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No a la nueva idolatría del dinero

19 Mar

Artículo publicado en la Revista ICONO año 115, nº 3, Marzo 2014, pág: 12 y 13

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Sigo analizando (tal y como comencé el pasado mes) los aspectos económicos de la exhortación apostólica Evantelii Gaudium. El siguiente punto económico que trata esta se titula así, “no a la nueva idolatría del dinero” (55-56). Y comienzo discrepando en el título de este apartado porque, si bien las maneras en las que se lleva a cabo podemos considerarlas nuevas (si lo miramos en una perspectiva histórica y pensamos que solamente llevamos alrededor de ciento cincuenta años haciéndolo así), la idolatría del dinero no es algo nuevo y es la misma que ya se encontró Jesucristo cuando estuvo con nosotros hace alrededor de dos mil años…

Condenar el amor al dinero

De hecho, los evangelios ya recogen palabras de Jesús referidas a este mismo tema: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.” (Mt. 6, 24). Poner la prioridad en el dinero es contrario a la fe en Jesucristo. No podemos considerarnos cristianos verdaderos si dirigimos nuestros afanes en la dirección de ganar más, en la de tener, en la de lograr que se incremente nuestra bolsa. De hecho, San Pablo lo tiene tan claro que en su carta a Timoteo no duda en afirmar que “Los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos” (1 Tim 6, 9-10) Esto ya llevó a que San Juan Crisóstomo afirmara en un sermón dedicado a esta carta que “el amor que el usurero profesa al dinero es mucho más grave que el amor carnal más desordenado”. Por todo ello sabemos que el amor al dinero, el poner el dinero por encima de otras cosas, el organizarlo todo para tener más es, desde el punto de vista cristiano, una actitud que no solo va en contra de nuestra propia fe, sino que también puede calificarse como la raíz de todos los males y el origen de muchos sufrimientos.

Una sociedad basada en el beneficio

Siendo esto así, no es de extrañar que Francisco utilice palabras tan duras para condenar nuestra sociedad actual. Porque, desgraciadamente (y tal vez aquí radica la novedad que señala Francisco en su título) estamos en un sistema económico donde lo que prima es ganar más. El amor al dinero pasa a ser, no solo legítimo, sino necesario en un sistema que encumbra y favorece a aquellos que tienen la facilidad o la suerte de ganar más. Nuestra sociedad deja de preocuparse por las personas, por aquellos que están peor, para ensalzar a aquellos que consiguen mayores ingresos, para potenciar que quien quiera tener más lo consiga y pueda apropiarse de sus beneficios sin excesivas trabas. De este modo, las personas se subordinan a los beneficios, no interesa mejorar a otros sino acumular, lograr mayores beneficios.

También a escala familiar

Y uno podría consolarse pensando que este amor al dinero se da solamente a escala política o de las empresas, pero fácilmente podemos darnos cuenta de que esto no es así. Nuestras familias, lo que los economistas denominamos economías domésticas, también estamos impregnados de este amor al dinero. Buscamos tener mayores salarios, conseguir mayores intereses con el dinero que tenemos en el banco, lograr ingresos extraordinarios gracias a operaciones en bolsa o en otros activos financieros… Ya hablé en estas mismas páginas de cómo esta intención de tener más ingresos fue una de las causas que llevó a mucha gente a la compra de preferentes y otros productos financieros…

Vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

Por todo ello, Francisco nos ofrece aquí la alternativa que nos invita a seguir. Ante ese amor al dinero castrador, que nos impide centrarnos en la persona, amar a quien tenemos al lado, preocuparnos por los más desfavorecidos… Nos propone la construcción de una economía y unas finanzas que estén mirando al ser humano y no a los beneficios. Que se impregnen de un comportamiento ético ante una actividad que parece olvidar la ética y está repleta, no solo de corrupción, sino también de comportamientos en los que “todo vale” para lograr esos beneficios que me exigen el sistema, mis ambiciones y los clientes o propietarios que me contratan.

Esta propuesta sirve también para el ámbito familiar. Ante esa legitimación que hacemos de que cualquier cosa vale para lograr más, ante esas ganas de no perder dinero, de buscar siempre lo más barato para poder comprar más, tenemos que introducir criterios éticos en nuestras compras, en nuestros ahorros, en nuestro comportamiento económico diario. Así podremos concentrar nuestras energías en lo realmente importante y no en “afanes absurdos y nocivos que nos hunden en la perdición y en la ruina”…

 
1 comentario

Publicado por en marzo 19, 2014 en ética económica

 

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Una respuesta a “No a la nueva idolatría del dinero

  1. Rosalia Rosique López

    marzo 29, 2014 at 9:49 pm

    Se tiene que ser muy valiente para contrarestar el poder del dinero,.Por ello se tiene que tener “FE-ESPERANZA”PARA NO DESESPERAR Y CARIDAD”para poder repartirla con el corazón y la cabeza.Se necesitan personas muy íntegras sanas en todos los aspectos para poder llevar a cabo todo lo bueno que aquí se dice.ánimo y adelante; pidánlo al Espiritu Santo que con SU poder,,y con nuestras oraciones El nos puede ayudar..Muchas gracias.Rosalia

     

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