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Archivo de la categoría: Por una economía altruista

Educar para distinguir las necesidades

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 3, Marzo 2015, pág: 14 y 15enseñar necesidades 1enseñar necesidades 2

Muchos lo hemos hecho de niños o jóvenes y nuestros hijos y nietos también lo utilizan ahora. Me refiero al tan manido “es que lo necesito” para pedir algo innecesario que nos apetece tener. Parece que diciendo esto, los padres se van a dar cuenta de que no es un capricho o una apetencia pasajera, sino algo de lo que realmente depende la vida normal del peticionario. Es evidente que los padres no suelen caer en la trampa, pero esta pequeña anécdota me sirve para introducir el tema de hoy, que es el de enseñar a distinguir entre necesidades, apetencias y deseos.

Todos son necesidades

Esto es clave en la economía actual porque esta considera que todo son necesidades. En los primeros cursos de economía se sigue utilizando una definición que dice que la economía estudia cómo satisfacer necesidades ilimitadas con unos recursos escasos. Desde hace tiempo se identifica el progreso con el necesitar más cosas, de manera que cuando vemos algún mayor que vive con pocos electrodomésticos o igual que hace cuarenta años, o cuando volvemos por primera vez de países más pobres, con frecuencia pensamos que “se nota que no han evolucionado, se conforman con poco, yo ya no podría vivir así”. Es decir, afirmamos que estamos más evolucionados porque necesitamos más cosas para vivir que los otros, porque ellos se conforman con poco y nosotros no lo hacemos.

Los niños se impregnan fácilmente de esta cultura

Si a esto añadimos el bombardeo continuo de publicidad que recibimos día a día (especialmente los niños que, aunque no lo creamos, están más expuestos al mismo) nuestros pequeños y adolescentes entran fácilmente en esta idea. Todo es necesario, no podemos prescindir de nada, tenemos que tenerlo todo. De este modo, se trastocan las prioridades y los valores. Puede suceder (como de hecho pasa desgraciadamente) que el dinero se gaste antes en unas zapatillas o un chándal de marca que en comida o calefacción para calentar la casa. No ha habido una educación en qué son las cosas necesarias y qué son las cosas de las que se puede prescindir.

Por ello hay que mostrar qué son necesidades

Por ello necesitamos educar y enseñar que solamente existen dos tipos de necesidades. Las primeras son las básicas o primarias, que son las que necesitamos para sobrevivir. Sin cubrir estas, difícilmente llegaremos a nada más o lo haremos mal. Me estoy refiriendo, claro está, al comer, dormir, refugiarse de las inclemencias del tiempo, protegerse del frío y el calor, curarse de las enfermedades más comunes… Necesidades que son compartidas por todas las personas. En segundo lugar existen otras necesidades que se denominan sociales o de la condición y que son aquellas cosas que se precisan para vivir dignamente en un entorno determinado o para ejercer una profesión o trabajo. Estas varían según el lugar de residencia o la ocupación principal, por lo que son diferentes y únicas para cada persona.

Toda necesidad es limitada

Tanto las necesidades básicas como las sociales son limitadas. Es decir, se llega a un punto en el que no se necesita más. No necesito cantidades ilimitadas de medicamentos, ni de alimentos, ni de casas, ni de vestidos. Tampoco necesito cantidades ilimitadas de los bienes que me cubren mis necesidades sociales, como puede ser un tractor si eres agricultor, o un teléfono móvil si eres un comercial, o un automóvil si vives en un lugar sin transportes públicos. No, las necesidades son limitadas y se llega a un punto en el que se cubren sin más.

Deseos y apetencias

Conocer mis necesidades y saber que son limitadas, está relacionado de una manera directa con conocer cuáles son mis deseos y apetencias, es decir, aquellas cosas que quiero tener, pero que no son precisas para llevar una vida digna en el entorno en el que me muevo. Ir al cine, jugar al fútbol, pasear por la montaña, tomar una cerveza con los amigos en un bar, comprar unas zapatillas de marca, jugar con la tableta o el ordenador, tener el último modelo de automóvil, etc. Son cosas que pueden ser positivas y válidas, pero que, salvo que te dediques de manera profesional a ellas, no son necesarias. Debemos de ser consciente de ello, son apetencias, son deseos, son cosas que nos gustan, son válidas, son positivas, pero no necesarias. Y esto tiene una importancia vital porque al no ser necesarias, pasan a un segundo nivel, dejan de ser la prioridad. No se demonizan, pero tampoco se priorizan.

