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Archivo de la categoría: Desarrollo económico

Nuevos modelos de economía

Dos periódicos turolenses se hicieron eco de mi conferencia el pasado jueves 26 de Septiembre. Aquí tenéis la crónica de ambos, aunque uno de ellos me definió como “catedrático” cosa que no soy…

Diario de Teruel del 27 de Septiembre de 2013 en su página 13

diario de teruel sobre conferencia

ECO DE TERUEL. Periódico digital de Teruel

Brillante charla del catedratico Enrique Lluch, dentro del Aniversario de Caritas en Teruel

Domingo, 29 septiembre , 2013 | Por | Categoria: Actualidad Local

En la imagen , un momento de la charla del viernes

En la imagen , un momento de la charla del viernes

El pasado viernes el catedrático D. Enrique Lluch Frechina, director de la Cátedra de Solidaridad de la Diversidad Cardenal Herrera CEU de Valencia dio una charla sobre os nuevos modelos económicos, dentro de los actos de celebración del aniversario de caritas diocesana en Teruel. La charla fue brillante y seguida atentamente por los asistentes.
Se habló de los nuevos modelos económicos como por ejemplo la economía de comunión, la economía del bien común, etc
Sobre todo se hizo hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad en empresas, intermediarios financieros, estados y en las economías domésticas.
Finalmente el profesor Lluch hablo de cuestiones económicas concretas , de los objetivos que deberían tener estos nuevos modelos económicos
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Un acercamiento a nuevos modelos económicos
Enrique Lluch ofrece una conferencia sobre propuestas alternativas
P. Fuertes
Teruel
Otros modelos económicos son posibles en la sociedad actual y así lo dio a conocer Enrique Lluch, doctor en  Ciencias Económicas y director de la Cátedra de Solidaridad de la Universidad Cardenal Herrera de Valencia,  en una conferencia que ofreció en el salón de actos de la CAI en Teruel con motivo del 50 aniversario de  presencia de Cáritas en la Diócesis turolense. Lluch presentó los motivos por los que existen modelos de
economía alternativos, qué pueden hacer los ciudadanos para cambiar e intentar organizarse mejor y qué propuestas existen en la actualidad.
Entre estas alternativas se encuentran la economía de comunión, la economía del bien común, la del decrecimiento, la economía altruista, la eco-economía, la democracia económica y la economía del buen vivir.
Lluch planteó que enfrentar el mercado contra la planificación es un “falso dilema” porque hay que aceptar el mercado como un instrumento válido pero plantearse que hay que cambiar sus objetivos. Así, los nuevos modelos económicos propugnan cambiar las metas del mercado, según puso de manifiesto este experto. Para
ello, “hay que orientar el mercado hacia otra dirección”.
Para hacerlo hay que plantearse diferentes objetivos, siguiendo la línea de estas nuevas teorías que recoge Lluch, como modificar las prioridades delmercado. Este economista propuso que ante la prioridad del beneficio,
hay que sobreponer la prioridad de la persona y el bien común; ante la de la economía financiera la de la economía real y ante la de los triunfadores la de los últimos. También planteó que hay que cambiar las reglas del juego para que beneficien a aquellos que colaboren más con el bien común y penalice comportamientos perjudiciales.
Para ello, se precisa “un cambio de mentalidad y estructuras”, destacó Lluch que pasa por cambiar
la mentalidad economista, que ha generalizado el comportamientos egoísta y lo ha justificado a ámbitos no económicos; las economías domésticas que tienen que afrontar su día a día con claves diferentes, y las  empresas, que deben insistir en su importante labor social. El cambio dementalidad tiene que llegar también a los intermediarios financieros, “que deben estar al servicio de la economía real y no al contrario”, explicó Lluch.

Para allanar el camino hacia estructuras económicas diferentes propuso un cambio de legislación de los mercados, que facilite la competencia y luche de forma efectiva contra los oligopolios y que facilite la  transparencia para la labor social de las empresas y de los intermediarios financieros.
También, sería necesario una política de contratación pública que utilice parámetros distintos al precio y que potencia a las empresas que colaboran en la construcción social. En cuanto al sector público, debería defender a los más desfavorecidos y defender el estado social y potenciar el bien común con una estructura impositiva que sea equitativa y redistributiva.
La estructura financiera también tiene que ser modificada, según Lluch, para favorecer un cambio en la política monetaria, una reducción del tamaño de las entidades financieras, la supresión de los paraísos fiscales y la regulación de los instrumentos financieros.  Todos estos cambios, concluyó este autor de varios libros sobre economía alternativa, se deben ejecutar a nivel internacional para que sea efectivos.

 

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¿Por qué es importante el sector financiero para una economía?

Artículo publicado en el Noticias Obreras, Nº 1.549, Julio 2013, Pág: 12 y 13

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Dar crédito, esta expresión tiene un doble sentido en nuestro idioma. Por un lado está el literal, es decir, dejar a alguien un dinero para que lo utilice a cambio del pago del pago de un interés, que viene a ser el alquiler por poder utilizarlo durante un tiempo. Pero también tiene un sentido figurado que significa que confiamos en una persona o en un mensaje. Damos crédito a algo o a alguien cuando creemos que es de fiar, cuando consideramos que hay algo que nos asegura su veracidad, cuando sabemos que podemos depositar en ello nuestra confianza. Este dar crédito es lo que hay detrás de un sistema financiero sano. Para que funcione de una manera correcta necesitamos que una sociedad en la que exista confianza y fiabilidad. Sin ellas, un sistema financiero no funcionan.

Pero ¿por qué es importante que el sector financiero funcione bien para una economía? Muchas son las causas que podríamos aducir aquí, pero me voy a centrar en las más importantes. La primera es que el sector financiero incluye al Banco Central que es quien emite la moneda de un país. Es importante tener una moneda estable que nos sirva para realizar los intercambios. Cuando se pierde confianza en el sistema financiero, la moneda deja de ser apreciada y se puede producir un alza de precios tal, que las personas dejen de confiar en ella y se vuelva a utilizar el trueque para intercambiar los productos. Aunque el trueque es positivo en algunas situaciones particulares, no es factible en una economía compleja, se necesita alguna forma de dinero que facilite los intercambios. De hecho, hasta los mismos esquemas de trueque existentes en la actualidad, tienen alguna forma de dinero (aunque sea en vales por hora de trabajo) que realiza esta función.

La siguiente importante función del sistema financiero es que nos permite ahorrar. El ahorro es importante porque gracias a él podemos, por un lado, reservar dinero para realizar compras grandes en el futuro (una casa, un automóvil, un viaje), por otro guardar para tener unos fondos que nos permitan afrontar gastos imprevistos o una futura bajada de ingresos (desempleo, jubilación) y por último invertir en un negocio o en educación para tener más ingresos en el futuro. El sistema financiero nos facilita ahorrar con seguridad, sabiendo que no vamos a perder nuestro dinero. El entramado financiero, los bancos, el sistema en su conjunto y el respaldo público nos permiten tener una mayor seguridad de que nuestros ahorros no se van a perder.

Otra función importante es la de facilitar las actividades económicas. El hecho de profesionalizar la intermediación financiera, permite que aquellos que quieren montar un negocio o una actividad económica para ganarse la vida, puedan lograr el dinero que necesitan pidiéndolo prestado y pagando unos intereses aceptables. Lo mismo sucede con aquellas familias que quieran comprar una vivienda o cualquier otro bien caro y todavía no tengan los suficientes ahorros para hacerlo. La posibilidad de poder pedir prestado este dinero con unas condiciones que no sean abusivas y que les permitan afrontar los pagos posteriores que tienen que realizar, es deseable en nuestra sociedad y nos permite disfrutar de bienes cuando los necesitamos aunque no tengamos suficiente dinero para hacerlo.

Se pueden resumir estas ventajas en que la existencia de intermediarios financieros, que reciben el dinero de los ahorradores y lo canalizan hacia los prestatarios, hace que se reduzcan los riesgos y se incrementen las posibilidades. Un ejemplo nos permitirá entender esto. Si yo quiero comprar una casa y con mis ahorros no tengo suficiente para hacerlo, en el caso de que no existiesen los intermediarios financieros (como un banco) me sería difícil encontrar a alguien dispuesto a pagarme la cantidad que yo necesito en el plazo temporal que yo deseo. Los bancos y los intermediarios financieros facilitan esto. Ya no es necesario encontrar a esa persona, el banco recibe fondos de varios ahorradores en diferentes combinaciones y con ellos puede prestarme en las condiciones que son mejores para mi. Por lo tanto, todos ganamos, los ahorradores, los que piden préstamos y el mismo intermediario financiero que recibe unos ingresos por el servicio prestado.

Por todo ello un sistema financiero que funcione correctamente y unos intermediarios financieros que realicen bien su función, son imprescindibles para el correcto desarrollo de una economía compleja. La capacidad de invertir, de poner en marcha nuevos proyectos, de ahorrar para el futuro… necesitan de este buen funcionamiento del sector financiero. Cuando este no existe, aparece la figura del usurero que aprovecha su riqueza para prestar a los necesitados a unas condiciones leoninas que les imposibilitan la devolución de lo logrado y el pago de los intereses debidos.

El problema se da, cuando estas funciones no se cumplen bien, cuando el sector financiero no garantiza estas ventajas a la sociedad. Esto puede darse cuando no se controla bien la emisión de la moneda y la depreciación de su valor lleva a una inflación galopante que dinamita todo el sistema financiero. Pero también se da cuando el sistema financiero y sus instituciones olvidan su función que tienen de estar al servicio de las personas y de la economía y, en lugar de reducir riesgos y ayudar a cumplir los objetivos de personas e instituciones, los riesgos se incrementan, se realizan actuaciones movidos únicamente por el afán de lucro de quienes son propietarios del dinero y pasan de estar al servicio del resto de la sociedad, a que ésta tenga que amoldar sus actuaciones a lo que desean quienes prestan en los mercados financieros.

La crisis financiera ha tenido mucho de esto ya que las prácticas que se llevaron a cabo en los años de bonanza nos abocaron a una falta de confianza generalizada, y las soluciones que se están arbitrando no parece que estén llevando a que el sistema financiero cumpla bien su función benéfica para la sociedad en su conjunto. Por ello parece que es momento de realizar una reforma del sistema en su conjunto que permita que este cumpla bien su cometido final. En el próximo número daré una serie de indicaciones que sugieren hacia dónde podría ir este cambio del sistema financiero y cuáles podrían ser sus principales medidas.

 

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¿Para qué ahorramos?

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 7, Julio-Agosto 2013 pág: 14-15

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No voy a ganar mucho

El pasado domingo estábamos de convivencia de mi grupo de la parroquia. Salimos a una casa de encuentros cercana a Valencia que se encuentra rodeada de pinos, campos de almendros y pequeñas vaguadas que, gracias a las copiosas lluvias invernales de este año, aparecían cubiertas por un manto verde salpicado de amapolas… Como sucede en estos lugares, durante la paella del mediodía hablamos de lo humano y lo divino, y salió el tema del que hablé en el último número de Icono, las preferentes y el dinero perdido por los ahorradores debido a estas y otros instrumentos arriesgados en los que muchos pusieron sus ahorros. Varios de mis amigos me comentaron cómo algunos de sus familiares habían perdido dinero por culpa de esto, y en ello estábamos cuando uno de ellos me pidió consejo ya que a un familiar le acababa el plazo de un depósito en breve y quería saber qué hacer con ese dinero.

Le dije que si no quería riesgos, lo mejor era meterlo en un depósito a plazo. Me respondió que el problema era que ahí no se ganaba mucho dinero, que los tipos de interés estaban muy bajos. Le hablé sobre algunas alternativas y los riesgos que estas tenían y ahí quedó nuestra conversación. No se que harán finalmente con esos importantes ahorros. Ahora bien, esto me sirvió para reflexionar y para tomar la decisión de incidir en un tema que ya abordé en el pasado artículo con el objetivo de profundizar en algunos aspectos de los que no hablé en la ocasión anterior.

¿Para qué ahorramos?

La pregunta clave que creo que debemos preguntarnos a la hora de afrontar estos temas es la que da título al artículo: ¿Para qué ahorramos? Porque si ahorramos para ganar dinero, está claro que tendremos que arriesgar. Si hemos dejado de comprar cosas en el presente para acumular dinero que nos permita ganar más en el futuro, es evidente que lo que debemos hacer es invertirlo en aquello que más rendimiento nos va a dar, asumiendo que esto tiene un riesgo, que igual que podemos ganar, pero que también podemos perder…

Ahora bien, el ahorro de las familias, tradicionalmente no tiene este objetivo. Cuando ahorramos lo solemos hacer por tres motivos principales:

  1. Ahorramos porque queremos comprar cosas en el futuro. Sacrificamos la capacidad para comprar cosas ahora, y la reservamos para algún momento futuro en el que creemos que lo vamos a necesitar más o en el que adquiriremos un bien caro como puede ser una casa, un coche, un viaje al extranjero…

  2. También lo hacemos porque queremos prevenir imprevistos. Gastos que vienen de repente y que no podíamos imaginar, pero que necesitan un aporte extra de dinero o, simplemente, una previsión de que nuestros ingresos van a reducirse y queremos tener un colchón que nos permita mantener nuestro nivel de vida durante un periodo de tiempo.

  3. Por último, también ahorramos porque queremos utilizar estos fondos para montar un negocio en el futuro, o para pagar los estudios a nuestros hijos…

Lo más importante del ahorro

En el caso de que cualquiera de estos sea el motivo de nuestro ahorro, lo importante para nosotros no es ganar dinero con esos ahorros, sino conservarlos para que cuando los necesitemos, podamos contar con ellos. Por eso, no debemos dejarnos engañar por los cantos de sirena que nos intentan alejar de nuestro objetivo, son tentadores y nos cuesta renunciar a ellos, ya que ¿Por qué no aprovechar para ganar más dinero? Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro objetivo principal no es este, sino conservar los ahorros.

El ahorro y la Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia habla en varias de sus encíclicas del ahorro. De hecho, piensa que la capacidad de ahorrar moderadamente para construir un pequeño patrimonio que permita a las familias tener un colchón económico adecuado para prever futuras dificultades, es bueno y aconsejable. Quiere que ese ahorro tenga este noble objetivo y, al mismo tiempo, piensa que ese dinero ahorrado puede ser utilizado para prestar a aquellos que generan movimiento económico y empleo.

Sin embargo, la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia condena, de una manera inequívoca, el desmesurado afán de riquezas y lucro, la avaricia de incrementar nuestro patrimonio sin fin y aumentar nuestros bienes sin otro horizonte que la simple acumulación. Estas actitudes son condenadas como un grave pecado que nos aleja de dios “no podéis servir a Dios y al dinero”. Ante estas actitudes, potencia el ahorro moderado destinado a objetivos loables. Lo importante de nuestro ahorro no debe ser, por tanto, el rendimiento que nos de, sino que sirva para los objetivos tradicionales del mismo y que además se preste a aquellos que realicen actividades positivas para la sociedad en su conjunto.

 

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Compra un libro para una causa solidaria

En esta ocasión, aprovechando la feria del libro de Madrid, os ofrezco la oportunidad de haceros con dos interesantes libros a unos precios realmente bajos (5 y 3 euros según queráis la versión impresa o la online) y en los que la totalidad de la recaudación va destinada al Programa de Atención a la Mujer CASABIERTA (Uruguay)

El libro que he escrito junto a Rafael Junquera de Estefani se titula “Reflexiones: Aportaciones a la Crisis económica y Moral” y el otro es “Orar con los Salmos” de Alfonso Sánchez CSsR.

Puedes solicitar tu ejemplar en el email: fundraising@funderetica.org

y la transferencia con el donativo la puedes hacer a la cuenta del Banco Popular Español:
LAICOS REDENTORISTAS 0075-0562-41-0600309804 Ref.Libro Solidario

encuentro solidario libros

 

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La moral social de Francisco

La revista Moralia publicó en 2009 un artículo sobre la moral social del entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio escrito por Aldo Marcelo Cáceres. Funderética lo ha reproducido para que podamos tener acceso a su texto completo. Creo que es muy interesante para aquellos que quieran saber cómo piensa el actual obispo de Roma. El hecho de que se trate de un análisis reciente, pero no influido por su nombramiento de este año, le da un valor que no tienen otros documentos que se han escrito posteriormente.

Si queréis saber algo más de su pensamiento, os aconsejo que lo leais, no tiene desperdicio:

http://funderetica.org/magna-suspendisse-eleifend-at-nulla/

 

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La empresa y su función social

Artículo publicado en Noticias Obreras nº 1547, mayo 2013, páginas: 12 y 13

Si quieres más material que trata también sobre este tema puedes ir a:

La función social de la empresa: una propuesta de evaluación ética
La función social de la empresa
Función versus responsabilidad social de la empresa
Evaluación ética para empresas y entidades del tercer sector

El empresario y el prestigio social

responsabilidad social de las empresas 1responsabilidad social de las empresas 2

Las empresas lo son de muchas clases. Grandes, pequeñas, familiares, multinacionales, sociedades anónimas, cooperativas, personales, etc. La tipología de las mismas varía según el número de personas que se asocian a ellas, el sector en el que trabajan, la forma jurídica que toman, etc. Esta realidad compleja nos lleva a que cuando hablemos de empresa en este artículo, las afirmaciones que realicemos no sean aplicables a la totalidad de las existentes, sino que sean más ajustadas para unas empresas que para otras. Sin embargo, esta limitación no va a impedir profundizar en la idea principal de estas líneas: cuál es la función social que tiene la empresa en nuestra sociedad.

Durante los últimos años del pasado siglo, tomó fuerza la hipótesis de que el principal objetivo de una empresa es la creación de valor para el accionista. Es decir, la empresa está creada única y exclusivamente para que el propietario de la misma (es decir el o los dueños de las acciones) consigan extraer beneficios al dinero invertido. Este enfoque de la empresa, además, no busca unos rendimientos reducidos pero sostenibles a lo largo del tiempo, sino que quiere que estos sean los máximos posibles en el corto plazo. El razonamiento que existe detrás de esta opción es que los inversores financieros buscan siempre aquellos proyectos que les ofrecen mayores rendimientos, por lo que si una empresa no los logra a corto plazo, sus accionistas e inversores huirán hacia otros proyectos más rentables.

