuestros ahorros es poniéndolos en aquellos depósitos que nos dan un rendimiento mayor. Es decir, el ahorro se convierte únicamente en un sistema a través del cual logramos más ingresos. Parece que aquellos que no consiguen unos determinados intereses o beneficios por sus ahorros están haciendo, literalmente, el tonto. Se trata de conseguir lo máximo de nuestro dinero para después hacer con ello lo que sea preciso.

Sin embargo, esto puede llevar a que nuestro dinero esté siendo utilizado por agentes que estén haciendo exactamente lo contrario de lo que nosotros pretendemos. Por ejemplo, podemos estar realizando labores de formación de jóvenes y de promoción de empleo para personas más desfavorecidas y de lucha contra las malas prácticas en las empresas con respecto a estos colectivos, y al mismo tiempo nuestro banco estar financiando con nuestro dinero a las empresas que realizan estas malas prácticas y contratan a nuestros chavales sin seguridad social o pagándoles salarios indignos.

Por ello uno de los asuntos que tenemos que plantearnos es cómo utilizan los bancos nuestros ahorros, es decir, a quien prestan nuestro dinero. Debemos intentar que aquello que ahorramos sirva realmente para financiar proyectos que creemos sinceramente que son acordes con nuestra idea de sociedad y que están promocionando la riqueza y la economía que nosotros buscamos. Por ello debemos buscar lo que se denomina habitualmente ahorro ético pero que a mi me gusta llamar ahorro responsable. Debemos exigir a nuestros intermediarios financieros que nos informen sobre a quien están prestando nuestros ahorros y que exista transparencia al respecto. Existen entidades financieras que ya lo están haciendo y debemos lograr que la mayoría den ese paso.

Otro tema fundamental es el objetivo de nuestros ahorros. Debemos tener en cuenta cuáles son los tres fines tradicionales del ahorro: prevenir gastos elevados venideros (como puede ser un coche, una casa, etc.) prevenir gastos extraordinarios imprevistos (enfermedad, averías o deterioros no previstos) o invertir el dinero en un proyecto futuro (un nuevo colegio, una formación de algún miembro de la comunidad, una acción social, etc.) Es decir, debemos ahorrar para poder atender a estas cuestiones, pero sin pensar en el ahorro como en un sistema para obtener mayores ingresos. No se trata de ahorrar todo lo que se pueda para tener más ingresos, sino de ahorrar lo necesaro para atender a estos tres elementos.

Por ello, debemos replantear nuestras finanzas para obtener un ahorro prudente y responsable. Por un lato que intente calcular lo que necesitamos para atender a los tres objetivos tradicionales que tiene el ahorro y por otro lado, para que nuestros fondos sirvan realmente para financiar aquellos proyectos que son acordes con nuestra manera de entender el mundo.

Caridad, justicia y bien común

Caridad, justicia y bien común son las tres categorías principales de la Doctrina Social de la Iglesia. Nuestra acción social y nuestro estar en el mundo como cristianos tienen estos tres ejes que modulan nuestras actuaciones en el día a día. Normalmente, en nuestras comunidades, estas tres categorías están presentes en la acción de la congregación y forman parte de su manera de estar en el mundo. Ahora bien, solamente si orientamos hacia esta dirección nuestro día a día económico en las pequeñas cosas que regulan nuestra gestión de los dineros, podremos potenciar de una manera coherente estas tres categorías en el resto de nuestras actuaciones.

Las actuaciones aquí sugeridas no son suficientes para alcanzar la caridad, la justicia y el bien común, pero sí que son una base necesaria para que nuestra gestión económica no tenga unas líneas incompatibles con ellas y no frene o limite nuestra lucha para lograr que estas categorías primen en toda nuestra actuación. Al contrario, esta manera de gestionar la economía en nuestras comunidades aplicando unos principios solidarios, no solo representa un testimonio en una economía en la que, desgraciadamente, la corriente principal lleva al egoísmo y a la exclusiva búsqueda del propio interés, sino que está colaborando de una manera activa en potenciar nuestras acciones caritativas y crear ese mundo más justo que logre de una manera más sencilla el bien común que buscamos entre todos.

Por ello, creo que debemos plantearnos si cambiando la gestión comunitaria de nuestros dineros en las claves anteriormente citadas, podemos reservar unos fondos para promocionar acciones sociales o solidarias. Esto se puede hacer o bien a través de nuestros ahorros, financiando proyectos de esta índole, o bien a través de las compras en empresas o proyectos de índole social, o bien a través del dinero que dejamos de gastar y que utilizamos de una manera directa para estos menesteres. La reflexión comunitaria debe llevarnos a ver cómo podemos promocionar, con nuestros ingresos, acciones que lleven a una solidaridad ajustada a nuestro carisma (apoyo escolar para chavales más desfavorecidos, becas escolares, fondos para las comunidades en países más pobres, acogimiento de chavales con problemas…).

Cambiar la manera de gestionar nuestros dineros nos lleva a promocionar la acción social en nuestras comunidades, a compartir nuestro dinero con aquellos que más lo necesitan, y a reforzar nuestro carisma educativo con acciones que ayuden a aquellos niños y jóvenes que están más necesitados de apoyo. Para realizar esto se necesitan fondos que podemos proporcionar gracias a nuestro cambio de actitud ante los dineros de nuestra comunidad.

Por último, solamente me queda comentar que estoy seguro que mucho de lo aquí comentado ya se realiza en algunas de las comunidades que leen esta pequeña reflexión. Solamente animar a que si así lo hacéis perseveréis en este camino y si no es así, a que lo toméis como una senda que vale la pena ser transitada y que es parte de nuestro carisma.

Preguntas para la reflexión comunitaria

Propongo aquí una serie de cuestiones que pueden utilizarse para la reflexión comunitaria

  • ¿Cuáles son las cosas que realmente necesitamos en nuestra comunidad y qué otras podemos considerar como deseos u apetencias? ¿Cuáles de las que tenemos responden a necesidades básicas y cuáles a necesidades sociales?¿Tenemos la sensación de que estamos viviendo con menos de lo que necesitaríamos para estar bien? Si es así, ¿Por qué?

  • Vamos a repasar las últimas compras que hemos realizado en nuestra comunidad ¿Realmente nos hacían falta? ¿Únicamente tenemos en cuenta la relación calidad precio a la hora de realizar la adquisición?

  • ¿Hemos dejado alguna vez de comprar en un lugar para hacerlo en otro porque sabemos que en el segundo tratan mejor a sus trabajadores, son más respetuosos con el medio ambiente o están fuertemente imbricados en la economía local? ¿Estamos dispuestos a pagar más por determinados bienes si sabemos que así colaboramos en la construcción de un mundo mejor? ¿Adquirimos habitualmente productos de comercio justo?

  • Cuando ahorramos y ponemos nuestros fondos en algún banco, ¿Lo hacemos siempre para sacar la mayor rentabilidad posible del dinero sin tener en cuenta hacia dónde se dirige el dinero que guardo? ¿Hemos rechazado en alguna ocasión alguna oferta de alguna entidad financiera por que no nos garantizase o informase sobre el destino de nuestros ahorros? ¿Conocemos la banca ética y las distintas posibilidades que existen en España?

  • Si tuviésemos que marcar criterios a mi banco sobre para qué nos gustaría que se utilizasen nuestros ahorros ¿Qué le pediríamos? ¿Cuáles serían estos?

  • Reflexionemos sobre las acciones sociales que estamos realizando en nuestra comunidad y qué parte de nuestros ingresos estamos destinando a ello. ¿Existen estas acciones? ¿Tenemos fondos y tiempo para la pastoral social?

  • Si instauramos la gestión solidaria de nuestros fondos lo que supone utilizar una parte para acciones sociales ¿Qué acciones solidarias podemos plantear con parte de los ingresos que tenemos? ¿Podemos apoyar económicamente a otras comunidades que están llevando a cabo acciones sociales tanto en España como fuera de ellas? ¿Podemos plantearnos la realización de acciones sociales para con los chavales más desfavorecidos de nuestra propia comunidad?

  • ¿Podemos plantear un plan para este próximo año que nos de los pasos a seguir para instaurar una gestión solidaria de los dineros de nuestra comunidad?