Tenemos que insistir en esta diferenciación en la educación de nuestros hijos. Para ello debemos comenzar con nosotros mismos ¿Diferenciamos bien qué cosas son nuestras necesidades y cuáles nuestras apetencias y deseos? ¿Ponemos nosotros la prioridad en lo que se necesita y no en lo que nos apetece? Una vez hecho esto, no queda más que enseñárselo a nuestros hijos, mostrarles que lo importante es lo necesario y lo otro no es malo, pero es prescindible y debe quedar en un segundo lugar a la hora de marcar prioridades.

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Dios se humanizó con sencillez

Artículo publicado en la revista ICONO, año 116, nº 1, Enero 2015, pág: 14 y 15

Dios se humanizó sencillamenteDios se humanizó sencillamente 2

Acaban de pasar las fiestas navideñas. Espero que quienes me leéis lo hayáis pasado muy bien. Haya sido un momento especial para vosotros en el que no solo hayáis descansado de la rutina laboral, de las preocupaciones que nos lleva el día a día, y hayáis compartido tiempo con vuestros seres queridos, sino que también os haya servido para crecer en el amor y en la sabiduría, para recordar cosas que todos los años son iguales pero que nos sirven para renacer, para recrearnos y para ser mejores día a día. Yo he decidido suspender momentáneamente los artículos sobre la educación de los niños para hacer una reflexión económica sobre la humanización de Dios. Es decir, sobre cómo Dios decidió hacerse hombre para decirnos que no debíamos verlo en los altares, en las riquezas, en los ritos o en las leyes, sino en el prójimo, en el amor a quien tenemos al lado, en ser cada día más y más humanos.

Dios decide hacerse hombre en Belén

Así, cuando Dios decide hacerse hombre no piensa en llegar a la tierra en Roma. Tal vez hubiese sido una decisión más racional desde el punto de vista humano. Roma era la capital del principal imperio del momento, el lugar en el que más poder se acumulaba. Bien relacionado allí, podría haber hecho una labor de difusión y de captación de seguidores rápida y efectiva. Además, si hubiese decidido hacerse hombre en la familia del emperador o de alguno de los grandes senadores o militares romanos, las influencias y los contactos habrían logrado un avance espectacular del cristianismo, hubiese sido la religión del imperio muchísimo antes. Sin embargo nada de esto fue así, se fue a nacer a un pueblucho de un lugar en el margen del imperio. Un lugar de donde no podía salir nada importante, donde nadie en su sano juicio hubiese querido nacer en aquel entonces.

Dios decide hacerse hombre en una familia humilde

Dios también hubiera podido escoger nacer en el seno de una familia pudiente. Desde nuestro punto de vista hubiese sido una elección racional. Le hubiese garantizado unas condiciones higiénicas excelentes, una infancia sin estrecheces, una aceptación social inmediata y un nivel de vida suficiente para no tener que trabajar durante sus años mozos. Sin embargo, Dios escogió una familia humilde. Una familia sin grandes medios, sin demasiados fondos, que tiene que viajar con lo que tiene, que no puede garantizar a la madre una atención sanitaria en el parto, que no le puede dar una vida regalada.

Dios decide hacerse hombre en una familia marginada

Si por lo menos, Dios, en un alarde de no sabemos qué, no se quiso hacer hombre en una familia rica, al menos podría haberlo hecho en una familia de buena reputación, en una familia aceptada por aquellos que les quieren y que estuviese plenamente integrada en sus ambientes cotidianos. Sin embargo, Dios escoge una familia marginada, una familia rechazada por los suyos que no comprenden que María esté embarazada, que no comprenden que José no la haya repudiado como debería haber hecho en un caso así, que por ello no los aceptan. Es ese el motivo por el que, a pesar de que van a Belén de donde es José originario y dónde por tanto habría familiares, conocidos y amigos, nadie los acoge, nadie se compadece de ellos, a nadie parece importarle que María esté a punto de parir. Por eso tienen que acabar en un establo y cuando llega el momento del alumbramiento nadie les visita, ni los conocidos, ni los amigos, ni los familiares. Todos saben que están allí (es una pequeña aldea, todo el mundo sabe todo de todos) pero nadie quiere ni acercarse, es un nacimiento ilegítimo, son una familia marginada. Solamente los pastores, los que duermen fuera de la aldea al aire libre, los que no entienden de convencionalismos, solamente ellos visitan a los padres y a su hijo. Los que viven al margen de la población son quienes se compadecen de esa familia y comparten la alegría de un nacimiento con ellos.