Esta manera de trabajar tiene algunas repercusiones sobre la vida de las empresas que son clave para entender muchos de los fenómenos que se han observado en la vida económica de nuestra sociedad durante los últimos años:

  • Justifica la gran brecha que se ha abierto entre los salarios de los directivos con los de otros trabajadores de la empresa. Si el directivo da a los accionistas el rendimiento deseado por estos, no importa si su salario es excesivamente alto, lo que se buscan son unos determinados niveles de rentabilidad y si se alcanzan, lo que se pague al directivo queda justificado…

  • Lleva a que los trabajadores sean vistos como un simple coste de producción. Una mayor remuneración de la masa laboral conlleva un menor rendimiento para los propietarios, por lo que se intentará que sea lo más reducida posible.

  • Se descuidan las inversiones a largo plazo ya que estas pueden reducir el beneficio inmediato. De este modo, se compromete el rendimiento futuro dejándose de realizar aquellas inversiones en la empresa que son necesarias para garantizar su competitividad y viabilidad futura.

  • En algunos casos exagerados se llega a modificar de una manera implícita el objeto social de la empresa, haciendo que sea el departamento financiero el que más beneficios aporta a la empresa, en lugar de los dedicados a su actividad principal.

A este fenómeno hay que añadir otro que la complejidad de las Sociedades Anónimas ha ido acrecentando paulatinamente. Me refiero al incremento del poder de los gestores frente a los consejos de administración. Aunque en estos últimos debería residir el poder de la empresa, ya que en ellos están representados sus accionistas, la complejidad económica ante la que se encuentran las empresas hace que quien realmente tenga el poder es quien asume la gestión, el o los directivos que llevan el día a día de la empresa. Por ello, los consejos de administración (salvo que parte de sus miembros participen también de la gestión de la empresa) quedan como meras figuras que poco pueden hacer más que escuchar los informes de la gestión y aprobar aquello que estos les dicen, sin tener un poder real de decisión o de dirección de la acción de los gerentes.

Esta concepción de la empresa es claramente reduccionista y olvida muchos de sus aspectos importantes. Por un lado parece obviar que la función de la empresa no es solamente la consecución de unos beneficios para quien ha puesto su dinero en ella. Las empresas tienen otras funciones tan o más importantes, si cabe, que esta. En primer lugar permiten que podamos acceder de una manera fácil y cómoda a bienes y servicios que necesitamos o que deseamos. En segundo permiten organizar la producción de una manera eficiente, de manera que consigamos producir utilizando el menor número de recursos posible, dicho de otra manera, nos permite tener más con menos. En tercer lugar permite que distintas personas pongan su trabajo en común y puedan ganarse la vida gracias a este.

De ello se deduce la importancia de la empresa en nuestro sistema económico como facilitadora de los intercambios y como medio a través del cual se produce todo lo que necesitamos o deseamos. Visto desde este punto de vista, la labor de la empresa como generadora de beneficios para sus accionistas, no solo queda situada dentro de un conjunto de funciones de la empresa, sino desde el punto de vista del bien común, podríamos afirmar que no es precisamente la más importante para la sociedad en su conjunto.

Dicho esto, es claro que una empresa no puede funcionar a largo plazo si no es rentable. Si los gastos de una empresa superan a sus ingresos, más pronto o más tarde tendrá que cerrar debido a que no podrá soportar la generación de pérdidas durante mucho tiempo. Ahora bien, no es lo mismo pensar que esto es una limitación con la que tenemos que contar para cumplir bien el resto de objetivos, que fijar un determinado margen de beneficios como el objetivo único y principal de toda la acción empresarial. Las consecuencias sobre la manera de trabajar son muy distintas.

Es necesario, pues, replantear la visión que tenemos de la empresa para que esta atienda mejor al conjunto de funciones sociales que tiene. Debemos atender a todos los colectivos que están implicados en su día a día para poder realizar una gestión más equilibrada de la misma, que intente responder a las aspiraciones de cada uno de ellos y mejorar la sociedad en la que vivimos. Explicar cómo se puede lograr esto será objeto del próximo artículo de esta serie.

 

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La función económica del sector público

Artículo publicado en la revista Noticias Obreras, nº 1.545 de Marzo de 2013. pág:12 y 13

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El sector público está en cuestión. Las medidas que se están tomando para paliar los problemas derivados de la profunda crisis que vivimos, parecen cuestionar sus fundamentos y algunos creen que se trata de un programa premeditado para cambiar sus funciones y debilitarlo.

Por ello creo que es un buen momento para repasar cual es la función económica del sector público en una economía de mercado como la nuestra, que se basa en la libre concurrencia de empresas que quieren vender cosas y particulares e instituciones que quieren comprarlas. Este es el sistema por el que hemos optado para la organización económica de nuestra sociedad y en el que el Estado tiene importantes labores que es necesario llevar adelante para que todo funcione.

Es por ello que lo primero que tenemos que recordar es que el Estado es quien permite, a través de su actuación, que sea el mercado quien articule las relaciones económicas que se dan en nuestra sociedad. Para lograr este propósito, el Estado tiene que llevar adelante dos clases de funciones económicas.

La primera se refiere a establecer el marco en el que el mercado pueda funcionar, es decir, construir una estructura societaria que permita que el mercado sea el medio a través del cual solventemos nuestras cuestiones económicas. Para ello, las medidas que tiene que tomar el Estado son varias. Por un lado permitir la propiedad privada de los medios de producción, es decir, de los recursos naturales, del trabajo o del capital. Por otro establece un sistema legislativo que defiende la libertad de mercado, es decir, la capacidad individual y colectiva para decidir qué se quiere comprar o qué se quiere producir y qué no. Junto a esta, hay que establecer una legislación que proteja los derechos de los compradores y de los vendedores, para que las obligaciones que generan los intercambios del mercado estén claras para ambas partes. Para apoyar esto último, se precisa que el estado tenga la fuerza suficiente para hacer cumplir la ley, de manera que tenga medios para exigir a los infractores que cumplan con sus obligaciones o que indemnicen a los damnificados por su incumplimiento. Por último, el Estado debe garantizar una estabilidad social que permita que la economía funcione sin excesivos problemas.

Este primer grupo de medidas no es suficiente para garantizar el funcionamiento de una economía de mercado, si nos limitásemos a él, la economía de mercado y el sistema económico que conocemos en la actualidad estaría condenado al fracaso. Esto es debido a que el mercado por si mismo soluciona mal algunas cuestiones y fracasa en su empeño de ser un mecanismo que pueda solventar todas las relaciones económicas de una sociedad de una manera correcta y sostenible. Los problemas que genera se denominan “Fallos del mercado” y el estado interviene en la economía intentando paliar estos fallos como la única manera de hacer sostenible un sistema económico basado en el mercado.

Por ello, ante unos mercados que no ofrecen por si mismos lo que se denominan “bienes públicos” (la iluminación de las calles, su asfaltado, las carreteras, la defensa nacional, la policía…) o que sobre-explotan los bienes comunales (la pesca, la caza, los bosques…) el estado interviene ofreciendo los primeros (y pagándolos con la recaudación de impuestos) y regulando el acceso a los segundos.

Ante una actividad económica que produce perjuicios a personas que no son ni los compradores ni los vendedores (denominados “externalidades negativas” y cuyo principal ejemplo son los daños medioambientales) el Estado interviene regulando o prohibiendo estos efectos indeseados de la actividad económica.

Ante unas desigualdades que el mercado incrementa debido a que facilita medios para que los que están mejor puedan ganar más, al mismo tiempo que perjudica a quienes estar peor condenándoles a que su pobreza se acreciente cada vez más, el Estado crea mecanismos de distribución para transferir rentas desde los que mejor están a los que peor están y defender a estos últimos para reducir las desigualdades y lograr que el mecanismo de mercado también sea beneficioso para ellos.

Ante una competencia que se deteriora debido a que las empresas más poderosas consiguen medios para acabar con sus competidores y trabajar en condiciones privilegiadas, el Estado interviene defendiendo la competencia y evitando prácticas que tengan como único objetivo acabar con las empresas competidoras o aprovecharse de la posición de privilegio que se tiene para imponer mayores precios o peores condiciones a los consumidores.

Ante un sistema de mercado inestable en el que a épocas de bonanza en las que se da un alto crecimiento económico y la riqueza parece florecer por doquier, le suceden periodos de crisis en los que sucede todo lo contrario, el Estado interviene articulando políticas monetarias y fiscales que intentan reducir la amplitud y la profundidad de estos ciclos.

Si observamos estos dos grandes grupos de medidas (la estructura del mercado y la intervención para paliar sus fallos) podremos ver como existe un acuerdo casi total en el primero. La gran mayoría de quienes piensan que el mercado es un buen instrumento, opinan que el Estado tiene que realizar esta labor. Sin embargo, algunos parecen olvidar que el segundo grupo de medidas ha surgido precisamente para defender el sistema de mercado y no para hundirlo. Los momentos en los que el mercado ha dado más prosperidad a las poblaciones que lo han tomado como sistema económico, han sido aquellos en los que el Estado ha intervenido de una manera sistemática y decidida para poder paliar sus fallos.

Si se olvida esta premisa (como parece que le sucede a algunos) no solo van a volver a aparecer o a incrementarse aquellos problemas que el mercado genera por si mismo, sino que también va a comprometerse la misma continuidad del sistema económico de mercado. Necesitamos pues, políticos que tengan claras estas funciones económicas del Estado y se comprometan a buscar las mejoras necesarias para que se sigan cumpliendo de manera eficaz. Esto quiere decir que lo importante no es que se siga haciendo lo mismo que se hacía hasta ahora, sino que se sigan cumpliendo las funciones aunque sea haciendo cosas distintas. En el próximo número incidiré en cuáles son, desde mi punto de vista, los caminos que debemos tomar para garantizar esto.

 

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Economía para la Esperanza

Artículo aparecido en la revista “Crónica de la Solidaridad” de Cáritas Diocesana de Valencia, nº 41 de Enero-Febrero de 2013, Pág: 8 y 9

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Aquí tenéis el enlace a la revista completa: http://www.caritasvalencia.org/publicaciones_compra.aspx?Id=4525&Diocesis=41&Idioma=1

Nos encontramos en un momento histórico en el que la concepción que tenemos de cómo plantear y orientar nuestros asuntos económicos, no tiene nada que ver con los valores evangélicos y, evidentemente, con la caridad. La economía parece llevar una dinámica totalmente independiente del resto de nuestra vida y regirse por unos parámetros y valores basados en el egoísmo, la competitividad y el bienestar material en contra de lo que puede parecer propiamente cristiano (y más adecuado para resolver otra clase de cuestiones) como es el amor, la cooperación o el bienestar espiritual.

Es por ello que las instituciones se convierten a menudo en verdaderas estructuras de pecado: “El negocio es el negocio” “No estamos aquí para hacer el bien sino para ganar dinero” son excusas oídas y repetidas en muchas ocasiones para justificar actuaciones poco o nada caritativas que van en contra de la justicia y de los valores evangélicos.

Ante esta realidad hay que recordar que la economía estudia comportamientos humanos y tal y como nos recuerda Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate debemos impregnar de fraternidad la economía, no solo porque esto es posible, sino porque es la única manera de que esta funcione al servicio de las personas. Por ello, una labor importante de la Iglesia en estos momentos de crisis es ese compromiso social con los más desfavorecidos que encarna tan bien Cáritas y que es imprescindible para poder transmitir la esperanza cristiana a una sociedad que necesita de propuestas que nos ayuden a salir de esta difícil situación.

Para lograr impregnar de fraternidad y esperanza esta situación económica ante la que nos encontramos, dos son los campos en los que creo que hay que actuar. Por un lado tenemos que atender a los afectados por la crisis y a los más desfavorecidos por ella. Debemos ser buena nueva para aquellos que no encuentran ningún motivo para la esperanza ¿Quién les va a ofrecer esa buena noticia si no somos nosotros?. Las parroquias no pueden quedarse a un lado y seguir actuando como si las circunstancias no hubiesen cambiado y estuviésemos todavía en los años de bonanza. Debemos saber afrontar esta realidad que, visto lo visto, no parece que vaya a acabarse o solucionarse en breve.

En segundo lugar, los cristianos debemos liderar una respuesta de esperanza a la situación de la crisis. Es necesario que nos pongamos por delante de una acción liberadora que transforme nuestro sistema socio-económico en una dirección diferente, no solo para evitar que una crisis como esta vuelva a suceder, sino también para construir una manera de gestionar la economía que potencie valores positivos al servicio de las personas y de los más necesitados.

Para lograr el primero de estos objetivos necesitamos que la pastoral social pase a ser una opción de parroquia y no una opción solo de Cáritas. No podemos dejarla a una parte de la comunidad que se especializa en ella, sino que tiene que abarcar a todos los grupos y a todas las personas comprometidas de una manera u otra en la parroquia. La especialización acalla conciencias pero no podemos quedarnos ahí. Esto no quiere decir despreciar la labor de Cáritas, sino todo lo contrario, mantenerla, afianzarla y realzarla para que sus fines y sus actuaciones abarquen la totalidad de la pastoral de la parroquia.

En segundo lugar, debemos lograr que esta acción social tenga como norte de actuación no el “hacer cosas por” sino el “estar con”. No se trata de hacer cosas por las personas más afectadas por la crisis, sino de estar con ellas, de quererlas, de compartir estos malos momentos desde la igualdad aunque no se haga nada en concreto por ellas. Esto es muy importante para no caer en un activismo alejado del amor, en un hacer que solamente se contabilice por los resultados a corto plazo y que tiene el peligro de acabar quemando a los que lo practican y no transformar la vida de los receptores.

Para liderar una respuesta de esperanza ante la crisis precisamos educar a los cristianos en una economía con otros valores. Promover el debate, la investigación y la enseñanza sobre cómo se puede concretar en el día a día una opción y una organización económica que se base en otros parámetros diferentes a los que rigen en la actualidad. Para ello deberíamos promover la formación social y política en nuestras parroquias, que los diferentes grupos tratasen temas de Doctrina Social de la Iglesia, tuviesen debates sobre cómo reorientar la situación en la que nos encontramos e introdujesen estos temas en sus programas de reuniones y actividades.

Esto supone trabajar el tema de nuestras necesidades, hablar sobre el consumo y la compra, abordar nuestra postura ante el ahorro y el endeudamiento, reflexionar sobre el trabajo y el sentido que este tiene, revisar nuestra concepción de progreso y tomar una postura crítica ante el crecimiento económico como objetivo final de nuestra sociedad. Darnos cuenta de cuáles son las prioridades económicas cristianas para proponerlas como alternativas a las que se están defendiendo en nuestra sociedad. Apostar por un Estado Social que proteja tanto el mercado (para que este no se venga abajo) como los riesgos de los que peor están. Apoyar a las empresas que priorizan a sus trabajadores y que potencian el servicio a la sociedad sobre otros objetivos.

Todo ello debería plantearse como un servicio a nuestra sociedad y qué mayor servicio que poner todas nuestras fuerzas en mostrar que la realidad socio-económica puede ser planteada desde otros parámetros y enfocada hacia otras direcciones. Esta labor es complementaria a la anterior y servirá para lograr que todas las actuaciones que hemos nombrado tengan más fuerza y predicamento. Esto supone educar en el bien común y en que el objetivo del quehacer económico no es el de tener más, sino el de ser mejor. Supone mostrar que la economía también puede ser un instrumento de esperanza si se plantea desde la fraternidad cristiana y la preocupación por los más desfavorecidos.

 

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¿Tener más es progresar?

Artículo aparecido en la Revista ICONO de Marzo de 2013, en sus páginas 12 y 13

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Progresar es avanzar hacia algún lugar

Los humanos tenemos una tendencia innata a querer progresar, a mejorar, a desarrollarnos, a estar mejor. La evolución forma parte de nuestra manera de ser y también de la manera de ser en cristiano. Sabemos que nunca alcanzamos la perfección, ni a nivel personal ni a nivel comunitario. Por eso siempre queda algo por hacer, siempre podemos avanzar algo más, siempre podemos mantenernos en camino. Aquellas personas que se estancan, aquellas sociedades que no se mueven, quienes viven en el pasado y no aceptan las mejoras, son mirados con recelo por el conjunto ¿Cómo estar en contra de las mejoras? ¿Cómo se puede entender que alguien no quiera avanzar?

Esta tendencia tan arraigada en nuestro ser, sin embargo, tiene sus peligros. Estos se encuentran, no en querer avanzar (que de por si es positivo) sino en la dirección que tomamos para hacerlo o, dicho de otra manera, en el objetivo que nos planteamos y que determina nuestra idea de progreso. Aquí está el elemento crucial de esta cuestión ¿Hacia donde nos dirigimos? ¿Cómo medimos el desarrollo o el progreso de las sociedades?

Progreso si tengo más

En estos momentos la idea más arraigada del progreso tiene que ver con tener más bienes y gozar de más servicios. Si preguntamos en cualquier población cómo se ha constatado allí el progreso en los últimos años, sus ciudadanos seguramente contestarán: “tenemos un polideportivo (que antes no teníamos), las carreteras son mejores, el centro de salud es nuevo, tenemos más iluminación en las calles…”

Del mismo modo, si preguntamos sobre como se nota el progreso en sus vidas familiares o individuales, seguramente una gran parte de los encuestados contestarían que ahora tienen coche que antes no tenían, que su casa es más grande, que tienen un ordenador o un teléfono móvil… En esencia, que antes se vivía peor porque teníamos menos cosas pero que ahora se ha progresado gracias a que disfrutamos de muchas más posesiones.

La idea de que tener más es progresar ha arraigado profundamente en nuestra manera de entender las cosas. Cualquiera que ofrezca un progreso que no venga acompañado de nuevas cosas o servicios, de la posibilidad de tener más cosas, parece que nos engaña, que está pensando en otras cosas.

