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Archivo de la categoría: Diccionario de la crisis

¿Es útil el rescate?

¿Es útil el rescate? esta es la pregunta más importante que nos hacemos cuando escuchamos hablar de los rescates. La experiencia con otros países rescatados parece hablarnos de la inutilidad de un rescate, pero conviene matizar esta primera impresión.

Para saber si es útil caben dos preguntas que nos guiarán ¿Qué clases de rescate existen? Y ¿A quién benefician y perjudican cada una de ellas?

Dos clases principales de rescate

Los rescates más habituales son de dos clases principales. La primera es la que se denominaría perdón o condonación de la deuda. Por ella, son los propios deudores los que rescatan al endeudado perdonando la totalidad o parte de la deuda. De esta manera, no se le presta más dinero al prestatario, sino que se le exime de pagar la totalidad o una parte de lo que debe.

Hay que diferenciar esto de una simple quiebra o situación de impago. En esta última es el deudor quien decide no pagar sus deudas, mientras que en el perdón, es el acreedor quien toma la decisión y libera a quien le debe dinero de sus obligaciones.

La segunda clase es la ya descrita en la entrada “¿Qué es un rescate?” por la cual el deudor recibe dinero de una tercera entidad para que pueda hacer frente al pago de sus deudas y de los intereses que estas generan. Esta aportación suele tener también forma de préstamo aunque con unas condiciones más favorables a las anteriores.

Las condiciones para que se de el rescate

En ambos casos, aquellos que toman la decisión de perdonar o de volver a prestar a unos tipos de interés inferiores, exigen unas condiciones a quien ha sido rescatado. En el primer caso trata de aceptar un propósito de enmienda y pedir una penitencia: te perdono porque has demostrado que no quieres que se vuelva a repetir esta situación y porque estás poniendo medidas para que así sea. Se trata, por tanto, de condiciones que buscan que el deudor no se vuelva a encontrar en la misma situación en el futuro.

Sin embargo, las condiciones que se imponen en el segundo caso pretenden garantizar que el nuevo préstamo sea devuelto. Es decir, el mensaje para los rescatados es: te presto dinero para que atiendas a tus obligaciones pero a condición de que pongas las medidas pertinentes (que son las que yo te digo) que garanticen que me podrás devolver en un futuro lo que te estoy prestando ahora.

Los beneficiados y perjudicados por las dos clases de rescates

En el primer caso, el claramente beneficiado es el rescatado ya que se queda sin la obligación a la que tenía que hacer frente y puede volver a comenzar sin cargas añadidas. Sin embargo los acreedores quedan doblemente perjudicados ya que, por un lado no cobran el dinero que les era debido y, por otro, pierden la posibilidad de cobrarlo en un futuro. En cuanto a las condiciones, en la medida que están destinadas a no volver a encontrarse en esta mala situación y esto se puede hacer sin cargas añadidas (ya que ha sido eximido de la obligación) no deberían ser perjudiciales para el rescatado (aunque pudiesen ser duras), sino todo lo contrario.

En el segundo caso no sucede esto. Los primeros beneficiados son los acreedores ya que gracias a la intervención de un tercero logran cobrar lo que sospechaban podría convertirse en un impago. El deudor sale beneficiado en la medida que las condiciones del nuevo préstamos son mejores que las del anterior, aunque con frecuencia esta medida solamente sirve para incrementar la deuda del rescatado. Por ejemplo, si antes debía 100 y se tenía que pagar 6 de intereses, ahora se debe 106 (que es lo que le han prestado para atender a estas deudas) y tiene que pagar intereses sobre esta cantidad. En cuanto a las condiciones, estas son impuestas por el nuevo acreedor que solamente quiere con ellas garantizarse el pago futuro de su rescate, lo que no garantiza necesariamente que sean positivas para el rescatado.

¿Es útil el rescate?

