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Tecnologías y economía: Cómo se relacionan

07 Abr

El miércoles 8 de Abril entre las 18:00 y las 19:00 tenemos la siguiente sesión de nuestras conversaciones abiertas.

Esta vez vamos a ver las relaciones entre el avance tecnológico y el quehacer económico.

Os remito, como siempre, un artículo de introducción al tema para quienes queráis participar en la conversación y para quienes no queráis o no podáis y os interese leerla.

Recordad que podéis invitar a quien queráis, la entrada y la participación es libre sin ninguna restricción.

El enlace para esta reunión es: https://eu.bbcollab.com/guest/30129850277946ed89b3b541f1d8011f (este enlace valdrá para todas las reuniones de los miércoles)

En esta ocasión vamos a tratar un tema muy extenso como es la relación entre las tecnologías y el quehacer económico. Esto hace que este pequeño artículo y la conversación que podamos tener posteriormente va a ser necesariamente incompleto, solo podremos abordar alguna de las muchas implicaciones y ramificaciones que tiene este tema. Probablemente, necesitemos algún otro artículo y otra conversación para profundizar en otros aspectos que no nos de tiempo a abordar en la primera.

Tecnologías y economía: Cómo se relacionan

Las tecnologías suelen despertar pasiones encontradas. Algunos piensan que son el origen de todos nuestros males y otros ven en ellas la esperanza de que el mundo sea mejor y la posibilidad de solucionar muchos de sus problemas. Esta manera de posicionarse ante las tecnologías no es nueva, proviene de finales del siglo XVIII y se desarrolló especialmente en el siglo XIX cuando el cientifismo tomó tintes religiosos y parte del cristianismo vio las tecnologías como algo intrínsecamente malo. Pero no quiero hacer historia sino aclarar, que desde mi punto de vista, estas visiones están desenfocadas. Porque no son las tecnologías quienes hacen mal o bien a la sociedad, sino cómo las utilizamos las personas.

adentro, apple, colores

Pocas veces podemos encontrar desarrollos tecnológicos intrínsecamente buenos o malos (en este segundo caso se me ocurre las bombas de destrucción masiva a las que me es difícil encontrar algún uso positivo), la mayoría pueden ser utilizados para mejorar la sociedad o para lo contrario. Por poner un ejemplo muy sencillo, una azada puede ser utilizada para labrar un campo o para cavar una fosa en un campo de concentración, la responsabilidad de su uso no es de la tecnología, sino de quiénes la utilizan.

Por eso, cuando hablamos de la tecnología y la economía, estamos hablando de para qué utilizamos esta tecnología, de cuáles son las consecuencias del uso que realizamos de ellas y si estas son negativas, cómo hacer para mejorarlas. Este va a ser el esquema de estas líneas, que abordan, como ya he comentado al principio, tan solo algunos aspectos de esta relación.

La aplicación económica de las tecnologías tiene un objetivo claro en la mayoría de los casos: reducir los costes para incrementar el margen de beneficios de las empresas. Esto ajusta con el fin conjunto de nuestra organización económica y con el camino que se considera más adecuado para conseguirlo: un crecimiento económico elevado que se logre a través de potenciar que empresas y personas busquen su propio beneficio y tengan el menor número de trabas para lograrlo y la posibilidad de precios más bajos para que la gente pueda comprar más con sus salarios.

Una de las maneras para hacerlo es traspasando parte del proceso productivo y de venta del bien o servicio al cliente y ahorrar así costes laborales. Lo podríamos simplificar como el “hágaselo usted mismo”. Así la información la tenemos que buscar en Internet o en las estanterías y dejamos de tener personas asesorándonos en las tiendas, pasamos nosotros los productos por caja, nos ponemos la gasolina, compramos en máquinas expendedoras, montamos nuestros muebles, hacemos los pedidos en el restaurante a través de pantallas situadas en él, realizamos nuestras operaciones bancarias en casa, etc.

También se ha incrementado y generalizado la venta a distancia. Ya no es necesario desplazarse al lugar de venta porque puede adquirir los productos y recibirlos rápidamente en su propia vivienda. Esto permite que se ahorre espacio en tiendas (menos alquileres), en tenderos (menos salarios) y se pueda centralizar en centros de distribución en las afueras (más baratos) que remiten los pedidos a cualquier vivienda de los alrededores. Además, el hecho de poder incrementar la cantidad vendida hace que los márgenes de venta se puedan reducir ganando lo mismo (por cantidad) y se tiende a la concentración empresarial y la reducción de la competencia.