Tener más necesidades

A esta idea de progreso viene ligada la de que se progresa en la medida que se tienen más necesidades. Ya en el siglo XVII, algunos autores ingleses tenían la idea de que cuanto más evolucionaba la civilización se incrementaban las necesidades de las personas refinadas. Por ello, cuando alguien viene de un país más pobre, con frecuencia se le puede escuchar: “Se nota que no están tan evolucionados como nosotros, yo no podría vivir en esas condiciones…” o cuando vemos a una persona mayor que se niega a incorporar en su casa un avance tecnológico (una encimera nueva, una nueva nevera, un sistema de calefacción más moderno…) pensamos que se ha quedado en el pasado, que no ha evolucionado, que se nota que es mayor y no progresa…

De este modo, los que más hemos progresado somos aquellos que necesitamos más cosas para vivir, que ya no nos conformamos con poco, que somos exigentes y pedimos más y más… La conversión de apetencias en necesidades viene paralela al proceso de pensar que tener más es progresar ¿Cómo vamos a ser el único pueblo que no tiene polideportivo? ¿Cómo vamos a vivir sin ordenador o sin ipad? Todo pasa a ser una necesidad.

El verdadero progreso

Esta idea de progreso tiene dos consecuencias que quiero remarcar aquí. La primera es que es profundamente insatisfactoria. El hecho de que todo pase a ser necesidad y de que para progresar tenga que tener cada vez más, nos lleva a una insatisfacción vital continuada: nunca estoy a gusto con lo que tengo, siempre necesito algo más y debo utilizar mis energías para conseguirlo.

En segundo lugar es una idea de progreso que está en el límite opuesto de lo que es la sabiduría cristiana (y también la de otras corrientes religiosas o filosóficas). En estas, la sabiduría y el progreso se logra, precisamente, cuando se alcanza la meta contraria, es decir, la de necesitar cada vez menos cosas. El progreso personal, pero también el comunitario, se alcanza cuando somos capaces de vivir con menos, de no estar preocupados por el qué comer o el qué beber, sino por las cosas importantes de la vida que tienen que ver con las personas y no con los objetos o las posesiones. Por ello debemos aprender a cambiar nuestra concepción de progreso y a ver que este se da, no cuando se tienen más cosas, sino cuando somos mejores personas y nos encontramos ante una sociedad más justa y más fraterna.

 

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Comienzo de Andadura

Artículo publicado en la revista ICONO en su número de enero de 2013 en sus páginas 12 y 13Comienzo de andadura_Página_1

Comienzo de andadura_Página_2

Comienzo hoy una serie de artículos para esta revista que hablarán sobre economía. Podría alguien pensar que esto es algo que no va con él y que se trata de un tema estéril y poco atractivo. Nada más alejado de la realidad. Como voy a intentar mostrar en este grupo de artículos, la economía es algo cotidiano para todos nosotros. Aunque no es lo más importante de nuestras vidas, sí que resulta determinante en ellas porque no podemos vivir, alimentarnos o dedicarnos a aquello que deseamos, si no resolvemos al mismo tiempo algunas cuestiones económicas, especialmente, la de conseguir los ingresos que nos permitan dedicarnos a estos menesteres.

En el empeño voy a intentar utilizar un lenguaje coloquial que permita acercar los términos económicos a los posibles lectores, de manera que no resulte aburrida o incomprensible la lectura de estas líneas. La economía no tiene porqué mostrarse como un conocimiento técnico inaccesible a las personas que no se dedican a ella, sino como algo cotidiano y más sencillo de lo que parece a primera vista. Se trata de un saber que cualquiera que haya tenido que organizar su propia familia, puede entender sin demasiado esfuerzo.

En tercer lugar quiero explicar por qué se puede hablar de economía en una revista como ICONO. Algunos piensan que la economía es incompatible con una religión que proclama sin ambages o medias tintas, que Dios es amor y que ensalza la categoría del don, esto es, la de “dar lo que tienes sin esperar nada a cambio”. Ante ella la economía aparece como una actividad en la que solamente cabe el egoísmo y el pensar en si mismo y en los propios intereses, incompatible, por tanto, con el cristianismo.

Sin embargo la economía es una actividad humana, todos tenemos que preocuparnos por lograr esos ingresos que nos permitan comer caliente todos los días y traer las lentejas a nuestra casa. Como cualquier actividad humana que realicemos la podemos hacer de una manera altruista o egoísta, violenta o pacífica, tranquila y sosegada o acelerada y angustiada, alegre o taciturna, esperanzada o desesperanzada… Nosotros somos quienes introducimos en nuestro actuar los valores o las maneras que creemos más convenientes.

Por este motivo, también es posible gestionar los temas económicos con los valores fraternales que aplicamos en otros campos. Los cristianos no solo pensamos que esto es posible, sino además que es lo mejor que podemos hacer. Sabemos que Dios nos muestra una senda para que organicemos y orientemos nuestra vida y la cuestión económica no es ajena a esta propuesta cristiana. Ahora bien, esto no supone que cualquier manera de gestionar lo económico va a ser posible a pesar de que se haga con amor.

Lo mismo que en otros campos, la propia gestión económica nos ofrece sus límites. Creo que un ejemplo nos ayudará a comprender esto. Cuando nosotros educamos a nuestros hijos intentamos hacerlo con amor. Es más, estamos convencidos de que una educación sin cariño no sería buena para ellos. Ahora bien, si traducimos este amor en una sobre-protección que limite la capacidad de decidir y la autonomía del chaval, seguramente le estaremos haciendo un flaco favor. Las ciencias de la educación nos permiten saber que la sobre-protección no es buena para los niños y jóvenes, a pesar de que se haga con todo el cariño del mundo.

Lo mismo sucede con la economía. Nosotros podemos gestionar la economía familiar, la de nuestras empresas o la de nuestros gobiernos con todo el cariño del mundo, pero si lo hacemos gastando sistemáticamente más de lo que tenemos, esto no va a tener unos resultados finales positivos. El endeudamiento al que tenemos que recurrir para conseguir mantener esta gestión, nos pondrá en manos de aquellos que nos prestan, que acabarán obligándonos a hacer lo que ellos deseen si no queremos que nos embarguen. La dinámica económica nos marca límites que debemos intentar no sobrepasar, es una restricción que tenemos que nos impide hacer lo que nos de la gana. Sin embargo, esto límites (lo mismo que en educación y en otros campos) no nos impiden dirigir la gestión económica hacia donde nosotros creamos más conveniente.

Podemos, pues, poner la gestión de la economía al servicio de la construcción de un mundo mejor y debemos hacerlo. Nuestra fe nos muestra que esto es posible y que es una responsabilidad que tenemos los cristianos para con nuestra sociedad y, en especial, para con los más desfavorecidos. De cómo conseguirlo en nuestras casas, en nuestro día a día, en nuestros trabajos, en nuestras empresas, con nuestras compras, con nuestro ahorro… Es de lo que voy a hablar en esta colaboración con ICONO que comienza hoy mismo. 

 
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Publicado por en febrero 17, 2013 en Desarrollo económico

 

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Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía

Artículo publicado en el periódico Las Provincias el sábado 26 de Enero en la página 26

Construir La Paz

Como todos los años desde hace 46, el mes de enero comienza en la Iglesia Católica con la Jornada Mundial de la Paz y el mensaje papal ligado a este evento. Este año el mensaje ha tenido un componente económico del que me quiero hacer eco en estas líneas. Benedicto XVI ha alertado sobre “la creciente desigualdad entre ricos y pobres por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado” lo que para el pontífice, constituye una amenaza para la paz.

La primera afirmación está científicamente contrastada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata como entre 1970 y 2005 la desigualdad de los ingresos en el interior de los países ha aumentado un 20%. La mentalidad egoísta e individualista es algo que sustenta un sistema económico que legitima como prioridad básica la búsqueda del propio interés. La liberalización del sistema financiero durante los últimos años es un hecho cuya descripción se encuentra, por ejemplo, en Financial Services Authority (2009) The Turner Review. A regulatory response to the global banking crisis (aunque afirmar que estos mercados no están regulados puede verse como una exageración).

El mensaje incide en considerar como pecado y negación de la paz la “codicia”, que según el diccionario de la Real Academia es el “Afán excesivo de riquezas” (considerado por algunos el motor de la economía, lo que conlleva unos ingentes esfuerzos para lograr que las personas codiciosas puedan ganar todo el dinero que puedan con las menores trabas posibles). También condena “la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia que insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales”Afirmando que los derechos y deberes sociales “han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros”.

En este punto hace una encendida defensa de la prioridad del trabajo sobre el capital (como ya realizaron otros papas con anterioridad) y la necesidad de que la creación de empleo sea el objetivo principal de nuestras economías. Piensa que priorizar el libre mercado está deteriorando el estatuto jurídico del trabajo y que hay que luchar por una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad”.

El mensaje concluye con un apartado titulado: “Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía”. En él nos anima a que construyamos “un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía”. Piensa que debemos observar la actual crisis como una oportunidad para poder construir este nuevo modelo económico que se basaría en la búsqueda del Bien Común, en unas actuaciones económicas sustentadas en relaciones de lealtad y reciprocidad y en la lógica del don que lleva a un trabajo que busque beneficiar a los demás y a la sociedad en su conjunto.

Por último, anima a la realización de políticas públicas que “se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático” y a promover una “estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales… de modo que no se cause daño a los más pobres”.

Ante estas propuestas caben dos pensamientos que podrían enturbiar la recepción del claro mensaje papal: La primera pensar que Benedicto XVI no tiene ni idea de economía y que lo que propone no solo es utópico, sino imposible, ya que va en contra de la dinámica económica. Y la segunda considerar que sus propuestas desbordan nuestro ámbito de actuación y que deberían ser otros las que las pusiesen en práctica, ya que nosotros no podemos hacer nada para colaborar en esta labor.

Ante la primera quiero decir que mucha gente practica la dinámica del don en la economía con éxito. El ejemplo más claro son las familias. Todas ellas son entidades económicas (de hecho el origen griego de la palabra proviene precisamente de esto, de gestionar la casa) que tienen unos ingresos y deben administrarlos correctamente. Muchas familias gestionan sus dineros buscando el bien común de los suyos y compartiendo entre todos (de una manera gratuita) lo que alguno de sus miembros ingresa. Esto no supone un quebranto económico de ellos, sino todo lo contrario, si se realiza bien consiguen, no solo buenos resultados desde este punto de vista, sino que además logran potenciar la familia como tal… Si vemos el caso contrario, esto es, aquellas familias en las que prima la codicia y el individualismo de sus miembros, su gestión económica no tiene por qué ser mejor que en el caso anterior y, sin embargo, tendrá muchas posibilidades de ruptura o descontento familiar a causa de estas actitudes egoístas. La limitación de espacio de este artículo me impide dar más ejemplos, pero coincido con el Papa en que construir nuestro sistema económico sobre otros pilares no solo es posible, que lo es, sino que es la mejor manera de poner la economía al servicio de la paz.

En cuanto a la segunda objeción hay que decir que todos podemos hacer algo en este sentido: modificar nuestros hábitos económicos familiares, plantear nuestro día a día laboral desde otra perspectiva, exigir transparencia y criterios de inversión éticos a nuestros bancos, etc. Si se tienen dudas sobre cómo colaborar en esta tarea que nos propone el Papa, se puede acudir a libros, artículos, publicaciones o blogs que algunos economistas, empeñados en esta labor, realizamos desde hace tiempo intentando dar pistas para avanzar en esta dirección.

No me queda más que recomendar la lectura del mensaje (que se puede encontrar en: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20121208_xlvi-world-day-peace_sp.html) y recordar, que sus palabras van más allá del ámbito exclusivamente cristiano, ya que tal y como dijo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (siguiendo una tradición muy arraigada desde el Vaticano II), hay que “promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (CiV, 57).

 

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Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano

Ha salido mi última publicación titulada “Economía para la Esperanza. Cómo virar hacia un sistema económico más humano” dentro de los Cuadernos de Teología Fundamental del Instituto Teológico de Murcia (http://www.itmfranciscano.org/).

Cuadernos de teología Fundamental

Se trata de un texto divulgativo en el que doy pistas sobre cómo la economía puede ponerse al servicio de la esperanza. En él se analizan las prioridades del actual sistema económico y se muestra porqué, con frecuencia, la economía y su dinámica se convierten en un camino hacia la desesperanza.

El texto no se queda en el análisis sino que realiza propuestas prácticas basadas en la Doctrina Social de la Iglesia que pueden convertir la economía en una creadora de esperanza. Ideas que quieren ayudar a salir de esta crisis ayudando a las personas y, en especial, a los más desfavorecidos.

El cuaderno es una invitación a pensar, a analizar de una manera crítica la realidad ante la que nos encontramos y a debatir sobre propuestas concretas que puedan ser útiles para nuestra sociedad.

Si queréis el cuaderno podéis pedirlo directamente al Instituto Teológico de Murcia (es grautito) en  “Instituto Teológico de Murcia OFM”. Plaza B.A. Hibernón, 1. E-30001 Murcia  o al correo-e:  itmsecrt@um.es también puedo enviároslo yo, me dais vuestra dirección postal a través de un comentario a esta entrada (no lo haré público) y os lo remitiré por correo ordinario lo antes posible.

 

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Entrevista radiofónica sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

Aquí tenéis una entrevista radiofónica que me hicieron sobre mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento” Son ocho minutos de audio

http://www.ivoox.com/entrevista-a-enrique-lluch-audios-mp3_rf_1439203_1.html

 

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Dossier de prensa sobre el libro “Más allá del decrecimiento”

El libro “más allá del decrecimiento” está teniendo eco en diversos medios de comunicación social. En los siguientes enlaces podéis ver algunos de los artículos en los se ha visto reflejado la publicación de este texto.

Libertad digital 5 de junio de 2012

Zenit 18 de Junio de 2012

 

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Presentado el libro “Más allá del decrecimiento” del economista valenciano Enrique Lluch Frechina

Este nuevo libro presenta la situación socio-económica actual como el momento oportuno para repensar el modelo económico a la luz de los textos de la Doctrina Social de la Iglesia

Almàssera (Valencia-España).- El libro “Más allá del decrecimiento” escrito por Enrique Lluch Frechina, doctor en Economía y profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera, editado en PPC, se presentó el viernes 1 de junio en el Centre Cultural de Almàssera, en un acto en el que estuvo acompañado por la presidenta de Proyecto Hombre en Valencia, María Iborra Juan, doctora en Dirección de Empresas y profesora de económicas en la Universidad de Valencia, así como por la directora de Cáritas Diocesana de Valencia, María Concepción Guillén Paredes, licenciada en Filosofía y ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia.

El nuevo trabajo del economista valenciano Enrique Lluch cuenta con una presentación del prelado valentino monseñor Carlos Osoro, y es continuación de otro trabajo publicado en ediciones PPC en el año 2010 con el título “Por una economía altruista”, en el que el autor instaba a las familias y a los individuos a vivir con una mayor racionalidad económica el momento actual, sobre la base de los fundamentos cristianos recogidos especialmente en los documentos escritos por los pontífices y por la curia romana que conforman la Doctrina Social de la Iglesia.

A lo largo de 220 páginas Lluch Frechina realiza un análisis reflexivo de la economía, partiendo de la idea de progreso y su significado, así como también se adentra en el análisis del concepto de crecimiento económico, actualmente polarizado en “un crecimiento por el crecimiento, sin sentar un objetivo claro que alcanzar por la sociedad, lo cual nos ha llevado a encontrarnos con la actual situación de crisis, similar a la de un terremoto dónde hasta lo más sólido puede ser arrasado por la situación”, destacó el autor en esta acto de presentación. Tal y como también desgranó Enrique Lluch, apuntó, “el crecimiento por el crecimiento ha hecho que se desvirtúe la esencia, la razón de existir y las funciones primigenias tanto del sector público, de los indicadores de crecimiento y progreso, como de las empresas, de las relaciones empleador/empleado, del mercado y del actual sistema financiero, abocándonos a una situación de crisis, que debe servirnos para repensar y revisar nuestros patrones de actuación, con el objetivo de determinar claramente hacia donde queremos ir y qué objetivos pretendemos alcanzar”.

Ante esta situación, este doctor en Economía valenciano, plantea en esta nueva publicación de PPC, “Más allá del decrecimiento”, un llamamiento a la racionalidad en el comportamiento humano, defendiendo -a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y su magisterio- la posibilidad de “ir sustituyendo el actual modelo socioeconómico que nos ha llevado a esta grave crisis, por un modelo de Estado Social en el que el progreso sea el medio para lograr una sociedad en la que todos ganemos bienestar, y no sólo unos pocos se enriquezcan en detrimento de la mayoría y de la población más pobre”, destacó el autor.

Siguiendo los ejes principales expuestos en el anterior trabajo “Por una economía altruista”, pero “pudiéndose abordar la lectura de este segundo trabajo sin conocer aquel”, tal y como manifestó su autor en el acto de presentación, este nuevo trabajo “Más allá del decrecimiento” muestra al lector con un lenguaje sencillo, ameno, comprensible y esclarecedor, las claves necesarias para comprender la actual situación socio-económica que atraviesa el mundo occidental, sin necesidad de someternos a reflexiones y argumentaciones eruditas.

De este modo, Enrique Lluch aborda -sin complejos y con valentía- el análisis sencillo y fundamentado en sus conocimientos como experto en la materia y especialista en Doctrina Social de la Iglesia, de todos y cada uno de los agentes que componen el sistema económico actual, descubriéndole al lector los puntos fuertes y débiles que posee la sociedad económica en la que vivimos, y las razones básicas por las cuales se ha llegado a la situación en la que estamos inmersos.

