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La economía de la rosquilla

19 Mar

Artículo publicado en el número 1636 de Febrero de 2021 de la revista Noticias Obreras (Pág: 12-13)

La ciudad de Ámsterdam ha comunicado que va a relanzar su economía ante el coronavirus adoptando el modelo de economía de la “Rosquilla” (Doughnut Economics en inglés). La Economía Rosquilla es una propuesta de la economista británica Kate Raworth que está en la línea de repensar el paradigma economicista que prima en la actualidad y muy relacionada con lo que hace la economía circular, la economía civil, la economía del bien común y tantos otros. De hecho, ha sido una de las ponentes principales en el evento de Economía de Francisco que se celebró on line el pasado mes de Noviembre.

Por eso podemos englobar sus ideas dentro del grupo de personas que estamos repensando la economía de una manera crítica ante un economicismo enfocado solo al crecimiento económico que deja a muchos detrás, esquilma los recursos de la tierra y no nos lleva a una vida plena. Un conjunto de economistas que no nos quedamos en la crítica a lo que hay, sino que realizamos propuestas para intentar reorientar la economía en una dirección diferente. El siglo XXI tiene que ser un momento en el que apostemos por otras maneras de actuar económicamente que sean más equitativas, más sostenibles y más ajustadas con aquello que hace felices a las personas.

Hecha esta pequeña introducción, creo que es una buena noticia que una ciudad como Ámsterdam, capital de un país pequeño pero rico, decida cambiar el modelo de gestión de su economía. Necesitaríamos que hubiese más gobiernos, ya fuesen de ciudades, de regiones o de países, que comenzasen a dar pasos en esta dirección. Porque el pensamiento necesita de gestores valientes que se aventuren en el riesgo que supone cambiar, ser pioneros e intentar plantearse las cosas de una manera diferente a la que se da en la actualidad.

Aunque desconozco los detalles concretos de cómo el consistorio ha llegado a esta decisión, sí que me gustaría aportar algunas cuestiones que creo que son imprescindibles para que unas medidas así lleguen a buen puerto y no se queden en buenas intenciones que son olvidadas o dejadas a un lado en el momento en el que entra otro partido en el consistorio o en el gobierno.

Al tratarse de un cambio de paradigma y no de unas medidas que se toman para llegar al mismo objetivo que se planteaba con anterioridad, se precisa del máximo acuerdo posible. No puede ser una política partidista, en la que se propone cambiar el paradigma como algo que dice mi partido en contra de quienes están en otras posiciones políticas. Un cambio de paradigma es algo en lo que deben de participar la mayoría de las personas y organizaciones que componen una sociedad. Debe sacarse de la contienda partidista para ser, lo que podríamos denominar, una “política de Estado”.

La contienda política ya vendrá después, cuando en el nuevo marco de actuación debatamos sobre cuáles son las medidas más adecuadas para lograr el objetivo común, pero no previamente. Lo verdaderamente necesario en estos momentos es construir un consenso sobre el paradigma, porque si no lo hacemos, es prácticamente imposible lograr un cambio si no es por la fuerza.

Alguien puede pensar que esto es difícil y no se equivoca, es complicado pero no imposible. Hay personas en todos los partidos políticos y de todas las tendencias que son receptivas al cambio de paradigma. Hablo y doy cursos a gente de muchas tendencias distintas y con frecuencia enfrentadas entre sí y siempre les propongo el cambio de paradigma económico como alternativa para poner fin al economicismo reinante y poner la gestión económica al servicio de las personas y del planeta. Lo que encuentro siempre son personas receptivas a este cambio y que creen que ello mejoraría la sociedad en la que nos encontramos. Da igual que sean de un lado o de otro, hay una conciencia en la necesidad de un cambio que cada día es mayor en todos los ámbitos de la sociedad.

Para aglutinar a personas de distintos espectros ideológicos en pos de un nuevo paradigma necesitamos también potenciar algo de lo que ha hablado Francisco en su última encíclica Fratelli tutti: el diálogo. Porque solamente desde ahí podemos superar la lucha fratricida en pos del poder, del voto y del triunfo que se da en una sociedad excesivamente competitiva y demasiado meritocrática. Conversar con el que piensa diferente a mí me permite poder encontrar puntos en común donde pienso que solamente existen elementos que nos alejan y nos enfrentan.

El segundo punto imprescindible para poder enfrentar este camino es la humildad. No vamos a ser capaces de encontrar el camino perfecto, este no existe. Solo podemos reorientar la economía e intentar dar pasos para que la organización social y económica se dirija en una dirección distinta a la actual y que sea más humana y más respetuosa con la creación. No podemos pretender que tenemos toda la verdad o todas las claves para solucionar todo lo que está mal. Tan solo tenemos propuestas que creemos que pueden tener unos resultados mejores que las que se están aplicando en estos momentos.

Por eso necesitamos contrastar con los otros, probar nuevas políticas, realizar intentos sabiendo que nos podemos equivocar porque aventurarse en un terreno desconocido es tener muchas posibilidades de errar, de tomar sendas que no nos llevan donde queremos, de tener que volver atrás para reencontrar el camino adecuado. Ser valiente para emprender sendas inexploradas hasta ese momento supone ser consciente de nuestra pequeñez para, desde el respeto a los demás, avanzar en una dirección que creemos que es mejor.

Por todo ello debemos dejar a un lado la lucha partidista y enfrentarnos a los problemas reales de la población y de nuestra sociedad buscando esos caminos que nos permitan cambiar una organización social totalmente economicista que pone a todos al servicio de objetivos de crecimiento y rentabilidad financiera. Cada entidad de la sociedad puede ponerse en marcha a su nivel. No es necesario que lo hagan los gobiernos o las instituciones comunitarias antes, puede asumirse como ha hecho Ámsterdam a nivel municipal, o a escala de empresa o simplemente a nivel de una asociación o movimiento.

Cambiar el paradigma económico no es una cuestión de un partido político u otro, sino que es una llamada que tenemos todos para, a partir de sentirnos hermanos, emprender ese camino de diálogo fraterno que nos lleve a reconsiderar todas las ideas económicas que se han visto como únicas e inamovibles desde el siglo pasado. Recomiendo encarecidamente leer y releer la nueva Encíclica de Francisco para comprender bien nuestra llamada al diálogo fraterno y a repensar el paradigma economicista que prima en nuestra sociedad.

 

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