 

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Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano

Ha salido mi última publicación titulada “Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano” dentro de los Cuadernos de Teología Fundamental del Instituto Teológico de Murcia (http://www.itmfranciscano.org/).

Cuadernos de teología Fundamental

Se trata de un texto divulgativo en el que doy pistas sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de la esperanza. En él se analizan las prioridades del actual sistema económico y se muestra porqué, con frecuencia, la economía y su dinámica se convierten en un camino hacia la desesperanza.

El texto no se queda en el análisis sino que realiza propuestas prácticas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia que pueden convertir la economía en una creadora de esperanza. Ideas que quieren ayudar a salir de esta crisis ayudando a las personas y, en especial, a los más desfavorecidos.

El cuaderno es una invitación a pensar, a analizar de una manera crítica la realidad ante la que nos encontramos y a debatir sobre propuestas concretas que puedan ser útiles para nuestra sociedad.

Si queréis el cuaderno podéis pedirlo directamente al Instituto Teológico de Murcia (es grautito) en  “Instituto Teológico de Murcia OFM”. Plaza B.A. Hibernón, 1. E-30001 Murcia  o al correo-e:  itmsecrt@um.es también puedo enviároslo yo, me dais vuestra dirección postal a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) y os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 

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Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?

La revista de Estudios e Investigación del Instituto Teológico de Murcia O.F.M. de la Universidad de Murcia, ha publicado en su numero 54 de Julio-Diciembre de 2012 (Volumen XXVIII) Pág: 315-344 mi artículo “Las crisis financieras y su persistencia ¿Se puede hacer algo?”

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  En este artículo pretendo dar una explicación razonada sobre la persistencia de los ciclos económicos a lo largo del tiempo. Esto implica hablar sobre las crisis recurrentes que estos ciclos implican y ante las que algunos piensan que no se puede hacer nada (aunque esta impresión no es correcta). La pretensión de este análisis es ver cómo las enseñanzas sociales de la Iglesia nos pueden aportar pistas que nos permitan orientar la economía en otra dirección que, si bien no evite del todo los ciclos, al menos los aminore y suavice sus consecuencias más negativas.

Para ello comienzo haciendo un repaso a las diferentes teorías sobre los ciclos económicos centrándose en aquella que a nuestro entender explica mejor las diferentes crisis que hemos vivido en los últimos dos siglos. Después analizo los fenómenos comunes que se repiten en todas las crisis identificando sus características más habituales. Ello me permite aventurar e interpretar en una clave más amplia los fenómenos que se están viviendo en esta primera gran crisis del siglo XXI. Ver cuáles son las consecuencias de la crisis y cuáles deberían ser las políticas a aplicar en estos casos para intentar superar con éxito el delicado momento económico que estamos viviendo. Por último, analizo toda esta situación desde las enseñanzas sociales de la Iglesia que pretende servir de guía para todos aquellos que quieran conocer las referencias que nos da esta a la hora de afrontar esta clase de problemas.

Si alguno queréis que os envíe el artículo en una separata (es decir, editado) pedídmelo a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) dándome vuestra dirección postal os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 
 

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Crónica del encuentro en Vitoria del sábado 24 de Noviembre

El pasado sábado 24 de Noviembre estuve en el encuentro de Formación Topaki de las Cáritas diocesanas de Vitoria, San Sebastián y Bilbao, que tuvo lugar en el Monasterio de Estíbaliz.

A pesar del molesto viento que sopló durante toda la mañana, tuve una acogida muy cálida por parte de las más de 300 personas allí congregadas y el formato de entrevista-conferencia al que me enfrenté por vez primera, resultó un éxito.

Si queréis saber más sobre la entrevista, tenéis una bonita crónica en http://www.caritasvitoria.org/detallecont.php?idmodelo=2&idtipocontenido=71&id=2831&_pagi_pg_ant

 

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Entrevista radiofónica sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

Aquí tenéis una entrevista radiofónica que me hicieron sobre mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento” Son ocho minutos de audio

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-audios-mp3_rf_1439203_1.html

 

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Entrevista en Cresol sobre la crisis económica

Entrevista publicada en la revista Cresol, any 13, Nº 109, Juliol i agost del 2012, pág: 30-32, en la que se habla sobre temas relacionados con la Crisis económica y la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta vez voy a publicarlo, tanto con las imágenes del original, como con el texto.

  • Enrique, el pasado 1 de Junio presentabas en Almàssera tu nuevo libro “Más allá del decrecimiento”. Brevemente, ¿cuál es la aportación eje?

La clave de este libro es ayudar a cambiarse las gafas con las que analizamos y observamos la realidad económica ante la que nos encontramos. Pretende mostrar como las ideas preconcebidas que parecen indiscutibles en la economía actual y en el funcionamiento del Estado, las empresas y las entidades financieras, no lo son, sino que podrían plantearse desde otros puntos de vista. La Doctrina Social de la Iglesia nos aporta una mirada crítica y a la vez constructiva a la realidad económica actual. El libro pretende profundizar en esta perspectiva y aportar, a la vez, sugerencias que concreten en nuestra realidad actual las propuestas que realiza la DSI en el campo económico.

  • No lo he leído todavía, pero vemos ya en el título que abordas la problemática de la crisis económica. En esta sección, publicamos un artículo de un sacerdote con el título: “Crisis económica: beneficio para unos pocos y miseria para la mayoría” (H. Pasqual). ¿Es así la cosa?

La crisis económica es un problema para todos. Cuando la economía no funciona, pocos quedan indemnes. Dicho esto, es verdad que gran parte de la responsabilidad de esta crisis la tiene un sistema que prioriza los intereses de los más adinerados en contra de los que tienen menos posibilidades. Puesto que las acciones que se están realizando en contra de la crisis no cuestionan las bases del sistema económico que la han provocado, nos encontramos con que las prioridades de nuestros gobiernos están siendo la de garantizar la devolución de las deudas, mantener la inflación y garantizar que el sistema financiero siga funcionando como hasta ahora. Si esta es la prioridad, es evidente que aquellos que trabajen en estos sectores están teniendo medidas que están evitando que sus problemas sean excesivamente altos. Los temas que no se están priorizando como el desempleo, la pobreza, el estado de bienestar… Están siendo más perjudicados por la crisis que aquellos a los que se les presta una especial atención

  • Para que los agentes pastorales estudien, difundan y apliquen la Doctrina Social de la Iglesia a las cuestiones sociales que son de notoria actualidad, como lo es en el momento presente la crisis económica y sus consecuencias sociales, ¿qué sugieres ofrecer, en estos momentos en las diócesis, en plan formativo?

Jesús, yo sugeriría que utilizasen mis dos libros que han nacido, en parte, con esta intención, pero claro, no se si esto queda bien en este contexto o si se puede contestar así como así. Son textos claros, que puede contestar cualquier no economista y que ayudan a comprender la realidad económica, la opción de la DSI y qué alternativa propone esta. El trabajo en grupo y la reflexión de estos textos puede permitir un conocimiento más bueno de la DSI con una aplicación práctica e inmediata al cambio de hábitos y de miradas a la realidad económica.

  • Recientemente se inauguró en Santander la XLI edición de la Semana Social de España, organizada por la Conferencia Episcopal Española, que este año se ha convocado bajo el título “Europa, ¿Un proyecto esperanzador?”. ¿Cuál es tu valoración de las Semanas Sociales?

Desgraciadamente no he tenido la suerte de asistir a estas semanas sociales ni de conocer mucho de ellas, así que no puedo dar una opinión fundamentada sobre las mismas ni de su repercusión o utilidad.

– ¿Ayudarán a paliar las consecuencias de la crisis económica? Me remito a la anterior contestación

– Crisis i solidaridad (Bausset). ¿Difícil eso de superar “los intereses particulares” para salir de la crisis, tal y como afirma el papa Benedicto XVI?

Estamos en una sociedad en la que desde hace mucho tiempo se ha legitimado la búsqueda del interés individual. Pensar solamente en uno mismo no solo está bien visto sino que además aparece como la única opción razonable. Algunos argumentan, además, que es la única manera de alcanzar el bien común. Que si dejamos de pensar en nosotros mismos y pensamos en como mejorar el conjunto, las consecuencias sobre la sociedad son catastróficas. Parece evidente, por lo menos a los ojos de algunos, que esta argumentación es falaz y que la búsqueda generalizada del interés propio solamente lleva a sociedades poco solidarias en las que se avanza hacia la dirección que marca quienes más fuerza tienen para defender sus propios intereses sacrificando, con frecuencia, los de los demás. Por todo ello y por la fuerza que tiene la corriente principal se hace difícil superar estos intereses particulares. Sin embargo, ello no debe asustarnos ni dejar de impulsarnos a hacerlo y a proclamar otros caminos diferentes para salri del lugar en el que estamos.