Parece evidente que un rescate será útil si mejora la situación real del rescatado, esto es, del deudor. Cuando se rescata a alguien a través de una liberación de sus obligaciones, parece evidente que esto es así. La condonación o perdón de la deuda tiene este primer efecto positivo. Si además, esto viene acompañado de una batería de medidas elaboradas por el deudor y destinadas a mejorar su desempeño económico de modo que no se vuelva a dar la situación que ha dado lugar al rescate, no cabe más que pensar que el rescate ha sido útil.

Ahora bien, cuando el rescate deja más endeudado al rescatado (aunque sea a unos tipos de interés inferiores y a un plazo mayor y por tanto tenga que pagar menos anualmente) y las medidas que se toman solamente pretenden garantizar que siga devolviendo lo que debe y pagando los intereses, no tiene por qué ser tan positivo. El hecho de que la prioridad en este caso no sea el rescatado, sino que el resto de implicados no pierdan, puede llevar a que las medidas no tengan resultado positivo para quien, en un principio, debería ser el mayor beneficiado. La utilidad del rescate en este caso, queda en entredicho.

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Qué es un rescate

Según dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua en su tercera acepción, rescatar es “liberar del peligro, daño, trabajo, molestia, opresión, etc.” Y esta es la oferta que parece que recibimos cuando se habla de rescatar a España o a nuestros bancos, parece que esto va a permitir que los peligros que nos acechan desaparezcan. Ahora bien, cabe preguntarse por dos cuestiones principales a la hora de hablar de rescate, por un lado cuál es el peligro del que van a liberarnos y la segunda cuáles son los sistemas que van a utilizar para hacerlo. En esta primera parte de esta serie vamos a ver qué es un rescate, para en una segunda entrada que pondré en breve analizar, las distintas clases de rescate y ver quiénes salen beneficiados con cada una de ellas.

En el caso español se ha hablado de dos casos de rescate, el que ya se ha solicitado para mejorar la situación del sector financiero y el rescate país, que sería el que hipotéticamente se podría recibir en el momento que se escriben estas lineas (otoño 2012). Voy a analizar someramente qué supone un rescate en cada uno de los dos casos.

 

Los bancos necesitan ser rescatados de una situación en la que prestaron mucho dinero al sector inmobiliario para comprar terrenos, construir edificios, adquirir pisos, etc. Ese dinero no lo pueden recuperar en estos momentos debido al parón del sector inmobiliario, la reducción de precios de estos activos y la insolvencia de muchas empresas y personas que recibieron este dinero y ahora no lo pueden devolver. Al mismo tiempo, estas entidades financieras tienen que hacer frente a pagos y no tienen bastante dinero para hacerlo (devoluciones de depósitos, intereses a aquellos que les prestaron dinero a ellos, etc.) Estas empresas tienen, además, problemas para pedir prestado los fondos que necesitan para pagar lo que deben debido a que otras entidades financieras conocen su situación y no quieren arriesgarse a no recuperar su dinero. El peligro del que se pretende liberar a la entidad es, por tanto, la quiebra, esto es, la imposibilidad total de hacer frente a todas las obligaciones que tiene la entidad financiera.

Un rescate para estos bancos supone darles dinero barato que les permita hacer frente a sus deudas mientras consiguen recuperarse y vender esos activos inmobiliarios que tienen. De alguna manera les da tiempo para poder hacer frente a sus obligaciones de devolución y pago actuales, hasta que vengan tiempos mejores y ya puedan pagar sus deudas. Del mismo modo, al contar con estos fondos, son más seguros de cara a otros posibles financiadores y pueden lograr que otras entidades financieras decidan prestarles más dinero.

