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Francisco y los movimientos populares

16 Mar

Artículo publicado en el número 1634 de diciembre de 2020 de la revista Noticias Obreras (Pág: 12-13)

Acabo de leer el documento que los Movimientos Populares hacen llegar al papa Francisco y a todos quienes participamos de alguna manera en el encuentro de Asís titulado Economía de Francisco. Mi primera impresión después de la lectura de sus ocho páginas es la de sentirme abrumado y siento la necesidad de volver a leer las 53 propuestas (si no me he equivocado al contarlas ya que no están numeradas) para poder hacerme una idea más precisa del texto.

Porque la esencia del documento es esta, las 53 propuestas divididas en cinco campos 1.- Ecología integral y bienes comunes, 2.- Democracia económica, 3.- Tierra, techo y trabajo, 4.- Educación, salud, comunicación y tecnología y 5.- Soberanía, movilidad humana y paz. Con estas propuestas los movimientos populares pretenden “aportar elementos para imaginar un sistema alternativo superador, erradicando la idolatría global del dinero que estructura la economía global y nuestras vidas; dándole centralidad a la naturaleza, las mujeres y los hombres.”

Como punto de partida quiero aclarar que comparto la pretensión del documento y creo que está en la línea de lo que quiere también el encuentro de Economía de Francisco. Opino que es una aspiración mucho más generalizada de lo que podría percibirse en el debate público, pero que muchas personas no tienen claro cómo hacerlas realidad y otras quieren hacerla compatible con el objetivo primordial que es ahora el crecimiento económico.

Compartir la pretensión final no se traduce en mi caso en estar de acuerdo con todo el contenido del mismo. Me apena ver lo que desde mi opinión es un error de bulto en el análisis inicial que creo que se habría podido evitar fácilmente. Me refiero a la frase que dice “Conocemos el poder del dinero para subordinar a los gobiernos, sostener el status quo, ampliar los privilegios de las élites y reducir los derechos de las mayorías”. Opino, sinceramente, que no es el dinero quien subordina los gobiernos, sino los prestamistas a los que tienen que recurrir por el elevado endeudamiento en el que incurren, el afán de mayores ingresos que corroe a las personas, a las empresas y a los mismos gobiernos y una organización económica basada en la búsqueda egoísta de tener más. El dinero es simplemente un instrumento que podemos utilizar de muchas maneras. De hecho, una de las propuestas del documento es “establecer una nueva moneda internacional”¿Por qué vamos a proponer una nueva moneda si el dinero tiene ese poder? ¿No sería mejor entonces una sociedad sin dinero si este es tan malo?

Y esto me sirve para enlazar con lo que para mí es la debilidad mayor de este documento que contiene elementos interesantes como en seguida voy a contar. Al centrarse en todas estas medidas, olvida tratar algo de lo que creo que sí que estamos hablando en Economía de Francisco: la necesidad de cambiar de paradigma económico. Porque todas estas propuestas no solo son “brindis al sol” si nos mantenemos en el actual paradigma, sino que lo verdaderamente revolucionario (a mi modo de ver) es, precisamente, comenzar a pensar la economía desde otra perspectiva, modificar nuestras creencias económicas sobre lo que es bueno y malo y conseguir que, ese cambio de pensamiento, seduzca a personas, empresarios, gobiernos, instituciones, académicos, etc.

Solamente desde un cambio de paradigma tienen sentido las medidas que se proponen en el documento. Al igual que durante el siglo XIX y XX se cambia el paradigma económico para poner toda la sociedad al servicio del crecimiento económico, enalteciendo la búsqueda del propio beneficio, la eficiencia y una organización de los mercados que potencia a aquellos que tienen la capacidad de grandes ganancias, tendremos que construir un cambio de paradigma que identifique la bondad económica no con tener más entre todos, sino con que todos tengan al menos lo suficiente. Un paradigma que construya mercados e instituciones económicas que busquen cultivar la creación y guardarla para un futuro en lugar de explotarla.

Este cambio de paradigma llevará a la realización de muchas de las propuestas del documento, estoy convencido. Otras no creo que tengan unos resultados positivos tan claros y evidentes. De hecho, las medidas contempladas son muy variadas. Recomiendo leer el documento para hacerse una idea porque en un espacio tan reducido como este me es imposible analizarlas todas.

Las relacionadas con la ecología integral son interesantes y creo que gran parte de ellas son acertadas. Las que buscan una democracia económica son, a mi modo de ver, más polémicas y cuestionables que las anteriores. Desde la renta mínima internacional (que no básica), hasta la eliminación de las instituciones de Bretton Woods (¿es necesario eliminarlas o pueden reconvertirse?) o los controles de precios (¿qué sucede con los efectos negativos que estos generan?)… Creo que la única que puede generar un consenso generalizado es la de eliminar los paraísos fiscales. Las otras tendríamos mucho que discutir para ver cuáles son las más eficaces para lograr los objetivos del nuevo paradigma.

Las propuestas en cuanto a tierra, techo y trabajo, son mucho menos polémicas (a mi modo de ver) y van desde el derecho a un trabajo digno (se entiende que remunerado) hasta el replanteamiento de las políticas de urbanización y de reparto de la población en el territorio. Lo mismo sucede con las propuestas de educación, salud, comunicación y tecnología, muchas de las cuales deberían ser ya una realidad en nuestro planeta. En las propuestas de soberanía, movilidad humana y paz, vuelven a aparecer algunas muy cuestionables como el derecho de autodeterminación (que pueden ir en contra de la solidaridad que se defiende en el resto del documento cuando la ejercen territorios ricos) o el control estatal de muchos sectores económicos (tal vez es suficiente con una regulación que lleve los mercados en otra dirección).

En esencia, creo que lo clave ahora no son tanto las medidas sino el cambio de paradigma y, a partir de saber donde queremos ir, podremos después ver cuáles son las propuestas que nos llevan en esa dirección sin prejuicios, abiertos a comprobar qué es realmente lo mejor. El documento es positivo para aportar motivos para el diálogo y la discusión en torno a la economía de Francisco. Las conclusiones que han estado trabajando cientos de jóvenes de todo el mundo durante los últimos meses son solo el principio de lo que quiere ser un amplio movimiento que apueste por cambiar el paradigma económico.

 
 

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