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Vivir el encierro en otra clave

27 May

Comparto con vosotros una artículo de un amigo turolense, Diego Loras Gimeno, en el que comparte cómo ha vivido la época de encierro. El artículo fue publicado en el Diario de Teruel la semana pasada.

Otro modo de vivir

Definitivamente este tiempo de confinamiento nos ha marcado. Muchas reflexiones se han hecho sobre si la sociedad será diferente después del Covid19 o si todo seguirá igual que antes. Sin embargo, lo que seguro podemos decir es que hemos vivido de otra manera, desde algunas dinámicas que nos hacen más felices.

El primer descubrimiento positivo de la cuarentena ha sido que hemos convivido más tiempo y con más intensidad con las personas que viven habitualmente en nuestra casa. Nos hemos dado cuenta de que las personas no somos islas aisladas en este océano que es la sociedad, sino que somos con los otros. Los rostros concretos de las personas que nos rodean son importantes en nuestra configuración personal. Hemos descubierto la mentira del individualismo. Dependemos unos de otros y es mejor que así sea.

También hemos tenido más tiempo libre en la mayoría de casos. Tanto tiempo que antes utilizábamos en los desplazamientos, en acudir a eventos innecesarios o en ir a comprar con una frecuencia mayor. Antes del Covid, una de las quejas más frecuentes era que no teníamos tiempo para hacer las cosas con las que de verdad disfrutamos. La falta de tiempo se había convertido en una de las tiranías de nuestra sociedad. Y de repente parece que si establecemos bien las prioridades, realmente si que hay tiempo para disfrutar de nuestras aficiones.

El tiempo libre nos ha llevado a otro descubrimiento: el silencio. Aunque entre tanta videollamada, Netflix y Spotify ha sido difícil, seguro que hemos tenido el lujo de estar más de una hora de silencio. Igual hay quien se ha replanteado algunas de las grandes preguntas de la vida: ¿Quién soy? O ¿Qué hago en este mundo?

Pero en el silencio no solo ha habido tiempo para preguntas. Con un poco de suerte también hemos podido acallar nuestra mente para escuchar. El creyente quizás ha redescubierto la oración y el no creyente puede que haya empezado a hacer meditación. Algunos se han podido asombrar con este cambio de perspectiva, desde estar mirando distraídamente al exterior, hacia contemplar atentamente nuestro interior.

Eso si, a las ocho de la tarde nada de silencio… ¡Todos a aplaudir! Hemos descubierto que somos más solidarios de lo que nos pensábamos. Además ha habido comandos vecinales organizando la compra para los ancianos de la comunidad o haciendo mascarillas a mano para nuestros héroes sanitarios. Esta solidaridad tenemos que potenciarla. En un mundo en el que todo es competitividad, ¿Quién querría vivir? Las grandes revoluciones sociales siempre han fracasado porque les ha faltado la solidaridad que sale del corazón de cada uno. Sin solidaridad, la libertad y la igualdad no pueden construir un mundo mejor.

Otra clave de nuestro confinamiento ha sido nuestra reducción de consumo. Por primera vez en mucho tiempo, algunos hemos distinguido con claridad entre lo necesario y los superfluo, entre lo que son deseos y lo que son necesidades. Nos hemos dado cuenta de que los eslóganes de las ONGs eran verdad: “Se puede vivir con menos”. Y puede que hasta se viva mejor. Lo que más hemos echado de menos esta cuarentena han sido relaciones, no objetos materiales. Si se hubiera podido pedir un deseo por habitante, la mayoría no habrían sido viajes, móviles o ropa de marca. Hubiéramos pedido estar con los amigos o visitar a familiares que no viven con nosotros. La sociedad del consumo nos ha engañado y es un buen momento para cambiar nuestra manera de consumir.

Por último, no podemos olvidar el medio ambiente. Hemos reducido drásticamente la contaminación de la atmósfera, los bosques, los ríos y los mares. La producción de objetos innecesarios se ha parado en seco, los viajes en avión se han reducido a los imprescindibles y lo que no habían logrado los grandes acuerdos políticos sobre el clima, lo está logrando esta pandemia. Parecía que detener el cambio climático era una quimera y sin embargo ahora sabemos que es posible. Nos tenemos que tomar esto en serio como sociedad. Estamos a tiempo y podemos vivir bien en un modelo con pocas emisiones de CO2 y cuidando nuestra casa común que es el planeta Tierra.

Seguro ha habido muchos más descubrimientos esta cuarentena, pero solo con estos nos basta para darnos cuenta de que es posible otro modo de vivir. Es un buen momento para replantearnos los fines de nuestra vida y empezar a vivir desde otras claves.

 
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Publicado por en mayo 27, 2020 en Uncategorized

 

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