  • ¿Sería útil lo que están pidiendo algunos obispos: destinar el salario de un día del mes a los parados Clasificar esta medida como útil depende del alcance que esperemos de ella. Si lo que pretendemos es ayudar a las personas que lo están pasando mal y que experimenten en amor de Dios gracias a una acción caritativa que les llega en unos momentos críticos de su existencia, es evidente que esta medida unida a una buena redistribución y a una cercanía y convivencia de los cristianos con aquellos que están sufriendo las consecuencias de la crisis, no solo es útil sino un instrumento potente de evangelización, de anuncio de la buena nueva que es el amor de Dios.

Ahora bien, si lo que pretendemos con esta medida es acabar con la crisis y sentar las bases para salir de ella, creo sinceramente que se trata de una medida inútil que no aporta nada para la salida de la situación en la que nos encontramos. La salida de la crisis necesita de medidas estructurales que modifiquen la manera en la que estamos organizando nuestra economía y evidentemente, esta medida no va en este sentido.

Es evidente que el crédito fácil a la vivienda y el consiguiente incremento exagerado de los precios que se dio durante los años de bonanza, han influido de una manera clara en la gestación y el alcance de esta crisis. Los problemas los tienen ahora aquellos que se ven impedidos al derecho a la vivienda que proclama nuestra constitución. Los desahucios no solo perjudican a los desahuciados, sino que tampoco solucionan con frecuencia el problema de los bancos, ya que estos no pueden vender sus inmuebles debido al poco movimiento existente en el mercado de la vivienda. Por ello, si una parte de los préstamos destinados a los bancos se le diesen a los hipotecados con problemas, este dinero acabaría ayudando a los bancos y las personas no se quedarían sin vivienda. Si además, se cambiase la ley permitiendo la dación en pago, se sentarían las bases para evitar una burbuja inmobiliaria de estas dimensiones en un futuro.

– ¿Qué otras propuestas concretas nos sugieres?  

Creo que los cristianos tenemos unas muy ricas y ancestrales enseñanzas sociales que, bien aplicadas, podrían generar una gran cantidad de ideas a la hora de cómo solventar los problemas que se han generado a partir de esta crisis y como estructurar nuestra economía a partir de otros fundamentos. Necesitamos una economía al servicio de las personas y no de los beneficios o del crecimiento económico (porque alcanzar estos no repercute necesariamente en favor de todos). Precisamos que se priorice a los más pobres y no a aquellos que consiguen ganar más dinero en menos tiempo. Esto supone cambiar la estructura económico y dirigirla en otra dirección, cosa que es difícil describir en un espacio tan limitado.

 
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Publicado por en julio 18, 2012 en Crisis económica

 

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Dossier de prensa sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

El libro “más allá del decrecimiento” está teniendo eco en diversos medios de comunicación social. En los siguientes enlaces podéis ver algunos de los artículos en los se ha visto reflejado la publicación de este texto.

Libertad digital 5 de junio de 2012

Zenit 18 de Junio de 2012

 

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Presentado el libro “Más allá del decrecimiento” del economista valenciano Enrique Lluch Frechina

Este nuevo libro presenta la situación socio-económica actual como el momento oportuno para repensar el modelo económico a la luz de los textos de la Doctrina Social de la Iglesia

Almàssera (Valencia-España).- El libro “Más allá del decrecimiento” escrito por Enrique Lluch Frechina, doctor en Economía y profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera, editado en PPC, se presentó el viernes 1 de junio en el Centre Cultural de Almàssera, en un acto en el que estuvo acompañado por la presidenta de Proyecto Hombre en Valencia, María Iborra Juan, doctora en Dirección de Empresas y profesora de económicas en la Universidad de Valencia, así como por la directora de Cáritas Diocesana de Valencia, María Concepción Guillén Paredes, licenciada en Filosofía y ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia.

El nuevo trabajo del economista valenciano Enrique Lluch cuenta con una presentación del prelado valentino monseñor Carlos Osoro, y es continuación de otro trabajo publicado en ediciones PPC en el año 2010 con el título “Por una economía altruista”, en el que el autor instaba a las familias y a los individuos a vivir con una mayor racionalidad económica el momento actual, sobre la base de los fundamentos cristianos recogidos especialmente en los documentos escritos por los pontífices y por la curia romana que conforman la Doctrina Social de la Iglesia.

A lo largo de 220 páginas Lluch Frechina realiza un análisis reflexivo de la economía, partiendo de la idea de progreso y su significado, así como también se adentra en el análisis del concepto de crecimiento económico, actualmente polarizado en “un crecimiento por el crecimiento, sin sentar un objetivo claro que alcanzar por la sociedad, lo cual nos ha llevado a encontrarnos con la actual situación de crisis, similar a la de un terremoto dónde hasta lo más sólido puede ser arrasado por la situación”, destacó el autor en esta acto de presentación. Tal y como también desgranó Enrique Lluch, apuntó, “el crecimiento por el crecimiento ha hecho que se desvirtúe la esencia, la razón de existir y las funciones primigenias tanto del sector público, de los indicadores de crecimiento y progreso, como de las empresas, de las relaciones empleador/empleado, del mercado y del actual sistema financiero, abocándonos a una situación de crisis, que debe servirnos para repensar y revisar nuestros patrones de actuación, con el objetivo de determinar claramente hacia donde queremos ir y qué objetivos pretendemos alcanzar”.

Ante esta situación, este doctor en Economía valenciano, plantea en esta nueva publicación de PPC, “Más allá del decrecimiento”, un llamamiento a la racionalidad en el comportamiento humano, defendiendo -a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y su magisterio- la posibilidad de “ir sustituyendo el actual modelo socioeconómico que nos ha llevado a esta grave crisis, por un modelo de Estado Social en el que el progreso sea el medio para lograr una sociedad en la que todos ganemos bienestar, y no sólo unos pocos se enriquezcan en detrimento de la mayoría y de la población más pobre”, destacó el autor.

Siguiendo los ejes principales expuestos en el anterior trabajo “Por una economía altruista”, pero “pudiéndose abordar la lectura de este segundo trabajo sin conocer aquel”, tal y como manifestó su autor en el acto de presentación, este nuevo trabajo “Más allá del decrecimiento” muestra al lector con un lenguaje sencillo, ameno, comprensible y esclarecedor, las claves necesarias para comprender la actual situación socio-económica que atraviesa el mundo occidental, sin necesidad de someternos a reflexiones y argumentaciones eruditas.

De este modo, Enrique Lluch aborda -sin complejos y con valentía- el análisis sencillo y fundamentado en sus conocimientos como experto en la materia y especialista en Doctrina Social de la Iglesia, de todos y cada uno de los agentes que componen el sistema económico actual, descubriéndole al lector los puntos fuertes y débiles que posee la sociedad económica en la que vivimos, y las razones básicas por las cuales se ha llegado a la situación en la que estamos inmersos.

El autor acepta en su nuevo trabajo que el hilo argumental desarrollado en “Más allá del decrecimiento”, puede ser considerado como un planteamiento utópico o irrealizable si seguimos observando nuestra sociedad y nuestras acciones bajo los fundamentos socioeconómicos con los que hasta ahora hemos funcionado y con los que hemos convivido, pero también afirmó y dejó constancia durante la presentación de su trabajo que, “actualmente el cambio mental que se precisa para reorientar el actual modelo socioeconómico con el objetivo de salir de la crisis y tener unas razones claras para lograr un progreso que beneficie a todos y cada uno de los individuos, se está operando ya en empresas, instituciones y administraciones del país, por lo que no se trata de una reflexión utópica sino de una realidad de la que ya se pueden encontrar ejemplos en nuestra sociedad”.

