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Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

17 Oct

“Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida” Artículo publicado en el periódico Levante, el Domingo 9 de Octubre de 2011, en su suplemente El Mercantil Valenciano EMV, en su página 12.

Una de las frases que se difundieron a raíz de la acampada de los autodenominados “indignados” me llamó la atención. Decía (y seguirán diciendo, supongo) que no son anti-sistema, sino cambia-sistemas. Si lo pensamos bien, todos deberíamos ser, hasta cierto punto cambia-sistemas, sobre todo porque la realidad es siempre cambiante y un sistema rígido, difícilmente puede adaptarse a la evolución de la sociedad si no se reinventa a si mismo (al menos en parte). Creo que esto tiene una aplicación clara al sistema de mercado y en especial a la libertad de mercado. Todos tenemos claro que el mercado necesita de la libertad para funcionar correctamente. Sin ella el mercado no es tal y el desempeño económico se resiente. Ahora bien, la idea que tenemos sobre lo que es la libertad se confunde con otras cosas y esto sucede en especial cuando hablamos del mercado. No está de más, pues, reflexionar en estas líneas sobre la libertad del mercado.

De hecho, durante los últimos años hemos asistido a un movimiento de liberalización de los mercados. Muchas de las medidas que se han tomado han tenido como objetivo quitar trabas al funcionamiento del mercado. Ahora bien, a pesar de esto, muchos de los agentes que trabajan en él no parecen sentirse más libres ¿Podemos escoger el trabajo que creemos más conveniente? ¿Nuestras actuaciones económicas nacen de nuestras convicciones y hacemos lo que creemos que es mejor para mejorar el entorno en el que nos encontramos? Muchas veces esto no es así. En un mercado libre oímos con demasiada frecuencia la frase de “me veo obligado a…” “No he tenido más remedio que…” “Los negocios son los negocios…” para justificar actuaciones que no se habrían hecho si no llega a ser por la dinámica del mercado (o al menos así se justifican los autores de los hechos). De este modo, un mercado aparentemente libre parece forzar a sus componentes a actuar de una manera contraria a sus convicciones personales. Parece que la única libertad que potencia el estado es la libertad para ganar más dinero, pero que esto se hace a costa de reducir la libertad para poder hacer aquello que dicta tu conciencia y que crees que es mejor para los demás y para el conjunto de la sociedad.

El principal problema del concepto libertad es que se confunde a menudo con la posibilidad de hacer algo: si algo es posible, debemos tener la libertad de hacerlo. Sin embargo, esto no siempre supone ser más libres. Puedo poner algunos ejemplos en ámbitos diferentes a la economía: la organización social no nos permite poner la música a gran volumen a las tres de la madrugada en un edificio lleno de personas durmiendo, ni coger una escopeta y herir o matar a los clientes de un supermercado, ni circular a 110 por hora cuando atravesamos las céntricas calles de un casco urbano, ni presentar un partido político a las elecciones si este apoya a los terroristas que asesinan a sus contrincantes… Estos límites a la libertad de acción no significan que las personas que vivamos en esta sociedad no seamos “LIBRES”, al contrario, gracias a cumplir esas normas o límites que nos fijamos, podemos ser más libres. De hecho, una concepción libertaria de la existencia en la que se permitiese realizar estas actuaciones (posibles por otra parte) podría comprometer nuestra propia libertad.

Lo mismo sucede con el mercado. Un mercado libre no significa un mercado en el que todo esté permitido. El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado. Si no es así, el sistema económico puede volverse contra las personas a las que tiene que servir como, por desgracia, hemos visto en demasiadas ocasiones. Estos límites a los que estamos acostumbrados cuando hablamos de temas políticos o sociales, deberían ser normales también en el ámbito económico y no ser visto como aberraciones contrarias a la libertad de mercado. De hecho, ya ponemos límites al mercado, por ejemplo cuando impedimos determinados sistemas productivos contaminantes, o actuaciones que reducen la competencia entre empresas (como los cárteles o los repartos de mercado), cuando se obliga a pagar un salario mínimo a los trabajadores, etc.

Habría otras medidas que podrían limitar las posibilidades de actuación sin resultar en una reducción de la libertad de mercado. Así el Estado, por ejemplo, podría poner límites a las diferencias salariales exageradas que se dan en algunas empresas. Estas incrementan las desigualdades en el mercado, no mejoran la efectividad de las economías que las permiten (durante años las diferencias salariales en un país como Alemania han sido mucho menores que las Estadounidenses y eso no ha significado que la economía alemana funcionase peor) e impiden que un grupo de trabajadores gane salarios que les permitan vivir con dignidad a ellos y sus familias. Otra sugerencia sería la de poner coto a la utilización de determinados derivados financieros y otras actuaciones de esta índole que incrementan la inestabilidad del sistema y no aportan nada a la principal función del sistema financiero que es intermediar entre los ahorradores y los prestatarios.

Existen más ejemplos de límites a las posibilidades de actuación de un mercado que no reducen la libertad de mercado, sino que garantizan su sostenibilidad económica y lo ponen al servicio de todas las personas. Pero creo que hay que llamar la atención sobre este tema para no olvidar que un mercado libre no es aquel que permite que una persona o un grupo de ellas o de empresas puedan ganar mucho dinero de una manera fácil y en un breve espacio de tiempo, sino aquel en el que sus componentes pueden decidir sobre sus actividades económicas y ponerse de acuerdo con otros sin presiones, para lograr los ingresos adecuados para vivir de una manera digna, tanto ellos, como el resto de la sociedad. La libertad de mercado debe estar al servicio de la sociedad y de las personas, no de los beneficios. El Estado debe potenciar un mercado libre y no un mercado libertario donde algunos puedan ganar mucho dinero a costa de que otros tengan menos posibilidades de hacerlo.