Y nosotros ¿Qué buscamos?

La lógica de nuestra sociedad (que probablemente también es similar a la que se daba entonces) nos lleva sin embargo a lo contrario de lo que hizo Dios. Buscamos a los poderosos para tener más influencia, queremos juntarnos con los pudientes o queremos ser pudientes nosotros mismos para asegurarnos bienes que nos permitan vivir más holgados, queremos gozar de la aceptación de los demás y adaptamos nuestro comportamiento a lo que es habitual en el entorno en el que nos encontramos, intentamos no salirnos del raíl, no hacer cosas que puedan dejarnos al margen. ¿Es ese el camino que Dios nos muestra? Si el camino de la esperanza fuese el dinero o el prestigio ¿No cabría esperar que dios se hubiese comportado así y hubiese escogido nacer en un lugar y una familia diferente? Creo que la reflexión sobre cómo Dios se hizo hombre en Belén y escogió a José y María como progenitores, nos puede ayudar a comenzar este 2015.

 

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Los regalos

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 11, Diciembre 2014, pág: 12 y 13

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Estamos en un mes propicio para los regalos. Las navidades, los reyes magos, los momentos de celebración son un momento festivo en el que el intercambio de regalos se ha institucionalizado como algo importante y clave de la propia celebración de manera que esta parece incompleta si faltan los regalos. Hasta en las comidas navideñas de los compañeros de trabajo o en los últimos días de clase antes de las navidades, se ha generalizado ese juego que se denomina “amigo invisible” en el que por sorteo debes realizar un regalo a alguien de tus compañeros de trabajo o pupitre al mismo tiempo que tú recibes otro regalo “anónimo” de quien ha tenido en suerte que le tocaras.

El regalo como muestra de gratuidad

No es extraño que esto haya sido así. El regalo es una de las principales muestras de gratuidad que existen. Es una manera de comunicarse con el otro y sirve para mostrar a alguien tu cariño, tu buena predisposición, tu ánimo de establecer una relación desinteresada con la persona a quien se lo ofreces, tu agradecimiento por aquello que has recibido previamente y tantas otros sentimientos positivos hacia el otro. Estos regalos son verdaderos cuando no esperas recibir nada a cambio. Cuando se tratan, realmente, de una muestra de gratuidad con respecto al otro. Cuando el otro tan solo se ve animado a agradecer el detalle, a responder positivamente a esa acción que no tenía por qué haber sido realizada. El regalo tiene valor, sobre todo, cuando supera lo esperable, cuando la persona que lo recibe no tenía porque esperar ser agraciada con este don, cuando quien lo ha dado no tenía ninguna obligación de hacerlo.

La gratitud ante el regalo

Por este motivo surge el sentimiento de gratitud por parte de quien recibe el regalo. Lo inesperado del hecho, la dimensión del gesto, el que el otro haya tenido que sobrepasar lo normal para regalar, es lo que produce esa inmensa gratitud que hace que el receptor vea intensificada su relación personal con quien le regala. Cuando el regalo es realmente gratuito, tiene un lenguaje no explicitado que incrementa las relaciones entre quien lo da y quien lo recibe. Es por ello que hay personas que no quieren recibir regalos o que alguien en concreto les regale algo. El regalo les impele a ser agradecidos, a relacionarse más con quien se lo dona y tal vez, ellas no quieren esto. Esta intensificación de la relación también lleva a que algunos utilicen los regalos para conseguir algo del otro. Dan regalos esperando que el otro les ofrezca alguna ventaja, los atan a través de aparentes dádivas que no son tales, sino compras de voluntades o esperanza de que el agradecimiento se concrete en un beneficio real para el que dona el bien.