La presentación de este segundo libro de Enrique Lluch, “Más allá del decrecimiento” se produjo en la semana negra donde de nuevo la virulencia de la crisis financiera, económica y social se mostró más atroz en la economía española y europea y cuando el responsable de la iglesia en Valencia, el arzobispo levantino, monseñor Carlos Osoro, así como el presidente de Cáritas Internacional, el cardenal Rodríguez Madariaga, realizaron sendos llamamientos desde Valencia para que todos los estamentos sociales y económicos inmersos en esta situación, no dejen de luchar por una “humanización de la economía en la que hay que situar de nuevo en su centro, al hombre”, tal y como manifestaron tanto el purpurado como el prelado valenciano en sendas intervenciones públicas. En el acto de presentación del libro “Más allá del decrecimiento” también estuvieron presentes la alcaldesa de la localidad valenciana de Almàssera, Laura Roig Panach, así como, el concejal de educación, fiestas y deporte, David Castro Roig, y el Juez de Paz de Alboraya, Javier Monzó.

 Firmado: Alfonso Sanfelíu

Periodista

 

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Presentación del Observatorio de Investigación sobre pobreza y exclusión en la Comunidad Valenciana: Vídeo

El pasado lunes 12 de Marzo se presentó en Alfara del Patriarca el Observatorio de Investigación sobre pobreza y exclusión en la Comunidad Valenciana y el informe y el informe “Pobreza y privación en la Comunidad Valenciana y España: el impacto de la Gran Recesión”, en. En este video tienes una pequeña información sobre este evento

 
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Publicado por en abril 3, 2012 en pobreza, Privación

 

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Más allá del decrecimiento

Ha sido publicado mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento”

Este libro puede considerarse una continuación del anterior “Por una economía altruista”. En él planteo los postulados de la economía altruista aplicados a la sociedad y su economía en su conjunto. Para ello analizo, desde una perspectiva cristiana e inspirado en las enseñanzas sociales de la Iglesia, el objetivo principal de nuestras economías: El crecimiento, y el comportamiento del sector público, de las empresas y de las instituciones financieras. En todos estos casos, propugno alternativas viables y realistas que pueden ayudar a poner la economía al servicio de las personas.

Una hojeada al índice os puede ayudar a haceros una idea más aproximada del contenido del libro:

Prólogo

1.- La idea de progreso

1.1.- ¿Debemos progresar siempre?

1.2.- ¿Qué consideramos progreso?

1.3.- La idea de progreso predominante: el crecimiento económico

1.4.- El decrecimiento como opuesto al crecimiento económico

1.5.- Más allá del decrecimiento, la aportación cristiana

2.- ¿Cómo medimos el desarrollo?

2.1.- El Producto Interior Bruto (PIB) y sus limitaciones

2.2.- Otras opciones para medir el bienestar y el progreso

2.3.- Cómo medimos nuestro objetivo de progreso

3.- El papel del sector público

3.1.- ¿Qué papel económico juega el sector público?

3.2.- Cambiar la finalidad económica del sector público

3.3.- Sugerencias para la actuación de las administraciones públicas

4.- Las empresas en el sistema económico

4.1.- El objetivo predominante en la gestión empresarial actual

4.2.- Una empresa es algo más

4.3.- Otra manera de plantearse la empresa

5.- El sector financiero

5.1.- La gran transformación del sector financiero

5.2.- Hacia un cambio en el sistema financiero

6.- Más allá del decrecimiento

7.- Epílogo para escépticos

Si quieres comprar el libro (su coste es de 12€) puedes hacerlo en Tot per l’Aire

 

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Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir

“Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir” es el lema de este año de Cáritas España y también el título que le he puesto a un artículo de opinión que se publicó en la página 26 del periódico Las Provincias del pasado 26 de Diciembre.

Si quieres más información sobre esta campaña puedes encontrarla en http://www.caritasvalencia.org/noticias_tags_noticiaInfo.aspx?Id=5383

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Conferencia sobre “Conocimiento y Vivencias de la Doctrina Social de la Iglesia”

Artículo publicado en el periódico Levante, en su suplemento de Castellón el martes 25 de Octubre de 2011 en su página 8

 

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Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

“Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida” Artículo publicado en el periódico Levante, el Domingo 9 de Octubre de 2011, en su suplemente El Mercantil Valenciano EMV, en su página 12.

Una de las frases que se difundieron a raíz de la acampada de los autodenominados “indignados” me llamó la atención. Decía (y seguirán diciendo, supongo) que no son anti-sistema, sino cambia-sistemas. Si lo pensamos bien, todos deberíamos ser, hasta cierto punto cambia-sistemas, sobre todo porque la realidad es siempre cambiante y un sistema rígido, difícilmente puede adaptarse a la evolución de la sociedad si no se reinventa a si mismo (al menos en parte). Creo que esto tiene una aplicación clara al sistema de mercado y en especial a la libertad de mercado. Todos tenemos claro que el mercado necesita de la libertad para funcionar correctamente. Sin ella el mercado no es tal y el desempeño económico se resiente. Ahora bien, la idea que tenemos sobre lo que es la libertad se confunde con otras cosas y esto sucede en especial cuando hablamos del mercado. No está de más, pues, reflexionar en estas líneas sobre la libertad del mercado.

De hecho, durante los últimos años hemos asistido a un movimiento de liberalización de los mercados. Muchas de las medidas que se han tomado han tenido como objetivo quitar trabas al funcionamiento del mercado. Ahora bien, a pesar de esto, muchos de los agentes que trabajan en él no parecen sentirse más libres ¿Podemos escoger el trabajo que creemos más conveniente? ¿Nuestras actuaciones económicas nacen de nuestras convicciones y hacemos lo que creemos que es mejor para mejorar el entorno en el que nos encontramos? Muchas veces esto no es así. En un mercado libre oímos con demasiada frecuencia la frase de “me veo obligado a…” “No he tenido más remedio que…” “Los negocios son los negocios…” para justificar actuaciones que no se habrían hecho si no llega a ser por la dinámica del mercado (o al menos así se justifican los autores de los hechos). De este modo, un mercado aparentemente libre parece forzar a sus componentes a actuar de una manera contraria a sus convicciones personales. Parece que la única libertad que potencia el estado es la libertad para ganar más dinero, pero que esto se hace a costa de reducir la libertad para poder hacer aquello que dicta tu conciencia y que crees que es mejor para los demás y para el conjunto de la sociedad.

El principal problema del concepto libertad es que se confunde a menudo con la posibilidad de hacer algo: si algo es posible, debemos tener la libertad de hacerlo. Sin embargo, esto no siempre supone ser más libres. Puedo poner algunos ejemplos en ámbitos diferentes a la economía: la organización social no nos permite poner la música a gran volumen a las tres de la madrugada en un edificio lleno de personas durmiendo, ni coger una escopeta y herir o matar a los clientes de un supermercado, ni circular a 110 por hora cuando atravesamos las céntricas calles de un casco urbano, ni presentar un partido político a las elecciones si este apoya a los terroristas que asesinan a sus contrincantes… Estos límites a la libertad de acción no significan que las personas que vivamos en esta sociedad no seamos “LIBRES”, al contrario, gracias a cumplir esas normas o límites que nos fijamos, podemos ser más libres. De hecho, una concepción libertaria de la existencia en la que se permitiese realizar estas actuaciones (posibles por otra parte) podría comprometer nuestra propia libertad.

Lo mismo sucede con el mercado. Un mercado libre no significa un mercado en el que todo esté permitido. El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado. Si no es así, el sistema económico puede volverse contra las personas a las que tiene que servir como, por desgracia, hemos visto en demasiadas ocasiones. Estos límites a los que estamos acostumbrados cuando hablamos de temas políticos o sociales, deberían ser normales también en el ámbito económico y no ser visto como aberraciones contrarias a la libertad de mercado. De hecho, ya ponemos límites al mercado, por ejemplo cuando impedimos determinados sistemas productivos contaminantes, o actuaciones que reducen la competencia entre empresas (como los cárteles o los repartos de mercado), cuando se obliga a pagar un salario mínimo a los trabajadores, etc.