Si dejamos que todo lo que se puede hacer en un mercado se haga, pasaremos de un mercado libre a uno libertario. El mercado libertario tiene las mismas consecuencias que un estado libertario, esto es, como todo está permitido, el más fuerte se come al más pequeño. No se permite introducir medidas que protejan a los más desfavorecidos bajo el argumento de que “limitan la libertad de mercado” y, al final, se está protegiendo a aquellos que tienen más: en un mundo sin reglas, los más fuertes siempre tienen las de ganar. Un mercado libertario acabaría convirtiéndose en un mercado liberticida, esto es, un mercado que aniquilaría su propia libertad, en el que los más poderosos tendrían un dominio tal sobre los asuntos económicos que difícilmente podríamos escaparnos de sus dictados, lo que nos llevaría a una dictadura económica. Para evitarlo debemos articular un mercado que esté al servicio de las personas, que sepa poner los límites necesarios para garantizar la libertad real de los miembros de la sociedad, que no reduzca las posibilidades de una gran parte de la población impidiéndoles tener los ingresos suficientes y limitándoles sus posibilidades económicas, que incremente nuestras capacidades y no las reduzca. Volviendo al principio del artículo quiero añadir que si no se dirigen los tiros hacia esta dirección, la indignación de los cambia-sistemas puede hacerles derivar hacia la indignación de los anti-sistema o a la atonía de los desencantados, lo que creo que no sería bueno para nadie ya que, no se trata de luchar contra el mercado o de dejar que este nos apabulle, sino de ponerlo al servicio de las personas.

 

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3 Respuestas a “Del mercado libre al libertario y de éste, al liberticida

  1. Eetión

    octubre 23, 2011 at 2:15 pm

    “El Estado debe poner límites a determinadas actuaciones económicas sin que esto suponga atentar contra la libertad de mercado”
    ¿Y qué criterios elegimos para poner estos límites?¿Quién los elige? En un mercado libre solamente necesitamos que se respete la propiedad privada, la vida y los contratos. Sobrepasar estos límites es caer en limitaciones de la libertad individual que nos llevará a un mercado intervenido y a injusticias económicas provocadas por imposiciones burocráticas estatistas.

     
    • enriquelluchfrechina

      octubre 25, 2011 at 5:38 am

      Estimado Eetión

      En primer lugar agradecerte que hayas leído el artículo y que hayas dedicado parte de tu tiempo a leerlo. Intentaré responder brevemente a tus interrogantes. En cuanto a los criterios que creo deberían utilizarse son varios. El primero que estos límites no eliminasen al mercado sino que lo potenciasen. Te puedo poner el ejemplo de la legislación de derecho de la competencia que limita los monopolios y garantiza así la libertad de mercado impidiendo que deje, precisamente, de haber competencia que es una base del mercado. El segundo gran criterio sería que el mercado estuviese al servicio de las personas y potenciase las condiciones de vida favorables de todas ellas.

      En cuanto a quién los elige creo que debería ser la misma entidad que eligiese, por ejemplo, no poner ningún límite al mercado… Tal y como estamos organizados en estos momentos, esto creo que debería recaer (en ambos casos) en el Estado ya que, al menos teóricamente, allí recae la soberanía popular…

      Creo que la afirmación que incluyes detrás de tus cuestiones no se sostiene científicamente. Aunque es verdad que para que exista un libre mercado se deben garantizar la propiedad privada, la vida y los contratos, esto no es suficiente para garantizar la supervivencia del mercado ni siquiera las libertades individuales. El ejemplo de cómo un mercado libertario lleva a monopolios y a la pérdida de libertad de mercado y de competencia es solamente un botónd e muestra. Las desigualdades que provoca un mercado sin ninguna traba son el mayor límite a la libertad individual que existe. Una persona que no sabe si va a comer al final del día, carece de libertades individuales ya que toda su actuación va a verse determinada por esa necesidad fisiológica…

      Por último, poner algún límite al mercado no es equivalente a una “imposición burocrática estatista”, esto es un reduccionismo que no se sostiene cuando alguien observa la realidad cotidiana.

      Espero sinceramente que mis respuestas satisfagan tu curiosidad y vuelvo a agradecerte tu comentario

       
  2. Roser Ferragut

    octubre 4, 2012 at 11:32 am

    Me ha gustado tu articulo y me parece que ya estamos en liberticida. Unicamente añadiría porque lo considero muy importante el tema de que la vida hace tiempo no le importa al mercado. Solo con que miremos cómo repercute “La especulación disparando los precios del cereal provocando hambrunas”. Y el detalle de que para el mercado sea libre prospere y no este intervenido, no haga falta que se cumplan algunos derechos humanos cómo la explotación laboral infantil. Cuando Eetion habla de injusticias económicas solo puedo hacer una mueca pensando en las injusticias de las personas que me parecen mucho más importantes y en vias de extinción.
    Actualmente los dueños son los monopolios, lobbys y eso solo beneficia a unos pocos. Quizás mi visión dispara con la del otro comentario, porque conozco de cerca Africa y Latinoamerica y allí la globalización y el libre mercado consigue hundirlos y en ocasiones pierdan hasta la dignidad humana.

     

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