La vida de un niño es recibir regalos

Si aplicamos esto a los más niños, nos damos cuenta de que los primeros años de nuestra vida son un recibir regalos sin freno. Pero no estoy refiriéndome a cumpleaños, reyes y demás eventos, sino al simple amor de los padres, de los familiares y amigos, el techo en el que viven, la ropa que se ponen, el cuidado cuando se ponen enfermos… Los niños y jóvenes son verdaderas economías subvencionadas que viven constantemente de lo que los demás les dan. Es por ello que la familia es la principal escuela de ese amor desinteresado que los cristianos consideramos como la manera más plena de ser persona. Sin embargo, en los niños es muy fácil que solamente tengan importancia los regalos materiales o que el regalo se convierta más en una obligación que en una sorpresa.

Solo valen los regalos materiales

En algunos casos existen personas que solamente regalan al niño cosas materiales. No no saben, no quieren o no pueden hacer regalos de otra clase. Se trata de mayores que establecen su relación con el niño a través de los regalos materiales y que, normalmente, esperan recibir una respuesta de sus niños acorde a los regalos que les han hecho. Esto hace que el niño aprenda la lección y que acabe chantajeando al mayor dándole solo cariño si recibe o ha recibido un regalo material. El regalo se convierte entonces en una trampa en la que no existe ya la gratuidad sino un simple intercambio de cariño o carantoñas por bienes materiales.

La obligación de regalar

En otros casos, el regalo se convierte en una obligación. Hay que dar regalos porque es Navidad, porque es un cumpleaños, porque hay un juego que nos obliga a ello. El sentido relacional del regalo y su elemento gratuito se pierden. Dedicamos grandes energías en escoger el presente adecuado y en comprarlo. Energías que se pierden y que no nos sirven para mejorar nuestra relación con aquel que lo recibe. Los niños, sobre todo, quedan prontamente decepcionados cuando este regalo no cumple las expectativas que se ha planteado y esto es fácil que suceda a niños que tienen de casi todo.

Por ello, creo que debemos cuidar mucho el tema de los regalos. Comprar para regalar y convertir esto en costumbre en todos las ocasiones, desvirtúa el sentido profundo del mismo. Hay que replantearse las obligaciones de regalar y también pensar que el mejor regalo que se puede hacer a un niño (y a un mayor) es el cariño, la amistad, el aprecio, una relación sana… Por ello recordemos el valor del regalo para hacerlo con verdadera gratuidad y que este sea realmente una fuente y un refuerzo para las relaciones sanas y fructíferas.

 

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La terapia de ir de compras

Una nueva Greguería pecuniaria publicada en España Buenas Noticias: http://ebuenasnoticias.com/2014/12/03/la-terapia-de-ir-de-compras/#

La terapia de ir de compras _ España Buenas Noticias

 

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Para prepararse al curso sobre “nuevas economías”

Recupero ahora un documento que puede venir bien para preparar el curso de la UIMP de este verano. En él resumo algunas de las propuestas que realizan los distintos pensadores en este campo sonbre como avanzar hacia una nueva economía al servicio de las personas. Si no lo leísteis en su momento, ahora es la ocasión de hacerlo. Páginas desdemodelo económico sobre bases distintas definitivoPodéis descargaros el artículo en el siguiente enlace:

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/documentos_trabajo/05022015093847_6233.pdf

 

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El milagro de compartir

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 10 de Noviembre de 2013, pág: 14 y 15

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Multiplicar los panes y los peces

El milagro al que más cariño le tengo de todos aquellos que aparecen en el nuevo testamento es el de la multiplicación de los panes y los peces. No ha sido siempre así. Cuando era pequeño no acababa de entender bien lo que sucedió en aquel descampado en el que se concentraban los seguidores de Jesús. Veía a los discípulos con una especie de chistera donde, en lugar de salir conejos o palomas, salían panes y peces para alimentar a toda la población que se encontraba allí. Me imaginaba las caras de asombro de todos y no comprendía porqué luego volvieron a sus casas teniendo a alguien que podía darles de comer gratuitamente todos los días con aquella cesta maravillosa…

 

El milagro del compartir

Tardé mucho en comprender que esto no era el verdadero milagro. Los milagros no son magia, sino sucesos extraordinarios, que se salen de lo común, que asombran por lo inesperado o por lo inexplicable. Ello no quiere decir que no tengan explicación, que no sigan un razonamiento determinado, sino que son inesperados, que no cabía esperar que sucediese así, que había dudas razonables de que se pudiese dar esta posibilidad.

Esto sucedió en aquella ocasión, nadie podía esperar que con las exiguas viandas con que contaban Jesús y sus discípulos (cinco panes y dos peces) se pudiese alimentar a aquella multitud. Pero sucedió, Jesús repartió lo que tenía y sobró para todos… Jesús compartió su comida y cundió el ejemplo, todos aquellos que estaban en el descampado compartieron sus alimentos y los repartieron entre sus vecinos. Este compartir llevó a la sobreabundancia y no solo hubo bastante para todos, sino que además sobró.

Este fue y es el verdadero milagro, cuando se comparte, cuando se reparte, no solamente hay para todos sino que además hay en exceso… Jesús nos llama a seguir su ejemplo, a repartir lo que tenemos aunque sea poco, a compartir con los demás nuestras posesiones como mejor manera de lograr que todos puedan cubrir sus necesidades.

 

¿Compartimos o acaparamos?

Es evidente que este es el mensaje contrario de lo que oímos todos los días propugnar a algunos economistas. Su mensaje es que debemos tener más y más cada día, que solo tenemos que pensar en nosotros o en los nuestros para conseguir que cada día tengamos más entre todos. El egoísmo, el acaparar para uno mismo, el buscar solo mi propia riqueza y no compartirla, aparecen como los caminos más adecuados para tener más. Se contraponen así dos ideas opuestas que prometen el mismo resultado. El egoísmo como fuente de crecimiento o el compartir como raíz de la sobreabundancia.

 

Repartir es el camino hacia la mejora

Nuestra experiencia diaria parece apoyar el milagro del compartir. La gestión económica de las familias suele estar basada, precisamente, en el reparto de lo ganado por algunos miembros de la familia al servicio de todos. Esto no trae problema alguno a las familias ni hace que estas tengan menos o se arruinen por ello. Al contrario, si cada miembro de la familia ve solamente por su propio interés y no comparte el dinero que gana, no solo el conjunto va a salir perjudicado desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista de la convivencia familiar. Lo mismo sucede cuando quedamos con los amigos para cenar y cada uno lleva algo para compartir. En estas ocasiones no solo no nos quedamos con hambre, sino que solemos comer muy bien y siempre sobra comida…

También existen economistas que hablan sobre este fenómeno. En un libro muy comentado que se titula “Por qué fracasan las naciones”, los profesores Ademoglu y Robinson arguyen que aquellas naciones que tienen instituciones que solamente benefician a unos pocos en lugar de a la mayoría y cuyas élites de poder solamente piensan en beneficios para ellas mismas y no para el conjunto de la población, son las que no tienen capacidad para crear riqueza y crecer lo suficiente y acaban fracasando como naciones. Solamente las que tienen unas instituciones inclusivas que benefician a la mayoría, pueden realmente desarrollarse y mejorar.

Creo que debemos de introducir la dinámica del compartir en la economía. Es la única manera, no solo de salir de la crisis, sino también de que realmente se de un progreso en nuestras sociedades. Para ello es importante repartir y compartir y recordar que para compartir no solo se recibe, sino que también se aporta… Ello excluye al gorrón, a quien se aprovecha de la bondad de los demás para recibir sin dar. Este no entra en esta dinámica sino en la egoísta, en la que lo quiere todo para si mismo. Si buscamos la sobreabundancia, si queremos generar bienestar para la sociedad, el compartir es el camino que nos llevará hacia ella y para ello debemos educar ciudadanos y generar instituciones que den, que repartan, que compartan…

 

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Nuevos modelos de economía

Dos periódicos turolenses se hicieron eco de mi conferencia el pasado jueves 26 de Septiembre. Aquí tenéis la crónica de ambos, aunque uno de ellos me definió como “catedrático” cosa que no soy…

Diario de Teruel del 27 de Septiembre de 2013 en su página 13

diario de teruel sobre conferencia

ECO DE TERUEL. Periódico digital de Teruel

Brillante charla del catedratico Enrique Lluch, dentro del Aniversario de Caritas en Teruel

Domingo, 29 septiembre , 2013 | Por | Categoria: Actualidad Local

En la imagen , un momento de la charla del viernes

En la imagen , un momento de la charla del viernes

El pasado viernes el catedrático D. Enrique Lluch Frechina, director de la Cátedra de Solidaridad de la Diversidad Cardenal Herrera CEU de Valencia dio una charla sobre os nuevos modelos económicos, dentro de los actos de celebración del aniversario de caritas diocesana en Teruel. La charla fue brillante y seguida atentamente por los asistentes.
Se habló de los nuevos modelos económicos como por ejemplo la economía de comunión, la economía del bien común, etc
Sobre todo se hizo hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad en empresas, intermediarios financieros, estados y en las economías domésticas.
Finalmente el profesor Lluch hablo de cuestiones económicas concretas , de los objetivos que deberían tener estos nuevos modelos económicos
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Un acercamiento a nuevos modelos económicos
Enrique Lluch ofrece una conferencia sobre propuestas alternativas
P. Fuertes
Teruel
Otros modelos económicos son posibles en la sociedad actual y así lo dio a conocer Enrique Lluch, doctor en  Ciencias Económicas y director de la Cátedra de Solidaridad de la Universidad Cardenal Herrera de Valencia,  en una conferencia que ofreció en el salón de actos de la CAI en Teruel con motivo del 50 aniversario de  presencia de Cáritas en la Diócesis turolense. Lluch presentó los motivos por los que existen modelos de
economía alternativos, qué pueden hacer los ciudadanos para cambiar e intentar organizarse mejor y qué propuestas existen en la actualidad.
Entre estas alternativas se encuentran la economía de comunión, la economía del bien común, la del decrecimiento, la economía altruista, la eco-economía, la democracia económica y la economía del buen vivir.
Lluch planteó que enfrentar el mercado contra la planificación es un “falso dilema” porque hay que aceptar el mercado como un instrumento válido pero plantearse que hay que cambiar sus objetivos. Así, los nuevos modelos económicos propugnan cambiar las metas del mercado, según puso de manifiesto este experto. Para
ello, “hay que orientar el mercado hacia otra dirección”.
Para hacerlo hay que plantearse diferentes objetivos, siguiendo la línea de estas nuevas teorías que recoge Lluch, como modificar las prioridades delmercado. Este economista propuso que ante la prioridad del beneficio,
hay que sobreponer la prioridad de la persona y el bien común; ante la de la economía financiera la de la economía real y ante la de los triunfadores la de los últimos. También planteó que hay que cambiar las reglas del juego para que beneficien a aquellos que colaboren más con el bien común y penalice comportamientos perjudiciales.
Para ello, se precisa “un cambio de mentalidad y estructuras”, destacó Lluch que pasa por cambiar
la mentalidad economista, que ha generalizado el comportamientos egoísta y lo ha justificado a ámbitos no económicos; las economías domésticas que tienen que afrontar su día a día con claves diferentes, y las  empresas, que deben insistir en su importante labor social. El cambio dementalidad tiene que llegar también a los intermediarios financieros, “que deben estar al servicio de la economía real y no al contrario”, explicó Lluch.

Para allanar el camino hacia estructuras económicas diferentes propuso un cambio de legislación de los mercados, que facilite la competencia y luche de forma efectiva contra los oligopolios y que facilite la  transparencia para la labor social de las empresas y de los intermediarios financieros.
También, sería necesario una política de contratación pública que utilice parámetros distintos al precio y que potencia a las empresas que colaboran en la construcción social. En cuanto al sector público, debería defender a los más desfavorecidos y defender el estado social y potenciar el bien común con una estructura impositiva que sea equitativa y redistributiva.
La estructura financiera también tiene que ser modificada, según Lluch, para favorecer un cambio en la política monetaria, una reducción del tamaño de las entidades financieras, la supresión de los paraísos fiscales y la regulación de los instrumentos financieros.  Todos estos cambios, concluyó este autor de varios libros sobre economía alternativa, se deben ejecutar a nivel internacional para que sea efectivos.

 

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