Habría otras medidas que podrían limitar las posibilidades de actuación sin resultar en una reducción de la libertad de mercado. Así el Estado, por ejemplo, podría poner límites a las diferencias salariales exageradas que se dan en algunas empresas. Estas incrementan las desigualdades en el mercado, no mejoran la efectividad de las economías que las permiten (durante años las diferencias salariales en un país como Alemania han sido mucho menores que las Estadounidenses y eso no ha significado que la economía alemana funcionase peor) e impiden que un grupo de trabajadores gane salarios que les permitan vivir con dignidad a ellos y sus familias. Otra sugerencia sería la de poner coto a la utilización de determinados derivados financieros y otras actuaciones de esta índole que incrementan la inestabilidad del sistema y no aportan nada a la principal función del sistema financiero que es intermediar entre los ahorradores y los prestatarios.

Existen más ejemplos de límites a las posibilidades de actuación de un mercado que no reducen la libertad de mercado, sino que garantizan su sostenibilidad económica y lo ponen al servicio de todas las personas. Pero creo que hay que llamar la atención sobre este tema para no olvidar que un mercado libre no es aquel que permite que una persona o un grupo de ellas o de empresas puedan ganar mucho dinero de una manera fácil y en un breve espacio de tiempo, sino aquel en el que sus componentes pueden decidir sobre sus actividades económicas y ponerse de acuerdo con otros sin presiones, para lograr los ingresos adecuados para vivir de una manera digna, tanto ellos, como el resto de la sociedad. La libertad de mercado debe estar al servicio de la sociedad y de las personas, no de los beneficios. El Estado debe potenciar un mercado libre y no un mercado libertario donde algunos puedan ganar mucho dinero a costa de que otros tengan menos posibilidades de hacerlo.

Si dejamos que todo lo que se puede hacer en un mercado se haga, pasaremos de un mercado libre a uno libertario. El mercado libertario tiene las mismas consecuencias que un estado libertario, esto es, como todo está permitido, el más fuerte se come al más pequeño. No se permite introducir medidas que protejan a los más desfavorecidos bajo el argumento de que “limitan la libertad de mercado” y, al final, se está protegiendo a aquellos que tienen más: en un mundo sin reglas, los más fuertes siempre tienen las de ganar. Un mercado libertario acabaría convirtiéndose en un mercado liberticida, esto es, un mercado que aniquilaría su propia libertad, en el que los más poderosos tendrían un dominio tal sobre los asuntos económicos que difícilmente podríamos escaparnos de sus dictados, lo que nos llevaría a una dictadura económica. Para evitarlo debemos articular un mercado que esté al servicio de las personas, que sepa poner los límites necesarios para garantizar la libertad real de los miembros de la sociedad, que no reduzca las posibilidades de una gran parte de la población impidiéndoles tener los ingresos suficientes y limitándoles sus posibilidades económicas, que incremente nuestras capacidades y no las reduzca. Volviendo al principio del artículo quiero añadir que si no se dirigen los tiros hacia esta dirección, la indignación de los cambia-sistemas puede hacerles derivar hacia la indignación de los anti-sistema o a la atonía de los desencantados, lo que creo que no sería bueno para nadie ya que, no se trata de luchar contra el mercado o de dejar que este nos apabulle, sino de ponerlo al servicio de las personas.

 

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En defensa de la dignidad humana

Artículo publicado en la Revista Vida Nueva en su número 2766 del 3 al 9 de Septiembre de 2011 En su página 46 en la que hago la recensión del libro de Reinhard Marx, El capital. Un alegato a favor de la humanidad.

Cuando recibes un libro para hacer una recensión siempre deseas que sea bueno, que puedas disfrutar leyéndolo, que te permita decir cosas buenas de él y que sea una oportunidad para descubrírselo a otros lectores. Ni que decir tiene que este ha sido el caso del libro que acabo de finalizar hace escasos minutos. He de confesar que no conocía a su autor, Reinhard Marx, cardenal y arzobispo de Múnich y Freising, que durante años fue profesor de ética social cristiana y por ello celebro haber tenido la oportunidad de saber de él a través de esta obra. Su sensibilidad social y su cercanía a la realidad de los más desfavorecidos de su diócesis me han sorprendido y agradado.

El libro tiene una intención divulgativa que pretende mostrar cómo las grandes líneas de la doctrina social de la Iglesia son útiles para orientar la acción política y económica en nuestra sociedad. El prólogo de la obra, no solo sirve para mostrar las intenciones que tiene el autor sino que muestra dos de las grandes cualidades que tiene el texto: un lenguaje adecuado para ser entendido por el público no especializado y un profundo conocimiento de la realidad económica y social que vivimos en la Europa rica. El autor no se entretiene con disquisiciones teóricas complicadas, su sabiduría aparece poco a poco para que el lector pueda asimilarla de una manera natural y sencilla. Los conceptos de la ética cristiana se entrelazan fácilmente con una realidad vivida y sentida que describe el día a día de las personas y de las instituciones. Aunque sus ejemplos se refieren a la realidad alemana, esta no difiere de la española en sus puntos esenciales y pueden ser fácilmente trasladables a lo que sucede en nuestro país.

Además de estas virtudes, resulta simpática y agradable la utilización que hace de la coincidencia de su apellido con el de otro famoso Marx (no Groucho evidentemente) para comparar aquello que la ética social cristiana nos enseña, con la ideología que su tocayo Karl inició. Esta confrontación la realiza con gran respeto tanto a la otra persona como a sus ideas, con un reconocimiento a la buena fe del adversario, con una aceptación de aquello que se cree que es correcto y una refutación fundamentada de aquello que se opina que es erróneo. Desgraciadamente, esta elegancia en el debate (y más con alguien que ya no puede contestar) no se da con tanta frecuencia como sería de desear.

El autor trata varios temas relacionados entre sí: la libertad y el desarrollo, la pobreza y la justicia, la necesidad de repensar lo social para incluir en ello la educación, la familia y el trabajo, la función social de las empresas y del sistema financiero y por último, la evolución de la globalización y la construcción de una economía social de mercado a escala global. Es evidente que tocando tantos palos es difícil profundizar mucho en cada uno de ellos, pero la visión de conjunto que se da creo que puede ser interesante para cualquiera que quiera saber algo más de estos temas.

También vuelve su mirada hacia hechos históricos para intentar que sus enseñanzas iluminen nuestro día a día. Recuerda cómo la economía de mercado ha sobrevivido gracias al estado social y no podemos desmantelar este sin comprometer el futuro de nuestro sistema económico. Nos introduce en la importante figura de su querido e inspirador obispo Ketteler que se dio cuenta (ya en el siglo XIX) de que para solucionar la cuestión social, no se podía apelar tan solo a la conciencia moral de los ricos sino que había que plantear soluciones estructurales y políticas. Habla sobre los estudios que se realizaron entre los parados de la gran depresión de los años treinta y aplica sus enseñanzas a la actualidad para saber cuáles son las políticas que debemos aplicar en estos tiempos de paro creciente…

Su elegancia a la hora de tratar los temas no le impide nombrar las cosas por su nombre. Cuando tiene que tratar el afán de lucro que parece justificarlo todo en esta nuestra sociedad capitalista, afirma sin ambages que la codicia es pecado y que “esto no puede continuar así. No permitiremos que se elogie al pecado”. Cuando quiere resaltar la importancia del sermón de la montaña y cómo nuestra fe no puede vivirse al margen de las cuestiones sociales de la sociedad nos dice que “la verdadera fe y el servicio al prójimo, especialmente al necesitado, son cosas inseparables”. Cuando quiere describir la finalidad de esa Doctrina Social de la Iglesia que Benedicto XVI ha descrito como inseparable de la evangelización afirma que la DSI “quiere poner de manifiesto las injusticias sociales y luchar contra ellas, quiere ser la voz de los pobres y los explotados, de los que no tienen ningún lobby en la sociedad y ayudarles a defender sus derechos”

Esta preocupación por la persona, por la vida digna, por la opción preferencial por los más desfavorecidos y por la promoción de la libertad humana, le lleva a defender un estado cuya única preocupación no sea el garantizar el beneficio. La organización de nuestra sociedad no puede sustentarse sobre el vacío, se necesitan unos valores que le den sentido, se precisa de una idea de justicia que la sustente, es imprescindible promocionar la libertad para hacer el bien limitando el libertinaje que perjudica a aquel que lo lleva adelante y a la sociedad en su conjunto… Todo ello le lleva a propugnar una economía social de mercado y le sirve para advertir sobre las reformas que se están promoviendo en estos momentos para superar la crisis y que parece que solo favorecen a las grandes empresas a costa del ciudadano. Lanza un grito a favor de un estado social que promocione a las personas, que limite la codicia y que busque la justicia como el verdadero camino a seguir. Todo una declaración de intenciones en una realidad difícil como la que estamos viviendo.