Un rescate a un Estado es algo parecido. España tiene una gran deuda que le supone pagar una cuantía elevada de intereses y al mismo tiempo un déficit que le impide hacer frente a esta deuda si no vuelve a pedir prestado. Los posibles financiadores conocen esta situación y no están dispuestos a prestarles más dinero (o exigen para hacerlo unos intereses excesivamente altos). El rescate pretende prestar dinero barato a ese país para que pueda hacer frente a esas deudas y para que rebaje la cuantía de los intereses que tiene que pagar. Además, al garantizar dinero para el país, puede inspirar confianza y hacer que los prestamistas puedan volver a prestar a esa nación. Se pretende evitar también la quiebra del país, el que no pueda pagar sus deudas…

Dejo para una segunda entrada que titularé “¿Es útil el rescate?” los matices sobre de qué manera se articulan estos rescates, sobre quiénes salen beneficiados y quiénes perjudicados y sobre su utilidad en el medio y largo plazo.

 

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La prima de riesgo

Dentro del vocabulario financiero y de la economía del sector público, ha tenido una cierta resonancia durante estos últimos tiempos el concepto de “prima de riesgo”. Los periódicos no dejan de nombrarla y se ha convertido en un término habitual en las noticias económicas semana tras semana. Este término se refiere al sobre-coste que tiene endeudarse debido a la falta de confianza que genera quien pide prestado. Dicho de otra manera, como se ha visto en el término “tipo de interés” aquel deudor que tiene más riesgo tiene que ofrecer un mayor tipo de interés para que la gente le preste a él en lugar de a aquel que es más de fiar. Esa diferencia de tipo de interés es a lo que se denomina prima de riesgo.

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Esto mismo sucede con los Estados. Los intermediarios financieros tienen dinero para prestar a los diferentes Estados y estos ofrecen productos que en principio son similares entre ellos, por ejemplo bonos a tres años (se le presta al Estado y este paga intereses durante tres años y al finalizar estos devuelve la cuantía prestada). La única característica que distingue unos bonos de otros es el riesgo que el prestamista atribuye a cada uno de los Estados que los ofrecen. Esta diferencia determina a quienes están dispuestos a prestar su dinero. Si un Estado considerado inseguro quiere conseguir financiación, deberá ofrecer mayor tipo de interés que otro que sea visto como seguro.

En el caso europeo, la comparación se realiza con los bonos alemanes. Cuando se habla de la prima de riesgo de la deuda española, griega o italiana, se refleja la diferencia de tipos de interés que tienen que pagar estos Estados por su deuda con respecto a la que paga Alemania. Así, si España tiene una prima de riesgo de 500 puntos básicos, quiere decir que paga un 5% más de interés que Alemania por el mismo dinero prestado. Es decir, que endeudarse le sale más caro.

Motivos:Los motivos que generan la falta de confianza de un país con respecto a otro pueden ser justificados, pero no tienen por qué serlo. Sucede igual que en las personas, podemos desconfiar de alguien con razón, pero también podría suceder que hubiese una sensación global de que alguien no va a devolver sus deudas o que no es de confianza sin unos motivos justificados que sustentasen esta desconfianza.

Consecuencias:La consecuencia más grave de esto es que la deuda le sale mucho más cara al país de lo que le supondría en el caso de que generase confianza en sus acreedores. Esto se traduce en muchos miles de millones de euros de sobre-coste por estar endeudado. Podemos aproximar que una prima de riesgo de 500 puntos puede suponer un coste adicional de unos 24.000 millones de euros anuales con respecto al que tendríamos si mantuviésemos unos tipos de interés similares a los de Alemania.

 

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Tipo de interés

Hoy comienzo una serie de términos que voy a denominar DICCIONARIO DE LA CRISIS

Se trata de una explicación sencilla de términos que se utilizan habitualmente en los medios de comunicación y que estamos acostumbrados a oir, pero que en muchas ocasiones no tenemos claro qué quieren decir.

El diccionario está abierto a sugerencias o a peticiones de términos para poder ampliarlo.

Es un proyecto que se incluye en la página www.piensaenello.org a la que puedes acudir si tienes prisa en ver más términos ahora.

En el futuro iré ampliando este vocabulario con términos como “prima de riesgo”, “deuda pública” “los mercados” etc.

