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La dimensión social de la evangelización

28 Ago

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 6, Junio 2014, pág: 12 y 13

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No podemos cerrar esta serie de artículos sobre la “Evangelii Gaudium” sin referirnos a una parte que, aunque su contenido no es explícitamente económico, sf que tiene una relación importante con cuestiones económicas.

EVANGELIZAR ES HACER PRESENTE EN EL MUNDO EL REINO DE DIOS

Esta es la primera frase del cuarto capítulo de la exhortación que se titula “la dimensión social de la evangelización”. En él se incide en una idea que ya ha sido resaltada por otros docu-mentos de la Doctrina Social de la Iglesia, en especial por parte de Benedicto XVI que en Caritas in Veritate, 15, dijo: “El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le in-teresa todo el hombre”. Francisco incide en la misma idea y nos dice en el párrafo 176: “si la dimensión social no está debidamente explici-tada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora” y en el 178 insiste, como ya hizo en su momento Pablo VI: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora”. En esencia, nos está diciendo que no podemos evangelizar sin un compro-miso social que lleve a la promoción del ser humano y a la mejora de la sociedad en la que vivimos.

LLAMADOS A TRANSFORMAR EL MUNDO

“Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra… Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor”, dice el Papa en el n° 183. El anuncio de la Buena Noticia de Jesús resucitado, precisa de cristianos comprometidos en el cambio social, en la construcción de un mundo en el que reine la caridad, en el que se -busque la ju-sticia por· encima de cualquier otra consideración, que esté al servicio de las personas y no de otra clase de intereses. Esta llamada a transformar el mundo es también preceptiva en los asuntos económicos. No puede entenderse una orga-nización social sin que la economía ocupe su papel, que no tiene porque ser el más impor-tante, pero sí debe estar presente en cualquier mejora que queramos articular para el progreso de las personas y de la sociedad.

LA INCLUSIÓN SOCIAL DE LOS POBRES

Cuando Francisco tiene que concretar esta dimensión social de la evangelización comienza, precisamente, por un asunto económico clave: la inclusión social de los más desfavorecidos. Esta opción preferencial por los pobres es una idea nuclear del anuncio del evangelio y debe seguir siéndolo. Para llevarla a cabo, Francisco pide “una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (188). En esencia está pidiendo un cambio de sistema económico y creo que hay que insistir en que incluye esto en la evangelización. Anunciar a Jesucristo supone cambiar nuestra mentalidad, luchar por una sociedad diferente en la que desde el punto de vista económico, prime la solidaridad y la gratuidad.

Es evidente que estas ideas no son novedosas, que están enraizadas en la Iglesia desde el principio de su historia… Pero han aparecido en un segundo plano durante mucho tiempo y se han priorizado otros aspectos de la evan-gelización. Francisco no la olvida, la pone como · un capítulo de su exhortación y muestra los aspectos económicos del anuncio del evangelio. como lo prioritario en su dimensión social. Vuelve a Pablo VI para afirmar que: “Los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor liberalidad sus bienes al servicio de los demás”.

Para hacer realfdad este compromiso social, Francisco insiste en que la reducción de las desigualdades es una cuestión clave sin la que no podemos evangelizar. Por ello indica, con una claridad que creo no necesita co-mentarios, que “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, re-nunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La in-equidad es raíz de los males sociales. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica” (202-203). Buscar una organización económica diferente es parte esencial de la evangelización.

 

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