Se facilita la evasión de impuestos a través de llevar las empresas a los denominados paraísos fiscales. Sin un sistema financiero mundial conectado que permite pasar el dinero de un país a otro con mucha facilidad, difícilmente se podrían haber estructurado estas plazas. La facilidad y el abaratamiento del transporte internacional y de las comunicaciones permiten la existencia de empresas que tienen su producción dividida en distintos lugares del mundo buscando los costes más bajos. La posibilidad de mecanizar procesos ahorra costes laborales al sustituir a las personas por máquinas que realizan sus trabajos. Al igual que la venta a distancia, también favorece este proceso la concentración empresarial.

Las consecuencias de esta manera de utilizar la tecnología son varias. La primera es que se reduce el empleo, ya que gran parte de ella surge, precisamente, para esto. La entidad de este fenómeno es discutido por los teóricos. Mientras que algunos afirman que la pérdida de empleo va a ser irreversible, otros recurren a la historia para argumentar que el empleo se reajustará pero finalmente se incrementará. De lo que se habla menos es de la clase de empleo que se va a crear. Porque si bien en el pasado la creación de empleo derivada de la pérdida de trabajos por los avances tecnológicos era de puestos más cualificados y mejor remunerados, en estos momentos parece que está sucediendo lo contrario, y la creación de empleo se da en trabajos menos cualificados, peor remunerados y más precarios.

Los clientes (y con frecuencia los trabajadores) ven incrementado su trabajo, ya que son ellos quienes tienen que cargar la gasolina, teclear sus compras, realizar sus gestiones bancarias, etc. En lugar de ahorrar tiempo y trabajo al cliente, la tecnología ahorra costes a las empresas externalizando labores que antes hacían ellas mismas. El teletrabajo también permite ahorrar costes en oficinas y alquileres, traspasando estos al trabajador. Con frecuencia, esto viene acompañado de una despersonalización del intercambio. Los empleados cualificados que intermediaban entre el bien comprado y el comprador son sustituidos por máquinas y realizamos los intercambios sin contacto entre personas, el elemento relacional de la economía se reduce o suprime. Esto hace que se reduzca casi totalmente la flexibilidad en el intercambio y que sea difícil la gratuidad y la gratitud.

La generalización de las venta a distancia tiene muchos de los problemas anteriores, más otro medioambiental, ya que se incrementa mucho el número de envases (más basuras) y los traslados de los transportistas (contaminación). Algo parecido sucede con la globalización de la producción que conlleva un incremento elevado de los transportes internacionales que incrementan la contaminación. Además, producir en muchos lugares del mundo hace que el uso de recursos aumente ya que los ahorros de costes se realizan por encontrar los factores más baratos, no por ser más productivos, y la necesidad de largos transportes presiona al uso de recursos..

Evitar las consecuencias negativas de las tecnologías se consigue utilizándolas de otra manera o con otras finalidades. Cuando toda la economía se centra en lograr el máximo beneficio, difícilmente se puede cambiar o modificar estos usos. Pero si incorporamos una concepción de la economía como la hablada en la segunda conversación, la manera de utilizar estas tecnologías puede cambiar. Los objetivos de este enfoque diferente irían en la línea de recuperar el componente relacional de la economía, poner las tecnologías al servicio de la mejora del medio ambiente, reducir los trabajos alienantes y no los creativos en la cadena de producción y venta, potenciar aquellas empresas que tuviesen mejores ratios entre empleo y facturación, etc.

Para llevarlo a cabo es preciso, no solo cambiar el objetivo de la economía, sino también establecer una estrategia combinada que debe tener en cuenta los agentes económicos: las familias, a través de su responsabilidad como compradores; las empresas a través de potenciar estrategias que prioricen su función social; las entidades financieras priorizando la financiación ética; y el Estado a través de políticas fiscales y económicas que apoyen a quienes tomen los caminos antes descritos.

 
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Publicado por en abril 7, 2020 en Actualidad económica

 

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