El autor acepta en su nuevo trabajo que el hilo argumental desarrollado en “Más allá del decrecimiento”, puede ser considerado como un planteamiento utópico o irrealizable si seguimos observando nuestra sociedad y nuestras acciones bajo los fundamentos socioeconómicos con los que hasta ahora hemos funcionado y con los que hemos convivido, pero también afirmó y dejó constancia durante la presentación de su trabajo que, “actualmente el cambio mental que se precisa para reorientar el actual modelo socioeconómico con el objetivo de salir de la crisis y tener unas razones claras para lograr un progreso que beneficie a todos y cada uno de los individuos, se está operando ya en empresas, instituciones y administraciones del país, por lo que no se trata de una reflexión utópica sino de una realidad de la que ya se pueden encontrar ejemplos en nuestra sociedad”.

La presentación de este segundo libro de Enrique Lluch, “Más allá del decrecimiento” se produjo en la semana negra donde de nuevo la virulencia de la crisis financiera, económica y social se mostró más atroz en la economía española y europea y cuando el responsable de la iglesia en Valencia, el arzobispo levantino, monseñor Carlos Osoro, así como el presidente de Cáritas Internacional, el cardenal Rodríguez Madariaga, realizaron sendos llamamientos desde Valencia para que todos los estamentos sociales y económicos inmersos en esta situación, no dejen de luchar por una “humanización de la economía en la que hay que situar de nuevo en su centro, al hombre”, tal y como manifestaron tanto el purpurado como el prelado valenciano en sendas intervenciones públicas. En el acto de presentación del libro “Más allá del decrecimiento” también estuvieron presentes la alcaldesa de la localidad valenciana de Almàssera, Laura Roig Panach, así como, el concejal de educación, fiestas y deporte, David Castro Roig, y el Juez de Paz de Alboraya, Javier Monzó.

 Firmado: Alfonso Sanfelíu

Periodista

 

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Los Mayores sustituyen al Estado

Artículo publicado en el periódico Levante El mercantil valenciano, en su suplemento dominical EMV del día 8 de Abril de 2012 en su página 12

La Universidad CEU Cardenal Herrera ha
presentado el Observatorio de Investigación
sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad
Valenciana, que coordina la
CEU-UCH con la colaboración de las tres
Cáritas Diocesanas de la Comunidad Valenciana
y la Fundación FOESSA. En este
mismo acto se presentó al público el primer
estudio realizado por investigadores
de este Observatorio titulado «Pobreza y
privación en la Comunidad Valenciana: El
impacto de la gran recesión», cuyo autor es
Eduardo Esteve Pérez.
Muchos son los aspectos tratados en este
estudio de interés para cualquier persona
que quiera conocer mejor cuál es la situación
de la pobreza y la privación de los habitantes
de nuestra comunidad autónoma
(www.uchceu.es/vida_universitaria/catedra_
solidaridad.aspx?elem=) pero en este
artículo me voy a centrar en qué está pasando
con nuestros mayores a resultas de
la gran recesión que estamos viviendo.
El estudio parece apuntar en una dirección
que la simple observación de nuestro
entorno ya nos mostraba, esto es, cómo los
mayores no solo no están empeorando por
causa de la crisis sino que en algunos aspectos
mejoran. Y esto, viendo lo que está
pasando con otros colectivos de edad más
temprana, supone que con frecuencia son
ellos quienes están paliando situaciones de
riesgo de pobreza y privación, especialmente
entre los más jóvenes y los niños.
Los datos básicos son elocuentes. El riesgo
de pobreza de los mayores de 64 años en
la Comunitat Valenciana ha decrecido, debido
tal vez a que las pensiones se mantienen
mientras que la renta media ha decrecido.
Además, si consideramos la casa en
propiedad descontando los ahorros que
tienen por no pagar hipoteca o alquiler, su
riesgo de pobreza se reduce a la mitad, muy
por debajo de la media del país (un 14,1%)
Lo mismo sucede con la tasa de privación
que incluye desde las di!cultades para llegar
a !nal de mes, de comer carne al menos
una vez a la semana o de devolver las deudas
en el plazo !jado hasta los problemas
en la vivienda o la imposibilidad de adquirir
un automóvil, un ordenador, etc. En este
caso, la tasa de privación de las personas
mayores es inferior a la tasa media, tanto en
España como en la Comunitat Valenciana.
Nos encontramos, pues, con que la crisis
ha mejorado relativamente a uno de los
colectivos tradicionalmente más desfavorecidos.
Los mayores de 64 años se encuentran
ahora en una posición relativa
mejor que la que tienen, por ejemplo, los
niños o los jóvenes de entre 16 y 29 años.
Esto significa que ellos están pudiendo
realizar la redistribución de la renta que no
hace el Estado directamente. Esto es, en la
medida que la mayoría de nuestros mayores
tienen como principal ingreso (y único
con frecuencia) las pensiones pagadas por
el Estado, estas les permiten ayudar a su familia
que tiene una situación peor a la suya
en estos momentos. De modo que, lo que
no redistribuye el Estado para las familias
con problemas, lo hacen los mayores gracias
a lo que reciben de este.
Las conclusiones que se derivan de esto
son claras. La política de no tocar las pensiones
es clave, no solo para los mayores,
sino también para el resto de colectivos que
reciben algunos ingresos gracias a la cohesión
familiar y al desvío de estos ingresos y
bienes hacia los más jóvenes. También denuncia
esta situación que las ayudas sociales
en nuestro país son inferiores a la media
de las que tienen los países equiparables
al nuestro. Por ello, no sirven para paliar
la pobreza y privación de otros colectivos
que no sean los mayores. Sería necesario
reducir partidas de otros objetivos para
mejorar a estas personas que hoy en día sobrellevan
su triste situación gracias a sus
padres y abuelos.

 

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Libro Las condiciones de vida en la región de Kara (Togo)

Se ha publicado el libro “Las condiciones de vida en la región de Kara (Togo)”.

Enrique Lluch ha sido el principal investigador de la iniciativa, coordinada por Àngels Álvarez y Juana Aznar. El equipo de investigación que lo ha llevado adelante ha sido dirigido desde la Universidad CEU Cardenal Herrera, pero ha contado con profesores de otras cuatro Universidades españolas. Además, el trabajo se ha realizado en colaboración con la Universidad de Kara y con dos ONGs, una española (Jóvenes y Desarrollo) y la otra Togolesa (Association Don Bosco). Es, por tanto, un programa ambicioso en el que se han involucrado más de 25 investigadores y en el que han colaborado más de 60 personas en los distintos momentos de la investigación.

Los estudios al uso sobre desarrollo en regiones desfavorecidas, suelen centrarse en algún tema específico, siendo en general bastante especializados. El presente trabajo rompe con esta dinámica a través de un estudio multidisciplinar que analiza factores de desarrollo de una misma región desde varias disciplinas complementarias: derechos humanos, agricultura y ganadería, salud y nutrición, aguas, economía, comunicación y educación. La complementariedad de todas estas perspectivas nos permite obtener una idea clara del Estado de desarrollo de la región de Kara, situada en Togo, lo que es de gran utilidad a la hora de plantear programas de desarrollo que vayan más allá de un único sector económico o de una única rama de trabajo.

Este libro puede ser de interés, tanto para aquellos que quieran conocer de una manera rigurosa las características de una región africana en un país pobre, como para aquellos que estén interesados en conocer una metodología interdisciplinar que resulta de utilidad para obtener datos que sirvan como base para plantear programas de acción a medio y largo plazo.

 

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Pobreza y privación en la Comunitat

Artículo publicado en el periódico de Castellón INFORMACIÓN, jueves 15 de Marzo de 2012 en la página 6

 

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Pobreza y Privación en la Comunidad Valenciana y España: el impacto de la Gran Recesión

La Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas diocesanas de la Comunidad Valenciana y Fundación FOESSA han presentado el Informe sobre el impacto de la crisis en la pobreza

● Este estudio pone de manifiesto que el colectivo más afectado por la crisis ha sido el de los jóvenes de entre 16 y 29 años, cuyas tasas de riesgo de pobreza y privación se han duplicado

Lunes, 12 de marzo de 2012- El Observatorio de Investigación sobre la Pobreza y la Exclusión en la Comunidad Valenciana, integrado por la Universidad CEU Cardenal Herrera, Cáritas Comunidad Valenciana y la Fundación FOESSA, ha presentado el informe “Pobreza y privación en la Comunidad Valenciana y España: el impacto de la Gran Recesión”, en el Aula Magna de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la CEU-UCH. Este Informe ofrece información actualizada y veraz sobre la población más afectada por la crisis en la Comunidad Valenciana, y propone un conjunto de iniciativas para mejorar la situación de los colectivos vulnerables.

Eduardo Esteve, profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera y autor del informe, ha destacado que, según los datos que se desprenden del estudio, más del 20% de la población de la Comunidad Valenciana es pobre. De los colectivos vulnerables estudiados, los jóvenes valencianos son los más afectados por la crisis económica, seguidos por los niños. Desde el inicio de la crisis, el riesgo de pobreza en los jóvenes ha pasado de situarse  en un 14,8% a un  29%, es decir, casi uno de cada tres jóvenes están en riesgo de pobreza. Estas diferencias se acrecientan si lo vemos por género, ya que la diferencia entre mujeres y hombres es significativa siendo éstas las más perjudicadas y las que presentan un riesgo de pobreza mayor (más del doble que la de los hombres). Además, uno de cada cuatro jóvenes que son sustentadores de su hogar, está en paro, y los que trabajan lo hacen con un contrato temporal (el 26,7%) o a tiempo parcial (6,6%).

En la Comunidad Valenciana, uno de cada cuatro jóvenes tiene dificultades para llegar a fin de mes. Uno de cada dos jóvenes no puede hacer frente a gastos imprevistos, y los retrasos en agua, luz, hipoteca o alquiler, prácticamente triplican la media. La tasa de privación de estos y otros bienes es la mayor de todas los grupos de edad, superando en la Comunidad Valenciana la media nacional en 8 puntos.

Otros colectivos vulnerables

La pobreza infantil (menores de 16 años) en la Comunidad Valenciana es superior en 3 puntos a la media, llegando al 24%. La crisis ha afectado a este colectivo, que ha empeorado su situación.

El Informe de Pobreza y Privación también pone de manifiesto que una de cada tres personas mayores en la Comunidad Valenciana es pobre. Cifra que supera la tasa nacional. Sin embargo, la crisis económica ha reducido el riesgo de pobreza de los mayores, motivado por una evolución más favorable de las pensiones que del resto de rentas, al estar garantizado su poder adquisitivo por ley. En cuanto al colectivo de inmigrantes, el riesgo de pobreza ha evolucionado del 28% al 36,8%. En la Comunidad Valenciana, el 70% de los inmigrantes no puede hacer frente a gastos imprevistos.

Este estudio, que ha tomado como punto de partida el Informe Foessa 2008, también pone de manifiesto que los hogares monoparentales y unipersonales llegan a duplicar la pobreza media, y que presentan tasas de privación cercanas al 50%.

Mejorar la coordinación entre las administraciones y el sector privado

La CEU-UCH, Cáritas y la Fundación FOESSA han incluido en este informe diferentes propuestas de actuación y, en este sentido, han solicitado la Mejora de los sistemas de coordinación que eviten duplicidades, y aprovechen las sinergias entre los diferentes niveles de la administración y el sector privado

El Informe también propone reorientar la política actual de vivienda para garantizar el derecho a la misma contemplado en la Constitución. Respecto a los jóvenes, sugiere una reforma laboral que favorezca la estabilidad. Para los mayores, propone un sistema de pensiones sostenible, eficiente y equitativo, y desarrollar una estrategia para los colectivos con pensiones más reducidas. En el caso de los inmigrantes, el Informe apuesta por un acuerdo marco, que permita consensuar posiciones sobre la inmigración, e incrementar los recursos destinados a los inmigrantes en situación de pobreza.

 

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Más allá del decrecimiento

Ha sido publicado mi nuevo libro “Más allá del decrecimiento”

Este libro puede considerarse una continuación del anterior “Por una economía altruista”. En él planteo los postulados de la economía altruista aplicados a la sociedad y su economía en su conjunto. Para ello analizo, desde una perspectiva cristiana e inspirado en las enseñanzas sociales de la Iglesia, el objetivo principal de nuestras economías: El crecimiento, y el comportamiento del sector público, de las empresas y de las instituciones financieras. En todos estos casos, propugno alternativas viables y realistas que pueden ayudar a poner la economía al servicio de las personas.

Una hojeada al índice os puede ayudar a haceros una idea más aproximada del contenido del libro:

Prólogo

1.- La idea de progreso

1.1.- ¿Debemos progresar siempre?

1.2.- ¿Qué consideramos progreso?

1.3.- La idea de progreso predominante: el crecimiento económico

1.4.- El decrecimiento como opuesto al crecimiento económico

1.5.- Más allá del decrecimiento, la aportación cristiana

2.- ¿Cómo medimos el desarrollo?

2.1.- El Producto Interior Bruto (PIB) y sus limitaciones

2.2.- Otras opciones para medir el bienestar y el progreso

2.3.- Cómo medimos nuestro objetivo de progreso

3.- El papel del sector público

3.1.- ¿Qué papel económico juega el sector público?

3.2.- Cambiar la finalidad económica del sector público

3.3.- Sugerencias para la actuación de las administraciones públicas

4.- Las empresas en el sistema económico

4.1.- El objetivo predominante en la gestión empresarial actual

4.2.- Una empresa es algo más

4.3.- Otra manera de plantearse la empresa

5.- El sector financiero

5.1.- La gran transformación del sector financiero

5.2.- Hacia un cambio en el sistema financiero

6.- Más allá del decrecimiento

7.- Epílogo para escépticos

Si quieres comprar el libro (su coste es de 12€) puedes hacerlo en Tot per l’Aire

 

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Entrevista realizada por estudiantes de la Universidad de Burgos

Entrevista al profesor Enrique Lluch Frechina de la CEU Cardenal Herrera de Valencia tras su ponencia sobre “Nuevos escenarios en la economía: crisis, cooperación, banca ética” durante los cursos de verano de la Universidad de Burgos.

 

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Conferencia sobre “Conocimiento y Vivencias de la Doctrina Social de la Iglesia”

Artículo publicado en el periódico Levante, en su suplemento de Castellón el martes 25 de Octubre de 2011 en su página 8

 

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Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

“Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida” Artículo publicado en el periódico Levante, el Domingo 9 de Octubre de 2011, en su suplemente El Mercantil Valenciano EMV, en su página 12.

Una de las frases que se difundieron a raíz de la acampada de los autodenominados “indignados” me llamó la atención. Decía (y seguirán diciendo, supongo) que no son anti-sistema, sino cambia-sistemas. Si lo pensamos bien, todos deberíamos ser, hasta cierto punto cambia-sistemas, sobre todo porque la realidad es siempre cambiante y un sistema rígido, difícilmente puede adaptarse a la evolución de la sociedad si no se reinventa a si mismo (al menos en parte). Creo que esto tiene una aplicación clara al sistema de mercado y en especial a la libertad de mercado. Todos tenemos claro que el mercado necesita de la libertad para funcionar correctamente. Sin ella el mercado no es tal y el desempeño económico se resiente. Ahora bien, la idea que tenemos sobre lo que es la libertad se confunde con otras cosas y esto sucede en especial cuando hablamos del mercado. No está de más, pues, reflexionar en estas líneas sobre la libertad del mercado.

De hecho, durante los últimos años hemos asistido a un movimiento de liberalización de los mercados. Muchas de las medidas que se han tomado han tenido como objetivo quitar trabas al funcionamiento del mercado. Ahora bien, a pesar de esto, muchos de los agentes que trabajan en él no parecen sentirse más libres ¿Podemos escoger el trabajo que creemos más conveniente? ¿Nuestras actuaciones económicas nacen de nuestras convicciones y hacemos lo que creemos que es mejor para mejorar el entorno en el que nos encontramos? Muchas veces esto no es así. En un mercado libre oímos con demasiada frecuencia la frase de “me veo obligado a…” “No he tenido más remedio que…” “Los negocios son los negocios…” para justificar actuaciones que no se habrían hecho si no llega a ser por la dinámica del mercado (o al menos así se justifican los autores de los hechos). De este modo, un mercado aparentemente libre parece forzar a sus componentes a actuar de una manera contraria a sus convicciones personales. Parece que la única libertad que potencia el estado es la libertad para ganar más dinero, pero que esto se hace a costa de reducir la libertad para poder hacer aquello que dicta tu conciencia y que crees que es mejor para los demás y para el conjunto de la sociedad.

El principal problema del concepto libertad es que se confunde a menudo con la posibilidad de hacer algo: si algo es posible, debemos tener la libertad de hacerlo. Sin embargo, esto no siempre supone ser más libres. Puedo poner algunos ejemplos en ámbitos diferentes a la economía: la organización social no nos permite poner la música a gran volumen a las tres de la madrugada en un edificio lleno de personas durmiendo, ni coger una escopeta y herir o matar a los clientes de un supermercado, ni circular a 110 por hora cuando atravesamos las céntricas calles de un casco urbano, ni presentar un partido político a las elecciones si este apoya a los terroristas que asesinan a sus contrincantes… Estos límites a la libertad de acción no significan que las personas que vivamos en esta sociedad no seamos “LIBRES”, al contrario, gracias a cumplir esas normas o límites que nos fijamos, podemos ser más libres. De hecho, una concepción libertaria de la existencia en la que se permitiese realizar estas actuaciones (posibles por otra parte) podría comprometer nuestra propia libertad.

Lo mismo sucede con el mercado. Un mercado libre no significa un mercado en el que todo esté permitido. El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado. Si no es así, el sistema económico puede volverse contra las personas a las que tiene que servir como, por desgracia, hemos visto en demasiadas ocasiones. Estos límites a los que estamos acostumbrados cuando hablamos de temas políticos o sociales, deberían ser normales también en el ámbito económico y no ser visto como aberraciones contrarias a la libertad de mercado. De hecho, ya ponemos límites al mercado, por ejemplo cuando impedimos determinados sistemas productivos contaminantes, o actuaciones que reducen la competencia entre empresas (como los cárteles o los repartos de mercado), cuando se obliga a pagar un salario mínimo a los trabajadores, etc.

Habría otras medidas que podrían limitar las posibilidades de actuación sin resultar en una reducción de la libertad de mercado. Así el Estado, por ejemplo, podría poner límites a las diferencias salariales exageradas que se dan en algunas empresas. Estas incrementan las desigualdades en el mercado, no mejoran la efectividad de las economías que las permiten (durante años las diferencias salariales en un país como Alemania han sido mucho menores que las Estadounidenses y eso no ha significado que la economía alemana funcionase peor) e impiden que un grupo de trabajadores gane salarios que les permitan vivir con dignidad a ellos y sus familias. Otra sugerencia sería la de poner coto a la utilización de determinados derivados financieros y otras actuaciones de esta índole que incrementan la inestabilidad del sistema y no aportan nada a la principal función del sistema financiero que es intermediar entre los ahorradores y los prestatarios.

Existen más ejemplos de límites a las posibilidades de actuación de un mercado que no reducen la libertad de mercado, sino que garantizan su sostenibilidad económica y lo ponen al servicio de todas las personas. Pero creo que hay que llamar la atención sobre este tema para no olvidar que un mercado libre no es aquel que permite que una persona o un grupo de ellas o de empresas puedan ganar mucho dinero de una manera fácil y en un breve espacio de tiempo, sino aquel en el que sus componentes pueden decidir sobre sus actividades económicas y ponerse de acuerdo con otros sin presiones, para lograr los ingresos adecuados para vivir de una manera digna, tanto ellos, como el resto de la sociedad. La libertad de mercado debe estar al servicio de la sociedad y de las personas, no de los beneficios. El Estado debe potenciar un mercado libre y no un mercado libertario donde algunos puedan ganar mucho dinero a costa de que otros tengan menos posibilidades de hacerlo.

Si dejamos que todo lo que se puede hacer en un mercado se haga, pasaremos de un mercado libre a uno libertario. El mercado libertario tiene las mismas consecuencias que un estado libertario, esto es, como todo está permitido, el más fuerte se come al más pequeño. No se permite introducir medidas que protejan a los más desfavorecidos bajo el argumento de que “limitan la libertad de mercado” y, al final, se está protegiendo a aquellos que tienen más: en un mundo sin reglas, los más fuertes siempre tienen las de ganar. Un mercado libertario acabaría convirtiéndose en un mercado liberticida, esto es, un mercado que aniquilaría su propia libertad, en el que los más poderosos tendrían un dominio tal sobre los asuntos económicos que difícilmente podríamos escaparnos de sus dictados, lo que nos llevaría a una dictadura económica. Para evitarlo debemos articular un mercado que esté al servicio de las personas, que sepa poner los límites necesarios para garantizar la libertad real de los miembros de la sociedad, que no reduzca las posibilidades de una gran parte de la población impidiéndoles tener los ingresos suficientes y limitándoles sus posibilidades económicas, que incremente nuestras capacidades y no las reduzca. Volviendo al principio del artículo quiero añadir que si no se dirigen los tiros hacia esta dirección, la indignación de los cambia-sistemas puede hacerles derivar hacia la indignación de los anti-sistema o a la atonía de los desencantados, lo que creo que no sería bueno para nadie ya que, no se trata de luchar contra el mercado o de dejar que este nos apabulle, sino de ponerlo al servicio de las personas.

 

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En defensa de la dignidad humana

Artículo publicado en la Revista Vida Nueva en su número 2766 del 3 al 9 de Septiembre de 2011 En su página 46 en la que hago la recensión del libro de Reinhard Marx, El capital. Un alegato a favor de la humanidad.

Cuando recibes un libro para hacer una recensión siempre deseas que sea bueno, que puedas disfrutar leyéndolo, que te permita decir cosas buenas de él y que sea una oportunidad para descubrírselo a otros lectores. Ni que decir tiene que este ha sido el caso del libro que acabo de finalizar hace escasos minutos. He de confesar que no conocía a su autor, Reinhard Marx, cardenal y arzobispo de Múnich y Freising, que durante años fue profesor de ética social cristiana y por ello celebro haber tenido la oportunidad de saber de él a través de esta obra. Su sensibilidad social y su cercanía a la realidad de los más desfavorecidos de su diócesis me han sorprendido y agradado.

El libro tiene una intención divulgativa que pretende mostrar cómo las grandes líneas de la doctrina social de la Iglesia son útiles para orientar la acción política y económica en nuestra sociedad. El prólogo de la obra, no solo sirve para mostrar las intenciones que tiene el autor sino que muestra dos de las grandes cualidades que tiene el texto: un lenguaje adecuado para ser entendido por el público no especializado y un profundo conocimiento de la realidad económica y social que vivimos en la Europa rica. El autor no se entretiene con disquisiciones teóricas complicadas, su sabiduría aparece poco a poco para que el lector pueda asimilarla de una manera natural y sencilla. Los conceptos de la ética cristiana se entrelazan fácilmente con una realidad vivida y sentida que describe el día a día de las personas y de las instituciones. Aunque sus ejemplos se refieren a la realidad alemana, esta no difiere de la española en sus puntos esenciales y pueden ser fácilmente trasladables a lo que sucede en nuestro país.

Además de estas virtudes, resulta simpática y agradable la utilización que hace de la coincidencia de su apellido con el de otro famoso Marx (no Groucho evidentemente) para comparar aquello que la ética social cristiana nos enseña, con la ideología que su tocayo Karl inició. Esta confrontación la realiza con gran respeto tanto a la otra persona como a sus ideas, con un reconocimiento a la buena fe del adversario, con una aceptación de aquello que se cree que es correcto y una refutación fundamentada de aquello que se opina que es erróneo. Desgraciadamente, esta elegancia en el debate (y más con alguien que ya no puede contestar) no se da con tanta frecuencia como sería de desear.

El autor trata varios temas relacionados entre sí: la libertad y el desarrollo, la pobreza y la justicia, la necesidad de repensar lo social para incluir en ello la educación, la familia y el trabajo, la función social de las empresas y del sistema financiero y por último, la evolución de la globalización y la construcción de una economía social de mercado a escala global. Es evidente que tocando tantos palos es difícil profundizar mucho en cada uno de ellos, pero la visión de conjunto que se da creo que puede ser interesante para cualquiera que quiera saber algo más de estos temas.

También vuelve su mirada hacia hechos históricos para intentar que sus enseñanzas iluminen nuestro día a día. Recuerda cómo la economía de mercado ha sobrevivido gracias al estado social y no podemos desmantelar este sin comprometer el futuro de nuestro sistema económico. Nos introduce en la importante figura de su querido e inspirador obispo Ketteler que se dio cuenta (ya en el siglo XIX) de que para solucionar la cuestión social, no se podía apelar tan solo a la conciencia moral de los ricos sino que había que plantear soluciones estructurales y políticas. Habla sobre los estudios que se realizaron entre los parados de la gran depresión de los años treinta y aplica sus enseñanzas a la actualidad para saber cuáles son las políticas que debemos aplicar en estos tiempos de paro creciente…

Su elegancia a la hora de tratar los temas no le impide nombrar las cosas por su nombre. Cuando tiene que tratar el afán de lucro que parece justificarlo todo en esta nuestra sociedad capitalista, afirma sin ambages que la codicia es pecado y que “esto no puede continuar así. No permitiremos que se elogie al pecado”. Cuando quiere resaltar la importancia del sermón de la montaña y cómo nuestra fe no puede vivirse al margen de las cuestiones sociales de la sociedad nos dice que “la verdadera fe y el servicio al prójimo, especialmente al necesitado, son cosas inseparables”. Cuando quiere describir la finalidad de esa Doctrina Social de la Iglesia que Benedicto XVI ha descrito como inseparable de la evangelización afirma que la DSI “quiere poner de manifiesto las injusticias sociales y luchar contra ellas, quiere ser la voz de los pobres y los explotados, de los que no tienen ningún lobby en la sociedad y ayudarles a defender sus derechos”

Esta preocupación por la persona, por la vida digna, por la opción preferencial por los más desfavorecidos y por la promoción de la libertad humana, le lleva a defender un estado cuya única preocupación no sea el garantizar el beneficio. La organización de nuestra sociedad no puede sustentarse sobre el vacío, se necesitan unos valores que le den sentido, se precisa de una idea de justicia que la sustente, es imprescindible promocionar la libertad para hacer el bien limitando el libertinaje que perjudica a aquel que lo lleva adelante y a la sociedad en su conjunto… Todo ello le lleva a propugnar una economía social de mercado y le sirve para advertir sobre las reformas que se están promoviendo en estos momentos para superar la crisis y que parece que solo favorecen a las grandes empresas a costa del ciudadano. Lanza un grito a favor de un estado social que promocione a las personas, que limite la codicia y que busque la justicia como el verdadero camino a seguir. Todo una declaración de intenciones en una realidad difícil como la que estamos viviendo.

 

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Seminario para exponer las conclusiones del proyecto de investigación Las Condiciones de vida en la región de Kara

Los próximos días 18, 20, 25 y 27 de Octubre en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia tendrá lugar un seminario en el que se presentarán las conclusiones del proyecto de investigación que financiado por la Generalitat Valenciana y coordinado por la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU-UCH), se está llevando a cabo en colaboración con la ONG Jóvenes y Desarrollo, la Association Don Bosco de Togo y la Université de Kara (UK) y estudia cuáles son las condiciones de vida de la Región de Kara (Togo).
El curso presentará, por un lado, el análisis de la situación de esta región derivado del estudio hecho por el equipo interdisciplinar de la CEU-UCH y de la Univeridad de Kara. Además, servirá para que los estudiantes conozcan cómo se trabaja a nivel técnico en una ONG para el desarrollo como es Jóvenes y Desarrollo. Participarán en este seminario profesores de las dos universidades y técnicos de la ONG española y de su hermana togolesa.

Si queréis acceder al programa del mismo lo podéis encontrar en http://www.uchceu.es/actividades_culturales/2011/seminarios/documentos/Las%20condiciones%20de%20vida%20II.pdf

 

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Solidaridad cum laude

Artículo del diario Levante, el mercantil Valenciano. 4 de Julio de 2011, pág.16

Solidaridad cum laude

La Universidad CEU-Cardenal Herrera cuenta con una cátedra para promocionar el voluntariado social y la cooperación al desarrollo entre los estudiantes

 

Enrique Lluch ha participado en los proyectos de la cátedra de Solidaridad en África.

Enrique Lluch ha participado en los proyectos de la cátedra de Solidaridad en África.  Levante-EMV
AMAT SAPENA VALENCIA

La solidaridad también se enseña. La Universidad CEU-Cardenal Herrera cuenta con una cátedra de Solidaridad. No es una asignatura más de sus planes de estudio pero sí es una iniciativa para inculcar los valores del voluntariado y la cooperación al desarrollo. El director de la cátedra, Enrique Lluch, explica que “la cátedra trabaja desde 2001. Su objetivo es promocionar la solidaridad y el voluntariado en el ámbito universitario a través de la formación, la divulgación y la investigación. Pretendemos que el joven universitario tenga la oportunidad de obtener información sobre actividades solidarias a través de los estudios que cursa. Por ejemplo, al CEU ha venido gente que lleva la comunicación de las ONG a dar una charla a estudiantes de periodismo, o de Fontilles para hablar de enfermedades dermatológicas tropicales con alumnos de Enfermería”.
Enrique Lluch remarca que no se trata “de una asignatura, no es una materia de estudio dentro de una carrera. Realizamos seminarios, actividades de divulgación, exposiciones e introducir estas cuestiones en el aula, pero siempre buscando el interés y la participación del alumno”.
La cátedra de Solidaridad se creó para dar continuidad a una inquietud “que en la escuela sólo era objeto de campañas aisladas. Llegaba el Día de la Paz o el Día contra el hambre y se realizaba una jornada con actividades y ya está, ahí se acababa. O sea que una cosa era la enseñanza y otro el día a día. Ahora ha cambiado, intentamos que las acciones solidarias se lleven a cabo en el quehacer diario y no sólo en el tiempo libre”, afirma el director de la cátedra.
Lluch cree que un importante porcentaje de jóvenes tienen sentimientos solidarios pero iniciativas como la del CEU ayudan a reafirmarlos. “Aunque parezca lo contrario, es más fácil llegar al joven que lo tiene todo: coche, un buen teléfono móvil, dineroÉ Pero también han sufrido las mismas frustraciones que los que han tenido menos lujos y por ahí es más fácil entrar, hay que hacerles ver que existen otros valores no materiales que también les pueden hacer felices. Y los que no lo tiene todo son menos accesibles porque siguen buscando esos bienes más materiales”.
La cátedra desarrolla una importante actividad. “Tenemos dos o tres cursos al año, así como exposiciones y charlas -explica Lluch-. Por otra parte están las acciones que se realizan en clase y las prácticas, que no sólo las ofrecemos en empresas sino también en ONG para que se den cuenta de que su actividad también se puede aplicar a la solidaridad. Por último, también realizamos proyectos de investigación como los de Mozambique y Togo”.
Las ONG han acogido de buen grado la creación de la cátedra de Solidaridad. “Hay ONG que están muy contentas porque somos los únicos que les ponemos en contacto con universitarios. La cátedra es una herramienta útil. Organizamos una campaña por el terremoto de Haití y vino Cáritas a dar una charla. Los cinco minutos de contacto en cada clase tuvo un efecto muy positivo ya que el mensaje llegó a mucha gente”, afirma Lluch. “Nuestro planteamiento es de servicio, la Universidad ha de estar al servicio de la sociedad y habremos sido útiles si el estudiante afirma que ve las cosas de otra manera después de participar en nuestras actividades y si las ONG ven que ha entrado en contacto con gente que no esperaba”.
Lluch contesta que no le gusta “generalizar” a la pregunta de si los valencianos somos solidarios. “No tengo porcentajes, pero puedo decir que nuestras iniciativas son bien acogidas, hay una buena receptividad”.

“En los años de bonanza ya se veía la pobreza
y las desigualdades”

Una de las actividades de la cátedra de Solidaridad del CEU es el Observatorio de investigación de la pobreza. “Nos interesa ofrecer a las ONG nuestro potencial investigador. Propusimos a Cáritas si quería colaborar y aceptó. Nuestra investigación está aplicada al día a día de esta ONG aunque también sirve para otros. También colabora Fomento de Estudios Sociales (Foessa), que hace estadísticas de pobreza. El primer estudio que hizo sobre la materia tuvo un gran reconocimiento y pronto habrá un segundo”, afirma Enrique Lluch.
El director de la cátedra de Solidaridad afirma que la crisis económica “ha cambiado la cara de la pobreza. Ya en años de bonanza el estudio Foessa ya advertía que el nivel de pobreza no había disminuido y que se habían incrementado las desigualdades. Y con una crisis, eso se iba a aumentar. La cara de la crisis ahora es la de la gente que aún teniendo trabajo no llega a final de mes por la cantidad de deudas contraídas. Hay mucha gente que no tiene casi ni para comer después de pagar la hipoteca del piso, la letra del coche, los préstamos personales

 

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¿A quien protege el Estado ante los riesgos del mercado?

 

¿A quien protege el Estado ante los riesgos del mercado? Artículo publicado en la página 28 del Periódico Las Provincias el 30 de Marzo de 2011

 

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Reportaje sobre el proyecto “las condiciones de vida en la región de Kara (Togo)”

Un equipo de investigación liderado por la Universidad CEU Cardenal Herrera y en el que participan investigadores de cuatro universidades más, estamos desarrollando un proyecto de investigación en la región de Kara, al norte de Togo, junto con la ONG Jóvenes y Desarrollo, la Association Don Bosco y la Université de Kara.

En el siguiente enlace tenéis un video de 7 minutos en el que se describe la misión salesiana con la que estamos colaborando y el proyecto en su conjunto.

Vídeo del proyecto

 

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Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica.

En el último número de la revista Documentación Social ha salido un artículo que he escrito junto a Jorge Guardiola, se titula Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica. Aquí tenéis una pequeña reseña de este número de la revista así como su índice. 

La actual crisis financiera y económica ha llegado para quedarse durante un tiempo. Aquellos que negaban la existencia de los ciclos económicos se encuentran con una situación que parece recordar las consideradas obsoletas por algunas teorías del ciclo largo. No se trata de un simple frenazo de la economía, sino que nos encontramos ante una recesión que está afectando de manera desigual a los distintos sectores de la economía, pero de una manera generalizada al conjunto de la sociedad y con una duración que superará, se supone, la de la crisis del petróleo de los años setenta.

Documentación Social ha considerado oportuno aportar su granito de arena a este debate introduciendo en este número una visión de la crisis desde los desfavorecidos, desde aquellos que estaban peor antes de que las circunstancias económicas cambiaran y de aquellos a los que esta crisis ha llevado a situaciones de exclusión o privación. Intentamos ir más allá de las propuestas macroeconómicas al uso que solamente pretenden lograr una recuperación de los niveles de crecimiento económico anteriores a estos momentos de crisis. Analizamos cuáles están siendo las consecuencias reales de la crisis sobre determinados colectivos tanto a nivel nacional como a escala internacional para lograr así realizar propuestas que vayan destinadas no solo a mejorar el crecimiento económico, sino a beneficiar a aquellos colectivos que ya partieron antes de la crisis de las peores posiciones posibles o a los que ha resulta de ella han empeorado acercándose a estas situaciones indeseadas.

Se trata, pues, de un número de Documentación Social que introduce una perspectiva que no suele ser la más habitual en los análisis al uso. Pensamos que esta visión es importante para que no nos quedemos en las grandes cifras de la crisis y tengamos presentes a aquellos que están viéndose más perjudicados a la hora de afrontar los efectos adversos de los problemas ante los que nos estamos encontrando.

Índice:

Presentación  

Monografía

1. Crisis: no una, sino varias; es decir, una.

José María Tortosa

2. Las decisiones del G-20 y su impacto sobre los países más débiles.

Isidro Antuñano Maruri

3. Posibles causas del hambre en el mundo y algunas propuestas para su erradicación en el contexto de la crisis económica.

Enrique Lluch Frechina y Jorge Guardiola

4. Características del mercado de trabajo español actual y sus consecuencias sobre el riesgo de exclusión social.

Juana Aznar-Márquez y Ester Azorín Palazón

5. El desempleo y los nuevos pobres.

María Ángeles Davia

6. El impacto de la crisis en la cohesión social o el surf de los hogares españoles en el modelo de integración de la «sociedad líquida».

Miguel Laparra

7. Crisis económica internacional e inmigración.

Luis Díe Olmos

8. El tercer sector, la exclusión social y la crisis de la economía española.

Rafael Aliena

9. Bibliografía

Tribuna Abierta

1. Contrabando y trata de mujeres en España. Una aproximación a través de las historias de vida.

Elena Hernández Corrochano

2. Inmigración y responsabilidad municipal.

Ángeles Solanes Corella

3. La crisis y la seguridad alimentaria mundial.

Teresa Cavero

Documentación

Crecimiento, desarrollo y crisis: propuestas para el debate y la reflexión.

Francisco Lorenzo

 

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“Faltan dos para el 100” Artículo publicado en la revista Cresol

Faltan dos para el 100” Artículo publicado en la revista Cresol, Any-11, Nº 98, Pág: 10-11, Novembre del 2010, Unión Apostólica del Clero, Valencia

Se acerca el número 100 de la revista Cresol y su director me ofrece la posibilidad de escribir unas líneas sobre cuál es el papel de un medio de comunicación como es este puesto al servicio de la evangelización y en especial de la evangelización a los más pobres y marginados. Creo que para hacerlo tengo que hablar de esta revista como una publicación en soporte papel que no se dedica a reflejar la actualidad, sino opiniones o pensamiento sobre temas diversos. Estas dos circunstancias hacen que no sea un medio popular, entendiendo la popularidad como el uso habitual y frecuente de un periódico por parte de una mayoría de la población. La prensa escrita en soporte papel ha experimentado una gran decadencia en estos últimos años (debido sobre todo a la gratuidad de la prensa por internet) y si a esto añadimos que la opinión y en especial el pensamiento no han sido nunca plato de consumo generalizado de mayorías, que los temas que trata solamente interesan, en un principio, a cristianos concienciados y que la Unión Apostólica del Clero (que está detrás de la revista) busca sobre todo realizar un servicio a los sacerdotes de nuestra diócesis, podemos concluir que nos encontramos ante una revista cuyo público objetivo es francamente, reducido.

 

Esto no quiere decir que una revista como la nuestra no pueda cumplir una función positiva y esencial en ofrecer orientaciones que permitan la mejora de nuestra diócesis y de todos los que en ella compartimos la vocación cristiana de evangelizar, de mostrar a todos la buena noticia de un Dios que es amor y que resucitó de entre los muertos. Es esencial mantener espacios como estos, abiertos a diversas opiniones, a pensamiento cristiano que se atreve con los temas candentes de nuestro tiempo sin ceder a tentaciones partidistas o a opiniones poco fundamentadas. En ocasiones me han comentado que utilizaban alguno de mis artículos en esta revista para trabajar en el grupo de la parroquia o para hacer una dinámica de trabajo en alguna institución eclesial. Estoy seguro de que si esto sucede con lo que yo escribo también pasará con los interesantes artículos que con frecuencia leo en la revista. Yo mismo recibo con gusto la revista mensualmente y me gusta descubrir artículos, opiniones, reseñas de libros o de películas que me orientan, me ilustran y que incorporo a mi bagaje cultural. No importa pues que la leamos pocos, si esos pocos que lo hacemos podemos hacer llegar lo que en ella se escribe a muchos otros a través de nuestras conferencias, nuestras catequesis, nuestra labor en las parroquias o en instituciones eclesiales…

 

Opino que el número cien debería verse como una oportunidad para dar un salto adelante y que la Unión Apostólica del Clero se plantease la posibilidad de potenciar una realidad necesaria en nuestra diócesis. Un equipo de redacción en el que se pudiesen incorporar algunos laicos especialistas en comunicación que colaborasen en la confección y puesta en marcha de la revista, un cambio de maquetación que pudiese hacer esta más atractiva, una página web mejorada en la que se pudiesen encontrar artículos antiguos por temas y no solo por fecha… Esto enriquecería la revista aunque es imposible realizarlo sin una cierta profesionalización (no en el sentido de cobro por el trabajo sino de incorporar en el equipo a especialistas) de esta labor.

 

No me queda más que felicitar con antelación a Cresol y a quienes se han empeñado en que esta revista sea una realidad y a animarles a que no desfallezcan. Es bueno que existan medios independientes que vayan más allá de la actualidad y que intenten apoyar la opinión y el pensamiento cristiano.

 
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Publicado por en noviembre 10, 2010 en Desarrollo económico

 

Entrevista en el número 1513 de Noticias Obreras

En el número 1.513 de Noticias Obreras editado por las Hermandades Obreras de Acción Católica HOAC me hicieron una entrevista que os adjunto aquí

 

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Al fin y al cabo, son nuestros acreedores

Artículo publicado en Las Provincias, martes, 13 de julio de 2010. Página 16

 

Economía y desarrollo humano: Visiones desde distintas disciplinas

Se acaba de publicar un libro en el que participo con un artículo. Os remito la noticia que ha publicado TELEPRENSA.ES El periódico digital de Granada

La Universidad de Granada publica un libro sobre economía y desarrollo humano

Coordinado por los profesores Jorge Guardiola, Ewa Strzelecka y Giuliaserena Gagliardini, el volumen recoge distintos trabajos sobre economía y desarrollo humanos, tratados desde distintas disciplinas

Libro sobre economía y desarrollo humano

GRANADA.- El concepto y la teoría del desarrollo humano y su relación con la economía, así como con otras disciplinas académicas, es el objeto central del libro “Economía y desarrollo humano: Visiones desde distintas disciplinas”, coordinado por los profesores Jorge Guardiola, Ewa Strzelecka y Giuliaserena Gagliardini, y publicado por la Editorial Universidad de Granada en colaboración con el Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo (CICODE) de la UGR.

En el volumen participan, junto a los tres coordinadores, los también especialistas José Luis Sampedro, Carlos Taibo, José María Tortosa, Virgina Rosales, Soledad Vieitez, Fernando López Castellano, María Eugenia Urdiales, David Llistar, Manuel Sánchez Matamoros, Ángel Lendechy y Enrique Lluch.

En el libro, que surge a partir de las jornadas de título homónimo organizadas por el CICODE y la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada en 2007 y en 2009, se recogen y amplían algunos de los estudios, investigaciones y reflexiones sobre el concepto y la teoría del desarrollo humano y sus conexiones con la globalización, los modelos económicos, la lucha contra la pobreza, la cooperación internacional al desarrollo, el comercio, las instituciones, el crédito, la ecología, la cultura o el género.

A decir de los coordinadores de este volumen: “El desarrollo humano tiene que ver con la lucha contra la pobreza, pero también con el objetivo de que todo ser humano, independientemente de su procedencia y de su lugar de residencia, tenga la oportunidad de vivir una vida digna, larga, saludable y creativa.Por lo tanto el desarrollo humano va más allá del desarrollo estrictamente económico, lo cual se refleja en la visión amplia e interdisciplinar que se propone en esta obra”.

 

Separatas

Si queréis separatas de alguno de mis artículos, puedo enviároslas sin coste alguno para vosotros. Solamente lo puedo hacer hasta final de existencias. Los artículos de los que tengo separatas disponibles en estos momentos son los siguientes:

“Las diferencias económicas en una época de globalización” (2006), Verdad y Vida, revista franciscana de pensamiento, Año LXIV, Núm. 245-246, Pág: 35 – 103, Franciscanos españoles (O.F.M.), Madrid, Depósito Legal M. 623. 1958. ISNN: 0042-3718

“La debilidad de las estrategias en la lucha contra la pobreza mundial” (2006) en Ciudadanía, Pág: 211 – 235, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 84-8440-351-3 (Documentación Social nº139 ISNN

“Proverbios y crisis financiera” (2009), Moralia revista de ciencias morales, Vól. 32,, núm. 121, Pág: 19-40, Instituto Superior de Ciencias Morales, Madrid, Depósito Legal M. 551. 1979

“Comercio y crecimiento económico: el comercio entre España y los países más pobres” (2009) Coautoría con Luisa Alamá Sabater en Sociedad civil y nuevos movimientos sociales. Pág: 203-225. Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-429-3

“La Inversión Extranjera Directa (IED) española en América Latina, Asia y África” (2010) Coautoría con Luisa Alamá Sabater en Ciudadanía del consumo: hacia un consumo más responsable. Pág: 209-231. Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-450-7

“Sabiduría para tiempos de turbación. Libros sapienciales y crisis económica” (2010) en Construir un nuevo modelo social: Provocación y propuesta cristiana. XV Jornadas de Teología sobre la Caridad, Enero-Marzo 2010, nº 133, pág: 85-108, Corintios XIII Revista de teología y pastoral de la caridad, Cáritas Española Editores, Madrid, ISBN: 978-84-8440-448-4

Envíame la petición como comentario y acuérdate de indicar qué artículos quieres y la dirección a la que tengo que enviártelos. Lo haré con la máxima brevedad posible.

Si quieres más información sobre estos u otros artículos escritos por mi puedes acudir a:

http://sites.google.com/site/enriquelluchfrechina/home/principales-publicaciones-1

 
 

La paradoja de la economía egoista

Artículo publicado en el diario Las provincias el martes 25 de Mayo de 2010 en la página 22

 

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Artículo publicado en Las Provincias

Artículo de opinión publicado en las Provincias el 22 de Abril en la página 24

 

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La crisis y la obsesión por el crecimiento: hacia un nuevo horizonte

Artículo de opinión escrito por mi en Las Provincias, Domingo 14 de Marzo de 2010, página-34

Llevamos muchos meses intentando analizar las causas de la crisis que estamos viviendo para intentar evitar que esta se produzca otra vez. Expertos de todo el mundo explican cuáles han sido los principales errores que hemos cometido y que han derivado en una cadena de circunstancias que están repercutiendo negativamente en la vida de muchas de las personas que nos rodean. Sin embargo, pocos de estos análisis intentan ir a la raíz de los problemas, al porqué último que provocó la liberalización excesiva de los mercados financieros, la falta de control de los productos derivados o la desorbitada expansión del crédito en un momento expansivo (política que iba en contra de lo que aprendimos en los primeros cursos de economía) Se han diagnosticado los síntomas pero con demasiada frecuencia se ha olvidado hablar de la causa que ha estado detrás de ellos.

Son muy pocos (aunque en número creciente) los que se atreven a decir que la verdadera razón de estos problemas es lo que he denominado en alguno de mis artículos la utopía del crecimiento. El crecimiento económico aparece como el objetivo final de nuestras sociedades. Todo lo hacemos para lograr que las cifras del P.I.B crezcan constantemente. Hay que producir más y más. El aumento de los bienes y servicios que producimos parece ser una garantía de que vamos a estar mejor, a tener una mejor educación, a gozar de una sanidad más avanzada y a una mayor creación de empleo. Solamente si crecemos podremos mantener el entramado económico y la paz social. Además, no basta con un crecimiento razonable, sino que tenemos que crecer más que nuestros vecinos, si no lo hacemos así, nuestro gobierno, nuestro país, está fracasando… Así, parece que la solución a esta crisis pasa por dos elementos claves: incrementar otra vez el consumo y lograr más productividad. El primero nos permitirá recuperar la senda del crecimiento gracias a lo que sucede en nuestro propio país, el segundo nos permitirá ser más competitivos a nivel internacional y así poder vender nuestros productos en otros países. Al final, vamos a solucionar nuestros problemas incidiendo en la causa principal que los ha provocado, más crecimiento económico.

Porque lo que pasó en los años previos a la crisis fue que, cuando el crecimiento parecía estancarse, aparecieron los bancos centrales y todo el sistema financiero rebajando los tipos de interés y facilitando el crédito. Había que prestar a todos aunque supiésemos que eran personas que iban a tener dificultades para devolver lo que les dejábamos. Para hacerlo construimos un entramado de productos financieros derivados y de financiación a través de préstamos estructurados y otras medidas de ingeniería financiera, que nos permitieron que todo siguiera funcionando como si no hubiese riesgo alguno en estas operaciones dudosas. Así logramos que el crecimiento se mantuviese, que hubiese movimiento económico, no nos estancábamos seguíamos avanzando… Las bases eran débiles, pero mientras todo se movía no había que perder el compás. Este baile continuó hasta que el eslabón más débil dejó de pagar. Se dio un problema de insolvencia que rompió la cadena de papel y el castillo de naipes financiero se cayó. Los afectados no fueron solo las instituciones financieras, sino también unas empresas acostumbradas a funcionar gracias a las continuas jeringas de crédito fácil que se inyectaban. Y no me olvido de los empleados, que ven cómo dejan de ser necesarios ya que los incrementos de productividad experimentados por sus empresas llevan a que se pueda prescindir de una parte de la plantilla cuando las ventas disminuyen.

Ante una situación de esta clase, los planteamientos más ortodoxos siguen el camino ya señalado: aumentar la demanda y la productividad. De una manera u otra, la mayoría de las propuestas que estamos viendo intentan seguir este camino. Sin embargo, existe otra vía que algunos se atreven ya a sugerir, que es la de modificar el objetivo económico de nuestra sociedad. ¿Para qué queremos seguir creciendo sin parar? ¿En qué medida esta actitud nos beneficia realmente? Está demostrado que el incremento del PIB redunda en una mejora de la calidad de vida cuando el punto de partida es bajo, es decir, cuando aquellos países que experimentan este crecimiento tienen una renta por habitante muy baja. Sin embargo, cuando los países somos más ricos, las mejoras del PIB no incrementan excesivamente nuestra calidad de vida o nuestro bienestar. De hecho, los economistas clásicos siempre vieron el crecimiento del PIB como un objetivo temporal. Ellos siempre consideraron que había que aumentar los ingresos por habitante hasta llegar a un punto en el que nos mantendríamos en lo que denominaban estado estacionario, es decir, de no crecimiento (o crecimiento cero). Sería un momento en el que la renta media sería suficiente para que la práctica totalidad de la población ya no pasase hambre o penalidades ligadas a la falta de alimentos, vestidos o casa. Ellos opinaban que llegado a un determinado nivel de renta no era necesario crecer más ¿Para qué? Más vale disfrutar de lo que se tiene.

Si estos economistas viviesen ahora, no dudarían al juzgar que países como el nuestro ya hemos alcanzado este nivel, sin embargo, seguimos obsesionados por crecer y lo que es más grave, por crecer más que los otros en una tonta competición sin sentido. Ante esta realidad, aunque parezca que nadie intenta plantear esta cuestión y cambiar de raíz los fundamentos de nuestro desempeño económico, este tema comienza a superar los ámbitos exclusivamente académicos. Los gobiernos inglés y francés (de diferente adscripción ideológica) ya han publicado sendos estudios en los que se plantean medidas alternativas al PIB (Prosperity without growth? y de la Commission sur la mesure des performances économiques et du progrès social). El mismo G20 incorporó en su último comunicado la necesidad de comenzar a buscar medidas alternativas al PIB que sirviesen para cambiar el objetivo económico por el que nos movemos. El octavo curso del Foro Universitario Juan Luis Vives que organiza el Ayuntamiento de Valencia titulado: “Medimos bien nuestro desarrollo económico y social? Nuevos indicadores de bienestar para orientar la acción política y económica” ha intentado profundizar en estas propuestas que a mi juicio son las que deberían centrar el debate político y económico para superar los malos momentos (en especial para los más desfavorecidos) que estamos viviendo en la actualidad. El futuro pasa por cambiar nuestro objetivo económico, esta es la cuestión clave que debemos plantear. Todo lo demás pasará por una vuelta al modelo actual y a esperar a la próxima burbuja (como nos recuerdan muchos de los economistas que analizan esta crisis).

 
 

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Hacia una nueva economía

Artículo de opinión de Eduardo Esteve Pérez publicado en El Levante el 13 de Marzo de 2010

Repasando la historia del pensamiento de las ciencias sociales en general, y de la ciencia económica en particular, se observa que los periodos de crisis son asimismo fecundos en cuanto a la generación de nuevas ideas y paradigmas de investigación. En terminología de Thomas Kuhn, expresada en su brillante libro La Estructura de las Revoluciones científicas, cuando un paradigma no es capaz de explicar los hechos empíricos para los que se ha elaborado, surgen las anomalías, lo que en función de su cuantía e importancia supondrá que un número creciente de investigadores se decanten por la elaboración de paradigmas diferentes, que pueden terminar fructificando y sustituyendo al anterior.

Como ejemplos podemos citar el surgimiento de la macroeconomía, con las seminales aportaciones de Keynes en su libro La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero de 1936, como consecuencia directa de la gran depresión, y de la inoperatividad del paradigma neoclásico dominante en la economía en ese momento, para explicar la caída en la producción superior al 25%, con una tasa de desempleo de la misma magnitud, así como para prescribir políticas que subsanaran la situación. O bien el surgimiento de la teoría de las expectativas racionales, y la preponderancia de la nueva macroeconomía clásica, a mediados de los años 70, por la incapacidad de la economía keynesiana de explicar y dar respuesta, a la situación de estanflación provocada por la crisis del petróleo.

La crisis actual ha regado el campo observacional de anomalías, incapaces de ser explicadas por el paradigma neoclásico dominante, el cual alberga entre sus supuestos: la teoría de los mercados eficientes de Eugene Fama, el comportamiento racional egoísta como modelo comportamental de los agentes económicos, la hipótesis de las expectativas racionales de Robert Lucas, la parcelación de las diferentes ramas de la economía sin la existencia de vasos comunicantes entre ellas, cierta desconexión de los modelos con la realidad al atender en exceso a su formalismo y coherencia interna, frente a su aplicabilidad práctica, y en el ámbito normativo, la marginación del objetivo bienestar y desarrollo económico de la agenda política ejemplificado en el uso del PIB como objetivo político.
De hecho partiendo del paradigma dominante, la actual crisis no es posible, debiendo introducir supuestos de comportamiento no racional, mercados no eficientes, expectativas no racionales, etc. Igualmente el incremento en 100 millones de personas malnutridas según el último informe de la FAO, provocado por la crisis hasta alcanzar la cifra de los 1000 millones es totalmente inaceptable.

Como respuesta a estas anomalías me gustaría citar dos elogiosos esfuerzos; el primero de ellos, la constitución en octubre del 2009 del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, fundado por George Soros y dotado con un capital inicial de 50 millones de dólares, con el objetivo de promover nuevas ideas económicas en su sentido más amplio, a través de conferencias, becas, simposios, y una nueva revista.

El segundo de ellos, el XVIII Foro Luis Vives impulsado por el profesor Enrique Lluch, y en particular el octavo curso, teniendo como finalidad identificar los problemas que presenta el PIB como objetivo político proponiendo medidas alternativas, más alineadas con los objetivos últimos de desarrollo y bienestar propios de una sociedad del siglo XXI, coligado con las propuestas entre otros economistas del conspicuo premio Nobel de Economía Amartya Sen.

 
 

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¿Es el crecimiento de la felicidad un sustituto del crecimiento económico?

Artículo de opinión de Jorge Guardiola publicado en el periódico Las provincias el 9 de Marzo de 2010

 
 

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¿MEDIMOS BIEN NUESTRO DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL? NUEVOS INDICADORES DE BIENESTAR PARA ORIENTAR LA ACCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA

Arranca el último curso del XVIII Foro Universitario Luis Vives

El Foro Luis Vives analiza el papel del PIB como

medida del crecimiento económico

Valencia (08/03/10). La XVIII edición del Foro Luis Vives que organiza la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Valencia entra en su recta final. De hecho, hoy ha comenzado el octavo curso, el último de cuantos componen el Foro y que se desarrollará en horario de mañana y tarde durante todo el día de hoy y de mañana 9 de marzo. Coordinado por Enrique Lluch, Profesor de Economía de la Universida C.E.U. Cardenal Herrera y Director del Foro de este año, el título del curso es: “¿Medimos bien nuestro desarrollo económico y social? Nuevos indicadores de bienestar para orientar la acción política y económica”.

Según ha explicado el coordinador durante la presentación del curso, en nuestras sociedades el éxito económico se mide sobre todo a través del PIB y su crecimiento. “Considerar éste como el objetivo de la acción económica tiene consecuencias directas sobre la clase de políticas económicas que se priorizan en nuestra sociedad”, ha afirmado el ponente. Sin embargo, según se ha señalado, este indicador presenta numerosos defectos ya que no tiene en cuenta la pobreza, ni las desigualdades, ni los problemas medioambientales, ni la libertad de elegir, etc. Por ello, en los últimos años han surgido indicadores macroeconómicos diferentes que intentan enmendar estos errores y presentarse como alternativas al PIB para medir el desempeño económico de una nación. “Este curso pretende ser un repaso de estos indicadores haciendo especial hincapié en aquellos que incorporan la medición de las desigualdades y de la pobreza, sabiendo que un cambio de indicador puede acabar repercutiendo en una modificación de las prioridades económicos” ha manifestado Enrique.

Eduardo Esteve Pérez, Profesor de Macroeconomía de la Universidad CEU Cardenal Hererra

La primera ponencia de la mañana “La Contabilización del P.I.B y su crecimiento como objetivo político” ha corrido a cargo de Eduardo Esteve, Profesor de Macroeconomía de la Universidad Cardenal Herrera C.E.U.

Según ha comentado el ponente, en la década de los años 20, los economistas Colin Clark y Simon Kuznets desarrollaron los sistemas de medición de la producción agregada. No obstante, no fue hasta llegados los años 40 cuando el PIB, es decir, el valor de mercado de los bienes y servicios producidos en un año, y más concretamente su tasa de crecimiento, se convierte en uno de los indicadores más relevantes en la evaluación del buen desempeño de una economía. Desde entonces, los recursos e instrumentos de política económica de los gobiernos (política fiscal, monetaria, laboral, sectorial, de competencia, tecnológica…), tienen por objetivo prioritario maximizar su crecimiento.

El motivo de la primacía del crecimiento del PIB, se encuentra tanto en el vínculo que se establece en los modelos económicos, como en la “creencia popular de que un mayor consumo implica mayor bienestar y desarrollo”, ha asegurado Eduardo. No obstante, el ponente también ha señalado que a lo largo de las últimas décadas su total supremacía ha sido contestada desde diversos foros, comisiones, y académicos apelando principalmente a dos líneas argumentales: “Se ha demostrado que el PIB no es una condición sine qua non para el bienestar, desarrollo económico, y la erradicación de la pobreza y, teniendo en cuenta esto, puede poner en peligro la sostenibilidad del crecimiento futuro”. De esta forma, pese a que en la actualidad se sigue manteniendo el PIB de facto como uno de los objetivos de política económica, “una parte cada vez más sustancial de la comunidad científica está dedicando sus esfuerzos a elaborar nuevos indicadores que se arroguen el suficiente consenso” ha concluido el ponente.

La siguiente intervención, “Los problemas que tiene el P.I.B para medir el desempeño económico” (si quieres acceder a ella teclea aquí) ha sido llevada a cabo por el propio Enrique Lluch, coordinador del curso y Director del Foro. En ella se ha preguntado al público asistente mediante una dinámica de grupo cuáles son los objetivos y las necesidades básicas que querrían cubrir en su vida. Mediante encuesta aportada por la organización, las opciones de poseer una buena salud y un buen desarrollo de las relaciones sociales han sido las más votadas. La pregunta que ha lanzado Enrique entonces ha sido: “¿Por qué el PIB mide bien las políticas económicas, el crecimiento económico de las naciones, pero no lo que realmente nos interesa?”. A partir de esta reflexión, eje alrededor del cuál ha girado la ponencia, el conferenciante ha señalado que a niveles muy bajos de renta un aumento del PIB sí que puede cubrir esas necesidades básicas, pero “una vez hemos alcanzado unos determinados niveles de renta, en los que ya tenemos cubiertas una serie de necesidades, un incremento del PIB no se antoja tan necesario, ya que no supone una mejora de nuestra manera de vivir (mejor salud, mayor felicidad, buenas relaciones sociales, etc)”. De esta amanera, Enrique ha hecho referencia a una serie de problemas que presenta el PIB como indicador macroeconómico. En primer lugar, el hecho de que el PIB no mide cantidades, sino precios, “esto ya es un problema en sí mismo” ha declarado el ponente. “Los precios no son objetivos y ajustados al valor real que deriva de las condiciones del mercado, ya que estos son imperfectos y pueden ser las consecuencias de juegos de poder”. El PIB tampoco refleja cambios en la calidad y solamente tiene en cuenta la inversión que se realiza en el año corriente, pero no descuenta la depreciación que tienen los bienes de inversión con los que ya se cuenta. Además, el PIB tampoco contabiliza la degradación del medio ambiente. “Con la obtención de recursos ambientales, que a menudo suponen la destrucción de nuestro entorno, nos enriquecemos, cosa que tampoco contabiliza el PIB, de alguna manera le sale gratis”, ha afirmado el ponente, “No obstante, esto afecta claramente de forma negativa a nuestras vidas”, ha añadido. Otro factor que no tiene en cuenta el PIB es el tiempo libre de las personas, uno de los principales indicadores del nivel de vida de las personas. La pregunta entonces es: “¿Quién gana con un incremento del PIB?”. Según el ponente, “parece claro que el PIB no refleja bien ni la calidad de vida de los miembros de una sociedad ni su bienestar, “¿por qué queremos entonces incrementar el valor de los bienes que se producen y venden en el mercado si eso no tiene una relación directa con la mejora de nuestras vidas?”, “¿Por qué seguimos utilizando el PIB como medida de mejora económica de la sociedad?”, ha planteado.

Enrique Lluch, Director del XVIII Foro Luis Vives y coordinador del curso

Tras la ponencia ha tenido lugar la Mesa Redonda: “¿Es posible mejorar el PIB como unidad de medida del desempeño económico de un país?”, moderada por Yolanda Polo, periodista experta en Cooperación Internacional y Género, y en la que han intervenido sendos ponentes de la mañana. Yolanda ha destacado algunas debilidades del PIB como medida de crecimiento y ha realizado un análisis desde la perspectiva del Desarrollo Humano y la perspectiva de género, según la cuál hombres y mujeres tienen diferencias a la hora de producir. “Mientras que el trabajo productivo (bienes y servicios que generan recursos y trabajo formal) está en manos de los hombres, el reproductivo y comunitario recae mayoritariamente en la mujer”, ha afirmado la ponente. Otros datos que ha destacado, son que América Latina es la región más desigual del mundo con un índice de Gini de 0,52 y donde el 10% de la población más rica tiene el 18% de los ingresos, teniendo “un reparto del PIB claramente no-equitativo”. Tras las reflexiones puestas en común por los tres ponentes, todos ellos han respondido a las preguntas del público asistente.

Eduardo Esteve, Yolanda Polo y Enrique Lluch

Ya por la tarde, a las 16.00h ha tenido lugar la ponencia “Contabilizar contando sobre Desarrollo Humano” que ha corrido a cargo de Isabel Royo, Profesora del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universitat de València.

Según ha explicado la ponente, situándonos en el periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial observamos cómo cada década, aproximadamente, resitúa la noción de desarrollo. Pero, a partir de la década de los 90 del siglo XX, tras las rupturas producidas a finales de los 80, aparece el primer Informe sobre Desarrollo Humano emitido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y en 1992 se celebró la Cumbre de la Tierra en Río. “La conjunción de la dimensión de sostenibilidad del planeta tuvo su complementariedad en la dimensión humana, como pre-requisitos de un desarrollo global”, ha afirmado Isabel quien ha destacado que, transcurridas dos décadas, podemos constatar la profunda influencia que han tenido los informes anuales del PNUD en el renovado significado del concepto de desarrollo. “Una renovación no sólo conceptual sino práctica en su cuantificación, que mejora la medición del desarrollo en términos estrictamente económicos”, ha señalado.

De esta manera, la ponente ha explicado a los alumnos asistentes términos como el concepto de Desarrollo Humano, destacando la definición que ofrece el PNUD: “proceso que busca incrementar las posibilidades de elección de las personas. Se refiere no sólo a las posibilidades de elección que permiten un mayor ingreso, sino también a aquellas que permiten a las personas desarrollar su potencial y llevar una vida productiva y creativa, de acuerdo con sus necesidades e intereses” y sus indicadores principales. “A grandes rasgos, la concepción subyacente de los informes es que el crecimiento económico del ingreso no asegura el desarrollo humano, porque el bienestar de un país no depende del ingreso en sí mismo, sino del uso que se dé a éste” ha explicado Isabel. Tras hacer un repaso a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la ponente ha concluido aduciendo que “Las nuevas líneas de trabajo se centran en las implicaciones que tiene la perspectiva del desarrollo humano en las políticas y estrategias de acción a nivel nacional e internacional, pero nunca debemos olvidar la dimensión local”.

La siguiente ponencia que ha tenido lugar, “Contabilizar el deterioro ambiental” ha sido llevada a cabo por Francisco Higón, Profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València. Éste ha comenzado su intervención destacando que el análisis económico ha alcanzado notables éxitos en la valoración de los resultados económicos. La contabilidad nacional refleja de forma bastante fiable los resultados directos del devenir económico pero presenta también muy importantes y preocupantes carencias. Entre ellas las referidas a la valoración de los efectos indirectos, muchos de ellos de carácter negativo, que se derivan del proceso económico. “Si bien es cierto que desde la formulación de la teoría de los efectos externos (externalidades) hace ya casi 100 años, los economistas contamos con el instrumental teórico necesario para considerar dichos efectos negativos, no es menos cierto que en la práctica la contabilización de los impactos medioambientales derivados de las actividades de producción y consumo que llevamos a cabo los seres humanos está todavía falta de muchas mejoras y de una correcta implementación”, ha manifestado el conferenciante.

El ponente también ha señalado que las técnicas de valoración que se utilizan para medir los daños ambientales, como puedan ser los análisis multicriterio o la técnicas de valoración contingente, ofrecen resultados que no dejan de ser meras aproximaciones a dichos impactos medioambientales pero permiten obtener, al menos, unos primeros resultados con los que matizar las tradicionales interpretaciones de las macromagnitudes nacionales como indicadores del desarrollo económico.

El medio ambiente es un elemento fundamental esencial para el funcionamiento de la economía: nos provee de materias primas, sirve de receptáculo para los residuos y en ocasiones ayuda a su regeneración, nos provee de servicios recreativos y sirve de soporte vital (meta-función)”, ha concluido Francisco.

Francisco Higón e Isabel Royo antes de sus respectivas ponencias

Tras ambas intervenciones ha tenido lugar la Mesa Redonda: “El desarrollo humano y el deterioro ambiental ¿Van ligados o podemos progresar sin atentar al medio ambiente?”, moderada por Enrique Lluch. En ella, todos los ponentes han tenido la oportunidad de profundizar sobre sus respectivos temas de ponencia y han planteado la pregunta: “¿Se puede realmente pensar en la consecución de un desarrollo sin medio ambiente?. Tras el habitual turno de preguntas del público asistente, se cerraba la jornada, penúltima de cuántas han conformado el Foro Luis Vives de este año.

Los participantes de la Mesa Redonda que ha puesto fin a la penúltima jornada del Foro

Hoy ha concluido la XVIII Edición del Foro Universitario Juan Luis Vives

Problemas sociales, trabajo doméstico e índices de

felicidad y bienestar ponen fin al Foro Luis Vives

Valencia (09/03/10). Más de 100 ponentes han pasado por el XVIII Foro Luis Vives, que comenzó su andadura el pasado 8 de febrero y hoy llega a su fin. En su habitual horario de mañana y tarde, la última jornada del foro nos ha dejado cuatro interesantes ponencias acompañadas de dos Mesas Redondas.

María Luisa Moltó, responsable de la primera ponencia

Medir los problemas sociales y el trabajo doméstico” ha sido el título con el que se ha englobado las dos primeras ponencias de la mañana. La primera, “Contabilizando la producción doméstica” ha sido llevada a cabo por María Luisa Moltó, del Institut Universitari d’Estudis de la Dona (I.U.E.D) de la Universitat de València. Según sus propias palabras, “uno de los objetivos principales de la ponencia es dar una respuesta a una pregunta relevante: ¿Cuál es el valor del trabajo no remunerado, tanto doméstico como de voluntariado?”. Está fuera de discusión que el gran volumen de trabajo no remunerado no tenga mucho valor. Pero, como ha destacado Mª Luisa, cabe preguntarse las razones por las que los gobiernos, que miden anualmente todo lo que se produce en un país, ya sea bienes, ya sea servicios proporcionados a todos los ciudadanos y ciudadanas de forma gratuita como la sanidad, la enseñanza, o bien previo pago cuando se reciben de empresas y compañías privadas, no dedican los recursos necesarios para medir de forma sistemática lo que costaría el mantenimiento cotidiano de los hogares de todo el país.

De esta manera, María Luisa ha abogado por utilizar una medida del valor de todos los bienes y servicios producidos para obtener una visión completa de la producción. “Así, tenemos en cuenta todo lo que se produce, tanto si pasa por el mercado como si no se intercambia a través del mercado”, ha asegurado la ponente. “Se trata de elaborar las cuentas extendidas de los hogares que permitan integrar la producción doméstica en el marco de la contabilidad nacional. Para ello la conferenciante ha manifestado la necesidad, en primer lugar, de valorar el trabajo no remunerado; en segundo lugar, de estimar el valor de los bienes que son utilizados para producir servicios en el proceso de producción doméstica y, por último, de estimar el valor de los servicios de los bienes de capital utilizados en la producción doméstica. “Es ilustrativo a efectos del diseño de políticas públicas saber que el valor del trabajo doméstico representa alrededor del 80% del valor de las producción doméstica que ha permanecido excluida del sistema europeo de cuentas nacionales.

Respecto a este trabajo y producción doméstica “imprescindible, pero que sigue siendo invisible para la ciudadanía y el gobierno”, la ponente también ha realizado un análisis en clave de género. Al parecer, tres cuartas partes del mismo continúa siendo, hoy en día, realizado por mujeres. La participación de los hombres recae sobre todo en torno a ofrecer cuidados y atención de pequeños (educación, juegos, etc) y mayores, y no tanto en el hogar o labores más duras. Esta desigualdad es menor en los países nórdicos como Dinamarca y Finlandia, donde tienen una pronunciada Sociedad del Bienestar y externalizan ciertas labores y cuidados. Según la ponente, las políticas de promoción de la participación de las mujeres en el mercado laboral deben ser comprensivas, integrando estrategias para la eliminación de estereotipos de género y adoptando medidas para la mejora del equilibrio entre la vida familiar y profesional. Las medidas. “La igualdad entre mujeres y hombres no es un fin en sí mismo, es un prerrequisito para conseguir los objetivos de crecimiento, empleo y cohesión social de la Unión Europea”, ha concluido María Luisa.

La siguiente intervención, “Contabilizar los problemas sociales” ha corrido a cargo de Víctor Renes Ayala, Representante de la Fundación F.O.E.S.S.A (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) de Cáritas Española y coordinador de su VIº Informe sobre “Exclusión y Desarrollo Social en España”.

La dificultad de contabilizar los problemas sociales deriva de su propia naturaleza, en tanto que tales problemas son siempre “en relación a…” los patrones y normas de una sociedad que considera adecuados para una vida digna”. Con esta reflexión iniciaba Víctor su ponencia en la que ha expresado la necesidad de superar las visiones economicistas de la pobreza entendida sólo como un problema de bajos ingresos. “Se trata de un proceso social de pérdida de integración que incluye no sólo la falta de ingresos y alejamiento del mercado de trabajo, sino también un descenso de la participación social y, por tanto, una pérdida de derechos sociales”, ha manifestado el ponente.