 

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Qué es una economía altruista

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1526 (Agosto 2011)

 

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Un estado ¿solidario? La dación en pago

Artículo “Un estado ¿solidario? La dación en pago” Publicado en Las Provincias el 24 de Abril de 2011 en su página 32

Aprovecho la cercanía a la celebración del Domingo de Resurrección para introducir una reflexión cristiana sobre uno de los temas económicos que tienen actualidad en estos momentos: la posibilidad de dación en pago de una hipoteca. La situación actual creo que se conoce, aunque voy a repasarla en unas pocas líneas. Cuando alguien no puede pagar su hipoteca el banco embarga el inmueble. Este es subastado y si no es adjudicado se lo queda la entidad financiera por la mitad del valor de tasación del momento. Si la cuantía de la venta o del 50% de valor de tasación es inferior a la deuda del anterior dueño, éste sigue debiendo la diferencia al banco. Con esta legislación una persona puede quedarse sin la casa y seguir debiendo dinero por algo que ya no es suyo. Ante esta situación existen colectivos que defienden la introducción en nuestro país de algo que ya se da en otras naciones ricas como es la dación en pago, esto es, que la devolución del bien hipotecado sirva para saldar la totalidad de la deuda.

El argumento más repetido a la hora de defender esta postura es que esta ley está condenando a los más desfavorecidos a la pobreza y a la exclusión social, ya sea porque se quedan sin su hogar y con una deuda por saldar, o porque tienen que seguir asumiendo unas mensualidades hipotecarias excesivamente elevadas que ahogan su economía doméstica, ya que la otra opción les condena a seguir pagando sin tener casa y les impide acceder a otra vivienda más barata. Estos colectivos quieren que se ponga por encima de cualquier otro el derecho constitucional a una vivienda. Los detractores argumentan que la dación en pago aumentaría el precio del crédito hipotecario ya que el riesgo sería mayor para las entidades financieras y que esto, considerando que tenemos los tipos medios más bajos de Europa, perjudicaría a quien quiera obtener un crédito. Además se argumenta que esta medida podría perjudicar más a nuestro sistema financiero, al tener que reconocer como pérdidas gran parte del dinero que les deben los hipotecados. Se concluye, pues, que al intentar beneficiar a unos pocos, se acaba perjudicando a la mayoría.

Estos últimos argumentos, siendo ciertos, no tienen en cuenta el efecto que podría tener la dación en pago sobre los precios de los inmuebles. La medida incrementaría el porcentaje de impagos ya que muchas personas que están apuradas devolverían sus inmuebles para saldar la deuda y acceder a otras viviendas más baratas (normalmente en régimen de alquiler). Los bancos, para evitar esta devolución renegociarían las condiciones de la hipoteca reduciendo la cuantía de la mensualidad y asumiendo algunas pérdidas para evitar esta maniobra. Aún así se encontrarían con una gran cantidad de viviendas en su propiedad que deberían vender para hacerse con dinero líquido. Todo ello redundaría en una bajada más acusada que la actual de los precios de la vivienda lo que aumentaría las posibilidades de que los hipotecados dejasen las hipotecas caras o las renegociasen… Si lo pensamos bien ¿Qué es preferible? ¿Que no bajen mucho los precios y mantener las hipotecas más baratas de la Unión Europea? O ¿Qué los precios bajen al menos un 30% o más y que las hipotecas suban un 1 o un 2%? Opino que la mayoría pensamos que esta segunda opción garantiza mucho más el acceso a una vivienda, ya que ajusta el precio de las mismas a los ingresos de la población en general. Es más, encarecer el préstamo hipotecario por el incremento de su riesgo puede ser una buena vacuna para evitar que en un futuro se preste con la ligereza y la mala gestión que se ha dado durante los años previos a la crisis y evitar, de paso, las subidas exageradas de precios que se vieron durante estos años. Estoy seguro que con unos precios mucho menores, además, se revitalizaría el mercado inmobiliario parado porque muchos consideran que todavía queda margen de bajada.

Por si esto fuese poco, quiero introducir la reflexión cristiana que he prometido en el primer párrafo. La Doctrina Social de la Iglesia reclama que el Estado esté al servicio de la persona y que lo haga de una manera solidaria, entendiendo la solidaridad como lo hace la Encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis 46: “el amor y servicio al prójimo, particularmente a los más pobres”. Esta opción preferencial por los pobres de la que también habla esta Encíclica nos impele a tomar decisiones que piensen en los más desfavorecidos desde el convencimiento de que esto va a ser lo mejor para la sociedad en su conjunto. Introducir la dación de pago puede ayudar a muchas personas que se han encontrado con unos precios de la vivienda totalmente sobrevalorados a mejorar su situación y a que recordemos que la actividad inmobiliaria no es solamente una actividad para ganar dinero o mucho dinero, sino que se trata de un sector económico al servicio de las personas que necesitan una casa para vivir. No debemos perder el norte y hay que recordar, que esto último es lo más importante, la vivienda es para las personas y el sector inmobiliario debe estar a su servicio.

 

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Consumir es algo más que comprar

Artículo aparecido en la Revista Noticias Obreras en su número 1.520 de Febrero de 2011

 

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Conferencia en Crevillent sobre el comportamiento económico del cristiano

El pasado 28 de Enero realicé una conferencia en el Museo de Semana Santa de Crevillent. En la página web de la semana santa de Crevillent podéis encontrar información al respecto.
http://www.semanasantacrevillent.com/actividadesmuss/actividades-2010-2011/1115-2011-01-29-conferencia-presentacion-libro.html

 

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El corazón de la economía egoísta

El corazón de la economía egoísta, Artículo publicado en Noticias Obreras nº1518 del 16 al 31 de Diciembre de 2010

 

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¿Puede la economía ser de otra manera?

Artículo publicado en el número 1517 de Noticias obreras publicado la primera quincena de Diciembre de 2010, página 17

 
 

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Entrevista en el número 1513 de Noticias Obreras

En el número 1.513 de Noticias Obreras editado por las Hermandades Obreras de Acción Católica HOAC me hicieron una entrevista que os adjunto aquí

 

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Noticia publicada en ZENIT el 9 de Mayo de 2010

La agencia de información internacional sin ánimo de lucro ZENIT se hizo eco el pasado 9 de Mayo de 2010 de la publicación de mi libro “Por una economía Altruista” (http://zenit.org/article-35291?l=spanish) Esta reseña ha sido recogida también por Catolic.net (http://es.catholic.net/laiglesiahoy/mundoarticulo.phtml?consecutivo=35291) y por el blog del profesor argentino Afredo Eduardo Villafañe (http://profvillafane.blogspot.com/2010/05/hacia-una-economia-mas-humana.html)

El texto de la reseña es el siguiente:

ZS10050911 – 09-05-2010
Permalink: http://zenit.org/article-35291?l=spanish

Publicado el libro “Por una economía altruista” de Enrique Lluch

Basado en la Doctrina Social de la Iglesia y la “Caritas in Veritate”

MADRID, domingo 9 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Se acaba de publicar en España el libro “Por una economía altruista” del profesor de la Universidad Cardenal Herrera CEU de Valencia, Enrique Lluch Frechina. El libro propone un cambio en los planteamientos económicos basado en los libros Sapienciales, las Sagradas Escrituras y la Doctrina Social de la Iglesia. Así mismo dedica un apéndice a la encíclica Caritas in Veritate.

¿Se puede cambiar el modelo económico actual desde la práctica de una economía doméstica altruista? ¿La economía imbuida de la tradición y doctrina cristiana puede contrarrestar el modelo de economía egoísta impuesto por el desarrollo moderno? Consumir, trabajar, ahorrar y endeudarse con sentido común, ¿es la clave que hay que tener en cuenta para impulsar un cambio en el actual modelo económico capitalista? Al hablar de una economía altruista, ¿es posible un nuevo modelo basado en una economía en la que todos ganan si se desprenden de la comodidad y atienden a las necesidades exclusivas para vivir, sin anhelar insaciablemente la riqueza? A estas y algunas otras cuestiones pretende responder un libro recién publicado.

