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¿Podemos tener más y más? Economía y ecología

10 Feb

Artículo públicado en la revista ICONO, año 117, nº 2, Febrero 2016, pág: 26 y 27

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Después de haber introducido el pasado mes el concepto de bien total desde el punto de vista económico, es decir, el “tener más entre todos” y saber que esto es el anhelo de nuestras sociedades aunque la Iglesia nos invita a cambiar de objetivo hacia el “que todos tengan al menos lo suficiente”, vamos a preguntarnos si este tener más es posible y si es factible seguir de una manera indefinida este objetivo.

El crecimiento económico conlleva la utilización de recursos naturales

Tener más entre todos” conlleva en si mismo un problema ecológico. Para producir bienes y servicios, precisamos de tres elementos esenciales. El primero es el trabajo. Sin actividad humana puesta al servicio del producir no se puede hacer nada. El segundo es lo que los economistas denominamos capital, que puede describirse de una manera más sencilla como herramientas, maquinaria, instrumentos e infraestructuras. Es decir, todas aquellas cosas que fabricamos para que nos faciliten la producción de otras. En tercer lugar precisamos de recursos naturales: minerales, madera, animales, etc. Es decir, todos los bienes que nos proporciona la naturaleza sin los cuales no podemos producir absolutamente nada.

Los recursos naturales son finitos

Es evidente, por tanto, que para producir más no solamente necesitamos más trabajo y más herramientas o máquinas o instrumentos, sino que necesitamos cada vez más recursos naturales. Esto no sería problema si todos los recursos naturales se utilizasen sin desgastarlos. Por ejemplo, la energía solar, el viento, las mareas son recursos naturales que podemos utilizar sin agotarlos y que siempre están ahí los transformemos o no en energía (que suele ser su uso más habitual). Sin embargo, estos recursos son la excepción. La mayoría de ellos se desgastan o agotan con el uso. Una vez utilizados no pueden ser usados en otra ocasión. A pesar de ello, algunos de estos recursos pueden renovarse y podemos mantener la cantidad de recursos a pesar de utilizarlos. Me estoy refiriendo, sobre todo, a aquellos que derivan de seres vivos. Nosotros podemos cortar árboles para utilizar su madera, pero si plantamos otros al mismo tiempo, no tenemos por qué acabar con la madera ni con los bosques. Lo mismo sucede con cualquier recurso natural proveniente de una planta o de un animal. Todos se reproducen y si los matamos a menor ritmo que su reproducción, puede hasta incrementarse la cantidad del recurso a pesar de que lo utilizamos. Sin embargo, existen otros recursos naturales en los que ya no sucede lo mismo. Cuando utilizamos gasolina en nuestros automóviles, ese petróleo ya no puede volver a ser utilizado, se ha acabado, no lo recuperamos. Existen recursos que se agotan con su uso y ya no hay posibilidad alguna de que se reproduzcan o se vuelvan a utilizar.

La cantidad de recursos limita nuestro crecimiento

Es por ello que no podemos crecer ilimitadamente. La cantidad de recursos que existen en una sociedad limitan nuestra capacidad de producir más. No podemos incrementar la producción de una manera indefinida porque corremos el riesgo de agotar los recursos del planeta. Lo oímos constantemente: especies animales y vegetales que se extinguen, minas que cierran porque ya no queda mineral, desaparición de masa forestal a nivel global… Es difícil compatibilizar el crecimiento ilimitado con la limitación de recursos existente.

La tecnología no es la solución

Algunos argumentan que la tecnología es la solución. Opinan que si conseguimos producir con menos recursos naturales, podremos incrementar la producción sin que esto los agote. Sin embargo esto no siempre es así, de hecho, a pesar de los avances tecnológicos que hemos tenido en los últimos siglos, la explotación de los recursos naturales es superior ahora a la que se ha dado nunca. Esto es debido a que si bien hemos conseguido reducir el uso de los recursos naturales para la producción de los bienes, pongamos que a la mitad, al mismo tiempo hemos incrementado su fabricación en más de la mitad. Esto supone que el uso de recursos se ha incrementado ya que lo que producimos de más, es superior a lo que ahorramos en la producción de cada unidad. Al final, el crecimiento económico compensa con creces al avance tecnológico y cada vez utilizamos más recursos naturales con el peligro de acabar con ellos.

El encargo de cuidar la casa común

Este es uno de los motivos por los que Francisco nos ha regalado la Encíclica “Laudato si” sobre el cuidado de la casa común. Necesitamos plantear una economía que permita que conservemos y mejoremos nuestra casa común y no una economía depredadora que acaba con los recursos naturales que nos han sido regalados en la creación y sin los que no podemos vivir ni producir nada. Perseguir el crecimiento económico, buscar el bien total en lugar del bien común, nos lleva a una situación que no es sostenible en el tiempo y que está yendo en contra de nuestra propia supervivencia como especie.

 

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