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Qué me ha enseñado Taizé

17 Dic

Os ofrezco aquí el último artículo dedicado a Taizé que he escrito con ocasión del encuentro de Valencia. En él describo que me ha enseñado Taizé que he seguido y sigo aplicando en mi vida.

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QUÉ ME HA ENSEÑADO TAIZÉ

He de confesar que en un principio fui reacio a ir a Taizé, muchos amigos me decían “Hay que ir… debes ir… te gustará” lo que producía en mi un efecto rechazo que me quitaba las ganas de acercarme a ese lugar. Sin embargo, a los veinticinco años decidí viajar solo a esta pequeña aldea de la Borgoña francesa para pasar una semana en silencio (alguien que conoce muy bien la comunidad me dijo que esa era la verdadera manera de descubrir Taizé) e intentar responder a algunas cuestiones que me preocupaban en aquel entonces. Mi primera sorpresa llegó cuando me dijeron que no pensara en nada, que debía alcanzar el silencio interior, que si reflexionaba, si hablaba conmigo mismo, si intentaba darme respuestas, el ruido producido por esta actividad no sería un verdadero silencio. En un primer momento no comprendí esto ¿Cómo voy a resolver mis problemas si no pienso en ellos? La respuesta era sencilla, “la oración en silencio supone eso: parar, dejar un hueco, un espacio en el que el Espíritu pueda alojarse para que sople sobre nosotros mostrándonos la senda que debemos seguir. Taizé no es el lugar para resolver los problemas, estos deben solucionarse en casa, sino un espacio privilegiado en el que podemos vaciarnos para que Dios se introduzca en nuestro interior y oriente nuestra marcha hacia nuestra propia felicidad y la de los demás”.

Tal vez esto ya sea una enseñanza lo suficientemente valiosa para un cristiano y justifica por si misma la existencia de esta comunidad: aprender a orar a través del silencio interior, no predeterminar al Espíritu con nuestra verborrea sino abrirnos con humildad a su presencia, eliminar los ruidos interiores en los que vivimos constantemente… Sin embargo, Taizé no me ha mostrado solo esto. La segunda gran enseñanza que he aprendido comenzó a dibujarse en mi mente cuando fui asimilando el carácter ecuménico de la comunidad ¿Cómo pueden convivir distintas ramas cristianas sin problemas? ¿Qué nos permite orar juntos mientras en algunos lugares todo son problemas entre distintas confesiones? La respuesta llegó pronto: en esta comunidad se atiende a lo esencial, se busca la simplicidad, lo común que nos une a todos ¿Y qué es lo esencial? La fe en Jesucristo que es amor; y si lo importante es el amor, lo accesorio será positivo y válido en la medida que nos lleve a este y negativo en la medida que nos aleje de él. ¡Cuán diferente sería nuestra vida de cristianos (y de cualquier persona) si nos centrásemos en lo importante y olvidásemos matices y teorías que solamente sirven para discutir y separarse!

La tercera cuestión sobre la que quisiera incidir la describía un amigo mío de un modo muy gráfico, “en este lugar te pones blandito” y así es. Todo en Taizé ayuda a ser bondadoso, a colaborar con el de al lado, a sacar lo mejor de uno mismo. No se trata de una imposición sino de un contagio, el ambiente que se crea hace que sea más fácil comportarte así que de otro modo, actos que en otros lugares serían ridículos e impensables, surgen aquí de un modo espontáneo. Todo ello a pesar de que la comunidad tiene sus problemas y defectos (como todo conjunto humano) y de que no es, ni mucho menos, perfecta.

Ahora tenemos una oportunidad única para poder vivir esto en Valencia. Creo que es algo que debemos aprovechar porque difícilmente se volverá a dar una ocasión como esta en un futuro cercano. Un encuentro como este tiene muchas más cosas que aportarnos de aquellas que he indicado hasta ahora: unas oraciones sencillas pero ricas, una experiencia de fraternidad desde el trabajo común, unos cantos cuidados, una atención preferente a los jóvenes, una fe vivida desde la alegría y la esperanza, el encuentro con personas de diferentes países que también viven la fe como nosotros, etc. En un entorno en el que los cristianos somos minoría, tener la oportunidad de compartir y orar con cristianos de otras confesiones nos va a enriquecer a todos. Conocer la potencia del amor para ofrecer una alternativa de esperanza al mundo de hoy es algo que no podemos dejar pasar.

 
 

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