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No, a un dinero que gobierna en lugar de servir

08 May

Artículo publicado en la revista ICONO, año 115, nº 4, Abril 2014, pág: 12 y 13

 

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Como vimos en el anterior artículo de esta serie, el dinero no es un problema en si mismo. Se trata de un instrumento que hemos creado los humanos para poder facilitar los intercambios, para poder llevar adelante de una manera más sencilla nuestras actividades económicas. Una sociedad sin dinero, una sociedad en la que todo se limitase al trueque, sería una sociedad muy limitada, en la que no podríamos hacer gran parte de las actividades económicas que nos son útiles para la vida. De hecho, la mayoría de las estructuras de trueque que existen en estos momentos en muchas ciudades de nuestro país, utilizan alguna clase de dinero, como la equivalencia en horas trabajadas, vales intercambiables, etc. El dinero no es, pues, un problema en si mismo. Lo es cuando existe un excesivo amor al dinero que hace que este sea quien gobierna en nuestras vidas y en nuestra sociedad y de esto habla Francisco en este apartado.

Si el dinero gobierna los valores de referencia cambian

El hecho de ser un instrumento útil para la sociedad, un elemento que nos facilita la vida, quiere decir que necesitamos un dinero que esté a nuestro servicio. Por ello, el dinero tiene que ser utilizado con criterios éticos y no adaptar los criterios éticos a la búsqueda de más dinero. Francisco constata, por el contrario, que ante el gobierno del dinero, la ética parece ser molesta. Con frecuencia escuchamos que las empresas no son ONGs, que una cosa son los criterios éticos que nos sirven para solucionar los elementos de nuestra vida y otra son los criterios que hay que utilizar en la economía para poder ganar más… Es muy habitual encontrar a personas que utilizan unos criterios diferentes para su vida y para sus actividades económicas, no solo entre los no cristianos sino también entre los cristianos. Algunos de estos últimos intentan, de buena fe, aplicar los valores cristianos de la bondad, la solidaridad y el amor en su comportamiento diario y en la práctica totalidad de sus actividades cotidiana mientras que, en los asuntos económicos, sus criterios son diferentes y es el dinero el que gobierna sus actuaciones de manera que ven imposible aplicar los mismos valores que en su vida diaria.

La ética es molesta a la economía del beneficio

Por ello Francisco avisa sobre el peligro de poner la economía al servicio del dinero. Tal y como ya hizo Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate, nos alerta sobre la absolutización del mercado. Cuando este es el único criterio de actuación y todo se tiene que hacer por y para él, la ética es una molestia y los criterios que utilizamos para nuestra vida aparecen como peligrosos, sospechosos y contraproducentes desde un punto de vista exclusivamente economicista. El mundo económico se muestra así, con frecuencia, como enemigo de la ética, enemigo de los criterios cristianos de actuación, enemigo del bien común, enemigo de la solidaridad o de la gratuidad… Todo esto es sospechoso a los ojos de la economía y quienes utilizan estos criterios para las actividades económicas aparecen o bien como ignorantes o ingenuos, o bien como personas que están yendo en contra del interés general…

La alternativa ética

Ante esta opción Francisco anima a que introduzcamos la ética en la economía. A que el dinero se ponga al servicio de la sociedad (como debería ser su verdadera vocación) avisando de que no compartir con los pobres es similar a robarles. Por ello realiza un llamamiento a introducir en la economía la solidaridad, la ayuda a los pobres, la promoción del más desfavorecido, la economía debe estar al servicio de este objetivo y ponerse decididamente del lado de quien peor lo pasa. Al final, hay que tener en cuenta lo que magistralmente dijo Benedicto XVI en el número 36 de su Encíclica Caritas in Veritate: “no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo”

Animar a los políticos a ser valientes

Francisco no es un iluso o un insensato. Sabe que para un cambio de esta índole se necesitan políticos valientes, que superen la gran cantidad de obstáculos que tiene esta manera de entender la economía y que tengan una clara visión de futuro. Por ello anima a aquellos que tengan puestos de responsabilidad a afrontar este reto con energía, determinación y realismo. Por ello exhorta a todos “a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”

 

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