A este respecto, el informe F.O.E.S.S.A contribuye a analizar con mayor acierto todas las dimensiones implicadas en las problemáticas sociales. Según ha explicado el conferenciante, debido a la complejidad y el carácter dinámico de estos fenómenos existe cierto consenso en que deben incluirse, al menos, tres grandes dimensiones. La dimensión económica (de participación en el consumo y en la producción); la dimensión polaca (del ejercicio de la ciudadanía y de los derechos básicos); y la dimensión relacional (los lazos sociales y el tipo de relaciones sociales). Esta visión permite dar cuenta de tres aspectos claves: el origen estructural de los problemas sociales, su carácter multidimensional y su naturaleza procesual. “De acuerdo con esto, hemos realizado una propuesta de indicadores que nos permitan identificar y medir la presencia de los problemas sociales en la estructura social y realizar un análisis de la variable integración-exclusión aplicada al conjunto de la sociedad”, ha explicado Víctor.

Víctor Renes, coordinador del VIº Informe FOESSA sobre “Exclusión y Desarrollo en España”

Los contenidos del VI Informe FOESSA están estructurados en ocho capítulos, de los cuáles, el segundo “Desigualdad, pobreza y privación” es el que ha centrado la ponencia de Víctor. Algunos de los otros capítulos han sido explicados en otros cursos, siendo un informe de referencia constante por la mayoría de ponentes que han pasado por el Foro. La consulta del mismo es gratuita y se puede descargar a partir de la página web: www.foessa.es .

Tras ambas ponencia ha tenido lugar la Mesa Redonda: ¿Es posible medir bien el trabajo en casa y la problemática social?, ¿Qué aportaría esto a nuestra sociedad?, moderada por Enrique Lluch y en la que han participado los dos ponentes de la mañana que han aprovechado para explicar y matizar algunos detalles de sus respectivas exposiciones. Víctor Renes, ha señalado que a la hora de escoger un único indicador sintético de Bienestar, él escogería el de exclusión social, pues no deja de lado la pobreza extrema y es capaz de articular la dimensión entre sistemas económicos, sociales y políticos. “En el tema de estadísticas sociales hay un tema pendiente, andamos muy mal cuando sólo nos fijamos en el PIB de una nación” ha afirmado el ponente. Por su parte, María Luisa, ha destacado que ella apuesta por una sociedad cuidadora donde los servicios sean suficientes, con una participación equitativa de hombres y mujeres, y no tanto por el hecho de tener que pedir permisos largos.

El turno de ponencias de tarde, englobadas bajo el epígrafe “Los índices de felicidad y bienestar” comenzaba con la de Jorge Guardiola, Profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Granada quien ha llevado a cabo la ponencia “Medir la felicidad”. En ella ha planteado que no necesariamente un crecimiento en los índices que miden el crecimiento económico (el PIB básicamente) supone un crecimiento en los índices de felicidad.

El conferenciante ha comenzado destacando que la felicidad entendida como ciencia es difícil de definir. “La felicidad es un concepto huidizo y posiblemente carezca de definición científica o una categoría única”, ha afirmado. No obstante, en teoría, es un elemento fácilmente medible para la economía y la sociología que a la pregunta “¿cómo de feliz eres?” responde con variables objetivas atendiendo a criterios de renta, renta relativa, edad, sexo, estado civil y educación. De esta manera se han extraído conclusiones como que las mujeres son más felices que los hombres, que las personas casadas son más felices que las solteras, que los trabajadores son más felices que los parados, etc.

No obstante, Jorge opina que este sistema también posee una serie de puntos débiles. En primer lugar, la felicidad es un concepto cambiante a lo largo del tiempo e incluso varía en períodos tan cortos como las diferentes etapas de un día, pues está condicionada a los cambios de humor o a la actividad que se realice. Además, es un indicador difícilmente comparable entre países “¿A caso son los daneses más felices que los italianos?”. Otro inconveniente en la medición de la felicidad es que la gente se acaba adaptando a cualquier carga por muy dura que ésta sea, por tanto tampoco resulta un buen indicador de desarrollo.

Actualmente el paradigma del desarrollo, desgraciadamente, se centra sólo en el PIB” ha afirmado el ponente. Pero, de acuerdo con lo expuesto durante la ponencia, el utilizar el índice de felicidad en exclusividad tampoco parece una buena medida. “La solución pasa por no utilizar un solo indicador sino varios, una batería de ellos (felicidad, PIB, desigualdad, tasa de empleo…”, ha comentado.

La ponencia ha finalizado con una serie de consejos del autor para encontrar la felicidad en una sociedad de marcado sesgo mercantil como la nuestra. Entre ellos: ser uno mismo sin comprarse con otros, no maximizar nuestras necesidades, no consumir demasiada televisión, pues la publicidad nos induce a crear falsas necesidades y, por último, y citando a Fernando Pessoa: “La clave para la felicidad es esperar lo mejor y prepararse para lo peor”, ha concluido el ponente.

Jorge Guardiola, Profesor del Dpto. de Economía Aplicada de la Universidad de Granada

La última intervención de la tarde ha llegado de la mano de Mª de las Mercedes Molpeceres, Profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid, con su ponencia “Contabilizar el bienestar social”. En ésta se han presentado de forma divulgativa un variado conjunto de metodologías y técnicas que se han venido utilizando para explotar la información contenida en diversos conjuntos más o menos estructurados de indicadores sociales relacionados con el bienestar. En este sentido, y no exentos de un análisis crítico de cada uno de ellos, la ponente ha presentado distintas opciones como: baterías y sistemas de indicadores sociales, medidas monetarias del bienestar e índices sintéticos del bienestar.

De esta manera, en opinión de la conferenciante, el enfoque monetario (cuyo patrón de valoración son unidades monetarias como euros, dólares…, etc y usa agregados procedentes de los Sistemas Nacionales de Cuentas) presenta una serie de ventajas: metodología clara, accesible y unívoca, amplia disponibilidad y fuerte difusión, comparaciones relativamente sencillas…, etc. Pero su principal inconveniente radica en que no mide el bienestar social. “El PIB no se diseñó para medir el bienestar, no es el instrumento adecuado y se está utilizando para algo para lo que no fue diseñado”, ha destacado Mª de las Mercedes.

Por lo que respecta a las baterías o sistemas de indicadores sociales, estos presentan como ventaja que escapan del estrecho y cuestionado marco del patrón monetario de valoración, ya que permiten valorar cada faceta del bienestar social considerado su propio ámbito. “El problema aquí lo tenemos a la hora de conseguir una imagen global del asunto, pues es demasiada información la que se obtiene y demasiado separada”, ha señalado la ponente

Por último, las ventajas de las medidas sintéticas (sean cardinales, ordinales, etc) es que tienen la capacidad de atraer la atención pública al traducir a una dimensión un fenómeno multidimensional sin rechazar su complejidad. Pero también presenta carencias: “las limitaciones aquí vienen dadas por la limitada presencia de indicadores subjetivos, la escasa claridad y transparencia en los métodos de agregación/ponderación y el no tener una unidad de medida cosa que hace que su valor carezca de una interpretación significativa aislada” ha explicado.

Mª de las Mercedes Molpeceres antes de la ponencia

Tras esta intervención, el broche final lo ha puesto la última Mesa Redonda del Foro, “Nuevas propuestas para sustituir al P.I.B como medida del desempeño económico” moderada por Enrique Lluch, y en la que han intervenido los dos ponentes de la tarde. En ella, Jorge Guardiola ha señalado que un crecimiento de renta no necesariamente equivale a un crecimiento de la felicidad, como demuestra el hecho de que las guerras, la explotación de los recursos naturales o la desigualdad pueden generar mayor renta para un país, pero no mayor felicidad para sus habitantes. Por su parte, Mª de las Mercedes Molpeceres se ha centrado en la explicación de cómo se realiza el Índice de las Condiciones de Vida de los Sujetos. El habitual turno de preguntas por parte del público asistente ha puesto fin a la jornada de hoy y a la XVIII edición del Foro Luis Vives. Enrique Lluch ha manifestado al público universitario asistente su deseo de que hayan aprendido mucho y de que al menos recuerden que “existen otras maneras de pensar el desempeño económico, otros objetivos a los que dirigir nuestra acción comunitaria, y nuevas direcciones que explorar”.

Algunos de los ponentes de la jornada junto a Enrique Lluch, Director del Foro y coordinador del octavo y último curso

 

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XVIII FORO UNIVERSITARIO JUAN LUIS VIVES

El próximo lunes 8 de Febrero comienza el XVIII Foro Universitario Juan Luis Vives organizado por el Ayuntamiento de Valencia y del que soy el director.  Este año debido a la celebración del Año Europeo de Lucha contra la pobreza, tiene como lema “Pobreza y Exclusión ¿Un problema de todos?”

El programa es el siguiente:

Si quieres más información sobre cada uno de los cursos puedes teclear aquí

 

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Sabiduría para tiempos de turbación. Los libros sapienciales y la crisis económica

El pasado 7 de Noviembre participé en las XV jornadas de Teología de la Caridad en Guadalajara. Intervine en una mesa redonda con una miniponencia titulada “Sabiduría para tiempos de turbación: Los libros sapienciales y la crisis económica”. Esta ponencia derivaba de un artículo que se publicará en uno de los próximos números de la revista Corintios XIII. En él demuestro como, a pesar de la distancia temporal y de las diferencias que existen entre la sociedad en la que se gestaron los libros sapienciales de la Biblia y la nuestra, los consejos económicos que se encuentran en ellos son útiles para afrontar las cuestiones económicas más actuales. Es más, si hubiesemos seguido esos consejos, tanto en cuanto a nuestra relación con los ricos y al afán de riquezas, como a la gratuidad en la economía, a la laboriosidad, a la parquedad económica o a las recomendaciones enfocadas a las finanzas,  podríamos haber evitado muchas de las consecuencias negativas de esta crisis.  Con demasiada frecuencia olvidamos la sabiduría en nuestro día a día y nos comportamos con poco sentido común. Una mirada a la sabiduría bíblica, nos ayudaría a mejorar nuestro desempeño económico.

 

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“Minorías eclesiales ¿Un bien para la sociedad actual?”

“Minorías eclesiales ¿Un bien para la sociedad actual?” (2009) Cresol, Any-11, Nº 91, Pág: 27-28, Novembre del 2009, Unión Apostólica del Clero, Valencia

Artículo publicado en el último número de la revista Cresol.

Lo primero que he tenido que hacer para poder hablar de este tema con fundamento, ha sido utilizar las nuevas tecnologías introduciendo la expresión minorías eclesiales creativas en un buscador de Internet. Así me he dado cuenta de que se trata de una expresión acuñada por Benedicto XVI. Tal vez alguno de mis lectores puede sorprenderse de mi ignorancia en este aspecto, pero si es así no puedo más que decepcionarlos y pedirles disculpas, sinceramente, no lo sabía. Es más, me he dado cuenta de que la utiliza con relativa frecuencia, la última vez (al menos cuando estaba escribiendo este texto) fue el pasado 29 de Septiembre, día en el que preguntado por el rol de la Iglesia en una nación en la que los católicos son una minoría, el Pontífice señaló que “normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro”.

Sin embargo la mayoría de veces en las que ha hecho referencia a este término lo hacía hablando de los nuevos movimientos y comunidades. Se refería a ellos cuando expresó su confianza “en esas minorías creativas que son portadoras de las novedades en el hoy de la Iglesia”. Son ellas las que para él están trayendo un nuevo aire a la Iglesia que permite que esta se renueve constantemente para anunciar el evangelio de una manera más acorde con los tiempos actuales que siempre son nuevos.

Como se puede observar, el Pontífice romano introduce esta expresión para dos realidades distintas aunque similares. Por un lado para los cristianos como una minoría en el mundo actual que, a través de su creatividad y su visión de futuro, puede aportar mucho a la sociedad en su conjunto y a la construcción de una realidad mejor. Por otro a grupos minoritarios dentro del cristianismo que introducen una visión renovada y una fuerza impulsora y que ayudan a que la Iglesia ame más y cumpla así su misión de construir el reinado de Dios en la tierra.

Ahora bien, para que estas minorías cumplan bien su cometido de renovación del conjunto tienen que tener una vocación universalizadora que vaya más allá de su propio colectivo. Una minoría puede tener la tentación de quedarse encerrada en su grupo, separar lo que ellos hacen del resto, sentirse como los únicos elegidos, los más puros, los que mejor han entendido el mensaje y considerar al resto poco menos que inferiores. En estos casos, la minoría, por muy creativa que haya sido o que sea, va a quedarse en un simple grupúsculo que se regodeará en la autocomplaciencia, pero que no aportará gran cosa a los demás.

La minoría creativa va a ser un bien para los demás en la medida que ofrezca su creatividad a todos, en la medida que comparta su sabiduría, sus esperanzas y sus bienes con el conjunto. Debe estar dispuesta a que lo suyo propio deje de serlo para ser patrimonio de todos, debe prepararse para dejar de ser minoría y pasar a ser mayoría. Sin esta vocación, universalizadora (que tan bien representó San Pablo entre los primeros cristianos) las minorías creativas se pueden quedar en una mera anécdota, en algo que no haya sido ni útil ni inútil para el conjunto, sino indiferente para la mayoría.

Por ello creo que tanto a nivel intraeclesial como extraeclesial, debemos intentar ofrecer nuestras aportaciones al conjunto con humildad. No se trata de que todos vayan a la minoría, sino de que esta amplíe sus horizontes para convertirse en pauta general (aunque sea a costa de perder parte de sus formas, que no de su esencia) Para conseguirlo, no se puede avasallar. No se puede imponer o amenazar a aquellos que piensan de otra manera o ven lo mismo de otro modo. Debe hacerse desde el amor, hay que poner el carisma propio al servicio de la mayoría, aportando así la sabia fresca y las nuevas ideas que el conjunto necesita. Convenciendo así de lo positivo que aporto a los demás.

 
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Publicado por en noviembre 12, 2009 en Desarrollo económico

 

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La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

La crisis económica a la luz de la Caritas in Veritate

Los próximos días 20 y 21 de Noviembre en la sede del Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid, tendrán lugar unas jornadas que pretenden analizar la actual crisis económica a la luz de la Encíclica Caritas in veritate.

La crisis en la que estamos tiene sus raíces económicas, pero no podrá superarse totalmente  sin atender a los problemas éticos que la han sustentado.

Los comportamientos que han provocado la crisis no solo han sido legales en la mayoría de las ocasiones, sino que estaban legitimados por el pensamiento dominante y por la escala de valores que priman en nuestra sociedad. Para evitar que estas situaciones se vuelvan a repetir, no solo hay que cambiar estos comportamientos, sino también el entorno ético que los rodea y los legitima.

La encíclica Caritas in Veritate sirve de piedra de toque para entender de una manera más humana la economía. Estudiar lo que ha sucedido a la luz de las enseñanzas de la encíclica puede permitirnos encontrar pistas válidas para construir un futuro en el que estos comportamientos no sean tan generales.

Estas Jornadas han sido organizadas por el Instituto Superior de Ciencias Morales con el propósito de contribuir a un debate social necesario en el que no vale solamente poner parches, sino que hay que afrontar las raíces éticas de una crisis que está afectando gravemente a gran cantidad de personas.

Páginas de Folleto jornadas crisis económicaPáginas de Folleto jornadas crisis económica1

Información e inscripciones

Secretaría del ISCM
Horario: lunes a viernes (no festivos) 9:30h-13:00h
Teléfonos: 91 353 30 40 – 91 345 36 00
secretaria@iscm.edu

Inscripción: 25 €
Forma de pago:
– En la secretaría del centro.
– Por transferencia bancaria hasta el 18 de noviembre de 2009: Banco Santander 0049 0469 18 2410104823. Indicar: “JORNADAS” y nombre del participante. Confirmar pago por teléfono o e-mail con los datos completos del participante.

Lugar

Instituto Superior de Ciencias Morales
C/ Félix Boix, 13. 28036 Madrid
Metro: Plaza de Castilla.
Bus 27, 147 y 150.
Ver plano.

 

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“Construir un nuevo modelo social: provocación y propuesta cristiana”

Los próximos días 6, 7 y 8 de Noviembre de 2009 se van a realizar en Guadalajara las XV Jornadas de Teología sobre la Caridad que se titularán esta vez “Construir un nuevo modelo social: provocación y propuesta cristiana”.

La temática de las jornadas está de plena actualidad y pretende leer la actual crisis económica desde los más pobres. El hecho de que la bonanza económica no permitiese reducir la pobreza (como ha demostrado el VI Informe Foessa) hace que las consecuencias de esta crisis sobre los más desfavorecidos resulte dramática. El impacto que está teniendo sobre las capas más pobres de nuestra población está poniendo al descubierto la debilidad de nuestro modelo social y de los soportes del bienestar y del desarrollo en que éste se sustenta.

Ante esta realidad, en estas estas jornadas, los ponentes ponentes pretendemos aportar la luz de la fe y de la doctrina social de la Iglesia para estimular una reflexión sobre cómo solventar estas carencias, a partir de unas acciones que recuperen la centralidad de la persona y del desarrollo humano como camino hacia un nuevo modelo social.

Nuestra formación mixta de teológos y economistas, lo que nos permite una visión que va más allá de las habituales recetas  expresadas por los especialistas en economía. Mi intervención se va a centrar en analizar las enseñanzas de los libros sapienciales del Antiguo Testamento que pueden servirnos para construir ese nuevo modelo social basado en otros valores diferentes a los que priman en la sociedad actual.

Las jornadas están organizadas por Cáritas Española y se celebrarán  en el Colegio Diocesano Cardenal Cisneros de Guadalajara.

Si se quiere más información sobre ellas se puede acudir a

http://www.caritasalamanca.org/uploads/media/H_2167_Avance_Jornadas_Teologia_Caridad_2009.pdf

 

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