“Por una economía altruista” es la nueva obra editada por PPC, y firmada Enrique Lluch Frechina, en la que el autor se plantea, ante la actual situación de crisis económica en la que los modelos económicos están en cuestión, un nuevo modo de ver la economía e intentar impulsar el cambio tan deseado por todos los agentes sociales.

El autor propone, como una posibilidad para salir de la crisis, un cambio en los planteamientos económicos domésticos y particulares, a la luz de los libros Sapienciales, las Sagradas Escrituras y la Doctrina Social de la Iglesia.

Enrique Lluch defiende su original tesis planteando una reflexión y revisión del actual modelo económico doméstico, para acomodarlo a las actuales exigencias, sin perder de vista la Doctrina Social de la Iglesia y la última Encíclica del Papa Benedicto XVI.

Cuestiones como el consumo, el empleo y el ahorro, son pilares fundamentales de la obra, a través de los cuales, Enrique Lluch explica cómo se llega a la situación actual, revisa los patrones de actuación de la sociedad y aporta posibles soluciones siempre desarrolladas y puestas en marcha desde el caso particular –la economía doméstica- al caso general, las grandes cifras macroeconómicas.

Los cinco capítulos de que consta la obra son: Necesidades y deseos; Consumo; Ahorro; Trabajo y descanso; De la economía egoísta a la economía altruista. Tiene un apéndice sobre la encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate.

El libro ha sido presentado recientemente en Almàssera y Valencia, por la Universidad Cardenal Herrera CEU y la Editorial PPC. A esta última presentación, asistió el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro.

El arzobispo de Valencia destacó la importancia de esta sencilla obra en la bibliografía económica y cristiana, afirmando: “La economía necesita de una ética amiga de la persona para funcionar”.

Añadió monseñor Osoro que “los cristianos no tenemos que escondernos, pues sabemos presentar un proyecto que redunda en el bien de la persona, y además debemos hacerlo viviendo en comunión con la Doctrina de la Iglesia”.

Por su parte, el rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, José María Díaz y Pérez de la Lastra, subrayó que “este libro ayudará a los lectores a que sean más personas y a que tomen una posición clara ante la situación que vivimos”.

El autor de la obra Enrique Lluch, destacó que “se trata de una propuesta para la reflexión, puesto que el libro pretende cambiar las propuestas económicas basadas en el egoísmo por una motivaciones más altruistas”.

“Resulta importante cambiar las apetencias y los deseos, que son ilimitados, por un concepto de consumo más racional y solidario. Solo así seremos más libres, más solidarios e incluso, más felices”, concluyó.

Para más información:
https://enriquelluchfrechina.wordpress.com/por-una-economia-altruista/

 

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Reseña del libro “Por una economía altruista” en Razón y Fe

El último número de la revista Razón y Fe, el de Marzo de 2010, contiene una reseña de mi libro “Por una economía Altruista”  escrita por Jesús Sanjosé

Este es su contenido:

El objetivo del libro consiste en plantear, al menos en el ámbito microeconómico, una economía alternativa –la denominada por el autor altruista– a la economía existente –la denominada egoísta–, y todo ello por razones éticas basadas en los Evangelios y la Doctrina Social Católica. El punto de partida es la crítica de la misma definición de economía: si damos por supuesto que el principio en el que se basa la economía liberal consiste en la forma de satisfacer las necesidades ilimitadas con recursos escasos, un análisis de los términos mismos con los que nos encontramos en la definición puede arrojar alguna luz que ayude a aclarar el planteamiento. Para ello un análisis crítico del término necesidades puede arrojar mucha luz. Manejando el significado de términos que se nos presentan como sinónimos, tales como necesidad, deseo y apetencia, el autor introduce diferencias significativas; así, si la necesidad hay que relacionarla con aquellas cosas que son imprescindibles para la conservación de la vida, no ocurre lo mismo con el deseo, movimiento enérgico del de la voluntad hacia el conocimiento, posesión o disfrute de algo, o la apetencia, movimiento natural que inclina al hombre a desear una cosa… De ahí que haya necesidades básicas individuales, relacionadas con la supervivencia, tales como la alimentación, el vestido, la vivienda, el descanso o la asistencia sanitaria en caso de enfermedad, y necesidades sociales o de condición que tienen que ver con el llevar una vida digna en el entorno propio.

Hechas estas acotaciones al término necesidades, se trata ahora de discutir el por qué del calificativo de ilimitadas, calificativo que añade la economía egoísta y pretende desterrar la economía altruista. El error, a juicio del autor, consiste en confundir el término necesidades con el término deseos, entendiendo que si bien el calificativo ilimitados se adecua bien con el término deseos, no ocurre lo mismo si aplicamos el mismo calificativo al término necesidades… Se completan estos análisis haciendo un recorrido por el significado de la insatisfacción, poniéndolo en relación con lo positivo, es creativa en dosis limitadas, es autodestructiva en dosis mayores, genera múltiples dependencias limitando la autonomía y la autodeterminación; hace que se adquieran deudas, …

Sentadas estas bases el capítulo 2.º se dedica a aplicar estos principios al consumo, el 3.º al ahorro y el 4.º al trabajo y al descanso. En el desarrollo de los tres capítulos se sigue el mismo esquema: una primera parte reflexiva, podríamos decir de ética general; una segunda parte en la que se completan las enseñanzas de la Iglesia sobre el tema, moral católica; una tercera parte en la que se hacen ciertas propuestas concretas de mejora; y una cuarta parte en la que se invita a que el lector continúe con la reflexión aquí iniciada.

El capítulo 5.º es una recapitulación de los principios, el alcance, la posibilidad efectiva y los límites en el que se manejan los principios cristianos de caridad, bien común, justicia, etc. Se completa el trabajo con una reflexión sobre la encíclica Caritas in veritate.

El autor, profesor de economía en el CEU de Valencia, simultanea su trabajo académico con la participación en proyectos de desarrollo destinados al Tercer Mundo. El trabajo que se comenta puede incluirse en esa corriente del análisis económico que pretende devolver a la economía el carácter de ciencia moral con la que se inició.

razón y fe – marzo 2010
 

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Presentación del libro del 25 de Febrero

El pasado 25 de Febrero tuvo lugar la presentación del libro Por una Economía Altruista en el Palacio de Colomina de Valencia. Las personas que intervinieron en este acto fueron: el EXCMO. Y RVDMO. SR. D. CARLOS OSORO SIERRA. Arzobispo de Valencia, el EXCMO. SR D. JOSÉ MARÍA DÍAZ Y PÉREZ DE LA LASTRA. Rector Magnífico de la Universidad CEU Cardenal Herrera, D. LUIS ARANGUREN GONZALO. Director de Ediciones PPC y D. ENRIQUE LLUCH FRECHINA. Autor del libro y Profesor de Economía CEU-UCH

A la presentación acudieron más de ochenta personas. El acto fue entrañable y las palabras de todos los que participaron en el mismo fueron acogidas con cálidos aplausos. Luis Aranguren insistió en que se trataba de un libro oportuno en el momento económico en el que nos encontramos. José María Díaz citó la Encíclica “Caritas in Veritate” para insistir en la necesidad de construir una economía que no olvide que es esencialmente ética y que no puede ser utilizada sin referencia a los valores. Carlos Ossoro afirmó que había leído el libro y que el quinto capítulo era el que más le había agradado. Habló del humanismo que trasluce el texto y cómo sus enseñanzas son útiles también para aquellas personas que no son cristianos.

Agradezco a todas las personas que asistieron al acto y a los ponentes el calor con el que recibieron en texto y las amables palabras que tuvieron todos hacia él y hacia mi persona.

 

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Por una economía altruista

Acaba de salir mi nuevo libro “Por una economía Altruista” Apuntes cristianos de comportamiento económico.

Este libro es una propuesta económica para personas de un nivel económico medio en un país como el nuestro. Sus páginas pretenden ser un motivo para la reflexión y el análisis de nuestro comportamiento económico diario.  Se propugna un camino de liberación a partir de abandonar los parámetros de comportamiento egoísta que priman en nuestra sociedad para introducir nuevas actitudes que mejoren nuestro desempeño económico y el de toda la sociedad.  La propuesta se fundamenta en los conocimientos acumulados por la sabiduría cristiana, en especial en los escritos bíblicos, las enseñanzas de los Patriarcas y la Doctrina Social de la Iglesia. Los cinco capítulos de los que consta son: NECESIDADES Y DESEOS, CONSUMO, AHORRO, TRABAJO y DESCANSO, DE LA ECONOMÍA EGOÍSTA A LA ECONOMÍA ALTRUISTA. Tiene un apéndice sobre la Encíclica Caritas in Veritate.

