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A propósito del nuevo Obispo de Roma, Francisco

14 May

Artículo publicado en la revista ICONO, año 114, nº 5 de Mayo de 2013, pág: 12 y 13

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Mi mujer suele juntarse una vez por semana para tomar café con otras madres de nuestro pueblo. Entre ellas las hay cristianas, las hay ateas, las hay que ni fu ni fa, etc. La semana pasada me comentaba que por primera vez durante estas conversaciones de café (nunca mejor dicho) el sector menos proclive a la jerarquía eclesiástica había hablado bien de esta. En lugar de las críticas habituales y la imagen negativa que normalmente expresaban sobre obispos, curas, cardenales y papa, se escuchaban palabras amables y positivas. Ni que decir tiene que esto había sido provocado por el nuevo Obispo de Roma, Francisco.

Los gestos económicos

Muchos han sido los gestos de sus primeros días como obispo de Roma que podríamos comentar, algunos de profundo calado teológico, pero no es esa la parte que corresponde a esta sección. Voy a centrarme únicamente en algunos de los que tienen un componente económico claro: el hecho de que siga llevando los mismos zapatos que el día antes de ser votado junto con la sencillez de su vestimenta, que volviese con autobús a la residencia de Santa Marta con todos los demás cardenales en lugar de ir en un coche aparte, que se sentase a comer con ellos, que pagase su cuenta en el sitio donde había estado alojado durante los días previos al cónclave, que viviese en un simple apartamento de Buenos Aires y no en un palacio episcopal, que fuese a los sitios en transporte público, que siguiese con la misma cruz que ya utilizaba, etc.

Son gestos de normalidad

Si lo reflexionamos con frialdad, nos daremos cuenta que son gestos que reflejan normalidad. Se trata de comportamientos que se ajustan con lo que los cristianos denominamos pobreza evangélica y que provienen directamente de un Dios que se hace hombre en Jesús y no elige los palacios romanos o la alta jerarquía judía para vivir entre nosotros, sino que busca a una humilde pareja de Nazaret para hacerlo. Un Jesús que no se dedica a hacerba ostentación de su condición divina exigiendo adoración, llevando caros vestidos, acompañando los poderosos o buscando el aplauso de los gobernantes, sino que vivía sin residencia fija entre los más necesitados.

Como sabemos que Jesús no solo fue hombre sino Dios verdadero y que solamente podemos conocer al Padre a través de él, parece que los comportamientos de Francisco son los normales que cabría deducir de un cristiano que conoce a Dios a través de Jesucristo. ¿Por qué entonces la normalidad nos parece tan reseñable? ¿Por qué todos los medios de comunicación hacen hincapié en estos aspectos que parecen sorpresivos a pesar de ser los que cabría esperar de un seguidor de Jesucristo? (Es fácil contestar estas preguntas, así que continúo con mi análisis económico y dejo al lector que lo haga por si mismo.)

De una austeridad fundamental y no forzada

Esta austeridad que parece primar en Francisco, podría entenderse como algo necesario en el momento que estamos viviendo ¿Acaso no son austeros también nuestros gobiernos? ¿Acaso no es lo que deben hacer las empresas y las familias? Sin embargo, existe una gran diferencia entre la una y la otra. La austeridad derivada de la crisis es una austeridad no deseada. Se hace porque es la única manera de que me sigan prestando dinero. Si no me dedico a gastar menos de lo que ingreso o a equilibrar ambas partidas, quienes tienen que prestarme dejarán de hacerlo y no podré continuar con mi actividad normal. Por ello es momento de esto, más adelante podremos volver a endeudarnos, pero no ahora.

Sin embargo, la austeridad cristiana (que es la que Francisco trasluce con sus gestos) es una opción por convencimiento, es un camino tomado de una manera responsable. No se hace para contentar a quienes me prestan o me pueden prestar, no se hace porque es lo que toca, sino porque se cree que es la mejor manera de vivir, porque solamente así podemos ser plenamente felices.

Imprescindibles para anunciar la Buena Nueva

Todo esto nos lleva a un elemento clave. La Buena Noticia cristiana, no se puede transmitir desde la riqueza, desde el poder, desde el trono, desde la distancia. Si así fuese, Dios (que como todos sabemos no debe tener ni un pelo de tonto) se habría hecho hombre en una familia rica o casi mejor, en la familia del emperador romano (que era seguramente el más rico y más poderoso de su época) o lo más probable, no habría considerado interesante hacerse hombre en Jesucristo…

Solamente podemos evangelizar desde la sencillez, la humildad, la parquedad. Por eso, cuando Francisco realiza signos que se encaminan en esta dirección, la predisposición negativa de las madres que se toman un café juntas en cualquier rincón de España puede desaparecer y esta es una buena base para transmitir el mensaje de redención y esperanza de Jesucristo.

 
1 comentario

Publicado por en mayo 14, 2013 en pobreza

 

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