Tipo de interés

El tipo de interés es el alquiler que se paga por poder disponer de un dinero que no es nuestro. Al igual que cuando alquilamos un piso, cuando pedimos prestado dinero nos dejan este para que lo utilicemos durante un tiempo con el compromiso de que pasado esto se lo restituyamos a sus legítimos dueños. Por este motivo, al igual que por el piso pagamos un alquiler durante el tiempo que lo utilizamos, por el dinero también abonamos una cantidad mientras podemos utilizarlo: el tipo de interés. Este pago se determina como un tanto por cien anual sobre la cuantía total prestada. De este modo, si se prestan 10.000€ a un tipo de interés de un 5%, el prestatario (quien recibe el préstamo) está obligado a pagar 500€ cada año que tenga en su poder la cuantía prestada (sin que esto vaya en detrimento de la devolución total del montante prestado).

Los tipos de interés se fijan libremente entre el prestamista (quien concede el préstamo) y el prestatario (quien lo recibe). Ahora bien, a nivel doméstico suele ser la entidad financiera la que ofrece un tipo de interés y el particular o lo coge o lo deja sin posibilidad de negociación alguna. El que este tipo de interés sea más alto o más bajo depende de varios elementos:

  • Riesgo: Es el principal factor que determina que los tipos de interés sean mayores o menores. Supongamos que tenemos dos amigos, uno de los cuales tiene siempre una conducta intachable y responde de una manera responsable a todos los compromisos que adquiere, mientras que el segundo es menos serio y nunca sabemos por donde nos va a salir o si va a cumplir aquello a lo que se ha comprometido. Si los dos nos pidiesen 10.000€ para devolvérnoslos al cabo de un año pagándonos un interés de un 5% ¿A quién se lo prestaríamos? Seguramente a la persona seria y responsable ¿Qué podría hacernos cambiar de opinión? Posiblemente que nuestro amigo más irresponsable nos ofreciese en lugar de un 5% un 10%. Tal vez la remuneración mayor nos impulsase a correr el riesgo de que no cumpliese, atraídos por unos beneficios mayores. Esto nos dice por qué cuanto más riesgo, más tipo de interés y viceversa. Explica por ejemplo, por qué es más caro un préstamo para comprar un automóvil o un electrodoméstico, que otro para una casa. Este último tiene menos riesgo porque si el prestatario no devuelve, el prestamista se queda con la casa y puede recuperar su dinero.
  • Plazo: Normalmente estamos más dispuestos a prestar una cantidad con un plazo de devolución corto que con uno largo. Por ello, los tipos de interés suelen ser superiores para préstamos a largo plazo e inferiores para préstamos a corto plazo. Esto se ve claramente en la deuda pública, si prestamos al Estado para un plazo de 18 meses, normalmente recibiremos un interés menor que si lo hacemos para tres años.
  • Liquidez: Si un banco nos ofrece un depósito en el que podemos sacar el dinero en el momento que queramos sin ninguna traba, no necesitaremos una gran remuneración para estar dispuestos a depositar nuestros euros allí. Ahora bien, si ese mismo banco nos dice que no podemos sacar el dinero hasta una determinada fecha y que si lo hacemos antes tendremos una penalización, le exigiremos una mayor remuneración para que estemos dispuestos a prestarle el dinero en estas condiciones. Por ello, los depósitos a plazo tienen un tipo de interés mayor que las cuentas corrientes.
  • Gastos administrativos: A un banco le sale más barato prestar un millón de euros a una sola persona, que prestar mil euros a mil personas. Por ello, normalmente va a cobrarle menos interés a la persona que recibe esa alta cuantía que a las mil personas que reciben los préstamos pequeños (a pesar de que la cuantía final es la misma).

En cada préstamo u operación de financiación se combinan estos cuatro factores para determinar al final los tipos de interés particulares de cada uno de ellos.

 

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