Si quieres más información sobre el libro puedes teclear en la presentación del mismo “Por una economía altruista”

Si quieres comprarlo su coste es de 12€ (los gastos de envío en correo ordinario son de 2,20€ para España). Puedes hacerlo enviando un email a pedidos@totperlaire.com, llamando o enviando un fax al 96 1860523 o accediendo a
Tot per L’aire

ÍNDICE

Necesidades, apetencias y deseos

1. Observamos nuestra realidad
– Examinamos las necesidades
– Diferenciamos para aclarar
2. La Iglesia ante unas necesidades limitadas
y unos deseos que pueden serlo
– Necesidades limitadas
– ¿Deseos ilimitados?
3. Cómo vivir nuestras necesidades y deseos
– No a la vorágine insaciable
– Sí a la satisfacción de necesidades
y deseos limitados
4. Sugerencias para la reflexión

El consumo

1. Consumir es algo más que comprar
– El consumo es solo para mí
– No puedo consumir todo lo que desearía
– ¿Por qué consumimos cosas que nos reportan
poca utilidad?
– Hay que consumir más y más
– Consumir es algo más que comprar
2. Las enseñanzas de la Iglesia sobre el consumo
– Vivir para consumir o consumir para vivir
– Consumo insolidario y sucio
– Materialismo e insatisfacción continua
3. Por otro estilo de vida
– ¡Bendita impulsividad!
– Sobre la inmadurez, la insatisfacción y el estrés
– ¿Y los otros? ¿Y la Tierra?
– La basura sigue siendo útil
– Por una parquedad responsable
– Por un consumo responsable
4. Sugerencias para la reflexión

El ahorro

1. ¿Ahorramos o nos endeudamos?
– Qué es el ahorro y para qué sirve
– Guardamos para consumir en el futuro
– Guardamos como prevención ante lo que pueda
suceder
– Guardamos para ganar más
– ¿Ahorramos o nos endeudamos?
2. Las enseñanzas de la Iglesia sobre el ahorro
– Mirad las aves del cielo
– ¿Dónde almacenará mis cosechas?
– El ahorro familiar y productivo
3. ¿Cuánto y cómo ahorramos?
– Aprovecha tus oportunidades y dobla tu salario
– Aprovecha tus oportunidades, saca un
rendimiento extraordinario
– ¿Cuánto ahorramos?
– El ahorro ético
– Por un endeudamiento moderado y prudente
4. Sugerencias para la reflexión

El Trabajo y el descanso

1. La función económica del trabajo
– Sin trabajo no hay producción
– El trabajo remunerado
– El salario no baja
– El salario y la productividad
– Ni todos los trabajos son iguales ni lo son
todos los trabajadores
– El trabajo es un factor de producción en
un mercado que debe alcanzar el equilibrio
2. Las enseñanzas de la Iglesia sobre el trabajo
– El trabajo es un componente de la naturaleza humana
– Las dimensiones del trabajo
– Necesitamos descansar
– El trabajo como camino de dolor y penalidades
3. Por un trabajo constructivo y liberador
– ¿Qué quiero aportar a la sociedad?
– El gusto por el trabajo bien hecho
– Trabajar es parte de nuestra convivencia
con los demás
– El trabajo no solo cubre necesidades materiales
4. Sugerencias para la reflexión

De la economía egoísta a la economía altruista

1. En qué consiste la economía altruista
– Altruismo, ¿qué es eso?
– Necesidades y apetencias limitadas
– Compramos para vivir
– Ahorramos con prudencia
– Un trabajo constructivo y liberador
2. ¿Es posible una economía altruista?
– ¿Por qué optar por una economía altruista?
– El comportamiento económico altruista nos ayuda
a ser más libres
– Pero, ¿es posible una economía altruista?
– ¿Hay que cambiar de sistema para optar por
una economía altruista?
3. La economía altruista es la base para llegar
a la caridad, el bien común y la justicia
– ¿Y dónde están la caridad, la justicia
y el bien común?
4. De la economía altruista a un nuevo orden económico

A propósito de Caritas in Veritate

1. Nuestra opción económica es una manera
de evangelizar (15)
2. Hay que impregnar la actividad económica
de fraternidad (34, 36 y 37)
3. Hacia una economía ética (45)
4. Por un nuevo estilo de vida (48-51)
5. Por un trabajo decente (63)
6. Por una renovación en las finanzas (65)
7. La responsabilidad social del consumidor (66)
8. Conclusiones

 
 

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Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida

El pasado sábado 21 en el marco de las Jornadas sobre “Crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate” impartí la conferencia titulada Un cambio de mentalidad para nuevos estilos de vida. En ella desgrané la propuesta que hace la encíclica Caritas in Veritate para nuestro comportamiento económico del día a día. En resumen, la apuesta del pontífice romano pasa por impregnar de gratuidad y don nuestro comportamiento económico del día a día. Subyace la idea de que el mercado es un sistema de intercambio que no es bueno ni malo por si mismo, sino según cómo lo utilicemos. Por ello, el comportamiento egoísta en el mercado lleva a consecuencias negativas para el mismo mercado y para aquellos que participan en él mientras que los comportamientos en los que se introduce el don y la gratuidad, puede llevar a que el mercado cumpla bien sus cometidos y pueda tener consecuencias sociales positivas.

La encíclica introduce algunos elementos en los que considera que ya se están dando estas características como s0n las finanzas éticas (en especial los microcréditos), el comercio justo, el consumo responsable, la transparencia y la responsabilidad del ahorrador, etc. El desarrollo total de lo expuesto se podrá leer en uno de los próximos números de la revista Moralia en la que publicaremos nuestras ponencias algunos de los conferenciantes de estas jornadas. Ya avisaré cuando salga la publicación. Mientras tanto, aquellos que quieran acceder a la presentación que hice durante mi conferencia pueden teclear aquí para acceder a ella.

 

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La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

Los próximos días 20 y 21 de Noviembre en la sede del Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid, tendrán lugar unas jornadas que pretenden analizar la actual crisis económica a la luz de la Encíclica Caritas in veritate.

La crisis en la que estamos tiene sus raíces económicas, pero no podrá superarse totalmente  sin atender a los problemas éticos que la han sustentado.

Los comportamientos que han provocado la crisis no solo han sido legales en la mayoría de las ocasiones, sino que estaban legitimados por el pensamiento dominante y por la escala de valores que priman en nuestra sociedad. Para evitar que estas situaciones se vuelvan a repetir, no solo hay que cambiar estos comportamientos, sino también el entorno ético que los rodea y los legitima.

La encíclica Caritas in Veritate sirve de piedra de toque para entender de una manera más humana la economía. Estudiar lo que ha sucedido a la luz de las enseñanzas de la encíclica puede permitirnos encontrar pistas válidas para construir un futuro en el que estos comportamientos no sean tan generales.

Estas Jornadas han sido organizadas por el Instituto Superior de Ciencias Morales con el propósito de contribuir a un debate social necesario en el que no vale solamente poner parches, sino que hay que afrontar las raíces éticas de una crisis que está afectando gravemente a gran cantidad de personas.

Páginas de Folleto jornadas crisis económicaPáginas de Folleto jornadas crisis económica1

Información e inscripciones

Secretaría del ISCM
Horario: lunes a viernes (no festivos) 9:30h-13:00h
Teléfonos: 91 353 30 40 – 91 345 36 00
secretaria@iscm.edu

Inscripción: 25 €
Forma de pago:
– En la secretaría del centro.
– Por transferencia bancaria hasta el 18 de noviembre de 2009: Banco Santander 0049 0469 18 2410104823. Indicar: “JORNADAS” y nombre del participante. Confirmar pago por teléfono o e-mail con los datos completos del participante.

Lugar

Instituto Superior de Ciencias Morales
C/ Félix Boix, 13. 28036 Madrid
Metro: Plaza de Castilla.
Bus 27, 147 y 150.
Ver plano.

 

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