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Comienzo de Andadura

17 Feb

Artículo publicado en la revista ICONO en su número de enero de 2013 en sus páginas 12 y 13Comienzo de andadura_Página_1

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Comienzo hoy una serie de artículos para esta revista que hablarán sobre economía. Podría alguien pensar que esto es algo que no va con él y que se trata de un tema estéril y poco atractivo. Nada más alejado de la realidad. Como voy a intentar mostrar en este grupo de artículos, la economía es algo cotidiano para todos nosotros. Aunque no es lo más importante de nuestras vidas, sí que resulta determinante en ellas porque no podemos vivir, alimentarnos o dedicarnos a aquello que deseamos, si no resolvemos al mismo tiempo algunas cuestiones económicas, especialmente, la de conseguir los ingresos que nos permitan dedicarnos a estos menesteres.

En el empeño voy a intentar utilizar un lenguaje coloquial que permita acercar los términos económicos a los posibles lectores, de manera que no resulte aburrida o incomprensible la lectura de estas líneas. La economía no tiene porqué mostrarse como un conocimiento técnico inaccesible a las personas que no se dedican a ella, sino como algo cotidiano y más sencillo de lo que parece a primera vista. Se trata de un saber que cualquiera que haya tenido que organizar su propia familia, puede entender sin demasiado esfuerzo.

En tercer lugar quiero explicar por qué se puede hablar de economía en una revista como ICONO. Algunos piensan que la economía es incompatible con una religión que proclama sin ambages o medias tintas, que Dios es amor y que ensalza la categoría del don, esto es, la de “dar lo que tienes sin esperar nada a cambio”. Ante ella la economía aparece como una actividad en la que solamente cabe el egoísmo y el pensar en si mismo y en los propios intereses, incompatible, por tanto, con el cristianismo.

Sin embargo la economía es una actividad humana, todos tenemos que preocuparnos por lograr esos ingresos que nos permitan comer caliente todos los días y traer las lentejas a nuestra casa. Como cualquier actividad humana que realicemos la podemos hacer de una manera altruista o egoísta, violenta o pacífica, tranquila y sosegada o acelerada y angustiada, alegre o taciturna, esperanzada o desesperanzada… Nosotros somos quienes introducimos en nuestro actuar los valores o las maneras que creemos más convenientes.

Por este motivo, también es posible gestionar los temas económicos con los valores fraternales que aplicamos en otros campos. Los cristianos no solo pensamos que esto es posible, sino además que es lo mejor que podemos hacer. Sabemos que Dios nos muestra una senda para que organicemos y orientemos nuestra vida y la cuestión económica no es ajena a esta propuesta cristiana. Ahora bien, esto no supone que cualquier manera de gestionar lo económico va a ser posible a pesar de que se haga con amor.

Lo mismo que en otros campos, la propia gestión económica nos ofrece sus límites. Creo que un ejemplo nos ayudará a comprender esto. Cuando nosotros educamos a nuestros hijos intentamos hacerlo con amor. Es más, estamos convencidos de que una educación sin cariño no sería buena para ellos. Ahora bien, si traducimos este amor en una sobre-protección que limite la capacidad de decidir y la autonomía del chaval, seguramente le estaremos haciendo un flaco favor. Las ciencias de la educación nos permiten saber que la sobre-protección no es buena para los niños y jóvenes, a pesar de que se haga con todo el cariño del mundo.

Lo mismo sucede con la economía. Nosotros podemos gestionar la economía familiar, la de nuestras empresas o la de nuestros gobiernos con todo el cariño del mundo, pero si lo hacemos gastando sistemáticamente más de lo que tenemos, esto no va a tener unos resultados finales positivos. El endeudamiento al que tenemos que recurrir para conseguir mantener esta gestión, nos pondrá en manos de aquellos que nos prestan, que acabarán obligándonos a hacer lo que ellos deseen si no queremos que nos embarguen. La dinámica económica nos marca límites que debemos intentar no sobrepasar, es una restricción que tenemos que nos impide hacer lo que nos de la gana. Sin embargo, esto límites (lo mismo que en educación y en otros campos) no nos impiden dirigir la gestión económica hacia donde nosotros creamos más conveniente.

Podemos, pues, poner la gestión de la economía al servicio de la construcción de un mundo mejor y debemos hacerlo. Nuestra fe nos muestra que esto es posible y que es una responsabilidad que tenemos los cristianos para con nuestra sociedad y, en especial, para con los más desfavorecidos. De cómo conseguirlo en nuestras casas, en nuestro día a día, en nuestros trabajos, en nuestras empresas, con nuestras compras, con nuestro ahorro… Es de lo que voy a hablar en esta colaboración con ICONO que comienza hoy mismo. 

 
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Publicado por en febrero 17, 2013 en Desarrollo económico

 

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