RSS

¿Para quién son los bienes de la tierra?

17 Oct

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 9, Octubre 2016, pág: 26 y 27

16_10-los-bienes-de-la-tierra_pagina_1

16_10-los-bienes-de-la-tierra_pagina_2

En una sociedad como la nuestra en la que la obsesión por tener más impregna la acción política y nuestro día a día económico, vale la pena que hagamos una reflexión sobre para quién son los bienes de esta tierra. Porque oímos con frecuencia que hay que potenciar el crecimiento económico, que necesitamos de gobernantes que incrementen nuestro nivel de vida, que logren que podamos seguir disfrutando de todos los bienes de los que gozamos en la actualidad. Sin embargo, a pesar de que este objetivo se consigue normalmente y a largo plazo el crecimiento económico es elevado y la renta por habitante en nuestros países crece, siguen habiendo personas que no se aprovechan mucho de este crecimiento y no permanecen en niveles de renta muy bajos.

El principio

En el primer capítulo del génesis ya queda claro quienes son los principales destinatarios de la creación, de ese lugar en el que todos vivimos. Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza e, inmediatamente después de bendecirlos, les entrega toda la creación para que la cuiden, para que la respeten y para que sean responsables de ella (Gen 1, 27-29). Nuestro mundo es un regalo para todo el género humano. Dios no se lo ofrece en particular a algunas personas, a algún grupo privilegiado que tiene la responsabilidad de la creación por encima de otros, no, los bienes de la tierra están destinados a todas las personas. En la tradición cristiana esto se ha denominado el destino universal de los bienes, la creación es para todos, no solo para unos pocos.

El destino universal de los bienes

El destino universal de los bienes está ligado al concepto de igualdad tan arraigado en el cristianismo. Todas las personas somos imagen y semejanza de Dios por lo que todas somos iguales. Lo expresó muy bien San Pablo en su carta a los gálatas (3,28) “Ya no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, pues con Cristo Jesús todos sois uno”. Todos somos iguales por lo que si todos pertenecemos al género humano en régimen de igualdad, todos tenemos derecho a nuestra parcela de creación, los bienes de la tierra también nos pertenecen. Considerando además que esa igualdad básica de todas las personas viene acompañada de la necesidad de unos bienes mínimos que nos permitan vivir y ser libres, o dicho de otro modo, que nos permitan ser personas en plenitud, podemos deducir fácilmente que todos tenemos derecho, simplemente por el hecho de haber nacido, a una parte de los bienes de nuestra tierra que nos permita, al menos, tener una vida digna en el lugar en el que habitamos. El destino universal de los bienes genera un derecho a disfrutar de nuestra porción de la creación, de nuestro regalo divino. Se trata de un derecho del que disfrutamos todos y cada uno de los habitantes de esta tierra.

Responsabilidad compartida

El regalo de la creación y el mandato del génesis de “someterla” lleva aparejada una gran responsabilidad para todo el género humano que acarrea tres labores diferentes pero complementarias. Por un lado tenemos que conservarla y mantenerla para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de ella. Por otro lado, hay que hacerla fructificar para que con nuestra colaboración podamos recrear lo que nos ha sido dado de modo que logremos, con una buena gestión, que haya suficiente para todos, que los bienes de la tierra crezcan y se multipliquen para permitir que todas las personas puedan vivir dignamente. Por último, tenemos la responsabilidad de que el reparto llegue a todos. Si bien, no es necesario que sea equitativo, al menos toda persona debería tener su parte de la creación para poder vivir de una manera digna. Por ello, debemos articular sistemas para que este reparto sea justo y llegue de este modo a todos.

Hemos olvidado y confundido nuestras obligaciones con respecto a los bienes y la creación

Sin embargo, con frecuencia hemos olvidado dos de estas responsabilidades y confundido la tercera. Nuestro obispo de Roma Francisco ha denunciado el olvido del cuidado de la creación en su encíclica Laudato si. Allí denuncia cómo parece que la creación solamente hay que explotarla y no cuidarla. También hemos descuidado la última de nuestras responsabilidades, la de garantizar un reparto justo de los bienes de la tierra. Nuestro sistema económico no garantiza que todas las personas tengan lo suficiente para vivir a pesar de que hay bienes para todos en nuestra tierra. Nos hemos centrado únicamente en lograr que la creación se multiplique para tener más olvidando, con frecuencia, nuestras otras dos responsabilidades (la ecológica y la distributiva). Ahora bien, esta búsqueda de que la creación fructifique y permita que haya más bienes para vivir, ha tomado un camino equivocado, porque tener más solamente tiene sentido si se logra que todos tengan lo suficiente para vivir y si esto se hace respetando y cuidando la creación. Cuando se tiene más solo para unos pocos, centrándose en los bienes superfluos y explotando los recursos sin respetar los ciclos naturales ni garantizar su sostenimiento futuro, la responsabilidad que nos supone el Destino Universal de los Bienes queda totalmente distorsionada y se convierte en un horizonte económico que no atiende a este principio básico de nuestra Doctrina Social de la Iglesia.

 

 

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: